viernes, 21 de abril de 2023

Indigenismo - La conquista de México

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En la sección Correo del diario La Prensa del 26 de febrero de 2007 se publicó la carta de un lector sobre la cuestión indigenista.





Héroes incómodos
Señor director:
Vapuleado en todo el mundo como era de esperarse, por la elite de críticos progresistas, indigenistas y afines, se estrenó en Buenos Aires el filme ‘Apocalypto’. No bien se ilumina la Pantalla, el espectador ya tiene plena certeza de que se ha topado con una obra incómoda; una frase del filósofo e historiador estadounidense Will Durant (1885-1988) explica descarnadamente las intenciones del director: “Una gran civilización no es conquistada desde afuera hasta que no se ha destruido a sí misma desde adentro”. En efecto, la película nos ubica frente al último acto del Imperio Maya, que se viene abajo no solo por las guerras, las plagas, la hambruna o la sequía: el demonio mismo se ha hecho señor de las almas, y bajo la figura del dios Kukulcán, versión maya de la Serpiente emplumada, ordena aplacar su sed de cadáveres mediante los más horrendos sacrificios humanos. Ruedan cabezas desde lo alto de las pirámides truncadas, se descuajan corazones palpitantes sobre el altar del templo, el hedor de la sangre es celebrado con rugidos por la hirviente multitud. Cabe aquí una breve aclaración para los lectores que han visto tiernas películas como ‘Danza con lobos’ (1990) o la idílica ‘Pocahontas’ (1995): el marco histórico de ‘Apocalypto’, que acabo de describir, no es un invento de los autores del filme. Cualquier estudioso de las civilizaciones precolombinas sabe que las cosmogonias de muchos de estos pueblos eran enormemente perversas y sanguinarias, que los vencidos eran sometidos a las prácticas más espantosas. Hecha esta digresión, vemos en la película la historia, gloriosamente lineal y cuya directriz narrativa, alma de las narraciones clásicas, es la travesía del héroe: un hombre es arrancado de su pueblo, recibe una misión, desciende a los infiernos y luego vuelve a su gente para conducirla y empezar de nuevo. Pero ya lo decía el profesor Genta: hoy los mandamases no necesitan héroes sino masas.
Marcelo di Marco - eftainpaez@hotmail.com