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jueves, 1 de septiembre de 2016

Combate del Paso del Quebracho

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año X N° 40 - Setiembre 2016 - Pags. 14 a 16   

 Bicentenario de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América el  9 de Julio de 1816 

1846 - 4 de junio - 2016.

Homenaje a los 170 años del combate de Paso del Quebracho

Doctor Guillermo María Masciotra 


Guerra del Paraná
Cuadro pintado por J. M. Gilbert

El teniente Lauchlan Bellingham Mackinnon, oficial en la corbeta HMS Alecto, llegada a Montevideo desde Inglaterra, a fines de enero de 1846 y enviada a remontar el Paraná para sumarse a la expedición anglofrancesa que el 20 de noviembre había forzado las defensas argentinas en Vuelta de Obligado, fue el encargado -ya en el regreso- de montar una batería de cohetes a la Congrève en una isla frente a la Angostura del Quebracho para hacer frente a las fuerzas argentinas que esperaban el regreso de la flota.

En este cuadro pintado por J. M. Gilbert, propiedad de Mackinnon y que publicó en su obra que en castellano fue traducida como "La escuadra Anglo-Francesa en el Paraná, 1846", se aprecia la intervención de esos cohetes en la batalla del 4 de junio de 1846


El Combate de Paso del Quebracho o de la Angostura, que se desarrolló en las cercanías del hoy Puerto San Martín, Provincia de Santa Fe, el 4 de junio de 1846, constituye una de las glorias de la Guerra del Paraná y de las luchas por la soberanía e independencia nacional. 

En esa circunstancia, la flota de embarcaciones mercantes y de guerra que había forzado la defensa de Vuelta de Obligado un poco más de seis meses atrás y remontó el río para llegar a Corrientes, regresaba de su destino maltrecha y deseando salir de nuestro territorio, que le resultaba manifiestamente hostil. 

La enorme pérdida económica para los comerciantes de Montevideo, las bajas en las tripulaciones y tropas, sumado a la pérdida de cargas y al deterioro de las naves, fortalecían el deseo de abandonar cuanto antes el Río Paraná y así en forma escalonada los convoyes invasores buscaban la llegada al Plata a pesar de su superior artillería y blindajes.

Pero también debemos decir que después de Obligado, la artillería volante con el concurso de Juan Bautista Thorne, Santiago Maurice, Álvaro de Alzogaray, José Félix Cerezo y Laureano de Anzoátegui, siguieron desde la costa a las fuerzas invasoras durante toda su travesía y siempre que por las condiciones del río y sus costas lo permitía, la atacaron. Con vigías en las espesuras de las costas, playas y barrancas, se emboscaba en forma continua a la flota invasora. Así de improviso se desplazaban las unidades de artillería, desarmadas de sus cureñas, las piezas eran cargadas en carros y caballos y colocadas nuevamente en posición aguardaban el momento para disparar y desaparecer. 

La expedición de auxilio enviada desde Montevideo, bajo el amparo de navíos de guerra venidos desde Gran Bretaña, también había sido atacada mientras remontaba el río Paraná cuando pasó por San Lorenzo, dos meses antes.  

En el combate de Vuelta de Obligado, los anglofranceses habían capturado el pailebote Federal (1), al cual rebautizaron como Vuelta de Obligado en homenaje por la reciente "victoria" que habían obtenido, poniéndolo en servicio de SMB y enarbolando desde entonces pabellón inglés. Este navío, por sus características de fácil maniobra y velocidad lo hacían apto para prestar servicio como buque correo de la escuadra invasora y su base en Montevideo.

Cuando en cumplimiento de su misión, este nave bajaba por el Paraná desde Corrientes y se encontró frente a San Lorenzo, encalló en la noche del 18 de abril. Al amanecer del siguiente, advertidos los argentinos de esa situación, cuatro cañones a cargo de Alzogaray la atacaron desde la costa, logrando averiarla. La tripulación y el comandante británico abandonaron el navío y huyeron. Alzogaray con algunos soldados abordaron la embarcación, lograron zafarla de su varadura y la llevaron al puerto de San Lorenzo, donde se retiró el poderoso cañón inglés de bronce, con que lo habían armado, emplazándoselo en la batería instalada en Punta del Quebracho. El pabellón británico que enarbolaba la nave, junto con el equipaje del comandante, correspondencia oficial y otra documentación que los tripulantes dejaron en su huída, fueron remitidos al gobernador Rosas.

El General Lucio Norberto Mansilla -veterano de las Guerras por la Independencia y contra el Imperio de Brasil-, secundado eficazmente por los Coroneles Manuel Virto, Martín Isidoro Santa Coloma y los artilleros veteranos de Vuelta de Obligado prepararon en Punta del Quebracho desde el mes de abril de 1846 una nueva defensa similar a la presentada en Paso del Tonelero y San Lorenzo, aguardando al núcleo principal de la flota invasora. Las fuerzas argentinas contaban con menos de veinte cañones que fueron emplazados en lo alto de una barranca, fuera del alcance de la artillería enemiga, y con un millar de hombres aproximadamente en total, formadas por los siempre aguerridos integrantes del 2do. Batallón de Patricios, los Lanceros de Santa Fe y el Regimiento Escolta del Gral. Mansilla como reserva. Mansilla era un experto en obtener ventajas en el terreno cuando la diferencia de armamento no le daban una situación favorable. 

Los comandantes de las naves invasoras sospechaban fundadamente desde los puentes de sus buques, de una nueva defensa a todo trance que realizarían las fuerzas de la Confederación Argentina, cerca de San Lorenzo, por lo cual se detuvieron a escasas leguas del sitio durante días para reagruparse.

Finalmente el 4 de junio, la flota enemiga compuesta de 12 naves de guerra y 95 mercantes, decidió forzar la posición argentina, donde recibieron un daño mayor, en naves y mercaderías. En algunos casos las embarcaciones, debido a la confusión de las maniobras tendientes a evitar el fuego argentino que se les hacía desde la barranca, vararon en el lecho fangoso y fueron incendiadas por sus propios tripulantes para que no cayeran en manos argentinas. De una de las goletas en llamas los argentinos recuperaron mercaderías.

Luego de casi tres horas de duro combate, parte de las naves retrocedieron porque precisamente la eficaz artillería de Thorne les causaba severos daños. 

El combate del Paso del Quebracho, fue una clara victoria de las fuerzas nacionales, decisiva en la solución del conflicto, ya que los invasores tuvieron cuantiosas pérdidas en las naves mercantes y también los navíos de guerra recibieron el fuego de las baterías argentinas, siendo algunos de ellos seriamente dañados, sufrieron también muchas bajas humanas, frente a las insignificantes de las fuerzas defensoras.

La finalidad de la expedición al Paraguay y Corrientes había fracasado. La ruina aguardaba a los comerciantes de Montevideo que creyeron haber encarado un próspero negocio, pero que les resultó lo contrario,  ya que no solo no pudieron vender sus mercaderías, sino que gran parte las ellas se perdieron como consecuencia de la lucha. 

Los invasores comprendieron que era imposible navegar impunemente los ríos interiores argentinos y de nada les servía la política de cañoneras en un territorio al cual se podía invadir pero del cual resultaba muy difícil salir indemne. Aprendieron la lección y ya nunca más intentaron adentrarse en ríos que eran argentinos.

La estrategia de Mansilla, fue la de correr y golpear, además de dar libertad de acción a sus comandantes para que con decisiones sobre la marcha de los acontecimientos, descargaran salvas en el momento imprevisto y en muchos episodios hasta la última carga de munición.

Tampoco los nuevos ataques de José Garibaldi -bajo las órdenes del gobierno enemigo de Montevideo- a Gualeguaychú y Paysandú cambiaron el curso final de la Guerra del Paraná ya que este enemigo de la Argentina, que había sido derrotado completamente por el almirante Brown en el combate naval de Costa Brava poco menos de cuatro años atrás (15 y 16 de Agosto de 1842), ahora había vuelto a la aventura y al saqueo, luego de que se le permitiera huir y así salvar la vida en las jornadas mencionadas, donde fuera batido por nuestra fuerza naval.

Las noticias del fracaso expedicionario anglofrancés también llegaron a Londres y Paris donde las bajas, las pérdidas de naves y la frustración de los comerciantes europeos que no podían comerciar en el Río de la Plata fueron comentadas en los círculos de los gobiernos inglés y francés y en toda la prensa europea. Tomás Guido -embajador en Río de Janeiro- resaltó que las ricas compañías comerciales de Liverpool y Manchester, también levantaron su voz al ver que tenían la mejor plaza del Atlántico Sur cerrada para sus productos y la Casa Baring Brothers hizo saber a sus inversores con preocupación, que uno de sus préstamos efectuado precisamente a la Argentina, era uno de los pocos que se pagaba en sus servicios puntualmente y que con el ataque a la Confederación Argentina seguramente peligraría en adelante su cumplimiento.

Además, la acción diplomática de Carlos María de Alvear desde Estados Unidos,- divulgador de la Doctrina Monroe en los propios Estados Unidos, la que a similitud de la Guerra de Malvinas no se invocó ni aplicó por el gobierno norteamericano-, de Mariano Balcarce en Francia y de Manuel Moreno en Inglaterra crearon tal conmoción que se resolvió cambiar el interlocutor para negociar con la Confederación Argentina y así llegó el plenipotenciario Thomas Hood para reunirse con Rosas y su canciller Felipe Arana, para finalizar el conflicto, pero pasarán tres años más para la firma de los Tratados Arana-Southern y Arana-Lepredour. 

Guido desde Río de Janeiro, también advirtió sobre la llegada de dos regimientos de línea ingleses procedentes de Ciudad de El Cabo al Imperio de Brasil como modo de coacción, lo que en definitiva no se produjo.

La Confederación Argentina no cedió nunca en sus pretensiones de respeto a su soberanía sobre sus ríos interiores, a pesar que bajo la óptica del terreno estrictamente militar, la flota invasora pudo pasar en todas las oportunidades en las cuales se le presentó batalla, pero al costo que el saldo desfavorable de los combates para los argentinos, se transformó en una victoria política y diplomática que llegó hasta los Estados Vaticanos.

La posición de Juan Manuel de Rosas encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, en materia de la navegación de los ríos interiores, era similar en argumentos a la adoptada y aplicada por las potencias europeas, entre ellas Francia é Inglaterra, ya que el Río Paraná era sin duda un río interior. Y es precisamente lo que esas naciones más tarde reconocieron en aquellos tratados mencionados, respecto a la soberanía nacional en los ríos Paraná y Uruguay. 

Ha pasado una flota pero la realidad es que el Río Paraná no ha quedado libre para las banderas bloqueadoras, no hay víveres frescos en las costas del Paraná, el ganado ha sido retirado al interior lejos de las riberas, y no hay peor situación que haber invadido un territorio y no saber cómo y a qué precio salir.

Rosas, gran negociador, al tratar por separado con Francia e Inglaterra, consiguió formalmente evidenciar las diferencias que existían entre las dos potencias. Nuestra diplomacia interpretaba con acierto que este plan de invasión solo tenía un interés comercial y que el bloqueo era absolutamente ilegal y contrario a derecho.

Para fundar más aún la posición de la Confederación Argentina, es el hecho que el CONCEPTO DE LOS RIOS INTERNACIONALES, era desconocido en los foros internacionales, y recién se inició su desarrollo en la segunda mitad del siglo XIX.


(1) El pailebote Federal era una nave de construcción española, muy similar a una goleta, de silueta muy fina de solamente 3 m. de manga y una eslora de 28 m., con un desplazamiento de 115 tn. llegaba a ser identificada como la más veloz del Plata. Fue adquirida en 1844 para ser destinada al traslado de los prácticos que auxiliaban a las naves en el pilotaje en el Río de la Plata. Luego de su recuperación por Álvaro José de Alzogaray y ya bajo pabellón argentino y con el nombre originario Federal, su mando es ejercido hasta 1848 por el capitán Santiago Maurice, otro marino veterano de la Guerra del Paraná. Integró la Escuadrilla de Ramallo que operó en Corrientes, pasando luego por su versatilidad a ser asignado como aviso de la Armada Argentina. A partir de 1850 se pierde su actuación en los Registros de Buques.


Fuentes:

Busaniche, José Luis. Historia Argentina. - Caillet Bois, Teodoro. Los Marinos de la dictadura. - Galmarini, Hugo. Tomás Guido. - Gálvez, Manuel. Juan Manuel de Rosas. - Gerding, Eduardo. Recuerden Vuelta de Obligado. - Harguindeguy, Pablo. Apuntes sobre buques de la Armada Argentina. - Mackinnon, L.B. La escuadra Anglo Francesa en el Paraná 1846. - O´Donnell, Mario. La Gran Epopeya. - Piccirilli, Ricardo y Gianello Leoncio. Biografías Navales. - Ruiz Moreno, Isidoro. Campañas militares argentinas. - Saldías, Adolfo. Historia de la Confederación Argentina. - Tanzi, Héctor. Historia Marítima Argentina.

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Canción del Quebracho, escrita por el general Mansilla después del combate del Quebracho

1° - Quebrachito de eterna memoria / De los grandes recuerdos será / Ojalá de la historia argentina / No se borre tu nombre jamás.

2° Altanera de Junio en el cuatro / de esos viles la flota se vio / Invitando a Mansilla a la lid / Que orgulloso jamás despreció.

3° Ya se traba el ruidoso combate / Y entre el fragor se oye repetir: / Viva Rozas, viva la Nación / Por la patria la gloria es morir.

4° Entre el humo y las balas se vió / A las grandes naciones ceder / Al valor de libres que hicieron / Vergonzosa su fuga emprender.

5° Esos mismos que allá en Obligado / levantaron de nuevo el pendón / De Inglaterra será el oprobio / de la Francia, vergüenza y borrón.

Fuente: Dermidio T. González en "El hombre - Reedición de la obra y apuntes históricos - Documentos y hechos desconocidos de la historia argentina" (Arturo E. López editor, Buenos Aires, 1912)

sábado, 1 de septiembre de 2012

Giuseppe Garibaldi

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VI N° 24 - Setiembre 2012 - Pags. 4 y 5 

Giussepe Garibaldi

                                                           Por el Federal Apostólico

Combate de Costa Brava
Giuseppe Garibaldi

Giuseppe Garibaldi (1807-1882), tomó intervención, en las guerras civiles rioplatenses, a favor de Rivera y los unitarios argentinos.

Si bien en Italia se lo considera héroe, para nuestro país no fue más que un pirata y saqueador, no obstante lo cual en el año 1895, al ser botado un crucero acorazado argentino, se le dio su nombre, pero eso no es todo, la Ciudad de Buenos Aires en el año 1904, lo homenajeó con un espléndido monumento instalado en Plaza Italia en el Barrio de Palermo, además de otros monumentos que se levantaron en otras ciudades de nuestro país, como así también lo recuerdan diversas calles en pueblos y ciudades. Todo ello, como si no hubieran héroes argentinos a quienes homenajear. Pero bueno... estas son cosas que ocurren solo en nuestro país!

Veamos, sintéticamente, quien fue Garibaldi en sus correrías en el Plata y sus afluentes y el lector evaluará si "Garibaldi es una gloria argentina", como afirmó el siempre desubicado Sarmiento o fue un "pirata" como lo llamaba La Gaceta Mercantil.

Los hombres a los cuales comandó Garibaldi, no fueron ejemplo de disciplina ni orden, sino todo lo contrario, y el mismo italiano así los describe en sus Memorias: "Los equipajes que yo mandaba estaban compuestos por hombres de todas las naciones. Los extranjeros eran, en su mayor parte, marinos, y casi todos desertores de barcos de guerra; debo confesar que éstos eran los menos díscolos. Entre los americanos, la generalidad habían sido expulsados de los ejércitos de tierra, por varios delitos, muchos por homicidios. De modo que eran verdaderos canallas desenfrenados y se necesitaba todo el rigor posible en los barcos de guerra para mantener el orden".

En 1842, con el ardid de enarbolar el pabellón de la Confederación Argentina, en las naves riveristas que comandaba, y disfrazando así sus naves, pudo engañar y burlar a la guarnición argentina destacada en la isla de Martín García, forzando el paso para adentrarse en el Paraná. Por ese proceder desleal e indecoroso, la prensa de Buenos Aires, comenzó a llamarlo "pirata".

El Alte. Brown con gallardía después del combate de Costa Brava, le perdonó la vida, pero en realidad debió aplicar la ley del mar, vigente en aquella época, que era el ahorcamiento de los piratas, con lo cual se hubieran evitado muchos males para nuestro país, ya que Garibaldi, se había comportado como tal, como así lo informó Brown en el parte que con motivo de ese combate le remitió a Rosas, en estos términos: "La conducta de estos hombres, excelentísimo señor, ha sido más bien de piratas, pues que han sa­queado y destruido cuanta casa o criatura caía en su poder, sin recor­dar que hay un Poder Supremo que todo lo ve y que tarde o tem­prano nos premia o castiga según nuestras acciones". Esa calificación de "pirata", fué corroborada años después y como veremos a continuación, cuando saqueó poblaciones argentinas y orientales haciendo estragos entre la población indefensa.

En efecto, durante la intervención anglofrancesa a nuestro país en 1845, Garibaldi nuevamente se encuentra al mando de una flotilla riverista, formada por los buques argentinos -los ex navíos San Martín, Echagüe y Maipú- que habían sido apresados con motivo del hecho conocido en la historia como "el robo de la escuadra" -hecho acaecido el 2 de agosto de 1845-, cuyas naves tripula con 900 hombres de la Legión italiana.

El 30 de agosto de 1845 los almirantes anglofranceses intiman la rendición de la guarnición oriental de la ciudad de Colonia, formada por trescientos hombres con una artillería compuesta por ocho pequeños cañones, mandada por el coronel Jaime Montoro. Ante la negativa del jefe oriental de rendir sus armas, los anglofranceses al amanecer del siguiente día, bombardearon la ciudad con los 200 cañones de la escuadra ante lo cual Montoro no tiene más remedio que retirarse y Garibaldi desembarca y saquea la población. En sus Memorias, habla así del comportamiento de los hombres que comandaba "(ya que fue) difícil de mantener la disciplina que impidiera cualquier atropello, y los soldados anglofranceses, a pesar de las órdenes severas de los almirantes, no dejaron de dedicarse con gusto al robo en las casas y en las calles. Los nuestros, al regresar, siguieron en parte el mismo ejemplo aún cuando nuestros oficiales hicieron lo posible para evitarlo. La represión del desorden resultó difícil, considerando que la Colonia era pueblo abundante en provisiones y especialmente en líquidos espirituosos que aumentaban los apetitos de los virtuosos saqueadores".

El 5 de setiembre Garibaldi tomó la isla de Martín García, arriando el pabellón nacional azul y blanco y enarbolando el oriental.  

Posteriormente asalta la ciudad de Gualeguaychú, que se encontraba desguarnecida, saqueándola durante dos días, con su cuerpo de mercenarios, cometiendo todo tipo de tropelías.

José Luis Bustamante, secretario del Gral. Rivera, a quien le escribió el 2 de noviembre, alarmado por las consecuencias negativas que el proceder de Garibaldi y su gente podría ocasionar a su causa, le dijo: "Garibaldi saqueó la Colonia y Gualeguaychú escandalosamente: no puede contener la gente que lleva. Esta marcha nos desacreditará mucho; y mientras no se vean al frente de esas operaciones jefes del país, nada adelantaremos: la guerra será interminable..."

El 30 de setiembre Garibaldi, intenta un ataque en Paysandú y días más tarde en Concordia, siendo repelido en ambos casos, pero a fin de de octubre toma Salto, donde repite sus saqueos y asesinatos de habitantes.

En sus Memorias, así recordará sus "acciones" en estas tierras: “Como no recuerdo los detalles de todos aquellos atropellos, me es imposible narrar minuciosamente las infamias cometidas… Nadie era capaz de detener a esos insolentes salteadores… Todos vivían permanentemente alcoholizados... Me dan ganas de reír cuando pienso en el honor del soldado…”

Viene aquí al dedillo, el pensamiento del escritor Ignacio B. Anzoátegui, cuando con cierto humor no exento de verdad, dice, refiriéndose a Garibaldi: "Un tano bandido a quien la Patria, en vez de levantarle una estatua, debió hacerle decir varias misas en contra"

 

Giuseppi Garibaldi
Crucero acorazado Giuseppe Garibaldi. Construído en astilleros Ansaldo, Italia.
Fue dado de baja en 1934. Tenía un desplazamiento de 7.300 T.
Desarrollaba una velocidad de 20 nudos y tenía una tripulación de 543 hombres.

Fuentes:

Crónica Histórica Argentina.

Ezcurra Medrano, Alberto. Las otras Tablas de Sangre.

Saldías, Adolfo. Historia de la Confederación Argentina

Sierra, Vicente D. Historia de la Argentina, T° IX, 1840-1852.

www.revisionistas.com.ar . Giuseppe Garibaldi.

Combate de Costa Brava

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VI N° 24 - Setiembre 2012 - Pags. 1 y 2   

Un episodio de la gloriosa Guerra del Paraná

COMBATE NAVAL DE COSTA BRAVA - 15 Y 16 DE AGOSTO DE 1842

                                                                                 Por Guillermo M. Masciotra

El almirante Guillermo Brown al mando de la Flota de la Confederación Argentina, derrota completamente a la segunda escuadrilla riverista al mando de José Garibaldi en el Río Paraná.

Guillermo Brown
Daguerrotipo del Alte Brown (1856) - M.H.N.


Antecedentes históricos. La diplomacia de las cañoneras

Todo fracasa para el intento colonialista francés de 1838, que bloquea el Río de la Plata y ataca Martín García (ver ER Nº 8), Zárate y Arroyo del Sauce, que suma como aliados a los emigrados unitarios, y las tropas orientales coloradas de Fructuoso Rivera. Pero, en marzo de 1839 la caballería entrerriana de la Confederación Argentina al mando del Gral. Justo J. de Urquiza derrota completamente en la Batalla de Pago Largo, a Berón de Astrada, que muere junto a 800 de sus hombres de las fuerzas correntinas, e impide la vigencia del Tratado entre Fructuoso Rivera y la Provincia de Corrientes. Previamente el Gobierno de Fructuoso Rivera había declarado la guerra a la Confederación Argentina.

Los emigrados unitarios al ver este fracaso, convencen al Gral. Juan Galo de Lavalle de la necesidad de invadir el territorio patrio, siempre con la descarada colaboración gala de naves, armas y equipos. Continuaba la política de las potencias coloniales queriendo imponer la diplomacia de las cañoneras.

La expedición del Gral. Lavalle transportada por buques franceses a las costas de la Provincia de Buenos Aires, se retira al norte casi sin combatir y el Gral. Prudencio Rosas rápidamente sofoca la intentona de los hacendados del Sur de la Provincia de Buenos Aires.

Las Campañas Navales de la Banda Oriental.

En 1840, cambia para Francia su escenario geopolítico y ahora ve el peligro británico en Medio Oriente, firma el Tratado Arana–Mackau (ver ER N° 17), levanta el bloqueo de cerca de 950 días de duración y se retira de estas regiones, pero así comienza la Campaña Naval de la Banda Oriental en 1841.

Rivera, por su parte decide seguir su guerra contra la Confederación Argentina e incluso llevarla a Corrientes. Rápidamente los emigrados unitarios, los ingleses y franceses lo apoyan y pretenden la libre navegación de los ríos interiores.

El Gobierno de la Confederación Argentina se consolida en ambas márgenes del Río de la Plata, y Juan Manuel de Rosas comprende que es necesario nuevamente establecer el poder naval argentino. Para ello convoca al Almirante Guillermo Brown, que contaba con 64 años de edad, sin lugar a dudas una carga importante de años, sacrificios y luchas, pero su gran lucidez, trabajo y capacidad de mando, hacen que de la nada como en las campañas navales de 1814 (contra los realistas) y 1826 (contra los brasileros), arme nuevamente una flota con naves poco homogéneas, armamento dispar e improvisando soluciones para tripular las mismas.

Se sumaron a la convocatoria del bravo irlandés, varios de sus anteriores oficiales, Juan Bautista Thorne, José María Pinedo, Álvaro José de Alsogaray, Nicolás Jorge y Guillermo Bathurst entre otros; merece destacarse la conducta del irlandés Juan King, veterano de la Guerra contra el Imperio, que enfermo, se presentó voluntariamente para defender la soberanía nacional. En tan solo 90 días la enseña nacional flameaba nuevamente al tope de las naves y lista para escribir otro glorioso capítulo de las luchas navales.

Primera Campaña

Combate de Costa Brava
John Halstead Coe

La primera flota oriental riverista al mando de John Coe, antiguo subordinado de Brown en 1826, es completamente derrotada en aguas del Plata, en una serie de combates navales que se desarrollan a partir del 24 de mayo de 1841. Coe se aleja de Buenos Aires y busca la protección de las baterías de Montevideo. Obligado a salir del puerto por el cerco que establece Brown, los navíos riveristas son derrotados en los combates de Punta Brava y Santa Lucía, sumándose a esto la deserción de alguna nave que se pasó a las órdenes del bravo almirante Brown, definieron la absoluta supremacía de la Confederación Argentina en el Río de la Plata.

Segunda Campaña

Pero siguen los intentos de segregar a la Provincia de Corrientes de la Confederación y en 1842 Rivera contrata a José Garibaldi para que al mando de una segunda división naval intente llegar y apoyar a Corrientes. El destino del italiano Garibaldi sería idéntico como veremos al intento de la anterior flotilla de Coe, nuevo despilfarro de naves, recursos y tropas para disputar el poder naval y derrotar a Brown y luego a la Confederación Argentina.

A tal efecto en Junio de 1842, la flota riverista al mando de Garibaldi, se presenta frente a Martín García, utilizando el ardid de identificar sus naves con bandera argentina, fuerza la posición sin combatir. Tardíamente advertido el engaño, las baterías nacionales abren fuego desde la isla, pero las naves invasoras se alejan aguas arriba.

El bombardeo es escuchado en la rada Buenos Aires, y el Almirante Brown, embarcando en el Belgrano ordena la salida de sus buques, lamentablemente por una fuerte bajante, esta embarcación queda varada en el Arenal Grande, y así la flota incursora continúa libremente subiendo por el Paraná.

El genio naval del irlandés brilla nuevamente, ya que logra salir de la varadura y como en 1814 que encierra a las naves realistas de Romararte en el Río Uruguay y años más tarde en el Combate Naval del Juncal contra el Imperio de Brasil, divide sus fuerzas creando una Segunda División al mando de Juan Bautista Thorne con tres naves el Belgrano, el 25 de Mayo y el San Martín, cortándole a Garibaldi toda posibilidad de recibir refuerzos desde Montevideo e impidiéndole también la salida por el Río de la Plata. Inicialmente Brown pensó que los invasores estaban aguas arriba del Río Uruguay, pero le llegó la información que su subordinado Juan F. Seguí, con unos lanchones se había enfrentado con el enemigo al sur de la Ciudad de Paraná; a toda prisa cambia el rumbo, remonta el Paraná y comienza la persecución. En las cercanías de la localidad de Esquina, Garibaldi comienza a comprender lo peligroso de incursionar un territorio hostil y no poder, ni tampoco, saber salir. La superioridad marinera de Brown le obliga a Garibaldi a combatir en aguas desfavorables, así entre el 15 y el 16 de agosto de 1842, ambas fuerzas se enfrentan en el Combate de Costa Brava, produciéndose un claro triunfo de la flota de la Confederación.

En este Combate, las naves nacionales fueron impulsadas en algunos casos desde tierra por sirgadores debido a la falta de viento y escasa profundidad, resistieron a los tiradores emboscados en las costas, siendo estos desalojados y perseguidos por tierra y agua. Los navíos argentinos ganaron las posiciones más favorables en un estrecho canal, con el Echagüe, el 9 de Julio y la Chacabuco en línea, mas el apoyo mutuo entre las naves, significó Costa Brava una victoria completa para la Confederación Argentina, con pérdidas casi insignificantes frente al enemigo que tuvo bajas de un tercio de sus hombres y todas las naves destruidas o capturadas.

La enorme alegría de la victoria en el Combate de Costa Brava produjo en Buenos Aires una recepción jubilosa para el bravo irlandés, que fue recibido en el puerto, por la población encabezada por Manuela Robustiana Rosas y por su esposa Elisa. Esta victoria además de consolidar la posición política y militar de la Confederación Argentina, resaltó también la gran nobleza de Brown  que dejó huir a Garibaldi, pensando que nunca más atentaría contra nuestra soberanía, sin embargo al poco tiempo nuevamente con apoyo riverista y anglofrancés, volvería con sus correrías y saqueos por nuestras costas y matando a sus habitantes que le perdonaron la vida en Costa Brava.

 

Fuentes:

Busaniche, Jose Luis. "Historia Argentina".

Caillet Bois, Teodoro. "Los Marinos de la dictadura".

Galmarini, Hugo. "Tomas Guido".

Harguindeguy, Pablo. "Apuntes sobre buques de la Armada Argentina".

Instituto Nacional Browniano."Los Bloqueos Navales en el Rio de la Plata".

O'Donnell, Mario. "La Gran Epopeya".

Piccirilli, Ricardo y Gianello, Leoncio, "Biografías  Navales".

Ruiz Moreno, Isidoro. "Campañas Militares Argentinas".

Saldías, Adolfo. "Historia de la Confederación Argentina".

Tanzi, Hector. "Historia Marítima Argentina".

Combate de Costa Brava
Juan Francisco Seguí


Las características de las naves Argentinas que participaron en el Combate Naval de Costa Brava.

Bergantín ECHAGÜE, (ex Cagancha capturado en 1841 a la primera flota riverista) de 165 toneladas, armado con 16 cañones, comandado por el Teniente José María Pinedo.

Goleta CHACABUCO, de 180 toneladas, armamento 3 cañones, al mando del Teniente Nicolás Jorge.

Goleta ARGENTINA de 115 toneladas, armada con 7 cañones, al mando del Capitán Juan Francisco Seguí

Bergantín Goleta VIGILANTE de 70 toneladas ,armado con 10 cañones, 70 tripulantes. Bajo el mando del capitán Celestino Elordi.

Goleta 9 DE JULIO (ex PALMAR capturado también a la primera flota riverista) de 70 toneladas, armado con tres cañones. Pequeña embarcación al mando del Teniente Eduardo Brown.

miércoles, 1 de junio de 2011

La guerra del Paraná

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año V N° 19 - Junio 2011 - Pag. 9 

LA GUERRA DEL PARANA. LOS BLOQUEOS NAVALES COLONIALISTAS AL RIO DE LA PLATA. EL ROBO DE LA ESCUADRA ARGENTINA.

                                                                                              Por el Dr. Guillermo M. Masciotra

Ciudad de Corrientes 1846 - Pintura de Gore Ouseley

En el año 1838 nuestra patria estaba amenazada desde diversos frentes geográficos pero con un gestor común: el colonialismo francés, que soñaba con crear un Protectorado en la Banda Oriental. En el Norte nos declaraba la guerra la Confederación Peruano Boliviana bajo el mando del Mariscal Andrés de Santa Cruz y en la Banda Oriental el Gral. Fructuoso Rivera con apoyo francés y unitario derrocaba a Manuel Oribe presidente constitucional del Uruguay. Francia venía ya desde el 1836 creando incidentes y desconociendo las leyes argentinas, buscando la manera de imponer la política de las cañoneras, ahora además aliada con Rivera y la Comisión Argentina (formada por expatriados argentinos unitarios) encabezada por Andrés Lamas.

Declara el bloqueo al Río de la Plata bajo el pretexto que no se conciliaban las relaciones diplomáticas franco argentinas y atacan Martín García con cuatro buques franceses y tres de bandera oriental riverista. Heroica defensa es la que realizan Gerónimo Costa y Juan Bautista Thorne que con solo 125 hombres enfrentan la coalición de siete buques y mas de 500 hombres (ver ER Nº 6). Cebados por la ocupación de la isla, los franceses no vacilan en operar contra Zárate, Atalaya y El Sauce, su impulso hace que Fructuoso Rivera firme un Pacto con la Provincia de Corrientes gobernada por Genaro Berón de Astrada para promover su independencia y así disgregar de nuestro territorio a la Mesopotamia. La Confederación Argentina seguía firme en su postura y se fortalecía.

Todo fracasa para el intento colonialista. En Marzo de 1839 la caballería entrerriana de la Confederación Argentina al mando del Gral. Justo J. de Urquiza derrota completamente en la Batalla de Pago Largo a las fuerzas correntinas, donde muere Berón de Astrada junto a 800 de sus hombres.

La Expedición del Gral. Juan Galo de Lavalle transportada por buques franceses se retira al Norte casi sin combatir y el Gral. Prudencio Rosas rápidamente sofoca la intentona de los hacendados del Sur de la Provincia de Buenos Aires.

En 1840 para Francia cambia su escenario y ahora ve el peligro británico en Medio Oriente, firma el Tratado Arana–Mackau, levanta el bloqueo de cerca de 950 días de duración y se retira, pero así comienza la Campaña Naval de la Banda Oriental en 1841, ya que Rivera decide seguir su guerra e incluso llevarla a Corrientes. La primera flota riverista al mando de John Coe, es completamente derrotada en aguas del Plata por el Alte Guillermo Brown. Pero siguen los intentos y en 1842 Rivera contrata a José Garibaldi para que al mando de una segunda división naval concurra para apoyar a Corrientes. El destino del italiano Garibaldi sería idéntico al intento de la anterior flotilla de Coe, remonta el Paraná pero en las cercanías de la localidad de Esquina, Guillermo Brown lo derrota en el Combate de Costa Brava. Luego el bravo irlandés con sus cinco buques bloquea Montevideo, la que también estaba sitiada por tierra por las fuerzas de Manuel Oribe.

La misión de Brown, que no causa incidentes, despierta nuevamente el interés francés, inglés y brasileño. Velozmente se estacionan frente a Montevideo 11 buques de guerra franceses, 10 británicos, 2 norteamericanos y aproximadamente entre 6 y 8 naves brasileñas en forma amenazante y generan entredichos diplomáticos con los buques al mando del Alte. Guillermo Brown con la velada intención de intervenir.

Así se produce sin previa declaración de guerra, lo que en la historia se conoce como “El robo de la escuadra”, donde las naves francesas e inglesas abren fuego, rodean con el apoyo de mas de 25 naves los cinco buques de la Confederación Argentina y como trofeo se las apropian y reparten: el “25 de Mayo” y “San Martín” para Francia y el “Echagüe”, “9 de Julio” y “Maipú” para Inglaterra, así se inicia el bloqueo anglo-francés, que durará casi tres años entre 1845 y 1848.

A partir de ese escandaloso momento y sin fuerzas navales propias, reaparece José Garibaldi para atacar en Gualeguaychú y Paysandú, y buques anglo franceses capturan mercantes argentinos de cabotaje en el Paraná.

La Guerra del Paraná, que se iniciaba en 1838, tenía en 1845 un nuevo capítulo, la expedición a Corrientes y Paraguay donde el Combate de Vuelta de Obligado constituye el enfrentamiento mayor en el cual la flota de 22 buques de guerra y mas de 70 mercantes deciden incursionar en el Río Paraná. Luego de este combate las fuerzas patriotas se reagruparon en Ramallo y fortificaron por instrucciones del Gral. Mansilla el Paso del Tonelero, donde se emboscaron las piezas de la artillería volante en las altas barrancas y en enero de 1846 en el combate que allí tiene lugar, los agresores comienzan a comprender lo difícil que será llegar a Corrientes y mas aún navegar río abajo, de regreso. Luego en San Lorenzo también son atacados los buques intrusos. Mientras que los navíos franceses detienen su viaje en La Bajada cerca de Paraná y solo llegan hasta Corrientes, los ingleses siguen río arriba y llegan hasta Asunción, muy maltrechos y desalentados.

A su regreso los aguardaban nuevamente las tropas de Lucio Mansilla, en Paso del Quebracho y aguas mas abajo nuevamente en Barrancas de San Lorenzo y Paso de la Ramada donde la experimentada táctica de empleo de artillería volante continúa castigando a los invasores. El episodio final es el fracasado ataque al Puerto de Atalaya, cerca de Magdalena en la Provincia de Buenos Aires.

Las noticias del fracaso expedicionario anglo francés también llegan a Londres y Paris donde las bajas, las pérdidas de naves y la frustración de los comerciantes europeos que no pueden comerciar en el Río de la Plata son comentadas en los círculos del gobierno inglés y francés. Tomás Guido resalta que las ricas compañías comerciales de Liverpool y Manchester, también levantan su voz al ver que tienen la mejor plaza del Atlántico Sur cerrada para sus productos y la Casa Baring hace saber a sus inversores con preocupación que uno de sus préstamos  efectuado precisamente a la Argentina, era uno de los pocos que se pagaba en sus servicios puntualmente y que con el ataque a la Confederación Argentina seguramente peligraría en adelante su cumplimiento.

Además la acción diplomática Argentina de Carlos de Alvear, divulgador de la Doctrina Monroe en los propios Estados Unidos, Mariano Balcarce en Francia y Manuel Moreno en Inglaterra crean tal conmoción que los anglofranceses deciden negociar con la Confederación Argentina pero pasarán tres años para la firma de los Tratados Southern–Arana y Arana–Lepredur que pondrán fin al conflicto.

De esta forma transcurren diez años de luchas por la Soberanía Nacional en las aguas del Paraná, Uruguay y el Plata, contra las potencias coloniales y sus aliados. 


lunes, 1 de diciembre de 2008

Tomás Craig, marino irlandés, guerrero de la Independencia y defensor de la Soberanía Nacional en la Guerra del Paraná

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año III N° 9 - Diciembre 2008 - Pags. 4 a 6  

PERSONAJES Y HECHOS DE LA CONFEDERACION ARGENTINA

Tomás Craig, marino irlandés, guerrero de la Independencia y defensor de la Soberanía Nacional en la Guerra del Paraná

                                                                                                 Por Guillermo Masciotra

Las páginas de la historia argentina se nutren de innumerables héroes olvidados, que por su actuación merecen un justo reconocimiento. Este es precisamente un ejemplo de quien durante el período comprendido entre 1811 y 1857 fue un incansable guerrero al servicio de su patria adoptiva.

Tomás Craig, nació en Irlanda en 1780, sus padres fueron Nicolás Craig y Honor Byrne. No existen antecedentes exactos de su forma de arribo al Río de la Plata pero alguna fuente lo adjudica a un naufragio ocurrido en las costas patagónicas y su posterior radicación en Buenos Aires.

Con la reorganización del ejército del Norte llevada a cabo por el General Manuel Belgrano en 1812 se incorpora a sus filas y participa en las Batallas de Las Piedras, Tucumán, Salta, Ayohuma y Vilcapugio, integrando la artillería patriota.

Luego de un corto período en la Banda Oriental, donde ocupó los cargos de Comisario y Juez de Paz, con  el inicio de las hostilidades con el imperio de Brasil, comienza a prestar servicios bajo el mando del Almirante Guillermo Brown en la Armada Argentina, lo que se prolonga hasta su retiro del servicio activo en 1857.

La  denominada guerra fluvial ó Guerra del Paraná que se desarrolla entre 1841 y 1846 en el Río de la Plata y el Río Paraná tiene a Tomás Craig como protagonista de los dos enfrentamientos más importantes en defensa de la Soberanía Nacional: el Combate de Costa Brava los días 15 y 16 de Agosto de 1842 y el Combate de Vuelta de Obligado el 20 de Noviembre de 1845.

El Almirante Guillermo Brown con mas de 60 años de edad  es convocado por Juan Manuel de Rosas en 1841 para dirigir nuevamente la Armada Nacional, frente a la amenaza de Fructuoso Rivera que había derrocado al legítimo presidente oriental, Manuel Oribe. Nuestro  padre de la patria en el mar asume el compromiso de la nada, alista una armada, entrena sus hombres  y derrota a la  flota oriental riverista al mando de Coe un antiguo subordinado suyo en la Guerra contra Brasil, nuevamente  Brown domina el Plata. Rivera por su parte más aislado por que el Gral. Paz no compartía sus objetivos, declara la guerra a la Confederación Argentina y decide incorporar a José Garibaldi  para la formación de una Segunda División Naval ahora fluvial para disputar los ríos Uruguay y Paraná que no tenía permitido navegar y lograr la adhesión de Corrientes.

Craig es designado en 1841 comandante de la Corbeta o Fragata 25 de Mayo (ex Kremlin de matrícula de Boston) que desplazaba 400 toneladas y embarcaba 150 tripulantes, se le cambia la artillería a la nave y se dispone su alistamiento para el Estado Argentino. Luego Tomás Craig asume el mando de la goleta 9 de Julio (ex Palmar de bandera oriental) buque capturado por el Almirante Brown frente a Montevideo desde donde la conduce al Riachuelo también para su alistamiento y entrega del mando a su nuevo comandante el Capitán Guillermo Bathurs, la tarea  de Tomás Craig continúa con un nuevo compromiso alistar a la goleta Libertad (ex Aguiar integrante de la flota riverista que se pasó a la Confederación Argentina) empresa en la cual nuevamente da pruebas de su idoneidad de marino y artillero.

En 1842 es designado comandante del bergantín Republicano (ex San Giorgio de matrícula de Cerdeña) de 40 toneladas de desplazamiento; con esta nave participa en la persecución de la escuadrilla de Garibaldi, junto con el bergantín Belgrano al mando de Juan B. Thorne, el Echagüe al mando de Pinedo, el 9 de Julio al mando de Eduardo Brown (hijo del bravo irlandés), y el Americano al mando de Donati. El Alte. Brown que embarcaba en el Belgrano conduce la formación argentina que parte de Buenos Aires ante la noticia que mediante el engaño de falsa bandera se había forzado el paso de Martín García por las naves riveristas de la Segunda División. Una bajante hace varar al Belgrano que queda inmovilizado cerca de quince días, Brown anoticiado que Garibaldi continuaba por el Río Paraná luego de ser hostigado por Seguí y sus lanchones en La Bajada, alcanza las cercanías de Esquina en la Provincia de Corrientes paraje denominado Costa Brava, donde las fuerzas navales nacionales derrotaron y destruyeron el poder naval de Fructuoso Rivera en el río con los tres buques mayores en línea y en tierra con la acción de los hombres a cargo del Guardiamarina Bartolomé Cordero. Tras dos días de combate culminaba esta aventura de José Garibaldi con la huída de las tripulaciones y sus buques en llamas. La figura señera de Brown vuelve a dominar las aguas del Plata y sus afluentes. En un gesto de enorme grandeza no ordena la persecución de José Garibaldi y lo deja huir, sin embargo luego el mencionado personaje volvería con sus incursiones y saqueos contra la República Argentina.

Finalizaba así la campaña de Costa Brava, a todas luces desastrosa para el gobierno de Fructuoso Rivera, su aliada: la Comisión Argentina de Montevideo (integrada por emigrados unitarios), y los apetitos colonialistas franco-británicos de navegar nuestros ríos interiores. Tomás Craig al mando del Republicano realiza en convoy con el Echagüe un  patrullaje por el río Uruguay contra cualquier nuevo intento riverista; luego en 1843 participa del bloqueo a Montevideo y en 1844 dirige personalmente las reparaciones y nuevo alistamiento del Republicano en Ensenada de Barragán.

Gráfico que muestra el dispositivo de defensa en Vuelta de Obligado
(baterías, lanchones y El Republicano) y la flota atacante

En 1845 la expedición de la flota anglo-francesa intentará con sus aliados, los comerciantes de Montevideo, navegar los ríos Paraná y Uruguay, tentar al Paraguay  y  apoyar a los antirrosistas de Corrientes. Aquí aparece la tremenda fibra y temple de un grupo de paisanos, vecinos de San Pedro, Baradero, San Antonio de Areco  y San Nicolás, marinos de esa generación de valientes que formó Guillermo Brown y militares que bajo la dirección de Lucio N. Mansilla ese gran veterano de la Independencia, que decidieron defender nuestra soberanía a todo trance y resultado.

En este episodio glorioso de la historia nacional Tomás Craig tiene una activa participación en la construcción de la línea de defensa que basada en 24 lanchones  unidos por cadenas cruzará el río Paraná que tenia una extensión de 800 metros de ancho aproximadamente. Las barcazas o lanchones fueron desarbolados y anclados  al lecho del río, unidos a la tierra firme por un anclaje que se encontraba en un promontorio frente a una de las cuatro baterías instaladas (Ver monumento levantado en 1940, “El Restaurador” Nº 8, pág. 13) y en el otro extremo, las cadenas se afirmaban al bergantín Republicano al mando de Craig.

Así el 20 de noviembre a las 09,00 horas los poderosos cañones Paixhans con balas  explosivas inician un intenso cañoneo sobre las defensas terrestres y fluviales. Craig  que recibe en el Republicano un fuego concentrado, devuelve tiro por tiro con el apoyo de tres embarcaciones menores que impedían el avance de los tres vapores de la Primera división atacante que no pueden vulneran la línea de atajo del Republicano.

Cerca del mediodía el General Mansilla envía un parte a Juan Manuel de Rosas en el cual le comunica que el combate es intenso pero que se sostiene las defensas y también menciona que a pesar de no haber sido cortadas las cadenas, teme por el alto consumo de munición. Pasado el mediodía, Craig no tiene municiones, ha disparado hasta la última bala y está siendo acribillado por la artillería atacante. Ante la proximidad del enemigo, vuela el bergantín Republicano para que no sea abordado y con sus sobrevivientes se embarca para pasar a colaborar en tierra firme con la Batería Manuelita ubicada en el promontorio norte al mando de Juan B. Thorne.

El “Fulton”, -vapor francés- ataca las defensas en Obligado, obsérvese los lanchones
con la bandera argentina que obstaculizaban la navegación de la flota invasora


Vuelta de Obligado constituye una de las glorias de las luchas por la Independencia y la Soberanía Nacional, las cuatro baterías fueron destruidas y las cadenas que unían los lanchones fueron cortadas luego de 12 horas de intensos combates, con bajas de 300 muertos y más de 500 heridos en las filas argentinas decididos a defender el honor nacional. Después de esa acción, nuestro héroe continúa en servicio en la Armada nacional y en 1849 se hace cargo del comando de la goleta Santa Clara mando que continua en 1850 y 1851 afectado al patrullaje fluvial, donde lo sorprende el pronunciamiento de Urquiza, permaneciendo Craig leal a la Confederación Argentina. Posteriormente en 1852 y previo a las acciones de Caseros asume el mando de la goleta Maipú (ex Fama de matrícula norteamericana) -incorporada en 1845, había sido robada por los británicos y devuelta en 1851 por la Convención Southern –Arana alistándola en tiempo record y que fue ubicada en la desembocadura del Río Paraná.

Separado del mando luego de Caseros, posteriormente fue rehabilitado y en  Noviembre de 1852 asumió nuevamente el mando de la goleta Maipú en la expedición del Gral. Madariaga contra la Provincia de Entre Ríos. Continuó Craig en servicio activo hasta 1857.

Se casó en primeras nupcias con la argentina Encarnación Luján y fallecida ésta se casó en segundas nupcias en 1849 con Jane Donovan, irlandesa. De este matrimonio nacieron dos hijos: Francisca y Guillermo Craig Donovan, quien alcanzó el grado de Teniente coronel en el Ejército Argentino y fue expedicionario al Chaco austral y boreal.

Tomás Craig falleció en Buenos Aires el 26 de abril de 1863. Una calle del Barrio de Caballito de la Ciudad de Buenos Aires lleva su nombre, además se recuerda  su memoria en los municipios de Alte Brown, Merlo, General Rodríguez y Malvinas Argentinas.

 

Fuentes:

Historia de la Confederación Argentina. A. Saldías

Historia Marítima Argentina. H. J. Tanzi.

Apuntes sobre Buques de la Armada Argentina. P. Harguindeguy.

Los Bloqueos Navales. Instituto Nacional Browniano

La Batalla Olvidada. Nueva Reseña Histórica de San Pedro.