sábado, 1 de junio de 2013

Francisco

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VII N° 27 - Junio 2013 - Pag. 16  

Francisco

Papa Bergoglio

            El 11 de febrero del corriente año, el mundo entero se vio conmocionado con la valiente y dramática renuncia del papa Benedicto XVI a la silla de Pedro, pero poco más de un mes después, la conmoción fue mayor y más aún, nos vimos sorprendidos y gratamente conmovidos los argentinos el día 13 de marzo cuando pasadas las cuatro de la tarde nos enteramos que se había elegido un nuevo papa y encendimos nuestros televisores para ver quien había sido elegido y minutos después vimos que el arzobispo de Buenos Aires, el jesuita Jorge Mario Bergoglio, aparecía en el balcón central de la Basílica de San Pedro, como el nuevo papa, pese a los pronósticos que daban como papables a otros prelados.

Una alegría inmensa embargó a todos los argentinos con una elección que no esperábamos, y que ni siquiera la gran mayoría, imaginábamos. A todos nos tomó de sorpresa, nos sentimos muy emocionados y con el corazón lleno de alegría.

Cuando a raíz del cónclave anterior que había designado a Benedicto XVI, figuró como papable el nombre de Bergoglio y se habló de un posible papa argentino, a muchos nos pareció una exageración. Pero no... los hechos posteriores demostraron que todo aquello no  había sido una exageración y que los rumores de entonces habían sido acertados.

Lamentablemente a la alegría que experimentó todo el pueblo argentino, surgieron aquí algunas voces y actitudes disonantes de políticos, periodistas y funcionarios, con imputaciones hacia el nuevo pontífice por parte de algunos de ellos y la indiferencia de otros. Pero como estas personas se dieron cuenta que quedaban aisladas del resto de la sociedad y alejadas de la realidad, pocos días después, como un saltimbanqui del Circo de Moscú, dieron un salto de 180 grados para no quedar descolocados frente a una realidad que los excedió.

Pero también debemos decirlo, que la alegría fue no solo de los argentinos, sino que pasó a ser mundial, desde el primer momento en que Francisco saludó en su aparición pública desde aquel balcón a los fieles que estaban reunidos en la plaza de San Pedro en el Vaticano y que esperaban ansiosos la designación del nuevo papa.

Francisco es el primer papa no europeo de toda la historia y el primer jesuita en serlo y para orgullo de todos nosotros es ARGENTINO!

En estos momentos Francisco es una de las personas más importantes a nivel mundial y día a día, con su sencillez y bonhomía, puesta de manifiesto en cada uno de sus actos, se gana el corazón, no solo de los católicos y cristianos, sino también de toda la gente de buena voluntad.

Oremos para que Dios lo bendiga en esta misión al frente de la Iglesia, como nos lo pidió, y no dudamos que su pontificado va a ser una de los más importantes de estos últimos tiempos.

A los argentinos, nos toca, más que a nadie, acompañarlo con nuestras oraciones y nuestros actos.

Con esta designación, también nuestra Argentina ha pasado a estar en boca de todos y es un hecho trascendental para nuestra patria, que quedará registrado en las páginas de la historia universal.

Opiniones - Nicanor Albarellos

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VII N° 27 - Junio 2013 - Pag. 15  

Opiniones.

Opiniones sobre Rosas
Nicanor Albarellos, (Daguerrotipo 1865)

Nicanor Albarellos, nació en Buenos Aires en 1810 y falleció en la misma ciudad en 1891. Fue médico, músico y político.

Estudió medicina en París, regresando a nuestro país en 1826. En 1840, emigró a Montevideo, donde se casó con la hija del Gral. Juan Antonio Lavalleja, regresando a Buenos Aires nueve años después, donde se doctoró en medicina, con una tesis sobre partos. En 1852 fue designado profesor de la Facultad de Medicina, llegando años mas tarde a ser Decano de la misma. Fue médico en el Hospital de Mujeres, entre otros cargos. Durante la guerra del Paraguay se desempeñó como cirujano en el frente de batalla.

Durante la secesión de la provincia de Buenos Aires de la Confederación Argentina, fue miembro de la Legislatura provincial. Posteriormente y ya  reincorporada la provincia a la Nación, entre 1863 y 1870, fue diputado nacional, identificándose con la política del Gral. Mitre y también fue senador.

Asimismo se destacó como gran guitarrista, rescatando la música popular y campestre, coleccionando también tonadas y melodías de nuestra tierra. 

Como buena parte de los hombres de la clase alta de su época, se identificó con la masonería, iniciándose en 1856 en la Logia Confraternidad Argentina N° 2. Como masón integró también varias Logias y en la Gran Logia ejerció el cargo de Gran Maestre entre 1870 y 1875 e integró el Supremo Consejo Grado 33°.

En un discurso pronunciado en la Cámara de Diputados provincial el 1° de julio de 1857, mientras se discutía la ley que declaraba a Rosas,  traidor y reo de lesa patria, expresó su juicio sobre la figura y actuación de Juan Manuel de Rosas, exigiendo la sanción de esa ley, entendiendo que con el dictado de la misma, la actuación del exgobernador no quedara librado al juicio de la historia.

Si bien se leen y analizan las palabras de Albarellos, ellas en realidad enaltecen la actuación de Rosas.

“No puede librarse a la historia el fallo del tirano Rosas, ¿Qué dirá la historia cuando se vea que la Inglaterra ha devuelto a ese tirano los cañones tomados en acción de guerra y saludado su pabellón sangriento y manchado, con salvas de 21 cañonazos?…La Francia que hizo causa común con los enemigos de Rosas, que inició la cruzada en que figura el general Lavalle, a su tiempo lo abandonó, trató con Rosas y también debió saludar su pabellón con 21 cañonazos?... Yo pregunto, señor, si estos hechos no borrarán en la historia todo cuanto podamos decir los enemigos de Rosas, si no lo sancionamos con un acto legislativo como esta ley. ¿Qué se dirá en la historia –y esto es triste decirlo– cuando se sepa que el valiente general Brown, el héroe de la marina de guerra de la independencia, fue el almirante que defendió la tiranía de Rosas? ¿Qué el general San Martín, el vencedor de los Andes, el padre de las glorias argentinas, le hizo el homenaje más grandioso que puede hacerse a un militar entregándole su espada?... ¿Se verá a ese hombre, Rosas, dentro de 20, o de 50 años, tal como lo vemos nosotros a cinco años de su caída, si no nos adelantamos a votar una ley que lo castigue definitivamente con el dicterio de traidor?. . .No señor; no podemos dejar el juicio de Rosas a la historia, porque si no decimos desde ahora que era un traidor y enseñamos en la escuela a odiarlo, Rosas no será considerado por la historia como un tirano, y tal vez lo sería como el más grande y más glorioso de los argentinos”.

“… no conseguiremos que sea condenado como tirano, y sí, tal vez, que fuese en ella el más grande y glorioso de los argentinos... Juicios como éstos no deben dejarse a la historia. ¿Qué se dirá, qué se podrá decir, cuando se viere que la Inglaterra le ha devuelto sus cañones tomados en acción de guerra y saludado su pabellón sangriento y manchado con sangre inocente con la salva de 21 cañonazos? ¿Que la Francia misma que inició la cruzada en que figuraba el general Lavalle, trató con Rosas y saludó su pabellón con 21 cañonazos?... ¿Que el valiente general Brown, el héroe de la Marina de Guerra de la Independencia, era el almirante que defendió los derechos de Rosas? ¿Qué el general San Martín, el padre de las glorias argentinas, le hizo el homenaje más grandioso legándole su espada? ¿Se creerá dentro de 20 años, ó 50, todo cuanto digamos contra el monstruo, si no lo marcamos con una sanción legislativa para que siquiera quede marcado por nosotros, voz del pueblo soberano? Se dirá que no ha sido un tirano; lejos de ello ha sido un grande hombre. ¡Ese monstruo, señor!!...” (extractado del Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de Buenos Aires, año 1857, sesión del 1º de julio).

Fuentes:

http://www.logiaconstancia.org.ar/semblanza_de_nicanor_albarellos.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Nicanor_Albarellos

Garibaldi: ¿Héroe o pirata?...

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VII N° 27 - Junio 2013 - Pag. 14 

Giuseppe Garibaldi
Giuseppe Garibaldi

GARIBALDI: ¿Héroe o pirata?...

Un dilema para los argentinos de ascendencia itálica.


por Waldemar  M. Caruso

 


El interesante y fundado artículo sobre Garibaldi, aparecido en el N° 24 de este periódico y que firma "El Federal Apostólico", me ha movido a escribir estas líneas.

Históricamente coincido en un todo con el autor, tanto en el significado de los hechos que narra como las fechas y ulterioridades detalladas en el mismo.

Es sabido que los inmigrantes provenientes de Europa -al contrario de lo que deseaba Sarmiento-, eran personas sin instrucción alguna, solo con ganas de trabajar y "far l'América"... No es menos cierto que aún, el más instruido italiano como el analfabeto, sabían quién era Garibaldi, por lo menos en lo básico: logró la unificación de Italia, territorio hasta entonces gobernado en un setenta por ciento por el Papa y el resto por coronas extranjeras, incluida la española.

Llegados a América, en nuestro caso la Argentina, venían con ese sentimiento nacionalista itálico.

Cuando las autoridades del país, de principios del siglo XX deciden homenajear al héroe máximo italiano, no es necesario hurgar en añosos papeles de noticias (diarios) para ver el fervor con que los "tanos" ricos -una minoría- y los otros, la mayoría "laburantes" que apenas chapurreaban español, recibieron la noticia. Desde un Antonio Devoto hasta un idealizado "Giuseppe el zapatero"...

La revista Caras y Caretas con excelentes fotos inmortalizó el homenaje a Garibaldi.

Giuseppe Garibaldi
Monumento a Giuseppe Garibaldi


AQUI VIENE EL POR QUÉ del homenaje (a mi humilde forma de pensar). Garibaldi era masón, al igual que Mazzini el de la Joven Italia y otros no tan conocidos por estos lares. Las autoridades gubernativas de nuestro país, también lo eran. 

Desde el "presidente" Rivadavia y siguiendo la lista: Urquiza (Grado 33, ver Museo Saavedra), Derqui, Mitre, Sarmiento, Avellaneda y siguen los nombres (incluido el vicepresidente de Perón, el Contralmirante Tessaire), "La Logia" estuvo presente en nuestra historia.

En esos homenajes se quedaba bien con todo el mundo: con los intelectuales argentinos e italianos, integrantes del Poder (stablishment) y el vulgo "laburante" que veía con alegría que a "su" máximo héroe se lo homenajeaba como en la "lontana terra".

Masón el héroe, masón el presidente, masones la mayoría de los integrantes del verdadero poder... "Entre bueyes no hay cornada". Todo quedaba en casa. ESE ES EL FUNDAMENTO, A MI ENTENDER, DEL HOMENAJE A GARIBALDI CON SU ESTATUA Y ACTOS CONSIGUIENTES. Era "uno de los nuestros" y "nosotros somos el país"... o no?... (Por lo menos eso pensaban aquellos argentinos de la generación del 80 o antes, cuyos nombres figuran en la nomenclatura urbana). Sobre el alto porcentaje de masones honrados en la vía pública, la gente común no tiene ni idea de cuántos son, ni quiénes eran en realidad.

Muy bueno el artículo del "Federal Apostólico", me adhiero, repito. Pero insisto: había un motivo en el homenaje mucho más allá de la historia argentina, cuyos hechos estaban frescos en la memoria colectiva en esos días.

La divisa punzó - Paul Groussac

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VII N° 27 - Junio 2013 - Pags. 12 y 13 

  Sobre “La divisa punzó”, de Paul Groussac

Por la Profesora Beatriz C. Doallo

        En la tercera parte de mi ensayo biográfico "El exilio del Restaurador", señalo que la conspiración de Maza, ocurrida en 1839, "dió material a Paul Groussac para escribir su drama histórico "La divisa punzó", estrenada por Camila Quiroga el 6 de julio de 1923 en el teatro odeón de Buenos Aires".

La divisa punzó
        Paul-Francois Groussac nace en Tolosa, Francia, el 15 de febrero de 1848 y fallece en Buenos Aires el 27 de junio de 1929. Llega a la Argentina en 1866, tras un efímero paso por la Escuela Naval de Brest. Tiene 18 años y desconoce el idioma español, que aprende mientras trabaja de peón en una estancia. El país trata de organizarse, necesita de enseñantes extranjeros y el joven Groussac obtiene en 1870 el cargo de profesor de matemáticas en el Colegio Nacional. El rector, José Manuel Estrada, y el profesor de Derecho, Pedro Goyena, editan la Revista Argentina y allí publica Groussac un ensayo sobre Espronceda. Este trabajo de autor novel atrae la atención del ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública de Sarmiento, Nicolás Avellaneda, quien envía a Groussac como docente a Tucumán y Santiago del Estero; luego será periodista, director de la Escuela Normal de Tucumán e Inspector Nacional de Educación. Regresa a Francia en 1883; redacta crítica literaria para periódicos de París, publica algunos ensayos, lo aceptan en círculos intelectuales, pero, ignorado como escritor, retorna a Buenos Aires. Eduardo Wilde, Ministro de Instrucción  Pública del presidente Roca, lo designa en 1885 director de la Biblioteca Nacional, cargo que desempeñará hasta su muerte.

        Nostálgico de su patria, haciendo hincapié en sus escritos en su condición de “trasplantado”, Groussac realiza una abundante producción literaria que sus biógrafos califican en cinco categorías: histórica, biográfica, de viajes, de crítica literaria, y de imaginación. En ésta última figuran una novela, “Fruto vedado”, narraciones agrupadas en “Relatos argentinos”, un volumen de poesías, “Cahiers des sonnets”, y la obra de teatro “La divisa punzó”.

        Este drama histórico tiene dos versiones, la que se desarrolló sobre escenarios y la que Groussac publicó en septiembre de 1923 y ha sido objeto de varias reediciones. En el Prefacio del libro el autor indica que figuran entre paréntesis pasajes “restablecidos” que se suprimieron en la representación. La pieza consta de cuatro actos; la acción del primero transcurre el 24 de junio de 1839 en la casa del coronel Ramón Maza, la del segundo el mismo día en el patio de la quinta de Rosas en Palermo, el tercero a la medianoche del 27 de junio de 1839, en el despacho de Rosas en su casa de la calle del Restaurador, y el cuarto en una salita contigua al gran salón de baile en el Fuerte, la noche del 25 de mayo de 1840. Con referencia al tercer acto, el autor indica que “el moblaje es, poco más o menos, el que resulta del inventario mandado levantar, después de la caída de Rosas, por el gobierno de la Provincia y existente en el Archivo general de la Nación”.

        En el elenco hay cuarenta personajes, nueve de ellos mujeres: Manuelita Rosas,  tres de sus tías, su cuñada, dos amigas, la esposa de Maza y una mulata que oficia de espía. Juan Manuel de Rosas encabeza la nutrida nómina masculina, colmada de apellidos conocidos: Maza, Mandeville, Corvalán, Victorica, Terrero padre, Mansilla, Lamadrid, Pedro de Angelis… El ingrediente romántico está a cargo de Jaime Thompson, a quien se presenta como amigo de la infancia de Manuelita, ingeniero en minas recibido en Inglaterra, exsecretario de la legación argentina en Londres y de paso en Buenos Aires comisionado por una compañía inglesa para estudiar un proyecto minero en Chilecito. El joven está enamorado de Manuelita, que también lo ama pero se niega a fugarse con él y casarse en Montevideo porque, le dice, “me sobra afecto a mi padre para asestarle ese golpe terrible”. El abrazo del padre, que comprende tardíamente el sacrificio que ha hecho la hija, cierra la obra.

        El infaltable villano corre por cuenta del “capitán Alvarez Montes”, nombre que encubre al militar Nicolás Martínez Fontes, señalado como delator de la conjura de Maza. En el Prefacio Groussac explica:”Era también inevitable la exhibición del traidor Martínez Fontes; pero, cediendo a consideraciones sociales he preferido cambiarle el nombre y no convertir el escenario en picota de vergüenza para algún deudo, acaso sentado entre los espectadores”.

        Alvarez Montes tiene mucha gravitación en la pieza: en el segundo acto denuncia a Maza, quien lo hiere de un pistoletazo delante del Restaurador, y en el cuarto, movido por los celos, acecha a Manuelita para trabar el romance entre ella y Thompson y capturar al joven, acusado de unitario y a punto de partir hacia Montevideo e Inglaterra. En el tercer acto ingresa brevemente otro villano: el capitán Gaetán, asesino del doctor Manuel Vicente Maza, presidente de la Legislatura y padre de Ramón Maza. Gaetán acude al despacho de Rosas para referirle de qué manera ultimó al que fuera viejo amigo del Restaurador, “conforme a la orden recibida”. Groussac advierte: “Sólo aparece un instante el sayón Gaetán, instrumento brutal del crimen, repugnante para el mismo tirano que lo empleara”.

        Rosas es presentado al espectador como deliberadamente insincero incluso hacia su hija: tras disponer el fusilamiento de Maza, arrestado por conspirador, finge acceder a los ruegos de Manuelita y dicta una esquela ordenando detener la ejecución, a sabiendas de que llegará tarde a manos del encargado de cumplirla.

        En líneas generales, los personajes de la obra siguen los cánones establecidos por José Mármol en su novela “Amalia”, aunque con las tintas recargadas, ya que a pasos de Rosas, Maza, otros complotados, los diplomáticos extranjeros, su edecán y su jefe de policía, condenan sus actos de gobierno y los epítetos de “tirano” y “dictador” se encuentran en casi todos los diálogos. Una singular excepción: María Josefa Ezcurra, cuñada de Rosas, demonizada por Mármol y otros cronistas de esa época, es sobre tablas una afectuosa segunda madre para Manuelita, protegiendo sus amores y desafiando al Restaurador en defensa de la felicidad de su sobrina.

        Críticos literarios y biógrafos de Groussac concuerdan en que sus trabajos de analista de la historia de nuestro país son lo más destacable de su obra: … “empezó a familiarizarse en el manejo de documentos que, al cabo de los años, le aseguraron un notable dominio del pasado histórico argentino” (1). “La crítica ha subrayado en toda la obra de historiador calidades de lucidez y agudeza interpretativa, de afán exhaustivo, de escrúpulo de exactitud y veracidad.” (2) …“historiador documentado y laborioso” (3)

        Sobre “La divisa punzó”: “notable drama de reconstrucción histórica” (4)

        En 1923, cuando se estrenó esta obra teatral donde se denigra a Rosas, ya el enfoque revisionista era imparable entre la intelectualidad argentina. La monumental y minuciosa “Historia de la Confederación Argentina”, de Adolfo Saldías y libros de varios eminentes autores e historiadores -Quesada, Ravignani, Irazusta, Ibarguren entre otros- rebatían con documentos y testimonios inobjetables las distorsiones provocadas a nuestra historia patria por decenas de años de intereses políticos, en muchos casos espurios. Los méritos como gobernante de Juan Manuel de Rosas - exterminio de la anarquía, unificación de los feudos en que los caudillos locales habían convertido a las provincias en una Confederación, honroso enfrentamiento al bloqueo anglo-francés - eran ya innegables a medida que se destruían las falacias elaboradas por la historiografía oficial durante su exilio.

        Cuando la acción del argumento de una novela, un cuento o una obra teatral transcurre en el pasado, todo autor comete errores y ninguno conoce tanto como cree saber. Groussac redactó “La divisa punzó” ya bien entrado el siglo XX. Dice en el Prefacio del libro “La primera precisión del asunto me ocurrió en Buenos Aires a fines del año 1921.Me puse a trazar el scenario de la pieza alrededor del complot de Maza como episodio central”. En ese contexto encierra el romance entre la hija de Rosas y Thompson, el joven anglo-argentino.

        La conspiración de Maza, como explicó uno de los conjurados, el doctor Carlos Tejedor, en carta a Adolfo Saldías fechada 16 de octubre de 1883 “no se trataba por el momento de federación ni de unidad sino de concluir con Rozas”. O sea, no de derrocar al gobernador sino de matarlo. Tal fue la duplicidad y alevosía del coronel Maza -quien alentado desde Montevideo articuló el complot en Buenos Aires- que hasta su arresto visitó casi a diario la casa de Rosas; criado junto con los hijos de éste, lo consideraban como de la familia.

        Para conocer Groussac nuestra historia recurrió a la documentación disponible en los archivos oficiales, expurgada de información contraria a los postulados esgrimidos para combatir al Restaurador. Sobre esa base endeble y ambigua los primeros gobiernos constitucionales armaron un programa educativo destinado a insertar en las generaciones subsiguientes la convicción de que cuanto hiciera Rosas había sido maléfico para la Argentina.

        Tal vez Groussac, brillante erudito, respetado como historiador en una nación que no era la suya, habría prestado atención al revisionismo, a ese nuevo enfoque sobre nuestra historia, de no haber perdido gradualmente la vista. A fines de la década del Centenario estaba ciego, desgracia también acontecida a otros dos Directores de la Biblioteca Nacional, José Mármol y Jorge Luis Borges. En su despacho, Groussac dictó sus últimas obras -“Relatos argentinos” (1922), “La divisa punzó” (1923), “Crítica literaria” (1924)- abroquelado en un enorme escritorio redondo construido a su pedido. Sus biógrafos refieren que, imposibilitado de leer, debió limitarse a su excelente memoria y a que le leyeran el material que él mismo acopiara en años de examinar archivos nacionales. La ausencia del aire fresco del revisionismo convirtió a la única obra teatral de Paul Groussac en un ingenuo compendio de conceptos adulterados sobre el complot para asesinar a Rosas en 1839.

 

Referencias

(1) Adolfo Prieto: Diccionario básico de literatura argentina. (Centro Editor de América Latina).

(2) Enciclopedia de la literatura argentina, dirigida por Pedro Orgambide y Roberto Yahni (Editorial Sudamericana).

(3) Álvaro Yunque: Síntesis histórica de la literatura argentina. (Editorial Claridad).

(4) Diccionario histórico argentino - publicado bajo la dirección de Fermín Chávez. (Ediciones Fabro)


Manuel Vicente Maza
Asesinato de M.V. Maza, óleo pintado por Prilidiano Pueyrredón

En el óleo sobre tela "Asesinato de M. V. Maza", pintado por Prilidiano Pueyrredón, que se encuentra en el Museo Nacional de Bellas Artes, se ve a Rosas, contemplando el asesinato del presidente de la Legislatura, el Dr. Vicente V. Maza, padre de coronel Ramón Maza, uno de los jefes complotados en 1839 para matar al gobernador.  La historia oficial atribuye a Rosas el asesinato de quien fuera su amigo y padre del militar complotado y fusilado por orden de este. Así como Rosas ordenó el fusilamiento del coronel Maza , no le hubiera temblado la mano para ordenar también el fusilamiento del padre y no servirse de terceras personas. Quienes aquello afirman (que también se refleja en esta obra pictórica) no conocen la personalidad del Restaurador.

La cultura en la época de Rosas

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VII N° 27 - Junio 2013 - Pag. 11 

La cultura en la época de Rosas

Título expedido en la época de Rosas
Título expedido por la Facultad de medicina en 1845 (A)


Los autores contrarios a Rosas, pintan la época de su gobierno, como contraria a la cultura y la educación, pero ello no es real.

Transcribimos a continuación una resolución suscripta por Tos Manuel de Anchorena (1783-1847), primo, amigo y confidente de Rosas, su ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, doctor en teología y abogado, quien también había sido amigo y consejero de Belgrano.

 "Buenos Aires, Agosto 10 de 1831.

Aunque con arreglo a lo dispuesto en el decreto de 9 de Mayo de 1826, debiera suponerse que los alumnos de la Universidad, que han recibido hasta el presente grado de doctor en jurisprudencia y medicina, posean suficientemente el latín, sin embargo, una experiencia harto dolorosa ha demostrado que no siempre sucede así, quedando por consiguiente ilusorias unas disposiciones tan útiles como son las que ordenan que los profesores de Derecho y Medicina tengan un perfecto conocimiento de la lengua latina, en que se hallan escritas las obras más antiguas y clásicas de aquellas facultades, y sin la que no se puede tener sino un conocimiento de las leyes que forman la base de nuestra actual jurisprudencia.

No pudiendo el Gobierno ser indiferente a un mal de tan grave trascendencia, que puede llegar a ser en extremo funesto a la buena administración de la justicia, ha ordenado y decreta:

Art. 1°. Los alumnos de la Universidad que hayan recibido el grado de doctor en jurisprudencia, deberán dar en lengua latina, al tiempo de su ingreso a la Academia de esta Facultad, pruebas prácticas de su suficiencia.

Art. 2º. Las pruebas que determina el artículo anterior, serán principalmente las siguientes:

            . Disertar en latín media hora sobre un punto de la Instituta de Justiniano, de tres que picará a la suerte treinta horas antes de hecha su disertación.

            2º. Contestar en latín todas las réplicas y preguntas que se le hagan por vía de examen.
Art. 3º. Los practicantes que actualmente se hallen en la Academia, sin haber dado las pruebas que determina el artículo anterior, las darán al tiempo de su egreso de ella, y los que hubiesen ya egresado, deberán darla antes de ser admitidos a examen para recibirse de abogados.

Art. 4º. El término de práctica no se dará por cumplido, sin haber llenado lo prescripto en los artículos anteriores.

Art. . El Tribunal de Medicina exigirá indispensablemente a los doctores de esta Facultad que quieran ejercerla, presenten sus disertaciones y presten ante él sus exámenes en latín.

Art. 6º. Comuníquese a quien corresponde, publíquese e insértese en el Registro Oficial.

Fdo. Tomás Manuel de Anchorena


(A) Título expedido el 12 de abril de 1845 por la Facultad de Medicina, para ejercer el cargo de profesor en la Facultad de Farmacia a D. Juan Arizabalo. ("Juan Manuel de Rosas y los bloqueos al Río de la Plata de Francia e Inglaterra" Ediciones de Arte e Historia, Buenos Aires 2008)

Cartas de Manuelita Rosas

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VII N° 27 - Junio 2013 - Pags. 8 a 10 

TRES CARTAS INEDITAS DE MANUELITA ROSAS A MARIANO CORDERO (1893-1897)

                                                                       Por el Arq. Daniel Schávelzon *

Cartas de Manuelita Rosas

Todos hemos oído hablar y leído acerca de la hija dilecta de Juan Manuel de Rosas, su papel en la historia y en la política nacional. Es una personalidad discutida sobre la que se ha dicho de todo, obviamente en su enorme mayoría desde la política: a favor o en contra porque casi nadie pudo rehuir de criticar, disentir, alabar o al menos opinar sobre ella. No es objeto de estas notas siquiera el entrar en su biografía o en el análisis de su papel en la historia, sólo queremos dar a conocer tres cartas inéditas que se suman a su enorme epistolario. Por cierto no son políticamente importantes, todo lo contrario, son parte de sus últimas cartas enviadas desde Gran Bretaña poco antes de fallecer. A lo sumo nos muestran aspectos de su vida doméstica y de sus últimos años lo que no es poco ante una vida como la de ella. Las cartas son de una colección privada que las guarda desde hace muchos años y que aceptó difundirlas para incrementar así la larga correspondencia de Manuelita en sus muchos años en el extranjero, en este caso más de 40 años después de haberse tenido que ir de Argentina.

Las tres cartas que reproducimos están dirigidas al “Señor Vice Almirante Dn. Mariano Cordero” y por más que hubiese mucho tiempo entre ellos de conocerse, el tono es bastante formal, con una veta cordial y con reiterado afecto personal; pero no son cartas entre amigos íntimos ya que él estaba más cerca de la historia de su padre. Ella firma siempre como “Manuela de Rosas de Terrero”.

No hace falta describir quien fue Manuelita, ya lo hemos dicho, pero sí quizás de Cordero, un militar de larguísima carrera –fueron 68 años en la Armada– de larga actuación en las guerras de la Confederación al igual que dos de sus hermanos. La caída de Rosas no suspendió ni cambió su carrera en la marina, siempre para la Confederación, luego para Urquiza y después para Sarmiento. Tuvo cargos y responsabilidades toda su vida y siguió activo hasta 1889 retirándose en 1896. Su carrera la hizo como un profesional idóneo en sus tareas aunque nunca rechazó su rosismo, lo que queda claro al seguirle escribiendo a su hija y yerno veinte años después de la muerte de Rosas.

Las tres cartas que se transcriben fueron redactadas en papel que tienen impreso en color rojo la dirección de la remitente: "50, Belsize Park Gardens, London, N.W.". Contienen expresiones de la época, abreviaturas típicas, y unas muy pocas quizás simples faltas de ortografía en el apuro. Cuando agregamos algo para la comprensión figura entre paréntesis. De todas formas está claro que pese a la edad y el tiempo transcurrido en el exterior, el pulso es muy bueno, la letra es totalmente clara y sin temblor alguno y la redacción impecable pese a que ya llegó y pasó los 80 años, lo que ella misma subraya en una carta. Sólo en la última tarjeta hay algunas faltantes de concordancia en el texto, pero son mínimas. Su esposo Máximo estaba impedido de escribir por un derrame cerebral del que da cuenta y ella escribe por ambos.

Tengamos en cuenta que Cordero falleció un año después de la última carta y ella en 1898, por lo que esta debió ser una de sus últimas tarjetas de saludo anual. Por lo que dice en alguna oportunidad, Cordero debía escribirle cartas más extensas con noticias locales, que ella le pide que mantenga por su interés.

 

*Arquitecto con doctorado en México, ha fundado el Centro de Arqueología Urbana y el Área de Arqueología Urbana en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Es profesor titular de la Universidad de Buenos Aires e Investigador Principal del Conicet. También ha sido profesor en varias universidades americanas. Es autor de 50 libros; entre ellos: Arqueología de Buenos Aires, Buenos Aires Negra, La casa de Perón, arqueología de su infancia en Roque Pérez, El Caserón de Rosas, historia y arqueología del paisaje de Palermo y Las muertes de un caudillo: la tumba de Facundo Quiroga. Más de cuatrocientos trabajos han sido publicados en revistas científicas y de divulgación, tanto en nuestro país como en el extranjero. Ha recibido numerosos premios y becas nacionales e internacionales, como la Beca Guggenheim. 

Cartas de Manuelita Rosas

Cartas de Manuelita Rosas


Hampstead

Novbre 29 - 1893

Señor Vice Almirante

Dn. Mariano Cordero

Mi querido y buen amigo

Ud. siempre fino y consecuente con estos sus amigos no nos olvida, p. (pues) quede cierto que está sinceramente correspondido, y que apreciamos muy deveras su buen recuerdo.

Así, amigo querido, con mi esposo hemos leído su cariñosa carta octubre 30 con íntimo placer, comprendiendo bien la bondad con que usted desea le dé nuestras noticias y me es grato decirle que los dos llevamos los 77 años, ya á cumplirse, en buena salud, pues aunque su amigo Máximo no ha obtenido la facilidad para expresarse, contrariedad terrible que sufre hace cinco años, consequencia del ataque cerebral que tuvo en 1889, su salud física no puede ser mejor, pues nada le hace mal, duerme perfectamente, y todos los días sale dos ó tres veces á caminar, lo que hace con gran agilidad. En cuanto á mi, mucho agradesco á Dios la fortaleza que me acuerda, pues ella me permite cuidar de mi compañero querido, quien tanto necesita de mí.

Con pesar hemos sabido los sucesos políticos que han tenido lugar  en esa nuestra amorosa Patria, po. (pero) á la vez celebramos que la Paz se haya restablecido.

Cuando llegue a Ud. esta estaremos en bísperas de celebrar el año nuevo 1894, y desde ya en unión con su amigo Maximo y nuestros hijos deseamos sea pa. (para) Ud. y nuestra amiga su Señora, uno de completa felicidad con cuyo sentimiento todos abrazamos á los dos muy cordialmente.

Tenga Ud. la bondad de hacer llegar á su cuñada mi amiga Ma. (María) Luisa, las adjuntas targetas, y si es á Ud. posible hacerle una visita en mi nombre.

A Dios mi querido General. Que su Divina gracia les acuerde buena salud y cuanta ventura les desea á Ud. y á su esposa su sincera amiga.

Manuela de Rosas de Terrero



Dicbre 19 1896

Señor Vice Almirante

Dn. Mariano Cordero

Buenos Ayres

Mi querido amigo:

Mucho placer nos trajo á su amigo Maximo y á mi su amistosa carta 15 de septiembre pues el buen recuerdo de un amigo que tanto distinguimos es muy valioso para ambos, y quede Ud. cierto que tampoco nosotros le olvidamos.

Mi cumpleaños y el de Máximo son en mayo. El de este el 4 el mío el 24.

El próximo aniversario cumpliremos ambos ochenta años y aunque en tan avanzada edad Dios nos favorece con fortaleza y actividad sin embargo que contrariedades no nos faltan jamas.

Cuando esta llegue á Ud habrá empezado 1897 y con su amigo Maximo y nuestros hijos los desearemos á Ud y á mi amiga su señora muy venturosa particularmente en goce de salud sin cuyo bien supremo no hay completa felicidad en la vida.

Aquí estamos ya entre hielos, niebla y nevadas y en algunos lugares del Reino se han sentido ayer ligeros temblores. Quiera Dios que no repitan en aumento, y que nos dejen quietos en Londres.

Este mes es de fuerte tarea de cartas y targetas, que debo dirigir a mis amigas. Acabo de enviar una á mi amiga su cuñada Ma. (María) Luisa. Regale Ud una visita en mi nombre diciéndole que pronto seguira una carta á mi targeta. Abrace Ud. á su señora por mi Máximo la saluda cariñoso y ambos dirigimos a Ud un fuertisimo abrazo y quedo como siempre.

Su sincera amiga

Manuela de Rosas de Terrero

 

Hampstead

Dicbre 9 1897

Señor Vice Almirante

Dn. Mariano Cordero

Muy querido amigo.

Cuando llegue á U esta 1898 habrá empezado ya y con su amigo Maximo y nuestros hijos le deseamos á Ud. y á nuestra amiga su Señora muy feliz en todo sentido, con cuyo sentimiento abrazamos á los dos muy cariñosamente.

Con el verdadero placer que me traen siempre las suyas, recibí su última 4 de Agosto, y le pído que siempre que le sea posible me repita sus amables cartas, pues sus noticias nos son muy gratas y estimadas.

Tube una carta muy bien escrita y expresiva de su sobrino Dn. Bartolome Cordero, hijo de mi inolvidable amigo su digno hermano y le pido le diga que muy pronto se la contestare, y á el envio á las Señoritas sus hermanas salúdeles Ud. en nuestro nombre deseándoles toda Ventura en el nuevo año.

Mi tarea este mes ha sido fuerte con las cartas y targetas de nuevo año. Su amiga aunque ya con los ochenta cumplidos conserva su energía y puede todavía garabatear.

Tome Ud. otro abrazo fuerte y afectuoso de su fiel amiga

Manuela de Rosas de Terrero


Rosas el Republicano

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VII N° 27 - Junio 2013 - Pags. 1 a 7 

Rosas, el Republicano - Parte 2
por Norberto Jorge Chiviló
Rosas el Republicano
Dibujo y grabado de Juan Alais. Buenos Aires, 1836.


Manuelita ¿princesa federal?
Defensor de la ley y el orden y vencedor de la anarquía en octubre de 1820, la figura de Rosas se agiganta día a día y toma importante gravitación en el escenario político del país. Nueve años después accede a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, gozando de gran consenso entre sus conciudadanos. Su persona representa la tan ansiada paz, la legalidad y el orden. En 1831 con la firma del Pacto Federal y la creación de la Confederación Argentina, comienza en serio la unidad nacional y su figura pasa así a ser nacional. Su prestigio no cesa de crecer y es un hombre a quienes todos sus conciudadanos, cualquiera fuese su clase social, lo consideran indispensable para el mantenimiento de tales valores y por lo tanto irremplazable en ese momento de la historia argentina.
Sus enemigos también lo consideran la figura más importante del partido federal y por lo tanto tratarán de eliminarlo ya que lo consideraban un escollo en el camino para acceder al poder. El intento más serio proviene de los emigrados argentinos residentes en Montevideo, quienes desde la prensa incitan al magnicidio del gobernante porteño. "Es acción santa matar a Rosas" era el título de una nota periodística publicada en "El Nacional", que teorizaban sobre las ventajas que sobrevendrían después de la muerte violenta  de Rosas. El nombre de otro periódico editado en Montevideo era "Muera Rosas".
En el año 1941 la Sociedad Anticuarios del Norte de la ciudad de Copenhague de la cual Rosas estaba asociado, le envía una caja conteniendo medallas. Esa caja es interceptada en el camino -posiblemente en Montevideo-  y convertida por los enemigos del Gobernador en una verdadera "máquina infernal" que es como se la conoce en la historia (ER N° 8, pág. 5) ya que en ella colocan 16 pequeños cañoncitos de bronce -dispuestos en forma circular como rayos en una rueda y con su boca mirando hacia afuera- con una bala cada uno y que por un sistema de ganchos y resortes dispararían todos juntos ante la apertura de la caja, matando o hiriendo a quien la abriera y también a quienes estuvieran a su alrededor. 
El hecho es, que la caja no fue abierta por su destinatario -Rosas- sino por su hija Manuelita y que el sistema falló, no produciéndose disparo alguno.
Pasados los primeros momentos de estupor, se sucedieron actos religiosos y de regocijo popular, por haber salvado su vida el Restaurador y ese atentado fallido, alertó a muchos ciudadanos acerca de cuáles hubieran sido las consecuencias que se hubieran producido si ello no hubiera sido así y el gobernador Rosas hubiere perecido en el atentado. ¿Qué hubiera pasado con la Confederación Argentina?, ¿Quién hubiera reemplazado al Gobernador?..., esas fueron algunas de las preguntas que se hicieron los hombres de aquella época.
A una invitación de José María Roxas y Patrón, se reunieron los hombres más espectables del partido federal, entre los que habían legisladores, militares, personas de la administración y otros para analizar las consecuencias que se producirían ante la muerte violenta de Rosas y la crisis política que ello ocasionaría y como conjurar los peligros que le sobrevendrían. 
Roxas y Patrón se dirigió a los reunidos con las siguientes palabras: "El general Rozas, es la colum­na de la federación. Si él cae en el estado de guerra y de odios en que se halla el país, quedarán en pie en ésta y en otras provincias varias influencias relativas, pero ninguna tendrá el poder suficiente, no ya para asegurar el régimen federal que sostenemos y que libramos al tiempo y a los acontecimientos, pero ni siquiera para luchar con las dificultades que surgirán inmediatamente de las divisiones y de los celos que explotarían nuestros enemigos para propiciarse un triunfo fácil. El dilema para nosotros es éste: o bien nos fijamos en la persona a la cual rodearemos en el caso en que haya que substituir al general Rozas, y le pedimos a éste anticipadamente la recomiende a la consideración de los principales federales de las demás provincias, y hacemos nosotros otro tanto para que el desig­nado cuente sobre una base esencialmente nacional, sin la cual sería todo efímero y peligroso; o bien nos resolvemos, una vez produ­cida la catástrofe que no podemos evitar, a caer bajo el dogal de nuestros enemigos, después de vagar errantes en un dédalo de ambiciones y de desgracias. Ninguno de nosotros puede ni debe vacilar, con tanto menos motivo cuanto que la experiencia de una parte, y el sentimiento de las altas conveniencias, de la otra, nos están indicando la persona alrededor de la cual se agruparían todos los federales de la República: la señorita Manuela de Rozas".
Esas palabras no tomaron de sorpresa a los presentes, ya que la "Niña de Palermo", tal como se la llamaba a Manuelita en aquella época, gozaba de muy buena imagen, no solo entre los federales, sino también entre sus adversarios. Manuelita, lo mismo que su madre -Encarnación- había sabido ganarse la confianza, no solo de la población de la provincia, sino también de los extranjeros que arribaron a estas costas. Persona de buen trato, afable, sabía cómo tratar a la gente. Conocedora como su padre del sentir sobre todo de las clases bajas. Era también la intermediaria ante este a quien acudían los que trataban de obtener clemencia hacia algún condenado.
Contrariamente a su hermano Juan, alejado de la Ciudad y atento al cuidado de las tareas del campo, Manuelita estaba en contacto permanente con su padre, conociendo también temas de la administración pública y oficiando muchas veces como "primera dama", representándolo ya en actos oficiales como privados. Un embajador británico la definió como ejerciendo el rol de "verdadera ministro y secretaria" de su padre, el Gobernador.
Se convino en pasar una nota a Rosas dándole cuenta de la reunión y solicitándoles los recibiera al día siguiente, lo que así ocurrió. 
Después de escuchar la exposición de Roxas y Patrón, Rosas agradeció las buenas intenciones manifestadas por estos hombres, pero se opuso a lo que en la práctica era establecer un gobierno o monarquía hereditaria. Rosas era un republicano y contrario al nepotismo y con las siguientes palabras, así se lo hizo saber a los presentes: "Como ustedes lo dicen, es cierto que la niña está impuesta de los asuntos de la administración y de la marcha que ellos deben seguir, y han de seguir, pero es más cierto que lo que ustedes pretenden es nada menos que el gobierno heredi­tario en nuestro país, el cual ya ha aventado tres o cuatro monarquías porque eran hereditarias".
Debemos aclarar también que el aquellos momentos, el régimen monárquico estaba más extendido en el mundo que el republicano y que con el poder que tenía Rosas en el país, si esa hubiera sido su intención, no le hubiera sido difícil su instalación.
Muchos años más tarde (diciembre de 1884) Manuela Rosas en carta que le envió al Dr. Adolfo Saldías, y en contestación a la pregunta que el escritor le hiciera refiriéndose a este tema, le escribió: "Me pregunta usted quiénes fueron los que representaron al general Rozas la necesidad de que les indicase su sucesor para el caso en que se repi­tiese con éxito la tentativa de la máquina infernal; y quién, entrando en consideraciones políticas de trascendencia, indicó la conveniencia de que el sucesor fuese yo misma... De lo primero se habló en la sala de representantes. La indicación de que el sucesor fuese yo misma fue del señor José M. Roxas y Patrón, en carta a mi padre, quien lo rechazó de todo punto, como que un hombre de su alcance ni por un momento pudo desconocer la impropiedad de tal idea, y que era inadmisible. Sin duda que nació de la distinción y del cariño con que ese buen e inolvidable amigo me favoreció desde mis primeros años".

Paseo de Julio
Rosas el Republicano
Fuerte de Buenos Aires, visto desde la rivera norte. Emeric Essex Vidal, 1816

Una de las distracciones de los habitantes de Buenos Aires, desde siempre, fue pasear por la ribera del río de la Plata, que los porteños denominaban Paseo de la Rivera o de la Alameda o del Bajo y que fue el primer lugar de esparcimiento público. 
En 1757 el entonces Gobernador Pedro Antonio de Cevallos Cortés y Calderón (recordemos que en esa época Buenos Aires era una gobernación que dependía del Virreinato del Perú y que Cevallos posteriormente sería nombrado en 1776 como primer virrey del Río de la Plata), encargó al Cabildo la construcción de un paseo arbolado, en lo que se llamaba el bajo de la ciudad, desde el fuerte hacia el norte (actual Casa Rosada hacia Retiro), arbolándoselo con sauces.
Ese espacio público fue mejorada después por el Virrey Juan José de Vértiz y Salcedo durante su mandato (1778-1784) -al margen diremos que fue el único Virrey que gobernó estas tierras, nacido en América y que tuvo una destacada actuación con una importante obra de gobierno-, convirtiéndose en un paseo costanero durante la gestión del Virrey Rafael de Sobremonte y Núñez del Castillo (1804-1807).
En el lugar que originariamente fue un saucedal, se plantaron ombúes y álamos entre otras especias arbóreas y se hicieron bancos de ladrillos para el descanso de los paseantes.
La extensión del Paseo era de aproximadamente cuatro cuadras.
En la ribera del río -el río llegaba a lo que actualmente es la Av. Leandro N. Alem- se lavaba la ropa y del río se extraía el agua, transportada por los carros de los aguateros, que junto con el agua de los aljibes servía para el consumo de los habitantes de aquella Buenos Aires.
Durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas y a partir de 1844, se designó al Ing. Felipe Senillosa para que proyectara y ejecutara mejoras en el lugar.
Con ladrillos traídos desde los hornos de Santos Lugares (actual Ciudad de Gral. San Martín y localidad de San Andrés), se comenzó a levantar sobre este paseo un largo murallón con verja de hierro -denominado Murallón de la Alameda-, que contuviera las aguas del río e impidiera su avance hasta la calle 25 de Mayo, sobre todo en época de sudestada. Se ensanchó la calle y el piso fue tratado con el método de Mac'Adams (conocido en aquella época como "macadamizado" que era un método moderno). Al paseo se le agregaron árboles y faroles.
Un camino arbolado con sauces y naranjos y provisto de faroles, unía el lugar con la casa de Rosas en Palermo de San Benito. En mayo de 1849 se estableció el primer servicio de transporte de pasajeros que unió ambos lugares, por dos diligencias que partían a las 15 y 16 horas y que se cruzaban en el camino.
Don Felipe Senillosa, que fue autor de los planos, manifestaba en el informe que los acompañó: "La alameda principia desde la plaza 25 de Mayo, aunque el paseo verdaderamente dicho, sólo se extiende por ahora desde la barranca cerca de la Fortaleza hasta la prolongación de la calle Corrientes. El muro y terraplén avanzan hacia el río hasta ponerle en línea recta con los puntos más avan­zados de la Fortaleza. De este modo el espacio total sería de cerca de cuatro cuadras de longitud y setenta y cuatro varas de ancho. De éstas, las veinte contiguas a los edificios quedarían para calle pública y el resto hasta la muralla sería un paseo cruzado por cinco caminos…". 
Rosas el Republicano
Vista de la ribera de Buenos Aires desde la actual esquina de las avenidas
Leandro N. Alem y Corrientes. Pintura de
Rudolf Julius Carlsen (1812-1892)
C. 1847
Juan Manuel Beruti, en "Memorias curiosas", relata: "También a mediados de este mes de diciembre de 1846. Se principió a levantar una muralla desde la punta del baluarte del Fuerte en la barranca del sur al norte, para contener las crecientes del río y formar una hermosa alameda, que por lo menos será de larga cinco o seis cuadras". 
En su Mensaje anual a la Legislatura, el 27 de diciembre de 1846, el Gobernador Rosas le informaba: "El Gobierno atiende moderadamente a la obra de la Alameda. La dirección es encargada al ciudadano Ingeniero D. Felipe Senillosa. La ejecución, reparo y celo de los trabajos, están encomendados al capitán del Puerto". 
Más adelante y ya refiriéndose al acto de la colocación de la piedra fundamental, Beruti sigue su relato: "El 18 de enero de 1847. En esta tarde, en presencia de las autoridades eclesiásticas, civiles, militares, ministros y cónsules extranjeros, vecinos más notables y un sinnúmero de pueblo que concurrió, en el cimiento del muro que se va a levantar y arranca del baluarte de la fortaleza que mira al Norte, en la parte de la barranca del río de la alameda, se colocó la piedra fundamental de esta obra, que fue una urna de cristal metida dentro de un cajón de piedra; la que bendijo antes el ilustrísimo señor obispo diocesano don Mariano Medrano acompañado del presidente del venerable senado del clero, señores canónigos y eclesiásticos. Fueron padrinos a la ceremonia el señor ministro de hacienda don Manuel Insiarte y la señora doña Manuela Rosas y Ezcurra. 
Toda la alameda estaba embanderada federalmente, acompañando a su alegría varias bandas de música militares, que divertían la concurrencia. 
Se firmó una acta autorizada por el escribano mayor de gobierno, don Rufino Basavilbaso, que fue colocada su original en la urna; y se sacó antes una copia autorizada, que se pasó el gobierno para que la mandase archivar donde fuera de su supremo agrado. 
Concluido todo, pasaron todas las autoridades a la casa de la comandancia de marina, en donde en una gran sala elegantemente adornada con el retrato del señor gobernador y banderas estaba colocada una espléndida mesa de refresco, entonándose varios himnos federales, que fueron cantados por los mismos aficionados; habiendo en seguida formádose una tertulia de baile, que duró hasta las once de la noche. 
Las monedas de varias naciones que se colocaron y depositaron en la urna en que se colocó el acta y otros documentos relativos a la colocación de la piedra fundamental son las siguientes..." y allí Beruti nombra a las personalidades que aportaron las monedas -contemporáneas de nuestro país y de distintos países de América y Europa-, entre otros a Manuela Rosas, Pedro Romero, Pedro Gimeno, Pedro de Ángelis, Gregorio Lezama, Fernando Gloede. 
Sánchez Zinny, en su libro "Manuelita de Rosas y Ezcurra...", refiere con respecto al acto: "Su excelencia, el Ilustre Restaurador, excusa su asistencia. Manuelita lo representa. Ella, además, es la madrina en la ceremonia. Llega acompañada de sus damas de honor. Muchos coches conducen a la concurrencia. Ministros del P. E., representantes extranjeros, generales y lo más descollantes de la sociedad federal hacen acto de presencia. Las señoras con sus trajes claros, ponen colorido amable a la fiesta... El acto fue presidido por el ministro de hacienda, doctor Manuel Insiarte. Se depositó en la obra, la colección de documentos oficiales ordenando la ejecución y la nómina de los miembros de la H. Junta de Representantes, junto al nombre del Restaurador, encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina. Colocadas en el cajón de la piedra fundamental, en una urna de cristal, depositaron los documentos y 101 medallas de oro, plata y cobre, desde 1644 al 1845. Además, se pusieron un billete de cada clase de moneda corriente, desde 20 pesos hasta uno". 
Tal como lo relata este escritor, Rosas no concurrió al acto. El Restaurador, no era persona a la cual gustaran los actos oficiales. De carácter retraído omitía las reuniones donde hubiera gran concentración de gente. 
La esposa de Rosas, Encarnación Ezcurra, había fallecido varios años atrás (20 de octubre de 1838) y la Legislatura en su homenaje y el de su esposo, había decidido ponerle su nombre al Paseo. Así comenta, Beruti el cambio de nombre del Paseo que ocurrió, un año y casi dos meses después de aquél acto encabezado por Manuelita: "El 15 de marzo de 1848. En sesión de este día ha ordenado la sala de representantes, en memoria de la finada doña Encarnación Ezcurra de Rosas, mujer del señor gobernador Rosas, en consideración a su marido como a lo que ella contribuyó a la causa federal y perpetuar su memoria, lo siguiente. Artículo 1° - El paseo de la Rivera se denominará en lo sucesivo paseo de la Encarnación".
Rosas no aceptó el homenaje que se realizaba en memoria de su esposa y solicitó que al paseo se lo denominara "Paseo de Julio" en homenaje del mes en que se había declarado la Independencia.
Así lo informa Beruti: "31 de octubre de 1848. Por orden del superior gobierno el jefe de policía don Juan Moreno, en este día, ha hecho saber al público, quedar suprimido el nombre de la calle de la Alameda instituyéndose éste con el de "calle de Julio". 
En el mensaje a la Legislatura enviado por Rosas el 27 de diciembre de 1848, dirá: "Continúa la importante obra de la ribera. Me ha sido muy grato expresaros mi más íntimo agradecimiento por haberle designado el nombre de "Paseo de la Encarnación" y porque accedísteis benévolamente a mi súplica, de que suprimiéndose éste,  se lo denomine "Paseo de Julio".
Así se lo denominará hasta que por Ordenanza N° 520 del 28 de noviembre de 1919 se le cambiará por el nombre del fundador del radicalismo, Leandro Nicéforo) Alem, denominación que tiene hasta la actualidad.
Rosas el Republicano
Paseo de Julio - Daguerrotipo c. 1846/1850



Escrupulosidad en el manejo de los dineros públicos
En la administración de los dineros públicos, el Gobierno de Rosas, fue de lo más escrupuloso y detallista. La recaudación y la distribución de las rentas públicas fue de lo más transparente y exacto. 
"El manejo de los caudales públicos, otro tema inagotable de quejas contra los gobiernos mejor constituidos, -dirá "El Archivo Americano" N° 13 del 20 de julio de 1844- no presenta entre nosotros ningún flanco á la censura, no solamente por el celo con que son administrados, sino por la claridad y publicidad de las cuentas. Todas las operaciones de las oficinas de recaudación y de contabilidad pasan diariamente bajo los ojos del público, y llegan a manos de los Sres. Representantes, cuando han sufrido ya esta primera prueba, que bastaría por si sola a alejar cualquier sospecha contra la fidelidad de los administradores. Tantas son las precauciones que ha tomado el General Rosas para evitar la malversación y el fraude, que el hombre más experto en esta clase de manejos, no podría burlarlas sin ser sentido.
Agréguese a esto que la ley del presupuesto tiene su más rigoroso y exacto cumplimiento, y lo único que puede hacer el Gobierno es gastar menos de lo que le ha sido acordado". 
Durante su gobierno se dio diaria, amplia y transparente publicidad de las cuentas del Estado, propio de una buena y honesta administración como corresponde a una verdadera República.
Saldías en su "Historia de la Confederación Argentina", dice: "Rosas puso en práctica y conservó invariablemente un sistema de administración que, por la sencillez y por el método al cual estaba subordinado, como por la calidad de las personas encargadas de conducirlo, ofrecía positivas garantías y proporcionaba al último hombre del común el medio fácil de conocer diariamente la verdad acerca de la recepción, distribución e inversión de todos los ingresos que formaban el Tesoro Público... Desde luego, el movimiento controloreado de la contaduría, receptoría y tesorería general... y sujeto por la propia concurrencia de las operaciones de detalle y por la publicidad diaria de estas últimas, a una exac­titud que no podía violarse impunemente. Pero sobre todo la publi­cidad, la amplia publicidad de las cuentas del Estado, que constituye uno de los principales deberes de todo gobierno regular, como que es una regla esencial y un signo visible de buena administración. Así, en cualquier número que se tome de La Gaceta Mercantil se encontrará partida por partida, y con una precisión y claridad que exceden al escrúpulo, el estado diario de la tesorería general, de la receptoría y el informe de la contaduría sobre cada una de las cuentas examinadas. Y en la misma Gaceta y en el Registro Oficial el estado mensual de la circulación de billetes de tesorería; el balance de letras de receptoría; el recuento practicado de cada uno de los billetes y letras existentes, conformes con los cargos de la contaduría; la cantidad de billetes en circulación de la casa de mo­neda; las entradas y salidas de la caja de depósitos; el estado de los fondos públicos, el de la deuda clasificada, etcétera. Todas las repar­ticiones y oficinas de la administración estaban como abiertas de par en par a la mirada y al conocimiento del público, aun por lo que hacía a ciertos detalles sobre la inversión de los fondos votados anualmente para las eventualidades de la administración, que por lo general callan los gobiernos".
Anualmente y mientras ejerció el poder, siempre sometió las cuentas públicas a la consideración de la Legislatura, ya que en este punto, como decía en el Mensaje que le remitió el 27 de diciembre de 1844 "El Gobierno os presenta las cuentas de la Provincia en 1844. Examinadlas y pronunciad, honorables representantes, vuestro soberano fallo. Sabéis que no me considero investido con la suma del poder en la administración del caudal público".
Rosas el Republicano
José M. Ramos Mejía
José M. Ramos Mejía, escritor antirrosista, en “Rosas y su tiempo”, dirá: “No me hubiera animado, en otro tiempo, a llamar las cosas por sus nombres, es decir en alta voz que en el manejo de los dineros públicos  y a la luz de la documentación, Rosas no fue un ladrón vulgar como afirman sus enemigos. Pesaba sobre mí el concepto popular, hecho carne en la mente de dos generaciones por la pluma fulgurante de Rivera Indarte y por el procedimiento administrativo sin control efectivo con que operaba la Dictadura. Todavía después buscaba frases tortuosas en los mil recursos del lenguaje para ocultar mi verdadero sentir y no cumplir con el deber de expresarlo, aunque fuese tímidamente. Recuerdo que mis escrúpulos estrujaban el lenguaje para sacar una forma satisfactoria a la pasión política, hasta que por fin triunfó la probidad histórica y estampé el pensamiento con franqueza: en el manejo de los dineros públicos, Rosas no tocó jamás un peso en provecho propio, vivió sobrio y modesto y murió en la miseria; la raza argentina de antiguo cuño fue así hasta en sus tiranos”. 
Agustín de Vedia, pariente del general Mitre -quien había afirmado que "como administrador de los caudales públicos lo tengo -a Rosas- por un ladrón, como lo ha declarado la justicia..."- dirá estas esclarecedoras palabras contradiciendo a su pariente: “El mecanismo de la contabilidad, la publicidad y la regularidad con que Rosas procedió en el manejo de los caudales públicos, llama realmente la atención”.
En una carta que Antonino Reyes le envía a Rosas el 22 de enero de 1876, le comenta: "Hace poco hablando con un amigo me dijo que el gobierno de Buenos Aires comisionó hace algún tiempo a un Sr. Fox, casado con una hija del Dr. Somellera, para revisar las cuentas de la pasada administración del General Rosas y que éste en su informe al Gobierno decía que ningún reparo tenía que hacer por encontrarlas irreprochables, esto me llenó de satisfacción como que conozco la religiosidad de V. E. en todo lo que concernía al manejo de los dineros del Estado”.
Evaristo Carriego, ante tal circunstancia también opinará “El estado no pudo adjudicarse los bienes de Rosas, sin justificar previamente que Rozas había defraudado al Tesoro en beneficio personal, determinando con precisión la suma de que había echado mano con aquel objeto. ¿Y quién ha visto esa prueba? Cuando intentaron justificar los decantados desfalcos, no hallaron un solo antecedente; los libros de la Contaduría, abiertos delante de las ávidas miradas de los fiscales de Rozas, burlaron sus esperanzas. Los libros mostraron que los 4.000.000  de $ m/c, sobre que versaba el cargo contra aquel habían sido invertidos en uso público. ¿Con qué derecho pudo, pues, el Estado adjudicarse sin cuenta ni razón los bienes de Rozas?”.
El economista, Dr. José A. Terry (Ver ER N° 18, pág. 7) opinará: "El comercio y el extranjero tenían confianza en la honradez administrativa del gobernador".

Todos deben respetar la ley 
Para Rosas no había familiares, amigos o correligionarios, en lo que se refiere al cumplimiento de la ley, ellos no eran distintos a otros conciudadanos.
En el "Archivo Americano" N° 13 del 20 de julio de 1844, podemos leer: "... Aquellos parientes suyos que han querido usar en el Gobierno de su prerrogativas de familia, y que han contado sobre el afecto que Rosas les profesaba, para sobreponerse a la ley que él ha establecido, los ha puesto en prisión o desterrado: su hermano mismo se encontraba entre los refugiados en Montevideo".
Juan Manuel Beruti en "Memorias curiosas", relata los siguientes hechos, que demuestran la justicia de Rosas sobre la aplicación de sanciones a familiares y personal del ejército: 
El primer caso corresponde a un hecho que involucraba a su hermana: "El juez de paz de la parroquia del Pilar dio cuenta al señor gobernador de algunas tropelías que había hecho su señora hermana, doña Gregoria, mujer de don Felipe Ezcurra, a algunos vecinos de la parroquia, y la contestación al juez del señor gobernador, que llegó a mis manos una copia que me facilitó un vecino a quien se la dio el juez, es la siguiente.
"Señor juez de paz de la parroquia del Pilar. Buenos Aires febrero 19 de 1844. Al alcalde del cuartel 47 don Francisco San Martín. El juez de paz que firma con fecha de ayer ha recibido un decreto de su excelencia el excelentísimo señor gobernador de la provincia  brigadier don Juan Manuel de Rosas del tenor siguiente. Febrero 17 de 1844. Vuelva al juez de paz de la parroquia del Pilar para que cumpliendo con sus obligaciones quite por la fuerza el caballo, lo entregue al que lo cobra con suficiente poder y haga saber a doña Gregoria Rosas el serio desagrado del gobernador de la provincia por su avanzada, atrevida, insolente conducta, y que será tratada como merece, si vuelve a faltar en lo menor a los respetos debidos por las leyes a las autoridades; y respecto del alcalde, reconvéngasele severamente, por haber dejado ultrajar y atropellar brutalmente la autoridad que inviste sin haber llenado sus deberes. Hágase saber por el enunciado juez de paz esta resolución al indicado alcalde; y a doña Gregoria Rosas, apercibiéndose a ésta seriamente en orden a su conducta ulterior; y lo transcribe a usted para conocimiento, y dejar cumplida la superior disposición. Dios guarde a usted muchos años. Domingo Diana".
El otro caso es la sanción que se aplica a un general del ejército: "El 10 de diciembre de 1847. Por decreto de este día ha sido don José María Oyuela destituido del empleo de general que obtenía en los ejércitos de la república y borrado de la lista militar por haber insultado a las seis de la tarde en la calle pública del Perú el día 20 de noviembre último al señor encargado de negocios y cónsul general de S. M. F. la reina de Portugal, comendador don Leonardo de Souza Leite Acevedo, resultando de haber quedado dicho señor Souza maltratado de un golpe en la cabeza con una fuerte contusión, que recibió de un golpe que le dio con el cabo de un chicote (rebenque) un hombre que en momento se le acercó de a caballo, que no conoció, y echó a correr diciendo al pegarle este pícaro portugués ha de querer ser primero que un general de la nación; pues la disputa fue, por querer al encontrarse uno y otro, ser preferido al pasar la vereda con la derecha; pero se averiguó que Oyuela lo hizo con prevención que tenía al cónsul portugués". 
Otro caso, de los muchos que pueden señalarse es la de José Rivera Indarte. Este singular personaje del cual ya me ocupé en el artículo "La reencarnación de Rivera Indarte... y otras mentiras sobre Rosas", publicado en el N° 12 de este periódico, fué un fervoroso y exaltado federal y rosista a tal punto que escribió entre otras piezas el "Himno Federal", el "Himno de los Restauradores", además de escribir en varios periódicos de Buenos Aires, donde toda alabanza a los federales a Rosas es poca, incluso publicó una biografía del Gobernador, con el retrato de este al frente. Creyendo que su adhesión al sistema federal y a Rosas, lo ponían a salvo de todo, cometió varios delitos por los cuales primero fue separado de la Universidad en setiembre de 1831, a la que reingresó a su petición para "recuperar su honor", a mediados de 1832. Posteriormente fue acusado de robar la corona de la Virgen de Nuestra Señora de las Mercedes y de otros hurtos y fué puesto en prisión en un pontón. Después de recobrar la libertad se exilió en Montevideo y desde allí, como por arte de magia se puso al servicio de los unitarios y desde entonces comenzó a escribir contra quien tiempo antes había alabado de todas formas.
La exaltada adhesión de Rivera Indarte al sistema federal y a Rosas, no lo puso a cubierto o a salvo de la sanción penal que le cupo por haber violado la ley. 
Podemos afirmar también que el Gobernador de Buenos Aires, era más estricto respecto de los federales que con los enemigos unitarios.

Rosas asume responsabilidades
Previo a la ejecución de la joven Camila O'Gorman y del cura Gutiérrez -lo que será objeto de un artículo que publicaremos en el futuro en este periódico-, Rosas se hizo asesorar por varios juristas, -entre ellos por Vélez Sársfield-, para determinar si correspondía la aplicación de una pena y cuál sería la misma, quienes le aconsejaron y dictaminaron la aplicación de la pena capital. No obstante ello, pasado ya varios años Rosas asumió su única, total y absoluta responsabilidad por tal acto de gobierno, desvinculando a terceros de la misma.
Corría el año 1869, se encontraba en ejercicio de la presidencia de la Nación, Domingo F. Sarmiento, su ministro del Interior era el Dr. Dalmacio Vélez Sársfield, quien era cuestionado por la prensa opositora que le imputaba su participación veinticinco años atrás en aquél lamentable dictamen.
Vélez Sársfield para despegarse de la situación, requirió la intervención de la Sra. Josefa Gómez, amiga del exgobernante, con quien mantenía asidua correspondencia. En la contestación a la carta en la que Gómez le requería mayores precisiones sobre aquella cuestionada decisión, Rosas le contestó el 2 de setiembre de dicho año: "No es cierto que el señor doctor don Dalmacio Vélez Sársfield, ni alguna otra persona, me aconsejara la ejecución de Camila O’Gorman y del cura Gutiérrez. Durante presidí el gobierno provincial bonaerense encargado de las relaciones exteriores, y con la suma del poder por la ley goberné puramente según mi conciencia. Soy pues, único responsable de todos mis actos, de mis hechos buenos como los malos, de mis errores y de mis aciertos".
Rosas no era de tirar la piedra y esconder la mano, actitud muy común entre los gobernantes y funcionarios de todas las épocas, sobre todo cuando de medidas desacertadas o antipopulares se refiere, porque por el contrario, para los aciertos los "responsables" se multiplican.
Continuará