lunes, 29 de marzo de 2021

Baile en honor a Manuelita Rosas

 

- Documentos 5 -

En esta Sección del blog damos a conocer interesantes e importantes documentos.
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PROGRAMA PARA EL BAILE DEDICADO A MANUELITA ROSAS Y EZCURRA POR EL COMERCIO NACIONAL DE BUENOS AYRES 

Manuelita Rosas

Programa para el baile dedicado a Manuelita Rosas y Ezcurra, por el Comercio Nacional de Buenos Aires. Archivo General de la Nación. Documentos escritos, Sala VII, Legajo 2673.

Transcripción literal:

¡VIVA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA!

¡MUERAN LOS SALVAJES UNITARIOS! 

¡MUERA EL LOCO TRAIDOR SALVAJE UNITARIO URQUIZA!

PROGRAMA

DEL BAILE DEDICADO A LA S.ta D.a MANUELITA DE ROSAS Y EZCURRA POR EL COMERCIO NACIONAL DE BUENOS AYRES.

 INVITACIÓN

Ocho dias antes del que se señale para dar el Baile, la Comisión Directiva se presentará en casa de S. E. el General Rosas á invitar á la Señorita Doña MANUELITA.

Inmediatamente despues, se repartirán las tarjetas de invitacion, sirviendo cada tarjeta para una sola persona. Las tarjetas de Señora serán de distinto color y tamaño á las de hombre. Al repartirlas se rogará á las personas invitadas que las devuelvan con anticipacion en caso que no piensen asistir.

Las tarjetas serán presentadas por los concurrentes á la Comision, que recibirá á la puerta de la casa.


RECIBIMIENTO

Las Comisiones reunidas hasta el número de treinta personas, estarán precisamente en la puerta de entrada á las 9 de la noche.

A medida que las familias se vayan presentando, individuos de la Comision acompañarán á las Señoras hasta la puerta del Salón de Tocador, y esperarán allí á que las Señoras salgan; entonces las conducirán al Salon del Baile.

La Señorita Doña MANUELITA y su comitiva, será acompañada en el mismo órden por el Presidente, y colocada en el Salon en el lugar de distincion que está destinado para ella.

Al presentarse la Señorita Doña MANUELITA en el Salon, se quemarán 21 bombas, y la orquesta ejecutará la Marcha Nacional y el Himno Loor Eterno. Entonces dará principio el Baile.

Los caballeros dejarán sus sombreros y capas en la pieza destinada para esto, tomando allí un billete numerado. Iguales billetes se darán á las Señoras para reclamar después sus chales y demas.

 

BAILE

El Salón estará dividido en cuatro secciones, y dos bastoneros cuidarán el órden en cada una de ellas. Los bastoneros llevarán un lazo de cinta punzó en el brazo izquierdo.

Una gran tarjeta colocada el frente del palco de la orquesta, anunciará lo que ha de bailarse.

 

AMBIGU

A la una en punto entonará el Coro el Himno dedicado por el Comercio á la noble hija del Gefe Supremo del Estado, y se abrirán las puertas del Salon del Ambigú.

Anticipadamente los bastoneros repartirán á sesenta caballeros tarjetas de entrada al Comedor para que cada uno conduzca á la mesa dos Señoras, á quienes atenderá en pie durante la cena; eceptuando de este órden la primera vez.

Algunos Señores designado por la Comisión pronunciarán brindis alusivos á esta festividad.

Luego que dejen la mesa estas ciento veinte Señoras, entrarán otras tantas conducidas por otros sesenta caballeros á quienes se habrá dado billetes de entrada durante la permanencia de los primeros en el Comedor. Así sucesivamente serán llevadas á la mesa todas las Señoras.

En seguida de ellas entrarán á cenar los caballeros, con tarjetas de entrada, repartidas oportunamente. Durante todo el servicio deberá reinar el mayor órden, guardando en los brindis el decoro y la moderación que exige la presencia de la hija de S. E. y del bello sexo Argentino.

 

RETIRADA

Cuando la Señorita Doña MANUELITA se retire, acompañada en la misma forma en que fué recibida, ejecutará la orquesta los Himnos Nacional y Loor Eterno, se quemarán 21 bombas, y terminará el Baile.

Las Señoras y los Caballeros ocurrirán con los billetes que recibieron á su entrada, á recoger los objetos que les pertenezcan.

 

CARRUAGES

Para llegar á la casa del Baile, los carruages vendrán por la Plaza de la Victoria y la calle “Reconquista”, y luego pasarán á la Plaza “25 de Mayo” donde se formarán en órden á los costados de la Recova.

Al retirarse entrarán por la Plaza “25 de Mayo” y seguirán por la Plaza de la “Victoria” y calle “Reconquista”.

El órden estará cuidado esteriormente por vigilantes de Policía á pié y á caballo.

 

IMPRENTA AMERICANA, Calle la Defensa núm. 221.

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 El contexto histórico

El 1° de mayo del año 1851, el gobernador de la provincia de Entre Ríos, general Justo José de Urquiza, aliado con el Imperio del Brasil, el Estado del Uruguay y la provincia de Corrientes produjo el Pronunciamiento contra el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, originándose así la segunda guerra entre nuestro país y el Imperio del Brasil.

Después de pasar a la Banda Oriental, donde logró la rendición del general Oribe, quien al frente de las tropas argentinas y uruguayas sitiaban Montevideo, Urquiza al frente del Ejército Aliado, se dirigió a Buenos Aires.

Ya con la amenaza de Urquiza, quien avanzaba hacia Buenos Aires, el Comercio Nacional de Buenos Aires, dió un baile en honor de la hija del gobernador, doña Manuelita Rosas, siendo la invitación al mismo, el documento que ilustra este artículo.

La fiesta tuvo lugar el día 28 de octubre de dicho año en el Coliseo.

Transcribimos a continuación lo publicado en la obra "Manuelita de Rosas y Ezcurra - Verdad y leyenda de su vida", de E.F. Sánchez Zinny", 2da. edición, Buenos Aires, 1942, sobre distintos detalles del referido baile, siendo todo ello una interesante descripción de lo allí vivido.


... A mediados de julio de ese año de 1851, sin otro argumento visible que los buernos deseos de los iniciadores, nació la idea de festejar a Manuelita...

La fiesta fue en el Coliseo, y es a la que se refiere el programa mencionado antes.

Formaron en la comisión de festejos, caballeros de estrecha vinculación con Rosas, presidida por su propio hermano Gervasio Ortiz de Rozas. Completan la lista los señores Juan N, Fernández, Vicente Casares, Felipe Senillosa y José Martínez Dios, (debe ser de Hoz).

La crónica del “Diario de la Tarde”, a 29 de octubre, apuntaba: “Desde que anocheció, todas las inmediaciones del Coliseo estaban lujosamente iluminadas y desde temprano, flameaban sobre las azoteas multitud de pabellones”. Los postes circundando la fachada —recién terminada— fueron revestidos por altas columnas de madera, imitando mármol en la pintura. Sostienen faroles y las adornan trofeos de banderas federales. En la plaza, cinco bandas de música, alternaban himnos y trozos de óperas populares. Sobre el pórtico de entrada se leían, al trasparente, “las aspiraciones nacionales”, al decir del cronista. “¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los salvajes, asquerosos unitarios! ¡Muera el loco, traidor, salvaje unitario Urquiza!”

Eran las 8 de la noche, cuando de la plaza se elevó un globo “como aéreo mensajero del júbilo de este pueblo”. La ciudad vió cruzar el cielo esta estrella roja, rumbo al oeste, impulsada por la brisa del río.

Tras la reja que da frente al sur, abríase la puerta de entrada a la fiesta, Traspuesto el dintel, penétrase al vestíbulo, profusamente iluminado. Roja alfombra cubría el piso, hasta el cordón de la vereda. Alinéanse en orden frente a la plaza 25 de Mayo los carruajes de la concurrencia. Una comisión de 20 caballeros, recibían y acompañaban a las damas.

Cruzado cl vestíbulo, se penetraba a una espaciosa antesala tapizada de blanco y punzó, e iluminada por decenas de bujías.

Inmediatamente llegábase al suntuoso salón de baile en forma semicircular. Cubria el recinto una superficie de 30 varas de largo por 26 de ancho.

Deslumbrados debían sentirse los asistentes ante el lujoso arreglo del salón. Si excesivo pudiera ser el derroche de espejos, de flores, de adornos, era igualmente innegable que el mal gusto corría a la par de la opulencia exhibida. Prodigalidad de sedas, bronces y cristales. El oro de las consolas y el rojo de los tapizados del moblaje y cortinados, resplandecían a la luz de las arañas, manteniendo encendidas centenares de bujías, Una, la del centro, era un alarde en el arte de la cristalería, Pendía del cielo raso, decorado con un enorme sol dorado, de roja y blanca cabellera; entre rutilantes caireles y adornos de cristal tallado, sostenía a 500 bujías. Seis otras arañas similares, pero menores, la rodeaban.

Púrpura era el paño cubriendo totalmente cl pavimento. En la testera principal, alzábase un estrado destinado a Manuelita y a su séquito de señoras respetables, esposas de generales y camaristas, Tras él, en el muro, entre banderas de la Confederación, colgaban los retratos del general Rosas y de doña Encarnación Ezcurra. A ambos lados de esa especie de trono rojo, penden dos colosales cuadros de mala factura escenográfica. Les sirven de base monumentales espejos. Representan uno, a la América protegida por Apolo y está a la derecha de la figura del Restaurador. El otro, a la Inocencia en peligro, se halla a la izquierda de doña Encarnación. Bordadas en los cortinados de las puertas de acceso se ven estas cifras: J. M. R. Instálase la orquesta en un gran palco a 6 varas de altura.

A las 9 de la noche, en el salón rebosaba la concurrencia. “El buen gusto —dice la crónica— la elegancia esmerada, los caprichos más felices, descollaban entre aquel matiz de trajes delicados, entre aquel ramillete de flores, entre aquellos grupos encantadores que confundían sus aéreos vestidos, sus lucientes atavíos; y donde las guirnaldas, las perlas y los brillantes perdían su luz, entre sus cabellos de seda o ante sus ojos de diosas”.

Manuelita llegó a las 10.

Al entrar al salón, entre una salva de aplausos, la orquesta ejecuta el Himno Nacional y luego el himno: “Loor eterno al mignánimo Rosas”, que el público escuchó de pie.

Vestía la princesa criolla un faustuoso traje escarlata. Adornaba su cuello magnífico collar de brillantes; una diadema de iguales piedras, resplandecía entre la mata oscura de sus cabellos. Manuelita inició el baile con el general don Agustín de Pinedo. La orquesta ejecutaba un minuet.

……………………

A la una de la mañana, los señores Miguel de Riglos, Manuel José Cobo, Antonio Terrero, Manuel José Guerrico y don Diego de Alvear, nombrados en comisión para el acto, invitan a Manuelita a pasar al ambigú. El ministro de S. M. B., caballero Enrique Southern la condujo y tomó asiento a su lado. Ocupó el lugar izquierdo el ministro doctor Manuel Insiarte. Encabezaba el otro extremo de la mesa, el general Tomás Guido. Luego, el general Pinedo, Prudencio Rosas, etc.

Fijado en la pared principal, leíase en un escudo “¡SALUD A MANUELITA ROSAS!”.

A la hora de los brindis, Guido lo hizo por Manuelita. Southern, por el general Rosas y “su virtuosa hija”. Roto el fuego, se oyeron los consabidos mueras al loco, traidor Urquiza y los vivas al “Gran Rosas”.

Aun se bailaba a las 7 de la mañana del 29 de octubre en el Coliseo, durante la fiesta que el Comercio de Buenos Aires, diera a la infanta de Palermo.

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AMBIGÚ: Mesa o mostrador donde se exponen y presentan un conjunto de platos (entremeses, verduras, carnes, pescados o postres) de manera que los comensales pueden escoger y servirse ellos mismos la comida que llevar a su mesa.


domingo, 28 de marzo de 2021

Pronunciamiento de Urquiza - Consideraciones jurídicas

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

Encontramos este artículo de Roberto Fernández Cistac, publicado en la "Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas" N° 34, enero/marzo de 1994, sobre el  pronunciamiento de Urquiza.

La verdad sobre el pronunciamiento de Urquiza
por Roberto Fernández Cistac 

El Pronunciamiento de Urquiza merece un breve proemio y un triple enfoque: el histórico, el jurídico y el político.

Digamos primeramente que es uno de los sucesos más importantes de la historia argentina y el que, consecuentemente, presenta una fuerte dosis de conflictualidad e interpretaciones encontradas. Por ello entendemos que resulta vital su esclarecimiento completo para poder comprender las líneas directrices de nuestra historia nacional tan escamoteada de este tipo de estudios.

Esa dura tarea emprendemos seguidamente.

 

Retrato de Urquiza, 1842

EL ENFOQUE HISTORICO

La paz firmada entre Argentina y Brasil en 1828 distó de ser fructífera; ambos Estados continuaron una guerra fría que tampoco podía durar indefinidamente. La paz de 1828 fue eminentemente provisional de momento que se dejaron pendientes de solución los principales puntos antagónicos que eran, substancialmente, los tres siguientes:

a) El reconocimiento de la soberanía argentina en las Misiones Orientales ocupadas por Brasil.

b) La política de navegación sobre los ríos argentinos tributarios del Río de la Plata

c) La definición del perfil político del Paraguay y del Uruguay; Brasil había reconocido la Independencia paraguaya en 1844 provocando la airada reacción argentina. La república del Uruguay se hallaba envuelta en una guerra interior cuyo espejo era la diarquía que la gobernaba.

Pasaron dos décadas sin que la diplomacia pudiera dar una solución política a estos problemas esenciales; la ruptura de relaciones se produjo el 11 de septiembre de 1850 con el retiro del Embajador argentino ante la Corte imperial, general Tomás Guido. La guerra era inevitable y ambos Estados entraban en el vértigo de la movilización bélica donde las intrigas políticas ocupan un lugar preponderante.

El cuadro de situación militar era netamente favorable a nuestro país; el trípode que formaba Buenos Aires con el Ejército Aliado de Vanguardia en Uruguay al mando del general Manuel Oribe y el Ejército de Operaciones al mando del Gobernador de Entre Rios, general Justo José de Urquiza, en el estratégico Litoral argentino, era un valladar prácticamente infranqueable para las fuerzas del Brasil.

Corroboraba lo dicho la situación política; mientras Argentina se hallaba unida y pacificada, el Imperio veía crecer la levadura del republicanismo y de la emancipación esclavista. Solamente la desarticulación del citado trípode Rosas - Urquiza - Oribe podía revertir esta situación.

Fue en estos cruciales momentos que se produjo el famoso Pronunciamiento; según la versión tradicional comienza con la Circular del 3 de abril de 1851 que el gobernador Urquiza dirige a sus pares de las demás provincias anunciando que ha decidido encabezar “el gran movimiento por la libertad” en la convicción que “... las lanzas del Ejército de Entre Ríos y las de sus AMIGOS Y ALIADOS bastan para derribar el poder ficticio del gobernador de Buenos Aires”, sigue con la proclama del 1° de mayo de 1851 donde le retira a Rosas la encomienda de las Relaciones Exteriores reasumiendo a la faz de la República, América y el mundo ... el cultivo de las relaciones exteriores y dirección de los negocios generales de paz y guerra... quedando (Entre Ríos) en aptitud de entenderse directamente con los demás gobiernos del mundo hasta tanto que, congregada la asamblea nacional de las demás provincias hermanas, sea definitivamente constituida la república” y culmina con la firma del Tratado del 29 de mayo de ese mismo año con el gobierno de Montevideo y el Imperio del Brasil para “... mantener la independencia y pacificar el territorio oriental haciendo salir al general Manuel Oribe y las fuerzas argentinas que manda” (art. 19) quedando en claro que si “... el gobierno de Buenos Aires declarase la guerra a los aliados -individual o colectivamente- la alianza actual se tornaría en alianza común contra dicho gobierno” (art. 15). Fue así como el flamante Ejército aliado se puso en movimiento contra las posiciones del general Oribe sin detener el tránsito por territorio argentino; Rosas declara la guerra al Brasil el 18 de agosto de 1851 ... en virtud de los procedimientos... atentatorios con que el gobierno imperial hace imposible la paz. El general Oribe debe capitular en Pantanoso el 8 de octubre de 1851 y el 21 de noviembre de ese año los Aliados rubrican un nuevo Tratado para dar el tiro de gracia sobre la nuca de la Argentina; aquí se dice que la guerra no es contra Argentina sino contra el gobierno de Rosas (art. 1°) lo que es confirmado por algunos intérpretes argentinos: “…advertimos otra vez la preocupación por dejar claramente expuesto el único objeto de la guerra: resistir la opresión tiránica salvaguardando el honor y la independencia de la república”. (1) Todo finaliza con la derrota de la Confederación Argentina frente al Ejército Aliado en la batalla de Monte Caseros un 3 de febrero de 1852 que ... fue un triunfo político que hizo posible la realización de dos hechos trascendentales de la historia argentina: el restablecimiento de la libertad y la organización constitucional”. (2) Esta es la cronología objetiva de los acontecimientos acompañada por las subjetividades de la interpretación que no ha hecho otra cosa que poner una nota marginal o aclaratoria a los documentos y Tratados de neto origen brasileño; vamos seguidamente al encuentro de sus principales afirmaciones:

a) Movimiento por la libertad iniciado el 3 de abril de 1851. Con esta romántica afirmación se pretende ubicar el Pronunciamiento dentro de un movimiento de oposición o resistencia política interna argentina. Nada más falso: el Pronunciamiento fue un capítulo de la SEGUNDA GUERRA ENTRE ARGENTINA Y BRASIL y fue intensamente trabajado por agentes brasileños y entrerrianos ante la inminencia de esa conflagración anunciada con la ruptura del 11 de septiembre de 1850. Pasar por alto una guerra internacional es una hazaña sin precedentes de ocultismo histórico, un verdadero record insuperable de nuestra historia tradicional que -emulando el fraude culinario de hacer pasar gato por liebre- ha presentado como una revolución doméstica lo que fue una guerra entre los primeros Estados de Sudamérica en ese momento.

Tampoco es cierto que la Circular del 3 de abril se haya cursado efectivamente a los gobernadores; fuera del correntino Virasoro, fue remitida exclusivamente a Río de Janeiro, Montevideo y Asunción o, permaneciendo bajo llave en el cajón del escritorio del Palacio San José. La exigencia de todo esto era satisfacer la exigencia brasileña a Urquiza sobre la necesidad de un rompImiento público e inequívoco con Rosas; sólo el 25 de mayo fue publicada junto a los otros documentos concordantes. Otro caso en que se esconde la mano luego de lanzar la piedra.

b) La guerra no era contra Argentina sino contra el gobierno de Juan Manuel de Rosas. Así se afirma en el ya citado Tratado del 21 de noviembre prolijamente glosado por nuestros historiadores; la inmoralidad histórica de una guerra entre Estados hermanos ha llevado a muchos de ellos a emplear este eufemismo consistente en declarar que no se ataca a tal o cual Nación sino al régimen político que en ella impera. (3) Se trata de un artilugio carente de asidero aunque fue utilizado antes y después de 1851 por algunos Estados hispanoamericanos. (4)

Claro que las guerras internacionales son siempre un duelo entre Estados y pretender simular una realidad tan contundente como ésta bajo el manto de una cruzada ideológica contra determinado gobierno no pasa de ser un sofisma de claro cuño belicista; ¡el Estado agresor se presenta como redentor político del pueblo que arrasa con sus municiones y bombas! Además ¿cómo puede hacerse la guerra contra un gobierno y permanecer en paz con su pueblo? ¿Existe la metodología militar que permite atacar y ultimar exclusivamente a los gobernantes y funcionarios mientras se arrojan flores a la población?; las únicas respuestas posibles a estas preguntas nos prueban que la remanida maniobra de declarar la guerra a los gobiernos no pasa de una falacia que se estrella contra la realidad de las ideas y de los hechos: ningún Estado es tan altruista como para arriesgar sus Ejércitos en aras del progreso político de otro ni pueden considerarse propiedad privada de los gobernantes las ciudades que se bombardean, los buques que se hunden ni los aviones que se derriban.

Todas estas consideraciones se vigorizan al extremo cuando el gobierno al que se le declara la guerra es el mismo que el Estado atacante había reconocido en sus relaciones diplomáticas; no se comprende cómo puede tildarse de tiránico e irrepresentativo a un gobierno que se ha reconocido como el único representante legal de un Estado. Justamente este es el caso de Rosas, cuya calidad de Encargado de las Relaciones Exteriores, Paz y Guerra, de la Confederación Argentina era reconocida por el Brasil a través de décadas de intensas relaciones.

Finalizada la guerra Brasil obtuvo la libre navegación de los ríos, el reconocimiento  argentino  de la independencia paraguaya y manos libres en el Estado oriental, además de otras “propinas” como los Tratados sobre la esclavatura. ¿Era contra Rosas o contra Argentina la guerra de 1851?

 

EL ENFOQUE JURÍDICO

El artículo 22 del Tratado del 29 de mayo de 1851 ratifica explícitamente que “...el señor gobernador del ESTADO de Entre Ríos, en virtud del derecho de independencia nacional que le ha reconocido el tratado del 4 de enero de 1831...” ha reasumido por su parte “... la facultad concedida al gobernador de Buenos Aires para representar a la Confederación Argentina en lo que respecta a las relaciones exteriores”, todo lo cual ha recibido el aval doctrinario de constitucionalistas como Juan González Calderón en el sentido de la legitimidad del Pronunciamiento.

Comencemos diciendo que los derechos de nulificación -potestad de una provincia de ratificar o no las leyes federales- o de secesión -potestad de una provincia para separarse o independizarse del Estado federal- son posibles dentro de un sistema confederal a condición que emanen de una reserva expresa del Tratado constitutivo de dicho sistema confederal; no es posible que cuestiones que hacen a la unidad jurídica y política de un Estado sean resueltas por implicitud o a través de valores sobreentendidos. Si los mentados derechos de nulificación y secesión no fueron expresamente reservados debe entenderse que el Estado signatario ha renunciado a los mismos en aras de una unidad nacional indisoluble; no debe olvidarse que Entre Ríos era PROVINCIA FUNDADORA del Pacto Federal junto a las de Santa Fe, Corrientes y Buenos Aires y que no hizo reserva alguna al rubricar el Tratado originario.

La simple lectura del Pacto Federal de 1831. demuestra claramente la inexistencia del aludido “derecho de independencia nacional” o de secesión

a) Si bien es cierto que en el art. 1° se habla de reservas de “soberanía, independencia y derechos”, ello implica solamente  un exceso de fraseología para disipar temores o prevenciones sobre intenciones hegemónicas de alguna de las partes; el mismo artículo bajo comentario califica de PERMANENTE a la unión federal acordada lo cual proscribe toda posibilidad de rompimiento unilateral.

b) Los arts. 15° y 16°  establecen que la Comisión Representativa ha de convocar a un  Congreso General para constituir la República bajo el sistema federal; este es el fin primordial del solemne compromiso asumido por las Provincias: marchar juntas hacia la unidad formando un Congreso General una vez pacificada la Nación. El Tratado de 1831 no es una alianza esporádica para fines de coyuntura sino una unión perpetua para constituir un Estado único; no hay posibilidad de rescisión intempestiva y discrecional por parte de las provincias firmantes.

Entendemos que las argumentaciones expuestas son suficientes para demostrar la invalidez jurídica del pronunciamiento pero creemos útil sumar otras; supongamos por un momento que Entre Ríos tenía ese derecho de escindirse, ¿qué modo y forma debía observar para ejercerlo? ¿Debió recurrir a un Congreso General entrerriano o le bastaba un bando de su gobernador? Existe una sola respuesta lógica a este interrogante y es que sólo y únicamente un Congreso representativo del pueblo entrerriano -o bien, su Legislatura, a lo menos- podía tomar válidamente una decisión de tanta trascendencia; en modo alguno era viable que lo hiciera el gobernador mediante un Decreto proclama que sólo representa su voluntad unilateral.

La tradición hispanoamericana en materia de declaraciones de independencia es inequívoca en el sentido de considerarlas propias de la soberanía popular; en los casos de Argentina (1816), Bolivia (1825), Uruguay (1825) y Paraguay (1842) se delegó siempre el tema a la voluntad popular emanada de un Congreso General. La siempre irónica historia ha querido que la actitud de Urquiza reconociera el antecedente de la Independencia brasileña por el llamado grito de Ipiranga proferido por el Emperador Pedro I; en ambos casos la independencia surgía de la decisión de un monarca o autócrata que subrogaba al pueblo en el ejercicio de la soberanía.

Pero para Urquiza era Derecho todo lo que salía de la imprenta oficial llevando su sello y firma; ocurre que para fundamentar su famoso Manifiesto no recurrió al presunto “derecho de independencia nacional” sino a una razón mucho más vulnerable y contradictoria. Invocó las razones de salud que daba Rosas para no aceptar su reelección como gobernador de Buenos Aires -¡sí, el famoso Pronunciamiento contra Rosas se halla fundado en el respeto a su salud!- por lo que se hace pasible de las siguientes observaciones fundamentales:

a) El cultivo de las Relaciones Exteriores, Paz y Guerra, de la Confederación fue delegado por las provincias en el gobierno de Buenos Aires que asumía el rol de Estado-Canciller frente a los Estados extranjeros; siempre estuvo claro que cuando se hablaba de gobierno o de gobernador de Buenos Aires se lo hacía en forma institucional, es decir, con abstracción de la persona física que ejercía ese cargo. Se trataba del “órgano institución” y no del “órgano persona” como diría el administrativista Miguel Marienhoff; ese fue el criterio invariable observado toda vez que cambiaron los gobernadores porteños.

Siendo así ¿qué tenía que ver la salud de Rosas o su renuncia con la permanencia de Entre Ríos en la Confederación? Nada; absolutamente nada.

b) La renuncia de Rosas era un problema interno de la provincia de Buenos Aires; solamente su Sala de Representantes podía aceptarla o rechazarla. Sin embargo, el famoso Pronunciamiento parece suponer que podía hacerlo el gobernador de Entre Ríos aún antes del veredicto de la Sala porteña.

Todo este absurdo constitucional y racional sólo se explica por la premura en romper con Rosas para aliarse con Brasil; se echó mano a cualquier razón o motivo para legalizar esta decisión política lamentable.

Se nos replicará que pese a todo y contra todo, haya sido ilegal o no el Pronunciamiento, el fin jurídico se cumplió: el 1° de mayo de 1853 se sancionó la Constitución Nacional por un Congreso Constituyente convocado por Urquiza de conformidad con el Tratado de 1831 modificado por el de San Nicolás de los Arroyos de 1852. ¡Por fin el pueblo podría resguardar sus libertades en el cofre inviolable de la Constitución! ...aunque nunca le dieran la llave.

La convicción de que el constitucionalismo era la panacea de todos los males sociales fue la ilusión de los juristas de la Revolución Francesa que luego codificaron todo para Napoleón I de Francia; fue una ilusión noble pero vana porque la vida social no puede encapsularse en articulados inmutables. Desde mediados del siglo pasado que juristas alemanes como Savigny y von Ihering demostraron que las leyes que no reconocen un sustento histórico y social están condenadas a ser reliquias de archivos.

Las constituciones son para las Naciones y no a la inversa; deben servir y no ser servidas. Nadie desconoce el valor de tener una Ley Fundamental que discipline el accionar de los poderes públicos y reconozca los derechos del hombre, pero llegar al extremo de considerarla una deidad laica ante la cual deben inmolarse todos los valores nacionales es decididamente irracional; significa incurrir en un fetichismo jurídico similar al religioso que en la antigüedad ofrendaban sacrificios  humanos a los dioses de barro. Gran parte de las desgracias argentinas se debe a esta Inversión de valores destinada a amoldar nuestra Nación a las prescripciones constitucionales y no a la inversa como han hecho países más criteriosos: Gran Bretaña e Israel no tienen Constitución escrita  y esto no fue nunca un obstáculo para su progreso.

Caballería de Urquiza
Caballería urquicista

 En 1853 tuvimos una Constitución, pero ¿a qué precio? La derrota ante el Brasil, la pérdida de las Misiones Orientales, resignamos a ser interlocutores pasivos en las cuestiones del Río de la Plata y a tener una legislación fluvial lesiva a nuestros intereses. Como si esto fuera poco, la flamante Carta Magna  quebró la unidad nacional porque Buenos Aires no participó del Congreso Constituyente ni aceptó la Constitución. ¿Acaso hay algo que festejar?

Como abogados y argentinos no vacilamos en afirmar que hubiéramos preferido mil veces postergar la sanción de la Constitución a cambio de conservar, al menos, la mitad de los valores nacionales sacrificados por el Pronunciamiento y su formal culminación en la Constitución de 1853.

Resumiendo: el Pronunciamiento de Urquiza violó flagrantemente el Tratado Federal del 4 de enero de 1831 en su art. 1° que establecía “unión estrecha y permanente” entre las provincias signatarias; también sus artículos 2°, 3° y 13° por los que formaron una alianza defensiva y ofensiva obligándose a resistir “... cualquier invasión extranjera que se haga, bien sea en el territorio de cada una de las tres provincias contratantes, o de cualquiera de las otras que componen el Estado argentino” comprometiéndose en este caso a aportar “... cuantos recursos y elementos estén en la esfera de su poder” sin omitir el concurso de tropas que marcharían “... con sus respectivos Jefes y oficiales”. También hizo lo inverso de lo preceptuado en el art. 4° donde las provincias se comprometen “... a no oír, ni hacer proposiciones ni celebrar tratado alguno particular, una provincia por sí sola con otra de las litorales NI CON NINGUN OTRO GOBIERNO, sin previo advenimiento expreso de las demás provincias que forman la presente Federación”. Las prescripciones transcriptas son tan claras y previsoras que eximen de todo comentario.

También se violaron los arts. 15° y 16° al hacer imposible la unión que permitiera la convocatoria al Congreso General que constituyera a la República bajo el sistema federal; hasta nos queda una curiosidad jurídica: si se le hubiere dado fuerza retroactiva al art. 103 de la Constitución que califica como traidor a la Patria a quienes tomen “.... las armas contra ella o se una a sus enemigos prestándole ayuda o socorro”, resultaría que Urquiza violó también la Constitución que él mismo promovió y juró respetar.

 

EL ENFOQUE POLITICO

Por último, afírmase que la Libertad y demás valores y derechos propios del sistema republicano de gobierno exigían el derrocamiento de Rosas; “cuando se sabe lo que quiere decir Libertad se entenderá por qué nos importa poco y nada que se atribuya a Rosas la defensa de la soberanía... y por qué nos importa poco y nada que el Ejército de liberación aunara tropas extranjeras en la lucha por la Libertad… Urquiza libertador es por eso el héroe de Caseros y paladín de la Constitución Nacional”. (5)

Nuevamente vamos al encuentro de esas afirmaciones.

a) Hacía nueve años que acataba la autoridad de Rosas pudiendo llenarse volúmenes con las alabanzas a su gestión manifestadas en sus discursos y en su correspondencia con el Restaurador.

b) Urquiza gobernaba Entre Ríos de la misma forma que Rosas Buenos Aires: suma de poderes de hecho y de derecho. Si se había repentinamente entusiasmado con el republicanismo liberal, ¿porqué no empezó por aplicarlo en su provincia? No cabe duda que el Libertador olvidó el Sermón de la Montaña en la parte que veda “... ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”.

c) Habló un doble discurso porque una cosa dice en la Circular del 3 de abril donde retóricamente, al menos, se pone a la cabeza “... del gran movimiento por la libertad” y otra muy distinta en el Manifiesto del 1° de mayo donde habla de guardar el debido respeto a la salud de Rosas.

Pero el autor transcripto insiste en justificar el Pronunciamiento en nombre de la libertad; la sola comprobación de haberse restringido las libertades civiles bajo el gobierno de Rosas le resulta suficiente para crucificarlo sin admitir descargo ni atenuante alguno.

Nuevamente vamos al encuentro de esas afirmaciones:

a) Decir Confederación Argentina nunca significó decir Buenos Alres o Juan Manuel de Rosas; el Pacto Federal dejaba a las provincias entera libertad para adoptar las instituciones que considerasen más convenientes. Un sistema más amplio que el de la Constitución que impone en todo el país un modelo uniforme de gobierno y de declaraciones de derechos. (arts. 5°, 6° y 31° de la Constitución Nacional). Consecuentemente, la inexistencia de libertades en la Confederación era imputable a los trece Gobernadores y no únicamente a Rosas cuya Dictadura imperaba solamente en Buenos Aires.

Si el Pronunciamiento se hizo en nombre de la libertad, ésta no podía ser otra que la sofocada en Buenos Aires. Sin embargo, es tan grosero el absurdo histórico de presentar a Entre Ríos y al Brasil marchando líricamente a liberar a Buenos Aires que hasta fastidia refutarlo; ni el primero donde imperaba una autocracia omnímoda, ni el segundo regido por una monarquía que basaba su economía en la mano de obra esclava podían desempeñar el rol de príncipes liberadores de doncellas cautivas.

b) Es un error pensar que las limitaciones a la libertad se deben al sadismo de los gobernantes; son las circunstancias históricas y sociales las que imponen esas restricciones cuando así lo requiere la salud pública. El derecho comparado admite instituciones como la ley marcial, el pleno de facultades o el estado de sitio, que restringen transitoriamente las libertades en épocas de crisis.

Nuestra misma Constitución actual admite la suspensión de todas las garantías constitucionales mediante la implantación del Estado de Sitio en caso de conmoción interior o exterior (art. 23 de la Constitución Nacional). Hay otro caso frecuente en nuestros días: el Interventor Federal de una provincia ejerce la suma del poder público cuando el Gobierno Nacional interviene los tres poderes provinciales de acuerdo a los arts. 5° y 6° constitucionales; otra prueba más de la inoperancia del famoso art. 29 que no se aplica al caso por no mediar delegación legislativa de la suma de poderes. En el caso que nos ocupa, es evidente que la segunda guerra con el Brasil imponía a todos los hijos de esta tierra el deber de posponer toda reivindicación o protesta en aras de la victoria patria.

El afianzamiento de la república y las libertades civiles fue siempre obra del progreso estable de los pueblos; no dependen de tal o cual gobernante cuyo tránsito por la historia será siempre fugaz. Pensar lo contrario es como combatir la fiebre destruyendo el termómetro.

c) El pernicioso relativismo moral de nuestros días nos obliga a reafirmar principios elementales; nos referimos al patriotismo en su doble faz de derecho individual y deber de moral política.

El patriotismo no choca con la libertad personal porque nadie puede ser obligado a sentir lo que no nace de su alma, todo ciudadano tiene derecho a renunciar a la nacionalidad y adoptar otra más afín a sus preferencias. Hasta puede hacer lo del doctor Bidart Campos que antepone sus libertades personales a la soberanía nacional.

Todo esto cambia fundamentalmente cuando se trata de gobernantes o militares y no de simples particulares; lo que para estos es un derecho, para aquéllos es un deber jurado ante Dios y los hombres. Tanto el que ha seguido una carrera pública y asumido funciones gubernamentales como el que empuña la espada que la Patria le confió, están solemnemente comprometidos con el logro de la ventura general y la defensa irrestricta de la Nación.

Consecuentemente, está claro que Urquiza, en su doble calidad de gobernador de Entre Ríos y General en Jefe del Ejército de Operaciones, tenía el deber insoslayable de ponerse al servicio de la Nación en trance de guerra. No le faltaban ejemplos de diáfana belleza moral: el mismísimo general San Martin ofreció sus servicios a Rosas para servir “... en cualquier clase que se me destine” cuando la intervención anglo-francesa de 1845.

Esta era la actitud que le cabía adoptar a Urquiza y no elucubrar sobre un constitucionalismo que no sentía ni practicaba.

d) Soberanía y libertad individual no pueden nunca constituir una antinomia; la una supone la otra por lo que difícilmente puedan entrar en colisión.

No hay hombres libres en una Nación esclava; la pérdida de la soberanía de un Estado causa siempre la limitación y desaparición de las libertads de sus ciudadanos. ¿O acaso los griegos no perdieron su libertad cuando su Patria fue conquistada por Roma? Estúdiense casos como los de Estados Unidos y se comprobará que las libertades civiles encuentran su plenitud en las Naciones de mayor poder soberano.

Basta entonces de anteponer la libertad a la soberanía porque son dos valores que se complementan e influyen recíprocamente.

 

CONCLUSIONES

Entendemos haber demostrado lo siguiente:

    a) El pronunciamiento de Urquiza fue un capítulo de la segunda guerra entre Argentina y Brasil.

b) Su motivación no fue la libertad o la democracia sino la exigencia brasilera de que Entre Ríos adquiriese personería internacional para poder subscribir Tratados de alianza.

c) El pronunciamiento significó un nuevo desmembramiento territorial y político, agravado por la adhesión de Corrientes a la causa entrerriana. No debe olvidarse que Brasil y Uruguay reconocieron implícitamente la “independencia nacional” entrerriana al firmar los Tratados de mayo y noviembre de 1851; esto siempre se deduce cuando un Estado soberano firma Tratados con otro que pretende serlo. Es cierto que Entre Ríos y Corrientes no llegaron a la independencia definitiva como Uruguay y Paraguay, pero poco faltó.

Se ha pretendido relativizar este intento separatista en base a la referencia “... hasta tanto que, congregada la asamblea nacional de las demás provincias hermanas, sea definitivamente constituída la república” contenida en el pronunciamiento. Sin embargo, se trata de una fórmula general sujeta a un futuro incierto y lejano; también Paraguay habló en 1811 de Congreso General para luego faltar a todos y la misma Entre Ríos se comprometió en el Tratado del Pilar de 1820 a concurrir a un Congreso a reunirse en San Lorenzo que jamás se realizó.

d) Sus fines no fueron la libertad y el constitucionalismo sino los expresamente documentados en los Tratados: llevarle la guerra a Oribe y a la Argentina si se solidarizaba con este líder oriental. Claro que esto último se descontaba de antemano por la apuesta histórica que Argentina hacía a favor del general Manuel Oribe, único Presidente legal reconocido por nuestro país.

Esta es nuestra verdad sobre el pronunciamiento de Urquiza.

Puede intentarse una calificación moral? El autor de estas líneas no tiene por costumbre erigirse en Juez de los personajes de nuestra historia y si se insiste dejaremos que el mismo Urquiza se califique en la inteligencia de que no hay juez más benévolo que el que actúa en causa propia. Interrogado por don Antonio Cuyas y Sampere si Brasil podía contar con su neutralidad, el Libertador contestó el 20 de abril de 1850: “... Crea usted que me ha sorprendido sobremanera que el gobierno brasilero haya dado órdenes para averiguar si podía contar con mi neutralidad ..., yo, gobernador y capitán general de Entre Rios, parte integrante de la Confederación Argentina y general en Jefe de su ejército de Operaciones, que viese empeñada a esta o a su aliada la república oriental en una guerra en que por este medio se ventilasen cuestiones de vida o muerte vitales para su existencia y soberanía!... ¿cómo cree el Brasil, como lo ha imaginado un momento, que permanecería frío e impasible espectador de esa contienda en que se juega nada menos que la suerte de nuestra nacionalidad o de sus más sagradas prerrogativas, sin traicionar a mi Patria, sin romper los indisolubles vínculos que a ella me unen y sin borrar con esa ignominiosa mancha todos mis antecedentes?”.

Si el “paladín de la Constitución” lo dice...

 

(1) ROMERO CARRANZA Ambrosio y otros. “HISTORIA POLÍTICA DE LA ARGENTINA” Tomo II pág. 941, Ed Pannedille, Bs. As. 1971.

(2) RAMOS MEJÍA Héctor G. “HISTORIA DE LA NACIÓN ARGENTINA” Ed. Ayacucho. Bs. As., 1945, Tomo II pág. 343

(3) Ni Rosas pudo substraerse a esta “elegancia” bélica cuando declaró la guerra “al tirano Santa Cruz” en lugar de a los Estados del Alto y Bajo Perú como proponía Portales.

(4) Fue la doctrina utilizada por el Paraguay cuando declaró la guerra “al actual gobierno argentino” (Mitre) haciendo la salvedad de su respeta por nuestro pueblo.

(5) BIDART CAMPOS Germán J. “La Constitución y la Libertad" en Rev. EL DERECHO, tomo 45, págs. 914-919. Bs.As., 1973.

Pronunciamiento de Urquiza
Medalla conmemorativa del pronunciamiento de Urquiza, acuñada en Birmingham


Héroes de Malvinas

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

Encontramos este artículo de Marcos Luis Castrogiovanni, publicado en la revista "El Resero" N° 28 del año 2005, sobre el  conflicto por las Islas Malvinas y sus héroes.

La Argentina volvió a tener héroes
por Marcos Luis Castrogiovanni

Soldados en Guerra de Malvinas
Soldados en la Guerra de Malvinas


Recuerdo cuando en mi juventud luego de participar los 20 de noviembre de los actos conmemorativos de la Batalla de Obligado y una vez que serenada la autoría y el fervor que despertaban los mismos llegaba el tiempo de la reflexión más serena solía quedarme pensando que aquellos actos heroicos que conmemorábamos pertenecían a la vieja Argentina que ya no era y que en realidad era poco menos que ridículo suponer que la Argentina actual, desarraigada de sus tradiciones fuera capaz de producir un hecho heroico que reviviera las glorias del pasado que nos convirtieron en una Nación orgullosa de su prosapia Hispano Católica..

 

Pero llegó el 2 de Abril de 1982 y entonces la esperanza resurgió. Los valores eternos de la antigua Argentina renacieron en la nueva Argentina. La sangre gringa de los inmigrantes que conformaron la nueva cara de la Argentina de fines del siglo XIX floreció en esta tierra gaucha y volvieron a nacer criollos de ley y es así como en el asalto final a la casa del gobernador usurpador confluyeron el primer héroe de esta nueva Argentina Capitán de Corbeta de Infantería de Marina (comando anfibio) don Pedro Edgardo Giachino (muerto en la acción) y el Teniente de Fragata (buzo táctico) Diego Fernando García Quiroga (herido en la acción). Que símbolo de la unidad de la nueva Argentina que se ponía de pie para decirle al mundo que los sacrificios realizados en 1806-1807, en 1810, en toda la guerra de la independencia y en los años de la Confederación no habían sido en vano. La patria volvía por sus fueros. Y entonces en una gran unidad histórica se entrelazaron los fundadores del honor nacional con sus restauradores. La Argentina volvió a tener HEROES.

 

Y fue así que aquel 2 de abril se cumplió una jornada heroica en la que en un hecho inédito en la historia militar un grupo de guerreros marcharon con la misión de recuperar suelo patrio usurpado con la orden de no derramar sangre de los enemigos. Y así lo hicieron, con pericia, coraje, honor, aún a costa de la vida del Capitán Giachino, y respeto de la dignidad de las tropas enemigas y de todos los habitantes que estaban usurpando nuestras islas. Creo que debe quedar bien claro para todos que la Argentina no empezó la guerra, ni quiso la guerra, sólo pretendió cambiar el plano de las negociaciones por la soberanía territorial en las islas. La guerra la propició desesperada y arteramente Gran Bretaña.

 

Y la lucha empezó y vino la batalla de Puerto Argentino, y en esos 74 días el horror de la guerra engendró muchos nuevos héroes argentinos. Porque HEROES y no otra cosa son nuestros soldados, suboficiales y oficiales que dejaron su vida en las islas y también los que volvieron soportando el peso de la derrota y mas aún de la ingratitud.

 

Derrota de la que no fueron culpables e ingratitud que por supuesto no merecieron.

 

Porque en Puerto Argentino el 14 de Junio de 1982 se perdió una batalla, pero no la guerra. La guerra se perdió en los despachos oficiales ocupados por funcionarios ( ya sean uniformados o no, del gobierno militar o de los sucesivos gobiernos civiles) que no tuvieron el interés ni la capacidad de convertir una derrota militar en una gran victoria diplomática no sólo de Argentina sino de casi toda Latino América..

 

Al igual que en la Vuelta de Obligado se perdió una batalla ante la conjunción de fuerzas militares y económicas mas importante de las respectivas épocas (en 1845 fueron Inglaterra y Francia y en 1982 fueron Inglaterra y la OTAN). Pero la gran diferencia radica en que en 1845 dirigía los destinos de la Patria un gobernante patriota, lúcido, valeroso, altivo que no se guiaba por mezquinos intereses personales, que sabía cabalmente que mientras fuera capaz de mantener en alto las banderas de la tradición hispano criolla su pueblo lo acompañaría en todos los sacrificios que fuera menester afrontar y así logró el resonante triunfo de la guerra del Paraná que culminó con sendos tratados en los que cada una de las potencias extranjeras reconocieron y aceptaron todos y cada uno de los puntos impuestos por la Confederación Argentina y se retiraron desagraviando el pabellón nacional. En cambio durante la guerra del Atlántico Sur la República Argentina estaba gobernada por militares burócratas (que no guerreros y ni siquiera estadistas) que ante la primer derrota en una batalla decidieron dar ignominiosamente por perdida la guerra, se rindieron incondicionalmente no sólo militar sino también diplomáticamente y no sólo ante el enemigo externo sino también ante la oposición interna que celebró la derrota porque era el camino mas corto para recuperar el poder y con el todos sus privilegios manejando a su antojo esta vil parodia de democracia que sufrimos desde aquel entonces y que en sus diversas etapas se preocuparon por profundizar la “desmalvinización” que inició la misma burocracia militar ocultan-do a los veteranos desde el mismo momento de su regreso al continente.

 

Pero a pesar de tanto intento por desmalvinizar la llama de la causa de Malvinas sigue viva en el espíritu nacional porque como tan claramente lo expresó el profesor Antonio Caponetto al prologar el “ROMANCERO DE LA GUERRA DEL ATLÁNTICO SUR”

 

“Una prédica tan hábil como funesta, ha ido creando en los argentinos un sentimiento de inferioridad y de culpa y hasta la conciencia del castigo necesario en la derrota, por haber desafiado la cordura pacifista y el proverbial amilanamiento ante los poderosos... El mundo moderno con su horror por todo lo que sea magnanimidad y epopeya ha impuesto su espíritu decadente y sombrío... Mientras los enemigos celebran su usurpación y latrocinio, aquí ni quiere oírse hablar de RECONQUISTA... pero es de esperar que se entrevea el sentido exacto de la Guerra Justa por el Atlántico Sur y el sinsentido trágico de esta Argentina apoltronada y vacía, afrentada e incapaz de reaccionar... Las plegarías de los veteranos no serán desoídas si en vez de lamentos y quejas son un canto de afirmación y un juramento de triunfo:

 

No me digan que estuve inútilmente, / No lamenten mi viaje y mis heridas; / Que me digan, Señor, voces amigas / Que hay que volver porque quedó pendiente.

 

Quedó pendiente desafiar la gloria / Y el rezo ante la tumba del caído, / Del camarada que luchó conmigo, / Y al que le juré llevarle la Victoria.

 

Que no me ofrezcan lo que nunca tuve / Por compensar lo que nos han quitado, / El honor de decir: donde yo estuve, / Flamea un estandarte soberano.

 

Señor de las Milicias Imbatibles, / Comandante de todo lo que vemos: / Dame el jefe seguro e inflexible / Ordenando ¡a la carga, venceremos!

 

Seguramente venceremos si somos capaces de transmitir a las nuevas generaciones, que no vivieron el 2 de Abril de 1982, los valores espirituales que cargaron nuestros héroes al emprender la marcha de la reconquista de aquel lejano rincón de la Patria.

miércoles, 24 de marzo de 2021

Templo azteca

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

Encontramos en este caso una noticia publicada en el diario "Clarín" del sábado 22 de agosto de 2015, sobre el hallazgo a pocos metros del Palacio Nacional de Méjico, de un templo  construído por los aztecas con los cráneos de sus enemigos.

 Hallan un gran altar azteca con cráneos de sus enemigos

 

Diario Clarín

Lo encontraron a metros del Zócalo, el corazón de la Ciudad de México. Se estima que llegó a tener 60 mil calaveras.

 

Un grupo de arqueólogos halló el más grande “Tzompantli” (altar formado por cráneos) de Tenochtitlan, la antigua capital de los Aztecas, cuya existencia no había sido comprobada pero era consignada en las más destacadas crónicas de la conquista española.

 

El muro —de unos 34 metros de largo por 45 centímetros de alto— formado por hileras de cráneos de víctimas sacrificadas con motivos rituales para honrar a los dioses, fue hallado en una excavación realizada en la Calle de Guatemala número 24, a unos metros del Zócalo, la plaza principal de la ciudad de México. El arqueólogo Eduardo Matos, que por varios lustros encabezó la búsqueda de restos arqueológicos en el Templo Mayor, (adyacente al Palacio Nacional y a la Catedral, frente al Zócalo), considera que se trata del llamado “Gran Tzompantli de Tenochtitlán”

 

“Muchos de estos cráneos pudieron pertenecer a enemigos de los mexicas (Aztecas) que eran capturados, sacrificados y decapitados, como una advertencia de su poderío”, afirmó Matos.

 

Se estima que el gran Tzompantli llegó a tener 60.000 cráneos humanos a la llegada de los españoles, que contemplaron horrorizados este monumento, que no era típico de los Aztecas: altares análogos han sido hallados en otras ruinas arqueológicas de México.

 

Según las fuentes históricas del siglo XVI, los tzompantli —hilera de cráneos, en la lengua Azteca— por lo general eran “basamentos muy bajos alargados y que en su parte superior tenían clavados una serie de postes de madera con travesaños, en los cuales se colocaban los cráneos de los decapitados en determinadas ceremonias”

 

“Hay una actitud biofílica y no necrofílica, en el sentido de ofrendar a Dios lo más preciado para que la vida pueda continuar en la tierra”, señaló Matos, quien además estima que este “es un tipo de manifestación que vemos en muchas religiones, en las que se hacen ofrendas a la divinidad para que sea posible la vida”.

 

Los cráneos fueron pegados con argamasa de cal, arena y arena volcánica. La edificación del tzompantli, según los investigadores, sería contemporánea a la construcción del Templo Mayor, entre 1486 y 1502, poco antes de la llegada de los conquistadores españoles.