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domingo, 6 de febrero de 2022

Alberto Mondragón - Fernando García del Molino

A mediados de la década del '60 Alberto Mondragón redactó unas breves biografías bajo el título "Figuras rosistas", que fueron publicadas en distintos periódicos y revistas (Revista o períódico El Puente, Revista Doctrina, entre otras). 


FIGURAS ROSISTAS

(Revista El Puente)


Vigésima novena Figura

FERNANDO GARCÍA DEL MOLINO


García del Molino
¡GARCIA DEL MOLINO es el pintor argentino ignorado durante cien años! Recién en 1948 es rescatado por José León Pagano. 

Junto con Carlos Morel son cronológicamente los primeros maestros con obras documentadas en tres direcciones diversas: miniaturistas, bocetistas y la de cuadros al óleo.

Nacido en Chile el 13 de marzo de 1813, sus padres se radican en Buenos Aires, FERNANDO  GARCIA DEL MOLINO contaba 6 años, su Patria pues es la Argentina, tanto que logra naturalizarse al ser mayor de edad.

“No estudié con ningún maestro” solía decir, de ahí que en sus obras se transparenta el autodidacta y el no influido del arte extranjero; se visualiza la ingenuidad del pintor, su falta de ciencia adquirida es la realidad de lo captado, de lo sentido, de lo observado.

Su progreso en la perfección se evidencia al correr de los años y de su tesonera labor, y al tiempo que adquiere más conocimiento de la forma expresiva se completa con detalles de calidad, mérito es adelantar que por ello la honestidad del artista es lo que ve y surge la seguridad que así fueron los retratados e indica la época de cómo eran y quiénes eran.

Firmado y fechado en 1837 una de sus primeras miniaturas -la del coronel Maza- se percibe la identidad perfecta del modelo, le siguen en calidad y tonalidad la de Rosas y de Quiroga, al paso que retrata es un buen bocetista, los dibujos del general Juan Bautista Bustos, la quinta de Estrada, la iglesia de la Villa de Luján, la campaña de Pergamino, etc., le acreditan en Buenos Aires y el interior del país.

Pero el genio del pincel de FERNANDO GARCIA DEL MOLINO está en la pintura del caballete en óleos de dimensiones diversas que lo destacan como el “Pintor de la Federación”, como bien se le llama en las esferas del arte pictórico. ya que caracteriza la época y sella sus cuadros estampando la leyenda ”F. ó M.”, “Vivan los Federales” — ¡”Mueran los Salvajes Asquerosos Unitarios!”; pintor oficial de San Benito de Palermo contaba con el beneplácito de su protector y mecenas artístico don Juan Manuel de Roses, de ahí su vastísima producción de retratista v de sus más de 150 cuadros se destacan: Rosas (en variadas poses), Manuelita, María Josefa Ezcurra, Dr. del Arca, Agustina Rosas de Mansilla, Dolores Lacasa, Juan Moreno (Jefe de Policía), coronel Joaquín Hidalgo, doña Encarnación Ezcurra de Rosas, Carlos Morel, José Félix Aldao, etc.

A la caída de su protector y admirador contaba FERNANDO GARCIA DEL MOLINO, escasos 40 años, y está en la virilidad artística y después... nada de él, su rastro se diluye, es que como a tantos se terminó el tema creativo, los hombres y las cosas, ya que no son los tiempos de Rosas, pero nos dejó el testimonio visual de sus cuadros que reflejan una época, una vida, una sociedad.

Alberto A. Mondragón

viernes, 1 de septiembre de 2017

Un cuadro y su autor, Fernando García del Molino

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XI N° 44 - Setiembre 2017 - Pag. 11 

Un cuadro y su autor, Fernando García del Molino

por Norberto Jorge Chiviló

Carlos Morel
Fernando García del Molino, pintado por Carlos Morel

La pintura que ilustra la página 1 de este periódico, obra del pintor Fernando García del Molino hecho en 1851, representa a un Rosas imponente, de cuerpo entero, erguido, en actitud gallarda y majestuosa, con su espada desenvainada. A su derecha una sólida columna y su pedestal, con diversas inscripciones. 
En el retrato, Rosas, cuyo rostro transmite tranquilidad, luce el uniforme de Brigadier General, la banda roja atributo de su cargo de gobernador cruza su pecho, ostenta también la medalla que le fue obsequiada con motivo de la Campaña del Desierto, junto a la divisa federal, con las consabidas leyendas partidarias y en su mano derecha empuña su espada.
La parte superior de la sólida columna tiene el escudo nacional, y debajo están escritos los nombres de todas las provincias argentinas: “Buenos Aires. Santa Fé. Entre Ríos. Corrientes. San Luis. Catamarca. Rioja. Santiago. Tucumán. Salta. Jujui. San Juan. Mendoza. Córdova. Paraguay. Tarija.”, ello representa el apoyo que el Restaurador tiene de toda la Nación.
Debemos aclarar que si bien en aquella época el Paraguay había declarado su independencia, ella no había sido reconocida por el gobierno argentino, quien seguía considerándola como una provincia argentina. En cuanto a Tarija, parte integrante del ex Virreinato del Río de la Plata, incorporada a Bolivia, estaba en disputa con la república hermana.
En una de las caras del importante pedestal, frente a quien observa el retrato está escrita esta frase: “La Confederación Argentina es, y será independiente y libre por la razón ó la fuerza”, que refleja el pensamiento político del retratado y los principios fundamentales de su gobierno. La espada desenvainada y empuñada por Rosas está orientada hacia esa parte del pedestal, representa la intención de defender aquellos principios: la independencia y libertad de nuestra patria.
En la cara lateral se encuentra la infaltable leyenda de "Mueran los salvages unitarios". 
Apoyado sobre el pedestal, un escudo que dice: "Al Eminente Republicano al Salvador de la Yndependencia de la Confederacion Argentina Ciudadano Brigadier, Don Juan Manuel de Rosas, Los representantes de la provincia de Bue.os  Ayr. s  en 1851". Al fondo se observan escenas de batallas e inscripciones referidas al Tratado del Litoral de 1831, Tratados de Paz con Gran Bretaña entre otros.
Evidentemente la pintura fue encargada por la Sala de Representantes para obsequiársela al Restaurador y como muestra de la adhesión de ese Cuerpo legislativo frente al pronunciamiento de Urquiza. En ella se resaltan los principios políticos y las firmes convicciones del homenajeado, como así sus logros en los campos de batalla y en el terreno diplomático.
En cuanto al autor, García del Molino, podemos decir que nació en Chile en 1813, pero con sus padres se trasladó a Buenos Aires aproximadamente en 1820, por lo que es considerado como pintor argentino, porque fue en nuestro país, donde desarrolló toda su labor artística.
Desde muy joven mostró su inclinación por el arte, el que estudió en la Universidad de Buenos Aires. A los 25 años ya era un pintor conocido y famoso.
Su mayor producción artística la realizó durante el período rosista, retratando al Restaurador y a miembros de su familia, como a su esposa Encarnación y a su hija Manuelita, a su hermana Agustina Rozas de Mansilla y a su cuñada María Josefa Ezcurra y también a personajes importantes como Facundo Quiroga (ver ilustración en este mismo número) y al fraile José Félix Aldao, entre otros. También retrató a su amigo Carlos Morel -otro pintor famoso- y a distintos personajes de la élite de la sociedad porteña de la época. 
Fue una especie de pintor oficial y asiduo concurrente a la residencia de Rosas en Palermo. Es considerado uno de los principales pintores argentinos de aquella época y considerado como "pintor federal", "pintor de Rosas", "pintor de la federación".
Visitó a Rosas en su exilio en Southampton, donde lo retrató de perfil, ya en la ancianidad. 
Falleció en Buenos Aires en 1899.
Su obra se caracteriza por ser detallista, con una buena captación de los rostros, sumado al contraste de colores y refleja la moda de aquella época. No solo pintó cuadros de importantes dimensiones, sino que también fue un gran miniaturista ya que parte de su obra se vió plasmada en pequeños retratos pintados sobre marfil o madera a fin de poder ser transportados.
Muchos de los retratos que hizo durante esa época, en las que se muestran a las mujeres con moños punzó y a los hombres con la divisa federal, después de la batalla de Caseros, y con el cambio de los tiempos, fueron retocados por otros pintores, para disimular aquellos moños y esas divisas.

domingo, 1 de junio de 2008

Los escritores - Juan Bautista Alberdi - La República Argentina 37 años después de su revolución de Mayo

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año II N° 7 - Junio 2008 - Pags. 6 y 7 


  Los escritores - Juan Bautista Alberdi

La República Argentina 37 años después de su Revolución de Mayo

En el texto transcripto a continuación y para facilitar su lectura no se ha respetado literalmente al  original (En el original de la obra aparecen las palabras “Arjentina”, “arjentino”, “estranjero”, “soi”, etc.)

La obra completa en su redacción original, se puede leer en la página web de la Biblioteca Nacional: www.bibnal.edu.ar/webpub/digital.asp


Hoy más que nunca, el que ha nacido en el hermoso país situado entre la Cordillera de los Andes y el Río de la Plata, tiene derecho a exclamar con orgullo: soy argentino

En el suelo extranjero en que resido, no como proscripto, pues he salido de mi patria según sus leyes, sino por franca y libre elección, como puede residir un inglés o un francés alejado de su país por conveniencia propia; en el lindo país que me hospeda y que tantos goces brinda al que es de fuera; sin agravio a su bandera, beso con amor los colores argentinos y me siento vano al verles más ufanos y dignos que nunca.

La verdad sea dicha sin mengua de nadie: los colores del Río de la Plata no han conocido la derrota ni la defección. En las manos de Rosas o de Lavalle, cuando no han patrocinado la victoria, han presidido a la libertad. Si alguna vez han caído en el polvo, ha sido ante ellos propios: en guerra de familia, nunca a la planta de extranjero.

Guarden, pues, sus lágrimas los generosos llorones de nuestras desgracias; que a pesar de ellas, ningún pueblo de esta parte del Continente tiene derecho a tributarnos piedad.

La República Argentina no tiene un hombre, un suceso, una caída, una victoria, un acierto, un extravío en su vida de nación, de que deba sentirse avergonzada. Todos los reproches, menos el de villanía. Nos viene este derecho de la sangre que corre en nuestras venas; es la Castellana; es la del Cid, la de Pelayo.

Lleno de efusión patriótica y poseído de esa imparcialidad que da el sentimiento puro del propio nacionalismo, quiero abrazarlos todos y encerrarlos en un cuadro; cegado alguna vez, del espíritu de partido, he dicho cosas que han podido halagar el oído de los celos rivales; que me oigan ellos hoy algo que no les parecerá tan halagüeño ¿no habrá disculpa para el egoísmo de mi patriotismo local, cuando la parcialidad a favor del propio suelo es un derecho de todos?

…Rosas no es un simple tirano a mis ojos. Si en su mano hay una vara sangrienta de hierro, también veo en su cabeza la escarapela de Belgrano. No me ciega tanto el amor de partido para no conocer lo que es Rosas, bajo ciertos aspectos.

Sé, por ejemplo, que Simón Bolívar no ocupó tanto el mundo con su nombre, como el actual Gobernador de Buenos Aires.

Sé que el nombre de Washington es adorado en el mundo, pero no más conocido que el de Rosas.

Los Estados Unidos, a pesar de su celebridad, no tienen hoy un hombre público más espectable que el general Rosas. Se habla de él popularmente de un cabo a otro de América, sin haber hecho tanto como Cristóbal Colón. Se le conoce en el interior de Europa, más o menos como a un hombre visible de Francia o Inglaterra; y no hay lugar en el mundo donde no sea conocido su nombre, porque no hay uno a donde no llegue la prensa inglesa y francesa, que hace diez años le repiten día por día. ¿Qué orador, qué escritor célebre del siglo XIX no le ha nombrado, no ha hablado de él muchas veces? Guizot, Thiers, O’Conell, Lamartine, Palmerston, Aberdeen ¿cuál es la celebridad parlamentaria de esta época que no se haya ocupado de él, hablando a la faz de Europa?

…Así yo diré con toda sinceridad una cosa que considero consecuente con lo que dejo expuesto: Si se perdiesen los títulos de Rosas a la nacionalidad argentina, yo contribuiría con un sacrificio no pequeño al logro de su rescate. Me es más fácil declarar que explicar el motivo porqué me complazco en pensar que Rosas pertenece al Río de la Plata.

Pero, cuando hablando así, se nombra a Rosas, se habla de un general argentino, se habla de un hombre del Plata, o más propiamente, se habla de la República Argentina. Hablar de la espectabilidad de Rosas, es hablar de la espectabilidad del país que representa. Rosas no es una entidad que pueda concebirse en abstracto y sin relación al pueblo que gobierna. Como todos los hombres notables, el desarrollo extraordinario de su carácter, supone el de la sociedad a que pertenece. Rosas y la República Argentina son dos entidades que se suponen mutuamente: él es lo que es, porque es argentino; su elevación supone la de su país; el temple de su voluntad, la firmeza de su genio, la energía de su inteligencia, no son rasgos suyos, sino del pueblo, que él refleja en su persona. La idea de un Rosas boliviano o ecuatoriano, es un absurdo. Solo el Plata podía dar por hoy, un hombre que haya hecho lo que Rosas. Un hombre fuerte supone siempre otros muchos de igual temple a su alrededor. Con un ejército de ovejas, un león a su cabeza sería hecho prisionero por un solo cazador.

Suprimid Buenos Aires, y sus masas, y sus innumerables hombres de capacidad, y no tendréis Rosas…

Rosas, óleo de Fernando García del Molino.
Museo Histórico Nacional