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lunes, 8 de marzo de 2021

Expediciones científicas en las costas del sur

LAS EXPEDICIONES GEOGRAFICAS Y CIENTIFICAS DE LAS POTENCIAS EXTRANJERAS A NUESTRAS COSTAS EN EL SIGLO XIX.

EL INTERES GEOPOLITICO DE LAS NACIONES EUROPEAS POR NUESTRO TERRITORIO.

                                                                por el Dr. Guillermo M. Masciotra

 

El territorio patrio además de haber soportado las invasiones punitivas inglesas y lusitanas, fue también explorado y relevado por embarcaciones de diversas banderas con variados fines.

 

LOS ANTECEDENTES.

Presencia de marinos franceses: Luis Claudio de Freycinet entre los años 1817 y 1820 en el Río de la Plata ,con la corbeta Uranie visitaron además Malvinas, Tierra del Fuego y el Cabo de Hornos.

Luego de recoger valioso material de estudio regresaron a El Havre, previo a reponer la pérdida de la corbeta por una nueva embarcación adquirida en la isla Soledad.

Jacinto de Boungainville, ingresó por el Pacífico con la fragata Thetis en 1826, y visitó nuestro litoral marítimo, este marino era descendiente del célebre navegante Juan A. de Boungainville que en 1776 llegara hasta la Antártida.

Luis Duperrey, en 1822 estuvo también en Malvinas, y siguió viaje al Pacífico, era veterano de la Expedición Freycinet en 1817.

Al mando de la fragata Artemise en 1840, Pedro Teodoro Laplace, ingresó al Atlántico luego de recorrer el Océano Indico.

Presencia rusa: en 1816 el marino ruso O.E. Kotzebue regresa por el Cabo de Hornos, de su viaje con el navío Rurik por el Pacífico. En 1817 dos corbetas rusas denominadas Vostok y Mirny visitaron las Islas Georgias, Shetland y Sandwich del Sur, provenientes de Australia, llegaron al mando de un brillante marino el Barón Fabian de Bellingshausen, exploraron hasta la Antártida, regresando luego de tres años a Rusia por el Mar Báltico.

Un capítulo aparte lo constituyen la expediciones que armaban las empresas pesqueras y loberas que efectúan investigaciones en los ricos bancos del Atlántico Sur y sus costas, entre los que se pueden mencionar los viajes de los ingleses James Wedell y George Powell y el norteamericano N. Brown Palmar. Un trabajo muy importante fue realizado por el Capitán Henry Foster, oficial inglés, posiblemente con paga media o total de la Armada Británica y contratado por empresas loberas para investigaciones científicas como muchos marinos en esa época.

Como podemos ver los motivos de los reconocimientos eran diversos, los minerales, la botánica, la geografía y la cartografía, nuevas rutas marítimas, la fauna ictícola, las pieles, la aventura marítima y por supuesto la búsqueda de territorios sin ocupar para calificarlos res nullius y proceder eventualmente a su ocupación.

 

LAS DOS EXPEDICIONES HIDROGRÁFICAS INGLESAS (1826-1830 y 1831-1836)

Primera Expedición. Ambos eventos fueron concebidos por opinión de la Real Sociedad Geográfica de Londres y organizados por el Consejo de Almirantes, que en 1825 dispuso la preparación de dos embarcaciones, con el mejor equipamiento de velamen, comodidades interiores notables y el mejor instrumental de esa época.

Las naves fueron tripuladas por excelentes y experimentadas dotaciones, que incluían cirujanos, contadores, botánicos y numerosos oficiales para desempeñarse en la función de pilotos e hidrógrafos.

El detalle de las instrucciones entregadas por el Almirantazgo, demuestran claramente la intención de realizar un completo y eficaz relevamiento con miras sin dudas para ocupar los territorios australes argentinos. Se instruía explorar y relevar la costa austral del continente americano desde el Cabo San Antonio en la desembocadura del Río de la Plata, incluida la Tierra del Fuego hasta la isla de Chiloé en el Océano Pacífico.

Además se comisionó a la Estación Naval de Río de Janeiro de colaborar en lo que pudieran requerir los comandantes de ambas embarcaciones. Fueron sin duda las expediciones hidrográficas más importantes y extensas que se hubieran planificado.

Partieron de la rada del Puerto de Plymouth en 1826, el Adventure de 330 toneladas al mando del Capitán Phillip Parker King y el Beagle de 225 toneladas comandado por el Capitán Pringles Stokes. Simultáneamente operó el Capitán Foster en forma independiente con la pequeña nave Chanticleer visitando la Isla de los Estados, la Tierra del Fuego y el Cabo de Hornos. La navegación de la expedición llega al estrecho de Magallanes, recoge muestras de los grandes árboles, minerales, aves y peces. Fuertes temporales debieron afrontar las naves, que agotan las tripulaciones y obligan a continuas reparaciones.

HMS Beagle
Robert Fitz Roy
El comandante del Beagle, se suicida en Puerto Hambre agobiado por las privaciones y dificultades. Asume el Capitán Roberto Fitz Roy, de escasos 25 años de edad, altamente profesional y de profunda religiosidad. Continúa con la expedición en el mando del Beagle. Reabastecidos en Montevideo vuelven las naves al Estrecho de Magallanes, en convoy con una nueva nave el Adelaide, y en 1829, llega el Beagle a la isla Chiloé y en 1830 inspecciona la Tierra del Fuego. Fitz Roy recorre sus costas y trata con los primitivos habitantes, onas y yaganes son visitados, se consolida así una sociabilidad que concluye en el embarque y viaje de cuatro yaganes a Inglaterra, con la promesa de retornarlos instruidos.

Esta Primera Expedición regresa a Inglaterra en 1830, destacando que a su llegada el resultado muestra la brillante actuación de Fitz Roy, a pesar de no recibir el reconocimiento inmediato.

Segunda Expedición.

El capitán Fitz Roy deseaba volver a explorar el Atlántico Sur y el Pacífico Sur, entre otros motivos porque deseaba devolver a los 4 fueguinos a su tierra natal, mucho le costó convencer al Consejo de Almirantes para conseguir naves, recursos y tripulaciones. Finalmente los intereses de la Real Sociedad Geográfica contribuyeron al visto bueno y se ordenó alistar nuevamente el Beagle, que fue reforzado en su casco y arboladura al máximo y dotado de pararrayos, magnetómetros, once cronómetros, sondas, anclas de repuesto y ocho botes. La tripulación era en su mayoría veterana de la anterior travesía, incrementada por hidrógrafo, catequista, ayudante de cirujano y la muy importante presencia del naturalista Carlos Darwin, lo que refleja el interés británico por nuestros territorios.

Las instrucciones son aún mas precisas que las anteriores de 1826,desde el Cabo San Antonio hasta la Tierra del Fuego y la costa del Estrecho de Magallanes, los canales e islas fueguinos deben ser objeto de investigaciones geológicas, magnéticas, botánicas y meteorológicas. En el diario de a bordo se consigna la visita a Punta Médanos, Monte Hermoso, Bahía Blanca, incluida la Fortaleza Protectora Argentina, la desembocadura de los ríos Negro y Colorado, Carmen de Patagones, Puerto Deseado, Malvinas y Golfo Nuevo, recogiendo materiales, plantas, maderas, y todo otro dato útil para el conocimiento del territorio que se explora.

Quedaba en claro que el sentido de la información era de valor estratégico, por encima del valor científico sobrevolaba la idea de controlar las vías de comunicación marítima y sus costas.

HMS Beagle
Charles Darwin

El desembarco de Carlos Darwin para recorrer la pampa argentina, no es un hecho aislado, lo hace acompañado del marino inglés James Harris, oficial integrante de la experimentada plana mayor de la fragata La Argentina al mando de Hipólito Bouchard, y comandante del bergantín Hijo de Julio en la guerra con el Imperio, que conoce muy bien el Rio de la Plata, con sus canales costas y bancos, y había sido integrante de la defensa y victoria de las armas argentinas en el Combate de Carmen de Patagones contra las tropas y naves imperiales en 1827.

Juan Manuel de Rosas recibe la visita de la comitiva procedente de la Fortaleza Protectora Argentina que encabeza el sabio naturalista, exhibe las cartas de presentación firmadas por el Ministro Felipe Arana, en Buenos Aires y permanece dos días en el campamento de Médano Redondo junto al Río Colorado. Interesado en viajar por tierra a Buenos Aires y tal vez a Santa Fe, recibe escolta, salvoconducto y baqueanos que lo acompañan por instrucciones del Gral. Rosas. Recorre Punta Alta y Monte Hermoso, Sierra de la Ventana, Tapalqué, Guardia del Monte, y en Buenos Aires embarca y navega por el Río Paraná hasta Santa Fe.

Halla fósiles en las costas, investiga las especies zoológicas y luego vuelve a la Argentina desde Chile por el Paso de Potrerillos, visita Mendoza y vuelve a cruzar la Cordillera de los Andes por el legendario Paso de Uspallata. En su diario particular Charles Darwin registra todas sus observaciones y descubrimientos, científicos y geográficos, de este viaje.

La Segunda Expedición Inglesa, siempre al mando de Fitz Roy, aprovecha tener que reparar al Beagle en la desembocadura del Río Santa Cruz, para efectuar con tres balleneras una profunda navegación por ese cause fluvial rumbo al Oeste, navegando a vela cuando se podía o a la sirga, alcanzando las estribaciones de la Cordillera de los Andes, incluso al ser imposible navegar por el escaso calado continúan Fitz Roy y Darwin por tierra acompañados de treinta hombres.

El Beagle en Santa Cruz
Reparación del HMS Beagle en el río Santa Cruz


Esta penetración y exploración interior denota claramente que las Expediciones no tenían solamente un fin altruista y científico, regresando a la nave que se había reparado maravillados por la visión de los Andes que se le presentaba.

Cuando la Segunda Expedición ingresa al Océano Pacífico recorre Chile central, isla de Chiloé, Valparaíso, Valdivia y la isla de Pascua, visita en 1835 las Islas Galápagos, Tahití y Nueva Zelandia, y para 1835, isla Mauricio Tasmania, Sydney, Islas Kesling, posteriormente Cabo de la Buena Esperanza, las Azores, las Islas de Cabo Verde y la isla Ascensión previo a su regreso a Gran Bretaña.


LA EXPEDICION DESCALZI (1833/1834) - LA EXPLORACIÓN DE LOS RÍOS NEGRO Y COLORADO 

La Campaña del Desierto que organizara Juan Manuel de Rosas en 1833 para asegurar las fronteras, llevar la autoridad nacional a los territorios patagónicos y principalmente cortar la ruta de los Manzanos, por donde las bandas de los Pincheira, los restos de las fuerzas de Benavídez y otros fugitivos realistas ,junto a tribus hostiles trasandinas, asociados con algunos desertores y derrotados unitarios que se refugiaban en las tolderías transportaban el ganado y bienes producto de los malones y saqueos al otro lado de los Andes no fue solamente un avance terrestre ,por el contrario tuvo su acompañamiento marítimo y fluvial en la Expedición Descalzi.(Recomendamos la lectura de EL RESTAURADOR N° 9,donde se describe la expedición fluvial de 1833-1834).

Este capítulo de afirmación de la soberanía nacional, se ve reflejado en la intensa actividad del Departamento de Topografía de la Provincia de Buenos Aires, que en 1833 publica la Carta Corográfica con el detalle geográfico hasta el Río Negro. Entre 1836 y 1840 el mencionado organismo edita las nuevas cartas que serán luego base de las ediciones de los libros del geógrafo inglés James Parish. El plano carta que publica el geógrafo británico con el detalle catastral de las propiedades de la Provincia de Buenos Aires en 1840, fue incluso copiado y publicado en Londres, por la principal editora de atlas geográficos del viejo continente.

El mismo Departamento de Topografía, publica en abril de 1837 la carta geográfica con los descubrimientos de la Expedición Descalzi y el relevamiento terrestre que acompañó el avance de las tropas al mando del General Ángel Pacheco, comprendiendo desde el Atlántico a la Cordillera de los Andes desde la latitud de 34 grados hasta el paralelo de 41 grados.

 

LA DEFENSA DE LA SOBERANÍA NACIONAL - EL INTERÉS GEOPOLÍTICO DE LONDRES Y PARÍS

La década de 1830, en el Río de la Plata es el escenario que ha elegido también Francia para repetir sus incursiones punitivas en Argel ,México, Haití y Guayana ,de la mano de Luis Felipe replica el expansionismo napoleónico y se introduce en contiendas ajenas. Encuentra en el mariscal Andrés de Santa Cruz y en el General Fructuoso Rivera a los personajes ideales para complotar primero y luego atacar a la Confederación Argentina, por supuesto también con la colaboración intelectual y material fría, seca y retaceada de algunos unitarios.

La Guerra con la Confederación Peruano Boliviana que desea anexar a nuestras provincias de Salta y Jujuy con el pretexto que Juan Manuel de Rosas pretendía recrear un imperio argentino, es una muestra del intento de segregar parte del territorio nacional.

.El Palacio de Tullerías siempre presto para impulsar nuevas conquistas buscaba la complicidad de socios locales también dispuestos a traicionar a su Patria, no vacilaba en crear problemas, incidentes y entredichos para posicionarse como potencia colonial. (ver EL RESTAURADOR N°8)

Muy bien lo advierte Rosas, que en la carta a Estanislao López del 21 de julio de 1836, (reproducida en el TOMO III de Vida Política de Juan Manuel de Rosas escrita por Julio Irazusta) relata la conducta de Fructuoso Rivera con los franceses, la vinculación que se deseaba establecer entre la Confederación Peruano Boliviana y el oscuro jefe del Partido Colorado. La estación marítima francesa al mando del Almirante Leblanc bloquea Buenos Aires y el Río de la Plata para atacar a la Confederación Argentina.

Indudablemente las dos expediciones inglesas relatadas superan ampliamente a las restantes y anteriores expediciones, el Beagle (de magnifica construcción, de 225 toneladas y armado de 6 cañones) y el Adventure (importante velero de 330 toneladas) eran navíos soberbiamente preparados ,equipados y aptos para navegar en altas latitudes, que además embarcaban tropas de marinería y en conjunto poseían la cifra de 21 cronómetros y varios microscopios instrumental impensado para ese momento, y con el aporte de un “sabio“ de los quilates de Darwin, a bordo .

La información y muestras de minerales, botánica, de las temperaturas y fauna zoológica recopilada demuestra el evidente interés por nuestro suelo y el valor estratégico que revestía en ese momento. Además repasando los lugares que visitó y que se citan más arriba, son puntos geográficos estratégicos, convertidos en el siglo XX, algunos de ellos en bases aeronavales y otros en campos de la experimentación nuclear y centinelas de las rutas aéreas y marítimas.

Para completar el alto nivel de conocimiento que recogió en especial la segunda expedición inglesa se resumen en el testimonio de Charles Darwin quien años más tarde manifiesta: el viaje del Beagle, ha sido la experiencia más importante de mi vida y ha determinado mi carrera.

 

OPINIÓN DE TOMAS GUIDO SOBRE LAS EXPEDICIONES INGLESAS.

“El lancero de San Martín”, embajador argentino en Río de Janeiro en carta dirigida en 1844 a Carlos María de Alvear, su par en Nueva York advierte: Muy poca vista tiene quién no descubre en el fondo de las expediciones explorativas sobre las costas del sur de la República Argentina, la base de un plan de ocupación de la zona despoblada del Sur del Río Negro.

 

Bibliografía:

Historia Marítima Argentina. Depto Estudios Historicos Navales.

Vida Política de Juan Manuel de Rosas. Julio Irazusta.

Tomás Guido. Hugo Galmarini.

 

Recomendamos las siguientes obras para ampliar el tema e interpretar la velada amenaza que sobrevolaba los territorios australes argentinos:

Darwin en la Tierra del Fuego. Edit. Emece

Los Viajes del Beagle y el Adventure, narración y traducción en cuatro tomos de Teodoro Caillet-Bois.

La Primera Expedición Hidrográfica y la Segunda Expedición Hidrográfica Inglesa, ambos textos de Rodolfo Poletti.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Álvaro José de Alzogaray

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XIII N° 52 - Setiembre 2019 - Pags. 1 a 3 

Homenaje y reconocimiento al Coronel de Marina Álvaro José de Alzogaray al cumplirse los 210 años de su nacimiento y 140 años de su fallecimiento

                                                                                                                Por el Doctor Guillermo M. Masciotra

Guerra del Paraná
Álvaro José de Alzogaray


Nacido en la ciudad de Santa Fe (Virreinato del Río de la Plata), el 19 de enero de 1809, hijo de Francisco de Alzogaray y Mercedes Echagüe, Álvaro José se crió en una familia criolla que rápidamente tomó partido por los ideales de Mayo, ya que los Echagüe familiares de su madre fueron entusiastas defensores de la causa patriota. De sólida educación en su niñez, estudió idiomas y ciencias físicas y matemáticas en su ciudad natal. 

Con tan solo 16 años se enroló en la incipiente marina de guerra que se armaba a las órdenes del Almirante Guillermo Brown, para enfrentar a la poderosa escuadra del Imperio de Brasil.

Su vocación de servicio, amplia cultura y espíritu guerrero seguramente heredados de los Echagüe lo colocan en la posición de ayudante secretario del bravo irlandés y desde ese puesto en el puente de la nave insignia participa en el Combate de Los Pozos, La Colonia, Quilmes y Monte Santiago y las gloriosas jornadas de El Juncal. Durante casi tres años es quien lleva el Libro Diario de Operaciones de la Escuadra Republicana recopilando todos los detalles y siendo testigo de las maniobras y combates en el Río de la Plata. 

Junto a marinos como Espora, Rosales, Drumond, Parker, Bathurs, Granville, Fournier, Thorne, entre otros, fue parte de esa generación que se formaba con Brown para defender a la Patria en el mar. 

Finalizado el conflicto con Brasil realiza hasta 1831 tareas de agente naval llevando pertrechos hasta Fortaleza Argentina (actual Bahía Blanca) comandando la polacra Estela Matutina. A partir de ese año y hasta 1840 ocupa el puesto de Comandante de Milicias.

En 1840 nuevamente es convocado por Brown, que a solicitud de Juan Manuel de Rosas otra vez debe armar de la nada una escuadrilla para disputar el dominio del río de la Plata a las fuerzas orientales coloradas riveristas, que operaban desde Montevideo. 

Participa de los Combates del Canal Santa Lucía, donde logra abordar y apresar en 1841 al Bergantín Cagancha que pasa a integrar la flota de la Confederación Argentina con el nombre de Echagüe, pelea en la defensa de Maldonado con una brillante actuación (1) y participa incluso en el incidente con el buque de estación francés Arethuse. Nuevamente y como había ocurrido años antes, es uno de los marinos que al lado de Guillermo Brown demostró mucha valentía y alta profesionalidad en el empleo de las naves y armas durante esta gesta que culmina con la derrota de la fuerza naval riverista al mando de Juan Coe, antiguo subordinado de Brown.

En 1844 asume el mando del Bergantín Estrella del Sur y en febrero de 1845 el mando de la Goleta Maipú, adquirida en EE UU, cuya artillería fue repotenciada por él, siendo la madrina de bautismo de la nave la Señorita Manuela Robustiana Rosas. 

Vive Alzogaray con dolor el robo anglo francés de la escuadra en Montevideo. Llegan los acontecimientos en 1845 del bloqueo anglo francés y la expedición invasora al río Paraná con la página de Vuelta de Obligado  donde una vez más su brillante actuación, se resume en el parte del Gral. Mansilla: “El comandante de la Batería El Restaurador, Don Álvaro José de Alzogaray es digno del renombre de intrépido y sereno guerrero”.

El 19 de abril de 1846, Alzogaray tuvo destacada actuación en la recuperación del Pailebote Federal (2) nave identificada como la más veloz del Plata de 115 toneladas de desplazamiento que había sido capturada por los ingleses en Obligado y bajo ese pabellón rebautizada Vuelta de Obligado. Esta nave por sus características fue destinada para el envío de correspondencia. En su viaje de regreso desde Corrientes hacia Montevideo, quedó varada cerca del Paso del Quebracho y allí es atacada desde la costa por la artillería argentina al mando de Alzogaray. Unos certeros cañonazos que dan en la nave provocaron que sus tripulantes la abandonaran precipitadamente, dejando pertrechos, banderas y documentación. Con cuatro lanchones de marinería se aborda la embarcación y así se produce su captura y él mismo efectúa el cambio de pabellón, repara el pailebote nombrado, lo zafa de la varadura y lo navega hasta Puerto San Lorenzo, donde retira el poderoso cañón de 18 libras con que lo habían dotado los ingleses para ser colocado en la Batería instalada en San Lorenzo. 

Vapor La Merced
Vapor de guerra La Merced. Acuarela sobre papel de J.R. Silveyra (c. 1851) 

A fines de 1846 es designado Comandante del Cuartel Divisionario del Departamento del Norte, y en 1848 sus antecedentes de marino y técnico naval hacen que el gobierno de la Confederación Argentina le confíe el mando del Merced (3), primera embarcación a vapor de la Escuadra de la Confederación, que debe reparar y armar en el varadero del Río Luján en Tigre. Permanece bajo su mando por dos años siempre en reparaciones y pruebas de navegación hasta que lo sorprende la Batalla de Caseros. El haber sido leal a Rosas ante el Pronunciamiento de Urquiza, significó que después de esa batalla se le diera de baja, al igual que a la mayoría de los marinos al servicio de la Confederación Argentina, como Thorne, Py, Laserre, Maurice, Craig, Fourmantín, Cabassa, Pinedo, Mariano y Bartolomé Cordero entre otros por haber asumido idéntica posición. 

Su vasta actuación naval, lealtad a la Patria y formación técnica hacen que sea reincorporado a fines de 1853, pero sin mando ocupando un cargo en el Correo de la Provincia de Santa Fe.

Posteriormente separada Buenos Aires de la Confederación en 1861 lo convoca el Gral. Urquiza para organizar el Parque de Artillería. 

Era claro que su servicio e idoneidad profesional eran indispensables para la Guerra de la Triple Alianza y nuevamente es llamado a prestar servicios en la organización de las tropas de artillería en Corrientes. 

A su fallecimiento ocurrido el 31 de julio de 1879, mientras se desempeñaba como Inspector General de la Armada Argentina, cargo para el que había sido nombrado en 1875 y con el grado de coronel de marina, se cierra una amplia foja de servicios que se había iniciado en 1826, quedando para el recuerdo su personalidad legendaria, formada en la Guerra contra el Imperio y consolidada en las campañas contra Coe, los riveristas y los bloqueos contra la Confederación Argentina, siendo uno de los nombres insignes que tuvieron al Alte. Brown como guía y se cubrieron de gloria y honor en defensa de la Soberanía Nacional.

En el sepelio, el Dr. Ángel Justiniano Carranza, se refirió al fallecido marino recordando a los “muchos servicios prestados por Alzogaray a la República, a sus jóvenes años formándose al lado del arquetipo insuperable que era el gran Almirante… su sentido de la responsabilidad y del deber… las virtudes morales, su educación y su valor”. 

Alzogaray, fue víctima de una injusta acusación originada en los círculos unitarios de Montevideo y velozmente fue receptada por algunos intrigantes locales acusándolo que cuando en 1840 nuevamente se incorpora a las órdenes de Guillermo Brown, lo hace para vigilar al bravo irlandés y ser un controlador de su conducta e informar de la mínima defección a Rosas.

Nada más lejano a la realidad que lo expuesto. Se pueden dar varias razones:

Una de ellas. Cuando Brown convocó nuevamente a Alzogaray, lo hizo en consideración a la idoneidad y confianza que le mereció su subordinado como su Ayudante de Órdenes y Secretario, durante los tres años que duró la guerra contra el Brasil (1826 a 1829).

Brown recibió muchas críticas por su colaboración con el gobierno de Rosas, pero siempre manifestó que independientemente de quien detentara el poder, su actitud siempre sería la de defender el pabellón nacional. Su leal actitud, nunca generó dudas. Además Rosas sentía gran aprecio hacia el Almirante a quien llamaba cariñosamente “Bruno” en vez de Brown.

Por último, se puede afirmar que Alzogaray siempre fue un correctísimo oficial ayudante y leal a su comandante y a la Patria. Nunca mencionó o siquiera hizo la menor alusión de que debía controlar el desempeño de su superior e informar a Rosas.

Se sabía que sus restos mortales descansaban en una bóveda del cementerio de la Chacarita, pero se desconocía en cual, pues ninguna tenía una placa con esa mención. 

Merced a la colaboración de los Jóvenes Revisionistas del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas y la Agrupación Patricios de Vuelta de Obligado se pudo ubicar en los archivos del Cementerio citado, su lugar de sepultura. Se inicia así un programa de gestiones ante descendientes del marino, autoridades navales y del Gobierno de la Ciudad para su traslado al Cementerio de la Recoleta a la bóveda de la familia Alsogaray, en un acto que se realizó el 2 de agosto de 2014 donde se le rinde un justo y sentido homenaje de reconocimiento con la presencia de tropas de marinería, ofrendas florales, discursos y descubrimiento de placas recordatorias.

Es necesario destacar que siempre cumplió con la misión de actuar como eficiente secretario y ayudante de órdenes del Almirante Brown. Sus extendidos y detallados informes son fuente de consulta de los historiadores que desean conocer al mínimo detalle las campañas navales argentinas, sus naves y tripulantes a partir de 1825.

En el Archivo Histórico de Montevideo se encuentra el Libro Diario de Operaciones de la Escuadra Republicana, que es una recopilación diaria de las operaciones navales en la guerra contra el Imperio y en el Archivo General de la Nación de nuestro país está toda la documentación relativa a los bloqueos colonialistas y la Guerra del Paraná entre otros, que comprende el período de 1840 hasta 1879, es decir hasta su fallecimiento.


Notas

(1) En diciembre de 1841, el pueblo y puerto de Maldonado ubicado en el Uruguay, sobre las costas del arroyo del mismo nombre, próximo a su desembocadura en el océano Atlántico, había sido ocupado por las fuerzas riveristas con apoyo de unitarios argentinos, con la intención de quebrar el bloqueo que la escuadra argentina ejercía sobre Montevideo.

El 3 de enero de 1844, Alzogaray, secundado por Bathurst y al frente de 50 hombres de infantería del Batallón Libertad de las fuerzas de Manuel Oribe, mediante una acción terrestre, desaloja a las tropas enemigas, recupera el pueblo y lo fortifica ante el avance de fuerzas coloradas al mando del coronel Fortunato Silva.

El 17 de dicho mes Silva al frente de una fuerza compuesta por 400 soldados, intima de rendición al marino argentino, quien en ese momento contaba con los 50 hombres de infantería ya mencionados a los que se les habían agregado 20 efectivos de marinería.

Alzogaray, no solo rechaza la intimación, manifestándole a su contrario “Que un oficial argentino muere con los valientes a su cargo, pero no se rinde”, sino que en inferioridad de condiciones lo enfrenta en un combate que dura 8 horas, sin perder terreno, logrando que la fuerza enemiga se retire, en previsión de la llegada de fuerzas en auxilio del jefe argentino.

Esta valerosa acción le valió un nuevo reconocimiento a su valor y capacidad de mando. 

(2) El pailebote Federal, era una nave de construcción española, muy similar a una goleta de silueta muy fina, de solamente 3 mts. de manga y una eslora de 28 mts., con un desplazamiento de 115 toneladas. Se la identificaba como la más veloz del Plata y fue adquirida en 1844 para ser destinada al traslado de los Prácticos que auxiliaban a las naves en el pilotaje en el Río de la Plata. Luego de su recuperación por Alzogaray y nuevamente bajo pabellón argentino y con el nombre Federal su mando es ejercido hasta 1848 por el Capitán Santiago Maurice, otro marino veterano de Vuelta de Obligado y la Guerra del Paraná, integra la Escuadrilla de Ramallo que opera en Corrientes, pasando luego por su versatilidad a ser asignado como aviso de la marina argentina. A partir de 1850 se pierde su actuación en los Registros de Buques.

(3) El Merced es la primera nave a vapor de construcción inglesa y casco de hierro, que se incorporó a nuestra marina. Era un buque mercante adaptado para la guerra de 250 toneladas de desplazamiento. La comisión naval que recomendó su compra en 1849 estaba integrada por los marinos Pinedo, Toll y Turner quienes evalúan su estado y perciben que su bajo calado le permite operar en nuestros ríos. Su propulsión a vapor se realizaba con dos ruedas de paletas laterales. Alzogaray cambia su artillería anticuada por dos cañones de retrocarga y le coloca arboladura de goleta. Figura en los registros de la Armada hasta 1880.


Fuentes:

Historia Argentina. José Luis Busaniche / Historia de la Confederación Argentina. Adolfo Saldías / Biografías Navales. Ricardo Piccirilli y Leoncio Gianello / La Gran Epopeya. Mario O’Donnell / Tomas Guido. Hugo Galmarini / Campañas Militares Argentinas. Isidoro Ruiz Moreno / Los marinos de la dictadura. Caillet Bois / Apuntes sobre buques de la Armada Argentina. Pablo Harguindeguy / Historia Marítima Argentina. Héctor Tanzi.

jueves, 1 de diciembre de 2016

San José Gabriel del Rosario Brochero

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XI N° 41 - Diciembre 2016 - Pag. 15 

 Bicentenario de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América el  9 de Julio de 1816 


SAN JOSE GABRIEL DEL ROSARIO BROCHERO

Una estampa de su vida.

Por Guillermo M. Masciotra


Padre Brochero
Con motivo de la elevación a los altares del sacerdote argentino, que dedicó su vida a la actividad pastoral, asistencial y del desarrollo de obras de infraestructura que mejorarían la calidad de vida de los pobladores de los sectores menos comunicados de la Provincia de Córdoba, deseamos que sea conocido un testimonio escasamente divulgado de su vida.

Vamos ahora a destacar su compromiso con la búsqueda de aquellos, que se encontraban más lejos de la palabra de Dios y es precisamente su relación con el personaje que nació y vivió en ese gran sistema de lagunas y salinas ubicado en el territorio las provincias de San Juan, San Luis y Mendoza; hablamos de la relación que mantuvo el Padre Brochero, con el caudillo José Santos Guayama, indomable gaucho, que integró las filas de Ángel Vicente Peñaloza y Felipe Varela, y a quien se lo conocía como un gaucho lagunero.

Quién fuera teniente en las filas de Peñaloza y teniente coronel de las tropas de Varela, e integraba el gauchaje que conformaba esa “caballería irregular“ que era la montonera, fue activo partícipe de la rebelión de las Lagunas de Guanacache, Desaguadero y Bebedero, cuando comenzaron las obstrucciones y desvíos en los cauces de los ríos Mendoza, San Juan y Desaguadero.

Guayama, que se había casado con Agapita González tuvo dos hijos, convivió con las comunidades huarpes y su muerte fue anunciada en repetidas ocasiones durante los últimos años de su vida. Conocedor de la situación en que se encontraba este gaucho, con pedido de captura, perseguido y rodeado por fuerzas policiales y nacionales, sin el apoyo ni la protección política de los gobernantes que lo acercaban con promesas en las elecciones, y con escasos seguidores, Brochero decidió ir en su búsqueda como siempre intentaba con los fieles más lejanos, deseando devolverlo a la vida civil luego de tantos años de lucha. Su tenacidad en todas las tareas emprendidas, significaba que no se detendría hasta encontrarlo y convencerlo de una nueva vida.

No se puede afirmar con exactitud que fueran amigos, pero seguro que no eran adversarios, al contrario, el tal vez ultimo montonero tenía en claro la obra sacerdotal de Brochero que se expandía.

Así el cura cordobés tomó contacto con algunos de los últimos seguidores del caudillo, para que le hicieran llegar el mensaje que deseaba verlo. Finalmente acompañado por un  guía conocido de Guayama, partió para La Rioja, deambuló sin resultado, ya que Guayama, recelando tal vez, eludió la entrevista.

No abandonó la búsqueda y el intento de acercarse al gaucho lagunero para redimir su vida, la fibra del espíritu lo había constituido al P. Brochero en un incansable sacerdote que siempre estaba con el dolor y la adversidad, lo siguió buscando, sin persecución pero sin pausa, así logró finalmente entrevistarlo donde le planteó propuestas de ayuda económica, una nueva vida y gestiones para lograr su indulto.

Era el gesto humanitario del Pastor que busca hasta la última oveja, que procuraba establecer con sus actitudes un estilo de vida. En la realidad ambos configuraban una amistad desde posiciones encontradas, pero destinadas para lograr el bien común y aspiraba también a que Guayama fuera ejemplo, para redimir a otros individuos, pues así como visitaba enfermos reconfortándolos en la enfermedad, no vacilaba tampoco en concurrir al escondite del prófugo para encaminar al díscolo, explicar el tiempo histórico que se imponía y que era imposible seguir escondido y vivir en una fuga permanente.

Guayama, prometió estudiar las ofertas y propuestas del sacerdote, seguramente impresionado por la sinceridad y buena fe del religioso. La mejor prueba del gesto lo compone el hecho, que cuando es detenido en San Juan, estando prácticamente solo y sin resguardo, intuyendo lo que podía pasarle, desde la cárcel -donde será pasado por las armas-, le escribió al P. Brochero para que le salve la vida. Lamentablemente la carta llegó muy tarde a manos del hoy Santo.

José Santos Guayama fue fusilado y sepultado en San Juan.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Combate del Paso del Quebracho

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año X N° 40 - Setiembre 2016 - Pags. 14 a 16   

 Bicentenario de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América el  9 de Julio de 1816 

1846 - 4 de junio - 2016.

Homenaje a los 170 años del combate de Paso del Quebracho

Doctor Guillermo María Masciotra 


Guerra del Paraná
Cuadro pintado por J. M. Gilbert

El teniente Lauchlan Bellingham Mackinnon, oficial en la corbeta HMS Alecto, llegada a Montevideo desde Inglaterra, a fines de enero de 1846 y enviada a remontar el Paraná para sumarse a la expedición anglofrancesa que el 20 de noviembre había forzado las defensas argentinas en Vuelta de Obligado, fue el encargado -ya en el regreso- de montar una batería de cohetes a la Congrève en una isla frente a la Angostura del Quebracho para hacer frente a las fuerzas argentinas que esperaban el regreso de la flota.

En este cuadro pintado por J. M. Gilbert, propiedad de Mackinnon y que publicó en su obra que en castellano fue traducida como "La escuadra Anglo-Francesa en el Paraná, 1846", se aprecia la intervención de esos cohetes en la batalla del 4 de junio de 1846


El Combate de Paso del Quebracho o de la Angostura, que se desarrolló en las cercanías del hoy Puerto San Martín, Provincia de Santa Fe, el 4 de junio de 1846, constituye una de las glorias de la Guerra del Paraná y de las luchas por la soberanía e independencia nacional. 

En esa circunstancia, la flota de embarcaciones mercantes y de guerra que había forzado la defensa de Vuelta de Obligado un poco más de seis meses atrás y remontó el río para llegar a Corrientes, regresaba de su destino maltrecha y deseando salir de nuestro territorio, que le resultaba manifiestamente hostil. 

La enorme pérdida económica para los comerciantes de Montevideo, las bajas en las tripulaciones y tropas, sumado a la pérdida de cargas y al deterioro de las naves, fortalecían el deseo de abandonar cuanto antes el Río Paraná y así en forma escalonada los convoyes invasores buscaban la llegada al Plata a pesar de su superior artillería y blindajes.

Pero también debemos decir que después de Obligado, la artillería volante con el concurso de Juan Bautista Thorne, Santiago Maurice, Álvaro de Alzogaray, José Félix Cerezo y Laureano de Anzoátegui, siguieron desde la costa a las fuerzas invasoras durante toda su travesía y siempre que por las condiciones del río y sus costas lo permitía, la atacaron. Con vigías en las espesuras de las costas, playas y barrancas, se emboscaba en forma continua a la flota invasora. Así de improviso se desplazaban las unidades de artillería, desarmadas de sus cureñas, las piezas eran cargadas en carros y caballos y colocadas nuevamente en posición aguardaban el momento para disparar y desaparecer. 

La expedición de auxilio enviada desde Montevideo, bajo el amparo de navíos de guerra venidos desde Gran Bretaña, también había sido atacada mientras remontaba el río Paraná cuando pasó por San Lorenzo, dos meses antes.  

En el combate de Vuelta de Obligado, los anglofranceses habían capturado el pailebote Federal (1), al cual rebautizaron como Vuelta de Obligado en homenaje por la reciente "victoria" que habían obtenido, poniéndolo en servicio de SMB y enarbolando desde entonces pabellón inglés. Este navío, por sus características de fácil maniobra y velocidad lo hacían apto para prestar servicio como buque correo de la escuadra invasora y su base en Montevideo.

Cuando en cumplimiento de su misión, este nave bajaba por el Paraná desde Corrientes y se encontró frente a San Lorenzo, encalló en la noche del 18 de abril. Al amanecer del siguiente, advertidos los argentinos de esa situación, cuatro cañones a cargo de Alzogaray la atacaron desde la costa, logrando averiarla. La tripulación y el comandante británico abandonaron el navío y huyeron. Alzogaray con algunos soldados abordaron la embarcación, lograron zafarla de su varadura y la llevaron al puerto de San Lorenzo, donde se retiró el poderoso cañón inglés de bronce, con que lo habían armado, emplazándoselo en la batería instalada en Punta del Quebracho. El pabellón británico que enarbolaba la nave, junto con el equipaje del comandante, correspondencia oficial y otra documentación que los tripulantes dejaron en su huída, fueron remitidos al gobernador Rosas.

El General Lucio Norberto Mansilla -veterano de las Guerras por la Independencia y contra el Imperio de Brasil-, secundado eficazmente por los Coroneles Manuel Virto, Martín Isidoro Santa Coloma y los artilleros veteranos de Vuelta de Obligado prepararon en Punta del Quebracho desde el mes de abril de 1846 una nueva defensa similar a la presentada en Paso del Tonelero y San Lorenzo, aguardando al núcleo principal de la flota invasora. Las fuerzas argentinas contaban con menos de veinte cañones que fueron emplazados en lo alto de una barranca, fuera del alcance de la artillería enemiga, y con un millar de hombres aproximadamente en total, formadas por los siempre aguerridos integrantes del 2do. Batallón de Patricios, los Lanceros de Santa Fe y el Regimiento Escolta del Gral. Mansilla como reserva. Mansilla era un experto en obtener ventajas en el terreno cuando la diferencia de armamento no le daban una situación favorable. 

Los comandantes de las naves invasoras sospechaban fundadamente desde los puentes de sus buques, de una nueva defensa a todo trance que realizarían las fuerzas de la Confederación Argentina, cerca de San Lorenzo, por lo cual se detuvieron a escasas leguas del sitio durante días para reagruparse.

Finalmente el 4 de junio, la flota enemiga compuesta de 12 naves de guerra y 95 mercantes, decidió forzar la posición argentina, donde recibieron un daño mayor, en naves y mercaderías. En algunos casos las embarcaciones, debido a la confusión de las maniobras tendientes a evitar el fuego argentino que se les hacía desde la barranca, vararon en el lecho fangoso y fueron incendiadas por sus propios tripulantes para que no cayeran en manos argentinas. De una de las goletas en llamas los argentinos recuperaron mercaderías.

Luego de casi tres horas de duro combate, parte de las naves retrocedieron porque precisamente la eficaz artillería de Thorne les causaba severos daños. 

El combate del Paso del Quebracho, fue una clara victoria de las fuerzas nacionales, decisiva en la solución del conflicto, ya que los invasores tuvieron cuantiosas pérdidas en las naves mercantes y también los navíos de guerra recibieron el fuego de las baterías argentinas, siendo algunos de ellos seriamente dañados, sufrieron también muchas bajas humanas, frente a las insignificantes de las fuerzas defensoras.

La finalidad de la expedición al Paraguay y Corrientes había fracasado. La ruina aguardaba a los comerciantes de Montevideo que creyeron haber encarado un próspero negocio, pero que les resultó lo contrario,  ya que no solo no pudieron vender sus mercaderías, sino que gran parte las ellas se perdieron como consecuencia de la lucha. 

Los invasores comprendieron que era imposible navegar impunemente los ríos interiores argentinos y de nada les servía la política de cañoneras en un territorio al cual se podía invadir pero del cual resultaba muy difícil salir indemne. Aprendieron la lección y ya nunca más intentaron adentrarse en ríos que eran argentinos.

La estrategia de Mansilla, fue la de correr y golpear, además de dar libertad de acción a sus comandantes para que con decisiones sobre la marcha de los acontecimientos, descargaran salvas en el momento imprevisto y en muchos episodios hasta la última carga de munición.

Tampoco los nuevos ataques de José Garibaldi -bajo las órdenes del gobierno enemigo de Montevideo- a Gualeguaychú y Paysandú cambiaron el curso final de la Guerra del Paraná ya que este enemigo de la Argentina, que había sido derrotado completamente por el almirante Brown en el combate naval de Costa Brava poco menos de cuatro años atrás (15 y 16 de Agosto de 1842), ahora había vuelto a la aventura y al saqueo, luego de que se le permitiera huir y así salvar la vida en las jornadas mencionadas, donde fuera batido por nuestra fuerza naval.

Las noticias del fracaso expedicionario anglofrancés también llegaron a Londres y Paris donde las bajas, las pérdidas de naves y la frustración de los comerciantes europeos que no podían comerciar en el Río de la Plata fueron comentadas en los círculos de los gobiernos inglés y francés y en toda la prensa europea. Tomás Guido -embajador en Río de Janeiro- resaltó que las ricas compañías comerciales de Liverpool y Manchester, también levantaron su voz al ver que tenían la mejor plaza del Atlántico Sur cerrada para sus productos y la Casa Baring Brothers hizo saber a sus inversores con preocupación, que uno de sus préstamos efectuado precisamente a la Argentina, era uno de los pocos que se pagaba en sus servicios puntualmente y que con el ataque a la Confederación Argentina seguramente peligraría en adelante su cumplimiento.

Además, la acción diplomática de Carlos María de Alvear desde Estados Unidos,- divulgador de la Doctrina Monroe en los propios Estados Unidos, la que a similitud de la Guerra de Malvinas no se invocó ni aplicó por el gobierno norteamericano-, de Mariano Balcarce en Francia y de Manuel Moreno en Inglaterra crearon tal conmoción que se resolvió cambiar el interlocutor para negociar con la Confederación Argentina y así llegó el plenipotenciario Thomas Hood para reunirse con Rosas y su canciller Felipe Arana, para finalizar el conflicto, pero pasarán tres años más para la firma de los Tratados Arana-Southern y Arana-Lepredour. 

Guido desde Río de Janeiro, también advirtió sobre la llegada de dos regimientos de línea ingleses procedentes de Ciudad de El Cabo al Imperio de Brasil como modo de coacción, lo que en definitiva no se produjo.

La Confederación Argentina no cedió nunca en sus pretensiones de respeto a su soberanía sobre sus ríos interiores, a pesar que bajo la óptica del terreno estrictamente militar, la flota invasora pudo pasar en todas las oportunidades en las cuales se le presentó batalla, pero al costo que el saldo desfavorable de los combates para los argentinos, se transformó en una victoria política y diplomática que llegó hasta los Estados Vaticanos.

La posición de Juan Manuel de Rosas encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, en materia de la navegación de los ríos interiores, era similar en argumentos a la adoptada y aplicada por las potencias europeas, entre ellas Francia é Inglaterra, ya que el Río Paraná era sin duda un río interior. Y es precisamente lo que esas naciones más tarde reconocieron en aquellos tratados mencionados, respecto a la soberanía nacional en los ríos Paraná y Uruguay. 

Ha pasado una flota pero la realidad es que el Río Paraná no ha quedado libre para las banderas bloqueadoras, no hay víveres frescos en las costas del Paraná, el ganado ha sido retirado al interior lejos de las riberas, y no hay peor situación que haber invadido un territorio y no saber cómo y a qué precio salir.

Rosas, gran negociador, al tratar por separado con Francia e Inglaterra, consiguió formalmente evidenciar las diferencias que existían entre las dos potencias. Nuestra diplomacia interpretaba con acierto que este plan de invasión solo tenía un interés comercial y que el bloqueo era absolutamente ilegal y contrario a derecho.

Para fundar más aún la posición de la Confederación Argentina, es el hecho que el CONCEPTO DE LOS RIOS INTERNACIONALES, era desconocido en los foros internacionales, y recién se inició su desarrollo en la segunda mitad del siglo XIX.


(1) El pailebote Federal era una nave de construcción española, muy similar a una goleta, de silueta muy fina de solamente 3 m. de manga y una eslora de 28 m., con un desplazamiento de 115 tn. llegaba a ser identificada como la más veloz del Plata. Fue adquirida en 1844 para ser destinada al traslado de los prácticos que auxiliaban a las naves en el pilotaje en el Río de la Plata. Luego de su recuperación por Álvaro José de Alzogaray y ya bajo pabellón argentino y con el nombre originario Federal, su mando es ejercido hasta 1848 por el capitán Santiago Maurice, otro marino veterano de la Guerra del Paraná. Integró la Escuadrilla de Ramallo que operó en Corrientes, pasando luego por su versatilidad a ser asignado como aviso de la Armada Argentina. A partir de 1850 se pierde su actuación en los Registros de Buques.


Fuentes:

Busaniche, José Luis. Historia Argentina. - Caillet Bois, Teodoro. Los Marinos de la dictadura. - Galmarini, Hugo. Tomás Guido. - Gálvez, Manuel. Juan Manuel de Rosas. - Gerding, Eduardo. Recuerden Vuelta de Obligado. - Harguindeguy, Pablo. Apuntes sobre buques de la Armada Argentina. - Mackinnon, L.B. La escuadra Anglo Francesa en el Paraná 1846. - O´Donnell, Mario. La Gran Epopeya. - Piccirilli, Ricardo y Gianello Leoncio. Biografías Navales. - Ruiz Moreno, Isidoro. Campañas militares argentinas. - Saldías, Adolfo. Historia de la Confederación Argentina. - Tanzi, Héctor. Historia Marítima Argentina.

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Canción del Quebracho, escrita por el general Mansilla después del combate del Quebracho

1° - Quebrachito de eterna memoria / De los grandes recuerdos será / Ojalá de la historia argentina / No se borre tu nombre jamás.

2° Altanera de Junio en el cuatro / de esos viles la flota se vio / Invitando a Mansilla a la lid / Que orgulloso jamás despreció.

3° Ya se traba el ruidoso combate / Y entre el fragor se oye repetir: / Viva Rozas, viva la Nación / Por la patria la gloria es morir.

4° Entre el humo y las balas se vió / A las grandes naciones ceder / Al valor de libres que hicieron / Vergonzosa su fuga emprender.

5° Esos mismos que allá en Obligado / levantaron de nuevo el pendón / De Inglaterra será el oprobio / de la Francia, vergüenza y borrón.

Fuente: Dermidio T. González en "El hombre - Reedición de la obra y apuntes históricos - Documentos y hechos desconocidos de la historia argentina" (Arturo E. López editor, Buenos Aires, 1912)

La expedición Morillo

    Publicado en el Periódico El Restaurador - Año X N° 40 - Setiembre 2016 - Pags. 10 y 11   

 Bicentenario de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América el  9 de Julio de 1816 

La expedición Morillo - El Congreso de Viena - La Santa Alianza - La neutralidad inglesa

Por el Dr. Guillermo María Masciotra

A fines de 1813, Napoleón reconoció a Fernando VII, como rey de España, volviendo este a su país a principios de 1814, para instaurar una monarquía absoluta.

Independenci americana
Pablo Morillo

En el Río de la Plata en ese año, la plaza fuerte de Montevideo era un bastión realista, amenazado por tierra por las fuerzas patriotas, primero al mando de Rondeau, y posteriormente de Alvear.

Con la intención de reconquistar América, Fernando VII dispuso el alistamiento de una poderosa expedición, con destino a Montevideo, ejército este que en combinación con las fuerzas asentadas en el Bajo y Alto Perú (actuales Perú y Bolivia respectivamente) produciría una estrategia de pinzas para toda Sudamérica.

Pero la Campaña Naval de 1814, cambió el escenario militar ya que la precaria y milagrosamente constituida fuerza naval patriota, ganó la supremacía de las aguas del Plata y sentenció la caída de Montevideo el 23 de junio. 

A finales del año 1814, ya estaba reunida en Cádiz, la expedición pacificadora, que fue el mayor esfuerzo militar que Fernando VII realizó para reconquistar América. El general Pablo Morillo fue designado jefe de esa fuerza compuesta de 15.000 hombres, integrada por aproximadamente 10.000 soldados que incluían infantería, dos baterías de artillería, y dos escuadrones de caballería y 5.000 marinos, tripulantes de la flota que componían 18 buques de guerra y 47 mercantes. 

En España se mantenía en secreto del destino de la expedición, oficialmente la misma se dirigía a Buenos Aires y con esa consigna zarpó en febrero de 1815. En Buenos Aires, se produjo un gran revuelo y causó temor entre las autoridades y el pueblo.  Se publicaron bandos y se militarizó por decreto a todos los ciudadanos, así se iniciaron levas, se reclutaron voluntarios y se diseñaron las defensas basadas especialmente en los  episodios y lugares de los combates de la Defensa en 1807.

Esta preocupación se mantuvo hasta septiembre de 1815, fecha en que se tomó conocimiento del anuncio de Fernando VII en el sentido que la expedición tenía como destino Venezuela, y asimismo afirmaba que se planificaría otra expedición al Río de la Plata, pero con 20.000 hombres, la cual nunca se armó.

La flota que recaló en Venezuela transportando la expedición Morillo, la integraban 65 naves (18 buques de guerra y 47 mercantes), tripuladas por 5.000 marinos. El San Pedro Alcántara, embarcación insignia de la flota de 1.700 toneladas, que era uno de los tres mayores veleros españoles del momento -poseía dos puentes y estaba armado con 64 cañones-, sufrió un grave incendio a los pocos días de desembarcar las fuerzas militares, el que no pudo ser controlado, produciéndose una explosión que derivó en la pérdida de la embarcación. Casi mil tripulantes murieron, además de la pérdida de los pertrechos que transportaba y los valores para la paga. Como consecuencia, Morillo debió partir con urgencia a España.

Las fuerzas españolas produjeron la derrota de la revolución venezolana y la recuperación temporaria de aquellos territorios para la corona española.

En Europa, en octubre de 1814, había comenzado a sesionar en la ciudad de Viena el llamado Congreso de Viena, siendo su inspirador el diplomático austríaco Klemens von Metternich, del cual participaron embajadores plenipotenciarios de las potencias que se unieron y pelearon contra Napoleón Bonaparte como Austria, Prusia, Rusia y posteriormente Gran Bretaña, sumados a los países que integraron la Coalición Antinapoleónica y también Francia, que si bien había sido derrotada conjuntamente con Napoleón, concurrió como una potencia más, producto de su habilidad y sagacidad diplomática.

El objetivo era la reestructuración territorial europea, y desarrolló tres principios básicos: Legitimación de los soberanos o casas reales que detentaban el trono antes de la Revolución Francesa. Restauración de la realeza absolutista. Equilibrio entre las potencias firmantes ya que con el reparto de territorios en base al principio de antiguo reclamo territorial de ocupación y la fijación de las nuevas fronteras se evitarían las continuas guerras.

Durante el tiempo que duraron las sesiones, se desarrollaron fastuosas recepciones y fiestas de palacio, en clara demostración de quien era la clase dominante. El Congreso finalizó el 8 de junio de 1815 con la firma del acta final.

Como consecuencia de la presencia del Zar Alejandro I de Rusia en el Congreso de Viena, junto a Prusia y Austria definieron un compromiso de ayuda y asistencia militar y económica para hacer frente a los intentos revolucionarios que surgieran y alteraran los principios mas arriba expuestos. Concretamente se trataba de formar un frente que defendiera las monarquías absolutistas, e intentando hacer una  alianza del poder real con la identificación religiosa de la fe cristiana; eran monarcas "por la gracia de Dios". Así surgió en Estados Unidos, años después y como elemento contrario la Doctrina Monroe, ya que se temía la restauración en América de las monarquías europeas que se afirmaban y pensaban en avanzar sobre este nuevo continente.

Posteriormente se concretaron otras alianzas políticas en Europa, a los llamados de los impulsores de la Santa Alianza, que suman a Inglaterra y Francia. Nació la llamada Europa de los Congresos.

En el aspecto geopolítico y militar, el Congreso de Viena obtuvo como resultado que casi no hubiera en Europa grandes conflictos bélicos hasta el siglo XX, pero el nuevo mapa de Europa trajo el surgimiento del nacionalismo, especialmente en Italia y Alemania, que recogían los recelos de las naciones que habían sido abruptamente despojadas de territorios y sometidos por los grandes imperios. Las naciones que quedaron fuera del reparto intentaron aproximarse, tal el caso de España, que instruyó a sus embajadores para intentar buscar apoyo para restablecer su poder en América, pedidos que fueron bloqueados por Gran Bretaña que poseía sumo interés en establecer su poder económico en Sud América.

A raíz de la alianza angloespañola, forjada como consecuencia de la invasión napoleónica a España en 1808, las autoridades londinenses declararon la absoluta neutralidad ante los procesos independentistas americanos Era la opinión oficial que sus súbditos debían abstenerse de participar en la contienda americana.

La realidad era que mediante un número importante de individuos, que además crecía, la proclamada neutralidad inglesa se convertiría en el ejército auxiliar revolucionario. Tal fue la contradicción, que se llegó a promulgar una Ley, que prohibía incorporarse a los británicos en ejércitos extranjeros.

Incluso los funcionarios en Londres recibían a los propios jefes o enviados de los gobiernos revolucionarios que explicaban los proyectos independentistas y solicitaban el reconocimiento diplomático.

Un ejemplo de ello, es el viaje que el marino y militar criollo el Alférez de Navío Matías de Irigoyen, realizará a Londres en 1811 por indicación del gobierno patrio, para lograr la asistencia al proceso que se había iniciado en Buenos Aires. No obtuvo apoyo político, pero en su reemplazo volvió con fusiles y pistolas nuevas adquiridas en fábricas inglesas, muy necesarias para nuestras tropas.

Posteriormente partió también a las islas británicas otra misión, fue la denominada Aguirre-Crompton, también recibida por autoridades inglesas, no suministraron tampoco armas en forma oficial, pero demostraron el interés de comerciar con el Río de la Plata.

Era indudable que el gobierno inglés no deseaba que España, reconstruyera su poderío, y no obstante su "neutralidad", unidades completas como la famosa Legión Británica de 500 hombres se sumaron al ejército de Bolívar.

En Dublín también se instaló una oficina que contrataba voluntarios para combatir en América.

La política inglesa era ambigua, pues oficialmente se proclamaba aliada de España, pero en la realidad no deseaba su victoria, porque tenía sus propios planes.

El Cónsul Inglés en Río de Janeiro, Lord Strangford al mes de la Revolución de Mayo, recibió y contestó un Oficio de la Primera Junta manifestando, no poseer instrucciones al respecto, pero igualmente consideraba prudente relacionarse con la Junta de Buenos Aires, en un marco de respeto especialmente por la lealtad a Fernando VII que se declamaba. A partir de ese momento se inició un intercambio epistolar donde haciendo alarde de la neutralidad inglesa, buscaba incrementar sus negocios en ultramar. Este mismo diplomático, es quién despachó en misión secreta a fines de 1811 a Manuel Aniceto Padilla a Buenos Aires, lo que otorgaba un reconocimiento tácito de las nuevas autoridades, pero sin abandonar la neutralidad. En Londres se temía la posibilidad que otra potencia europea ocupara el lugar de España.

miércoles, 1 de junio de 2016

La emancipación en América

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año X N° 39 - Junio 2016 - Pags. 8 y 9  

 Bicentenario de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América el  9 de Julio de 1816  


La emancipación en América.

por el Dr. Guillermo M. Masciotra

Independencia argentina
Triunfo de la Independencia Americana, 1825 (A)

El primer grito de independencia que se produjo en tierra americana tuvo lugar en 1776 con la declaración de la independencia norteamericana de las 13 colonias inglesas, reunidas en el Congreso de Filadelfia. El movimiento independentista se había originado en una revuelta que había tenido lugar con motivo del desconocimiento por los colonos a un impuesto que gravaba el té. La cruenta lucha se extendió hasta 1783, año en el cual Inglaterra reconoció la independencia de la nueva república.

Pocos años más tarde, en 1791 se produjo un movimiento independentista iniciado por los esclavos negros en las Antillas, en Haití, parte occidental de isla de La Española -o isla de Santo Domingo-, por entonces colonia francesa, llamada "Insurrección de los esclavos", que se complicó por las luchas y enfrentamientos que se dieron entre blancos -terratenientes-, mulatos y esclavos negros. No obstante que Napoleón mandó en 1802 un poderoso ejército para combatir a los independentistas y que repuso a las autoridades francesas, luego de dos años de cruentas luchas, los "Iluminados Africanos", -como se los llamaba a los independentistas haitianos-, expulsaron a los franceses y el 1° de enero de 1804, declararon la independencia. 

En Méjico, el antiguo Virreinato de Nueva España, tuvo su intento en 1808 por la intervención del Capitán Ignacio Allende y el sacerdote Miguel Hidalgo, que bajo la imagen de la Virgen de Guadalupe organizaron para la lucha a la población rural, pero fueron derrotados en 1811. Posteriormente en 1814 otro sacerdote, José María Morelos, inició un nuevo movimiento emancipador. Formó el Congreso y sancionó una Constitución. En 1815 fueron derrotados y Morelos fue ejecutado. El movimiento libertador volvió a tomar fuerza en 1817, con diversos resultados hasta 1821, año en el cual se declaró finalmente la Independencia.

El virreinato de Nueva Granada tuvo su primer grito de emancipación en Quito en 1809, motivado por las exigencias impositivas de la corona. Así comerciantes, profesionales y terratenientes criollos formaron una Junta de Gobierno. Este movimiento fue reprimido severamente desde Lima y Bogotá, incluso con saqueos por parte de las tropas españolas. En 1810, un nuevo intento libertador en Quito fue sofocado por tropas realistas de Cuenca y Guayaquil, los que impusieron una política de pacificación que duró hasta 1820, año en que cesó el dominio español en la Audiencia de Quito.

En San José de Bogotá, que era la capital del Virreinato, también se iniciaron las revueltas por los impuestos. Se convocó en julio de 1810 a un Cabildo Abierto que instaló una Junta Suprema del Nuevo Reino. A partir de ese momento se profundizó el choque entre criollos y peninsulares y, luego entre los mismos criollos divididos en federalistas y centralistas.

Las ciudades de Cundinamarca, Tunja y Cartajena se declararon independientes de España en 1812. Pero no significó el fin de las luchas entre los patriotas, al igual que la Junta Suprema de Caracas, donde en el año 1811 se declaró la independencia, también se sumergió en las luchas fraticidas. Es de ser destacado que asumió el gobierno el General Francisco de Miranda, brillante militar nacido en Caracas, que había combatido en España, África, Rusia, Francia, Cuba y los Estados Unidos de Norteamérica.

Político altamente imbuido de las ideas de las revoluciones francesa y americana, fue el primer visionario de la idea de la Gran Colombia. Sin embargo no pudo escapar al destino de la mayoría de las revoluciones americanas que eran derrotadas, renacían y volvían a ser sometidas. La deserción en sus filas y las pujas políticas internas lo llevaron a capitular. Algunos jefes patriotas se salvaron de la debacle a tiempo como Simón Bolívar que pasó a Jamaica.

En Chile se vivió durante los años 1810 a 1814 la instalación de un gobierno independiente. Desde 1811 funcionó el Congreso Nacional donde también se produjo el enfrentamiento entre los partidos Conservador y Radical. No se declaró la independencia, pero se dispuso de autoridades públicas propias. La expedición enviada por el Virrey Abascal desde Lima, para reponer el orden real y sus autoridades derrotó a las fuerzas patriotas en Rancagua en octubre de 1814.

La realidad de la Emancipación Americana fue muy complicada. Las revueltas y revoluciones que se iniciaron triunfantes fueron sofocadas una a una, no solo por las tropas realistas sino por los múltiples conflictos intestinos, la falta de experiencia política y muchas veces por la incapacidad para conducir las acciones militares bajo un mando unificado.

Las provincias Unidas del Río de la Plata, fue el único y último  bastión triunfante, que declaró su independencia de España el 9 de julio de 1816, con esta frase: que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban con España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente de Fernando VII, sus sucesores y metrópoli.

En 1815 el Ejército patriota había decidido iniciar la tercera campaña del Alto Perú (actual territorio de Bolivia), que fue el último intento importante para recuperar ese territorio En ese tercer intento, el ejército bajo el mando del General José Rondeau, avanzó hasta Cochabamba y Potosí, triunfó en Puesto de Marqués, pero fue derrotado en Vuelta y Media y Sipe-Sipe. El enemigo no era solamente el bando realista sino que estaba radicado en la indisciplina, la desorganización y el libertinaje que reinaba entre la tropa, sumado a las desinteligencias, con Martín Miguel de Güemes y Carlos María de Alvear. Se iniciaba de esa forma, la Guerra Gaucha o guerra de recursos, con la caballería irregular al mando de Güemes, luego transformada orgánicamente en el Regimiento de Los Infernales, cuya misión era el cuidado de la frontera con el Alto Perú, impidiendo la penetración de las tropas realistas.

Las fuerzas militares de las Provincias Unidas, en 1814 habían obtenido sin embargo, dos victorias fundamentales, una, fue la supremacía naval en las aguas del Río de la Plata y el Uruguay lograda por el Almirante Brown, con la contundente victoria en el combate naval del Buceo o Montevideo, que posibilitó posteriormente la caída de la plaza fuerte de Montevideo. Esta segunda victoria cambió el poder territorial y de fuerzas en la región del antiguo Virreinato del Río de la Plata.

Ambos triunfos sobre el poder realista en la Banda Oriental, obligaron a Fernando VII a cambiar los planes y la Expedición al mando del General Pablo Morillo que estaba destinada a sofocar la revolución en Buenos Aires, se desvió hacia Venezuela.

El Bajo Perú, fue la única excepción donde no triunfó ningún movimiento emancipador. La ciudad de Lima -capital del Virreinato del Perú- se convirtió en la plaza fuerte y pilar del poder realista en la América del Sur. Lo expuesto guarda directa relación con la figura de José Fernando de Abascal, virrey en el período 1806 a 1816. Militar de profesión con actuación en Cuba, África y la guerra del Roussillon. Además de ser un hombre de armas y un gran estadista político fue un agudo e incansable administrador, que se caracterizó por sus obras edilicias, el orden imperante posibilitó la apertura cultural, suprimió la Inquisición y creó la Academia de Dibujo y la Academia de Medicina, construyó una fábrica de armas y fortificó la fortaleza de El Callao. Recorrió gran parte del territorio y dirigió la campaña contrarrevolucionaria frente a las sublevaciones de Quito, Cuzco y Arequipa. Con su política intransigente no vaciló en actuar con crueldad y dureza, contra los movimientos independentistas que surgían. 

Los ejércitos patriotas rioplatenses sufrieron el desgaste de las tres expediciones al Alto Perú, donde enfrentaron tropas aguerridas conducidas por jefes competentes y astutos como Goyeneche, Pío Tristán y Pezuela. Sin duda, también tuvo sus eclipses, porque Fernando VII, tomó nota de las derrotas de Salta y Tucumán y, del indomable Río de la Plata, que volvía a rearmarse secuencialmente y pasaba de una retirada a la nueva ofensiva en el Alto Perú en poco tiempo.

Así se describe la situación en 1816 en América, con España enviando continuamente ejércitos de miles de efectivos para cambiar los acontecimientos, pero sin obtener un resultado favorable definitivo en sus dominios ya que la situación era pendular, sin supremacía total de ninguna de las fuerzas en lucha, En el período 1811 a 1819 se enviaron desde España 40.000 hombres y ello muestra que para la Corona Española la guerra a largo plazo era insostenible. Al llegar el año 1820 se calcula que había más de 80.000 soldados españoles en nuestro continente, y sin embargo la emancipación de los pueblos americanos continuaba afirmándose, día a día, con el surgimiento de nuevos focos insurrecciónales.

Las deserciones entre las tropas reales eran frecuentes, originadas en el hecho que solamente un treinta por ciento de los numerarios eran españoles y que en la composición de las unidades militares había dos criollos por cada hombre nacido en España.

La estrategia del General José de San Martín, de llevar la contienda fuera del territorio del Virreinato del Río de la Plata será la novedad que rompe el equilibrio de fuerzas y comienza a inclinar los resultados a favor de la causa americana, a ese movimiento se le sumaría posteriormente el General Simón Bolivar, que cierra la campaña libertadora.


(A) Triunfo de la Independencia Americana, 1825, grabado coloreado de autor anónimo. 38 x 28 cm. Museo Histórico Nacional.

Debajo del grabado, dice: "Explicación. El genio de la Independencia Americana coronado por manos de la Prudencia y de la Esperanza y llevando en las suyas el símbolo de la Libertad, empieza su carrera triunfante. Seis caballos tiran de su carro, en representación de las Repúblicas de MEGICO, GUATEMALA, COLOMBIA, BUENOS AIRES, PERU Y CHILE. La Templanza y la Justicia los dirigen. Los genios de las Artes y de las Ciencias adornan este grande e interesante espectáculo, en tanto que la Abundancia y el Comercio ofrecen  con el emblema de la Eternidad y de la Unión, el feliz presagio de la suerte futura de América".