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martes, 5 de noviembre de 2024

Revisión N° 3

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

268

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.
En julio de 1959 comenzó a publicarse el periódico/revista REVISION.
Agradecemos al Instituto Bibliográfico Antonio Zinny, poseedora de los periódicos en versión papel, el habernos facilitado la versión digital.
A continuación publicamos el N° 3 

Para obtener información sobre el periódico/revista Revisión, hacer click en el siguiente link:



Revista Revisión N° 3

Revisión N° 3

Instituto Juan Manuel de Rosas

Revista Revisión del Instituto Rosas

Revisión N°3

El artículo completo de Juan P. Oliver puede leerse a través del siguiente link:

Instituto de Investigaciones Histporicas Rosas

Revisión Instituto Rosas

Revisión N° 3

jueves, 29 de octubre de 2020

REVISION

 "REVISION"

                                                                                        Por Norberto Jorge Chiviló

REVISIÓN fue un medio gráfico editado en la Ciudad de Buenos Aires, cuyo primer número se publicó en el mes de julio de 1959 y el último en el año 1966. Fué un medio de difusión del revisionismo histórico, tal como se señalaba en su portada que decía “La Estrella Federal Símbolo de REVISION en la historia argentina”. La palabra REVISION se destacaba sobre el resto, porque las letras eran muy grandes y así daba el nombre a la publicación. Detrás se visualizaba una roja estrella federal.



La dirección estuvo a cargo del Sr. Alberto A Mondragón y tuvo destacados e importantes colaboradores como Juan P. Oliver, Fermín Chávez, José M. Rosa, Enrique Pavón Pereyra, Alberto Ezcurra Medrano, Raúl Roux, Blas Barisani, entre otros.

Comenzó como una publicación mensual, pero al poco tiempo perdió continuidad, ya que en todos esos años solo pudieron editarse 19 números (incluido el número 6 al que me refiero más abajo). Los dos primeros tuvieron el formato llamado berlinés o tabloide (40 x 29 cms.), mientras que el resto tuvo formato de revista (29 x 20 cms.) Estaban impresos a dos colores (negro y rojo) y la cantidad de páginas varió entre 8 y 16. Tenía un diseño muy bueno para aquella época, estaba discretamente ilustrado y era de fácil lectura.

REVISION N° 1

Salvo alguno que otro artículo meduloso, como por ejemplo el de “Política económica de Rosas”, cuyo autor fue Juan P. Oliver, los restantes fueron breves y sencillos ya que Revisión estaba destinado al público en general, más que a los entendidos en temas históricos, pero no por ello cada una de las colaboraciones dejaban de ser interesantes.

Se podía conseguir en kioscos ubicados generalmente en las terminales ferroviarias, en algunas estaciones del subterráneo, en plazas o esquinas estratégicas de la ciudad de Buenos Aires y también en librerías importantes de la época como Huemul en Av. Santa Fe, o Platero frente al Palacio de Tribunales, o en editorial Theoría de la calle Moreno al 1300; también se vendía y distribuía en mano.

Era un medio de difusión de cultura histórica, que no trataba temas políticos del momento, no obstante lo cual, el número 6 encontrándose ya impresa la edición y a punto de ser distribuida, fue secuestrada por la Policía.

La publicación aparentemente no era institucional, y digo "aparente", pues en los primeros números, no se menciona como perteneciente a una institución, pero en la edición del número 7 aparece una sección “Noticias del Instituto Juan Manuel de Rosas de Investigaciones Históricas” y en el número siguiente en la tapa, figura como que esa revista era “Organo oficial” del mencionado Instituto, lo que se repite en los números 9 y 10. A partir del número 11, ya no figura en tapa lo de “Organo oficial del Instituto…”, pero sí se publican las Noticias del mismo en ese número y en el siguiente, pero a partir del número 13, ya ni siquiera figuran aquellas “Noticias…”.

REVISION N° 8

Quién esto escribe posee el total de los números, por supuesto con la excepción de aquél N° 6. Actualmente, muchas de las personas a quienes les gustan investigar y leer sobre temas históricos, no conocen esta publicación, la que también es difícil de encontrar, incluso en los portales de internet y en las librerías de usados. Quienes la conocemos, cuando nos referimos a ella, la nombramos como Revista Revisión.


A continuación detallo la fecha de salida de cada edición, como así otros datos:
REVISION N° 1 - Julio de 1959 - 8 pgs.
REVISION N° 2 - Agosto de 1959 - 8 pgs.
REVISION N° 3 - Noviembre de 1959 - 8 pgs. 
REVISION N° 4 - Año I -Diciembre de 1959 - 8 pgs.
REVISION N° 5 - Año II - Enero de 1960 - 8 pgs.
REVISION N° 6 - Sin datos
REVISION N° 7 - Año II - (2da. Epoca) Julio de 1964 - 8 pgs.
REVISION N° 8 - Año II - (2da. Epoca) Agosto de 1964 - 8 pgs.
REVISION N° 9 - Año II - (2da. Epoca) Setiembre de 1964 - 8 pgs.
REVISION N° 10 - Año II - (2da. Epoca) Octubre de 1964 - 8 pgs.
REVISION N° 11 - Año II - (2da. Epoca) Noviembre de 1964 - 8 pgs.
REVISION N° 12 - Año II - (2da. Epoca) Diciembre de 1964 - 8 pgs.
REVISION N° 13/14 - Año II - (2da. Epoca) Enero/Febrero de 1965 - 12 pgs.
REVISION N° 15/16 - Año II - (2da. Epoca) Marzo/Abril de 1965 - 12 pgs.
REVISION N° 17 - Año II - (3ra. Epoca) Agosto de 1965 - 16 pgs.
REVISION N° 18 - Año II - (3ra. Epoca) Setiembre de 1965 - 16 pgs.
REVISION N° 19/20 - Año II - (3ra. Epoca) Octubre/Noviembre de 1965 - 16 pgs.
REVISION N° 21 - Año II - (3ra. Epoca) Diciembre de 1965 - 16 pgs.
REVISION N° 22 - Año 3 - (3ra. Epoca) sin fecha - 16 pgs.

Revista Revisión
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lunes, 26 de octubre de 2020

Rosas en los altares (3) - Alberto Ezcurra Medrano

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

5

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. En "Revolviendo la biblioteca (3)", publicamos un artículo de autoría de Alberto Ezcurra Medrano, publicado en la "Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas" N° 4 de diciembre de 1939, titulado "Rosas en los altares".

Años después, fué publicado en el diario "La Prensa" del 19 de noviembre de 1959, el artículo de autoría del historiador Enrique J. Fitte, "Acotaciones sobre la efigie de Rosas en las funciones religiosas", que también se refiere al mismo tema, que publicamos en "Revolviendo la biblioteca (4)".

Ese artículo mereció una contestación por parte de Alberto Ezcurra Medrano, que apareció en la edición del mes de diciembre de 1959 de la revista "Revisión" N° 4, de diciembre de 1959, que publicamos a continuación.


SOBRE "ROSAS EN LOS ALTARES"

                                                                                                  Por Alberto Ezcurra Medrano


Revista Revisión , Año 1, N° 4,
Diciembre de 1959

(Especial para REVISIÓN)



Hace un cuarto de siglo era un lugar común la afirmación de que en la época de Rosas, el retrato del Restaurador había sido colocado en los altares. Después de un detenido estudio del asunto, basado en la tradición, gravado y crónicas de la época, publiqué en "Crisol" el 1° de enero de 1935 un artículo titulado "Rosas en los altares", donde documentaba concluyentemente lo contrario. En ese artículo, reproducido en el número 4 de la Revista del Instituto Juan Manuel de Rosas, llegaba a la conclusión de que "el retrato de Rosas no se colocaba en el altar, sino, por lo general, en un asiento, en el presbiterio, cerca del altar, del lado del Evangelio", y que ello "no constituyó profanación ni sacrilegio". 

El impacto fue tan profundo que el antirrevisionismo ha tardado 25 años en reaccionar. Y lo ha hecho en "La Prensa" del 19 de noviembre del corriente año, mediante el artículo de Enrique J. Fitte titulado "Acotaciones sobre la efigie de Rosas en las funciones religiosas". 

Demás está decir que el autor no refuta ni lo pretende siquiera, la afirmación de que el retrato se colocó en el presbiterio y no en el altar. Por el contrario, manifiesta no hacer cuestión de lugar, a pesar de que esta cuestión es de fundamental importancia. Sus "acotaciones" se reducen a argumentos, que creo poder sintetizar bien en la siguiente forma: 1) No fue sólo en las funciones parroquiales de 1839 cuando el retrato aparece en los templos, sino también antes y después; 2) No es valedera la explicación de la imposibilidad en que se encontraba Rosas de concurrir personalmente a todas las ceremonias, sino que había en ello un móvil político. 

Respecto del primer punto debo manifestar que si me concerté especialmente a las funciones parroquiales de 1839, fue porque precisamente a ellas se refieren las acusaciones más estridentes de idolatría. No obstante mencioné también el óleo de Boneo -el mismo que reproduce el señor Fitte- aclarando que "representa una ceremonia religiosa en la iglesia de la Piedad", y sin identificarlo, por consiguiente, con las "funciones parroquiales". En realidad la fecha y la oportunidad en que aparece el retrato en el templo es de muy relativa importancia con relación al hecho en sí. 

En cuanto a la explicación del hecho, me atuve a la versión tradicional, de fuente eclesiástica, a que aludí en mi artículo. Posteriormente fue rectificado por un historiador revisionista, Julio Irazusta, quien consideró una falla de mi hermenéutica al haber atribuído exclusivamente a esa causa el origen de la ceremonia, creyendo por su parte en la concurrencia de un móvil de mística política. No hay inconveniente en aceptar esa rectificación. Pero no creo que pueda rechazarse en absoluta la hipótesis de la asistencia simbólica de Rosas. No se trata de que haya mediado invitación previa ni de imposibilidad de concurrir por inconveniente de último momento, como dice el señor Fitte. Se deseaba contar con la presencia de Rosas y cada una de las ceremonias, se le representaba con el retrato. Luego esto se hizo costumbre y así se explica que haya ocurrido hasta en la misma casa de Rosas, aunque tampoco con su presencia física, según parece deducirse del relato del almirante Ferragut, ya que después de nombrar varias veces a Rosas como "el gobernador", no lo incluye entre los concurrentes. 

En el mencionado relato hay algo que puede dar lugar a confusiones. Ve Ferragut "un altar para el servicio divino" y a la izquierda "otro más pequeño", destinado al retrato. Altar, para los católicos, es el "ara consagrado sobre la cual celebra el sacerdote el santo sacrificio de la misa" y por extensión, "el hogar levantado y en forma de mesa, más largo que ancho, donde se coloca dicha ara" (Espasa). Lo que al almirante pareció altar, no lo era, porque no tenía ara ni en él se celebraba misa. Por mucha forma de altar que haya tenido, si es que la tuvo, fue simplemente el asiento bajo docel preparado para el retrato. 

En lo que decididamente no estoy de acuerdo con el señor Fitte es en la conclusión a que llega: "Esto es incurrir en pecado de idolatría y en delito de profanación". El privilegio de ocupar un lugar prominente en el presbiterio o sea en las proximidades del altar, había sido concedido a las autoridades seglares por la Iglesia, y en especial a los reyes de España. Que se haya colocado en su lugar un retrato, cualquiera sean los motivos de ello, podrá parecer inconveniente, de mal gusto, pero no encuadra dentro de la idolatría ni de la profanación, porque dicho retrato no estaba allí para recibir culto, sino más bien para tributarlo a Dios, custodiando su altar. Hoy, en tiempos menos personalistas, se coloca junto al altar mayor la bandera nacional y nadie ve en ello profanación ni idolatría a pesar de que desde el punto de vista estrictamente religioso, nada tiene que hacer en ese lugar. 

La acusación de idolatría; por parte, más que a Rosas, afecta al ilustre clero argentino de esa época, presidida por el obispo Mariano Medrano, enérgico defensor de la ortodoxia católica frente a la reforma rivadaviana, y compuesta de sacerdotes de la virtud e ilustración de los canónigos Zavaleta, García, Segurola, Pereda Zavaleta, Elortondo y Palacio, Argerich y otros. Es absurdo suponer que la iglesia argentina prevaricó en masa, incurriendo en el grosero pecado de idolatría. 

La verdad, no rebatida hasta ahora, e imposible de rebatir, porque la verdad es que el retrato de Rosas nunca se colocó en los altares y por consiguiente, jamás fue objeto de adoración ni de culto, por lo que no pudo haber profanación ni sacrilegio.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Trascendencia política del Revisionismo

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año II N° 8 - Setiembre 2008 - Pags. 14 y 15 

Este artículo fue publicado en "Revision" Nº 1 de julio de 1959

Trascendencia política del

Revisionismo

                                                ESCRIBE: EMILIO SAMYN DUCÓ

 

Revisión N° 1
Sin una verdadera interpretación histórica, no puede encararse una política de autenticidad nacional. No hay posibilidad de solucionar los problemas sociológicos, sin un conocimiento cierto del pasado y un exacto juicio valorativo.

Si estas premisas son comunes a todos los pueblos, por razones particulares de nuestro propio devenir, adquieren en nuestro caso una importancia decisiva.

Hay en la entraña misma de nuestro transcurrir histórico una constante que alguna vez deberá ser quebrada en forma definitiva. Esa constante es la lucha permanente entre los intereses supremos de la nación y los planteamientos ideológicos, ingenuos en unos casos, de manifiesta mala fe en otros, pero siempre contrarios a la nacionalidad. En general estos planteamientos teóricos, han sido sencillamente el decorado sicológico de una verdadera y permanente traición.

Solo así podemos explicarnos que salvo admirables excepciones, nuestro actuar político ha sido dirigido siempre a la desintegración espiritual de nuestro pueblo, al desmembramiento de nuestro territorio y al empobrecimiento y deformación de nuestra economía.

En su juicio aparece una clara herencia española, ya que el propio Imperio, en los años de su decadencia, acusa manifiestas actitudes disolventes. Su política en el Río de la Plata, con Portugal, aliado de Inglaterra, vino a significar la pérdida momentánea de las Misiones Orientales y de la otra Banda. Y la desautorización diplomática de la reconquista de la colonia del Sacramento, efectuada victoriosamente por nuestras armas, es el antecedente, perfectamente análogo, de lo ocurrido caso siglo y medio después, al triunfar nosotros por las armas, sobre el Imperio del Brasil, y perder luego la Banda Oriental en un tratado desastroso.

Ideologías y complejos

Pero si en España esto pudo haber sido simplemente el producto de la decadencia imperial -un fenómeno político puro- en nuestro caso, esta actividad va a agravarse al correr de los años, con la introducción de dos factores particulares: la influencia de ideologías, no sólo ajenas sino contrarias al ser nacional y la aparición de un complejo de inferioridad racial, que sobre haber perturbado peligrosamente nuestra propia vida como nación, recrudece justamente en estos precisos momentos, en las actitudes más desvergonzadas y destructoras.

Estas formas de actuar de nuestra vida política; una nacida de la tierra, con un sentido de autenticidad y de orgullo nacionales, la otra producto de espíritus desarraigados, cuando no de verdaderos traidores, dan origen a dos corrientes de opinión, a dos actitudes, a dos mundos diametralmente opuestos e incompatibles.

De un lado, argentinos para quienes la grandeza de la Patria y el bienestar de nuestro pueblo, están por encina de todo. Pero para quienes esta grandeza y este bienestar, solo pueden y deben lograrse dentro de nuestras propias posibilidades, con nuestras virtudes y nuestros vicios, porque antes que toda "idea" de organización o de progreso, lo que importa es permanecer fieles a nuestro ser nacional. No aceptamos progreso ni organización, a costa de nuestra personalidad nacional. No queremos sacrificar a "teorías", por seductoras que parezcan, nuestras características nacionales. Aún con aparente lentitud o imperfección, queremos nosotros, resolver nuestros problemas. Lo que importa es ser una nación, imperfecta, pobre, atrasada inclusive, pero ser nosotros mismos. Rechazamos la idea -falsa por lo demás- de convertirnos en una factoría brillante, con un pueblo sin alma y sin vocación histórica.

Del otro lado, los ideólogos: ¿Cómo son estos ideólogos?, ¿Cómo nacen dentro de una comunidad nacional, estos espíritus enemigos de lo propio, que no comprenden que "lo extraño" será siempre "lo enemigo" y que de él no es posible esperar la solución de los propios problemas?

Muchos factores se han conjugado en nuestra historia, para dar origen a esta corriente turbia y patricida.

El idealismo y nuestros complejos 

En primer lugar, las mencionadas ideologías liberales, que en nosotros no fueron solamente una retórica, sino que crearon un temperamento. En segundo, el producto de ciertos resentimientos sociales y raciales. En tercero el actuar inequívoco de ciertos hombres públicos que obran en defensa de sus intereses personales, al servicio del extranjero, y que, lógicamente, disfrazan esa conducta con pretextas teorías.

Nada hay más contrario -y nada lo había, sobre todo- a nuestro propio ser nacional, que las ideas liberales. La época de la colonia, transcurrió entre hechos de armas y la predicación católica. La fe y el coraje fueron las virtudes supremas de la raza. La disciplina y la jerarquía, consubstanciales con la nacionalidad incipiente. La vida austera y sufrida, hecha a las campañas, dieron generaciones de varones esforzados y abnegados mujeres que hicieron el milagro de la argentinidad.

Unos pocos hombres -en el fondo débiles y afeminados- se dieron a la lectura de libros extraños. Incapaces de comprender la macha aspereza del paisaje nativo, dieron la espalda a la tierra y se extranjerizaron definitivamente.

Nada había tampoco, ni en nuestras leyes, ni en nuestras usanzas -por parte de sana entraña republicana- que permitiera suponer viable una derivación liberal en nuestras instituciones.

Los ideólogos, los "botarates de las luces y los principio" como los califica Juan Manuel, se caracterizan así por su ajenidad. Son ajenas las instituciones que preconizaron e impusieron sin comprender que las instituciones deben ser el producto histórico de la comunidad nacional y que no pueden injertarse. Son extraños, por su cultura y pretenden inclusive extranjerizar nuestras costumbres.

Esta división entre patriotas e ideólogos, entre argentinos auténticos y extranjeros vocacionales, subsiste cada vez más agravada, hasta nuestros días, y de ella nacen las profundas contradicciones de nuestro acontecer histórico.

El sentido de patria y las dos políticas 

Casi podría trazarse una línea vertical de separación. Por una parte, por trágico error o por malicia, los permanentes autores de la traición. Por la otra los jefes naturales, los auténticos caudillos, los hijos de la tierra que tienen su más ilustre antecedente en la noble personalidad de Hernandarias, pasando por Artigas y culminando en Juan Manuel de Rosas.

En Caseros, verdadera derrota de todo un país, se quiebra en cierto modo irreversiblemente la línea nacional. La gestión de los ideólogos, altera, con claras consecuencias sociológicas, el ser nacional. El país adquiere una nueva fisonomía, a través de leyes impuestas despóticamente por una minoría contra las cuales, se agitan rebeldemente las usanzas propias originando un funcionamiento jurídico permanente. La inmigración en masa, el hecho más grave, produce, por motivos raciales, una alteración en nuestro ritmo espiritual.

Esta dos corrientes históricas, lejos de haberse fundido o diluido, se han ido ahondando día a día, del tal modo, que hoy mismo, constituyen toda la clave de nuestra problemática política. Pues la lucha por el reencuentro del país real, del país verdaderamente argentino, consigo mismo, se actualiza ahora con todo rigor.

El país, en lo que tiene de auténtico, de popular, de atado a la Madre Tierra, está enrolado, conscientemente, en la corriente nacional.

Todo lo demás, es el criminal agitarse de intelectualoides apátridas y de astutos mandatarios del extranjero.

Y ambas corrientes están hoy, como hace cien años, de nuevo frente a frente.

Por claros motivos, pues, revisionismo y posición política, van indestructiblemente unidos. Ante estos hechos, nadie puede suponer que el revisionismo sea sólo un quehacer historiográfico. Es por encima de todo, un quehacer de trascendencia política.

Porque quien no comprende nuestra historia, nuestra verdadera historia, no podrá comprender ni servir fielmente a la argentinidad.


Revista Revisión, su primer Editorial (julio de 1959)

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año II N° 8 - Setiembre 2008 - Pag. 14 




Revista Revisión,
su primer Editorial (julio de 1959)



Revisar, rever la historia argentina, es el objetivo primario de REVISION, periódico de cultura popular, que con este número abre al pueblo argentino sus páginas. 

De su contenido de éste y los siguientes, vamos a estructurar la gran marcha victoriosa de la reconquista y restauración de los valores nacionales postergados por una historia oficial tergiversada y adulterada, como lo iremos probando. 

Los valores nacionales son todo nuestro grandioso pasado que el pueblo intuye, sospechando que lo escrito sobre historia argentina, sobre sus hechos y sus hombres no contienen la verdad y la claridad necesarias para explicar los hechos anteriores, interpretar los presentes y advertir las del futuro. 

Porque historia no es el relato frío de los acontecimientos, al uso actual, sino las íntimas relaciones con el presente, de efecto a causa, de dónde venimos y a dónde vamos. 

La historia encierra el gran secreto de ser un saber vital, madre de la filosofía, sociología y sobre todo de la moral. 

Los pueblos la hacen y los hombres la escriben, las pasiones de éstos la desvían por intereses de castas que terminan en descastadas, esos intereses impuros, tienden a dar mitos: llamamos ángeles y demonios, leyendas negras o rojas. 

La historia argentina tiene de todo demasiado, este país distorsionado por una prédica base de una historia dislocada, por ser una historia falsificada, quiere su reencuentro en una Argentina GRANDE y que sólo por una revisión amplia, total, podrá reencontrarse a sí misma. 

Con tal plan de tareas, los argentinos tendrán en REVISION sus propias páginas, con su material, coleccionado con amor de patria por las cosas nuestras, edificaremos la HISTORIA CIENTIFICA que los tiempos obligan, ya que un PUEBLO maduro como Argentina no puede postergar por mas tiempo el conocer su propia historia.