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sábado, 1 de noviembre de 2025

Guerra de Malvinas - Derribo de un Sea Harrier

 Publicado en el portal de Infobae el 31 de octubre de 2025   


El dramático derribo de un avión Sea Harrier en Malvinas y el adiós a un suboficial argentino que participó de la gesta

Lo que para la jerga militar es “fuego reunido” para el común de los mortales es “disparar todos a la vez”. Así fue cómo terminó estrellado un avión de combate británico durante la guerra. Los detalles de esta acción, protagonizada por efectivos del regimiento 5 y el recuerdo del suboficial Ricardo Abel Aleksiejoner

Por Adrián Pignatelli

Guerra de Malvinas
El regimiento de infantería 5, con asiento en Paso de los Libres, fue enviado a la isla Gran Malvina, y quedaría aislado durante la guerra

Faltaban quince minutos para las diez de la mañana del 21 de mayo de 1982 cuando la Fuerza de Tareas Yapeyú, en Puerto Howard, escuchó el rugir del motor de aviones. Aún no sabían si se trataban de máquinas propias o enemigas, hasta que el cabo primero Gómez, que operaba el radar, gritó “¡Alerta roja! ¡Alerta roja! ¡Aviones!”. Seguidamente, uno apareció sobre el canal.
Paralelo al estrecho se extendía una cadena montañosa, que las máquinas inglesas usaban para eludir el rastreo de los radares argentinos y aparecer por sorpresa sobre las posiciones argentinas durante la Guerra de Malvinas.
Ubicado en la isla Gran Malvina, Howard era en 1982 un puerto pequeño sobre el estrecho de San Carlos. Una caleta lo protegía y permitía que los buques pudieran atracar. Poseía una pequeña población, dedicada a la cría de ovejas y al esquilado, cuyo producto final se enviaba a Gran Bretaña. A partir de la recuperación argentina, había sido rebautizado Puerto Yapeyú, en honor a la cuna de José de San Martín.
Guerra de Malvinas
Puerto Yapeyú. De izquierda a derecha: sargento Girón,
el cabo primero Orué  y los cabos Aleksiejoner y Orieta

Ese fue el punto elegido para ubicar al Regimiento de Infantería 5 para contrarrestar una eventual ocupación enemiga. Este regimiento pasaría a la historia de la guerra de Malvinas como la unidad que más resistió el aislamiento.
Sabedores de que los aviones enemigos aprovechaban los montes para ocultarse y aparecer de improvisto, en tierra decidieron prepararse.
Minutos antes de haber sido detectado, el Sea Harrier matrícula XZ-972 había despegado del portaaviones Hermes junto a otra máquina piloteada por Peter Square, que debió regresar porque su tren de aterrizaje permanecía bajo. Su compañero el teniente Jeff Glover, que el 2 de abril había cumplido 26 años, siguió solo en su misión de reconocimiento.
El avión pasó por las posiciones argentinas del regimiento de infantería 5 a 700 kilómetros por hora. Los dos misiles Blowpipe que se le dispararon fueron eludidos por el piloto y terminaron explotando en tierra.
Unos minutos después, el avión regresó, en un trayecto transversal a la bahía, y el piloto, confiado, pasó a menor velocidad con el propósito de tomar fotografías de las posiciones argentinas. Pero lo estaban esperando.
Según describió Roberto Malatesta en la completa reseña del regimiento 5 en Howard durante la guerra, prácticamente toda la unidad hizo fuego, empezando por su jefe, el coronel Juan Ramón Mabragaña, a quien vieron disparar su fusil a cuerpo gentil. De pronto los testigos describieron que el cielo se pobló de los rayos de las municiones trazadoras. El ensordecedor sonido al unísono de las armas hasta tapó el sonido del viento.
Cuando el avión pasó sobre la posición de la compañía C, los soldados dispararon casi en vertical.
Sea Harrier
El teniente primero Sergio Fernández, quien disparó el misil Blowpipe que terminó
 de desestabilizar al Harrier, piloteado por Jeff Glover

En la posición de la compañía A se contaba con dos ametralladoras pesadas Browing 12.7 mm. El apuntador de una de ellas era el cabo Aleksiejoner. Y con el soldado Suárez, que era su auxiliar, le dispararon un total de cien proyectiles. Cerca, el cabo primero Orué, que operaba la otra ametralladora idéntica, hizo lo propio.
El piloto, al recibir tantos impactos desde tierra, todos al mismo tiempo, sintió como si se hubiera metido dentro de una nube de granizo y percibió que perdía el control del aparato. Un Blowpipe disparado por el teniente primero Sergio Fernández, de la Compañía Comando 601 estalló justo debajo de la máquina y la envolvió en una espesa nube negra.
Eso fue lo que decidió a Glover a eyectarse. Fue un milagro que no recibiera ningún impacto mientras descendía en paracaídas.
Todos gritaron de alegría cuando comprobaron que el avión caía a tierra, en medio de muchos “viva la Patria”, sapucays y exclamaciones.

El momento en que el piloto Jeff Glover es rescatado

En un bote, rescataron al piloto, que flotaba agitando un brazo. En la costa, se lo envolvió en una manta y en una moto enduro de los comandos fue llevado al puesto de socorro.
Tenía una fractura y luxación del hombro derecho y una herida en el labio superior. Se lo anestesió y se lo curó.
En el interrogatorio intervino el sargento primero Carlos Sánchez como traductor. El piloto comió un sándwich y tomó un té, un menú de lujo para una unidad que, por la escasez, se comía solo una vez al día.

El pasado 24 de octubre, luego de estar varios días internado, falleció Ricardo Abel Aleksiejoner. Estaba casado y tenía dos hijos.
De joven era tan flaco que lo conocían como “Palito”. En la guerra participó activamente en operaciones con morteros de 81 mm Thomson-Brandt, defendiendo posiciones clave contra las fuerzas británicas.
Tras el conflicto, se radicó en San Miguel, donde era conocido por su espíritu solidario, no solo con los veteranos de guerra sino con los que menos tenían. Era habitual que llevara a comer pizza a chicos que vivían en la calle.
Fue concejal y responsable del Centro de Operaciones municipal y un activo divulgador de Malvinas. Hincha del Club Atlético San Miguel, llegó a ser el responsable de seguridad de esa entidad.
En 2009 fue homenajeado por el concejo deliberante por su condición de veterano, donde señaló que “no me merezco esto”. El año pasado saldó una deuda pendiente y viajó a Puerto Madryn, donde había llegado el 19 de junio de 1982 como prisionero en el Canberra. Allí le entregó al intendente Gustavo Sastre una remera que tenía grabado el lema “Honor y gloria”.
Falleció al día siguiente de haber cumplido los 63 años. El club de sus amores lo homenajeó como “el protector de nuestras islas”, sus superiores lo recuerdan como un brillante suboficial y también fue elogiado por figuras políticas del ámbito local.
El operador de la otra ametralladora, el cabo Ramón Wladimiro Orué, murió en la defensa del cuartel de La Tablada. Era entonces sargento, perteneciente a la Compañía Comandos 601 y había sido herido cerca de la capilla de la unidad. Falleció nueve días después en el Hospital Militar.
Las figuras de ambos suboficiales quedaron inmortalizadas en una icónica foto tomada en las islas, junto a una de las ametralladoras que cuidaban hasta el esmero. Y con la que disparó al avión inglés esa fría mañana de mayo de 1982.

martes, 24 de octubre de 2023

Cuestión Malvinas - Guerra fría - Domingo Sabaté Lichtschein

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

El artículo que publicamos a continuación, salió en el diario La Prensa en dos partes, los días 15 y 16 de setiembre de 1989, de autoría del que fuera profesor de Derecho Internacional Público en la Facultad de Derecho de la UBA, además de escritor, investigador, docente, diplomático, etc., el Dr. Domingo Sabaté Lichtschein.


La Argentina y Gran Bretaña (1) y (final)
La guerra fría en el Atlántico Sur
por Domingo Sabaté Lichtschein

1ra. parte

Se suele designar con el nombre de guerra fría a una situación de prolongada situación de dos o más estados o bloques enfrentados por intereses contrapuestos tratan de producirse daños sin agresión militar directa y en la que no se aplican las normas del estado de guerra.

Los historiadores recuerdan que a este término lo inventó en 1947 el periodista Herbert B. Swope para su empleo en un discurso del senador norteamericano Barnard M Baruch y lo adoptó otro periodista, Wálter Lípomann, en una obra a la que tituló “La guerra fría. Estudio de la política exterior de los Estados Unidos”. Es de conocimiento público que con motivo de actitudes soviéticas en la Europa oriental esta política se instrumentó en 1947 mediante la llamada “doctrina Truman”, de ayuda a los países europeos que quisieran salarse del comunismo, poco tiempo después de que Winston Churchill, en su ya célebre discurso en la Universidad de Fulton (Missouri) en el mes de marzo de 1949, llamara la atención sobre aquello que calificó de “telón de acero". Los Principales impulsores de la política de la guerra fría ha sido por el lado norteamericano el embajador F. Kennan en 1946 y por el lado soviético el ideólogo Andrei Jdanov en 1947.

Aunque concebido para referirse a la confrontación entre las dos mayores superpotencias, que encarnan los dos bloques en que se ha dividido el espectro de las supremacías internacionales, el término fue también empleado con relación a la disputa entre la Unión Soviética y la China roja y se podría aplicar a los enfrentamientos entre Grecia y Turquía, que se hallen en conflicto permanente por la cuestión de Chipre y de la plataforma continental del mar Egeo. Por la misma razón, la subsistencia de tensiones políticas entre nuestro país y el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, después de terminadas las operaciones militares de la contienda del Atlántico  sur, permite calificar a estas tensiones como un nuevo caso de guerra fría. Después de terminadas esas operaciones se han producido varios hechos de hostigamiento contra nuestro país por el gobierno británico en aquel espacio y éste a su vez ha considerado irritantes algunos hechos de nuestro gobierno. Recordemos aquellos de mayor resonancia.

Fire Focus

El 11 de febrero de 1988 el Reino Unido anunció la operación Fire (Falkland Islands  Reinforcement Exercise) Focus, los ejercicios militares británicos que se realizaron en las Malvinas del 7 al 31 de marzo de aquel año. El gobierno argentino, empecinado en impedir aquellos ejercicios, podía adoptar con tal propósito varias medidas o reacciones.

Una de ellas era la protesta diplomática dirigida al gobierno británico por intermedio del Brasil, que representa nuestros intereses en Londres desde 1892; esta medida ro tenía posibilidades de éxito.

Otra respuesta consistía en la realización de idénticas maniobras en lugares cercanos, es decir frente a las Malvinas. Reacciones de esta clase, sin embargo, resultan peligrosas porque estando cercanos los ejércitos se hacen más posibles los incidentes; se debe recordar que en el año 1914 un alistamiento militar parecido, la movilización rusa, originó a su vez la movilización alemana y fue elemento detonante de la Gran Guerra, a la que hoy se llama inexactamente Primera Guerra Mundial. Pero nuestro gobierno se limitó a anunciar algo diferente, la proclamación del estado de vigilancia y alerta defensiva con el alistamiento de unidades navales y áreas, una respuesta teórica que no  tuvo ningún efecto práctico.

Otra reacción hubiera consistido, como algunos pedían, en la confiscación de los bienes británicos radicados en nuestro país. Una medida de esta naturaleza, la incautación de empresas alemanas, había sido aplicada por nuestro gobierno al declararse en guerra con Alemania en 1945. Y la Corte Suprema de Justicia argentina había convalidado este proceder, apoyada, en el hecho del estado. de guerra de los poderes bélicos del presidente de la Nación.

Pero en 1988 el estado de Guerra entre la Argentina y el Reino Unido había cesado de hecho; por otro lado había que tener en cuenta que en 1945 la Alemania vencida y destrozada no podía aplicar represalia alguna para responder a la confiscación de sus bienes; en cambio, en 1983 la Gran Bretaña con sus asociados del Mercado Común Europeo le podía producir a nuestro país un daño mayor que el que representara la confiscación de los bienes británicos.

El recurso ante la OEA

Nuestro gobierno prefirió en este caso el camino de los recursos ante los organismos internacionales pero demostró al plantearlos una absoluta falta de habilidad. Se llevó la cuestión al Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) pero este Órgano carecía y carece de competencia para ordenar al Reino Unido, que no es parte integrante del mismo, la suspensión de sus maniobras; la resolución de este Consejo del 1° de marzo de 1988 se limitó a expresar su preocupación y su esperanza de que la Gran Bretaña considerara su decisión. Esto era solamente un apoyo teórico pero no era el apoyo que nuestro gobierno necesitaba. Y el miembro principal de la OEA, los Estados Unidos de América, se negó a acompañar con su voto esta resolución.

Fue omitida la vía del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, que procede ante un hecho o situación que pueda poner en peligro la paz de América (Art. 6°) un acuerdo que había sido aplicado con éxito cuando los Estados Unidos se consideraron amenazados por la construcción en Cuba de emplazamientos para lanzar misiles que podrían trasportar cabezas nucleares en octubre de 1962.

El recurso ente las Naciones Unidas

Al mismo tiempo nuestra Cancillería acudió ante la Organización de las Naciones Unidas. A ella había acudido también Corea del Sur ante la decisión de la Unión Soviética de realizar maniobras militares en ciertas islas del Pacífico que ambos estados consideran que les pertenecen.

En nuestro caso no podía recurrirse a la Corte Internacional de Justicia, tribunal Judicial de las Naciones Unidas, no solamente porque se trata de un asunto urgente si también por no existir tratado que nos ligue con el Reino Unido para someter las controversias a ese tribunal (por ello fue que nuestro gobierno no aceptó en 1965 la demanda inglesa por la Antártida ante ese órgano Judicial.

La Cancillería argentina, por tal motivo, llevó primeramente el asunto al Comité de los 24 o Comité de Descolonización, el cual pidió sin éxito al Reino Unido que reconsiderara su decisión, y lo discutió en la Conferencia de Desarme de Ginebra que no tenía poder para impedir los ejercicios militares británicos.

Acto seguido presentó una nota al secretario general en la que expresaba su protesta por esos ejercicios (lo que fue replicado por el Reino Unido en comunicación al mismo secretario rechazando la protesta). Y algunos días después, luego de obtenida la inoperante resolución de la OEA y habiendo comenzado las maniobras inglesas, solicitó reunión del Consejo de Seguridad.

En este órgano la Gran Bretaña tiene el derecho de oponer el veto a cualquier proyecto de resolución que no sea de procedimiento por cuya causa nuestra Cancillería decidió presentarlo el caso como cuestión Informativa, algo ineficaz ante un cuerpo que es de naturaleza ejecutiva y que se ha concebido para la acción.

¿Para qué procedía de esta manera nuestra Cancillería, que desde un principio sabía que no habría de lograr efecto práctico? Sencillamente para utilizar una tribuna desde la cual recriminar al gobierno inglés. El resultado fue un combate al estilo del de Don Quijote contra los molinos de viento, algo para consumo interno, destinado al público argentino que mira las pantallas de televisión. Causó desilusión la endeblez de los argumentos que se esgrimieron ante aquel Consejo por nuestro canciller.

Contrariamente a lo que llegó a decirse en nuestros ámbitos gubernativos no hubo ningún pronunciamiento en favor de la Argentina porque en razón de presentarse el caso como cuestión informativa no se votó.

Inglaterra salió fortalecida de este debate, pudo recuperarse parcialmente de la parlamentaria derrota que había sufrido al discutirse el caso de las Malvinas en la Asamblea General.

Lo que pudo utilizarse

Se debe señalar que no se utilizó el recurso de la Resolución Unión Pro Paz del año 1950, que permite a la Asamblea General de las Naciones Unidas, en la que ningún miembro pudo oponer el veto, actuar en todo caso en que exista una amenaza a la paz y no hubiera podido lograrse una decisión del Consejo de Seguridad por falta de unanimidad de sus miembros permanentes.

Por esta vía había sido resuelta en 1958 la cuestión de Suez cuando la Gran Bretaña y Francia, junto con Israel, atacaron a Egipto; la Asamblea General por 64 votos contra 5 exigió el inmediato cese del fuego y los franceses e ingleses se retiraron del territorio egipcio.

Esta era una vía dificultosa en el caso de los ejercicios militares británicos porque en febrero y marzo de 1988 no se hallaba reunida la Asamblea General, en la que la Argentina había obtenido una amplia mayoría de votos favorables al tratarse el caso de las Malvinas en años anteriores. Pero aunque corriendo contra el tiempo hubiera podido lograrse una reunión de emergencia de esa Asamblea si se empleaba el esfuerzo y el dinero que se gastaron pocos meses  después con el objeto de obtener los votos necesarios para que el canciller argentino de aquel entonces fuera elegido presidente de la Asamblea General...

Las maniobras británicas sin embargo, muy publicitadas y estentóreas, no tenían suficiente gravedad como para exigir una reunión del Consejo de Seguridad o de la Asamblea General. A la vez parecía comprensible la irritación de nuestros gobernantes. Pero la irritación es mala consejera cuando no existe paridad de fuerzas. Por tal motivo nuestra Cancillería se debía limitar en aquel caso a formular su protesta diplomática y no acusar el impacto de las maniobras; debía restarles importancia. Puesto que el objetivo de esos ejercicios era la disuasión, esta respuesta resultaba ser la única sensata y es la que más hubiera sorprendido y decepcionado al gobierno inglés.


Última parte

En la controversia de las Malvinas: la Gran Bretaña tuvo que enfrentarse no solamente con nuestro país sino igualmente con el grupo de los países hispanoamericanos;  había ocurrido así en diversos órganos de las Naciones Unidas. Por esta causa decidió aplicar la regla de dividir para reinar que en una vieja práctica en el ámbito de las relaciones internacionales, tratando de anular la solidaridad que a la Argentina le han prestado hasta ahora la mayoría de los estados de Iberoamérica.

Aviones Ingleses en Montevideo

Mientras se realizaban las maniobras británicas en las Malvinas, el 9 de marzo de 1988 un avión militar del Reino Unido, que desde la isla Ascensión se dirigía a Puerto Argentino, comunicó encontrarse en situación de emergencia y aterrizó en Montevideo. ¿Era realmente una emergencia? Parecía más bien una simulación para conocer las reacciones del gobierno uruguayo. Ese gobierno no podía negarse a permitir el aterrizaje pero el problema lo iba a producir la salida del avión.

Se debía analizar si persistía el estado de guerra entre la Argentina y Gran Bretaña: si subsistía la guerra el Uruguay, como país neutral , se encontraba obligado por el derecho a internar la tripulación militar y a retener el aparato hasta el fin de la contienda; en cambio, si la guerra había concluido no les podía negar la salida. El gobierno uruguayo entendió que éste era el caso y permitió la salida aunque exigiendo que el avión no se dirigiera a las Malvinas sino que retornara a la Ascensión.

Después de que salió la aeronave de su territorio el gobierno oriental no se preocupó en averiguar dónde se había dirigido realmente. Pero tiempo después, el 10 de febrero de 1989, se ha repetido la misma escena y otro avión británico en viaje al archipiélago austral ha tocado tierra en un aeródromo de Montevideo. Y el gobierno uruguayo que impusiera las mismas exigencias que en el caso anterior, al comprobar que este otro avión inglés no se había dirigido a la Ascensión sino a las Malvinas, al advertir que se le esteba usando como  punto de apoyo para molestar a la Argentina, se ha considerado obligado a formular su protesta al Reino Unido, el que contestó con evasivas. Era otro movimiento de piezas en este juego de ajedrez internacional.

El carguero “Indiana”

En estos días el gobierno inglés Intenta establecer un servicio regular de trasporte entre las Malvinas y Ja América sudatlántica. Es con este propósito que el carguero "Indiana” se presentó en el puerto de Montevideo el 19 (ilegible) de enero de 1989. Este es un buque de trasporte matriculado en las Bahamas pero es prácticamente lo mismo que si fuera británico, porque el archipiélago de las Bahamas fue colonia inglesa independizada recién en 1973 y sigue vinculado comercialmente a su madre patria; el buque es propiedad de empresas pesqueras que operan en las aguas situadas alrededor de las Malvinas.

También en este caso el gobierno uruguayo no le podía negar la entrada puesto que el derecho internacional les reconoce a todos los navíos privados el derecho de acceso a los puertos sin necesidad de tratado o autorización previa.

Tiene, sin embargo, ese gobierno el derecho de negar el permiso para un servicio regular de trasporte en cuyo caso el navío no puede regresar en forma periódica a un puerto oriental.

En su primer arribo el capltán del carguero negó que fuera su intención establecer un servicio continuado entre las islas Malvinas, Montevideo y Punta Arenas, pero el 18 de marzo de este mismo año ha regresado e Montevideo luego de intentar el acceso a un puerto del Brasil, cuyo gobierno le negó la entrada; el uruguayo, en cambio, ha permitido el acceso pero no ha permitido la descarga.

¿Cuánto ha de durar esta situación? Bastaría un cambio de gobierno, ya fuera en el Brasil, en el Uruguay o en la Argentina para que todo esto se modifique. ¿Cuántos otros “Indianas” arribarán al puerto de Montevideo? ¿Cuántos continuarán llegando sin obstáculos al puerto chileno de Punta Arenas?

Los convenlos de pesca

Por su parte, el gobierno del Reino Unido considera irritantes los convenios que el gobierno argentino celebró con Bulgaria y la Unión Soviética en 1988 para la pesca en aguas del Atlántico sur, porque ha entendido que con ello se intenta introducir a la Unión Soviética como aliado de la Argentina en la controversia de las Malvinas.

La verdad es que dichos convenios, resistidos por muchos argentinos, no le han servido para nada a nuestro país en su conflicto con el Reino Unido porque la URSS no encuentra beneficio alguno en contender en esa zona con Gran Bretaña ni con sus aliados del Tratado del Atlántico Norte, un espacio geopolítico que ahora se está intentando extender hacia el sur. Pero a su vez el Reino Unido proclamó en octubre de 1988 una zona de conservación pesquera y Ede plataforma -de plataforma continental, de 200 millas alrededor de las Malvinas (aunque haciendo efectiva por ahora dicha zona de pesca en la dimensión de 150 millas) y a partir de ese hecho está otorgando numerosos permisos para pescar en la región. Ello ha producido irritación en nuestro país.

Entre nosotros se ha llegado a afirmar que esta proclamación pesquera es la reacción británica ante los convenios argentino búlgaro y argentino-soviético mencionados, pero mejor parece ser el hecho tendiente a aportar recursos económicos para sufragar los grandes gastos de construcción de un aeropuerto y de mantenimiento  de tropas en las Malvinas; podría decirse, que también para ofrecer algún progreso a la hasta ahora abandonada colonia del Atlántico sur, en la que se quiere radicar nuevos pobladores con el propósito encubierto de su posible independencia.

Lo importante es que son muchos los pesqueros que hoy están operando sin medida y con licencia británica en los alrededores de las Malvinas (entre ellos muchos nacionales de países amigos de la Argentina y cuyos gobernantes no pueden, por tratarse de buques privados, prohibirles esa actividad) con lo que se produce una depredación marina en las aguas que cubren nuestra plataforma continental.

Nuestra Cancillería no encontró el camino para la solución de este problema que nos produce agravio muy superior a las maniobras inglesas de 1988, ante una pretensión británica que abarca espacios muy cercanos a la costa argentina de la Tierra del Fuego, disminuyendo el ámbito correspondiente a nuestra zona de pesca y de plataforma continental. Seguimos impasibles ante este daño y mientras tanto esa riqueza íctica, que podría ser compartida, se encuentra expuesta a una gravísima disminución.

La política de la torpeza

Ciertas modalidades de la política exterior han podido ser señaladas como la diplomacia de las cañoneras o la diplomacia del dólar o como la política del garrote o la del buen vecino; la que fuera aplicada por la Cancillería argentina que terminó de actuar en julio de 1989 podría ser  presentada como la política de la torpeza. Pocos momentos antes de iniciarse las maniobras británicas de 1988 en las Malvinas “The Dally Telegraph” de Londres, diario conservador que es normalmente partidario de la primer ministra Thatcher, en su edición del 5 de marzo de aquel año había dicho: “Pero deba resultar deseable para Gran Bretaña mantener la cuestión de las Malvinas a le temperatura internacional más baja posible. Por lo tanto, parece un acto de insensatez permitir que el Ministerio de Defensa realice su inminente ejercicio de refuerzos en el Atlántico Sur”.

Sus opiniones, sin embargo, no estaban en lo cierto; la conducta política del gobierno británico resultaba coherente. Porque dicho gobierno no quiere que se arregle el conflicto como lo pretende la Argentina, es decir devolviendo las islas usurpadas: por eso no trataba de enfriar sino de mantener candente el litigio. Y por eso también las respuestas de nuestro canciller de aquel entonces resultaban contraproducentes para los intereses argentinos porque contribuían a aumentarla tensión.

Cualquier experto en el arte de la política internacional sabe muy bien que cuando se pretende iniciar una negociación es necesario eliminar todos los elementos irritantes. Hay que tender un puente entre los adversarios y no un “telón de acero". Si se quería lograr que el Reino Unido aceptara sentarse ante una mesa de negociación no se debía llevarlo a una enojosa polémica, no se le debían arrojar piedras, como se hizo, ante los integrantes de una gran asamblea internacional. Ni se debía continuar aplicando aquella vieja política francesa que solamente ve en la Gran Bretaña a “la pérfida Albión”...

Uno de los pecados más reprochables en la presidencia argent ¡na que concluyera en julio de 1989 ha sido la  política exterior.

El ocaso de la guerra fría

Estamos asistiendo en nuestros dlas a lo que parece ser el ocaso de la guerra fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética; estamos en presencia de un cambio en la evolución política de la humanidad. Se ha dicho que ha pasado demasiado tiempo para que termine esa guerra fría; también es tiempo de que se termine en el Atlántico sur. Se objetará que está pendiente el espinoso litigio de la soberanía en los archipiélagos ya sudatlánticos pero la historia diplomática nos enseña que cuando dos pueblos han estado en guerra sin que ninguno de los dos haya sojuzgado al otro es lo normal que ellos reanuden primeramente sus relaciones y después discutan sus diferencias.

Al mismo tiempo hay que advertir que el apresuramiento en conseguir un arreglo puede resultar contraproducente. No se debe olvidar el apuro del recién instalado gobierno argentino de 1973 en solucionar la cuestión del Plata y de nuestro gobierno debutante en 1984 en finiquitar la controversla del canal Beagle, lo que se tradujo en convenios inconvenientes para nuestro país. Mas no debe esperarse un arreglo de este centenario litigio mientras no hayan concluido en forma estable nuestros enfrentamientos con la Gran Bretaña.

jueves, 7 de septiembre de 2023

El Neptune - HMS Sheffield - ARA Gral. Belgrano - Guerra de Malvinas - Aviación naval

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

El 4 de mayo de 1991, se publicó en el diario La Prensa este artículo referente al desempeño de la aviación naval en la Gesta de Malvinas, con los aviones Neptune.


Acciones olvidadas de los Neptune en Malvinas
por FERNANDO JORGE MURILLO

 

Neptune - Aviación Naval
Lockheed P-2 Neptune

El 2 P 112, un veterano exponente de una tecnología hoy superada que permitió en 1982 a 11 hombres obtener valiosa información que más tarde se convirtió en un mortal ataque a un destructor británico el “Sheffield”



La Aviación de la Armada Argentina cumple 75 años. Ceremonias castrenses, recordaciones, homenajes y un presente que se acerca al siglo XXI a una fantástica velocidad que apenas permite recordar el pasado más reciente.
La Aviación Naval celebró el pasado 11 de febrero sus 75 años conmemorando la firma del decreto que le dio mareo legal inicial a la actividad aeronáutica en la Armada Argentina en el hoy monumento histórico nacional Fuerte Barragán.
Sin embargo, el 4 de mayo se ha instituido en el marco de la Armada como Día de la Aviación Naval en recordación a las acciones bélicas que se desarrollaron sobre el Atlántico sur en 1982. El exitoso ataque misilístico con Exocet AM 39 desde una sección de aviones cazabombarderos Súper Etendard determinó que el destructor piquete radar “Sheffield”, de la marina británica, fuera alcanzado por esta efectiva arma, sufriera un incendio no controlado y días más tarde se hundiera al intentar ser remolcado.
Parte de esta historia ha tenido amplia difusión periodística en nuestro país y en el exterior. Hoy, sin embargo, retrocederemos nueve años en las acciones y en el Día de la Aviación Naval destacaremos dos singulares y fundamentales. La primera, la detección de los náufragos del crucero “General Belgrano” y la segunda, la localización de blancos enemigos entre los que estaban en el “Sheffield”, que más tarde fueron atacados con éxito por los Súper Etendards.

El Neptune en acción 
El centro de toda esta crónica es la Escuadrilla Aeronaval de Exploración con asiento en la Base Aeronaval Almirante Zar de Trelew, y sus protagonistas los “Neptunes” y sus tripulaciones. Sus arriesgados hombres y la inestimable colaboración de quienes, desde tierra, colaboraron para que estas máquinas pudieran rendir al máximo.
El avión explorador en uso en nuestra Armada en 1982 era el Neptune. Un veterano avión de patrulla marítimo y lucha antisubmarina que se incorpora en nuestro país en 1959. Esas máquinas, denominadas P2V-5 operan hasta 1970, en que son reemplazadas por la versión más moderna P2E hasta 1977 en que se incorporan las últimas versiones SP2H, máquinas que si bien eran veteranas y de “segunda mano” cumplieron con creces sus servicios.
Lo real es que al comenzar el conflicto de Malvinas la escuadrilla de exploración disponía únicamente de dos aviones en condiciones de vuelo, ambos con limitaciones.
El panorama no podía ser más crítico. La necesidad de contar con una información actualizada de los movimientos de los buques en nuestras aguas hizo que la escuadrilla tuviera nada más que tres tripulaciones para volar dos aviones, algo insólito pero real. “Las exigencias humanas y materiales fueron enormes”, comentó el capitán de navío Julio Hugo Pérez Roca, que con cariño y con pasión recuerda aquellos históricos momentos que le tocó vivir siendo comandante de la escuadrilla y además integrante de una de las tres tripulaciones aptas para volar.
“Las operaciones eran riesgosas, como toda exploración con enemigos en las proximidades, por eso decidimos que las tripulaciones rotaran por estricto orden”, comentó el capitán Pérez Roca. De esa forma no quedaba el remordimiento de ordenar a otros tal o cuál misión, en especial cuando todos sabían que el espacio aéreo podía ser la trampa mortal para esas indefensas tripulaciones.

Características de un Neptune
El avión, propulsado por dos motores a pistón radiales de 3.250 HP y dos turbinas de 1.542 kg de empuje opera con una tripulación de once hombres. Tiene una envergadura (ancho entre alas) de 31,8 metros y un largo de 27,2. Su peso vacío es de 43.000 libras y su máximo de 70.000 en los que el combustible (aeronafta 130/140) es la mayor parte. En síntesis; el avión en vuelo, en tareas de exploración, es una verdadera bomba de napalm. Carece de armas defensivas y un impacto con un simple misil o munición explosiva haría estallar en el aire a la máquina con la pérdida segura de su tripulación.
El último Neptune en volar (y operar en acción de guerra) fue el 2 P 112, que curiosamente participó en operaciones en Vietnam con el escuadrón VP 1 y después de volar más de 8.000 horas con pabellón argentino se exhibe hoy en el museo aeronaval de Bahía Blanca. Un merecido descanso para esta máquina que bajo el comando del capitán de corbeta Ernesto Proni Leston y diez hombres detectaron en un vuelo que se inició el 3 de mayo en Río Grande rumbo al Atlántico, entre las 17 y 17.50 de aquel día fueron detectados cuatro “contactos” enemigos. El avión aterrizó más tarde en Río Grande.
Al día siguiente, 4 de mayo a las 5.07 nuevamente el 2 P 112 despegó de Río Grande con la intención de volar “rodeando” las islas Malvinas para barrer la zona y dar el 0.K. a los Hércules 130 de la Fuerza Aérea que debían tomar Puerto Argentino.
El vuelo original sufrió modificaciones. A las 7.10 el “112” detectó un grupo de tareas británico. Mantuvo la exploración y a las 10.30, aproximadamente, obtuvo la última posición actualizada de las unidades enemigas. Mientras dos Súper Etendard despegaban y navegaban rumbo al Neptune, éste les actualizó y trasfirió las posiciones que más tarde serían los blancos de los misiles argentinos.
Aquí la historia la retoman los Súper Etendard con sus certeros disparos, mientras que el veterano 2 P 112 regresaba a Río Grande, donde se enteró, después de aterrizar que los blancos atacados eran británicos y que uno de ellos había sido un destructor del tipo 42.

Se vuelve a explorar 
El 4 de mayo terminó para la Aviación Naval con éxitos, sin embargo diferente fue el panorama en el agua.
Al día siguiente, el segundo Neptune en servicio, el 2 P 111 voló hacia la zona de la detección del día anterior.
El capitán Pérez Roca comentó, con la serenidad y con un profesionalismo ejemplar, que aquella misión era la más lógica para esa situación. Algo que al principio no comprendemos, pero que hoy, después de nueve años merece recordarse no por lo secreto, sino por su riesgo.
“Apenas nivelamos el avión y comenzamos a emitir con nuestro radar escuchamos un barullo infernal de todas nuestras alarmas y en todos los sensores que llevábamos a bordo, denunciando que algo serio había pasado en la flota británica”, resaltó Pérez. 
Milagrosamente, un radioescucha de tierra, interceptó una comunicación en inglés vectoreando a una patrulla aérea enemiga hacia un blanco que, curiosamente volaba en nuestro mismo rumbo y velocidad.
Sin querer, ese anónimo radioescucha salvó la vida de once hombres. La alarma no tardó en ser recibida a bordo del avión y el Neptune, con máxima potencia, se “planchó al ras del agua” y comenzó a realizar rumbos aleatorios para evitar el casi seguro enganche con algún misil enemigo, que por suerte jamás llegó.
La aviación naval en la Guerra de Malvinas


 
La comprobación fue efectiva. Algo serio había ocurrido. No era para menos, un destructor piquete radar había sido sacrificado y se estaba hundiendo en el Atlántico Sur. Ese día los dos Neptune argentinos realizaron sus últimos vuelos. Las horas del descanso habían llegado, no así para sus tripulaciones que fueron reubicadas en otras tareas. Ese fue el adiós a los Neptunes y más exactamente a los 2 P 111 y 2 P 112.

El justo recuerdo final
La segunda acción, que cronológicamente debía ser la primera, no es una típica acción de guerra pero tiene más valor recordativo por tratarse de una acción humanitaria.
Nos referimos a la detección de los náufragos del torpedeado crucero “General Belgrano”. Curiosamente uno de los protagonistas principales fue el capitán Pérez Roca, que comandó el Neptune 2 P 111 que a la sazón fue el que ubicó el 3 de mayo, al mediodía, con techos muy bajos, lloviznas, formación de hielo y con búsqueda visual únicamente a 15 balsas salvavidas auto inflables que pertenecían al crucero General Belgrano.
Esta primera localización facilitó horas más tarde a los buques argentinos recuperar con éxito a la mayor cantidad de sobrevivientes en un torpedeamiento como fue el del veterano crucero que navegaba fuera de la zona de exclusión determinada unilateralmente por el Reino Unido.
Elk Neptune aterrizó en Río Grande casi con los tanques de combustible vacíos, pero con la emoción que en algunos hombres se exteriorizaron en lágrimas al haber cumplido con éxito una humanitaria misión que hoy también merece nuestro recuerdo y por que nó, al igual que la tripulación del 2 P 112 quizás un homenaje más estricto en el sentido de las palabras que por esas injusticias de todas las guerras no merecieron la recordación de las condecoraciones. Al menos la bandera de guerra de la escuadrilla fue condecorada por el Poder Ejecutivo Nacional por “honor al valor en combate” por “ejecutar operaciones de exploración con inferioridad de medios en prolongados contactos con el enemigo, bajo condiciones límite de distancia y meteorológicas, proveyendo valiosa información de ataque”.

El rescate de los náfragos del crucero Gral. Belgrano


viernes, 11 de agosto de 2023

Guerra de Malvinas - Cómo se gestó la recuperación de las Malvinas

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

221

  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

El artículo que publicamos a continuación, corresponde al diario La Prensa del 6 de julio de 1988

Delicias de la demagogia

La insolencia del Dr. Angeloz

por Hugo Ezequiel Lezama


Me había propuesto no tocar el tema de la guerra de las Malvinas y sus consecuencias por un tiempo, pero traicionaría mi propio pensamiento si no expresara la profunda impresión —por cierto extremadamente desagradable— que me produjeron las desafortunadas palabras del doctor Angeloz sobre este tema.

La demagogia es mala consejera

Es casi imposible sacarles de la cabeza a los políticos la idea de que a la masa hay que decirle lo que la masa quiere oír. En primer lugar, esta actitud anual una de las misiones principales del político que es el ejercicio del poder docente y, en segundo lugar, generalmente no tienen ni idea de lo que la masa quiere oír.

Probablemente impulsado por un decadente grupo de consejeros, el doctor Angeloz arremetió contra el Proceso de Reorganización Nacional y luego contra la guerra de las Malvinas y ambos temas fueron tocados con insolencia y con insolvencia.

En lo que respecta al Proceso de Reorganización es necesario, de una vez por todas, poner las cosas en su sitio: como gobiernos fueron bastante malos (claro, si no los comparamos con lo que vino después y, naturalmente, si no lo comparamos con lo inmediatamente anterior) pero como Proceso tiene en su haber algo extremadamente concreto e indiscutible: ganó la guerra contra la subversión y el terrorismo. Y no nos equivoquemos, era la primera prioridad. Me gustaría saber en dónde andarían la mayor parte de los políticos argentinos y la mayor parte de la población si los militares no hubieran ganado la guerra contra el terrorismo, porque en tren de tergiversar la historia creo que más no se puede hacer de lo que ya se ha hecho a cargo de una zurda que respiró su derrota por todos los medios de comunicación posibles alentados por sus correligionarios que dieron un victorioso golpe interno en la Unión Cívica Radical. Sin embargo, seguimos oyendo que la actual democracia se la debemos a Alfonsín, disparate colosal ya que la democracia actual se la debemos a que el régimen militar lo permitió. Si el régimen militar tuvo o no derecho de suspender la democracia y tuvo o no derecho de reactivarla, es motivo de otra discusión. Lo cierto es que Alfonsín es hijo de los militares, quienes además, en un rasgo de soberana miopía, lo votaron porque lo creían “propia tropa”.

La impasibilidad de Angeloz

El candidato a la presidencia por la UCR parece creer qué va a conquistar la presidencia usando a los militares, No se da cuenta de que ese tema ya pasó y que hoy hay en el corazón de muchísimos pero muchísimos argentinos una, por ahora secreta revisión de las cosas que si no toma estado público vigoroso, es porque la izquierda continúa controlando la vox populi alentada por un presidente que parece creer que las formulas del 83 sirven todavía. Siguiendo el camino señalado por su maestro, el delfín radical se internó en el tema Malvinas con una desaprensión total. En primer lugar, decir que fuimos a la guerra por culpa de un “general borracho" es, además de una falsedad histórica, una insolencia inadmisible. Y lo digo yo, que no hace mucho he hablado del tema chacotonamente porque creo que nos hace falta mucho sentido del humor para corregir nuestros puntos de vista y reencarar el tema a la luz de los datos concretos de la realidad.

Veamos primero lo personal. No solamente lo calificó de “borracho” al general Galtieri, sino que agregó que bien preso está, con esa tierna costumbre que tienen los radicales de sentenciar antes que la Justicia, lo que le da el pie a cualquier mal tuvo una entrevista con él a las dos de la mañana y según cuenta en un libro próximo a aparecer, estaba tomando un whisky, pero ni él ni ninguno de las otras personas de mi conocimiento que trataron a Galtieri en aquellas épocas, ni por supuesto yo mismo, lo pensando para suponer que lo que quieren en realidad es “orientar” las conclusiones de la Justicia. He hablado varias veces con el general Galtieri siendo presidente y durante la guerra y varios amigos míos también. Uno de ellos, embajador en ejercicio, hemos visto nunca al general Galtieri, alcoholizado. No puedo decir lo mismo de algún otro presidente civil al que traté cuando él era presidente y a quien dos veces vi en su despacho de la Casa de Gobierno con los ojos arrasados de lágrimas por un lamentable estado etílico. El presidente al que me refiero ha muerto y si no doy su nombre es porque una acusación semejante —por cierta que sea— excede los límites del decoro que todos los ciudadanos le debemos a la investidura presidencial. Por lo tanto las palabras de Angeloz me parecen un acto tan desbordado sólo comparable al infausto incendio de ataúdes de la campaña del 83 que tanto bien le hizo al doctor Alfonsín para obtener el voto de los ingenuos. Esta vez la feroz “gaffe' no la cometió un peronista, la cometió un radical, sólo nos resta esperar que este insolente tropiezo no actúe como el otro, vale decir, no sirva para llevar a la presidencia a un peronista, pero no le quepa al doctor Angeloz y a sus consejeros la menor duda de que esa frase lo ha descalificado para ocupar la presidencia de la Nación.

En cuanto a lo no personal, sino a lo histórico, el doctor Angeloz mostró tal desconocimiento del problema Malvinas que se me hace difícil pensar que sea auténtico y me inclino, más bien, por calificarlo de trampa retórica y demagógica.

Hablemos un poco de las Malvinas y su gestación

No se ha escrito todavía un libro de historia veraz y completo. En las librerías encontramos documentos aislados y casi siempre, escritos al servicio de intereses personales y no de la verdad histórica. Una nota periodística no alcanza para tocar el tema a fondo pero sí para situar dos o tres datos importantes para la evaluación de aquellos acontecimientos. Visto desde hoy puedo decir que, personalmente, la ocupación de las islas fue un grave error político porque con el tiempo se sabrá —y el que dude de esto que le pregunte al doctor Roberto Alemann, entonces ministro de economía de la Nación— que estábamos en condiciones de maniobrar políticamente para colocar a los Estados Unidos —factor decisivo— en una posición óptima para que apoyaran las aspiraciones argentinas.

Primera conclusión entonces: la recuperación por la fuerza fue un error. Pero ese error no es imputable a un “general borracho”, en primer lugar porque no es borracho y, en segundo lugar, porque las decisiones fueron tomadas por la Junta Militar aunque con distintas intensidades de fervor en cada uno de los tres miembros. No estoy hablando de lo que me contaron, estoy hablando de lo que viví. La recuperación forzosa de las islas tuvo un instigador ideológico que fue el almirante Anaya para quien el tema parecía constituir una verdadera obsesión. El caso Anaya es muy rico desde la óptica psicológica. Hasta qué punto el hecho de ser primera generación de argentinos y provenir de una estirpe boliviana, país mártir sin salida al mar, vale decir, una isla seca, no lo impulsó secretamente a una epopeya anfibia es algo que queda para investigación de la psiquiatría histórica, pero lo cierto es que Anaya fue la espoleta que accionó la bomba Malvinas. No le costó mucho a Anaya incorporar a su causa al general Galtieri pero no precisó seducirlo con el alcohol, le bastó con excitar la frivolidad política de Galtieri apoyado por un núcleo íntimo de bajo coeficiente mental.

El tercero, el brigadier general Basilio Lami Dozo, fue, me consta, el más reticente, pero dado el clima que se vivía en aquellos días, ¿qué podía hacer Lami Dozo? Si se negaba rotundamente, hubiera tenido que retirarse de la Junta y no hubieran faltado, seguramente, los que lo habrían tildado de cobarde, porque cuando los gobiernos y los pueblos entran en la irracionalidad prebélica todo el sistema de valores sufre una torsión violenta y absurda.

Segunda conclusión: la señora Thatcher estaba mirando para otro lado. Como dice Roberto Alemann, pese a que su marido parece tener excelentes vinculaciones con la Falklands Company, lo más probable es que pensara que se trataba de una de las tantas islas del noroeste de Escocia, algo así como un desprendimiento de Las Hébridas. Tengo buenas razones para creer que la señora Thatcher se llevó una enorme sorpresa cuando ocurrió el episodio de Grytviken y le anuncian como paso inmediato la invasión de las Falklands. Pero a partir de ese momento ya fue “su guerra”. Con certera mirada advirtió que disponía de un argumentó políticamente muy apto para su propio manejo interno. De tal manera una vez iniciadas las operaciones era completamente imposible que diera marcha atrás. Esto no lo manejó ni el “general borracho” ni la Junta Militar, esto lo manejó la Royal Navy cuya flota de superficie estaba a punto de desaparecer por la estructura aprobada por la OTÁN y el almirantazgo británico conjetura entonces, que si hace del episodio de las Georgias una “casus belli” encuentra una rendija de supervivencia. Y así fue. Sólo que las cosas no le fueron tan bien a la Royal Navy porque cualquiera que no sea un tonto encandilado por las luces de bengala de la campaña presidencial estaría explotando el ejercicio “Fire Focus” que se hizo en las Malvinas en el mes de marzo, ya que el “Fire Focus", al probar que la defensa de las Malvinas era más barata y más fácil por abastecimiento aéreo, puso la defensa de las islas en manos de la Royal Air Force y la Royal Navy pasó a un deprimente segundo plano. Pero mientras en Gran Bretaña la marina y la aviación se pelean igual que en la Argentina, la señora Thatcher saca réditos porque a ella le importa un pito todo lo que no sea su propia carrera política. Igual que en la Argentina.

La guerra fue instigada por la Royal Navy

$i el doctor Angeloz se hubiera hecho el propósito de no mentirle al país para intentar una conquista de votos lamentables, tendría que haber dicho estas cosas que seguramente sabe, desde la tribuna política si quería tocar el tema Malvinas, ya que cualquiera sabía —y mucho más un político como Ángeloz— que la Argentina se ve obligada a continuar las operaciones por el desborde bélico que provocan los ingleses en las Georgias ya que la Junta Militar —que tenía planeada la ocupación por la fuerza de las islas Malvinas— había elegido como fecha septiembre y no abril por los siguientes motivos:

1- En julio empezaba el desmantelamiento de la flota de superficie de la Royal Navy.

2 - A la Argentina le faltaba que llegaran los Super Etendard restantes que había comprado, así como más misiles Exocet, que también, había comprado.

3- Dada la fecha, el entrenar de nuestras tropas era todavía muy precario.

Tercera conclusión: la toma de las Malvinas fue un error político al que nos llevó el manejo que hizo la Royal Navy del caso Georgias. Esto no excluye que nosotros cometiéramos el error de convertir el episodio de los “chatarreros de Grytviken” en un hecho semibélico porque fueron trasportados en un buque de guerra y porque con los chatarreros de Davidoff nuestro alto mando naval no se sustrajo a la tentación de incluir algunos infantes de marina. Este error sí es completamente imputable a la obsesión fóbica del almirante Anaya.

El error de cálculo de la Junta Militar

La Junta Militar comete dos equivocaciones. La primera: no darse cuenta de que con una pequeña espera mayor hubiéramos tenido a los EE.UU. actuando como freno de Gran Bretaña. Este es un hecho complejo que no voy a desarrollar ahora pero que es una realidad. Para que esto ocurriera era preciso que la Argentina no iniciara ningún tipo de hostilidad. Y, repito, los EE.UU. fueron, son y serán la llave de las islas Malvinas. Segundo; el segundo error político fue no advertir que dado el temperamento de la señora Thatcher y teniendo en cuenta el debate interno que había en Gran Bretaña sobre la supremacía entre la Royal Navy y la Royal Air Force, nuestra intervención involucraba necesariamente una guerra, la cual, una vez desatada, no podía ser atemperada ni eliminada por la intervención de los EE.UU.

Que la Junta Militar no pensó que esto iba a terminar en una guerra con la OTAN lo prueban muchos acontecimientos. Por ejemplo:

1 - El general Menéndez no va a las Malvinas como jefe militar, sino como gobernador. Después, las circunstancias lo convirtieron en jefe militar, pero no era esa su misión.

2 - Las mejores tropas argentinas no fueron a Malvinas, acordonaron la frontera andina por miedo a un zarpazo chileno.

3 - A las Malvinas se enviaron tropas bisoñas originadas en zonas tropicales de nuestro país y sin equipo de invierno.

4 - Hasta tal punto no se creía en una verdadera guerra que el almirante Anaya decide no comprometer la flota (a la que reserva para una posible guerra con Chile), motivo por el que la flota de mar adopta la humillante actitud de no intervenir en el conflicto.

5 - La Fuerza Aérea no prolonga las pistas en Puerto Argentina, obligando a sus aviones de combate a operar desde el continente. Otro signo de que "la cosa" no iba en serio.

6 - El general Menéndez solicita urgentemente el envío de cuatro mil mochilas cuando las hostilidades han comenzado o estaban a punto de comenzar, y no le llegó ninguna.

No voy a abundar en más ejemplos, porque es absolutamente terminante que el alto mando argentino no creyó en la guerra hasta que tuvo la guerra en sus narices. Y aun así la conducta de nuestras tropas no fue, en absoluto, desdorosa. Y esto no me lo dijeron militares argentinos, me lo dijeron a mí combatientes profesionales británicos que estuvieron luchando en las Malvinas. ¡Cómo me gustaría llevarlo al doctor Angeloz a Inglaterra para que hablara con la gente con la que yo he hablado! Y si es un hombre de bien tendría que sentirse profundamente arrepentido por haber recitado sus insolencias electoralistas.

Ahora bien, están por comenzar los juicios a los implicados en la guerra de las Malvinas. Espero que los golosos del poder no imiten al doctor Angeloz y tomen este tema como bandera de la campaña presidencial. Más aún, el juicio a los altos mandos de la guerra constituirá una enorme e imperdonable humillación, porque los errores cometidos no son fundamentalmente por mala práctica profesional, los errores cometidos fueron errores políticos y la política no es la profesión de los militares. Por otra parte, si cada gobierno fuera a enjuiciar al anterior por errores políticos, la historia argentina sería la historia de una infinita prisión. Si inauguramos la costumbre de juzgar a los inmediatos antecesores por sus equivocaciones políticas, el doctor Alfonsin, cuando termine el mandato, en vez de irse de vacaciones a Galicia tendría que irse a Villa Devoto con los siguientes cargos: malversación de la historia; utilización arbitraria y delirante de los dineros públicos; destrucción de la economía argentina, dado que hoy, sin ninguna duda, estamos económicamente peor que durante el “nefasto” Proceso; demolición de las FF.AA. de la Nación en un doble aspecto, físico y moral, dejando a la República poco menos que inerme y para qué hablar de sus ministros, qué juicio sainetesco podría hacerse al canciller Camacho por erratismo presuntamente patológico y por despilfarro de dinero nacional en campañas personales para mejorar su currículum; y a Sourrouille, y a Mazzorin, y a tantísimos otros, sin contar las añagazas utilizadas por la Coordinadora para convertir (desde un poder turbiamente obtenido) a este país en lo contrario de lo que es y de lo que quiere ser. Pero todo esto forma parte de la historia y no del Código Penal. No propicio el enjuiciamiento de ninguno de ellos. Los tomo cómo lo que son, parte de la hoja clínica de la Argentina en donde se consignan sus enfermedades.

Pero tengan ellos la decencia de no insultar a los equivocados que no tuvieron mala intención, así como la inmensa mayoría independiente del país les disculpara a ellos muchas cosas, aun sabiendo que no tenían buena intención.

Y usted, doctor Angeloz, no sea maleducado. No calumnie, no tergiverse la historia y no muestre tan poca fe en sí mismo.

miércoles, 9 de agosto de 2023

Martín Balza discrepa con Jeremy Moore

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

219

  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

El artículo que publicamos a continuación, salió en el diario La Prensa del 5 de abril del año 1992.

Discrepancias de Balza con expresiones de Jeremy Moore


Guerra de Malvinas
Jeremy Moore y Martín Balza (foto tomada en Londres en 1996)



El jefe del Estado Mayor General del Ejército, teniente general Martín Antonio Balza, respondió conceptos del comandante de las tropas británicas que combatieron en 1982 en el conflicto del Atlántico Sur, brigadier general Jeremy Moore, formulados a un semanario de actualidad.
A continuación, damos el texto completo de la carta que dirigió al militar británico:
“Tomando como veraces los conceptos por Usted vertidos en el reportaje que para una publicación argentina le efectuara la periodista Laura Ayerza (revista SOMOS, número 805 del 2 de marzo último), me siento obligado a expresarle mi total discrepancia con algunos puntos del mismo que arrojan injustas manchas sobre la conducta del Ejército Argentino —al que siempre me honró pertenecer y que hoy me toca comandar— referidos a la Guerra de las Malvinas.
“Debería empezar —y lo haré— diciendo que hay en cambio otros puntos de sus declaraciones con los que es imposible no estar de acuerdo: como cuando alude a la impresión que le produjo, tras el cese del fuego, comprobar la diferencia de actitud existente entre los soldados argentinos y los suyos. Que mientras unos estaban luchando por las islas que sentían como parte de la Argentina, admite Usted que por el contrario, esa tierra no revestía interés particular para el Ejército inglés ni para Inglaterra y que la mitad de su gente no tenía ni la menor idea de dónde quedaban las Malvinas.

Responsabilidad y coraje
“No seré yo quien lo desmienta cuando Usted afirma que “los oficiales argentinos eran muy buenos, muy corajudos y valientes”. Estuve allí, como jefe del Grupo de Artillería 3, y guardo en mi memoria de argentino el haber compartido cada una de las alternativas de la campaña con todos mis hombres; sin más distinción de jerarquías o rangos que los apropiados para el funcionamiento de la disciplina militar, pero participando todos por igual del mismo sentimiento de estar defendiendo un pedazo del territorio nacional. Hubo profesionalidad, coraje y actos de valor, al margen de la suerte de la guerra, tanto en un bando como en el otro.
“Todos sufrimos las inclemencias del tiempo y las carencias propias de la guerra, agravadas por el bloqueo naval y aéreo por ustedes impuesto y que a la postre les daría la victoria, ya que vuestro ejército no entró en un desfile triunfal a Puerto Argentino, sino que tuvo que combatir por cada metro de terreno que pisaba. Y eso, que da más mérito al vencedor, no disminuye para nada al derrotado.

“Francamente inadmisible”
“Por eso, su explicación de que tras el cese del fuego, el temor a nuestros propios soldados nos llevó a los oficiales argentinos a pedir se nos dejara conservar el armamento, entra en el terreno de la fantasía y me resulta francamente inadmisible pensar que Usted lo haya dicho.
“Debe recordar Usted que el 14 de junio de 1982, al acordarse el fin de las hostilidades, se convino que las unidades argentinas mantendrían sus banderas y los oficiales el armamento individual. Como debe saber, alguna razón de nivel político, que excedía las atribuciones suyas y las del jefe de las tropas argentinas, hizo que se modificara el acuerdo y tuviéramos que entregar el arma como por otra parte establece el Art. 18 de la 3a. Convención sobre Prisioneros de Guerra (1949).
“Nuestros veteranos, los conscriptos argentinos que lo soportaron todo, incluido el destino de regresar sin los laureles del triunfo, sino más bien con las penas de la derrota, no merecieron jamás la sospecha ni la desconfianza, sino la admiración de sus jefes.

Los isleños
“A los isleños que tan mal le hablaron de nuestras tropas, cuando durante nuestra permanencia en las islas fue una principal preocupación cuidarles sus vidas y propiedades, al punto de que no hay constancia de que se registraron abusos ni excesos de ningún tipo, les comprendo su resentimiento: no quieren ser argentinos de la noche a la mañana. Yo tampoco quiero ser inglés.

“Graves contradicciones”
“El punto de esta carta es otro. Se propone llamar su atención, general Moore, sobre el hecho de que así como valoro el reconocimiento que hace Usted a nuestras motivaciones y nuestro desempeño en combate, me veo obligado a señalar graves contradicciones en los conceptos vertidos en el reportaje de referencia. Rechazo sus afirmaciones acerca del mal trato que, dice, dimos a nuestros hombres y su sugerencia de que temíamos su eventual venganza.
“Señor general, como tengo elementos de juicio que abundan sobre su calidad humana y alto nivel profesional, sólo puedo atribuir esas erróneas afirmaciones a una falacia intencionada que le hicieron llegar o simplemente al de asesoramiento de quienes en su momento tenían la obligación de informale. Que esos servicios se equivocaron alguna vez, ha sido Usted mismo testigo, según otras declaraciones del reportaje que nos ocupa. Me refiero al informe que usted pidió a los servicios propios, sobre la personalidad del comandante de las tropas argentinas en Malvinas que reconoce que se lo dieron cambiado y que, como descubriría al final de la campaña, aludía a otro general Menéndez y no al jefe que le había tocado enfrentar.

No subestimar
“Errores cometemos todos. Si nosotros no hubiéramos cometido ninguno, seguramente el resultado de la guerra hubiera sido distinto. Pero hay algo que no podemos permitirnos nunca y menos cuando una década está poniendo mayor perspectiva a las acciones de las que fuimos partícipes: juzgar, subestimando al que fue nuestro adversario. La historia nos enseña que antiguos aliados pueden ser adversarios y viceversa.
“Quiero, con este mensaje, reiterarle el respeto de quienes le hemos combatido. Que estar de acuerdo o discrepar, son formas de ejercer el diálogo y éste es más fructífero que el silencio. Si algún día pudiéramos conversar, mano a mano, expresaríamos seguramente todos nuestros puntos de vista. Usted podría volver a defender —de modo incruento ya— intereses de 2.500 isleños y yo, los derechos de 33 millones de argentinos. Recordaremos aquellos días en que sus aviones y sus barcos nos bombardeaban, mientras mis viejos obuses le hacían sentir el rigor de nuestras convicciones.

El Ejército inglés
“No querría, sin embargo, concluir estas líneas sin hacerle saber de mi respeto por las cualidades militares que distinguen al Ejército inglés y de mi consideración al valor y profesionalidad de vuestros soldados.
“En el marco que impone la nueva relación entre nuestros países y como jefe de un Ejército natural y definitivamente incorporado al sistema democrático, he querido expresarle el sentimiento que en mi ánimo de soldado provocaran sus palabras.
“Acepte Usted la expresión de mi mayor consideración.

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Opinión popular poco optimista sobre soberanía
El 67 por ciento de los argentinos tiene una sensación “más bien frustrante” porque “se mantiene un ‘statu quo’ poco satisfactorio” en el tema relacionado con el reconocimiento de la soberanía sobre las islas Malvinas.
Así lo señaló un sondeo realizado por el Instituto para la Investigación de Mercado y Estudios Políticos Demoskopia, que aseguró que en la población “hay poco optimismo en que algún día la Argentina tendrá la soberanía sobre el archipiélago”.
El estudio evaluó el comportamiento de las mediciones de encuestas realizadas en marzo de 1990 y marzo y diciembre de 1991 y puso de manifiesto que “si se toman en cuenta los juicios de la población como parámetro político, la actuación del gobierno en esta cuestión no fue muy exitosa”.
Impresiones
El último balance de la entidad mostró que un 11 por ciento de los encuestados cree que el gobierno “logró algo”, un 13 por ciento que “el problema se agudizó” y un 67 por ciento “se siente frustrado porque la situación no se modificó nada y se mantiene el ‘statu quo’ poco satisfactorio”.
El primer sondeo realizado en el 90, evidenció que el 48 por ciento “creyó que para la Argentina las islas Malvinas están perdidas tanto ahora como en el futuro”, mientras que un 31 por ciento confiaba en su recuperación.
Un año después, el sondeo demostró que el tema Malvinas ocupaba el último lugar en el rango de los problemas que preocupaban a los argentinos, después de varios otros como los de la desocupación y los bajos salarios.

Alegato de los comandantes en el juicio por la guerra de Malvinas - Schönfeld

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

216

  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

El artículo que publicamos a continuación, salió en el diario La Prensa del 28 de noviembre del año 1985.


Recordando el 2 de abril de 1982
"Lo hecho, bien hecho fue"
por Manfred Schönfeld

Anteayer se produjo, por extraña y tal vez sólo parcialmente calculada coincidencia cronológica, la conjunción de tres acontecimientos íntimamente conectados con el operativo de recuperación pasajera de las Malvinas y demás archipiélagos australes argentinos ocupados por Gran Bretaña, en el histórico día del 2 de abril de 1982.
Por un lado, la Nación Argentina —por decisión de sus legisladores y por intermedio de ellos— honraba a un número de veteranos de la guerra que el Reino Unido lanzó contra nuestro país a raíz de aquel operativo, veteranos de todas las ramas de las Fuerzas Armadas y de Seguridad que, individual mente, se habían distinguido por la bravura de su desempeño en ese enfrentamiento bélico, y a los cuales se añadió, asimismo, un número de ciudadanos considerados como héroes civiles.
Por el otro, hicieron su alegato de defensa personal los militares que son juzgados, por su actuación en dicha guerra, ante el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. Entre estos alegatos tuvieron una relevancia especial, por razones obvias, los de los tres otrora comandantes en jefe y miembros de la Junta Militar que gobernaba el país en momentos de tomarse la decisión de lanzar el aludido operativo.
Finalmente, se produjo en las Naciones Unidas la declaración formulada por el canciller Caputo, en la que —como se sabe y como ya lo señalamos en un comentario de reciente publicación— dio a entender que nuestro país está dispuesto a entrar en negociaciones con Gran Bretaña (es más: solicitó a Gran Bretaña que aceptara ese temperamento) sin condicionamientos de ninguna especie. Se trata, de una especie de capitulación apriorística, inexplicable e incomprensible y que, por lo demás, está en un todo reñida con actitudes evidentemente más enérgicas (aunque contradictorias en determinados aspectos, lo cual no obstó a que en su oportunidad les brindásemos nuestro aplauso desde estas columnas) que el mismo canciller Caputo había asumido, en torno a la misma cuestión, hace no demasiado. Qué se promete de ese súbito viraje nuestro gobierno es algo que no alcanzamos a comprender. Imaginamos que lo considera toda una especie de hazaña de arrinconamiento diplomático de Gran Bretaña en el seno de las Naciones Unidas, porque —así debe funcionar el cálculo de nuestra Cancillería— si Londres se niega a aceptar un planteamiento tan enteramente manso, tan blando ¿tan incondicionalmente desdibujado como el que ahora le hace la Argentina, quedará mal ante el consenso de la opinión “ONUísta” y moralmente desubicado. Al respecto, el señor Caputo parece ignorar que el Reino Unido —como, para el caso, cualquier otro estado miembro de la ONU, grande o chico, pero se entiende que, con mayor razón, si es grande y si goza además del derecho del veto en la proverbial “hora de la verdad”, tiene una doble línea de trincheras hacia las cuales retirarse. En primer lugar, puede hacer caso omiso de esa pretendida “desubicación moral” e ignorar que, ante el mencionado consenso “ONUista”, hubiese de “quedar mal”. Gran Bretaña puede existir con o sin ese consenso. Pero, y suponiendo que en algo le interesase su “imagen” en el foro internacional, la Argentina está ofreciéndole ahora, servida en bandeja, la oportunidad de “quedar bien”: a saber, a través de la aceptación del ofrecimiento argentino que equivale a aceptar la iniciación de un simpático juego diplomático que puede durar decenios sin conducir a nada.
Creemos que eso es todo lo que lamentablemente, puede decirse de lo que ha venido sucediendo, en ese orden de cosas, en el ámbito de la ONU. En cierto modo constituye —por su inoperancia intrínseca— la confirmación de que acciones del tipo de las del operativo del 2 de abril de 1982, son las únicas que conducen siquiera a la posibilidad de aproximarse a la meta que uno busca. Todo lo demás —si no va acompañado por la demostración de que se posee algún tipo de capacidad para ejercer presión real y tangible— no sirve más que para perder el tiempo. Volvamos, empero, a los otros dos acontecimientos de anteayer que dan motivo a las presentes consideraciones.

Un modesto comienzo de “remalvinización”
Por más que sea, en sí, lamentable que una cansa como la de los archipiélagos australes argentinos y su reincorporación de facto a la jurisdicción soberana nacional sean objeto de cálculos políticos —es decir, que haya habido en un momento determinado una así llamada “desmalvinización” y que, ahora, en cambio, pueda surgir, por razones políticas diametralmente opuestas, lo que sería una “remalvinización”—, lo cierto es que, sea cual fuere la respectiva motivación, de los dos procesos preferimos, a los efectos que fuese, el segundo.
La ceremonia en el Congreso nos prueba que hay algo de ello en vías de ir plasmándose. Es verdad que ya un número de miembros de cada una de las ramas de las fuerzas armadas habían sido objeto de distinciones de diverso grado, por la exteriorización de su heroísmo en el curso de la guerra, por parte de sus respectivos superiores. No podemos saber, hasta qué punto esta distinción de la cual —un tanto tardíamente, por cierto— se acordaron de otorgarla los representantes electos por la ciudadanía de la Nación, se basó en criterio selectivo diferente. Por lo demás, no nos interesa. Como hecho en sí nos basta —y como ciudadanos nos satisface— que el Congreso de la Nación haya honrado a los que pelearon por una gran causa nacional. Tampoco nos interesa en mayor medida, las salvedades que pudieron haberse hecho, en el curso de la ceremonia, en cuanto a que la guerra fue o no fue un acto político y en cuanto a que si fue o no fue históricamente oportuna. Vemos estas cosas en términos de carácter más global y no tanto desde el ángulo de los pequeños matices diferenciadores. Vemos el comienzo de una reacción saludable contra un abatimiento orquestado y políticamente logrero. Tal vez no falten quienes sostengan que también hay un propósito de logro político que gobierna aquella reacción saludable. No lo sabemos. Si lo hay, que se las arreglen con su conciencia quienes utilizan para esos fines una causa de semejante gravitación nacional. A nosotros nos basta, por ahora, el síntoma en sí de la aludida “reacción”.

Los alegatos de los ex comandantes
Magníficos fueron los conceptos fundamentales de los alegatos de los ex comandantes en jefe. El lector conoce al respecto nuestro punto de vista, a saber el de que ninguno de ellos tendría que haber sido, de por sí, juzgado en esta causa, ya que su actuación y su decisión fueron las de gobernantes de facto del país y no de jefes militares, aunque formalmente tuviesen los cargos militares de comandantes en jefe y revistasen en estado de actividad, incluso como símbolo del poder real que, en calidad de gobernantes de facto —ésa y no otra era su función principal y su responsabilidad esencial—, los respaldaba.
Aun así, y dado que aceptaron ser juzgados, la actitud que asumieron anteayer pinta de cuerpo entero la conciencia histórica que los embargó —a ellos y a todos aquellos quienes los acompañamos con nuestra acción o, por lo menos, con nuestro fervor patriótico— en la jornada del 2 de abril de 1982 y en los inolvidables días siguientes a esa fecha que marca un hito en el acontecer argentino de este siglo.
Asumieron los tres plenamente su responsabilidad —en el caso del brigadier Lami Dozo con alguna salvedad de índole que tal vez pueda calificarse de técnica, pero que en todo caso no se refirió al operativo del 2 de abril, sino a la marcha ulterior de los acontecimientos bélicos y diplomáticos—: el almirante Anaya exteriorizo —justificadamente— su profundo orgullo por lo actuado en ese momento; y el general Galtieri resumió contundentemente esa actuación de él y de sus colegas con la conclusión de que “lo hecho, bien hecho fue”.
Lo fue, en efecto, pese a cualquier número de pequeñas o incluso de grandes insuficiencias. Fue bien hecho porque, de por sí, fue hecho. De eso se trataba, y es eso lo que aquellos tres hombres y quienes los rodeaban entendieron. Algún día lo entenderán, asimismo, todos los argentinos.