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miércoles, 13 de agosto de 2025

El labriego Juan Manuel - Oche Califa - Diario La Nación

  Publicado en el suplemento Campo del diario La   Nación el 14 de junio de 2003   


El labriego Juan Manuel 
por Oche Califa

Rosas el labrador


La historia de la agricultura, en las instrucciones de Rosas


En 1819, con apenas veintiséis años, el después famoso Juan Manuel de Rosas se consagró con denuedo a la tarea de redactar dos precisos trabajos de instrucciones para los encargados de las propiedades rurales de su familia, socios y parientes.

Uno de ellos es el conocido "Instrucciones para los mayordomos de estancias"; al otro lo tituló "Instrucciones para los encargados de las chacras".

Los manuscritos de ambos fueron recibidos de manos de Manuelita Rosas por Adolfo Saldías, que los publicó en 1882 en el diario La Libertad.

Al primero lo editó, luego, en una separata, que en 1908 tuvo una primera reedición.

No pasó lo mismo con el segundo, que quedó oculto para la posteridad en un tomo encuadernado del diario.

De allí lo rescató y editó en 2002 José Eizykovicz, con la inclusión de la noticia preliminar de Saldías y una introducción que le pertenece. Así alcanzó el formato de libro, bajo el pequeño sello editorial La Era. Lo cierto es que al cabo de casi dos siglos, estas disposiciones de Rosas a sus subalternos carecen de utilidad práctica.

No obstante, la difusión de su existencia colabora en el mayor entendimiento de nuestro pasado y del desarrollo de la actividad agrícola.


País ganadero

Pero la inserción cerealera en los mercados exteriores estuvo precedida de esforzadas décadas de actividad labradora dirigida a abastecer el mercado interno, en un territorio todavía acotado por la preeminente actividad ganadera y el hostigamiento indígena, un país en el que las levas compulsivas dejaban repentinamente sin mano de obra a la actividad y cuando la tecnología era aún primitiva.

En este capítulo de la historia rioplatense resulta destacable la instalación de las chacras San Genaro e Independencia -propiedad de los Rosas- en el año de redacción de las instrucciones que nos ocupan.

La segunda, más importante, se situó frente a la estancia Los cerrillos, en el actual partido de San Miguel del Monte, aunque sobre la orilla sur del río Salado (zona todavía tutelada por los indios).

En ellas se sembró trigo, maíz, papas y legumbres en importante cantidad: Eizykovicz estima que debió tener bajo trigo entre 500 y 700 hectáreas.

Como sucedió con otras chacras grandes, también sirvió de amparo a pequeños labradores de subsistencia situados en sus alrededores, que además constituían su mano de obra estacional.

No eran, todavía, extranjeros sino migrantes del interior, sobre todo de Santiago del Estero y Córdoba. Rosas los calificó como "los mejores para la doma y la labranza... y los más perseguidos".

Estos contingentes migratorios nativos también han sido poco advertidos por la historia de la agricultura -al menos por su difusión masiva-, y así suele darse todo el mérito del desarrollo de la actividad a las colonias europeas.


Tono imperativo

Las instrucciones que nos ocupan contienen cinco capítulos. El primero trata de la doma de novillos para convertirlos en bueyes; el segundo se denomina "Aradas" y el tercero, "Preparación de tierras y siembra".

Un largo capítulo siguiente está dedicado a la siega y a la trilla con caballos. El último lo constituyen recomendaciones generales.

En todos ellos, don Juan Manuel parece articular un arsenal de saberes tradicionales con otro surgido de su observación personal, lo que en verdad asombra dada su juventud.

La meticulosidad y el tono imperativo en la redacción ya alertan sobre el carácter de quien gobernará durante más de dos décadas los destinos del país.


Interés histórico

Estas páginas, interesantes para el lector curioso, como se ha dicho, no poseen hoy mayor validez.

No obstante, tal vez alguna que otra regla o consideración tenga todavía cierta vigencia.

El hombre de campo actual juzgará si ésta es una de ellas: "Con la rastra debe andar un hombre inteligente y no uno que no lo sea, pues el que no lo sea, mejor acomodado queda en el arado que en la rastra".


Se podrá acceder al artículo "Rosas y las labores en el campo" de Andrés R. Jacquelin, en el siguiente link: https://periodico-el-restaurador.blogspot.com/2023/07/rosas-y-las-labores-en-el-campo.html

jueves, 26 de junio de 2025

Juan Manuel de Rosas, busto

 Del Catálogo Subasta Online 44° (subasta del 1 de julio de 2025) de "HILARIO, artes letras oficios"


CAJA RAPETERA CON EL BUSTO DE J. M. DE ROSAS, BUENOS AIRES, 1831
 


Del catálogo digital:

Realizada en carey oscuro y con una pequeña cascadura, presenta acuñada la figura de Rosas con la leyenda periférica: “Restaurador de las Leyes de la provincia de Buenos Aires // Don Juan Manuel Rosas” y un año, 1831.

Medida. Diámetro de la caja: 8,1 cm.

El busto del gobernador bonaerense, vestido con uniforme de gala y banda, seguramente fue obtenido a partir de alguno de los grabados que por entonces circulaban con el beneplácito del brigadier general, una autoridad que supo administrar un culto a su imagen de notable repercusión social. 

La caja formó parte de una de las más prestigiosas colecciones argentinas, la reunida por Luis García Lawson, y heredada por su hijo Fernando García Balcarce, vendida en quizás el remate más importante realizado en Argentina en los últimos veinte años (Naón, 2010)...

lunes, 19 de julio de 2021

La grieta entre unitarios y federales - Ignacio Zubizarreta - Norberto J. Chiviló


El día sábado 5 de junio ppdo. se publicó en el suplemento Ideas del diario La Nación, un artículo del historiador Ignacio Zubizarreta, sobre el origen de la grieta actual de los argentinos, que su autor trata de encontrar en la lucha entre unitarios y federales.

A continuación el artículo:Diario La Nación



Cabe hacer algunas consideraciones al artículo que antecede. 

Zubizarreta hace referencia a las luchas entre unitarios y federales, mencionando especialmente “la brutalidad con la que los unitarios Ramón B. Estomba y Federico Rauch ‘pacificaron’ la provincia de Buenos Aires durante la gobernación de Lavalle (1828/29)” y “La ‘pacificación’ que realizó Rosas algunos años más tarde en las provincias del norte y Cuyo en busca de la erradicación de la facción opuesta fue en extremo sanguinaria”. Más adelante el autor afirma que “Luego de la batalla de Caseros y el fin de la gobernación de Juan Manuel de Rosas (1852), los dirigentes de entonces no solo se encontraron con el desafío de reducir una ‘grieta’ política, sino que debían tratar de armonizar una sociedad en extremo violenta que había vivido décadas de sangrientas guerras fratricidas”.

“Tanto Justo J. de Urquiza en la Confederación Argentina como los gobernadores del Estado de Buenos Aires tuvieron que aplicar medidas conciliatorias”.

También señala que el gobernador de la provincia de Buenos Aires Pastor Obligado, tomó medidas para reducir la grieta.

Sin entrar a considerar el fondo de la cuestión, que daría para mucho, a mi entender al artículo le faltan varios hechos que ocurrieron y que deben ser tomados en el contexto histórico en el cual ocurrieron. También entiendo que posiblemente el autor del artículo, no tuvo el espacio suficiente para explayarse sobre el tema.

A mi entender, la grieta habría comenzado con el fusilamiento de Santiago de Liniers el 26 de agosto de 1810 junto a otros compañeros que se habían complotado en una contrarrevolución que ya se encontraba vencida y que no representaba ningún peligro para el gobierno patrio surgido en mayo de 1810. La ejecución del héroe de la Reconquista, ordenada por la Junta de Buenos Aires, fue fogoneada por la facción jacobina que encarnaban Mariano Moreno y Juan José Castelli.

También el desempeño  de las tropas que actuaron en el Alto Perú, mandadas por la Junta de Buenos Aires, a cargo de oficiales y personajes políticos –Juan José Castelli– integrantes de aquella facción política, que con el fusilamientos de jefes realistas y actitudes antirreligiosas que escandalizaron a la sociedad altoperuana, –a la par que a la larga provocará la pérdida de aquellos territorios–, profundizó la grieta.

Años después con el motín del general Juan G. Lavalle contra el legítimo gobernador de Buenos Aires, coronel Manuel Dorrego y la represión que se desató en el interior de la provincia contra la población adicta al gobernador depuesto y a Juan Manuel de Rosas, por parte del propio Lavalle, disponiendo el fusilamiento de Dorrego y la actuación despiadada de sus subalternos, los mencionados Estomba y Rauch, la grieta se ensanchó y provocó la guerra civil que se desató a continuación.

Es muy revelador lo escrito por Juan Manuel Beruti, cronista destacado de aquellos momentos, quien en sus Memorias (Memorias curiosas), destacó el comportamiento salvaje de las fuerzas lavallistas, en contraposición al proceder correcto de las tropas federales bajo el mando de Rosas.

Pero los atropellos contra sus opositores, no fue solamente por parte de Lavalle, sino por otros jefes unitarios como José María Paz y Gregorio Aráoz de Lamadrid, para nombrar a los más importantes. Todos ellos alzados contra los legítimos gobernadores Dorrego primero y Rosas después, quienes detentaban el manejo de las RREE de nuestro país en aquellos momentos, como así también contra gobernadores de otras provincias. No debe perderse de vista ni tomado como algo menor, que tanto Dorrego como Rosas y los otros gobernadores, detentaban legalmente su poder, mientras que los jefes unitarios mencionados accedían al poder mediante la fuerza que le daban los ejércitos bajo su mando, derrocando a las autoridades legítimas de las provincias, desatando represiones de las que ni siquiera se salvaba la población civil.

El autor del artículo se equivoca cuando afirma que “La ‘pacificación’ que realizó Rosas algunos años más tarde en las provincias del norte y Cuyo…”, ya que esa afirmación daría a entender que los ejércitos que combatieron en Cuyo y en el norte, fueron comandadas por Rosas. Ese es un error. Dejando de lado la batalla de Caseros, el comando de tropas en combate por parte de Rosas, tuvo lugar en último término con motivo de la conquista de los desiertos del sur de la provincia de Buenos Aires entre 1833/1834.

Los ejércitos federales que actuaron en Cuyo y el norte, estuvieron bajo el mando de otros jefes federales –principalmente Quiroga, Pacheco, Oribe–, pero no de Rosas.

Cabe aclarar que el mote de “salvajes” que se les dio a los unitarios, surgió del propio pueblo, motivado por el actuar –valga la redundancia– “salvaje” de aquél grupo político.

No es ningún descubrimiento que las guerras civiles –entre “hermanos”– son más crueles que las contiendas que se dan entre dos naciones y provocan grietas profundas.

Inmediatamente después de Caseros, por orden de Urquiza se fusilaron a cientos de soldados federales, cuyos cuerpos fueron colgados de los árboles a lo largo del camino que llevaba a la que había sido la residencia de Rosas en Palermo de San Benito. Ello escandalizó al pueblo de Buenos Aires, que nunca había visto nada así, como lo cuenta el mismísimo Domingo F. Sarmiento. La represión fue tremenda. Por lo que aquello del lema “Ni vencedores ni vencidos”, fue solamente eso: un lema.

Poco tiempo después de Caseros, la provincia de Buenos Aires se secesionó de la Confederación Argentina.

En el artículo se muestra al gobernador de la provincia Pastor Obligado como un funcionario con intención de cerrar la “grieta”, como si todo hubiera sido color de rosa. Durante su mandato, se fusilaron a militares federales como Jerónimo ó Gerónimo Costa –héroe éste de la defensa de la isla de Martín García en 1838, contra los franceses– entre otros, quienes habían invadido la provincia con la intención de destituirlo y que Buenos Aires, volviera al seno de la Confederación. Costa y su grupo fueron vencidos e inmediatamente fusilados sin juicio alguno, en lo que la historia se conoce como la matanza de Villamayor, acaecida el 2 de febrero de 1856, hecho éste que fue aplaudido entre otros por el mismo Sarmiento.

Por último, no quiero dejar pasar las distintas actitudes asumidas, por un lado la de los jefes militares de la Nación –todos ellos de nacionalidad oriental como Wenceslao Paunero, Venancio Flores, Ignacio Rivas, Ambrosio Sandes, José M. Arredondo, Pablo Irrazábal, entre otros–, mandados por el gobierno de Bartolomé Mitre para reprimir los levantamientos federales en las provincias norteñas, y por el otro el proceder del general Ángel Vicente Peñaloza, el “Chacho”, quien estaba al mando de las fuerzas federales.

Cuando se firmo la paz entre ambas fuerzas en el tratado de La Banderita (así se llamaba la estancia en la que se firmó el acuerdo)  el 20 de mayo de 1862 y llegó el momento de intercambio de prisioneros, Peñaloza entregó en perfectas condiciones la totalidad de los prisioneros que había tomado, mientras que los federales que habían sido hecho prisioneros por las fuerzas nacionales, habían sido todos pasados por las armas.

Los “bárbaros” se habían comportado civilizadamente y los “civilizados” como bárbaros.

                                                        Norberto Jorge Chiviló

 

jueves, 27 de mayo de 2021

Cuando el Estado destruye la moneda - Daniel Larriqueta

Equivocadas opiniones del escritor Daniel Larriqueta sobre Juan Manuel de Rosas                                                    por Norberto Jorge Chiviló

El día 28 de abril del año 2014, se publicó en el diario La Nación, en la sección "Opinión", el siguiente artículo autoría del Sr. Daniel Larriqueta.

Juan Manuel de Rosas

En el siguiente link, se podrá encontrar el artículo para poder leerlo con comodidad:

https://www.lanacion.com.ar/opinion/cuando-el-estado-destruye-la-moneda-nid1685732/ 

Llamó mi atención uno de los párrafos, que transcribo a continuación:

“Durante más de un siglo, todo el papel moneda emitido en nuestro país por los gobiernos provinciales y luego el gobierno nacional estuvo siempre referido de un modo o de otro a las tendencias de oro y plata de los emisores. La referencia era fluctuante y siempre motivo de conflicto, porque con la facilidad de imprimir “dinero” con ínfimo costo la fe pública era burlada con frecuencia. El gobierno de Juan Manuel de Rosas recibió la provincia con un circulante de 15.000.000 de pesos y la dejó empapelada con 119.000.000. De más está decir que esos pesos valían muy poco en referencia al oro y la plata. Es interesante observar que ese gobierno, poco cuidadoso de las instituciones y de vocación populista, fue el primer gran usador de la inflación como recurso de la política económica”.

Como quien esto lee, observará que se hace referencia concreta a un gobierno en especial, el de Juan Manuel de Rosas, poco se dice sobre los anteriores y nada sobre los posteriores. Para muchos, todos los males hay que adjudicárselo a Rosas y su gobierno, en forma muy simplista e interesada, tratando de envolver al lector desprevenido sobre una situación histórica totalmente alejada de la realidad.

Según se puede ver por internet, se define al autor de la nota, Sr. Daniel Larriqueta, como mendocino, Licenciado en economía, profesor universitario, historiador, periodista y escritor, autor, de varios ensayos históricos y políticos, como La Argentina renegada, La Argentina Imperial, Cómo empezamos la democracia, Democracia sin República, La furia de Buenos Aires, entre otras. También los diarios Clarín y La Nación, han publicado sus artículos 

Como lo señalado sobre Rosas en el artículo no coincidía con lo que yo había leído durante años sobre el tema, ubiqué el teléfono de dicha persona y decidí llamarlo, a fin de que me indicara sobre que fuentes basaba su nota a lo que me contestó que su fuente era el historiador Miron Burgin, a su vez le solicité su correo electrónico para mandarle mi parecer sobre su artículo, cosa que hice pocos días después, con la siguiente carta.


Villa Ballester, 7 de mayo de 2014.

Sr. Daniel Larriqueta.

De mi mayor consideración.

Antes que nada paso a presentarme. Soy Norberto Jorge Chiviló, abogado y además director y propietario del Periódico cultural independiente de la Ciudad de General San Martín, "El Restaurador". Soy también la persona que el día domingo pasado lo llamó a su teléfono particular para que me pasara la dirección de su correo electrónico.

El motivo de la presente tiene que ver con el artículo de su autoría que salió publicado en el diario "La Nación" el día 28 de abril ppdo. titulado "Cuando el estado destruye la moneda".

Soy asiduo lector de ese diario, como de otros medios de prensa, pero a veces no tengo tiempo de leer todos los artículos y el suyo se me había pasado. Dos días después, una persona amiga me comentó del mismo y de la referencia que Ud. había hecho sobre el gobierno de Juan Manuel de Rosas y ubiqué el ejemplar para leerlo.

Comentarios y afirmaciones parecidas como las que hizo, se vienen repitiendo desde hace muchísimos años y en lectores desprevenidos o poco informados del tema, seguramente les creará una idea errónea de lo realmente sucedido históricamente.

En este caso concreto, tengo que objetar -disculpe mi atrevimiento- el que no haya Ud. hecho ninguna referencia al momento histórico en el que tales hechos ocurrieron, como así también a todas las dificultades que dicho gobierno debió sortear durante todo el período y me estoy refiriendo a las agresiones que nuestro país sufrió en las décadas del 30, 40 y principios del 50 del siglo XIX primero de Francia, luego de Francia e Inglaterra coaligadas y por último del Imperio del Brasil, sin contar además con el conflicto con Montevideo, la guerra contra Bolivia y el acoso constante del partido unitario que no le dieron minuto de respiro al gobierno de Rosas, y al evitar mencionar tales hechos me parece que no se está actuando de buena fe. Si se hiciera referencia a esto, el lector seguramente tendría elementos que le permitieran 

La persona que leyó su artículo -y desinformada sobre hechos históricos-, podría creer que la época en la que le tocó gobernar a Rosas fue de absoluta calma, cuando ello evidentemente no fue así.

Según se tenga conocimiento de cómo fue la realidad, el juicio sobre el mencionado gobierno, puede variar notablemente.

Muchos de los hechos que se le atribuyen a Rosas, si los contextualizamos en el tiempo histórico, resultan más que justificados.

Ya en diciembre del año 1939, apareció publicada en el N° 4 de la Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, el artículo de Juan Pablo Oliver "La política económica de Rosas", cuyas partes pertinentes al emisionismo me permito acompañar como archivos adjuntos a la presente y que rebaten aquellas afirmaciones que Ud. hizo en el artículo.

Es importantísima la opinión de José Antonio Terry (ver pág. 57 del referido artículo) vertida en el artículo  "Contribución a la historia financiera" publicada en la edición especial de este diario "La Nación" con motivo del primer centenario de Mayo, hace ya más de 104 años y que Ud. puede leer en el archivo adjunto, correspondiente a la pág. 57 de la revista del Instituto Rosas.

Por si Ud. no conociere quien fue Terry, aclaro que fue ministro de hacienda de tres presidentes: Luis Sáenz Peña, Julio A. Roca y Manuel Quintana y algo sabría sobre el tema... y no podemos decir que Terry fuera rosista...!

Con respecto a su afirmación de que "ese gobierno, (fue) poco cuidadoso de las instituciones...", tampoco se ajusta a la verdad histórica. Si hubo un gobierno más cuidadoso de las instituciones y apegado a la ley, ese gobierno fue el de Rosas. Rosas aplicó la ley y la hizo observar a amigos y enemigos y creo que con los amigos fue más estricto. Lo reconoció su más enconado enemigo, Sarmiento, quien vio en él a un republicano (léalo en el "Facundo").

No creo que en un solo correo electrónico entren todos los archivos adjuntos, por lo que le enviaré dos.

Me permito hacerle llegar el último número (30) de "El Restaurador", en la versión PDF.

Desde ya muchísimas gracias por la atención que ha bridado a esta carta y aprovecho para saludarlo con la mayor consideración.

                                                      Norberto Jorge Chiviló


No recibí acuse de recibo, ni ninguna contestación y me parece que estas personas con tan frondosos antecedentes, se creen superiores a los demás, sobre todo a quienes no están de acuerdo con sus puntos de vista. No son capaces de contestar, cuando alguien con respeto les hace algún cuestionamiento, sobre temas que tendrían que salir a defender, si contaran con el debido aval basado en fuentes históricas irrefutables.

Juan Manuel de Rosas
Debo confesar que hasta ese momento yo no tenía un conocimiento de quien era el historiador Burgin, que según él le había servido de fuente y por eso traté de informarme. Averigüé que Miron Burgin, nació en 1900 en Varsovia, integrante en aquél entonces del Imperio Ruso, actual Polonia. Después de la primera guerra mundial, emigró a los Estados Unidos, donde se naturalizó y prosiguió sus estudios de derecho. Se sintió interesado en la historia latinoamericana. Trabajó en el servicio oficial estadounidenses, donde ocupó importantes cargos en la Biblioteca del Congreso, en los Departamentos de Estado y en el de Comercio y en la Dirección de Investigaciones de las Repúblicas Americanas. Realizó estudios en Harvard y con el patrocinio de dicha Universidad, llegó a nuestro país en el año 1938, a fin indagar e investigar en los archivos argentinos con el objeto de preparar su tesis doctoral The Economic Aspects of Argentine Federalism sobre la historia económica nacional, tesis con la cual se doctoró en aquella Universidad en 1941 y que fue editada cinco años después por ese alto centro de estudios. Esa obra fue traducida y publicada en nuestro país en el año 1960 con el título Aspectos económicos del federalismo argentino, reimpreso luego por Ediciones Solar, (Buenos Aires, 1982). Burgin falleció en Washington en 1957.

Una persona amiga consiguió que una biblioteca de la zona me prestara esa obra "Aspectos económicos del federalismo argentino", la cual leí con total atención. Grande fue mi sorpresa cuando leí, entre otras cosas los siguientes párrafos y conceptos, sobre Rosas como gobernante, como así aspectos financieros y económicos de su gobierno, que justamente contradicen lo afirmado por Larriqueta, debo decir en honor a la verdad que también Burgin no ahorra juicios críticos contra el Restaurador:


Un aspecto que muchos historiadores le critican a Rosas, es no haber dado un texto constitucional, pero Burgin justamente destacó que "A diferencia de los unitarios, Rosas reconoció formalmente el principio de la autonomía política y económica de las provincias, y tuvo además buen cuidado de dejar abierta la puerta para solucionar en alguna oportunidad futura el problema constitucional. Declaró asimismo que esa solución debería reposar sobre principios federalistas, lo cual ya era por sí mismo un paso adelante dado hacia el objetivo final... El problema constitucional no era el único que Rosas y su partido tenían que resolver. Igualmente importante y, quizá más inmediato era el problema de consolidar el régimen federal y rehacer el sistema, económico y financiero de la provincia. La estabilización política se cumplió con relativa rapidez y eficacia..."

También encuentra justificación al otorgamiento de las facultades extraordinarias conferidas al gobernante porteño por la legislatura provincial en 1829, ya que "...respondía a la demanda bastante generalizada de un gobierno fuerte, que fuera capaz de emprender una acción rápida y decisiva, y no estuviera estorbado por los requisitos y las dilaciones del trámite parlamentario. La provincia necesitaba paz, necesitaba un respiro para restaurar la economía, despedazada por la guerra, las revoluciones y la sequía. La suspensión temporaria de las libertades políticas sería un sacrificio relativamente pequeño, si era para asegurar el orden y evitar los disturbios políticos".

Asimismo coincide con lo que han afirmado otros reconocidos escritores, como Ricardo Rojas en cuanto destacan la popularidad de Rosas en todas las capas de la sociedad: "[En 1835]...Rosas halló en la provincia poca oposición. En realidad nunca había tenido la provincia un gobierno más popular que el que encabezaba Rosas. No sólo los terratenientes y los gauchos del campo, sino también los productores de carne, los artesanos y los pequeños comerciantes de la ciudad aclamaban a Rosas y a su gobierno como la única forma de restaurar la paz y el orden en la provincia destrozada por la guerra. Los elementos disidentes, exhaustos y desilusionados, eran impotentes frente al entusiasmo de la enorme mayoría".

En cuanto a las dificultades económicas y financieras en las que se encontró Rosas, dice: "Durante los tres años de su primer gobierno Rosas no logró operar la total recuperación económica y financiera. No pudo reducir la deuda pública de la provincia ni equilibrar el presupuesto. Pero consiguió detener el proceso de la ruina financiera. Demostró que los gastos podían ser considerablemente reducidos, que se podía mejorar la contabilidad de los fondos públicos y que el crédito público podía ser rehabilitado. Además, absteniéndose de realizar nuevas emisiones monetarias Rosas consiguió estabilizar el valor del papel moneda. Estos éxitos, por modestos que hayan sido, no dejaron de producir una honda impresión. Se destacaron con mayor relieve aún durante los meses que siguieron al retiro de Rosas, cuando al renacer las disensiones políticas internas la provincia se encontró una vez más al borde de la bancarrota financiera. Rosas y la mayor parte de sus colaboradores se convencieron de que solamente una dictadura podía salvar a la provincia del desastre".

"La ley del 7 de marzo de 1835, que daba a Rosas poderes dictatoriales, fue no solamente un arma de lucha política sino también un instrumento de política económica y financiera".

"Cuando apareció en el Registro Oficial [1836] el decreto anunciando la liquidación del Banco Nacional, hacía más de un año que Rosas se hallaba en el poder. Había heredado de sus predecesores un déficit enorme, una moneda muy depreciada y una gran deuda pública. El problema financiero de su gobierno era fundamentalmente el mismo que habían tenido que enfrentar todas las administraciones anteriores. Pero a diferencia de Viamonte, Rosas no trató de restablecer el valor oro del peso. Estricta economía en los gastos, eficiencia en la administración y percepción de las rentas, fueron los principios sobre los cuales Rosas basó su programa de rehabilitación financiera. En ningún momento de sus diecisiete años de gobierno se desvió de estos principios".

"El conservatismo de Rosas en materia de finanzas públicas fue un cambio bien recibido. Apaciguó inmediatamente toda la agitación sobre cambios totales y soluciones radicales basadas más bien en generalizaciones abstractas que en una cuidadosa valoración de la realidad económica. Aseguró el mantenimiento del statu quo en la distribución de los dividendos nacionales, y permitió asimismo el examen más detallado del sistema fiscal existente y una apreciación más desapasionada de la estructura financiera de la provincia".

En su obra, Burgin también se refiere a las dificultades con las que se encontró Rosas, durante todo su gobierno, por rebeliones internas y guerras internacionales y sus consecuencias. "El resultado que la rebelión y las guerras con otros países continuaron intermitentemente durante todo el gobierno de Rosas. El conflicto con Francia, la revolución del sur de la provincia, la guerra con Santa Cruz, el dictador de Bolivia, la intervención en el Uruguay y el bloqueo anglofrancés, fueron conflictos que impusieron pesadas cargas a la Tesorería provincial. Rosas se vio obligado a mantener un ejército permanente bastante grande, para defender el régimen contra los ataques, directos e indirectos, de los unitarios, y a enviar ayuda, en hombres, dinero y materiales a sus aliados de las otras provincias y del exterior".

Este autor también reconoce, los esfuerzos del gobierno de Rosas, para mantener el equilibrio del presupuesto: "A pesar de todos sus esfuerzos Rosas no pudo cubrir los gastos con las entradas corrientes. Mediante una estricta economía y cuidadosa contabilidad logró reducirlos en algunos departamentos, pero eran economías demasiado pequeñas para que influyeran en el balance de la Tesorería. Las expensas militares y los pagos a cuenta de la deuda pública no podían ser reducidos fácilmente, y por esta razón más que por otra el equilibrio del presupuesto dependía en gran parte de la capacidad que pudiera tener Rosas para aumentar los ingresos. Pero los ingresos provenientes de otras fuentes distintas de los derechos aduaneros eran desalentadoramente escasos, y Rosas se resistía singularmente a aumentar los impuestos. Los déficit eran, por lo tanto, inevitables, y el gobierno continuaba luchando con las dificultades económicas".

"En su mensaje a la legislatura [27 de diciembre de 1837] Rosas reconoció los peligros de la inflación y reiteró su determinación de evitar en lo futuro nuevas emisiones de papel moneda". 

"Es muy posible que Rosas habría cumplido su palabra si no fuera por el bloqueo francés. Los efectos financieros del bloqueo fueron desastrosos. En poco tiempo la Tesorería quedó despojada de su fuente más grande de ingresos, mientras los gastos militares aumentaban aceleradamente".

También hace mención a la Ley de Aduanas, que benefició a las economías provinciales: "La ley arancelaria del 18 de diciembre de 1835 marcó el punto crítico de la política bonaerense sobre comercio exterior... por primera vez el gobierno hacía un serio esfuerzo para adaptar su política arancelaria al esquema económico de la provincia y del interior..."

"El gobierno también tenía motivos para estar satisfecho con el cambio que había introducido en su política agrícola. Un año después de promulgada la nueva ley arancelaria [de 1835], Rosas llamó la atención de la legislatura provincial sobre la rápida expansión de los cultivos de cereales en la provincia. Se había producido un notable aumento del área sembrada, y una mayor diversificación de la explotación agrícola. Se cosechaban otros granos, aparte del trigo, en cantidades superiores a todas las precedentes, y el país ya no dependía de la inestabilidad del tiempo o de las importaciones del exterior".

"A la industria nacional la nueva tarifa le prometía mayores beneficios aún que a la agricultura. La industria manual de Buenos Aires recibió un grado de protección que nunca había tenido anteriormente. Lo mismo ocurrió con las industrias vinícola y licorera de las provincias de Cuyo y Tucumán, las textiles y de productos alimenticios de Córdoba y Santiago del Estero, y la ovina de las provincias del litoral. Liberalizando las reglamentaciones sobre el uso del puerto de Buenos Aires, Rosas estimuló las relaciones comerciales entre Buenos Aires y los puertos fluviales y mejoró con ello la posición de las provincias litorales en los mercados extranjeros".

"Las implicaciones políticas de la nueva tarifa no eran menos importantes. Rosas podía contar ahora con el apoyo unánime de las clases medias de Buenos Aires, y ver aumentado enormemente su prestigio más allá de las fronteras provinciales. Se convirtió para las provincias en el más argentino de todos los gobernantes porteños, en realidad el único gobernante que había antepuesto los intereses económicos de la nación al de los comerciantes extranjeros. El gobierno de Buenos Aires se había revelado como un gobierno nacional, y Rosas se transformó en el jefe reconocido de la nación".

¿Qué dijo sobre el primer conflicto con Francia?: "Rosas salió victorioso del conflicto con Francia. Logró conservar intacta la soberanía de la Argentina. Defendió con éxito el principio de la autodeterminación en el continente sudamericano. Al final del conflicto su prestigio político en la Argentina y en todo el continente era mayor aún que antes".

Así se refiere a los altos salarios abonados durante todo el gobierno de Rosas: "Las quejas de que los salarios eran altos fueron muy comunes durante todo el gobierno de Rosas. Rosas trató de resolver la falta de obreros aumentando el número anual de días laborables".

"Se adujo en Buenos Aires que la mano obra no era escasa, sino que el costo de la vida era bajo. 'No faltan obreros en nuestro país, afirmaba el Archivo Americano [30 de abril de 1845], si los salarios son altos es más bien como consecuencia de la facilidad que existe para la subsistencia, por la abundancia que se suministran los principales artículos necesarios para la vida' ". 

Destaca también que Rosas "Era un hombre práctico, no un doctrinario; un comerciante por sobre todo".


Quien quiera releer el artículo de Juan Pablo Oliver, lo puede hacer a través de este link: https://periodico-el-restaurador.blogspot.com/2020/11/politica-economica-de-rosas-juan-pablo.html

lunes, 29 de marzo de 2021

Baile en honor a Manuelita Rosas

 

- Documentos 5 -

En esta Sección del blog damos a conocer interesantes e importantes documentos.
* * * * *

PROGRAMA PARA EL BAILE DEDICADO A MANUELITA ROSAS Y EZCURRA POR EL COMERCIO NACIONAL DE BUENOS AYRES 

Manuelita Rosas

Programa para el baile dedicado a Manuelita Rosas y Ezcurra, por el Comercio Nacional de Buenos Aires. Archivo General de la Nación. Documentos escritos, Sala VII, Legajo 2673.

Transcripción literal:

¡VIVA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA!

¡MUERAN LOS SALVAJES UNITARIOS! 

¡MUERA EL LOCO TRAIDOR SALVAJE UNITARIO URQUIZA!

PROGRAMA

DEL BAILE DEDICADO A LA S.ta D.a MANUELITA DE ROSAS Y EZCURRA POR EL COMERCIO NACIONAL DE BUENOS AYRES.

 INVITACIÓN

Ocho dias antes del que se señale para dar el Baile, la Comisión Directiva se presentará en casa de S. E. el General Rosas á invitar á la Señorita Doña MANUELITA.

Inmediatamente despues, se repartirán las tarjetas de invitacion, sirviendo cada tarjeta para una sola persona. Las tarjetas de Señora serán de distinto color y tamaño á las de hombre. Al repartirlas se rogará á las personas invitadas que las devuelvan con anticipacion en caso que no piensen asistir.

Las tarjetas serán presentadas por los concurrentes á la Comision, que recibirá á la puerta de la casa.


RECIBIMIENTO

Las Comisiones reunidas hasta el número de treinta personas, estarán precisamente en la puerta de entrada á las 9 de la noche.

A medida que las familias se vayan presentando, individuos de la Comision acompañarán á las Señoras hasta la puerta del Salón de Tocador, y esperarán allí á que las Señoras salgan; entonces las conducirán al Salon del Baile.

La Señorita Doña MANUELITA y su comitiva, será acompañada en el mismo órden por el Presidente, y colocada en el Salon en el lugar de distincion que está destinado para ella.

Al presentarse la Señorita Doña MANUELITA en el Salon, se quemarán 21 bombas, y la orquesta ejecutará la Marcha Nacional y el Himno Loor Eterno. Entonces dará principio el Baile.

Los caballeros dejarán sus sombreros y capas en la pieza destinada para esto, tomando allí un billete numerado. Iguales billetes se darán á las Señoras para reclamar después sus chales y demas.

 

BAILE

El Salón estará dividido en cuatro secciones, y dos bastoneros cuidarán el órden en cada una de ellas. Los bastoneros llevarán un lazo de cinta punzó en el brazo izquierdo.

Una gran tarjeta colocada el frente del palco de la orquesta, anunciará lo que ha de bailarse.

 

AMBIGU

A la una en punto entonará el Coro el Himno dedicado por el Comercio á la noble hija del Gefe Supremo del Estado, y se abrirán las puertas del Salon del Ambigú.

Anticipadamente los bastoneros repartirán á sesenta caballeros tarjetas de entrada al Comedor para que cada uno conduzca á la mesa dos Señoras, á quienes atenderá en pie durante la cena; eceptuando de este órden la primera vez.

Algunos Señores designado por la Comisión pronunciarán brindis alusivos á esta festividad.

Luego que dejen la mesa estas ciento veinte Señoras, entrarán otras tantas conducidas por otros sesenta caballeros á quienes se habrá dado billetes de entrada durante la permanencia de los primeros en el Comedor. Así sucesivamente serán llevadas á la mesa todas las Señoras.

En seguida de ellas entrarán á cenar los caballeros, con tarjetas de entrada, repartidas oportunamente. Durante todo el servicio deberá reinar el mayor órden, guardando en los brindis el decoro y la moderación que exige la presencia de la hija de S. E. y del bello sexo Argentino.

 

RETIRADA

Cuando la Señorita Doña MANUELITA se retire, acompañada en la misma forma en que fué recibida, ejecutará la orquesta los Himnos Nacional y Loor Eterno, se quemarán 21 bombas, y terminará el Baile.

Las Señoras y los Caballeros ocurrirán con los billetes que recibieron á su entrada, á recoger los objetos que les pertenezcan.

 

CARRUAGES

Para llegar á la casa del Baile, los carruages vendrán por la Plaza de la Victoria y la calle “Reconquista”, y luego pasarán á la Plaza “25 de Mayo” donde se formarán en órden á los costados de la Recova.

Al retirarse entrarán por la Plaza “25 de Mayo” y seguirán por la Plaza de la “Victoria” y calle “Reconquista”.

El órden estará cuidado esteriormente por vigilantes de Policía á pié y á caballo.

 

IMPRENTA AMERICANA, Calle la Defensa núm. 221.

 * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

 El contexto histórico

El 1° de mayo del año 1851, el gobernador de la provincia de Entre Ríos, general Justo José de Urquiza, aliado con el Imperio del Brasil, el Estado del Uruguay y la provincia de Corrientes produjo el Pronunciamiento contra el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, originándose así la segunda guerra entre nuestro país y el Imperio del Brasil.

Después de pasar a la Banda Oriental, donde logró la rendición del general Oribe, quien al frente de las tropas argentinas y uruguayas sitiaban Montevideo, Urquiza al frente del Ejército Aliado, se dirigió a Buenos Aires.

Ya con la amenaza de Urquiza, quien avanzaba hacia Buenos Aires, el Comercio Nacional de Buenos Aires, dió un baile en honor de la hija del gobernador, doña Manuelita Rosas, siendo la invitación al mismo, el documento que ilustra este artículo.

La fiesta tuvo lugar el día 28 de octubre de dicho año en el Coliseo.

Transcribimos a continuación lo publicado en la obra "Manuelita de Rosas y Ezcurra - Verdad y leyenda de su vida", de E.F. Sánchez Zinny", 2da. edición, Buenos Aires, 1942, sobre distintos detalles del referido baile, siendo todo ello una interesante descripción de lo allí vivido.


... A mediados de julio de ese año de 1851, sin otro argumento visible que los buernos deseos de los iniciadores, nació la idea de festejar a Manuelita...

La fiesta fue en el Coliseo, y es a la que se refiere el programa mencionado antes.

Formaron en la comisión de festejos, caballeros de estrecha vinculación con Rosas, presidida por su propio hermano Gervasio Ortiz de Rozas. Completan la lista los señores Juan N, Fernández, Vicente Casares, Felipe Senillosa y José Martínez Dios, (debe ser de Hoz).

La crónica del “Diario de la Tarde”, a 29 de octubre, apuntaba: “Desde que anocheció, todas las inmediaciones del Coliseo estaban lujosamente iluminadas y desde temprano, flameaban sobre las azoteas multitud de pabellones”. Los postes circundando la fachada —recién terminada— fueron revestidos por altas columnas de madera, imitando mármol en la pintura. Sostienen faroles y las adornan trofeos de banderas federales. En la plaza, cinco bandas de música, alternaban himnos y trozos de óperas populares. Sobre el pórtico de entrada se leían, al trasparente, “las aspiraciones nacionales”, al decir del cronista. “¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los salvajes, asquerosos unitarios! ¡Muera el loco, traidor, salvaje unitario Urquiza!”

Eran las 8 de la noche, cuando de la plaza se elevó un globo “como aéreo mensajero del júbilo de este pueblo”. La ciudad vió cruzar el cielo esta estrella roja, rumbo al oeste, impulsada por la brisa del río.

Tras la reja que da frente al sur, abríase la puerta de entrada a la fiesta, Traspuesto el dintel, penétrase al vestíbulo, profusamente iluminado. Roja alfombra cubría el piso, hasta el cordón de la vereda. Alinéanse en orden frente a la plaza 25 de Mayo los carruajes de la concurrencia. Una comisión de 20 caballeros, recibían y acompañaban a las damas.

Cruzado cl vestíbulo, se penetraba a una espaciosa antesala tapizada de blanco y punzó, e iluminada por decenas de bujías.

Inmediatamente llegábase al suntuoso salón de baile en forma semicircular. Cubria el recinto una superficie de 30 varas de largo por 26 de ancho.

Deslumbrados debían sentirse los asistentes ante el lujoso arreglo del salón. Si excesivo pudiera ser el derroche de espejos, de flores, de adornos, era igualmente innegable que el mal gusto corría a la par de la opulencia exhibida. Prodigalidad de sedas, bronces y cristales. El oro de las consolas y el rojo de los tapizados del moblaje y cortinados, resplandecían a la luz de las arañas, manteniendo encendidas centenares de bujías, Una, la del centro, era un alarde en el arte de la cristalería, Pendía del cielo raso, decorado con un enorme sol dorado, de roja y blanca cabellera; entre rutilantes caireles y adornos de cristal tallado, sostenía a 500 bujías. Seis otras arañas similares, pero menores, la rodeaban.

Púrpura era el paño cubriendo totalmente cl pavimento. En la testera principal, alzábase un estrado destinado a Manuelita y a su séquito de señoras respetables, esposas de generales y camaristas, Tras él, en el muro, entre banderas de la Confederación, colgaban los retratos del general Rosas y de doña Encarnación Ezcurra. A ambos lados de esa especie de trono rojo, penden dos colosales cuadros de mala factura escenográfica. Les sirven de base monumentales espejos. Representan uno, a la América protegida por Apolo y está a la derecha de la figura del Restaurador. El otro, a la Inocencia en peligro, se halla a la izquierda de doña Encarnación. Bordadas en los cortinados de las puertas de acceso se ven estas cifras: J. M. R. Instálase la orquesta en un gran palco a 6 varas de altura.

A las 9 de la noche, en el salón rebosaba la concurrencia. “El buen gusto —dice la crónica— la elegancia esmerada, los caprichos más felices, descollaban entre aquel matiz de trajes delicados, entre aquel ramillete de flores, entre aquellos grupos encantadores que confundían sus aéreos vestidos, sus lucientes atavíos; y donde las guirnaldas, las perlas y los brillantes perdían su luz, entre sus cabellos de seda o ante sus ojos de diosas”.

Manuelita llegó a las 10.

Al entrar al salón, entre una salva de aplausos, la orquesta ejecuta el Himno Nacional y luego el himno: “Loor eterno al mignánimo Rosas”, que el público escuchó de pie.

Vestía la princesa criolla un faustuoso traje escarlata. Adornaba su cuello magnífico collar de brillantes; una diadema de iguales piedras, resplandecía entre la mata oscura de sus cabellos. Manuelita inició el baile con el general don Agustín de Pinedo. La orquesta ejecutaba un minuet.

……………………

A la una de la mañana, los señores Miguel de Riglos, Manuel José Cobo, Antonio Terrero, Manuel José Guerrico y don Diego de Alvear, nombrados en comisión para el acto, invitan a Manuelita a pasar al ambigú. El ministro de S. M. B., caballero Enrique Southern la condujo y tomó asiento a su lado. Ocupó el lugar izquierdo el ministro doctor Manuel Insiarte. Encabezaba el otro extremo de la mesa, el general Tomás Guido. Luego, el general Pinedo, Prudencio Rosas, etc.

Fijado en la pared principal, leíase en un escudo “¡SALUD A MANUELITA ROSAS!”.

A la hora de los brindis, Guido lo hizo por Manuelita. Southern, por el general Rosas y “su virtuosa hija”. Roto el fuego, se oyeron los consabidos mueras al loco, traidor Urquiza y los vivas al “Gran Rosas”.

Aun se bailaba a las 7 de la mañana del 29 de octubre en el Coliseo, durante la fiesta que el Comercio de Buenos Aires, diera a la infanta de Palermo.

* * * * * * * * * * * * * * * 

AMBIGÚ: Mesa o mostrador donde se exponen y presentan un conjunto de platos (entremeses, verduras, carnes, pescados o postres) de manera que los comensales pueden escoger y servirse ellos mismos la comida que llevar a su mesa.


domingo, 28 de marzo de 2021

Pronunciamiento de Urquiza - Consideraciones jurídicas

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

21 

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

Encontramos este artículo de Roberto Fernández Cistac, publicado en la "Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas" N° 34, enero/marzo de 1994, sobre el  pronunciamiento de Urquiza.

La verdad sobre el pronunciamiento de Urquiza
por Roberto Fernández Cistac 

El Pronunciamiento de Urquiza merece un breve proemio y un triple enfoque: el histórico, el jurídico y el político.

Digamos primeramente que es uno de los sucesos más importantes de la historia argentina y el que, consecuentemente, presenta una fuerte dosis de conflictualidad e interpretaciones encontradas. Por ello entendemos que resulta vital su esclarecimiento completo para poder comprender las líneas directrices de nuestra historia nacional tan escamoteada de este tipo de estudios.

Esa dura tarea emprendemos seguidamente.

 

Retrato de Urquiza, 1842

EL ENFOQUE HISTORICO

La paz firmada entre Argentina y Brasil en 1828 distó de ser fructífera; ambos Estados continuaron una guerra fría que tampoco podía durar indefinidamente. La paz de 1828 fue eminentemente provisional de momento que se dejaron pendientes de solución los principales puntos antagónicos que eran, substancialmente, los tres siguientes:

a) El reconocimiento de la soberanía argentina en las Misiones Orientales ocupadas por Brasil.

b) La política de navegación sobre los ríos argentinos tributarios del Río de la Plata

c) La definición del perfil político del Paraguay y del Uruguay; Brasil había reconocido la Independencia paraguaya en 1844 provocando la airada reacción argentina. La república del Uruguay se hallaba envuelta en una guerra interior cuyo espejo era la diarquía que la gobernaba.

Pasaron dos décadas sin que la diplomacia pudiera dar una solución política a estos problemas esenciales; la ruptura de relaciones se produjo el 11 de septiembre de 1850 con el retiro del Embajador argentino ante la Corte imperial, general Tomás Guido. La guerra era inevitable y ambos Estados entraban en el vértigo de la movilización bélica donde las intrigas políticas ocupan un lugar preponderante.

El cuadro de situación militar era netamente favorable a nuestro país; el trípode que formaba Buenos Aires con el Ejército Aliado de Vanguardia en Uruguay al mando del general Manuel Oribe y el Ejército de Operaciones al mando del Gobernador de Entre Rios, general Justo José de Urquiza, en el estratégico Litoral argentino, era un valladar prácticamente infranqueable para las fuerzas del Brasil.

Corroboraba lo dicho la situación política; mientras Argentina se hallaba unida y pacificada, el Imperio veía crecer la levadura del republicanismo y de la emancipación esclavista. Solamente la desarticulación del citado trípode Rosas - Urquiza - Oribe podía revertir esta situación.

Fue en estos cruciales momentos que se produjo el famoso Pronunciamiento; según la versión tradicional comienza con la Circular del 3 de abril de 1851 que el gobernador Urquiza dirige a sus pares de las demás provincias anunciando que ha decidido encabezar “el gran movimiento por la libertad” en la convicción que “... las lanzas del Ejército de Entre Ríos y las de sus AMIGOS Y ALIADOS bastan para derribar el poder ficticio del gobernador de Buenos Aires”, sigue con la proclama del 1° de mayo de 1851 donde le retira a Rosas la encomienda de las Relaciones Exteriores reasumiendo a la faz de la República, América y el mundo “... el cultivo de las relaciones exteriores y dirección de los negocios generales de paz y guerra... quedando (Entre Ríos) en aptitud de entenderse directamente con los demás gobiernos del mundo hasta tanto que, congregada la asamblea nacional de las demás provincias hermanas, sea definitivamente constituida la república” y culmina con la firma del Tratado del 29 de mayo de ese mismo año con el gobierno de Montevideo y el Imperio del Brasil para “... mantener la independencia y pacificar el territorio oriental haciendo salir al general Manuel Oribe y las fuerzas argentinas que manda” (art. 19) quedando en claro que si “... el gobierno de Buenos Aires declarase la guerra a los aliados -individual o colectivamente- la alianza actual se tornaría en alianza común contra dicho gobierno” (art. 15). Fue así como el flamante Ejército aliado se puso en movimiento contra las posiciones del general Oribe sin detener el tránsito por territorio argentino; Rosas declara la guerra al Brasil el 18 de agosto de 1851 “... en virtud de los procedimientos... atentatorios con que el gobierno imperial hace imposible la paz”. El general Oribe debe capitular en Pantanoso el 8 de octubre de 1851 y el 21 de noviembre de ese año los Aliados rubrican un nuevo Tratado para dar el tiro de gracia sobre la nuca de la Argentina; aquí se dice que la guerra no es contra Argentina sino contra el gobierno de Rosas (art. 1°) lo que es confirmado por algunos intérpretes argentinos: “…advertimos otra vez la preocupación por dejar claramente expuesto el único objeto de la guerra: resistir la opresión tiránica salvaguardando el honor y la independencia de la república”. (1) Todo finaliza con la derrota de la Confederación Argentina frente al Ejército Aliado en la batalla de Monte Caseros un 3 de febrero de 1852 que “... fue un triunfo político que hizo posible la realización de dos hechos trascendentales de la historia argentina: el restablecimiento de la libertad y la organización constitucional”. (2) Esta es la cronología objetiva de los acontecimientos acompañada por las subjetividades de la interpretación que no ha hecho otra cosa que poner una nota marginal o aclaratoria a los documentos y Tratados de neto origen brasileño; vamos seguidamente al encuentro de sus principales afirmaciones:

a) Movimiento por la libertad iniciado el 3 de abril de 1851. Con esta romántica afirmación se pretende ubicar el Pronunciamiento dentro de un movimiento de oposición o resistencia política interna argentina. Nada más falso: el Pronunciamiento fue un capítulo de la SEGUNDA GUERRA ENTRE ARGENTINA Y BRASIL y fue intensamente trabajado por agentes brasileños y entrerrianos ante la inminencia de esa conflagración anunciada con la ruptura del 11 de septiembre de 1850. Pasar por alto una guerra internacional es una hazaña sin precedentes de ocultismo histórico, un verdadero record insuperable de nuestra historia tradicional que -emulando el fraude culinario de hacer pasar gato por liebre- ha presentado como una revolución doméstica lo que fue una guerra entre los primeros Estados de Sudamérica en ese momento.

Tampoco es cierto que la Circular del 3 de abril se haya cursado efectivamente a los gobernadores; fuera del correntino Virasoro, fue remitida exclusivamente a Río de Janeiro, Montevideo y Asunción o, permaneciendo bajo llave en el cajón del escritorio del Palacio San José. La exigencia de todo esto era satisfacer la exigencia brasileña a Urquiza sobre la necesidad de un rompImiento público e inequívoco con Rosas; sólo el 25 de mayo fue publicada junto a los otros documentos concordantes. Otro caso en que se esconde la mano luego de lanzar la piedra.

b) La guerra no era contra Argentina sino contra el gobierno de Juan Manuel de Rosas. Así se afirma en el ya citado Tratado del 21 de noviembre prolijamente glosado por nuestros historiadores; la inmoralidad histórica de una guerra entre Estados hermanos ha llevado a muchos de ellos a emplear este eufemismo consistente en declarar que no se ataca a tal o cual Nación sino al régimen político que en ella impera. (3) Se trata de un artilugio carente de asidero aunque fue utilizado antes y después de 1851 por algunos Estados hispanoamericanos. (4)

Claro que las guerras internacionales son siempre un duelo entre Estados y pretender simular una realidad tan contundente como ésta bajo el manto de una cruzada ideológica contra determinado gobierno no pasa de ser un sofisma de claro cuño belicista; ¡el Estado agresor se presenta como redentor político del pueblo que arrasa con sus municiones y bombas! Además ¿cómo puede hacerse la guerra contra un gobierno y permanecer en paz con su pueblo? ¿Existe la metodología militar que permite atacar y ultimar exclusivamente a los gobernantes y funcionarios mientras se arrojan flores a la población?; las únicas respuestas posibles a estas preguntas nos prueban que la remanida maniobra de declarar la guerra a los gobiernos no pasa de una falacia que se estrella contra la realidad de las ideas y de los hechos: ningún Estado es tan altruista como para arriesgar sus Ejércitos en aras del progreso político de otro ni pueden considerarse propiedad privada de los gobernantes las ciudades que se bombardean, los buques que se hunden ni los aviones que se derriban.

Todas estas consideraciones se vigorizan al extremo cuando el gobierno al que se le declara la guerra es el mismo que el Estado atacante había reconocido en sus relaciones diplomáticas; no se comprende cómo puede tildarse de tiránico e irrepresentativo a un gobierno que se ha reconocido como el único representante legal de un Estado. Justamente este es el caso de Rosas, cuya calidad de Encargado de las Relaciones Exteriores, Paz y Guerra, de la Confederación Argentina era reconocida por el Brasil a través de décadas de intensas relaciones.

Finalizada la guerra Brasil obtuvo la libre navegación de los ríos, el reconocimiento  argentino  de la independencia paraguaya y manos libres en el Estado oriental, además de otras “propinas” como los Tratados sobre la esclavatura. ¿Era contra Rosas o contra Argentina la guerra de 1851?

 

EL ENFOQUE JURÍDICO

El artículo 22 del Tratado del 29 de mayo de 1851 ratifica explícitamente que “...el señor gobernador del ESTADO de Entre Ríos, en virtud del derecho de independencia nacional que le ha reconocido el tratado del 4 de enero de 1831...” ha reasumido por su parte “... la facultad concedida al gobernador de Buenos Aires para representar a la Confederación Argentina en lo que respecta a las relaciones exteriores”, todo lo cual ha recibido el aval doctrinario de constitucionalistas como Juan González Calderón en el sentido de la legitimidad del Pronunciamiento.

Comencemos diciendo que los derechos de nulificación -potestad de una provincia de ratificar o no las leyes federales- o de secesión -potestad de una provincia para separarse o independizarse del Estado federal- son posibles dentro de un sistema confederal a condición que emanen de una reserva expresa del Tratado constitutivo de dicho sistema confederal; no es posible que cuestiones que hacen a la unidad jurídica y política de un Estado sean resueltas por implicitud o a través de valores sobreentendidos. Si los mentados derechos de nulificación y secesión no fueron expresamente reservados debe entenderse que el Estado signatario ha renunciado a los mismos en aras de una unidad nacional indisoluble; no debe olvidarse que Entre Ríos era PROVINCIA FUNDADORA del Pacto Federal junto a las de Santa Fe, Corrientes y Buenos Aires y que no hizo reserva alguna al rubricar el Tratado originario.

La simple lectura del Pacto Federal de 1831. demuestra claramente la inexistencia del aludido “derecho de independencia nacional” o de secesión

a) Si bien es cierto que en el art. 1° se habla de reservas de “soberanía, independencia y derechos”, ello implica solamente  un exceso de fraseología para disipar temores o prevenciones sobre intenciones hegemónicas de alguna de las partes; el mismo artículo bajo comentario califica de PERMANENTE a la unión federal acordada lo cual proscribe toda posibilidad de rompimiento unilateral.

b) Los arts. 15° y 16°  establecen que la Comisión Representativa ha de convocar a un  Congreso General para constituir la República bajo el sistema federal; este es el fin primordial del solemne compromiso asumido por las Provincias: marchar juntas hacia la unidad formando un Congreso General una vez pacificada la Nación. El Tratado de 1831 no es una alianza esporádica para fines de coyuntura sino una unión perpetua para constituir un Estado único; no hay posibilidad de rescisión intempestiva y discrecional por parte de las provincias firmantes.

Entendemos que las argumentaciones expuestas son suficientes para demostrar la invalidez jurídica del pronunciamiento pero creemos útil sumar otras; supongamos por un momento que Entre Ríos tenía ese derecho de escindirse, ¿qué modo y forma debía observar para ejercerlo? ¿Debió recurrir a un Congreso General entrerriano o le bastaba un bando de su gobernador? Existe una sola respuesta lógica a este interrogante y es que sólo y únicamente un Congreso representativo del pueblo entrerriano -o bien, su Legislatura, a lo menos- podía tomar válidamente una decisión de tanta trascendencia; en modo alguno era viable que lo hiciera el gobernador mediante un Decreto proclama que sólo representa su voluntad unilateral.

La tradición hispanoamericana en materia de declaraciones de independencia es inequívoca en el sentido de considerarlas propias de la soberanía popular; en los casos de Argentina (1816), Bolivia (1825), Uruguay (1825) y Paraguay (1842) se delegó siempre el tema a la voluntad popular emanada de un Congreso General. La siempre irónica historia ha querido que la actitud de Urquiza reconociera el antecedente de la Independencia brasileña por el llamado grito de Ipiranga proferido por el Emperador Pedro I; en ambos casos la independencia surgía de la decisión de un monarca o autócrata que subrogaba al pueblo en el ejercicio de la soberanía.

Pero para Urquiza era Derecho todo lo que salía de la imprenta oficial llevando su sello y firma; ocurre que para fundamentar su famoso Manifiesto no recurrió al presunto “derecho de independencia nacional” sino a una razón mucho más vulnerable y contradictoria. Invocó las razones de salud que daba Rosas para no aceptar su reelección como gobernador de Buenos Aires -¡sí, el famoso Pronunciamiento contra Rosas se halla fundado en el respeto a su salud!- por lo que se hace pasible de las siguientes observaciones fundamentales:

a) El cultivo de las Relaciones Exteriores, Paz y Guerra, de la Confederación fue delegado por las provincias en el gobierno de Buenos Aires que asumía el rol de Estado-Canciller frente a los Estados extranjeros; siempre estuvo claro que cuando se hablaba de gobierno o de gobernador de Buenos Aires se lo hacía en forma institucional, es decir, con abstracción de la persona física que ejercía ese cargo. Se trataba del “órgano institución” y no del “órgano persona” como diría el administrativista Miguel Marienhoff; ese fue el criterio invariable observado toda vez que cambiaron los gobernadores porteños.

Siendo así ¿qué tenía que ver la salud de Rosas o su renuncia con la permanencia de Entre Ríos en la Confederación? Nada; absolutamente nada.

b) La renuncia de Rosas era un problema interno de la provincia de Buenos Aires; solamente su Sala de Representantes podía aceptarla o rechazarla. Sin embargo, el famoso Pronunciamiento parece suponer que podía hacerlo el gobernador de Entre Ríos aún antes del veredicto de la Sala porteña.

Todo este absurdo constitucional y racional sólo se explica por la premura en romper con Rosas para aliarse con Brasil; se echó mano a cualquier razón o motivo para legalizar esta decisión política lamentable.

Se nos replicará que pese a todo y contra todo, haya sido ilegal o no el Pronunciamiento, el fin jurídico se cumplió: el 1° de mayo de 1853 se sancionó la Constitución Nacional por un Congreso Constituyente convocado por Urquiza de conformidad con el Tratado de 1831 modificado por el de San Nicolás de los Arroyos de 1852. ¡Por fin el pueblo podría resguardar sus libertades en el cofre inviolable de la Constitución! ...aunque nunca le dieran la llave.

La convicción de que el constitucionalismo era la panacea de todos los males sociales fue la ilusión de los juristas de la Revolución Francesa que luego codificaron todo para Napoleón I de Francia; fue una ilusión noble pero vana porque la vida social no puede encapsularse en articulados inmutables. Desde mediados del siglo pasado que juristas alemanes como Savigny y von Ihering demostraron que las leyes que no reconocen un sustento histórico y social están condenadas a ser reliquias de archivos.

Las constituciones son para las Naciones y no a la inversa; deben servir y no ser servidas. Nadie desconoce el valor de tener una Ley Fundamental que discipline el accionar de los poderes públicos y reconozca los derechos del hombre, pero llegar al extremo de considerarla una deidad laica ante la cual deben inmolarse todos los valores nacionales es decididamente irracional; significa incurrir en un fetichismo jurídico similar al religioso que en la antigüedad ofrendaban sacrificios  humanos a los dioses de barro. Gran parte de las desgracias argentinas se debe a esta Inversión de valores destinada a amoldar nuestra Nación a las prescripciones constitucionales y no a la inversa como han hecho países más criteriosos: Gran Bretaña e Israel no tienen Constitución escrita  y esto no fue nunca un obstáculo para su progreso.

Caballería de Urquiza
Caballería urquicista

 En 1853 tuvimos una Constitución, pero ¿a qué precio? La derrota ante el Brasil, la pérdida de las Misiones Orientales, resignamos a ser interlocutores pasivos en las cuestiones del Río de la Plata y a tener una legislación fluvial lesiva a nuestros intereses. Como si esto fuera poco, la flamante Carta Magna  quebró la unidad nacional porque Buenos Aires no participó del Congreso Constituyente ni aceptó la Constitución. ¿Acaso hay algo que festejar?

Como abogados y argentinos no vacilamos en afirmar que hubiéramos preferido mil veces postergar la sanción de la Constitución a cambio de conservar, al menos, la mitad de los valores nacionales sacrificados por el Pronunciamiento y su formal culminación en la Constitución de 1853.

Resumiendo: el Pronunciamiento de Urquiza violó flagrantemente el Tratado Federal del 4 de enero de 1831 en su art. 1° que establecía “unión estrecha y permanente” entre las provincias signatarias; también sus artículos 2°, 3° y 13° por los que formaron una alianza defensiva y ofensiva obligándose a resistir “... cualquier invasión extranjera que se haga, bien sea en el territorio de cada una de las tres provincias contratantes, o de cualquiera de las otras que componen el Estado argentino” comprometiéndose en este caso a aportar “... cuantos recursos y elementos estén en la esfera de su poder” sin omitir el concurso de tropas que marcharían “... con sus respectivos Jefes y oficiales”. También hizo lo inverso de lo preceptuado en el art. 4° donde las provincias se comprometen “... a no oír, ni hacer proposiciones ni celebrar tratado alguno particular, una provincia por sí sola con otra de las litorales NI CON NINGUN OTRO GOBIERNO, sin previo advenimiento expreso de las demás provincias que forman la presente Federación”. Las prescripciones transcriptas son tan claras y previsoras que eximen de todo comentario.

También se violaron los arts. 15° y 16° al hacer imposible la unión que permitiera la convocatoria al Congreso General que constituyera a la República bajo el sistema federal; hasta nos queda una curiosidad jurídica: si se le hubiere dado fuerza retroactiva al art. 103 de la Constitución que califica como traidor a la Patria a quienes tomen “.... las armas contra ella o se una a sus enemigos prestándole ayuda o socorro”, resultaría que Urquiza violó también la Constitución que él mismo promovió y juró respetar.

 

EL ENFOQUE POLITICO

Por último, afírmase que la Libertad y demás valores y derechos propios del sistema republicano de gobierno exigían el derrocamiento de Rosas; “cuando se sabe lo que quiere decir Libertad se entenderá por qué nos importa poco y nada que se atribuya a Rosas la defensa de la soberanía... y por qué nos importa poco y nada que el Ejército de liberación aunara tropas extranjeras en la lucha por la Libertad… Urquiza libertador es por eso el héroe de Caseros y paladín de la Constitución Nacional”. (5)

Nuevamente vamos al encuentro de esas afirmaciones.

a) Hacía nueve años que acataba la autoridad de Rosas pudiendo llenarse volúmenes con las alabanzas a su gestión manifestadas en sus discursos y en su correspondencia con el Restaurador.

b) Urquiza gobernaba Entre Ríos de la misma forma que Rosas Buenos Aires: suma de poderes de hecho y de derecho. Si se había repentinamente entusiasmado con el republicanismo liberal, ¿porqué no empezó por aplicarlo en su provincia? No cabe duda que el Libertador olvidó el Sermón de la Montaña en la parte que veda “... ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”.

c) Habló un doble discurso porque una cosa dice en la Circular del 3 de abril donde retóricamente, al menos, se pone a la cabeza “... del gran movimiento por la libertad” y otra muy distinta en el Manifiesto del 1° de mayo donde habla de guardar el debido respeto a la salud de Rosas.

Pero el autor transcripto insiste en justificar el Pronunciamiento en nombre de la libertad; la sola comprobación de haberse restringido las libertades civiles bajo el gobierno de Rosas le resulta suficiente para crucificarlo sin admitir descargo ni atenuante alguno.

Nuevamente vamos al encuentro de esas afirmaciones:

a) Decir Confederación Argentina nunca significó decir Buenos Alres o Juan Manuel de Rosas; el Pacto Federal dejaba a las provincias entera libertad para adoptar las instituciones que considerasen más convenientes. Un sistema más amplio que el de la Constitución que impone en todo el país un modelo uniforme de gobierno y de declaraciones de derechos. (arts. 5°, 6° y 31° de la Constitución Nacional). Consecuentemente, la inexistencia de libertades en la Confederación era imputable a los trece Gobernadores y no únicamente a Rosas cuya Dictadura imperaba solamente en Buenos Aires.

Si el Pronunciamiento se hizo en nombre de la libertad, ésta no podía ser otra que la sofocada en Buenos Aires. Sin embargo, es tan grosero el absurdo histórico de presentar a Entre Ríos y al Brasil marchando líricamente a liberar a Buenos Aires que hasta fastidia refutarlo; ni el primero donde imperaba una autocracia omnímoda, ni el segundo regido por una monarquía que basaba su economía en la mano de obra esclava podían desempeñar el rol de príncipes liberadores de doncellas cautivas.

b) Es un error pensar que las limitaciones a la libertad se deben al sadismo de los gobernantes; son las circunstancias históricas y sociales las que imponen esas restricciones cuando así lo requiere la salud pública. El derecho comparado admite instituciones como la ley marcial, el pleno de facultades o el estado de sitio, que restringen transitoriamente las libertades en épocas de crisis.

Nuestra misma Constitución actual admite la suspensión de todas las garantías constitucionales mediante la implantación del Estado de Sitio en caso de conmoción interior o exterior (art. 23 de la Constitución Nacional). Hay otro caso frecuente en nuestros días: el Interventor Federal de una provincia ejerce la suma del poder público cuando el Gobierno Nacional interviene los tres poderes provinciales de acuerdo a los arts. 5° y 6° constitucionales; otra prueba más de la inoperancia del famoso art. 29 que no se aplica al caso por no mediar delegación legislativa de la suma de poderes. En el caso que nos ocupa, es evidente que la segunda guerra con el Brasil imponía a todos los hijos de esta tierra el deber de posponer toda reivindicación o protesta en aras de la victoria patria.

El afianzamiento de la república y las libertades civiles fue siempre obra del progreso estable de los pueblos; no dependen de tal o cual gobernante cuyo tránsito por la historia será siempre fugaz. Pensar lo contrario es como combatir la fiebre destruyendo el termómetro.

c) El pernicioso relativismo moral de nuestros días nos obliga a reafirmar principios elementales; nos referimos al patriotismo en su doble faz de derecho individual y deber de moral política.

El patriotismo no choca con la libertad personal porque nadie puede ser obligado a sentir lo que no nace de su alma, todo ciudadano tiene derecho a renunciar a la nacionalidad y adoptar otra más afín a sus preferencias. Hasta puede hacer lo del doctor Bidart Campos que antepone sus libertades personales a la soberanía nacional.

Todo esto cambia fundamentalmente cuando se trata de gobernantes o militares y no de simples particulares; lo que para estos es un derecho, para aquéllos es un deber jurado ante Dios y los hombres. Tanto el que ha seguido una carrera pública y asumido funciones gubernamentales como el que empuña la espada que la Patria le confió, están solemnemente comprometidos con el logro de la ventura general y la defensa irrestricta de la Nación.

Consecuentemente, está claro que Urquiza, en su doble calidad de gobernador de Entre Ríos y General en Jefe del Ejército de Operaciones, tenía el deber insoslayable de ponerse al servicio de la Nación en trance de guerra. No le faltaban ejemplos de diáfana belleza moral: el mismísimo general San Martin ofreció sus servicios a Rosas para servir “... en cualquier clase que se me destine” cuando la intervención anglo-francesa de 1845.

Esta era la actitud que le cabía adoptar a Urquiza y no elucubrar sobre un constitucionalismo que no sentía ni practicaba.

d) Soberanía y libertad individual no pueden nunca constituir una antinomia; la una supone la otra por lo que difícilmente puedan entrar en colisión.

No hay hombres libres en una Nación esclava; la pérdida de la soberanía de un Estado causa siempre la limitación y desaparición de las libertads de sus ciudadanos. ¿O acaso los griegos no perdieron su libertad cuando su Patria fue conquistada por Roma? Estúdiense casos como los de Estados Unidos y se comprobará que las libertades civiles encuentran su plenitud en las Naciones de mayor poder soberano.

Basta entonces de anteponer la libertad a la soberanía porque son dos valores que se complementan e influyen recíprocamente.

 

CONCLUSIONES

Entendemos haber demostrado lo siguiente:

    a) El pronunciamiento de Urquiza fue un capítulo de la segunda guerra entre Argentina y Brasil.

b) Su motivación no fue la libertad o la democracia sino la exigencia brasilera de que Entre Ríos adquiriese personería internacional para poder subscribir Tratados de alianza.

c) El pronunciamiento significó un nuevo desmembramiento territorial y político, agravado por la adhesión de Corrientes a la causa entrerriana. No debe olvidarse que Brasil y Uruguay reconocieron implícitamente la “independencia nacional” entrerriana al firmar los Tratados de mayo y noviembre de 1851; esto siempre se deduce cuando un Estado soberano firma Tratados con otro que pretende serlo. Es cierto que Entre Ríos y Corrientes no llegaron a la independencia definitiva como Uruguay y Paraguay, pero poco faltó.

Se ha pretendido relativizar este intento separatista en base a la referencia “... hasta tanto que, congregada la asamblea nacional de las demás provincias hermanas, sea definitivamente constituída la república” contenida en el pronunciamiento. Sin embargo, se trata de una fórmula general sujeta a un futuro incierto y lejano; también Paraguay habló en 1811 de Congreso General para luego faltar a todos y la misma Entre Ríos se comprometió en el Tratado del Pilar de 1820 a concurrir a un Congreso a reunirse en San Lorenzo que jamás se realizó.

d) Sus fines no fueron la libertad y el constitucionalismo sino los expresamente documentados en los Tratados: llevarle la guerra a Oribe y a la Argentina si se solidarizaba con este líder oriental. Claro que esto último se descontaba de antemano por la apuesta histórica que Argentina hacía a favor del general Manuel Oribe, único Presidente legal reconocido por nuestro país.

Esta es nuestra verdad sobre el pronunciamiento de Urquiza.

Puede intentarse una calificación moral? El autor de estas líneas no tiene por costumbre erigirse en Juez de los personajes de nuestra historia y si se insiste dejaremos que el mismo Urquiza se califique en la inteligencia de que no hay juez más benévolo que el que actúa en causa propia. Interrogado por don Antonio Cuyas y Sampere si Brasil podía contar con su neutralidad, el Libertador contestó el 20 de abril de 1850: “... Crea usted que me ha sorprendido sobremanera que el gobierno brasilero haya dado órdenes para averiguar si podía contar con mi neutralidad ..., yo, gobernador y capitán general de Entre Rios, parte integrante de la Confederación Argentina y general en Jefe de su ejército de Operaciones, que viese empeñada a esta o a su aliada la república oriental en una guerra en que por este medio se ventilasen cuestiones de vida o muerte vitales para su existencia y soberanía!... ¿cómo cree el Brasil, como lo ha imaginado un momento, que permanecería frío e impasible espectador de esa contienda en que se juega nada menos que la suerte de nuestra nacionalidad o de sus más sagradas prerrogativas, sin traicionar a mi Patria, sin romper los indisolubles vínculos que a ella me unen y sin borrar con esa ignominiosa mancha todos mis antecedentes?”.

Si el “paladín de la Constitución” lo dice...

 

(1) ROMERO CARRANZA Ambrosio y otros. “HISTORIA POLÍTICA DE LA ARGENTINA” Tomo II pág. 941, Ed Pannedille, Bs. As. 1971.

(2) RAMOS MEJÍA Héctor G. “HISTORIA DE LA NACIÓN ARGENTINA” Ed. Ayacucho. Bs. As., 1945, Tomo II pág. 343

(3) Ni Rosas pudo substraerse a esta “elegancia” bélica cuando declaró la guerra “al tirano Santa Cruz” en lugar de a los Estados del Alto y Bajo Perú como proponía Portales.

(4) Fue la doctrina utilizada por el Paraguay cuando declaró la guerra “al actual gobierno argentino” (Mitre) haciendo la salvedad de su respeta por nuestro pueblo.

(5) BIDART CAMPOS Germán J. “La Constitución y la Libertad" en Rev. EL DERECHO, tomo 45, págs. 914-919. Bs.As., 1973.

Pronunciamiento de Urquiza
Medalla conmemorativa del pronunciamiento de Urquiza, acuñada en Birmingham