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lunes, 27 de marzo de 2023

El primer Perón - Fermín Chávez

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 


Este artículo que a continuación se reproduce, fue publicado en el revista Abogados, de agosto de 2003.

Los presidentes argentinos

JUAN DOMINGO PERÓN

El primer Perón

por Fermín Chávez


Perón
Nació en el campo de su padre, partido de Lobos el 8 de octubre de 1895, y falleció en Buenos Aires el 1 de julio de 1974.

A los 5 años fue llevado por sus padres a Chankaike, cerca de Río Gallegos, y a los 9 pasó a Camarones, cerca de Comodoro Rivadavia. Fue así como hizo sus primeras letras en la Patagonia, hasta 1905, año en que vino a Buenos Aires y vivió con su abuela Dominga Dutey, en la casa y escuela de San Martín 548, parroquia de Catedral al Sur. Y allí cerca, en la Iglesia de la Merced, fue adoctrinado por el padre Antonio Rasore.

Quería ser médico como su abuelo Tomás Liberato Perón, pero terminó finalmente en el Colegio Militar. De esta época, 1911, se ha conservado unos versos criollistas que escribió, y tras su egreso como subteniente fue destinado al 12 de Infantería, con asiento en Paraná. Allí mostró su vocación de escritor: escribió piezas de teatro para ser representadas por los soldados a su mando. Dos de sus comedias se titularon “Silvino Abrojo” y “El detective de la máscara negra”.

Desde muy joven se interesó por la historia y por la filosofía. Uno de sus escritos no literarios fue Moral Militar, de 1925. Después (1928) publicó Campañas del Alto Perú y Guerra Mundial 1914 (1931). En 1934 cambió su temática cuando publicó Memoria geográfica sintética del territorio nacional del Neuquén, con fines docentes. Por razones parecidas fue movido para elaborar su Toponimia patagónica de etimología araucana, publicada en entregas de 1935 y 1936 del Almanaque del Ministerio de Agricultura de la Nación. Con razón, el inglés George Pendle dijo una vez: “Perón no fue un militar ni un político, fue un estudiante, y luego un profesor que enseñaba a sus estudiantes en la Escuela de Guerra. No solamente temas militares, sino también la historia de la Argentina. Fue profesor, y cuando llegó al poder siguió enseñando, a su manera, dando conferencias a la gente”. El propio Perón lo confirmó durante su exilio, cuando en una entrevista dijo: “Yo he sido presidente, pero en el fondo soy más un maestro”.

Como es sabido, en la conspiración contra Yrigoyen y el golpe de 1930 actuó como auxiliar del Estado Mayor revolucionario, y de su participación dejó un escrito publicado por el general José María Sarobe en sus memorias: Lo que yo vi de la preparación y realización de la revolución del 6 de septiembre de 1930.

Cabe consignar su actuación como agregado militar y aeronáutico en nuestra embajada en Chile (1936-1938), de la que quedan valiosos documentos en el Archivo del Ministerio de Guerra. Estando todavía en Santiago apareció en Buenos Aires un trabajo suyo, presentado al 2do Congreso Internacional de Historia de América, y titulado “La idea estratégica y la idea operativa de San Martín en la campaña de los Andes” (1937).

Una nueva etapa de su vida comienza en febrero de 1939, cuando fue enviado a Italia como agregado a tropas alpinas de montaña, y en rigor como observador del curso de la contienda europea. Regresó a fines de 1940, luego de una visita a Portugal y a España. A comienzos de 1941 el “Serpa Pinto” y el “Brazil” lo trajeron a su patria, y poco después fue destinado al Centro de Instrucción de Montaña en Mendoza, donde se desempeñó como maestro de esquí desde mediados de 1941 hasta marzo de 1942, en que fue trasladado a Buenos Aires, para funcionar en el Estado Mayor de Tropas de Montaña, ya con el grado de coronel.

En este tiempo surgió el proyecto de creación del Grupo Obra de Unificación, o GOU, que fue una sociedad militar con fines políticos y contraria al sistema imperante. Esta organización nació a fines de 1942 y creció antes del 4 de junio de 1943. Es decir que el movimiento triunfante en esta fecha halló al GOU en plena labor de enrolamiento. Perón ocupaba el número 19 del escalón inicial, pero era su verdadero y principal conductor.

En la primera quincena de junio del 43 fue designado jefe de la Secretaría del Ministerio de Guerra, y el 27 de octubre, director del Departamento Nacional del Trabajo, el cual fue convertido por su titular en la Secretaría de Trabajo y Previsión, el 27 de noviembre, bajo la inspiración de la encíclica “Quadragesimo Anno”. Y aquí empezó otra historia: la era de la política social, bajo el imperio de la doctrina del “Estado subsidiario”.

El 10 de junio de 1944 dictó una clase magistral sobre defensa nacional en la Universidad de La Plata. El año 1945 fue decisivo para él, a partir del 9 de octubre, en que renunció a la vicepresidencia, al Ministerio de Guerra y a la Secretaría de Trabajo. Pero la marcha popular del 17 de octubre lo reimplantó en el curso histórico argentino.


Fermín Chávez fue profesor de Historia Argentina de la UBA, de la Universidad Nacional de La Plata y de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Recibió el Premio Consagración Nacional (1990), Premio Bartolomé Mitre - Adolfo Saldías (1991), entre otros. 

Es autor de varios libros, entre ellos Historia del país de los argentinos, Perón y el peronismo en la historia contemporánea, Eva Perón sin mitos y La vuelta de Don Juan Manuel.

martes, 1 de marzo de 2016

Traspaso de mando

P ublicado en el Periódico El Restaurador - Año X N° 38 - Marzo 2015 - Pags. 1 a 4 

 Bicentenario de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América  el  9 de Julio de 1816 

Traspaso de mando

por Norberto Jorge Chiviló

Traspaso de mando
Juan Manuel de Rosas. Óleo sobre tela de Cayetano Descalzi


Con motivo del cambio de autoridades ocurrido en nuestro país el día 10 de diciembre ppdo., los argentinos hemos vivido durante muchos días previos a esa fecha, las alternativas acerca del acto del traspaso del mando presidencial, sobre el cual no se pusieron de acuerdo la por entonces presidenta Cristina Elizabeth Fernández de Kirchner y el presidente elegido Mauricio Macri. 

Para la primera, -de acuerdo a una interpretación que se hacía del texto constitucional- la ceremonia debía realizarse en el Congreso Nacional, ante la asamblea legislativa, mientras que para el segundo, debía tener lugar como era tradición, en la sede del Poder Ejecutivo, o sea en el Salón Blanco de la Casa Rosada. En la polémica también "tomó" parte el personaje Zamba preferido por la Presidenta, del canal de televisión oficial Paka Paka, quien en un dibujo animado les explicaba a los niños en una visita que hacían a la Casa de Gobierno, que el traspaso de mando de los presidentes se realizaba en el Salón Blanco. 

La cuestión no tuvo un final feliz, ya que la presidenta se negó a la entrega de los atributos de mando en otro lugar que no fuera el Congreso, lo que no fue aceptado por el nuevo presidente.

Debido a la decisión del presidente electo, la gran mayoría de los legisladores del entonces bloque oficialista, no participaron tampoco de la asamblea legislativa, ante la cual el nuevo mandatario, prestó el juramento de rigor, de acuerdo al mandato de la Constitución.

Lamentablemente los argentinos nos vimos privados de ver el traspaso de los atributos de mando de un presidente a otro, como hubiera correspondido a un país normal y democrático, ya que la entrega del bastón y banda en definitiva se realizó en el Salón Blanco de la Casa Rosada, recibiéndolos el nuevo presidente de manos del Senador Federico Pinedo, Presidente Provisional del Senado Nacional, en ejercicio del Poder Ejecutivo.


La asunción de Rosas 

Después del motín del 1° de diciembre de 1828, liderado por el general Lavalle que derrocó al legítimo gobernador de la provincia de Buenos Aires, el coronel Manuel Dorrego y su posterior fusilamiento pocos días más tarde, dio origen a una guerra civil, en la cual triunfaron las fuerzas federales y produjo el encumbramiento de Juan Manuel de Rosas, como principal líder político y militar de todos los bonaerenses, quien había así terminado con la anarquía reinante, como lo había hecho ya, también en las jornadas de octubre de 1820.

Justo un año después de producido el motín, esto es el 1° de diciembre de 1829, y como consecuencia del triunfo federal, volvió a sesionar la Junta de Representantes de la provincia de Buenos Aires (o Legislatura provincial), que había sido disuelta en aquella oportunidad.

El día 5 de diciembre, la Legislatura designó a Rosas como nuevo gobernador, confiriéndole facultades extraordinarias, como antes también se les habían conferido al anterior gobernador Juan José Viamonte.

El nuevo gobernador, asumió su cargo tres días después de la elección. Ese día 8, en horas del mediodía, entre salvas de artillería y el repique de las campanas de los templos de la ciudad, Rosas prestó juramento como nuevo mandatario ante la Legislatura, presidida por el Dr. Felipe Arana. Después de la ceremonia de juramento, Rosas pronunció un breve discurso en el recinto, para posteriormente trasladarse al Fuerte, sede del ejecutivo, donde el gobernador saliente, Gral. Viamonte, le hizo entrega del mando. En ese lugar recibió al cuerpo diplomático acreditado, manteniendo conversaciones con varios de los representantes. Posteriormente arengó a los vecinos quienes se agolpaban en la plaza del Fuerte.

Juan Manuel de Rosas
Antiguo dibujo de una vista del Fuerte de Buenos Aires

En la pintura realizada por Descalzi, que ilustra la primer página, muestra a Rosas, con uniforme militar de gala, con banda de color punzó -siendo éste el color de los federales- y sosteniendo el bastón de mando con su mano izquierda. Si bien en la mayoría de los retratos del gobernador Rosas, aparece con la banda punzó que cruza su pecho, no encontramos otro en el que se vea el bastón de mando.

En el periódico de habla inglesa The British Packet and Argentine News N° 173 del día 12 de diciembre de 1829, se puede leer la crónica de los hechos acaecidos el día de asunción del mando:

"La instalación del gobernador y capitán general de la provincia, coronel Juan Manuel Rosas, tuvo lugar el día 8 del corriente, con las ceremonias acostumbradas. A la una, concurrió a la Sala de Representantes y dirigió a sus miembros una corta alocución,… desde allí se dirigió al fuerte, donde varios oficiales aguardaban y donde el gobernador provisional le transmitió el mando con un apropiado discurso. El gobernador electo respondió que pondría empeño en devolver su cargo con tanto honor como lo había recibido de manos de su antecesor. Fue después felicitado por los jefes de las diferentes corporaciones, quienes por separado lo saludaron y recibieron condignas respuestas. Los ministros extranjeros presentaron sus respetos…

"Fue disparada una salva desde el fuerte a la 1 y 30 y además desde el bergantín nacional General Rondeau, en la rada exterior, y de la goleta nacional de guerra Sarandí, en la rada interior; estos barcos estaban adornados con las banderas de todas las naciones; entre ellas la de Gran Bretaña, la americana, la francesa y la brasileña eran las más notables.

"Una salva de 21 cañonazos fue disparada desde el bergantín de S. M. B. Cadmus y el bergantín de guerra francés Railleuse hizo otro tanto; ambos barcos tenían la bandera de la República en la proa.

"El Resguardo estaba decorado con profusión de banderas y con ramas de laurel. El tiempo, desfavorable por la noche, impidió las proyectadas iluminaciones; no obstante, los edificios públicos y los teatros fueron iluminados y los festejos continuaron en las tardes de los días 9 y 10, incluyendo los de las casas particulares. Fueron disparados cohetes y otros fuegos de artificio.

"Al concluir estos detalles, expresamos la esperanza de que el nuevo gobernador tenga una próspera administración, para sanar las heridas de este sufrido país, y que la Providencia pueda sembrar su camino de rosas".

 

Asunción del Presidente Sarmiento

El primer magistrado constitucional que recibió la banda y el bastón presidenciales fue Domingo Faustino Sarmiento el 12 de octubre de 1868 en una ceremonia de traspaso del mando, que también fue traumática según lo relatado por Manuel Gálvez en su libro Vida de Sarmiento - El hombre de autoridad, que se transcribe a continuación.

Casa Rosada a fines del S. XIX
Fotografía de la Casa Rosada  obtenida el 26 de octubre de 1898, en que se aprecian los numerosos carruajes (llamados mateos) y tranvías tirados a caballo


"Es el 12 de octubre de 1868. Sarmiento, de frac y acompañado de amigos, llega al Congreso para jurar. En la plaza hay bastante pueblo y en la barra del Congreso no cabe un alma. Sarmiento jura. La gente lo aplaude, pero sin entusiasmo. Lee un discurso escrito, según se dice, por Avellaneda, a causa de que sus ministros, salvo VéIez, habían juzgado el suyo como 'impresentable'. En cierto momento, se habla, aunque en forma oscura, de los errores del gobierno de Mitre. Murmuraciones en la barra. Y en entonces Sarmiento, interrumpiendo su lectura y encarándose con los murmuradores, les grita: 'Cállense!'.

"Terminada la ceremonia, el Presidente se dirige a pie a la Casa de Gobierno. En el trayecto, los que lo rodean se afanan en vitorearlo, llamándole 'el general Sarmiento'. La multitud responde con vítores a Mitre. El Fuerte desborda de mitristas, muchos del bajo pueblo. Apenas Sarmiento aparece en la entrada, estalla un '¡Viva Mitre!', dado por una multitud de tres mil personas. Sarmiento, ante esta insolencia, mira hacia todos lados como dudando entre responder o no. Dueños los mitristas del edificio, Sarmiento debe soportar rabiosamente la humillación de avanzar entre vítores a su antecesor.

"Llega a la puerta del salón en donde Mitre le entregará el bastón de mando. En ese lugar de moderado tamaño, en el que no caben más de cien personas, se ha metido un millar. Las hay de todas las clases: desde los diplomáticos y los grandes señores amigos de Mitre hasta sujetos de las orillas. No faltan muchachones soeces, que se han subido a los sillones, a las mesas y a las chimeneas. Hablan y gritan. A cada rato óyese un estrépito de vidrios rotos, que algunos festejan con risotadas, aplausos o dicharachos. Ni guardias ni policías.

"Sarmiento debe llegar hasta Mitre, que espera en el extremo del salón. Compacto muro separa a los presidentes. ¿Cómo atravesarlo?. Inútiles las órdenes, los ruegos, las amenazas. Mitre se halla junto a la mesa, en pie, apretado por sus admiradores. Se defiende con los codos del peligro de caer o de ser ahogado. Ruega dar paso al Presidente Sarmiento. Por fin, después de mucho bregar, de recibir pisotones, codazos y empujones, logra Sarmiento acercarse a Mitre. Y realízase la trasmisión del mando, que debió ser acto solemne y no populachero y demagógico.

"Impresión profunda en Sarmiento. 'Jamás -escribe- se ha presentado espectáculo más innoble y vergonzoso'. Lo cree preparado 'por el espíritu de la pasada administración', 'por la obra de seis años de popuIacherío, de indolencia, de laxitud, da renuncia voluntaria a toda práctica, a toda forma'. Refiere que, en la puerta del Congreso, un sujeto permaneció un buen tiempo junto al oficial de guardia dirigiéndole improperios. Dice que en la Casa de Gobierno se llevaron por delante a ministros, generales, presidentes y gobernadores. En donde había policías, la gente se burlaba de ellos. Todo, inclusive el decoro público, ha sido 'pisoteado, atropellado, puesto en ridículo'. Y no contento con culpar a Mitre, ataca su obra de gobierno: 'Las oficinas públicas eran hasta ayer salones de tertulia en cuyas mesas los mismos solicitantes ponían las partidas del despacho. Y agrega: 'Libertad de desprestigiar toda autoridad, libertad de calumniar, Iibertad de romper puertas, atropellar guardias y policía'.

"Resuelve terminar con estas 'orgías' populacheras, con la insolencia y falta de respeto a la autoridad. 'En país alguno el decoro y la dignidad del Gobierno ha sido más ajado que en aquel acto solemne, si no es durante la Revolución Francesa', dice. Ha recibido una autoridad 'vejada y menospreciada'. Reconoce los derechos del ciudadano, pero el Gobierno tiene también los suyos. El dará la fuerza y el ascendiente de que carecen. Al revés del democrático Mitre que no tenía escolta ni coche presidencial y andaba por las calles solo, a pie, como un ciudadano cualquiera, él tendrá una escolta y un carruaje espectacular y no aparecerá ante el pueblo sino rodeado de autoritario aparato.

"Pero nada le ha indignado tanto como el desprecio que le han hecho. Nadie le ha vitoreado. Todo fue para Mitre. ¿Cómo olvidará el vanidoso, el egotista Sarmiento, que, entre vítores a Mitre, debió hacer los pasos que le separaban del magistrado saliente? ¿Y cómo olvidará que, terminados los discursos, acompañasen a Mitre unos tres mil ciudadanos mientras el Fuerte quedaba casi vacío?" 


Elecciones de 1946 y asunción del mando por el Presidente Perón

Justamente hace pocos días atrás se cumplieron 70 años de aquél 24 de febrero de 1946, fecha ésta en la cual se celebraron elecciones a fin de reencauzar a nuestro país en la vía constitucional, después de la revolución del 4 de junio de 1943.

En esas elecciones, que fueron libres, democráticas y en las que reinó un total orden, compitieron la fórmula conformada por el entonces coronel Juan Domingo Perón y el Dr. Juan Hortensio Quijano apoyados por el Partido Laborista y un pequeño grupo escindido de la UCR denominada Junta Renovadora, contra el binomio conformado por los Dres. José Pascual Tamborini y Enrique de las Mercedes Mosca de la Unión Democrática, que era un amplio frente político que agrupó a partidos contrarios a Perón que incluyó desde los sectores más conservadores del Partido Conservador hasta la izquierda internacionalista del Partido Comunista. En la elección, 1.480.000 argentinos votaron por Perón-Quijano, mientras que otros 1.210.000 lo hicieron por Tamborini-Mosca. 

El 4 de junio de ese año, en una fría y neblinosa mañana propia de esa época del año, al mediodía, Perón, con uniforme de gala de General de la Nación -había sido ascendido a General de Brigada poco tiempo antes- y Quijano de frac, llegaron al palacio del Congreso Nacional para asumir la Primera Magistratura para el período 1946-1952, ingresando por la entrada que daba sobre la calle Victoria -actual Hipólito Yrigoyen-. Las bancas y los palcos del recinto de la Asamblea Legislativa, se encontraba totalmente ocupado por los legisladores del oficialismo, miembros del poder judicial, autoridades civiles, militares, eclesiásticas, cuerpo diplomático acreditado en nuestro país y delegaciones extranjeras que habían arribaron para participar de tan importante acto. 

En esta oportunidad tampoco se encontraban presentes los legisladores de la bancada opositora, quienes boicotearon el acto, con excepción del diputado correntino, Julio Agustín Vanasco, de la UCRA  (UCR Antipersonalista), quien como decía la crónica del diario Clarín del 5 de junio: "Parecía Robinson Crusoe".

Ya en presencia de la Asamblea Legislativa el locutor oficial en un lapsus, anunció a viva voz que iba a tomarse juramento a las nuevas autoridades por el período "1946-1956", lo que provocó una carcajada general.

Una vez prestado juramento como Presidente de la Nación, el nuevo mandatario dio su primer mensaje ante el Congreso. 

Finalizado el mismo, Perón se dirigió al Salón de Honor de la Presidencia de la Cámara, donde recibió el saludo de autoridades y legisladores. Cuando los nuevos mandatarios se aprestaban a retirarse del Palacio Legislativo, al pasar por el salón de los Pasos Perdidos, cadetes de la Escuela de Policía les rindieron honores.

Toques de clarín y los compases de la Marcha de San Lorenzo -poco antes de las 3 de la tarde- anunciaron a la multitud, que expectante aguardaba en la Plaza de los Dos Congresos y en las inmediaciones, de la inminente salida de los mandatarios, quienes se retiraron del Palacio, por la entrada principal sobre la calle Entre Ríos, descendiendo por las escalinatas para abordar los automóviles abiertos, que los trasladarían a la Casa Rosada.

La caravana de vehículos que llevaban a los nuevos dignatarios y a su nutrida comitiva, escoltados por una sección del Escuadrón de Granaderos a Caballo, se desplazó por la calle Rivadavia y luego por Av. de Mayo, siendo aclamados y vitoreados por la multitud enfervorizada que aguardaba su paso y que colmaba las veredas, demostrativa del entusiasmo popular que la figura de Perón había generado en amplios sectores de la sociedad argentina, especialmente entre trabajadores y obreros y también entre la clase media baja.

Luego de hacer una breve parada en la Catedral, donde el nuevo presidente rindió homenaje y oró en el Mausoleo del General San Martín, lugar de reposo de los restos del Padre de la Patria, la comitiva arribó a la Casa de Gobierno, sede del Poder Ejecutivo Nacional.

En el Salón Blanco de la Casa Rosada, el que también se encontraba colmado por autoridades y miembros del cuerpo diplomático, el Presidente de facto saliente, Gral. Edelmiro J. Farrell, le hizo entrega a Perón de los atributos presidenciales: el bastón y la banda.

Luego, desde los balcones de la Casa de Gobierno, el presidente Perón, habló a la multitud enfervorizada congregada en la Plaza de Mayo.  

sábado, 1 de diciembre de 2007

El Gral. Juan D. Perón y el "Día de la Raza"

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año II N° 5 - Diciembre 2007 - Pags. 5 a 8 


El Gral. Juan D. Perón

y el "Día de la Raza"



TTE. GRAL. JUAN DOMINGO PERÓN, TRES VECES PRESIDENTE (1946-1952, 1952-1955 Y 1973-1974); VISTE EL UNIFORME DE TENIENTE CORONEL EN UNA FOTOGRAFÍA OFICIAL DE 1974
Juan Domingo Perón

El siguiente es el discurso del Presidente Juan Domingo Perón pronunciado en la Academia Argentina de Letras con motivo del homenaje a Cervantes en el IV Centenario de su nacimiento (29 de septiembre de 1547), pronunciado en el Día de la Raza de 1947, que por razones de espacio no podemos transcribirlo en su totalidad, que contiene conceptos interesantes sobre el importante papel que nuestra Madre Patria, cumplió en el Nuevo Mundo.


No me consideraría con derecho a levantar mi voz en el solemne día que se festeja la gloria de España, si mis palabras tuvieran que ser tan sólo halago de circunstancias o simple ropaje que vistiera una conveniencia ocasional. Me veo impulsado a expresar mis sentimientos porque tengo la firme convicción de que las corrientes de egoísmo y las encrucijadas de odio que parecen disputarse la hegemonía del orbe, serán sobrepasadas por el triunfo del espíritu que ha sido capaz de dar vida cristiana y sabor de eternidad al Nuevo Mundo.

No me atrevería a llevar mi voz a los pueblos que, junto con el nuestro, formamos la Comunidad Hispánica, para realizar tan sólo una conmemoración protocolar del Día de la Raza. Unicamente puede justificarse el que rompa mi silencio la exaltación de nuestro espíritu ante la contemplación reflexiva de la influencia que, para sacar al mundo del caos que se debate, puede ejercer el tesoro espiritual que encierra la titánica obra cervantina, suma y compendio apasionado y brillante del inmortal genio de España.

Espíritu contra utilitalismo
Al impulso ciego de la fuerza, al impulso frío del dinero, la Argentina, coheredera de la espiritualidad hispánica, opone la supremacía vivificante del espíritu.

En medio de un mundo en crisis y de una humanidad que vive acongojada por las consecuencias de la última tragedia e inquieta por la hecatombe que presiente; en medio de la confusión de las pasiones que restallan sobre las conciencias, la Argentina, la isla de paz, deliberada y voluntariamente, se hace presente en este día para rendir cumplido homenaje al hombre cuya figura y obra constituyen la expresión más acabada del genio y la grandeza de la raza.

Y a través de la figura y de la obra de Cervantes va el homenaje argentino a la patria madre, fecunda, civilizadora, eterna, y a todos los pueblos que han salido de su maternal regazo.

Por eso estamos aquí, en esta ceremonia que tiene la jerarquía de símbolo. Porque recordar a Cervantes es reverenciar a la madre España; es sentirse más unidos que nunca a los demás pueblos que descienden legítimamente de tan noble tronco; es afirmar la existencia de una comunidad cultural hispanoamericana de la que somos parte y de una continuidad histórica que tiene en la raza su expresión objetiva más digna, y en el Quijote la manifestación viva y perenne de sus ideales, de sus virtudes y de su cultura; es expresar el convencimiento de que el alto espíritu señorial y cristiano que inspira la Hispanidad iluminará al mundo cuando se disipen las nieblas de los odios y de los egoísmos. Por eso rendimos aquí el doble homenaje a Cervantes y a la raza.


Miguel de Cervantes Saavedra

MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA (1547-1616), ES EL MÁS DESTACADO ESCRITOR EN ESPAÑOL Y UNA DE LAS GRANDES FIGURAS DE LA LITERATURA DE TODOS LOS TIEMPOS. 
SUS OBRAS, ENTRE LAS QUE DESTACA EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA, MARCAN LA CULMINACIÓN DEL SIGLO DE ORO EN LA  LITERATURA ESPAÑOLA Y SUPONEN EL INICIO DE LA  NOVELA MODERNA. 
PINTURA DE EDUARDO BALACA


Homenaje, en primer lugar, al grande hombre que legó a la humanidad una obra inmortal, la más perfecta que en su género haya sido escrita, código del honor y breviario del caballero, pozo de sabiduría y, por los siglos de los siglos, espejo y paradigma de su raza. Destino maravilloso el de Cervantes que, al escribir El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, descubre en el mundo nuevo de su novela, con el gran fondo de la naturaleza filosófica, el encuentro cortés y la unión entrañable de un idealismo que no acaba y de un realismo que se sustenta en la tierra. Y además caridad y amor a la justicia, que entraron en el corazón mismo de América; y son ya los siglos los que muestran, en el laberinto dramático que es esta hora del mundo, que siempre triunfa aquella concepción clara del riesgo por el bien y la ventura de todo afán justiciero. El saber “jugarse entero” de nuestros gauchos es la empresa que ostentan orgullosamente los “quijotes de nuestras pampas”. En segundo lugar, sea nuestro homenaje a la raza a que pertenecemos.

La raza: superación de nuestro destino 

Para nosotros, la raza no es un concepto biológico. Para nosotros es algo puramente espiritual. Constituye una suma de imponderables que hace que nosotros seamos lo que somos y nos impulsa a ser lo que debemos ser, por nuestro origen y nuestro destino. Ella es lo que nos aparta de caer en el remedo de otras comunidades cuyas esencias son extrañas a la nuestra, pero a las que con cristiana caridad aspiramos a comprender y respetamos. Para nosotros, la raza constituye nuestro sello personal, indefinible e inconfundible.

Para nosotros los latinos, la raza es un estilo. Un estilo de vida que nos enseña a saber vivir practicando el bien y a saber morir con dignidad. Nuestro homenaje a la madre España constituye también una adhesión a la cultura occidental.

Porque España aportó al occidente la más valiosa de las contribuciones: el descubrimiento y la colonización de un nuevo mundo ganado para la causa de la cultura occidental.

Su obra civilizadora cumplida en tierras de América no tiene parangón en la historia. Es única en el mundo. Constituye su más calificado blasón y es la mejor ejecutoria de la raza, porque toda la obra civilizadora es un rosario de heroísmos, de sacrificios y de ejemplares renunciamientos.

Su empresa tuvo el sino de una auténtica misión. Ella no vino a las Indias ávida de ganancias y dispuesta a volver la espalda y marcharse una vez exprimido y saboreado el fruto. Llegaba para que fuera cumplida y hermosa realidad el mandato póstumo de la Reina Isabel de “atraer a los pueblos de Indias y convertirlos al servicio de Dios”. Traía para ello la buena nueva de la verdad revelada, expresada en el idioma más hermoso de la tierra. Venía para que esos pueblos se organizaran bajo el imperio del derecho y vivieran pacíficamente. No aspiraban a destruir al indio sino a ganarlo para la fe y dignificarlo como ser humano...

Era un puñado de héroes, de soñadores desbordantes de fe. Venían a enfrentar a lo desconocido; ni el desierto, ni la selva con sus mil especies donde la muerte aguardaba el paso del conquistador en el escenario de una tierra inmensa, misteriosa, ignorada y hostil.

Nada los detuvo en su empresa; ni la sed, ni el hambre, ni las epidemias que asolaban sus huestes; ni el desierto con su monótono desamparo, ni la montaña que les cerraba el paso, ni la selva con sus mil especies de oscuras y desconocidas muertes. A todo se sobrepusieron. Y es ahí, precisamente, en los momentos más difíciles, en los que se los ve más grandes, más serenamente dueños de sí mismos, más conscientes de su destino, porque en ellos parecía haberse hecho alma y figura la verdad irrefutable de que “es el fuerte el que crea los acontecimientos y el débil el que sufre la suerte que le impone el destino”. Pero en los conquistadores pareciera que el destino era trazado por el impulso de su férrea voluntad.

América: empresa de héroes

Como no podía ocurrir de otra manera, su empresa fue desprestigiada por sus enemigos, y su epopeya objeto de escarnio, pasto de la intriga y blanco de la calumnia, juzgándose con criterio de mercaderes lo que había sido una empresa de héroes. Todas las armas fueron probadas: se recurrió a la mentira, se tergiversó cuanto se había hecho, se tejió en torno suyo una leyenda plagada de infundios y se la propaló a los cuatro vientos.

Y todo, con un propósito avieso. Porque la difusión de la leyenda negra, que ha pulverizado la crítica histórica seria y desapasionada, interesaba doblemente a los aprovechados detractores. Por una parte, les servía para echar un baldón a la cultura heredada por la comunidad de los pueblos hermanos que constituimos Hispanoamérica.

Por la otra procuraba fomentar así, en nosotros, una inferioridad espiritual propicia a sus fines imperialistas, cuyas asalariados y encumbradísimos voceros repetían, por encargo, el ominoso estribillo cuya remunerada difusión corría por cuenta de los llamados órganos de información nacional. Este estribillo ha sido el de nuestra incapacidad para manejar nuestra economía e intereses, y la conveniencia de que nos dirigieran administradores de otra cultura y de otra raza. Doble agravio se nos infería: aparte de ser una mentira, era una indignidad y una ofensa a nuestro decoro de pueblos soberanos y libres.

España, nuevo Prometeo, fue así amarrada durante siglos a la roca de la historia. Pero lo que no se pudo hacer fue silenciar su obra, ni disminuir la magnitud de su empresa que ha quedado como magnífico aporte a la cultura occidental.

Allí están, como prueba fehaciente, las cúpulas de las iglesias asomando en las ciudades fundada por ella; allí sus leyes de Indias, modelo de ecuanimidad, sabiduría y justicia; sus universidades; su preocupación por la cultura, porque “conviene –según se lee en la Nueva Recopilación– que nuestros vasallos, súbditos y naturales, tengan en los reinos de Indias universidades y estudios generales donde sean instruidos y graduados en todas ciencias y facultades, y por el mucho amor y voluntad que tenemos de honrar y favorecer a los de nuestras Indias y desterrar de ellas las tinieblas de la ignorancia y del error, se crean Universidades gozando los que fueren graduados en ellas de las libertades y franquezas de que gozan en estos reinos los que se gradúan en Salamanca”.

Su celo por difundir la verdad revelada porque –como también dice la Recopilación– “teniéndonos por más obligados que ningún otro príncipe del mundo a procurar el servicio de Dios y la gloria de su santo nombre y emplear todas las fuerzas y el poder que nos ha dado, en trabajar que sea conocido y adorado en todo el mundo por verdadero Dios como lo es, felizmente hemos conseguido traer al gremio de la Santa Iglesia Católica las innumerables gentes y naciones que habitan las Indias occidentales, isla y tierra firme del mar océano”.

España levantó ciudades, edificó universidades, difundió la cultura, formó hombres, e hizo mucho más: fundió y confundió su sangre con América y signó a sus hijas con un sello que las hace, si bien distintas a la madre en su forma y apariencias, iguales a ella en su esencia y naturaleza. Incorporó a la suya la expresión de un aporte fuerte y desbordante de vida que remozaba a la cultura occidental con el ímpetu de una energía nueva.

Y si bien hubo yerros, no olvidemos que esa empresa, cuyo cometido la antigüedad clásica hubiera discernido a los dioses, fue aquí cumplida por hombres, por un puñado de hombres que no eran dioses aunque los impulsara, es cierto, el soplo divino de una fe que los hacía creados a la imagen y semejanza de Dios.

España rediviva en el criollo Quijote

Son hombres y mujeres de esa raza los que en heroica comunión rechazan, en 1806, al extranjero invasor, y el hidalgo jefe que obtenida la victoria amenaza con “pena de la vida al que los insulte”. Es gajo de ese tronco el pueblo que en mayo de 1810 asume la revolución recién nacida; es sangre de esa sangre la que vence gloriosamente en Tucumán y Salta y cae con honor en Vilcapugio y Ayohuma; es la que anima el corazón de los montoneros; es la que bulle en el espíritu levantisco e indómito de los caudillos; es la que enciende a los hombres que en 1816 proclaman a la faz del mundo nuestra independencia política; es la que agitada corre por las venas de esa raza de titanes que cruzan las ásperas y desoladas montañas de los Andes, conducidas por un héroe en una marcha que tiene la majestad de un friso griego; es la que ordena a los hombres que forjaron la unidad nacional, y la que alienta a los que organizaron la República; es la que se derramó generosamente cuantas veces fue necesario para defender la soberanía y la dignidad del país; es la misma que moviera al pueblo a reaccionar sin jactancia pero con irreductible firmeza cuando cualquiera osó inmiscuirse en asuntos que no le incumbían y que correspondía solamente a la nación resolverlos; de esa raza es el pueblo que lanzó su anatema a quienes no fueron celosos custodios de su soberanía, y con razón, porque sabe y la verdad lo asiste, que cuando un Estado no es dueño de sus actos, de sus decisiones, de su futuro y de su destino, la vida no vale la pena de ser allí vivida; de esa raza es ese pueblo, este pueblo nuestro, sangre de nuestra sangre y carne de nuestra carne, heroico y abnegado pueblo, virtuoso y digno, altivo sin alardes y lleno de intuitiva sabiduría, que pacífico y laborioso en su diaria jornada se juega sin alardes la vida con naturalidad de soldado, cuando una causa noble así lo requiere, y lo hace con generosidad de Quijote, ya desde el anónimo y oscuro foso de una trinchera o asumiendo en defensa de sus ideales el papel de primer protagonista en el escenario turbulento de las calles de una ciudad.

El Quijote, de Salvador Dalí
El Quijote, de Salvador Dalí

Señores: La historia, la religión y el idioma nos sitúan en el mapa de la cultura occidental y latina, a través de su vertiente hispánica, en la que el heroísmo y la nobleza, el ascetismo y la espiritualidad, alcanzan sus más sublimes proporciones. El Día de la Raza, instituido por el Presidente Yrigoyen, perpetúa en magníficos términos el sentido de esta filiación. “La España descubridora y conquistadora –dice el Decreto–, volcó sobre el continente enigmático y magnífico el valor de sus guerreros, el denuedo de sus exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios, las labores de sus menestrales y con la aleación de todos estos factores, obró el milagro de conquistar para la civilización la inmensa heredad en que hoy florecen las naciones a las cuales ha dado, con la levadura de su sangre y con la armonía de su lengua, una herencia inmortal que debemos de afirmar y de mantener con jubiloso reconocimiento”.


Porvenir enraizado en el pasado

Si la América olvidara la tradición que enriquece su alma, rompiera sus vínculos con la latinidad, se evadiera del cuadro humanista que le demarca el catolicismo y negara a España, quedaría instantáneamente baldía de coherencia y sus ideas carecerían de validez. Ya lo dijo Menéndez y Pelayo: “Donde no se conserva piadosamente la herencia de lo pasado, pobre o rica, grande o pequeña, no esperemos que brote un pensamiento original, ni una idea dominadora”. Y situado en las antípodas de su pensamiento, Renán afirmó que “el verdadero hombre de progreso es el que tiene los pies enraizados en el pasado”.

El sentido misional de la cultura hispánica, que catequistas y guerreros introdujeron en la geografía espiritual del Nuevo Mundo, es valor incorporado y absorbido por nuestra cultura, lo que ha suscitado una comunidad de ideas e ideales, valores y creencias, a la que debemos preservar de cuantos elementos exóticos pretenden mancillarla. Comprender esta imposición del destino, es el primordial deber de aquellos a quienes la voluntad pública o el prestigio de sus labores intelectuales les habilita para influir en el proceso mental de las muchedumbres. Por mi parte, me he esforzado en resguardar las formas típicas de la cultura a que pertenecemos, trazándome un plan de acción del que pude decir –el 24 de noviembre de 1944– que “tiende, ante todo, a cambiar la concepción materialista de la vida por una exaltación de los valores espirituales”.

Precisamente esa oposición, esa contraposición entre materialismo y espiritualidad, constituye la ciencia del Quijote. O más propiamente representa la exaltación del idealismo, refrenado por la realidad del sentido común.

De ahí la universalidad de Cervantes, a quien, sin embargo, es preciso identificar como genio auténticamente español, tal que no puede concebirse como no sea en España.

Esta solemne sesión que la Academia Argentina de Letras ha querido poner bajo la advocación del genio máximo del idioma en el IV Centenario de su nacimiento, traduce –a mi modo de ver– la decidida voluntad argentina de reencontrar las rutas tradicionales en las que la concepción del mundo y de la persona humana se originan en la honda espiritualidad grecolatina y en la ascética grandeza ibérica y cristiana.

Para participar en ese acto, he preferido traer, antes que una exposición académica sobre la inmortal figura de Cervantes, su palpitación humana, su honda vivencia espiritual y su suprema gracia hispánica. Su vida y en su obra personifica la más alta expresión de las virtudes que nos incumbe resguardar.


Entraña popular cervantina

En Cervantes cabe señalar, en primer término, la extraordinaria maestría con que subordina todo aparato erudito a la llaneza de la exposición, extraída de la auténtica veta del pueblo, en los aforismos, sentencias y giros propios del ingenio popular. Ningún autor ha penetrado de manera tan natural, en el río pintoresco en que bogan, como bajeles de mil colores, las esperanzas, angustias y emociones de los humildes. Esta ausencia de complicación, este deliberado acento familiar con que el genio cervantino traza su prosa, no quiere decir, ni mucho menos, que adolezca de plebeyismo o de pobreza. Por el contrario, es fina y magistral, exhibiendo una riqueza tal de vocablos, que cabe deducir cuán hondos y variados son los matices del habla popular y hasta qué punto es viva y expresiva la facundia del pueblo.

Ya en su primera obra “La Galatea”, Cervantes pone de manifiesto la sencillez de su estilo, que cobra naturalidad en las costumbres simples y puras de la vida pastoril, a la que pinta con tan noble emoción, que no puede dudarse de la íntima solidaridad que le une a rústicos y desheredados. Don Quijote, dirigiéndose a Sancho, ofrece elocuente testimonio: “Quiero que aquí a mi lado y en compañía desta gente te sientes, y que seas una mesma cosa conmigo, que soy tu amo y natural señor; que comas en mi plato y bebas por donde yo bebiere, porque de la caballería andante se puede decirlo mesmo que del años se dice: que todas las cosas iguala”: La perennidad del Quijote, su universalidad, reside, esencialmente, en su comprensión de los humildes, en esta forma de sentir la ardiente comunidad de todos los seres, que trabajan y cantan entre las rubias espigas de la Creación. Ese amor a los humildes que sintió Cervantes, ese mismo afán de compenetración, ese deseo metafórico de comer en el mismo plato, me ha llevado a decir en otra ocasión que el canto de los braceros, de esos centenares de miles de trabajadores anónimos y esforzados, de los que nadie se había acordado hasta ayer, puebla en este momento la tierra redimida. Legislamos para todos los argentinos, porque nuestra realidad social es tan indivisible como nuestra realidad geográfica.

Conciencia social de Cervantes

Cervantes demostró profunda conciencia social en todos los actos de su vida. Cuando se desarrolló la batalla naval de Lepanto, no obstante hallarse enfermo y con calentura, quiso correr la suerte de sus camaradas y participar en la lucha, por que “más vale pelear en servicio de Dios e de su majestad, e morir por ellos, que no baxarme so cubierta”. Más tarde en Argel junto con 25.000 cristianos que pagaban así su delito de amar a la patria y de sentir la fe, el glorioso manco de Lepanto padeció, más que a su propio dolor físico y espiritual, la incesante tortura de ver aherrojados a sus compañeros de esclavitud y de ver perseguida, aborrecida y negada a la religión en la que habían depositado toda la confianza de su corazón. En sus propias palabras lo dice: “Ninguna cosa fatiga tanto como oir y ver a cada paso las jamás vistas y oídas crueldades que mi amo usaba con los cristianos”. No obstante tan admirables sentimientos, no siempre obtuvo el estímulo de la reciprocidad. Su vida fue triste, estrecha, dolorosa. Como pasa siempre, hasta la gloria más singular y la pureza más nítida tienen sus detractores. Aun muchos años después de haber entrado a la inmortalidad, se le siguió acusando de fallas, defectos y vicios, no faltó quien en el “Diario de Madrid” adujera en 1788 que “depravó, corrompió y estragó el estilo y la gracia del manuscrito”. Felizmente, Cervantes con genial previsión, se adelantó a sus detractores; en su obra póstuma “Persiles y Segismunda”, estampó estas sabias reflexiones aplicables a todos los tiempos y lugares, y especialmente a cuantos compatriotas se empecinan en difamar a no importe quién: “Los satíricos, los maldicientes, los malintencionados, son desterrados y echados de sus casas, sin honra y con vituperio, sin que les quede otra alabanza que llamase agudos sobre bellacos, y bellacos sobre agudos y es como que suele decirse: la traición contenta, pero el traidor enfada”.


DON QUIJOTE Y SANCHO PANZA YACEN DESCALABRADOS TRAS UNA DE SUS INFAUSTAS AVENTURAS

DON QUIJOTE Y SANCHO PANZA YACEN DESCALABRADOS TRAS UNA DE SUS INFAUSTAS AVENTURAS. GUSTAVE DORÉ ES SIN DUDA EL ARTISTA QUE MÁS SE HA DESTACADO ENTRE LOS ILUSTRADORES DEL QUIJOTE. LA ILUSTRACIÓN DE LA FOTO PROCEDE DE LA EDICIÓN FRANCESA IMPRESA EN PARÍS EN 1863



Hipólito Yrigoyen, Presidente de la Nación 1916-1922 y 1928-1930

Hipólito Yrigoyen, Presidente de la Nación 1916-1922 y 1928-1930. 
Por decreto del 4 de octubre de 1917 instituyó el 12 de Octubre
 –Aniversario del Descubrimiento de América- 
como fiesta nacional, imprimiéndole el carácter de Día de la Raza