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domingo, 7 de julio de 2013

Cuando la historia esta sesgada por Ideología

Revista VIVA – CLARIN

El día 7 de julio de 2013, salió publicado en la REVISTA VIVA, suplemento dominical del diario CLARIN, en la columna La historia en foco, a cargo del escritor Felipe Pigna el artículo La crueldad de la oligarquía.



El día 13 del mismo mes, mandé dos cartas idénticas por correo electrónico –que se encuentra transcripta al final de esta nota-, al director de la revista, solicitando su publicación, como al autor del artículo.



En la misma revista, del día 28 de aquél mes, en la sección Lectores, salió publicada –con alguna pequeña modificación- la carta que envié. Por el contrario el Sr. Pigna, nunca contestó.


Norberto Jorge Chiviló




La Crueldad de la Oligarquia - Periódico El Restaurador
La Crueldad de la Oligarquia - Periódico El Restaurador


La historia en foco
Por Felipe Pigna
Contacto



La crueldad de la oligarquía



Uno de los aspectos más atroces de la “Campaña del Desierto” fue el modo en que les quitaron los hijos a los indígenas tomados prisioneros y los repartieron entre las “familias de bien” para someterlos a la servidumbre.

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Durante el gobierno de Nicolás Avellaneda, esas “oligarquías” que denunciaba Sarmiento comenzaron a debatir y planificar la “solución al problema indígena”. Su primera fase fue el plan de avance y consolidación de la “frontera”, emprendido por Adolfo Alsina, ministro de Guerra y Marina entre octubre de 1874 y su muerte, ocurrida en diciembre de 1877. La segunda fue la llamada “Conquista del Desierto”, planificada y dirigida por el sucesor de Alsina en esa cartera y figura trascendente del ejército y la política nacional, el general Julio A. Roca.

No vamos a detallar aquí esa campaña (1), pero sí es necesario recordar un proceso que durante mucho tiempo fue silenciado: el de los miles de cautivas y cautivos que, tras las matanzas de los poblados indígenas, fueron llevados por el ejército de Roca a millares de kilómetros de sus tierras ancestrales, y “repartidos” entre las oligarquías con las que estaba peleado Sarmiento.

Evidentemente fue bajo su influencia que el ministro de Guerra de Avellaneda y principal responsable, en todo el amplio sentido del término, de la llamada “Conquista del desierto”, general don Julio Argentino Roca, puso en marcha la horrorosa metodología. Esto publicaba el diario El Nacional:



“Lo que hasta hace poco se hacía era inhumano, pues se le quitaba a las madres sus hijos, para en su presencia y sin piedad, regalarlos, a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que hincadas y con los brazos al cielo dirigían. Éste era el espectáculo: llegaba un carruaje a aquel mercado humano, situado generalmente en el Retiro, y todos los que lloraban su cruel cautiverio temblaban de espanto […]. Toda la indiada se amontonaba, pretendiendo defenderse los unos a los otros. […] y todos espantados de aquella refinada crueldad, que ellos mismos no concebían en su espíritu salvaje, cesaban por último de pedir piedad a quienes no se conmovían siquiera, y pedir a su Dios la salvación de sus hijos (2)”.

Recordemos que, según un informe oficial, solo en los tres primeros meses de esa campaña, que se prolongaría casi cinco años más, 14.000 hombres, mujeres y niños fueron masacrados o tomados prisioneros (3). La suerte de los sobrevivientes fue su "traslado", caminando encadenados, unos 1.400 kilómetros, hacia los puertos de Bahía Blanca y Carmen de Patagones. A mitad de camino se montó un enorme campo de concentración en las cercanías de Valcheta (Río Negro). De allí partían los sobrevivientes en una larga y penosa travesía, cargada de horror para personas que desconocían el mar, el barco y los mareos, hacia el puerto de Buenos Aires. Los niños se aferraban a sus madres, que no tenían explicaciones para darles ante tanta barbarie.

Un grupo selecto de hombres, mujeres y niños prisioneros fue obligado a desfilar encadenado por las calles de Buenos Aires rumbo al puerto. Para evitar el escarnio, un grupo de militantes anarquistas irrumpió en el desfile al grito de "dignos", "los bárbaros son los que les pusieron cadenas", y prorrumpió en un emocionado aplauso a los prisioneros que logró opacar el clima festivo y "patriótico" que se le quería imponer a aquel siniestro y vergonzoso "desfile de la victoria".

Desde Buenos Aires, se los llevó a la isla Martín García, convertida en uno de los primeros campos de concentración que registra la historia argentina.

Los que no murieron de hambre, frío y enfermedades fueron trasladados nuevamente al Hotel de Inmigrantes (4), donde comenzó lo que un diario oficialista no tenía prejuicio alguno en titular "Entrega de Indios". En efecto, así lo anunciaba El Nacional, como una noticia suelta más: "Los miércoles y los viernes se efectuará la entrega de indios y chinas a las familias de esta ciudad, por medio de la Sociedad de Beneficencia (5)".

Las "damas" de la sociedad pertenecían a ella y se juntaban en algunos de estos palacios para sus tés canasta con el declarado objetivo de juntar fondos para los pobres, a los que sus maridos empobrecían cada día más. Se había tornado un paseo "francamente divertido" para las damas de la "alta sociedad", voluntaria y eternamente desocupadas, darse una vuelta los miércoles y los viernes por el Hotel a buscar niños para regalar y mucamas, cocineras y todo tipo de servidumbre para explotar.

Las "damas" de la Sociedad de beneficencia se encargaban de realizar este "reparto", por el cual miles de personas fueron "entregadas" y "regaladas" a familias que buscaban obtener servidumbre. Otra eidición de El nacional daba cuenta de algunas escenas de estas apropiaciones de personas, que dejaban en letra muerta el artículo 16 de la Constitución de 1853:

"Llegan a Buenos Aires los indios prisionerosa con sus familias. La desesperación, el llanto, no cesa. Se les quita a las madres su hijos para en su presencia regalarlos, a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que hincadas y con los brazos al cielo dirijen las mujeres indias. En aquel marco humano unos se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra su seno al hijo de sus entrañas, el padre se cruza delante para defender a su familia (6)".

Las criaturas arrancadas así a sus madres, apropiadas por los vencedores, en su mayoría tuvieron por destino el servicio doméstico en las casas "de familia" porteñas. Fueron el antecedente de las "peladitas" que poblarían las "piezas de la servidumbre" (nunca tan bien aplicado este término) de las residencias elegantes desde fines del siglo XIX y comienzos del XX.

(1) Véase el capítulo "Mejor un Mayo francés que un Julio Argentino" en Mitos de la historia argentina 2 cit. pag. 291 y siguientes.
(2) El Nacional, Buenos Aires, 20 de marzo de 1885, citado por Martínez Sarasola, op. cit, pág. 270.
(3) "Informe oficial de la Comisión Científica agregada al Estado Mayor General de la Expedición al Río Negro (Patagonia) realizada en los meses de abril, mayo y junio de 1879, bajo las órdenes del general Julio A. Roca", Buenos Aires, 1881, en Roca y la posteridad, Buenos Aires, Honorable Senado de la Nación, 1933.
(4) En ese momento el Asilo u Hotel de Inmigrantes ocupaba un sitio provisorio sobre parte de la actual Plaza San Martín, donde funcionó hasta 1882.
(5) El Nacional, 31 de diciembre de 1878. El diario había sido fundado el 1° de mayo de 1852 por nuestro ya conocido Dalmacio Vélez Sársfield.
(6) El Nacional, 2 de enero de 1879. 


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Villa Ballester, 13 de julio de 2013.
Señor director de la revista VIVA

De mi consideración.



Días pasados leí la columna del Prof. Felipe Pigna "La historia en foco", en la revista Viva del día 7 ppdo. titulada "La crueldad de la oligarquía".

Sería interesante que se escribiera en una próxima entrega, la otra cara de la moneda, esto es los padecimientos, sufridos por los miles de cautivos blancos quienes lo fueron a raíz de los malones indígenas contra poblaciones fronterizas.

Ellos también vieron incendiadas sus casas y fueron separados violentamente y contra su voluntad de sus familiares, quitando a los niños de sus madres y llevándose a las mujeres a millares de kilómetros de donde vivían, a las tolderías, que también tendrían que ser para esas personas verdaderos "campos de concentración" (por seguir las palabras empleadas por Pigna, ya que no me gusta el uso de términos que corresponden a hechos del siglo XX, para aplicarlas a hechos históricos que tuvieron lugar con anterioridad).

Esas mujeres con quienes los indios se cruzaban para mejorar su raza (lograr hombres más altos y robustos), también eran despreciadas y maltratadas por las indias y se las obligaba a realizar los peores trabajos y servían también para el divertimento de los indios... Ud. me entiende.

A esos cautivos se les quitaba la piel de la planta de los pies para que no intentaran escapar de las tolderías.

Los padecimientos que se relata el mencionado artículo, también lo sufrieron otras personas en otras circunstancias y unos y otros fueron seres desgraciados y todos deben ser recordados con el mismo respeto.

No porque unos sean de una etnia, tienen que ser recordados más que los otros. Unos y otros sufrieron lo mismo. Todos eran humanos y americanos.

Poner en evidencia unos hechos desgraciados, como los que se menciona en ese artículo que tuvieron por víctimas a indígenas, pero ocultar otros hechos desgraciados de igual entidad, sufridos por las víctimas de aquellos, no es hacer verdad histórica, sino por el contrario es bastardearla.

Sin más, y a la espera que la presente sea publicada en la sección "Lectores" de esa revista, lo saludo atentamente.


Norberto Jorge Chiviló

sábado, 1 de diciembre de 2012

Cara y ceca - Jorge Oscar Sulé

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VII N° 25 - Diciembre 2012 - Pags. 4 y 5 

 

Cara y ceca

LOS NUEVOS MITROMARXISTAS

                                                           Por el Prof. Jorge Oscar Sulé *

 

          Ante las referencias vertidas por Felipe Pigna en un artículo de la Revista “Viva” del domingo 29 de julio de 2012, se nos hace imperioso señalar sus errores, omisiones y tendenciosidad ideológica cuando emite juicios y comentarios sobre uno de los mayores próceres de la historia argentina.

En el subtítulo “Tiempos de cambio” afirma que “con la instalación de los saladeros la necesidad de sal y tierras para las pasturas fueron apartando a la burguesía del recuerdo de los ideales de hermandad expresados por los hombres de Mayo”, desconociendo, o aparentando desconocer que antes de la Revolución de Mayo ya se habían instalados saladeros. Entre 1792 y 1796 se exportaron desde Buenos Aires, según Azara, más de cuarenta mil quintales de tasajo. Este florecimiento económico, justamente, fue uno de los factores que incrementó los ideales independentistas y contribuyó a solventar las guerras de la independencia.

Sería aconsejable que Pigna investigue las publicaciones de “El Telégrafo Mercantil” del 3 de septiembre de 1802 que dan cuenta del negocio del tasajo que ya venía desarrollándose desde finales del siglo XVIII (1). No hay cambio, sino desarrollo de una actividad que procuró mucha mano de obra a los sectores más desprotegidos de la población, además de estimular y originar otras actividades como la carpintería, talleres de cerrajería y tafiletes necesarios para construcción de barriles, etc. 

Por otra parte el concepto de “burguesía”, taxonomía liberal o marxista a la que Pigna recurre, es inválida para designar al segmento dirigencial que se pronunció contra la autoridad española en mayo de 1810. Pero entrando en su territorio liberal-marxista, la burguesía sería el sector que vive en la ciudad (el burgo). Se dedica a comprar y vender sin incorporar valor agregado al circuito económico. El pulpero, el tendero, el de la casa de Ramos Generales, los que se desempeñan en la profesiones liberales, etc., pueden incluirse dentro de esa simplificación sociológica. Rosas por el contrario, vive en la frontera muchos años, es fronterizo y no burgués. Hay que saber el tiempo del destete de un ternero, de “marcar”, saber el porcentaje de caballos enteros que debe haber en una manada y por lo tanto saber capar los restantes, convertir un novillo en buey etc. Cosa bien diferente es saber criar hacienda, “hacerla” adaptando a ella la vida, que limitarse a vender en las tiendas los géneros importados comprados en Europa.

Pero además, al transformar la materia prima, la carne, en tasajo, incorporando valor agregado a dicha materia prima y exportándola con flete propio, estamos en presencia de un emprendimiento industrial. Rosas, por lo tanto, como hacendado, es productor y como saladerista es un empresario, expresión temprana del capitalismo naciente del siglo XIX.

Jorge O. Sulé
Tolderías pampas

Cuando Pigna se refiere a Martín Rodríguez como gobernador estanciero, ignora que los ingresos económicos de este gobernador proceden en su mayoría del almacén de Ramos Generales y pulpería de la que es dueño y no de su estancia.

Con el subtítulo “Rosas y sus aliados”, Pigna recuerda que el saldo de esa campaña al desierto fue de 3.200 indios muertos, 1.200 prisioneros y 1.000 cautivos liberados. Omite puntualizar las bajas sufridas en el ejército expedicionario: salieron de Buenos Aires más de 2.000 efectivos y sólo regresaron 1.000. Al parecer los muertos indios son más importantes que los muertos cristianos. Además omite otros saldos: los geopolíticos, económicos, sociales, políticos, etc.

Estos escamoteos abundan en los trabajos de Pigna, distorsionando la realidad histórica. Afirma que Rosas “pactó” con los pampas y se enfrentó con los ranqueles y la Confederación liderada por Calfucurá.

Acá no solamente hay escamoteos, sino exactitudes de bulto. Rosas no “pactó” sino que informó con antelación a los distintos grupos indígenas de la realización de una expedición, invitándolos a que se sumaran a la columna y no solamente a los pampas sino a los vorogas de Guaminí y Carhué. Ya estando en Médano Redondo los tehuelches con sus caciques Niquiñile y Quellecó, aceptaron las sugerencias de Rosas; el reconocimiento a las autoridades nacionales, recomendándoles que se constituyesen en defensores del fortín Carmen de Patagones (2) autorizando su ubicación en las zonas aledañas al fortín exhortando al intercambio comercial con esta guarnición. Casi todas las comunidades aceptaron las indicaciones de Rosas, menos los ranqueles que se negaban a entregar los soldados de los ejércitos unitarios, que derrotados por Quiroga se fueron a proteger en los aduares ranquelinos de Yanquetruz. Hacia estos, Rosas mandó una columna pero no enfrentó a “la confederación liderada por Calfucurá” porque sencillamente en esa época no existía. Pigna confunde los tiempos. La confederación de Calfucurá aparece tiempo después de la campaña al desierto.

La expedición no se proponía el exterminio indígena como Pigna lo afirma, ni sería una correría de carácter filibustero. Otra cosa era Chocorí, asentado transitoriamente en Choele Choel. Allí recibía la hacienda sustraída por ranqueles y vorogas rebeldes de las estancias del sur de Córdoba, San Luis y Buenos Aires llevando las haciendas a los intermediarios y hacendados chilenos.

Chocorí no comandaba un pueblo, no era un “Gulmen” sino que conducía a grupos de indios, soldados y suboficiales alzados. En Choele-Choel trataba con Rondeau, Cañiuquir y Yanquetruz la compra de vacas arreadas del sur de las provincias citadas para negociarlas en Chile. Por eso era considerado un simple bandolero que se servía de renegados, mantenía cautivas blancas que pagaba con alcohol a sus opresores ranquelinos y vorogas rebeldes, para servicio y serrallo de los suyos. Hacia ese punto, dirigió Rosas sus mejores efectivos hasta desarticular ese centro de intermediación comercial.

Desbaratadas esas bandas y fracasadas las columnas del Centro y de la Derecha para seguir al Neuquén, Rosas dio por finalizada la expedición. Chocorí no murió en la refriega de Choele Choel y hacia 1840 pidió las paces y someterse al gobierno de Rosas, quién las aceptará sin rendición de cuentas pasadas, siendo racionados él y sus hijos Cheuqueta, Antiglif y Sayhueque en Bahía Blanca y Tandil. 

El juzgar que unitarios y federales coincidían en exterminar al habitante “originario” y quedarse con sus tierras, es una falsa e ideologizada simplificación judicial de un juez que sentado en un estrado impoluto y atemporal arroja condenas salomónicas en abstracto. Preguntado un indio si era el dueño de esa tierra que pisaba contestó que no, que él era el hijo de la tierra y no su dueño. El indio fue nómade por necesidad. En el toldo cuadrado o triangular vivían 20 o 25 personas: tres o cuatro parejas con sus hijos y agregados. Alrededor del toldo, el espacio donde la hacienda pastaba. A cincuenta metros o más distanciado se levantaba otro toldo con su hacienda, cuando el talaje de la hacienda agotaba las pasturas aledañas del toldo buscaban otro paraje con pasturas vírgenes.

Pero antes de recordar las relaciones de Rosas con los indios aclaremos lo que Pigna llama “habitante originario”. No existe habitante originario en América. El indio procede de Asia en sus desplazamientos a través del Estrecho de Bering o del corredor de Beringia después de la última glaciación o por arribadas desde el Océano Pacífico, procedente del sudeste asiático. El “habitante originario” lo encontramos en las zonas de Kenia y Etiopía con el homo habilis datado en 1 millón 800 mil años, el homo erectus datado en 1 millón 540 mil años datado por el potaso argón, el homo 1470 también descubierto por la familia Leakey con más antigüedad que los anteriores. El homo Sapiens Sapiens entre los 200.000 y 140.000 otro homo llamado Neandertal entre 100.000 y 30.000 años.

Hacia el 80.000 (circa) comienzan las emigraciones a otros continentes. Los registros fósiles en América del Norte no superan los 24.000 años de antigüedad. En Argentina las dataciones con el carbono 14 no superan hasta ahora los 11.000 años. Los indios son los más antiguos inmigrantes, pero no originarios.

Francisco Madero Marenco
En las tolderías. Obra de Francisco Madero Marenco

En cuanto al trato y las relaciones que tuvo Rosas con los indios le recordaré algunas:

1.- Rosas no supo de actitudes discriminatorias o de rechazo hacia los indios por su condición de tales.

2.- Desaconsejó la guerra como método de sometimiento al indio y rechazó su exterminio como sistema (3).

3.- La conducta y luego la política tuvo como método la negociación y la integración como objetivo, ya sea reconociéndoles asentamientos y espacios propios con frecuencia cercanos a los fortines, incorporándolos como mano de obra para las tareas agropecuarias, como soldados de milicias rurales o exhortando a las prácticas de la actividad comercial (4).

4.- El racionamiento de alimentos y suministro de haciendas para la formación de sus propias majadas (El llamado "Negocio Pacífico") fue una práctica sistemática y puntualmente efectivizada. (5).

5.- El estimularlos o iniciarlos en las prácticas de la agricultura suministrándoles arados, bueyes, semillas y otros implementos, colocándolos en un escalón superior al que tenían en el nivel civilizatorio, constituye la demostración más fehaciente que Rosas apostó a la integración del indio en el mundo cristiano. (6).

6.- Introdujo por primera vez la vacuna antivariólica en las distintas comunidades indígenas que lo frecuentaban, gesto que le valió a Rosas ser considerado un benefactor de la humanidad y ser incorporado como Miembro Honorario al Instituto Jenneriano en Londres. (7) (8).

7.- Prohibió el arresto de indios por deudas de dinero (9).

8.- Los hizo votar a los que estaban bajo bandera “de sargento para arriba” (10).

La integración estaba en marcha. Caseros la interrumpió. No hubo más “Negocio Pacífico” como política sistemática, no hubo más arados, no hubo más vacuna antivariólica. 

Llegó el progreso, el Remington, una constitución, el ferrocarril, la alfabetización, el habeas corpus, que escribieron su propia historia. 

Pigna debería recorrer los archivos oficiales o privados para documentarse. “Sin oro no se hace oro, sin documento no se hace historia”. Repite la tradición liberal que por razones políticas aborreció a Rosas y repite la tradición marxista que analiza a Rosas a través del corset ideológico que acollara el pensamiento a través de sus mecanismos deterministas. El discurso que ofrece es el mismo postre liberal pero recubierto con la crema de la fraseología marxista que legitima o moderniza todo. A este engendro, Arturo Jauretche lo llamó “mitromarxismo”. 

Sr. Pigna: recorra los archivos para documentarse, no “recorte”, no “cartonee” la historia. ¡Investigue Sr. Pigna!

Referencias:

(1) TELÉGRAFO MERCANTIL del 3 de setiembre de 1802.

(2) GARRETÓN, Juan Antonio. "Partes detallados de la expedición al desierto de Juan Manuel de Rosas en 1833". Edit. Eudeba 1975.

(3) IRAZUSTA, Julio. "Vida política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia". Edit. Colombia. 1975.

(4) Archivo General de la Nación (AGN) S. X. 27.5.7.

(5) AGN, S.X.23.9.5

(6) AGN, S.VII.10.4.14

(7) SALDÍAS, Adolfo. "Historia de la Confederación Argentina". T.1 Edit. Granda. 1967.

(8) AGN, S.X 27.5.6

(9) AGN, S.X 25.6.1

(10) AGN, S.X 25.6.1

(*) Jorge Oscar Sulé es profesor de historia y reconocido historiador. Académico de Número del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. Autor de numerosas obras, entre ellas "Rosas y sus relaciones con los indios", "La coherencia política de San Martin".

Cara y Ceca - Felipe Pigna

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VII N° 25 - Diciembre 2012 - Pags. 2 y 3 

 

Cara y ceca

El domingo 29 de julio de 2012, salió publicado en la revista VIVA, en el espacio "La historia en foco", un artículo de autoría del Prof. Felipe Pigna, el que mereció una contestación del historiador Dr. Jorge Oscar Sulé. El Prof. Pigna no contestó las apreciaciones de Sulé y allí terminó la cuestión.

Fiel a nuestro estilo -como ya lo hiciéramos en la polémica entablada entre el escritor Omar López Mato y el Director de este periódico- , publicamos el artículo del Prof. Pigna y la contestación del Dr. Sulé a  fin de que nuestros lectores puedan tener conocimiento de todas las versiones y puedan sacar sus propias conclusiones.

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Exterminios antes de Roca

Por Felipe Pigna

elhistoriador@elhistoriador.com.ar


Las buenas intenciones con los dueños originarios de las tierras duraron poco. La instalación de los saladeros fue el punto de partida para una política de exterminio que compartieron Martín Rodríguez, Rosas y Mitre.

Los originarios dueños de las tierras venían resistiendo la conquista del blanco desde la llegada de Juan Díaz de Solís en 1516. Don Pedro de Mendoza tuvo que abandonar Buenos Aires en 1536 corrido por la sífilis y la hostilidad de los pampas. Solamente la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776 y la consecuente presencia de un poder político y militar fuerte, permitieron establecer una línea de fronteras con los nativos medianamente alejados de los centros urbanos.

La Revolución de Mayo propugnó una política conciliatoria e integradora. En octubre de 1810, el secretario de Guerra y Gobierno de la Junta, Mariano Moreno encomendó al coronel Pedro Andrés García una expedición pacífica, diplomática y comercial hacia los pampas.

El Coronel García elevó un informe a la Junta en el que decía que el indio, "a pesar de su barbarie", podía ser reducido y asimilado a la civilización. García proponía fortificar como frontera desde el río Colorado al sur de Mendoza, establecerse en Salinas Grandes, Guaminí y Sierra de la Ventana.

Emeric Essex Vidal
Indios pampas en Buenos Aires

Un decreto de la Junta Grande, del 1° de setiembre de 1811, decía: "nada se ha mirado con mas horror desde los primeros momentos de la instalación del actual gobierno como el estado miserable y abatido de la desgraciada raza de los indios. [...] hechos víctimas desgraciados de la ambición, no solo han estado sepultados por la esclavitud ignominiosa, sino que desde ella misma debían saciar con su sudor la codicia y el lujo de los opresores. Penetrados de esos principios los individuos todos del gobierno y deseosos de adoptar todas las medidas capaces de reintegrarlos en sus primitivos derechos, les declararon desde luego la igualdad que les correspondía con las demás clases del Estado" (1) y hasta el himno aprobado por la Asamblea del Año XIII reivindicaba a los habitantes originarios de América:

Se conmueven del Inca las tumbas / y en sus huesos revive el ardor / lo que ve renovando a sus hijos / de la Patria el antiguo esplendor.

Todavía en 1819, Feliciano Chiclana visitó a los ranqueles, en Leuvucó, a 200 leguas de Buenos Aires. Lo recibieron amigablemente y hasta logró pactar una alianza contra los "maturrangos".

Tiempos de cambio

Pero todo comenzaría a cambiar con la instalación de los saladeros. La necesidad de sal y tierras para las pasturas fueron apartando a la burguesía criolla del recuerdo de los ideales de hermandad expresados por los hombres de Mayo.

A poco de asumir el gobernador estanciero Martín Rodríguez lanzó una campaña al "desierto". De hecho prácticamente delegó el mando en su superministro Rivadavia y se dedicó a hacer la guerra a los nativos. La visión de Rodríguez al respecto no dejaba muchas dudas: "La experiencia de todo lo hecho nos enseña el modo de manejarse con estos hombres; ello nos guía al convencimiento de que la guerra con ellos debe llevarse al exterminio. En la guerra se presenta el único remedio bajo el principio de desechar toda idea de urbanidad y considerarlos como enemigos que es preciso destruir y exterminar". (2)

El coronel García escribirá sobre la campaña de Rodríguez: "Fue errado y muy dañoso el sistema de conquistar a los indios salvajes a la bayoneta y de hacerlos entrar en las privaciones de la sociedad sin haberles formado necesidades e inspirándoles el gusto de nuestras comodidades".

Rosas y sus aliados

Entre 1833 y 1834, Rosas emprendió su "campaña al desierto" financiada por la provincia y sus compañeros de clase, los estancieros bonaerenses, preocupados por la amenaza indígena sobre sus propiedades. La expedición contó con el apoyo de los gobiernos de Córdoba, San Luis, San Juan y Mendoza. Rosas combinó durante la conquista conciliación con la represión. Pactó con los pampas y se enfrentó con los ranqueles y la confederación liderada por Calfucurá.

Según un informe que Don Juan Manuel presentó al gobierno de Buenos Aires, el saldo de la operación militar fue de 3200 indios muertos, 1200 prisioneros y 1000 cautivos blancos rescatados.

Por aquellos años de guerras civiles, había algo en que los unitarios y federales estaban de acuerdo: la necesidad de exterminar al habitante originario y quedarse con sus tierras.

 

El discurso de Mitre

Poco después de la caída de Rosas, Bartolomé Mitre se expresaba en términos similares en un artículo de su diario Los Debates titulado: "La Guerra de la frontera": "Las tribus salvajes son una gran potencia respecto de nosotros, una república independiente y feroz en el seno de la república. Para acabar con este escándalo es necesario que la civilización conquiste ese territorio: llevar a cabo un plan de operaciones que de por resultado el aniquilamiento de los salvajes. (...) Podría llegar un día en que se viese el fenómeno singular de un ejército de propietarios radicados en el suelo y siendo por consecuencia el primer apoyo del orden y de la estabilidad de las instituciones". (3)

Mientras se conformaba aquel ejército de propietarios, el gobierno provincial decidió en 1855 enviar al propio coronel Mitre, en su carácter de ministro de Guerra, hacia la zona de Azul a cumplir con su palabra. Como era su costumbre, antes de lanzarse a la lucha, para desdicha de sus soldados, pronunció un estentóreo discurso en el que decía "responder por la última cola de vaca de la provincia en que adelante roben los salvajes". El desastre fue total. En Sierra Chica, la división fue cercada y diezmada por un ejército de proletarios: los lanceros del cacique Calfucurá. Faltó poco para que Mitre y los suyos debieran regresar caminando a Buenos Aires.

(1) Álvaro Yunque, Historia de los argentinos, Buenos Aires, Futuro, 1957, pp. 102,103.

(2) Vicente G. Quesada, Las fronteras y los indios, Buenos Aires, 1914.

(3) Los Debates, 29 de abril de 1852.