domingo, 1 de marzo de 2020

El Tamborcito de Tacauarí -

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XIV N° 64 - Marzo 2020 - Pags. 16  

  Año Belgraniano 

 1770-3 de junio-2020, 250 años de su nacimiento / 1820-20 de junio- 2020, 200 años de su   fallecimiento   

Luciano Teijeiro, el nuevo Tamborcito de Tacuarí

Por Norberto Jorge Chiviló


En el desfile cívico militar que se desarrolló en nuestra Ciudad de Gral. San Martín el año pasado, con motivo de los festejos por un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, me encontré con una grata sorpresa.

Cuando el desfile había finalizado y el numeroso público se estaba desconcentrando, pasé por donde estaba tocando todavía la Banda Militar del Liceo Militar Grl. San Martín. Allí ví que junto a los músicos, se encontraba un pequeño niño –de 8 o 9 años ataviado en forma impecable con el uniforme del Regimiento de Patricios; se destacaba batiendo el tambor. Cuando los músicos dejaron de tocar para retirarse, el Director de la Banda se acercó al niño, lo saludó militarmente y le estrechó la mano. El hecho emocionó a quienes estábamos contemplando la escena.

Tiempo después de contactar a la madre del pequeño, Sra. Marina Fantín, hoy 28 de enero, tengo a ambos frente a mí, para entrevistarlos y así después poder contarles a los lectores, una hermosa historia.

Luciano tiene actualmente 9 años, vive en la Ciudad de Buenos Aires con sus padres y una hermanita menor, Victoria. Este año cursará el 5° grado en el Liceo Militar Grl. San Martín, que se encuentra ubicado en nuestro Partido. Desde 3° grado estudia en ese Instituto. Es un chico simpático, muy educado, inteligente, atento a todo, que interviene activamente en la conversación que mantenemos los tres.

Su madre cuenta que todo comenzó cuando Luciano tenía 5 años e iba a participar representando al Grl. Belgrano en el acto que se hacía en su escuela por el Día de la Bandera. Con tela polar le confeccionó una casaca tratando de imitar el uniforme del general y un gorro bicornio que también éste usaba. El atuendo lo completaba un pantalón blanco y una especie de polainas de tela negra, imitando las botas.

Al año siguiente y con motivo de los festejos por el Bicentenario de la Independencia, la familia concurrió a diversos actos públicos y desfiles, donde Luciano, muy orgulloso lucía su uniforme de Grl. Belgrano. La presencia de este chico no escapó a la atención de muchos medios gráficos y televisivos los que publicaron fotos y realizaron notas, apareciendo él sonriente y orgulloso, en las páginas de varios diarios Clarín, La Razón, La Nación, entre otros y en las pantallas de Canal 9, Crónica TV, TN, C5N. Incluso fue incorporado a los desfiles, donde en unos videos se lo ve desfilando con determinación y bien plantado por ser un niño. 

Luciano Teijeiro
Me cuentan que por aquellos días conoció en la Feria del Libro a la Banda Militar del Regimiento de Patricios, donde quedó fascinado y pudo conversar con alguno de sus integrantes y con su Director.

En el medio de esta amena charla, me muestran un álbum que trajeron con fotografías, notas periodísticas y menciones recibidas.

Marina comentó que donde estaban los Patricios, a los que su hijo llamaba “mis soldados”, también él quería estar.

Hace ya tres años, viendo los Patricios y sus autoridades el interés de este niño por el Regimiento y por quien en su momento, también fuera su jefe, el Grl. Manuel Belgrano,  lo invitaron a participar en las Recreaciones Históricas que realizan  para las instituciones educativas. Un músico de la Banda –Cabo Primero Músico Omar Paredes le enseñó a manejar las baquetas, llamadas así a los palillos con los cuales se bate el tambor. Durante dos semanas y después de un aprendizaje básico, tuvo dos meses más de perfeccionamiento. Fue evidente que con el entusiasmo, aprendió rápido y bien a tocar el tambor. En el Regimiento acondicionaron y restauraron un pequeño tambor, bastante antiguo, para que fuera usado por él, distinto a los que utilizan los otros músicos de la Banda, que son de factura moderna. Asimismo le adaptaron un uniforme original, que es el que Luciano siempre luce con tanta prestancia.

Luciano Teijeiro


Me cuentan ambos, que además de los compases básicos, después fue aprendiendo a tocar distintas marchas militares como “Avenida de las Camelias”, “El Uno Grande” –que es la marcha de los Patricios
 y otras más.

También le pregunté a Luciano, como se entretiene en sus ratos libres. Me dijo que le gusta jugar con un grupo de amigos en la plaza cercana a su domicilio, salir con su papá a andar en bicicleta. En su casa con Playmóbil arma ciudades y juega con los autitos que tiene… además le gustan los juegos en la computadora… y aquí interviene la madre y dice que con “límites”. Aquí sonreímos los tres.

Volviendo con el relato, me cuentan que además de haber tocado con las Bandas  Militares del Liceo y Patricios, lo hizo también con la Fanfarria Alto Perú del Regimiento de Granaderos a Caballo, la Banda Militar “Ituzaingó” del Regimiento de Artillería 1, Banda de la Escuela de Oficiales “Grl. Don Martín Miguel de Güemes” de Gendarmería Nacional, entre otras.

Nombrar todos los eventos en los que participó Luciano con distintas instituciones, veteranos de guerra, etc. y premios y distinciones recibidas, es imposible, solo mencionaré las medallas que luce en su uniforme obsequiadas por diferentes VGM  y  la “Distinción de Honor” otorgada por el Instituto Nacional Belgraniano. 

La acción solidaria de esta familia no ha quedado al margen y hay que destacar, ya que colaboran para incentivar el apoyo a las necesidades básicas de la comunidad educativa de la Escuela Primaria Nº 8 “Tambor de Tacuarí”, de Ituzaingó; aquí también Luciano lo hace interviniendo en actos escolares.

La elección de esta escuela no fue al azar, sino por el nombre que lleva. 

Luciano ha personificado a aquel niño, llamado Pedro Ríos de 12 años, que quiso incorporarse a las tropas del Ejército del Norte al mando del Grl. Belgrano, que en su paso al Paraguay llegaron a la actual ciudad de Concepción en Corrientes, donde vivía Pedro, a fines de noviembre de 1810. Ante la negativa de incorporarlo por su corta edad, terció su padre para que fuera admitido en el ejército patriota. En la batalla de Tacuarí, librada el 9 de marzo de 1811 en suelo paraguayo, fue muerto cuando con su tambor alentaba al pequeño ejército patriota enfrentado a fuerzas militares muy superiores en número de paraguayos. La historia lo recuerda como “Tambor o Tamborcito de Tacuarí”.

Él así recrea magníficamente tal hecho histórico, junto a su querido Regimiento de Patricios y por ello también se lo conoce como “Tamborcito de Tacuarí”.

Ya casi al mediodía, finalizamos la charla tan grata que tuve con esta simpática personita y con su mamá.

Luciano ha tenido la suerte, pese a su tan corta edad, de haber cumplido ya muchos de sus sueños. Le deseo que en su vida pueda cumplir muchísimos más.


Nota: Las instituciones o personas que quieran contactarse con esta familia podrán hacerlo al correo marina_fantin@hotmail.com, www.facebook.com/tacuari.tamborcito

Por YouTube podrán encontrarse muy lindos videos poniendo: Tamborcito de Tacuarí o Marina Fantin. Recomiendo ver: LUCIANO: MIS 7 AÑOS!!!

Litografías de Bacle - Corrales de Abasto

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XIV N° 64 - Marzo 2020 - Pags. 15  

  Año Belgraniano 

 1770-3 de junio-2020, 250 años de su nacimiento / 1820-20 de junio- 2020, 200 años de su   fallecimiento  

Litografías de Bacle – Corrales de abasto

Por Norberto Jorge Chiviló

Corrales de Abasto

Retomamos en este número con el tema de las Litografías de Bacle, que componen la colección de “Trages y costumbres de la Provincia de Buenos Aires”.

La litografía que elegí es la N° 5 del cuaderno 6: “Corrales de Abasto”. 

Corral de abasto, corral de abasto de carne o también llamado matadero se denomina a la construcción por lo general cercana a las ciudades, para reunir a los animales que van a ser sacrificados o faenados de manera controlada por la autoridad, destinados para el abastecimiento y consumo de la población. En el lugar se controlaba que no se faenaran animales robados ni enfermos y que se mantuvieran ciertas reglas de higiene.

En Buenos Aires, el primer corral de abasto fue creado por el Cabildo en 1607.

Con el establecimiento de estos mataderos, se comenzó a dar en parte una solución a la salubridad pública, ya que con el tiempo se fue dejando de lado la costumbre de sacrificar animales para el consumo familiar que se hacía en algún lugar de las casas particulares. En esos casos, después de la faena, la sangre, las vísceras, los restos cárneos y óseos, incluso los cueros eran tirados a la calle que eran de tierra y sin agua suficiente como para limpiar, ni desinfectar para prevenir, tanto los domicilios como la vía pública quedaban en un estado que nos podemos imaginar.

Hacia 1830 había en el límite de la ciudad tres corrales de abasto: uno por el norte, otro por el sur y el restante por el oeste. El ganado destinado a esos corrales provenía de la campaña cercana a los mismos.

En 1834 y siendo gobernador de la provincia, el Presidente de la Junta de Representantes, Dr. Manuel Vicente Maza, se dictó el Reglamento de Corrales, destinado a poner orden en la actividad, evitar los abusos y el fraude. Se dispuso que los abastecedores se matricularan. Un funcionario, especie de juez, era el encargado de fiscalizar la actividad de faenamiento o sacrificio de los animales bajo determinadas normas, cuyo incumplimiento daba lugar a la imposición de multas y sanciones. Este funcionario debía concurrir diariamente a cumplir sus funciones y permanecer en el lugar todo el tiempo que demandara la tarea diaria; además debía cobrar el impuesto por cada cabeza de ganado ingresado para el abasto y controlar el horario de apertura, entre otras obligaciones.

Se estableció también una especie de tribunal nombrado por los abastecedores en forma trimestral, que debía entender en los conflictos entre patrones y peones, encargados también de administrar el producido de las multas, invirtiendo ese dinero en la mejora de las calles cercanas a los corrales.

En esta litografía, puede verse un predio grande, con el típico corral de palo a pique hecho con palos o troncos clavados perpendicularmente a la tierra, con cuatro entradas y casas al fondo.

En primer plano se aprecia a dos peones, de raza blanca de acuerdo a sus facciones, uno de los cuales se encuentra montado, mientras que el otro ya pié en tierra está junto a una res inmovilizada por sus patas traseras, a la cual va a sacrificar.

Detrás se puede ver ganado, jinetes a caballo y dos carros de aguateros.

Billetes federales 1841-1852

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XIV N° 64 - Marzo 2020 - Pags. 14 

  Año Belgraniano

 1770-3 de junio-2020, 250 años de su nacimiento / 1820-20 de junio- 2020, 200 años de su   fallecimiento  

Billetes federales 1841 - 1852

Por Norberto Jorge Chiviló

Primera parte

        En el N° 50 de este periódico, me referí a los billetes utilizados durante el primer gobierno de Rosas (1829-1832) y parte del segundo (1835-1840)

En el presente artículo lo haré con respecto a los billetes emitidos a partir de 1841, que se los conoce como "federales", ya que ostentaban en la parte superior la leyenda "¡VIVA LA FEDERACION!" y los de 1844 en adelante "¡VIVA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA! - ¡MUERAN LOS SALVAJES UNITARIOS!"

Todos son unifaces, es decir que estaban impresos en una sola cara.

Los billetes fueron hechos en Buenos Aires por la Casa de Moneda, utilizándose las placas grabadas en Londres por la empresa Perkins, Bacon & Petch London Patent Hardened Steel Plate.

No hay uniformidad en cuanto a la calidad del papel, su color y la tinta empleada, incluso para los de un mismo valor.

Se utilizaron distintos tipos de papel y de diversos colores y con la tinta ocurrió lo mismo, pudiéndose así observarse billetes de una misma denominación impresos en papel y tinta de distintos colores. Esto se debió a que la materia prima se importaba de Europa y no siempre se mandaba lo que se encargaba o bien llegaba a destiempo debído a distintos problemas ocasionados por guerras o conflictos y por necesidad debía emplearse otra materia prima disponible, o pedido un color de papel y tinta se enviaban distintos. Por esa razón, las calidades de ambos productos no siempre era la misma, por lo cual el resultado también variaba.

La numeración en cada billete fue hecha a mano y normalmente y salvo excepciones, estaban firmados por dos funcionarios, salvo los de $ 1 m/c que lo fueron por uno solo.

En los billetes correspondientes a los valores de $ m/c 5, 10, 20 y 50, están ilustrados con animales, como ñandúes, ovejas, caballos y vacunos respectivamente.

Billetes de $ 1 m/c 

 Papel moneda de la época de Rosas

El emitido el 1° de enero de 1841, tiene en el centro como  ilustración una mujer que se encuentra sentada, y el escudo nacional en los márgenes a izquierda y derecha.

Se encargó su impresión en papel colorado, pero en realidad resultó anaranjado o violáceo, la tinta empleada fue negra. Las medidas de este billete son de 20 x 7 cms.

 

Papel moneda de la época de Rosas

 El emitido el 1° de enero de 1844, tenía la forma de un cuadrado, ya que medía 8,5 cms. por lado y ostentaba el escudo nacional a cada lado y el número “1” en sus ángulos. También podían venir en una tira dos o tres ejemplares.

Fueron impresos en papel blanco, amarillo o celeste de distintas calidades, utilizándose tinta negra o naranja.


Billetes de $ 5 m/c 


Papel moneda de la época de Rosas


El emitido el 1° de febrero de 1841, lleva la firma de dos funcionarios. En el centro lleva la ilustración de un grupo de ñandúes. Fueron impresos en papel anaranjado y sus medidas son de 20 x 7 cms. Emitido el 1° de febrero de 1844. 


Papel moneda de la época de Rosas


Pueden llevar la firma de uno o dos funcionarios. Para su confección se utilizó papel amarillo y blanco, siendo sus medidas 165 x 75 mm. También fueron ilustrados con ñandúes, a los costados y en el borde izquierdo.

Guerra del Paraná - Lauchlan Bellingham Mackinnon

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XIV N° 64 - Marzo 2020 - Pags. 12 y 13 

 Año Belgraniano

 1770-3 de junio-2020, 250 años de su nacimiento / 1820-20 de junio- 2020, 200 años de su   fallecimiento  

Vivencias del teniente naval inglés L. B. Mackinnon en la Guerra del Paraná

Última parte.

HMS Alecto
Estampilla de Sierra Leona del HMS Alecto

Última parte

En la primera parte de este artículo, publicado en el número anterior de este periódico, transcribimos y comentamos parte de lo narrado por el teniente L.B. Mackinnon, oficial de la fragata H.M.S. Alecto, en su libro La Escuadra Anglo – Francesa en el Paraná– 1846, sobre las alternativas de la llegada del navío desde Inglaterra a Montevideo el 26 de enero de 1846, su posterior travesía hacia Corrientes, su vuelta a Montevideo y la segunda remontada por el Paraná y los enfrentamientos con la artillería argentina.

En esta última parte continuamos con la bajada por el Paraná de la Alecto y toda la flota anglofrancesa en su regreso hacia Montevideo.


El convoy anglofrancés se pone en marcha para sortear las defensas en San Lorenzo

El día domingo 25 de mayo de 1846, a la mañana temprano, cuenta Mackinnon, “…todo el convoy y los buques de guerra, excepto los vapores ingleses, se pusieron en marcha aguas abajo para el último punto de reunión que se había fijado: cinco millas arriba de las baterías de San Lorenzo.

Durante la tarde pusimos a bordo de la Alecto cuantos elementos serían necesarios para formar la batería encubierta. Y al día siguiente levantamos ancla al amanecer; eran las diez y media cuando anclamos en el último lugar de reunión a unas cuatro millas al norte de las baterías de San Lorenzo. Un oficial del buque Gorgon pidió que nos colocáramos entre ellos y la costa porque en la noche anterior el enemigo les había acribillado el buque con balas enrojecidas, obligándoles a salir de la línea. Antes de ocultarse el sol tuvimos el gran placer de ver a todo el convoy anclado entre nosotros, dirigidos por los dos pequeños vapores Lizard y Harpy”.


La instalación de una batería encubierta de cohetes Congreve

El viernes 30 de mayo se hizo saber que Mackinnon había sido designado para instalar una batería encubierta o camuflada de cohetes Congreve, en una isla o islote que se encontraba frente a las baterías argentinas ubicadas en el Paso del Quebracho, la que tenía por objeto actuar contra aquellas baterías, cuando la flota pasara por el lugar. Después de realizar con total cautela una expedición a dicha isla por una pequeña patrulla, se encontró un lugar donde “los cohetes podrían ser colocados allí con bastante seguridad para nosotros”. De regreso a las naves se proyectó la mejor manera de llevar a cabo todos los preparativos.

El día 2 de junio cerca de las 10 de la noche, se dio comienzo a la empresa.

Los encargados de instalar la batería, se embarcaron desde la Alecto, en una falúa, para llegar a la playa de la isla. Mackinnon da cuenta del esfuerzo que debieron hacer sus hombres después de desembarcar para trasladar en varios viajes, todo el armamento, municiones y demás elementos para instalar la batería de cohetes, en un medio agreste y en total silencio para no ser advertidos por las fuerzas enemigas que tenían enfrente. La misión era la de instalar los cohetes en la posición adecuada, escondidos de la vista de los vigías argentinos, para lograr sorprenderlos en el momento oportuno.

El día 3, ya instalada la batería y manteniéndose ocultos, los ingleses desde su emplazamiento vieron “…al jefe enemigo, general Mansilla, cuñado de Rosas, inspeccionando la línea completa de baterías, cañón por cañón. Comenzó por el extremo inferior de la línea y continuó subiendo, en una carroza de cuatro caballos con su estado mayor y acompañado por algunos jinetes. Todos ellos estuvieron por largo tiempo al alcance de nuestros cohetes, pero conocíamos demasiado bien el gran efecto que producían y los reservábamos para el momento oportuno, sin necesidad de ensayarlos en movimiento alguno prematuro. Nos bastó con observar de cerca y con los anteojos de larga vista cada movimiento del enemigo durante la inspección que efectuó. Apenas llegaron las sombras de la noche, hicimos salir a toda la partida. Cada sección tomó el aparato de su cargo, y en el espacio de una hora quedó bien afirmado en tierra todo lo correspondiente a los cohetes y utensillos en la posición acordada durante las horas del día… El viento fue gradualmente poniéndose del norte y la partida comenzó entonces a mirar como muy posible que el convoy pasara frente a las baterías en la mañana próxima…todos abrigaban gran confianza en el buen éxito de la acción y se mostraban impacientes por la aparición del nuevo día”.


El combate de la Angostura del Quebracho

El 4 de junio la flota enemiga en navegación hacia Montevideo, fue enfrentada por las baterías del ejército nacional en la Angostura del Quebracho, próximo a San Lorenzo, ocasionándoles bajas humanas y daños importantes en las naves, algunas de las cuales fueron incendiadas por los propios tripulantes para que no cayeran en manos argentinas. Dichos daños fueron reconocidos por los propios comandantes ingleses en los partes que dirigieron oportunamente a Londres y que fueron publicados por la prensa de ese país y también por la argentina.

En ese combate, el teniente Mackinnon, al mando de las baterías de cohetes Congreve, formadas por 3 baterías de 24 libras y 3 caños de cohetes de 12 libras, que había instalado días antes en forma camuflada en una isla frente a las fuerzas argentinas, como ya se relató precedentemente, cuenta desde su punto de vista el desarrollo del mismo, destacando en forma exagerada, pero a lo mejor y casi seguro de buena fe, los efectos letales que dichos cohetes habrían producido entre las fuerzas argentinas. Tengamos en cuenta que la isla se encontraba debajo de las defensas argentinas que se habían instalado en lo alto de las barrancas, por lo cual mientras que los argentinos disparaban desde arriba hacia abajo, con más facilidad, pudiendo apreciar los efectos producidos, las fuerzas invasoras por el contrario, lo hacían desde abajo hacia arriba, con mayor dificultad y por lo cual su artillería no resultó de utilidad contra las fuerzas defensoras. Desde su ubicación, Mackinnon tampoco podía ver claramente los efectos que producían la explosión de los cohetes que disparaba, sino solo suponer o imaginarse algo que en realidad no ocurría. Desde los navíos solo podía verse que los proyectiles de su artillería no llegaban a causar efecto sobre las fuerzas defensoras, porque no llegaban hasta lo alto de la barranca.

Como prueba del poco efecto, por no decir nulo, que produjeron tanto la artillería naval como los cohetes en las fuerzas de la Confederación, basta señalar que su comandante, el general Lucio Norberto Mansilla, en carta que mandó el mismo día del combate al coronel Vicente González, le contó sobre los daños que se les había producido a los enemigos, y así afirmaba: “…El convoy de piratas, llevó su merecido. Están aún ardiendo a nuestra vista una barca, dos goletas y un pailebot, con todo su cargamento. En medio de la confusión producida por nuestros pequeños cañones, estos buques vararon en la costa de enfrente… y [los enemigos] no encontraron mejor medio que incendiar los buques…” y finaliza haciendo referencia a las bajas sufridas por los defensores: “Por tan honrosa jornada, en la que no tengo más pérdidas que la de un solo hombre y cuatro heridos por la visible protección de la Divina Providencia…” Esas bajas fueron insignificantes, si tenemos en cuenta que las fuerzas argentinas contaban en primera línea con 600 infantes y 150 carabineros, además de escuadrones de reserva.


La partida hacia Buenos Aires

A mediados de agosto y ya de vuelta en Montevideo Mackinnon relata: “…recibimos órdenes de completar la carga de carbón, de hacer otras provisiones y prepararlo todo para llevar a bordo al ex cónsul Mr. Hood, que había llegado poco antes de Inglaterra y trataría de arreglar ciertos asuntos con Rosas en Buenos Aires…

El día 30 de agosto partimos para Buenos Aires y llegamos a la ciudad en el día siguiente. Mr. Hood desembarcó enseguida para tener una conferencia con Rosas. La Alecto quedó ahora en una situación singular. Llevando la bandera blanca en alto, tenía libre comunicación con la ciudad capital del país, contra el cual, durante los seis meses precedentes, había estado luchando de continuo. Varios otros buques de guerra ingleses y franceses, estaban apostado ahí cerca, haciendo cuanto podían por hostigar y detener a los barcos de comercio, que pretendían descargar en las costas de la república Argentina… Algunos de los oficiales fueron a pasear por la costa entre las baterías que protegen la costa del río en la ciudad [relata seguidamente Mackinnon que se produjo un enfrentamiento entre las mencionadas baterías y el Firebrand]. Es razonable suponer que la población en cualquier otro país se hubiera sentido exasperada ante este insulto a su capital; pero estoy bien informado de que, cuando alguno de los oficiales de la Alecto andaban en medio de esa población, no hubo ninguna manifestación ofensiva contra ellos, aunque los oficiales sintieron lo extraño de su situación al verse junto a una batería que estaba cañoneando a nuestra propia bandera… Pasados pocos días, Mr. Hood concluyó su misión ante Rosas y nos embarcamos una vez más en la corbeta para volver enseguida a Montevideo”.


Buenos Aires y Montevideo

Es interesante lo manifestado por Mackinnon sobre quiénes eran los verdaderos gobernantes de Montevideo y el estado en la que se encontraba esta ciudad sitiada:

“En este período la ciudad de Montevideo se hallaba en un estado de discordia y de caos que superaba todo lo imaginable. Los altos funcionarios de los dos países más poderosos del mundo [Francia e Inglaterra] eran, de facto, los gobernantes de la ciudad, porque los gobernantes nominales dependían enteramente de ellos. Y en consecuencia las autoridades locales estaban dispuestas a expedir proclamas y a hacer leyes o no hacerlas, a hipotecar rentas, o llevar a cabo cualquier resolución que le fuera ordenada por los dichos gobiernos… 

Los nativos de la ciudad eran pocos y todos eran tenderos y dependientes de casas inglesas, cuyas opiniones nadie tenía en cuenta. El resto de la población estaba formada por vascos, por italianos y negros libertos”.

Es sorprendente lo que afirmaba acerca de las crueldades que se atribuían a las fuerzas sitiadoras de Oribe:

“Las más repugnantes crueldades eran ejercidas por los dos partidos nacionales y se perpetraban de ordinario torturas horribles y asesinatos premeditados de prisioneros. Para despertar la simpatía de las autoridades y fortalecer el odio contra el enemigo (esto lo contó una persona en cuya veracidad puede depositarse la mayor confianza) era frecuente que, cuando resultaba muerto algún hombre de las avanzadas de la ciudad en una de las diarias guerrillas que se producían, sus propios compañeros mutilaran a cuchilladas el cadáver de la víctima, de manera repugnante. Hasta lo destripaban, y dejaban al cuerpo tal como un carnicero prepara el cuerpo de una oveja. Entonces lo llevaban a la ciudad y lo exhibían bajo el ojo de las autoridades, asegurando, con mentira, que el soldado había sido hecho prisionero y tratado así por el enemigo [las tropas oribistas]. Menciono este episodio como espécimen del sistema de fraude utilizado por un partido en Montevideo [los riveristas y unitarios] para engañar a las autoridades. Muchas otras villanías eran perpetradas y desgraciadamente con mucho éxito”.

Es interesante también lo que este oficial inglés cuenta sobre el estado de las dos ciudades que él conoció en el Plata y es de destacar asimismo la comparación que hace de la seguridad que existía en Buenos Aires con la imperante en Londres, que da por tierra, con muchos mitos que inclusive hasta hoy muchos “historiadores” propalan sobre la inseguridad que según ellos soportarían los habitantes porteños, como consecuencia de crímenes y atropellos que atribuyen a la “mazorca”:

“…de formar opinión propia sobre el estado de las dos principales ciudades, Buenos Aires y Montevideo. El contraste era sorprendente. En Montevideo, con toda la civilización que en el orden civil y militar los jefes de los dos grandes poderes europeos podrían haber llevado, como es de suponerse, la ciudad estaba sucia hasta el extremo, la policía era pésima, porque los asesinatos se cometían en pleno día, haciendo víctimas a los mismos habitantes de la ciudad o a los marineros y soldados europeos. En Buenos Aires, por el contrario, reinaba la mayor seguridad en cuanto a la vida y la propiedad de las personas. Una policía activa y eficiente imponía en las calles de la ciudad la misma seguridad que podría encontrarse en Londres, y quizás mayor. Un gobierno riguroso hacía respetar las leyes, y los oficiales ingleses sentíanse, no solamente más seguros en sus personas, aun tratándose de una ciudad enemiga, sino tratados con mayor cortesía que en Montevideo.

Cualesquiera fueran las faltas de Rosas, este último hubiera podido decir, ciertamente, que, mientras su ciudad se hallaba en perfecto orden y seguridad, Montevideo, bajo otras influencias, era teatro de la anarquía…”

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El cohete Congreve

Guerra del Paraná
El cohete Congreve fue un arma utilizada por la armada inglesa en el siglo XIX, inventada por William Congreve.

El cohete constaba de un cuerpo cilíndrico de aproximadamente 10 cms. de diámetro por 70 cms. de largo, realizado con una lámina de hierro y una punta u ojiva cónica muy puntiaguda de aproximadamente 20 cms. hecha del mismo material. En la parte cilíndrica se hallaba el combustible que oficiaba de propulsor, que era pólvora especialmente tratada y compactada, que entraba en ignición mediante el encendido de una mecha. Para darle estabilidad, de su parte posterior salía una vara que servía de guía aerodinámica y evitaba que la trayectoria del cohete fuera errática. Esa camisa metálica o cuerpo cilíndrico en su parte inferior externa poseía una guía que se deslizaba por una especie de riel que estaba en la plataforma de lanzamiento, siendo estos unos caballetes de hierro con rieles guía de 5 metros de longitud.

En la punta u ojiva llevaba cargas explosivas o incendiarias, que oscilaban entre 1 y 10 kilos. El cohete de 24 libras que fue el más usado llevaba 10 kilos de carga. Estos cohetes, generalmente se lanzaban en salvas, de a pares. Los artilleros que lo operaban, podían ajustar la puntería, graduando el ángulo de los caballetes de lanzamiento.

En la batalla de Caseros se utilizaron estos cohetes ya sea por parte del ejército de la Confederación Argentina, como por el ejército brasileño.

La Constitución de 1853

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XIV N° 64 - Marzo 2020 - Pags. 8 a 11   

 Año Belgraniano

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La Constitución de 1853

Por Bernardo Lozier Almazán

Antonio Alice
Los constituyentes de 1853. Óleo de Antonio Alice. 1935


Antecedentes

Nuestros infructuosos intentos constitucionalistas, tuvieron su inicio en la llamada Constitución unitaria de 1819, (1) que fue sancionada el 20 de abril de 1819 y jurada el 25 de mayo de aquel mismo año. 

Carta Magna, nacida con el pecado original de ser inspirada en la Constitución liberal de las Cortes de Cádiz de 1812, la Constitución francesa de 1791 y en la Constitución norteamericana, en cuanto a la división de poderes. Como sabemos, nunca llegó a tener vigencia debido a su marcada orientación unitaria, de tan amañado texto que tanto podía adecuarse a un sistema republicano como monárquico constitucional.

Así fue como, la inspiración netamente centralista de la flamante Constitución de las Provincias Unidas de Sud América, originó la violenta reacción de las provincias, que no tardaron en pronunciarse contra Buenos Aires 

De tal manera, se iniciaba la disgregación nacional y la larga y conflictiva época de la anarquía, que entre otras calamidades produjo el advenimiento de la época rivadaviana, cuando el 8 de febrero de 1826, con mayoría unitaria, el Congreso eligió a Bernardino Rivadavia, Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Empeñado en llevar a cabo su plan centralista, Rivadavia obtuvo la sanción de una ley que declaraba a la ciudad de Buenos Aires Capital de la República, colocando todo el territorio de la Provincia “bajo la inmediata dirección de las autoridades nacionales”, a fin de resolver “el gran problema sobre la forma de gobierno, que ha inquietado la confianza de algunos y ha suscitado los temores de otros”. 

Proyecto que llevaba en su seno la semilla de su fracaso, cuando comprobamos por el examen de las fechas que no fue discutido ni en su estructura general ni en sus cláusulas esenciales. En cambio es notorio que la obra del norteamericano Alexander Hamilton, The Federalist (El Federalista), fue la fuente de inspiración de nuestros constituyentes. 

La Constitución rivadaviana, defraudaba una vez más las aspiraciones de las provincias cuando, en el artículo 7º, consagraba “para su gobierno la forma representativa, republicana, consolidada en unidad de régimen”, en alusión expresa a su orientación unitaria. También decía en su artículo 130: “En cada provincia habrá un gobernador que la rija, bajo la inmediata dependencia del Presidente de la República”, y en su artículo 132 determinaba que: “El Presidente nombra los gobernadores de las provincias”.

Finalmente, aprobada por 41 votos favorables y 11 en contra, la Constitución unitaria fue aprobada el 24 de noviembre y sancionada el 24 de diciembre de 1826, siendo sometida a la consideración de las provincias, obteniendo un rechazo generalizado, atizando con renovada furia la guerra civil. 

Así fue como Facundo Quiroga se levantó contra Buenos Aires, derrotando a las fuerzas unitarias, comandadas por el general Gregorio Aráoz de Lamadrid, en la batalla de El Tala, el 27 octubre de 1826. De tal manera, en abril de 1827, casi todas las provincias se habían pronunciado por el federalismo, a la vez que rechazaron la flamante Constitución unitaria, rompiendo las relaciones con el gobierno de Buenos Aires.

Fueron estas graves circunstancias que obligaron a Rivadavia a que renunciara a la presidencia de las ya inexistentes Provincias Unidas del Río de la Plata. Dimisión que concretó, el 27 de junio de 1827, luego de apenas 16 meses de gobierno, dejando el país enfrentado, sin recursos económicos y fuertemente endeudado con Inglaterra.

El estado caótico legado por Rivadavia, requirió un gobierno fuerte para poder superar tan crítica situación, razón por la cual el Congreso resolvió, el 5 de julio de 1827, designar al doctor Vicente López y Planes, en carácter de Presidente provisional.

Durante su breve gobierno, López y Planes nombró, el 14 de julio de 1827, a Juan Manuel de Rosas Comandante General de las Milicias existentes en la campaña de la Provincia de Buenos Aires, por lo que surge ya definidamente en la escena política de aquel entonces.

López y Planes, para dar cumplimiento a los objetivos de su interinato, convocó a elecciones, el 11 de agosto de aquel mismo año, siendo electo Gobernador de Buenos Aires, el coronel Manuel Dorrego, cuyo corto mandato concluyó trágicamente, cuando en la mañana del 1º de diciembre de 1828 las tropas del general Lavalle irrumpieron en la Plaza de la Victoria, para provocar la deposición del gobernador.

Capturado, días después, el 13 de diciembre, fue ejecutado impíamente por orden de Lavalle, sin juicio previo. 

Así, como dijera el genial Ignacio B. Anzoátegui, “de tumbo en tumba”, llegamos al 6 de diciembre de 1829, cuando la Junta de Representantes procedió a elegir al Gobernador que condujera la convulsionada provincia de Buenos Aires, resultando electo Juan Manuel de Rosas, que asumió con el otorgamiento previo de “las facultades extraordinarias que juzgue necesarias”. 

Según la clara visión de la realidad política de Carlos Ibarguren, Juan Manuel de Rosas asumía la gobernación de Buenos Aires, en momentos en que: “… no había Nación, propiamente dicha; los Estados provinciales estaban separados y el sentimiento nacional quedaba subordinado al localista. Las provincias eran entidades soberanas o independientes en guerra unas contra otras, o en coaliciones beligerantes recíprocas. El complejo relajamiento de los vínculos que debían unir a las diversas partes componentes del país, fue efecto de la anarquía causada por la revolución de 1810” (2).

Nada más cierto, si recordamos que durante los 19 años transcurridos desde el pronunciamiento de Mayo de 1810, la Argentina venía soportando las sucesivas sacudidas revolucionarias que asolaban el interior del país, enfrentado con Buenos Aires.

Situación originada como lógica consecuencia del desmantelamiento de la estructura política virreinal y la inexistencia de un gobierno central que la sustituyera, dando lugar al surgimiento de la anarquía reinante. Así fue como surgió el caudillismo, fenómeno socio-político que asumió empíricamente la misión de restaurar el orden, construir y organizar un estado.

En consecuencia surgieron los caudillos, devenidos en Señores feudales, protectores y custodios de intereses locales o regionales, sin rendir vasallaje a nadie por carecer de un rey a quien tributar. 

Proceso que se remonta a la génesis de la monarquía como gobierno, cuando los reyes surgían de entre aquellos señoríos feudales, como primus inter pares, pero que en estas tierras generó una suerte de “Soberanos” territoriales. 

De tal manera, Juan Manuel de Rosas fue, por aquel entonces, la encarnación del caudillo surgido –como decíamos– “primero entre sus pares”, razón por la cual asumía su gobierno, muñido de “las facultades extraordinarias”, dispuesto a imponer el principio de autoridad para restaurar el orden, que sus antecesores no habían logrado imponer.


El Pacto federal, preludio de la Constitución Nacional

Con el propósito de poner fin a la ofensiva unitaria y dar comienzo a la pacificación del interior, el 18 de junio de 1830, Rosas le escribió al general José María Paz para proponerle una conciliación a fin de lograr la paz “necesaria para los pueblos. El país no puede soportar ya por más tiempo la desastrosa guerra que lo consume, y es necesario que todos hagamos sacrificios sin reserva para que los pueblos se vean libres de la espantosa escena que representan” (3)

El general Paz desestimó la propuesta, por lo que Rosas debió iniciar una larga negociación para lograr una Liga federal, mediante el tratado llevado a cabo el 23 de febrero de 1830, entre Santa Fe y Corrientes, los arreglos del 24 de febrero entre Santa Fe y Buenos Aires, y el tratado del 3 de mayo, entre Corrientes y Entre Ríos. Acuerdos negociados mediante la mediación de Domingo Cullen por Santa Fe, José María Roxas y Patrón por Buenos Aires y Antonio Crespo por Entre Ríos, que tuvieron el cierre formal en la ciudad de Santa Fe, cuando el 4 de enero de 1831, suscribieron –excepto Corrientes– el memorable tratado recordado con el nombre de Pacto Federal.

Sin duda, el Pacto Federal fue el inicio de la tan anhelada organización nacional, objetivo testimoniado claramente en su artículo 14, cuando en la cláusula 5°, dispone: “Invitar a todas las demás provincias de la República, cuando estén en plena libertad y tranquilidad, a reunirse en federación con las litorales y a que por medio de un Congreso General Federativo se arregle la administración general del país bajo el sistema federal, su comercio interior y exterior, su navegación, el cobro y distribución de las rentas generales, y el pago de la deuda de la República, consultando del mejor modo posible la seguridad, y engrandecimiento general de la República, su crédito interior y exterior, y la soberanía, libertad e independencia de cada una de las provincias”. 

Mientras tanto, las fuerzas de la Confederación habían logrado vencer a las huestes unitarias conducidas por José María Paz, quien sorprendido por una partida federal fue hecho prisionero, en marzo de 1831. Ello dio lugar a que progresivamente las provincias restantes se fueran adhiriendo al Pacto Federal: Mendoza, el 9 de agosto de 1831; Corrientes, el 19 de agosto de 1831; Córdoba, el 20 de agosto de 1831; Santiago del Estero, el 20 de agosto de 1831; La Rioja, el 12 de Octubre de 1831; San Luis, el 13 de abril de 1832; San Juan, el 3 de mayo de 1832; Salta, el 4 de julio de 1832; Tucumán, el 8 de julio de 1832; Catamarca, el 3 de septiembre de 1832.

Fue por aquellos días que el gobernador de Santiago del Estero, Felipe Ibarra, creyendo que había llegado el momento de organizar constitucionalmente al país, promovía la realización de una Asamblea Constituyente. Rosas, con fecha del 16 de diciembre de 1832, le envió una carta, en la que le exponía su oposición a su propuesta, basándose en la precaria situación política del país, aduciendo que: “Si me dejara arrastrar por las inspiraciones de mi voluntad, sería el primero en clamar por una asamblea que, ocupándose de nuestros destinos y necesidades comunes, estableciese un sistema conforme a las opiniones de la mayoría de la República y centralizase la acción del poder. Pero la experiencia y los repetidos desengaños me han mostrado los peligros de una resolución dictada solamente por el entusiasmo, sin ser antes aconsejada por la razón y por el estudio práctico de las cosas […] mientras no hayan calmado las agitaciones internas y moderándose las pasiones políticas que la última guerra ha encendido […] creo sería funesto ocuparnos de un Congreso federativo” (4)

Sin duda, Rosas tenía una visión clara de la situación interna y externa de la Confederación, si recordamos que por aquellos días los unitarios exiliados en la Banda Oriental, conducidos por Lavalle, planeaban la invasión del litoral. Mientras que en el orden externo, el 31 de diciembre de 1831, el Puerto Soledad, perteneciente a las Islas Malvinas, había sido invadido y su población maltratada por la tripulación de la corbeta norteamericana, Lexington, a las órdenes del capitán Silas Duncan. Acontecimiento que originó la primera violación de la Doctrina Monroe.

Por vía de síntesis, podemos decir que Juan Manuel de Rosas, comenzaba su andadura por aquel largo camino, para lograr “que los pueblos se ocupasen de sus constituciones particulares, para que después de promulgadas, entrásemos a trabajar los cimientos de la Constitución Nacional […] conservando cada uno su soberanía e independencia” (5), para luego instaurar un Gobierno federal representativo de cada estado provincial, soberano e independiente.

Como todos sabemos, sobrevinieron acontecimientos que le impidieron dar cumplimiento a su empírico proyecto de una constitución adecuada a la idiosincrasia rioplatense.

Pedro de Angelis, con su certero análisis de los acontecimientos, ya lo advertía en el Archivo Americano, cuando en 1845 decía que: “…hace ocho años que no dejamos las armas para repeler al bando rebelde unido a extranjeros enemigos de nuestra independencia; y una Nación no se construye en medio de la guerra, ella pelea y salva su nacionalidad primero; después naturalmente sanciona la Constitución que regirá en el país [de Angelis reconoce asimismo que] el Tratado del 4 de enero de 1831 es la base de la Constitución de la República. [En este mismo artículo afirma] La Constitución de un Estado, para que sea sólido, debe provenir de la creación progresiva de instituciones análogas, de las costumbres radicadas en los pueblos, de la acción lenta pero segura del orden y de las leyes especiales de cada Provincia” (6).

Por si falta hiciere mayor abundamiento, recordemos que el doctor Adeodato de Gondra, destacado jurista tucumano, también afirmaba en plena época federal que “Rosas prepara los elementos que deben formar la deseada Constitución Nacional, no como lo han pretendido los pérfidos violadores de todas las leyes, sino cual convenga a las necesidades, genio y costumbre de los argentinos” (7).

Es indudable, entonces, que Pedro de Angelis había bosquejado con la participación de Rosas un proyecto de Constitución para hacerla vigente cuando las condiciones políticas así lo permitieran. 

Fue por ello que, ocurridos los acontecimientos de Caseros, Urquiza, enterado de los profundos conocimientos de Angelis sobre la concepción constitucionalista, le solicitó la redacción de un proyecto de Constitución (8).

En los días de junio de aquel año de 1852, Pedro de Angelis, tuvo concluido el proyecto y lo editó en la Imprenta del Estado, con el título de Proyecto de Constitución para la República Argentina (9). De tal manera de Angelis demostró que ya había avanzado en la problemática constitucionalista, según lo testimoniara en 1845 cuando anunciaba que: “Cuando nuestra independencia esté consolidada y libre de todo riesgo, habremos fijado la base más sólida para la Constitución Nacional.[…] En medio de la guerra no hemos olvidado fijar instituciones preliminares a aquel objeto; y la Administración del General Rosas, fuerte por la Ley, ha hecho esas creaciones que no existían. Terminará éste su carrera pública, devolviendo el poder extraordinario que le ha confiado la Nación, y dejando establecidos fundamentos sólidos al orden constitucional de nuestra Patria” (10).


Luces y sombras de la Constitución de 1853

Según la acreditada opinión de Carlos Tagle Achaval: “Pareciera indudable que de Angelis tuvo su esquema pergeñado en Buenos Aires para cuando Rosas creyera oportuno consensuar una Constitución” (11).

A todo esto, Juan Bautista Alberdi, que se encontraba en la ciudad chilena de Valparaíso, tomó conocimiento de la deposición de Rosas, por lo que dijo que “yo me puse a escribir las Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina, que mi amigo [Juan María Gutiérrez] debía hacer sancionar por sus consejos persuadidos y persuasivos” (12).

Según el propio Alberdi, las Bases fue una obra improvisada, un “escrito ligero, hecho en 20 días de ocio”, por lo que, según Paul Groussac, “en su angustia optó por tomar la constitución de los Estados Unidos como base y punto de partida, agregarle capítulos del régimen chileno para reforzar las atribuciones del presidente, algunas reminiscencias de citas de Pellegrino Rossi leídas por Lastarria y media docena de artículos que traducían el gobernar es poblar tal como creyó verlo en la flamante constitución del Estado de California dictada en 1850” (13).

Sin duda, Alberdi no dispuso del tiempo suficiente para producir una obra meditada. Tan es así que Juan María Gutiérrez, luego de leer la primera versión de las Bases, le solicitó a Alberdi que le agregara un proyecto constitucional, para facilitar la tarea de los congresales, reprochándole que “poco se gana con disquisiciones en el aire” (14)

Tres meses después, Alberdi, reeditó las Bases, según sus propias palabras, “aumentada de muchos parágrafos y de un proyecto de constitución según las bases propuestas”. Proyecto, en gran parte, nutrido ideológicamente en el influjo liberal, tan en boga a mediados del siglo XIX, la fallida y rechazada Constitución Argentina de 1826 y en la de los Estados Unidos de Norteamérica.

Al fin, el 24 de diciembre de 1852, el Congreso Constituyente, inauguró la Comisión de Negocios Constitucionales, encargada de redactar la Constitución, integrada por Juan María Gutiérrez, José Benjamín Gorostiaga, Pedro Ferré, Manuel Leiva y Pedro Díaz Colodrero, a la que luego se sumaron muchos más.

Si bien, el doctor José María Zuviría, secretario del Congreso Constituyente, anunció que ambos proyectos habían sido analizados por los constituyentes (15), el proyecto constitucional propuesto por Pedro de Angelis, fue desconsiderado por los antecedentes “rosistas” del autor. 

Las sesiones –como dijera Gorostiaga– no consistieron solo en “verter a un lenguaje llano los trabajos abstractos del doctor Alberdi”, sino que el proyecto fue largamente discutido y analizado en apasionados debates. 

Fue por ello que, apremiados por el tiempo transcurrido sin lograr consenso, los constituyentes debieron sesionar durante diez días corridos, entre el 21 y el 30 de abril de 1853, hasta obtener la aprobación de los 107 artículos del proyecto, “tan de prisa que se omitieron formalidades esenciales en las actas”. 

De manera tan precipitada, los constituyentes pudieron firmar, el 1º de mayo, el texto original de la constitución, que elevarían a consideración de Urquiza, quien la promulgó el 25 de mayo, en San José de Flores, disponiendo que se la jurase en toda la Confederación el 9 de julio de aquel año de 1853.

El desacuerdo y la desunión no tardo en manifestarse, si recordamos que el gobierno de Buenos Aires rechazó de plano la flamante Constitución Nacional y la anexa ley de federalización del territorio de la ciudad. Así fue como, siendo gobernador de Buenos Aires el doctor Pastor Obligado, el 11 de abril de 1854, se sancionó la Constitución del Estado de Buenos Aires, y pocos días después, el 23 de mayo, fue solemnemente jurada frente a la Pirámide de Mayo, en la Plaza de la Victoria. 

Constitución de 1853
Jura de la Constitución de Buenos Aires (1854) Daguerrotipo.

Carlos Ibarguren, sostiene que: “La Constitución de 1853 fue el resultado de una transacción entre provincias que se vincularon formando una entidad orgánica débil […] Fue necesaria una lucha civil de diez años entre las provincias y Buenos Aires, y la victoria militar de ésta sobre aquellas para consolidar políticamente al país” (16). Penoso capítulo de nuestra historia, que nos testimonia la vigencia del pensamiento de Juan Manuel de Rosas, cuando sostenía que “el reproche de no haber dado al país una constitución me pareció siempre fútil, porque no basta dictar un `cuadernito´, para que se aplique y resuelva todas las dificultades; es preciso antes prepara al pueblo para ello, creando hábitos de orden y de gobierno, porque una constitución no debe ser el producto de un iluso soñador sino el reflejo exacto de la situación del país” (17)


Epílogo

Luego de consagrarse como “el padre de la Constitución Republicana, Representativa y Federal de 1853”, Juan Bautista Alberdi, fue designado por Urquiza, con rango de Encargado de Negocios, para representar a la Confederación Argentina en Europa. Su misión diplomática tenía por objeto obtener el reconocimiento de la Confederación Argentina regida por la nueva Constitución, la designación de cónsules, vicecónsules y gestionar acuerdos comerciales (18).

Alberdi arribó a Inglaterra el 1º de julio de 1855, a fin iniciar su desempeño diplomático, actividad que le permitió frecuentar las Cortes europeas, la de Napoleón III, en Francia, la de la reina Victoria, en Inglaterra, la de la reina Isabel II, en España.

La imagen de aquellos reinos donde imperaban el orden, el progreso y la prosperidad, debieron deslumbrarlo, al mismo tiempo que la comparación con la anarquía reinante en su patria, le suscitaron la revisión de los fundamentos filosóficos de sus convicciones republicanas. Así se lo hizo saber a Félix Frías, cuando le decía: “Vergüenza me da el pensar que el federalismo argentino, que yo consideré como un régimen de transición hacia la consolidación, nos haya más bien llevado hacia la disolución”.

Alberdi, durante su larga permanencia en Europa, se mantuvo informado de los avatares políticos y el permanente caos que atormentaba a su país. 

Fue por aquellos días que Alberdi le escribía una carta a su entrañable amigo Juan María Gutiérrez, confiándole un velado anuncio: “Yo no he dicho aún la última palabra sobre la organización argentina. Tengo un libro, escrito bajo el dictado de la experiencia de los últimos siete años y de lo que he podido estudiar en Europa. Lo daré a luz cuando venga la oportunidad en que su doctrina se pueda volver ley” (19)

Aquel libro, recién se dio a conocer luego de la muerte de Alberdi, ocurrida el 19 de junio de 1883.

Fue su hijo Manuel Alberdi, fruto de un romance juvenil, quien con subvención oficial, editó la obra en 1896, primeramente titulada Del Gobierno en Sudamérica, con el subtítulo Según su Revolución Fundamental. La obra, así editada, formó parte del volumen IV de sus Escritos Póstumos, que posteriormente se dio a conocer bajo el título de La monarquía como mejor forma del gobierno en Sud América (20). La dedicatoria contiene un sugestivo mensaje: “A San Martín, a Belgrano, a Bolívar, a Sucre: Vosotros sois los patrones naturales de este libro inspirado en vuestras ideas, animado de vuestros deseos”. Recordemos que los próceres mencionados, en su momento, apoyaron la solución monárquica para poner fin a la anarquía reinante. 

A lo largo de sus 653 páginas y en particular en el Capítulo IV, Alberdi proclama las ventajas que ofrecería el sistema monárquico, “lo más indicado por la idiosincrasia y tradición de estos pueblos y aun anhelada por la masa de su población”. 

Esta obra, curiosamente tan olvidada o soslayada, nos deja al descubierto graves interrogantes para resolver respecto al verdadero pensamiento filosófico alberdiano.

Notas

(1) Bernardo Lozier Almazán: La Constitución de 1819. Sus causas y consecuencias, El Restaurador, año XIII, nº 52, pp. 4-5.

(2) Carlos Ibarguren: Juan Manuel de Rosas. Su vida, su drama, su tiempo., Theoría, Buenos Aires, 1972, p. 149.

(3) Ídem. p. 152.

(4) Ídem. pp. 158-159. Carta de Rosas a Felipe Ibarra, del 16-12-1832.

(5) Carta de Rosas a Juan Facundo Quiroga, del 20-12-1834, en la Hacienda de Figueroa.

(6) Archivo Americano, Nº 19, del 21-6-1845, p.233.

(7) Ídem. Nº 16, del 11-12-1844, pp. 14-15.

(8) Carlos Tagle Achaval: Proyecto Constitucional de Pedro de Angelis. Su vida y su pensamiento, Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, Bs.As., 1989, p. 39.

(9) Ídem. El texto completo figura entre pp. 43 y 66.

(10) Archivo Americano, Nº 19, del 21-6-1845, p. 231.

(11) Carlos Tagle Achaval: op. cit. p. 80.

(12) Juan Bautista Alberdi: Juan María Gutiérrez. Biografías y autografías, en Obras selectas de Alberdi, t. IV, La Facultad, Bs.As. 1920, p. 392.

(13) José María Rosa: Historia Argentina, Ediciones Oriente, Bs.As. 1973, t. 6, pp.105-106.

(14) Bernardo Lozier Almazán: Pedro de Angelis. Cronista de Juan Manuel de Rosas. Patriarca de los historiadores rioplatenses, Sammartino Ediciones, Bs. As. 2018, p. 174.

(15) José María Zuviría: Estudios sobre la Historia Argentina Contemporánea, Imprenta de Pablo Coni, Bs. As. 1881, p. 144.

(16) Carlos Ibarguren: La reforma constitucional, sus fundamentos y su estructura, Ediciones Dictio, Bs.As. t. IV, p. 218.

(17) Ernesto Quesada: Los unitarios y la traición a la patria, Plus Ultra, Bs.As. 1965, p. 219. El autor visitó a Juan Manuel de Rosas, en febrero de 1873, en Southampton, Inglaterra. Durante el diálogo que mantuvieron, Rosas le expresó el comentario mencionado.

(18) Jorge M. Mayer: Alberdi y su tiempo, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1963, p. 475.

(19) Juan Bautista Alberdi: La monarquía como mejor forma de gobierno en Sud América, A. Peña Lillo editor, Bs.As. 1970, p. 25, Estudio preliminar de Juan Pablo Oliver.

(20) Ídem. p. 13.

El día del fallecimiento de Belgrano

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XIV N° 64 - Marzo 2020 - Pag. 7   

 Año Belgraniano

 1770-3 de junio-2020, 250 años de su nacimiento / 1820-20 de junio- 2020, 200 años de su   fallecimiento 


El día del fallecimiento de Belgrano                                                                           

Hermenegildo Sabat
Manuel Belgrano por Hermenegildo Sabat

El 20 de junio de 1820, fecha del fallecimiento de Manuel Belgrano, se dio una situación muy particular en la provincia de Buenos Aires.

Algunos historiadores denominan ese 20 de junio como “el día de los tres gobernadores”. Por un lado el Cabildo de Buenos Aires, por otro Ildefonso Ramos Mejía y por último el general Estanislao Soler.

En Crónica Histórica Argentina, por el contrario, titula una pequeña nota como “Buenos Aires sin gobierno” y así lo explica: “…El 20 de junio, el gobernador propietario, Ildefonso Ramos Mejía presentó su renuncia a la Junta de Representantes, y su dimisión le fue aceptada. La Junta, a su vez, después de hacer depositar el bastón de mando del gobernador en el Cabildo, previno a este cuerpo que avisase al general Estanislao Soler –que ese mismo día había sido proclamado gobernador por el Cabildo de Luján que podía entrar en Buenos Aires ‘seguro de no encontrar la menor oposición’. Acto seguido, la Junta de Representantes, por decisión unánime de todos sus miembros, declaró su propia disolución. Soler, sin embargo rechazó la invitación y anunció desde Luján, que no aceptaba ocupar el poder en la forma que se le ofrecía. Fue así como el 20 de junio –por renuncia de Ramos Mejía, disolución de la Junta de Representantes y negativa de Soler de asumir el mando el gobierno de la provincia de Buenos Aires, quedó totalmente acéfalo. Sólo dos días…”

El año XX

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XIV N° 64 - Marzo 2020 - Pags. 1 a 6   

 Año Belgraniano

1770-3 de junio-2020, 250 años de su nacimiento / 1820-20 de junio- 2020, 200 años de su fallecimiento. 

El año XX
Por Norberto Jorge Chiviló

El año XX

Juan Manuel de Rosas (c. 1830). Dibujo de la casa Ch. Decaux de Francia, publicado en el Tomo II de Historia de la Confederación Argentina – Rozas y su época, editado en Buenos Aires en 1892 por Felix Lajouane Editor

Este año se cumplen dos aniversarios relacionados a una de las figuras centrales de nuestra patria y creador de su bandera, el abogado, periodista, economista y general Manuel Belgrano, cuyo nombre completo es: Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, que tuvo gravitación importante en la historia patria en las dos primeras décadas del siglo XIX.

Nació en Buenos Aires el 3 de junio de 1770, cuando la ciudad dependía del Virreinato del Perú, y murió a los cincuenta años de edad en la misma ciudad, pero integrante la misma de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el día 20 de junio de 1820, por lo cual se cumple el 250 aniversario de su natalicio y el bicentenario de su fallecimiento. Por estos dos aniversarios, este es el “Año Belgraniano”.

También en el mismo año que fue el natalicio de Belgrano, pero desconociéndose el día exacto, nació en Bonn, Alemania, un genio de la música de todos los tiempos: Ludwing van Beethoven. Otros personajes importantes de la historia nacidos en 1770 fueron: el político inglés George Canning quien llegó a ser Primer Ministro del Reino Unido en 1827; el prusiano Federico Guillermo III Rey de Prusia de la dinastía de los Hohenzollern, que intervino en las guerras napoleónicas y tuvo papel gravitante en la derrota de Napoleón y también fue uno de los gestores de la Santa Alianza; el porteño Teniente de Navío Cándido Francisco José de Lasala, que participó activamente en la Reconquista de Buenos Aires en 1806 y en su Defensa al año siguiente, muriendo en combate el 5 de julio; el brigadier general Juan Antonio Álvarez de Arenales, cuyo lugar de nacimiento no puede precisarse si fue en España o en Salta, de destacada actuación en las luchas por la independencia americana.

El último año de la segunda década del siglo XIX, esto es 1820 o como se conoce en nuestra historia, “el año XX”, en el que falleció Belgrano, se dieron muchos hechos que tendrán repercusión en la historia patria con posterioridad.

Pero también trataré de hacer un resumen de todos aquellos acontecimientos que fueron antecedentes de lo ocurrido en 1820, a fin de que se pueda comprender lo que pasó en ese año crucial.


Antecedentes políticos en el decenio 1810-1819

Mirando hacia atrás, ¿qué había sucedido durante los 10 años transcurridos desde la Revolución de Mayo? ¿Qué podemos decir y destacar de esa década, desde el punto de vista político y de la organización del Estado?

Como consecuencia de los hechos revolucionarios de mayo de 1810, producidos en la ciudad de Buenos Aires, en ese entonces capital del Virreinato del Río de la Plata, se produjo el establecimiento del primer gobierno patrio, llamado comúnmente como Primera Junta Gubernativa, encargado del ejecutivo, que fue un órgano colegiado de nueve miembros, compuesto por un presidente, seis vocales y dos secretarios, cuyo nombre oficial fue el de Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII.

En el seno de este cuerpo, se dieron dos tendencias, una moderada, tradicionalista y aperturista hacia los pueblos del interior cuya cabeza visible fue su presidente Cornelio Saavedra y la otra centralista y afín a los postulados de la Revolución francesa de 1789, liderados por el vocal Manuel Castelli y el secretario Mariano Moreno.

La crisis estalló el día 18 de diciembre cuando por votación se decidió la incorporación a la Junta, de los diputados que habían llegado desde el interior invitados por la circular enviada el 27 de mayo por la mismo cuerpo a los Cabildos integrantes del exvirreinato, solicitándoles justamente el envío de sus representantes. Ello fue una derrota para el grupo de Moreno y Castelli. 

Ese mismo día 18 se formó oficialmente la llamada Junta Grande que gobernó hasta el 22 de setiembre de 1811 en la cual estaban representados los pueblos del interior, cuando por un golpe institucional encabezado por el Cabildo, la Junta fue transformada en la Junta Conservadora con facultades legislativas y despojadas de las ejecutivas que tenía hasta ese momento, formándose para ejercer estas últimas un órgano colegiado denominado Triunvirato, conocido como Primer Triunvirato conformado por Feliciano Antonio Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Paso, que tomó varias medidas de carácter centralistas, concentrando el mando político y militar.

Una revolución que estalló el 8 de octubre de 1812, con la intervención activa de los miembros de la Logia Lautaro y que contaron con la participación del Regimiento de Granaderos a Caballo comandados por San Martín, entre otros cuerpos militares, provocó la renuncia de los miembros de este cuerpo ejecutivo colegiado y el Cabildo lo reemplazó por el Segundo Triunvirato, conformado en un principio por Nicolás Rodríguez Peña, Antonio Álvarez Jonte y Juan José Paso. 

Durante el gobierno del Segundo Triunvirato, se instaló la Asamblea General Constituyente y Soberana, llamada comúnmente como Asamblea del Año XIII. También por aquél tiempo se produjeron las derrotas de la Segunda Expedición Auxiliadora al Alto Perú en Vilcapugio y Ayohuma. Todo ello precipitó la caída del Triunvirato y su reemplazo el 31 de enero de 1814, por un ejecutivo unipersonal, a cargo de Gervasio Antonio de Posadas, cuyo nombre fue el de Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, quien ocupó ese cargo hasta el año siguiente, seguido por su sobrino Carlos María de Alvear (1815), Ignacio Álvarez Thomas (1815-1816), Antonio González Balcarce (1816), Juan Martín de Pueyrredón(1816-1819), José Rondeau (1819-1820) y Juan Pedro Aguirre (1820).

La Asamblea del Año XIII que sesionó casi dos años desde el 31 de enero de 1813, no pudo concretar los dos objetivos principales para la cual fue establecida, que eran declarar la independencia y dictar una constitución, si bien dictó otras normas importantes. Un hecho de trascendencia se dio con respecto a los diputados de la Banda Oriental, elegidos por un Congreso dirigido por Artigas, quienes portaban instrucciones precisas para que la Asamblea declarara inmediatamente la independencia y se organizara el Estado bajo la forma republicana y confederal, lo que era contrario al centralismo porteño, por lo cual alegando vicios en las designaciones, fueron rechazados por la Asamblea, y ello agravó el distanciamiento con el gobierno de Buenos Aires. Artigas se afianzó como caudillo oriental y ese rechazo de diputados fue antecedente de la guerra civil que se acercaba (ER 20). Debemos aclarar que ese distanciamiento venía desde el sitio de Montevideo y se agravará con el paso del tiempo. Incluso el primer Director Posadas dictó un decreto el 11 de febrero de 1814, por el cual “Se declara a don José Artigas infame, privado de sus empleos, fuera de la Ley y enemigo de la Patria…, o para decirlo más sencillo, lo declaró traidor a la Patria, además de ponerle precio a su cabeza.

Francisco Ramírez
Soldado del Escuadrón Dragones de la Muerte de Francisco Ramírez.
Dibujo de Amado Bonplan

En 1814 Fernando VII fue repuesto en el trono de España como consecuencia de la derrota de Napoleón y la reunión del Congreso de Viena. Fernando se comportó como un monarca absolutista y con la intención de recuperar de cualquier forma sus dominios en América, promovió una expedición militar con ese objetivo. También la situación política y militar en América se encontraba complicada por la reacción realista que triunfaba en todas partes, desde el norte en Méjico hasta el sur en Chile, con excepción de la revolución de Buenos Aires iniciada en 1810. Todo ello fue determinante para que la Asamblea del Año XIII no declarara la independencia (ER 39).

Tres años después se reunió en Tucumán otro Congreso que declaró la Independencia en 1816, siendo ello una necesidad para legitimar la lucha que los ejércitos de las Provincias Unidas llevaban contra el dominio español.

Cabe acotar que la Liga Federal bajo el liderazgo de Artigas que comprendía un importante territorio conformada por la Banda Oriental, Entre Ríos (que comprendía también a Corrientes y Misiones), Santa Fe y Córdoba, en el Congreso de Oriente o de Arroyo de la China, reunido en Concepción del Uruguay, en junio, decidió –a excepción de Córdoba– no mandar sus diputados a Tucumán al considerar que ese Congreso estaba influenciado por los porteños, lo que se vio corroborado en abril del año siguiente cuando el Congreso se trasladó a Buenos Aires para seguir sesionando allí y dos años después el 20 de abril de 1819, dictó una Constitución, que por sus características centralistas y promonárquicas, no conformó a los pueblos del interior, lo que agravó y reavivó las luchas internas entre los directoriales y los federales.


Hechos militares en el decenio 1810-1819

Entre 1810 y 1819, se produjeron hechos y acontecimientos militares ya sea para provocar la adhesión de los pueblos del interior a la revolución, para lograr la independencia del dominio español, como también luchas intestinas entre los pueblos del interior y Buenos Aires y la invasión portuguesa a la Banda Oriental. 

Entre las primeras podemos mencionar la expedición militar al Paraguay que la Primera Junta, puso bajo el mando del general Manuel Belgrano, que fracasó en sus propósitos. 

Otra fue la campaña en la Banda Oriental contra el poder español en Montevideo, que finalizó con la toma de esa ciudad y puerto, pero con las divergencias ya señaladas entre porteños y artiguistas. 

Las diversas expediciones al Alto Perú (actual territorio boliviano), cuyo objetivo era llegar a Lima (Bajo Perú) donde se encontraba la base del poder realista en la América del Sur; fracasaron y quedaron empantanadas, no pudiendo llegar a destino y lograr sus objetivos. La lucha en lo que ahora es el norte de nuestro país para contener las embestidas del ejército español quedó en manos del salteño Martín Miguel de Güemes (ER 40). 

En agosto de 1814 el general San Martín, designado como gobernador intendente de Cuyo, viendo la imposibilidad de los ejércitos patriotas de pasar por el Alto Perú y llegar a Lima, concibió su plan de traspasar los Andes, dar la independencia a Chile y desde allí, por mar llegar al Perú. Desde ese momento San Martín, comenzó a organizar un ejército con aquel objetivo. La primera parte del plan sanmartiniano, fue cumplida satisfactoriamente entre el 12 de enero de 1817 con el inicio del cruce de los Andes y ya en suelo chileno con las victorias de Chacabuco el 12 de febrero, la entrada del ejército patriota en Santiago dos días más tarde y después de la derrota de Cancha Rayada, vino la victoria definitiva de Maipú el 5 de abril de 1818, consolidándose la independencia del país trasandino.

Casi en paralelo con la declaración de nuestra independencia, se produjo la invasión a la Provincia argentina de la Banda Oriental, por parte de fuerzas portuguesas gran parte de las cuales eran veteranas de las guerras napoleónicas, al mando del general Carlos Federico Lecor, con el objetivo de ocupar ese importante territorio y dominar una de las márgenes del Plata, objetivo que habían perseguido durante tres siglos y que los había enfrentado con la corona española. Montevideo fue ocupada el 20 de enero de 1817, finalizando la guerra tres años después con la derrota definitiva de Artigas en Tacuarembó el 22 de enero de 1820 y la anexión de la Banda Oriental al Reino de Portugal, Brasil y Algarves, como Provincia Cisplatina. Las únicas fuerzas que hicieron frente a esa invasión fueron las artiguistas, sin recibir ningún aporte del gobierno de Buenos Aires. El comportamiento del Directorio en esas circunstancias fue deplorable. El entonces Director Supremo Pueyrredón, no solo no declaró la guerra por esa agresión a una provincia argentina, sino que se mantuvo inactivo, “neutral”, y no solo eso sino que guerreó entre 1817 y 1819, contra Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes que formaban parte de los “Pueblos Libres”, con resultados adversos para los directoriales pero que impidieron que aquellos pueblos pudieran concurrir en auxilio de los orientales, por lo cual podemos decir que esa invasión portuguesa contó con la complicidad de las autoridades de Buenos Aires, quienes de esa forma quisieron terminar con la influencia de Artigas en el litoral, todo ello a costa de la pérdida de un importante territorio argentino, que se perderá definitivamente años después.

 Civiles y militares que criticaron esa política directorial fueron expulsados del país.


Dos tendencias en pugna    

Podemos decir que prácticamente desde el momento en que se produjo la Revolución de Mayo, surgieron dos tendencias: una centralista, con características monárquicas y aristocráticas que daba preminencia a Buenos Aires sobre el interior, pretendiendo seguir siendo el centro unitario del poder como lo había sido durante el Virreinato y seguir gobernando a las provincias, incluso designando a sus autoridades, que derivó posteriormente en el unitarismo y otra de tendencia republicana, que bregaba por la autonomía de los pueblos del interior de darse sus propias autoridades y que no aceptaron el predominio que sobre ellas pretendían los hombres de Buenos Aires y que derivó en el federalismo.

Con la incorporación a la Primera Junta de los diputados del interior que derivó en la Junta Grande parecía que la segunda tendencia se impondría, pero posteriormente y sobre todo a partir de la creación Triunvirato y después del Directorio, las tendencias aristocráticas, promonárquicas y unitarias y más aún con el dictado de la Constitución de 1819, la tendencia varió.

Las fuerzas federalistas y republicanas, a cuyo frente se encontraba José Gervasio Artigas, quien estaba secundado por Francisco Ramírez y Estanislao López entre otros, tenían influencia en un vasto territorio de las Provincias Unidas que comprendían la Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fé y Córdoba conformando la Liga de los Pueblos Libres.

Los enfrentamientos entre centralistas y federalistas se fue acentuando con el paso del tiempo. El rechazo de los diputados del litoral por parte de la Asamblea del año XIII acentuó el conflicto.

Esas luchas intestinas no cesaron en ningún momento y los intentos de los centralistas y directoriales para traer y coronar a un príncipe extranjero para que gobernara estas tierras, acrecentó el conflicto.

En 1819 y principios del año siguiente, la situación de las Provincias Unidas del Río de la Plata, se presentaba complicada. 

La gota que rebalsó el vaso fue el dictado de la Constitución de tintes monárquica y centralista de 1819, la que fue rechazada por la mayoría de los pueblos del interior y que por lo tanto nunca se puso en práctica. Este hecho se sumó a los variados intentos por parte de los directoriales de instalar una monarquía con un príncipe europeo y también a la posición asumida por el Directorio con respecto a la invasión portuguesa a la Banda Orienta a la que se hizo mención precedentemente. Esa oposición se dio en mayor intensidad en el litoral, acaudillada principalmente por Artigas. 


La orden del Director Rondeau a San Martín y Belgrano para bajar en auxilio de Buenos Aires

Con anterioridad, el director José Rondeau, había llamado en ayuda de Buenos Aires, al Ejército de los Andes que se encontraba en Chile y Cuyo al mando de San Martín y al Ejército del Norte al mando de Manuel Belgrano que estaba en Córdoba.

El primero se negó a obedecer esa orden para no intervenir en la guerra civil y prosiguió con su plan de emancipación americana.

Si bien Belgrano se puso en marcha hacia el sur cumpliendo la orden, por motivos de enfermedad dejó el comando del Ejército en su segundo, Francisco Fernández de la Cruz. Cuando las tropas se encontraban en camino, hubo una sublevación en la posta de Arequito –provincia de Santa Fe el 8 de enero de 1820. Los jefes de este amotinamiento fueron los coroneles Juan Bautista Bustos y Alejandro Heredia y el mayor José María Paz. El argumento de los amotinados era no intervenir en aquella guerra intestina, ni a favor ni en contra del Directorio, y su intención era volver a la frontera, amenazada por los enemigos realistas.


Batalla de Cepeda y caída del Directorio

El gobernador de Santa Fe, Estanislao López y el entrerriano Francisco Ramírez, lugarteniente de Artigas habían proclamado que “el general Artigas por el clamor de los pueblos nos manda a exigir del Directorio... la declaratoria de guerra contra los portugueses... y el establecimiento de un gobierno elegido por la voluntad de las provincias, que administre por base el sistema de Federación”. 

Declararon la guerra al Directorio y marcharon sobre Buenos Aires. El Director Supremo general Rondeau, salió al encuentro de los que llamaba “anarquistas”, siendo derrotado el 1° de febrero de 1820 en Cañada de Cepeda, cercano al límite entre las dos provincias, en un combate que duró menos de diez minutos, provocando ello la caída del Directorio y la disolución del Congreso Nacional, aquél que en la ciudad de Tucumán, tres años y medio antes había declarado la Independencia. 

En esta batalla triunfó el federalismo litoraleño y así el país entró en una etapa que podemos llamar “federal”.

El Supremo Entrerriano
Francisco Ramírez, el “Supremo Entrerriano”.

Buenos Aires recobra su autonomía

El día 16 los vecinos de Buenos Aires en un Cabildo Abierto, designaron una Junta de Representantes, que nombró a Manuel de Sarratea como Gobernador de la provincia. Esta Junta será de ahí en más la Legislatura provincial. De esta forma Buenos Aires recobró su autonomía y las Provincias Unidas dejaron así aunque más no fuera en los papeles de tener un poder central con asiento en Buenos Aires que fue el Directorio. De esta forma las provincias recobraron su autonomía, algunas de las cuales habían declarado su “independencia”. También muchas ciudades secundarias, en ejercicio de sus derechos se independizaron a su vez de sus capitales, para formar nuevas provincias, como por ejemplo Santiago del Estero que se separó de Tucumán, La Rioja lo hizo de Córdoba, San Juan por un lado y San Luis por el otro también se separaron de Cuyo.


El Tratado del Pilar – Ascensión de Ramírez y ostracismo de Artigas

El 23 de febrero, en la capilla del Pilar, se firmó el tratado homónimo entre Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos, comprometiéndose a la elección de diputados a un congreso para la organización de un estado bajo el régimen republicano y federal, asimismo establecía la libertad de navegación de los ríos Paraná y Uruguay, por parte de estas tres provincias. También se pactó que para el caso que el Litoral fuera atacado por los portugueses, Buenos Aires, iría en su ayuda.

En este tratado interprovincial, es el primero en el que Buenos Aires aparece como una provincia más, que entra en negociación con otras, pero sin atribuirse ninguna otra representación, para procurar la unidad nacional bajo la forma federal como era querido por Artigas.

El tratado fue firmado por Ramírez como “gobernador” de la provincia de Entre Ríos, cargo que se autoconfirió después de esa victoria, desconociendo así la autoridad de Artigas, lo que provocó que conocido el texto por éste, encontrándose en Corrientes después de la derrota de Tacuarembó y viendo también que en esa convención no se hacía mención a la reconquista de la Banda Oriental como lo había querido como condición necesaria para la firma de un tratado de paz, consideró que su subordinado lo había traicionado, lo que provocará el distanciamiento de estos dos hombres.

En consecuencia, Artigas no aceptó el Tratado y ello provocó la guerra con su exsubordinado Ramírez. Con sus fuerzas invadió Entre Ríos y derrotó a Ramírez, quién poco tiempo después y con ayuda porteña, se rehízo y vencerá definitivamente a Artigas, quien abandonado también por otros subalternos pasados a los portugueses, se retiró al norte, hacia el Paraguay, donde vivirá asilado hasta su muerte ocurrida en 1850. Con el exilio de Artigas, Ramírez dominó ya toda la Mesopotamia y formó un solo estado que llamó República de Entre Ríos.


Situación caótica en Buenos Aires

En Buenos Aires, la situación no era clara, se sucedieron diversos gobernadores, algunos de los cuales con tendencias centralistas, que duran pocos días en el cargo. Los federales también pelean entre sí. Es un momento de inestabilidad.


El inicio de la vida política de Rosas

Dorrego fue designado gobernador interino de Buenos Aires el 4 de julio y cuenta a su lado a un mozo de 27 años, comandante de milicias, que a partir de esos momentos comenzará a destacarse en la política bonaerense y casi diez años después será electo gobernador. Es un joven propietario y administrador de varias estancias y también tiene saladeros cuyos productos exporta en barcos propios al Brasil y Cuba. Es un industrial progresista, con una considerable fortuna hecha con tesón y constante trabajo, de carácter rudo y tenaz, formado en los duros trabajos camperos. Habitante de la frontera desde niño, es gran conocedor del campo y de sus habitantes, los gauchos e indios; con los primeros comparte el tipo de vestimenta, juegos y diversiones; con los indios también comparte juegos y se comunica con ellos en su propio idioma. Tiene un gran ascendiente entre el paisanaje y la gente de trabajo de la campaña, por su trato y proceder como patrón justo. Es el organizador de una milicia, armada a su costa, formada con los peones de sus estancias, adiestrados adecuadamente en una estricta disciplina; son los Colorados del Monte, es el 5° Regimiento de Caballería, un regimiento modelo. Es amante de la legalidad y el orden, cuyo prestigio crecerá día a día. Se llama Juan Manuel de Rosas.


Estanislao López derrotado por Dorrego

Promediando junio, Estanislao López, esta vez acompañado por Alvear y el chileno José Miguel Carrera, vuelve sobre Buenos Aires, llegando hasta los suburbios y luego se retira. El 18 de julio Dorrego sale en persecución de López, que reingresa a su provincia, mientras Alvear y Carrera acampan en San Nicolás, donde serán enfrentados por Dorrego quien los derrotó el 2 de agosto y diez días después en Arroyo Pavón vencerá al mismísimo López. En dichas acciones contó con el concurso de Rosas y Martín Rodríguez. El día 6 Dorrego confirió a Rosas el grado de teniente coronel y lo nombró jefe del 5° Regimiento, formado por los Colorados.


La elección de Martín Rodríguez como gobernador

Engolosinado con estas victorias, Dorrego cree que fácilmente podrá imponerse a las montoneras de López y no haciéndole caso a Rosas y a Rodríguez, que le aconsejan no invadir Santa Fe, por el contrario cruza el arroyo del Medio y así penetra en esa provincia en persecución de López. Al no ser escuchados, Rosas y Rodríguez se separan del ejército y regresan a Buenos Aires. López, con astucia, “lleva” a Dorrego a un campo de mío mío, que son pastos venenosos y que causan estragos en las caballadas del ejército porteño y que dejan de a pie a su ejército, por lo cual López carga contra esos soldados sin caballos y los derrota en el Gamonal el 2 de setiembre, pero contrariamente a lo hecho por Dorrego, solo lo persigue hasta el límite de ambas provincias pero no penetra en Buenos Aires, siendo ello un indicio de sus deseos de paz. Aquel error le costó a Dorrego la gobernación ya que la Junta de Representantes a fines de setiembre lo reemplazó por el general Rodríguez, apoyado por Rosas, quien consideró al nuevo gobernante como garantía de orden y también como la persona que podría lograr la paz con Santa Fe, contrariamente a lo que hubiera sucedido con Dorrego, que tenía una posición netamente confrontativa con el gobernador santafecino.


El Ejército de los Andes desembarca en Perú

Mientras esto ocurría en Buenos Aires y Santa Fe, en la madrugada del 8 de setiembre, muy lejos de aquí, desembarcaron en la bahía de Paracas, cercana a Pisco y a 230 kilómetros aproximadamente de Lima, 4.500 soldados trasladados en 24 naves, que habían partido el 20 de agosto desde el puerto chileno de Valparaíso, llevando municiones y todo tipo de pertrechos. Esa fuerza pertenecía al Ejército de los Andes al mando de San Martín, dando inicio ya desde suelo peruano a una larga campaña contra el poder realista.


El 5 de octubre – Los Colorados del Monte

Del 5° de colorados – 1820. “Colorados del Monte”. Dibujo de Eleodoro Marenco

A fines de ese mes y principios de octubre, se produjo en Buenos Aires una revolución federal al mando del coronel Vicente Pagola, que contaba con gran apoyo popular y elementos orilleros y ocuparon la ciudad y el Fuerte bajo los gritos de “¡Abajo los directoriales!”, estableciendo cantones y trincheras en las bocacalles. Pretenden la renuncia del gobernador Rodríguez, quien se ha retirado a la campaña a buscar el apoyo de Rosas y sus milicianos. Ya el día 4 de octubre ambos están en la ciudad y ofrecen a los sublevados una generosa amnistía que estos no aceptan y exigen como única solución la renuncia del gobernador y la designación de uno nuevo. Rosas y Rodríguez se mantuvieron inflexibles en reconocer solo a la autoridad designada por la Junta de Representantes.

El día 5 los Colorados del Monte, “tropas de orden” con Rosas al frente, cargan sobre los cantones formados por los insurrectos y el Fuerte y desmontados de sus cabalgaduras y cuchillo en mano entablan una feroz lucha cuerpo a cuerpo con arma blanca, que dura más de cinco horas, tras lo cual la ciudad es totalmente retomada y la revolución vencida. Al anochecer Rodríguez pudo entrar en el Fuerte acompañado por Rosas, reconociendo así la acción importantísima que habían tenido las fuerzas a cargo de su subordinado, quien se convirtió en el héroe del día.

Los soldados de Rosas se destacaron por el orden que habían observado en todo momento y especialmente por el comportamiento y respeto hacia los vecinos, lo cual causó admiración entre la población, desacostumbrada a tan correcto proceder de los cuerpos armados de aquél entonces. Son llamados “Nobles hijos del sur, bravos campeones”, según unos versos que les dedica fray Cayetano Rodríguez (ER 49).

La valía que para Rosas tienen el concepto de orden y la legalidad, lo hacen estar esta vez del lado de los “directoriales” y con el legítimo gobernador Rodríguez y contra la anarquía y el desorden. Esas minorías directoriales o unitarias, años más tarde lo combatirán con saña y todo tipo de malas artes y no pararán ni siquiera de hacerlo así ante su muerte y tratarán de enlodar su memoria.

Juan Manuel de Rosas
Colorado del Monte. Dibujo de Eleodoro Marenco

El 6 de octubre la Junta de Representantes otorgó al gobernador Rodríguez las facultades extraordinarias (1), quien al día siguiente, apreciando los servicios prestados por Rosas en el restablecimiento de la autoridad, lo ascendió a coronel de caballería.

Cuatro días después, Rosas en el Manifiesto dirigido al “benemérito pueblo de Buenos Aires” (ver texto completo en ER 1), antes de retirarse con su regimiento a sus estancias, ya cumplida su misión, expresaba entre otros conceptos:

…La unión, mis compatriotas, la santa unión. La patria nos la pide. La patria exige de nosotros este corto sacrificio; la patria agonizante clama que no la abandonemos, por preferir a su existencia la de los odios y la de la anarquía.

Sed generosos los que abrigáis algún resentimiento. Sin unión no hay patria; sin unión todo es desgracia; todo fatalidades, miserias”.

Sed precavidos, mis compatriotas; pero más que todo sedlo con los innovadores, tumultuarios y enemigos de la autoridad. Sed juiciosos para reclamar; sed sumisos a la ley, no confundiendo al gobierno con las personas, y a la representación suprema con los representantes”. 

Me despido, compatriotas. El 5° regimiento del sur de todos es amigo, de todos es hermano. Primero, segundo y tercero tercios cívicos; ciudadanos todos, y cada uno, recibid los votos que os hago presente a nombre de la división que comando. ¡Odio eterno a los tumultos!, ¡amor al orden!, ¡fidelidad a los juramentos!, ¡obediencia a las autoridades constituidas! Recibid a su nombre, os repito, la confesión de sus sanos sentimientos, este desahogo de unas almas patriotas, y esta expresión de unos hermanos agradecidos. Creedme que toda su satisfacción consiste en haber procurado ser virtuosos, y la mía muy particularmente en haber obedecido, sirviendo al pueblo en que nací y a la provincia a que pertenezco”. Por esos días, también los victoriosos Colorados del Monte, a cuyo frente marchaba su comandante, desfilaron por las calles de la ciudad.

Vencida la revolución, Dorrego reconoció la legitimidad del nuevo gobernador.


La llegada de la fragata Heroína a Malvinas

Islas malvinas
La fragata Heroína en Puerto Soledad, 6 de noviembre de 1820. Pintura de Emilio Biggeri (1907-1977). 

Por aquellos días, el 27 de octubre se produjo un hecho trascendental. El Coronel de Marina David Jewett, de origen estadounidense pero al servicio de las autoridades de Buenos Aires, al mando de la fragata Heroína, de acuerdo a directivas impartidas por el gobernador Manuel de Sarratea, llegó a puerto Soledad, tomando posesión efectiva del archipiélago malvinense. Esa toma de posesión fue conocida en Londres, debido a la publicación de la noticia en el diario The Times del 3 de agosto de 1821.


El Supremo Entrerriano

El 24 de noviembre, en Gualeguay, Ramírez fue elegido como Jefe Supremo de la República de Entre Ríos, que comprendía todo el territorio de la Mesopotamia (Entre Ríos, Corrientes y Misiones) y por ello es conocido como el “Supremo Entrerriano”.


El Tratado de Benegas

Ese mismo día, pero en la estancia de Benegas, situada junto al arroyo del Medio, que es el límite entre Buenos Aires y Santa Fe, los gobernadores de ambas provincias: Rodríguez y López y por las gestiones pacificadoras realizadas por el gobernador cordobés Bustos, establecieron la paz por el tratado que lleva el nombre de la mencionada estancia. Rosas como comandante y coronel de milicias, acompañaba a Rodríguez no será ajeno a las negociaciones que se llevan a cabo. Como condición para su firma, el gobernador López reclamó la entrega de 25.000 cabezas de ganado, como indemnización por los gastos incurridos por su provincia en la guerra contra Buenos Aires. Rosas se convirtió en garante y ejecutor de este acuerdo, encargándose personalmente de reunir ese número de cabezas de ganado, la mayor parte proveniente de sus estancias y el resto provistos por otros hacendados de la provincia. Cumplirá con creces su obligación, ya que las cabezas de ganado entregadas excederán el número de 30.000 (2).

Y así terminó ese año tumultuoso de 1820.


Notas:

(1) Rosas no fue el único que recibió las facultades extraordinarias, durante sus mandatos como Gobernador. Entre otros, Martín Rodríguez  también las recibió el 6 de octubre de 1820 por el término de tres meses, las que cesaron el 6 de enero de 1921, el día 30 pidió se les renovaran tales facultades, lo que así se hizo el 6 de febrero “sin límite de duración”.

(2) Tres años después López asentaba en el documento respectivo: “Queda chancelado el presente documento en que el benemérito coronel Juan Manuel de Rosas llenó el compromiso de su contexto con el ‘exceso’ de 5.146 cabezas más…”


Fuentes:

Crónica Histórica Argentina, Tomo 2, Editorial Codex S.A., Buenos Aires, 1968.

BILBAO Manuel, Historia de Rosas, Editorial Sopena Argentina S.A., Buenos Aires, 1940.

GALVEZ Manuel, Vida de Juan Manuel de Rosas, Editorial Claridad, Buenos Aires, 1997.

PERRONE Jorge, Historia de la Argentina, Tomo 1, Editores Unidos, Buenos Aires, 1981.

SALDÍAS Adolfo, Historia de la Confederación Argentina, Tomo 1, Librería El Ateneo Editorial, Buenos Aires, 1951.