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martes, 10 de mayo de 2022

La Independencia nacional

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

79 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                           
En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 
En diciembre de 2017 la Junta de Estudios Históricos del Partido de General San Martín, editó una revista, en la cual encontramos este interesante artículo sobre la declaración de la Independencia. 





Un particular significado del Bicentenario

Por Horacio E. Morales 

(Vicepresidente 2° de la Junta de Estudios Históricos del Partido de General San Martín)

Congreso de Tucumán
No es el objetivo de estas líneas el efectuar un raconto histórico de estos episodios. Sí es el deseo el recordar a los argentinos de hoy, sometidos a un duro bombardeo que tiende a proclamar la necesidad, más ficticia que real, de consumir tal o cual producto y que pretende dejar fuera de lugar a quien ose expresar algún sentimiento patriótico, como si fuera cosa del pasado y sin lugar para nuestro tiempo.

La Patria es un sentimiento que para nada es cosa del pasado. El amor a la Patria es la única y permanente defensa para nuestra paz y nuestro progreso, por lo que debemos recoger el mensaje de la historia de aquellos días y tenerlo siempre presente.

Año a año pareciera ir desdibujándose la recordación del aniversario de la Declaración de la Independencia Nacional, la cual se llevó a cabo en un lejano 9 de julio de 1816. Y sin embargo son tantas y tan poderosas las lecciones que brinda, que deberíamos continuar iluminándonos de ese episodio vital de nuestra historia.

En momentos de la vida nacional en que parecieran prevalecer los individualismos y la pérdida de solidaridad, podríamos encontrar en esas páginas un ejemplo luminoso que imitar, porque los protagonistas de aquel hecho no fueron superhombres, sino que eran hombres, con sus más y sus menos. Algunos de ellos tenían sus cuerpos enfermos, pero en todos ellos alumbraba con enorme fuerza la llama sagrada de la decisión de dar lo mejor de ellos mismos por lograr una Patria libre y soberana.

La Nación que se estaba gestando, se encontraba aislada por los sucesivos triunfos de las armas del Rey, que uno a uno habían sofocado los movimientos patriotas en Chile, Bolivia y aún más al norte.

No es exagerado decir que había un cerco en torno a esta Argentina que nacía. Y cabe insistir en que tan humanos eran aquellos hombres y mujeres, que puede decirse que padecían las mismas debilidades y pasiones comunes a nosotros, pero ellos no sólo declararon su amor a la naciente Patria, sino que subordinaron a ella sus bienes y apetencias materiales y arriesgaron y dieron la vida por ella.

El alumbramiento del nuevo Estado tuvo doctores, frailes y soldados, los protagonistas tradicionales de la nueva historia nacional.

Los peligros de la decisión eran grandes, y seguramente hubiera hecho retroceder a espíritus menos valerosos.

Reunidos en Tucumán, acometieron la magna tarea. Sin embargo, aún entre estos espíritus decididos y reunidos en la común identificación por la libertad, había algunos que dudaban sobre si era o no el momento oportuno para declarar formalmente la Independencia Nacional.

La audacia de convocar al Congreso de Tucumán, a no mucha distancia del poderoso Ejército Realista del Alto Perú, vencedor no hacía demasiado tiempo en Sipe-Sipe, era un desafío y un grito de pelea.

Entre los reunidos congresales y los cañones y bayonetas del Rey, se alzaba un doble obstáculo. La heroica provincia de Salta con el paisanaje alzado en armas y decidido a morir por la libertad de su tierra, bajo el mando del estoico Güemes, contra los que se estrelló una y otra vez el Ejército del Rey. Esto lo advirtió un coronel realista, que a la cabeza de sus tropas se aproximaba a un rancho lleno de miseria, de donde salió al galope tendido y montando en pelo, un niño, que sin duda llevaba el alerta a las fuerzas patriotas sobre la cercanía de los españoles, lo que los obligó a decir: “A este pueblo no lo conquistaremos jamás”.

Como efectivamente así ocurrió. Y detrás del gauchaje estaban los sufridos veteranos del Ejército del Norte, bajo el comando de un abogado devenido en soldado, que es quizás la figura más noble y de sentimientos más profundos que haya participado en nuestra Guerra de la Independencia: el General Manuel Belgrano.

La otra frontera amenazada era el oeste, que tras la grave derrota chilena en Rancagua, dejaba a San Martín en Cuyo en la soledad de alto riesgo, en plena preparación de su fuerza expedicionaria para intentar la hazaña de cruzar los Andes y llevar la guerra al Perú una vez liberado Chile.

Las aguas del Rio de la Plata quedaron ya en manos argentinas, tras la gran victoria de El Buceo lograda por el Almirante Guillermo Brown.

Y finalmente estaba la conducción política de Juan Martín de Pueyrredón, que con notable y pocas veces vista percepción del problema como un todo, adoptó decisiones políticas que sellaron el mejor destino de generaciones argentinas por venir.

Ese era el “cuadrilátero” que servía de marco al Congreso que se reunió en San Miguel de Tucumán y llegó a decidir la Independencia. Ese era el marco referencial que sirvió para aventar las dudas de algunos congresales, sobre el tiempo y oportunidad para dar carácter formal y jurídico a lo que de hecho se había producido en el país a partir de mayo de 1810.

Todos coincidían en la necesidad de dar el gran paso que complementara la emancipación proclamada el 25 de mayo de 1810, pero algunos de ellos dudaban de la oportunidad y no estaban definidos en cuanto a la forma de gobierno a adoptar.

Es el momento en que Fernando VII tras recuperar el trono de España es apoyado por la Europa que emerge de la derrota napoleónica.

La pequeña ciudad de Tucumán, el escenario del glorioso hecho de armas de Belgrano, se hallaba convulsionada por ese Congreso que tardaba en declarar la Independencia.

Belgrano había vuelto de Europa tras su misión diplomática con Rivadavia y fue requerido por los congresales el 6 de julio de 1816, en sesión secreta, para escuchar su asesoramiento y consejo, nadie más indicado para darlo que el hombre que había formado la generación de mayo y que por su cultura, experiencia y amor a la Patria tenía sobrados títulos para ser reconocido como Padre de la Patria junto a San Martín, quien pidió en primer término, la declaración de la Independencia, tratando luego la forma de gobierno.

Ya en su informe al Director Supremo del 3 de febrero de 1816 sobre su misión a Europa, conocido por los congresales, dice Belgrano, que en Europa gana terreno el monarquismo constitucional y se rechaza por inestable el furor republicano.

Belgrano en su misión en Europa, junto con Rivadavia y Sarratea, abogó por la creación de un reino que comprendería las Provincias Unidas del Río de la Plata, Perú y Chile, y a su regreso a Buenos Aires sostuvo la instauración de una monarquía incaica, con el coronamiento de un rey de esa dinastía, idea que ya había sostenido el caraqueño Francisco Miranda.

Consideraba Belgrano que la monarquía constitucional podía ser bien vista por la Santa Alianza, caso contrario, la misma, que era una alianza de reyes podría volcarse en apoyo de Fernando VII pues si bien podían aceptar nuestra independencia, nos combatirían por liberales y republicanos, por la inestabilidad que asignaban a este tipo de gobierno.

El sentimiento monárquico había ganado muchos adeptos y de él participaba también San Martín, Pueyrredón, Rivadavia, Alvear y Sarratea, entre otros.

Tenían presentes estos hombres los conceptos de Montesquieu quien escribió: “Roma estaba hecha para engrandecer sus leyes que eran admirables para tal objeto. Así es que bajo cualquier régimen de gobierno, bajo el poder de los reyes, bajo los aristócratas o la democracia, nunca cejó en sus empresas, a prueba de constancia, y venció”.

Dice Belgrano apoyándose en esas palabras, que: “... nosotros debíamos transformar la legislación, vencer en la lucha de la independencia, buscar la paz interior y entonces engrandecernos por el camino del progreso económico y cultural”.

Belgrano teme que los conflictos profundamente arraigados en nuestro pueblo y los localismos amenacen la estabilidad de una autoridad republicana ejercida periódicamente por distintos hombres que se van renovando en el mando, lo que podría dar paso a levantamientos regionales de caudillos lugareños que podrían conducir al separatismo o la anarquía.

A Belgrano no se le pueden negar sentimientos republicanos por el hecho de propiciar una monarquía en ese momento, ni mucho menos su espíritu democrático, que se asentaba en los tres poderes.

Alberdi nos dice al respecto: “La idea de un gobierno independiente emanado del principio de la soberanía nacional y personificado en una dinastía americana, por adopción o por nacimiento, era la idea de Belgrano, San Martín, Alvear, Pueyrredón, Monteagudo, Posadas y de otros, fue profesado por Belgrano con franqueza y perseverancia, como medio eficaz de hacer triunfar la revolución y su gran meta que era la independencia”.

Pero la candidatura del vástago de los incas produjo mal efecto, especialmente entre los diputados de Buenos Aires.

Así las cosas, llegamos al 9 de julio en que prevalece el verbo encendido de Fray Justo Santa María de Oro dominando la Asamblea.

En el norte, en los Estados Unidos de América, tuvieron similares dudas, a tal punto que en la Asamblea Constituyente, la votación fue pareja, entre republicanos y monárquicos, ganando los primeros por un voto, pero ambos bandos tenían el mismo candidato para la primera magistratura que era Washington.

¿Tenía razón Belgrano y los que comulgaban con su idea monarquista?; no lo podemos decir, pues el devenir de los tiempos no contempla el resultado de las alternativas. Lo cierto es que la América Española se sumió en luchas intestinas que la desangraron, confirmando los temores de Belgrano, quien murió en medio de los enfrentamientos exclamando “Ay Patria Mia”.

Pero lo cierto es que nuestra Patria, ese día, 9 de julio de 1816, proclamó virilmente su independencia y escogió el curso de acción que con mayores o menores dificultades nos condujo a esta Argentina de hoy que siguiendo los derroteros de la historia, nos va permitiendo paulatinamente alcanzar nuestro destino de grandeza, con el que los hombres de 1816 soñaron con fe y esperanza en las generaciones futuras.

Al celebrar los doscientos años de la formal declaración de nuestra Independencia Nacional, realizada en un tiempo por demás azaroso, recordemos que el espíritu de sacrificio y de solidaridad no era sólo para aquellos tiempos, sino para todos los tiempos. Nuestro homenaje pues a esos varones que fijaron los cimientos de nuestra Patria y sometieron a prueba el temple de los argentinos.

sábado, 3 de julio de 2021

Congreso de Tucumán - Fórmula de juramento por los habitantes de las Provincias Unidas

  

- Documentos 8 -

En esta Sección del blog damos a conocer interesantes e importantes documentos.
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Fórmula de juramento que han de prestar todos los habitantes de las provincias Unidas de Sud América


Independencia argentina


Sala del Congreso de Tucumán 20 de julio de 1816. Archivo General de la Nación, Documentos escritos. Sala X 3-9-4 

Transcripción:

Fórmula de juramento que han de prestar todos los habitantes de las Provincias Unidas de Sud América. 

    ¿Juráis por Dios Nuestro Señor y esta señal de (Cruz) promover y defender la libertad de las Provincias Unidas en Sud América, y su independencia del Rey de España Fernando Séptimo, sus sucesores y Metrópoli, y toda otra dominación extranjera?
    ¿Juráis a Dios Nuestro Señor, y prometéis a la Patria el sostén de estos derechos hasta con la vida, haberes y fama?
    Si así lo hiciereis, Dios os ayude, y sino él y la Patria os hagan cargo.

Es copia.
Dr. Serrano. Secretario

viernes, 2 de julio de 2021

Congreso de Tucumán - Exposición secreta de Manuel Belgrano

  

- Documentos 7 -

En esta Sección del blog damos a conocer interesantes e importantes documentos.
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Exposición secreta de Manuel Belgrano ante el Congreso de Tucumán el 6 de julio de 1816, proponiendo la adopción de una monarquía incaica como forma de gobierno


Forma monárquica de gobierno


Archivo General de la Nación, Documentos escritos. Fondo Congreso General Constituyente, Legajo 1 Doc. 7. 

Transcripción:

Sesión Secreta del día 6 de Julio por la mañana de 1816.
Señores Presidente. Vicepresidente. Serrano. Paso. Anchorena. Sáenz. Darregueira. Rivera. Acevedo. Gorriti. Pacheco. Bulnes. Bustamante. Aráoz. Medrano. Godoy. Maza. Uriarte. Oro. Gascón. Malabia. Gallo. Loria. Salguero. Castro. Thames. Cabrera.


Reunidos los Señores Diputados en la Sala del Congreso a las nueve de la mañana, con asistencia de los que se anotan al margen, después de discutidos y acordados los puntos que constan del acta pública de ese día, el General Don Manuel Belgrano en virtud de las órdenes que se le comunicaron en el anterior (tachado), avisó estar presente, e introducido a la sala y tomando asiento en ella en el lugar que le fue señalado, el Señor Presidente le hizo entender que la soberanía le había llamado para que sus exposiciones sobre el estado actual de la Europa, ideas que reinaban en ella, concepto que ante las Naciones de aquella parte del globo se había formado de la revolución de las Provincias Unidas y esperanza que estas podían tener de su protección, de todo lo cual lo creía ilustrado después del desempeño de la comisión a que fue destinado, pudieran orientarla más extensamente de tan interesantes objetos, estando advertido que en el seno del Congreso había una comisión que entendía exclusivamente en asuntos de relaciones exteriores, y que no debía hacer exposiciones o contestar de un modo capaz de mandar idea de ellas y exponer el secreto; en cuya conformidad, contestando a las preguntas que se le hicieron por varios Señores Diputados, el citado General expuso todo lo que sigue:

Primero: que aunque la revolución de América en sus principios, por la marcha majestuosa con que empezó, había merecido un alto concepto entre los poderes de Europa, su declinación en el desorden y anarquía continuada por tan dilatado tiempo, habría servido de obstáculo a la protección, que sin ella se habría logrado de otros poderes, debiéndonos en el día contar reducidas a nuestras propias fuerzas.

Segundo: que había acaecido una mutación completa de ideas en la Europa, en lo respectivo a formas de gobierno; que como el espíritu general de las naciones en años anteriores era republicarlo todo, en el día se trataba de monarquizarlo todo; que la nación inglesa, con el grandor y majestad a que se ha elevado, no por sus armas y riquezas, si por una Constitución de monarquía temperada, había estimulado las demás a seguir su exemplo; que la Francia la había adoptado: que el Rey de Prusia, por sí mismo, y estando en el goce de un poder despótico, había hecho una revolución en su reino, y sujetádose a bases constitucionales iguales a las de la Nación inglesa; y que esto mismo habían practicado otras naciones.

Tercero: que conforme a estos principios, en su concepto la forma de gobierno más conveniente para estas provincias sería la de una monarquía temperada; llamando la dinastía de los incas por la justicia que en sí envuelve la restitución de esta casa tan inicuamente despojada del trono por una sangrienta revolución, que se evitaría para en lo sucesivo con esta declaración y el entusiasmo general de que se poseerían los habitantes del interior, con sola noticia de un paso para ellos tan lisonjero, y otras varias razones que expuso.

Cuarto: que el poder de España en la actualidad era demasiado débil e impotente por la ruina general a que la habían reducido las armas francesas, discordias que la devoraban, y poca probabilidad de que el gabinete inglés le auxiliase para subyugarnos, siempre que de nuestra parte cesasen los desórdenes que hasta el presente nos han devorado; pero que al fin, siempre tenía más poder que nosotros, y debíamos poner todo conato en robustecer nuestros ejércitos.

Quinto: que la venida de tropas portuguesas al Brasil no era efecto de combinación de aquel gabinete con la España, pues que la Casa de Braganza jamás podría olvidar la cooperación de la España a la entrada de los franceses en Lisboa, y desgracias que ha sentido por ella*; que el verdadero motivo de la venida de esas tropas era precaver la infección del territorio del Brasil; que el carácter del Rey D. Juan era sumamente pacífico y enemigo de conquista, y que estas provincias no debían temer movimientos de aquellas fuerzas contra ellas.* Después de todo lo cual y -evacuadas- otras preguntas que se le hicieron por algunos señores diputados, y se omiten por menos interesantes, se retiró de la Sala y terminó la sesión.


*Que enviado Salazar por el gabinete español cerca de S. M. F. para pedir temporalmente, y mientras de subyugaban esyas provincias, la posesión de la isla de Santa Catalina había recibido una terminante negativa y sólo se le habían ofrecido los auxilios que el derecho de gentes  exigiere.

*Que a él se le había prometido en aquella Corte observar exactamente el armisticio mientras el Gobierno de las Provincia Unidas no faltase por su parte, y que así se había permitido, a pesar de reclamaciones del enviado español, la libre entrada y salida de aquel reino a los hijos de estas provincias.

Manuel Belgrano
Plato con el retrato de Belgrano. Principios del S. XX

jueves, 1 de septiembre de 2016

El centenario de la Independencia

    Publicado en el Periódico El Restaurador - Año X N° 40 - Setiembre 2016 - Pags. 12 y 13   

 Bicentenario de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América el  9 de Julio de 1816 

1916. El Centenario 

por la Profesora Beatriz C. Doallo 

Revista Caras y Caretas
Algunas imágenes de la celebración del Centenario de la Independencia
publicadas en la revista Caras y Caretas N° 928 del 15 de julio de 1916


Los primeros cien años de la declaración de nuestra Independencia asistieron a un mundo sin paz. Europa se desangraba; millares de hombres se arrastraban de trinchera en trinchera en tanto que millones de hogares quedaban destruidos por la muerte y el hambre. En los distintos frentes de batalla hacía su debut un monstruo bélico, el tanque. Irlanda se sublevaba contra Inglaterra y Estados Unidos invadía México para resarcirse de ciertas tropelías de Pancho Villa. Las Musas estaban de duelo: había muerto el gran poeta nicaragüense Rubén Darío y, en medio del caos, el escritor checo Franz Kafka hacía editar un libro que lo exponía: La metamorfosis.

Sin la fastuosidad que enmarcara en 1910 la celebración del 25 de Mayo, la nación se preparaba para festejar el 9 de Julio el Centenario de su Independencia con el telón de fondo de una gran agitación social.

Los antecedentes de esta agitación se remontaban a 1880. AI asumir ese año la Presidencia de la Nación el general Julio Argentino Roca, instituyó un régimen presidencialista con un Poder Ejecutivo fuerte, imponiéndose a los otros Poderes, el Legislativo y el Judicial. Bajo el lema, "Paz y Administración", el sistema -inscripto en la historia argentina como el régimen a secas- se componía de un núcleo cerrado dirigente que manejaba los asuntos públicos, disponiendo cargos y lineamientos que orientaban a la República en lo político, económico, social y cultural. El centralismo de la recién federalizada Buenos Aires se mantenía, al igual que en tiempos de la Gran Aldea, por el privilegio de contar con la Aduana y sus costosos peajes en un país agrícola-ganadero, carente de industrias, y que necesitaba importar desde los clavos hasta los jabones.

Hay que hacerle justicia a Roca, tan vilipendiado actualmente, puso en marcha un programa modernizador -ferrocarriles y construcción de caminos- que aportó crecimiento y notables mejoras en el transporte y calidad de vida del interior. Se promovió la inmigración sin trabas, y esto jugó papel decisivo en el adelantamiento del país: se crearon pequeñas industrias, talleres, y comercios de todo tipo en las ciudades, y el sector rural incrementó su rendimiento con colonias bien organizadas y campesinos expertos de la Vieja Europa.

En esta primera presidencia (1880-1886) la autoridad de Roca fue incontrastable, aunque, como era de esperar, se había formado un frente opositor entre cuyos conductores figuraba el abogado Leandro Nicéforo Alem y comenzaba a destacarse su sobrino, Hipólito Yrigoyen. 

Alem y sus seguidores se oponían a un programa político desde el Estado, el poder, y propiciaban uno desde la ciudadanía, la sociedad.

Decidido a mantener su sistema, Roca escogió como sucesor para el período 1886-1892 a un pariente, Miguel Juárez Celman. A causa de la creciente oposición, la elección estuvo viciada de fraude; el nuevo Presidente sostuvo el régimen en tanto embarcaba al país en una orgía de despilfarro y desaciertos financieros que concluyeron en una grave crisis y la Revolución del Parque en 1890. Juárez Celman se vio obligado a renunciar y, con la anuencia de Roca, asumió el vicepresidente Carlos Pellegrini. 

En 1892 la fórmula Luis Sáenz Peña- José Evaristo Uriburu, también apoyada por Roca, esta vez con ayuda de Bartolomé Mitre, ganó -con mayor fraude si cabe- la contienda electoral. El régimen continuó con Roca entre bambalinas, pero los aprietos económicos y las rebeliones provinciales se sucedieron al punto de forzar el alejamiento de Sáenz Peña en 1895.

Medallas del centenario de la Independencia
Medalla conmemorativa del Centenario de la Independencia

Se acusaba al roquismo, de despojar a la nación con sus enormes gastos, desmesurado incremento administrativo y difíciles pagos de la tremenda deuda externa. Se había formado la opinión pública, y la doctrina de Engels y Marx, traída en el equipaje de muchos inmigrantes, aumentó el disgusto por la hegemonía de terratenientes y ganaderos, y la inacción de la dirigencia política para solucionar los problemas de vivienda y subsistencia de la clase obrera. Un estrato intermedio, la pequeña burguesía, actual clase media, temía por su futuro hipotecado, y los universitarios surgidos de esa veta social no dudaban en incorporarse a la facción opositora. "El país está enfermo de fraude", afirmaba una editorial del diario La Nación.

Al renunciante Sáenz Peña le sucedió el vicepresidente Uriburu. Al término de su mandato, en 1898, Roca, con intenciones pacifistas y sin mayor impedimento -Alem se había suicidado en 1896 e Yrigoyen, jefe del partido la Unión Cívica Radical, decretó la abstención electoral- asumió su segunda presidencia. Cumplió sus promesas de campaña: siquiera en la superficie, el país se aquietó. El afán gremialista sirvió para que los trabajadores se ocuparan de ellos mismos y no de protestar contra el gobierno, empresas, industrias y comercios, sin temor a disturbios, progresaron.

El año 1900 llegó, no con el fin del mundo profetizado sino con el vals "Danubio Azur", y llegó 1904 con otra elección: Manuel Pedro de la Quintana, amigo de Roca, fue electo Presidente. 

EI 4 de febrero de1905 Yrigoyen, cuyo partido tenía gran cantidad de afiliados en el interior y en la siempre decisiva provincia de Buenos Aires, intentó una revolución prontamente desbaratada; detenido, fue liberado a los pocos días. Para entonces, al país había llegado la violencia de la anarquía que asolaba a Europa desde décadas atrás. El 11 de agosto de 1905 Quintana fue objeto de un atentado perpetrado por un anarquista catalán que trató de balear el carruaje que conducía al Presidente (ER N° 15).

En 1906, por fallecimiento de Quintana, el vicepresidente José Figueroa Alcorta se hizo cargo del Ejecutivo y le cupo el honor de presidir en 1910 los festejos por el Centenario de la Revolución de Mayo. Ese mismo año, y sin oposición -Yrigoyen nuevamente ordenó no participar- Roque Sáenz Peña asumió la Presidencia. En febrero de 1912 logró que se promulgara la ley que obligó a Enrolamiento General, Voto Secreto y Obligatorio y Padrón Electoral. Para que esta iniciativa presidencial tuviera éxito era necesario que los radicales dejaran a un lado su abstención. Yrigoyen creyó en la nueva ley y decidió que la UCR concurriera a las elecciones en Santa Fe, donde ganó.

En 1914 un atentado en Sarajevo lanzó a siete países a la guerra, falleció Roque Sáenz Peña y el vicepresidente, Victorino de la Plaza, asumió la primera magistratura. Murió también Roca, cuyo régimen daba sus últimos coletazos. La conflagración europea repercutió de inmediato en nuestra economía, paralizando el comercio exterior de carnes y granos. La suspensión del arribo de productos manufacturados y combustible y la drástica disminución de las rentas aduaneras trajeron problemas de todo tipo que concluyeron en lo previsible: crisis financiera. A pesar de ello, algo favorable sucedió: obligado el país a resolver por sí mismo sus necesidades, se inició la independencia económica. Se desarrollaron las industrias locales y se organizó la Marina Mercante para realizar importaciones y exportaciones con barcos propios.

En la costa sur de nuestro territorio, en 1915, fue apresado por un crucero inglés el vapor argentino Presidente Mitre (ER N° 27). Aunque Victorino de la Plaza había hecho conocer internacionalmente la neutralidad argentina, la guerra no marginaba a nadie: por la situación confusa, el cónsul argentino en Dinant (Bélgica) fue fusilado por un pelotón alemán, episodio que desató creciente odio hacia Alemania, del que se hicieron eco los periódicos.

El año 1916 comenzó en Europa con más naciones arrastradas al conflicto bélico, y con nuestro país alterado por la crisis. la inminencia de la elección presidencial atenuó las protestas y la proclamación de la fórmula Hipólito Yrigoyen - Pelagio Luna hizo cundir el entusiasmo. Yrigoyen, ya impredecible, se hizo de rogar para aceptar la candidatura. El 2 de abril votó la ciudadanía y el 10 se conoció el resultado: la UCR había triunfado por amplia mayoría sobre los otros Partidos: el Conservador, el Demócrata Progresista y el Socialista.

La satisfacción general por el próximo cambio de gobierno se trasladó a los actos por el Centenario de la Independencia. Llegaron a Buenos Aires delegaciones de todo el mundo, a pesar de la guerra, y en ciudades y pueblos de la República se realizaron grandes festejos con mucho júbilo y bullicio. El 9 de Julio culminó la fiesta en la Capital con un imponente desfile militar, pero la jornada pudo haber terminado trágicamente. Concluía el paso de las tropas cuando un hombre gatilló dos veces un revólver hacia el balcón presidencial; el primer disparo falló, el segundo rebotó a centímetros de la cabeza de Victorino de la Plaza. El público detuvo al agresor y la policía evitó que lo lincharan, en tanto el Presidente, haciendo honor a su apodo de Doctor Confucio, miraba impasible los últimos batallones del desfile. El autor del atentado no era un anarquista, sino un sujeto de pocas luces decidido a vengar la ejecución de dos asesinos por considerarla injusta (ER N° 16). 

El 12 de octubre Yrigoyen juró en el Congreso; en su desborde, el pueblo desenganchó los caballos de su carruaje, IIevándolo a pulso hasta la Casa de Gobierno. Casi 14 años después, en 1930, el pueblo, enardecido, saqueará su casa y arrojará su cama por el balcón. En 1933 ese mismo pueblo, acongojado, llevará su féretro en brazos sobre un mar de cabezas hasta la Recoleta. 

Mario José Buschiazzo

    Publicado en el Periódico El Restaurador - Año X N° 40 - Setiembre 2016 - Pag. 10   

 Bicentenario de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América el  9 de Julio de 1816 

 

La Casa de Tucumán

Mario José Buschiazzo

Fue arquitecto, docente (de enseñanza secundaria, terciaria y universitaria), escritor, investigador, entre otras actividades.

Nació en Buenos Aires, el 10 de diciembre de 1902, en una familia en la que abundaban los arquitectos. 

Después de cursar el bachillerato en la localidad de Olivos, donde obtuvo medalla de oro por ser el mejor alumno, ingresó en la Universidad de Buenos Aires, recibiéndose de arquitecto en 1927, y donde posteriormente también se desempeñó como profesor titular a partir de 1941 y fue designado como profesor emérito en 1967.

Volcó toda su actividad profesional y su vocación en la función pública, especializándose en la problemática del patrimonio cultural, desempeñándose en los Ministerios de Obras Públicas de la Nación y Provincia de Buenos Aires.

Realizó importantes investigaciones sobre arte y arquitectura hispanoamericana en las que se especializó. Fue autor de numerosos libros -además de folletos, artículos, etc.- sobre el tema, citaremos entre otros: La arquitectura colonial (su primer libro), La Catedral de Córdoba (1941), Buenos Aires y Córdoba en 1729 (1941), La Catedral de Buenos Aires (1943), Estudios de arquitectura colonial en Hispanoamérica (1944), La Iglesia del Pilar (1945), Argentina, monumentos históricos y arqueológicos (1959), Art-Noveau en Buenos Aires (1965). 

Además de realizar numerosos proyectos para construcciones nuevas para el Estado, fue un importante arquitecto conservacionista, restaurador también de edificios históricos como los Cabildos de Buenos Aires y Salta, la Posta de Sinsacate, la Casa de Sarmiento, el Palacio San José, la Misión Jesuítica de San Ignacio, la Casa de Tucumán, el Convento de San Francisco (en Santa Fe), el Convento de Santo Domingo (en San Juan), la Capilla de Pumamarca, entre muchos otros y también realizó importantes trabajos de restauración en la Casa de la Moneda de Potosí -Bolivia-. 

Falleció a los 67 años en su casa de Adrogué el 15 de agosto de 1970.

En un país, como el nuestro, donde lo antiguo y tradicional no es respetado ni cuidado, la figura de Buschiazzo sobresale y se destaca y todo su trabajo, tanto intelectual como restaurador, debe ser realmente valorado como un aporte importantísimo para la cultura argentina y americana.

Nuestra Argentina, su historia y su cultura, le deben mucho a este SEÑOR Arquitecto …un verdadero patriota.

La Casa de Tucumán

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año X N° 40 - Setiembre 2016 - Pags. 8 y 9    

 Bicentenario de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América el  9 de Julio de 1816 


Declaración de la Independencia
La Casa de Tucumán 

por Norberto Jorge Chiviló


¿Qué puede ser más representativo para nuestros sentidos cuando nos referimos al 9 de julio, que la imagen siempre presente de la Casa de Tucumán?. Muchísimas veces la hemos dibujado siendo niños. ¡Qué trabajo nos daba dibujar las columnas torneadas, junto a la puerta! ¡Cuántas veces las borrábamos y recomenzábamos la tarea!. Muchos de los lectores también recordarán que allá en la década del 50' del siglo pasado, en las páginas centrales de la revista infantil "Billiken", editada en la semana de julio, algunas veces veía dibujada la histórica casa, para ser recortada y armar la conocida fachada.


Su historia

La casa en la que se declaró la independencia en 1816, había sido construida entre los años 1760-1780, por el alcalde Diego Bazán, quien al casar su hija con el comerciante español Miguel Laguna, la dio en dote.

La casa de estilo barroco colonial, edificada en un terreno que medía 29,256 m. de frente por 69,379 m. de fondo, estaba ubicada sobre la llamada "Calle del Rey" y era uno de los mejores edificios de la ciudad de aquél entonces ya que se destacaba por sus dos gruesas columnas torneadas o retorcidas o en espiral, denominadas también "salomónicas" o "helicoidales", las que descansaban sobre pedestal de ladrillo, ubicadas a ambos lados de un portón de madera de dos batientes -ubicado en el medio del frente de la edificación- y por la cual se entraba a un zaguán, y a uno y otro lado se accedía a dos amplios locales, uno a derecha y la otro a la izquierda, cada uno de ellos con una ventana con rejas voladas que daban a la calle. A continuación había un primer patio franqueados por tres salones principales -habitaciones para la familia, la sala y el comedor- ubicados a cada lado y al fondo; luego venía un segundo patio, rodeado de galerías y cerrado hacia el fondo por un grupo de dependencias, destinadas al personal de servicio, que lo separaba, a su vez, del fondo del inmueble, donde había una huerta y árboles frutales y estaba el pozo de agua con su brocal. 

Declaración de la Independencia


La estructura del techo a dos aguas, estaba formado por cabreadas de madera con un entramado de caña hueca y barro, el techo era de tejas españolas de medio punto. Salvo el portal -zaguán y los dos locales laterales- que había sido construido con ladrillos, el resto consistía en muros de tierra apisonada y adobes, revocado con barro y cal. Las columnas de las galerías eran de madera. Ese tipo de construcción demandaba un continuo mantenimiento, para que las intensas lluvias no lo deterioraran.

  Con motivo de la batalla de Tucumán, en 1812, la casa fue alquilada por el Estado para la servir de cuartel y tres años después se alquiló para instalar la Aduana, las Cajas Generales y el Almacén de Guerra.

Poco después y a falta de edificios más adecuados para que pudiera funcionar el Congreso Constituyente que debía sesionar en la ciudad de Tucumán, se decidió destinar esa casa con ese fin, efectuándose nuevas reformas con la ampliación del salón destinado a la realización de las reuniones, demoliendo una pared que separaba el comedor de la sala contigua (en el primer patio) para así hacerlo más grande y apropiado; se repararon techos y se instalaron nuevas letrinas. Mucho del mobiliario que se utilizó en las sesiones fue prestado por algún vecino o por las órdenes religiosas de la ciudad.

Cuando el Congreso dejó de sesionar en esa ciudad, para trasladarse a Buenos Aires, lo que ocurrió en febrero de 1817, la casa cayó en decadencia durante las décadas siguientes, debido al paso del tiempo y a la falta de cuidados adecuados, por lo que fue deteriorándose cada vez más.

En mayo de 1861, una descendiente de los primitivos propietarios, la Sra. Gertrudis de Zavalía, elevó una nota a las autoridades, para que se la eximiera del pago de impuestos por esa propiedad, lo que le fue concedido.

La nota decía: "…Que por Ley de contribución directa están exceptuados los templos, en que se rinde culto al Ser Supremo, como era regular, pero existe en esta ciudad un Santuario, que si bien yace olvidado por la Nación a causa de [las perturbaciones] políticas, a cargo de una familia decaída de su antigua fortuna, que lo conserva intacto con religioso respeto; el cual, hay también fundada razón para que esté comprendido en aquella excepción de la renta. Me refiero, excelentísimo Señor, a la casa monumental de nuestra propiedad, donde se juró la Independencia de las Provincias Unidas de Sud-América por los Padres de la Patria".

"La conservamos en la misma forma que tuvo en aquella época memorable de la historia argentina, esperando que la nación recoja bajo su amparo, y consagre a la veneración de las generaciones venideras ese recinto glorioso, privándose del provecho que su transformación nos ofrece, por esa consideración; y no me parece equitativo que soportemos el gravamen de la contribución, cuando tenemos la conciencia de merecer algún galardón por el servicio de la casa en aquel tiempo, hasta ahora no remunerado, y por su esmerada conservación".

En el año 1869 el italiano Ángel Paganelli, radicado en Tucumán desde 1865, que fue gran retratista de edificios, calles y otras vistas principalmente de la capital tucumana e ingenios azucareros, tomó las dos únicas fotografías que existen de la casa histórica, una que muestra el frente ruinoso y casi destruido, con unos personajes sentados en la vereda y la otra que corresponde al primer patio en la que se ve el exterior del salón donde habían tenido lugar las sesiones del Congreso de 1816, en el que dos mujeres aparecen sentadas a la sombra.

Declaración de la Independencia


En el año 1872 el presidente Nicolás Avellaneda emitió un decreto para adquirir la casa y establecer en ella la oficina de Correos y el Juzgado Federal, debiéndose conservar el "antiguo y venerable salón" donde se había producido la jura de la independencia . Se autorizó así la demolición de gran parte de la casa que daba al frente, para construir en su reemplazo un nuevo edificio con "una fachada neoclásica, con pilastras y medias columnas dóricas soportando un entablamiento y gran frontis… Una portada central de medio punto y seis ventanas llenaban la fachada… dos leones acostados flanqueaban el arranque del frontis", para dar cabida a aquellas oficinas gubernamentales, las que funcionaron en la nueva edificación del frente y el costado izquierdo, separadas por el patio del Salón de la Jura ubicado a la derecha, el que anualmente era engalanado para la celebración de la magna fecha.

Lamentablemente por aquellos años, no se daba importancia a la tradición ni a los edificios históricos, que no solo no se los cuidaba y protegía -contrariamente a lo que ocurría en otros países- sino que la piqueta los derribaba, para construir nuevas edificaciones más acorde con los tiempos que corrían de la "civilización" y el "progreso".

Evidentemente ese nuevo edificio tampoco fue debidamente conservado y amenazaba en convertirse en ruinas ya que en el año 1904, durante la presidencia de Julio A. Roca, se dispuso por decreto la demolición de toda la casa, excepto el salón histórico. A fin de preservar el mismo y darle más realce se construyó un gran pabellón o templete de estilo francés, a dos aguas, propio y característico de principios del siglo XX, con amplios vitrales franceses, dentro del cual quedó protegida la histórica sala, como una pequeña casita con techo de tejas a dos aguas y de allí que los visitantes se refirieran a la misma como la "casita de Tucumán" y como actualmente, a veces, también se la sigue designando. A dicho templete, que popularmente se la llamaba "la quesera", se ingresaba tras pasar un importante pórtico de rejas y un atrio o patio, con palmeras, a cuyos costados había unos murales o bajorrelieves de bronce, obra de la escultora tucumana Lola Mora, que evocaban las dos principales fiestas nacionales, el 25 de Mayo y el 9 de Julio, de gran valor artístico, pero criticadas como documento histórico. El pabellón en su interior contaba con una especie de balcón, donde se situaban las autoridades en las ceremonias oficiales y en sus muros se colocaban las distintas placas conmemorativas.

Declaración de la Independencia

 

Esa construcción de tipo afrancesada, como decía el historiador Guillermo Furlong "lejos de realzar la Sala de la Jura que quedaba bajo de ella, la achicaba y la humillaba".

En 1916 en el centenario de la Independencia, se expropió un inmueble lindero a la casa, que actualmente es el patio de homenajes y donde se encuentran los murales de Lola Mora.

En 1941, se dispuso reconstruir la casa como era originariamente, tarea encomendada al arquitecto Mario J. Buschiazzo, quien a fin de realizar tal importante obra se valió para concretarla, de antiguos planos y las invalorables fotografías que había obtenido Paganelli años atrás. Se utilizaron en la reconstrucción elementos arquitectónicos originales del siglo XVIII, provenientes de otras demoliciones, como puertas, ventanas, columnas, tejas, rejas, etc. El 12 de agosto de ese año, la casa fue declarada Monumento Histórico Nacional.

La casa reconstruida, obra magistralmente realizada por el mencionado arquitecto, fue inaugurada por el presidente Pedro P. Ramírez en el aniversario de la batalla de Tucumán, el 24 de setiembre de 1943.

Desde el año 1992, el 9 de julio de cada año, la ciudad de Tucumán se convierte en Capital de la República y en la Casa Histórica se realiza el acto conmemorativo, con la presencia de las más altas autoridades nacionales y provinciales.


Los colores de la Casa histórica

Declaración de la Independencia


Nos habíamos acostumbrados a ver en ilustraciones -especialmente en los manuales escolares- , los muros de la casa pintados de amarillo, mientras que puertas y ventanas eran verdes y así las pintábamos cuando éramos niños. Esa versión venía originado en un óleo -"Frente de la casa en que se reunió el Congreso de Tucumán, 1816"- pintado por el artista cordobés Genaro Pérez, realizado a fines del siglo XIX, que se encuentra en el Museo Histórico Nacional.

A mediados de los años '90 del siglo pasado, y como consecuencia de trabajos de mantenimiento realizadas en el lugar -cambio de tejas y arreglos en puertas y ventanas comprobándose restos de pintura de color azul- a la par de investigaciones hechas el Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán, dieron como resultado que el Congreso que había sesionado en 1816, había encargado la compra de "Azur Prusia" para pintar las puertas y ventanas y cal, para banquear las paredes, siendo estos los colores patrios que habían sido establecidos por la Asamblea del Año XIII.

Así el 9 de julio de 2009 la casa recuperó sus antiguos y originales colores que ostentan en la actualidad.


Fuentes.

Furlong, Guillermo, S.J. "La casa histórica de la Independencia", Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, s/fecha.

Asociación de Amigos del Museo. Folleto: "Museo Casa Histórica de la Independencia Nacional - Historia de la Casa", San Miguel de Tucumán, 1999.

sábado, 1 de marzo de 2008

El defensor de la independencia nacional

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año II N° 6 - Marzo 2008 - Pag. 1 y 2 
 
Juan Manuel de Rosas
Juan Manuel de Rosas
EL DEFENSOR DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL

A 170 AÑOS DEL BLOQUEO A LA CONFEDERACION ARGENTINA

Por Norberto Jorge Chiviló

Cuando en nuestra juventud estudiamos la historia argentina, la mayoría de los maestros y profesores nos la enseñaban de manera parcial ya que la historia oficial por ejemplo sólo daba importancia a las contiendas en las que nuestro país había participado en el Siglo XIX: las guerras por la independencia, la guerra contra el Brasil, la guerra de la triple alianza, ignorando las que nuestro país mantuvo contra Francia primero y contra Francia e Inglaterra después –ambas durante la época de la Confederación Argentina- las que eran ocultadas y silenciadas y cuando nos enseñaban sobre la época de Rosas, sólo se hacía mención al terror y a la Mazorca… 

Del General San Martín, sólo se nos hacía saber de su lucha emancipadora y que después de la misma se había radicado en Europa y que de anciano, cuidaba a sus nietas y nada más. Se desconocía el porqué San Martín, tuvo que radicarse fuera de su patria y la actuación que le cupo en las dos contiendas que nuestro país mantuvo en el período 1838/1847. 

En este año se cumple el 170º aniversario del bloqueo de Francia al puerto de Buenos Aires y de todo el litoral, hecho éste que el grueso de nuestra población desconoce y que como ya se dijera, fue durante muchísimos años ocultado y silenciado. 

Al inicio de este conflicto, vamos a referirnos en esta nota.

Nuestra Independencia

A pocos días del 9 de julio de 1816, cuando el Congreso reunido en la Ciudad de Tucumán había declarado nuestra independencia “del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”, a instancias del diputado Medrano en la sesión del día 19 de dicho mes se acordó agregar al acta “…y de toda otra dominación extranjera”. 

Ese agregado al Acta de la Independencia se debió a los temores que existían de someternos a otra potencia, ya que ciertos sectores habían tomado contactos -en 1815- con el Reino Unido de Gran Bretaña para anexar estas tierras como colonia a Inglaterra o con la Casa de Portugal con parecidos propósitos. 

Entonces, no sólo debíamos independizarnos del poder español, sino de todo otro poder y dominación extranjera. 

A casi veintidós años de aquella fundamental Declaración de Independencia, se produjo el primer intento de una potencia extranjera (Francia) de avasallar nuestra independencia nacional. 



Ley de 1821

Por una ley de 1821, los extranjeros con más de dos años de residencia en nuestro país, o que fueran propietarios, comerciantes o artesanos radicados aquí, estaban obligados al servicio de las armas, ya sea para el cuidado del orden en las ciudades, cómo para la defensa de las fronteras (estaban eximidos los extranjeros en tránsito). Esa ley era similar a la que existía en los países civilizados de la época.

Tratado de Amistad y Comercio con Gran Bretaña

En febrero del año 1825 el reino de Inglaterra reconoció nuestra independencia –siendo el primer país en hacerlo- y firmó con el nuestro -denominado en aquella época como Provincias Unidas del Río de la Plata- un tratado de Amistad y Comercio. Por una de sus cláusulas los naturales de estos dos países estaban eximidos de prestar servicios de armas en el otro.

Situación en Europa

Con la caída definitiva de Napoleón en Waterloo en 1815, Francia dejó de ser una potencia de primer orden, por el contrario Inglaterra aseguró su carácter de primera potencia mundial que mantendría durante el resto del siglo y principios del Siglo XX. 

Después de Waterloo, se produjo la restauración monárquica en toda Europa, fue repuesto en el trono de España Fernando VII y en Francia asumieron de nuevo los Borbones (recordemos que el último rey había sido Luis XVI, destronado por la revolución francesa de 1789). 

En julio de 1830 se produce una revolución en Francia que destrona a Carlos X y se sienta en el trono de esa nación Luis Felipe I de Orleans. Al otro lado del Canal de la Mancha, en Inglaterra se inicia en 1837 el largo reinado de la reina Victoria. 

El monarca Luis Felipe de Orleans, inicia en Francia una política nacionalista y trata de revivir las tradiciones napoleónicas. Reivindicó las antiguas fronteras francesas y en acto solemne enterró las cenizas de Napoleón en el cementerio de Los Inválidos en París.

Situación en nuestro país

Durante el primer período en el que Juan Manuel de Rosas se desempeñó como Gobernador de la Provincia de Buenos Aires (diciembre de 1829 a diciembre de 1832), se firmó en el año 1831 el Pacto Federal, que fue el inicio de la Confederación Argentina. 

El 1835 Juan Manuel de Rosas llegaba de nuevo a ser Gobernador, plebiscitado por todo el pueblo de la ciudad de Buenos Aires, ya que de 9.720 ciudadanos que votaron, sólo 7 se opusieron a que se le concedieran las facultades extraordinarias, que había solicitado para poder gobernar, atento a los difíciles momentos en que vivía el país (en febrero se había producido el asesinato de su amigo, el general Juan Facundo Quiroga). Domingo F. Sarmiento, afirmaría años más tarde "Rosas era un republicano. Era la expresión de la voluntad del pueblo y en verdad que las actas de elección así lo muestran…Rosas era popular... Rosas era una manifestación social, una fórmula de una manera de ser de un pueblo. La suma del poder público le fue otorgada por aclamación y plebiscito, someti­endo al pueblo la cuestión" (Obras Completas, Tomo XXVII). 

En el mes de mayo de 1837, se produjo la guerra entre nuestro país, aliado a Chile contra la Confederación peruano-boliviana al mando del Mariscal Andrés de Santa Cruz, quien había firmado un tratado con Francia, era apoyado por ésta potencia y daba asilo a los emigrado argentinos del partido unitario quienes conspiraban contra el gobierno argentino; Santa Cruz tenía la intención aviesa de lograr la secesión de las provincias norteñas argentinas y su incorporación a aquella Confederación. (Santa Cruz fue vencido por los chilenos en Yungay en 1839).

El expansionismo francés

El expansionismo francés, también buscó tierras y países en el sudeste asiático, Oceanía, Africa y América, para establecer colonias o protectorados, obtener materias primas y dar salida a los productos manufacturados y crear un nuevo imperio colonial. 

En el año 1830 bajo el reinado de Carlos X se inició la conquista de Argel (Norte de Africa), la que fue seguida por Juan Felipe de Orleans. Después de la conquista de la zona costera, la expansión francesa se extendió hacia el interior (finalizando en 1847). En México, simultáneamente con los hechos del bloqueo al Río de la Plata, un pequeño robo de unos pasteles a un panadero francés originó lo que se llamó la guerra de los pasteles. Francia reclamó exorbitantes indemnizaciones al gobierno mejicano, llegando al bloqueo naval de Veracruz y al bombardeo de la fortaleza de San Juan de Ulúa.

El inicio del conflicto con la Confederación Argentina

A fines de 1837 el vicecónsul francés, de nombre Aimé Roger, -aprovechando la situación creada con la Confederación Peruano-Boliviana y creyendo que nuestro país ante esa situación y la presencia ante el puerto de Buenos Aires, de la importante escuadra gala, cedería a sus pretensiones- efectuó una serie de reclamaciones al gobierno argentino, una de ellas era que sus connacionales fueran eximidos de prestar servicio en la milicia porteña, tal como ocurría con los británicos. Las reclamaciones eran totalmente improcedentes, no sólo por el carácter de quien las hacía, que carecía de facultades diplomáticas para ello, pues no tenía el rango de embajador, sino también por las causales que originaban aquellos reclamos, pues los franceses no podían obtener los privilegios de los que gozaban los ingleses, derivados de un tratado libremente firmado. Quería en definitiva que se diera a los franceses el trato de la nación más favorecida, igualándolos a los ingleses, pese a que no existía (con los franceses) un tratado que así lo dispusiese (y que sí existía con los ingleses). El reclamo fue apoyado por la flota francesa apostada en Río de Janeiro, a la sazón trasladada al Río de la Plata al mando del contraalmirante Louis Leblanc (con 8 navíos de guerra). 

Esos reclamos originaron el primer conflicto entre nuestro país y Francia. 

Como se dijo, el Vicecónsul Roger, no representaba a Francia. Quien puede representar a un país ante las autoridades de otro, debe haber sido designado Embajador, siendo el Vicecónsul un agente con funciones sólo administrativas y que no representa a su país. 

A través de todo el conflicto que se extendió por más de dos años, nunca Rosas se negó a negociar con Francia, lo que sí pidió es que se designara a un embajador o ministro plenipotenciario con facultades suficientes como para firmar un Tratado con la nación gala. Tampoco quiso Rosas firmar un tratado bajo la presión y amenazado por la flota francesa. 

Lo que siempre quiso Rosas era que la cuestión debía solucionarse de país a país en igualdad de condiciones, como dos países soberanos y sin presiones de ningún tipo. 

El día 28 de marzo de 1838, los franceses declaraban en estado de riguroso bloqueo “el puerto de Buenos Aires y todo el litoral del río perteneciente a la República Argentina”.

Hechos posteriores al establecimiento del bloqueo

El bloqueo duró aproximadamente dos años y medio. 

Durante ese lapso, la Confederación Argentina, debió afrontar diversos problemas de orden económico que le ocasionaba la imposibilidad de importar y exportar mercaderías y otros de carácter político y militar, tendientes a derrocar a Rosas. 

En el mes de octubre de 1838 (día 10) y después de un cruento combate ante la férrea defensa de la guarnición argentina al frente de Jerónimo Costa y Juan Bautista Thorne, los franceses tomaron la isla de Martín García. 


En febrero de 1839 se produjo el levantamiento del gobernador correntino Genaro Berón de Astrada. 


Conspiración en la Ciudad de Buenos Aires en junio de 1839 del Coronel Ramón Maza –hijo del Presidente de la Legislatura Manuel Vicente Maza-. 

Invasión al suelo argentino del “Ejercito Libertador”, al mando del general Juan Lavalle en setiembre de 1839. 

Levantamiento de los hacendados en el sur de la campaña de la Provincia de Buenos Aires, quienes al verse afectados por la imposibilidad de dar salida a la producción de cueros y carne salada, promovieron un levantamiento contra el Gobernador Rosas, que la historia oficial mal llama “Revolución de los Libres del Sud” en octubre y noviembre de 1839. 

Estos hechos que contaron con la connivencia y colaboración de unitarios, orientales al mando de Fructuoso Rivera y franceses, serán analizadas en las distintas ediciones futuras de este periódico.

La correspondencia entre San Martín y Rosas

A raíz también de este conflicto entre nuestro país y los franceses, se produjo el inicio del intercambio epistolar entre nuestro Libertador, el Gral. Don José de San Martín, en esos momentos residente en Francia y el Restaurador Juan Manuel de Rosas que se convertiría a través del tiempo en una férrea amistad entre estos dos grandes de nuestra historia.

Finalización del conflicto

El conflicto franco-argentino, finalizó cuando Francia envió un Ministro Plenipotenciario, el Almirante Barón Ange René Raymond de Mackau, con facultades suficientes, quien suscribió con el canciller don Felipe Arana, el Tratado Arana-Mackau, (28 de octubre de 1840), que es una “obra de arte” de la naciente diplomacia argentina, digna de aquella gloriosa Confederación Argentina. 

Juan Manuel de Rosas, se convirtió en el defensor de la independencia nacional e hizo efectiva aquella frase que se incluyó en el Acta de nuestra Independencia “…y de toda otra dominación extranjera”. 

Desde entonces, su nombre y el de la Confederación Argentina, serían pronunciadas con respeto en las cancillerías extranjeras.