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jueves, 22 de agosto de 2024

Pedido para la instalación de un mástil en la Casa de Rosas

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

258

  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En el presente caso no se trata de presentar una publicación sino unas notas presentadas en la Municipalidad y el Honorable Concejo Deliberante de General San Martín, solicitando la autorización para instalar en la Casa de Rosas -Museo Regional Juan Manuel de Rosas- un mástil para el izamiento de la bandera histórica de la Confederación Argentina.

Dicho pedido no mereció la consideración de las autoridades municipales.

Para conocimiento de los lectores de este Blog, se agregan a continuación las mencionadas notas.Museo Casa de Rosas

Casa de Rosas en San Andrés

Mástil en la Casa de Rosas

Casa de Rosas - Museo Regional

Museo regional de San Martín


Casa de Rosas - Museo Rosas


miércoles, 21 de agosto de 2024

Monumento a Camila O'Gorman en la Casa de Rosas

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

257

  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En el presente caso no se trata de una publicación sino una nota presentada en la Municipalidad y dirigida al Intendente en esos momentos, Dr. Ivoskus, oponiéndome a la instalación de un "monumento" de Camila O'Gorman en la Casa de Rosas. 

Para conocimiento de los lectores de este Blog, se acompaña a continuación esa nota, que no fue contestada por la autoridad municipal. 


Monumento a Camila O'Gorman

Casa de Rosas


domingo, 27 de agosto de 2023

Encuentro Regional de Historia Bonaerense - Casa de Rosas - Folleto

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

234

  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

Publicamos este folleto del Mojón Cultural de la Soberanía Nacional (c. 2006) sobre LA CASA DE ROSAS, cuyo texto es autoría del Dr. Carlos Manuel Torreira, con motivo de haberse realizado en la Ciudad de Gral. San Martín el LIV Encuentro Regional de Historia Bonaerense

Carlos Manuel Torreira

Casa de Rosas

Casa de Rosas

Carlos Barbera

martes, 21 de marzo de 2023

Edificios donde funcionó la Corte Suprema de Justicia de la Nación - Caserón que perteneció a Rosas

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

159

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 


Este artículo que a continuación se reproduce, fue publicado en el revista Abogados, de mayo-junio de 2005.

Corte Suprema

La itinerante Casa de Justicia

por Carlos Fresco (Periodista e historiador)

La primera sede de la Corte estuvo emplazada en lo que fue la casa de Juan Manuel de Rosas, en Bolívar y Moreno.

Edificio de la Corte Suprema
Caserón de Juan Manuel de Rosas en Bolívar y Moreno (c. 1910)

El poder más joven de la República, la Corte Suprema de Justicia, sesionó en distintos edificios, alguno de ellos de larga trayectoria, hasta que finalmente hoy tiene su lugar definitivo en el Palacio de Tribunales, en el solar que ha sido mudo testigo de los avatares de nuestro pasado.


El Poder Judicial de la Nación es el más joven de los tres poderes instalados en la República Argentina.
La primera Corte, designada por Urquiza a fines de 1854, nunca llegó a reunirse. El presidente de la República Bartolomé Mitre (1862-1868), de acuerdo con la ley, organizó la Corte Suprema Federal de Justicia de la Nación.
El 18 de octubre de 1862, Mitre, por medio de un decreto, nombró la primera Corte argentina con la presidencia de Valentín Alsina, Francisco de las Carreras, Salvador María del Carril, Francisco Delgado, José Barros Pazos y Francisco Pico como procurador general.
El 15 de diciembre decretó que el tribunal principal se instalara un mes más tarde. Pero Alsina no aceptó ser presidente del mismo, por lo que Mitre, por decreto del 1° de junio de 1863, nombró en ese puesto al doctor Francisco de las Carreras, que permaneció en el cargo hasta 1870.

Su residencia
La Corte sesionó en lo que fue el caserón de Juan Manuel de Rosas en la ciudad, que comprendía casi media manzana, limitada por mitad de cuadra de Bolívar, toda la cuadra de Moreno y la esquina de Perú donde hoy está el bar El Querandí.
Originalmente, sobre Moreno estaba la casa que era de Juan Ignacio de Ezcurra, padre de Encarnación. Allí fue a vivir Rosas al poco tiempo de casarse con ésta. En 1836 (1) Rosas comenzó a comprar las casas linderas, y finalmente le adquirió (2) a su suegra, Teodora Arguibel, la casa paterna de su mujer. Así, y mediante las modificaciones que realizó el maestro Miguel Cabrera, se formó ese gran caserón que fue sede de su gobierno en la ciudad.
Cabe recordar que en ese mismo caserón tuvo su asiento (3) el gobernador provisorio de la provincia de  Buenos Aires después de Caseros, doctor Vicente López y Planes, dado el estado de abandono que presentaba el Fuerte de Buenos Aires.
Allí, en ese edificio con una larga historia, el 11 de octubre de 1863, por una acordada, la Corte dictó su reglamento interno, y el 15 de ese mes, su primera sentencia; por ello éste es el día elegido para celebrar el aniversario del máximo tribunal argentino, diez años después de haber sido creado por la Constitución de Santa Fe de 1853.

Cambios de edificios
En 1886, el Supremo Tribunal, presidido por José Benjamín Gorostiaga (4) desde 1878 hasta 1886, arrienda la propiedad de Andrés Egaña, casi lindera a la primera ubicación, Perú 195- 199 (en ese entonces la numeración correspondía a la esquina de Belgrano (5)).
En 1902, siendo atin presidente de la Corte el doctor Benjamín Paz (6), ésta ocupó oficinas del edificio de San Martín 275, donde hoy está el Banco Central; la Cámara Civil, en el Cabildo; y los jueces del crimen trabajaban en dependencias del Departamento de Policía, inaugurado en 1889. Posteriormente, y a la espera de que se terminaran las obras del edificio de Tribunales, la Corte Suprema ocupó el primer edificio que se construyó dónde iba a estar la Escuela Petronila Rodríguez.

La casa definitiva para la Justicia
En la Cámara de Senadores, el miembro informante Carlos Doncel se refirió a “la necesidad urgente y sentida de proveer de un edificio adecuado a los tribunales de la Capital, instalados en varias casas que no ofrecen comodidad, lo que constituye un inconveniente para una buena administración de justicia”.
El 14 de mayo de 1902 los diputados Emilio Gouchon, F. P. Bollini, D. M. Torino y M. Argañaraz presentaron un proyecto de ley destinado a construir la casa para la Justicia, que seria levantada en un terreno de propiedad fiscal limitado por Lavalle, Talcahuano, Tucumán y Uruguay, donde estuvo el Parque de Artillería.
El 24 de julio de 1902 el proyecto quedó convertido en ley n° 4.087. El presidente Julio Argentino Roca la promulgó el 31 de ese mes y año. Esta ley facultó al Poder Ejecutivo a adoptar los planos que trazó para tal efecto el arquitecto francés Norberto Maillart, en abril de 1889, durante la presidencia del doctor Juárez Celman.
En diciembre de 1903, el escribano mayor de Gobierno, doctor Enrique Garrido, labró el acta por la cual se traspasó el predio del Parque de Artillería al Ministerio de Justicia e Instrucción Pública.
El Palacio de Justicia se levantaría, finalmente, en el solar que fue de Ambrosio de Zamudio y, posteriormente, de Felipe de Arguibel (7), caballero de origen francés que castellanizó su apellido D'Argibel, abuelo de Encarnación Ezcurra, la mujer de Rosas. Solar en el que posteriormente se erigió el Parque de Artillería. Como si fuera un extraño designio, donde se velaron las armas de la Patria se velaría la fiel ejecución de la Justicia.



El arquitecto
Norberto Maillart era arquitecto recibido en la escuela de Bella Artes de París, y a él le pertenecen los planos del Correo Central (8) y del Colegio Nacional de Buenos Aires (9). No sólo proyectó el Palacio de Justicia sino que también diseñó gran parte del mobiliario que aún permanece en uso en muchas oficinas de los Tribunales. Los planos originales sufrieron algunas reformas que sugirió el Consejo de Obras Públicas.
Las obras preliminares comenzaron en 1903, cuando se demolieron las viejas construcciones del Parque de Artillería. Allí se hallaron enterradas diversas armas: sables corvos, fusiles de avancarga y un cañón de gran tamaño que fue empleado en Humaitá (10).
El 24 de mayo de 1904, el presidente Roca y el ministro de Justicia, Juan R. Fernández, colocaron la piedra fundamental.
Una parte del edificio se habilitó para el Centenario, cuando se reunió, también allí, el Congreso Panamericano.
Mientras avanzaba la construcción se fueron haciendo muchas transformaciones al proyecto original, como las mansardas con techo de pizarra del último piso, que fueron transformadas en oficinas con muros de fábrica recubiertas en su parte exterior con tejas esmaltadas. La escalera de honor que debía conducir a la Corte Suprema, pasando por el lugar que hoy ocupa la estatua de la Justicia, fue suprimida ante la imposibilidad técnica de resolver su desarrollo con la amplitud necesaria; y se eliminaron escaleras sobre Tucumán y Lavalle.
En 1942 se inauguró la Sala de Audiencias de la Corte Suprema. Con tal motivo, el gobierno de la provincia de Santa Fe donó una réplica del Cristo de los Constituyentes para ser colocada sobre la cabeza del sitial del presidente del Alto Tribunal. Ante el original de esa imagen, que se encuentra en el Convento de San Francisco, de la ciudad de Santa Fe, se juró la Constitución de 1853.
El edificio de los Tribunales fue una obra largamente criticada, pero es la clara expresión de las características edilicias de fin del siglo XIX. Se sacrificaba lo funcional por lo visual, se magnificaban los espacios para dar majestuosidad y transmitirla como carácter señero de la institución que allí debía funcionar. Era una época en la que la decoración cumplía un rol importante, de allí la influencia griega, como la variedad de acróteras de distintos tamaños; el arte romano, con sus fasces o haces del lictor, sus metopas formadas por las cruces latinas y de San Andrés, las palmetas, las medusas, las máscaras grotescas, los frisos con sus metopas bucráneas y sus triglifos y sus gotas; y también está presente el arte egipcio con sus ornamentos, en los que deben reconocerse valores espirituales.

Notas
1. AGN. Reg. 1 1836. Fj. 408v. Escribano Luis López.
2. AGN. Reg. 6 1838. Fj. 123v. Escribano Marcos Leonardo Agrelo.
3. Decreto n° 1.476 del 17 de febrero de 1852. Leyes y decretos de la provincia de Buenos Aires.
4. José Benjamín Gorostiaga se domiciliaba en Cangallo 121, casi esquina San Martín, por ese entonces.
5. Gran Guía de la Ciudad de Buenos Aires editada por Hugo Kunz y Cía. Director, Edelmiro Mayer, 1886.
6. El doctor Benjamín Paz fue presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación desde el 13 de julio de 1892 hasta su fallecimiento, el 18 de noviembre de 1902.
7. AGN. Testamentaria 8.821, año 1791.
8. Los planos fueron dibujados sobre la base del diseño de la Central de Correos de Nueva York, realizada en 1887.
9. Los planos son de 1908.
10. Fortaleza paraguaya que fue tomada por el ejército aliado el 25 de julio de 1868.
 

Palacio de Tribunales
La estatua de la Justicia

En 1959 se emplazó en el hall central del edificio, sobre la calle Talcahuano, y colocada sobre un basamento que ya existía, alojado en un nicho, la estatua de la Justicia. Esta es obra del escultor Rogelio Yrurtia (1879-1950).
Es una figura hecha en bronce que mide 3,50 metros de altura y pesa aproximadamente 1.500 kilos. Representa a una mujer de pie, en ademán de avanzar con los brazos tendidos. Sus manos aparecen abiertas y unidos los pulgares. Su vestimenta es una túnica ceñida, y está calzada con sandalias. Sobre su cabeza lleva un casco, cuya visera proyecta sombras en los ojos, de tal modo que semeja que su vista está fija en el horizonte. El símbolo de la balanza de la Justicia se puede apreciar levemente en la parte frontal del casco.
La idea de emplazar esta estatua surgió del presidente del tribunal ante la falta de obras que embellecieran el palacio. Así, sugirió que en ese nicho se colocase una réplica de la estatua de la Justicia, de Yrurtia, adquirida por el doctor Carlos Delcasse. Al fallecimiento de este abogado, político y gran deportista -con quien se entrenó Jorge Newbery en la esgrima y el boxeo, en su quinta de Belgrano, conocida posteriormente por la Casa del Angel-, con el asentimiento de sus herederos, entre ellos el doctor Héctor E. González, hijo de Joaquín V. González, y yerno de Carlos Delcasse, y el beneplácito del autor de la obra, pudo ser alojada en la Casa de la Justicia. Una estatua similar corona la bóveda de la familia Delcasse en el Cementerio de Olivos.

lunes, 1 de marzo de 2010

Casa de Rosas

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año IV N° 14 - Marzo 2010 - Pag. 13 

Museo Regional Brigadier General Juan Manuel de Rosas

Casa de Rosas


El Museo Regional Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas, se encuentra ubicado en la calle 72 - Diego Pombo Nº 3324 de la localidad de San Andrés, Ptdo. de Gral. San Martín. Teléfono/Fax: 4830-0683 Horarios: Lunes a Sábados de 10 a 16 horas

Una de las Salas está dedicada a Antonino Reyes, en el cual se pueden apreciar distintos elementos como cartas y objetos personales que fueron de su pertenencia y que fueron cedidas en comodato al Museo por la Universidad Nacional de San Martín.

Como llegar: Por tren, exlinea Mitre, estación San Andrés; colectivos: 78, 87, 161, 304, 343. 

Museo Rosas


domingo, 1 de marzo de 2009

Anécdotas - Las visitas a Rosas

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año III N° 10 - Marzo 2009 - Pag. 16  

Anécdotas

 Las visitas a Rosas en el exilio

"Cuando ustedes estudien la personalidad del gene­ral Rosas, dirijan las investigaciones a destacar la nobleza y la altivez de la vida solitaria que llevó en el extranjero. Es para mí ese período de su existencia azarosa, el que ilumina con mejor luz el fondo de su recia personalidad"...

Dicho por Hipólito Irigoyen en 1914 en conversación con el Dr. Ricardo Caballero y el Coronel Ricardo Pereyra Rosas.

Casa de Juan Manuel de Rosas en Swaythling, 10 kms. de Southampton

En su largo exilio en Inglaterra -25 años- Rosas recibió en su casa a innumerables visitantes: amigos, familiares, adversarios políticos, personalidades extranjeras, etc. Todos dan cuenta de la sencillez de la vida que llevaba, atada al diario trabajo. Muchos de ellos se asombraron de la cultura del ex dictador. En este número ofrecemos el relato de dos visitantes, el primero, el célebre poeta español (nacido en Buenos Aires) Ventura de la Vega, cuya madre había tenido vinculación con la familia Rosas, que lo visitó al inicio del exilio, en 1853, quien en carta a su esposa –que figura en las Cartas Intimas del escritor– le relata el encuentro con el exiliado y el otro corresponde a Alejandro Valdez Rozas, hijo de María Dominga Rozas, hermana de Juan Manuel, quien lo visitó en 1873, ya en la ancianidad, y que incluyó el relato en su libro “Relatos de viaje”

 

Carta a su mujer (Fragmento) de Ventura de la Vega.

… A las once salí de aquí (Londres) y a la una y cuarto estaba en Southampton; me bajé del coche y me encaminé, por señas que me habían dado, a la casa que habita el general Rosas. Me recibió una criada inglesa, la cual pasó un recado de que un sujeto de Buenos Aires, deseaba ver al general: salió un negrito y me dijo que su amo estaba en cama y no podía recibir. Entonces le dije que pasara recado a doña Manuelita, y volvió a salir conduciéndome a una sala donde me dijo que aguardase.

…A poco rato de esperar sentí pasos, se abrió la puerta y se presentó una señora que, por el retrato que había visto, conocí era Manuelita…Yo la saludé y ella se quedó parada mirándome como si quisiera reconocerme.

- Es usted de Buenos Aires?

- Sí, señora -le contesté- soy Ventura de la Vega.

No puedes figurarte la impresión que le hizo; se acercó a mi y me dio la mano, diciéndome:

- Dios mio, cómo se parece usted en la cara a su madre! ¿Y qué sorpresa tan agradable es ésta que usted nos da? ¿Cómo se halla usted aquí?

Yo le dije que hacía este viaje a Southampton tan sólo por verlos, porque no me hubiera perdonado, estando a dos horas de distancia de ellos, haber dejado de ir a conocerlos y darles las gracias por las distinciones que les ha merecido mi madre.

- Tampoco yo le hubiera perdonado a usted -me dijo- el que nos hubiera privado de conocer a un argentino que hace tanto honor a su patria, etcétera, etcétera.

Y ya te puedes figurar lo que añadiría en elogios…

Después de hablar mucho, como puedes figurarte, de Buenos Aires, de los acontecimientos de aquel país, de mi madre, de mi hermano, etc., fué al cuarto de su padre, y vino a decirme que en cuanto había sabido que era yo, (Rosas) quería verme, y que le perdonase que me recibiera en la cama. Me levanté para ir allá; pero antes de salir de la sala, se acercó Manuelita a una bandeja con vino generoso y bizcochos que había hecho traer, y llenando tres copas, nos dió una á cada uno, y me dijo: - Antes de bajar, vamos á brindar por la salud de su mamá de usted. Me enterneció aquel recuerdo; porque aunque algunas veces me hago ilusión de que he de volverla a ver... ¡sabe Dios si será! Bajamos por una escalera interior a un cuartito pequeño, donde había una mesa con muchos papeles, y a un lado una cama de caoba, en la cual estaba Rosas. Tenía por colcha un poncho americano: él estaba incorporado, en mangas de camisa, y tenía puesto un chaleco de pana azul, de solapa, y abrochado de arriba abajo. Con decirte que es idéntico al retrato, te lo he dicho todo. -Venga acá, me dijo, que no sabe cuanto gusto tengo en conocerlo. Y abrió los brazos y me dió dos abrazos muy apretados, diciéndome: -Ha de saber que tenía pensado ir á Madrid, solo por verle. Me senté en una silla a su lado. Manuelita se sentó sobre la cama, y empezó de nuevo nuestra conversación de Buenos Aires.

Rosas es el carácter más original, más raro, más sorpren­dente que te puedes imaginar. No sé si para cortar cuando le parece alguna conversación, ó para disimular su pensamiento, ó para desconcertar al que le habla, te encuentras con que pasa repentinamente del tono más elevado, del discurso más serio, á una chapaldita de lo más vulgar, a la cual siguen otra y otra, entre muchas carcajadas, y de allí a un rato vuelve insensible­mente a entrar en el tono serio, y entonces dice, hablando de política, cosas admirables. Decían que solo tenía talento natural y que era poco culto; no es cierto. Es un hombre instruidísimo, y me lo probó con las citas que hacía en su conversación; conoce muy bien nuestra literatura, y sabe de memoria muchos versos de los poetas clásicos españoles.

Con él me estuve hasta las seis y media, en que me levanté para marcharme, porque el convoy salía a las siete; él mandó que arrimaran su coche, y en él fui al camino de hierro, acompaña­do del marido de Manuelita. Al despedirme de Rosas me dio un abrazo, y cuando yo me marchaba, me llamó y me dijo dándome otro “Este por su madre”. Manuelita me acompañó hasta el portal, y me ofreció que pronto irían a hacerme una visita a Madrid…

 

“Diario de Viaje” de Alejandro Valdez Rozas

SOUTHAMPTON agosto 17 de 1873. Esta mañana fui a casa de mi tío Juan Manuel y no lo encontré... Llegué al Farm y salió un peón, en seguida su sirvienta y me dijo que estaba en casa de Manuelita en Worthing y que ésta volvería a Londres en dos semanas. ¡Otro día perdido!...

Día 19. Anoche traté un cochero, al parecer muy bueno que, por dos shillings ha quedado en llevarme al Farm de mi tío... Llevóme el cochero por un lindísimo bosque de inmensos árboles y entramos en el Old London Road, camino viejo de Londres... Llegamos al Farm y esta vez la sirvienta salió corriendo hasta sin sombrero, que es cuanto se puede decir. Abrió la puerta y me hizo entrar, con las mayores demostracio­nes de respeto y amabilidad, a un pequeño saloncito de recibo, con una mesa de comer y una alfombra de la misma fábrica y gusto de la que tenemos en la sala y antesala de casa. Subió la sirvienta una escalera angosta, y volvió diciéndome que la siguiera; al fin de la escalera me pareció ver en una puerta, a la derecha, que estaba mi tío, por la parte de adentro, pero la sirvienta seguía por una puerta al frente; entonces recordé al momento cuán aficionado era mi tío a esa clase de sorpresas, y seguí a la sirvienta; pero al pasar la dicha puerta me salió mi tío al encuentro, con una gran exclamación: "¡Oh!..." y me tendió los brazos.

A mí me había enseñado, desde chico, mi buena madre, a pedirle la bendición: no porque fuera gobernador de la Repú­blica Argentina, sino porque era el hermano mayor de la familia; y en mis cartas, después que él emigró a Inglaterra, yo seguí la misma costumbre. He crecido, llegué a hombre y siempre lo mismo, esta vez no tenía por qué alterarla, así fue que le pedí la bendición. ¡Ah! ¡mis buenos y queridos padres! Después de ellos sólo mi tío a quien pedir la bendición; después de él nadie me la dará ya... doble motivo para guardar esa práctica de mis primeros años.

Mi tío me bendijo con mucho gusto, y me hizo entrar; era aquel su dormitorio y su cuarto de trabajo; allí hay de todo. Es una pieza como de siete varas de largo más o menos, por seis de ancho, con dos ventanas al frente; su puerta de entrada a la izquierda y otra a la derecha que va a un pequeño retrete, una gran mesa llena de periódicos, papeles, libros, impresos, manuscritos y otros objetos, la punta de la derecha está libre para las horas del almuerzo y comida. Alrededor de la pieza, en forma de estantes, unas tablas llenas de libros. Su cama está entre la puerta de entrada y la del retrete, contra la pared, y allí también hay tablas en forma de estantes, llenas de libros. Una chimenea, sobre cuyo marco hay dos relojes de sobremesa y una virgen de Nuestra Señora de las Mercedes. Ningún otro objeto o adorno que llame la atención. Mi tío me hizo entrar cerca de la cama, y él se recostó: me dijo que estaba en mi casa, que podría hacer lo que me diera la gana. Llamó a la sirvienta y le dijo: This gentleman comands here more than I, y la dicha sirvienta (Mariana), a quien ha enseñado a repetir sus órdenes para que no se equivoque, repitió en inglés: Este caballero manda aquí más que usted...

-Ya vez -me dijo mi tío- si puedes estar aquí como en tu casa. Ahora te mostraré las habitaciones todas y no te faltará donde dormir.

Yo no aproveché de estas ofertas, por espíritu de pruden­cia, sabiendo que él se levanta a las cuatro de la mañana y sale a trabajar con sus peones hasta las nueve o diez y que a la una o dos de la tarde vuelve a su tarea hasta la oración. En fin, todo lo que hablamos es puramente privado y asuntos de familia que llenarían todo este diario si lo fuera a escribir aquí, cuando éste es sólo como un extracto.