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domingo, 1 de junio de 2014

Combate de las Vizcacheras - Batalla de Puente de Márquez

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VIII N° 31 - Junio 2014 - Pags. 2 y 3 

Combate de Las Vizcacheras y Batalla de Puente de Márquez

         por Norberto Jorge Chiviló

Combate de las Vizcacheras
Cnl. Federico Rauch

    Pocos días después de la asonada de Lavalle contra el legítimo gobernador de Buenos Aires, Cnel. Manuel Dorrego el 1° de diciembre de 1828, Rosas le había aconsejado al depuesto mandatario, no hacer frente a las aguerridas y experimentadas tropas que habían llegado poco tiempo antes a Buenos Aires, como consecuencia de la finalización de la 1ra. guerra contra el Brasil a la vez que le aconsejaba retirarse a Santa Fe para lograr el concurso de Estanislao López. Dorrego, un poco testarudo, no hizo caso a la advertencia, y por el contrario enfrentó a Lavalle en Navarro, donde fue completamente derrotado y días después hecho prisionero, con aquél trágico desenlace de su fusilamiento el día 13 de diciembre.

    Lavalle fue designado por los unitarios como "gobernador" de la provincia. (Quiroga en una carta que le dirigió a Lavalle lo llamaba "gobernador intruso de Buenos Aires").

    Por su parte Rosas había concebido un plan después de la derrota de Navarro; este consistía en que varios caudillejos federales e indios amigos -que habían decidido apoyar a los federales-, con el asesoramiento del mayor Manuel Mesa -quien había sido edecán de Dorrego-, levantaran la campaña bonaerense, para atraer así a las tropas de Lavalle, con el fin de ganar tiempo y para que en Santa Fe, López pudiera organizar sus fuerzas.

    Lavalle cayó en la trampa, quiso combatir a las partidas federales y la indiada, pero estos no presentaban batalla directamente y se les escabullían.

     Dándose cuenta de la situación, Lavalle decidió dirigirse hacia Santa Fe a fines de marzo de 1829, dejando a los coroneles Federico Rauch y Ramón B. Estomba, la tarea de contener a los partidarios de Rosas.

    Los jefes unitarios con el objeto de doblegar a la campaña que les era totalmente hostil, iniciaron una campaña de terror contra los federales, pero que en realidad fue contraproducente, pues generó mas resistencias entre la población que era totalmente adicta a Rosas. 

    Lavalle se dirigió a Santa Fe con un contingente de 600 coraceros, que no solamente eran tropas experimentadas -como ya se señaló-, para enfrentar a López, antes que éste pudiera formar su ejército, pero el santafecino hábilmente no presentó batalla directamente, sino que solo se dedicó a hostilizar a los unitarios, y gran conocedor del terreno que pisaba, con sus desplazamientos y hábiles maniobras "condujo" a la caballería unitaria a la Cañada del Carrizal o Carrizal del Monje (entre Rosario y Santa Fe), que era una tierra anegadiza y zona de yuyos venenosos (mío-mío), donde el 1° de abril, incautamente acampó Lavalle con su ejército para descansar, produciéndose una gran mortandad de caballos, lo que obligó al jefe unitario a retroceder hasta la Posta de los Desmochados -cerca de Casilda-, prácticamente a pié. Allí se enteró del combate de Las Vizcacheras ocurrido en el sur de la provincia días antes, que lo obligaron a retroceder hasta la ciudad de Buenos Aires que estaba prácticamente cercada, llegando en la noche del 11 de abril. 

    Simultáneamente a lo narrado, en la campaña de la provincia, las partidas federales, asediaban continuamente a las unitarias. 

Federico Rauch
Muerte de Rauch en Las Vizcacheras. Dibujo de Federico Fortuny


    El 28 de marzo en Las Vizcacheras,- entre Lobos y Chascomús- el Gral. Rauch, quien se encontraba al frente de las mejores tropas los "Húsares del Plata" y otras unidades, fue vencido en un combate muy duro por la indiada y las partidas federales a los que perseguía. Cada fuerza contaba con aproximadamente 600 hombres. Rauch salió ileso de la acción pero cuando se retiraba fue perseguido por un grupo de indios y su caballo fue boleado por el cabo de blandengues Manuel Andrada. No obstante que las patas traseras del animal quedaron trabadas, el equino continuó galopando, pero al entrar en un campo lleno de vizcacheras, se cayó. Rauch, que no era un buen jinete, antes de entrar en combate, se hacía atar las piernas por debajo de la panza del animal para no caerse del mismo, ello le impidió en esta ocasión el poder levantarse para defenderse, siendo entonces lanceado y muerto por el cacique Nicasio Maciel (también llamado "Arbolito"). Los indios, que lo odiaban, le cortaron la cabeza, la que fue arrojada en la ciudad como señal de desafío.

    Estanislao López, que actuaba en el carácter de Comandante en Jefe del Ejército Nacional (1) y Juan M. de Rosas, quien había sido designado por aquél como segundo jefe, se acercaban a la ciudad de Buenos Aire, para combatir a los unitarios y desalojar a Lavalle del poder que había usurpado. 

    Las tropas nacionales de López y Rosas, incrementaron notablemente su número a su ingreso a la provincia, sobre todo por el ascendiente que desde 1820 tenía el caudillo bonaerense en la campaña.

    Al día siguiente de su arribada a Buenos Aires, el día 12 de abril, Lavalle se dirigió con su ejército a Puente de Márquez con la intención de detener a las fuerzas federales que se venían hacia la ciudad.

    Lavalle consideró que ese era el mejor lugar para hacerlo, pues el Puente de Márquez, se encontraba sobre el río Las Conchas y ese era el lugar adecuado por donde debían pasar los federales y por lo tanto era el lugar ideal -por sus características- para intentar una defensa.

    El 13 de abril Lavalle al frente de 1.400 soldados de caballería, 500 de infantería y cuatro piezas de artillería sorprendió a una guardia de la avanzada federal que custodiaba el paso del río y le tomó numerosos caballos.

    El 26 de abril se enfrentaron ambas fuerzas en las llamadas chacras de Álvarez iniciando Lavalle el ataque.

    Por su parte el ejército federal sumaba aproximadamente 4.000 milicianos, acompañados por 3.000 indios auxiliares.

    La batalla comenzó a las 6 hs. y duró hasta la media mañana, guerreándose con fiereza por ambas partes. Las aguerridas y experimentadas tropas de Lavalle, especialmente la caballería, llevaron adelante una y otra vez las cargas contra las milicias federales, pero las cargas de López por la izquierda y Rosas por la derecha, lograron por fin el desbande de la caballería enemiga  y terminaron arrollando al ejército unitario, sableándolo, dispersándolo y provocando que éstos se retiraran derrotados a las cuatro de la tarde al otro lado del río. En su retirada las fuerzas lavallistas incendiaron el puente, para entorpecer la persecución.

    La batalla de Puente de Márquez dejó un saldo de 150 hombres muertos los que fueron enterrados en el lugar, en una fosa común.

    Lavalle con los restos de su ejército se refugió en la chacra  de Los Tapiales de Altolaguirre, propiedad de la familia Ramos Mejía, donde estableció su campamento y Rosas acampó su ejército en su estancia El Pino (ambos -chacra y estancia- ubicados en el actual Partido de La Matanza).

    López después de establecerse en la villa de Luján, volvió a Santa Fe, para defender su provincia ante un posible ataque del Gral. Paz, quien en Córdoba se había hecho fuerte, después de deponer al gobernador. 


(1) Designado así por la Convención Nacional reunida en Santa Fe, para operar contra el ejército de línea amotinado y restablecer el orden interno.

martes, 1 de diciembre de 2009

Monumento a Dorrego

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año IV N° 13 - Diciembre 2009 - Pag. 5 



Parque Dorrego, Navarro, Pcia. de Buenos Aires.

Dorrego fue fusilado el 13 de diciembre de 1828 en la Estancia “El Talar” distante un par de kilómetros de distancia del pueblo de Navarro. El sitio exacto donde ocurrió esa tragedia histórica, se encontraba señalado primero con una cruz de ñandubay que en 1925 fue reemplazada por una pequeña cruz de hierro forjado y en el año 1928 se construyó, a instancias de la familia Dorrego, un monolito de ladrillo que servía de basamento a una cruz de lapacho. Este monumento se fue deteriorando con el paso del tiempo y en el año 1967, el Intendente Municipal gestionó la donación de una fracción de tierra de la Asociación Católica Irlandesa -propietaria en ese entonces y en la actualidad de la Estancia “El Talar”- para servir de parque público y para la construcción de un monumento conmemorativo que se inauguró un año mas tarde. El mismo consta de una plataforma sobreelevada de 70 cm. donde está instalada la Sala Recordatoria, lugar donde se guardan elementos históricos -como ser la cruz de madera que estaba sobre el monolito construído en 1928- y documentación perteneciente al Mártir de Navarro. El monumento consta también de una columna de hormigón, que tiene una altura de 11 mts., en cuya parte superior se encuentra un relieve de bronce de aproximadamente dos metros de altura, obra del escultor Carlos W. Butín, que representa la figura de un hombre, con los brazos en alto, dejando escapar una paloma, símbolo del sacrificio de la Ilustre víctima y en su parte inferior se instaló un gran medallón del mismo metal con la efigie de Dorrego, realizado por el medallista Luis Isabelino de Aquino y Busquet. El Parque Dorrego, se encuentra al costado de la ruta 41 que une Lobos con Mercedes. 

Fusilamiento de Dorrego

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año IV N° 13 - Diciembre 2009 - Pag. 4 

Carta del edecán, secretario y amigo del Gral. Lavalle, el Mayor Juan Estanislao Elías a su hermano Ángel, donde le relata las alternativas del apresamiento, cautiverio y muerte del Coronel Dorrego.

El fusilamiento de Dorrego. Pintura de Antonio Ballerini

“Tucumán, 12 de junio de 1869. Señor Ángel Elías. Mi hermano: Aunque tu nada me has escrito, he sido intuido que un periódico de Entre Ríos, que no se cual ni como se llama, por odio a tu persona, se habla de mí, retrocediendo a la época remota del año 1828, refiriéndose a episodios suministrados por el coronel Olazábal, con motivo de la muerte del coronel Dorrego. Ante todo te diré que el coronel Olazábal, no ha podido suministrar ningún dato, en el sentido que lo ha hecho, y que cualquier cosa que se diga con referencia a él, es una calumnia, o una invención vergonzosa. Empezaré por declararte en nombre del honor y poniendo a Dios por testigo, que cuanto yo diga de esa época del año 28, en la que tu aún no figurabas al lado del general Lavalle, y del que yo era edecán, secretario y amigo, todo está lleno de verdad porque no tengo ningún interés en desfigurarla, después de cuarenta años y cuando me encuentro agobiado por la edad y postrado por una grave enfermedad. El 9 de diciembre de ese año, tuvo lugar la batalla de Navarro, en que las fuerzas que mandaban Dorrego y Rosas fueron vencidas al primer empuje de los bravos coraceros, que habían regresado de la campaña del Brasil. El 13, muy de mañana, llegó el coronel Acha, conduciendo en un carruaje bien escoltado al coronel Dorrego desde Salto, donde se había dirigido para ponerse a la cabeza del regimiento de Húsares, que mandaba el coronel don Bernardino Escribano. Rosas que iba con Dorrego como más astuto y desconfiado, se quedó fuera del pueblo y no viendo regresar a su confiado compañero huyó precipitadamente a la Pcia. de Santa Fé. Sabedor Acha, de la derrota de Navarro y apercibido de las intenciones del desgraciado Dorrego por su propia y exclusiva resolución, y contando con la influencia que tenían en el Regimiento, lo prendió con el propósito de entregarlo al general Lavalle. En el acto que llegó el coronel Dorrego, el general Lavalle me llamó y me dijo: “Vaya Ud. a recibir a Dorrego, que confío a su celo y vigilancia, y como la tropa que ha traído el general Acha debe retirarse, lleve Ud. una compañía de infantería para cuidar de él“. Llevé, en cumplimiento de esta orden, una compañía mandada por el capitán Mansilla y me situé en una casa de espacioso patio, a las inmediaciones del cuartel general. Muy luego, el general Lavalle, con el ejército, se fue a situar a la estancia de Almeyra (1), más allá de Navarro. Luego que me recibí del coronel Dorrego, y que hube tomado todas las medidas de seguridad convenientes, me aproximé al carro en que Dorrego se hallaba, y le dije: -“Coronel, estoy encargado de custodiarlo y responder de su persona”. Entonces él con esa amabilidad que lo distinguía, me alargó la mano y me dijo: -“Mucho me felicito de que Ud. haya sido elegido para desempeñar este encargo”. El coronel Dorrego, me significó después la necesidad que sentía de alimentarse. Poco después le fue servido un abundante almuerzo. Este caballero insistió porque yo subiera al carro para almorzar con él, a lo que no accedí con excusas honorables. Era la una de la tarde, cuando recibí un papelito del general Lavalle que contenía lo siguiente: “Elías, sé que Dorrego tiene bastantes onzas de oro, recójalas Ud. y dígale que no necesita de ellas, pues para todos sus gastos Ud. le suministrará lo que necesite”.

Esto se lo dije al Coronel Dorrego, teniendo yo la delicadez de no hacer registrar el carruaje, pues me había asegurado de no tener un solo peso, y porque debo decir la verdad: me lastimaba el abatimiento de un hombre, a cuyas órdenes, había hecho como ayudante la campaña de Santa Fé, y asistido a la desastrosa batalla de Pavón en la que perdió el ejército, por temeridad e impaciencia en no esperar las fuerzas de Buenos Aires que se hallaban inmediatas. Como a la una y cuarto recibí por un ayudante del general Lavalle la orden de trasladarme con el Coronel Dorrego al cuartel general. En el acto estuve en marcha, pero Dorrego inquieto por esa maniobra me llamó y me dijo: “Elías, ¿dónde me lleva Ud.?”. “Coronel le contesté, al cuartel general situado en la estancia de Almeyra”. Entonces me preguntó si allí estaba el general don Martín Rodríguez, y el Coronel Lamadrid (2). Le contesté afirmativamente, y manifestó satisfacción. No habíamos andado media legua, cuando por el camino de Buenos Aires me alcanzó un comisario de policía acompañado de dos gendarmes en caballos agitados, por la participación de la marcha. Traían pliegos urgentes, que contenían la súplica del gobierno delegado (3), para que el Coronel Dorrego saliera del país.

Dorrego que todo lo observaba con inquietud me preguntó: ¿qué quiere ese hombre? Yo le dije la verdad. Entonces me dijo: “mi amigo, hace un sol y un calor terrible, suba Ud. al carro y marchará con más comodidad”. Le agradecí ese ofrecimiento que repitió con insistencia. Cerca de las dos de la tarde hice detener el carro en la sala que ocupaba el general Lavalle y desmontándome del caballo fui a decirle que acababa de llegar con el coronel Dorrego. El general se paseaba agitado a grandes pasos y al parecer sumido en una profunda meditación y apenas oyó el anuncio de la llegada de Dorrego, me dijo estas palabras que aún resuenan en mis oídos, después de cuarenta años -“Vaya Ud. e intímele que dentro de una hora será fusilado”.

El coronel Dorrego había abierto la puerta del carruaje y me esperaba con inquietud. Me aproximé a él conmovido y le intimé la orden funesta de que era portador. Al oírla, el infeliz se dio un fuerte golpe en la frente exclamando: “Santo Dios” “Amigo mío -me dijo entonces- proporcióneme papel y tintero y hágame llamar con urgencia al clérigo de Navarro, mi deudo (4), al que quiero consultar en mis últimos momentos”. Efectivamente, poco después estuvo ese sacerdote al lado de Dorrego que escribía. El cura estaba impasible y veía a la víctima conmovido. Yo estaba al pie del carro como una estatua y pude presenciar la entrega que le hizo Dorrego de un pañuelo que contenía onzas de oro. Como la hora funesta se aproximaba el coronel Dorrego me llamó y me dio las cartas, una que todo el mundo conoce para su esposa (5) y la otra que yo solo conozco su contenido para el Gobernador de Santa Fé, don Estanislao López. Ambas cartas se las presenté al general Lavalle, quien sin leerlas me las devolvió ordenando que entregue la dirigida a su señora y que la otra no le diese dirección. Antes de continuar copiaré la carta dirigida a López, porque es un documento histórico- No tiene fecha- “Navarro diciembre de 1828. Señor Gobernador de Santa Fé don Estanislao López. Mi apreciado amigo: En este momento me intiman morir dentro de una hora. Ignoro la causa de mi muerte; pero de todos modos perdono a mis perseguidores. Cese Ud. por mi parte todo preparativo y que mi muerte no sea causa de derramamiento de sangre. Soy su affmo. Amigo. Manuel Dorrego”. Formado ya el cuadro y en el momento de marcha al patíbulo, Dorrego que estaba pálido y extremadamente abatido me llamó y me dijo: “Amigo mío, hágame llamar al coronel Lamadrid, pues deseo hablarle dos palabras en presencia de Ud.”. Mientras llegaba Lamadrid que fue en el acto, me dijo: “A su amigo el general Rondeu y el general Balcarce, dígales Vd. que les dejo la última expresión de mi amistad”. El coronel Lamadrid se presentó y Dorrego lo abrazó con ternura y sacándose una chaqueta de paño azul bordada que tenía, se la dio al coronel, pidiéndole en cambio otra de tipo escocés que tenía puesta. Además le entregó unos suspensores de seda que había sido bordada por su hija Angelita, rogándole se los entregara. Todo había acabado, Dorrego apoyado en el brazo del coronel Lamadrid, y en el del clérigo, marchó lentamente al suplicio. Un minuto después oí la descarga que arrebató la vida a ese infeliz.

Yo no quise presenciar ese acto, cuyas tristes consecuencias prevenía. Yo mudo estaba al lado del general Lavalle que profundamente conmovido me dijo: “Amigo mío acabo de hacer un sacrificio doloroso que era indispensable”. Enseguida escribió su célebre parte al gobierno delegado, participándole la ejecución del Coronel Dorrego. He aquí querido Ángel, la narración fiel y verídica de ese episodio de nuestros extravíos políticos. Cualquier cosa que fuera de esto se diga, es una vil impostura, pues nadie ha conocido estos detalles, sino el general Lavalle y yo. A la edad de 67 años, cuando tengo un pie al borde del sepulcro de la tumba, que miro sin terror, escribo estas líneas, de que tu harás el uso que juzgues necesario para satisfacción de la verdad, desfigurada por viles e innobles pasiones, de los que no respetan ni el hogar ni la honra de los ciudadanos. Soy tuyo con el mayor cariño”.

Juan Elías


Aclaraciones del Director:

(1)          Estancia “El Talar” de Juan Pedro Almeyra.

(2)          Coronel Gregorio Aráoz de Lamadrid.

(3)          El Gobernador delegado, era el Alte. Guillermo Brown.

(4)          Juan José Castañer, Cura de la Parroquia de Navarro, primo de Dorrego.

(5)          Ver “El Restaurador” Nº 10, pág. 7

El asesinato de Dorrego, sus causas

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año IV N° 13 - Diciembre 2009 - Pags. 1 a 3 

 

CAUSAS ECONOMICAS Y POLITICAS DEL ASESINATO DE MANUEL  CRISPULO DORREGO

                                                                           Por el Dr. Oscar J. C. Denovi

Manuel Dorrego, 1828, autor anónimo

“Hombre virtuoso, de una vida privada y pública irreprochable, luchó siempre de frente, con benevolencia y generosidad para sus detractores y adversarios, en el instante supremo del tránsito repitió en tres cartas que ignoraba la causa de su muerte, y sin embargo, siendo indulgente como siempre lo fuera, agregó que perdonaba a sus perseguidores y a todos sus enemigos.

Y mientras desde oscuros y atrancados salones cuatro curas, encabezados por Agüero, apostatando de la fe jurada, impulsaban el asesinato de un hombre, Dorrego, con su alma ante la eternidad, decía a “su querida Angelita”, en un trozo de papel, “que así lo ha querido la providencia divina, en la cual confío en este momento crítico… y suplico a mis amigos que no den un paso alguno en desagravio de lo recibido por mí”, añadiendo en un sobre usado: “Mi vida: Mándame hacer funerales, y que sean sin fausto. Otra prueba que muero en la religión de mis padres” a su vez, a las amables criaturas que eran sus pequeñas hijas les aconsejaba, en un pedazo de papel, que fueran “católicas y virtuosas, que esa religión es la que me consuela en este momento”, y a su amigo Miguel Azcuénaga, “y por Ud. a todos”, concluía diciendo que “en este momento la religión católica es mi único consuelo”.

Dorrego murió, pues, como un creyente genuino, en la religión de sus padres, condenado sin recurso por cuatro renegados de la fe de Cristo, y otros más.

Así acabó su vida ese prócer de la nacionalidad. Declarado “benemérito de la Patria” en Chile, donde estudiaba derecho, por su actuación en septiembre de 1810. Ascendido a Capitán por la Junta revolucionaria de Santiago, concediéndole un escudo con la leyenda: “Yo salvé la Patria. Chile a sus primeros defensores”.

Esforzado, intrépido y de reconocido valor personal. Herido en Nazareno (Alto Perú) en el brazo derecho, por un tiro de fusil, más tarde otro balazo le atravesó el cuello, rompiéndole el esófago, a orillas del río Suipacha. Al frente de su división decidió la victoria en las batallas de Tucumán y Salta. Planificó a pedido de San Martín, en 1814, un sistema de guerrillas de partidarios, que Saravia primero y Güemes después llevarían adelante. Coronel graduado a los veintisiete años de edad, rechazó por tres veces el ascenso al rango de General. Fue expatriado por Pueyrredón a causa de coincidir con Artigas en la defensa del territorio nacional invadido por los portugueses. A su regreso, gobernador y comandante del ejército de Buenos Aires; miembro de la Junta de Representantes, por el voto de los porteños. Diputado al Congreso General Constituyente, defendió los derechos populares y sustentó la organización republicana federal. Brillante orador y periodista. Por segunda vez gobernador y capitán general de Buenos Aires, primer magistrado de la Nación, al encargarle todas las provincias la conducción de los negocios generales de la república, bregó obstinadamente, con la solidaridad de sus amigos, por la unidad rioplatense”.

Primitivo monumento señalando el lugar donde fue fusilado Dorrego (a)

Con esta síntesis de la personalidad y trayectoria de este héroe de la Patria, termina su libro “Dorrego y la unidad rioplatense”, uno de los hombres de más vasto conocimiento de la historia y la política de la Argentina: René Orsi, Académico del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas por unos meses antes de su muerte, de extensa trayectoria en el Pensamiento Nacional, y en el peronismo desde sus primeras épocas.
Tumba de Dorrego en Navarro (b)

Bastarían estas palabras finales, para comprender quien fue Dorrego y cual su importancia en la historia de nuestra tierra y de las tierras hermanas que fueron desgajadas de nuestro árbol común. Por lo que mi tarea estaría concluida antes de empezar. Sin embargo hay una interpretación no ventilada suficientemente acerca de los intereses e ideologías que se opusieron a Dorrego, y se ensañaron con él, a modo de escarmiento para quienes pensaban como él, que luego de un tiempo de ostracismo, (dominio del federalismo entre 1829 con el ascenso de Rosas, y 1852 con la derrota nacional de Caseros) volvieron y triunfaron sobre quienes como él tenían las ideas de la grandeza de la Nación Rioplatense, denigrando a todos los que fueron los continuadores de su política.

A esos intereses y los hombres que lo sostuvieron nos vamos a referir, para comprender mejor la enorme proyección de su poder, que ahogó en su momento, y ahoga en nuestros días, las pretensiones de orden, libertad y autonomía que la Nación pretendía y pretende.

A fines del siglo XVIII, Europa y América del Norte prestaba sobrada atención al sistema político e institucional de una isla casi europea, pero que solo en algunos aspectos tomó los rasgos del continente (Gran Bretaña). Ese sistema institucional, fue siendo parcialmente imitado por la Revolución desatada en su secular rival continental, (Francia) cuyos cambios provocaron finalmente la caída del “ancien régim” monárquico absolutista.

Muchas de las ideas desarrolladas en la patria de los sajones fueron adoptadas en la tierra de sus enemigos continentales, dando lugar a una corriente de pensamiento que se difundió en el mundo entero, particularmente donde diversas condiciones influyeron para que se produjeran cambios de importancia.

Así el gobierno dejó de ser una cuestión de un solo hombre, el rey, para pasar a serlo de otro hombre el Primer Ministro, miembro de un cuerpo colegiado (parlamento) en quien se confiaba la formación del gobierno que este hacía con gente de su confianza, de su partido, que compartía mas o menos sus ideas del proyecto político a implementar por su comando.

La idea que la ley escrita, podía encarrilar la vida de las sociedades “a priori” y no a posteriori, como la experiencia indicaba y lo sigue indicando, pues la ley -a la que todos deben someterse sin duda- surge de la sabiduría legislativa en la experiencia social de la practica sobre tal o cual aspecto de la vida en sociedad.

Las que en el plano económico encandilaron a los pensadores con las ventajas comparativas (Inglaterra “Taller del mundo” el resto, en particular Sudamérica, su “Granja”)

Sarcófago de Dorrego (c)

Cuando la revolución sudamericana se exterioriza, y entre nosotros lo hace en 1810, lo hace imitando las revoluciones europeas y americanas que la habían precedido. Así fue, porque la inspiración ideológica se planteó en Europa y en América del norte antes que en Europa, pero con ideas del viejo mundo: La burguesía europea enriquecida con el comercio intraeuropeo, pretendía mas poder, y entonces promueve la Revolución que tiene motivaciones sociales y económicas que nada o poco tienen que ver con aquella burguesía promotora, pero que esta utiliza hábilmente para apoderarse de los bienes que le dan el poder, las tierras reales y de la iglesia, en un mundo económico donde el poder de la riqueza se asienta en el dominio de la producción agrícola, por cierto que en el centro de la vieja civilización occidental.

En América,  existía  la propiedad realenga formalmente –las grandes extensiones hicieron  imposible un control eficaz para asegurar su intangibilidad, y la Iglesia no procuró masivamente su propiedad, que existió pero en extensiones mucho menores– por lo que el problema del apoderamiento se simplificó, por lo menos desde el punto de vista legal.

La Burguesía de los alrededores de la Plaza Mayor, que en el siglo XVIII, desalojó a los descendientes de los pobladores fundantes de la ciudad de la Santísima Trinidad, y cuya riqueza se había labrado con el comercio, pero con una clase especial de su práctica: El Contrabando. Esa parte de la sociedad, “La mas sana de la población”, fue la que impulsó la Revolución y que terminó dominando el proceso de conducción de la imprecisa masa territorial de las Provincias Unidas y su expresión política.

Aquel apoderamiento del poder de la Nación –por entonces en ciernes– por la burguesía porteña, que tiene su punto de arranque en el momento histórico que el Cabildo de Buenos Aires sustituye el reglamento de la Junta Conservadora y la disuelve, eligiendo el primer Triunvirato, es desplazado brevemente en 1820 como consecuencia de la batalla de Cepeda y la caída del Directorio. Aquí Dorrego que es gobernador interino y que enfrenta a los Federales del Litoral por una cuestión de defensa del territorio bonaerense, no de oposición de ideas, será reemplazado por Martín Rodríguez que responde al sector social de los comerciantes, unitarios, no tanto por sus ideas, sino por sus intereses fincados en el monopolio del puerto.

La burguesía que se había apoderado del poder con el destierro de la Junta Grande (luego Conservadora por su cambio de papel en el gobierno, de Ejecutivo a Legislativo) lo pierde con la caída del Directorio, recupera con Rodríguez y su ministro de Gobierno, Bernardino Rivadavia, la conducción, y con ello la garantía de mantener sus negocios de ultramar sobre la base de la creencia dominante del libre intercambio, pingüe ganancia para el puerto del Río de la Plata, pero ruinoso resultado para el interior del país, aun el bonaerense, a pesar de poseer la Capital de lo que había sido el Virreynato.

Dorrego, no tendrá mas función política hasta el congreso de 1826, (Pueyrredón lo destierra en 1817 por su coincidencia con Artigas y la propagación de esas ideas desde su periódico) en el que defenderá los derechos de los sectores sociales mas bajos de aquella sociedad, y pondrá al descubierto los negocios funestos de Rivadavia y sus acólitos.

Producido el vergonzoso tratado con el Emperador del Brasil por las negociaciones entabladas por el embajador pleniponteciario argentino Manuel García sobre la Banda Oriental, en el mismo se asentaba una paz en la que el Brasil era el claro triunfador, lo que provocó la reacción argentina hasta en los partidarios del Presidente Rivadavia. Este renuncia, y le sucede Vicente López, que en treinta días pone fin a la seudo Presidencia, y convoca a elección de Gobernador para la Provincia, restableciendo el régimen vigente en 1825.

La figura rutilante de Manuel Dorrego, por los antecedentes descriptos por el Dr. Orsi, además jefe natural del bando (1) o partido federal, por la defensa de los sectores sociales mas pobres y de los asalariados, y su acendrado patriotismo, gana las elecciones en la Sala de Representantes, organismo elector, y asume el Poder de la Provincia de Buenos Aires. Inmediatamente este acto es respaldado por el Congreso reunido en Santa Fe, con el encargo de las Relaciones Exteriores.

Esta rápida designación, era al mismo tiempo resultado del enorme prestigio de  Manuel Dorrego pero a la vez, operaba como  su condena a muerte: Un Federal sentaba sus reales en el símbolo del Poder Unitario, el sillón de gobernador de Buenos Aires. Esto significaba la frustración de los planes de gobierno centralista, compartir el poder con la barbarie según el pensamiento dominante, pero además, poner en riesgo el monopolio económico de Buenos Aires, es decir del negocio casi exclusivo de la burguesía comercial porteña.

Dorrego, era esencialmente un republicano, en consecuencia la guerra con Brasil no solo tenía la motivación de la disputa sobre la Banda Oriental, provincia argentina ocupada por los portugueses en 1817 con la anuencia de Pueyrredón, sino la del régimen político que gobernaba en el vecino país, que tenía las mismas características que el de la España de la que nos habíamos independizado. (En 1824 los portugueses dieron la independencia al Brasil, y pusieron a su frente un emperador, Pedro I)

Por esas causas deseaba continuar la guerra, en cambio, los unitarios, o mas bien el sector extremista de este bando (Rivadavia y sus secuaces abogaban por un gobierno monárquico, del que el Directorio había sido su antecedente mas próximo) simpatizaban con el sistema político brasileño, y estaban contra la guerra, porque arruinaban o disminuían sus negocios de ultramar.

Dorrego, anulado el tratado de paz con Brasil, ordena la prosecución de las acciones, y pone al frente al General Lavalleja.

Las acciones son favorables a nuestras armas, pero pronto los recursos se agotan, y Lord Ponsomby, embajador inglés en Río de Janeiro, aprovechará la angustia financiera argentina para apremiar a Dorrego para hacer la paz.

Tal paz satisfacía los intereses de Gran Bretaña, que quería separar la Banda Oriental (provincia Cisplatina para el Brasil) de la Argentina, pero también del Brasil. Así se creaba por el tratado de 1828, la República Oriental del Uruguay, con la garantía de mantener su situación independiente por parte de ambas partes que se habían enfrentado por integrar su territorio a su país. Al conseguirlo, Lord Ponsomby acuño la conocida frase “He introducido un algodón entre dos cristales”.

Los unitarios se movieron a raíz de esta paz, con eficacia, explotaron hábilmente la derrota diplomática responsabilizando a Dorrego del resultado.

 Distribuyeron esta versión entre la tropa del ejercito que había sido abandonado a su suerte en época de Rivadavia, cuando la escasez de medios ya  había empezado a castigar los abastecimientos de ropa, comida, munición y desde luego la paga a los soldados.

Lavalle, Olavarría y otros oficiales habían entrado en la conjura. Llegaron a Buenos Aires el 29 de noviembre, y el 1º de Diciembre se sublevaron, escapándose Dorrego del fuerte por una puerta trasera, yéndose a reunir con las milicias que comandaba Juan Manuel de Rosas, que le aconseja dirigirse a Santa fe a reunirse con Estanislao López.

Dorrego, estaba empeñado en creer en sus antiguos compañeros de armas por lo que hizo caso omiso a los consejos de Rosas, y pese a la situación sumamente desfavorable, intentó reunirse con alguna unidad del ejército, lo que finalmente logra después de separarse de Rosas que se dirigió a Santa Fe, pero dicha unidad que pertenecía a la fuerza que mandaba el General Pacheco, estaba sublevada, y el Coronel Escribano detiene al Coronel del Pueblo, como así lo llamó, entre otros nombres al Gobernador.

 Fue el principio del fin.

Bóveda de Dorrego en el cementerio de la Recoleta

De nada valió la gestión del Almirante Brown, Gobernador sustituto (interino) por ausencia del Gobernador Propietario, el General Lavalle, de salvarle la vida enviándolo a Estados Unidos. Su suerte estaba echada desde aquel día en que había sido electo. El 13 de Diciembre de 1828, enfrentaba el pelotón de fusilamiento a las 15 horas, bajo el inclemente sol de Navarro. Su muerte sirvió de ejemplo a quienes quisieron en épocas posteriores dar un escarmiento similar a quienes continuaron su línea de pensamiento, y sirvió a estos últimos para levantar las banderas de los movimientos nacionales y populares.    

(1)    La denominación de partido es impropia tanto para Federales como Unitarios. Si bien había un ideario que unía a los miembros de uno y otro bando, y una comunidad de sentimientos en los miembros de uno y otro, no había una organización en cada uno que diera una unidad organizativa. Por otra parte predominaba el sentimiento, mas pasional en los federales por la Patria, y mas racionalizador en los unitarios por las formas de la cultura. Elementos insuficientes aunque infaltables para encuadrarlos como partidos.


(a) Este poco conocido monumento, se encontraba a una legua del pueblo de Navarro, en medio del campo, señalando el lugar exacto donde fue fusilado Dorrego.

(b) Vista de la Tumba de Dorrego en Navarro, donde sus restos reposaron un año antes de ser trasladados al cementerio de Buenos Aires, actual Recoleta.

(c) “Vista del Sarcófago del finado Gobernador Dn. Ml. Dorrego en el Cementerio del Norte en Buenos Aires” –actual Cementerio de la Recoleta- Litografía de Bacle. Allí descansan los restos de Dorrego, desde diciembre de 1829, a donde fueron solemnemente trasladados desde el  cementerio de Navarro.





domingo, 1 de marzo de 2009

Cartas de Dorrego a su familia

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año III N° 10 - Marzo 2009 - Pag. 7 

Las cartas de Dorrego a su familia

Momentos antes de ser fusilado, Dorrego escribió varias cartas, entre otras, a su esposa e hijas que se transcriben y que demuestran el temple y la religiosidad de este hombre en ese postrer momento.

 

A su esposa

Mi querida Angelita:

En este momento me intiman que dentro de una hora debo morir; ignoro por qué; mas la Providencia divina, en la cual confío en este momento crítico, así lo ha querido. Perdono a todos mis enemigos y suplico a mis amigos que no den paso alguno en desagravio de lo recibido por mí.

Mi vida: Educa a esas amables criaturas: sé feliz, ya que no lo has podido ser en compañía del desgraciado

                                                                                 Manuel Dorrego

Carta de Dorrego a su esposa


A sus hijas:

Mi querida. Angelita: Te acompaño esa sortija para memoria de tu desgraciado padre.

                                                                                Manuel Dorrego

Mi querida Isabel: Te devuelvo los tiradores que hiciste a tu infortunado padre

                                                                                Manuel Dorrego

Sed católicas y virtuosas que esa religión es lo que me consuela en este momento.

Carta de Dorrego a sus hijas