Publicado en el Periódico El Restaurador - Año IV N° 13 - Diciembre 2009 - Pags. 1 a 3
CAUSAS
ECONOMICAS Y POLITICAS DEL ASESINATO DE MANUEL CRISPULO DORREGO
Por el Dr. Oscar J. C. Denovi
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| Manuel Dorrego, 1828, autor anónimo |
“Hombre
virtuoso, de una vida privada y pública irreprochable, luchó siempre de frente,
con benevolencia y generosidad para sus detractores y adversarios, en el
instante supremo del tránsito repitió en tres cartas que ignoraba la causa de
su muerte, y sin embargo, siendo indulgente como siempre lo fuera, agregó que
perdonaba a sus perseguidores y a todos sus enemigos.
Y
mientras desde oscuros y atrancados salones cuatro curas, encabezados por Agüero,
apostatando de la fe jurada, impulsaban el asesinato de un hombre, Dorrego, con
su alma ante la eternidad, decía a “su querida Angelita”, en un trozo de papel,
“que así lo ha querido la providencia divina, en la cual confío en este momento
crítico… y suplico a mis amigos que no den un paso alguno en desagravio de lo
recibido por mí”, añadiendo en un sobre usado: “Mi vida: Mándame hacer
funerales, y que sean sin fausto. Otra prueba que muero en la religión de mis padres”
a su vez, a las amables criaturas que eran sus pequeñas hijas les aconsejaba,
en un pedazo de papel, que fueran “católicas y virtuosas, que esa religión es
la que me consuela en este momento”, y a su amigo Miguel Azcuénaga, “y por Ud.
a todos”, concluía diciendo que “en este momento la religión católica es mi
único consuelo”.
Dorrego
murió, pues, como un creyente genuino, en la religión de sus padres, condenado
sin recurso por cuatro renegados de la fe de Cristo, y otros más.
Así
acabó su vida ese prócer de la nacionalidad. Declarado “benemérito de la Patria” en Chile, donde
estudiaba derecho, por su actuación en septiembre de 1810. Ascendido a Capitán
por la Junta
revolucionaria de Santiago, concediéndole un escudo con la leyenda: “Yo salvé la Patria. Chile a sus primeros defensores”.
Esforzado,
intrépido y de reconocido valor personal. Herido en Nazareno (Alto Perú) en el
brazo derecho, por un tiro de fusil, más tarde otro balazo le atravesó el
cuello, rompiéndole el esófago, a orillas del río Suipacha. Al frente de su
división decidió la victoria en las batallas de Tucumán y Salta. Planificó a
pedido de San Martín, en 1814, un sistema de guerrillas de partidarios, que
Saravia primero y Güemes después llevarían adelante. Coronel graduado a los veintisiete
años de edad, rechazó por tres veces el ascenso al rango de General. Fue expatriado
por Pueyrredón a causa de coincidir con Artigas en la defensa del territorio
nacional invadido por los portugueses. A su regreso, gobernador y comandante
del ejército de Buenos Aires; miembro de la Junta de Representantes, por el voto de los
porteños. Diputado al Congreso General Constituyente, defendió los derechos
populares y sustentó la organización republicana federal. Brillante orador y
periodista. Por segunda vez gobernador y capitán general de Buenos Aires,
primer magistrado de la Nación,
al encargarle todas las provincias la conducción de los negocios generales de
la república, bregó obstinadamente, con la solidaridad de sus amigos, por la
unidad rioplatense”.
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| Primitivo monumento señalando el lugar donde fue fusilado Dorrego (a) |
Con esta síntesis de la
personalidad y trayectoria de este héroe de la Patria, termina su libro “Dorrego
y la unidad rioplatense”, uno de los hombres de más vasto conocimiento de la
historia y la política de la
Argentina: René Orsi, Académico del Instituto Nacional de
Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas por unos meses antes de su
muerte, de extensa trayectoria en el Pensamiento Nacional, y en el peronismo
desde sus primeras épocas.
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| Tumba de Dorrego en Navarro (b) |
Bastarían estas palabras
finales, para comprender quien fue Dorrego y cual su importancia en la historia
de nuestra tierra y de las tierras hermanas que fueron desgajadas de nuestro
árbol común. Por lo que mi tarea estaría concluida antes de empezar. Sin
embargo hay una interpretación no ventilada suficientemente acerca de los
intereses e ideologías que se opusieron a Dorrego, y se ensañaron con él, a
modo de escarmiento para quienes pensaban como él, que luego de un tiempo de
ostracismo, (dominio del federalismo entre 1829 con el ascenso de Rosas, y 1852
con la derrota nacional de Caseros) volvieron y triunfaron sobre quienes como
él tenían las ideas de la grandeza de la Nación Rioplatense,
denigrando a todos los que fueron los continuadores de su política.
A esos intereses y los
hombres que lo sostuvieron nos vamos a referir, para comprender mejor la enorme
proyección de su poder, que ahogó en su momento, y ahoga en nuestros días, las
pretensiones de orden, libertad y autonomía que la Nación pretendía y
pretende.
A fines del siglo XVIII,
Europa y América del Norte prestaba sobrada atención al sistema político e
institucional de una isla casi europea, pero que solo en algunos aspectos tomó
los rasgos del continente (Gran Bretaña). Ese sistema institucional, fue siendo
parcialmente imitado por la
Revolución desatada en su secular rival continental,
(Francia) cuyos cambios provocaron finalmente la caída del “ancien régim”
monárquico absolutista.
Muchas de las ideas
desarrolladas en la patria de los sajones fueron adoptadas en la tierra de sus
enemigos continentales, dando lugar a una corriente de pensamiento que se
difundió en el mundo entero, particularmente donde diversas condiciones
influyeron para que se produjeran cambios de importancia.
Así el gobierno dejó de
ser una cuestión de un solo hombre, el rey, para pasar a serlo de otro hombre
el Primer Ministro, miembro de un cuerpo colegiado (parlamento) en quien se
confiaba la formación del gobierno que este hacía con gente de su confianza, de
su partido, que compartía mas o menos sus ideas del proyecto político a
implementar por su comando.
La idea que la ley
escrita, podía encarrilar la vida de las sociedades “a priori” y no a
posteriori, como la experiencia indicaba y lo sigue indicando, pues la ley -a
la que todos deben someterse sin duda- surge de la sabiduría legislativa en la
experiencia social de la practica sobre tal o cual aspecto de la vida en
sociedad.
Las que en el plano
económico encandilaron a los pensadores con las ventajas comparativas
(Inglaterra “Taller del mundo” el resto, en particular Sudamérica, su “Granja”)
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| Sarcófago de Dorrego (c) |
Cuando la revolución
sudamericana se exterioriza, y entre nosotros lo hace en 1810, lo hace imitando
las revoluciones europeas y americanas que la habían precedido. Así fue, porque
la inspiración ideológica se planteó en Europa y en América del norte antes que
en Europa, pero con ideas del viejo mundo: La burguesía europea enriquecida con
el comercio intraeuropeo, pretendía mas poder, y entonces promueve la Revolución que tiene
motivaciones sociales y económicas que nada o poco tienen que ver con aquella
burguesía promotora, pero que esta utiliza hábilmente para apoderarse de los
bienes que le dan el poder, las tierras reales y de la iglesia, en un mundo
económico donde el poder de la riqueza se asienta en el dominio de la
producción agrícola, por cierto que en el centro de la vieja civilización
occidental.
En América, existía la propiedad realenga formalmente –las grandes
extensiones hicieron imposible un
control eficaz para asegurar su intangibilidad, y la Iglesia no procuró masivamente
su propiedad, que existió pero en extensiones mucho menores– por lo que el
problema del apoderamiento se simplificó, por lo menos desde el punto de vista
legal.
La
Burguesía
de los alrededores de la Plaza Mayor,
que en el siglo XVIII, desalojó a los descendientes de los pobladores fundantes
de la ciudad de la Santísima Trinidad,
y cuya riqueza se había labrado con el comercio, pero con una clase especial de
su práctica: El Contrabando. Esa parte de la sociedad, “La mas sana de la
población”, fue la que impulsó la
Revolución y que terminó dominando el proceso de conducción
de la imprecisa masa territorial de las Provincias Unidas y su expresión
política.
Aquel apoderamiento del
poder de la Nación
–por entonces en ciernes– por la burguesía porteña, que tiene su punto de
arranque en el momento histórico que el Cabildo de Buenos Aires sustituye el
reglamento de la Junta Conservadora
y la disuelve, eligiendo el primer Triunvirato, es desplazado brevemente en
1820 como consecuencia de la batalla de Cepeda y la caída del Directorio. Aquí
Dorrego que es gobernador interino y que enfrenta a los Federales del Litoral
por una cuestión de defensa del territorio bonaerense, no de oposición de ideas,
será reemplazado por Martín Rodríguez que responde al sector social de los
comerciantes, unitarios, no tanto por sus ideas, sino por sus intereses
fincados en el monopolio del puerto.
La burguesía que se había
apoderado del poder con el destierro de la Junta Grande (luego
Conservadora por su cambio de papel en el gobierno, de Ejecutivo a Legislativo)
lo pierde con la caída del Directorio, recupera con Rodríguez y su ministro de
Gobierno, Bernardino Rivadavia, la conducción, y con ello la garantía de
mantener sus negocios de ultramar sobre la base de la creencia dominante del
libre intercambio, pingüe ganancia para el puerto del Río de la Plata, pero ruinoso
resultado para el interior del país, aun el bonaerense, a pesar de poseer la Capital de lo que había sido
el Virreynato.
Dorrego, no tendrá mas
función política hasta el congreso de 1826, (Pueyrredón lo destierra en 1817
por su coincidencia con Artigas y la propagación de esas ideas desde su
periódico) en el que defenderá los derechos de los sectores sociales mas bajos
de aquella sociedad, y pondrá al descubierto los negocios funestos de Rivadavia
y sus acólitos.
Producido el vergonzoso
tratado con el Emperador del Brasil por las negociaciones entabladas por el
embajador pleniponteciario argentino Manuel García sobre la Banda Oriental, en el mismo se
asentaba una paz en la que el Brasil era el claro triunfador, lo que provocó la
reacción argentina hasta en los partidarios del Presidente Rivadavia. Este
renuncia, y le sucede Vicente López, que en treinta días pone fin a la seudo
Presidencia, y convoca a elección de Gobernador para la Provincia,
restableciendo el régimen vigente en 1825.
La figura rutilante de
Manuel Dorrego, por los antecedentes descriptos por el Dr. Orsi, además jefe
natural del bando (1) o partido federal, por la defensa de los sectores
sociales mas pobres y de los asalariados, y su acendrado patriotismo, gana las
elecciones en la Sala
de Representantes, organismo elector, y asume el Poder de la Provincia de Buenos
Aires. Inmediatamente este acto es respaldado por el Congreso reunido en Santa
Fe, con el encargo de las Relaciones Exteriores.
Esta rápida designación,
era al mismo tiempo resultado del enorme prestigio de Manuel Dorrego pero a la vez, operaba
como su condena a muerte: Un Federal sentaba
sus reales en el símbolo del Poder Unitario, el sillón de gobernador de Buenos
Aires. Esto significaba la frustración de los planes de gobierno centralista,
compartir el poder con la barbarie según el pensamiento dominante, pero además,
poner en riesgo el monopolio económico de Buenos Aires, es decir del negocio
casi exclusivo de la burguesía comercial porteña.
Dorrego, era
esencialmente un republicano, en consecuencia la guerra con Brasil no solo tenía
la motivación de la disputa sobre la Banda
Oriental, provincia argentina ocupada por los portugueses en
1817 con la anuencia de Pueyrredón, sino la del régimen político que gobernaba
en el vecino país, que tenía las mismas características que el de la España de la que nos
habíamos independizado. (En 1824 los portugueses dieron la independencia al
Brasil, y pusieron a su frente un emperador, Pedro I)
Por esas causas deseaba continuar
la guerra, en cambio, los unitarios, o mas bien el sector extremista de este
bando (Rivadavia y sus secuaces abogaban por un gobierno monárquico, del que el
Directorio había sido su antecedente mas próximo) simpatizaban con el sistema
político brasileño, y estaban contra la guerra, porque arruinaban o disminuían
sus negocios de ultramar.
Dorrego, anulado el
tratado de paz con Brasil, ordena la prosecución de las acciones, y pone al
frente al General Lavalleja.
Las acciones son
favorables a nuestras armas, pero pronto los recursos se agotan, y Lord
Ponsomby, embajador inglés en Río de Janeiro, aprovechará la angustia financiera
argentina para apremiar a Dorrego para hacer la paz.
Tal paz satisfacía los
intereses de Gran Bretaña, que quería separar la Banda Oriental (provincia
Cisplatina para el Brasil) de la
Argentina, pero también del Brasil. Así se creaba por el
tratado de 1828, la
República Oriental del Uruguay, con la garantía de mantener
su situación independiente por parte de ambas partes que se habían enfrentado
por integrar su territorio a su país. Al conseguirlo, Lord Ponsomby acuño la
conocida frase “He introducido un algodón entre dos cristales”.
Los unitarios se movieron
a raíz de esta paz, con eficacia, explotaron hábilmente la derrota diplomática
responsabilizando a Dorrego del resultado.
Distribuyeron esta versión entre la tropa del
ejercito que había sido abandonado a su suerte en época de Rivadavia, cuando la
escasez de medios ya había empezado a
castigar los abastecimientos de ropa, comida, munición y desde luego la paga a
los soldados.
Lavalle, Olavarría y
otros oficiales habían entrado en la conjura. Llegaron a Buenos Aires el 29 de
noviembre, y el 1º de Diciembre se sublevaron, escapándose Dorrego del fuerte
por una puerta trasera, yéndose a reunir con las milicias que comandaba Juan
Manuel de Rosas, que le aconseja dirigirse a Santa fe a reunirse con Estanislao
López.
Dorrego, estaba empeñado
en creer en sus antiguos compañeros de armas por lo que hizo caso omiso a los
consejos de Rosas, y pese a la situación sumamente desfavorable, intentó
reunirse con alguna unidad del ejército, lo que finalmente logra después de
separarse de Rosas que se dirigió a Santa Fe, pero dicha unidad que pertenecía
a la fuerza que mandaba el General Pacheco, estaba sublevada, y el Coronel
Escribano detiene al Coronel del Pueblo, como así lo llamó, entre otros nombres
al Gobernador.
Fue el principio del fin.
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| Bóveda de Dorrego en el cementerio de la Recoleta |
De nada valió la gestión
del Almirante Brown, Gobernador sustituto (interino) por ausencia del
Gobernador Propietario, el General Lavalle, de salvarle la vida enviándolo a
Estados Unidos. Su suerte estaba echada desde aquel día en que había sido
electo. El 13 de Diciembre de 1828, enfrentaba el pelotón de fusilamiento a las
15 horas, bajo el inclemente sol de Navarro. Su muerte sirvió de ejemplo a
quienes quisieron en épocas posteriores dar un escarmiento similar a quienes
continuaron su línea de pensamiento, y sirvió a estos últimos para levantar las
banderas de los movimientos nacionales y populares.
(1)
La
denominación de partido es impropia tanto para Federales como Unitarios. Si
bien había un ideario que unía a los miembros de uno y otro bando, y una
comunidad de sentimientos en los miembros de uno y otro, no había una
organización en cada uno que diera una unidad organizativa. Por otra parte
predominaba el sentimiento, mas pasional en los federales por la Patria, y mas racionalizador
en los unitarios por las formas de la cultura. Elementos insuficientes aunque
infaltables para encuadrarlos como partidos.
(a) Este poco
conocido monumento, se encontraba a una legua del pueblo de Navarro, en medio
del campo, señalando el lugar exacto donde fue fusilado Dorrego.
(b) Vista de la Tumba de Dorrego en Navarro,
donde sus restos reposaron un año antes de ser trasladados al cementerio de
Buenos Aires, actual Recoleta.
(c) “Vista del Sarcófago del finado Gobernador Dn.
Ml. Dorrego en el Cementerio del Norte en Buenos Aires” –actual Cementerio de la Recoleta- Litografía
de Bacle. Allí descansan los restos de Dorrego, desde diciembre de 1829, a donde fueron
solemnemente trasladados desde el cementerio
de Navarro.