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sábado, 19 de agosto de 2023

Estación de subte Juan Manuel de Rosas

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En la sección Tribuna del diario Clarín del 27 de noviembre de 2007 se publicó el siguiente artículo del historiador "Pacho" O'Donnell.


La probabilidad de que una estación de subte lleve el nombre de Juan Manuel de Rosas ha desatado una polémica que no parece zanjarse nunca. Una mirada sobre los nombres de las calles permite advertir cuántas otras batallas siguen pendientes.

Unitarios vs. federales, todavía
por el historiador "Pacho" O'Donnell 


Pacho O'Donnell
A raíz del proyecto de bautizar una estación de  subterráneo con el nombre de Juan Manuel de Rosas se renovó una polémica no liquidada después de 155 años de finalizadas las guerras civiles entre unitarios y federales.

Polémica que llegó a la exasperación cuando en el año 2003 propuse sin éxito que 300 metros de la Avenida Sarmiento, los deshabitados que bordean el Zoológico y la Sociedad Rural, cambiaran su nombre por el del Restaurador.

Se perdió así la oportunidad, y ojalá no se pierda ahora, de comenzar a cerrar una de las cicatrices abiertas en nuestra historia, en la que las antinomias insisten en ser vertebrales. Pero la que con mayor obstinación se resiste a saldarse es la de unitarios contra federales, la confrontación de dos proyectos de país que se dirimió en sangrientas batallas, en despiadados ajusticiamientos, en tumultuosas anarquías.

La agria y pertinaz resistencia al Restaurador en la Capital Federal es contradictoria con que haya avenidas “Brigadier General Juan Manuel de Rosas” en los partidos bonaerenses de La Matanza (Ruta Nac. N°. 3), Morón y San Martín y calles en Quilmes, San Isidro, Merlo, Pilar, Gral. Rodríguez, Escobar (2 calles), San Miguel, Tres de Febrero, Lomas de Zamora, Tigre, Berazategui, Berisso, San Vicente. También en todas las provincias. Tampoco olvidemos que su efigie decora los billetes de veinte pesos.

Esta “venganza” histórica no se agota allí pues en la ciudad de Buenos Aires tampoco hay calles que lleven el nombre de caudillos provinciales como Estanislao López, Francisco Ramírez, Juan Bautista Bustos, el “Chacho” Peñaloza, Felipe Varela, Juan Saá, López Jordán. El “castigo” a estos jefe federales no tiene en cuenta, por ejemplo, que varios de ellos tuvieron destacada actuación en las guerras de la Independencia y fueron, como es el caso del santafesino López, el entrerriano Ramírez, el cordobés Bustos, también protagonistas de los “tratados preexistentes” a los que se refiere el preámbulo de nuestra Constitución Nacional.

No faltan, en cambio, calles porteñas que llevan nombres discutibles, como el de Manuel García, ministro del protounitario Rivadavia que en una más que sospechosa negociación entregó la Banda Oriental al Brasil. O plazas con nombres de presidentes de facto como Pedro E. Aramburu. En cuanto a las estaciones de subterráneos recordemos que la ubicada en la confluencia de las avenidas Santa Fe y Cabildo fue bautizada no hace mucho con el nombre de un ministro de Alfonsín

El obstinado revanchismo unitario degrada a sus propios prohombres pues la maravillosa estatua que el genial escultor francés Auguste Rodin dedicó a Domingo Faustino Sarmiento está emplazada, semioculta entre los arbustos, en el exacto lugar donde se elevaba el dormitorio de Rosas en la residencia derribada por el odio persistente el 3 de febrero de 1899, ¡en el 46° aniversario de la batalla de Caseros! Esa insólita ubicación arrancó a su amante. Aurelia Vélez, el irónico comentario epistolar: “¡Pobre Domingo Faustino! Hasta la eternidad en la cama con el tirano”.

En cuanto al primer jefe federal, Manuel Dorrego, no fue suficiente con fusilarlo ominosamente sino que además se lo ha insultado hasta hoy erigiendo la plaza Lavalle y el monumento de su fusilador en el solar de su familia. No termina allí la fiesta vindicativa de los vencedores, que se prolonga hasta nuestros días, pues varias calles de la ciudad de Buenos Aires llevan nombres de batallas en las que las tropas unitarias resultaron vencedoras: Angaco, Yeruá, Caaguazú y otras. En cambio no merecen ese homenaje las de resultado adverso como Quebracho Herrado o Puente de Márquez.

Cabe agregar que en los países más civilizados no son aceptadas calles con nombres de batallas libradas entre hermanos. Estos desatinos urbanísticos merecen ser corregidos.

Tanta intolerancia cava una zanja de disociación nacional en la que se reproducen otras dicotomías que se dirimen por el revanchismo de acuerdo con el modelo capitalino del triunfo unitario. Sin tomar ejemplo de Urquiza, quien compadecido de la pobreza del exilio de Rosas le envió mil libras esterlinas de su peculio. Tampoco del Restaurador, quien, enterado de la muerte de don Justo José, hizo llegar a su viuda cálidas expresiones de condolencia.

Quizás sea pedagogía de necesaria unidad patriótica que en el futuro cercano se pueda tomar el subte en la estación “Urquiza” de la línea E y combinar con la línea H para descender en la estación “Rosas”.

jueves, 16 de marzo de 2023

La cuestión de los pueblos originarios y la Constitución nacional

   Publicado en el diario Clarín el 16 de marzo de 2023   

Tribuna
La cuestión de los pueblos originarios y la Constitución nacional

Miguel Angel Pichetto - Auditor General de la Nación


El Artículo 75 de la Constitución nacional en su inc. 17 establece como facultad del Congreso “Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible, ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afectan. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones”.


Durante el proceso preconstituyente, la cuestión indígena aparece recién en el segundo documento del Pacto de Olivos (Acuerdos para la Reforma Constitucional del 13 de diciembre de 1993), en los siguientes términos: “Adecuación de los textos Constitucionales a fin de garantizar la identidad étnica y cultural de los pueblos indígenas. Por reforma del artículo 67 inciso 15 de la Constitución Nacional”.


En lo que respecta al “proceso constituyente”, nos interesan los consensos a los que arribaron los constituyentes, que son cuatro. Primero: la afirmación de la “preexistencia” de los pueblos indígenas, preexistencia como requisito. Segundo: La norma no se refiere a personas individuales de etnia indígena; se refiere a “los pueblos originarios”, como entidades colectivas. Tercero: la norma no se refiere a “pueblos indígenas” inespecíficos, sino específicamente a los de la Argentina. Y en cuarto lugar, se destaca que la referencia a “Las tierras que tradicionalmente ocupan” ... remite a conceptos de posesión y de propiedad distintos de los del Código Civil; esto es, la posesión protegida es sólo la que tiene como ‘causa’ la ocupación tradicional; y la propiedad a que se refiere es comunitaria, imprescriptible e inembargable.


Además, es de destacar que el sujeto “pueblo indígena”, alude a un “pueblo indígena argentino”, no a personas individuales de etnia indígena; tampoco a las asociaciones voluntarias de tales individuos y menos a los auto percibidos indígenas. El sujeto del artículo 75, inc. 17 de la CN, es el “sujeto colectivo pueblo indígena”, aludiendo con la palabra “indígena, según el Diccionario de la Real Academia Española, al «originario del país de que se trata”.


Esto es, debe ser un «pueblo indígena argentino”. Sólo están comprendidos dentro de la norma de la CN los pueblos indígenas originarios del territorio de la República Argentina y que. actualmente se encuentren ocupando tierras pacíficamente. La norma jurídica reconoce derechos a aquellos pueblos que se han originado como colectivo diferenciado, dentro del espacio definido por el ámbito territorial de validez de la Constitución Nacional: esto es, el territorio de la República Argentina.


La posesión a la que se refiere la norma es diferente de la institución regulada por el Código Civil y Comercial de la Nación; el reconocimiento referido en el artículo en análisis contiene dos requisitos: primero, que se trate de tierras que actualmente ocupan, no que hayan ocupado en el pasado; y segundo, que la ‘causa’ de tal posesión sea su ocupación tradicional, es decir desde el pasado por continuidad histórica, lo que excluye las poseídas por ocupaciones de facto.


Están produciéndose hechos muy graves en la República Argentina, hechos de violencia, como incendios, violaciones a la propiedad privada y ataques a particulares, sobre todo en la Patagonia argentina. Se les está reconociendo derechos territoriales a personas individuales, “auto percibidas” originarias, en contra de lo que expresamente prevé la norma y nuestra Ley Fundamental. Ello configura lisa y llanamente “Traición a la Patria”, porque ese actuar pone en peligro la integridad del territorio y atenta contra la Seguridad Nacional, vulnerando nuestra soberanía.


Todos estos actos emanados del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), por medio de Resoluciones administrativas, son nulos de nulidad absoluta porque están dictados exorbitando la norma de creación, la Constitución nacional y por ende excediendo las facultades que se le otorgara al funcionario firmante. Así se decidirá oportunamente.

martes, 12 de julio de 2022

Malvinas - Presencia nacional antes de la usurpación

Publicado en el diario Clarín el 6 de julio de 2022 este interesante artículo sobre la presencia de pobladores argentinos antes de la usurpación británica en las islas Malvinas. 


LA PRESENCIA NACIONAL EN MALVINAS ANTES DE LA USURPACIÓN

por Facundo Rodríguez (Abogado, especialista en derecho internacional, magister en relaciones internacionales, docente universitario).

 

El pasado 23 de junio tuvo lugar una nueva sesión del Comité de Descolonización (C-24) de la ONU y se trató, como cada año allí, la Cuestión de las Islas Malvinas y se aprobó por consenso la 50ª resolución en el ámbito de la organización donde se llama a la Argentina y al Reino Unido a reanudar las negociaciones para poner fin a la controversia de soberanía a efectos de terminar con esta especial y particular situación colonial.

 

Como cada año, el Reino Unido no se hace presente a enfrentar sus obligaciones. Sin embargo, asistieron dos habitantes de las Islas, quienes en un lapso de seis minutos apelaron a todo tipo de falacias e inexactitudes.

 

Lo más llamativo es la novedosa tendencia de la elite británica de las islas de negar toda presencia argentina antes de la usurpación de 1833. No solo eso, sino que en un editorial del “Penguin News” -único diario de las Islas- van más allá y sostienen que antes de los británicos solo se encontraban en las Islas grupos de “zorros malvineros”.

 

El objetivo es claro: pretender demostrar que no había población argentina y que como tal no hubo una expulsión. Sin embargo, la realidad es totalmente distinta.

 

Desde el momento mismo de la emancipación, la Argentina consideró a las Malvinas como propias. A solo cinco días de la Revolución de Mayo comenzó a ejercer su soberanía sobre las Islas y hasta 1833, fecha de la expulsión de las autoridades y la población argentina por parte del Reino Unido, Buenos Aires realizó innumerables actos de soberanía de forma pública, pacífica y de buena fe.

 

Desde la toma de posesión oficial y el primer izamiento de nuestra bandera en 1820, hasta la creación de la Comandancia Político y Militar de las Islas Malvinas en donde tuvo lugar el primer matrimonio civil en la historia argentina, se realizaron concesiones de terrenos y ganados, se fundaron estancias y dos poblados, se emitió moneda, se realizaron procedimientos penales, tuvo lugar el primer nacimiento bajo soberanía de un Estado.

 

Llegaron a habitar las Islas hasta 300 personas bajo la soberanía argentina y 150 de forma permanente. Nunca, hasta ese entonces, las Islas habían tenido tal desarrollo humano.

 

Fue la joven nación argentina la que produjo el mayor desarrollo humano de las islas en toda la historia y demostró la utilidad de las islas, y fue el Imperio Británico, con su supremacía política, militar y económica, quien violando el derecho internacional se aprovechó por la fuerza de este inmenso esfuerzo.

 

Los actuales habitantes de Malvinas son producto del vicio de origen de 1833 que descarta toda argumentación británica sobre la pretendida aplicación de la libre determinación de los pueblos a la población que el Reino Unido estableció como consecuencia de su usurpación. Si hay un pueblo víctima de la acción colonial al cual el principio de libre determinación es aplicable en la cuestión Malvinas, ese pueblo es el pueblo argentino.

 

En las islas existen tradiciones propias, muchas de ellas son producto de la presencia argentina en las Islas previo a la llegada de los colonos británicos. Al campo lo llaman “the camp”, como en castellano “campo”, en lugar de “countryside”; el uso del vocablo “chay” derivado de nuestro “che”; nombres como “Estancia” o “Bombilla”; la presencia de corrales elaborados por nuestros gauchos.

 

Querer borrar el pasado y pretender rescribir la historia es un típico accionar colonial. Lo sorprendente es que aun en pleno siglo XXI se intente apelar a este tipo de bajezas para justificar lo injustificable.

domingo, 15 de mayo de 2022

Colón y sus estatuas

El día 20 de junio de 2020, se publicó en el diario Clarín, el presente artículo relativo a las estatuas de Colón


Colón y sus estatuas

por Carlos Malamud


En las últimas semanas, Cristóbal Colón se convirtió en objeto de la ira y la frustración de los manifestantes antirracistas. Al acusarlo de exterminar a los nativo-americanos también se lo responsabilizaba de los horrores de la Conquista, mientras sus estatuas comenzaban a ser derribadas. Pero esto no es algo nuevo ni comenzó con la muerte de George Floyd. Ahí está la destrucción de esculturas de Marx, Lenin y Stalin tras la desaparición de la Unión Soviética, los Budas gigantes de Bamiyán, bombardeados por los talibán o el desplome de Saddam Hussein en el Bagdad ocupado.

Esta furia oculta la necesidad de reescribir la historia. Los congoleños quieren retirar las estatuas belgas del genocida Leopoldo II. En Chile, durante las manifestaciones de 2019 le tocó el turno a los conquistadores Pedro de Valdivia y Francisco de Aguirre, y a políticos y militares del siglo XIX, como Diego Portales y Cornelio Saavedra, nieto del presidente de la Primera Junta. Los mapuches utilizaron las protestas en pro de sus reivindicaciones y para confrontar el “relato histórico oficial”, distinguiendo la visión conservadora (actos vandálicos y “alborotadores profesionales”) de la propia (“un simbolismo muy potente”, que rechaza la versión tradicional asentada en una historia falsificada).

Lewis Hamilton, el campeón de Fórmula-1, apoya el derribo de las estatuas de todos los racistas enriquecidos “vendiendo seres humanos”. Al incluir a todos los negreros, ¿también tenemos en cuenta a los comerciantes y políticos africanos que desde el siglo XVI entregaban por miles a sus compatriotas a cambio del dinero europeo? Esto es importante, ya que sin esa realidad no se entiende cómo funcionaba exactamente el comercio transatlántico.

Quienes derriban estatuas suelen apelar al revisionismo histórico con la pretensión de elaborar un relato político alternativo. Nada de historia, ya que pesan más los sentimientos y las opiniones que el saber científico. Buscan justificar la violencia en pro de un ideal de cambio, con su relato de buenos y malos, de ganadores y perdedores, tratando de dar vuelta la tortilla.

Los más empeñados en estas acciones prefieren la memoria histórica, olvidándose de lo mucho que pueden contarnos estos monumentos sobre la historia de la gente que las construyó y pagó por ellas, o incluso de la sociedad y del momento en que se erigieron.

Todo esto es más que el mero recuerdo distorsionado de un personaje tallado en piedra o en metal, ya que las estatuas suelen reflejar mejor la época, sus valores y sus cánones artísticos que al personaje retratado. Valdría la pena pensar dos veces antes que condenarlas al olvido, porque la memoria también se alimenta de malos recuerdos.

El gran protagonista de la “guerra de las estatuas” es Colón y, colateralmente, España, como se ha visto con Isabel la Católica en California. Se trata de una “guerra” que tuvo numerosos precedentes tanto en América Latina como en EE.UU. En Caracas (2004), Buenos Aires (2013) y Arica (2019) se vio trastabillar a Colón bajo la impronta chavista.

Sin embargo, los ataques ya habían comenzado antes de 1992, con motivo del V Centenario. En Estados Unidos se pasó de cambiar el “Día Colón” por el de “los pueblos indígenas, aborígenes y nativos”, como hizo Los Ángeles en 2018, a retirar su estatua del centro urbano. Después de todo, como explican, el relato de Colón descubridor de América es “falso” y encima fue el responsable “del mayor genocidio de la historia”. En 2019, cuando Washington DC se sumó al movimiento, 131 ciudades y ocho estados habían optado por celebrar el Día de los Pueblos Indígenas.

En este esquema dicotómico parece haber estatuas buenas y estatuas malas, que representan gestas rescatables y gestas reprobables. Ante eso, ¿deben caer las estatuas más aborrecibles? Y en caso afirmativo, ¿quien lo decide? Muchos de quienes aplauden lo ocurrido con Colón, los conquistadores españoles y los esclavistas seguramente se opusieron en su día al derribo de las 11 estatuas de Hugo Chávez (10 en Venezuela y una en Bolivia), o de la retirada de la horrenda escultura de Néstor Kirchner de la sede de Unasur.

¿Nos quedamos con que Colón fue simplemente un genocida y lo condenamos? ¿O hacemos más compleja la ecuación? Las reacciones aquí comentadas han sido extemporáneas y en el caso de Colón no valoraron el momento histórico en que vivió. Como hombre de su época impulsó la expansión marítima europea. Pero hay más, ¿qué hubiera sido de él si viviera en nuestros días?, ¿sería un racista o condenaría la segregación? No lo sabemos.

Hay reivindicaciones más justas que otras, aunque no es lo mismo derribar estatuas que reemplazar denominaciones hagiográficas de bases militares, plazas y calles, caso de los generales confederados. Tampoco restituir a sus dueños el patrimonio cultural africano de los museos europeos. Pero, una vez más, ¿cuál es el límite?

Lo de las estatuas recuerda los cada vez más corrientes pedidos de perdón por actos reprobables cometidos hace décadas o incluso muchos siglos atrás. ¿Qué hacer con ellos? En 2019, Andrés Manuel López Obrador envió una carta al rey Felipe VI pidiendo que España se excusara por los crímenes de Hernán Cortés y los españoles (europeos) durante la conquista. En la misiva presidencial subyace un estado de opinión extendido en la sociedad mexicana, y en otros países de América Latina, y por eso no sería descartable que se repitieran situaciones similares.

En vastos sectores de las opiniones públicas latinoamericanas existe una visión de la Conquista no compartida por la sociedad española. Si España quiere reforzar la relación con América Latina deberá afrontar el tema sin enrocarse únicamente en su legado “civilizatorio” (cultura, lengua y religión). Pero, este es un camino de doble sentido y si los latinoamericanos quieren reforzar su relación con España, tampoco pueden seguir insistiendo en una versión maniquea de la historia, con los buenos de un lado y los malos justo enfrente.

Carlos Malamud es investigador principal del Real Instituto Elcano y catedrático de Historia de América en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)

lunes, 25 de octubre de 2021

Roca - Miguel A. Pichetto

 Publicado en diario Clarín el 19 de octubre de 2021  


El 19 de octubre de 2021, en la página 23-Debate del diario Clarín, salió publicado el artículo que se transcribe a continuación.

Diario Clarín


La figura del general Roca

Miguel Angel Pichetto

Auditor General de la Nación y ex-Senador Nacional


Miguel A. Pichetto
Fue el artífice de la vertebración física de la Nación Argentina. Consolidó la soberanía en la Patagonia, en las zonas cordilleranas y en el mar argentino. Aseguró la paz con Chile y fortaleció decisivamente las fuerzas armadas bajo el principio de que no existe Nación si no se cuenta con el brazo armado: y como decía Roca, “No para ganar territorios sino para asegurar la soberanía, ejercer un efecto disuasorio, y por lo tanto, asegurar la paz”.

Hoy la Argentina tiene plena soberanía en la Patagonia y en el Mar Argentino, con los inmensos recursos que ambos espacios tienen, porque existió una Conquista del Desierto, con sus dos campañas, la del Sur y la de los Andes, esa gesta, hoy vilipendiada por grupos marginales. Pero esas riquezas, que hasta hoy no han sido plenamente aprovechadas, son el reaseguro que tiene la nación para superar su retraso y volver a tener una posición predominante en el mundo.

No hay ningún tipo de duda: la extensión del Estado Nacional a la Patagonia fue obra del primer gobierno de Roca, así como el inicio de la presencia nacional en la Antártida al finalizar su segundo gobierno.

Roca eligió como lema para su gestión “Paz y Administración”. Lo primero ya fue extensamente explicado y lo segundo consiste en que impulsó el fortalecimiento del Estado creando una burocracia pública eficiente y honesta.

Impulsó el desarrollo mediante el ferrocarril, caminos, puentes y puertos, el telégrafo, el desarrollo agropecuario. Abriendo la nación a la inversión externa y dándole a ésta plenas garantías administrativas y jurídicas.

Algunos historiadores dicen que el ferrocarril, el telégrafo, los molinos de viento, el alambrado y la política de Roca hicieron la Argentina moderna.

Cuando hoy se minimiza y se le quita legitimidad a la figura de Roca es, en el mejor de los casos, un dislate histórico. Pero no debemos caer en interpretaciones ingenuas, atacar a Roca es introducir el concepto de fragmentación territorial, pretender discutir la innegable soberanía sobre espacios, lamentablemente vacíos, pero sobre los que tenemos títulos innegables y contundentes.

Atacar al Gral. Roca es pretender que los mapas argentinos sean como hace 150 años, en los que todo nuestro sur integraba un espacio inespecificado y amorfo llamado Patagonia o Araucanía, una región geográfica que estaba disponible para quien decidiera ocuparla.

Roca, con una visión de estratega y de estadista superlativa, logró integrarla al territorio nacional junto con su mar adyacente, y lo notable fue que lo logró sin que esto generase un conflicto bilateral o regional.

Es de destacar especialmente, la lectura precisa que se hizo en su mandato, del tablero político internacional, permitiendo acoplar a la surgente República Argentina, a la economía internacional con alianzas estratégicas, que fueron la base del proyecto económico y político de la Generación del 80, que colocó a nuestro país como tierra de promisión, de inversiones, de crecimiento y de modernización.

Ese conjunto de políticas se proyectaron en la vida pública argentina por más de 60 años y todavía hoy vivimos de algunos de esos retazos.

Simplemente, a modo de resumen, los grandes líderes políticos de la Argentina del siglo XX, como lo fueron Hipólito Yrigoyen y Juan Domingo Perón, reivindicaron la figura de Roca como el hombre que logró aunar los conceptos de integración territorial, modernización económica, eficiente gestión del Estado y proyección de la República Argentina en el mundo.

sábado, 23 de octubre de 2021

Iglesia y convento de Santo Domingo, su historia

Publicado en diario Clarín el 22 de octubre de 2021  



Diario Clarín


El 22 de octubre de 2021, en la página 32-Sociedad del diario Clarín, salió publicado el artículo que se transcribe a continuación.


PATRIMONIO PORTEÑO. Es Santo Domingo, en el barrio de Monserrat. Allí se pueden rastrear desde cañonazos de las invasiones inglesas hasta el fuego del ‘55.

Hitos de la historia en una iglesia y convento que cumpió 238 años

Nora Sánchez 

Convento de Santo Domingo
Tesoro porteño. La iglesia y convento de Santo Domingo está
en Belgrano y Defensa. Archivo Clarín


La basílica de Nuestra Señora del Rosario, conocida también como iglesia y convento de Santo Domingo, sufrió las invasiones inglesas y fue blanco de balas de cañón. Fue expropiada y funcionó como museo de ciencias naturales y observatorio astronómico. Volvió a ser un templo, que fue prendido fuego en medio de las convulsiones políticas de 1955. Pero a pesar de todo, su edificio sigue incólume en la esquina de Defensa y Belgrano. Y este martes cumplió 238 años.

La iglesia fue levantada por la orden religiosa de los dominicos, que habían llegado al país entre 1601 y 1602. Su construcción empezó en 1751, dirigida por el arquitecto italiano Antonio Masella, y la posta fue tomada primero por el arquitecto Francisco Álvarez y después por Manuel Álvarez de Rocha.

Tomó años terminar el edificio. De hecho, la obra continuaba cuando el templo fue consagrado, el 19 de octubre de 1783, fecha en que se celebra su aniversario. Se lo dedicó al culto de la Virgen del Rosario.

Sus líneas originales se conservan hasta hoy: una planta de tres naves con capillas laterales de poca profundidad. La primera torre fue la de la izquierda, coronada por una veleta con un gallo. La del oeste fue añadida en 1856 y tiene una veleta con un perro, porque los dominicos recibieron ese nombre por “Domini canis”, los perros o guardianes del Señor.

En 1792 comenzó la construcción del Convento de Santo Domingo, que terminó hacia 1805. Por esos tiempos, la propiedad de los dominicos abarcaba la actual manzana entre Defensa, Belgrano, Balcarce y Venezuela.

En 1806, la iglesia y su convento jugaron un rol central durante la primera invasión inglesa, dirigida por William Carr Beresford. Los británicos prohibieron la procesión de la imagen de Nuestra Señora del Rosario.

Cuando recuerdan la historia, en la Basílica cuentan que el capitán de navío Santiago de Liniers fue al camarín de la Virgen y le prometió que si ella le ayudaba a echar a los invasores, él le entregaría las banderas de los ingleses.

En sus cartas, Liniers relató algunas circunstancias favorables que él le atribuyó a la Virgen. Como cuando cruzó el Delta junto a su tropa sin ser visto por los ingleses. O cuando una lluvia torrencial obligó a los invasores a dejar el fuerte y a esperar en la Plaza Mayor la llegada de Liniers, aislados del resto de sus fuerzas.

Los criollos recuperaron Buenos Aires y el 12 de agosto, Liniers le entregó a la Virgen dos banderas del Regimiento 71 y dos de la Marina Real Británica, trofeos de guerra que siguen en exhibición en la Basílica.

Invasiones inglesas
Torre. Recuerda marcas de cañonazos de 1807




Liniers le llevó a la Virgen banderas de regimientos ingleses, que se ven en la basílica.





En 1807, los ingleses volvieron a sitiar la Ciudad, al mando del general John Whitelocke. Repelidas por las tropas al mando de Cornelio Saavedra, algunas columnas se refugiaron en la iglesia de Santo Domingo.

Desde allí resistieron, mientras las fuerzas criollas acribillaban la iglesia a cañonazos. Fue el 5 de julio de 1807. Las marcas aún pueden verse en la torre izquierda de la iglesia, aunque fueron rellenadas con bolas de madera para simular las municiones originales.

En el atrio de la basílica hay un mausoleo, protegido por un monumento inaugurado en 1903. Allí descansan los restos de Manuel Belgrano. Fue él quien pidió ser enterrado en Santo Domingo, donde había ido a la escuela primaria. Después de su muerte, ocurrida el 20 de junio de 1820 en una casa de Belgrano al 400, su cuerpo fue trasladado a la iglesia.

Lo inhumaron vestido con el hábito de fraile. Murió tan pobre que su primera lápida se hizo con la tapa de una cómoda de la casa familiar.

Iglesia de Santo Domingo
Manuel Belgrano. El mausoleo es de 1903
En 1902, durante la segunda presidencia de Julio A. Roca, sus restos fueron exhumados mientras se planeaba el mausoleo donde reposa hasta hoy.

Hubo polémica. El cajón se había disgregado y solo hallaron algunos huesos y dientes, que fueron colocados sobre una bandeja de plata. Y dos ministros, el de Interior, Joaquín V. González, y el de Guerra, el coronel Pablo Riccheri, se apropiaron de un diente cada uno. Lo justificaron diciendo que querían mostrárselos a Bartolomé Mitre.

La prensa se escandalizó y, finalmente, los ministros devolvieron los dientes. El mausoleo fue inaugurado el 20 de junio de 1903, en un acto presidido por Roca y el gabinete.

En 1822, Bernardino Rivadavia, ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores del gobernador de Buenos Aires Martín Rodríguez, impulsó una reforma eclesiástica. Suprimió los fueros eclesiásticos, eliminó el diezmo y confiscó las propiedades de las órdenes religiosas.

Por entonces, los dominicos tuvieron que irse del país y Santo Domingo fue expropiado y dejó de funcionar como iglesia para convertirse en un Museo de Historia Natural que funcionó hasta 1854. Su director era el botánico italiano Pablo Ferrari. En la parte alta, además, se instalaron un observatorio astronómico y un gabinete meteorológico.

En esa época, la propiedad fue dividida en dos y se abrió la actual cortada 5 de julio. En ese lugar, que era el huerto, estaban enterrados muchos de los ingleses que perdieron la vida durante la primera invasión.

Los dominicos regresaron al país y recuperaron su convento e iglesia en 1835, gracias a un decreto que Juan Manuel de Rosas firmó de puño y letra. Como reconocimiento, Rosas fue nombrado hermano de la Orden.

Manuel Belgrano. El mausoleo es de 1903
El 23 de agosto de 1909, el Papa Pío X elevó al templo de Nuestra Señora del Rosario a la categoría de Basílica Menor. Y el 21 de mayo de 1942, el Convento fue declarado Monumento Histórico Nacional.

Pero esta iglesia devenida en basílica todavía iba a sufrir otro ataque.

El 16 de junio de 1955, aviones de la Marina bombardearon la Plaza de Mayo , con el objetivo de matar al presidente Juan Domingo Perón. Tenían la leyenda “Cristo vence”. Murieron más de 300 personas.

Después de ese trágico episodio, militantes peronistas salieron a quemar templos de la Iglesia , a la que acusaron de haber apoyado el intento de golpe de Estado.

El prior del convento de Santo Domingo era fray Luis Alberto Montes de Oca. Cuando vio llegar los camiones con militantes, hizo cerrar las rejas. Fue inútil. El fuego destruyó el retablo del altar mayor, la capilla de San Vicente Ferrer y los misterios del Rosario en mosaicos venecianos, que adornaban la bóveda de la nave central. Se perdieron documentos y reliquias. En 1961 comenzó el proyecto de restauración que le dio al interior del edificio la ornamentación y fisonomía que conserva hasta hoy. ■

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Dorrego y Rosas

  Publicado en diario Clarín el 15 de setiembre de 2021  

Diario Clarín


El 15 de setiembre de 2021, en la página 2 del diario Clarín, salió publicado un pequeño artículo en la columna "Pido la palabra", sin firma, titulado El adiós de Dorrego antes de ser fusilado, que se transcribe a continuación:

“Mi querida Angela: en este momento me intiman a que dentro de una hora debo morir, ignoro porqué. Mas la providencia divina, en la cual confío en este momento crítico, así lo ha querido. Perdono a todos mis enemigos y suplico a mis amigos que no den paso alguno en desagravio de lo recibido por mí. Mi vida, educa a esas amables criaturas, sé feliz, ya que no lo has podido ser en compañía del desgraciado. Mi querida Angelita: te acompaño esta sortija para memoria de tu desgraciado padre. Mi querida Isabel: te devuelvo los tiradores que hiciste a tu infortunado padre. Sed católicos y virtuosos. Mi vida: mándame hacer funerales, y que sean sin fausto. Otra prueba de que muero en la religión de mis padres. Tu Manuel.” Manuel Dorrego a su esposa Angela y a sus hijas, 13 de diciembre de 1828. (Mensaje póstumo del gobernador bonaerense antes de ser fusilado por su anterior compañero de armas, el general Juan Lavalle, quien lo había vencido en la batalla de Navarro. Dorrego murió en total aislamiento político, perseguido por los unitarios y abandonado por los federales, entre ellos Juan Manuel De Rosas.)


Como es bastante común, siempre surge la figura de Rosas, atribuyéndole conductas que no son ajustadas a la verdad histórica, como en este caso, haciendo recaer sobre él, cierta responsabilidad en la muerte de Dorrego.

A fin de aclarar los hechos acaecidos en aquél momento tan triste de la historia nacional, ese mismo día, envié una carta al matutino para ser publicada en la sección Cartas al país, pero lamentablemente no tuve suerte en que fuera publicada, posiblemente por la repercusión de los resultados de las PASO (elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias), que habían tenido lugar el día domingo precedente, por lo cual las cartas publicadas por esos días se referían a dicho tema. 

La transcribo a continuación para que los seguidores de este Blog, puedan conocerla.

Señor Director del diario Clarín

En la columna “Pido la palabra” de la edición del 15 ppdo, su autor hizo referencia a la desgarradora carta que el coronel Dorrego envió a su esposa e hijas el 13 de diciembre de 1828, momentos antes de ser fusilado por el amotinado general unitario Juan Lavalle. Al final de la nota el autor afirma que Dorrego fue abandonado por los federales y especialmente por Juan Manuel de Rosas. Nada más inexacto.

Pocos días antes de que ese jefe unitario se amotinara contra el legítimo gobernador de la provincia de Buenos Aires Manuel Dorrego, habían arribado a la ciudad las experimentadas y veteranas tropas que habían combatido contra el Imperio del Brasil, al frente de las cuales se encontraba Lavalle y con las que se amotinó. Cuando los allegados a Dorrego, entre ellos Rosas, quisieron hacerle ver el peligro que se avecinaba de un golpe contra su gobierno, el mandatario no dio crédito a tales advertencias y recién al momento de producirse el hecho, tuvo que huir apresuradamente por la puerta trasera del fuerte –lo que hoy es la Casa Rosada-, para resguardar su vida.

El derrocado Dorrego se dirigió al encuentro de Juan Manuel de Rosas, quien en esos momentos era comandante general de milicias de caballería de la provincia. Estas milicias no tenían ni el armamento, ni la experiencia, ni la formación militar de aquellos veteranos, por lo cual en un enfrentamiento, serían derrotadas. Viendo la realidad y en tal situación Rosas aconsejó a Dorrego retirarse ambos hacia Santa Fe y unir fuerzas con las del gobernador federal de esa provincia Estanislao López, para de esa forma enfrentar a las fuerzas amotinadas, con mayor posibilidad de éxito. Dorrego, que era bastante cabeza dura no hizo caso a ese consejo –como no lo había hecho pocos días antes cuando sus amigos le quisieron hacer ver el peligro del amotinamiento de las tropas- y decidió enfrentar a Lavalle en los campos de Navarro, donde y como era previsible, fue derrotado. Posteriormente se dirigió a una unidad militar que creyó amiga, donde fue apresado y el coronel Escribano, lo entregó a Lavalle, quien siguiendo el consejo de ciertos y nefastos personajes unitarios, procedió a fusilarlo sin motivo alguno. 

Ni Rosas, ni ningún federal abandonó a Dorrego -como se afirma en la nota-, fue éste quién no hizo un análisis de la realidad y por testarudez se metió solo en la boca del lobo.

Los hechos posteriores dieron la razón a Rosas en su determinación de retirarse con las milicias hacia Santa Fe, para al año siguiente poder vencer y desalojar al usurpador Lavalle de la gobernación de la provincia.

                                                                                        Norberto Jorge Chiviló

domingo, 8 de agosto de 2021

San Martín - Rutas Sanmartinianas

 Publicado en diario Clarín el 8 de agosto de 2021  

Terragno

MACRI & FERNANDEZ

Por Rodolfo Terragno – Político, diplomático y periodista


Es una iniciativa del gobierno de Mauricio Macri, pero la continuará el gobierno de Alberto Fernández. Lo hará con el apoyo del radical gobernador de Mendoza y los justicialistas gobernadores de San Juan y La Rioja, que seguirán los pasos de sus respectivos predecesores. Tendrá el apoyo del Congreso, que ratificará lo votado por todos los senadores y diputados en 2019.

La embajadora argentina ante la UNESCO impulsará la postulación con la misma certeza que me animó a mí en la anterior gestión.

Todo esto es un pronóstico, pero es fácil que se haga realidad: San Martín no es de “Juntos por el Cambio” ni del “Frente de Todos”. Y el objetivo es que la UNESCO declare Patrimonio de la Humanidad las Rutas Sanmartinianas de los Andes.

La UNESCO ya las inscribió en su lista tentativa, pero ahora hay que presentar pruebas históricas, mapas, facsímiles, nuevos aportes y auspicios. Es necesaria la participación de historiadores, arqueólogos, geólogos, educadores, escritores, cineastas, fotógrafos y artistas,

Los fundamentos de la postulación fueron, en síntesis, los siguientes:

Esas rutas no tienen sólo un valor histórico. Charles Darwin recorrió dos de ellas en 1835, dieciocho años después de que lo hiciera el Ejército de los Andes. Lo asombró hallar, a 4.000 metros de altura, “conchas marinas que alguna vez se han arrastrado en el fondo del mar”, e hizo numerosas observaciones geológicas que lo llevaron a develar que los Andes se formaron por erupciones volcánicas submarinas.

Hoy, la astrobióloga Nathalie Cabrol, directora de un instituto financiado por la NASA, sostiene que hay en la zona, del lado chileno, condiciones ambientales análogas a las de

Marte, y busca (hasta con robots) moléculas orgánicas que fundarían su hipótesis sobre la existencia de vida extraterrestre.

Los misteriosos y a veces aterradores Andes fueron el escenario de la hazaña: dividido en seis columnas el Ejército de los Andes se internó en otros tantos pasos –ubicados en Mendoza, San Juan y La Rioja- y cruzó a Chile venciendo las altas cumbres. Eran 5.423 hombres con 9.280 mulas, 1.600 caballos y 16 piezas de artillería.

El historiador inglés James Metford sostuvo que “la habilidad de San Martín para conducir a sus hombres a través de los desfiladeros y abismos de la Cordillera de los Andes merece que se lo compare con Aníbal”.

Pero John Lynch, célebre biógrafo de San Martín, afirmaba que la proeza del argentino había superado la mítica hazaña del cartaginés. Lo hacía comparando alturas: San Martín trepó hasta 4.536 metros en los Andes, mientras que, en los Alpes, Anibal no ascendió más que 1,850.

Margaret Harrison, autora del libro “Captain of the Andes. The life of José de San Martín”, coincide con Lynch. Dice, con cierta exageración, que la de Libertador fue una “hazaña sin par, más espectacular que las marchas de Alejandro, Aníbal o Napoleón.”

Pero la de San Martín no fue una expedición conquistadora. Al contrario, fue la primera parte de un Plan Continental concebido para desalojar el despotismo de esta parte de Sudamérica y asegurar la independencia de tres actuales naciones: Argentina, Chile y Perú; e indirectamente la de Bolivia y Uruguay, cuyos territorios eran entonces parte de la Argentina.

La liberación de Chile fue la primera parte de ese plan, concebido por San Martín, que culminaría en 1820 con la liberación del Perú.

Terragno
Una asombrosa prueba de la finalidad que llevaba la expedición es que el Ejército de los Andes arrastró por esas cumbres, junto con la artillería, 11 cajas con 725 libros que San Martín había traído de Europa. En esas cajas iban historias de la Revolución Francesa. biografías de Rousseau y Richelieu, tratados de derecho civil y penal, ensayos sobre la libertad de comercio, manuales de agricultura, diccionarios y enciclopedias.

Algunos de esos libros los donó en Chile y la mayor parte la destinó a la Biblioteca Nacional que creó en Perú.

El historiador venezolano Mariano Picón Salas sostuvo que el “épico” cruce –llevado a cabo por “figuras de una homérica estatura, merecedoras de una Ilíada americana- fue “parte de un proceso que encarnaba el liberalismo político y la democracia representativa, inspirado en la Constitución de los Estados Unidos y la Revolución Francesa”.

Vencidos los realistas, Bernardo de O’Higgins, co-partícipe principal de la hazaña andina, asumió como Director Supremo de Chile e hizo plebiscitar una Constitución que creó una división de poderes y garantizó los derechos a “la libertad, la seguridad y la propiedad”, O’Higgins, por otra parte, abolió los títulos de nobleza y declaró la igualdad entre indígenas, criollos y europeos.

Medidas similares adoptaría San Martín en Perú.

El triunfo de ambos terminó con el absolutismo encarnado en los virreyes, representantes de un “Rey por Gracia de Dios”, que había restablecido la Inquisición y perseguía a los disidentes.

España rinde actualmente homenajes a San Martín, que no se alzó contra ella sino contra aquel absolutismo. En un video, el gobierno español expresa: “El Libertador de la Argentina. merecedor de tributo y admiración, llevó a América la manera de ser española”.

La gesta ha influido en la formación de la identidad chilena y argentina. Ha sido y es objeto de ensayos, novelas, poesías, películas y canciones. Organismos públicos y privados realizan constantemente excursiones, a caballo y mula, por las Rutas Sanmartinianas.

Pablo Neruda, en su “Oda a San Martín” profesó reconocimiento a esos desfiladeros.

Más allá de Sudamérica, el héroe y poeta cubano José Martí veneró esas Rutas Sanmartinianas por las que “iban los hombres como por el cielo, hambrientos, sedientos, mientras abajo, muy abajo, los árboles parecían yerba y los torrentes rugían como leones”.

André Malraux sostuvo en Francia que, cruzando los Andes, San Martín creó, de la nada, una democracia.


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viernes, 25 de junio de 2021

Guerra de Malvinas - Batalla de Pradera del Ganso - Soldado Walter Buffarini

 Publicado en diario Clarín el 30 de mayo de 2021  



El conflicto del Atlántico Sur - El 39° Aniversario de la batalla más sangrienta 

Herido en combate. Walter Buffarini vió morir al teniente Estévez y a varios de sus compañeros. 15 minutos antes de la rendición, una bomba le voló la mitad de la cara 

La dramática epopeya del soldado de una foto histórica de la guerra de Malvinas 

Informe
Daniel Santoro 
Guerra de Malvinas
Buffarini sujeta con una venda que le pusieron los enfermeros ingleses, su mandíbula,
lengua y paladar que le cortó una esquirla 15 minutos antes del fin de la batalla

El soldado conscripto Walter “Polaco” Buffarini combatió en la batalla de Pradera del Ganso en la guerra de Malvinas, la más sangrienta de todas. Fueron 36 horas de combate entre 1.400 soldados de ambos bandos en una zona de sólo 1 kilómetro de frente por 3 de profundidad. Quince minutos antes de la rendición una esquirla de una bomba británica le voló la mitad de la cara. Antes, vio morir al teniente Roberto Estévez y a varios de sus compañeros y quedó retratado en una foto histórica de la capitulación en esa batalla. 

A 39 años del combate que definió el curso de la guerra que se cumplieron ayer, Clarín localizó a Buffarini y relató así en primera persona su experiencia:

“Yo y mi sección estábamos posicionados en la escuela del pueblo de Darwin desde el 3 de abril. Eramos una segunda línea defensiva de las posiciones en Darwin. Secciones del Regimiento de Infantería 12 de Corrientes estaba en la primera línea. 

Yo era del Regimiento de Infantería 25 de Sarmiento, Chubut. Pertenecía a la sección del entonces subteniente Juan José Gómez Centurión. Era del grupo de apoyo de armas pesadas como las Instalazas (un lanzacohetes portátil) y ametralladoras Mag. Pero unos días antes de la batalla nos cambian a la sección del teniente Roberto Estévez y me quedé en la escuela de Darwin. Afuera tenía bien armadito mi "pozo de zorro" para poder operar mi Instalaza. Los de la Compañía C del 25 estábamos divididos en las secciones “los romeo” de Gómez Centurión y “los bote” de Estévez y “los gato” de otro subteniente. 

“Desde el 27 de mayo empezaron a caer bombas inglesas sobre las posiciones argentinas en Darwin. Los combates terrestres comenzaron el 28 en las colinas de Darwin donde estaban apostadas secciones del 12 a cargo del subteniente Ernesto Peluffo. Ese día ellos pidieron urgente refuerzos por radio. Entonces, Estévez nos reúne y nos da instrucciones para ir al combate.

Tuvimos que caminar 3 ó 4 mil metros con todo el armamento hasta la primera línea. Fue de terror. Era una noche muy oscura y de mucho frío. Sentíamos a cada metro cómo detonaban los cañonazos de artillería y de los buques británicos.

En un momento nos topamos con un alambrado y un grupo de ingleses abrió fuego en contra nuestra. Nos agarraron caminando. Nos tiramos cuerpo a tierra. Estábamos solo a unos 30 metros de los pozos del regimiento 12 de Corrientes. Llegamos arrastrándonos bajo una balacera impresionante. Balas trazantes y bengalas iluminaban la noche. Para nuestra mala suerte no había más lugar en los pozos.

A mi compañero Horacio Giraudo una esquirla le entró por la espalda y quedó mortalmente herido. Yo me tiré cuerpo a tierra a un costado de un pozo. Y el soldado Orlando Rufino, que también es de Córdoba, quedó cerca mío. Seguían cayendo bombas por todos lados y cada vez más cerca.

Los ingleses disparaban desde una altura y nosotros desde abajo. Nos separaban unos 60 metros. Al teniente Estévez le dieron dos balazos, pero siguió combatiendo, dando órdenes y “reglando” con una radio Thompson nuestro fuego de artillería. Me ordenó disparar con la Instalaza pero las bombas las tenía el soldado Enrique Culazo que sí había podido refugiarse en el pozo.

Estévez gritaba que disparemos con los “Fales” a la izquierda, a la derecha y a todo lo que se moviera fuera de nuestras posiciones. Los ingleses tenían visores nocturnos. Nosotros, no.

- Fuego libre. Nos rodeaban- gritaba Estévez.

Me ordenó que disparaba la Instalaza hacia un cementerio donde se habían atrincherado unos ingleses. Le grité a Culazo y me trabajo tres bombas. Boca arriba y siempre cuerpo a tierra bajo ráfagas de balas, armé la Instalaza, saqué una bomba de su estuche de plástico y la cargué. Muy incómodo apunté y le di al cementerio. Vi un fogonazo y Estevez me gritó:

- Bien Bufa. Disparé de nuevo.

Logramos por unas horas frenarlos. Pero minutos después lo mataron a Estevez de un tercer tiro en la cara. Me quedaban dos bombas. Entonces, el cabo Mario Castro tomó la radio y siguió pasando datos a nuestra artillería. Pero también lo matan y quedó al mando el soldado Fabricio Carrascul quien siguió “reglando” el fuego. Carrascul pasó el parte por radio: “Murió el teniente Estévez y el cabo Castro. Me hice cargo de la sección”.

Pero también lo matan. A los que agarraron la radio los mataron a todos.

Seguíamos tirando con FAL. Era tirar y tirar. Yo, Rufino y otros. Guirado no podía tirar por la gravedad de sus heridas. Se escuchaban gritos de desgarradores de dolor por todas partes. Un olor rancio mezcla de pólvora y sangre se esparcía por el campo.

Alguien me dijo “Bufa dispara la Instalaza hacia el frente" porque los paracaidistas ingleses venían avanzando desde una laguna o algo así. Faltaban unos 15 minutos para la rendición. La agarré y cuando estaba apuntando cayó otra bomba inglesa y la onda expansiva me tiró a dos o tres metros para atrás del pozo de zorro.

Estaba aturdido pero no perdí el conocimiento. Me arrastré como pude al lado de Guirado. Me toqué la cara. Sentí que estaba destrozada. Me puse una toalla para sujetar mi maxilar derecho que quedó suelto. Una esquirla también me cortó la lengua y un pedazo del paladar. Rápidamente, la toalla quedó empatada de sangre. Entonces, la sujeté con mi pasamontaña que era lo único que me quedaba.

Era imposible soportar el fuego enemigo. Cada vez había más ingleses. Corrían por todos lados. Eran un hormiguero donde nos iban acorralando.

Ya había amanecido. Creo que eran las 9 o las 10. Me quedé boca arriba conteniendo mi dolor. Desde otro pozo de zorro escuchó que un soldado por orden del subteniente Ernesto Peluffo gritaba “parte para el teniente Estevez, parte para el teniente Estevez”. Y le contestaron:

- Está muerto.

Así Peluffo, que había quedado a cargo de la posición y también tenía una herida en la cabeza y otra en la pierna, dio la orden de rendirse.

Entonces, apareció un cabo argentino que tenía un repasador blanco atado a un FAL en señal de rendición.

Venía seguido de varios ingleses. Daban órdenes en inglés que no entendía. Dejé mis armas.

Me ordenaron bajar a un claro. No necesité camilla pero estaban desangrando. Allí me practicaron primeros auxilios. Me vendaron toda la cara y ahí es cuando quedé arrodillado y retratado en esa foto histórica.

También se ve a los soldados que resultaron ilesos boca abajo en el pasto. Todavía me pregunto que hace ese casco cerca de mí que se ve en la foto. Nosotros, los “romeo” o los “bote” de Gómez Centurión usábamos boina negra como los comandos.

Ahora que veo la foto recuerdo que me estaba asfixiando. Entonces me llevaron a un hospital de campaña que habían montado en un galpón. Me cortaron toda la ropa con una tijera y pusieron nuevas vendas. Como seguía perdiendo sangre y cada vez veía menos por la hinchazón decidieron trasladarme de urgencia. Pasaron los 30 minutos más largos de mi vida y me subieron a un helicóptero. Lo último que recuerdo es que tenía todo suelto adentro de la boca, que llegué al buque hospital Uganda y me metieron en un quirófano. Me anestesiaron y cuando me desperté tenía hecha una traqueotomía y la cara toda cocida. Si me hubiesen herido así en medio del combate me hubiese muerto desangrado en un pozo. Tuve suerte.

En el posoperatorio apareció un sacerdote inglés que hablaba español. Pero no podía hablar por las heridas. El 29 de mayo cumplí 19 años. Me regaló un Rosario de piedra y yo le di el mío de plástico. Para entendernos, le escribía. Recuerdo que le gustaba el fútbol. También le dejé una carta a una enfermera que me cuidó. Después me mandó una carta pero con los años perdí el contacto. No tengo odio a los ingleses. Estoy vivo gracias a ellos.

Estuve seis días con los ingleses.

Guerra de Malvinas
Walter Buffarini
Cuando regresé al continente estuve dos años internado. Me hicieron más de 30 operaciones en la cara. Algunas salieron bien y otras y mal. Al principio no podía hablar. Recién 25 años después de la guerra, un empresario argentino -conocido de Gómez Centurión y Seineldín- me pagó una prótesis y una operación para que pudiera comer normalmente. 
Me sacaron un pedazo de hueso de la cadera y quedé bien.

Siempre soñé que iba a volver a las Malvinas. Pude viajar en el 2009. Quería cerrar un ciclo en mi vida. Fuimos nueve veteranos. Visité la escuela de Darwin donde viví antes de la batalla. Repetí la famosa caminata que hice bajo fuego pero de día. Recogí tierra de mi pozo de zorro que ya estaba tapado pero aún se ven las marcas. Puede ver desde las alturas el panorama más amplio de la batalla. Desde donde tiré y me hirieron.

Estuve, también, en el cementerio de Darwin. Me hizo muy mal. No pude encontrar la tumba de Guirado. Aunque sea ya un hombre adulto, me lloré todo por mis compañeros muertos. Pensar que estuve muy cerca de estar enterrado allí. Pero volví el doble más malvinero. Le prometí a Guirado que iba a regresar. Hice un segundo viaje en el 2019 y esta vez sí lo pude despedir. Lo único que nos pertenece es el cementerio. Ojalá que nunca traigan los cuerpos al continente. Se termina la causa. Ellos son los verdaderos héroes.

Nosotros los veteranos no somos San Martín o Belgrano pero hicimos algo por la Patria. El sábado cumplí 58 años. Tengo 3 hijos y 4 nietos en mi pueblo General Cabrera y en la Villa del Dique donde vivo ahora. Ahora mi deber es que contar esta historia a los chicos para que no muera.