domingo, 8 de noviembre de 2026

ARA San Juan - Submarino ARA San Juan -

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En abril de 2018, la Sra. María del Rosario Lorenzo, escribió para el periódico El Restaurador, el siguiente poema, que se traspapeló y por ello, lamentablemente no fue publicado.

Lo ofrecemos para su lectura en este blog. 


ARA SAN JUAN

"Hasta que alguien rescate el 

Horizonte, el canto de los pÁjaros,

 Señalará el lugar del infortunio" 

Ana Emilia Lahitte 


Una lágrima salobre / se deshace en el abismo. / En el lejano océano, / flota en el aire / el nuevo aroma / de los que allí habitan. 

La esperanza atardecida, / se va apagando, / entre el grito impotente / de la fauna marina / y las voces del viento indomable. 

El mar de los siglos, / desnuda su nueva tragedia. / El Atlántico guarda la verdad, / sin que su voz salina / llegue a la superficie. 

Impaciencia de las olas, / llanto de padres, esposas, hermanos, / sin lápidas ni cruces, / sin flores recién cortadas. 

Frente al dolor, / el cielo ha decretado / que las mareas nos traigan / las voces y los rostros queridos. 

Otra vez, el piélago del sur / vestido de luto, / que sangra, que implora / en el límite más lejano / de nuestras miradas. 

Quizá la luna de plata, / traspase con su luz / la profunda tiniebla, / e ilumine por siempre el descanso de los cuarenta y cuatro / nuevos mártires de la Patria... 

De nuevo nuestros héroes, / redimiendo la inmensidad / de nuestros lejanos mares. / Algún día, la historia, / develará el aciago misterio. 

Maria del Rosario Lorenzo Abril, 2018.

San Martín y Bolívar - La Entrevista de Guayaquil

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

El 20 de abril de 2018, la Prof. Beatriz C. Doallo, escribió para el periódico El Restaurador, el siguiente artículo, que se traspapeló y por ello, lamentablemente no fue publicado.

Lo ofrecemos para su lectura en este blog.

San Martín y Bolívar
Entrevista de Guayaquil - Autor J. Collignon (1776-1863)



San Martín: la abdicación del Protector
                             por la Prof. Beatriz Celina Doallo
 
A mediados de enero ppdo., el exvicepresidente de la Nación Amado Boudou dijo en un reportaje: "Hasta a San Martín lo echaron de Lima acusándolo de corrupto." Desde el año 1822 en que el general José de San Martín dimitió del poder en Perú, no han cesado las controversias acerca del porqué de su renuncia. Para comprender las condiciones en que se desarrollaba la gesta libertadora iniciada con el cruce de los Andes, recordemos que en 1820, mientras en Chile San Martín, con ayuda de O'Higgins, preparaba un ejército para invadir Perú, en las Provincias Unidas estallaba la guerra civil, históricamente conocida como la Anarquía del Ario 20. El Director Supremo, José Rondeau, no solo le negó el envío de dinero y de más tropas sino que le ordenó regresar con las que tenía en Chile para hacer frente a las sublevaciones, orden que San Martín no acató. Decidido a continuar la lucha emancipadora, aun sin el respaldo de su propio gobierno, partió de Valparaíso, el 20 de agosto de 1820 con el Ejército Libertador del Perú: 4314 hombres entre argentinos y chilenos y una escuadra de 8 buques de guerra…
¿A qué enemigo se enfrentaba ese ejército? El virrey del Perú, general Joaquín de la Pezuela, tenía bajo su mando 23122 soldados, 11384 atrincherados en Lima, 6200 en el Alto Perú, el resto distribuido en guarniciones a lo largo de la costa y la frontera norte, más una flota de 6 naves de guerra y 27 lanchas cañoneras. 
Tras cuatro meses de combates en tierra y mar, con victorias y derrotas para ambos bandos, a principios de 1821 los oficiales españoles forzaron a Pezuela a entregar el mando al general José de La Serna, quien nombró comandante del ejército al general José Canterac. Por mandato real, el nuevo virrey del Perú entabló tratativas de paz con San Martín; fracasadas estas, ordenó el 30 de junio la retirada de las tropas que custodiaban Lima hacia la Sierra, la Cordillera de los Andes, y el 9 de julio San Martín entró en la capital del Perú, con parte de su ejército. 
Tal como ocurriera en Chile, no todos los que vivían en el Perú deseaban el fin de la dominación española. Miembros de la nobleza, hacendados, burgueses y comerciantes hispanos tenían en ese territorio Americano un bienestar que no habrían logrado en una España empobrecida por las guerras napoleónicas. San Martín tuvo que ganarse la buena voluntad de los limeños con proclamas destinadas a convencerlos de que la ocupación militar no conllevaba perjuicios sobre personas o bienes y garantizaba el orden público. El 28 de julio de 1821, en la Plaza Mayor y ante una muchedumbre entusiasta, hizo ondear la bandera peruana que él mismo había creado en Pisco y exclamó con voz vibrante:
¡El Perú es desde este momento libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa, que Dios defiende! 
El 2 de agosto de 1821 en otra proclama, San Martín daba cuenta de su decisión de reunir en su persona "el mando supremo político y militar de los departamentos libres del Perú, bajo el título de Protector. Espero que al dar este paso —expuso— se me hará la justicia de creer que no me conducen ningunas miras de ambición, sí solo la conveniencia pública. Es demasiado notorio que no aspiro sino a la tranquilidad y al retiro después de una vida tan agitada, pero tengo sobre mí una responsabilidad moral, que exige el sacrificio de mis más ardientes votos. La experiencia de diez años de revolución en Venezuela, Chile y Provincias Unidas del Rio de la Plata me ha hecho conocer los males que ha ocasionado la convocatoria intempestiva de congresos cuando aún subsistan enemigos en aquellos países; primero es asegurar la independencia, después se pensara en establecer la libertad sólidamente. La religiosidad con que he cumplido mi palabra en el curso de mi vida pública me da derecho a ser creído; y yo la comprometo ofreciendo solemnemente a los pueblos del Perú que en el momento mismo en que sea libre su territorio hare dimisión del mando para hacer lugar al gobierno que ellos tengan a bien elegir." Nombrando a Bernardo de Monteagudo (1) ministro de Guerra y Marina, a Juan García del Rio (2) ministro de Relaciones Exteriores, y a Hipólito Unanue (3) ministro de Hacienda, San Martín gobernó los distritos peruanos liberados, mientras vigilaba a los realistas reubicados en la Sierra y sitiaba el puerto y fuerte de El Callao. A este bastión, el más importante de España en América, el almirante escoces Alexander Thomas Cochrane, de activa participación en la liberación de Chile y la dispersión de la armada española frente a las costas chilena y peruana, insistía en tomarlo por asalto. San Martín decidió esperar que la fortificación cayera por si sola y únicamente autorizó algún ataque por tierra, como el realizado por el general Juan Gregorio de Las Heras el 14 de agosto de 1821. Para entonces ya se sabía que el general Canterac venía hacia Lima con más de 3000 soldados. Hostigado por las tropas de San Martín, que le cortaron la retaguardia, Canterac cambió el rumbo y marchó hacia la costa para ponerse bajo el amparo de los cañones de El Callao. Estuvo allí dentro seis días; luego, dejando pertrechos, se retiró por la costa y regresó a la Sierra, pero esa corta estadía precipitó la caída del fuerte: su ejército había consumido los víveres de los soldados y de los civiles allí refugiados. Cundió el hambre en El Callao, el gobernador, general José de La Mar —peruano que más tarde se unió a la causa de la Independencia— pactó con San Martín una retirada digna y los realistas abandonaron la plaza el 21 de septiembre. Después de la infructuosa incursión de Canterac, el virrey La Serna, establecido en Cuzco, la antigua capital del Imperio Inca, mantuvo al grueso del ejército en la Sierra. En tanto, pese a la toma de El Callao, la situación comenzaba a ser desfavorable para el Libertador. En Lima corrían rumores acerca de sus intenciones de proclamarse rey, habladurías a las que dio pábulo Monteagudo al fundar la Sociedad Patriótica de Lima, cuyos miembros fomentaban esa suposición Es verdad que San Martín tenía ideas monárquicas: creía positivo para asegurar la libertad del Perú, que al país lo gobernara un rey que admitiera la constitución. En diciembre de 1821 envió a Europa a García del Rio y Diego Paroissien (4) con la misión —que fracasó— de buscar algún príncipe de casa reinante que aceptara el cargo. 
En mayo de 1822 ocurrió la ruptura con Cochrane, quien partió con sus barcos a Chile, enojado porque se le reclamaron dineros públicos y privados de los que se había apoderado durante sus incursiones costeras. A esto, que significó para San Martín la pérdida de casi toda su flota, se sumaron desacuerdos, reyertas, camarillas y conatos de rebelión dentro de su Estado Mayor, obligándole a cesantear o trasladar oficiales y crear tribunales para juzgar las faltas. Se perdió así un tiempo precioso mientras los realistas se rearmaban y fortalecían en la Sierra. 
En 1820 Martín Rodríguez, teniente coronel en la campana al Alto Perú, había sido nombrado Gobernador de Buenos Aires. Poco conocedor de los vericuetos políticos, prefirió ir a pelear contra los indios, dejando el gobierno a sus ministros Bernardino Rivadavia y Manuel José García. Ante estos se presentó en junio de 1822 el peruano Antonio Gutiérrez de la Fuente, comisionado por San Martín para solicitar tropas que entrarían por el sur al Alto Perú. De la Fuente no obtuvo respuesta al pedido; más aún, García afirmó que "al país le es útil que permanezcan enemigos en el Perú...”, decisión que causó la pérdida de lo que es hoy República de Bolivia. Abandonado por Cochrane, inestable la adhesión entre su propia oficialidad, y carente de recursos monetarios para trasladar las tropas hacia la Sierra, solo quedaba a San Martín una solución unir su ejército con el de Bolívar, y para ello era imprescindible una reunión entre ambos próceres. Acordaron entrevistarse en Guayaquil en febrero de 1822, pero el encuentro debió posponerse porque Bolívar marchó a Puerto Cabello, en Colombia, donde quedaba un foco de resistencia realista. Al iniciarse la campaña del Perú, Simón Bolívar, ya proclamado Libertador, era presidente de la República de la Gran Colombia, integrada por Colombia, parte de Panamá y Venezuela. El 24 de mayo de 1822 su lugarteniente, el general Antonio José de Sucre, ganó la batalla de Pichincha, en las afueras de Quito. Con esta victoria América del Sur era libre desde México hasta el Cabo de Hornos, a excepción de los realistas guarecidos en la Sierra peruana. A fin de eliminar este último enclave enemigo, San Martín y Bolívar volvieron a acordar reunirse en Guayaquil, esta vez los días 26 y 27 de julio. Al motivo esencial de la reunión se le añadían razones poco propicias para la armonía entre ambos. 
La provincia de Guayaquil, peruana por su situación geográfica, había declarado su independencia el 9 de octubre de 1820; se formó una Junta de gobierno que puso a la provincia bajo la protección de San Martín y Bolívar, quienes aceptaron ese protectorado, cada uno con la intención de incorporar a Guayaquil al Perú o a Colombia. Para anexar un territorio hay que tener un pie dentro del mismo, y San Martín ya lo tenía: había enviado a Bolívar una fuerza auxiliar argentino-peruana de 1300 soldados, que pelearon en Pichincha. Bolívar entró con 1500 soldados en Guayaquil el 11 de julio de 1822; al día siguiente proclamó la anexión, que fue rechazada por una Asamblea popular, y declaró a la provincia en estado de anarquía. 
San Martín había preparado una maniobra análoga: se hizo preceder en Guayaquil por la escuadra peruana con el pretexto de reembarcar a la división auxiliar. Así, bajo el amparo de sus fuerzas de mar y tierra, el Protector contaba garantizar el voto popular a favor de la anexión al Perú. 
La goleta Macedonia, que lo conducía, arribó a Guayaquil el 25 de julio y en la mañana del 26 de julio San Martín y Bolívar se reunieron y se dieron el primer y último abrazo. Luego de las formalidades protocolares en un salón, quedaron solos y conversaron durante hora y media; por la tarde charlaron media hora sin testigos. Al día siguiente San Martín ordenó embarcar su equipaje a bordo del Macedonia, para marcharse esa misma noche luego de un baile al que estaba invitado. A la una de la tarde, en casa de Bolívar, conferenciaron cuatro horas a solas. Al anochecer concurrieron a un banquete donde Bolívar brindó "por los dos hombres más grandes de la América del Sur, el general San Martín y yo". San Martín contestó "Por la pronta conclusión de la guerra, por la organización de las diferentes repúblicas del continente y por la salud del Libertador de Colombia". 
Al banquete siguió el baile, al que Bolívar se dedicó entusiasta mientras San Martín se limitó a ser espectador; a la una de la mañana llamó a su edecán y le dijo: "Vámonos. No puedo soportar este bullicio". Se marcharon sin que nadie lo advirtiese; Bolívar fue al muelle a despedirlo y le obsequió una miniatura con su retrato, que San Martín conservó toda su vida.
Dado que no hubo actas ni testigos durante "la entrevista de Guayaquil", a la que se considera causante de la renuncia de San Martín al Protectorado, los términos en que se desarrolló la misma se basan en lo escrito por ambos próceres: Bolívar redactó una relación oficial para el vicepresidente de Colombia en la que expresa: "He logrado con mucha fortuna y gloria cosas bien importantes: primera, la libertad del Sur; segunda: la incorporación a Colombia de Guayaquil, Quito y las otras provincias; tercera: la amistad de San Martín y del Perú para Colombia; y cuarta, salir del ejército aliado, que va a darnos en el Perú gloria y gratitud".
San Martín no hizo relato oficial de la entrevista, pero es trascendental su carta del 19 de abril de 1827 desde Bruselas a su colaborador y amigo, el general ingles William Miller: "Mi viaje a Guayaquil no tuvo otro objeto que el de reclamar del general Bolívar los auxilios que pudiera prestar para terminar la guerra del Perú, auxilios que una justa retribución lo exigía por los que el Perú tan generosamente había prestado para libertar el territorio de Colombia.(...) Pero mis esperanzas fueron burladas al ver que en mi primer conferencia con el Libertador me declaró que haciendo todos los esfuerzos posibles solo podía desprenderse de tres batallones con la fuerza total de 1.070 plazas.(...) Al día siguiente, y a presencia del vicealmirante Blanco, dije al Libertador que, habiendo convocado al Congreso para el próximo mes, el día de su instalación sería el último de mi permanencia en el Perú".
Que duda cabe de que San Martín había interpretado bien los propósitos de Bolívar: el Libertador de Colombia quería reservarse la gloria de concluir él solo la guerra, y en consecuencia su presencia era un estorbo.
Tanto en enero de 1822, para la frustrada reunión con Bolívar, como en julio, San Martín había delegado el mando en Lima al general peruano José Bernardo Tagle y Portocarrero, marqués de Torre Tagle, quien se encontró en serios problemas: varias medidas de Monteagudo indignaron al pueblo, que le odiaba por su vida mujeriega y fastuosa y la persecución a familias españolas. El 13 de julio de 1822 un incendio en el Palacio de Gobierno fue atribuido al ministro para destruir pruebas de sus robos al erario público. La ausencia de San Martín permitió la eclosión del sentimiento popular: estalló una revuelta y Monteagudo renunció. El 30 de julio lo sacaron ocultamente de Lima y lo embarcaron en una corbeta que lo condujo a Panamá. El 20 de agosto San Martín regresó a Lima y el 20 de septiembre se inició el Congreso Constituyente del Perú. Ante él, San Martín se quitó la banda que simbolizaba su condición de Protector e hizo renuncia formal al cargo, que el Congreso aceptó, aunque insistiendo inútilmente para que siguiera al mando de las fuerzas de mar y tierra. Esa tarde, en su casa de campo, redactó una despedida al pueblo peruano y anunció su partida a un acongojado Tomás Guido. "Bolívar y yo no cabemos en el Perú", le dijo. Esa misma noche se embarcó en el bergantín Belgrano con destino a Chile. Aunque no podía presentirlo, comenzaba su exilio.
 
(1) Nació en Tucumán en 1787, se doctoró en leyes en Córdoba. Participó en Chuquisaca del intento revolucionario de 1809. Colaboró con San Martín en las campañas de Chile y Perú, y durante el Protectorado limeño; posteriormente acompañó a Bolívar, a quien conoció en Ecuador. Murió en 1825 en Lima, apuñalado por un sicario. Sus cartas, discursos, ensayos, memorias, etc. fueron editados por Ricardo Rojas en 1916 con el título "Obras politicas".
(2) Nació en Cartagena, Colombia, en 1775. Educado en España, conoció en Cádiz a San Martín y lo siguió a América, colaborando con la gesta emancipadora. Fundó periódicos en Chile y Perú, y la Biblioteca Nacional en Lima. Concluida la lucha contra los realistas, fue Ministro de Hacienda en Ecuador y de Relaciones Exteriores en Colombia. Escritor, entre sus libros se halla la primera biografía conocida de San Martín, editada en Londres en 1823 bajo el seudónimo de Ricardo Gual y Jaén. Murió en México en 1856.
(3) Nació en Arica, Perú, en 1775. Doctorado en medicina, sus trabajos científicos y literarios le dieron gran prestigio. Fundó una Escuela de Medicina y, finalizada la campaña libertadora, fue presidente del primer Congreso Constituyente peruano y más tarde, nombrado por Bolívar, presidente del Consejo de Ministros. Falleció en 1853.
(4) Médico inglés, llegó a Buenos Aires alrededor de 1809. Por sus servicios se le concede la ciudadanía en 1811. En Córdoba dirige la fábrica de armas, en 1816 se incorpora al Ejército de los Andes. Acompaña al Perú a San Martín, quien le nombra coronel. Falleció en 1827.