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jueves, 28 de julio de 2022

Cabildo Abiero del 22 de Mayo - Obispo Lué - Castelli - Omár López Mato

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

Publicamos a continuación un artículo del escritor Omar López Mato,  aparecido en el diario La Prensa del día 16 de mayo 2010, en la columna Umbrales del tiempo.

 Los días de Mayo

por Omar López Mato

Cabildo Abierto del 22 de Mayo
Obispo Benito Lué y Riega ( 1753 - 1812 )


El Cabildo Abierto del 22 de mayo comenzó a las nueve de la mañana en punto; entonces se repartió una proclama que fue leída por el actuario. Después de esta lectura se adoptó el sistema de fijar una proposición para absorberla respectivamente y acordar la siguiente.
El primer voto correspondió al obispo Lué, que ocupaba un estrado rodeado de sus acólitos. Todos escucharon la exposición del obispo, un personaje poco querido por sus feligreses debido a su carácter fuerte y espíritu poco diplomático.
El historiador Vicente Fidel López, que tuvo referencia de este episodio por su padre -el autor de nuestro Himno Nacional- concurrente al congreso general del 22 de mayo, pinta en páginas animadas la escena del discurso impertinente del obispo: “Habló con voz trémula, como si estuviese conteniendo su natural, conocidamente rudo y grosero -y olvidado de toda prudencia-, para defender al virrey cayó en el tema más desventurado con modales y palabras agresivas, dijo que estaba asombrado de que hombres nacidos en una colonia se creyesen con derecho de tratar asuntos que eran privados de los que habían nacido en España, por razón de la conquista y de las bulas que los papas habían declarado que las Indias eran propiedad exclusiva de los españoles; dijo que era un desacato insolente ese de querer negarle a la ciudad de Cádiz el derecho de imponer un gobierno general de las Indias. Desconocer la Regencia que allí se había erigido era un crimen de alta traición: porque mientras quedara un punto libre de la España en donde se defendiera la causa del rey cautivo, aunque no fuese más que un pedazo de tierra o una aldea, ese pedazo de tierra o aldea, por pequeña que fuera, tenía el derecho innegable de tomar el nombre del soberano, para crear un gobierno provisional, y para nombrar o autorizar todos los empleados y virreyes que debían gobernar las colonias; los americanos tenían la obligación natural y canónica de obedecerlos, y dado el caso de que toda la península cayese en poder de los malditos franceses, los españoles, que en América estuviesen constituidos en dignidad, por sus empleos civiles y eclesiásticos, eran los únicos que tenían derecho a concertarse, para erigir el gobierno que debía conservar estos dominios a S.M. Fernando VII o a sus sucesores”.
La indignación de los patriotas ante la manifestación poco feliz del obispo fue inmediata. Se escucharon gritos entre la concurrencia. El fiscal Villota, temiendo que se produjera un escándalo, o que la multitud, que esperaba ansiosa en la plaza, incurriese en actos de violencia, pretendió intervenir en el debate pero terció entonces el doctor Castelli. Mientras en la plaza se escuchaban gritos: ¡Abajo Cisneros!
El orador se paró sobre una banca y con voz de trueno dijo que según el señor obispo, los españoles que habían conquistado y poblado a la América no habían engendrado hombres sino carneros, puesto que los nacidos de esos padres eran simple cosa semoviente, simples siervos de los nacidos en España de otros padres, y no hijos ni herederos de los españoles de América. Entretanto, los que se habían quedado en España, ni habían conquistado, ni habían poblado; mientras que los que habían tenido hijos en América eran quienes ocupaban el país. “El señor Lué nos trae una novedad: los hijos no heredan a sus padres; los extraños, los prójimos, los mercaderes que no han hecho jamás otras cosa que chupar el jugo de nuestra tierra, esos son los herederos; aquí no hay más herederos ni más conquistadores que nosotros, es falso que el derecho de disponer de nuestra herencia, hoy que la madre patria ha sucumbido, pertenezca a los españoles de Europa y no a los americanos”. Grandes aplausos, dice López, ahogaron la voz del orador, quien rebatió al obispo la teoría del derecho de conquista, diciendo que según tal argumento, en cuanto Napoleón se apoderase de España, habría que reconocerle el derecho de apropiarse también de América, y agregó: “Los españoles de España han perdido su tierra; los españoles de América tratan de salvar la suya. Los de España, que se entiendan allá como puedan; los americanos sabemos lo que queremos, lo que podemos y a donde vamos”. Terminó su discurso con una proposición imprudente, la primera fórmula que no fue aceptada: subrogar a la autoridad de virrey, dependiendo de la Metrópoli si ésta se salva, o independiente de ella si queda subyugada. Los mismos americanos consideraron demasiado avanzada esta proposición que ponía en descubierto sus intenciones antes de conseguir el poder.
Antonio de Escalada trató de apaciguar los ánimos, mientras seguían oyéndose claramente los gritos de la calle: ¡Abajo Cisneros!

viernes, 1 de junio de 2007

Cabildo Abierto del 14 de Agosto la formacion de Fuerzas Militares

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año I N° 3 - Junio 2007 - Pag. 8 

Cabildo Abierto del 14 de Agosto

LA FORMACION DE FUERZA MILITARES



Dos días después de reconquistada Buenos Aires, el 14 de Agosto se reunió un Cabildo Abierto, en el cual se decidió quitar el mando político y militar al Virrey Sobremonte. Avisado este de lo decidido delegó el mando de las tropas en Santiago de Liniers, reservándose el gobierno del resto del virreinato. La Audiencia asumió el poder político de Buenos Aires.

En setiembre de 1806, el comodoro inglés Pophan bloquea con sus navíos la ciudad de Montevideo. Buenos Aires, teme ser atacada otra vez y se prepara para la defensa.

España, debido a que el poder naval inglés domina los mares, se ve en la imposibilidad de mandar fuerzas a sus colonias. El Virreinato queda librado a su propia suerte. Cuenta la historia que después del 14 de agosto, el Cabildo mandó a Pueyrredón como representante a España para pedir auxilios materiales, milicias y armamentos, habiendo éste recibido de las autoridades peninsulares la siguiente respuesta:

“Que las colonias se defiendan como puedan”.

Liniers convoca a todos los hombres aptos para tomar las armas y se organizan nuevos batallones. Estos cuerpos militares se identifican con el lugar de nacimiento, y sus propios jefes y oficiales son elegidos por sus integrantes. Se forma el Regimiento de Patricios, integrado por criollos, entre otros, por “jornaleros, artesanos y menestrales pobres”, a cuyo frente fue elegido el Coronel Cornelio Saavedra. Ese Cuerpo y ese Jefe tendrán años más tarde (Asonada del 1º de enero de 1809 y sucesos de Mayo de 1810) un desempeño destacado y decisivo en la historia patria.

También se formaron los batallones de Montañeses, Catalanes, Andaluces, Gallegos, Asturianos, Arribeños (del Norte del Virreinato), Migueletes, Húsares, de Indios, Pardos y Morenos y otros.

Estos batallones se ejercitan diariamente en el uso de las armas, marchas y maniobras y artes de la guerra.

“A toda hora, continuos ejercicios de las tres armas. Las formaciones y acampamientos generales eran continuos y del más bello espectáculo, hasta allí no conocido en Buenos Aires. El 15 de enero de 1807 se realizó una revista general de las tropas de la ciudad en el campo de Barracas. A las dos y media de la mañana salieron de la Fortaleza cien tambores, seguidos de brillantes bandas de música, y rompiendo la generala marcharon las tropas en larga columna por la calle de Santo Domingo (hoy Defensa) hacia el lugar del acampamiento, a donde llegaron a las cuatro de la mañana. El pueblo, y principalmente el bello sexo, alborozado, alegre, jubiloso, se puso en movimiento, precipitándose en pos de las tropas que marchaban ya a pie, ya a caballo o en carruajes de toda especie... A las ocho de la mañana hubo misa y a las diez se pasó revista general por las autoridades. Después vivaqueó la tropa, para lo cual el Cabildo había costeado el pan y el vino, dando un barril por compañía. La gente que acompañó al lugar a los soldados, también comió en el lugar y en casas vecinas. Las músicas de los distintos cuerpos atronaban el aire con sus sonidos. A las siete de la tarde regresó el ejército a la ciudad…” (Francisco Seguí, en sus memorias)