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domingo, 1 de septiembre de 2013

Estanislao López

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VII N° 28 - Setiembre 2013 - Pags. 1 a 4 

Estanislao López en Buenos Aires

Por El Federal Apostólico

Se han cumplido 175 años del fallecimiento del llamado Patriarca de la Federación, el Gobernador de la provincia de Santa Fé, Brigadier General Estanislao López. Como homenaje a tan insigne personaje de la historia nacional, publicamos estas crónicas sobre las dos oportunidades en las que estuvo en Buenos Aires, invitado por su amigo Juan Manuel de Rosas.

La primera se trató de una visita de cortesía a raíz de una invitación que le había hecho quien años más tarde será elegido Gobernador de la provincia de Buenos Aires y que habría tenido lugar aproximadamente en el año 1822, según lo refiere Manuel Gálvez en su obra  Vida de Juan Manuel de Rosas.

Los pormenores de las fiestas con las que se homenajeó al visitante las dio a conocer el escritor Manuel Bilbao (h) en Tradiciones y recuerdos de Buenos Aires publicada en 1934, cuyo capítulo Una fiesta en Los Cerrillos, se transcribe a continuación.

Patriarca de la federación
Estanislao López. 22 de noviembre de 1786 - 15 de junio de 1838


Mediaba ya una buena amistad personal entre Rosas y López cuando los acontecimientos del año veinte los encontraron en campos adversos.

La batalla de Pavón, librada el 12 de agosto de ese año, entre López y Dorrego, terminó con la derrota del primero. Rosas, con sus colorados, estaba con el segundo. Envalentonado Dorrego con su éxito, invadió Santa Fe contra la opinión de Rosas y Rodríguez, que se retiraron. Dorrego fue batido en el combate del Gamonal, el 2 de septiembre, lo que trajo la paz del 24 de noviembre, en cuyo trato López no dejaba de exigir auxilios que compensaran sus erogaciones, llegando a un punto tal, que don Martín Rodríguez manifestó no ser posible acceder a todo lo que pedía el caudillo santafesino. Tomaban mal cariz las cosas, cuando Rosas, allí presente, hizo que López aceptase lo que se le ofrecía, bajo su garantía personal, lo que aquél aceptó enseguida, firmando el arreglo con la garantía oficial del gobierno de Córdoba.

Fue en esta ocasión en la que López aceptó la invitación que le hizo Rosas para que le visitara en Los Cerrillos ese verano, cuando el horizonte político se despejara.

Cuando López lo creyó conveniente, anunció su visita y se puso en marcha con una regular comitiva. Fue recibido por Rosas con toda clase de agasajos.

Los Cerrillos, en cuyos campos inició su poderío Rosas, estaba de gala. Corrida la voz entre el paisanaje de que don Juan Manuel tenía huéspedes a quienes agasajar, empezó a caer de todas partes, como obedeciendo a una voz de mando, reuniéndose en tres días más de un millar de gauchos, número extraordinario para los tiempos en que la población de la campaña, además de ser escasa, vivía diseminada, cosa que no dejó de llamar la atención del huésped, quien preguntó a Rosas cómo podía hacer eso. A lo que éste contestó de que pasándoles la voz de que los precisaba; y que si les hubiera recomendado urgencia, en mucho menos tiempo los hubiera reunido.

El caudillo santafesino no creyó encontrar tanta riqueza y poder, lo que hizo exclamar que “aquello valía más que todo Santa Fe”, a lo que Rosas le contestó que “todo lo que allí veía estaba a la disposición de sus amigos, en cuya primera línea estaba él”.

En el galpón grande de la estancia se improvisó un gran salón, destinado a la gente de categoría, y afuera, bajo los árboles, otros con cuerdas y lazos de árbol a árbol, techándolos con ponchos y cueros, y teniendo como asientos cabezas de vaca y todo género de apoyos. Por la noche eran alumbrados con profusión de candiles de todo tamaño.

Después de cenar, Rosas a la cabeza de sus invitados se dirigió al salón, donde asumió el papel de bastonero; y a una señal que dio rompió con un gran pericón una orquesta compuesta de cincuenta guitarras. Fue bailado por las parejas que el mismo Rosas había formado y que también dirigió, terminando entre los aplausos y vítores más entusiastas.

Rosas tocando la guitarra
"Rosas tocando la guitarra y Prudencio bailando el gato", Antigua pintura al óleo sobre tela. Sin firma.


Terminado el pericón, don Juan Manuel, en medio de la expectativa general, tomó una guitarra, en la que punteó un gato: y llamando a una criollita, Nicolasa, apodada la Colorada, muy bonita y vivaracha, que además de reunir estos encantos físicos era una eximia bailadora de gato, la presentó a don Estanislao y le invitó a que bailara. Este no se hizo rogar, revelándose en el primer escobilleo un gran bailarín. En la segunda figura, la Nicolasa se superaba a sí misma, lo que entusiasmaba más a López, cuyos pies parecían igualar la agilidad pasmosa de los dedos del gran guitarrista. López terminó el baile con una figura de punta y talón, que fue la novedad de aquella memorable fiesta. A continuación don Juan Manuel bailó un malambo, que fue la admiración de todos, especialmente de López, que declaró que nunca había visto bailar de aquella manera, ni zapatear con más gracia ni originalidad. El baile terminó por la madrugada, retirándose todos a descansar.

Al día siguiente continuaron las fiestas con una gran corrida de sortijas, en la que participaron todos los concurrentes, iniciándola Rosas, quien no erró ninguna, volviéndolas a colocar para que los paisanos las sacaran.

En este juego López se reveló un gran chambón, por lo que dispuso Rosas que se corriera una especial, con jinetes escogidos por él, con la consigna de que nadie sacase la sortija sino López. Como premio colocó un anillo de su uso particular, que tenía un solitario de gran valor y que como estaba previsto sacó López, cuya satisfacción exteriorizaba de todas maneras.

Conversando con Rosas sobre los caballos de éste, López reiteraba a don Juan Manuel su admiración por los mismos: y Rosas que conocía por donde venía su huésped y para salvar a un tordillo negro de su predilección, que según las crónicas era el mismo que montaba cuando el año veinte hizo su entrada en Buenos Aires por la calle Buen Orden al frente de sus colorados, para reponer a Rodríguez, le dijo: “Este es el único que me reservo, porque es de la silla de Encarnación: sino le diría “tómelo”, como puedo hacerlo con los otros; “elija el que más le guste”. No se hizo rogar López y eligió un pangaré1 de una pintura y ligereza poco comunes, que ese día había montado Rosas, mandando que le pusieran su recado

La corrida de sortijas terminó a la hora del almuerzo, al que siguió una buena siesta, pareciendo aquello un campamento militar por el orden y disciplina que reinaba, no viéndose ningún borracho, a pesar de circular el vino, lo que no había dejado de llamar la atención de López, acostumbrado a sus santafesinos, poco respetuosos y subordinados.

Al toque de la gran campana de Los Cerrillos, que llamaba a carnear, toda aquella gente se puso en movimiento, enrollando sus recados, apareciendo al poco rato los asadores con los trozos de carne ensartados. Después del almuerzo se dirigieron a los sitios de baile, que duró hasta que el sol estaba bien alto. Ese día fue el descanso hasta la noche, en que continuó el baile.

Otro de los números preparados por Rosas fue un simulacro de combate entre trescientos indios dirigidos por dos caciques y cien colorados, dirigidos por Rosas.

Los indios con sus lanzas y los colorados con sus sables maniobraron admirablemente a toda carrera, no pudiendo los indios, a pesar de todo su empeño, soportar el empuje de los colorados. Admirábase López de la destreza y defensa del sable contra la lanza. Llegó un momento en que los indios empezaron a tomar en serio la cosa y echaron mano de las boleadoras y bolas, lo que visto por Rosas, y para evitar un combate real, mandó terminar las maniobras, declarando que no había vencidos ni vencedores. Este número fue muy del agrado de López, que así se lo manifestó a Rosas.

Estas fiestas duraron ocho días, y a su terminación hubo un descanso de tres días, que se emplearon en los preparativos para el regreso de los huéspedes.

El día de la partida dispuso don Juan Manuel que de sus tropillas de caballos se le agregasen otros al pangaré de López, lo que hizo el encanto de éste, que emprendió su viaje de regreso como un general en jefe después de haber obtenido grandes triunfos. Rosas y el doctor Maza, que había ido a las fiestas los últimos días, le acompañaron un largo trecho del camino, seguidos de la comitiva que había llevado a López y un regimiento de paisanos que iban quemando cohetes y corriendo carreras A cierta altura del viaje hicieron alto para despedirse. Adelantándose López a Rosas, le dijo: “No lo olvidaré nunca, y cuando usted necesite el apoyo de mi provincia sabrá usted cuánto le estimamos yo y mis santafesinos”. “Lo mismo digo yo”, contestó Rosas, estrechándole ambas manos, “en Los Cerrillos siempre habrá un rancho para el amigo y un par de mil hombres para el aliado”.

El tiempo confirmó esta amistad, que fue inalterable durante la vida de ambos…

 

La otra visita, tuvo lugar en el año 1837, un poco más de un año antes del fallecimiento de López ocurrido el 15 de junio de 1838.

A raíz de una congestión pulmonar que había sufrido en una de sus campañas, el Patriarca de la Federación había enfermado de tuberculosis.

A fin de ayudarlo a su restablecimiento, Rosas envió a su médico personal, el Dr. Santiago Lepper, quien le aconsejó realizara un viaje a Buenos Aires para lograr un mejoramiento en su salud.

La estadía duró desde mediados  de enero a principios de abril.

El gobernador de Santa Fe, vino a Buenos Aires acompañado por su esposa y cinco hijos, además de otros funcionarios, en carruajes que mandó Rosas, quien lo espera en el anochecer del domingo 15 de enero en San José de Flores. Los seis carruajes conduciendo a López y su comitiva y a Rosas y a varios de sus funcionarios, a su llegada al fuerte de Buenos Aires -donde se alojará durante su estadía el visitante- son recibidos con las tropas formadas y una salva de veintiún cañonazos en honor al huésped, después de atravesar la ciudad con las casas embanderadas y con gran recibimiento que le hacen los vecinos de la ciudad, quienes vitorean al santafesino y le arrojan flores a su paso.

Estanislao López

La crónica de la partida se publicó en el periódico editado en Buenos Aires The British Packet and Argentine News, conocido comúnmente como British Packet, el 8 de abril de 1837, cuya traducción fue publicada por José L. Busaniche en Lecturas de Historia Argentina, publicado en Buenos Aires en 1938, cuyo capítulo La despedida oficial a Estanislao López - 1837, dice:

El miércoles último tuvo lugar la partida del general López y su familia; lo que dio motivo a singulares demostraciones.

La calle de la Federación (antes Plata) había sido engalanada, en ambos costados, con ramos de laurel y otros adornos. Las tropas, con sus respectivas bandas de música, formaban a lo largo de la dicha calle, y en los frentes de las casas ondeaban numerosas banderas con que las habían adornado.

A las tres de la tarde llegó Su Excelencia el general Rosas, en su carruaje, a la casa de gobierno en el Fuerte, donde se alojaba el general López con su familia. Iba acompañado Su Excelencia por su escolta de caballería, mandada por el coronel Bustos. Al pasar por frente al Cabildo, la guardia presentó armas y batieron los tambores. Cuando Su Excelencia hubo llegado al Fuerte, sonaron tres cañonazos anunciando su arribo y como señal para que las tropas tomaran las armas.

A las tres y media la comitiva dejó el Fuerte, siendo saludada desde él por veintiún cañonazos y una descarga de camaretas2 que se hizo en el patio. Formaban la comitiva varios carruajes: En el primero iban los gobernadores Rosas y López con una escolta de caballería bajo el mando del coronel Bustos; los coches restantes fueron ocupados por la señora esposa del general López, miembros de su familia y acompañantes de Santa Fe, con sus equipajes. Seguían, a caballo, la comitiva, varios jefes de Estado Mayor, entre los que vimos al Inspector del Ejército, general Pinedo, los generales Guido, Pacheco y Mansilla, los coroneles Eréscano y Planes; se encontraban también el jefe de policía, altos empleados de la administración y un numeroso grupo de ciudadanos. Todos los concurrentes acompañaron a los viajeros hasta San José de Flores.

El Ministro plenipotenciario de Su Majestad Británica, Mr. Mandeville, y Mr. Russell Elliot, Capitán del buque Fly, de la Armada de Su Majestad Británica, presenciaron la partida del cortejo desde el balcón de la casa de don Miguel Riglos, en la plaza de la Victoria.

Uno de los detalles más interesantes del acto lo constituyó la presencia de la hija del general Rosas, doña Manuelita, que se presentó a caballo gentilmente, montada y en compañía de doña Mercedes Fuentes de Rosas, esposa del hijo del general. Ambas iban ataviadas con rigurosos trajes de amazonas y con un velo rojo flotante alrededor del sombrero y marchaban atrás de la cabalgata, recibiendo efusivos saludos de la concurrencia. Con ellas iban también el hijo del general Rosas y otros caballeros de la familia. Doña Manuelita Rosas es conocida como una experta amazona y en esta ocasión lucía todos los encantos de una Diana. Es verdad que sus modales atrayentes y desprovistos de toda ostentación, la han hecho extremadamente popular en Buenos Aires.

El gobernador López llegó a Buenos Aires el 15 de enero último y, según lo hemos oído decir, su salud ha mejorado notablemente. Todo aquel que ha tenido la fortuna de conocerlo, elogia sobre todo sus modales francos y sencillos.

 

1Pangaré: Es el caballo de cualquier pelo con las verijas, el hocico y las entrepiernas de un color más claro que el resto del cuerpo.

2Camareta: Mortero usado en las fiestas populares y religiosas para disparar bombas de estruendo. 


The British Packet and Argentine News, era un periódico semanal  editado en Buenos Aires, en inglés, entre los años 1826 hasta 1858. Se reflejaban en sus páginas, no solo los acontecimientos políticos, sino también vivencias sobre las costumbres, funciones teatrales, recepciones, ceremonias religiosas y militares, y otros hechos ocurridos en el Buenos Aires de entonces, redactados con gran minuciosidad y competencia.

En el año 1976, la editorial Solar/Hachette, publicó en su colección Dimensión Argentina, una recopilación de notas titulado The British Packet - De Rivadavia a Rosas - 1826-1832, efectuada por Graciela Lapido y Beatriz Spota de Lapieza Elli, siendo ese el primer tomo de los que se iban a publicar, pero lamentablemente ese fue el único tomo editado.

Es una obra de gran interés, indispensable para conocer más de cerca la historia de aquella época.

lunes, 1 de marzo de 2010

Los Santos Lugares de Rosas

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año IV N° 14 - Marzo 2010 - Pags. 8 a 11 

Los Santos Lugares de Rosas

Por el Federal Apostólico

                                        

Como el lector podrá apreciar a través de la lectura del presente artículo, la actual Ciudad de Gral. San Martín y la localidad vecina de San Andrés, son lugares ricos en acontecimientos históricos, desconocidos por la mayoría de la población.

 

Los antecedentes de nuestra ciudad

A principios del siglo XIX había pocos pobladores en lo que hoy es la planta urbana de la Ciudad de Gral. San Martín y su vecina localidad de San Andrés. Aproximadamente a principios de 1800 había una capilla en el lugar que actualmente ocupa la Escuela Nº 1 frente a la actual plaza San Martín, que fue levantada por la orden de los Franciscanos de los Santos Lugares de Jerusalén y en sus alrededores había un pequeño poblado y en sus inmediaciones estaba el cementerio. Aproximadamente en 1807 se estableció una posta.

A mediados del S. XVIII, habían arribado a la zona, monjes de la orden de los Mercedarios, quienes realizaron unas construcciones que le sirvieron de alojamiento, denominadas “Las Crujías”, ubicadas a trescientos metros aproximadamente de la actual estación de San Andrés y otras en donde actualmente se encuentra el Liceo Militar Gral. San Martín y que eran las mas importantes de la época. Según algunos historiadores un túnel unía ambos edificios. A la zona se la conocía entonces con el nombre de los Santos Lugares de Jerusalén, ya que los monjes franciscanos que levantaron el primer templo –como ya se dijo– tenían como uno de sus fines el recoger limosnas para destinarlas a la construcción de templos en Tierra Santa.  

Con motivo de la reforma religiosa promovida por Rivadavia en 1822 y la secularización de las órdenes religiosas que fueron una de sus consecuencias, esas construcciones se expropiaron y pasaron a ser propiedad del gobierno y se destinaron a cuarteles, conociéndose el primero de los mencionados como “Cuartel de las Crujías” y el otro como “Cuartel de los Chacareros”.

Entrada al edificio de Las crujías. Fotografía de 1901

En 1834, la Capilla, pasó a ser Parroquia bajo la advocación de “Jesús Amoroso”, construyéndose un nuevo edificio en el lugar que hoy ocupa la Catedral de San Martín.

 

La creación del pueblo Los Santos Lugares de Rosas

En el año 1835 una Comisión de Vecinos de Santos Lugares de Jerusalén, se dirigieron a las autoridades provinciales para que se le diera categoría de pueblo a toda esta zona “…y que de accederse a este pedido el pueblo lleve el nombre del mismo gobernador”. Por un decreto del 25 de marzo de 1836, se ordenó su trazado al agrimensor Marcos Chiclana, –quien proyectó el pueblo sobre 81 manzanas rectangulares de 140 varas de largo cada una–, y se designó al pueblo o pago como “Santos Lugares de Rosas” y se estableció que la plaza principal debía estar situada frente al templo existente. El trazado se inició en abril del año siguiente, pero después quedó paralizado, pues debido a los conflictos políticos y militares que se sucedieron a partir de dicha fecha, llevaron a esta zona a ser el centro militar del gobierno de Buenos Aires.

El nuevo edificio de la Parroquia de Jesús Amoroso se inauguró el día 8 de diciembre de 1836, en celebración del Día de la Inmaculada Concepción, con grandes festejos populares, a los que concurrieron la esposa del Gobernador doña Encarnación Ezcurra de Rosas y la viuda del Gral. Juan Facundo Quiroga, doña Dolores Fernández de Quiroga, quienes hicieron donación de una imagen de la Virgen tallada en madera, que actualmente existe, oportunidad también en que se adjudicó nombre al nuevo pueblo: SANTOS LUGARES DE ROSAS.

El 29 de enero de 1839 en la iglesia de Jesús Amoroso se realizó un oficio religioso por el eterno descanso del alma de la esposa del Gobernador –doña Encarnación Ezcurra– fallecida el día 19 de octubre anterior. 


La instalación del Campamento Militar

El 28 de marzo de 1838 se estableció el bloqueo francés por el Almirante Louis Leblanc y a raíz de ese conflicto internacional, el Gobernador de la provincia, Juan M. de Rosas, considerando a esta zona –actual San Andrés– como estratégica, ya por su altura y que existía un cruce de caminos reales que lo convertía en un punto geográfico de importancia, decidió instalar un campamento militar, para lo cual no solo utilizó las construcciones existentes, sino también se construyeron varias casas y caballerizas, estableciendo en una de ellas la Comandancia militar del campamento, que actualmente es lo único que existe y que se conserva y que se conoce como Casa de Rosas.

El Campamento o Cuartel General de los Santos Lugares, ocupaba aproximadamente diez cuadras por doce y era de forma irregular, sus límites estaban entre las actuales Av. Pte. Perón, la Ruta nacional Nº 8, la calle Leandro N. Alem, incluyendo el Liceo Militar y las vías del ferrocarril, aproximadamente.

Para la alimentación de la caballada también se establecieron varios alfalfares, situados estos en los terrenos que actualmente pertenecen al San Andrés Golf Club.

La entrada del campamento estaba ubicada aproximadamente en lo que hoy es la Av. Pte. Perón y la Av. Ayacucho y el camino que debía seguirse hasta llegar a la comandancia –aprox. cuatrocientos metros– se encontraba bordeada por sauces. Antes de llegar a la comandancia, el camino tenía un desvío hacia la derecha, para llegar al edificio de Las Crujías.

Según refiere el historiador local José Vicente Valdez Tritti, Las Crujías “Era una só­lida construcción de ladrillos de una sola planta, de unos 70 metros de frente por 60 de fondo (entre Av. Ayacucho, La Crujía, Riobamba y Libertad) con pare­des de 0,70 cm. de espesor, 24 habitaciones de pare­des dobles, para alojamiento de tropas, maestranza, cuartos para los oficiales, depósito de municiones, ca­pilla y cárcel. La entrada al edificio de Las Crujías era ancha, de medio punto en su parte superior para per­mitir la entrada de hombres a caballo, accediendo a un amplio pasadizo cubierto hasta el primer patio, el más grande de los tres del edificio. Hacia la izquierda del pasadizo estaban las entradas de las habitaciones de jefes y oficiales y hacia la derecha oficinas, capilla y guardia. En el lado izquierdo del patio y en el segun­do pasadizo hacia el segundo patio, –que también era cu­bierto y bastante ancho–, estaban las cuadras de las tro­pas. En el costado derecho se hallaba instalada la maestranza y al fondo el depósito de municiones y los calabozos. Al tercer patio se entraba desde el primero (costado derecho del edificio) y era conocido como “el de las ejecuciones”.

Teniendo en cuenta la meticulosidad de Rosas, el Campamento se encontraba cuidado, en total orden y limpieza.

En este centro militar que llegó a ser el más importante de la Confederación Argentina, fue un lugar de reclutamiento, instrucción y remonta; aquí se formaba y entrenaba el ejército federal, realizándose ejercicios de infantería, caballería y prácticas de artillería.

En la casa construida en el campamento en 1840 que es lo único que se mantiene de todo aquello y que actualmente como ya dijimos, se conoce como Casa de Rosas, –actual calle Diego Pombo, entre Ayacucho y Morello– sirvió de habitación al Gobernador Rosas desde 1840 en adelante cuando concurría al lugar, permaneciendo allí durante largas temporadas, atendiendo todo lo que tenía que ver con las cuestiones políticas y militares de la Confederación Argentina: el bloqueo francés, la invasión de Lavalle en el año 1840, la dirección de la Guerra del Paraná en 1845 en adelante y la segunda Guerra con el Brasil en 1851 y principios de 1852.

Aquí, en este lugar, el día 31 de octubre de 1840 fue ratificado por el “Gobernador y Capitán Gral. de la Provincia de Buenos Aires, Encargado de las Relaciones Exteriores de las Provincias de la Confederación Argentina” Juan Manuel de Rosas, la Convención Arana-Mackau que había sido suscripta dos días entes por el Ministro de Relaciones Exteriores y Canciller de la Confederación Argentina, el Camarista, Dr.  Felipe Arana y el Plenipotenciario francés, Vice-Almirante Barón Angel René Armand de Mackau y que puso fin al primer conflicto de nuestro país con la nación gala.

En este lugar también, el 2 de febrero de 1841, Rosas designó al Alte. Guillermo Brown como Jefe de la escuadra naval de la Confederación.

Dibujo de Jules Daufresne

En 1844, fueron trasladados en carácter de prisioneros a la cárcel de Las Crujías, el Cacique ranquel Painé, junto a su hijo de nombre Mariano de 18 años; este último se convirtió al catolicismo y al ser bautizado, fue su padrino el mismo Rosas, quien le dá su apellido. Muchos años después Mariano Rosas será también Cacique ranquel. Tanto Painé como Mariano, fueron amigos de Rosas.

A mediados de la década del 1840, llegan al lugar inmigrantes canarios, quienes se instalan en el lugar, dedicándose muchos de ellos a la agricultura y otros como artesanos trabajando en los talleres militares.

También hacia este lugar se efectuaban cabalgatas desde la residencia del Gobernador en Palermo, de la cual participaban agentes diplomáticos de distintas naciones, realizándose en el lugar fiestas y agasajos, siendo en consecuencia un lugar de mucha importancia no solo militar, sino también social y diplomático.

En 1850 aproximadamente se instaló en la entrada del campamento con una escuela particular el maestro español Diego Pombo; escuela a la cual concurrió en ese entonces el adolescente José Hernández, nacido en 1834 en la chacra de Pueyrredón –ex caseríos de Perdriel–, ubicada en la cercanía.

En la llamada batalla de Caseros, un extremo de la línea de la defensa del ejército de la Confederación estaba ubicada justamente en los Santos Lugares –aproximadamente en las intersecciones de las actuales Avs. Ayacucho y Pte. Perón–.

En este campamento y hasta la caída de Rosas –3 de febrero de 1852–, vivieron en el lugar aproximadamente 5.000 soldados con sus familiares, personal civil encargado de la confección de uniformes, del arreglo de armas, además de herreros, carpinteros, talabarteros y diversos artesanos, etc. que se ocuparon de muchas actividades, todo ello para el abastecimiento del ejército. El lugar se convirtió así en un gran taller para el Ejército, encontrándose aquí también el Arsenal. A consecuencias de tal asentamiento y centro militar, en la zona se establecieron diversos negocios, tahonas y pulperías, con lo cual se incrementó el comercio del lugar, lográndose un desarrollo del mismo, a la par que la población creció notablemente, como lo demostró el escritor local el Sr. Aníbal Morello –quien escribió sobre la historia de nuestra Ciudad–, con los registro parroquiales, que los nacimientos se incrementaron en este período decreciendo mucho después de la caída del Restaurador.

 

Después de Caseros

Después de la batalla de Caseros, el Coronel Martín Santa Coloma fue tomado prisionero en la Iglesia de los Santos Lugares, donde fue lanceado y degollado por orden y en presencia de Urquiza y del Boletinero del Ejército Grande, Domingo F. Sarmiento.

Este campamento fue escenario en esos días del saqueo y la represión de los vencidos,

También el lugar sirvió para mantener prisioneros a cerca de diez mil combatientes del derrotado ejército nacional.

La casa también fue ocupada días después de la batalla por la división brasileña al mando de Marqués de Sousa, tropa que acampó en el lugar en su marcha hacia Palermo.

Días después Urquiza, se trasladó con un séquito desde Palermo al lugar donde se había desarrollado la batalla y luego agasajó a sus acompañantes con un asado en los Santos Lugares, participando también del evento el pintor uruguayo Juan M. Besnes e Irigoyen, quien realizó cuatro pinturas de la zona, entre ellas el del templo de Jesús Amoroso.

Iglesia de los Santos Lugares. Acuarelña de Juan M. Besnes
El 2 de mayo de 1852, Urquiza volvió al lugar para presenciar unas carreras cuadreras, en las que participaba un caballo de su propiedad, en esta oportunidad, lo acompañó el Jefe del Gabinete del Imperio del Brasil, Honorio Hermeto Carneiro Leão.

A consecuencia de la derrota de Caseros, sufrida por el ejército argentino de la Confederación, el campamento fue desmantelado y abandonado y la zona se despobló, los edificios, entre ellos el de Las Crujías, se fue deteriorando a través del paso de los años como consecuencia del abandono y fueron demolidos en la primera década del siglo XX.

Vista de los Santos Lugares de Rosas a principios del siglo XX


Ruinas de los Santos Lugares de Rosas (c. principios siglo XX)

Cuartel de los Santos Lugares de Rosas antes de su demolición

1. Frente noroeste del cuartel. - 2. Calabozo grande . Fotos de principios del siglo XX

En la que había sido sede de la Comandancia –Casa de Rosas– se instaló en 1853 una escuela de varones, a cargo del Maestro Diego Pombo, que funcionó hasta 1857 y posteriormente pasó a manos privadas quienes hicieron algunas reformas, la más importante fue que le pusieron un techo de tejas francesas, tal cual se puede observar en la actualidad.

La sede de la Comandancia, antes de que se le colocara el techo de tejas en el siglo XX. (1)

En el año 1988, la propiedad fue comprada por la Municipalidad de Gral. San Martín y declarada de interés Histórico y Municipal y también fue declarado Lugar Histórico Nacional por la Ley 24.965.

En el lugar funciona desde entonces, el Museo Histórico Regional Brigadier Gral. Don Juan Manuel de Rosas.

Frente a dicha casa y a escasos cincuenta metros –actual calle Diego Pombo por medio– existía otra edificación de la misma antigüedad, que fue demolida hace aproximadamente diez años y que fue propiedad del Sr. Antonio Porchetto y de sus descendientes, en la cual funcionó la Capitanía de la Guardia y al fondo estaban los establos.

 

Dibujo de Jean Baptiste Henri Durand Brager

El nuevo nombre

El 6 de diciembre de 1856, se le da un nuevo nombre a estos pagos de los Santos Lugares, pasaría a llamarse a partir de entonces: General San Martín, doce días después se aprueba la traza urbana y se nombra una Comisión de Vecinos.

Evidentemente este pueblo no podía seguir ostentando el nombre de los Santos Lugares de Rosas, ya que el Estado de Buenos Aires –como se la llamó a nuestra provincia escindida de la Confederación en aquel momento–, como en el resto del país, se trató de borrar todo lo referente al “execrable tirano” y por ello se le dio un nuevo nombre. Pero las autoridades antirrosistas de entonces, no tuvieron en cuenta que una vez más el nombre del Libertador, quedaba indisolublemente unido por su historia al nombre del Restaurador de las Leyes, en un pago que honra la memoria de ambos Padres de la Patria y del cual todos los sanmartinenses, por haber nacido aquí y por seguir los ideales del Gran Capitán, nos enorgullecemos.

           

Fuentes:

José Vicente Valdez Tritti, “Historia del pueblo de Gral. San Martín, desde el Virreinato del Río de la Plata hasta el 2000”, publicado en sucesivos números del Periódico Informaciones durante el año 2003.

Dr. Carlos M. Torreira, “Casa de Rosas”, folleto del “Mojón Cultural de la Soberanía Nacional, Santos Lugares de Rosas”.

Jaime González Polero, “La Historia del Pueblo de General San Martín, Año 1790-1995”, Edit. Por la Municipalidad de Gral. San Martín.

“Historia del Pueblo de San Andrés”, Coordinadora María del Carmen Redlich; pexto y presentación: José V. Valdez Tritti.

Anibal Morello, “Reseña Histórica de la Ciudad y Partido de Gral. San Martín”

 www.revisionistas.com.ar

(1) Contrariamente a lo que dice el texto debajo de la foto (Palermo), esta construcción era la de la Comandancia de los Santos Lugares de Rosas, actual museo Casa de Rosas, ubicada en la localidad de San Andrés.

lunes, 1 de diciembre de 2008

División en el partido federal

Publicado en el Periódico El Restaurador - Año III N° 9 - Diciembre 2008 - Pag. 3  

División en el partido federal

Posteriormente al alejamiento de Rosas de la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires -diciembre de 1832-, se produjo una división en el partido federal.

Están aquellos leales al caudillo indiscutido –Rosas– llamados federales netos, Apostólicos o Lomos Colorados. Son tradicionalistas y enemigos de los “decembristas” –son llamados así quienes habían apoyado y colaborado con el Motín de Lavalle en diciembre de 1829– y unitarios. Pertenecen a este grupo entre otros, los hermanos Tomás Manuel y Nicolás Anchorena –primos de Rosas–, Tomás Guido, Manuel Vicente Maza, Mariano Sarratea, Vicente López y Planes, Nicolás Mariño, Baldomero García, José Lagos, Felipe Arana, etc. Cuentan con el apoyo de la mayoría del partido federal, principalmente de las clases bajas

La otra facción -contrarios a Rosas- serán llamados Doctrinarios, Cismáticos o Lomos Negros. Quieren un partido federal depurado y la pronta sanción de una constitución; tienen relación con unitarios, “decembristas” y logistas. Pertenecen entre otros a esta parcialidad el Coronel Manuel de Iriarte, Coronel Félix de Olazábal, Gral. Enrique Martínez, Gregorio Tagle, etc. Muchos de estos “federales”, se convertirán en francos opositores y enemigos de Rosas y posteriormente emigrarán a Montevideo, donde se unirán a los unitarios allí residentes.

¿El porqué unos se llamaban “Lomos Negros” y otros “Lomos Colorados”?, lo era porque para una elección, cada grupo había hecho imprimir sus boletas con tinta negra o colorada.

Cada facción también tenía sus periódicos o bien simpatizaban con ese grupo:

Periódicos Cismáticos: El Defensor de los Derechos del Pueblo, El Iris, El Constitu­cional, El Amigo del País, El Látigo Republicano, Los Cueritos al Sol, etc.

Periódicos Netos o Apostólicos: Restaurador de las Leyes, El Federal Restaurador, etc..