En el N° 701 de la revista Todo es Historia del mes de junio de 2026, fué publicado el siguiente artículo de autoría del director de este Blog, Norberto J. Chiviló, sobre el combate de Punta del Quebracho.
Novedades del Blog
Buscar en este Blog
El Restaurador
Dr. Norberto Jorge Chiviló
Visitas a este Histórico Blog
sábado, 20 de junio de 2026
domingo, 1 de marzo de 2020
Guerra del Paraná - Lauchlan Bellingham Mackinnon
Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XIV N° 64 - Marzo 2020 - Pags. 12 y 13
Año Belgraniano
1770-3 de junio-2020, 250 años de su nacimiento / 1820-20 de junio- 2020, 200 años de su fallecimiento
Vivencias del teniente naval inglés L. B. Mackinnon en la Guerra del Paraná
Última parte.

Estampilla de Sierra Leona del HMS Alecto
Última parte
En la primera parte de este artículo, publicado en el número anterior de este periódico, transcribimos y comentamos parte de lo narrado por el teniente L.B. Mackinnon, oficial de la fragata H.M.S. Alecto, en su libro La Escuadra Anglo – Francesa en el Paraná– 1846, sobre las alternativas de la llegada del navío desde Inglaterra a Montevideo el 26 de enero de 1846, su posterior travesía hacia Corrientes, su vuelta a Montevideo y la segunda remontada por el Paraná y los enfrentamientos con la artillería argentina.
En esta última parte continuamos con la bajada por el Paraná de la Alecto y toda la flota anglofrancesa en su regreso hacia Montevideo.
El convoy anglofrancés se pone en marcha para sortear las defensas en San Lorenzo
El día domingo 25 de mayo de 1846, a la mañana temprano, cuenta Mackinnon, “…todo el convoy y los buques de guerra, excepto los vapores ingleses, se pusieron en marcha aguas abajo para el último punto de reunión que se había fijado: cinco millas arriba de las baterías de San Lorenzo.
Durante la tarde pusimos a bordo de la Alecto cuantos elementos serían necesarios para formar la batería encubierta. Y al día siguiente levantamos ancla al amanecer; eran las diez y media cuando anclamos en el último lugar de reunión a unas cuatro millas al norte de las baterías de San Lorenzo. Un oficial del buque Gorgon pidió que nos colocáramos entre ellos y la costa porque en la noche anterior el enemigo les había acribillado el buque con balas enrojecidas, obligándoles a salir de la línea. Antes de ocultarse el sol tuvimos el gran placer de ver a todo el convoy anclado entre nosotros, dirigidos por los dos pequeños vapores Lizard y Harpy”.
La instalación de una batería encubierta de cohetes Congreve
El viernes 30 de mayo se hizo saber que Mackinnon había sido designado para instalar una batería encubierta o camuflada de cohetes Congreve, en una isla o islote que se encontraba frente a las baterías argentinas ubicadas en el Paso del Quebracho, la que tenía por objeto actuar contra aquellas baterías, cuando la flota pasara por el lugar. Después de realizar con total cautela una expedición a dicha isla por una pequeña patrulla, se encontró un lugar donde “los cohetes podrían ser colocados allí con bastante seguridad para nosotros”. De regreso a las naves se proyectó la mejor manera de llevar a cabo todos los preparativos.
El día 2 de junio cerca de las 10 de la noche, se dio comienzo a la empresa.
Los encargados de instalar la batería, se embarcaron desde la Alecto, en una falúa, para llegar a la playa de la isla. Mackinnon da cuenta del esfuerzo que debieron hacer sus hombres después de desembarcar para trasladar en varios viajes, todo el armamento, municiones y demás elementos para instalar la batería de cohetes, en un medio agreste y en total silencio para no ser advertidos por las fuerzas enemigas que tenían enfrente. La misión era la de instalar los cohetes en la posición adecuada, escondidos de la vista de los vigías argentinos, para lograr sorprenderlos en el momento oportuno.
El día 3, ya instalada la batería y manteniéndose ocultos, los ingleses desde su emplazamiento vieron “…al jefe enemigo, general Mansilla, cuñado de Rosas, inspeccionando la línea completa de baterías, cañón por cañón. Comenzó por el extremo inferior de la línea y continuó subiendo, en una carroza de cuatro caballos con su estado mayor y acompañado por algunos jinetes. Todos ellos estuvieron por largo tiempo al alcance de nuestros cohetes, pero conocíamos demasiado bien el gran efecto que producían y los reservábamos para el momento oportuno, sin necesidad de ensayarlos en movimiento alguno prematuro. Nos bastó con observar de cerca y con los anteojos de larga vista cada movimiento del enemigo durante la inspección que efectuó. Apenas llegaron las sombras de la noche, hicimos salir a toda la partida. Cada sección tomó el aparato de su cargo, y en el espacio de una hora quedó bien afirmado en tierra todo lo correspondiente a los cohetes y utensillos en la posición acordada durante las horas del día… El viento fue gradualmente poniéndose del norte y la partida comenzó entonces a mirar como muy posible que el convoy pasara frente a las baterías en la mañana próxima…todos abrigaban gran confianza en el buen éxito de la acción y se mostraban impacientes por la aparición del nuevo día”.
El combate de la Angostura del Quebracho
El 4 de junio la flota enemiga en navegación hacia Montevideo, fue enfrentada por las baterías del ejército nacional en la Angostura del Quebracho, próximo a San Lorenzo, ocasionándoles bajas humanas y daños importantes en las naves, algunas de las cuales fueron incendiadas por los propios tripulantes para que no cayeran en manos argentinas. Dichos daños fueron reconocidos por los propios comandantes ingleses en los partes que dirigieron oportunamente a Londres y que fueron publicados por la prensa de ese país y también por la argentina.
En ese combate, el teniente Mackinnon, al mando de las baterías de cohetes Congreve, formadas por 3 baterías de 24 libras y 3 caños de cohetes de 12 libras, que había instalado días antes en forma camuflada en una isla frente a las fuerzas argentinas, como ya se relató precedentemente, cuenta desde su punto de vista el desarrollo del mismo, destacando en forma exagerada, pero a lo mejor y casi seguro de buena fe, los efectos letales que dichos cohetes habrían producido entre las fuerzas argentinas. Tengamos en cuenta que la isla se encontraba debajo de las defensas argentinas que se habían instalado en lo alto de las barrancas, por lo cual mientras que los argentinos disparaban desde arriba hacia abajo, con más facilidad, pudiendo apreciar los efectos producidos, las fuerzas invasoras por el contrario, lo hacían desde abajo hacia arriba, con mayor dificultad y por lo cual su artillería no resultó de utilidad contra las fuerzas defensoras. Desde su ubicación, Mackinnon tampoco podía ver claramente los efectos que producían la explosión de los cohetes que disparaba, sino solo suponer o imaginarse algo que en realidad no ocurría. Desde los navíos solo podía verse que los proyectiles de su artillería no llegaban a causar efecto sobre las fuerzas defensoras, porque no llegaban hasta lo alto de la barranca.
Como prueba del poco efecto, por no decir nulo, que produjeron tanto la artillería naval como los cohetes en las fuerzas de la Confederación, basta señalar que su comandante, el general Lucio Norberto Mansilla, en carta que mandó el mismo día del combate al coronel Vicente González, le contó sobre los daños que se les había producido a los enemigos, y así afirmaba: “…El convoy de piratas, llevó su merecido. Están aún ardiendo a nuestra vista una barca, dos goletas y un pailebot, con todo su cargamento. En medio de la confusión producida por nuestros pequeños cañones, estos buques vararon en la costa de enfrente… y [los enemigos] no encontraron mejor medio que incendiar los buques…” y finaliza haciendo referencia a las bajas sufridas por los defensores: “Por tan honrosa jornada, en la que no tengo más pérdidas que la de un solo hombre y cuatro heridos por la visible protección de la Divina Providencia…” Esas bajas fueron insignificantes, si tenemos en cuenta que las fuerzas argentinas contaban en primera línea con 600 infantes y 150 carabineros, además de escuadrones de reserva.
La partida hacia Buenos Aires
A mediados de agosto y ya de vuelta en Montevideo Mackinnon relata: “…recibimos órdenes de completar la carga de carbón, de hacer otras provisiones y prepararlo todo para llevar a bordo al ex cónsul Mr. Hood, que había llegado poco antes de Inglaterra y trataría de arreglar ciertos asuntos con Rosas en Buenos Aires…
El día 30 de agosto partimos para Buenos Aires y llegamos a la ciudad en el día siguiente. Mr. Hood desembarcó enseguida para tener una conferencia con Rosas. La Alecto quedó ahora en una situación singular. Llevando la bandera blanca en alto, tenía libre comunicación con la ciudad capital del país, contra el cual, durante los seis meses precedentes, había estado luchando de continuo. Varios otros buques de guerra ingleses y franceses, estaban apostado ahí cerca, haciendo cuanto podían por hostigar y detener a los barcos de comercio, que pretendían descargar en las costas de la república Argentina… Algunos de los oficiales fueron a pasear por la costa entre las baterías que protegen la costa del río en la ciudad [relata seguidamente Mackinnon que se produjo un enfrentamiento entre las mencionadas baterías y el Firebrand]. Es razonable suponer que la población en cualquier otro país se hubiera sentido exasperada ante este insulto a su capital; pero estoy bien informado de que, cuando alguno de los oficiales de la Alecto andaban en medio de esa población, no hubo ninguna manifestación ofensiva contra ellos, aunque los oficiales sintieron lo extraño de su situación al verse junto a una batería que estaba cañoneando a nuestra propia bandera… Pasados pocos días, Mr. Hood concluyó su misión ante Rosas y nos embarcamos una vez más en la corbeta para volver enseguida a Montevideo”.
Buenos Aires y Montevideo
Es interesante lo manifestado por Mackinnon sobre quiénes eran los verdaderos gobernantes de Montevideo y el estado en la que se encontraba esta ciudad sitiada:
“En este período la ciudad de Montevideo se hallaba en un estado de discordia y de caos que superaba todo lo imaginable. Los altos funcionarios de los dos países más poderosos del mundo [Francia e Inglaterra] eran, de facto, los gobernantes de la ciudad, porque los gobernantes nominales dependían enteramente de ellos. Y en consecuencia las autoridades locales estaban dispuestas a expedir proclamas y a hacer leyes o no hacerlas, a hipotecar rentas, o llevar a cabo cualquier resolución que le fuera ordenada por los dichos gobiernos…
Los nativos de la ciudad eran pocos y todos eran tenderos y dependientes de casas inglesas, cuyas opiniones nadie tenía en cuenta. El resto de la población estaba formada por vascos, por italianos y negros libertos”.
Es sorprendente lo que afirmaba acerca de las crueldades que se atribuían a las fuerzas sitiadoras de Oribe:
“Las más repugnantes crueldades eran ejercidas por los dos partidos nacionales y se perpetraban de ordinario torturas horribles y asesinatos premeditados de prisioneros. Para despertar la simpatía de las autoridades y fortalecer el odio contra el enemigo (esto lo contó una persona en cuya veracidad puede depositarse la mayor confianza) era frecuente que, cuando resultaba muerto algún hombre de las avanzadas de la ciudad en una de las diarias guerrillas que se producían, sus propios compañeros mutilaran a cuchilladas el cadáver de la víctima, de manera repugnante. Hasta lo destripaban, y dejaban al cuerpo tal como un carnicero prepara el cuerpo de una oveja. Entonces lo llevaban a la ciudad y lo exhibían bajo el ojo de las autoridades, asegurando, con mentira, que el soldado había sido hecho prisionero y tratado así por el enemigo [las tropas oribistas]. Menciono este episodio como espécimen del sistema de fraude utilizado por un partido en Montevideo [los riveristas y unitarios] para engañar a las autoridades. Muchas otras villanías eran perpetradas y desgraciadamente con mucho éxito”.
Es interesante también lo que este oficial inglés cuenta sobre el estado de las dos ciudades que él conoció en el Plata y es de destacar asimismo la comparación que hace de la seguridad que existía en Buenos Aires con la imperante en Londres, que da por tierra, con muchos mitos que inclusive hasta hoy muchos “historiadores” propalan sobre la inseguridad que según ellos soportarían los habitantes porteños, como consecuencia de crímenes y atropellos que atribuyen a la “mazorca”:
“…de formar opinión propia sobre el estado de las dos principales ciudades, Buenos Aires y Montevideo. El contraste era sorprendente. En Montevideo, con toda la civilización que en el orden civil y militar los jefes de los dos grandes poderes europeos podrían haber llevado, como es de suponerse, la ciudad estaba sucia hasta el extremo, la policía era pésima, porque los asesinatos se cometían en pleno día, haciendo víctimas a los mismos habitantes de la ciudad o a los marineros y soldados europeos. En Buenos Aires, por el contrario, reinaba la mayor seguridad en cuanto a la vida y la propiedad de las personas. Una policía activa y eficiente imponía en las calles de la ciudad la misma seguridad que podría encontrarse en Londres, y quizás mayor. Un gobierno riguroso hacía respetar las leyes, y los oficiales ingleses sentíanse, no solamente más seguros en sus personas, aun tratándose de una ciudad enemiga, sino tratados con mayor cortesía que en Montevideo.
Cualesquiera fueran las faltas de Rosas, este último hubiera podido decir, ciertamente, que, mientras su ciudad se hallaba en perfecto orden y seguridad, Montevideo, bajo otras influencias, era teatro de la anarquía…”
* * * * * * * * * * * * * * *
El cohete Congreve
El cohete constaba de un cuerpo cilíndrico de aproximadamente 10 cms. de diámetro por 70 cms. de largo, realizado con una lámina de hierro y una punta u ojiva cónica muy puntiaguda de aproximadamente 20 cms. hecha del mismo material. En la parte cilíndrica se hallaba el combustible que oficiaba de propulsor, que era pólvora especialmente tratada y compactada, que entraba en ignición mediante el encendido de una mecha. Para darle estabilidad, de su parte posterior salía una vara que servía de guía aerodinámica y evitaba que la trayectoria del cohete fuera errática. Esa camisa metálica o cuerpo cilíndrico en su parte inferior externa poseía una guía que se deslizaba por una especie de riel que estaba en la plataforma de lanzamiento, siendo estos unos caballetes de hierro con rieles guía de 5 metros de longitud.
En la punta u ojiva llevaba cargas explosivas o incendiarias, que oscilaban entre 1 y 10 kilos. El cohete de 24 libras que fue el más usado llevaba 10 kilos de carga. Estos cohetes, generalmente se lanzaban en salvas, de a pares. Los artilleros que lo operaban, podían ajustar la puntería, graduando el ángulo de los caballetes de lanzamiento.
En la batalla de Caseros se utilizaron estos cohetes ya sea por parte del ejército de la Confederación Argentina, como por el ejército brasileño.
jueves, 1 de septiembre de 2016
Combate del Paso del Quebracho
Publicado en el Periódico El Restaurador - Año X N° 40 - Setiembre 2016 - Pags. 14 a 16
Bicentenario de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América el 9 de Julio de 1816
1846 - 4 de junio - 2016.
Homenaje a los 170 años del combate de Paso del Quebracho
Doctor Guillermo María Masciotra
![]() |
| Cuadro pintado por J. M. Gilbert |
El
teniente Lauchlan Bellingham Mackinnon, oficial en la corbeta HMS Alecto,
llegada a Montevideo desde Inglaterra, a fines de enero de 1846 y enviada a
remontar el Paraná para sumarse a la expedición anglofrancesa que el 20 de
noviembre había forzado las defensas argentinas en Vuelta de Obligado, fue el
encargado -ya en el regreso- de montar una batería de cohetes a la Congrève en
una isla frente a la Angostura del Quebracho para hacer frente a las fuerzas
argentinas que esperaban el regreso de la flota.
En este cuadro pintado por J. M. Gilbert, propiedad de Mackinnon y que publicó en su obra que en castellano fue traducida como "La escuadra Anglo-Francesa en el Paraná, 1846", se aprecia la intervención de esos cohetes en la batalla del 4 de junio de 1846
El Combate de Paso del Quebracho o de la Angostura, que se desarrolló en las cercanías del hoy Puerto San Martín, Provincia de Santa Fe, el 4 de junio de 1846, constituye una de las glorias de la Guerra del Paraná y de las luchas por la soberanía e independencia nacional.
En esa circunstancia, la flota de embarcaciones mercantes y de guerra que había forzado la defensa de Vuelta de Obligado un poco más de seis meses atrás y remontó el río para llegar a Corrientes, regresaba de su destino maltrecha y deseando salir de nuestro territorio, que le resultaba manifiestamente hostil.
La enorme pérdida económica para los comerciantes de Montevideo, las bajas en las tripulaciones y tropas, sumado a la pérdida de cargas y al deterioro de las naves, fortalecían el deseo de abandonar cuanto antes el Río Paraná y así en forma escalonada los convoyes invasores buscaban la llegada al Plata a pesar de su superior artillería y blindajes.
Pero también debemos decir que después de Obligado, la artillería volante con el concurso de Juan Bautista Thorne, Santiago Maurice, Álvaro de Alzogaray, José Félix Cerezo y Laureano de Anzoátegui, siguieron desde la costa a las fuerzas invasoras durante toda su travesía y siempre que por las condiciones del río y sus costas lo permitía, la atacaron. Con vigías en las espesuras de las costas, playas y barrancas, se emboscaba en forma continua a la flota invasora. Así de improviso se desplazaban las unidades de artillería, desarmadas de sus cureñas, las piezas eran cargadas en carros y caballos y colocadas nuevamente en posición aguardaban el momento para disparar y desaparecer.
La expedición de auxilio enviada desde Montevideo, bajo el amparo de navíos de guerra venidos desde Gran Bretaña, también había sido atacada mientras remontaba el río Paraná cuando pasó por San Lorenzo, dos meses antes.
En el combate de Vuelta de Obligado, los anglofranceses habían capturado el pailebote Federal (1), al cual rebautizaron como Vuelta de Obligado en homenaje por la reciente "victoria" que habían obtenido, poniéndolo en servicio de SMB y enarbolando desde entonces pabellón inglés. Este navío, por sus características de fácil maniobra y velocidad lo hacían apto para prestar servicio como buque correo de la escuadra invasora y su base en Montevideo.
Cuando en cumplimiento de su misión, este nave bajaba por el Paraná desde Corrientes y se encontró frente a San Lorenzo, encalló en la noche del 18 de abril. Al amanecer del siguiente, advertidos los argentinos de esa situación, cuatro cañones a cargo de Alzogaray la atacaron desde la costa, logrando averiarla. La tripulación y el comandante británico abandonaron el navío y huyeron. Alzogaray con algunos soldados abordaron la embarcación, lograron zafarla de su varadura y la llevaron al puerto de San Lorenzo, donde se retiró el poderoso cañón inglés de bronce, con que lo habían armado, emplazándoselo en la batería instalada en Punta del Quebracho. El pabellón británico que enarbolaba la nave, junto con el equipaje del comandante, correspondencia oficial y otra documentación que los tripulantes dejaron en su huída, fueron remitidos al gobernador Rosas.
El General Lucio Norberto Mansilla -veterano de las Guerras por la Independencia y contra el Imperio de Brasil-, secundado eficazmente por los Coroneles Manuel Virto, Martín Isidoro Santa Coloma y los artilleros veteranos de Vuelta de Obligado prepararon en Punta del Quebracho desde el mes de abril de 1846 una nueva defensa similar a la presentada en Paso del Tonelero y San Lorenzo, aguardando al núcleo principal de la flota invasora. Las fuerzas argentinas contaban con menos de veinte cañones que fueron emplazados en lo alto de una barranca, fuera del alcance de la artillería enemiga, y con un millar de hombres aproximadamente en total, formadas por los siempre aguerridos integrantes del 2do. Batallón de Patricios, los Lanceros de Santa Fe y el Regimiento Escolta del Gral. Mansilla como reserva. Mansilla era un experto en obtener ventajas en el terreno cuando la diferencia de armamento no le daban una situación favorable.
Los comandantes de las naves invasoras sospechaban fundadamente desde los puentes de sus buques, de una nueva defensa a todo trance que realizarían las fuerzas de la Confederación Argentina, cerca de San Lorenzo, por lo cual se detuvieron a escasas leguas del sitio durante días para reagruparse.
Finalmente el 4 de junio, la flota enemiga compuesta de 12 naves de guerra y 95 mercantes, decidió forzar la posición argentina, donde recibieron un daño mayor, en naves y mercaderías. En algunos casos las embarcaciones, debido a la confusión de las maniobras tendientes a evitar el fuego argentino que se les hacía desde la barranca, vararon en el lecho fangoso y fueron incendiadas por sus propios tripulantes para que no cayeran en manos argentinas. De una de las goletas en llamas los argentinos recuperaron mercaderías.
Luego de casi tres horas de duro combate, parte de las naves retrocedieron porque precisamente la eficaz artillería de Thorne les causaba severos daños.
El combate del Paso del Quebracho, fue una clara victoria de las fuerzas nacionales, decisiva en la solución del conflicto, ya que los invasores tuvieron cuantiosas pérdidas en las naves mercantes y también los navíos de guerra recibieron el fuego de las baterías argentinas, siendo algunos de ellos seriamente dañados, sufrieron también muchas bajas humanas, frente a las insignificantes de las fuerzas defensoras.
La finalidad de la expedición al Paraguay y Corrientes había fracasado. La ruina aguardaba a los comerciantes de Montevideo que creyeron haber encarado un próspero negocio, pero que les resultó lo contrario, ya que no solo no pudieron vender sus mercaderías, sino que gran parte las ellas se perdieron como consecuencia de la lucha.
Los invasores comprendieron que era imposible navegar impunemente los ríos interiores argentinos y de nada les servía la política de cañoneras en un territorio al cual se podía invadir pero del cual resultaba muy difícil salir indemne. Aprendieron la lección y ya nunca más intentaron adentrarse en ríos que eran argentinos.
La estrategia de Mansilla, fue la de correr y golpear, además de dar libertad de acción a sus comandantes para que con decisiones sobre la marcha de los acontecimientos, descargaran salvas en el momento imprevisto y en muchos episodios hasta la última carga de munición.
Tampoco los nuevos ataques de José Garibaldi -bajo las órdenes del gobierno enemigo de Montevideo- a Gualeguaychú y Paysandú cambiaron el curso final de la Guerra del Paraná ya que este enemigo de la Argentina, que había sido derrotado completamente por el almirante Brown en el combate naval de Costa Brava poco menos de cuatro años atrás (15 y 16 de Agosto de 1842), ahora había vuelto a la aventura y al saqueo, luego de que se le permitiera huir y así salvar la vida en las jornadas mencionadas, donde fuera batido por nuestra fuerza naval.
Las noticias del fracaso expedicionario anglofrancés también llegaron a Londres y Paris donde las bajas, las pérdidas de naves y la frustración de los comerciantes europeos que no podían comerciar en el Río de la Plata fueron comentadas en los círculos de los gobiernos inglés y francés y en toda la prensa europea. Tomás Guido -embajador en Río de Janeiro- resaltó que las ricas compañías comerciales de Liverpool y Manchester, también levantaron su voz al ver que tenían la mejor plaza del Atlántico Sur cerrada para sus productos y la Casa Baring Brothers hizo saber a sus inversores con preocupación, que uno de sus préstamos efectuado precisamente a la Argentina, era uno de los pocos que se pagaba en sus servicios puntualmente y que con el ataque a la Confederación Argentina seguramente peligraría en adelante su cumplimiento.
Además, la acción diplomática de Carlos María de Alvear desde Estados Unidos,- divulgador de la Doctrina Monroe en los propios Estados Unidos, la que a similitud de la Guerra de Malvinas no se invocó ni aplicó por el gobierno norteamericano-, de Mariano Balcarce en Francia y de Manuel Moreno en Inglaterra crearon tal conmoción que se resolvió cambiar el interlocutor para negociar con la Confederación Argentina y así llegó el plenipotenciario Thomas Hood para reunirse con Rosas y su canciller Felipe Arana, para finalizar el conflicto, pero pasarán tres años más para la firma de los Tratados Arana-Southern y Arana-Lepredour.
Guido desde Río de Janeiro, también advirtió sobre la llegada de dos regimientos de línea ingleses procedentes de Ciudad de El Cabo al Imperio de Brasil como modo de coacción, lo que en definitiva no se produjo.
La Confederación Argentina no cedió nunca en sus pretensiones de respeto a su soberanía sobre sus ríos interiores, a pesar que bajo la óptica del terreno estrictamente militar, la flota invasora pudo pasar en todas las oportunidades en las cuales se le presentó batalla, pero al costo que el saldo desfavorable de los combates para los argentinos, se transformó en una victoria política y diplomática que llegó hasta los Estados Vaticanos.
La posición de Juan Manuel de Rosas encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, en materia de la navegación de los ríos interiores, era similar en argumentos a la adoptada y aplicada por las potencias europeas, entre ellas Francia é Inglaterra, ya que el Río Paraná era sin duda un río interior. Y es precisamente lo que esas naciones más tarde reconocieron en aquellos tratados mencionados, respecto a la soberanía nacional en los ríos Paraná y Uruguay.
Ha pasado una flota pero la realidad es que el Río Paraná no ha quedado libre para las banderas bloqueadoras, no hay víveres frescos en las costas del Paraná, el ganado ha sido retirado al interior lejos de las riberas, y no hay peor situación que haber invadido un territorio y no saber cómo y a qué precio salir.
Rosas, gran negociador, al tratar por separado con Francia e Inglaterra, consiguió formalmente evidenciar las diferencias que existían entre las dos potencias. Nuestra diplomacia interpretaba con acierto que este plan de invasión solo tenía un interés comercial y que el bloqueo era absolutamente ilegal y contrario a derecho.
Para fundar más aún la posición de la Confederación Argentina, es el hecho que el CONCEPTO DE LOS RIOS INTERNACIONALES, era desconocido en los foros internacionales, y recién se inició su desarrollo en la segunda mitad del siglo XIX.
(1) El pailebote Federal era una nave de construcción española, muy similar a una goleta, de silueta muy fina de solamente 3 m. de manga y una eslora de 28 m., con un desplazamiento de 115 tn. llegaba a ser identificada como la más veloz del Plata. Fue adquirida en 1844 para ser destinada al traslado de los prácticos que auxiliaban a las naves en el pilotaje en el Río de la Plata. Luego de su recuperación por Álvaro José de Alzogaray y ya bajo pabellón argentino y con el nombre originario Federal, su mando es ejercido hasta 1848 por el capitán Santiago Maurice, otro marino veterano de la Guerra del Paraná. Integró la Escuadrilla de Ramallo que operó en Corrientes, pasando luego por su versatilidad a ser asignado como aviso de la Armada Argentina. A partir de 1850 se pierde su actuación en los Registros de Buques.
Fuentes:
Busaniche, José Luis. Historia Argentina. - Caillet Bois, Teodoro. Los Marinos de la dictadura. - Galmarini, Hugo. Tomás Guido. - Gálvez, Manuel. Juan Manuel de Rosas. - Gerding, Eduardo. Recuerden Vuelta de Obligado. - Harguindeguy, Pablo. Apuntes sobre buques de la Armada Argentina. - Mackinnon, L.B. La escuadra Anglo Francesa en el Paraná 1846. - O´Donnell, Mario. La Gran Epopeya. - Piccirilli, Ricardo y Gianello Leoncio. Biografías Navales. - Ruiz Moreno, Isidoro. Campañas militares argentinas. - Saldías, Adolfo. Historia de la Confederación Argentina. - Tanzi, Héctor. Historia Marítima Argentina.
* * * * * * * * * * * * * * *
Canción
del Quebracho, escrita por el general Mansilla después del combate del
Quebracho
1°
- Quebrachito de eterna memoria / De los grandes recuerdos será / Ojalá de la
historia argentina / No se borre tu nombre jamás.
2°
Altanera de Junio en el cuatro / de esos viles la flota se vio / Invitando a
Mansilla a la lid / Que orgulloso jamás despreció.
3°
Ya se traba el ruidoso combate / Y entre el fragor se oye repetir: / Viva
Rozas, viva la Nación / Por la patria la gloria es morir.
4°
Entre el humo y las balas se vió / A las grandes naciones ceder / Al valor de
libres que hicieron / Vergonzosa su fuga emprender.
5°
Esos mismos que allá en Obligado / levantaron de nuevo el pendón / De
Inglaterra será el oprobio / de la Francia, vergüenza y borrón.
Fuente:
Dermidio T. González en "El hombre -
Reedición de la obra y apuntes históricos - Documentos y hechos desconocidos de
la historia argentina" (Arturo E. López editor, Buenos Aires, 1912)
miércoles, 1 de junio de 2011
De Obligado a Punta del Quebracho
Publicado en el Periódico El Restaurador - Año V N° 19 - Junio 2011 - Pags. 10 a 12
“Quebrachito de eterna memoria, / de los libres por
siempre serás, / ojalá de la historia argentina / no se borre tu nombre jamás”.
De Obligado a Punta del Quebracho
Por
El Federal Apostólico
![]() |
| El HMS Alecto,
remolcando tres goletas, es atacado en el Quebracho. Grabado de G. M. Gilbert |
Después del Combate de Vuelta de Obligado (20 de noviembre de 1845), desarrollado sobre las costas del Paraná y cerca del pueblo bonaerense de San Pedro, en el cual la escuadra anglofrancesa venció las defensas argentinas y pudo liberar el paso del río obstaculizado por una barrera formada por lanchones unidos entre sí por tres gruesas cadenas afirmadas en la costa, algunas de las naves siguieron su navegación río arriba, otras quedaron en el lugar cerca de 40 días para reparar las averías que les habían causado la obstinada defensa de la artillería argentina, –algunos de los navíos tenían 120 impactos en sus cascos– para después en enero de 1846, la mayoría de ellas seguir rumbo a Corrientes y Asunción, mientras que otras regresaron a Montevideo –si bien algunas de estas últimas volvieron posteriormente a internarse nuevamente en el Paraná–.
Si bien el fiel de la victoria en ese encuentro se había inclinado a favor
de los invasores anglofranceses, estos no se la llevaron de arriba. Pero lo que
no esperaban era que los argentinos siguieran oponiéndoseles en toda ocasión,
como efectivamente sucedió.
Repuestas las fuerzas argentinas de la derrota sufrida, su misión fue hacer
frente a las fuerzas invasoras, allí donde fuere posible y con los medios que
se tuvieran a disposición, ya sea montando baterías sobre las costas o
simplemente atacándolas con descargas de fusilería –cuando las condiciones
geográficas lo permitieran–, a fin de hostilizarlas en todo momento y para
hacer efectiva la arenga del Gral. Mansilla, previo al Combate de Obligado,
cuando dijo que los intrusos no navegarían impunemente las aguas de nuestros
ríos.
Lo más importante era hacerles ver a los invasores de que no podrían
mancillar la soberanía nacional sin ninguna consecuencia para ellos y que los
ríos interiores argentinos ya tenían dueño y que no iba a ser nada fácil su
navegación.
Desde el 20 de noviembre de 1845, se sucedieron diversos hechos de armas,
algunos menores, por decirlo de alguna forma, y otros más importantes por el
empeño en la acción de mayores recursos de ambos contendientes. Las dos
acciones de mayor envergadura tuvieron lugar en San Lorenzo y Punta o Angostura
del Quebracho (actual Puerto San Martín), situadas ambas a muy poca distancia
una de la otra.
Durante los meses de diciembre (1845) y enero (1846), los anglofranceses
desembarcaron nuevamente en Obligado, donde fueron rechazados por tropas de
Mansilla, del Coronel Juan Bautista Thorne y del teniente Facundo Quiroga –hijo
del general del mismo nombre–.
El 9 de enero a la altura del puerto de Acevedo en la costa bonaerense, el
convoy de los invasores fue hostigados por el cañoneo de cuatro piezas de
artillería argentina de 4 libras, contestado por los buques enemigos, no
recibiendo ninguna de las partes daños de consideración.
![]() |
| Coronel Santa Coloma |
Sin perjuicio de estas posiciones principales, la artillería volante
argentina –de destacada actuación–, se adelantará y seguirá por la costa del
Paraná a la flota invasora y formará batería en diversos puntos de la costa
donde se les hará frente, para hostigarlos y no dejarlos navegar en paz.
Como se manifestó, uno de los puntos donde se hizo frente a los invasores
fue en San Lorenzo, allí en el mismo lugar donde el 3 de febrero de 1813, el
entonces Coronel José de San Martín, había dado su única batalla en el suelo de
las Provincias Unidas del Río de la Plata, derrotando en aquella oportunidad a
los realistas españoles. Quienes hayan podido visitar el lugar habrán visto que
desde la costa del río Paraná, para arribar al memorable Convento San Carlos
Borromeo –llamado comúnmente como Convento de San Lorenzo– se deberá escalar
una empinada barranca de varios metros de altura, para llegar a una planicie
que frente al Convento se llama actualmente “Campo de la Gloria”. Esa empinada
barranca la debieron subir los realistas después de desembarcar para llegar al
campo donde fueron atacados por los Granaderos de San Martín, quienes en
heroica carga de caballería los empujaron barranca abajo causándoles numerosas
bajas. Hacemos este relato para que el lector, se haga una idea de cómo es ese
lugar.
Después de treinta y tres años de aquel glorioso bautismo de fuego de los
Granaderos a Caballo, en el mismo lugar, esta vez el 16 de enero de 1846, las
fuerzas de la Confederación Argentina, al mando de Lucio N. Mansilla se enfrentaban a otras
fuerzas invasoras: los anglofrancesas.
Allí en San Lorenzo, se desplegó la artillería de 8 cañones de 4 y 8 libras, con 350 hombres, sobre barrancas de más o menos 20 metros de altura. Los cañones y los defensores se enmascararon entre los arbustos, para no ser vistos desde los navíos enemigos.
Al mediodía, se presentaron en el lugar cerca de 60 navíos, 6 de los cuales
eran de guerra y los restantes mercantes. Antes de pasar, destacaron dos naves
para que efectuaran fuego de bala y metralla sobre el lugar para descubrir a
los defensores, quienes –de acuerdo a las ordenes recibidas– se mantuvieron
ocultos en sus puestos, sin dar señales de su existencia. Cuando el grueso de
la flota se encontraba en el lugar más angosto del río, Mansilla dio la orden
de fuego y los enemigos fueron atacados por las baterías comandadas por los tenientes coroneles José Cereso y
Santiago Maurice y el Ayudante Mayor de Marina Alvaro José de Alzogaray. A los
daños ocasionados a los mercantes por la artillería argentina, se sumaba la
ocasionada por los choques producidos entre estos navíos, debido a las
maniobras que se realizaban para evitarm el ataque. Con mucho trabajo pasaron
por el lugar y fueron nuevamente atacados en el Quebracho a poca distancia de
allí (aproximadamente 5 kilómetros). La acción duró 4 horas, sufriendo los
invasores cerca de 50 bajas, siendo por el contrario muy pocas las ocasionadas
entre los defensores. Sólo uno de los buques no “recibió un balazo” según
informó el contraalmirante Samuel Hood Inglefield a sus superiores.
El comandante británico del HMS Philomel, Bartholomew J. Sulivan describió
así el ataque: “Rosas había preparado todas sus fuerzas para atacar al convoy y
sabiendo ahora que unas baterías fijas no servirían dado que las localizaríamos
adoptó un plan mas astuto: utilizar artillería móvil. Tenía aproximadamente
doce cañones de campo de grueso calibre y cerca de dos mil hombres en los
acantilados de San Lorenzo los cuales tienen cerca de 4 millas de largo y
setenta pies de alto. Los barcos debían pasar dentro de un cuarto de milla de
los acantilados. El terreno era plano y no se podía ver nada desde el río salvo
el acantilado de forma tal que sus hombres estaban a salvo del fuego de
nuestras naves. Se aproximaron los sesenta navíos. El HMS Dolphin lideraba la
primera división del convoy, Key en el HMS Fanny en la siguiente división y
Hope cubriéndoles la retaguardia. Los cañones (argentinos) continuaban llegando
al acantilado mostrando solo sus bocas, disparaban y retrocedían, cargaban
nuevamente y reaparecían en un nuevo sitio. De esta forma cañonearon al convoy durante
tres horas impactando a cada navío varias veces. Uno de los bergantines
mercantes tuvo 34 impactos. El HMS Firebrand sufrió 22 impactos, cuatro a
través de su chimenea. Gracias a la Providencia no murió ninguno de los
tripulantes de los 60 barcos y en el HMS Firebrand solo hubieron dos heridos.
El enemigo manejó tan bien su artillería que fue prácticamente imposible
localizarlos con nuestro fuego. La boca de fuego de sus cañones se evidenciaba
solo un momento e inmediatamente se desplazaba de forma tal que antes de que
preparáramos nuestros cañones ellos ya habían disparado y desaparecido.
Nuestros disparos o daban en el acantilado o pasaban por sobre las cabezas de
las tropas. El HMS Dolphin y el HMS Fanny dispararon cincuenta tiros al igual
que la corbeta francesa Coquette pero no le causaron al enemigo ningún daño…El
enemigo disparó en forma admirable y manejaron sus cañones como la mejor
artillería del mundo… Si Rosas adopta a ese tipo de
guerra, puede ocasionarnos grandes problemas, y nosotros solo le podremos hace
poco daño…”
El 2 de febrero, nuevamente los enemigos intentaron un nuevo desembarco de
300 hombres en Obligado, pero fueron rechazadas por las tropas a cargo de
Thorne, obligándolos a reembarcarse. Algunas horas después, la artillería de
Thorne hizo frente a un convoy de aproximadamente 50 buques que dirigiéndose
hacia el norte, pasó por allí.
El día 10 de febrero dos buques de guerra ingleses bombardearon durante un
par de horas el Tonelero –cerca de Ramallo–, matando a algunos milicianos y
ocasionando algunos daños materiales. La acción fue contestada por milicianos y
la artillería a cargo del Mayor Manuel Virto.
El día 2 de abril la batería de Thorne hizo frente en el Quebracho al HMS
Philomel, que huyó aguas abajo y cuatro días después en el mismo lugar hizo
frente al vapor HMS Alecto que remolcaba tres goletas, ocasionándole algunas
bajas y daños importantes en el navío. El marino inglés Lauchlan Billingham
Mackinnon, tripulante de este buque diría en sus recuerdos “Claro es que el pobre
buque salió bastante averiado”.
![]() |
| Comandante del HMS Philomel, Bartholomew J. Sulivan |
El 21, Thorne tuvo otro combate de dos horas con el HMS Lizard, tirándole abajo el pabellón que flameaba en el palo mayor. El barco quedó en malas condiciones ya que recibió 35 balas de cañón y metralla. Hubo también numerosos muertos y heridos entre su tripulación.
Ese mismo día 21 nuestros enemigos intentaron sin éxito efectuar un desembarco en la localidad bonaerense de Ensenada siendo rechazados por las baterías comandadas por Prudencio Ortiz de Rozas –hermano del Restaurador–, no sin antes penetrar en la bahía para apoderarse de barcos neutrales allí fondeados e incendiaron varios de ellos con sus cargamentos. Cuatro días mas tarde intentaron tomar el puerto de Atalaya, siendo rechazados por las fuerzas locales.
A fines de abril y principios de mayo, cerca de Santa Fe, se fueron
juntando los navíos que de regreso hacia Montevideo, estaban llegado desde
Corrientes y el Paraguay, para formar convoy y bajar por el Paraná escoltados
por buques de guerra, para pasar por el Quebracho y San Lorenzo, ya que se
sabía –por las observaciones que habían realizado– que los argentinos habían
instalado allí sus baterías. El 9 de mayo fondearon a dos millas del Quebracho;
el 28 Mansilla trasladó a cincha de caballo por la costa dos piezas de
artillería, asestándoles algunas balas y obligándolos a subir río arriba.
La acción decisiva tuvo lugar el 4 de junio de 1846 en Angostura o Paso del
Quebracho a pocos kilómetros al norte de San Lorenzo, lugar donde el río se
angosta, donde los invasores fueron severamente derrotados.
Contrariamente a lo que había ocurrido con la acción de Obligado, donde era
efectivo el cierre del paso del río, porque los navíos navegaban río arriba
contra la corriente –con lo cual la navegación se hacía lenta y dificultosa–, y
se quería impedir su libre navegación, en el Quebracho la situación era
totalmente inversa, los navíos navegaban río abajo con la corriente a favor y
se retiraban hacia el sur, por ello no fue cerrado el paso del río, si bien se
les hizo frente en condición ventajosa para las armas argentinas.
En la noche anterior al combate, 6 baterías de cohetes a la Congreve,
desembarcadas del HMS Alecto, fueron ocultamente emplazadas en un islote
ubicado frente a las posiciones argentinas.
Ese día y con viento norte y a media mañana, 12 navíos de
guerra –vapores, goletas, bergantines, corbetas– que montaban 85 cañones
poderosos que iban desde el calibre 24 al 80 y 95 mercantes repletos de
mercaderías que no habían podido vender ni en Asunción ni en Corrientes,
trataron de pasar por el lugar. Las fuerzas de la Confederación, comandadas por
Mansilla, tenían 17 cañones, una batería al mando de Virto y dos al mando de
Thorne, con 750 soldados de infantería y carabineros, entre los que se
encontraban un batallón de San Nicolás, Patricios de Buenos Aires, 200 soldados
del regimiento santafesino Santa Coloma –al mando del teniente coronel Martín
Isidoro de Santa Coloma y Lezica–, hubo además otros
200 infantes de reserva.
A la vista de la flota enemiga, al grito de Mansilla de “¡Viva la soberana
independencia argentina!” se dio la orden de fuego. Las baterías argentinas,
por la altura de las barrancas, se encontraban prácticamente fuera del alcance
de la poderosa artillería enemiga. La confusión y el caos se apoderó de los
barcos enemigos en el intento de huir precipitadamente y a la mayor velocidad,
para evitar el fuego de la artillería argentina. Algunos se envistieron, otros
quedaron varados y fueron castigados por el fuego de los defensores. Los
enemigos tuvieron dos barcos mercantes hundidos y otros 4 que al quedar varados
fueron incendiados por ellos mismos para no caer en manos argentinas, –no
obstante lo cual una fue capturada por los hombres de Mansilla, al haberse
podido apagarse el fuego–. En medio del combate y para aligerar los navíos, se
echaron por la borda bultos con
mercaderías. Prácticamente todos los barcos recibieron impactos y algunos de
guerra fueron severamente dañados. Los anglofranceses tuvieron 60 bajas, mientras que los defensores
acusaron solamente un muerto y cuatro heridos, entre ellos el bravo Thorne,
–mal herido en su hombro–. La batalla había durado aproximadamente tres horas.
Da una idea del vivo y fiero combate, que de los 17 cañones argentinos,
quedaron desmontados 10, pero no por el fuego enemigo, sino por la intensidad
del fuego propio, que averió sus cureñas.
El capital del HMS Harpy, Charles Honthan, dirá en el parte a sus
superiores: “Fuimos perseguidos por artillería volante y considerable número de
tropas que nos hacían un vivo fuego de fusilería, el Harpy está bastante
destruido, los buques han sufrido mucho”
En la carta dirigida desde Quebracho por Mansilla al Coronel Vicente
González, el mismo día de la batalla, dice así:
“¡Viva la Confederación Argentina!
¡Mueran los salvajes unitarios!
Al coronel don Vicente González.
Quebracho, junio 4 de 1846.
Mi estimado amigo:
Me es altamente grato comunicará V. el suceso de hoy, pues él ha sido
honroso a nuestras armas, y ha agregado un timbre más á las glorias de la
Confederación.
Los bárbaros alevosos anglofranceses y el convoy de piratas que hace días
esperaban un viento favorable para pasar por nuestro frente, se presentaron
hoy en este punto y empezó un reñido combate cerca de las 11, el cual ha durado
hasta más de las dos de la tarde.
La valiente división a mi mando ha sostenido con digno valor e inteligencia
los fuegos desproporcionados del enemigo, haciéndole presentar el denuedo y
bizarría de los verdaderos hijos de la patria. Los anglofranceses tan soberbios
en los mares, se han cubierto hoy de ignominia. No han conseguido ni la más
ligera ventaja. Algunos de sus buques de guerra fueron tan maltratados por
nuestra artillería, que se pusieron luego fuera de combate, y han arrojado al
agua más de 30 cadáveres.
El convoy de piratas llevó su merecido. Están aún ardiendo á nuestra vista
una barca, dos goletas y un pailebot con todo su cargamento. En medio de la
confusión producida por nuestros pequeños cañones, estos buques vararon en la
costa de enfrente, y los protectores del comercio del Paraná, los que
ha poco aseguraban a los salvajes unitarios de Montevideo, y a los ministros
Ouseley y Deffaudis que el Paraná estaba franco, no encontraron mejor medio que
incendiar los buques de sus protegidos por no arrostrar un rato más el fuego de
nuestras piezas. Esta vez se han mostrado muy cobardes los fanfarrones Hotham y
Trehouart. No tendrán que hacer sin duda tantas recomendaciones al
almirantazgo.
Preciso será que ellos y sus mandatarios se persuadan que el pecho de los
argentinos es una muralla invencible, cuando se trata de defender su cara
independencia y sus sagrados derechos.
Por tan honrosa jornada, en la que no tengo más pérdidas que la de un solo
hombre y cuatro heridos, por la visible protección de la Divina Providencia y
por los bienes que reportará á la Confederación Argentina tan dignamente
presidida por nuestro tan querido Rozas, felicita á V. su amigo y confederal.
LUCIO MANSILLA”.
El historiador Francisco Hipólito Uzal dirá: “El
encuentro del Quebracho, aparte de su enorme importancia militar y política,
fue el sello definitivo del desastre económico-comercial de una empresa de
injusta prepotencia, llevada a cabo por quienes, seguros de su enorme
superioridad material, y atropellando sin consideraciones humanas ni jurídicas
todos los derechos de la Confederación Argentina, se proponían un cuantioso
dividendo”.
Después de las pérdidas sufridas y al fracaso de la expedición, los
interventores no se animaron más a ingresar a nuestros ríos interiores.
Artillería volante: Era la artillería que acompañaba a la caballería, por
lo cual también se la conoce como artillería a caballo o artillería montada o
artillería rodada o artillería ligera.
Batería: Se llama así a un conjunto de piezas de artillería dispuestas a
operar en forma conjunta.
Pailebot: Es un tipo de nave de guerra de la época de la navegación a vela.
Fuentes:
Capitán de Corbeta Médico (R) Eduardo C. Gerding,
“¡Recuerden la Vuelta de Obligado!” publicado en “Revista del Mar” Nº 164,
Diciembre de 2009.
Adolfo Saldías, “Historia de la Confederación Argentina”.
Francisco H. Uzal, “Obligado, la batalla de la
Soberanía”.
Antonio Testa, “A 160 años de la lucha por la Soberanía:
Cronología de la Guerra del Paraná”, en “Revista del Instituto Nacional de
Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas” Nº 66
Miguel Angel de Marco ”El conflicto continúa” en “Juan Manuel de Rosas y los bloqueos al Río de la Plata de Francia e Inglaterra”














