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jueves, 27 de noviembre de 2025

Revolución en el sur - Revolución de los hacendados del Sur - Revolución de los libres del Sur - Publicación del Instituto Rosas

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

LA REVOLUCIÓN DEL SUR
PUBLICACIÓN DEL INSTITUTO JUAN MANUEL DE ROSAS DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS, AÑO 1939.





















viernes, 15 de octubre de 2021

Levantamiento de los hacendados del sur - Alberto Mondragón

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En el periódico El Puente, fue publicado en el año 1969 el siguiente artículo.


130 años de una Traición Unitaria  

Especial para “EL PUENTE”
por Alberto A. Mondragón

Prudencio Ortiz de Rozas
Prudencio Ortiz de Rozas (1800-1857)

La historiografía oficial sigue intoxicando a nuestros hombres de Gobierno, algunos de los cuales ya están preparando la celebración del 130 aniversario del levantamiento -por ellos así llamado- Libres del Sud en Chascomús y Dolores. 

Sucede que llevamos 130 años ingiriendo ese folletín, adobado por los liberales, de los “Libres del Sud”, folletín incoherente, ilógico, mal escrito y bastardo: y aunque a este tópico nos referimos hoy, toda la conexión, tanto de antes como de después de la “Revolución del 39”, es de tal peligrosidad moral que, mental y culturalmente, llega a ser una catástrofe nacional al admitirse un gesto de “patriotismo” cuando la verdad autenticada es una manifiesta TRAICION A LA PATRIA.

Ese “patriotismo” hueco, antihistórico, convencional y carente de sentimiento nacional es creador de una forma de vida psíquica límite con el apátrida, con el individualismo y por fin con la doctrina liberal “ubi beni, ubi patria” de los sarmientos y alberdis redivivos del siglo XX, castigo que cae sobre muestra patria por los múltiples engaños de una historia falsificada a designio para “justificar” la entrega de la Soberana Nacional; y razonablemente no se podía esperar otra cosa en un país que está acostumbrado a ver su historia al revés, y así seguirá la desdicha de la Argentina mientras se mantenga la escandalosa historia falsificada.

Esta incomprensión del ser nacional la veremos en los homenajes a esos llamados LIBRES DEL SUD, que no eran tan libres como ellos creían, porque estaban gestionando un vasallaje extranjero: por inconciencia o por intereses monetarios o por lo que fuere, pero lo estaban gestionando; y si no desencadenaron un desastre nacional, fue porque otros argentinos, con más clara visión de las cosas, lo pararon en seco en la batalla de Chascomús: no cabe pues, sino llorarle la falta de seso de los primeros y rendirle el debido homenaje a los segundos.

Es decir, exactamente lo contrario de lo que se ha hecho.

Cuando se produjo el levantamiento de los “Libres del Sud”, el país enfrentaba la invasión francesa,  agresión ilegítima, meticulosamente sepultada en nuestra historia oficial. Los franceses, fuertes en barcos de guerra y en francos oro, promovieron, como lo estilan las empresas colonizadoras el levantamiento de los descontentos, que siempre existen, —y algunos que no tienen vergüenza— hábil recurso de los imperialismos, que no falla, por la práctica sistemática de su aplicación.

No hay ninguna duda que les “Libres del Sud” pactaron con los invasores sores; si entre ellos hubo una paloma cándida que no entrevió el negocio, peor para él; pero lo cierto es que ninguno pudo ignorar el hecho mismo, pues todos firmaron la nota al almirante francés, de quien además gestionaron y obtuvieron que colocara sus barcos en el Tuyú; y así lo hizo éste, no sin exigir el reconocimiento escrito del derecho de los invasores, según se verá por el sentido jurídico que tiene el segundo párrafo de la nota dirigida por los “Libres del Sud” al contralmirante Leblanc que dice así:

“Nos es grato anunciar al Sr. Contralmirante que no reconociendo los ciudadanos que formamos este cuerpo, ninguna clase de enemigos en el extranjero, esperamos que los puertos del Salado y del Tuyú, que están en nuestro poder, abriguen cualquier pabellón ultramarino, por más enemigo que sea del tirano que domina nuestra patria; y que este hecho hará conocer al Sr. Contralmirante la falsía con que Rosas ha tratado de alucinar al pueblo, diciéndole que las aspiraciones de la Nación Francesa ro son otras que la conquista de nuestro país”. (Nota publicada por Ángel J. Carranza en “La Revolución del 39 en el Sur de Buenos Aires - Edición “Cultura Argentina” - pág. 149).

Según los más o menos candorosos “Libres del Sud”, Rosas engañaba al país acerca de los propósitos franceses, pero el General San Martín que estaba precisamente en Francia, no se engañaba acerca de las intenciones imperialistas, de ahí que le escribiera a Rosas el 3 de agosto de 1838 ofreciéndole sus servicios militares para defender al país; y que le vuelve a escribir el 10 de Julio de 1839 (pocos meses antes de la batalla de Chascomús), para calificar con dureza a Francia y a los unitarios que se unían a ella; la carta en uno de sus párrafos dice de esta guisa:

“Confieso a Ud., estimado General que es menester no tener ni el menor sentimiento de justicia para mirar con indiferencia un tal violento abuso del poder... Pero lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria y reducirla a una condición peor que la que sufrimos en tiempos de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer...” (San Martín - Su Correspondencia - Publicación del Museo Histórico Nacional - Edición 1911 - Pág, 127.)

Como Rosas dio a esas cartas la debida publicidad, es difícil que las ignoraran los “Libres del Sud”, de manera que la nota que dirigieron al almirante francés o era un felonía —para mantener la palabra de San Martín— o era una imbecilidad propia de incapaces e ignorantes, y a la verdad que no se alcanzan los motivos paraque cualesquiera de esas cosas, puedan ser objeto de homenajes oficiales.

El 28 de marzo de 1838, el Almirante francés desde la corbeta “Expeditive”, declaró rigurosamente bloqueado el puerto de Buenos Aires y todo el litoral argentino; los propósitos de Francia no eran ignorados en el país, sino por quienes no querían saberlo, porque ya el Ministro Manuel Moreno (hermano de Mariano), le había escrito a Rosas comunicándole que Francia buscaría cualquier pretexto para invadir a la Confederación Argentina. (Saldías, Adolfo, “Historia de la Confederación Argentina”, Tomo III pág. 2).

Los medios de que se valían los franceses para conmover la resistencia de don Juan Manuel de Rosas, tampoco eran desconocidos por los unitarios; una carta muy significativa de Florencio Varela a Juan Nepomuceno Madero, dice, hablando del cónsul francés:

“Martigny —entre otras cosas que escribe— lo autoriza a que gaste hasta 30.000 patacones en ganarse algún jefe de Rosas…”. (Rodríguez, Gregorio. - “Contribución Histórica y Documental”, Tomo II, páginas 213 a 216).

Además la agresión había sido públicamente condenada en todo el orbe civilizado; todas esas constancias existen, aunque —por cierto— no quepan en este artículo; a Rosas se lo llamó desde entonces: EL GRAN AMERICANO; el ministro inglés Palmerston acusaba a Francia de convertir las más fútiles e insignificantes circunstancias en cuestiones de importancia para beneficio territorial, financiero, político y comercial (Cady, John — “La intervención extranjera en el Río de la Plata— Edic. 1946, pág. 86).

Editoriales del “London Time” de junio 23 y agosto 21 de 1838 le atribuían a Francia el deseo de apoderarse de las minas de América y de buscar tronos allende los mares; y otro, de querer convertir a América en una nueva Argelia...

Un portavoz del gobierno francés anunciaba en el Parlamento que Francia “sólo con el apoyo de una poderosa marina podría abrir nuevos mercados a los productos franceses en América”. (Enero de 1838 — Archivos Parlamentarios — Op. c., 114, págs. 723/724).

En julio de 1839, un artículo de la “Revue des Deux Mondes”, recordaba el deber civilizador de Francia sobre “los degenerados hijos de la Conquista Española”.

En junio de 1839 estaba pendiente de aprobación en la Cámara un crédito de seis millones de francos oro para los gastos en la cuestión americana, (“Archivos Parlamentarios “— págs. 126/493).

Sabemos por una discusión en el Parlamento francés (1840), con motivo de más créditos solicitados para pagar los gastos de Martigny en América, de la resistencia de algunos diputados en acordarlos por la ausencia de todo contralor, puesto que el dinero se entregaba sin obligación de rendir cuentas, lo que por cierto nos muestra muy al vivo la honestidad del destino que tenían los fondos que los franceses mandaban a América. (Cady, Ob. cif., pág. 96).

Años más tarde el poeta romántico Lamartine, habría de imputar a Francia en pleno Parlamento, el “haber dado oro ensangrentado para pagar al Partido Unitario”, que “en definitiva —dijo— era traidor a su patria”.

De más está decir que el general Rosas procedió con cautela y ajustándose a la más estricta legalidad en el conflicto con Francia; sometió el caso a la Legislatura Provincial y remitió copia de todos los antecedentes a los Gobernadores de Provincia, quienes aprobaron su actitud. Exigió sí que el Cónsul Francés, que no tenía representación de su país, no tratara cuestiones de derecho internacional con el Jefe de la Confederación Argentina; y que el Almirante de una flota extranjera no pretendiera imponer un tratado con los cañones apuntando  sobre Bs. Aires, cuando tampoco —lógicamente— tenía representación de su país: vale decir que Rosas fue el primer Gobernante de América que le hizo entender a los europeos que estas eran naciones organizadas y no tolderías; el gran calumniador de Rosas, de España, del gaucho, de lo americano y del catolicismo, Domingo Faustino Sarmiento, no tuvo más remedio que reconocerlo; dice en “Facundo”: “El Gobierno de Rosas se presentaba en el exterior haciendo frente gloriosamente a las pretensiones de una potencia europea, y reivindicando el poder americano contra toda tentativa de Invasión. Rosas ha probado —se decía por toda la América y aún se dice hoy (Sarmiento escribía esto en 1845) — que la Europa es demasiado débil para conquistar un estado americano que quiera sostener sus derechos; sin negar esta verdad incuestionable....” (“Facundo”, Ed. 1874 —pág. 196).

Por lo demás la aventura de los “Libres del Sud” terminó confusa y opacamente; lo habían engañado al cacique Catriel y así también a muchos gauchos, diciéndoles que Rosas había muerto; bastó la presencia del general Prudencio Rosas con 1.400 hombres para que Castelli no atinara a hacer cosa alguna; con más sentido práctico el comandante Rico se refugió con 500 soldados en los barcos franceses; como siempre en todas las traiciones, algunos sinceramente engañados fueron los que pelearon y murieron.

Y cabe añadir que el movimiento no fue popular; terminado éste, 247 vecinos de Dolores y 786 de Chascomús, gente afincada y respetable, repudiaron la “revolución”, que había importado una traición a la Patria (los documentos firmados existen); así por lo demás, lo declaró la Legislatura el 9 de noviembre de 1829 (Saldías — Ob. cit., pág. 137).

Hay una carta íntima de Lavalle a su mujer, escrita el 12 de octubre de 1840 —y no es la única— que refleja la verdadera solidaridad del país con Don Juan Manuel de Rosas; la carta que no oculta el desprecio que ya empiezan a merecerle los unitarios, dice así:

“Porque el hecho es que los triunfos de éste ejército no hacen conquista sino entre la gente que habla; la que no habla y pelea nos es contraria y nos hostiliza como puede. Esto es el secreto de tantas y tan engañosas ilusiones sobre el poder de Rosas que nadie conoce hoy mejor que yo; mi situación no es pués halagüeña. En medio de países contrarios. . .abandonado por los franceses. . .” (Rodríguez, G. — Ob, cit. - Tomo III, pág. 139).

Efectivamente los franceses lo abandonaron; Francia admitió su error, envió un embajador especial, el Almirante Mackau para pedirle a Rosas la paz; reconociendo nuestra Independencia, y la paz efectivamente se firmó el 29 de octubre de 1840; y quedó así consagrada la Soberanía de la Confederación Argentina.

La longanimidad, o sea la grandeza y constancia de ánimo frente a la adversidad, fue la virtud de Rosas; por  eso salvó al país y despertó en los argentinos el fervor por la defensa de la Patria atacada injustamente, la divisa punzó con su inscripción —VIVA LA CONFEDERACION ARGENTINA — MUERAN LOS SALVAJES ASQUEROSOS UNITARIOS VENDIDOS AL ORO FRANCES—, aunque un tanto descomedida, expresó en su momento la realidad nacional histórica, rigurosa y científicamente probada hoy con documentación real y precisa.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Levantamiento de los hacendados del sur

El presente artículo fué publicado 

en la revista TODO ES HISTORIA N° 622 

del mes de setiembre de 2019 

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Levantamiento de hacendados del sur bonaerense durante el bloqueo francés

                                                                                                                                                                   Por Norberto Jorge Chiviló

Este año se cumple el 180° aniversario del levantamiento de los hacendados en el sur de la provincia de Buenos Aires en 1839, ocurrido durante el segundo gobierno de Juan Manuel de Rosas.

Ese hecho tenía íntima relación con el bloqueo por fuerzas navales francesas al “puerto de Buenos Aires y todo el litoral del río perteneciente a la República Argentina…” iniciado el 28 de marzo de 1838, primer intento de atropello de nuestra incipiente soberanía nacional por parte de una potencia europea.

Tuvo sus causas aparentes y reales; las primeras fueron aquellas que se esgrimieron por parte de la potencia agresora para justificar su accionar y darle un tinte de legitimidad. Una era la pretensión de que se la reconociera como nación mas favorecida, situación de la que solo gozaba la Gran Bretaña en virtud del tratado firmado con las Provincias Unidas del Río de la Plata en 1825 y la otra, que se eximiera a sus naturales de prestar el servicio de las armas. Esas pretensiones que eran las más importantes aunque hubo otras de menor entidad; debieron ser encauzadas por la vía diplomática, como corresponde entre naciones civilizadas, pero por el contrario, quisieron ser impuestas por la fuerza de las armas.

Hablamos de “causas aparentes”, pues solo eran el pretexto de las causas reales: el expansionismo francés fogoneado por su monarca Luis Felipe de Orleans con la búsqueda de nuevas tierras en donde establecer sus colonias y poblarlas con franceses, la apertura de nuevos mercados para colocar sus productos manufacturados y además lograr nuevas glorias para el pabellón tricolor y reverdecer el honor y patriotismo francés, oscurecidos después de la derrota de Napoleón años atrás.

La empresa no les resultó fácil ni sencilla, como en un principio creyeron, porque estas tierras estaban gobernadas por Juan Manuel de Rosas, de una voluntad inquebrantable y un férreo patriotismo, que no retrocedió “un tranco de pollo” ante la prepotencia extranjera.

La heroica defensa de la isla Martín García, atacada por las fuerzas bloqueadoras francesas el 11 de octubre de 1838, que con 550 hombres y con mayores elementos, doblegaron a los 125 esforzados defensores mandados por el teniente coronel Jerónimo Costa y el sargento mayor Juan Bautista Thorne, asombró a los propios franceses. La defensa de la isla, fue reconocida por el comandante francés Hipólito Daguenet, quien en una actitud de hidalguía, en una carta que dirigió a Rosas, encomió el desempeño de las fuerzas nacionales en la defensa del territorio cuyo cuidado sus autoridades le habían confiado.

El conflicto no fue tampoco sencillo para la Confederación Argentina, pues Francia era en esos momentos una de las principales potencias del mundo y desarrolló una serie de actos para doblegar a la Confederación Argentina.




Impulsor del expansionismo

El monarca francés, Luis Felipe de Orleans, ocupaba el trono en 1838







La estrategia gala

Los franceses, visto que el bloqueo no les reportaba los beneficios esperados, trataron de crearle a la Confederación Argentina conflictos externos e internos.

Entre los primeros podemos citar el apoyo que Francia siguió dando al Mariscal Andrés de Santa Cruz –“el Cholo”–, “el gran amigo de Francia en el Nuevo Mundo”, como lo llamaba la prensa de París, quien se encontraba al frente de la Confederación Peruano-Boliviana y pretendía anexionarse las provincias del norte argentino, y cuyas tropas había invadido este territorio. A su vez, también promovieron la renuncia forzada del presidente del Uruguay, don Manuel Oribe y el encumbramiento del general Fructuoso Rivera –“el Pardejón Rivera”- en la presidencia del país hermano, aliado también a elementos unitarios establecidos en Montevideo. También pagaron para que “auxiliares” nativos ayudaran a Francia.

Trataron de crear conflictos internos tentando a varios gobernadores de la Confederación como los de Santa Fe, Córdoba, Corrientes, Santiago del Estero, la Rioja y Catamarca; en algunos casos mediante el envío de un agente confidencial ante los gobernadores de las tres últimas provincias mencionadas, para que se pronunciaran contra Rosas, quien como Gobernador de la provincia de Buenos Aires, detentaba el ejercicio de la relaciones exteriores de la Confederación Argentina, y era inconmovible en su defensa de la soberanía nacional, o que por lo menos se mantuvieran neutrales en el conflicto. Ese agente, Juan Pablo Dubué, posteriormente fue apresado en Mendoza y sometido a sumario. Después de recibir las actuaciones, Rosas ordenó  fusilarlo, lo que se realizó el 21 de agosto de 1839.

También los franceses dieron su apoyo irrestricto al partido unitario en su lucha contra Rosas y el partido federal que representaban a la nacionalidad argentina.

Rosas debió comandar ese barco –la Confederación Argentina– en medio de tormentas, manteniendo el timón con mano firme y debiendo mucha veces actuar sin contemplaciones y a la vez evitar que el navío se resquebraja e hiciera agua por todos lados.

En Montevideo residía una importante comunidad de “exiliados” unitarios quienes el 20 de diciembre de 1838, formaron la “Comisión Argentina” presidida por el general Martín Rodríguez y que integraron Julián Segundo de Agüero, Florencio Varela, Valentín Alsina y otros, al que adhirieron posteriormente, prestigiosos militares como Juan Lavalle, Martiniano Chilavert y José María Paz. Esta Comisión buscaba que Lavalle encabezara la lucha armada contra Rosas. En un primer momento, Lavalle había sido crítico de la ocupación francesa a la isla de Martín García y de la actitud de los emigrados argentinos unitarios que la apoyaron, pero luego dejó de lado sus pruritos patrióticos y se puso a las órdenes de Fructuoso Rivera y por ende de los franceses, recibiendo de éstos ayuda en dinero, medios y transporte.

 

De traiciones y conjuras

El 2 de julio de 1839, Lavalle con su división desembarcó en Martín García, ocupada por los galos, y de allí tres días después pasó a Entre Ríos, donde no encontró la adhesión de la población que tanto esperaba. Dijo el unitario Francisco Pico: “No hay en Entre Ríos una sola montonera a favor del ejército libertador [así llamaban al ejército de Lavalle] La autoridad de los libertadores no se siente fuera de su campo”.

Fracasada la empresa en Entre Ríos, Lavalle se dirigió a Corrientes, donde su gobernador Pedro Ferré se pronunció contra Rosas el 6 de octubre y pidió el apoyo del jefe de la escuadra bloqueadora francesa, para el envío de navíos por el Paraná, lo que los franceses no pudieron concretar porque les era muy dificultosa la navegación en ese río y por la existencia de una batería argentina en Rosario.

Después del fallecimiento del gobernador de Santa Fe, general Estanislao López ocurrido el 15 de junio de 1838, lo sucedió Domingo Cullen, quién ejerció ese cargo durante tres meses. Ya con anterioridad Cullen había entrado en contacto con el gobernador correntino Genaro Berón de Astrada y con los franceses para lograr el levantamiento del bloqueo a su provincia y llegar a un entendimiento con los invasores –había colaborado también con Dubué– , lo cual era conocido por Rosas. Posteriormente, Cullen fue apresado y fusilado el 21 de junio de 1839 en la posta de Arroyo del Medio.

El 31 de diciembre de 1838, el gobernador correntino Berón de Astrada y el presidente oriental Fructuoso Rivera, firmaron un tratado secreto de alianza ofensiva y defensiva, cuyo destinatario era evidentemente Rosas, a quien declararonn la guerra a fines de febrero de 1839. El 31 de marzo el gobernador de Entre Ríos, Pascual Echagüe, leal a la Confederación, después de invadir Corrientes derrotó en Pago Largo a su gobernador, quien fue muerto en la acción.

El complot era amplio y complejo. En Buenos Aires también se conspiraba contra Rosas y no pocos federales participan de él. El plan consistía en que debía realizarse un levantamiento simultáneo en la ciudad y en la campaña del sur de la provincia donde los hacendados estaban descontentos no solo por los problemas económicos que el bloqueo les ocasionaba, sino también por la política de Rosas sobre la tierra pública.

Ese movimiento insurreccional debía comenzar cuando Lavalle con sus fuerzas marchara sobre Buenos Aires. Pero el Gobernador que estaba en conocimiento de la conjura que se gestaba en la ciudad, hizo arrestar el 24 de junio, al joven coronel Ramón Maza, una pieza clave e importante en el mismo, junto con otros conspiradores.

Ramón era hijo del presidente de la Legislatura,  el Dr. Manuel Vicente Maza, quien también estaba involucrado en el complot aunque era amigo personal de Rosas de toda la vida.




Asesinato de Manuel Vicente Maza

En su despacho de la Legislatura, mientras estaba redactando su renuncia





Tres días después Manuel Vicente Maza, es asesinado por desconocidos de una puñalada en el pecho, mientras se encontraba redactando su renuncia en su despacho de la Legislatura. Al amanecer del día 28, fue fusilado Ramón por orden de Rosas.

Según algunos historiadores ese asesinato del Presidente de la Legislatura fue ordenado por Rosas, mientras que otros opinan que fue obra del fanatismo mazorquero y otros dicen que fueron enviados unitarios temerosos de que Maza, para salvar a su hijo, delatara a quienes estaban complotados. Teniendo en cuenta la personalidad de Rosas -que era muy frontal y no andaba con subterfugios ni con vueltas-, mi opinión es que si hubiera sido su intención castigar la traición de Manuel Vicente Maza, lo hubiera hecho, ordenando directamente su fusilamiento, como en efecto ordenó el fusilamiento de Ramón sin recurrir a terceras personas.

A raíz de esos hechos se ordenó un sumario, que Rosas decidió suspender poco después atento la gran cantidad de personas complotadas. Dijo Rosas: “De otro modo, habría sido preciso ordenar la ejecución de no pocos federales y unitarios de importancia”.

La conjura del coronel Maza en la Ciudad fue un fracaso. Por su parte Lavalle no se decidió a desembarcar en las costas de Buenos Aires y marchar contra la Ciudad, sino que por el contrario, se dirigió con su “Legión Libertadora” a Entre Ríos, donde perdió un precioso tiempo y el levantamiento de los hacendados por todos esos sucesos, tuvo que adelantarse de la fecha prevista.

 

El levantamiento debió ser adelantado

El bloqueo francés le producía al gobierno de la provincia de Buenos Aires pérdidas importantes. El movimiento portuario se redujo notablemente, ya que no se podía exportar ni importar y en consecuencia los derechos aduaneros se ven mermados notablemente. Escasearon muchos artículos importados de uso diario, entre ellos la harina y otros suntuarios como prendas, artículos de tocador, vinos, etc. Pero abundaba la carne y el pueblo llano solo comía carne; es decir fueron las clases más acomodadas las que no pudieron adquirir artículos importados que compraban regularmente.

El gobierno debió equilibrar las finanzas públicas y solo aumentan los gastos destinados a la defensa.

El principal producto de exportación de la época era el derivado de la explotación ganadera: la carne salada o tasajo, el sebo y en mayor medida los cueros.

Debido al bloqueo, los estancieros y saladeristas se vieron impedidos de poder vender y exportar su producción, por lo cual los cueros se pudrían en las barracas.

Familiares y amigos de Rosas, le aconsejaban arreglar rápidamente la cuestión con los franceses, porque esa situación ponía en riesgo el capital de los hacendados. Juan Nepomuceno Terrero, su amigo y socio le informaba y pedía: “Las pilas de cueros se están pudriendo. Si sigue el bloqueo terminaremos por arruinarnos. Debes transar con los franceses”.

Rosas era uno de los hacendados mas importantes de la provincia y el bloqueo también lo perjudicaba económicamente, pero no era hombre de anteponer su interés particular ni de clase al interés de la Nación. A Rosas solo le interesaba el honor de la Argentina. He aquí también su grandeza como gobernante. No era hombre que se dejara amedrentar por los cañones de una poderosa flota invasora, como es la francesa en ese momento histórico.

Un siglo más tarde, esta actitud de Rosas trastocará el pensamiento de todos los sostenedores del materialismo histórico, quienes no podrán explicar esta oposición y enfrentamiento de Rosas a los de su misma clase social y por el contrario justificarán a quienes se aliaron a la potencia colonialista.

La llamada “historia oficial” designa ese levantamiento como el de “Los Libres del Sur” al que le asigna connotaciones patrióticas y libertarias, cuando en realidad los fines no son otros que económicos y comerciales y que se da en el marco de un conflicto internacional y en connivencia con la potencia que en ese momento agredía injustamente y esto hay que recalcarlo, a la Confederación Argentina, y era y esto hay que decirlo también con todas las letrasUN DELITO DE LESA PATRIA.

En esas circunstancias se produce el levantamiento de los hacendados acaudillados por Pedro Castelli, hijo del vocal de la Primera Junta Gubernativa, el doctor Juan José Castelli, apoyado principalmente por el comandante Manuel Rico –2do. Jefe del regimiento 5º– y por el militar de origen francés y también hacendado Ambrosio Crámer.

El levantamiento que debía estallar el 6 de noviembre de 1839 se adelantó algunos días por los hechos acaecidos en la ciudad de Buenos Aires, sabiendo los complotados que Rosas ya tenía conocimiento de todo lo que se tramaba. Se produjo el 29 de octubre en horas de la madrugada en Dolores con el pronunciamiento de Rico y el día 2 de noviembre en Chascomús por el comandante José Mendiola y tiene en esos dos pueblos sus focos principales.

Reclamaron la ayuda de Lavalle y su ejército y pidieron también al contraalmirante francés Louis Leblanc, jefe de las fuerzas bloqueadoras, el envío de naves francesas a la boca del río Salado para apoyarlos.

Por su parte Rosas envía a su hermano Prudencio al mando de una disciplinada y bien armada fuerza a quien se le agregó después una fuerza militar al mando del coronel Nicolás Granada y otros jefes, en busca de los insurrectos, a quienes vencen el 7 de noviembre después de tres horas de combate en la batalla de Chascomús que se desarrolló en las orillas de la laguna homónima. Ambrosio Crámer murió en la acción y Castelli huyó y trató de ocultarse. Tres días después se recuperó el pueblo de Dolores y el día 14 fue tomado Tandil. Al día siguiente Prudencio Rosas escribe al edecán de su hermano, el coronel Manuel Corvalán, dando cuenta de las novedades y del fin de la rebelión: "El principal cabecilla motinero salvaje unitario Pedro Castelli había sido encontrado en una isleta de monte y, habiéndose resistido a entregarse, fue necesario matarle y cortarle la cabeza, que me fue presentada, la que reconocida por mí, por infinitos que lo conocían y por un peón que lo acompañaba, y que había sido aprehendido, la remitió el general que firma a Dolores para que el comandante político y militar de ese pueblo la coloque en un palo en medio de la plaza del pueblo, lugar donde estalló el motín, para escarmiento de esos malvados salvajes unitarios".­

Después de la derrota, el comandante Rico y unos 900 hombres se dirigieron al Salado y embarcaron en las naves francesas que los esperabn.

Fueron trasladados a Montevideo, donde se incorporaron a las fuerzas militares comandadas por el general Lavalle.

Por otra parte, los vencidos recibieron un trato bastante indulgente del gobierno y muchos que después de la acción pasaron a Montevideo, regresaron años después, sin ser molestados por nadie.

 

Bibliografía

Alén Lascano,  Luis C. “Los Libres de Sur: Una conspiración de hacendados”,  publicado en la “Revista del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas” Nº 66.

Doallo, Beatriz C. “Traición en el Sur”, publicado en la “Revista del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas” Nº 61.

Saldías, Adolfo. “Historia de la Confederación Argentina”. Buenos Aires, Librería El Ateneo Editorial, 1951.

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 Fundamento jurídico del castigo por traición

El Libro de las Leyes, como se lo llamó originariamente, o sencillamente llamado de las “Partidas”, era un conjunto de normas redactadas en Castilla durante el reinado de Alfonso X (1221 – 1284), a quien la historia conoce y distingue como Alfonso “el Sabio”.

Las Partidas de Alfonso "el Sabio"

Las Partidas abarcaban todo el saber jurídico de la época y es la obra jurídica más importante de la Edad Media, y rigió en España e Hispamérica hasta que tuvieron lugar las codificaciones en los distintos países.

Su redacción demandó aproximadamente el trabajo durante diez años por una comisión de juristas, bajo la dirección de Alfonso X.

Se divide en 7 Secciones, por lo cual también se la conoce con este otro nombre “Las Siete Partidas”.

La última Partida, dedicada al derecho penal y procesal penal, tiene 34 Títulos y 363 Leyes. El Título 2, trata de las traiciones y dice “Traición es una de los mayores yerros y denuestos en que los hombres pueden caer… y ennegrece y mancilla la fama de los que de aquel linaje descienden, aunque no tengan en ello culpa, de manera que siempre quedan infamados por ello”.

La Ley 1 corresponde al peor de los delitos, la “Laese maiestatis crimen [Crimen de lesa majestad o de lesa patria]la traición es la más vil cosa y la peor que puede caer en corazón de hombre… La segunda manera es si alguno se pone con los enemigos para guerrear o hacer mal al rey o al reino, o les ayuda de hecho o de consejo, o les envía carta o mandado por el que los aperciba de algunas cosas contra el rey, a daño de la tierra…”

La Ley 2, complementando a la anterior, establecía la pena: “Cualquier hombre que hiciese alguna de las maneras de traición que dijimos… debe morir por ellos… Y además todos sus hijos que son varones deben quedar infamados para siempre…”