miércoles, 16 de diciembre de 2020

Levantamiento de los hacendados del sur

El presente artículo fué publicado 

en la revista TODO ES HISTORIA N° 622 

del mes de setiembre de 2019 

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Levantamiento de hacendados del sur bonaerense durante el bloqueo francés

                                                                                                                                                                   Por Norberto Jorge Chiviló

Este año se cumple el 180° aniversario del levantamiento de los hacendados en el sur de la provincia de Buenos Aires en 1839, ocurrido durante el segundo gobierno de Juan Manuel de Rosas.

Ese hecho tenía íntima relación con el bloqueo por fuerzas navales francesas al “puerto de Buenos Aires y todo el litoral del río perteneciente a la República Argentina…” iniciado el 28 de marzo de 1838, primer intento de atropello de nuestra incipiente soberanía nacional por parte de una potencia europea.

Tuvo sus causas aparentes y reales; las primeras fueron aquellas que se esgrimieron por parte de la potencia agresora para justificar su accionar y darle un tinte de legitimidad. Una era la pretensión de que se la reconociera como nación mas favorecida, situación de la que solo gozaba la Gran Bretaña en virtud del tratado firmado con las Provincias Unidas del Río de la Plata en 1825 y la otra, que se eximiera a sus naturales de prestar el servicio de las armas. Esas pretensiones que eran las más importantes aunque hubo otras de menor entidad; debieron ser encauzadas por la vía diplomática, como corresponde entre naciones civilizadas, pero por el contrario, quisieron ser impuestas por la fuerza de las armas.

Hablamos de “causas aparentes”, pues solo eran el pretexto de las causas reales: el expansionismo francés fogoneado por su monarca Luis Felipe de Orleans con la búsqueda de nuevas tierras en donde establecer sus colonias y poblarlas con franceses, la apertura de nuevos mercados para colocar sus productos manufacturados y además lograr nuevas glorias para el pabellón tricolor y reverdecer el honor y patriotismo francés, oscurecidos después de la derrota de Napoleón años atrás.

La empresa no les resultó fácil ni sencilla, como en un principio creyeron, porque estas tierras estaban gobernadas por Juan Manuel de Rosas, de una voluntad inquebrantable y un férreo patriotismo, que no retrocedió “un tranco de pollo” ante la prepotencia extranjera.

La heroica defensa de la isla Martín García, atacada por las fuerzas bloqueadoras francesas el 11 de octubre de 1838, que con 550 hombres y con mayores elementos, doblegaron a los 125 esforzados defensores mandados por el teniente coronel Jerónimo Costa y el sargento mayor Juan Bautista Thorne, asombró a los propios franceses. La defensa de la isla, fue reconocida por el comandante francés Hipólito Daguenet, quien en una actitud de hidalguía, en una carta que dirigió a Rosas, encomió el desempeño de las fuerzas nacionales en la defensa del territorio cuyo cuidado sus autoridades le habían confiado.

El conflicto no fue tampoco sencillo para la Confederación Argentina, pues Francia era en esos momentos una de las principales potencias del mundo y desarrolló una serie de actos para doblegar a la Confederación Argentina.




Impulsor del expansionismo

El monarca francés, Luis Felipe de Orleans, ocupaba el trono en 1838







La estrategia gala

Los franceses, visto que el bloqueo no les reportaba los beneficios esperados, trataron de crearle a la Confederación Argentina conflictos externos e internos.

Entre los primeros podemos citar el apoyo que Francia siguió dando al Mariscal Andrés de Santa Cruz –“el Cholo”–, “el gran amigo de Francia en el Nuevo Mundo”, como lo llamaba la prensa de París, quien se encontraba al frente de la Confederación Peruano-Boliviana y pretendía anexionarse las provincias del norte argentino, y cuyas tropas había invadido este territorio. A su vez, también promovieron la renuncia forzada del presidente del Uruguay, don Manuel Oribe y el encumbramiento del general Fructuoso Rivera –“el Pardejón Rivera”- en la presidencia del país hermano, aliado también a elementos unitarios establecidos en Montevideo. También pagaron para que “auxiliares” nativos ayudaran a Francia.

Trataron de crear conflictos internos tentando a varios gobernadores de la Confederación como los de Santa Fe, Córdoba, Corrientes, Santiago del Estero, la Rioja y Catamarca; en algunos casos mediante el envío de un agente confidencial ante los gobernadores de las tres últimas provincias mencionadas, para que se pronunciaran contra Rosas, quien como Gobernador de la provincia de Buenos Aires, detentaba el ejercicio de la relaciones exteriores de la Confederación Argentina, y era inconmovible en su defensa de la soberanía nacional, o que por lo menos se mantuvieran neutrales en el conflicto. Ese agente, Juan Pablo Dubué, posteriormente fue apresado en Mendoza y sometido a sumario. Después de recibir las actuaciones, Rosas ordenó  fusilarlo, lo que se realizó el 21 de agosto de 1839.

También los franceses dieron su apoyo irrestricto al partido unitario en su lucha contra Rosas y el partido federal que representaban a la nacionalidad argentina.

Rosas debió comandar ese barco –la Confederación Argentina– en medio de tormentas, manteniendo el timón con mano firme y debiendo mucha veces actuar sin contemplaciones y a la vez evitar que el navío se resquebraja e hiciera agua por todos lados.

En Montevideo residía una importante comunidad de “exiliados” unitarios quienes el 20 de diciembre de 1838, formaron la “Comisión Argentina” presidida por el general Martín Rodríguez y que integraron Julián Segundo de Agüero, Florencio Varela, Valentín Alsina y otros, al que adhirieron posteriormente, prestigiosos militares como Juan Lavalle, Martiniano Chilavert y José María Paz. Esta Comisión buscaba que Lavalle encabezara la lucha armada contra Rosas. En un primer momento, Lavalle había sido crítico de la ocupación francesa a la isla de Martín García y de la actitud de los emigrados argentinos unitarios que la apoyaron, pero luego dejó de lado sus pruritos patrióticos y se puso a las órdenes de Fructuoso Rivera y por ende de los franceses, recibiendo de éstos ayuda en dinero, medios y transporte.

 

De traiciones y conjuras

El 2 de julio de 1839, Lavalle con su división desembarcó en Martín García, ocupada por los galos, y de allí tres días después pasó a Entre Ríos, donde no encontró la adhesión de la población que tanto esperaba. Dijo el unitario Francisco Pico: “No hay en Entre Ríos una sola montonera a favor del ejército libertador [así llamaban al ejército de Lavalle] La autoridad de los libertadores no se siente fuera de su campo”.

Fracasada la empresa en Entre Ríos, Lavalle se dirigió a Corrientes, donde su gobernador Pedro Ferré se pronunció contra Rosas el 6 de octubre y pidió el apoyo del jefe de la escuadra bloqueadora francesa, para el envío de navíos por el Paraná, lo que los franceses no pudieron concretar porque les era muy dificultosa la navegación en ese río y por la existencia de una batería argentina en Rosario.

Después del fallecimiento del gobernador de Santa Fe, general Estanislao López ocurrido el 15 de junio de 1838, lo sucedió Domingo Cullen, quién ejerció ese cargo durante tres meses. Ya con anterioridad Cullen había entrado en contacto con el gobernador correntino Genaro Berón de Astrada y con los franceses para lograr el levantamiento del bloqueo a su provincia y llegar a un entendimiento con los invasores –había colaborado también con Dubué– , lo cual era conocido por Rosas. Posteriormente, Cullen fue apresado y fusilado el 21 de junio de 1839 en la posta de Arroyo del Medio.

El 31 de diciembre de 1838, el gobernador correntino Berón de Astrada y el presidente oriental Fructuoso Rivera, firmaron un tratado secreto de alianza ofensiva y defensiva, cuyo destinatario era evidentemente Rosas, a quien declararonn la guerra a fines de febrero de 1839. El 31 de marzo el gobernador de Entre Ríos, Pascual Echagüe, leal a la Confederación, después de invadir Corrientes derrotó en Pago Largo a su gobernador, quien fue muerto en la acción.

El complot era amplio y complejo. En Buenos Aires también se conspiraba contra Rosas y no pocos federales participan de él. El plan consistía en que debía realizarse un levantamiento simultáneo en la ciudad y en la campaña del sur de la provincia donde los hacendados estaban descontentos no solo por los problemas económicos que el bloqueo les ocasionaba, sino también por la política de Rosas sobre la tierra pública.

Ese movimiento insurreccional debía comenzar cuando Lavalle con sus fuerzas marchara sobre Buenos Aires. Pero el Gobernador que estaba en conocimiento de la conjura que se gestaba en la ciudad, hizo arrestar el 24 de junio, al joven coronel Ramón Maza, una pieza clave e importante en el mismo, junto con otros conspiradores.

Ramón era hijo del presidente de la Legislatura,  el Dr. Manuel Vicente Maza, quien también estaba involucrado en el complot aunque era amigo personal de Rosas de toda la vida.




Asesinato de Manuel Vicente Maza

En su despacho de la Legislatura, mientras estaba redactando su renuncia





Tres días después Manuel Vicente Maza, es asesinado por desconocidos de una puñalada en el pecho, mientras se encontraba redactando su renuncia en su despacho de la Legislatura. Al amanecer del día 28, fue fusilado Ramón por orden de Rosas.

Según algunos historiadores ese asesinato del Presidente de la Legislatura fue ordenado por Rosas, mientras que otros opinan que fue obra del fanatismo mazorquero y otros dicen que fueron enviados unitarios temerosos de que Maza, para salvar a su hijo, delatara a quienes estaban complotados. Teniendo en cuenta la personalidad de Rosas -que era muy frontal y no andaba con subterfugios ni con vueltas-, mi opinión es que si hubiera sido su intención castigar la traición de Manuel Vicente Maza, lo hubiera hecho, ordenando directamente su fusilamiento, como en efecto ordenó el fusilamiento de Ramón sin recurrir a terceras personas.

A raíz de esos hechos se ordenó un sumario, que Rosas decidió suspender poco después atento la gran cantidad de personas complotadas. Dijo Rosas: “De otro modo, habría sido preciso ordenar la ejecución de no pocos federales y unitarios de importancia”.

La conjura del coronel Maza en la Ciudad fue un fracaso. Por su parte Lavalle no se decidió a desembarcar en las costas de Buenos Aires y marchar contra la Ciudad, sino que por el contrario, se dirigió con su “Legión Libertadora” a Entre Ríos, donde perdió un precioso tiempo y el levantamiento de los hacendados por todos esos sucesos, tuvo que adelantarse de la fecha prevista.

 

El levantamiento debió ser adelantado

El bloqueo francés le producía al gobierno de la provincia de Buenos Aires pérdidas importantes. El movimiento portuario se redujo notablemente, ya que no se podía exportar ni importar y en consecuencia los derechos aduaneros se ven mermados notablemente. Escasearon muchos artículos importados de uso diario, entre ellos la harina y otros suntuarios como prendas, artículos de tocador, vinos, etc. Pero abundaba la carne y el pueblo llano solo comía carne; es decir fueron las clases más acomodadas las que no pudieron adquirir artículos importados que compraban regularmente.

El gobierno debió equilibrar las finanzas públicas y solo aumentan los gastos destinados a la defensa.

El principal producto de exportación de la época era el derivado de la explotación ganadera: la carne salada o tasajo, el sebo y en mayor medida los cueros.

Debido al bloqueo, los estancieros y saladeristas se vieron impedidos de poder vender y exportar su producción, por lo cual los cueros se pudrían en las barracas.

Familiares y amigos de Rosas, le aconsejaban arreglar rápidamente la cuestión con los franceses, porque esa situación ponía en riesgo el capital de los hacendados. Juan Nepomuceno Terrero, su amigo y socio le informaba y pedía: “Las pilas de cueros se están pudriendo. Si sigue el bloqueo terminaremos por arruinarnos. Debes transar con los franceses”.

Rosas era uno de los hacendados mas importantes de la provincia y el bloqueo también lo perjudicaba económicamente, pero no era hombre de anteponer su interés particular ni de clase al interés de la Nación. A Rosas solo le interesaba el honor de la Argentina. He aquí también su grandeza como gobernante. No era hombre que se dejara amedrentar por los cañones de una poderosa flota invasora, como es la francesa en ese momento histórico.

Un siglo más tarde, esta actitud de Rosas trastocará el pensamiento de todos los sostenedores del materialismo histórico, quienes no podrán explicar esta oposición y enfrentamiento de Rosas a los de su misma clase social y por el contrario justificarán a quienes se aliaron a la potencia colonialista.

La llamada “historia oficial” designa ese levantamiento como el de “Los Libres del Sur” al que le asigna connotaciones patrióticas y libertarias, cuando en realidad los fines no son otros que económicos y comerciales y que se da en el marco de un conflicto internacional y en connivencia con la potencia que en ese momento agredía injustamente y esto hay que recalcarlo, a la Confederación Argentina, y era y esto hay que decirlo también con todas las letrasUN DELITO DE LESA PATRIA.

En esas circunstancias se produce el levantamiento de los hacendados acaudillados por Pedro Castelli, hijo del vocal de la Primera Junta Gubernativa, el doctor Juan José Castelli, apoyado principalmente por el comandante Manuel Rico –2do. Jefe del regimiento 5º– y por el militar de origen francés y también hacendado Ambrosio Crámer.

El levantamiento que debía estallar el 6 de noviembre de 1839 se adelantó algunos días por los hechos acaecidos en la ciudad de Buenos Aires, sabiendo los complotados que Rosas ya tenía conocimiento de todo lo que se tramaba. Se produjo el 29 de octubre en horas de la madrugada en Dolores con el pronunciamiento de Rico y el día 2 de noviembre en Chascomús por el comandante José Mendiola y tiene en esos dos pueblos sus focos principales.

Reclamaron la ayuda de Lavalle y su ejército y pidieron también al contraalmirante francés Louis Leblanc, jefe de las fuerzas bloqueadoras, el envío de naves francesas a la boca del río Salado para apoyarlos.

Por su parte Rosas envía a su hermano Prudencio al mando de una disciplinada y bien armada fuerza a quien se le agregó después una fuerza militar al mando del coronel Nicolás Granada y otros jefes, en busca de los insurrectos, a quienes vencen el 7 de noviembre después de tres horas de combate en la batalla de Chascomús que se desarrolló en las orillas de la laguna homónima. Ambrosio Crámer murió en la acción y Castelli huyó y trató de ocultarse. Tres días después se recuperó el pueblo de Dolores y el día 14 fue tomado Tandil. Al día siguiente Prudencio Rosas escribe al edecán de su hermano, el coronel Manuel Corvalán, dando cuenta de las novedades y del fin de la rebelión: "El principal cabecilla motinero salvaje unitario Pedro Castelli había sido encontrado en una isleta de monte y, habiéndose resistido a entregarse, fue necesario matarle y cortarle la cabeza, que me fue presentada, la que reconocida por mí, por infinitos que lo conocían y por un peón que lo acompañaba, y que había sido aprehendido, la remitió el general que firma a Dolores para que el comandante político y militar de ese pueblo la coloque en un palo en medio de la plaza del pueblo, lugar donde estalló el motín, para escarmiento de esos malvados salvajes unitarios".­

Después de la derrota, el comandante Rico y unos 900 hombres se dirigieron al Salado y embarcaron en las naves francesas que los esperabn.

Fueron trasladados a Montevideo, donde se incorporaron a las fuerzas militares comandadas por el general Lavalle.

Por otra parte, los vencidos recibieron un trato bastante indulgente del gobierno y muchos que después de la acción pasaron a Montevideo, regresaron años después, sin ser molestados por nadie.

 

Bibliografía

Alén Lascano,  Luis C. “Los Libres de Sur: Una conspiración de hacendados”,  publicado en la “Revista del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas” Nº 66.

Doallo, Beatriz C. “Traición en el Sur”, publicado en la “Revista del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas” Nº 61.

Saldías, Adolfo. “Historia de la Confederación Argentina”. Buenos Aires, Librería El Ateneo Editorial, 1951.

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 Fundamento jurídico del castigo por traición

El Libro de las Leyes, como se lo llamó originariamente, o sencillamente llamado de las “Partidas”, era un conjunto de normas redactadas en Castilla durante el reinado de Alfonso X (1221 – 1284), a quien la historia conoce y distingue como Alfonso “el Sabio”.

Las Partidas de Alfonso "el Sabio"

Las Partidas abarcaban todo el saber jurídico de la época y es la obra jurídica más importante de la Edad Media, y rigió en España e Hispamérica hasta que tuvieron lugar las codificaciones en los distintos países.

Su redacción demandó aproximadamente el trabajo durante diez años por una comisión de juristas, bajo la dirección de Alfonso X.

Se divide en 7 Secciones, por lo cual también se la conoce con este otro nombre “Las Siete Partidas”.

La última Partida, dedicada al derecho penal y procesal penal, tiene 34 Títulos y 363 Leyes. El Título 2, trata de las traiciones y dice “Traición es una de los mayores yerros y denuestos en que los hombres pueden caer… y ennegrece y mancilla la fama de los que de aquel linaje descienden, aunque no tengan en ello culpa, de manera que siempre quedan infamados por ello”.

La Ley 1 corresponde al peor de los delitos, la “Laese maiestatis crimen [Crimen de lesa majestad o de lesa patria]la traición es la más vil cosa y la peor que puede caer en corazón de hombre… La segunda manera es si alguno se pone con los enemigos para guerrear o hacer mal al rey o al reino, o les ayuda de hecho o de consejo, o les envía carta o mandado por el que los aperciba de algunas cosas contra el rey, a daño de la tierra…”

La Ley 2, complementando a la anterior, establecía la pena: “Cualquier hombre que hiciese alguna de las maneras de traición que dijimos… debe morir por ellos… Y además todos sus hijos que son varones deben quedar infamados para siempre…”