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Dr. Norberto Jorge Chiviló
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sábado, 31 de julio de 2021
Camila O'Gorman - Uladislao Gutiérrez
Camila O'Gorman y Uladislao Gutiérrez
REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA
27
EL REVISIONISMO
RESPONDE
de José María Rosa
17. CAMILA O’GORMAN
El caso de Camila O’Gorman se
presta para la nota lacrimosa sobre los horrores de la tiranía de Rosas. Es exacto,
exactísimo; pero no fue un hecho político, sino de dura y estricta aplicación
de la ley vigente. Estoy en la opinión que el amor lo disculpa todo o casi
todo: pero vivimos en 1959, y los románticos enamorados fueron ajusticiados en
el Buenos Aires de 1848.
Camila O’Gorman y el cura
del Socorro Uladislao Gutiérrez, cometieron un hecho castigado por las leyes de
entonces con pena capital. Rosas no hizo otra cosa que aplicar la legislación
vigente. Según su secretario, Antonino Reyes, consultó el caso con los mejores
abogados de Buenos Aires; se ha dicho que entre los consultados estuvo Vélez
Sársfield, unitario residente en Buenos Aires y hombre apreciado por el
Gobernador por sus conocimientos jurídicos. Pero Rosas asumió la plena
responsabilidad de la sentencia, como asumió siempre la completa
responsabilidad de sus actos de gobierno. Como después de Caseros se hablara
del consejo de Vélez Sársfield, en perjuicio político de éste, Rosas, desde su
exilio de Southampton, escribió a Buenos Aires: “Ninguna persona me aconsejó la
ejecución del cura Gutiérrez y de Camila O’Gorman, ni persona alguna (fuera
de Manuelita): nota agregada) me habló ni escribió en su favor. Por el
contrario, todas las personas del clero me hablaron o escribieron sobre el atrevido
crimen y la urgente necesidad de un castigo ejemplar para prevenir otros
escándalos semejantes o parecidos. Yo creía lo mismo, y siendo mía la
responsabilidad ordené la ejecución.
“Mientras presidí el gobierno de
Buenos Aires con la suma del poder por la ley, goberné según mi conciencia.
Soy, pues, el único responsable de todos mis actos, de mis hechos buenos como
de los malos, de mis errores como de mis aciertos.” (6-3-77)
No puede llamarse asesinato,
como viene repitiendo la crónica escandalosa antirrosista, la ejecución de una
sentencia cumplida por imperio de la legislación vigente: “La ley ordena la
pena de muerte por el sacrilegio”, dice Eschriche en su conocido Diccionario
de Legislación, y la funda en las Partidas: 1-4-71, l-18-6, VII-2-3,
etcétera. Pero Rosas debió perdonar, pues contra el rigor de las leyes está el
derecho de gracia del Jefe de Estado. Si la desventurada Camila y su
desgraciado amante habían hecho, llevados por su romántico amor, una barbaridad
castigada con pena capital por las leyes, Rosas después de sentenciar como juez
que correspondía la pena de muerte, debió como gobernador indultarlos y
dejarlos vivir su romance. Eso lo hubiéramos hecho usted y yo, y todas las
mujeres y hombres del siglo XX; pero Rosas vivía a mediados del XIX, en un
Buenos Aires mucho más familiar, donde las faltas de esa naturaleza cobraban un
eco extraordinario, Además tenía un sentido estricto de la justicia, como la
tenían en mayor grado que nosotros los hombres de entonces.
Para Rosas la ley era pareja y
debía cumplirse rigurosamente, sin excepciones. Si perdonó algunas veces a sus
enemigos políticos (el general Paz, el coronel Díaz, etc), no lo hizo jamás con
nadie por delitos comunes. Y menos a sus familiares, correligionarios y amigos a
quienes consideraba más obligados que otros a respetar la ley. No entendía eso
que hoy llamamos “gauchadas”, y no son otra cosa que parcialidades,
injusticias, o a lo sumo debilidades. Rosas era recto como una estaca campera;
el restaurador de las leyes consideraba que la base de una sociedad organizada
es el respeto a la ley. Ese rígido concepto le acarreó el odio de algunos
partidarios como Rivera Indarte, federal y mazorquero, que esperó que se le
hiciera la vista gorda en algunos latrocinios cometidos. Como no ocurrió, se
constituyó desde Montevideo en enemigo de Rosas, y le hizo la más formidable
campaña de calumnias posible. Este resentido fue el autor de las famosas Tablas
de sangre.
Pero si esa rigidez de Rosas le
trajo la enemistad de Rivera Indarte, le produjo, en cambio, el respeto de la
masa de la población. Y de quienes juzgamos su persona y su gobierno a siglo y
medio de distancia.
Volvamos a Camila. ¿Por qué no
perdonó Rosas un delito tan romántico, tan “graciable”, diría?
Primero, porque no sabía perdonar.
Y después, porque Camila y el cura Gutiérrez eran federales de primera plana.
Camila pertenecía a una familia conocida por su filiación política y pertenecía
al círculo de amigas de Manuelita y concurría asiduamente a Palermo; el cura
Gutiérrez era sobrino del gobernador federal de Tucumán, Celedonio Gutiérrez, y
poseía una espectable posición en la parroquia regenteada. Tal vez si hubieran
sido unitarios, habrían salvado sus vidas.
Porque Rosas no perdonaba a los
federales, como le he dicho. Además, la filiación política y situación familiar
de ambos amantes fue explotada con exceso por la prensa unitaria de Montevideo
y Valparaíso en detrimento de la situación política de Buenos Aires. El Comercio
del Plata, dirigido por Florencio Varela, daba la noticia de la fuga de
Camila, y Gutiérrez en su número del 5 de enero de 1848 con estos términos:
“El crimen escandaloso cometido
por el cura Gutiérrez es asunto de todas las conversaciones.
¿Hay en la tierra castigo bastante severo para el hombre que así procede?”
Algo semejante decía “El Mercurio” de Chile, del 3 de marzo de 1848 donde escribían Sarmiento y Alberdi: “Ha llegado a tal extremo la horrible corrupción de las costumbres bajo la tiranía espantosa del Calígula del Plata, que los impíos y sacrílegos sacerdotes de Buenos Aires huyen con las niñas de la mejor sociedad, sin que el infame sátrapa adopte medida alguna contra estas monstruosas inmoralidades.”
La degradación que fomenta un déspota
Camila y Gutiérrez escaparon el 12 de diciembre de 1847 (no la noche de Navidad como dice Comercio del Plata), sin que Rosas fuera informado de la fuga hasta el 21. Tal vez la familia y la curia esperaron un arrepentimiento de los impulsivos jóvenes, o tuvieron la esperanza de dar con ellos antes que el escándalo trascendiera. “Al saber Rosas, tarde, lo que había ocurrido –dicen las Memorias de su secretario Antonino Reyes–, después del transcurso de nueve días y cuando en la sociedad se sabía lo que había pasado y se levantaba de todas partes una grita infernal, su indignación estuvo a la altura del insulto hecho a su autoridad.”
Es de imaginarse que su enojo llegase a proporciones mayúsculas al leer los periódicos unitarios dándole como cómplice o apañador del escándalo, y presentando a éste como una prueba de corrupción de las costumbres porteñas. Comercio del Plata siguió su estridente campaña, mientras se desconocía el paradero de los jóvenes. El 27 de abril, bajo la dirección de Valentín Alsina, desliza este infundio: "Se sabe que los gobiernos extranjeros han pedido al criminal gobierno de la Confederación Argentina, seguridades para las hijas de los súbditos extrankjeros que no tienen ninguna para su virtud".
Camila y Gutiérrez fueron descubiertos en Goya (Corrientes) en el mes de julio, y remitidos a Buenos Aires donde Rosas dispuso su ejecución en el cuartel de Santos Lugares. Para postergarla a fin de que Manuelita consiguiera doblegar la justicia de su padre, Antonino Reyes, encargado de su custodia sugirió a Camila el expediente de decir que se encontraba encinta. No dio resultado “porque no lo manifestaba el cuerpo de la joven ni se advertían indicios de semejante preñez”, dicen las citadas Memorias de Reyes; ni tampoco su examen médico dio síntoma favorable. Por lo tanto debió cumplirse la sentencia, quejándose Rosas a Reyes de no haberlo hecho inmediatamente de llegar los amantes al cuartel de Santos Lugares conforme a sus órdenes. Por las dudas “si había preñez que solamente podía ser muy reciente” el cura de Santos Lugares dio, de acuerdo a los usos en ajusticiamientos de mujeres encintas, el “bautizo por la boca”. Este recurso para dilatar la ejecución a la espera de una gracia, daría pie a la leyenda de haber muerto Camila próxima a dar a luz.
Manuelita hizo lo posible para salvar a su amiga; pero se estrelló contra la rigidez de su padre. Cuando los amantes llegaban a San Nicolás provenientes de Goya, Camila recibió una carta de Manuelita “lacerada” por la doliente situación, rogándole entereza “a fin de que yo a tu lado pueda con mis esfuerzos daros la última esperanza”. La hija de Rosas ordenó la compra de varios muebles –entre ellos un piano– para adornar la celda de Camila en Santos Lugares, siempre en la esperanza de conseguir la conmutación de la pena. No ocurrió así, y Camila y Gutiérrez serían fusilados el 18 de agosto.
Inmediatamente Comercio del
Plata, El Mercurio y todos los diarios que habían clamado contra los
“infames”, contra la “corrupción” fomentada por el Calígula del Plata, y
preguntándose “si hay en la tierra castigo suficiente”, volcaron ríos de tinta
contra el monstruo, el tirano “que no respetaba los fueros
inviolables del amor” (Mercurio), o “condenaba al patíbulo a una
inocente madre con el fruto de sus amores en el noveno mes de su gestación” (Comercio).
Fuentes:
MUÑOZ AZPIRI, José Luis: “El Poema
‘Rosas’ de John Masefield”.
SALDIAS, Adolfo: “Historia de
VIZOSO GOROSTIAGA, Manuel: “Camila O’Gorman y su Epoca”.
Camila O'Gorman y Uladislao Gutiérrez
REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA
26
En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.
La verdad sobre Camila y Rosas
Los delatores o instigadores no han dicho una palabra
por Rolando Hanglin
La historia de Camila O´Gorman es simple y despiadada. Una niña bien se enamora de un joven sacerdote, el cura Uladislao Gutiérrez, y él de ella. Acorralados en un amor imposible, se fugan para vivir en pareja. La justicia los atrapa y, para castigar su sacrilegio, los fusila a ambos, asesinando de paso al niño que llevaba Camila en el vientre.
Lo que sucedió en Santos Lugares fue una barbaridad, y no tiene perdón de Dios. Igual que otras mil barbaridades que se han cometido en todos los tiempos. Pero esta triste historia tiene también otros perfiles: se atribuye, exclusivamente, la orden de ejecución al dictador Rosas. Se la agrega a otros mil actos sanguinarios, como para completar el retrato del "Calígula del Plata". Se sobrecarga lo sucedido con todos los detalles horrorosos que se encuentren a mano.
Hay mucho escrito sobre este acontecimiento. Hemos seguido la cronología y las citas de Roberto Etchepareborda (Rosas, controvertida historiografía, Pleamar, 1972) que son un intento de relatar con ecuanimidad.
El episodio se produjo en 1848, momento en que Buenos Aires iba recobrando su fisonomía normal, liberada del bloqueo y de los rigores de una constante amenaza de guerra. Los emigrados, desde más de un año atrás, regresaban masivamente, desde Montevideo y Santiago de Chile. Según Abel Chaneton: "La vida se remansa y Buenos Aires, no ya sometida sino adicta, es un pueblo casi feliz. Llegan tiempos prósperos, renace el comercio... Toda resistencia armada a la dictadura desaparece en el Interior y el Exterior. Sólo la prensa "unitaria" sigue bombardeando a Rosas... cuyo prestigio se acrecienta y se representa inconmovible". (Historia de Vélez Sarsfield , Tomo 1, 1937).
En medio de esa recuperación, se produce la fuga de Camila con el cura. El hombre tiene 30 años, ella 19. Desaparecen el 12 de diciembre de 1847. Recién el 21, el atribulado padre informa al canciller de Rosas, don Felipe Arana, y solicita la detención de los prófugos.
¿Quién era ese padre, don Adolfo O’Gorman? Era el hijo de don Tomás O´Gorman, sobrino del médico Miguel O´Gorman, personaje principal en Buenos Aires, casado con la francesa Anne Perichon, que según la historia fue amante pública del Virrey Liniers, durante uno de los largos viajes de negocios del señor O´Gorman. Se la recuerda con el apelativo de "la Perichona". (Seguimos en este pasaje a Daniel Balmaceda en Romances Turbulentos de la Historia Argentina). Tanto los hijos de Liniers con Juana Úrsula Membille como los que tuvo, después de enviudar, con Martina Sarratea, se radicaron en Goya, Candelaria y otras localidades del nordeste argentino. Por ejemplo: una hija de Liniers se casó con Juan Bautista Perichon. El segundo Perichon, Esteban María, se radicó en Corrientes y originó una de las familias más tradicionales de Goya.
Gran parte de los vecinos de Plaza San Martín (en Buenos Aires) eran irlandeses y concurrían a la misa del Socorro. Entre ellos estaban Adolfo y Tomás, hijos de la francesa, casados con damas de la mejor sociedad y cultores de una moral severa. Sentían horror por el escándalo: estaban marcados desde niños.
La prensa adversa a Rosas, desde Montevideo, aprovecha el escándalo para señalar la inmoralidad reinante en la sociedad rosista. Se lo considera típico de las aberrantes costumbres que rodean al dictador, de quien se señalan graves impudicias que llegarían hasta el incesto. Los emigrados en Chile no trepidan en publicar, en El Mercurio: "Ha llegado a tal extremo la horrible corrupción de las costumbres del Calígula del Plata, que los impíos y sacrílegos sacerdotes de Buenos Aires huyen con las niñas de la mejor sociedad, sin que el infame sátrapa adopte medida alguna contra estas monstruosidades" (27 de marzo de 1848). El pecado de los amantes se convierte rápido en un acto de explosivo efecto político. Mientras, los prófugos, que han adoptado los nombres falsos de Máximo Brandier y Valentina San, se han establecido en Goya y regentean una escuelita. En aquella ciudad tenían parientes que los protegieron, mientras soñaban con una fuga (demasiado cara para sus ahorros) a Río de Janeiro. Pasan sin problemas cuatro meses, hasta que son reconocidos por el cura irlandés Michael Gammon, que descubre sus verdaderas identidades. En consecuencia, son detenidos y remitidos a Buenos Aires.
El regreso es lentísimo. Tarda más de dos meses, con un trato riguroso: separación absoluta, remache de grillos. A pesar de ello, Camila logra enviar una súplica a su amiga Manuelita Rosas, cuya respuesta se conoce. En una carta sumamente cariñosa, Manuelita le pide resignación para salvar la distancia que las separa "a fin de que, ya a mi lado, pueda con mis esfuerzos daros la última esperanza".
La grita opositora arrecia. En "El Comercio del Plata", don Valentín Alsina exige ejemplar justicia: "¿Hay en la tierra –expresa Alsina- castigo bastante severo para el hombre que así procede con una mujer cuya deshonra no puede reparar, casándose con ella?". Aparentemente, Rosas aún no ha resuelto nada. Su cuñada, María Josefa Ezcurra, lo insta a recluir a Camila en la Casa de Ejercicios. Aparentemente, se acepta en principio este criterio, porque se conoce la boleta de la compra del moblaje destinado a su celda, efectuada directamente por Manuelita. Recuérdese que María Joséfa Ezcurra había tenido un hijo con Manuel Belgrano, que fue adoptado por Rosas y pasó a la historia como Pedro Rosas y Belgrano, de larga actuación política. Sin embargo, Rosas parece cambiar de idea bajo el efecto de la enconada prédica unitaria. Manuel Rubio ha señalado que "aconsejar el patíbulo para un crimen social, y aconsejarlo a un hombre que era acusado por los unitarios de sanguinario, revela una convicción extraviada o una malignidad refinada e injustificable". Según Bilbao, para Rosas "el verdadero crimen de Gutiérrez y Camila fue burlar su autoridad". (Antonino Reyes, memorias de un edecán de Rosas, anotadas por Bilbao). Consecuentemente, tiende por fin al escarmiento ejemplificador. Por un lado, el clero, y por el otro, los más destacados juristas, se inclinan por la aplicación de la drástica legislación vigente a los culpables.
Se afirma que fueron consultados los jurisconsultos más destacados de Buenos Aires: Baldomero García, Lorenzo Torres, Nicolás Anchorena, Dalmacio Vélez Sarsfield y Eduardo Lahitte. Este último habría sido el único en oponerse a la sentencia de muerte. En cuanto a Vélez, Abel Chaneton desmiente la versión, que supone fruto de la pasión política posterior a Caseros. Le querían facturar a Vélez los devaneos del mentado cordobés durante las tertulias familiares de Rosas. Chaneton señala a Lorenzo Torres como el principal responsable: "Dio forma legal al asesinato, justificando la convicción de Rosas con citas de cánones y leyes".
Es casi indudable que Rosas, presa de un excesivo afán de reprimir un crimen privado, optó finalmente por la pena capital para ambos reos. Las ejecuciones se cumplirían en el campamento de "Santos Lugares de Rosas" (así se llamaba entonces) en el momento oportuno. Para la mentalidad severa de Rosas, el acto cometido representó un quebrantamiento de la moral social que no podía quedar impune. Se sentía responsable de cualquier condescendencia con Camila O´Gorman, que se hallaba tan cerca del círculo gubernamental, justificando el desenfreno de las costumbres los infundios de sus adversarios.
El cura Uladislao no estaba menos relacionado: era sobrino carnal de Celedonio Gutiérrez, gobernador de Tucumán, rosista y federal.
Años más tarde, desde Southampton, Rosas escribe a Federico Terrero: "Ninguna persona me aconsejó la ejecución del cura Gutiérrez y de Camila O´Gorman, ni nadie me habló en su favor. Todas las primeras personas del clero me hablaron o escribieron sobre ese atrevido crimen y la urgente necesidad de un ejemplar castigo para prevenir otros escándalos semejantes o parecidos. Yo creía lo mismo. Y siendo mía la responsabilidad, ordené la ejecución... Mientras fui gobernador, con la suma del poder por la ley, goberné según mi conciencia. Soy, pues, el único responsable de todos mis actos, de mis hechos buenos como de los malos, de mis errores y de mis aciertos". (6 de marzo de 1877, once días antes de morir).
Para agravar la responsabilidad de Rosas, se ha dicho generalmente que Camila estaba embarazada. Al parecer, ella misma lo declaró, para salvar la vida, al propio Antonino Reyes, jefe de Santos Lugares. Según oficio de Reyes a don Manuel Bilbao, "el cuerpo de la joven no lo evidenciaba, ni se advertían indicios de preñez.. Si la había, debía ser muy reciente, pero la causa servía en aquel momento para salvarla. Yo la respaldé, poniéndome de acuerdo con el médico del campamento, Dr. Martínez". (Memorias ya mencionadas). Al parecer, la carta no llegó a Manuelita Rosas, que era la destinataria, sino al propio general, quien ordenó de inmediato el cumplimiento de la sentencia.
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| Ejecución de Camila O'Gorman. Oleo sobre tela de 49 x 63 cms. de F. Augero . Turin 1858 |
Dice Dardo Corvalán Mendilaharzu: "La infortunada Camila no llevaba el fruto de su amor en las entrañas. El sumario hecho en la ciudad de Goya... formal y minucioso, me robustece en la convicción... sobre la falsedad de la causa originaria de esa cosa terrible que ha dado en llamarse el "bautismo federal". A este sumario corre agregado el informe del único médico que había en Goya, el Dr. William Gibson, quien examinó prolijamente a la desventurada mujer. Nada hay (sobre un embarazo) en el informe, donde no escapan detalles, aún de los más insignificantes". (El caso de Camila O´Gorman, 1926).
Sin embargo, Daniel Balmaceda (Romances Turbulentos) menciona que el presbítero Castellanos, encargado de brindar a Camila los últimos auxilios, le dio a beber agua bendita para bautizar al niño que llevaba en el vientre.
Los jóvenes amantes fueron, durante Rosas, reprobados como ejemplo de las costumbres licenciosas de la dictadura y, más tarde, usados como prueba del absolutismo y la crueldad del dictador.
Ahora bien. Camila fue la única mujer ajusticiada por Rosas: ocurrió el 18 de agosto de 1848, 250 días después de huir juntos y 65 después de ser descubiertos y delatados por el Padre Gannon Chitty.
En aquel entonces, un desliz significaba un hijo: no había píldoras ni se usaban preservativos. Las peripecias de nuestros fundadores están sembradas de hijos naturales, pecadillos privados y otras historias que se encaraban con o sin grandeza, según los casos. Se degollaba o fusilaba a los prisioneros, se combatía por pequeñeces, se engrillaba a los revoltosos o se los aherrojaba en un cepo. Terrible. Un tiempo sin piedad. No la tuvo Rosas, pero tampoco Lavalle, o Moreno o Sarmiento.
En esta barbaridad, el único que se hace cargo de sus actos parece ser el brigadier general Rosas, por aquellas líneas desde Southampton, en que absorbe todo el peso de la criminal ejecución sobre su conciencia. Los otros, los delatores o instigadores, eclesiásticos o civiles unitarios, incluyendo a los federalísimos padres y parientes de Camila, no han dicho una palabra.
lunes, 1 de marzo de 2010
Cabalgata a los Santos Lugares de Rosas - Lord Howden
Publicado en el Periódico El Restaurador - Año IV N° 14 - Marzo 2010 - Pags. 14 y 15
Una cabalgata a los Santos Lugares de Rosas
![]() |
| Lord Howden |
Adolfo Saldías, autor de la “Historia
de
Nos cuenta Saldías:
“Muy de mañana, y á pesar del frío de la
estación, con un poncho pampa de lo fino, sombrero blando y de alas cortas,
rebenque criollo, y espolín acerado, montaba lord Howden, uno de los soberbios
pingos que el general Rozas guardaba en su quinta de Palermo y a los cuales se
les hacía andar diariamente con un peso equivalente al del cuerpo de su dueño;
y se dirigía por las quintas y chacras que limitaban entonces la ciudad, cuyo
plano muy extenso desde las delineaciones que se hicieron bajo el gobierno de
Rivadavia y siguieron haciéndose bajo el de Rozas, presentaba sin embargo
claros más o menos grandes que han ido desapareciendo á medida que la población
aumentaba, formando solución de continuidad en las calles de dos leguas. Una de
esas mañanas se dirigió a los Santos Lugares, pero extraviado en el camino tuvo
que regresar como pudo, muy á pesar suyo. Los diarios de los emigrados en
Montevideo habían hecho de ese paraje el teatro de escenas horribles y sangrientas…
que el lord quiso verlo por sus ojos. Al efecto, una noche que se hallaba en la
tertulia de la señorita Manuela de Rozas, manifestóle a ésta y a varios caballeros
sus deseos de hacer esa excursión en la mañana siguiente. La señorita de Rozas
dio sus órdenes, y a la hora fijada partieron a caballo los más de los
invitados y algunas damas en carruaje.
Ya he conducido al lector a ese
paraje, al ocuparme del año de 1840 y de la invasión del general Lavalle con el
auxilio de los franceses. Urgido a reconcentrar fuerzas en punto conveniente
para oponerlas a esa invasión, Rozas estableció su cuartel general en un punto
intermedio entre la ciudad y la dirección que traía el general Lavalle, en los
límites del partido de Morón, a poco más de ocho cuadras de la hoy estación San
Martín del ferrocarril a Campana. Existía allí un arruinado caserío de fines
del siglo pasado, que ocuparon unos conventuales hasta que se sancionó la ley
de reforma eclesiástica bajo el ministerio de Rivadavia. Por esa circunstancia
y la de poseer esos santos padres una virgen, que, según fama, operaba
milagros y concedía beneficios a los que visitaban esos lugares para rendirle
el culto de su fe, los paisanos designan el paraje con el nombre de los Santos
Lugares. Por tal era conocido, y por esto siguió llamándose Campamento de los
Santos Lugares desde el 17 de agosto de 1840, en que llegaron allí el batallón
Maza, el de Restauradores, las milicias de infantería de San Isidro, San
Fernando y Las Conchas al mando del coronel Garay; el general Pineda con el número
1 y el regimiento de abastecedores. Rechazada la invasión, el gobernador Rozas
fijó allí un campamento permanente donde se reunían y disciplinaban las
fuerzas de
El jefe del campamento recibió a la
comitiva conduciéndola a las habitaciones del gobernador, donde se había
preparado un almuerzo cuyo menú se componía de piezas acreditadas por el arte
culinario francés, y de algunas no menos apetitosas del gusto criollo, en obsequio
del ilustre convidado. A lord Howden no le sorprendía las cultas demostraciones
de que era objeto de parte de la buena sociedad que lo rodeaba, que eran las
mismas que se le dispensaba desde que arribó a Buenos Aires. Pero tampoco se le
ocultaban que eran impuestas por la urbanidad, distanciándolas hasta en los
detalles que pudieran imprimirles carácter oficial, y esto a mérito de la
conducta agresiva que
Después de cumplimentar a la señorita
de Rozas, lord Howden le ofreció su brazo y la comitiva se dirigió a visitar el
establecimiento. Lord Howden salía de una sorpresa para entrar en otra, como
que sus impresiones eran muy distintas de las que le habían suscitado las
descripciones horroríficas de los enemigos de Rozas. No creyó que ese
establecimiento militar estuviese montado bajo el pie de orden, de buena
administración y de progreso que se desenvolvía ante sus ojos; ni mucho menos
que las artes mecánicas y las industrias a que se prestaban las materias primas
del país y en manos de artesanos hijos del país también, y al mismo tiempo
soldados, estuviesen desarrolladas en las proporciones que acusaban los vastos
talleres, fundiciones y maquinarias que minuciosamente iba inspeccionando.
Los mismos diarios de los emigrados
unitarios en Montevideo, a los cuales llegaron los ecos de esta excursión de
lord Howden, no pudieron menos que concordar en el fondo con las impresiones de
éste. El Comercio del Plata (N. del D.: del 5 de julio de 1847); refiriéndose
a sus datos, escribía: "Llegaron al campamento de Santos Lugares a las 12
y después de inspeccionar las obras que lo defienden, fueron a ver el ejercicio
de las tropas de las diferentes armas. Lord Howden que manifiesta los gustos
de un verdadero touriste (montaba en recado, con poncho, y quedó
encantado de ver cómo los soldados domaron en su presencia seis potros), se
mostró muy satisfecho. El campamento, se nos dice, es una verdadera población
de campo: los ranchos colocados en línea forman calles espaciosas, con jardines
y puertas pequeñas: todo parecía esmeradamente aseado. Hay también algunas
casas de ladrillo. Los varios campamentos ocupan como una legua. Hay
actualmente allí como unos dos mil hombres".
En un apartado, Saldías comenta:
“No
era extraño en modo alguno que lord Howden, como muchas gentes, se formase
ideas más siniestras de lo que era Santos Lugares. La propaganda continua y
bien dirigida de Rivera Indarte y demás diaristas unitarios, había llevado
lejos los ecos de que Santos Lugares era el antro elegido por Rozas para
levantar hecatombes con los cadáveres de los enemigos a quienes vencía en la
guerra que sin cuartel le declararon. En el año de 1885 fui una vez más a
Santos Lugares, en compañía del coronel Antonino Reyes, el antiguo jefe de ese
campamento, para recoger datos y noticias que sólo éste podía suministrarme.
Desde la estación San Martín nos conducía en su carruaje un mocetón criollo
como de veinte años, ilustrándonos con noticias que para él eran exactas y
ciertas como que luz había. Al llegar al antiguo campamento cuyo caserío había
sido utilizado hasta poco antes por una fabrica de cola, descendió con
nosotros, se aproximó a un gran pozo de balde frente a la casa solitaria, y nos
dijo con todo aplomo: "En este pozo, señor, era donde se echaban las
cabezas y los cuerpos de los que degollaban allí"; y nos indicaba con el
dedo el patio de
Casa de Rosas
Publicado en el Periódico El Restaurador - Año IV N° 14 - Marzo 2010 - Pag. 13
Museo Regional Brigadier General Juan Manuel de Rosas
![]() |
| Casa de Rosas |
El Museo Regional Brigadier General Don Juan Manuel
de Rosas, se encuentra ubicado en la calle 72 - Diego Pombo Nº 3324 de la
localidad de San Andrés, Ptdo. de Gral. San Martín. Teléfono/Fax: 4830-0683 Horarios: Lunes a Sábados de
Una de las Salas está dedicada a Antonino Reyes, en el cual se
pueden apreciar distintos elementos como cartas y objetos personales que fueron
de su pertenencia y que fueron cedidas en comodato al Museo por
Como llegar: Por tren, exlinea Mitre, estación San Andrés; colectivos: 78, 87, 161, 304, 343.
![]() |
| Museo Rosas |
Santos Lugares de Rosas - El nombre San Andrés
Publicado en el Periódico El Restaurador - Año IV N° 14 - Marzo 2010 - Pag. 13
El nombre "San Andrés"
A fines del siglo XIX el historiador
Adolfo Saldías, en varias oportunidades visitó las ruinas de lo que había sido
el Campamento militar de los Santos Lugares. Para llegar al lugar viajó por el
entonces Ferrocarril Central Argentino y desde la estación San Martín, -que era
la estación más próxima- se trasladó al lugar, distante “a poco más de ocho
cuadras” utilizando carruajes.
En el año 1907, el San Andrés Golf
Club, que había sido fundado y al cual pertenecían directivos y empleados
ingleses del ferrocarril, se trasladó a su actual ubicación. Igual que lo que
le ocurría a Saldías, los socios del club, tenían la misma dificultad para
llegar al lugar, por lo que solicitaron
se construyera una parada de tren frente al Club.
Esa parada se instaló en 1909 y se la llamó San Andrés, dando también desde entonces su nombre a la zona, si bien en las escrituras de venta de las propiedades de la zona, bien entrado el siglo XX se seguía llamando a la zona como Las Crujías.
Las Crujías
Publicado en el Periódico El Restaurador - Año IV N° 14 - Marzo 2010 - Pag. 13
LAS CRUJÍAS
Como ya se manifestó, al convento construido
por los mercedarios se lo conoció como “Las Crujías” y muy entrado el siglo XX a
la zona se la denominó también con tal nombre y actualmente la actual calle 70
de la localidad de San Andrés, también se llama “
Algunas personas de mente truculenta y
morbosa, atribuyen ese nombre al lugar, porque según ellos durante la época
rosista en la cárcel existente en el campamento mediante torturas se le
“rompían” los huesos a los presos y de allí lo de “crujías”. Nada más falso.
Según el Diccionario de
“Tránsito largo de algunos edificios que da acceso a las
piezas que hay a los lados / En los hospitales, sala larga en que hay camas a
uno y otro costado y a veces en el medio de ella”.
Arquitectónicamente
se llama así a
las naves o
pasillos de ciertos edificios, que dan acceso a dependencias laterales, como es
el caso de cada una de las galerías, o pandas, de un claustro. (Wikipedia,
Por ello por esas características pronto se conoció al sitio como “Las Crujías”.
Seguramente las cárceles de entonces no eran un paraíso, ni el trato a los presos era el que hoy pudiéramos considerar como “ideal”, como tampoco lo eran las cárceles y el trato que se le daban a los presos en los países mas adelantados de aquella época y en nuestro país antes y después de aquel período rosista.
Documentos - Creación de los Santos Lugares de Rosas
Publicado en el Periódico El Restaurador - Año IV N° 14 - Marzo 2010 - Pag. 12
Documentos
La imposición del nombre al pueblo y la inauguración del Templo Parroquial
El Oficial Mayor del Ministerio de Gobierno, don Agustín
Garrigós, por orden de Rosas, da a conocer al vecindario de los Santos Lugares,
por intermedio del Juez de Paz la formalidad de la imposición del nuevo nombre
a esta población.
“Buenos Aires, Diciembre 8 de 1836
Señor Juez de Paz:
No habiendo sido posible asistir
personalmente por urgentes atenciones públicas sin espera, el Excelentísimo
Señor Ilustre Restaurador de las Leyes, Brigadier Don Juan Manuel de Rosas, he
sido comisionado especialmente para decir al virtuoso vecindario de Santos Lugares
la contestación que le ofreció S. E. manifestar a la voz, en cuya virtud siento
la honrosa satisfacción de dar cumplimiento a esa orden superior por el órgano
del Juez de Paz del Pueblo.
S.E., deseando por una parte llenar
los justos deseos de ese virtuoso vecindario, transmitidos por la autoridad
civil y por la otra no dejar al olvido de los tiempos el nombre santo de esos
lugares que le acordaron sus antiguos padres, ha creído que todo podía
conciliarse fijando el siguiente nombre santo y militar: SANTOS LUGARES DE
ROSAS.
Agustín Garrigós”
Informe brindado por el cura párroco de Jesús Amoroso Don
Pascual Alejandro Rivas, de los festejos realizados los días 6 y 8 de diciembre
de 1836, por la inauguración del nuevo Templo.
“VIVA
Santos Lugares de Rosas
Diciembre 14 de 1836
27 de
El cura Vicario de Santos Lugares de
Rosas
Al Sr. Juez de Paz y Comisario de S. Isidro.
El Cura que firma pone en conocimiento
del Juez de Paz de San Isidro que después de los festejos cívicos que se
iniciaron el día 6 precedente de
Dios g. al Sr. Juez de Paz ms. años.
Pascual Alexandro Rivas”
Ramos Mejía y los Santos Lugares
Publicado en el Periódico El Restaurador - Año IV N° 14 - Marzo 2010 - Pag. 11
José María Ramos Mejía y los Santos Lugares
José
María Ramos Mejía, fue médico, iniciador de la sociología y la psiquiatría en
nuestro país. Había nacido en 1849. Su padre y otros familiares habían
intervenido en la rebelión de los mal llamados “Libres del Sur”. Fue político y
escritor. Su antirrosismo no le impidió ver hechos positivos en la personalidad
de Juan Manuel de Rosas. En su libro “Rosas y su tiempo”, realiza la siguiente
descripción de los Santos Lugares.
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| José María Ramos Mejía |







