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miércoles, 1 de junio de 2011

La guerra del Paraná

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año V N° 19 - Junio 2011 - Pag. 9 

LA GUERRA DEL PARANA. LOS BLOQUEOS NAVALES COLONIALISTAS AL RIO DE LA PLATA. EL ROBO DE LA ESCUADRA ARGENTINA.

                                                                                              Por el Dr. Guillermo M. Masciotra

Ciudad de Corrientes 1846 - Pintura de Gore Ouseley

En el año 1838 nuestra patria estaba amenazada desde diversos frentes geográficos pero con un gestor común: el colonialismo francés, que soñaba con crear un Protectorado en la Banda Oriental. En el Norte nos declaraba la guerra la Confederación Peruano Boliviana bajo el mando del Mariscal Andrés de Santa Cruz y en la Banda Oriental el Gral. Fructuoso Rivera con apoyo francés y unitario derrocaba a Manuel Oribe presidente constitucional del Uruguay. Francia venía ya desde el 1836 creando incidentes y desconociendo las leyes argentinas, buscando la manera de imponer la política de las cañoneras, ahora además aliada con Rivera y la Comisión Argentina (formada por expatriados argentinos unitarios) encabezada por Andrés Lamas.

Declara el bloqueo al Río de la Plata bajo el pretexto que no se conciliaban las relaciones diplomáticas franco argentinas y atacan Martín García con cuatro buques franceses y tres de bandera oriental riverista. Heroica defensa es la que realizan Gerónimo Costa y Juan Bautista Thorne que con solo 125 hombres enfrentan la coalición de siete buques y mas de 500 hombres (ver ER Nº 6). Cebados por la ocupación de la isla, los franceses no vacilan en operar contra Zárate, Atalaya y El Sauce, su impulso hace que Fructuoso Rivera firme un Pacto con la Provincia de Corrientes gobernada por Genaro Berón de Astrada para promover su independencia y así disgregar de nuestro territorio a la Mesopotamia. La Confederación Argentina seguía firme en su postura y se fortalecía.

Todo fracasa para el intento colonialista. En Marzo de 1839 la caballería entrerriana de la Confederación Argentina al mando del Gral. Justo J. de Urquiza derrota completamente en la Batalla de Pago Largo a las fuerzas correntinas, donde muere Berón de Astrada junto a 800 de sus hombres.

La Expedición del Gral. Juan Galo de Lavalle transportada por buques franceses se retira al Norte casi sin combatir y el Gral. Prudencio Rosas rápidamente sofoca la intentona de los hacendados del Sur de la Provincia de Buenos Aires.

En 1840 para Francia cambia su escenario y ahora ve el peligro británico en Medio Oriente, firma el Tratado Arana–Mackau, levanta el bloqueo de cerca de 950 días de duración y se retira, pero así comienza la Campaña Naval de la Banda Oriental en 1841, ya que Rivera decide seguir su guerra e incluso llevarla a Corrientes. La primera flota riverista al mando de John Coe, es completamente derrotada en aguas del Plata por el Alte Guillermo Brown. Pero siguen los intentos y en 1842 Rivera contrata a José Garibaldi para que al mando de una segunda división naval concurra para apoyar a Corrientes. El destino del italiano Garibaldi sería idéntico al intento de la anterior flotilla de Coe, remonta el Paraná pero en las cercanías de la localidad de Esquina, Guillermo Brown lo derrota en el Combate de Costa Brava. Luego el bravo irlandés con sus cinco buques bloquea Montevideo, la que también estaba sitiada por tierra por las fuerzas de Manuel Oribe.

La misión de Brown, que no causa incidentes, despierta nuevamente el interés francés, inglés y brasileño. Velozmente se estacionan frente a Montevideo 11 buques de guerra franceses, 10 británicos, 2 norteamericanos y aproximadamente entre 6 y 8 naves brasileñas en forma amenazante y generan entredichos diplomáticos con los buques al mando del Alte. Guillermo Brown con la velada intención de intervenir.

Así se produce sin previa declaración de guerra, lo que en la historia se conoce como “El robo de la escuadra”, donde las naves francesas e inglesas abren fuego, rodean con el apoyo de mas de 25 naves los cinco buques de la Confederación Argentina y como trofeo se las apropian y reparten: el “25 de Mayo” y “San Martín” para Francia y el “Echagüe”, “9 de Julio” y “Maipú” para Inglaterra, así se inicia el bloqueo anglo-francés, que durará casi tres años entre 1845 y 1848.

A partir de ese escandaloso momento y sin fuerzas navales propias, reaparece José Garibaldi para atacar en Gualeguaychú y Paysandú, y buques anglo franceses capturan mercantes argentinos de cabotaje en el Paraná.

La Guerra del Paraná, que se iniciaba en 1838, tenía en 1845 un nuevo capítulo, la expedición a Corrientes y Paraguay donde el Combate de Vuelta de Obligado constituye el enfrentamiento mayor en el cual la flota de 22 buques de guerra y mas de 70 mercantes deciden incursionar en el Río Paraná. Luego de este combate las fuerzas patriotas se reagruparon en Ramallo y fortificaron por instrucciones del Gral. Mansilla el Paso del Tonelero, donde se emboscaron las piezas de la artillería volante en las altas barrancas y en enero de 1846 en el combate que allí tiene lugar, los agresores comienzan a comprender lo difícil que será llegar a Corrientes y mas aún navegar río abajo, de regreso. Luego en San Lorenzo también son atacados los buques intrusos. Mientras que los navíos franceses detienen su viaje en La Bajada cerca de Paraná y solo llegan hasta Corrientes, los ingleses siguen río arriba y llegan hasta Asunción, muy maltrechos y desalentados.

A su regreso los aguardaban nuevamente las tropas de Lucio Mansilla, en Paso del Quebracho y aguas mas abajo nuevamente en Barrancas de San Lorenzo y Paso de la Ramada donde la experimentada táctica de empleo de artillería volante continúa castigando a los invasores. El episodio final es el fracasado ataque al Puerto de Atalaya, cerca de Magdalena en la Provincia de Buenos Aires.

Las noticias del fracaso expedicionario anglo francés también llegan a Londres y Paris donde las bajas, las pérdidas de naves y la frustración de los comerciantes europeos que no pueden comerciar en el Río de la Plata son comentadas en los círculos del gobierno inglés y francés. Tomás Guido resalta que las ricas compañías comerciales de Liverpool y Manchester, también levantan su voz al ver que tienen la mejor plaza del Atlántico Sur cerrada para sus productos y la Casa Baring hace saber a sus inversores con preocupación que uno de sus préstamos  efectuado precisamente a la Argentina, era uno de los pocos que se pagaba en sus servicios puntualmente y que con el ataque a la Confederación Argentina seguramente peligraría en adelante su cumplimiento.

Además la acción diplomática Argentina de Carlos de Alvear, divulgador de la Doctrina Monroe en los propios Estados Unidos, Mariano Balcarce en Francia y Manuel Moreno en Inglaterra crean tal conmoción que los anglofranceses deciden negociar con la Confederación Argentina pero pasarán tres años para la firma de los Tratados Southern–Arana y Arana–Lepredur que pondrán fin al conflicto.

De esta forma transcurren diez años de luchas por la Soberanía Nacional en las aguas del Paraná, Uruguay y el Plata, contra las potencias coloniales y sus aliados. 


lunes, 1 de junio de 2009

El "Pardejón" Rivera

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año III N° 11 - Junio 2009 - Pag. 16 

EL "PARDEJON" RIVERA

 

En todas sus cartas y comunicados, Rosas al ­referirse al general Fructuoso Rivera, acompañó sistemáticamente su nombre con el mote de Pardejón. Igual trato mereció el jefe uruguayo en la prensa federal y en la correspondencia de los distintos lugartenientes y funcionarios de Rosas. El significado de este calificativo injurioso fue ya en época de Rosas -y todavía lo es ahora- atribuido al supuesto color moreno de la tez de Rivera. Sin embargo, ésa no es la razón que llevó a Rosas a llamar Pardejón a Rivera. El verdadero significado del apelativo está aclarado con precisión en la Gaceta Mercantil del 25 de abril de 1846. Reproducimos los párrafos pertinentes:

"Pardejón no significa pardo. Este dictado se aplica a Rivera en otro sentido que es el único que tiene. Es una expresión provincial. El apelativo Pardejón no designa el color del cutis de Rivera sino sus cualidades morales de obstinado e incorregible. Se le dice Pardejón no porque pardejón quiera decir pardo, pues el ser pardo no es afrenta, y hay en América hombres muy distinguidos y beneméritos que son pardos, sino solamente por la ferocidad en que se asemeja al Pardejón. Este es el macho toruno que suele encontrarse en algunas crías de mu­las tan malísimo y feroz que muerde y corta el lazo, se viene sobre él, y atropella a mordiscones y patadas. Jamás se amansa, y si alguna  vez llega a serlo, de repente traiciona y pega de patadas al jinete que lo larga, lo ensilla o monta. Siendo tan de malas mañas y tan traidor, los paisanos de nuestra campaña lo llaman pardejón a un hombre perverso y pérfido”

Crónica Argentina, Tomo III, Editorial Codex S.A., 1969.

Anécdotas - ¡Gaucho pícaro!

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año III N° 11 - Junio 2009 - Pag. 16  

Anécdotas

¡Gaucho pícaro!

 

Gral. Fructuoso Rivera                                    Gral. Manuel Oribe

Nadie puede dudar hoy día de la inteligencia y la habilidad diplomática del Restaurador; su conocimiento de los hombres y de las circunstancias, su “viveza criolla” y su picardía, su sangre fría puesta de manifiesto en momentos difíciles, todo ello puesto al servicio de la Nación.

En 1838 el caudillo oriental Gral. Fructuoso Rivera, con la complicidad de emigrados unitarios y de los franceses, había depuesto al legítimo presidente de la República del Uruguay, Gral. Manuel Oribe. Éste pasó a la Confederación Argentina, donde obtuvo el apoyo de Rosas para recuperar la presidencia. Así Oribe, aliado a Rosas,  quedó al frente del Ejército Unido de Vanguardia de la Confederación Argentina formado por orientales y argentinos. La Comisión Argentina de Montevideo, formada por unitarios emigrados, apoyaban al Gral. Rivera en su lucha contra Rosas. Al frente del ejército, Oribe vence a los unitarios del interior del país. Los diplomáticos franceses e ingleses trataron de mediar entre las partes en pugna para lograr solucionar la cuestión afianzar a Rivera y evitar el regreso de Oribe a la presidencia del estado oriental.

Ambos ejércitos se encontraban separados por el río Uruguay, el de Rivera en la costa oriental (Uruguay) y el de Oribe en la costa occidental (Entre Ríos). El cruce del río podía poner a una de las partes en posición desventajosa.

En ese contexto –explicado sucintamente y sin mayores detalles, ya que no es el objeto de ese artículo– se produce la anécdota que relata Adolfo Saldías en su Historia de la Confederación Argentina, que le habría contado don Antonino Reyes, edecán de Rosas.

Rosas en la presunción de que el mediador inglés Mr. Mandeville, a quien con frecuencia recibía en su residencia de Palermo con toda familiariedad, pasaba datos a su adversario, tramó la misce en scene, que lo pinta verdaderamente como un gaucho pícaro. Pero dejemos el relato a Saldías:

“…Mr. Mandeville frecuentaba la casa de Rozas. Guardábanle allí particulares consideraciones, no obstante que el jefe ejecutivo argentino, en su sagacidad genial, sospechaba que el ministro de S. M. B. hacia llegar oportunamente al conocimiento del gobierno de Montevideo las órdenes militares, movimientos de fuerzas y demás detalles secretos que podía sorprender en el despacho de Rozas donde tenía fácil acceso.

“Para saber lo que en esto hubiera de verdad, Rozas llamó al mayor Reyes y le dijo: "Dentro de poco vendrá Mr. Mande­ville, usted entrará a darme cuenta de que las divisiones del ejército de vanguardia están a pie; que se ha empezado a pasar por el Tone­lero los pocos caballos que hay; pero que por esto y por falta de ar­mas el ejército no puede iniciar operaciones. Yo insistiré para que usted hable en presencia del ministro".

“Media hora después entró Mr. Mandeville. Asegurábale a Rozas que se esforzaría para que terminase dignamente la cuestión enta­blada cuando se presentó Reyes a dar cuenta de lo que, con carácter urgente, avisaban del ejército de vanguardia.

– “Diga usted, ordenó Rozas: el señor ministro es un amigo del país y de toda mi confianza.

“Reyes dijo (lo convenido), y Rozas se levantó irritadísimo, exclamando:

– “Vaya usted, señor, y dirija una nota para el jefe de las caballa­das, haciéndolo responsable del retardo en entregar los caballos para el ejército de vanguardia, y otra en el mismo sentido al jefe del con­voy. Tráigame pronto esas notas, señor, para firmarlas…".

“Y como Mr. Mandeville quisiese calmarlo arguyendo que quizá a esas horas todo ya había llegado a su destino:

– “¡No señor, no puede haber llegado todavía!... y si el pardejón (así llamaba Rosas a Rivera)  supiera aprovecharse... pero así es como vienen los contrastes; así es como vienen, decía Rozas cada vez más agitado.

“Viéndose impotente para calmar tanta agitación Mr. Mandeville tuvo a bien retirarse. Inmediatamente Rozas le ordenó al capitán del puerto que vigilase el movimiento de la bahía. Esa misma noche tuvo parte que salía para Montevideo un lanchón en el cual iba un hombre de confianza de Mr. Mandeville. Este hombre transmitía lo que Mr. Mandeville le había oído a Rozas. Fué en virtud de este aviso que Rivera procedió sin tardanza, creyendo que las circunstancias denun­ciadas le aseguraban el triunfo…”

Rivera, -creyéndose en poder de un dato inapreciable que le había transmitido Mandeville- con su ejército dejó la costa uruguaya que le ofrecía seguridad, cruzó el río Uruguay para atacar a las tropas de Oribe en Arroyo Grande (6 de diciembre de 1842), a quien creyó débil, desguarnecido y que no tenía las caballadas necesarias y antes de recibir los refuerzos que le mandaba Rosas “retrasadas en el Tonelero” y así podría infringirle una formidable derrota. Rivera cayó en la trampa, ya que por el contrario, el ejército federal se encontraba en perfectas condiciones y bien montado, con fuerzas superiores y mejor posicionado que las suyas y el que sufrió una formidable derrota fue él, quien viéndose engañado y vencido, escapó del campo de batalla “arrojando su chaqueta bordada, su espada de honor y sus pistolas” (Gral. César Díaz en sus Memorias).

Así el ejército de la Confederación Argentina, obtuvo una espléndida victoria, que le permitió posteriormente ocupar el Uruguay y poner sitio a la ciudad de Montevideo, donde debió refugiarse Rivera, con los emigrados unitarios argentinos, ayudados por fuerzas francesas e inglesas. 


Batalla de Arroyo Grande. Óleo sobre tela de Cayetano Descalzi. Museo Histórico Nacional

lunes, 1 de diciembre de 2008

Tomás Craig, marino irlandés, guerrero de la Independencia y defensor de la Soberanía Nacional en la Guerra del Paraná

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año III N° 9 - Diciembre 2008 - Pags. 4 a 6  

PERSONAJES Y HECHOS DE LA CONFEDERACION ARGENTINA

Tomás Craig, marino irlandés, guerrero de la Independencia y defensor de la Soberanía Nacional en la Guerra del Paraná

                                                                                                 Por Guillermo Masciotra

Las páginas de la historia argentina se nutren de innumerables héroes olvidados, que por su actuación merecen un justo reconocimiento. Este es precisamente un ejemplo de quien durante el período comprendido entre 1811 y 1857 fue un incansable guerrero al servicio de su patria adoptiva.

Tomás Craig, nació en Irlanda en 1780, sus padres fueron Nicolás Craig y Honor Byrne. No existen antecedentes exactos de su forma de arribo al Río de la Plata pero alguna fuente lo adjudica a un naufragio ocurrido en las costas patagónicas y su posterior radicación en Buenos Aires.

Con la reorganización del ejército del Norte llevada a cabo por el General Manuel Belgrano en 1812 se incorpora a sus filas y participa en las Batallas de Las Piedras, Tucumán, Salta, Ayohuma y Vilcapugio, integrando la artillería patriota.

Luego de un corto período en la Banda Oriental, donde ocupó los cargos de Comisario y Juez de Paz, con  el inicio de las hostilidades con el imperio de Brasil, comienza a prestar servicios bajo el mando del Almirante Guillermo Brown en la Armada Argentina, lo que se prolonga hasta su retiro del servicio activo en 1857.

La  denominada guerra fluvial ó Guerra del Paraná que se desarrolla entre 1841 y 1846 en el Río de la Plata y el Río Paraná tiene a Tomás Craig como protagonista de los dos enfrentamientos más importantes en defensa de la Soberanía Nacional: el Combate de Costa Brava los días 15 y 16 de Agosto de 1842 y el Combate de Vuelta de Obligado el 20 de Noviembre de 1845.

El Almirante Guillermo Brown con mas de 60 años de edad  es convocado por Juan Manuel de Rosas en 1841 para dirigir nuevamente la Armada Nacional, frente a la amenaza de Fructuoso Rivera que había derrocado al legítimo presidente oriental, Manuel Oribe. Nuestro  padre de la patria en el mar asume el compromiso de la nada, alista una armada, entrena sus hombres  y derrota a la  flota oriental riverista al mando de Coe un antiguo subordinado suyo en la Guerra contra Brasil, nuevamente  Brown domina el Plata. Rivera por su parte más aislado por que el Gral. Paz no compartía sus objetivos, declara la guerra a la Confederación Argentina y decide incorporar a José Garibaldi  para la formación de una Segunda División Naval ahora fluvial para disputar los ríos Uruguay y Paraná que no tenía permitido navegar y lograr la adhesión de Corrientes.

Craig es designado en 1841 comandante de la Corbeta o Fragata 25 de Mayo (ex Kremlin de matrícula de Boston) que desplazaba 400 toneladas y embarcaba 150 tripulantes, se le cambia la artillería a la nave y se dispone su alistamiento para el Estado Argentino. Luego Tomás Craig asume el mando de la goleta 9 de Julio (ex Palmar de bandera oriental) buque capturado por el Almirante Brown frente a Montevideo desde donde la conduce al Riachuelo también para su alistamiento y entrega del mando a su nuevo comandante el Capitán Guillermo Bathurs, la tarea  de Tomás Craig continúa con un nuevo compromiso alistar a la goleta Libertad (ex Aguiar integrante de la flota riverista que se pasó a la Confederación Argentina) empresa en la cual nuevamente da pruebas de su idoneidad de marino y artillero.

En 1842 es designado comandante del bergantín Republicano (ex San Giorgio de matrícula de Cerdeña) de 40 toneladas de desplazamiento; con esta nave participa en la persecución de la escuadrilla de Garibaldi, junto con el bergantín Belgrano al mando de Juan B. Thorne, el Echagüe al mando de Pinedo, el 9 de Julio al mando de Eduardo Brown (hijo del bravo irlandés), y el Americano al mando de Donati. El Alte. Brown que embarcaba en el Belgrano conduce la formación argentina que parte de Buenos Aires ante la noticia que mediante el engaño de falsa bandera se había forzado el paso de Martín García por las naves riveristas de la Segunda División. Una bajante hace varar al Belgrano que queda inmovilizado cerca de quince días, Brown anoticiado que Garibaldi continuaba por el Río Paraná luego de ser hostigado por Seguí y sus lanchones en La Bajada, alcanza las cercanías de Esquina en la Provincia de Corrientes paraje denominado Costa Brava, donde las fuerzas navales nacionales derrotaron y destruyeron el poder naval de Fructuoso Rivera en el río con los tres buques mayores en línea y en tierra con la acción de los hombres a cargo del Guardiamarina Bartolomé Cordero. Tras dos días de combate culminaba esta aventura de José Garibaldi con la huída de las tripulaciones y sus buques en llamas. La figura señera de Brown vuelve a dominar las aguas del Plata y sus afluentes. En un gesto de enorme grandeza no ordena la persecución de José Garibaldi y lo deja huir, sin embargo luego el mencionado personaje volvería con sus incursiones y saqueos contra la República Argentina.

Finalizaba así la campaña de Costa Brava, a todas luces desastrosa para el gobierno de Fructuoso Rivera, su aliada: la Comisión Argentina de Montevideo (integrada por emigrados unitarios), y los apetitos colonialistas franco-británicos de navegar nuestros ríos interiores. Tomás Craig al mando del Republicano realiza en convoy con el Echagüe un  patrullaje por el río Uruguay contra cualquier nuevo intento riverista; luego en 1843 participa del bloqueo a Montevideo y en 1844 dirige personalmente las reparaciones y nuevo alistamiento del Republicano en Ensenada de Barragán.

Gráfico que muestra el dispositivo de defensa en Vuelta de Obligado
(baterías, lanchones y El Republicano) y la flota atacante

En 1845 la expedición de la flota anglo-francesa intentará con sus aliados, los comerciantes de Montevideo, navegar los ríos Paraná y Uruguay, tentar al Paraguay  y  apoyar a los antirrosistas de Corrientes. Aquí aparece la tremenda fibra y temple de un grupo de paisanos, vecinos de San Pedro, Baradero, San Antonio de Areco  y San Nicolás, marinos de esa generación de valientes que formó Guillermo Brown y militares que bajo la dirección de Lucio N. Mansilla ese gran veterano de la Independencia, que decidieron defender nuestra soberanía a todo trance y resultado.

En este episodio glorioso de la historia nacional Tomás Craig tiene una activa participación en la construcción de la línea de defensa que basada en 24 lanchones  unidos por cadenas cruzará el río Paraná que tenia una extensión de 800 metros de ancho aproximadamente. Las barcazas o lanchones fueron desarbolados y anclados  al lecho del río, unidos a la tierra firme por un anclaje que se encontraba en un promontorio frente a una de las cuatro baterías instaladas (Ver monumento levantado en 1940, “El Restaurador” Nº 8, pág. 13) y en el otro extremo, las cadenas se afirmaban al bergantín Republicano al mando de Craig.

Así el 20 de noviembre a las 09,00 horas los poderosos cañones Paixhans con balas  explosivas inician un intenso cañoneo sobre las defensas terrestres y fluviales. Craig  que recibe en el Republicano un fuego concentrado, devuelve tiro por tiro con el apoyo de tres embarcaciones menores que impedían el avance de los tres vapores de la Primera división atacante que no pueden vulneran la línea de atajo del Republicano.

Cerca del mediodía el General Mansilla envía un parte a Juan Manuel de Rosas en el cual le comunica que el combate es intenso pero que se sostiene las defensas y también menciona que a pesar de no haber sido cortadas las cadenas, teme por el alto consumo de munición. Pasado el mediodía, Craig no tiene municiones, ha disparado hasta la última bala y está siendo acribillado por la artillería atacante. Ante la proximidad del enemigo, vuela el bergantín Republicano para que no sea abordado y con sus sobrevivientes se embarca para pasar a colaborar en tierra firme con la Batería Manuelita ubicada en el promontorio norte al mando de Juan B. Thorne.

El “Fulton”, -vapor francés- ataca las defensas en Obligado, obsérvese los lanchones
con la bandera argentina que obstaculizaban la navegación de la flota invasora


Vuelta de Obligado constituye una de las glorias de las luchas por la Independencia y la Soberanía Nacional, las cuatro baterías fueron destruidas y las cadenas que unían los lanchones fueron cortadas luego de 12 horas de intensos combates, con bajas de 300 muertos y más de 500 heridos en las filas argentinas decididos a defender el honor nacional. Después de esa acción, nuestro héroe continúa en servicio en la Armada nacional y en 1849 se hace cargo del comando de la goleta Santa Clara mando que continua en 1850 y 1851 afectado al patrullaje fluvial, donde lo sorprende el pronunciamiento de Urquiza, permaneciendo Craig leal a la Confederación Argentina. Posteriormente en 1852 y previo a las acciones de Caseros asume el mando de la goleta Maipú (ex Fama de matrícula norteamericana) -incorporada en 1845, había sido robada por los británicos y devuelta en 1851 por la Convención Southern –Arana alistándola en tiempo record y que fue ubicada en la desembocadura del Río Paraná.

Separado del mando luego de Caseros, posteriormente fue rehabilitado y en  Noviembre de 1852 asumió nuevamente el mando de la goleta Maipú en la expedición del Gral. Madariaga contra la Provincia de Entre Ríos. Continuó Craig en servicio activo hasta 1857.

Se casó en primeras nupcias con la argentina Encarnación Luján y fallecida ésta se casó en segundas nupcias en 1849 con Jane Donovan, irlandesa. De este matrimonio nacieron dos hijos: Francisca y Guillermo Craig Donovan, quien alcanzó el grado de Teniente coronel en el Ejército Argentino y fue expedicionario al Chaco austral y boreal.

Tomás Craig falleció en Buenos Aires el 26 de abril de 1863. Una calle del Barrio de Caballito de la Ciudad de Buenos Aires lleva su nombre, además se recuerda  su memoria en los municipios de Alte Brown, Merlo, General Rodríguez y Malvinas Argentinas.

 

Fuentes:

Historia de la Confederación Argentina. A. Saldías

Historia Marítima Argentina. H. J. Tanzi.

Apuntes sobre Buques de la Armada Argentina. P. Harguindeguy.

Los Bloqueos Navales. Instituto Nacional Browniano

La Batalla Olvidada. Nueva Reseña Histórica de San Pedro.