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sábado, 12 de noviembre de 2022

Vuelta de Obligado - Diario La Nación cartas de lectores - Roberto Azaretto - Norberto J. Chiviló

 Publicado en el diario La Nación el 9 y 13 de noviembre de 2022   


El 9 de noviembre de 2022, salió publicada en la sección DE LOS LECTORES Cartas & e-mails la carta enviada por el historiador Roberto Azaretto sobre el Combate de Vuelta de Obligado, que mereció mi contestación en la carta publicada en la misma sección el día 13 de dicho mes, que se transcriben a continuación.

Norberto J. Chiviló






El historiador Roberto Azaretto, es miembro de número de la Academia Argentina de la Historia y del Instituto Argentino de Historia Militar, entre otras instituciones. Es colaborador de los diarios Los Andes, de Mendoza, y de El Liberal y Radio Panorama de Santiago del Estero. Asimismo es autor de varios libros.






Busqué en la Sección Lifestyle del diario la noticia correspondiente al feriado del 20 de noviembre y la encontré en la edición del día 8 de noviembre de 2022 y no en la del 31 del mes anterior como se informaba en la carta remitida por Azaretto.
He aquí la noticia que dió origen a su carta

Feriados de noviembre: cuándo es el próximo fin de semana largo
El penúltimo mes del año contará con una jornada de asueto, en conmemoración de la batalla de Vuelta de Obligado; cuando será

Después de un mes de octubre que contó un fin de semana extra largo, noviembre llega con una jornada de descanso para los estudiantes y trabajadores de todo el país. Al igual que ocurrió en otras ocasiones, se agregó un feriado puente con el objetivo de beneficiar el turismo. Luego de esta fecha, restarán tres más que corresponden a diciembre.

En este caso, los argentinos deberán esperar a la segunda mitad de noviembre para volver a disfrutar de un fin de semana largo. El calendario del sitio web oficial señala que hay un lunes de descanso. El feriado corresponde al 20 de noviembre, cuando se celebra el Día de la Soberanía Nacional.

La jornada recuerda la batalla de la Vuelta de Obligado, cuando el ejército anglo-francés intentó realizar una invasión del territorio de la Confederación Argentina gobernada por Juan Manuel de Rosas. En aquel entonces, el ejército a cargo de Lucio Mansilla, que tenía apoyo desde el exterior de José de San Martín, realizó una resistencia exitosa y logró defender las costas del río Paraná.

A pesar de las condiciones adversas y la inferioridad numérica, luego de una lucha de siete horas se pudo defender el territorio y evitar que las fuerzas enemigas tomaran el control del río. Para el triunfo bélico, fue clave la estrategia de adelantarse por un estrecho: la Vuelta de Obligado.

Dado que en el calendario de 2022 el 20 de noviembre es domingo, para este año se decidió declarar también asueto el lunes 21. La medida tiene como objetivo beneficiar a la mayor cantidad de trabajadores, quienes se desempeñan de lunes a viernes, y también favorecer el turismo.



Vuelta de Obligado



Vuelta de Obligado


viernes, 11 de septiembre de 2020

El Historiador - Armando Alonso Piñeiro

Armando Alonso Piñeiro
EL HISTORIADOR
ARMANDO ALONSO PIÑEIRO
EL COMBATE DE
VUELTA DE OBLIGADO
Y OTROS TEMAS

Armando Alonso Piñeiro, nacido en el año 1934 es historiador, autor de más de noventa libros, periodista, fue presidente de la Academia Argentina de las Artes y Ciencias de la Comunicación, es Miembro de número de la Academia Nacional de Periodismo, fue Vicepresidente de la Academia Argentina de la Historia, integrante de los institutos nacionales Belgraniano, Browniano y del instituto Sarmiento de Sociología e Historia, entre otras varias instituciones.

En el año 1981 fundó la revista-libro Historia.

Obtuvo infinidad de premios y distinciones de gobiernos de distintas partes del mundo.

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El día 20 de noviembre de 2011, con motivo del aniversario de la Batalla de Vuelta de Obligado, se publicó en el diario La Prensa, en la columna “Los fantasmas del pasado” a cargo de Alonso Piñeiro, el artículo “Celebrando derrotas” referido a la mencionada batalla.

El artículo decía así:


“Hoy se cumple un nuevo aniversario de la Vuelta de Obligado, tema al que ya me he referido en por lo menos tres de mis libros y en esta misma columna (‘Leyenda y realidad de la Vuelta de Obligado’ La Prensa, 21 de noviembre de 2010). 

El revisionismo histórico plagado de rosismo que se había decantado hacia los años 80 ó 90 del siglo pasado parece renacer en los últimos tiempos. Debo aclarar una vez más, a fuerza de incurrir en repetición, que el revisionismo como tal es un elemento indispensable de la historiografía, puesto que nuevos documentos, nuevas interpretaciones o lo que fuere, es posible que cambien aspectos del pasado. El error en que se incurrió a mediados del siglo XX fue confundir revisionismo con rosismo, en claro homenaje al Restaurador de las Leyes, sin comprender que el nuevo examen de la historia puede ir en detrimento de la fama rosista. 

Más allá de la bravura indudable derramada por las tropas argentinas, la Vuelta de Obligado fue una derrota militar a manos de la coalición franco-británica. A lo largo de 700 metros de agua, Juan Manuel de Rosas ordenó a su cuñado, el general Lucio Norberto Mansilla, instalar una muralla de cadenas de costa a costa para impedir el avance extranjero, que buscaban la libre navegación de los ríos, en este caso el Paraná. 

Por supuesto que les costó bastante, pero los cien cañones que se opusieron a los pobres veintiuno de los argentinos, destruyó la muralla de hierro. Tan deterioradas eran las bocas de fuego argentinas, que los vencedores las inspeccionaron para ver si podían llevarse algunas, pero las tiraron a las profundidades ante su evidente inutilidad, salvo un par de piezas que se llevarían como recuerdo de su victoria. 

Reproduzco un párrafo que ya he citado en alguna ocasión: ‘A las tres de la tarde los argentinos están casi sin municiones, Juan Bautista Thorne, en la destrozada batería Manuelita, rodeado de cadáveres, dispone solamente de ocho tiros. A las 5 hace el último disparo y una granada enemiga lo derriba. No ha sido nada, dice al levantarse, pero ha quedado sordo para siempre. Las restantes baterías son solo restos que cesan el fuego por falta de pólvora’. 

La imprevisión de Rosas al no armar debidamente a las tropas nacionales fue tan evidente como demoledora. Sus notorias ignorancias en el tema bélico –como se repetirían poco después en Caseros, obligándolo a huir, por supuesto hacia Gran Bretaña– fueron decisivas, sin que la experta preparación de Mansilla hubiera sido suficiente. 

Sin duda resulta inexplicable la decisión del Gobierno declarando feriado nacional los aniversarios de este desastre, probablemente influido por algunos pseudos historiadores caracterizados por determinados condicionamientos. A la ineptitud rosista se agregan otros elementos aún más terminantes. ¿En qué se basaba la posición de la Argentina –entre paréntesis en aquella época el país no era aún una nación, sino una confederación anárquica de territorios– al negarse a la libre navegación del río Paraná. Señalo este interrogante porque en 1814/1815 el Congreso de Viena había instituido la libre navegación de los ríos, sin que Buenos Aires hubiera sentado ningún precedente en contra. Entonces, a fin de no caer en fáciles patrioterismos, el río Paraná era internacional. Por añadidura, la Convención de Paz de 1828 firmada por el gobierno de Dorrego para concluir la guerra con Brasil había reconocido al nuevo Estado de Uruguay y simultáneamente se declaraba la libre navegación de los ríos. Todo esto era ignorado por Juan Manuel de Rosas o –peor aún– olímpicamente violado, debiendo añadirse que la flota anglo-francesa carecía de intenciones invasoras, puesto que portaba en sus naves considerable cantidad de mercaderías, destinada no solamente al Paraguay, sino incluso a destinos del territorio argentino”. 

Pocos días después en ese diario, salió una aclaración señalando que por error en aquél artículo habían sido suprimidos dos párrafos, que textualmente decían: “… si bien esto no agota la sucesión de imprevisiones (de Rozas) poco después de la Vuelta de Obligado el Restaurador devolvió los trofeos que en 1841 había tomado Mansilla a una goleta inglesa, pero no se le ocurrió pedir la devolución de los trofeos perdidos de Obligado. Fantasmas del pasado que confirman la lamentable tradición nuestra de convertir las derrotas en campeonatos morales”.

Como no me gusta que quien se dice y llaman “historiador”, mienta y confunda en este caso a los lectores de aquel matutino, remití la siguiente carta al “Correo de lectores” del diario, a los fines de su publicación.

La carta decía:

Rosas, Obligado y la libre navegación de los ríos argentinos 

Señor Director 

Con respecto a la columna “Fantasmas del pasado” del Dr. Armando Alonso Piñeiro del domingo 20 de noviembre titulada “Celebrando derrotas”, cabe consignar que cuando se trata de defender la soberanía y honor nacional como lo fue el Combate de la Vuelta de Obligado, no hay batallas perdidas, ni derrotas. Tampoco fue un “desastre”, como lo afirma dicho articulista al referirse a dicha batalla. 

Con respecto al Tratado de Viena de 1815, que él menciona, cabe consignar que solo estableció la libre navegación de algunos ríos de Europa, entre ellos el Rhin, el Mosa y otros. Nada se dispuso con respecto al río que nos interesa: el Paraná, Si lo hubiera hecho nos hubiera resultado inoponible porque el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata, no intervino en ese Congreso. 

Por lo demás el gobierno argentino –el de Rosas– solo debía sujetarse a la ley argentina que establecía la libre navegación solo para los naturales de las provincias argentinas, pero no así de los extranjeros. Rosas cumplió entonces con la ley argentina. 

Con respecto al Tratado de Paz firmado con el Brasil en 1828, este estableció la libre navegación del Paraná pero solo para la Argentina y el Brasil, y en el término acotado de 15 años. 

En la alocución de Estanislao S. Zeballos –quien había sido Ministro de relaciones exteriores en varias ocasiones e integró la redacción del diario La Prensa durante muchos años a partir de 1874 y fue personalidad destacada en su época- en el Congreso de la Nación en 1915 a raíz de un conflicto suscitado por el apresamiento durante la Primera Guerra Mundial, de un barco de bandera alemana, por un navío de la marina inglesa en aguas del Río de la Plata, historiando los antecedentes sobre la libre navegación de los ríos, dijo que el Ministro inglés Lord Palmerston había afirmado en el parlamento inglés, durante el conflicto que en la época de Rosas existía con los ingleses, con respecto a la referida cuestión de la libre navegación: “Con respecto al derecho de navegación estamos dispuestos a convenir en que los principios del derecho de gentes que mantenemos en Europa establece que los países por donde pasan los ríos –si fueran realmente ríos y no brazos de mar– tienen el derecho de gobernar su navegación” y sigue diciendo Zeballos: “Empezaba, pues, a triunfar Rosas en el Parlamento inglés; y el diputado (inglés, en el parlamento británico) Urquhar terminó su discurso con estas palabras: ‘Conforme al derecho público, no debe entrar en las miras del gobierno de Inglaterra y de Francia abrir comunicación con la provincia argentina del Paraguay, porque es justo que se respeten los derechos de la Confederación sobre esa parte integrante de su territorio; y en cuanto a la navegación de los ríos, el gobierno argentino no sólo es dueño de reglamentarla, sino también de cerrarla a los pabellones extranjeros, porque se debe considerar que la embocadura del Río de la Plata es una pertenencia de la Confederación Argentina y no un brazo de mar’ ”. 

A confesión de parte de aquellos enemigos, relevo de pruebas. 

Saludo al Sr. Director, muy atentamente.

Norberto Jorge Chiviló


Como la carta enviada a La Prensa no se publicó, le remití un correo electrónico a Alonso Piñeiro, al correo personal que figuraba en la mencionada revista Historia (armandoalonsop@speedy.com.ar), rebatiendo cada una de las afirmaciones vertidas en aquél artículo:


“Villa Ballester, 6 de enero de 2012. 
Sr. Armando Alonso Piñeiro. 

De mi consideración,

Tengo el agrado de dirigirme a Ud. con relación al artículo de su autoría “Los fantasmas del pasado – Celebrando derrotas”, publicado en el diario La Prensa el día 20 de noviembre ppdo. 

Debo confesarle que leo con mucha atención todas sus colaboraciones publicadas en aquel matutino, con las cuales concuerdo en su gran mayoría. 

Soy el propietario y director del Periódico Cultural Independiente de la Ciudad de General San Martín “El Restaurador”, con 21 números publicados, de aparición trimestral y de distribución gratuita, habiendo entrado ya en el sexto año de vida. Justamente en el Nº 13 de mi periódico publiqué en su pág. 15 un artículo suyo sobre el “Día de la Raza”, correspondiente a su columna “Fantasmas del pasado”, que había aparecido en La Prensa el día 11 de octubre del 2009. 

También tengo para publicar otro artículo suyo “El primer periodista argentino”, publicado en dicho diario el 28 de marzo del año pasado. 

Asimismo en la revista “Historia” Nº 102 de julio-agosto 2006 de su digna dirección, fueron publicadas en las págs. 131 y 138 dos cartas de mi autoría que aparecieron en el diario La Prensa. 

Volviendo a su artículo “Celebrando derrotas”, disiento totalmente con los conceptos allí vertidos. 

Remití una carta al matutino mencionado, pero la misma no fue publicada, por eso que le escribo la presente. 

En una polémica que mantengo con el Dr. Omar López Mato, articulista asiduo del diario La Prensa y que Ud. seguramente conocerá personalmente, polémica que volqué en las páginas de mi periódico con la publicación en el Nº 18 de un artículo de López Mato aparecido en la pág. www.notiar.com.ar y mi contestación al mismo y en el último número, el 21 con una respuesta de López Mato y otra contestación mía, referido principalmente al Combate de la Vuelta de Obligado y a la libre navegación de los ríos interiores y sobre cuyos conceptos no voy a referirme en la presente, ya que le remito las versiones PDF de dichos números para que Ud. pueda leer ambas posiciones y en las mías que también serían una respuesta a vuestro artículo. 

Ud. dice que el error del revisionismo fue confundirlo con el rosismo. Por el revisionismo pudimos muchos argentinos –entre los que me incluyo– conocer la verdadera historia y en razón de ello hacernos “rosistas”. Debo aclararle que el primer rosista fue el Gral. San Martín, –como lo digo en una colaboración en la revista “Ser en la Cultura-Revista de Artes y Letras” Nº 28 de la Casa y Mutual Universitaria de Gral. San Martín– gran admirador de su amigo Rosas. 

Yo llego a Rosas por el revisionismo y no al revés. Si un nuevo examen de la historia –como Ud. dice– puede ir en detrimento de la fama rosista, ahí veremos. Pero debo advertir que pese a los denodados esfuerzos de escritores e historiadores antirrosistas, mi opinión sobre Rosas no ha cambiado, sino que por el contrario se acrecienta día a día, ya que en esas posiciones, no veo rigor científico ni tampoco un interés en llegar a la verdad, sino que lo que prima es siempre buscar “algo” para criticar a Rosas y su eficiente y patriótico gobierno. 

Respecto al título de su nota “Celebrando derrotas”, me parece que cobra vigencia mi carta al diario La Prensa que Ud. tuvo la deferencia de republicar en la página 131 de su Revista “Historia”. 

Obligado fue una digna derrota. Hay derrotas que honran, y victorias que son deshonrosas. Obligado fue una derrota que honra. Si analizamos todo esto en el contexto que fue la Guerra del Paraná, Obligado es un eslabón de una serie de encuentros bélicos y gestiones diplomáticas que culminaron con la gran victoria argentina, que son los tratados Arana-Southern y Arana-Lepredour –a los cuales me refiero también el mi carta publicada en la pág. 138 de su prestigiosa revista–. Tratados que honran a nuestra nación y que fueron suscriptos en la época rosista. Tratados únicos en la historia diplomática y de las naciones, suscriptas por la dos más grandes naciones de aquél entonces, con una pequeña República –la nuestra–, casi desconocida en el mundo y que Uds. los antirrosistas se niegan a considerar y valorar como corresponde. 

Los antirrosistas, se niegan a ver a la Confederación Argentina como un país y una nación –cuando en realidad lo eran y como! –, y por arte de magia consideran que la Nación lo fue a partir de la caída de Rosas. No obstante con todas las limitaciones que hubo en aquella época, fuimos capaces –los argentinos– de hechos bélicos tan trascendentales como Obligado, Tonelero, Paso del Quebracho y otros contra la poderosa flota invasora, que fueron resaltados como actos de heroicidad y valentía por nuestros propios enemigos, pero que ahora algunos argentinos se niegan a ver, porque se dieron en la época de Rosas… 

Ud. en su nota menciona a las decisiones tomadas en Europa, por el Congreso de Viena, que contrariamente a lo que afirma, no instituyeron la libre navegación de los ríos, sino que solo lo hicieron con respecto a determinados ríos europeos. 

Basándose en su incorrecta afirmación, Ud. dice que “Entonces, a fin de no caer en fáciles patrioterismos, el Río Paraná era internacional”… A la flauta! ¿Así que el río Paraná era internacional…? ¡A qué lo ha llevado su antirrosismo, Sr. Alonso Piñeiro! 

Hasta nuestros propios enemigos reconocieron que el río Paraná era de jurisdicción argentina y Ud. un argentino, dice que no…? 

Qué dirían los ingleses del inglés que afirmara que el Támesis era internacional… o los brasileros del brasilero que dijere que el Amazonas era internacional… o los franceses del francés que dijera lo mismo del Sena o del norteamericano que desconociera la jurisdicción yanki sobre el Misissipi. ¡Qué hubieran dicho!. No quiero poner ningún calificativo para no ofenderlo a Ud. Sr. Alonso Piñeiro, pero es fácil imaginarlo. 

Pero aún si dicho Congreso hipotéticamente hubiere tomado disposiciones con respecto a la libre navegación de todos los ríos del mundo, caben las siguientes preguntas: ¿Ello hubiere sido obligatorio para aquellos países no signatarios de ese tratado…? ¿Hubiera sido necesario que el gobierno de Buenos Aires hubiere sentado algún precedente en contra?. Las respuestas a ambos interrogantes hubiera sido por la negativa. Los pactos obligan solo a las partes que los suscriben y no a terceros ajenos a ellos. Esto es un principio no solo del derecho interno, sino también del internacional y de vieja data. 

Poniéndome otra vez en una situación hipotética, se imagina como se hubieran reído ingleses y franceses, si en un tratado firmado entre países sudamericanos éstos hubieren dispuesto la libre navegación de los ríos Támesis, Sena o cualquier otro. Si hasta me causa risa a mí al escribir estas líneas… 

Sin caer en el patrioterismo, me parece que hay que ser un poquito más patriota –como lo son los ingleses, franceses, brasileros, norteamericanos y otros- y no por estar en una posición histórica contraria a un gobierno –en este caso el de Rosas– ver como negativo, lo que fue positivo y calificar de “desastre”, lo que fue un hecho glorioso. 

No puedo también dejar de esbozar una sonrisa, cuando leo en su artículo que “la flota anglofrancesa carecía de intenciones invasoras”. ¿Para qué entonces venían veinte navíos de guerra –algunos vapores- con el mejor y más moderno armamento?. No seamos tan ingenuos, Sr. Alonso Piñeiro, por favor…

Pocos días después de publicado su artículo mencionado, en dicho diario publicaron los dos últimos párrafos, de su artículo que se había omitido. En esos párrafos Ud. se refiere a otra de las “imprevisiones de Rosas”, y ellas eran que éste había devuelto “los trofeos que en 1841 había tomado Mansilla a una goleta inglesa, pero no se le ocurrió pedir la devolución de los trofeos perdidos en Obligado”,


Sin perjuicio de mencionar que en 1841 ningún trofeo se había tomado a los ingleses, sino que el trofeo en realidad se trató de una bandera tomada por Mansilla correspondiente a un navío inglés el “Vuelta de Obligado”, que originariamente fue el argentino llamado “Federal” que había sido capturado por los invasores el 20 de noviembre y que casi dos meses después había sido atacado por la artillería argentina frente a San Lorenzo el 19 de abril de 1846 y había encallado. ¡Ahora sí como aflora su patrioterismo, Sr. Alonso Piñeiro! 

La gloria de Rosas y por ende de la Nación Argentina, no está en algún cañón o bandera perdida en recia y sangrienta batalla, sino en los términos de los dos tratados ya mencionados, firmados con los diplomáticos Southern y Lepredour. 

De los trofeos “tomados” en Obligado: algunos cañones de bronce de la época de la independencia y una bandera, cabe señalar, que los partes oficiales ingleses si bien mencionan los cañones, no figura por el contrario la bandera (entre otros, Ernesto J. Fitte, “Crónicas de Rosas”, Edit. Fernández Blanco, 1975). 


No tengo constancia tampoco que se le haya informado a Rosas, acerca de la pérdida de bandera alguna. Dicha bandera quedó en poder del Alte. B. J. Sullivan y no fue entregada por este a las autoridades inglesas, -detalle a mi entender de suma importancia- lo que le posibilitó que casi cuarenta años después -1883- la devolviera al Regimiento de Patricios, hecho que fue publicada por Saldías en su “Historia de la Confederación Argentina” y que también publiqué en mi periódico en el Nº 4. La bandera no estuvo el poder de “Inglaterra”, sino de Sullivan, como particular, y por ello la pudo devolver. 

Los cañones que los ingleses se llevaron fueron devueltos por estos, no tengo constancia que los ingleses se hubieran quedado con alguno de ellos como Fitte deja entrever en su libro (¿están en algún Museo?: no existen constancias de ello). 

La devolución de la bandera inglesa por parte de la Confederación Argentina, lo fue como gesto amistoso y que motivó a su vez que los ingleses devolvieran los mencionados cañones argentinos. 

Sin más, lo saludo con la mayor atención.

Norberto Jorge Chiviló


Esta carta tampoco fue contestada. 

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Cabe la siguiente reflexión. Las aseveraciones realizadas por Alonso Piñeiro en su columna, principalmente en lo referente a la “libre navegación de los ríos”, según él dispuesta por el Congreso de Viena y por el tratado de 1828 que dio fin a la guerra argentino brasilera, demuestran dos cosas: la primera, que Alonso Piñeiro, pese a sus pergaminos como “historiador”, desconocía los términos de las mencionadas Convención y Tratado, lo cual es imperdonable o lo que es peor aún, que con mala intención y para confundir al lector que carece de los conocimientos necesarios de la historia haya mentido para que quien desprevenido lea su artículo, se trague un sapo. 

Esas actitudes de mentiras y engaños justifican justamente el revisionismo histórico para hacer conocer la verdad de los hechos históricos ocurridos en nuestro país. 

Con motivo de cumplir la revista “Historia” los 40 años de vida, el 24 de febrero de 2020, salió publicada en el mismo diario una entrevista que se le realizó a Alonso Piñeiro, el que se puede leer en la página web: //www.laprensa.com.ar/485989-La-revista-Historia-cumple-40-anos-de-vida.note.aspx 

A una de las preguntas que se le hicieron: -¿Qué opina sobre la reivindicación del revisionismo histórico?, él contestó: “El revisionismo ha tenido algunas cosas, pero, el balance general, ha perdido totalmente. Lo quieren poner a Juan Manuel de Rosas como el gran héroe de la historia argentina y de eso no tenía nada. A tal punto que la última batalla la perdió miserablemente y tuvo que rendirse e irse a Inglaterra donde tenía una pensión en libras esterlinas bastante importante”. 

Debo aclarar que no leí ninguno de los libros escritos por Alonso Piñeiro, pero sí lo hice con muchos artículos aparecidos en ese diario y también leí varios números de la revista Historia, revista muy bien concebida y en la cual han escrito importantes escritores e historiadores. 

Incluso en una de ellas la N° 102 de junio-agosto 2006 fueron publicadas en la sección “Correo de Correos” dos cartas que yo había remitido al diario La Prensa y que fueron publicadas en ese medio periodístico, una de ellas referida justamente al Combate de Vuelta de Obligado. 

Califica como “miserablemente” el haber perdido una batalla por parte de Rosas, cuando el mismo Urquiza, después de Caseros, lo desmiente. También afirma que en Inglaterra Rosas “tenía una pensión en libras esterlinas bastante importante”. Nunca leí semejante disparate –permítaseme el término- y mentira, ya que ninguno –salvo él– de los historiadores antirrosistas han llegado a afirmar tamaño disparate. Nadie puede negar, sin faltar a la verdad, que en el exilio, Rosas vivió sobriamente de su propio trabajo personal y nunca recibió ni una libra del gobierno inglés. 


Como se podía dejar un comentario en aquella página web, puse el siguiente: “Con respecto a la afirmación que realizó el entrevistado, de que Juan Manuel de Rosas en Inglaterra ‘tenía una pensión en libras esterlinas bastante importante’, sería interesante que ‘como "historiador’ pudiera probar lo de la ‘pensión’ y lo de ‘interesante’.

La animadversión del Sr. Alonso Piñeiro, con respecto a Rosas, es evidente. Humildemente le aconsejaría, que leyera la correspondencia entre Rosas y San Martín y el testamento de éste último (cláusula 3ra.) por el cual lega su sable libertador al primero.

El honor que significó para Rosas haber sido el destinatario de ese sable, haberlo tenido en su casa, poder haberlo tocado y contemplado, es algo que ningún otro argentino podrá igualarlo. Ni ayer, ni hoy, ni mañana. 

Cabe señalar, que no obstante los títulos que en su haber tiene Alonso Piñeiro, no se compadecen con su respuesta a esa pregunta del reportaje mencionado. 

Al principio del reportaje a que hice referencia más arriba, figuran estas palabras de Alonso Piñeiro: “Muchos tienden a llamarse historiadores y son aquellos que no lo son. La pregunta es qué es un historiador y qué lo diferencia de un escritor de historias. Este último es el que tiene 100 libros, los lee y hace un resumen de cada uno. Pero el verdadero historiador es el que va a los archivos, descubre documentos y ve algo nuevo''. 

En el reportaje, Alonso Piñeiro dice: “Desde luego, soy muy estricto con las notas (que se publican en Historia). Tienen que agotar la bibliografía previa, tienen que traer la nueva documentación que hayan sacado, se deben evitar los comentarios. No aceptamos calificaciones ni a favor como el ‘glorioso' general o como el ‘dictador' fulano. Todo tiene que ser estrictamente lo que dice la documentación”. Parece que Alonso Piñeiro no aplica esas reglas con respecto a sus propios conceptos y notas. 

Y por último en ese reportaje y sin vinculación con el mismo y como caído del cielo, también afirmó: “San Martín tenía, una vez que falleció su esposa Remedios, sus amantes”. Ello no es verdad ya que el general habría tenido amores y romances, ya en Mendoza, Chile, Perú, Guayaquil, todo ello antes del fallecimiento de su esposa. No me interesa personalmente meterme en la vida privada de San Martín, como de ningún personaje histórico, ya que como humanos tenían sus flaquezas y virtudes. Si se lo considera a San Martín como Padre de la Patria, no lo es por si tuvo amantes o no, sino por su accionar como militar y hombre público. Sólo menciono esto, como otra prueba que Alonso Piñeiro, no se maneja con la verdad histórica.







viernes, 1 de diciembre de 2017

Alfred de Brossard, sus opiniones sobre Rosas y el Combate de Vuelta de Obligado

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XII N° 45 - Diciembre 2017 - Pags. 12 a 14 

Juan manuel de Rosas

Alfred de Brossard, sus opiniones sobre Rosas, y el Combate de Vuelta de Obligado.


En el año 1847 arribó a nuestro país una Misión Francesa para tratar con el gobierno de la Confederación Argentina el fin del bloqueo anglofrancés y el restablecimiento de relaciones diplomáticas. La Misión estaba encabezada por Alexandre Florian Joseph Colonna conde de Walewski -hijo ilegítimo de Napoleón y su amante la condesa polaca María Waleska-, siendo secretario Alfred de Brossard, quien ofició de intérprete.

Waleswski residió muy poco tiempo en Buenos Aires, ya que arribó el 10 de mayo y partió el 2 de julio. Se entrevistó dos veces con Rosas, los días 12 y 27 de junio y cada una de esas entrevistas duró varias horas y en las cuales también intervino Brossard, por lo cual éste conoció personalmente al gobernador. 

Regresado a su país, Brossard escribió una serie de cinco libros que publicó en París en 1850 bajo el título Considérations historiques et politiques sur les républiques de la Plata, dans leurs rapports avec la France et l'Angleterre (Consideraciones históricas y políticas sobre las Repúblicas del Plata en sus relaciones con Francia e Inglaterra).

En esos cinco libros se narra la historia de los países del Plata desde el descubrimiento de Solís en 1508, hasta 1848 y fueron escritos con la finalidad -como él así lo afirma- de "decir lo que cree útil a su país... y pueden contribuir a probar cuanto le importa a Francia: Afirmar en la América del Sud su renombre y su legítima influencia quebrantados. Mantener la independencia de Montevideo, y por lo mismo conservar un mercado que nuestro comercio y nuestra navegación necesitan imperiosamente, y en donde sólo desean prosperar. Substraer al Brasil a los peligros de que se vería amenazado por la vecindad argentina, si el Estado Oriental desapareciese, y garantizar así la existencia de nuestro principal mercado en la América meridional. Tener abierto en fin, no sólo a nuestro comercio y marina mercantes, sino también a la emigración de las clases sufrientes, un país en donde pueden adquirir más fácilmente las condiciones de holgura a que aspiran, al mismo tiempo que ellas renovarán o aumentarán para Francia, y en provecho de Francia, de Europa y de América enteras, la prosperidad de esas ricas regiones que han sido en otro tiempo, en manos de España y Portugal…"

En el año 1942 se tradujeron y publicaron por la Editorial Americana de Buenos Aires, los tres últimos libros: Americanismo y civilización (1829-1840), Intervenciones francoinglesas (1840-1848) y El General Rosas, reunidos bajo el título Rosas visto por un diplomático francés.

Allí, Brossard describe y relata el conflicto que Francia primero y después Francia e Inglaterra coaligadas tuvieron con la Confederación Argentina, encontrando justificativos para aquellas intervenciones en los países del Plata, que representaban un estupendo mercado para la producción fabril de su país, como así también como punto de arribo para una población que en Francia no tenía contención.

En su libro, tilda a Rosas de "reaccionario" y lo muestra siempre actuando con doble sentido.

Es una obra interesante que muestra el desarrollo del conflicto desde el lado francés y también contiene consideraciones importantes sobre Rosas y su gobierno.

En esta obra, Brossard hace una reseña de todas las misiones diplomáticas que arribaron a Buenos Aires, para tratar con Rosas el fin del conflicto que las dos grandes potencias habían iniciado, al inmiscuirse en las cuestiones entre la Confederación Argentina y su aliado el presidente legal del Uruguay, Manuel Oribe, enfrentados al usurpador del gobierno uruguayo el Gral. Fructuoso Rivera, intentando aparecer como potencias "mediadoras" para poner término al conflicto y también para lograr la libre navegación de los ríos interiores argentinos.

Guerra del Paraná

Esa primera misión la llevaron a cabo el representante británico M. Ouseley y por Francia, M. Deffaudis, personas estas muy avezadas en el manejo de las cuestiones diplomáticas. Estos dos representantes estaban secundados por los almirantes Inglefield y Lainé, comandantes respectivos de las flotas inglesas y francesas en las aguas del Plata.

Como lo dice Brossard, estos diplomáticos estaban autorizados a emplear métodos intimidatorios a fin de obtener los resultados esperados, pero fracasados estos podían recurrir al bloqueo de puertos y a la captura de las naves argentinas.

Estos representantes, se encontraron con la energía y la sagacidad del gobernante porteño, quien no cedió a las pretensiones de estas dos grandes potencias.

Brossard, así relata las alternativas posteriores:

"Pero este papel tocaba a su término y, el 31 de julio, los ministros mediadores dejaron a Buenos Aires lanzando una última intimación con plazo y amenaza de bloqueo". 

"No habiendo producido efecto esta nota, los plenipotenciarios declararon el bloqueo el 18 de septiembre de 1845. La exposición de motivos con que acompañan esta declaración, traza con gran vigor las quejas levantadas por la conducta del gobierno argentino y produjo profunda impresión; de cólera en éste y de esperanza, en sus adversarios. Trató en vano de contrabalancear el efecto producido por una protesta de los Encargados de Negocios de Portugal, de Bolivia y de los Estados Unidos, movidos todos ellos por el temor o por intereses diversos, pero el de Cerdeña rehusó asociarse a esta manifestación. Los mediadores no se limitaron a este acto. La escuadra argentina bloqueaba por hambre a Montevideo; fue cogida por las fuerzas navales de Francia e Inglaterra. Era necesario proveer a la subsistencia de la capital y sus defensores; un empréstito, contratado por el gobierno Oriental con el comercio extranjero, sobre el producto de las aduanas de Montevideo en el año 1848, recibió la garantía diplomática de las dos potencias; con el apoyo de sus fuerzas navales, todo el litoral de la república fue arrebatado a los argentinos. La ciudad de Colonia, frente a Buenos Aires, fue tomada de viva fuerza; la isla de Martín García fue ocupada. Garibaldi, remontando el curso del río, se apoderó de Mercedes, Rincón y Salto; al sud, un golpe de mano puso a Maldonado bajo el control del gobierno Oriental. Numerosos desertores de filas opuestas vinieron a reforzar su ejército y a ponerlo en condiciones de sostener la campaña; por último, once navíos de guerra franceses e ingleses, bajo las órdenes del comandante Tréhouart y del capitán Hotham, vinieron a dar fuerza a la propaganda comercial de Europa, abriendo a cañonazos los ríos que el celoso egoísmo de Rosas pretendía cerrarles. El 17 de noviembre, la escuadra combinada penetró en el Paraná; al día siguiente, ancló a treinta leguas de allí, frente a la vuelta de Obligado”.

Guerra del Paraná

Parte del monumento que se encuentra en el Parque Natural Histórico de Vuelta de Obligado, donde se pueden apreciar las cadenas empleadas para cerrar el paso a la flota anglofrancesa.

A continuación Brossard, transcribe los hechos ocurridos en la Vuelta de Obligado relatados por el señor Chevalier de Sain Robert -quien había participado en la misión de M. Deffaudis- en su libro El general Rosas y la cuestión del Plata.

«En ese lugar, las aguas profundas y majestuosas del Paraná se estrechan repentinamente y no dejan sino un pasaje de 800 a 900 metros más o menos. Sobre la orilla izquierda, la costa de Entre Ríos extiende, sin accidentes, sus bordes tristes y pantanosos; pero en frente, sobre la costa argentina, se eleva una ancha punta de tierra cuya loma, que se interna bastante en la llanura, domina el río casi a pico, salvo una parte estrecha, en donde el terreno, ligeramente recortado, baja gradualmente hacia la ribera. Fué en este lugar, de por sí tan bien fortificado por la naturaleza, que Rosas había reunido todos sus medios de resistencia contra lo que él llamaba invasión de sus dominios. La posición estaba formidablemente defendida. Habían sido construidas cuatro baterías de grueso calibre que descubrían una mano europea. La primera se encontraba sobre el ángulo de la costa; las otras dos, rasantes, estaban bajo el plano inclinado, y la cuarta, dominándolo todo, se extendía sobre la cresta de la loma y dirigía sus fuegos a lo lejos, en dirección de la corriente. El río mismo estaba obstruido por una empalizada formada por veinticuatro naves amarradas, y ligadas entre ellas por tres fuertes cadenas de hierro. En una de las extremidades, sobre la orilla derecha, había diez brulotes listos para ser lanzados; en la extremidad opuesta, más allá de la empalizada, estaba anclado, a modo de batería flotante, un gran brick fuertemente armado y destinado a cruzar sus fuegos con los de la orilla opuesta. Por último, además de las baterías y varias piezas volantes, todas servidas por desertores europeos que componían las tripulaciones de la flotilla argentina, capturada ante Montevideo, se encontraba un campamento adosado a un pequeño bosque que coronaba la punta de tierra. Este campamento, último esfuerzo de Rosas, contaba alrededor de 4.000 hombres y representaba la totalidad de hombres capaces, de quince a sesenta años, reclutados por fuerza en las desdichadas provincias argentinas y enrolados a bastonazos hasta en las calles de Buenos Aires; Concentradas desde hacía dos meses en Obligado, a las órdenes de Mansilla, cuñado del dictador, esas fuerzas se ejercitaban diariamente para la lucha que debían sostener contra la expedición».

«El 20 por la mañana, apenas desapareció la bruma, la escuadra combinada aparejó, en tres divisiones de ataque, para venir a ubicarse frente a las baterías y de inmediato ambas partes abrieron el fuego. Después de un cañoneo de siete horas consecutivas, la jornada se decidió por una maniobra tan hábil como audaz del capitán Tréhouart. Este intrépido oficial, cuyo brick había sido acribillado y puesto fuera de combate a la mañana, reunió sus otras tres naves y.las hizo encallar contra la orilla a tiro de pistola de las baterías. Mientras los últimos cañones rosistas eran aplastados por la metralla, los marinos ingleses, desembarcando con mucha armonía y vigor, atacaron a la infantería argentina concentrada en el bosque y la destrozaron a pesar de los esfuerzos del general argentino que la hacía cargar a lanzazos por sus gauchos para arrastrarla al combate. Las compañías francesas de desembarco, saltando a tierra en otro punto, determinaron la derrota del enemigo, que se retiró en desorden y ganó la llanura, dejando alrededor de 500 muertos en el campo de batalla».
Guerra del Paraná
Conde Waleswki

«Desde Navarin (1), los marinos de Francia e Inglaterra no habían unido sus pabellones y nunca tuvieron ocasión de desplegar tanta devoción, bravura y fraternidad. Después de haber rendido los últimos deberes a las víctimas de este glorioso combate y enviado a Montevideo los numerosos heridos y reparado las averías de las naves, algunas de las cuales habían recibido más de cien impactos, la escuadra se puso nuevamente en marcha, impulsada a vapor, y acompañada por algunos navíos comerciales que habían llegado entretanto. Ningún obstáculo serio podía detenerlos desde ese momento; la vasta corriente del Paraná estaba abierta hacia el Paraguay. Un vivo y penetrante interés se otorgaba a esta expedición, a la cual pronto habrían de seguir los ricos cargamentos de Europa. Verdadera cruzada comercial, avanzaba sobre las aguas casi vírgenes del gran río como descubriéndolas, y la columna de humo, en otro tiempo símbolo de la peregrinación bíblica, y hoy expresión de la civilización moderna, la precedía a través de esos parajes ignorados en el siglo diez y nueve... Por fin, después de una marcha de trescientas leguas, se llegó al término del viaje. En el mes de enero, el vapor francés Fulton, el único barco que pudo remontarse tan alto, anclaba cerca de la santa y misteriosa ciudad de Asunción».

"Un convoy de ciento diez velas comerciales se precipitó por el Paraná tras los pabellones vencedores de Francia e Inglaterra y la apertura de ese río probó que el mercado de Paraguay no era quimérico…".

“En síntesis, la acción de las potencias mediadoras había liberado en parte a Montevideo, restablecido su comercio, abierto el Paraná, y sembrado la desazón en el campamento de Rosas, ya que no en el espíritu de este terco jefe, cuando una serie de acontecimientos y nuevas negociaciones vino a anular los resultados obtenidos”.


Notas.

(1) Navarin o Navarino, fue una batalla naval que se produjo en 1827, con motivo de la guerra por la independencia de Grecia, que enfrentó a las flotas otomana y egipcia contras las de Inglaterra Francia y Rusia, resultando vencedoras estas últimas.

                                                                                                                                                                        

Los restos de una nieta de Napoleón, descansan en la Recoleta

Cuando el conde Walewski vino a Buenos Aires, estaba acompañado por su esposa la italiana Maria Anna di Ricci quien estaba embarazada y quien al tercer día de arribar a la ciudad, dio a luz a una niña a quien llamaron Isabelle, siendo su madrina Mariquita Sánchez de Mendeville (más conocida entre nosotros como Mariquita Sánchez de Thompson, apellido este de su primer esposo). Por cuestiones relativas a un parto complicado, la niña nació muy débil y falleció a los pocos días, siendo enterrada en el cementerio de la Recoleta en la tumba de la familia de su madrina, descansando ambas en la misma bóveda. 

jueves, 1 de diciembre de 2011

Vuelta de Obligado - Polémica Omar López Mato y Norberto J. Chiviló

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VI N° 21 - Diciembre 2011 - Pags. 8 y 13 

Otra vuelta a la polémica

Por Norberto Jorge Chiviló 

Norberto J. Chiviló
“La Porteña en el tocador”. Oleo de Cayetano Descalzi

La contestación que el Dr. López Mato (en adelante LM) tituló “Otra vuelta de Obligado”, en realidad no se condice con una respuesta a mi artículo “Omar López Mato y la Vuelta de Obligado”, porque en realidad, si bien se lo lee, no rebate los puntos que yo señalé, sino que introduce nuevas cuestiones y mezcla un poco los temas –saliéndose del tema Obligado–, con simples afirmaciones, como la libertad de los ríos interiores, posturas de Artigas y Dorrego al respecto, deshonestidad de Rosas en el manejo de fondos y enriquecimiento ilícito, hechos relativos a la Vuelta de Obligado, la no participación por las rentas de la Aduana de Buenos Aires, Rosas y Bolivia, Rosas y el Paraguay, oferta de Rosas de canje de Malvinas, especulación con la derrota, intervenciones en el Río de la Plata, intransigencia exagerada de Rosas, exacerbación del patrioterismo, vía libre de comunicación hacia el Paraguay, pago de la deuda a la Baring Brothers, la codicia de Rosas, papel moneda emitido por Buenos Aires, el “pacto” del Cuadrilátero, excesos cometidos por Rosas, etc. etc., cuestiones que son fáciles de poner en pocas palabras, por ejemplo cuando dice: Rosas “mató (de a miles, doctor, de a miles)” sin ninguna explicación ni razonamiento o cuando se dice “Rosas sumió el país en el atraso y la ignorancia”, con tanta ligereza y que se podrían rebatir de la misma manera diciendo solamente: “no es cierto tal cosa” o tal otra, pero evidentemente esa no es la forma de debatir. Los que defendemos a Rosas y estamos comprometidos con la verdadera historia, debemos explicar como fue cada cosa, pero para los contrarios les basta hacer afirmaciones de Perogrullo que tienen que ser aceptadas por todo el mundo, y ahí sí pretenden ser los dueños absoluto de la verdad. Pero como decía el paisano –y con todo respeto– “No hay que dejarse pisar el poncho” y trataré de contestar algunas de las imputaciones formuladas y dentro de las limitaciones de espacio que permite este periódico, en forma clara, para que sean comprendidas por todos los lectores y solo tomaré los principales cargos. Las que por falta de espacio no pueda contestarlas ahora, serán motivo de análisis en ediciones posteriores, ya que los temas de por sí son interesantes.

 

Una pregunta clave

En mi contestación, había hecho a LM una pregunta clave, cual era: “de haber vivido Ud. en aquellos momentos (del Combate de la Vuelta de Obligado). ¿Habría estado con los defensores argentinos o arriba de los barcos anglofranceses?”.

Lo que primero traté de encontrar en la contestación de LM fue justamente que respuesta daba a esa pregunta, pero lamentablemente no la encontré. Su silencio, debo confesarlo, me sorprendió. Hubiera sido lindo, y era lo que yo hubiera esperado, que el Doctor  respondiera que le hubiera gustado estar con los defensores argentinos. Pero bueno… cada uno es libre de pensar y actuar como quiera.

 

La libre navegación de los ríos

LM me endilga que en mi texto omití varios hechos que echan otra luz sobre el tema de la libre navegabilidad de los ríos y cita el caso de “Artigas en 1816” y de “Dorrego en Agosto de 1828”. En primer lugar no fue mi intención historiar el tema de la libre navegación de los ríos, ya que ello da para mucho y largo y porque no soy ni me considero “historiador”, y hay autores que lo han hecho muy bien (véase Jaime Gálvez en “Rosas y la navegación de nuestros ríos”) y además que el espacio que dispongo en el periódico es limitado, no es un libro.

Debo manifestar que ante la respuesta de LM traté de encontrar material sobre la libertad de navegación promovido por Artigas (no solo en libros de historia sino en Internet) y solo pude encontrar la referencia que Estanislao S. Zeballos hizo en su intervención en el Congreso Nacional en 1815, al decir: “… no hay sino aquel raro y curiosísimo tratado celebrado por Artigas en 1817, con el teniente de navío británico, que no tenía plenipotencia, míster Edward Franklin… Es un documento en el cual Artigas y el comandante inglés reconocen la jurisdicción absoluta del Río de la Plata a la República Argentina, no atribuyendo al Uruguay sino el uso de los puertos”.

Debe decirse asimismo que como lo señalé en el artículo sobre Artigas publicado en el número anterior de este periódico, el caudillo oriental entre las instrucciones dadas a los diputados orientales para concurrir a la Asamblea del Año XIII, estaba el de la apertura al libre comercio de los puertos de Maldonado y Colonia que se agregaban al de Montevideo. Pero también Artigas propiciaba medidas proteccionistas que impulsaran y protegieran las artesanías y manufacturas propias: “Todos los derechos, impuestos y sisas que se impongan a las introducciones extranjeras serán iguales al resto de las provincias unidas, debiendo ser recargadas todas aquellas que perjudiquen nuestras artes o fábricas, a fin de dar fomento a la industria de nuestro territorio” (Como también lo hará Rosas, muchos años después, con la Ley de Aduanas). No es que se abrían indiscriminadamente los puertos a la libre introducción de toda mercadería extranjera.

Respecto a la referencia que LM hace de “la libre navegación… sancionada por el gobierno de Dorrego en Agosto de 1828”, respondo que no se estableció la libre navegación ni fue sancionada por el gobierno de Dorrego. Me explico. A raíz de la primera guerra argentina-brasilera que mantuvieron las Provincias Unidas del Río de la Plata con el Imperio del Brasil en 1825-1827 se firmó, entre ambos gobiernos –el nuestro representado por Dorrego–, un Tratado Preliminar de Paz del 27 de agosto de 1828, por el cual se dividió a las Provincias Unidas del Río de la Plata y se separa su Provincia Oriental, para reconocerla como un tercer país: la República Oriental del Uruguay, y en ese Tratado se conviene: “las altas partes contratantes se comprometen a emplear los medios que estén a su alcance, a fin de que la navegación del Río de la Plata y de todos los que desaguan en él se conserven libres para el uso de los súbditos de una y otra nación, por el tiempo de quince años, en la forma que se ajustare en el tratado definitivo de paz”. Como se puede apreciar, el tratado no establecía la libre navegación de los ríos para todos, sino “para el uso de los súbditos de una y otra nación” signatarias del Tratado, es decir argentinos y brasileros solamente y por el término acotado de quince años. Analice el lector si lo afirmado por LM, concuerda con la realidad de lo que yo había dicho.

Cabe señalar que en los tratados interprovinciales suscriptos antes de la llegada de Rosas al poder o mientras este lo ejerció como Gobernador de Buenos Aires y como representante de la Confederación Argentina, en muchos se estableció la libre navegación de los ríos interiores pero solo para las provincias y ninguno lo hizo con respecto a los extranjeros, así el Pacto Federal de 1831 no permitía la libre navegación de los ríos interiores para los extranjeros.

Al oponerse Rosas a la libre navegación de nuestros ríos interiores por parte de potencias extranjeras, estaba nada mas ni nada menos que cumpliendo con la ley de nuestro país, pero además esa postura era la que establecía el derecho internacional de aquél momento. No fue un capricho, como algunos pretender ver (“Caprichos” para oponerse a la libre navegación, “caprichos” para oponerse a las grandes potencias…??,) ya que “Capricho” es de acuerdo al Diccionario de la Real Academia: “Determinación que se toma arbitrariamente, inspirada por un antojo, por humor o por deleite en lo extravagante y original”. Como ya manifesté la actitud de Rosas no fue arbitraria, sino por el contrario fue bien ajustada a la ley, al derecho y al derecho internacional de aquél momento y menos aún estuvo inspirada por un antojo, por humor o por deleite. Simplemente se sujetó a las normas nacionales.

Para tener por acreditada la justicia en la política seguida por la Confederación Argentina sobre este tema, me remito a lo manifestado por Lord Palmerston en el parlamento británico en la sesión del 19 de febrero de 1846, cuando a una pregunta de Lord Beaumont, contestaba: “No podemos pretender ese derecho (la libre navegación): las orillas del río Paraná se encuentran en territorio argentino, y esa pretensión sería contraria a nuestra práctica universal y al principio de las naciones”.

En la alocución de Zeballos en el Congreso a la que me referí, dijo que el Ministro ingles Lord Palmerston había afirmado con respecto a la referida cuestión de la libre navegación: “Con respecto al derecho de navegación  estamos dispuestos a convenir en que los principios del derecho de gentes que mantenemos en Europa establece que los países por donde pasan los ríos –si fueran realmente ríos y no brazos de mar– tienen el derecho de gobernar su navegación” y sigue diciendo Zeballos: “Empezaba, pues, a triunfar Rosas en el Parlamento inglés; y el diputado (inglés, en el parlamento británico) Urquhar terminó su discurso con estas palabras: ‘Conforme al derecho público, no debe entrar en las miras del gobierno de Inglaterra y de Francia abrir comunicación con la provincia argentina del Paraguay, porque es justo que se respeten los derechos de la Confederación sobre esa parte integrante de su territorio; y en cuanto a la navegación de los ríos, el gobierno argentino no sólo es dueño de reglamentarla, sino también de cerrarla a los pabellones extranjeros, porque se debe considerar que la embocadura del Río de la Plata es una pertenencia de la Confederación Argentina y no un brazo de mar’ ”.

Pregunto: ¿Qué más se podría decir y argumentar sobre el tema, cuando los mismos enemigos reconocían la justicia de la posición argentina, sustentada por Rosas?.

Incluso en los Tratados firmados por la Confederación Argentina con el Reino Unido el 24 de noviembre de 1849  (El Tratado Arana-Southern en su Artículo 4° dice “El gobierno de S. M. B. reconoce ser la navegación del Río Paraná una navegación interior de la Confederación Argentina y sujeta solamente á sus leyes y reglamentos…) y con la República Francesa el 31 de agosto de 1850 (El Tratado Arana-Leprédour en su Art. 6°, dice: “El Gobierno de la República francesa reconoce ser la navegación del Río Paraná, una navegación interior de la Confederación Argentina, y sujeta solamente á sus leyes y reglamentos…), se reconoce explícitamente el derecho argentino defendido por Rosas. Esto está clarísimo y está bien escrito y parece mentira que todavía hoy haya argentinos que discutan algo tan claro, preciso y que no admite ya ninguna discusión.

Contrariamente a lo que hacían otras potencias, con la derrota argentina en Caseros y la sanción de la Constitución de 1853, en su artículo 26 se estableció la libre navegación de nuestros ríos interiores, incluso para buques de guerra de otras potencias (que años después nos traerían problemas con Paraguay y Brasil). O sea que después de Caseros –que fue una verdadera derrota nacional– nosotros fuimos los vivos que abrimos nuestros ríos mientras que las otras potencias –entre las que incluyo al Imperio del Brasil– eran tontos por no permitirlo y reservarse su navegación solo para sus nacionales. ¿Qué raro, no…?. Después de leer todo esto hay algo que no cierra… pero la realidad fue que una de las condiciones impuestas por el Imperio del Brasil para sumarse a la lucha contra Rosas –léase la “Confederación Argentina” – fue la de abrir nuestros ríos a la libre navegación extranjera y por eso hablo de derrota argentina, pues entre otras cosas, algo que había costado tanto mantener y defender como fue la soberanía de nuestros ríos interiores, fue moneda de cambio para lograr la participación brasilera para derrotar a un gobierno nacional y legítimo.

 

Combate de Vuelta de Obligado
Chaleco federal


Conflicto con las potencias extranjeras

En cuanto al tema propuesto por LM acerca del conflicto de la Confederación con las potencias extranjeras, de que “Rosas podría haber arreglado el asunto permitiendo la libre navegación”. Sí, es verdad que no arregló, era un argentino bien nacido, respetuoso de las leyes, defensor a ultranza de los derechos de su país, como por el lado opuesto, los ingleses, franceses, brasileros y otros también defendían a sus respectivos países. Ya que se pedía la libre navegación de los ríos interiores, ¿porqué las otras potencias no abrían a su vez sus ríos?: el Támesis, el Sena, el Amazonas entre otros, dando el ejemplo. Con mucha ligereza se dice que el abrir nuestros ríos a la libre navegación y los puertos a la libre introducción de mercaderías extranjeras, nos traería el progreso, pregunto, ¿Porqué… los ingleses, franceses, norteamericanos, brasileros y otros accedían al progreso de esa forma?. ¿Porqué se le pedía a la Argentina lo que ellos no hacían ni consentían?. Parece mentira que hoy día se discuta esto que es tan sencillo y simple. Yo le preguntaría a LM ¿Permitiría Ud. la entrada en forma libre e irrestricta de un vendedor en su domicilio o en su clínica, con derecho a entrar en todas las dependencias…?.

 

Rosas, sus intereses particulares y su honestidad

Cuestiona LM la afirmación de que Rosas nunca antepuso sus intereses particulares a los de su patria. Lo vuelvo a afirmar y el lector sacará sus propias conclusiones. Comercialmente y personalmente le hubiera “convenido” mas a Rosas el haber transado con las potencias europeas que oponerse a ellas. Incluso cuando debió exiliarse, en vez de llevarse baúles llenos de riquezas –que legítimamente había adquirido– prefirió salvar su honor y llevarse baúles llenos de papeles y documentos públicos –sin ningún valor económico–, por lo cual los argentinos debemos estarle agradecidos pues así pudimos conocer la verdadera historia de la primera mitad del siglo XIX. Hasta en ese momento, en que debió partir al exilio, dejó de lado sus intereses patrimoniales personales. Afirmar como lo hace LM  de que el “Palacio de Palermo…fue arreglado, aumentado y mantenido con dineros públicos y propiedades incautadas a disidentes durante su mandato”, no se ajusta a la verdad histórica. Voy a transcribir la opinión de varios opositores al dictador, que hablan de su honestidad en el manejo de los dineros públicos:

José María Ramos Mejía, descendiente de enemigos acérrimos de Rosas, dirá en su libro Rosas y su tiempo: “No me hubiera animado, en otro tiempo, a llamar las cosas por sus nombres, es decir en alta voz que en el manejo de los dineros públicos y a la luz de la documentación, Rosas no fue un ladrón vulgar como afirman sus enemigos. Pesaba sobre mí el concepto popular, hecho carne en la mente de dos generaciones por la pluma fulgurante de Rivera Indarte y por el procedimiento administrativo sin control efectivo con que operaba la Dictadura. Todavía después buscaba frases tortuosas en los mil recursos del lenguaje para ocultar mi verdadero sentir y no cumplir con el deber de expresarlo, aunque fuese tímidamente. Recuerdo que mis escrúpulos estrujaban el lenguaje para sacar una forma satisfactoria a la pasión política, hasta que por fin triunfó la probidad histórica y estampé el pensamiento con franqueza: en el manejo de los dineros públicos, Rosas no tocó jamás un peso en provecho propio, vivió sobrio y modesto y murió en la miseria; la raza argentina de antiguo cuño fue así hasta en sus tiranos”.

Otro antirrosista, Antonio Díaz en su obra Historia política y militar de las Repúblicas del Plata, (tomo X), dirá: “El juicio del general Rosas (dispuesto por las autoridades de Buenos Aires, después de Caseros) fue largo y ardientemente debatido, no en pro y en contra, pues no encontró sostenedores que atacasen a la ley inmoral de la confiscación (se refiere a la ley que dispuso la confiscación a los bienes de Rosas por parte de las autoridades de Buenos Aires), como los había encontrado en la época de su Dictadura para combatirla. No se trató allí de establecer la procedencia de los bienes del general Rosas. Los tenía heredados de sus padres, aumentados y mejorados con su trabajo personal, legítimamente adquiridos también por su esposa la Sra. Dña. Encarnación Ezcurra, a la que heredaba igualmente su hija, en bienes, que pasaron a la masa de la fortuna, estaban reunidos a los del mismo Sr. Rosas. Finalmente, éste había adquirido propiedades en el período de su mando sin que se pudiera probar que fuesen compradas con los dineros fiscales. La fortuna que poseía el general Rosas era bastante crecida para producirle recursos con que hacer frente a especulaciones de gran escala, sin necesidad de tomar los dineros públicos”.

Agustín de Vedia, pariente de Mitre, ha dicho estas elocuentes palabras: “El mecanismo de la contabilidad, la publicidad y la regularidad con que Rosas procedió en el manejo de los caudales públicos, llama realmente la atención”.

El antirrosista Carlos Lemée, editor de “Instrucciones para la administración de estancias” redactadas por Rosas, dirá: “Rozas entendía noblemente los deberes de vecindad… Rozas era un estanciero muy delicado y respetuoso de lo ajeno”.

Cabe recordar una vez mas la opinión de José A. Terry (ver ER Nº 18, p.7), cuando afirmó: “El comercio y el extranjero tenían confianza en la honradez administrativa del gobernador”.

Esa honestidad de Rosas en el manejo de los dineros públicos y el no haberse llevado riquezas al exiliarse y sí cargar con papeles sin valor económico, privilegiando su honor a un pasar económico holgado, a mí me conmueve.

Vuelta de Obligado
Foto de 1891 de la Aduana vieja

 

La Aduana  

Con respecto a la Aduana de Buenos Aires, menos mal que LM, acepta como cierto –como lo fué– de las guías y contraguías, pero ahora manifiesta que el contrabando seguía siendo la regla en las demás provincias para sortear la “pesada burocracia” de Buenos Aires. 

De la lectura de mi contestación anterior “Omar López Mato y la Vuelta de Obligado” surge que en ningún momento afirmé, como lo dice LM “que Rosas coparticipaba con las otras provincias” de los ingresos de la Aduana de Buenos Aires. Las Aduanas eran propias de cada provincia y así como existía la de Buenos Aires, existían las de Entre Ríos, Corrientes, etc. donde cada provincia tenía su propia ley que gravaba en forma distinta la introducción de mercaderías extranjeras y esos derechos ingresaban a las arcas fiscales de cada una de ellas a las cuales la Aduana le pertenecía. Sí se puede afirmar que con los ingresos de la Aduana de Buenos Aires, Rosas sostenía los ejércitos nacionales para la defensa en las guerras internacionales, como así también, sostenía y tenía provista a toda la administración y diplomacia de la Confederación, como manifesté en aquella contestación. Por lo tanto no incurrí en ninguna “inexactitud a designio”. Yo, que defiendo la figura histórica de Rosas –como muchos otros– no digo “inexactitudes a designio”, como sí lo dicen sus contrarios –y lo han reconocido–, porque ello significaría ponerme en la misma vereda, con lo cual sería contrario a mis propios ideales y sería defraudarme y engañarme a mí mismo. No digo que no pueda equivocarme, pero lo que expreso lo hago con la convicción de que es la verdad histórica. La defensa que hago de la figura de Rosas, lo hago por íntima convicción de que defiendo la justicia y la verdad histórica. No tengo parentesco con ninguno de los familiares del restaurador y cuando fue su gobierno en este país, mis antepasados se encontraban en Europa, por lo que no defiendo intereses de familia, ni intereses espúreos. Con toda humildad, trato de hacer lo que dice el Salmo 44: “Levántate y lucha por la verdad, la piedad y la justicia”.

  

Rosas y la defensa de las provincias

Se pregunta LM: ¿Qué hizo Rosas para defender a las demás provincias?. A partir de la firma del Pacto Federal de 1831, las provincias se reunieron en un sistema federal conformándose la Confederación Argentina, que aglutinaba a todas ellas. La defensa que Rosas ejerció –y como! – lo fue de la Confederación Argentina en su conjunto, la visión localista que Rosas había tenido durante su primera gestión, cambió durante la segunda, pasando a ser nacional y sobre todo a partir de la sanción de la Ley de Aduana, donde las provincias se vieron favorecidas notablemente por los altos aforos a la introducción de mercaderías y productos extranjeros que también se producían en nuestro país.

 

La Vuelta de Obligado    

Con respecto a la Vuelta de Obligado, vuelve LM, con el tema de la insuficiencia de medios empleados por las tropas de la Confederación, “juntados a las apuradas”, “negros en su mayoría”, –ahora ya no son los paisanos de la zona como había afirmado en el artículo publicado en la pág. web, sino “negros” – y hace una afirmación maliciosa ya que dice que “huyeron al primer disparo”. ¿Huyeron al primer disparo…?, esto nunca antes lo había leído. Si hubieran huído de tal manera no se entiende la cantidad de muertos que tuvieron las tropas patriotas y del comportamiento valiente que manifestaron en todo momento y ello no es una simple afirmación mía, ya que para decir esto tengo en cuenta lo que dijeron los jefes enemigos que reconocieron el arrojo y valentía de tropas y oficiales argentinos. Tampoco leí en ningún lugar, que fueran fusilados más de cien reclutas por desertar.

Hacer estas afirmaciones, que no son veraces, de “Huyeron al primer disparo”, creo que es una falta de respeto para los que dieron su vida y su sangre en defensa del territorio patrio y a su vez contradice lo que él mismo había afirmado en su anterior trabajo cuando dijo: “heroica resistencia ofrecida por los porteños” y mas adelante: “Vale aclarar que exalto el valor de los combatientes”. ¿En qué quedamos Dr. LM, o “huyeron al primer disparo” o “hubo una heroica resistencia de los combatientes”?. Decir primero una cosa y después lo contrario no es serio y da lugar en que se piense que se dicen “inexactitudes a designio”.

En la pág. 3 del Nº 4 de este periódico, en el artículo “La actuación de Thorne en Obligado”, se transcribe el documento entregado por Alte. Sulivan  en el Consulado argentino en Londres, ofreciendo la restitución de una bandera tomada en Obligado –y cuya lectura recomiento nuevamente– en la cual entre otras cosas, dice: "Por prisioneros heridos de su regimiento, supimos después que era el coronel Rodríguez (en realidad era Thorne), del Regimiento de Patricios de Buenos Aires. Cuando todos los artilleros fueron muertos ó heridos hizo maniobrar los cañones con soldados de su regimiento de infantería hasta que el combate estuvo casi terminado, perdiendo 500 muertos y heridos, de 800 que lo componían. Cuando los marineros y soldados ingleses desembarcaron a la tarde y tomaron esa batería, él con los restos de su regimiento solamente, y sin otro concurso de las fuerzas defensoras, mantuvo, su posición en retaguardia á pesar del fuerte fuego cruzado de todos los buques por entre los bosques que se hallaban detrás de la batería y fue el último en retirarse. La bandera de la batería que había defendido tan noblemente fue arriada por uno de los hombres, de mi mando y me fue dada por el oficial inglés de mayor rango, capitán Hotham. Al ser arriada la bandera cayó sobre algunos de los cuerpos de los caídos y fue manchada con su sangre”.

El contraalmirante Inglefield en el parte al Almirantazgo británico dirá: “Siento vivamente que este bizarro hecho de armas haya sido acompañado con tanta pérdida de vidas, pero considerando la fuerte posición del enemigo, y la obstinación con que fue defendida, tenemos motivos para agradecer a la Providencia que no haya sido mayor", y en l’Annuaire Historique, de Lesur (París, 1847), se puede leer "El combate con las baterías comenzó a las diez de la mañana y duró hasta las cinco de la tarde, durante siete horas no se dejó de hacer fuego de parte a parte. El combate de Obligado quedará como un brillante hecho de armas para ambas marinas".

Juzgue Ud, lector, si la opinión de LM tiene mas peso que la de estos jefes enemigos que estuvieron en el combate y la de aquella revista francesa de esa época que informaba a su lectores sobre lo acontecido.

Estos relatos son más que suficientes y también elocuentes del comportamiento valeroso y heroico de los combatientes argentinos, que da por tierra lo afirmado por LM, sin asidero histórico alguno y con el solo propósito de desmerecer todo lo que se hizo en la época de Rosas.

También LM vuelve con lo de la afirmación de las “tres cadenas mal puestas” y de que “Rosas especuló con la derrota”. Esto ya lo contesté en mi primera respuesta, no volveré a repetir conceptos vertidos y los lectores tienen la palabra.

 

Carlos Enrique Pellegrini
Iglesia de Santo Domingo, procesión en 1830. Carlos Enrique Pellegrini

La intransigencia de Rosas

También  ahora habla de la intransigencia exagerada que presentó Rosas en todo momento ante las propuestas para llegar a un arreglo aún antes de 1839.

Con todo lo que tenía que ver con la soberanía nacional, en efecto, Rosas fue obstinado e intransigente…, a lo mejor “exagerado”. Sí es cierto, no lo vamos a negar, sino que por el contrario lo exaltamos. Ahí esta su virtud que bien lo pinta de patriota y acérrimo defensor de los intereses nacionales. Su intransigencia en estas cuestiones no es una carga ni lo desmerece, sino todo lo contrario, lo honra como argentino y patriota.

Así también lo consideraba el Gral. San Martín, cuando en carta a Rosas el 2 de noviembre de 1848, le dijo “…Así es que he tenido una verdadera satisfacción al saber el levantamiento del injusto bloqueo con que nos hostilizaban las dos primeras naciones de Europa; esta satisfacción es tanto más completa cuanto el honor del país no ha tenido nada que sufrir, y por el contrario presenta a todos los nuevos estados Americanos un modelo que seguir y más cuando éste está apoyado en la Justicia. No vaya a creer por lo que dejo expuesto, el que jamás he dudado que nuestra patria tuviese que avergonzarse de ninguna concesión humillante presidiendo usted a sus destinos; por el contrario, más bien he creído no tirase usted demasiado la cuerda de las negociaciones seguidas cuando se trataba del honor nacional…”

 

Tratado del Cuadrilátero

Vuelvo a reiterar lo que manifesté en mi anterior contestación sobre la supuesta existencia de la cláusula que menciona LM. Ninguna de las cláusulas reservadas de dicho Tratado se refiere al tema mencionado por LM.