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martes, 31 de octubre de 2023

Manuel Belgrano y la religión - Carta de Belgrano a San Martín

Carta de Belgrano a San Martín sobre la religión


Manuel Belgrano y la religión

Un consejo a San Martin. Inculcar la religión


Mi amigo: hablo a usted como tal, y según mis deseos de su acierto: no sé qué ha venido por aquí con la noticia de las reglas reservadas con que deben gobernarse los cuerpos, inculcando en la del duelo: me lo han preguntado varios vecinos, asombrados, y a todos he contestado que ignoro, y aun disuadiéndoles.

Son muy respetables las preocupaciones de los pueblos, y mucho más aquellas que se apoyan, por poco que sea, en cosa que huela a religión: creo muy bien que usted tendrá esto presente, y que arbitrará en medio de que no cunda esa disposición, y particularmente de que no llegue a noticia de los pueblos del interior.

La guerra, allí, no sólo la ha de hacer usted con las armas sino con la opinión, afianzándose siempre está en las virtudes morales, cristianas, y religiosas; pues los enemigos nos la han hecho llamándonos herejes, y sólo por este medio han atraído las genes bárbaras a las armas, manifestándoles que atacábamos la religión.

Acaso se reirá alguno de este mi pensamiento pero usted no deje llevarse de opiniones exóticas, ni de hombres que no conocen el país que pisan; además por ese medio conseguirá usted tener al ejército bien subordinado; pues él al fin se comprende de hombres educados en la Religión Católica que profesamos, y sus máximas no pueden ser más a propósito para el orden.

Estoy cierto de que los pueblos del Perú no tienen una sola virtud, y que la religión los reduce a exterioridades todas las clases, hablo en lo general: porque son tan celosos de éstas que no cabe más, y aseguro a usted que se vería en muchos trabajos si notasen lo más mínimo en el ejército de su mando que se opusiese a ella, y a las excomuniones de los Papas.

He dicho a usted lo bastante; quisiera hablar más pero temo quitar a usted su precioso tiempo, y mis males tampoco me dejan: añadiré únicamente que conserve la bandera que le dejé: que la enarbole cuando todo el ejército se forme; que no deje de implorar a Nuestra Señora de las Mercedes, nombrándola siempre nuestra generala, y no olvide los escapularios a la tropa: deje usted que se rían; los efectos le resarcirán a usted de la risa de los mentecatos que ven las cosas por encima.

Acuérdese usted que es un general Cristiano Apostólico y Romano; cele usted de que en nada ni aun en las conversaciones más triviales se le falte el respeto de cuanto diga a Nuestra Santa Religión, tenga presente no sólo a los generales del pueblo de Israel sino a los gentiles y al gran Julio César, que jamás dejó de invocar a los dioses inmortales, y por sus victorias en Roma se decretaban rogativas: se lo dice a usted su verdadero y fiel amigo.

Manuel Belgrano


Carta de Belgrano al General en Jefe del Ejército Auxiliar del Perú, Coronel José de San Martín; Santiago del Estero, 6 de abril de 1814.


domingo, 29 de octubre de 2023

Manuel Belgrano - Fragmento de la memoria sobre la batalla de Tucumán

 

MANUEL BELGRANO

Fragmento de la memoria sobre la batalla de Tucumán

Había pensado dejar para tiempos más tranquilos, escribir una memoria sobre la acción gloriosa del 24 de septiembre del año anterior; lo mismo que de las demás que he tenido, en mi expedición al Paraguay, con el objeto de instruir a los militares del modo más acertado, dándoles lecciones por medio de una manifestación de mis errores, de mis debilidades y de mis aciertos para que se aprovechasen en las circunstancias y lograsen evitarlos primeros, y aprovecharse de los últimos. Pero es tal el fuego que un díscolo, intrigante, y diré también cobarde atentado, introdujo en el ejército, sin efecto en este pueblo y en la capital: y su osadía para haberme presentado un papel que por sí mismo lo acusa, cuando trata de elogiarse y vestirse de plumas ajenas, que no me es dable desentenderme y me veo precisado en medio de mis graves ocupaciones a privarme de la tranquilidad y reposo tan necesario, para manifestar a clara luz la acción del predicho 24 y la parte que todos tuvieron en ella.

(…) Todos mis paisanos y muchos habitantes de la España saben que mi carrera fue la de los estudios, y que concluidos éstos debía Carlos IV que me nombrase secretario del Consulado de Buenos Aires en su creación; por consiguiente mi aplicación poca o mucha, nunca se dirigió a lo militar, y si en el 1796 el virrey Melo, me confirió el despacho de capitán de milicias urbanas de la misma capital, más bien lo recibí como para tener un vestido más que ponerme, que para tomar conocimientos en semejante carrera. Así es, que habiendo sido preciso hacer uso de las armas y figurar como capitán el año 1806, que invadieron los ingleses, no sólo ignoraba cómo se formaba una compañía en batalla, o en columna, pero ni sabía mandar echar armas al hombro, y tuve que ir a retaguardia de una de ellas, dependiente de la voz de un oficial subalterno, o tal vez de un cabo de escuadrón de aquella clase.

Cuando Buenos Aires se libertó, en el mismo año de 1806, de los expresados enemigos y regresé de la Banda Oriental a donde fui después que se creó el cuerpo de patricios, mis paisanos haciéndome un favor, que no merecía, me eligieron sargento mayor, y a fin de desempeñar aquella confianza, me puse a aprender el manejo de armas y tomar sucesivamente lecciones de milicia. He aquí el origen de mi carrera militar, que continué hasta la repulsa del ejército de Whitelocke, en el año 1807, en la que hice el papel de ayudante de campo del cuartel maestre, y me retiré del servicio de mi empleo, sin pensar en que había de llegar el caso de figurar en la milicia: por consiguiente, para nada ocupaba mi imaginación lo que pertenecía a esta carrera, si no era ponerme alguna vez el uniforme para hermanarme con mis paisanos.

(…) Se deja ver que mis conocimientos marciales eran ningunos, y que no podía yo entrar al rol de nuestros oficiales que desde sus tiernos años, se habían dedicado, aun cuando no fuese más que a aquella rutina que los constituía tales: pues que ciertamente, tampoco les enseñaban otra cosa, ni la Corte de España quería que supiesen más.

En este estado sucedió la revolución de 1810; mis paisanos me eligen para uno de los vocales de la Junta provisoria, y esta misma me envía al Paraguay de su representante, y general en jefe de una fuerza a que dio el nombre de ejército porque había sin duda en ella de toda arma, y no es el caso hablar ahora de ella, ni de sus operaciones de entonces. Pero ellas me atrajeron la envidia de mis cohermanos de armas y en particular el grado de brigadier, que me confirió la misma junta, haciendo más brecha en el tal don Juan Ramón Balcarce, que además, había sido el autor para que no fuese en mi auxilio el cuerpo de húsares de que era teniente coronel, intrigando y esforzándose con sus oficiales en una junta de guerra, hasta conseguir que cediesen a su opinión, exceptuándose solamente uno, que en su honor debo nombrar: don Blas José Pico (..)”.


Tema relacionado en este Blog, en el siguiente link

https://periodico-el-restaurador.blogspot.com/2023/09/batalla-de-tucuman-manuel-belgrano.html

viernes, 2 de julio de 2021

Congreso de Tucumán - Exposición secreta de Manuel Belgrano

  

- Documentos 7 -

En esta Sección del blog damos a conocer interesantes e importantes documentos.
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Exposición secreta de Manuel Belgrano ante el Congreso de Tucumán el 6 de julio de 1816, proponiendo la adopción de una monarquía incaica como forma de gobierno


Forma monárquica de gobierno


Archivo General de la Nación, Documentos escritos. Fondo Congreso General Constituyente, Legajo 1 Doc. 7. 

Transcripción:

Sesión Secreta del día 6 de Julio por la mañana de 1816.
Señores Presidente. Vicepresidente. Serrano. Paso. Anchorena. Sáenz. Darregueira. Rivera. Acevedo. Gorriti. Pacheco. Bulnes. Bustamante. Aráoz. Medrano. Godoy. Maza. Uriarte. Oro. Gascón. Malabia. Gallo. Loria. Salguero. Castro. Thames. Cabrera.


Reunidos los Señores Diputados en la Sala del Congreso a las nueve de la mañana, con asistencia de los que se anotan al margen, después de discutidos y acordados los puntos que constan del acta pública de ese día, el General Don Manuel Belgrano en virtud de las órdenes que se le comunicaron en el anterior (tachado), avisó estar presente, e introducido a la sala y tomando asiento en ella en el lugar que le fue señalado, el Señor Presidente le hizo entender que la soberanía le había llamado para que sus exposiciones sobre el estado actual de la Europa, ideas que reinaban en ella, concepto que ante las Naciones de aquella parte del globo se había formado de la revolución de las Provincias Unidas y esperanza que estas podían tener de su protección, de todo lo cual lo creía ilustrado después del desempeño de la comisión a que fue destinado, pudieran orientarla más extensamente de tan interesantes objetos, estando advertido que en el seno del Congreso había una comisión que entendía exclusivamente en asuntos de relaciones exteriores, y que no debía hacer exposiciones o contestar de un modo capaz de mandar idea de ellas y exponer el secreto; en cuya conformidad, contestando a las preguntas que se le hicieron por varios Señores Diputados, el citado General expuso todo lo que sigue:

Primero: que aunque la revolución de América en sus principios, por la marcha majestuosa con que empezó, había merecido un alto concepto entre los poderes de Europa, su declinación en el desorden y anarquía continuada por tan dilatado tiempo, habría servido de obstáculo a la protección, que sin ella se habría logrado de otros poderes, debiéndonos en el día contar reducidas a nuestras propias fuerzas.

Segundo: que había acaecido una mutación completa de ideas en la Europa, en lo respectivo a formas de gobierno; que como el espíritu general de las naciones en años anteriores era republicarlo todo, en el día se trataba de monarquizarlo todo; que la nación inglesa, con el grandor y majestad a que se ha elevado, no por sus armas y riquezas, si por una Constitución de monarquía temperada, había estimulado las demás a seguir su exemplo; que la Francia la había adoptado: que el Rey de Prusia, por sí mismo, y estando en el goce de un poder despótico, había hecho una revolución en su reino, y sujetádose a bases constitucionales iguales a las de la Nación inglesa; y que esto mismo habían practicado otras naciones.

Tercero: que conforme a estos principios, en su concepto la forma de gobierno más conveniente para estas provincias sería la de una monarquía temperada; llamando la dinastía de los incas por la justicia que en sí envuelve la restitución de esta casa tan inicuamente despojada del trono por una sangrienta revolución, que se evitaría para en lo sucesivo con esta declaración y el entusiasmo general de que se poseerían los habitantes del interior, con sola noticia de un paso para ellos tan lisonjero, y otras varias razones que expuso.

Cuarto: que el poder de España en la actualidad era demasiado débil e impotente por la ruina general a que la habían reducido las armas francesas, discordias que la devoraban, y poca probabilidad de que el gabinete inglés le auxiliase para subyugarnos, siempre que de nuestra parte cesasen los desórdenes que hasta el presente nos han devorado; pero que al fin, siempre tenía más poder que nosotros, y debíamos poner todo conato en robustecer nuestros ejércitos.

Quinto: que la venida de tropas portuguesas al Brasil no era efecto de combinación de aquel gabinete con la España, pues que la Casa de Braganza jamás podría olvidar la cooperación de la España a la entrada de los franceses en Lisboa, y desgracias que ha sentido por ella*; que el verdadero motivo de la venida de esas tropas era precaver la infección del territorio del Brasil; que el carácter del Rey D. Juan era sumamente pacífico y enemigo de conquista, y que estas provincias no debían temer movimientos de aquellas fuerzas contra ellas.* Después de todo lo cual y -evacuadas- otras preguntas que se le hicieron por algunos señores diputados, y se omiten por menos interesantes, se retiró de la Sala y terminó la sesión.


*Que enviado Salazar por el gabinete español cerca de S. M. F. para pedir temporalmente, y mientras de subyugaban esyas provincias, la posesión de la isla de Santa Catalina había recibido una terminante negativa y sólo se le habían ofrecido los auxilios que el derecho de gentes  exigiere.

*Que a él se le había prometido en aquella Corte observar exactamente el armisticio mientras el Gobierno de las Provincia Unidas no faltase por su parte, y que así se había permitido, a pesar de reclamaciones del enviado español, la libre entrada y salida de aquel reino a los hijos de estas provincias.

Manuel Belgrano
Plato con el retrato de Belgrano. Principios del S. XX

jueves, 25 de febrero de 2021

Manuel Belgrano - Creación de la bandera nacional

- Documentos 3 -

En esta Sección del blog damos a conocer interesantes e importantes documentos.
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MANUEL BELGRANO COMUNICA AL GOBIERNO HABER CREADO UNA BANDERA Y EL IZAMIENTO DE LA MISMA 

Creación de la bandera nacional

Oficio de Manuel Belgrano al Gobierno de Buenos Aires, comunicándole que siendo preciso enarbolar bandera, la ha mandado a hacer blanca y celeste. Rosario, 27 de febrero de 1812.

Archivo General de la Nación - Documentos Escritos. Sala X - Legajo 44-8-29


Transcripción: 

Excelentísimo Señor

En este momento que son las 6 y 40 de la tarde, se ha hecho la salva en la batería de la Independencia y queda con la dotación competente, por los tres cañones y se han colocado las municiones y la guarnición.

He dispuesto para entusiasmar las tropas y estos habitantes que se formasen todas aquellas, y les hablé en los términos de la copia que acompaño.
Siendo preciso enarbolar bandera, y no teniéndola la mandé hacer blanca y celeste, conforme a los colores de la escarapela nacional: espero que sea de la aprobación de Vuestra Excelencia.

Dios guíe a Vuestra Excelencia, Rosario 27 de febrero de 1812.

Manuel Belgrano

Excelentísimo Gobernador Superior de las Provincias del Río de la Plata.

domingo, 1 de marzo de 2020

El día del fallecimiento de Belgrano

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XIV N° 64 - Marzo 2020 - Pag. 7   

 Año Belgraniano

 1770-3 de junio-2020, 250 años de su nacimiento / 1820-20 de junio- 2020, 200 años de su   fallecimiento 


El día del fallecimiento de Belgrano                                                                           

Hermenegildo Sabat
Manuel Belgrano por Hermenegildo Sabat

El 20 de junio de 1820, fecha del fallecimiento de Manuel Belgrano, se dio una situación muy particular en la provincia de Buenos Aires.

Algunos historiadores denominan ese 20 de junio como “el día de los tres gobernadores”. Por un lado el Cabildo de Buenos Aires, por otro Ildefonso Ramos Mejía y por último el general Estanislao Soler.

En Crónica Histórica Argentina, por el contrario, titula una pequeña nota como “Buenos Aires sin gobierno” y así lo explica: “…El 20 de junio, el gobernador propietario, Ildefonso Ramos Mejía presentó su renuncia a la Junta de Representantes, y su dimisión le fue aceptada. La Junta, a su vez, después de hacer depositar el bastón de mando del gobernador en el Cabildo, previno a este cuerpo que avisase al general Estanislao Soler –que ese mismo día había sido proclamado gobernador por el Cabildo de Luján– que podía entrar en Buenos Aires ‘seguro de no encontrar la menor oposición’. Acto seguido, la Junta de Representantes, por decisión unánime de todos sus miembros, declaró su propia disolución. Soler, sin embargo rechazó la invitación y anunció desde Luján, que no aceptaba ocupar el poder en la forma que se le ofrecía. Fue así como el 20 de junio –por renuncia de Ramos Mejía, disolución de la Junta de Representantes y negativa de Soler de asumir el mando– el gobierno de la provincia de Buenos Aires, quedó totalmente acéfalo. Sólo dos días…”

domingo, 1 de junio de 2014

El motín de las trenzas

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VIII N° 31 - Junio 2014 - Pag. 15  

El motín de las trenzas

                                                                       Por la Prof. Beatriz C. Doallo

En el artículo “El atentado a la Iglesia de San Ignacio” (ER N° 29, pág. 15) se hace referencia a la “rebelión de las trenzas” ocurrida en 1811.

Manuel Belgrano, de regreso en Buenos Aires luego de la fracasada expedición al Paraguay, fue nombrado coronel del Regimiento de Patricios en reemplazo de Cornelio Saavedra, respetado jefe de ese cuerpo. Una de las primeras medidas que tomó Belgrano consistió en ordenar a las tropas cortarse las coletas que las distinguía.

El cabello, la barba, los bigotes, las patillas, aunque parezcan banalidades, en diferentes momentos de nuestra historia han sido expresiones de un sentimiento o de una afición política. La coleta o trenza del soldado patricio consistía en una de ellas.

La insurrección castrense a que dio lugar la ordenanza del nuevo jefe tuvo un antecedente cívico. Las desinteligencias entre “saavedristas” y los partidarios de Mariano Moreno persistieron luego de que este prócer abandonara Buenos Aires, enviado como plenipotenciario a Inglaterra. Ya había fallecido en alta mar el 11 de marzo de 1811 cuando, los días 5 y 6 de abril los partidarios de Saavedra se enfrentaron con los “morenistas” en una revuelta en que tomaron parte gentes humildes de los suburbios y las quintas, y alcaldes y caudillos de barrio. Triunfaron los “saavedristas” y hubo exclusiones de la Junta, destierros y persecuciones. Pero la secuela más importante de estos episodios consistió en que sirvieron para que el pueblo, el de carne y hueso no el teórico de la Revolución, se expresara de viva voz.

El obligatorio corte de las coletas se consideró un nuevo agravio y encontró en la aparentemente insignificante medida impuesta por Belgrano un pretexto explosivo. La noche del 6 de diciembre de 1811 los suboficiales y la tropa del Regimiento de Patricios se amotinaron, expulsaron a los jefes y oficiales y demandaron, como ya ocurriera en 1806, elegir ellos mismos a sus autoridades.

La represión, con milicias al mando de José Rondeau, fue inmediata. Los insurrectos se atrincheraron en la Iglesia de San Ignacio. Vencidos, con lamentable saldo de muertos y heridos, el día 12 de diciembre se condenó a la pena de muerte a diez de los sublevados, incluyendo a cuatro sargentos, dos cabos y cuatro soldados. A otros veinte integrantes del Regimiento se los sentenció a penas de hasta diez años de prisión.

Belgrano, industrioso y progresista, respondiendo a su concepción de liberal, contraria a la tradición, dio de manera ingenua motivo para una rebelión que terminó en un baño de sangre y puso tristemente en evidencia que las autoridades surgidas de la Revolución de Mayo no eran siempre capaces de interpretar al pueblo.

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El caso de las trenzas de los Patricios

El regimiento de Patricios tenía el privilegio de ser el único en el ejército cuyos soldados y clases llevaban una coleta o trenza.  Esta trenza, que se hacía del largo del cabello y se llevaba a la espalda, era motivo de orgullo para estos soldados ya que los distinguía de los otros cuerpos a quienes llamaban “pelones”, por no tenerlas.

La moda de usarla provenía de Carlos II, y en el ejército había sido introducida en la época del virrey Cevallos.  Recordaremos que por ese entonces los soldados y clases de los Patricios eran gente de las orillas de la ciudad, y los orilleros entonces la usaban como símbolo de su hombría.  Así como, entrado el siglo, los montoneros y los federales de Rosas usaban la porra, y luego los alsinistas la melena.

Malquistado con los Patricios, el Triunvirato, a fines de noviembre de 1811, dio una orden que terminase con el antiguo privilegio y los soldados y clases se cortasen la trenza.  Como nadie obedeció, Belgrano dispuso que los que se presentasen el día 8 de diciembre con la trenza serían conducidos al cuartel de Dragones y allí se los raparía.

Tras el agravio de volverse “pelones”, la amenaza de que se los raparía en otro cuartel colmó la medida en la sensibilidad de aquellos soldados que dieron a la patria solo motivos de orgullo, como en las invasiones inglesas y en las jornadas de Mayo, cuando su jefe fue el primer presidente del gobierno patrio.

La agitación subió de tono, pero no era solo por las trenzas que los Patricios se agitaban, había antes que nada un gran descontento contra el gobierno surgido en el golpe de setiembre, y de esa inquietud participaban también los otros cuerpos de guarnición en Buenos Aires y que, por cierto, no usaban la coleta.

De la página web: www.revisionistas.com.ar

viernes, 1 de marzo de 2013

Manuel Belgrano - Tarja de Potosí

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VII N° 26 - Marzo 2013 - Pags. 4 a 6 

HOMENAJE A MANUEL BELGRANO POR LOS 200 AÑOS DE LA VICTORIA EN LA BATALLA DE SALTA


Manuel Belgrano y la Tarja de Potosí. Un símbolo Americano

Por la Dra. Cristina Minutolo de Orsi *

Manuel Belgrano
Estampilla conmemorativa de la batalla de Salta (A)


Los viejos documentos, las cartas, memorias, y crónicas, nos permiten dimensionar esta figura trascendente que se convierte en defensor de la causa americana cuando nos habla de la unidad o integración territorial. Su visión y acción lo convierten en un estadista de talento. Su fama trascendió a nivel continental en el ámbito americano y europeo.

Es importante atender la acción de Belgrano como funcionario Hispano Americano al servicio de la Corona de España, así como su conducta como revolucionario e ideólogo de la revolución del 25 de mayo de 1810, -como funcionario en el orden nacional- atento siempre a la idea de Patria como unidad americana, tendiente al bien común.

El bien común, tenía para él un doble aspecto: moral y ético, y un fin teológico hacia lo absoluto, que es Dios. En el Reglamento para los Treinta Pueblos de Misiones, el 30 de diciembre de 1810, Belgrano vuelca en esta primera Constitución redactada para una Provincia Argentina, su concepción ideológica: declara libre a los habitantes de las misiones. Le concede el libre goce de sus propiedades, la posibilidad de comerciar libremente sus productos, los habilita para optar a los cargos públicos sin otro requisito, que su idoneidad. Deben hablar castellano y no renunciar al idioma nativo, prohibe las torturas, establece un fondo para la educación y organiza la Administración de Justicia y el Régimen Municipal. El artículo 28 establece el salario de los naturales y lo que debe pagarse en dinero efectivo, y si estos aceptan el pago con la entrega de mercaderías, la utilidad para el empleador en este caso, sobre el costo de las mismas, no puede exceder al 10%. Se adelanta 120 años a nuestra legislación nacional, siendo esta una de las primeras disposiciones del Derecho Laboral.

Belgrano da sentido social a la propiedad y establece el respeto por el ciudadano trabajador, y pone como elemento importante el factor educativo, así como la seguridad y la salud. Ingresan los Derechos Humanos Básicos en este proyecto constitucional.

Es un estadista cuando planifica el desarrollo del país a través de un plan estructurado como Secretario del Consulado de Buenos Aires: Agricultura, Ganadería, Comercio Interno y Externo, e Industria. Tiene una visión integradora del Estado Rioplatense y cuenta con numerosos asesores y hombres de ciencia. La correspondencia con los diputados consulares del interior, constituye una prueba fehaciente de su actividad constante: trabajos de aperturas de camino, construcción de puentes, estudios fluviales, geografía, cartografía, estadística, topografía, balización de la costa, plantíos y diversos relevamientos cartográficos, fundación de pueblos. Mapas, planos y diarios y comunicaciones llegan a su escritorio consular.

El territorio es recorrido en su gestión por distintos científicos. Se buscó estimular la navegación no solo por el Atlántico sino hacia el Pacífico. Se buscó un canal navegable para sortear las vías del Cabo de Hornos. Se descubrió un camino liberado de nieve en invierno para atravesar la cordillera de los Andes a Chile, llamado las Damas de Sobremonte.

Los indios llegaban al consulado y relataban a Belgrano las riquezas del territorio, país del Truptu o Patagonia, describiendo la región y hacían mención de los ganados de la tierra, animales de pelo largo, utilizados en los telares indios y criollos.

Estos relatos estimularon el interés de Belgrano por el sur patagónico. Nacían dos utopías belgranianas: el país de Truptu o Patagonia y la China. Coloso esta última que comenzaba a adquirir proyección en la época, pues inundaba con su manufactura los puertos del Atlántico y Pacífico, dando lugar a complejas controversias político comerciales con el Perú.

Belgrano fue promotor de las llamadas Fábricas de Paño, del textil en general, creador de la ropa de la tierra en remplazo de la ropa de Castilla, fábricas de cerámica, de papel o papelera y la formación de Institutos Educativos, sobre todo en el área de Artes y Oficios: Escuela de Comercio, Escuela de Dibujo y Geometría, Escuela de Matemática y Náutica.

La educación fue estimulada con la creación de escuelas. Eran proyectos para la promover el desarrollo técnico-científico del País. Le preocupó la educación de los jóvenes de ambos sexo y muy especialmente la mujer. Ello lo coloca en avanzada, consideró a ésta no solo como pilar de la familia, sino que la proyectó al ámbito socio-cultural para alcanzar una efectiva emancipación a través de la educación.

Los temas de educación-trabajo, salud, seguridad, desarrollo agro industrial y comercial los encaró de manera efectiva. Hoy asombran sus ideas por su actualidad al referirse a la falta de seguridad, al ocio y al trabajo. “Ya que los habitantes de esta región no tienen amor por el trabajo”.

En las memorias consulares, cartas, documentos y bandos de la época advertimos un lenguaje actualizado al referirse a la corrupción y al contrabando. Afirma: “debe ser interés de todo buen ciudadano poner por encima de otro factor el bien de la patria”. 

Belgrano nos habla de la justicia social y sostiene con firmeza “el amor de la patria y nuestras obligaciones exigen de nosotros que dirijamos a nuestro cuidado y erogaciones a los objetos importantes de la agricultura y de la industria por medio del comercio interno. Para enriquecerse,  enriqueciendo a la Patria.”

Después de las victorias de Tucumán (24 de setiembre de 1812) y Salta (20 de febrero de 1813), que salvaron la Revolución de Mayo, la Soberana Asamblea Constituyente del año XIII, destina premios a los vencedores. Esto no podía conmover al hombre que solo deseaba “Servir a la Patria sin otro objeto que verla constituida”. Agradece el homenaje y los ascensos como Brigadier General de los Ejército del Norte. Solo apetece tener el título de “Capitán General, para no despertar celos y trabas en el trato social.”

Pistola de chispa que perteneció a Belgrano (B)


Educa la opinión pública, traduciendo del ingles “La Carta de despedida de Jorge Washington al pueblo de los Estados Unidos". Esta publicación muestra no solo el pensamiento americanista de Belgrano sino también su concepción panamericanista. 

Destina la suma de dinero otorgada por la Asamblea de XIII, para la dotación de cuatro escuelas de enseñanza pública de primeras letras a fin que se enseñe a leer y escribir, la aritmética, la doctrina cristiana, y los primeros rudimentos de los Derechos y Obligaciones del hombre en sociedad, hacia esta y al gobierno que la rige. Cuatro ciudades: Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero, son la beneficiarias. Redacta para ello un Reglamento en Jujuy el 25 de mayo de 1813, donde en 22 artículos, establece el régimen de la enseñanza, el procedimiento para la provisión de maestros y la remuneración de los mismos. Es la Primera Ley de Escuelas del País, adoptada en Córdoba en 1813 y en Buenos Aires en 1816. A esta disposición le sigue el calendario de fechas patrias: 25 de mayo, 24 de septiembre y 20 de febrero.

El tema educativo fue el instrumento, señalado por Belgrano en su accionar constante, ya sea en el área civil como en el área militar. Todo ello ha quedado consignado en diarios y correspondencia de enorme interés, que han sido publicadas por el Instituto Nacional Belgraniano en los siete tomos de los "Documentos para la Historia del General Manuel Belgrano". Como miembro Académico e integrante del Comisión Directiva de la Institución,  realicé una labor de selección y transcripción de documentos para su publicación.


La Tarja o Escudo de Potosí. Símbolo Americano

Manuel Belgrano
Tarja de Potosí


La tarja o escudo de Potosí le fue obsequiada el 4 de julio de 1813 al General Manuel Belgrano por las damas de la Villa de Potosí -Alto Perú- hoy República de Bolivia. Se trata de una joya en oro y plata. Es una joya diríamos un tanto “barroca” en su composición, muy al estilo de aquella época. Su altura es de 1,70 metro de ancho por 1,03 metros de alto. Su costo estimado en 7.200 pesos fuertes, fue una importante suma para aquella época. 

Actualmente se encuentra en el Museo Histórico Nacional (sito en Plaza Lezama). En diciembre de 1813, esta joya fue remitida por Belgrano al gobierno de Buenos Aires, quien dispuso fuera colocada en los balcones del Cabildo Porteño, donde el pueblo pudo admirarla durante varias semanas.

La Tarja es un Canto o Himno en oro y plata, que relata las hazañas del General Belgrano en las batallas de Salta y Tucumán, así como su acción en la gesta de la Independencia Americana. En ella se advierte el sentimiento de la Patria Nueva, que se inspira en el porvenir de América del Sur. 

Se representa el mapa de América del Sur desde el Istmo de Panamá hasta Tierra del Fuego e Islas Malvinas, con todos los elemento que hacen a los pueblos de América. Aparecen figuras de personajes y otros elementos como granadas, rosas y lirios. El simbolismo, fue señalado por la Dra. Rosa del Valle Quiroga de Corcuera, con quien venimos trabajando en equipo en temas belgranianos, que hacen a la tradición e identidad nacional.

La Tarja es un homenaje de todo un pueblo, impulsado por los deseos de Libertad, que proclama a través de ella en forma inequívoca, sus anhelos futuros y su decisión de progreso ante le mundo. 

En esta joya están plasmados de manera simbólica los esfuerzos constantes realizados por Belgrano, para promover el desarrollo integral de estas regiones. Una leyenda en oro, lo designa “Protector de los Pueblos del Continente Americano”. 

Los orfebres potosinos, fueron admirables maestros medallistas y expertos cinceladores de monedas, de joyas y objetos diversos, como vajilla doméstica o piezas consagradas al culto religioso. Ello les permitió poder expresar con acierto y con un lenguaje simbólico su homenaje al héroe.

La ornamentación de la Tarja presenta elementos y símbolos, que al interpretarlos nos ofrece en forma clara y emotiva la imagen que aquellas mujeres, tenían de la América del Sur. Es una pieza de arte, que pertenece a la llamada Platería Virreinal, su costo, sus líneas, el asunto que simboliza, la fastuosidad de los elementos florales y antropológicos, enaltecen a sus autores, al tiempo que se trata de un obsequio digno de Belgrano y de la Gesta Americana.

Junto con la Dra. Rosa del Valle Quiroga de Corcuera, interesamos al Senador de la Nación Dr. Jorge Villaverde, el 15 de octubre 1998, para designar a la Tarja de Potosí, como Emblema del Mercosur. Se rindió homenaje al héroe en la sesiones del Congreso Nacional y se hizo la declaración por Decreto 703/98. P.E. 564/98 y S.805/98.

La Tarja de Potosí es no solo es un símbolo americano, sino que hoy ostenta el título de ser Emblema del Mercosur. 


* Cristina Minutolo de Orsi, es Doctora en Filosofía y Letras, egresada con notas sobresalientes de la Universidad de Buenos Aires, desempeñándose actualmente en esa Casa de Estudios como Titular de la Cátedra de Historia Argentina y Americana. Es integrante del Departamento del Doctorado de la Universidad del Salvador. Es miembro académico del Instituto Nacional Belgraniano -en el cual dirige sus publicaciones- y del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, entre otros, como así también integra diversas instituciones históricas y culturales, nacionales y extranjeras. Recibió el Primer Premio de la Academia Nacional de la Historia Bienal 1968-1970 entre veinticuatro trabajos argentinos  y extranjeros por su Obra “El Sitio de Buenos Aires 1852 – 1853” -7 Vols-. Condecorada por el gobierno boliviano con la Orden del Libertador Simón Bolívar y con la Gran Orden de la Educación en el Grado de Oficial. Es autora de innumerables artículos y libros, habiendo participado también en radio, prensa y televisión en el orden nacional e internacional. 

(A) Estampilla conmemorativa del 150° Aniversario de la batalla de Salta, en la que se ve el Monumento a dicha batalla, que fue inaugurado el 20 de febrero de 1910.

(B) Pistola de chispa que el Cabildo de Buenos Aires le obsequió al Gral. Belgrano por la victoria obtenida en Salta. Museo Histórico Nacional.

jueves, 1 de marzo de 2012

Belgrano y Rosas

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VI N° 22 - Marzo 2012 - Pag. 7 



Belgrano y Rosas

Por El Federal Apostólico

 

Manuel Belgrano, pese a haber sido soltero, tuvo dos hijos, un varón y una mujer. En esta nota nos vamos a referir al hijo varón: Pedro Pablo Rosas y Belgrano.

En 1802, Belgrano, cuya edad en ese momento era de 32 años, conoció en una tertulia, a la joven María Josefa Ezcurra, hija de una importante familia del Buenos Aires de aquél entonces, de la cual se enamoró, iniciándose una relación amorosa entre ambos.

Al poco tiempo, los padres de la joven, la casaron con un primo venido de España, quien instaló un comercio en la Ciudad. A raíz de los acontecimientos ocurridos en mayo de 1810, lo decidieron a volver a la metrópoli, dejando y abandonando en Buenos Aires a su joven esposa.

Posteriormente y de paso Belgrano por Buenos Aires, volvió a encontrarse con María Josefa y volvieron a enamorarse.

Debido a la designación de Belgrano como Jefe del Ejército Auxiliar al Alto Perú y su partida de la Ciudad para hacerse cargo del ejército, María Josefa, viajó en diligencia al norte a los fines de encontrarse con su amado, quien ya estaba en Jujuy. Acompañó así a su amante, en el éxodo jujeño y estuvo con él en los días en las batalla de Tucumán – 24 y 25 de setiembre de 1812– donde las tropas patriotas vencieron a las realistas. Al poco tiempo María Josefa quedó embarazada.

Cuando Belgrano, continuando con su campaña se dirigió a Salta, su amante, con su hijo en sus entrañas, se fue a Santa Fe, donde el niño nació en una estancia de la familia Ezcurra el 30 de junio de 1813.

La situación de María Josefa Ezcurra no era fácil en aquella época, porque si bien había sido abandonada por su esposo, su carácter de madre adulterina, era muy mal vista por la estricta sociedad de aquél entonces, razón por la cual se dirigió a Buenos Aires, con el pequeño,  para encargarle a su hermana Encarnación –recientemente casada con el estanciero Juan Manuel de Rosas– y a su cuñado para la crianza del niño, quienes lo adoptaron y trataron como un verdadero hijo, criándose con los hijos del matrimonio: Juan Bautista y Manuela Robustiana –Manuelita–, viviendo todos en la misma casa. Rosas le dio a su hijo adoptivo –su sobrino– su apellido.

Al fallecer Belgrano en 1820, no reconoció a sus hijos en su testamento, para no deshonrar a las madres de los mismos.

Cuando el hijo de Belgrano fue mayor de edad, Rosas le informó quienes habían sido sus verdaderos padres y el joven en agradecimiento a sus padres adoptivos, siguió usando ese apellido que le habían dado, adicionándole “Belgrano”, siendo entonces: Pedro Pablo Rosas y Belgrano, que es como se lo conoce en la historia.

Pedro como alférez de caballería, sirvió como ayudante de campo a Rosas en la Campaña al Desierto de 1833. Cuando Rosas fue designado por segunda vez como Gobernador de la provincia, designó a su hijo adoptivo como juez de paz y comandante del fuerte de Azul, regalándole asimismo una estancia en esos pagos. Rosas y Belgrano se dedicó a la explotación agropecuaria y tuvo trato frecuente con las tribus indígenas de la zona.

Fue allí donde Pedro conoció a la que sería su esposa Juana Rodríguez, con quien se casó  a fines de 1851, -siendo madrina de la boda su madre natural Maria Josefa Ezcurra-, habiendo tenido el matrimonio 6 hijos.

Después de la caída de Juan Manuel de Rosas del gobierno como consecuencia de la batalla de Caseros, Rosas y Belgrano se vio involucrado en las distintas acciones bélicas que se suscitaron entre la secesionada Buenos Aires y el resto de la Confederación Argentina bajo el liderazgo de Urquiza.

En su testamento dictado poco antes de morir –el 26 de setiembre de 1863– declara ser hijo natural del Gral. Manuel Belgrano, pero manifiesta desconocer quien fue su madre y ello para  resguardar su condición de hijo adulterino.

Manuel Belgrano
María Josefa Ezcurra, óleo de Fernando García del Molino, 1849


Sus restos fueron inhumados en el panteón de María Josefa Ezcurra, por los que yacen así junto a los de su madre natural, por haberlo así dispuesto esta en vida.


Mausoleo de Belgrano

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VI N° 22 - Marzo 2012 - Pags. 6  

El Mausoleo de Belgrano

Por el Federal Apostólico

Manuel Belgrano


A las 7 de la mañana del 20 de junio de 1820, falleció a los 50 años de edad, en la más absoluta pobreza y olvidado por sus contemporáneos el Dr. y Gral. Manuel Belgrano.

Un día antes de morir y como no tenía dinero para pagarle a su médico, le entregó el único bien que poseía, su reloj de bolsillo de oro, que lo había recibido como regalo del rey Jorge III de Inglaterra.

Manuel Belgrano
Reloj que perteneción a Manuel Belgrano


La lápida de su tumba fue improvisada con el mármol de una cómoda de su casa y en ella fueron escritas estas palabras “Aquí yace el general Belgrano”.

Fue enterrado –por su voluntad expresada en su testamento– en la entrada de la iglesia del Rosario del Convento de Santo Domingo, amortajado con el blanco hábito de la orden los dominicos, ya que pertenecía a la Tercera orden de Santo Domingo. Cerca de su tumba también estaban enterrados los restos de sus padres y otros personajes como Martín de Álzaga.

El día del fallecimiento de Belgrano, fue también un día de anarquía y grave crisis política en el ejecutivo de la provincia, por la existencia de tres gobernadores –Idelfonso Ramos Mejía, Miguel Estanislao Soler y el Cabildo–, por lo que su muerte pasó desapercibida.

El diario “El Despertador Teofilantrópico”, que dirigía el fraile Francisco de Paula Castañeda, fue el único, de los ocho que existían en aquella época en la Ciudad, que anunció la noticia del "Triste funeral, pobre y sombrío, que se hizo en una iglesia junto al río, en esta capital, al ciudadano, brigadier general Manuel Belgrano”

En 1895 entre un grupo de estudiantes, surgió la idea para la construcción de un mausoleo –monumento funerario– que fuera el más hermoso de la ciudad, para que reposaran en él, los restos del creador de la bandera.

Los fondos se juntaron mediante la realización de colectas públicas, como así también por aportes dispuestos por el Congreso nacional y de varias legislaturas provinciales y diversas instituciones oficiales y privadas, y también por comerciantes, escuelas y particulares, llegándose a recaudar la suma de $ 107.725,25 que era una importante cantidad para esa época.

Se hizo un concurso de proyectos, del que participaron escultores argentinos, franceses e italianos, siéndole encargada la obra al escultor italiano Ettore Ximenes.

El mausoleo fue inaugurado el 20 de junio de 1903, durante la segunda presidencia del Gral. Julio A. Roca y en el año 1946 fue declarado Monumento Histórico Nacional.

El mausoleo tiene una altura total de 9 metros y su basamento es de mármol de Carrara.

En su parte superior se encuentra el sarcófago rematado por un yelmo con un águila que representa el genio, la nobleza y el heroísmo. El águila, alegoría al noble guerrero en su lucha por la Libertad e Independencia y es esa ave quien lleva a las almas heroicas a la eternidad. Todo ello rodeado de flores ornamentales.

En su base –sobreelevada, a la cual se accede por unos pocos escalones–  hay dos estatuas que representan, “El Pensamiento” y “La Acción”. La primera, de un hombre sentado en actitud pensante, comprometido con la realización intelectual y la otra, de un hombre sentado con un libro y una espada, simbolizan las distintas actividades que realizó el Prócer durante su vida: abogado, economista, militar, periodista, etc.

Dos bajorrelieves ubicado uno al frente que evoca la creación de la Bandera y debajo del mismo esta cincelado BELGRANO y el otro en la parte posterior que recuerda a las dos grandes victorias de las batallas de Tucumán y Salta. Este último friso cubre la parte inferior del mausoleo donde está depositada la urna con los restos de Belgrano.

Debajo de estos bajorrelieves hay guardas de laureles como ofrenda eterna de gloria y honor.

Tanto las dos estatuas, los bajorrelieves y las guardas de laureles son de bronce.

Cuatro estatuas de ángeles –vaciadas en aluminio, imitación plata vieja– en figuras femeninas, de pie, rodean el sarcófago y expresan distintas simbologías. La figura que tiene la hoja de palma hacia abajo significa la victoria asumida con humildad, otra que tiene la cinta con la leyenda en latín Studis Provehendis (Proveedor de Estudios) representa la donación que hiciera Belgrano para la construcción de 4 escuelas, la tercera que sostiene la espada representa a Belgrano en su aspecto militar y la última que sostiene el engranaje, lo es por el aspecto de la economía y el comercio ya que Belgrano fue Secretario del Real Consulado.

En la parte inferior de la escalinata del mausoleo se colocaron a través del tiempo, diversas placas conmemorativas con que las distintas instituciones lo homenajearon.

Una hermosa y trabajada reja de hierro rodea al mausoleo y entre este y la entrada principal de la basílica se encuentra un mástil para el pabellón nacional.

En la reja, también de hierro, que circunda el atrio de la iglesia se encuentra la llama votiva.

Todo argentino debiera conocer este Mausoleo y también la Iglesia del Rosario del Convento de Santo Domingo, donde se encuentran en exposición las banderas inglesas tomadas en las invasiones inglesas, lugar este donde también se desarrollaron enfrentamientos armados en aquellas heroicas jornadas.

El Mausoleo se encuentra en la calle Defensa esquina Av. Belgrano del Barrio de Monserrat, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


Banderas españolas

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VI N° 22 - Marzo 2012 - Pag. 3  

Las banderas españolas


Manuel Belgrano

Adelantándonos a la pregunta que se hará el lector por la lectura del artículo del Dr. Gamas, contaremos cuales eran las banderas que se usaban en el Río de la Plata hasta que se adoptó la enseña azul y blanca.

En primer lugar diremos, que el diccionario de la Real Academia, define a la “bandera”, como “Tela de forma comúnmente rectangular, que se asegura por uno de sus lados a un asta o a una driza y se emplea como enseña o señal de una nación, una ciudad o una institución”. Históricamente las banderas servían de guía o punto de reunión de los batallones en la guerra. Posteriormente, se las consideró como símbolo de la Patria y expresión de la soberanía.

La Bandera Española en uso desde 1506, tenía forma cuadrada, de fondo –o campo– blanco, que era el color de la casa dinástica de los Borbones, y sobrepuesta la Cruz de Borgoña, de color rojo encarnado. Esta Cruz, también llamada Aspa de Borgoña es una representación de la Cruz de San Andrés, en la que los troncos que la forman aparecen con sus nudos donde se cortaron las ramas, ensangrentados por el martirio de San Andrés. Esta fue la enseña española que se utilizaba en las fortalezas, navíos y ejércitos.

Esta bandera fue la que utilizaron las tropas mandadas desde la metrópoli y que fueron puestas bajo las órdenes de Pedro de Ceballos, para reconquistar la Colonia del Sacramento, en la Banda Oriental (ver ilustración en ER Nº 16 pág. 7) y también las que usaron las tropas de Buenos Aires, durante las dos invasiones inglesas y los ejércitos patriotas hasta su reemplazo por la enseña azul y blanca.

Como los colores de esa bandera eran similares con los que ostentaban las banderas de navíos de otros reinos gobernados también por los borbones, como Francia, Parma, Nápoles y Toscana, y también con las de navíos ingleses que enarbolaban una enseña blanca con la cruz de San Jorge en rojo, y de otros reinos que también tenían banderas blancas como los Estados Pontificios, Portugal, Génova, Austria, etc, dificultaban la individualización de la nacionalidad de las naves en el alta mar y producían situaciones de confusión e incluso de peligro, por ello Carlos III, dispuso por Real Decreto del 28 de mayo de 1785, como pabellón para la Armada española una bandera de forma rectangular, de tres franjas horizontales, rojo o encarnado en los extremos y amarillo o gualda en el centro, siendo la franja central del doble de la de los extremos y en esta se encontraba el escudo real. Para los navíos mercantes se dispuso una bandera también rectangular pero de cinco fajas horizontales, con los mismos colores, pero dispuestos de distinta forma, tres amarillas o gualda y dos rojas o encarnadas alternadas, siendo el tamaño de la franja central del doble de las otras; esta bandera carecía del escudo real.

Así decía textualmente, el Real Decreto: "Para evitar los inconvenientes y perjuicios que ha hecho ver la experiencia puede ocasionar la bandera nacional de que usa Mi Armada Naval y demás Embarcaciones Españolas, equivocándose a largas distancias ó con vientos calmosos con la de otras Naciones, he resuelto que en adelante usen mis Buques de guerra de Bandera dividida a lo largo en tres listas, de las cuales la alta y la baxa sean encarnadas y del ancho cada una de la cuarta parte del total, y la de en medio, amarilla, colocándose en ésta el Escudo de mis Reales Armas, reducido a dos quarteles de Castilla y León, con la Corona Real encima… Y que las demás Embarcaciones usen, sin Escudo, los mismo colores, debiendo ser la lista de en medio amarilla y del ancho de la tercera parte de la bandera, y cada una de las partes dividida en dos partes iguales encarnada y amarilla alternativamente…”

Por Real Decreto de 20 de mayo de 1786, se hizo extensivo el uso de la Bandera roja y gualda a las “plazas marítimas, sus castillos y otros cualesquiera de las costas”.

Por ello en el Fuerte de Buenos Aires, fue utilizada hasta el 17 de abril de 1815, la misma bandera utilizada por la Armada real –roja y amarilla–, fecha esta en que fue arriada definitivamente y reemplazada por la enseña nacional creada por Belgrano.