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lunes, 23 de septiembre de 2024

Chaleco Federal

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

261 

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya algunos años. 

El interesante artículo del Dr.  Guillemo Palombo sobre el Chaleco federal, que ofrecemos a nuestros lectores, fué publicado en la Revista "El Resero" N° 32 de Agosto de 2005. 

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EL CHALECO FEDERAL 

por el Dr. Guillermo Palombo

    

Chaleco federal. Perteneció al coronel Juan Luís González

El chaleco, prenda de vestir, por lo común sin mangas, que se abotona al cuerpo, llega hasta la cintura, cubriendo el pecho y la espalda, y se coloca encima de la camisa. Su historia es bien conocida: la “chupa”, que en el antiguo traje militar español se llevaba bajo la casaca, cubriendo el tronco del cuerpo, con cuatro faldillas de la cintura abajo y con mangas ajustadas, sin forrar o forradas, a veces con delantera de distintas telas y con contracarteras, andando el tiempo, al reducirse las faldillas y perder las mangas, se convirtió en “chupetín”, y, finalmente, dio lugar al chaleco. En el Río de la Plata primero siguieron la moda francesa y, desde comienzos del siglo XIX, el gusto inglés. Los hubo cruzados y con solapas anchas. Pero ¿cuándo, cómo y dónde nació el uso del chaleco punzó, tan de moda en la época federal?.

Juan Manuel de Rosas, autor de la novedad, se ha encargado de explicarlo en una carta a su primo Tomás Manuel de Anchorena, del 25 de diciembre de 1838, en la que refiriéndose a su regreso de la expedición al río Colorado, le dice: "Yo traje del desierto el cintillo colorado en el sombrero y el chaleco colorado”, agregando que “algunos paisanos siguieron la moda: a nadie se obligó”.

Y, por último, refiere que al tener que colocarse luto por la muerte de su esposa Encarnación -ocurrida ese año 1838-, decidió no quitarse el chaleco ni el cintillo porque consideró que a la finada le hubiera gustado que lo llevase. El uso del chaleco punzó se expandió rápidamente. En 1835 lo lució públicamente el jefe de Policía, que fue uno de los primeros socios de la Sociedad Popular Restauradora. Y tal vez por este hecho, Sarmiento, que no conocía el pormenor que dejo expuesto, en su obra “Argirópolis”, afirma que en 1833 “se decretó el uso de un chaleco colorado”, adjudicándole la originalidad a dicha sociedad.

El uso del chaleco luego se generalizó, al punto que no dejaron de advertirlo extranjeros como Teogene Page, en 1840, Henri Southern y Mariano Berdugo en 1841, o Samuel Greene Arnold en 1848, y de puntualizarlo conocidos escritores locales como Lucio V. Mansilla y Vicente G. Quesada. Por supuesto, lo llevaba Rosas, a quien describen llevándolo en 1851, bien *colorado” o “de merino punzó”, su sobrino Mansilla y el español Benito Hortelano, respectivamente.

El uso devino finalmente obligatorio, según deducimos de un oficio dirigido por el juez de paz de San Pedro al jefe de Policía, del 5 de noviembre de 1846, que menciona la existencia de “disposiciones superiores” que mandaban el uso del chaleco, al igual que del cintillo y de la divisa punzó. Fue una excepción a esas disposiciones el doctor Francisco Saguí cuñado de Rosas, -casado con su hermana Andrea, y unitario-, quien no fue molestado por no llevarlo.

"El Sr. Zemborain y su hija", óleo sobre tela de Cayetano Descalzi, 1843 (1)

He consultado en el Archivo General de la Nación los inventarios de las tiendas de Santiago Grondona, Rufino Aráoz, Carlos Stagno, Pedro Chiapella, Agustín Novaro o Bartolomé Pittaluga, correspondientes a principios del año 1852, que incluyen varios tipos de chalecos entre las mercaderías que vendían. De acuerdo al material básico con que se tejía cada tipo de tela -nacionales o extranjeras- podemos dividirlas en telas de seda, de lana y de algodón. En el rubro de las telas de seda estaban los chalecos de raso (seda lustrosa) que cotizaban entre 25 y 40 pesos, cuya calidad se distinguía en ordinarios, regulares, finos y de medida; los de terciopelo (de más cuerpo que el raso), por su parte, se valuaban en 50 pesos y finalmente estaban los de pana, tela más basta que la anterior. En el renglón de las telas de lana, estaban los chalecos de paño (variante industrial aquella) cuyo precio oscilaba entre 5 y 90 pesos, según fueran ordinarios o finos; y, después, los de merino (tejido de lana escogida y peinada) cuyo precio era de 25 pesos. En el rubro correspondiente a los chalecos de tela de algodón estaban los de cotonia, que valían entre 7 y 10 pesos y los de estambre, justipreciados en 22 pesos. Los géneros para chaleco también se vendían en corte (para cortar): el de merino a 30 pesos y el de raso a 50 pesos, como consta los tenía en su domicilio el platero José Troncoso. De ello se deduce que los de contección eran, obviamente, más baratos. Los botones, de seda, se vendían a 8 pesos la gruesa Quizás solamente los poderosos lucían el lujoso chaleco de raso de seda, pero la multiplicidad de calidades de telas y diversidad de precios (que he expresado en pesos de la moneda corriente de la época), como surge de los datos que dejo expuestos, favorecían su uso por todas las clases sociales.

Por ejemplo, en 1848, el soldado Manuel López, que era un peón de campo, lucía uno de paño colorado con botones amarillos. Por otra parte, el uso de una u otra clase de tela dependía no solo del poder adquisitivo de quien la usara sino también de la estación del año para la que se destinaba la ropa: el terciopelo y la pana son clásicas telas de invierno y la cotonia (algodón) típica de la temporada estival.


Sobre los modelos en uso ilustran las pocas prendas de época que se conservan y la iconografía. El chaleco original que perteneció al general Lucio Norberto Mansilla, se conserva en el Museo Histórico Nacional, y el retrato correspondiente a un estanciero con chaleco federal, de Adolfo D'Hastrel, se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes (ver ilustración al costado). Para 1835, siguiendo el canon europeo, estaban de moda los “de cuello doblado”, formando con la orilla externa del cuello un óvalo en lugar de una V, como se había usado hasta entonces. Así surge de un artículo aparecido en el periódico “La Moda” dirigido por Juan Bautista Alberdi y editado en Buenos Aires en ese año.

El chaleco punzó dejó de usarse después de la batalla de Caseros, por imposición de las autoridades que sucedieron a Rosas. Juan Manuel Beruti, anotó en sus memorias, que los chalecos “se mandaron quitar” el 4 de febrero de 1852 y lo ratifica en mayo. Pero, en realidad, las razones de la supresión fueron expuestas por el gobierno provisorio de Buenos Aires, que encabezó Vicente López, en decreto de 15 de febrero de ese año, que si bien declaró libre el uso o no del cintillo federal, dejó constancia en el considerando de la disposición gubernativa que aquel emblema no tenía la “mancha  oprobiosa” que alcanzaba al chaleco, la cinta y divisas preceptuados “por un tirano de execrable recuerdo” como “signos todos de la voluntad despótica de un solo hombre”. El cintillo federal conservó, no obstante su vigencia, si bien optativa, como un símbolo indeleble de unidad nacional.

(1) En esta obra se puede apreciar que el Sr. Zemborain luce el chaleco federal y sobre su saco tiene la divisa. Su hija luce un moño también de color punzó.

martes, 24 de mayo de 2022

Regimiento de América N° 5

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

89





En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En la revista El Tradicional  N° 93 de enero de 2010, se publicó el siguiente interesante artículo sobre "El regimiento de América".





EL REGIMIENTO 

"DE AMÉRICA", NÚMERO 5  1810-1811 

por Guillermo Palombo 



Para aumentar los efectivos de la guarnición militar de Buenos Aires, la Primera Junta, además de aumentar los efectivos de los batallones existentes elevados a regimientos, decretó la formación de un nuevo regimiento de Infantería, tarea que encomendó a Domingo French. Regimiento que es el objeto de esta nota, redactada sobre la base de la lectura de los documentos originales que se conservan en varios legajos de nuestro Archivo General de la Nación.

El 18 de junio de 1810, French elevó su proyecto a la Junta. Contenía cuatro cláusulas. En la primera, describía el uniforme para el nuevo cuerpo “que ha de llamarse de Patriotas de Buenos Aires”. En la segunda, propiciaba que los oficiales (desde alférez hasta capitán) entraran a gozar sueldo cuando sus respectivas compañías tuvieran alistados treinta hombres, con las calidades exigidas para el servicio por las ordenanzas militares. En la tercera, solicitaba que tampoco gozara de sueldo la Plana Mayor hasta tanto estuviese formado un batallón con treinta hombres por compañía. Y en la cuarta, pedía que, para la rápida formación del cuerpo, se expidieran los despachos de los oficiales, a cuyo efecto acompañó, por separado, una lista de los ciudadanos que propuso al efecto.

La planta del regimiento constaría de una plana mayor (teniente coronel, sargento mayor, dos ayudantes mayores, dos abanderados, capellán y cirujano) y dos batallones de nueve compañías cada uno (la primera de granaderos y las ocho restantes de fusileros).

El 27 de junio, la Junta confirió distintos empleos. A Domingo French el de coronel “del nuevo Regimiento de América”. Antonio Luis Beruti recibió el de teniente coronel. Y se expidieron los despachos para los oficiales del primer batallón, si bien con cambios respecto de la lista de los que originariamente habían sido propuestos.

Para reunir la tropa necesaria se recurrió a diversos arbitrios. El 4 de julio, el sargento mayor del nuevo regimiento, Alejandro Medrano, solicitó que pasaran al América varios cabos veteranos de los Fijos de Infantería y de Dragones, y de los Blandengues de la Frontera de Buenos Aires y de Montevideo. Esos cabos, ascendidos a sargentos primeros, el día 6 fueron destinados al nuevo regimiento. El 29 de julio se pidió a los comandantes de los cuerpos que estaban fuera de servicio (Migueletes, Labradores, Húsares de Vivas y de Núñez, Gallegos, Vizcaínos y Castellanos) que pasaran al gobierno una relación de sus hombres, con indicación de sus ocupaciones y oficios, y si los ejercían, para completar el América y los demás regimientos de la guarnición. Además, se recibió el aporte de los sargentos, cabos, soldados y cadetes del Fijo de Infantería, según lo resolvió la Junta el 3 y el 8 de noviembre. También se propuso la recluta de vagos de las zonas de Magdalena, Lobos y el Salado. Hasta La Real Audiencia envió algún preso condenado que estaba a su disposición. También hubo deserciones, pero finalmente el regimiento quedó organizado.

Y tuvo su banda de música. El 19 de julio, French pidió que le fuera transferido el pífano Juan de Dios Castellanos, del Real Cuerpo de Artillería, para la enseñanza de los pífanos del nuevo regimiento. El 8 de noviembre la Junta dispuso que toda la banda de música del regimiento de Dragones, extinguido cinco días antes, pasara al de América. Su primer Tambor Mayor, con grado de sargento primero, fue Luciano Maciel. Pero por su inconducta fue “depuesto de su empleo” y destinado a servir“de último soldado”. Para reemplazarlo se solicitó a Romualdo Caraballo, que era uno de los dos tambores que le quedaban al Real Cuerpo de Artillería.

Para ubicar a los reclutas, se dispuso primero de una de las cuadras del Regimiento Fijo de Infantería de Buenos Aires, y después, para cuartel propio, se solicitó arrendar una casa propiedad de Magdalena del Arco, en que vivía Manuel Blanco, alquilada a una inglesa. En tanto que fueron solicitados, para la labor administrativa diaria, los enseres que habían pertenecido a la Mayoría del Cuerpo de Cazadores, ya extinguido, que había mandado González Rivadavia. Y hubo algún conflicto para designar cirujano, pues propuesto el doctor Millán, se desató una polémica acerca de los médicos “latinos” y los “romanistas”.

El 4 de noviembre la Junta comunicó a French que para guardar uniformidad en la nomenclatura de la guarnición de Buenos Aires su regimiento se titularía Regimiento N° 5 “conservando siempre el título de América que se le puso al tiempo de su creación”. Lo que revela que el de “Patriotas de Buenos Aires”, propuesto por French, no llegó a tener vigencia. Después de un interinato del coronel Marcos González Balcarce, el 6 de octubre de 1811 el gobierno resolvió que el mando del regimiento se entregara nuevamente a French. El 30 de diciembre, el gobierno resolvió que el nuevo pie de organización de los regimientos de la guarnición sería de diez compañías de ciento veinte plazas cada una, y que en lugar de N° 5, la unidad al mando de French pasaría a denominarse Regimiento N° 3.

Tal es, en apretada síntesis, el proceso de formación del regimiento. Detengámonos ahora, brevemente, en las características particulares de su uniforme.


Luis de Beaufort


Ilustra esta nota una lámina de Luis de Beaufort, que contiene cinco figuras con los uniformes usados en 1810 y 1811. Se trata, de izquierda a derecha, de un sargento del Regimiento de América, un gastador y un granadero de los Regimientos de Patricios, un oficial de Granaderos de Infantería y el Tambor Mayor del América.

Viste, el sargento del América, el uniforme que French propuso al gobierno en la cláusula primera de su comunicación del 18 de junio de 1810: “Ha de ser el mismo que visten los Batallones de Patricios, con la sola diferencia del penacho rojo y una estrella de igual color”. Aunque advierto que en la figura de Beaufortno se ve la estrella, y el penacho de la gorra o chacó es blanco. El uniforme de Patricios que se menciona era “el general del Ejército”, que he descripto en sus pormenores en mi nota aparecida en “El Tradicional” N° 92, a la que remito al lector interesado.

Las prendas de uniforme mencionadas en sendos inventarios del Almacén de Vestuarios del regimiento América, fechados el 23 de abril y el 4 de noviembre de 1811, revelan la coincidencia del uniforme documentado para los Patricios con las alteraciones propuestas por French. De ello resulta posible reconstruirlo de la siguiente manera: casaca azul, con cuello y bocamangas grana, vivos blancos, y botón amarillo; chaleco y pantalón blanco; zapatos ingleses y botín de paño negro; gorra de suela con escudo de latón y penacho de lana encarnado .

La estrella, de seda carmesí, se usó hasta mediados de 1811. El 18 de junio de ese año, el jefe del regimiento, que era Marcos González Balcarce, solicitó al gobierno, que lo autorizó diez días después, el uso de “una cifra con las letras iniciales de la denominación del regimiento y el número 5 que tiene”, que debían llevar los oficiales y la tropa “en la manga izquierda de la casaca, bordada de oro los primeros y de seda los segundos, sobre fondo verde y vivo blanco para que a distancia no se confundan con los regimientos 1 y 2 [Patricios] que en el mismo uniforme llevan la cifra Buenos Ayres en fondo blanco, suprimiéndose la estrella roja que ahora tienen, luego que se consuman las que hay”. Consta, en el citado inventario del 4 de noviembre de 1811, que las cifras que reemplazarían a la estrella en el uniforme de los oficiales estaban “bordadas de hilo de oro”. Pero las estrellas de la tropa no debieron consumirse muy rápido, porque todavía en enero de 1814 el Guarda Almacén de Hacienda disponía en los depósitos de 553 “estrellas de seda carmesí”. El Tambor Mayor, dibujado por Beaufort (lo fue después por dos recordados uniformólogos argentinos: Jorge Fernández Rivas y Pepe Balaguer), viste conforme a las siguientes prendas incluidas en el mencionado inventario del 4 de noviembre: “casaca de paño blanco fino con solapas y botas negras, y una cifra del Regimiento bordada de hilo de oro”, “pantalón del mismo paño”, “sombrero elástico con presilla de galón de oro”, y un par de "botines de paño negro entrefino”, y las charreteras.

Al margen del América, completan la lámina un granadero de Patricios, con la gorra de su instituto, y un gastador, también de la compañía de granaderos, que lleva “mandil”, un delantal de cuero que a petición de Esteban Romero, el 19 de junio de 1810 la Junta le ordenó al subinspector de Artillería que mandara construir. Por su parte, el oficial de Granaderos de Infantería luce el uniforme que he descripto al ocuparme de ese regimiento en “El Tradicional” N° 91.

Y con esto concluyo la “petit histoire” del América N° 5, el regimiento de French y Beruti, que fue popularmente conocido, por su emblema distintivo, como “Regimiento de la Estrella”, nacido en los albores de la Patria. 

lunes, 16 de mayo de 2022

Invasiones inglesas - Milicias del interior del virreinato

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

85

El Tradicional



En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En la revista El Tradicional  N° 89 de mayo de 2009, se publicó el siguiente artículo de Guillermo Palombo.


 Las milicias del interior del virreinato del Río de la Plata (1808-1809)

    por Guillermo Palombo    

Invasiones inglesas



La invasión napoleónica a España que provocó en 1808 el derrocamiento del rey Carlos IV, quien debió abdicar a favor de su hijo, el príncipe de Asturias, que tomó el nombre de Fernando VII, y la prisión de éste, provocó el levantamiento en armas del pueblo de Madrid, el 2 de mayo, y la insurrección general contra el invasor. Varios reinos de la Península designarán juntas provinciales de regencia a nombre del monarca cautivo, en Asturias, Galicia, León, Valencia, etc., quienes juraron fidelidad al nuevo monarca, cautivo. Ellas se centralizaron en la Junta Suprema Central, formada en septiembre, que se arrogó la representación de toda la Nación y en 1809 se trasladó a Sevilla. Dicha corporación designó virrey y capitán general de las Provincias del Río de la Plata al teniente general Baltasar Hidalgo de Cisneros. Pero antes de que tal suceso ocurriera, no sólo que se erigieron varias juntas en el Río de la Plata, sino que los españoles europeos creyeron necesario formar sus propias milicias en prevención de futuros e inciertos sucesos. De los cuerpos milicianos creados en esos tres años pueden reconstituirse, por surgir así de documentos originales, los correspondientes a los batallones de Voluntarios del Río de la Plata, de Infantería Ligera del Río de la Plata (a los que me he referido en un artículo anterior) y en Buenos Aires los de Granaderos del General Liniers (en que se convirtió la antigua Compañía de Granaderos de Infantería) y de Infantería Ligera de Carlos IV en que se transformó el homónimo escuadrón de carabineros. De estos dos últimos cuerpos no hay iconografía.

La compañía de Granaderos de Infantería, que era de milicias disciplinadas, a propuesta de su comandante el capitán Florencio Terrada, por acuerdo de la Junta de Guerra del 16 de octubre de 1807, fue elevada a batallón (4 compañías de a 60 hombres) para guardia de honor del Capitán General con la denominación Batallón de Granaderos del General Liniers (a) de Buenos Aires, y su organización confiada a Terrada, mantuvo su antiguo uniforme (Acuerdo de la Junta de Guerra, Bs. As., 16-X.1807, en Archivo General de la Nación [en adelante A.G.N.], Actas de la Junta de Guerra, Sala IX, legajo 26.6.9, Acta N° 146).

Por su parte, Lucas Fernández, 2° Comandante de los húsares cazadores (cuerpo respecto del cual el 11 de septiembre de 1807 la Junta de Guerra dispuso que hiciera el servicio de tropa ligera de infantería), el 16 de septiembre propuso a Liniers la formación de nuevo cuerpo de 300 hombres, de talla proporcionada, con la denominación de Batallón de Granaderos de Carlos IV, pidiendo ser su comandante con grado de coronel y como 2do comandante y sargento mayor propuso, con grado de teniente coronel, a Juan Florencio Terrada, Capitán de Granaderos de Milicias de la Capital. Propuso: “Será la uniformidad, pantalón y chaleco blanco, casaca larga grana, forro blanco, botón dorado, cuello y vuelta negra con los vivos opuestos, ojales amarillos, gorra granadera con plumero blanco, todos con bigote, y fornitura blanca cruzada” y fuera de formación y para el servicio particular de Plaza “usarán sombrero apuntado”. El 16 de octubre se admitió la propuesta de desmontar el escuadrón de Carlos IV y formar un cuerpo de infantería ligera con la denominación de Cazadores de Carlos IV, con efectivo de 300 hombres (6 compañías) que Fernández ofreció vestir (Acuerdo de la Junta de Guerra, Bs. As. 11-IX-1807, A.G.N., Actas de la Junta de Guerra, Sala IX, legajo 26.6.9, Acta N° 132, art. 1°. Lucas Fernández al Capitán General, Bs. As., 16-IX-1807 en A.G.N., Sala IX, legajo 28.8.3. Acuerdo de la Junta de Guerra, Bs. As., 16- X-1807, en A.G.N., Acuerdos de la Junta de Guerra, Sala IX, legajo 26.6.9, Acta N° 150).

En el presente artículo, ofrezco la lámina de Luis de Beaufort (a quien continúo rindiendo mi cumplido homenaje en toda esta serie, con mis investigaciones en el Archivo General de la Nación), que contiene los figurines de las compañía urbanas de Pardos y de la de Nobleza, de la ciudad de Córdoba; de Voluntarios Patriotas creada en San Juan en 1808, y desde 1809, a los Cuerpos de Milicias del Honor de la Ciudad de la Plata (o de la Nobleza) y de Voluntarios del Comercio de Potosí, las Milicias de Tupiza del Alto Perú, que comento con los documentos de la época.

 

Compañías de pardos y nobles de Córdoba

El 6 de noviembre de 1808 el gobernador intendente de Córdoba, Juan Gutiérrez de la Concha, remitió al virrey Liniers copia de una representación de “lo más distinguido de este vecindario, solicitando formar un cuerpo, para sostener a todo evento los legítimos derechos de nuestro augusto soberano el señor don Fernando VII y las autoridades que a su nombre mandan, sin permitir las alteraciones que con dolos y escándalos vemos se intentan introducir”. Liniers, el 19 de noviembre aprobó la creación de la compañía de Nobles, que denominó “Fiel Tercio de Fernando VII”. Por oficio n° 291, fechado en Córdoba el 28 de ese mes, Gutiérrez de la Concha le informó que sólo había llenado la plaza de 2do. Comandante, en calidad de ayudante, con José Javier Díaz (quien andando los años sería gobernador de la provincia), a la sazón teniente coronel del regimiento provincial de caballería, y que todos los individuos de la nueva compañía querían servir en calidad de “meros soldados”. El gobernador intendente solicitó que, “siendo el uniforme azul que se les asigna con vuelta, collarín [y] solapa encarnada y centro blanco, el que han usado y usan en esta ciudad los Cuerpos de Pardos, me han pedido suplicase a Vuestra Excelencia que para diferenciarse de los de aquella clase se digne concederles que la vuelta, collarín y solapa, sean de color anteada”. Petición que Liniers aprobó el 22 de diciembre. De modo que los Pardos (mulatos) vistieron casaca azul con divisa encarnada, y centro (pantalón y chaleco) blanco y los Nobles el mismo uniforme pero con la divisa anteada (A.G.N., Intendencia de Córdoba, legajo 16 (1808), Sala IX, legajo 6.1.4).

 

Milicias de Tupiza

El cura vicario de la villa de Tupiza, Mariano de la Torre y Vera, el 17 de julio de 1809 informó a Benito Antonio de Goyena, Juez Real Subdele gado del Partido de Chichas, que en virtud de la orden del gobernador intendente de Potosí de “acuartelar doscientos hombres, aumentando ciento al otro igual número, que tenía ya acuartelado y pagados con el objeto de mantener la tranquilidad” de ese Partido ante la sedición ocurrida en la ciudad de La Plata, dispuso uniformarlos asu costa: “tengo ya en mi casa (escribió el cura doctrinero) los efectos necesarios para los doscientos uniformes, sin que falte más que el paño colorado para los collarines, vueltas y solapas, y los botones que llegarán en breve de Potosí, donde he ocurrido por todo”. Goyena, respondió al día siguiente haber tomado conocimiento del uniforme “que deberá ser todo azul con vueltas, solapas, y collarines encarnados, en los términos que verbalmente me ha expresado” (A.G.N., Potosí, legajo 19 (1809), Sala IX, legajo 6.5.2)

 

Voluntarios del comercio de Potosí

El 31 de julio de 1809, en la casa del segundo comandante Juan Mariano de Ibarguren, situada en la “Fidelísima Imperial Villa de Potosí”, se reunieron los oficiales electos para integrar el Cuerpo del Comercio, que se iba a instruir en el manejo de las armas, y al tratar de la uniformidad e instrucción del nuevo cuerpo resolvieron, según consta en el acta que al efecto se levantó, y cuya copia se conserva, que el uniforme consistiría de “casaca grana; vuelta, solapa, y collarín de terciopelo negro, vivos blancos, botón dorado, en los dos extremos del collarín flor de lis bordada de oro, con centro blanco, media bota fuerte, fornitura negra de vaqueta, sombrero elástico con escarapela encarnada y plumaje blanco” (A.G.N., Potosí, legajo 19 (1809), Sala X, legajo 6.5.2).

 

Voluntarios patriotas de San Juan

La compañía de Voluntarios Patriotas de San Juan fue crea da en 1808. Mateo Antonio Domínguez de Otero, sargento mayor graduado de teniente coronel, residente y vecino de la ciudad de San Juan, en 1808 se presentó por escrito ante el virrey Liniers mencionando que para diferenciar al nuevo regimiento o compañía de las milicias de esa capital y demás ciudades interiores, acompañaba un diseño del uniforme que podían usar los oficiales y tropa, a saber: “casaca azul, cuello, solapa, y vueltas encarnadas, con visos de lo mismo, botón amarillo, con galón del propio color en el cuello y en las vueltas del ancho de una pulgada, dos cifras en las extremidades del cuello que digan Voluntarios Patriotas de San Juan en el lado izquierdo, y en el derecho, de Fernando Séptimo: centro blanco, botín y corbatín negro, plumaje colorado, y banda carmesí”. La propuesta fue aprobada por Liniers por decreto marginal del 28 de noviembre de 1808 (A.G.N., Solicitudes Militares, libro 2 (Ch-L), folios 53 y 53 v°. Sala X, legajo 13.1.2)

domingo, 24 de abril de 2022

Invasiones Inglesas - Montevideo

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

72 

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En la revista El Tradicional  N° 85 de abril de 2008, se publicó este artículo de Guillermo Palombo. 


Milicias urbanas de Montevideo 

Por Guillermo Palombo


Invasiones inglesas

Ilustra esta nota una acuarela de Francisco Ferrer Llul, que muestra cuatro figuras correspondientes a las milicias urbanas de Montevideo. Son, por su orden: húsares voluntarios del gobierno; batallón de tropas ligeras partidarios españoles de la Campaña; voluntarios del Río de la Plata e Infantería Ligera de Montevideo. En esta oportunidad nos ocuparemos solamente de los dos primeros cuerpos militares, y damos noticia sobre otro, no incluido en la lámina, pero de imprescindible consideración: los Miñones de Montevideo. En otra nota nos ocuparemos, del Regimiento de Voluntarios del Río de la Plata, al mando de Prudencio Murguiondo, y de la Infantería Ligera, a órdenes de Juan Balbín de Vallejo, en virtud de que ambos cuerpos fueron creados después de pasada la segunda invasión inglesa, con la finalidad de dar guarnición a Montevideo.


Húsares Voluntarios Del Gobierno

El 8 de octubre de 1806, el marino francés Hipólito Mordeille (capitán del buque corsario español “El Dromedario”, que se había destacado en la Reconquista de Buenos Aires) presentó al gobernador de Montevideo, Pascual Ruiz Huidobro, un extracto con las condiciones bajo las cuales debía levantarse el Cuerpo de Húsares del Gobierno que propuso. El 13 de ese mes, Ruiz Huidobro proveyó que Mordeille se dirigiese al virrey para que éste resolviese al respecto. Mordeille ofrecía formar un cuerpo de trescientos veinte hombres que no estaban alistados en ningún cuerpo, con la siguiente planta: un comandante, un segundo comandante, siete capitanes, siete tenientes, siete sargentos, siete cabos y un cirujano, con los que se formarían seis compañías de cincuenta hombres cada una, y otra de veinte hombres para el manejo de dos cañones. Servirían indistintamente en mar o en tierra, dentro o fuera de la plaza de Montevideo y harían el servicio ordinario en ella siempre que se estimase conveniente para alivio de su guarnición. La propuesta constaba de doce artículos. En el artículo 1° Mordeille declaraba que serviría en el nuevo cuerpo gratuitamente, a su costa. El artículo 2° (y lo ratificaba el artículo 12°) fijaba los sueldos mensuales pagaderos por la Real Hacienda: 50 pesos al segundo comandante Francisco Fournier y a los siete capitanes; 30 pesos a los tenientes y el cirujano; 20 pesos a los sargentos, 16 pesos a los cabos, y 14 pesos a los soldados. El art. 3° determinaba que los oficiales y tropa quedarían sujetos a las leyes militares prescriptas en las ordenanzas generales del Ejército, y subordinados a todos los superiores de Ejército y marina. Por el art. 4° se estableció que “prestarán juramento de fidelidad a las banderas ante el jefe que se destine para el efecto”, disponiendo el art. 5° “Que la bandera que este cuerpo usará, será roja con las Armas del Rey” (es decir las banderas comunes de la caballería determinadas por el Reglamento de Milicias de 1801, por tratarse de un cuerpo del arma, en la especialidad de húsares). El armamento, de acuerdo al art. 6°, sería de “fusil, sable, dos pistolas y canana”. En punto al vestuario,  el artículo 7° dispuso “Que el uniforme ha de ser chaqueta y pantalón azul, con ojales de oro los oficiales y de lana los soldados, casquete negro con la cucarda y plumero encarnado, media bota y corbatín negro”, aclarando el artículo 8° “Que la chaqueta y pantalón de los oficiales y soldados y el casquete de éstos será pagado del donativo del 2 % que contribuye el comercio para aumento de sueldo de las tropas”. Los arts. 9° y 10° establecían la autoridad militar que dispondría la entrada del cuerpo en operaciones y la circunstancia de que fuera de servicio debían depositar su armamento en casa de su comandante. El artículo 11° disponía que la unidad recibiría dos cañones del calibre de a 8 con su armón y correspondientes municiones.

El 15 de octubre Ruiz Huidobro elevó la propuesta al virrey Sobremonte, quien en esa misma fecha proveyó: "Vista esta propuesta de don Hipólito Mordeille con que manifiesta su dedicación y celo por el servicio de Su Majestad en las circunstancias en que se halla esta Plaza amenazada de invasión con considerable número de buques a la vista, ya que conviene aumentar por todos términos su defensa, se aprueba por este Superior Gobierno con la satisfacción que merece tal objeto, en que contraerá un apreciable y recomendable mérito, y en su virtud será reconocido por comandante del cuerpo de voluntarios que va a formar con las clases de oficiales, sargentos, cabos, cirujano y sueldos que propone en consideración a ser destinado al servicio de tierra y de mar, según lo exijan los casos, facilitándosele por el señor gobernador el armamento que sea posible en el concepto de que los que presentase armados en revista de comisario entrarán desde el propio día a sus goces, y sucesivamente conforme se fuesen presentando con tal que estén efectivamente armados, concediéndoseles la bandera y vestuario en los términos y por los medios que solicita y prestando el juramento de fidelidad a ella ante el sargento mayor de la Plaza. Asimismo se le proveerá de los dos cañones que pide y para que tenga efecto a la mayor brevedad dicho establecimiento se insertará este oficio al señor gobernador para que por su parte expida las órdenes correspondiente a su cumplimiento”.

El 4 de noviembre, Mordeille se dirigió nuevamente al virrey, solicitando una ampliación del número de plazas, puesto que le indicaba como necesarios, en cada una de las siete compañías, dos sargentos y tres cabos “para que puedan cuidar, como es debido, de la instrucción, gobierno y policía de la tropa”, y que se dotara también al cuerpo con los tambores y clarines de ordenanza, fijándose su prest. Reclamó, además, que se fijara el sueldo de Fournier como sargento mayor. Sobremonte proveyó el 6 de noviembre: “Declárase que en cada compañía de las del cuerpo de Húsares Voluntarios debe aumentarse un sargento y dos cabos, y por defecto de tambores dos trompetas o clarines para todo el expresado cuerpo, éste y aquéllos con el sueldo que por Reglamento de Milicias regladas disfrutan sus trompetas, y que lo respectivo al sargento mayor el que gozan los de igual clase de la Infantería veterana conforme al Reglamento de la provincia y tomándose razón en las Cajas Reales de esta Ciudad y Tribunal de Cuentas comuníquese al señor Gobernador de ella para su inteligencia”, todo lo cual se cumplió (La documentación citada y transcripta obra en cuatro originales manuscritos y una copia testimoniada en Archivo General dela Nación, Sala IX, legajo 3-1-1). Mordeille, conocido como “el Manco”, murió valientemente durante el asalto británico a la ciudad de Montevideo, la noche del 2 al 3 de febrero de 1807. De su personalidad se ha ocupado Mario Falçao Espalter, “Hipólito Mordeille corsario francés al servicio de España (1804-1807)”, en Revista del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, t. II, N° 2, Montevideo, 1922, págs. 473 y siguientes.

 

Batallón de partidarios Españoles o partidarios de la campaña de Montevideo

Juan Vázquez Feijoo se dirigió al virrey Sobremonte por nota fechada en Montevideo el 15 de diciembre de 1806 proponiendo la creación de un Batallón “de Partidarios Españoles”, solicitando que se le fijara a sus integrantes un sueldo mensual de doce pesos. Según planilla anexa, firmada por él y datada en la misma fecha y lugar, dicho Batallón tendría la siguiente composición: una Plana Mayor (con un teniente coronel; un segundo comandante y sargento mayor; un ayudante mayor, un subteniente de bandera, y un tambor mayor), y cuatro Compañías, compuestas cada una de ellas por las siguientes plazas: un capitán, un primer teniente; un segundo teniente, un subteniente, un sargento primero, dos sargentos segundos, dos tambores, cuatro cabos primeros, cuatro cabos segundos y ochenta y ocho “partidarios”. En total, cada compañía tendría ciento cinco hombres, y el batallón cuatrocientos veinte. Por decreto marginal, de fecha 18 de diciembre de 1806 el virrey Sobremonte aprobó la propuesta, pero modificándola: habría tres oficiales en las cuatro compañías, agregando en cada una de ellas un oficial veterano, en tanto que suprimió al segundo comandante y al tambor mayor (Nota de Juan Vázquez Feijoo al Excmo. Señor [virrey], Montevideo, 15-XII-1806, en Archivo General de la Nación, Sala IX, legajo 3-2-3, folio 504). Vázquez Feijoo reforzó su propuesta, y en providencia marginal a su nota, el virrey decretó el 22 de diciembre: “Se concederá al proponente que forme su Batallón de Tropa Ligera con el título de Partidarios de la Campaña de Montevideo sobre el pie que designa mi decreto de 18 del corriente”. Designaba a Juan Trigo como capitán “teniendo las calidades que expresa y las de honrado nacimiento”. Dispondría de 200 fusiles. Y la recluta se llevaría a cabo en una y otra banda del Río de la Plata, pero con exclusión de Buenos Aires. Y, en cuanto a la uniformidad, la providencia establecía: “el vestuario se le dará por la Real Hacienda, que solo ha de constar de chaleco abotonado, botón dorado, dos camisas, un pantalón ancho hasta el tobillo, que pueda para corbata y gorra francesa de paño azul con manga, por defecto de sombreros”. (Nota de Juan Vázquez Feijoo al virrey Sobremonte, Montevideo, 21-XII-1806, en Archivo General de la Nación, Sala IX, legajo 3-2-3, folios 503 y 509).

 

Miñones de Montevideo

El 16 de julio de 1806, Rafael Bofarull y José Grau y Font, fecharon en Montevideo una propuesta de Reglamento (de siete artículos) para la Compañía de Voluntarios Miñones Catalanes, que presentaron al gobernador de esa Plaza, Pascual Ruiz Huidobro, quien en la misma fecha admitió la proposición. La compañía estaría integrada por un efectivo de entre ochenta a cien hombres, y cada uno de ellos se costearía, de su peculio, el uniforme, que, según el artículo 5° sería de “pantalón y chaqueta azul con centro y vuelta amarilla, media bota, sombrero redondo y escarapela o cucarda que les de el gobierno” (art. 5), y su armamento, que conforme al art. 6° consistiría “trabuco de mano o carabina, sable y pistolas o en su defecto un hacha o un machete y canana al frente” (El texto del Reglamento y su aprobación ha sido publicado en la Revista Histórica (Montevideo), tomo IV, págs. 92-93 y por Ricardo R. Caillet-Bois, “Miñones y franceses en la Reconquista y Defensa de Buenos Aires”, Buenos Aires, publicación del Instituto de Estudios Históricos sobre la Reconquista y Defensa de Buenos Aires, 1806-1807, Peuser, 1947, págs. 126-127).

sábado, 27 de noviembre de 2021

Invasiones inglesas. Uniformes del ejército

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En el periódico El Tradicional  N° 69, de agosto de 2006, encontramos este interesante artículo, profusamente ilustrado sobre el uniforme de las fuerzas que se crearon a partir de la primera invasión. 


Invasiones inglesas

Uniformes del ejército organizado

para resistir a la invasión inglesa de 1807

Acuarelas de la época

Por Guilleremo Palombo

 

 

Invasiones inglesas.

 

Las fuentes de carácter iconográfico, coetáneas y auténticas, sobre los uniformes del ejército de voluntarios urbanos organizado por Liniers a partir de septiembre de 1806, son tres series de figurines: una de ellas desarrollada en hojas individuales, otra en dos láminas y la tercera en un solo pliego, publicadas todas ellas en el libro Iconografía de los Uniformes Militares. Invasiones Inglesas, 1806, con notas documentales de Enrique Williams Álzaga, basadas en la información suministrada en 1967.

Invasiones Inglesas
Para salvar las deficiencias o errores de quienes usaron el pincel para esos diseños debe recurrirse a diversidad de documentos manuscritos o impresos de la época: principalmente a cuentas que se conservan en nuestro Archivo General de la Nación, Salas IX y XIII, que confirmar, aclarar o rectificar los deslices hermenéuticos. De ese material documental nos hemos valido para la reconstrucción de los uniformes que ensayamos en nuestro libro titulado Invasiones Inglesas . 1806-1807. Estudio Documentado.

Las dieciséis acuarelas que ahora damos a conocer, por primera vez en forma conjunta, integran un álbum que se conserva en el Museo Mitre. En el mismo, una nota escrita a lápiz dice que los dibujos acuarelados que contiene son de la época de las Invasiones Inglesas y que pertenecieron a Pedro de Ángelis, quien había preparado una muy completa recopilación de documentos sobre las invasiones, que nunca logró publicar.

El álbum contiene las representaciones de los uniformes correspondientes a los oficiales de los siguientes cuerpos: Andaluces; Arribeños; Asturianos; Castellanos; Montañeses; Cazadores Correntinos, que era una compañía; Gallegos; Catalanes, que eran los Miñones; Patricios; Vizcaínos; Indios; 1ro., 2do. y 3er. Escuadrones de Húsares, este último llamado Infernales; y Cazadores, que es el 4to. Escuadrón de Húsares, llamado también de Cazadores de la Reina. 

Uniformes

Invasiones inglesas, uniformes

Uniformes. Invasiones inglesas

periódico El Tradicional