viernes, 1 de diciembre de 2017

Alfred de Brossard, sus opiniones sobre Rosas y el Combate de Vuelta de Obligado

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XII N° 45 - Diciembre 2017 - Pags. 12 a 14 

Juan manuel de Rosas

Alfred de Brossard, sus opiniones sobre Rosas, y el Combate de Vuelta de Obligado.


En el año 1847 arribó a nuestro país una Misión Francesa para tratar con el gobierno de la Confederación Argentina el fin del bloqueo anglofrancés y el restablecimiento de relaciones diplomáticas. La Misión estaba encabezada por Alexandre Florian Joseph Colonna conde de Walewski -hijo ilegítimo de Napoleón y su amante la condesa polaca María Waleska-, siendo secretario Alfred de Brossard, quien ofició de intérprete.

Waleswski residió muy poco tiempo en Buenos Aires, ya que arribó el 10 de mayo y partió el 2 de julio. Se entrevistó dos veces con Rosas, los días 12 y 27 de junio y cada una de esas entrevistas duró varias horas y en las cuales también intervino Brossard, por lo cual éste conoció personalmente al gobernador. 

Regresado a su país, Brossard escribió una serie de cinco libros que publicó en París en 1850 bajo el título Considérations historiques et politiques sur les républiques de la Plata, dans leurs rapports avec la France et l'Angleterre (Consideraciones históricas y políticas sobre las Repúblicas del Plata en sus relaciones con Francia e Inglaterra).

En esos cinco libros se narra la historia de los países del Plata desde el descubrimiento de Solís en 1508, hasta 1848 y fueron escritos con la finalidad -como él así lo afirma- de "decir lo que cree útil a su país... y pueden contribuir a probar cuanto le importa a Francia: Afirmar en la América del Sud su renombre y su legítima influencia quebrantados. Mantener la independencia de Montevideo, y por lo mismo conservar un mercado que nuestro comercio y nuestra navegación necesitan imperiosamente, y en donde sólo desean prosperar. Substraer al Brasil a los peligros de que se vería amenazado por la vecindad argentina, si el Estado Oriental desapareciese, y garantizar así la existencia de nuestro principal mercado en la América meridional. Tener abierto en fin, no sólo a nuestro comercio y marina mercantes, sino también a la emigración de las clases sufrientes, un país en donde pueden adquirir más fácilmente las condiciones de holgura a que aspiran, al mismo tiempo que ellas renovarán o aumentarán para Francia, y en provecho de Francia, de Europa y de América enteras, la prosperidad de esas ricas regiones que han sido en otro tiempo, en manos de España y Portugal…"

En el año 1942 se tradujeron y publicaron por la Editorial Americana de Buenos Aires, los tres últimos libros: Americanismo y civilización (1829-1840), Intervenciones francoinglesas (1840-1848) y El General Rosas, reunidos bajo el título Rosas visto por un diplomático francés.

Allí, Brossard describe y relata el conflicto que Francia primero y después Francia e Inglaterra coaligadas tuvieron con la Confederación Argentina, encontrando justificativos para aquellas intervenciones en los países del Plata, que representaban un estupendo mercado para la producción fabril de su país, como así también como punto de arribo para una población que en Francia no tenía contención.

En su libro, tilda a Rosas de "reaccionario" y lo muestra siempre actuando con doble sentido.

Es una obra interesante que muestra el desarrollo del conflicto desde el lado francés y también contiene consideraciones importantes sobre Rosas y su gobierno.

En esta obra, Brossard hace una reseña de todas las misiones diplomáticas que arribaron a Buenos Aires, para tratar con Rosas el fin del conflicto que las dos grandes potencias habían iniciado, al inmiscuirse en las cuestiones entre la Confederación Argentina y su aliado el presidente legal del Uruguay, Manuel Oribe, enfrentados al usurpador del gobierno uruguayo el Gral. Fructuoso Rivera, intentando aparecer como potencias "mediadoras" para poner término al conflicto y también para lograr la libre navegación de los ríos interiores argentinos.

Guerra del Paraná

Esa primera misión la llevaron a cabo el representante británico M. Ouseley y por Francia, M. Deffaudis, personas estas muy avezadas en el manejo de las cuestiones diplomáticas. Estos dos representantes estaban secundados por los almirantes Inglefield y Lainé, comandantes respectivos de las flotas inglesas y francesas en las aguas del Plata.

Como lo dice Brossard, estos diplomáticos estaban autorizados a emplear métodos intimidatorios a fin de obtener los resultados esperados, pero fracasados estos podían recurrir al bloqueo de puertos y a la captura de las naves argentinas.

Estos representantes, se encontraron con la energía y la sagacidad del gobernante porteño, quien no cedió a las pretensiones de estas dos grandes potencias.

Brossard, así relata las alternativas posteriores:

"Pero este papel tocaba a su término y, el 31 de julio, los ministros mediadores dejaron a Buenos Aires lanzando una última intimación con plazo y amenaza de bloqueo". 

"No habiendo producido efecto esta nota, los plenipotenciarios declararon el bloqueo el 18 de septiembre de 1845. La exposición de motivos con que acompañan esta declaración, traza con gran vigor las quejas levantadas por la conducta del gobierno argentino y produjo profunda impresión; de cólera en éste y de esperanza, en sus adversarios. Trató en vano de contrabalancear el efecto producido por una protesta de los Encargados de Negocios de Portugal, de Bolivia y de los Estados Unidos, movidos todos ellos por el temor o por intereses diversos, pero el de Cerdeña rehusó asociarse a esta manifestación. Los mediadores no se limitaron a este acto. La escuadra argentina bloqueaba por hambre a Montevideo; fue cogida por las fuerzas navales de Francia e Inglaterra. Era necesario proveer a la subsistencia de la capital y sus defensores; un empréstito, contratado por el gobierno Oriental con el comercio extranjero, sobre el producto de las aduanas de Montevideo en el año 1848, recibió la garantía diplomática de las dos potencias; con el apoyo de sus fuerzas navales, todo el litoral de la república fue arrebatado a los argentinos. La ciudad de Colonia, frente a Buenos Aires, fue tomada de viva fuerza; la isla de Martín García fue ocupada. Garibaldi, remontando el curso del río, se apoderó de Mercedes, Rincón y Salto; al sud, un golpe de mano puso a Maldonado bajo el control del gobierno Oriental. Numerosos desertores de filas opuestas vinieron a reforzar su ejército y a ponerlo en condiciones de sostener la campaña; por último, once navíos de guerra franceses e ingleses, bajo las órdenes del comandante Tréhouart y del capitán Hotham, vinieron a dar fuerza a la propaganda comercial de Europa, abriendo a cañonazos los ríos que el celoso egoísmo de Rosas pretendía cerrarles. El 17 de noviembre, la escuadra combinada penetró en el Paraná; al día siguiente, ancló a treinta leguas de allí, frente a la vuelta de Obligado”.

Guerra del Paraná

Parte del monumento que se encuentra en el Parque Natural Histórico de Vuelta de Obligado, donde se pueden apreciar las cadenas empleadas para cerrar el paso a la flota anglofrancesa.

A continuación Brossard, transcribe los hechos ocurridos en la Vuelta de Obligado relatados por el señor Chevalier de Sain Robert -quien había participado en la misión de M. Deffaudis- en su libro El general Rosas y la cuestión del Plata.

«En ese lugar, las aguas profundas y majestuosas del Paraná se estrechan repentinamente y no dejan sino un pasaje de 800 a 900 metros más o menos. Sobre la orilla izquierda, la costa de Entre Ríos extiende, sin accidentes, sus bordes tristes y pantanosos; pero en frente, sobre la costa argentina, se eleva una ancha punta de tierra cuya loma, que se interna bastante en la llanura, domina el río casi a pico, salvo una parte estrecha, en donde el terreno, ligeramente recortado, baja gradualmente hacia la ribera. Fué en este lugar, de por sí tan bien fortificado por la naturaleza, que Rosas había reunido todos sus medios de resistencia contra lo que él llamaba invasión de sus dominios. La posición estaba formidablemente defendida. Habían sido construidas cuatro baterías de grueso calibre que descubrían una mano europea. La primera se encontraba sobre el ángulo de la costa; las otras dos, rasantes, estaban bajo el plano inclinado, y la cuarta, dominándolo todo, se extendía sobre la cresta de la loma y dirigía sus fuegos a lo lejos, en dirección de la corriente. El río mismo estaba obstruido por una empalizada formada por veinticuatro naves amarradas, y ligadas entre ellas por tres fuertes cadenas de hierro. En una de las extremidades, sobre la orilla derecha, había diez brulotes listos para ser lanzados; en la extremidad opuesta, más allá de la empalizada, estaba anclado, a modo de batería flotante, un gran brick fuertemente armado y destinado a cruzar sus fuegos con los de la orilla opuesta. Por último, además de las baterías y varias piezas volantes, todas servidas por desertores europeos que componían las tripulaciones de la flotilla argentina, capturada ante Montevideo, se encontraba un campamento adosado a un pequeño bosque que coronaba la punta de tierra. Este campamento, último esfuerzo de Rosas, contaba alrededor de 4.000 hombres y representaba la totalidad de hombres capaces, de quince a sesenta años, reclutados por fuerza en las desdichadas provincias argentinas y enrolados a bastonazos hasta en las calles de Buenos Aires; Concentradas desde hacía dos meses en Obligado, a las órdenes de Mansilla, cuñado del dictador, esas fuerzas se ejercitaban diariamente para la lucha que debían sostener contra la expedición».

«El 20 por la mañana, apenas desapareció la bruma, la escuadra combinada aparejó, en tres divisiones de ataque, para venir a ubicarse frente a las baterías y de inmediato ambas partes abrieron el fuego. Después de un cañoneo de siete horas consecutivas, la jornada se decidió por una maniobra tan hábil como audaz del capitán Tréhouart. Este intrépido oficial, cuyo brick había sido acribillado y puesto fuera de combate a la mañana, reunió sus otras tres naves y.las hizo encallar contra la orilla a tiro de pistola de las baterías. Mientras los últimos cañones rosistas eran aplastados por la metralla, los marinos ingleses, desembarcando con mucha armonía y vigor, atacaron a la infantería argentina concentrada en el bosque y la destrozaron a pesar de los esfuerzos del general argentino que la hacía cargar a lanzazos por sus gauchos para arrastrarla al combate. Las compañías francesas de desembarco, saltando a tierra en otro punto, determinaron la derrota del enemigo, que se retiró en desorden y ganó la llanura, dejando alrededor de 500 muertos en el campo de batalla».
Guerra del Paraná
Conde Waleswki

«Desde Navarin (1), los marinos de Francia e Inglaterra no habían unido sus pabellones y nunca tuvieron ocasión de desplegar tanta devoción, bravura y fraternidad. Después de haber rendido los últimos deberes a las víctimas de este glorioso combate y enviado a Montevideo los numerosos heridos y reparado las averías de las naves, algunas de las cuales habían recibido más de cien impactos, la escuadra se puso nuevamente en marcha, impulsada a vapor, y acompañada por algunos navíos comerciales que habían llegado entretanto. Ningún obstáculo serio podía detenerlos desde ese momento; la vasta corriente del Paraná estaba abierta hacia el Paraguay. Un vivo y penetrante interés se otorgaba a esta expedición, a la cual pronto habrían de seguir los ricos cargamentos de Europa. Verdadera cruzada comercial, avanzaba sobre las aguas casi vírgenes del gran río como descubriéndolas, y la columna de humo, en otro tiempo símbolo de la peregrinación bíblica, y hoy expresión de la civilización moderna, la precedía a través de esos parajes ignorados en el siglo diez y nueve... Por fin, después de una marcha de trescientas leguas, se llegó al término del viaje. En el mes de enero, el vapor francés Fulton, el único barco que pudo remontarse tan alto, anclaba cerca de la santa y misteriosa ciudad de Asunción».

"Un convoy de ciento diez velas comerciales se precipitó por el Paraná tras los pabellones vencedores de Francia e Inglaterra y la apertura de ese río probó que el mercado de Paraguay no era quimérico…".

“En síntesis, la acción de las potencias mediadoras había liberado en parte a Montevideo, restablecido su comercio, abierto el Paraná, y sembrado la desazón en el campamento de Rosas, ya que no en el espíritu de este terco jefe, cuando una serie de acontecimientos y nuevas negociaciones vino a anular los resultados obtenidos”.


Notas.

(1) Navarin o Navarino, fue una batalla naval que se produjo en 1827, con motivo de la guerra por la independencia de Grecia, que enfrentó a las flotas otomana y egipcia contras las de Inglaterra Francia y Rusia, resultando vencedoras estas últimas.

                                                                                                                                                                        

Los restos de una nieta de Napoleón, descansan en la Recoleta

Cuando el conde Walewski vino a Buenos Aires, estaba acompañado por su esposa la italiana Maria Anna di Ricci quien estaba embarazada y quien al tercer día de arribar a la ciudad, dio a luz a una niña a quien llamaron Isabelle, siendo su madrina Mariquita Sánchez de Mendeville (más conocida entre nosotros como Mariquita Sánchez de Thompson, apellido este de su primer esposo). Por cuestiones relativas a un parto complicado, la niña nació muy débil y falleció a los pocos días, siendo enterrada en el cementerio de la Recoleta en la tumba de la familia de su madrina, descansando ambas en la misma bóveda.