domingo, 16 de abril de 2023

Día de la Raza - Armando Alonso Piñeiro . Hipólito Yrigoyen

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

Publicamos a continuación un artículo del historiador Armando A. Piñeiro,  aparecido en el diario La Prensa del día 11 de octubre de 2009, en la columna Los fantasmas del pasado.


 El Día de la Raza

por Armando Alonso Piñeiro


Día de la Raza
Aquí estamos, una vez más, en vísperas del aniversario del Descubrimiento de América. Es decir, se celebrará mañana el Día de la Raza, lo quieran o no los racistas que irónicamente reivindican el imperialismo de las civilizaciones precolombinas. Incas, aztecas, apaches, sioux, mapuches eran agrupaciones divididas en castas y caracterizadas por sus ritos sanguinarios, sus luchas fratricidas y sus bárbaras expansiones imperiales en detrimento de sus vecinos.
Muchos siglos más tarde, un presidente argentino, -el radical Hipólito Yrigoyen- firmó en 1916 un decreto fundamental, declarando el 12 de octubre como fiesta nacional. Curiosa y lamentablemente, en ninguna parte del documento, en ninguna parte de sus tres considerandos, se menciona la expresión “Día de la Raza”, que surgiría espontáneamente al poco tiempo como expresión de la voluntad popular. Sí reconoce el decreto que “El descubrimiento de América es el acontecimiento más trascendental que haya realizado la humanidad a través de los tiempos, pues todas las renovaciones posteriores derivan de este asombroso suceso, que a la par que amplió los límites de la tierra, abrió insospechados horizontes al espíritu”. De manera que, en primer lugar, quienes afirman que Yrigoyen bautizó el 12 de octubre como Día de la Raza adolecen, por cierto, de ignorancia elemental.
Pero vaya y pase la insipiencia. Lo grave es que aquellos opuestos a la conmemoración se basan en la pretendida creencia de un “genocidio” español sobre los aborígenes, algo que nunca existió y que no puede ser probado documentalmente. Por añadidura, ni siquiera existía la necesidad de tal genocidio -palabra mal empleada, puesto que nació a mediados del siglo XX-, ya que en la época precolombina no existían elementos aplicables a una matanza generalizada e indiscriminada, salvo las que hicieron los propios pueblos indigenistas. Como lo escribiera Julián Marías, los habitantes de este continente “no tenían noción de su existencia, de su conjunto, de su alcance. No se conocían, no habían recorrido su cuerpo, no podían hablar entre sí. Se hablaban centenares, acaso millares de lenguas, la mayoría de las cuales se reducían a pequeños territorios, a tribus aisladas que no tenían nada en común”.
Ahora bien. Quienes están en contra del Día de la Raza incurren en una grave actitud racista, y deben ser denunciados ante el Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI) al cometer un acto de discriminación en perjuicio de la raza, es decir, de la raza humana. Equivocar raza por racismo es otro acto de ignorancia. Hace exactamente dos años, Hipólito Solari Yrigoyen afirmó con acierto que intentar cambiar la denominación tradicional del 12 de Octubre perpetra el aludido delito, pues no existe ningún fundamento que “autorice a invocar que el Día de la Raza que se recuerda en la Argentina exalte a alguna etnia en desmedro de otras, sino que las incluye a todas como integrantes de la raza humana. La denominación lleva implícita, por lo tanto, un reconocimiento de nuestro pluralismo étnico y cultural”. 
El Día de la Raza es, por otra parte, el nacimiento de la etnia criolla, que no se hubiera creado si no fuera por la empresa colombina, por el respeto escrupuloso -entre otros méritos- del gobierno peninsular ante las costumbres indígenas. Tan es así que un siglo después del Descubrimiento, el  gobierno de Felipe II, por intermedio del Consejo de Indias, se negó a imponer obligatoriamente el idioma castellano -luego conocido como español- con estas sabias palabras del monarca refiriéndose a los aborígenes: “No parece conveniente forzarlos a abandonar su lengua natural; sólo habrá que disponer unos maestros para los que quieran aprender”. 
Cuando elementos ajenos a la concordia y la comprensión de la historia pretenden enarbolar pendones de hostil oposición, cuando se intenta deslucir la gesta inmortal con bastardas apelaciones a falsas reivindicaciones indigenistas, el 12 de Octubre nos viene a recordar que el heroísmo de la España eterna significó fundar un Nuevo Mundo a la faz del mundo clásico y sentar los principios humanos de una nueva dignidad humana, basada en la fusión de dos razas ávidas de mutuo conocimiento. Sobre este hecho se erige toda la grandeza del Descubrimiento y la Colonización, regados con la roja sangre común de ambos linajes, el talento y el empuje, la fiera convicción y la honda pulsación, en definitiva el secreto latido de la historia que nos impone su legado desde los arcanos ancestrales del pasado solidario.