domingo, 15 de mayo de 2022

San Martín y Rosas - Jorge M. Ramallo

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En la Revista del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas N° 66 - Años 2004/2006, encontramos un artículo del profesor Jorge María Ramallo, sobre San Martín y Rosas  





San Martín y Rosas

Sus tres ejes de coincidencia 

por Jorge María Ramallo


San Martín
San Martín en una antigua postal de anilinas Colibrí

San Martín y Rosas no se conocieron personalmente. Tuvieron una relación estrictamente epistolar que podemos ubicar cronológicamente entre el 5 de agosto de 1838 y el 15 de agosto de 1850, es decir, durante el lapso de doce años.

Los temas tratados en esa correspondencia giran en torno de tres ejes de coincidencia:

1° La situación personal de San Martín, por entonces exiliado en Francia.

2° La situación de la Confederación Argentina, acosada por las dos primeras potencias del mundo en aquella época.

3° La situación europea, conmovida por los comienzos de la revolución social.

Rosas
Juan Manuel de Rosas

1. LA SITUACIÓN PERSONAL DE SAN MARTIN:

Con respecto al primer eje de coincidencia, vinculado con la situación personal de San Martín, éste le confía a Rosas en carta desde Gran Bourg, cerca de París, del 5 de agosto de 1838 -con la que inicia la correspondencia- las causas de su ostracismo en 1824, que atribuye al “gobierno que, en aquella época, mandaba en Buenos Aires” y a los hombres de la oposición que “hacían circular la absurda idea que mi regreso del Perú no tenía otro objeto que el de derribar la administración de Buenos Aires”; y, posteriormente, en 1829, porque a su regreso a Buenos Aires se encontró con la guerra civil; “preferí un nuevo ostracismo -le dice- a tomar ninguna parte en sus disensiones, pero siempre con la esperanza de morir en su seno”.

En la misma carta, San Martín también le refiere a Rosas las precarias condiciones de salud en que se encontraba: “seis años de males no interrumpidos han deteriorado mi constitución, pero no mi moral, ni los deseos de ser útil a nuestra patria”. En consecuencia, le ofrece sus servicios en el conflicto iniciado con Francia en marzo de ese año para servir a la patria honradamente, en cualquier clase que se me destine”.

Rosas con su respuesta, de fecha 24 de enero de 1839, procura satisfacerlo. A tal efecto le propone “prestar en lo sucesivo a esta República sus buenos servicios en Inglaterra o Francia”. Y le agrega: “Al hacer a usted esta franca manifestación, sólo me propongo darle una prueba del alto aprecio que me merece la importancia de su persona, recordando lo mucho que debe a sus afanes y desvelos la independencia de esta República, como también las de Chile y Perú; mas no exigir a usted ninguna clase de sacrificio que sea penoso, ni menos que se prive del placer que podrá tener en volver cuanto antes a ésta su patria, en donde su presencia nos sería muy grata a todos los patriotas federales”. Al respecto, San Martín le contesta el 10 de julio siguiente: “que destinado a las armas desde mis primeros años, ni mi educación, instrucción ni talentos no son propios para desempeñar una comisión de cuyo éxito puede depender la felicidad de nuestro país [...]”. Por lo cual, no acepta el ofrecimiento.

En ese mismo año 1839, Rosas lo designa ministro plenipotenciario en el Perú (17 de julio de 1839), cargo que San Martín, por las mismas razones, tampoco acepta.

Posteriormente, en 1848, en otra manifestación de su deseo de ayudar a San Martín, Rosas nombra a su yerno, Mariano Balcarce, oficial de la Legación Argentina en París, a quien después autoriza a acompañarlo si tuviera que retirarse de esa ciudad por los graves acontecimientos revolucionarios de que era escenario, como efectivamente ocurrió después.

Además, desde 1844, le rinde homenaje en todos los mensajes anuales que dirige a la Legislatura, lo que conforta espiritualmente a San Martín, según se lo hace saber expresamente en varias misivas.


2. LA SITUACIÓN DE LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA.

En cuanto al segundo eje de coincidencia, referente a la situación de la Confederación Argentina, San Martín se pronuncia categóricamente por la defensa de la soberanía y del honor de la República, “contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”, como lo expresa claramente en su testamento del 23 de enero de 1844, al legarle a Rosas el sable que lo había acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud.

Entiende, además, como lo expresa en carta del 10 de mayo de 1846, que la contienda con las dos primeras potencias de Europa “es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de la España”.

En consecuencia, le ofrece nuevamente sus servicios a Rosas. Éste le contesta, el 20 de mayo de 1847, diciéndole que: “La influencia moral de los votos patrióticos americanos de usted [...] importa un distinguido servicio a la independencia de nuestra patria y del continente americano, a la que usted consagró con tan glorioso honor sus florecientes días”. Hecho que se había puesto en evidencia en 1845 en la famosa carta que San Martín le dirigió al cónsul general de la Confederación Argentina en Londres, Jorge Federico Dickson, que fue publicada en los periódicos ingleses. Y, posteriormente, en 1849, en otra carta dirigida al ministro Binau en Francia.

A su vez, San Martín, en una extensa carta del 2 de noviembre de 1848, le manifiesta que “A pesar de la distancia que me separa de nuestra patria, usted me hará la justicia de creer que sus triunfos son un gran consuelo a mi achacosa vejez. Así es que he tenido una verdadera satisfacción al saber el levantamiento del injusto bloqueo con que nos hostilizaban las dos primeras naciones de Europa; esta satisfacción es tanto más completa cuanto el honor del país no ha tenido nada que sufrir, y por el contrario presenta a todos los nuevos Estados Americanos un modelo que seguir”.

Y en marzo de 1849, Rosas le contesta: “Aprecio intensamente las benévolas expresiones en cuanto a mi conducta administrativa sobre el país en la intervención anglofrancesa, en los asuntos de esta república. La noble franqueza con que Usted me emite sus opiniones da un gran realce a la justicia que Usted hace a mis sentimientos y procederes públicos. Nada he tenido más a pecho en este grave y delicado asunto de la intervención, que salvar el honor y la dignidad de las Repúblicas del Plata, y cuanto más fuertes eran los enemigos que se presentaban a combatirlas, mayor ha sido mi decision y constancia para preservar ilesos aquellos queridos ídolos de todo americano”. Y concluye con estas precisas palabras de homenaje al General San Martín: “Usted nos ha dejado el ejemplo de lo que vale esa decisión y no he hecho más que imitarlo”.


3. LA SITUACIÓN EUROPEA.

En lo que se refiere al tercer eje de coincidencia, sobre la alterada situación europea, ante la revolución social iniciada en Francia son los graves sucesos de febrero de 1848 en París y su amenaza de extenderse al resto de Europa, San Martín, en carta a Rosas del 2 de noviembre de 1848, escrita desde Boulogne Sur Mer -que ya hemos citado- se pronuncia por la defensa de los valores tradicionales contra la acción subversiva de los revolucionarios, según afirma: “por las predicaciones diarias de los clubes y la lectura de miles de panfletos”. Cabe agregar que en correspondencia paralela al mariscal Ramón Castilla, San Martín se refiere concretamente a “los desorganizadores partidos de terroristas, comunistas y socialistas, todos reunidos al sólo objeto de despreciar no sólo el orden y civilización, sino también la propiedad, religión y familia” (15 de abril de 1849).

Rosas le responde en consonancia, en carta de marzo de 1849 -también citada- atribuyendo los males del momento a que “los clubes, las logias y todo lo que ellas saben crear de pernicioso y malo, tienen todo predominio”, por lo cual, continua: “no es posible atinar qué resultados traigan, y si la parte sensata y juiciosa triunfará al fin de sus rapaces enemigos y cimentará el orden en medio de tanto elemento de desorden”.

Finalmente, en su última carta a Rosas, del 6 de mayo de 1850, a tres meses de su desaparición, San Martín lo felicita: “Por tantos bienes realizados [...] como igualmente a toda la Confederación Argentina”. Y le agrega, con palabras de honda gravitación y trascendencia: “Que goce Usted de salud completa, y que al terminar su vida pública sea colmado del justo reconocimiento de todo argentino, son los votos que hace y hará siempre a favor de Usted su apasionado amigo y compatriota”.

Rosas le contesta el 15 de agosto de 1850, en carta que ya no llegará a su conocimiento, en los siguientes términos: “Sólo me resta devolver a usted, a nombre de la Confederación Argentina y mio, las felicitaciones que nos dirige, deseando que el viejo soldado de la independencia pueda vivir largos años en salud, para que veames nuestra querida patria independiente, tranquila, libre y feliz”.

Así quedó rubricada esta relación, tan singular como trascendente, de la cual el sable del Libertador es un símbolo imperecedero.