miércoles, 18 de enero de 2023

Malvinas - Armando Alonso Piñeiro - Creación de la Comandancia en Malvinas

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En el diario La Prensa, del 7 de junio de 2009, se publicó en la columna "Los fantasmas del pasado" un artículo sobre el decreto de creacinó de la Comandancia política y militar en Malvinas

A 180 años de otro aniversario malvinense

por Armando Alonso Piñeiro 


Con motivo de cumplirse el próximo miércoles 180 años de haber sido creada la Comandancia Política y Militar de las Islas Malvinas, resulta oportuno su recuerdo para reconfirmar por enésima vez la larga pertenencia del archipiélago a la soberanía argentina.

Fue el gobernador Martín Rodríguez quien, el 10 de junio de 1829, firmó el decreto correspondiente, haciéndose eco de lo cual el periódico “La Gaceta Mercantil” diría: “Una de las medidas más importantes del gobierno actual ha sido la organización política y militar de las islas Malvinas y de los terrenos adyacentes al estrecho de Magallanes”.

Por aquella época el archipiélago tenía un fértil territorio poblado por cuarenta mil cabezas de ganado, cuyos primeros antecesores habían sido soltados por los españoles siglos antes. Miles de caballos salvajes retozaban por su áspera geografía y los lobos marinos constituían una tentación para posteriores explotaciones.

El gobierno de Buenos Aires designó en la fecha antes citada a Luis Vernet como comandante político y militar. Se trataba de un personaje tan curioso como polémico, de nacionalidad francesa. Luego de peripecias por Alemania y Estados Unidos, recaló en Buenos Aires en 1817, donde se hizo empresario y al poco tiempo compró tierras ¡en las islas Malvinas! Parecía evidente que su destino estaba inevitablemente entroncado con ellas, pues fue quién informó puntillosamente al gobierno sobre las características geográficas y zoológicas antes resumidas.

En su carácter de funcionario oficial de la Argentina, Vernet cuidaba celosamente de los intereses territoriales, vigilando la pesca y la caza clandestinas, a pesar de que carecía de poder militar. Sin embargo, en enero de 1831 se dio el lujo de apresar a una goleta estadounidense -la ‘Harriet’-, y siete meses después se apoderó de otra nave pesquera -‘Beakwater’-, brevemente, porque pudo huir. Otra goleta, la ‘Superior’, no tardó en caer en sus manos.

En su momento me ocupé de estos episodios, manifestando que “estos hechos, particularmente el incidente con la “Harriet”, motivaron finalmente un incidente diplomático con el gobierno norteamericano. En Buenos Aires, el encargado de negocios Jorge Slacum tomó cartas en el asunto, pero encontró una firme resistencia en nuestro ministro de Relaciones Exteriores, Tomás Manuel de Anchorena, quien no se dejó amedrentar por el tono insolente y desmedido del diplomático norteamericano”.

Se produjeron otros acontecimientos, como la incursión bucanera de otra nave de los Estados Unidos, la “Lexington”, que apenas si pudo llevarse parcialmente una carga de pesca ilegal.

Pero llama la atención que tales acontecimientos no hayan sido centro de la preocupación de Gran Bretaña, cuyo gobierno no intervino ni ante Washington ni ante Buenos Aires, lo que debía haber hecho si sus pretensiones de soberanía hubieran sido legales, como lo diría efectivamente años después -luego de 1833, con la invasión del archipiélago-, al afirmar que el mismo había sido descubierto por exploradores ingleses.

Ya está suficiente y largamente probado que tales exigencias eran insanablemente nulas. Ni siquiera habían protestado cuando, en 1820, la fragata argentina “Heroína”, al mando del coronel de marina David Jewett, enarbolara la enseña nacional en territorio malvinense (Jewett había sido oficial de los Estados Unidos, pero luego prestó oficialmente servicios al gobierno de Buenos Aires, comandando la citada nave, declarada “al servicio del Estado argentino”).

Son todos hechos históricos significativos que deberían ser evocados oficialmente en ocasión de cada aniversario, porque esto constituiría una campaña permanente y sin vacíos, reiterando la indeclinable soberanía de nuestro país en el archipiélago que -aunque el autor de esta columna y sus lectores no lo veamos- pasará inexorablemente a integrar de hecho el ya extenso territorio nacional. Son, pues, los fantasmas del pasado que se alían solidariamente para hacer realidad un sueño de 176 años.