miércoles, 20 de septiembre de 2023

Indigenismo

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En  el diario La Prensa del día 18 de julio de 1989, fue publicado este interesante artículo sobre el indigenismo.

Exótico y artificial
Rebrote indigenista

por Víctor  E. Ordóñez 

En la Argentina se viene articulando desde hace tiempo —en los últimos años al compás de cierta cultura gramsciana— un proceso indigenista.

Es una ideología más, una moda intelectual pero, por sobre todo un instrumento para forzar un replanteo de la identidad y del destino nacionales. En alguna oportunidad anterior nos hemos referido en este mismo espacio a esta problemática que no debe ser descuidada porque toca a lo más íntimo y raigal de la nacionalidad cuestionando, igualmente, las relaciones internas de una sociedad que ha comenzado a ser amenazada con su disolución (o, quizá mejor, su autodisolución) mediante la implantación de una ruptura con su pasado y con su futuro. Lo que puede ser simplemente fatal porque una nación es en lo esencial, continuidad.

Esta reflexión viene a cuento ante las actividades del Equipo Nacional de Pastoral Aborigen dependiente de la Conferencia Episcopal Argentina que se ha propuesto (y ha propuesto al resto de la sociedad) un programa de acción del que lo menos que podemos decir es que es exótico y artificial.

Convocó a una llamada “Semana del Aborigen” a finales del mes de abril sobre un temario cuyos puntos más ilustrativos destacamos. “Promover en la comunidad nacional el reconocimiento de que somos un país pluriétnico y pluricultural". Nuestro  comentario al respecto es que así dicho la afirmación formulada sin matices ni condicionamientos suena  abrupta y gruesa. Además se advierte  —esto parece obvio— que estos supuestos pluralismos se limitan en la intención del equipo a las parcialidades aborígenes dejando de lado los riquísimos y decisivos aportes de otras razas, otros pueblos y otras culturas. Pero lo que no se puede pretender —y hay que llamar la atención sobre este punto porque la conclusión se encuentra difusa e implícita en la redacción— es que las etnias indígenas integren lo que habitualmente se denomina "ser nacional".


La Argentina no es un país indio

La Argentina –y esto parece indiscutible— no es un país indio, ni siquiera mestizo en el sentido ni en el  modo en que lo es casi todo el resto del continente. Por supuesto esta observación no se formula en detrimento de nada ni de nadie sino en aceptación de un dato sociológico y cultural evidente. Y, finalmente, cabría preguntarse qué beneficio traerá a la Argentina como colectividad y a los aborígenes como individuos, la aceptación de semejante presupuesto. Un presupuesto que, insistimos, reputamos falso con el contenido que sugiere: nuestro país visto como un país indígena.

A un criterio como el que denunciamos responde, sin duda alguna la formulación de otro objetivo de la comisión: "Fortalecer en las bases la conciencia de su identidad y que sea respetada su propia cultura”. Intención oblicua, expresión equivoca, semejante propuesta encierra los peores peligros. La Nación es un todo, un todo complejo y tensionado pero fundamentalmente homogéneo y que como tal todo tiende —y debe tender— a la incorporación, síntesis y confusión de sus partes y elementos. Lo contrario es la anarquía, la destrucción,  la muerte del conjunto social, la pérdida de su unidad y la deformación de su identidad. Fortalecer en las bases una conciencia de una supuesta identidad —que en la realidad de los hechos es un producto típicamente ideológico— es introducir un nuevo factor de discordia y de alteración. La Nación lleva a cabo esa delicada e interminable labor de síntesis, de suma y de resumen en bien y con enriquecimiento de ella misma y también, de las partes que concurren a integrarla,  llámese provincia, región o etnia.

Afirmar con interés dialéctico, la individualidad de la parte frente a la omnicomprensión del conjunto es alterar del peor modo la naturaleza de las cosas, el orden espontáneo y la propia voluntad colectiva de la sociedad que, diríamos instintivamente, busca y desea Ja armonía a través del equilibrio. Creemos que la conciencia de ¡a identidad a que se refiere la preocupación eclesial, no es sino una toma de posición no sólo diferenciada sino contraria y beligerante frente a ese todo que es la Argentina. Y no se ha de olvidar que, como enseñan los filósofos, el todo es mayor que la parte

De cualquier manera, el hecho que nos hallemos discutiendo a esta altura de nuestro proceso evolutivo acerca de la integración nacional y de los puntos de tensión que el proceso mismo supone, demuestra lo peligroso de estas imaginerías y lo ficticio de su contenido.


“Formación de la Iglesia autóctona”

Una proposición final del documento de la comisión causa asombro al no católico y literalmente espanto al creyente. "Acompañar y alentar la formación de la Iglesia autóctona”.

¿Qué se quiere decir con semejante expresión que suena a los oídos sensatos como un exabrupto? ¿Cómo se debe entender este proyecto? ¿Se está proponiendo desde las filas mismas de la Iglesia Católica argentina la formación de una nueva organización religiosa de exóticos caracteres localistas en oposición a la universalidad el catolicismo?

A decir verdad no creemos que ésa haya sido la intención de los redactores de la declaración pero no se podrá negar que la utilización de una fórmula tan poco feliz es riesgosa, da lugar a múltiples y opuestas interpretaciones y no se condice con la suma precisión con que estos trabajos son y deben ser elaborados. Por lo demás, no se ha de descuidar la circunstancia del contexto cultural, y de las tendencias teológicas en que esta declaración se produce.

Pero resta aún una cuestión de igual trascendencia. Porque queda claro que estas manifestaciones indigenistas —que integran un largo proceso de alteración y de desinformación— presuponen el rechazo y la condena de todo el esfuerzo hispano de cristianización de América que hoy es la unidad histórica que contiene el mayor número de católicos. Todo esto es abandonado, negado y  desechado de un solo golpe por esta comisión que propicia la formación de una Iglesia autóctona.

Acusación de etnocidio

Sin embargo, la cuestión de fondo de este planteo revisionista —al que se le agrega ahora este desvarío teológico— es que consiste en cuestionar no sólo la conquista sino la concepción de cristianidad en cuyo nombre se llevó a cabo.

La meritoria Junta de Historia Eclesiástica salió al cruce de estas  suposiciones tan anticientíficas. Niega el genocidio, que es un lugar común en esta literatura revisionista en base a datos concretos y verificados con aceptable aproximación a la llegada de los españoles no había 75 millones de indios —que sería el número de víctimas de la conquista— sino poco más de trece. Este simple aporte echa por tierra cualquier pretensión de etnocidio, resta validez y seriedad al programa de la comisión y arroja una fuerte sospecha sobre sus intenciones.

Proponer un apostolado a partir de errores tan gruesos —sosteniendo la reivindicación de presuntas víctimas jamás acreditados a la luz de un análisis histórico sereno— no sólo indica una radical mala fe o una improvisación inadmisible en una comisión eclesiástica sino que adelanta el signo y la perversidad de ese apostolado.