lunes, 1 de junio de 2009

Editorial

    Publicado en el Periódico El Restaurador - Año III N° 11 - Junio 2009 - Pag. 2 

EDITORIAL

Hace un poco más de tres meses atrás, -cuando el número anterior de este periódico, se encontraba en prensa- los argentinos nos sorprendimos por una noticia: El personal militar perteneciente al Regimiento de Granaderos, que tenían su asiento en Yapeyú -ciudad en la que nació el Libertador-, abandonaban por unos días la custodia del templete que resguardan los restos de la casa natal del héroe de todos los argentinos y tampoco participarían del tradicional desfile que se realizaría en esa Ciudad como es costumbre todos los 25 de febrero, para celebrar el nacimiento del General.

Con una excusa pueril, se ordenó a esos efectivos de Granaderos acantonados en Yapeyú, su desplazamiento a la Ciudad de Buenos Aires para que no estuvieran presentes en esa fecha. La causa real del retiro de los efectivos, fue que en los actos conmemorativos participaría el Vicepresidente de la Nación.

Así, el día que se cumplía el 231º Aniversario del nacimiento del Gral. San Martín, ningún miembro del regimiento que él creó se encontró en Yapeyú. El templete quedó sin la guardia correspondiente por primera vez, desde que fue construido y el tradicional desfile cívico militar tampoco contó con su presencia, ni de otras fuerza militares. TODO UNA VERGÜENZA.

El motivo de tamaño desatino: la situación creada entre la Presidente de la Nación y el Vicepresidente, que no nos toca a nosotros ni analizar ni comentar ya que es de público conocimiento.

Desde estas páginas no tomamos partido alguno, sino simplemente señalamos humildemente un hecho que consideramos como una afrenta a la memoria de nuestro Libertador y que ningún argentino puede convalidar ni aprobar y que cada uno también juzgará. Esperemos que hechos de esa naturaleza no se vuelvan a repetir.

Nuestro máximo prócer, como un cóndor, está por encima de toda bandería política y pertenece a todos los argentinos. Merece el respeto y reconocimiento de todos por lo que nos dejó y por su ejemplo permanente, y ese respeto y consideración debe ser mayor por quienes circunstancialmente ejercen el gobierno.