martes, 1 de marzo de 2011

Omar López Mato y la Vuelta de Obligado

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año V N° 18 - Marzo 2011 - Pags. 15 a 19 

Cara y ceca de Obligado 

Omar López Mato y la Vuelta de Obligado (¿Mas inexactitudes a designio?)

                                                                       Por Norberto Jorge Chiviló

“A la gente sin conocimientos de historia, el libre cambio los atonta y convierte en idiotas útiles de las potencias de turno…”

Combate de Vuelta de Obligado
Aduana de Buenos Aires (1)

 

Esta es mi opinión sobre este mal que aquejaba y aqueja –entre otros– a muchos argentinos. El desconocimiento de ciertas circunstancias históricas, crea una ilusión de que el libre cambio entre una economía con una industria altamente desarrollada y otra en desarrollo, es beneficioso para esta última. Es bueno para todos conocerlos.

Defendiendo los intereses nacionales y con la intención de defender a las industrias del interior, además de defender la soberanía e independencia nacional, Rosas sostenía la tesis y el derecho de limitar la navegabilidad de los ríos solamente para los navíos argentinos –demás estaría decir que de cualquier provincia–, impidiéndoles tal derecho a los extranjeros, –para llegar a las provincias argentinas del litoral, entre ellas Corrientes y Paraguay–, de igual modo como las dos mas grandes potencias de la época, Inglaterra y Francia además de otras potencias europeas, hacían en sus respectivos territorios y en los de sus colonias.

Una de las muletillas muy usadas por los antirrosistas es la de afirmar que con el control que Rosas hacía de la Aduana de Buenos Aires, se perjudicaba a los pueblos del interior y que quería impedir el comercio con los puertos interiores, para beneficio de Buenos Aires y que la política económica de aquella época implicaba un atraso en las economías provinciales y que este gobernante solo miraba sus intereses particulares y la de sus amigos.

Quienes esto con tanta liviandad afirman, en primer lugar desconocen hechos ocurridos en nuestra historia. En primer lugar debemos repetir una vez más que Rosas nunca antepuso los intereses particulares y de clase a los de su patria. Ya en el año 1839 y durante el primer bloqueo francés, debió hacer frente a la mal llamada “Revolución de los Libres del Sud”, promovida por los ganaderos del sur de la Provincia, quienes se veían perjudicados económicamente al no poder exportar su producción de cuero y tasajo a raíz de ese bloqueo. Rosas actuó a favor de la Patria y en contra de los intereses económicos de los de su clase (Véase ER Nº 13). Lo mismo podríamos decir del bloqueo anglofrancés de seis años después. De haber guardado Rosas los intereses de los de su clase hubiera arreglado sin más con los interventores, tomando el camino contrario al que tomó, de defensa de los intereses nacionales.

Estas personas desconocen también que a fines del año 1835 Rosas dictó la Ley de Aduanas, con la cual se protegió a las industrias del interior del país frente a la introducción indiscriminada de los productos extranjeros que eran más baratos y mejor elaborados, fabricados especialmente en Inglaterra y Francia en pleno auge del industrialismo, que hubieran significado la ruina de esas industrias artesanales argentinas y que de ninguna manera podían competir con aquellas. Justamente con la caída del Dictador a raíz de Caseros, esa ley fue dejada sin efecto y así comenzó el deterioro y la decadencia del interior del país. La libre navegación de los ríos con el librecambio consiguiente que ello aparejaba y que trataban de imponer por la fuerza las potencias agresoras Francia e Inglaterra en todo el mundo y en lo que a nosotros concierne, en el Río de la Plata, y que para muchos escritores de otrora y actuales, entre los que se cuentan López Mato, hubieran sido beneficiosas para nuestro país, en verdad solo era beneficiosa para esas potencias. La revista publicada en París, Revue des Deux Mondes, en su número del 1° de julio de 1838, señalaba: “…nuestra navegación de comercio, nuestras relaciones mercantiles y el establecimiento de los franceses en la costa opuesta del Atlántico, tomarán un inmenso desarrollo, útil para nuestros intereses y ventajoso, a la vez, para nuestra gloria…”

¿Puede haber personas tan ingenuas que piensen que esas potencias pretendían beneficiarnos…?

¿Cómo podía competir, por ejemplo, la producción de nuestros telares caseros y por lo tanto artesanales con los telares existentes en Europa?

Si bien al acceder Rosas al gobierno de la provincia de Buenos Aires en su primer mandato 1829fue localista y defensor de los derechos de su provincia, su posición fue variando paulatinamente para tomar una posición nacional y ya en su segundo mandato –iniciado en 1835– al frente de la Confederación, pasó a ser proteccionista con el dictado de la mencionada Ley de Aduanas, que al fijar aranceles altos y diferenciados para la introducción de productos extranjeros –según los distintos productos– tendió a la protección de las diversas economías regionales.

La aduana vieja
La aduana vieja. Emeric Essex Vidal.


Para nuestro país, la posición correcta fue la adoptada por Rosas y no la de aquellas potencias, cuyo único objetivo era hacerse de nuevos territorios, extender su comercio y la venta del excedente de su producción industrial y a la vez proveerse de diversa materia prima. El interés de aquellas potencias eran las de beneficiar a sus industrias y población y no beneficiar a las nuestras, como todos los documentos y discursos de sus políticos lo pusieron de manifiesto. Creer lo contrario es muy ingenuo.

Con respecto a la cuestión de la Aduana de Buenos Aires, es menester aclarar que sus ingresos tenían también un destino nacional, pues con ellos se armaba y mantenía el numeroso ejército nacional de la Confederación y se mantenía también su eficiente cuerpo diplomático.

Los autores antirrosistas solo se limitan a decir con frases altisonantes y de cliché, que Rosas controlaba la Aduana de Buenos Aires y que impedía el comercio con el interior. Ello no es cierto e implica desconocer cual era el procedimiento empleado con las mercaderías en tránsito hacia otros puertos del Litoral, con las Guias y Tornaguias.

En sistema era el siguiente: cuando un navío se presentaba en el puerto de Buenos Aires, con mercaderías extranjeras con destino a un puerto litoraleño, en la Aduana debía abonar los correspondientes impuestos por los productos que pretendía ingresar, extendiéndosele por esa mercadería en tránsito una Guia. Las mercaderías eran embarcadas en naves de cabotaje de bandera nacional y cuando dicha mercadería era desembarcaba en el puerto de destino, se pagaban allí los derechos de importación que correspondían de acuerdo a la Ley de Aduanas de la provincia de destino, otorgándosele una Tornaguia, en la que debía constar todo ello. Ya de regreso las naves de cabotaje, se presentaba toda esa documentación en la Aduana de Buenos Aires, la que procedía a la devolución de los derechos retenidos en un principio. Así esa mercadería con destino a otra provincia no pagaba derechos de introducción en Buenos Aires –como muchos mal afirman– sino en la provincia de destino y de acuerdo a los aranceles que fijaban su propia Ley de Aduana.

El desconocimiento o la mala fe con la cual se hacen afirmaciones sin ton ni son y que desde el vamos son consideradas por algunos como verdaderas, sin haberse analizado los hechos, descalifican a quienes las realizan y mas si estamos hablando de hechos históricos que deberían ser conocidos por quienes se dicen “historiadores”.

Afirma López Mato que “No sin razón, la provincia de Corrientes fue protagonista de periódicos alzamientos contra Buenos Aires encabezados por Ferrer y Madariaga y reprimidos prolija y despiadadamente por Echagüe y Urquiza”.

Los alzamientos protagonizados por algunos gobernantes correntinos, como Berón de Astrada, Ferré (no Ferrer, como figura en el artículo de López Mato) y Madariaga, contra la Confederación Argentina, siempre contaron con el concurso y el apoyo de potencias extranjeras.

Sería conveniente también que López Mato se informara convenientemente sobre Pedro Ferré, quien fuera en varias oportunidades gobernador de su provincia y uno de los personajes históricos más importantes de Corrientes, que había estado sucesivamente con Rivadavia, con Rosas, con Lavalle, con Paz, con Urquiza y con Mitre y sucesivamente estuvo también en contra de cada uno de ellos. En 1831 cuando se firmó el Pacto Federal, Ferré fue proteccionista y Rosas localista –como ya manifesté– para después dejar de serlo; primero fue enemigo de los extranjeros y luego en 1840 apoyó la intervención francesa. Fue contrario a Rosas, cuando este se opuso a la libre navegación de los ríos interiores, pero cuando en la Convención constituyente de 1852, se estaba discutiendo la libre navegación de los ríos, querida por Urquiza, esta vez se opuso a ella y fue alejado de la Convención.

Sería interesante que López Mato conociera lo que Ferré en su “Memoria”, dice de Rosas después de llamarlo “tirano”, “… no desconozco en él ni dejaré de elogiar la firmeza de carácter en sostener los derechos de la Nación contra miras extrañas”.

López Mato, dice, en el párrafo precedentemente señalado refiriéndose a Ferré y Madariaga que fueron “reprimidos prolija y despiadadamente”. En realidad, la guerra era despiadada para unos y para otros, ¿o los unitarios y sus aliados no actuaban despiadadamente…?.

En el año 1839, en pleno bloqueo francés, Ferré, Gobernador de Corrientes, alzado contra el gobierno de la Confederación, y aliado de los franceses, había armado un ejército de aproximadamente 1500 hombres a cuyo frente había puesto a Lavalle como jefe. En febrero de 1840 el ejército de Ferré y Lavalle iniciaron la invasión de Entre Ríos, gobernada en esos momentos por Pascual Echagüe. ¿Conocerá López Mato los términos de la Proclama con la cual se inició la invasión?, que decía: "¡derramad a torrentes la inhumana sangre, para que esta raza maldita de Dios y de los hombres no tenga sucesión!”

Juzgue quien esto lea si esta sangrienta proclama no era una invitación a actuar despiadadamente contra los federales!

Cuando Francia en 1838 y Francia e Inglaterra como aliadas en 1845, siendo las dos potencias marítimas y comerciales mas importantes de mediados del Siglo XIX, quisieron imponer su política imperialista en esta parte del continente americano, como lo habían hecho con total éxito en otras partes del mundo y lo continuarían haciendo con posterioridad en otras, levantando las banderas del libre cambio, la libre navegación de los ríos y supuestos fines humanistas –derrocar a una “tiranía”– encontraron aquí a intelectuales afrancesados, quienes gustosos se plegaron y rindieron a esa banderas –que solo servían para engañar a tontos–, encandilados por todo lo que venía de la Europa, que consideraban superior a lo criollo.

Pero aquí había un pueblo, que guiado por un gran caudillo –Juan Manuel de Rosas– no eran fácilmente engañables ni se los podía comprar con espejitos de colores. Este gobernante argentino, honesto, insobornable, tenaz, astuto y que anteponía los intereses de la Patria Grande a los intereses de clases y facciones, no se dejó amedrentar, pese a que los personeros de estas potencias se presentaron al frente de formidables flotas y con los mejores medios de combate de la época, y al frente de su pueblo los enfrentó y en definitiva los venció.

Rosas hacía efectivo el siguiente principio que rigió durante todo su gobierno en lo que a política internacional se refiere: “Paz y amistad con los que nos respetan, y la guerra a muerte a los que se atrevan a insultarnos”

Como justificativo de la intervención anglofrancesa, López Mato dice que fué  “por la intromisión de Rosas en los asuntos internos del Uruguay, apoyando a su amigo Oribe”, “olvidándose” este escritor que la intromisión en los asuntos internos del Uruguay, lo fue en realidad por parte de Francia en 1838, cuando con la intención de crear un protectorado francés en la otra orilla del Plata –de lo cual hay mas que suficientes pruebas–, promovió y ayudó a Fructuoso Rivera, para derrocar al legítimo presidente del Estado Oriental, Manuel Oribe, a quien Rosas, reconociéndolo como legítimo Presidente –que lo era– siempre ayudó para recobrar el poder. La ayuda de franceses primero y luego también de ingleses a Fructuoso Rivera y a los disidentes “argentinos”, en su lucha contra el Presidente legítimo uruguayo Manuel Oribe y su aliada la Confederación Argentina, fue una constante y era una verdadera intromisión de estas dos grandes potencias en los asuntos internos de los dos países del Plata. Con astucia, López Mato invierte la situación cuando dice “por la intromisión de Rosas”, y hace recaer todo el peso de la situación en Rosas, cuando en realidad la cuestión se inició por la intromisión de los franceses y argentinos unitarios quienes incentivaron a Rivera para el derrocamiento del legítimo presidente constitucional uruguayo, provocando así la ruptura del orden constitucional, que fue lo que decidió la ayuda argentina a Oribe.

Por otro lado se equivoca también López Mato cuando afirma que Rosas quiebra el Pacto del Cuadrilátero por cuanto Oribe “ya había sido general del ejército en Argentina”. En realidad el “Pacto”, es el “Tratado” denominado del “Cuadrilátero” el firmado en 1822 siendo un “Tratado de Paz, Amistad y Unión, entre las Provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes”. He vuelto a leer los términos del Tratado mencionado y nada de lo allí tratado se relaciona a lo afirmado por López Mato; con esa imprecisión sí se mata la historia!

En otro párrafo de su trabajo López Mato afirma muy suelto de cuerpo que nuestra nación estaba “laxamente unida por pactos que nadie se esforzaba en cumplir, comenzando por el llamado Restaurador de las Leyes”. Hubiera sido interesante que mencionara cuales pactos fueron incumplidos por el Restaurador y en que condiciones y no echar afirmaciones al voleo sin ningún rigor historicista, tal como pasó con lo que había afirmado respecto del “Pacto del Cuadrilátero”, que dicho sea de paso sí fue violado por Ferré, que también violó el Pacto Federal o del Litoral de 1831 al aliarse y prestar apoyo a una potencia extranjera.

Ya yendo al tema de la Vuelta de Obligado, coincidimos plenamente con él cuando afirma que Rosas debió enfrentar “a los dos Imperios más grandes del planeta” los que contaban “con el apoyo de …todos los disidentes argentinos que vivían en la sitiada Montevideo”, y sobre el poderío impresionante de la flota invasora de 90 buques mercantes y 20 naves de guerra, agregando nosotros que muchas de ellas eran de las más modernas y a vapor, y que solamente dependían de sus máquinas para navegar, y creo, que nunca antes se habían visto por estas costas.

En cuanto a que Rosas ofreció “débiles” o “muy débiles defensas”, no sé… me parece que no…, creo que a López Mato, el árbol (su odio a Rosas) le impide ver el bosque (la férrea defensa de la Independencia y el Honor Nacional). Si a López Mato le parece una débil defensa, la que se le opuso a la flota invasora durante casi diez horas de intensa y fiera lucha, con medios dispares de fuerza, fiereza que fue reconocida incluso por los comandantes extranjeros, creo que a este escritor le falla la objetividad histórica. Si haber juntado y aprontado en tan poco tiempo los medios materiales y humanos con las que se enfrentó a los enemigos, le parece a López Mato que Rosas opuso débiles defensas, me parece que es descontextualizar los hechos. Si no se pudieron juntar mayores materiales y recursos humanos, fue porque no se pudo, y para hacer esta afirmación, tengo también en cuenta que en esos momentos el grueso del ejército de la Confederación se encontraba sitiando la Ciudad de Montevideo en poder de Rivera, ayudado éste por los “argentinos” emigrados y las legiones de franceses e italianos principalmente, armados por ingleses y franceses y que el bloqueo por los anglofranceses había sido dispuesta el 18 de setiembre de 1845, es decir dos meses antes de desarrollada la batalla. ¿Había tiempo de juntar mas materiales y hombres?, además tampoco se sabía cual era la real estrategia de los interventores, ¿atacarían Buenos Aires?, ¿desembarcarían en algún punto de la provincia?, ¿pasarían los barcos por donde en realidad lo hicieron o pasarían por otro brazo del río?. Téngase presente que se había fortificado otro posible paso. Después de ocurridos los hechos es fácil saber que los interventores pasaron por Obligado, pero en ese momento no fue tan fácil saberlo. En el momento en que ocurren los hechos no es tan fácil solucionar esas cuestiones y saber como actuará el enemigo, sobre todo cuando se está en la defensiva. Ahora es más fácil opinar como pretende hacerlo López Mato, cuando los hechos ya ocurrieron y sabemos sus resultados.

En cuanto a su afirmación de que las cadenas que cerraban el paso estaban defectuosamente ancladas, es la primera vez que lo leo. No creo que haya sido así, sobre todo por el trabajo que les costó a los interventores sortearlas.

Sí es verdad que parte de los defensores eran paisanos de la zona de San Pedro, pero otros eran de Baradero, San Antonio de Areco, todos reclutados rápidamente como ya se expresó y también intervinieron tropas adiestradas y mandadas desde los Cuarteles de los Santos Lugares –actual localidad de San Andrés, Ptdo. de Gral. San Martín, Pcia. de Buenos Aires– y de la Ciudad, siendo estas tropas de línea –sobre todo artillería e infantería del Regimiento de Patricios– debidamente entrenados, lo que quedó demostrado por su desempeño en el combate.

Después de hablar de la “escasa”, menos mal que después destaca la “heroica” resistencia ofrecida por los “porteños”. En cuanto a lo de “porteños”, me parece que este autor se contradice, pues antes había afirmado que las tropas estaban formadas por “paisanos de la zona” –de Obligado– y ellos en realidad no eran “porteños”. Pero porteños o no y aunque la mayoría pudieran ser bonaerenses, eran sobre todo argentinos y eso es lo que interesa, ¿o aquí también queremos hacer diferencias entre “porteños” y “provincianos”? ¿Qué importancia tiene?

En uno de sus párrafos finales López Mato destaca el heroísmo de los combatientes argentinos y de algunos de los oficiales argentinos –Thorne, Mansilla, Alzogaray y Rodriguez–, al cual adherimos, pero tras cartón dice: “que enfrentaron a un ejército muy superior por capricho, improvisación o vaya a saber que maquiavélicas tribulaciones del tirano, que especulaba con la derrota para tomar el papel de víctima ante los ojos del mundo”.

Vuelve este autor a revertir las posiciones, el enfrentamiento a un ejército muy superior, fue por ¿capricho…??, ¿de Rosas?, para López Mato, cual debió ser la respuesta de Rosas: “Sres. pasen libremente por nuestros ríos y hagan lo que Uds. quieran”…??, ¿improvisación…?, me parece que por los resultados, por el poco tiempo del que se dispuso, creo que las defensas fueron bien planteadas y no existió improvisación. Lo más importante fue que demostró que los argentinos aún con pocos elementos sabían defender su honor nacional y eso es lo principal, cuando se defiende la soberanía nacional no se especula si los medios de defensas son muchos o pocos, se defiende con lo que se tiene a mano, como bien ocurrió en aquella época, …vaya el poco patriótico sentido de algunos escritores… ¿maquiavélicas tribulaciones del “tirano”…?,  yo diría: genio del “tirano”, para resolver en definitiva una cuestión, logrando la firma de tratados que son gloria de la Nación y de la diplomacia de aquellos tiempos.

La gloria de Rosas no estaba en especular con la derrota para tomar el papel de víctima ante los ojos del mundo, como tan suelto de cuerpo se afirma en el artículo que contesto. De haber sido vencida la Confederación Argentina en la contienda, hubiera sido lo normal y a nadie hubiera llamado la atención, atento la disparidad de medios que existían entre los contendientes. Justamente la Confederación Argentina, un país casi desconocido en aquel momento en el mundo, fue más reconocida y respetada a raíz de la firme política de Rosas, y de las victorias diplomáticas conseguidas. Decir que Rosas especulaba con la derrota, es decir cualquier cosa y no conocer la verdadera personalidad de este gobernante.

La estrategia de Rosas, para poder vencer a ingleses y franceses, no era sencilla, ya que iba desde hacer conocer en Europa la justicia de la posición argentina mediante una hábil propaganda realizada con la publicación del “Archivo Americano y Espíritu de la Prensa del Mundo” redactado en varios idiomas y que se distribuía en el exterior a través de las Legaciones diplomáticas que nuestro país tenía en París y Londres principalmente, por un lado; la cohesión del frente interno, incluido el apoyo que le brindó la población de origen inglés aquí establecida, a quien Rosas no molestaba, por el otro y a la par deteriorar el frente interno de sus adversarios, mostrándolos como –lo que eran– contrarios al interés nacional; a su vez presionando a los ingleses, tenedores de títulos correspondientes a la deuda contraída en la época de Rivadavia con la banca Baring Brothers –con el cual se había hipotecado todo el territorio bonaerense primero y extendiéndoselo a todo el territorio nacional, después–, alegando la imposibilidad de pagarlos hasta tanto no se levantara el bloqueo; que pasara el tiempo que desgastara a los interventores y que les hiciera incurrir en mayores gastos del mantenimiento de tales flotas y desde el punto militar ofrecer la mayor resistencia posible –que hicieron posible Mansilla y sus soldados–, sabiendo y siendo conciente, que en este tema las condiciones por la disparidad de medios no eran favorables a los argentinos.

Todos esos factores, coadyuvaron para que los interventores y después de comprobar que ni Rosas ni los argentinos eran huesos fáciles de roer, trataran de encontrar una salida a la cuestión que habían provocado, enviando varias misiones diplomáticas –fueron seis misiones diplomáticas británicas y varias francesas– con proposiciones que fueron una a una rechazadas por el gobernante argentino, pues no llenaban las aspiraciones argentinas (algunas no reconocían la soberanía argentina sobre los ríos, otras solicitaban la devolución de los trofeos perdidos por los británicos durante las invasiones de 1806 y 1807, otra no querías desagraviar el pabellón nacional, etc.) y recién se logró la paz con los ingleses y franceses, cuando estos aceptaron llanamente las proposiciones de Rosas y se firmaron los tratados Arana-Southern y Arana Lepredour en 1849 y 1850 respectivamente, cuando fueron reconocidos la absoluta soberanía argentina sobre los ríos interiores y se procedió al desagravio del pabellón nacional, sin réplica por parte de nuestro país. A partir de estos tratados se normalizaron las relaciones diplomáticas (y por ende las mercantiles), con dichas potencias.

Las mulas viñateras de mendoza. Emeric Essex Vidal
Las mulas viñateras de Mendoza. Emeric Essex Vidal


San Martín en carta a Guido el 27 de diciembre de 1847 le decía con respecto a esas misiones diplomáticas que se dirigían al Plata : “Diré a Ud. que orejeo cada vez que veo dirigirse a nuestras playas a estos políticos, y a pesar de lo que se dice de los sinceros deseos que estos dos gobiernos tienen de concluir definitivamente las diferencias con nuestro país, de todos modos yo estoy bien tranquilo en cuanto a las exigencias injustas que pueden tener estos dos gabinetes, porque todas ellas se estrellarán contra la firmeza de nuestro don Juan Manuel”. 

Del manejo que Rosas que hizo de la cuestión, dio su opinión Estanislao S. Zeballos –tres veces ministro de relaciones exteriores de nuestro país durante las presidencias de Juárez Celman, Carlos Pellegrini y Figueroa Alcorta–  y que no fue justamente rosista, en su discurso como diputado en el Congreso de la Nación, en la sesión del 15 de diciembre de 1915, “…porque Rosas, tirano y condenado por la historia, era, sin embargo, un gran carácter y un gran talento, que impuso a las potencias europeas –a Inglaterra y a Francia aliadas– el reconocimiento absoluto de nuestra soberanía sobre el Río de la Plata y sobre los ríos interiores, que ellas codiciaban con sus cañones y que respetaron en los tratados, saludando a nuestra bandera… En 1845 llegó al Plata la abrumadora intervención anglofrancesa. Se libró el combate de Obligado, que no es un episodio insignificante de la historia argentina, sino glorioso, porque en él se defendían, se jugaba la suerte y el porvenir de nuestro país en estos términos: o el Río de la Plata es un mar libre, o es un río exclusivamente argentino; o los ríos interiores pertenecen a la República Argentina; o quedan abandonados al tratamiento del derecho internacional, como ríos libres entregados a la influencia de todas las banderas, cosa muy distinta de la libre navegación reglamentada por las leyes y decretos argentinos!” y en otra parte de su discurso realizó esta afirmación refiriéndose a como se imponía Rosas “con aquella su política de resistencia, diestra, grande y viril!”            

También y como a muchos escritores lo único que les interesa es buscar resquicios y detalles en la política de Rosas –que adrede deforman– solo por criticarlo. Para ellos todo lo que hizo Rosas es malo y lo hecho por sus enemigos y contrarios de adentro y de afuera era bueno, de rebote López Mato en otro párrafo dispara nuevamente contra Juan Manuel de Rosas, sobre algo que nada tiene que ver con Obligado, cuando lo acusa de no haber ayudado al Gral. Heredia (dice “dejó librado a su suerte al coronel Heredia”), –nombrado por Rosas–, en su lucha contra la Confederación Peruana-Boliviana de Santa Cruz, pero sin advertir al lector que en esos momentos 1838-39, la Confederación Argentina se encontraba asediada por Francia –aliada de Santa Cruz–. Heredia solo pudo contar con la ayuda de las provincias norteñas, pues Rosas debía hacer frente al bloqueo francés, y a la agresión unitaria al litoral, pero lo que es el colmo y raya el disparate es que López Mato, matando a la historia, atribuye al dictador argentino la pérdida de Tarija, cuando en realidad el Alto Perú, se perdió mucho antes, por la irreligiosidad y la imprudencia de ciertos personajes en su trato con la población de ese territorio, inmediatamente posterior a 1810 y Tarija especialmente se perdió durante el gobierno de Rivadavia. Es cierto que Rosas se negó a reincorporar Tarija a la Confederación Argentina por la fuerza, porque consideró que ello debía serlo cuando esa reincorporación contara con la aprobación de sus habitantes. No viene en este momento al caso de analizar tal situación, sino solo de mencionarla y mostrar como López Mato quiere tergiversar la historia. Me pregunto: ¿pero cómo, no es que este escritor reniega del nacionalismo?.

Cuando López Mato se pregunta respecto a la celebración del Día de la Soberanía: “¿Por qué se impone una celebración ajena al espíritu de muchos argentinos? ¿Por qué debe Corrientes adherir a una fecha como esta, lesiva a sus intereses?”, cabría preguntarle: de haber vivido Ud. en aquellos momentos. ¿Habría estado con los defensores argentinos o arriba de los barcos anglofranceses?. En vista de lo que leí, no estoy seguro que me contestaría. Sí estoy segurísimo que de hacerle esta pregunta a los hermanos correntinos, no me cabe la menor duda de que la inmensa mayoría contestarían que hubieran estado con los defensores.

La celebración del Día de la Soberanía y la memoria de todos aquellos que en esa memorable jornada del 20 de noviembre dieron su vida, no debería ser ajena al espíritu de ningún argentino –correntinos incluídos– bien nacido.

Me permito transcribir un párrafo del artículo que comento, dice López Mato: “De no haber estallado Europa como un polvorín en 1848 y si Urquiza hubiese tenido el coraje de separarse de la Confederación, el 20 de noviembre hubiese sido la fecha de la independencia de la Mesopotamia.” Esta afirmación es una gran verdad, si bien esta persona lo dice con nostalgia y con cierto dejo de lamento de que en la realidad no haya ocurrido así. Lea el lector nuevamente esa frase y analícela. ¿No es como yo digo?.

Justamente, la defensa férrea que se les opuso a los interventores en Obligado y en todo el desarrollo de la Guerra del Paraná (con los enfrentamientos de Acevedo, San Lorenzo, Tonelero, Punta del Quebracho y otros hechos menores) de la cual Obligado fue la primera batalla, se impidió lo que muchos unitarios y franceses e ingleses querían y que algún nostálgico de ahora se lamente: la secesión de Corrientes y Entre Ríos de la Confederación, para formar con el Uruguay y el Paraguay una República Mesopotámica. He aquí la gloria para todos los que lucharon en esas batallas y del jefe de la Confederación Argentina, pues de no haber estado Rosas en el Gobierno o de no haberse opuesto a los interventores, nuestra actual Argentina, no contaría con las provincias mesopotámicas. Aquí a López Mato no le interesa “la herencia virreinal”, como cuando injustamente y faltando a la verdad histórica le achacó a Rosas por la pérdida de Tarija. En fin…, así son ciertos escritores!

López Mato dice que años después de que Rosas fuera derrotado “la norma reguladora de la navegabilidad fue derogada, como persiste hasta la fecha, sin lesionar nuestra integridad nacional, pero aumentando nuestra capacidad comercial”. En realidad a un poco más de un año del derrocamiento de Rosas, con la sanción de la Constitución del 53 graciosamente abrimos nuestros ríos interiores a la navegación indiscriminada de buques extranjeros, lo cual trajo aparejada la paulatina destrucción de la marina de cabotaje de nuestro país.
Veamos otras de las inexactitudes de López Mato cuando dice: “San Martín desde Europa, quizás alejado de los detalles o informado por su yerno, funcionario rosista al fin, cedió su sable corvo al gestor de la débil defensa del Río Paraná”. No es cierto que San Martín haya cedido su sable corvo a Rosas como consecuencia de la “débil defensa del Río Paraná”. Cuando el Libertador redactó su testamento ológrafo el 23 de enero de 1844, en su cláusula 3ra. legó su sable al Restaurador, es decir un poco más de un año y medio antes de Obligado y lo hizo teniendo en cuenta el desempeño patriótico del gobernante argentino durante el primer bloqueo francés (1838-1840), si bien es cierto que el Libertador después de conocer los hechos de Obligado, escribió: “... Sobre todo, tiene para mí el general Rosas que ha sabido defender con toda energía y en toda ocasión el pabellón nacional. Por esto, después del combate de Obligado, tentado estuve de mandarle la espada con que contribuí a defender la independencia americana, por aquel acto de entereza, en el cual, con cuatro cañones, hizo conocer a la escuadra anglofrancesa, que pocos o muchos, sin contar los elementos, los argentinos saben siempre defender su independencia.”

¡Que claridad los dichos del Padre de la Patria!.

Personalmente me parece muy bien la instauración del feriado del 20 de Noviembre como “Día de la Soberanía”, pues un país debe honrar a sus héroes y a aquellos que forman su nacionalidad…, y vaya como ayudaron a formarla aquellos hombres y aquel gobernante!. ¿O es que los otros países del mundo no hacen lo mismo?. Sobre todo en nuestro país, al que muchas veces justamente se lo tilda de poco patriótico… un poco de patriotismo no viene mal!

Personalmente no estoy de acuerdo con el corrimiento de los feriados, pero esa es otra cuestión, ajena a la discusión de hechos históricos que es lo que en este momento me interesa.

(1) Fachada de la aduana de Buenos Aires. Antigua casona de los Azcuénaga. Dibujo de Kronffus.