jueves, 22 de octubre de 2026

Una derrota con sabor a victoria - Combate de Vuelta de Obligado - Oscar Denovi

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En noviembre de 2009, fue publicado en el periódico "Soberanía Nacional", Órgano de difusión de la Comisión Nacional Permanente de Homenaje a la Vuelta de Obligado, el siguiente artículo.


UNA DERROTA CON SABOR A VICTORIA

por Oscar Denovi


La confluencia de los ríos Paraná y Uruguay que forma el llamado río de La Plata, en realidad un estuario, en cuyas márgenes se erigen las ciudades capitales de dos países de raíz común, las Repúblicas de Argentina y Oriental del Uruguay, con sus respectivas concentraciones urbanas, Buenos Aires y Montevideo, en la margen derecha e izquierda respectivamente, del estuario mencionado, fueron escenario de una guerra prolongada en el siglo XIX, después de los combates librados contra España y el Brasil, en el primer cuarto de aquel siglo. En 1838, la Francia del rey Luis Felipe, interviene en nuestro río con una flota de guerra con infantes de marina, después de apoyar un golpe de estado contra el Presidente uruguayo, General Manuel Oribe, contra quien se subleva el General Fructuoso Rivera, que había presidido el país inmediatamente antes de Oribe. Francia se encontraba en pleno proceso de expansión territorial por entonces, y tenía sus miras puestas en una porción del territorio argentino que agentes franceses radicados en Montevideo creyeron fácil de conquistar con el apoyo de uruguayos y argentinos unitarios emigrados, que se enfrentaban con el gobierno argentino, y con el apoyo del gobierno de Rivera, armaban ejércitos para derrocar al gobierno de este lado del rio.

Tal apoyo de estas latitudes, resultaba necesario a los planes de Francia, para disimular sus propios intereses bajo la excusa de una intervención humanitaria contra una supuesta tiranía ejercida en nuestra Patria. Poco más de un año después, el Mariscal Sould nombrado nuevo Ministro en la Cancillería de Francia en los asuntos del Atlántico sur, a través de agentes de su confianza, descubre la maniobra empeñada par los agentes franceses, los emigrados y el gobierno de Rivera, con el apoyo militar de su país, y secretamente se pone en contacto con el gobierno argentino. Coloca al frente de las tratativas diplomáticas que se celebraran meses después al Barón de Mackau, antes había frenado el envío de 6.000 infantes de marina, comprometidos por el embajador francés en Montevideo un año atrás. Con estas medidas, hace fracasar los planes de Rivera y de los unitarios emigrados, y en octubre de 1840 se firma la paz entre nuestro país y la Francia, asentada en el tratado Arana-Mackau. (Arana por nuestro Ministro de Relaciones Exteriores).

Si bien la intervención anglo-francesa de noviembre de 1845 es un episodio bélico separado en el tiempo de la intervención francesa de 1838/40, en realidad existen vasos comunicantes entre un hecho y otro.

Es que a pesar del tratado firmado en 1840, y saludado con veintiún cañonazos por la "Almeine" el 31 de octubre de 1840 - fragata francesa interventora en 1838/40, la Francia persiste en mantener en la Republica del Uruguay la ayuda financiera a los unitarios emigrados y a Rivera. El gobierno argentino reclama por ello, pero las intenciones francesas no le permiten en beneficio de eventuales ulterioridades abandonar las influencias logradas por medio de su apoyo económico a los enemigos del gobierno argentino.

Así comienza una maniobra diplomática destinada, según sus concebidores, a salvar la confabulación antiargentina en grave riesgo de perderlo todo, a raíz de las sucesivas derrotas de los ejércitos riveristas en territorio uruguayo por parte de fuerzas combinadas uruguayo argentinas al mando del Gral. Manuel Oribe. que termina por poner sitio terrestre a Montevideo el 11 de febrero de 1843, operación que se completa meses más tarde con el bloqueo marítimo al puerto de Montevideo dispuesto por la escuadra argentina al mando de Guillermo Brown, con órdenes del Jefe de la Confederación Argentina, de no impedir el ingreso de buques de ultramar, ya que lo que se quería impedir era el abastecimiento de Montevideo por vía fluvial (los buques de ultramar solo traían mercadería de Europa, lógicamente no apta por características y precio para abastecer una ciudad sudamericana).

En ese estado de cosas —la conjura de emigrados y las ambiciones de Rivera quedaban seriamente comprometidas— es cuando la habilidad diplomática e Florencio Varela, y de Miguel Dupla e Almeida, Vizconde de Abrantes, enviado por el Emperador de Brasil, logran cierto interés de Inglaterra en participar en la intervención mantenida por la Francia, limitada desde la paz de 840 a ayuda financiera y abastecimiento de pertrechos a los conjurados de la ex Banda Oriental.

Inglaterra se incluirá con sus propios puntos de vista y propuestas de soluciones, inclinadas a hacer una especie de protectorado del territorio de la República del Uruguay. Agentes de Francia e Inglaterra convocaron a todos los países de Europa a participar en una enorme operación comercial en Sudamérica. Era en el río de La Plata, y consistía en llevar mercaderías varias al interior de Sudamérica por el río Paraná, y algunas localidades del litoral argentino por el río Uruguay. Ello implicaba imponerle al gobierno argentino el principio de "libre navegación de los ríos interiores" sobre la base que no siendo la navegación libre, se impedía la libertad de comercio. Lógicamente este principio favorecía los intereses de las potencias europeas.

Ocurría que las leyes argentinas habían establecido que el tránsito en los ríos interiores eran libres para las provincias argentinas y los países con costa en dichos ríos, según la costumbre internacional de entonces, que solo eran Brasil y Uruguay, ya que el Paraguay era considerado Provincia Argentina por el gobierno argentino.

La convocatoria reunió nada menos que ciento veinte barcos mercantes de distintas banderas, y a ellos se sumó veinte barcos de guerra franceses e ingleses, un buen número de ellos vapores con casco de hierro, provistos de poderosos cañones de gran calibre y con estrías, lo que mejoraban en mucho la precisión, el alcance, y que además disparaban munición con carga que estallaban cuando impactaban.

En julio de 1845, la intervención precedida por el ultimátum al gobierno argentino, se efectiviza tomando dos barcos argentinos de la flota de Brown y aprisionando sus tripulaciones. Brown había recibido órdenes de Rosas de no resistir las acciones de los interventores, consciente el Jefe de la Confederación, que cualquier resistencia solo conduciría a la destrucción de las naves argentinas, y la muerte de sus tripulaciones.

La artillería de la flota argentina era de la época de la guerra de la Independencia, que arrojaba bolas de hierro y de calibre muy inferior al de la flota. En cumplimiento de dichas órdenes, la totalidad de la flota fue rendida por Brown a pesar de la voluntad del Almirante que quería presentar batalla.

El Gobernador y Encargado de las Relaciones Exteriores Juan Manuel de Rosas, había encargado al Jefe de la División Norte, General Lucio Norberto Mansilla la organización de la defensa que impidiera las manifestadas intenciones de los interventores de navegar al norte por el Paraná hasta Corrientes y el Paraguay.

Mansilla dispuso en los meses precedentes la incautación de barcazas que hacían el tránsito de cargas por el Paraná y el Uruguay, y dispuso que con ellas se colocase una barrera en diversos puntos del probable trayecto a seguir por la flota invasora.

Las dos más importantes, cerraban el paso del Paraná Guazú en la vuelta de Obligado -curva natural del río Paraná al norte de San Pedro, donde hacen costa campos de la familia Obligado- y en el Paraná Pavón, menos favorable por su menor calado que la anterior, y más estrecho que la curva de Obligado. Ambas barreras consistían en tres cadenas sostenidas por un número de barcazas (veinte en Obligado, dieciséis en Pavón) complementadas por fortificaciones terrestres artilladas. Más allá se dispuso fortificaciones terrestres en Tonelero (Ramallo), en Acevedo, cerca de San Nicolás, y en San Lorenzo, en las cercanías del histórico Convento y el campo del combate de San Martin en 1813.

La flota compuesta por los barcos de guerra -los mercantes seguirían atrás según los acontecimientos- zarparon rumbo al Paraná encontrándose el 10 de noviembre en el punto donde se encuentra la divisoria del paso Pavón del Guazú, donde se anoticiaron de las defensas dispuestas río arriba, hecho que no esperaban, lo que provocó su detenimiento, seguramente para reunir información. Decididos por el paso Guazú, avanzan y el día 18 se encuentran en las cercanías de San Pedro. Hacen noche allí, y esperan todo un día, todo el 19 porque llueve, y en las primeras horas diurnas del 20, probablemente bajo la lluvia o con amenazas de ello, reanudan su avance. Son once buques, entre ellos la nave insignia argentina donde enarbolaba la bandera de Almirante a cargo de la flota Don Guillermo Brown, la San Martin, tomada tiempo atrás, que había izado bandera francesa.

A las ocho treinta aproximadamente, un disparo de cañón argentino inició el desigual intercambio -la artillería patriota era también de la tecnología del tiempo de la guerra por la Independencia- que muy poco después era intenso. Sobre la flota se dispara con todo lo que pueda alcanzarla, la San Martin expuesta en primera fila en cercanías de la barrera de barcazas, debe ser retirada acribillada de disparos que han diezmado la tripulación y dañado severamente la nave. Dos Bergantines, el francés "Pandour" y el inglés "Dolphin" también son severamente dañados y retirados del frente de combate.

El único barco argentino de guerra, el Bergantín Republicano, amarrado en la margen izquierda cuidando las cadenas, agotada sus municiones alrededor de las trece treinta, es volado por su capitán, Tomas Craig, para evitar su utilización por el enemigo. Craig y sus hombres cruzan el río para sumarse a la defensa.

La batalla continúa hasta que alrededor de las cuatro de la tarde los interventores logran cortar las cadenas. Para ese entonces las defensas argentinas estaban muy dañadas por el fuego de artillería enemiga, pero aún resistían. Pero al lograr el quiebre de la barrera y pasar algunos barcos del otro lado, se facilitaba el ataque sobre el flanco izquierdo de las baterías de defensa, la mayoría de las que quedaban aún montadas, sin municiones. A las diecisiete horas, el Coronel Juan Bautista Thorne dispara su última bala desde su batería "Manuelita". Fue certera. El barco que la recibió se llevaba de Obligado el recuerdo del heroísmo argentino.

Pero aún faltaba una acción más, testimonio del coraje criollo, los franceses intentan desembarcar y los Patricios al mando del Coronel Ramón Rodríguez los rechazan con grandes pérdidas entre los efectivos atacantes. La victoria era de los interventores, pero ni pensar de dominar ningún punto en tierra, que no estuviese al abrigo de las armas de los barcos. Solo la Playa de Obligado ofrecía resguardo. Así debieron quedarse cuarenta días para reparar averías, luego de los cuales, y ya en enero de 1846, habrá de continuar batallando contra los indomables milicianos y soldados de la Patria.

El 4 de Junio de 1846, en la batalla de la Angostura del Quebracho, unos quince kilómetros más arriba de San Lorenzo, la artillería argentina se cobró el precio de la derrota de Obligado, luego de lo cual se celebró, después de una larga gestión diplomática sellar la paz con ambas potencias europeas, con los tratados Arana Southern (con Inglaterra) y Arana Le Predour (con Francia).