REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA
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En noviembre de 2009, fue publicado en el periódico "Soberanía Nacional", Órgano de difusión de la Comisión Nacional Permanente de Homenaje a la Vuelta de Obligado, el siguiente artículo.
UNA DERROTA CON SABOR A VICTORIA
por Oscar Denovi
La confluencia de los ríos Paraná y Uruguay que forma el
llamado río de La Plata, en realidad un estuario, en cuyas márgenes se erigen
las ciudades capitales de dos países de raíz común, las Repúblicas de Argentina
y Oriental del Uruguay, con sus respectivas concentraciones urbanas, Buenos
Aires y Montevideo, en la margen derecha e izquierda respectivamente, del
estuario mencionado, fueron escenario de una guerra prolongada en el siglo XIX,
después de los combates librados contra España y el Brasil, en el primer cuarto
de aquel siglo. En 1838, la Francia del rey Luis Felipe, interviene en nuestro río
con una flota de guerra con infantes de marina, después de apoyar un golpe de
estado contra el Presidente uruguayo, General Manuel Oribe, contra quien se
subleva el General Fructuoso Rivera, que había presidido el país inmediatamente
antes de Oribe. Francia se encontraba en pleno proceso de expansión territorial
por entonces, y tenía sus miras puestas en una porción del territorio argentino
que agentes franceses radicados en Montevideo creyeron fácil de conquistar con
el apoyo de uruguayos y argentinos unitarios emigrados, que se enfrentaban con
el gobierno argentino, y con el apoyo del gobierno de Rivera, armaban ejércitos
para derrocar al gobierno de este lado del rio.
Tal apoyo de estas latitudes, resultaba necesario a los
planes de Francia, para disimular sus propios intereses bajo la excusa de una
intervención humanitaria contra una supuesta tiranía ejercida en nuestra
Patria. Poco más de un año después, el Mariscal Sould nombrado nuevo Ministro
en la Cancillería de Francia en los asuntos del Atlántico sur, a través de
agentes de su confianza, descubre la maniobra empeñada par los agentes franceses,
los emigrados y el gobierno de Rivera, con el apoyo militar de su país, y
secretamente se pone en contacto con el gobierno argentino. Coloca al frente de
las tratativas diplomáticas que se celebraran meses después al Barón de Mackau,
antes había frenado el envío de 6.000 infantes de marina, comprometidos por el
embajador francés en Montevideo un año atrás. Con estas medidas, hace fracasar
los planes de Rivera y de los unitarios emigrados, y en octubre de 1840 se
firma la paz entre nuestro país y la Francia, asentada en el tratado
Arana-Mackau. (Arana por nuestro Ministro de Relaciones Exteriores).
Si bien la intervención anglo-francesa de noviembre de 1845
es un episodio bélico separado en el tiempo de la intervención francesa de
1838/40, en realidad existen vasos comunicantes entre un hecho y otro.
Es que a pesar del tratado firmado en 1840, y saludado con
veintiún cañonazos por la "Almeine" el 31 de octubre de 1840 -
fragata francesa interventora en 1838/40, la Francia persiste en mantener en la
Republica del Uruguay la ayuda financiera a los unitarios emigrados y a Rivera.
El gobierno argentino reclama por ello, pero las intenciones francesas no le
permiten en beneficio de eventuales ulterioridades abandonar las influencias
logradas por medio de su apoyo económico a los enemigos del gobierno argentino.
Así comienza una maniobra diplomática destinada, según sus
concebidores, a salvar la confabulación antiargentina en grave riesgo de
perderlo todo, a raíz de las sucesivas derrotas de los ejércitos riveristas en
territorio uruguayo por parte de fuerzas combinadas uruguayo argentinas al
mando del Gral. Manuel Oribe. que termina por poner sitio terrestre a
Montevideo el 11 de febrero de 1843, operación que se completa meses más tarde
con el bloqueo marítimo al puerto de Montevideo dispuesto por la escuadra
argentina al mando de Guillermo Brown, con órdenes del Jefe de la Confederación
Argentina, de no impedir el ingreso de buques de ultramar, ya que lo que se
quería impedir era el abastecimiento de Montevideo por vía fluvial (los buques
de ultramar solo traían mercadería de Europa, lógicamente no apta por características
y precio para abastecer una ciudad sudamericana).
En ese estado de cosas —la conjura de emigrados y las
ambiciones de Rivera quedaban seriamente comprometidas— es cuando la habilidad
diplomática e Florencio Varela, y de Miguel Dupla e Almeida, Vizconde de Abrantes,
enviado por el Emperador de Brasil, logran cierto interés de Inglaterra en
participar en la intervención mantenida por la Francia, limitada desde la paz
de 840 a ayuda financiera y abastecimiento de pertrechos a los conjurados de la
ex Banda Oriental.
Inglaterra se incluirá con sus propios puntos de vista y
propuestas de soluciones, inclinadas a hacer una especie de protectorado del
territorio de la República del Uruguay. Agentes de Francia e Inglaterra
convocaron a todos los países de Europa a participar en una enorme operación
comercial en Sudamérica. Era en el río de La Plata, y consistía en llevar
mercaderías varias al interior de Sudamérica por el río Paraná, y algunas
localidades del litoral argentino por el río Uruguay. Ello implicaba imponerle
al gobierno argentino el principio de "libre navegación de los ríos interiores"
sobre la base que no siendo la navegación libre, se impedía la libertad de
comercio. Lógicamente este principio favorecía los intereses de las potencias
europeas.
Ocurría que las leyes argentinas habían establecido que el
tránsito en los ríos interiores eran libres para las provincias argentinas y
los países con costa en dichos ríos, según la costumbre internacional de
entonces, que solo eran Brasil y Uruguay, ya que el Paraguay era considerado
Provincia Argentina por el gobierno argentino.
La convocatoria reunió nada menos que ciento veinte barcos
mercantes de distintas banderas, y a ellos se sumó veinte barcos de guerra franceses
e ingleses, un buen número de ellos vapores con casco de hierro, provistos de
poderosos cañones de gran calibre y con estrías, lo que mejoraban en mucho la
precisión, el alcance, y que además disparaban munición con carga que
estallaban cuando impactaban.
En julio de 1845, la intervención precedida por el ultimátum
al gobierno argentino, se efectiviza tomando dos barcos argentinos de la flota
de Brown y aprisionando sus tripulaciones. Brown había recibido órdenes de
Rosas de no resistir las acciones de los interventores, consciente el Jefe de
la Confederación, que cualquier resistencia solo conduciría a la destrucción de
las naves argentinas, y la muerte de sus tripulaciones.
La artillería de la flota argentina era de la época de la
guerra de la Independencia, que arrojaba bolas de hierro y de calibre muy
inferior al de la flota. En cumplimiento de dichas órdenes, la totalidad de la
flota fue rendida por Brown a pesar de la voluntad del Almirante que quería
presentar batalla.
El Gobernador y Encargado de las Relaciones Exteriores Juan
Manuel de Rosas, había encargado al Jefe de la División Norte, General Lucio
Norberto Mansilla la organización de la defensa que impidiera las manifestadas
intenciones de los interventores de navegar al norte por el Paraná hasta
Corrientes y el Paraguay.
Mansilla dispuso en los meses precedentes la incautación de
barcazas que hacían el tránsito de cargas por el Paraná y el Uruguay, y dispuso
que con ellas se colocase una barrera en diversos puntos del probable trayecto
a seguir por la flota invasora.
Las dos más importantes, cerraban el paso del Paraná Guazú
en la vuelta de Obligado -curva natural del río Paraná al norte de San Pedro,
donde hacen costa campos de la familia Obligado- y en el Paraná Pavón, menos
favorable por su menor calado que la anterior, y más estrecho que la curva de
Obligado. Ambas barreras consistían en tres cadenas sostenidas por un número de
barcazas (veinte en Obligado, dieciséis en Pavón) complementadas por
fortificaciones terrestres artilladas. Más allá se dispuso fortificaciones
terrestres en Tonelero (Ramallo), en Acevedo, cerca de San Nicolás, y en San
Lorenzo, en las cercanías del histórico Convento y el campo del combate de San
Martin en 1813.
La flota compuesta por los barcos de guerra -los mercantes
seguirían atrás según los acontecimientos- zarparon rumbo al Paraná encontrándose
el 10 de noviembre en el punto donde se encuentra la divisoria del paso Pavón
del Guazú, donde se anoticiaron de las defensas dispuestas río arriba, hecho
que no esperaban, lo que provocó su detenimiento, seguramente para reunir
información. Decididos por el paso Guazú, avanzan y el día 18 se encuentran en
las cercanías de San Pedro. Hacen noche allí, y esperan todo un día, todo el 19
porque llueve, y en las primeras horas diurnas del 20, probablemente bajo la
lluvia o con amenazas de ello, reanudan su avance. Son once buques, entre ellos
la nave insignia argentina donde enarbolaba la bandera de Almirante a cargo de
la flota Don Guillermo Brown, la San Martin, tomada tiempo atrás, que había
izado bandera francesa.
A las ocho treinta aproximadamente, un disparo de cañón
argentino inició el desigual intercambio -la artillería patriota era también de
la tecnología del tiempo de la guerra por la Independencia- que muy poco después
era intenso. Sobre la flota se dispara con todo lo que pueda alcanzarla, la San
Martin expuesta en primera fila en cercanías de la barrera de barcazas, debe
ser retirada acribillada de disparos que han diezmado la tripulación y dañado
severamente la nave. Dos Bergantines, el francés "Pandour" y el inglés
"Dolphin" también son severamente dañados y retirados del frente de
combate.
El único barco argentino de guerra, el Bergantín
Republicano, amarrado en la margen izquierda cuidando las cadenas, agotada sus
municiones alrededor de las trece treinta, es volado por su capitán, Tomas
Craig, para evitar su utilización por el enemigo. Craig y sus hombres cruzan el
río para sumarse a la defensa.
La batalla continúa hasta que alrededor de las cuatro de la
tarde los interventores logran cortar las cadenas. Para ese entonces las
defensas argentinas estaban muy dañadas por el fuego de artillería enemiga,
pero aún resistían. Pero al lograr el quiebre de la barrera y pasar algunos
barcos del otro lado, se facilitaba el ataque sobre el flanco izquierdo de las baterías
de defensa, la mayoría de las que quedaban aún montadas, sin municiones. A las
diecisiete horas, el Coronel Juan Bautista Thorne dispara su última bala desde
su batería "Manuelita". Fue certera. El barco que la recibió se
llevaba de Obligado el recuerdo del heroísmo argentino.
Pero aún faltaba una acción más, testimonio del coraje
criollo, los franceses intentan desembarcar y los Patricios al mando del
Coronel Ramón Rodríguez los rechazan con grandes pérdidas entre los efectivos
atacantes. La victoria era de los interventores, pero ni pensar de dominar ningún
punto en tierra, que no estuviese al abrigo de las armas de los barcos. Solo la
Playa de Obligado ofrecía resguardo. Así debieron quedarse cuarenta días para
reparar averías, luego de los cuales, y ya en enero de 1846, habrá de continuar
batallando contra los indomables milicianos y soldados de la Patria.
El 4 de Junio de 1846, en la batalla de la Angostura del Quebracho, unos quince kilómetros más arriba de San Lorenzo, la artillería argentina se cobró el precio de la derrota de Obligado, luego de lo cual se celebró, después de una larga gestión diplomática sellar la paz con ambas potencias europeas, con los tratados Arana Southern (con Inglaterra) y Arana Le Predour (con Francia).