Mostrando entradas con la etiqueta Celebración del 2 de abril. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Celebración del 2 de abril. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de agosto de 2023

Malvinas - Feriado del 2 de abril

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

218

  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

El artículo que publicamos a continuación, fue el editorial del diario La Prensa del 7 de abril de 1984
ISLAS MALVINAS
Más allá de las vicisitudes, de las desilusiones y de los fracasos, el sentimiento patriótico se exhibe más vigoroso y más auténtico que nunca en el caso de las Islas Malvinas. En pocas oportunidades ha estado nuestro pueblo más preocupado y más inquieto que en la actualidad, y más susceptible al temor y la duda por los problemas que en todos los órdenes lo agobian y, sin embargo, la unión nacional se sigue manifestando con el carácter de indisoluble y absoluta.
El plebiscito renovado todos los días, que define la existencia y perdurabilidad de una Nación, se manifiesta en la misma forma respecto de la decisión compartida por los ciudadanos de todos los sectores y de todas las parcialidades, cualquiera sea su ubicación en la compleja sociedad de nuestro tiempo, exteriorizada en la voluntad de no ceder jamás un ápice en los derechos soberanos sobre el territorio invadido. Lo cual no excluye, sino al contrario, la vocación pacífica de la Argentina exhibida en la conducta que ha seguido en el mundo desde su independencia, confirmada por el ejemplo de sus estadistas y por la actitud de sus representantes en las relaciones internacionales.
No es esta la ocasión de examinar el acierto o el error del gobierno militar que ordenó el desembarco del 2 de abril de 1982, en la conducción del conflicto provocado por la posición asumida por la Gran Bretaña. La política y la doblez británicas fueron las que causaron un enfrentamiento que se tornó inevitable y estalló entonces en virtud de circunstancias incontrolables, como tenía que ocurrir necesariamente algún día. No se puede ofender impunemente a un pueblo consciente de su personalidad histórica y de sus derechos soberanos durante casi un siglo y medio, sin engendrar, como finalmente ocurrió, condiciones proclives a la beligerancia.
La nación Argentina ansía la paz y hará cuanto esté a su alcance para que nunca sea alterada y cree, como ha señalado ahora nuestro gobierno, que por procedimientos diplomáticos y gestiones en los foros internacionales, podrá finalmente obtener el reconocimiento pleno y efectivo de la soberanía agraviada. En tal sentido merecen adhesión las palabras del presidente de la Nación en el discurso pronunciado en el homenaje a los caídos, celebrado en la ciudad de Luján.
En cambio no puede concordarse con él en cuanto a lo manifestado en los considerandos del decreto del Poder Ejecutivo, que dejó sin efecto el feriado del día 2 de abril instituido por la ley N° 22.769, respecto de que hay “una necesidad de orden público que obliga a rechazar la idea de una celebración del 2 de abril”, porque la ocupación de las Islas Malvinas por tropas argentinas condujo a “la primera guerra en que las armas de la Nación fueron derrotadas”. Y no puede compartirse este juicio apresurado porque no es el triunfo el que imparte la justicia de la Historia, y porque nunca podrá borrarse del corazón de los argentinos la emoción que en la Plaza de Mayo los unió el 2 de abril de 1982, en una comunión espiritual que se perpetuará a través de las generaciones sucesivas. El juicio de la historia necesariamente nos favorecerá, porque en ella constará que la Nación afrontó la mayor combinación de poder concebible en nuestro tiempo confirmando una voluntad nacional solidaria y perpetua. El sacrificio no ha sido vano porque ha llamado la atención del mundo entero y ha descalificado a quienes solamente han podido interrumpir, pero no variar, el curso inexorable del destino, que nos devolverá las Islas Malvinas y con ellas a los muertos que reverenciamos y no olvidaremos nunca, porque ofrendaron su vida por la Patria.
Por último, no puede dejar de mencionarse que, con prescindencia de la validez del cuestionable título invocado por el Poder Ejecutivo para trasladar el feriado nacional y la conmemoración del Día de las Islas Malvinas, ha quedado manifestada en las calles y en las plazas de las ciudades de la República, la aspiración popular de que el gobierno acepte la fecha del 2 de abril y no la del 10 de junio, como la más adecuada para la expresión de los sentimientos patrióticos que el asunto Provoca.

Feriado del 10 de junio y el 2 de abril

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

217

  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

El artículo que publicamos a continuación, salió en el diario La Prensa del 10 de junio del año 1985.


Contra la "desmalvinización"
El feriado del 10 de junio no puede ocultar la vigencia  del 2 de abril
por Ivelise I. Falcioni de Bravo (*)

Ante los acuciantes problemas por los que atraviesa la Nación podría parecer ocioso demorarse en cuestiones calendarias. ¿Qué importancia tiene, en efecto, discurrir hoy en torno a la fecha definitiva en que ha de establecerse un feriado nacional?
Pero la cuestión de la conmemoración oficial de nuestros históricos derechos sobre las Malvinas, no puede plantearse en esos términos. No es el problema de elegir al azar un día u otro del almanaque, sino llegar a interpretar el significado profundo de esa determinación. El tema trasciende así, de una mera medida administrativa, para mostrar una inocultable entraña política.
Porque no es casual que a poco de asumir el actual gobierno y casi sobre el filo de la celebración del 2 de abril, se dictara el decreto 901 del 23 de marzo de 1984, por el que se trasladó el feriado nacional dispuesto at aquella fecha por la Ley 22.769, para el 10 de Junio de cada ano. En los hechos —ya que no nos incumbe juzgar intenciones— se prefirió borrar del calendario de conmemoraciones patrias una fecha hondamente sentida por la inmensa mayoría de los argentinos. El 2 de abril debía pasar inadvertido oficialmente para los pobladores no obstante que ese día se inició una gesta que puso al país a la altura de sus mejores momentos, levantó el espíritu nacional y pagó también en sangre de sus hijos el costo que hoy y siempre ha significado querer ser un país soberano.

Incomprensible
Lo cierto es que el mencionado decreto del Poder Ejecutivo, cualquiera haya sido su propósito, se inscribe en lo que ha dado en llamarse “proceso de desmalvinización” que incomprensiblemente se alienta en o sectores del país, adscriptos en forma clara a la idea de una Argentina pequeña, resignada a no alcanzar nunca el destino de grandeza al que la convocó Lugones.
No se trata por cierto de disminuir el valor histórico del decreto del 10 de junio de 1829 por el cual el gobernador Martín Rodríguez creó la comandancia política y militar de las Islas Malvinas. Por el contrario esa sabia decisión habla a las claras no sólo de la visión geopolítica de los próceres que nos dieron la nacionalidad, sino también de la continuidad de nuestros derechos sobre esas tierras australes. Continuidad sólo alterada por reiterados actos de piratería y pillaje de las potencias marítimas de entonces, coronada por la usurpación ya secular del imperio británico.
De igual manera, resulta explicable la intención patriótica de los legisladores que en 1973 queriendo honrar aquel acto de soberanía del gobernador Rodríguez dispusieron que el 10 de junio fuese feriado nacional considerándose en adelante como el “Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Islas Malvinas, Islas y Sector Antártico”.

Múltiples generaciones 
Esa manifestación de voluntad del parlamento argentino que fue promulgada como la ley N° 20.561, constituye un eslabón más en una larga cadena de gestos patrióticos que encontraron en la escuela argentina su ámbito más preciado. Los miles de maestros anónimos que a lo largo de múltiples generaciones formaron a los hijos de esta nación en el recuerdo del despojo y en el sentido profundo de una justa reivindicación nacional, tienen su máximo homenaje en el sentir común de todo un pueblo que asume la causa de las Malvinas como una bandera compartida, respecto de la cual, ningún disenso es admitido. La gesta de las Malvinas se ha convertido así en uno de los pocos temas que nos unen a los argentinos. 
Pero con ser válido el propósito perseguido por la Ley 20.561 al querer mantener vivo el sentido de nuestros derechos sobre los territorios usurpados, después del 2 de abril de 1982 es esta fecha la que ha quedado grabada a fuego en el corazón de los argentinos y de todos aquellos hermanos latinoamericanos pue sintieron nuestra causa cómo propia. Al querer que ese día sea el que se conmemore oficialmente, no hacemos otra cosa que sincerar la ley con los hechos. Tantas veces se ha dicho que era preciso sincerar el país legal con el país real, que consideramos a ésta como una inmejorable oportunidad para comenzar ese proceso de sana pedagogía cívica.
                    
Comprensión de las provincias
Por otra parte, esto lo han comprendido numerosas provincias que alejadas de los tortuosos intereses que medran en la gran capital, pero muy cerca del sentir de sus respectivos pueblos han hecho una pausa en sus jurisdicciones, para conmemorar el 2 de abril, aquella gesta argentina y honrar también a quienes cayeron sirviendo nuestro pabellón. San Juan, Jujuy, Santa Cruz, Tucumán y el Territorio Nacional de Tierra del Fuego, le han indicado al resto del país cuál es el camino.
Por el contrario al disponer el Poder Ejecutivo Nacional que los argentinos paren sus actividades el 10 de junio, hace de la celebración un acontecimiento carente de vida propia que para la mayor parte de la población resulta incluso una incógnita. ¿Quién conoce acaso cuál es el contenido del 10 de junio? ¿Quién tiene presente la creación de la comandancia de 1829? Y en todo caso, aunque así fuera, ¿quién puede honestamente comprar la honda significación que tiene para los argentinos el 2 de abril frente a cualquier otra fecha que arbitrariamente pueda establecerse?

Llamar las cosas por su nombre
Siempre se ha dicho que hay que llamar a las cosas por su nombre: por eso, el día de las Malvinas es el 2 de abril y no otro que quiera inventarse.
En tal virtud y guiada por el propósito que debe estar presente en todo legislador, de aspirar a representar acabadamente al pueblo, he presentado en la Cámara de Diputados un proyecto de ley que fija el 2 de abril como “Día de la Gesta de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur”, fecha que tendrá carácter de feriado nacional.
Ese es el día que ha quedado entrañablemente unido a un firme propósito reivindicador que puso fin a más de un siglo de reclamos insustanciales. Ese es el día en que la Argentina se mostró a la altura de su historia y ese es el día en que todo el pueblo honra a los que cayeron para que la patria viva.
 
(*)La autora es miembro de la Cámara de Diputados de la Nación Argentina.

domingo, 6 de agosto de 2023

Celebración del 2 de abril - Leopoldo Bravo

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

209

  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En el diario La Prensa del día 2 de abril de 1987, 5° aniversario de la recuperación de las Malvinas, se publicó el siguiente artículo, del diplomático, político -tres veces gobernador de San Juan- y senador nacional Leopoldo Bravo, sobre el proyecto de ley presentado para que la fecha sea declarada "Día de la Gesta de las islas malvinas, Georgias y Sandwich del Sur"

La recuperación de las islas Malvinas 
Quinto aniversario de una jornada de gloria
por Leopoldo Bravo

 

recuperación de las Malvinas
Leopoldo Bravo (1919-2006)
    Hoy se cumple el quinto aniversario de esa gloriosa jornada de la Patria, una de sus más significativas, en que nuestras FF.AA., tras siglo y medio de estériles reclamos diplomáticos, hicieron cierta nuestra soberanía en esas tierras irredentas.

Durante dos meses y medio la bandera nacional ondeó en los mástiles de esos extremos queridos del solar argentino, asombrando al mundo por la viril decisión política que pudo superar seculares complejos frente a los usurpadores y afirmar el incuestionable derecho que hemos heredado de España en los confines australes. El mundo iberoamericano aplaudió y se solidarizó con nosotros porque interpretó en la actitud una suerte de redención común ante tantos atropellos y una clara expresión que la potencia moral de la raza no estaba extinguida...

Un operativo militar incruento e impecable, un esfuerzo bélico imperfecto pero intenso, una pelea frente a la muralla de intereses de las potencias colonialistas, y una entrega noble y quijotesca de la juventud en holocausto de valores superiores ante la acción combinada de los líderes militares del planeta. Todo ello, y mucho más, presupone esta gesta que está definitivamente incorporada en los anales de la historia argentina.

Cuestionamientos que pierden fuerza

En el lapso trascurrido hemos observado claros intentos de “desmalvinizar” la conciencia colectiva. Quienes desde el primer instante, y tras el dolor de la transitoria derrota, mantuvimos firme nuestra fervorosa adhesión —sin posiciones acomodaticias ni olvidos sacrílegos— podemos corroborar cómo los cuestionamientos van perdiendo fuerza progresivamente y se va dibujando con nitidez la figura positiva y paradigmática de aquellos días de honor que vivió el país. En efecto, cabe preguntarse: ¿Qué gran nación que haya tenido protagonismo internacional no tiene su derrotero cubierto de reveses y victorias militares? ¿Acaso Napoleón, el genial, no fue derrotado en una tercera parte de sus acciones bélicas? ¿No fue una grave y luctuosa derrota, la heroica lucha de nuestra infantería en Curupaytí? ¿No perdimos y recuperamos a manos de los portugueses la Banda Oriental del Uruguay? ¿No mordimos el polvo del fracaso en la Vuelta de Obligado? ¿No estuvimos a punto de perder Chile en la triste noche del desastre de Cancha Rayada? ¿No cayó prisionero de los franceses y luego de los ingleses el propio Libertador San Martín en el Rosellón y la fragata “Santa Dorotea” en su época peninsular?,

Solidaridad

Un país adulto, culto y noble, como corresponde a nuestro caso, debe ser solidario con sus soldados en las horas negativas. Debe reforzar sus apoyos morales y volver sobre sus pasos —por el método de la negociación o el de la fuerza— cuando están en juego intereses superiores de su arquitectura física y moral... Sucede que desde hace mucho tiempo experimentamos una especie de masoquismo colectivo en nuestra sociedad, que nos impide sobreponernos con energía a las dificultades y vencerlas por medio del tesón, la astucia y el coraje. Este fenómeno es extensible a todo el espectro de la problemática nacional; la economía, la social y la política.

Hay momentos en el devenir de un pueblo en que es preciso recurrir a lo que sea menester para afrontar el atropello. No olvidemos que la guerra, al decir de Clausewitz, es “la continuación de la política por otros medios”. Pensamos que desde aquellos lejanos tiempos de 1833 en que fuimos expulsados de las islas Malvinas, las diferentes administraciones argentinas —cualquiera sea su éxito gubernativo— tienen una grave carencia en sus respectivas gestiones frente al tribunal de la historia, por haberse limitado a reiterar periódicas reclamaciones formales y estériles ante Gran Bretaña, en lamentable gesto de vasallaje ante una superioridad material o la conveniencia de negocios menores. El país, que reclama y acompaña su mensaje con evidencias de no ceder, casi siempre triunfa en sus propósitos; el que se abandona, queda relegado en la columna de marcha. Así lo muestran cientos de ejemplos prácticos que no es del caso citar en esta oportunidad.

En este último sentido, la experiencia de la derrota de las tropas británicas en las dos invasiones a Buenos Aires y Montevideo lo ilustran con claridad meridiana. ¿Acaso los efectivos que desembarcaron no eran los mejores del Imperio en aquella época? Pero hubo una decisión política valiente e inteligente y un pueblo consustanciado que supo sobreponerse a la sorpresa, el aislamiento de la Metrópoli y la impresión del usurpador poderoso, logrando el triunfo en sus propósitos,

La adhesión en 1982

Tuve la suerte y la emoción de presenciar, desde los balcones de la Casa Rosada, la enorme concentración del pueblo de la capital e interior en aquellos días agitados de abril de 198. Estaban todos: pobres y ricos, obreros e intelectuales, hombres, mujeres y ancianos, agitando un océano de banderitas azules y blancas respaldando la acción. También presencié la unánime adhesión de los dirigentes políticos y de las restantes organizaciones sociales con lo acontecido, Todos querían subir al avión que trasportaba al flamante gobernador que asumiría en Puerto Argentino o marchar a defender en el exterior nuestros incuestionables derechos... ¿Por qué, luego, tan pocos hemos sido consecuentes en la adversidad?

El juzgamiento, satisfacción para Thatcher

Nada debe haber satisfecho más a la señora Thatcher que el juzgamiento de los responsables de la recuperación de las islas, que la crítica acerba de los dirigentes, que el olvido de los méritos generales e individuales de la guerra, ¿Quién recuerda el resultado efectivo de los pilotos de la Fuerza Aérea y de la Marina que pagaron con su vida su heroísmo? ¿Y a los soldados que libraron desigual contienda frente a la superioridad técnica del invasor? Esos casi mil argentinos que yacen sepultados en esa tierra —desde entonces más cara a nuestros sentimientos— o están en las profundidades abismales y heladas de los mares del Sur, son una permanente convocatoria para reivindicar esos objetivos y no abandonarnos definitivamente en la procura de su logro. Esa sangre nos obliga sin excusas. Esa sangre confirma nuestro derecho soberano a la posesión. Esa sangre no puede ser malograda ni olvidada.

Crítica despiadada

Parte de ese masoquismo, al cual me referí precedentemente, está expresado por esa crítica despiadada sin la debida reflexión lo que no es tan sólo propiedad de algunos sectores de la sociedad. En momentos en que el conflicto se encontraba en pleno desarrollo era de ver dos países dentro de uno. Para unos pocos: la sangre, el sudor, las lágrimas, el frío,  el hambre, el esfuerzo; para el resto, la normalidad cotidiana: trabajo, diversiones, vacaciones y la desconexión —en suma— con el acontecimiento trascendental que se vivía. Las autoridades no supieron ni quisieron imponer al pueblo la realidad del momento; cruel, serio y grave como en toda guerra. Igualmente, tras la derrota, debimos haber recibido triunfalmente a las tropas desfilando por las calles porteñas como expresión de lealtad a los principios, de continuidad en los esfuerzos, de solidaridad con los sacrificados. No fue así, bajaron como con vergüenza entre gallos y medianoche dando pábulo a un rumor carente de veracidad: que nos habían vencido por no pelear, lo que no era así, sino que teníamos muchos héroes entre los combatientes —muertos y vivos— y la propia NATO obtuvo importantes conclusiones de sus falencias tecnológicas al enfrentar nuestros efectivos.

Un revés no es un resultado definitivo —como lo analizamos— sino una circunstancia desfavorable de la que se debe obtener experiencias —que determinan correcciones— y un estímulo para no fallar otra vez. En el caso de la República Argentina y el 2 de Abril hay errores —¡cómo no los va a haber! — pero también hay mucha eficiencia profesional y abnegación. ¿Acaso no perdimos el cincuenta por ciento de las máquinas de la aviación y sus pilotos y muchas unidades terrestres apostadas en lugares críticos sacrificaron la mitad de sus efectivos y equipos?

El país fue conocido y respetado en el orbe

Finalmente, deducimos que aquella jornada ha dejado un tremendo saldo favorable: el país fue conocido y respetado en el orbe, se afirmaron los derechos, se concitó la adhesión de los pueblos hermanos y quedó indeleble una disposición inmodificable a integrar esa “perla perdida en una manto de neblina” a nuestra posesión territorial.

Consecuentemente con esta postura, que considero dictada por una irrenunciable lealtad con mi Patria, he presentado en el Senado de la Nación un proyecto de ley por el que se declara al 2 de Abril como “Día de la Gesta de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur”.