miércoles, 1 de marzo de 2017

La hazaña sanmartiniana

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XI N° 42 - Marzo 2017 - Pag. 6 a 14 

La hazaña sanmartiniana del cruce de los Andes

por Norberto Jorge Chiviló

"Lo que no me deja dormir, no es la oposición que puedan hacerme los enemigos, sino el atravesar estos inmensos montes" (Carta de San Martín a Tomás Guido el 14 de junio de 1816) 

Carlos Ripamonte
Un granadero de San Martín. Pastel de Carlos Pablo Ripamonte

El cruce de los Andes encarado por San Martín y que se inició a mediados de enero de 1817, cuando contaba con 39 años de edad y con una salud deteriorada, es una de las hazañas más importantes de la historia militar universal.

Frente a la majestuosidad de los Andes, cadena  de montañas gigantescas que era un obstáculo natural infranqueable para un ejército, los Alpes parecen pigmeos, por lo que los cruces que hicieron Aníbal (218 a.C.) y Napoleón (primavera de 1800) con sus ejércitos por aquella cadena montañosa y que han sido considerados también por la historia como proezas, han quedado debajo de la hazaña sanmartiniana (1).

Pero no es solamente el cruce de los Andes, sino la formación e instrucción del ejército que encaró San Martín para la empresa, su avituallamiento y las medidas que tomó para despistar al enemigo lo definen como un gran militar y estratega. 

Trataremos en este artículo de destacar todos aquellos hechos y acciones, como así sus antecedentes inmediatos.


San Martín, jefe del Ejército del Norte

En enero de 1814, San Martín, se había hecho cargo del Ejército del Norte, que poco tiempo antes había sufrido severas derrotas en Vilcapugio y Ayohúma y obligado a retroceder hasta Tucumán. Con su ganado prestigio por su carrera militar realizada en el ejército español, la formación del regimiento de Granaderos a Caballo y su victoria en el combate de San Lorenzo, se dispuso reorganizar las desmoralizadas fuerzas patriotas, concentrándolas en Tucumán, para ponerlas en estado de operar, pero a fines de mayo, debido a su delicado estado de salud, debió dejar el mando del ejército y retirarse a Córdoba para curarse, y estando allí y a su pedido, fue designado el 10 de agosto de ese año por el Director Supremo Gervasio Antonio Posadas como gobernador intendente de Cuyo.

Esa Gobernación Intendencia que comprendía Mendoza, San Juan y San Luis, había sido recientemente creada y contaba con escasa población y pocos recursos. 


La caída de Montevideo

Mientras tanto, en las aguas del Río de la Plata, el almirante Guillermo Brown, al mando de una pequeña flotilla naval de las Provincias Unidas le arrebató la isla de Martín García a los realistas después de derrotar a la armada española al mando de Jacinto Romarate, ello posibilitó el posterior bloqueo naval a Montevideo, que completó por agua el sitio que las fuerzas terrestres patriotas tenían sometida a la ciudad desde fines de 1812, quedando así la ciudad totalmente aislada.

El resto de la flota española que había quedado anclada en el puerto al mando de Miguel de la Sierra, al quedar encerrada, intentó presentar combate, siendo derrotados por las fuerzas de Brown en el combate del Buceo -también llamado de Montevideo- en las acciones producidas entre los días 15 al 17 de mayo de 1814.

Esa gran victoria naval argentina, determinó la rendición del bastión realista de Montevideo casi un poco más de un mes después, con lo cual los españoles se quedaron sin este importante bastión, lo que dio aire a la revolución en el Río de la Plata, pues ya no quedaron fuerzas realistas en la Banda Oriental, además de haberse apropiado de gran cantidad de material de guerra que estaba en manos de los derrotados.


San Martín en Mendoza y la conformación del Ejército de los Andes

El 7 de setiembre de 1814, arribó el nuevo gobernador a Mendoza, y a poco menos de un mes, el 1° y 2 de octubre, se produjo en Chile la derrota de los revolucionarios trasandinos en la batalla de Rancagua, quedando nuevamente ese territorio en manos realistas. Ello representaba una amenaza constante al territorio cuyano ya que el general y gobernador realista de Chile Manuel Osorio reemplazado más tarde por el general Francisco Marcó del Pont (2), comandaban un poderoso ejército que ascendía a 7.600 hombres de tropa y 800 milicianos armados, con una moral muy alta y envalentonados por la victoria obtenida.

Por esa amenaza, San Martín, que no se dejaba vencer por la adversidad, además de ejercer el cargo para el cual fue designado, trabajó incansablemente para formar un ejército, pequeño en un principio, que le permitiera ejercer una acción puramente defensiva, para rechazar una probable invasión realista que podía provenir allende los Andes y luego, también con su visión estratégica, de conformar una fuerza armada mucho más importante, capaz de traspasarlos para iniciar su cruzada libertadora, tarea que le demandó más de dos años de mucho esfuerzo y gigantesca tarea.

Debemos decir que los jefes españoles, nunca contemplaron seriamente la posibilidad de una invasión a Cuyo, ya que creyeron imposible que un ejército pudiera traspasar los Andes, sobre todo por los peligrosos pasos -Los Patos y Uspallata- que con posterioridad sí utilizó el ejército libertador.

Ya en Mendoza, el gobernador encontró la mayor predisposición de la población para colaborar. Así logró el alistamiento de muchos hombres jóvenes al ejército, los hacendados cedieron parte de sus bienes y muchos de sus esclavos negros, con los cuales se creó un batallón. No quedaron al margen las mujeres -de todas las clases sociales- quienes colaboraron, ya donando sus joyas, como en la confección de uniformes y ropa a utilizar por los soldados, además de preparar vendajes, sábanas y cobertores.   

Para el sostén del ejército, creó impuestos y contribuciones especiales a cargo de quienes se consideraban como afectos a la causa realista. También se dispuso la venta de propiedades públicas, cuyo producido se aplicó al abastecimiento del ejército.

En Cuyo, San Martín, se ganó la confianza de la población, ya que su actuar fue infatigable en todo su trabajo -comenzaba la tarea bien temprano y se acostaba muy tarde- y en toda su actuación, tanto pública como privada; dio ejemplo de contracción al trabajo, seriedad en sus decisiones, sobriedad en su conducta, sencillez en el vestir, entre otras virtudes, lo que fue también imitado por su esposa.

Con la incorporación de parte de las fuerzas chilenas al mando de Bernardo de O'Higgins que derrotadas en Rancagua habían cruzado los Andes en busca de asilo en Mendoza -no así con las otras fuerzas al mando de José Miguel Carrera que no quisieron incorporarse-, más los refuerzos mandados desde Buenos Aires del Batallón N° 1, del regimiento de Granaderos a Caballo, un batallón de Patricios de Buenos Aires, del Batallón de Auxiliares Argentinos que al mando de Juan Gregorio las Heras habían retornado de su misión en Chile y con el reclutamiento y levas realizadas en la gobernación y la incorporación de presos y desertores indultados a tal fin, pudo formar a mediados de 1816 un ejército de aproximadamente 4.000 hombres de tropa, además de 1.200 milicianos sin armas o auxiliares. Fue el Ejército de los Andes con el cual seis meses después inició el cruce del macizo andino.

Salvo en la mente de San Martín, nadie había creído que con tan pocos y escasos recursos con los que contaba la Provincia de Cuyo, conformado por pueblos pobres, pudiera formarse un formidable ejército con el cual se llevara la guerra a otros lugares y por ello durante mucho tiempo la atención estuvo puesta en el teatro de guerra del Alto Perú.

La formación de las tres armas del ejército, como se llamaba entonces a la infantería, la caballería y la artillería, no fue por cierto una tarea fácil, ni sencilla. Con base establecida en el campamento de El Plumerillo -cercano a la ciudad de Mendoza y en el camino a San Juan-, San Martín realizó una gran tarea organizativa, muy minuciosa desde todo punto de vista, no solo en la formación militar de la tropa y oficialidad, con la realización de continuas maniobras y ejercicios militares y también con clases teóricas del arte militar, que se dieron a los oficiales, sino asimismo en lo que se refiere al aprovisionamiento de armamento, vestuario y demás cuestiones que hacían a la existencia de un verdadero ejército.

Insufló a sus tropas un espíritu de orden y disciplina, no descuidando la moralidad de las costumbres, como las normas de aseo de esos hombres. Les dio verdadera educación militar. Cuidó también la calidad del rancho que se le proveía a la tropa diariamente. No estuvo tampoco ajena la formación y el cuidado de los sentimientos religiosos de esos soldados; se les daba misa los domingos y días feriados.

Logró crear un ejército verdaderamente unido, en el que existió una verdadera confianza y respeto entre los distintos estamentos que lo conformaban. El general conocía bien el espíritu de la tropa y estos confiaban ciegamente en su Jefe. Todos esos elementos eran necesarios para que una fuerza armada fuera capaz de realizar grandes empresas.

La disciplina en el ejército fue cuidadosamente establecida y cuidada, pues sin disciplina no hay orden y sin orden un ejército no puede obtener victorias. Así San Martín redactó unas "Leyes penales del Ejército de los Andes", por las cuales se establecieron penalidades ante la comisión de determinados hechos. La más pequeña falta era severamente castigada y se ponía especial énfasis en todas aquellas relacionadas con el incumplimiento del servicio. San Martín, solía disfrazarse -utilizando diversos uniformes- recorriendo por ejemplo los puestos de guardia para comprobar el cumplimiento de las consignas que se daban diariamente. 

Desplegó una actividad excepcional, estando e interviniendo en todos los detalles, ya sea presenciando y organizando maniobras y ejercicios militares, conferenciando con jefes y oficiales, atendiendo las tareas de la gobernación y la copiosas correspondencia.

Una de las cuestiones a considerar era el vestuario que debía tener el ejército en el traspaso de los Andes, porque si bien tenía previsto que ello se realizara durante el verano, debido a la altura, había que vencer el frío, ya que las temperaturas cerca de las altas cumbres oscilaban entre 6° bajo cero y de día no pasaba los 2°, además de las frecuentes tormentas de nieve y viento que azotarían a la expedición, por eso se proveyó a los hombres de calzado adecuado forrados con trapos y lana, que abrigaran bien el pie y que también les permitiera caminar más o menos cómodamente por los pedregales, además de ponchos forrados y otras prendas de abrigo, mucho de ello encargada su fabricación y confección a las damas mendocinas. También se tuvo en cuenta la provisión durante la marcha de aguardiente para que los hombres pudieran calentar el cuerpo.

Se consideró también la salud de los animales, por lo cual se fabricaron y confeccionaron abrigos de pieles para mulas y caballos, que les permitieran soportar el intenso frio y las inclemencias del tiempo. Esos animales no eran necesarios solamente para el transporte de vituallas bélicas, alimentos y demás, sino también para ser montados por los soldados cuando las condiciones climáticas y de lugar lo permitieran, para que estos hombres estuvieran en las mejores condiciones físicas al llegar a Chile; lo mismo podemos decir de los caballos, elemento fundamental de la caballería, arma decisiva en los futuros combates que tendrían lugar en tierra trasandina.

También se tuvo en cuenta que la altura por la falta de oxígeno, producía el apunamiento y el soroche -o mal de la montaña- de humanos y bestias. La respiración se torna más dificultosa, se acelera la circulación de la sangre, se sufren dolores de cabeza, mareos y sofocación, muchas veces los vasos estallan y se sangra por la boca o la nariz. Las mulas también lo sufrían y por eso, hacen pausa en su andar, como para tomar más aire. Para combatir este mal, se proveyó al ejército de cebolla y ajo, que era consumido por los humanos y en el caso de los animales se les restregaba en el hocico.

Con el fin de evitar el apunamiento, también se había dado la orden de marchar despacio.

Eleodoro Marenco
Oficial de Artillería. Dibujo de Eleodoro Marenco.


Situación  política y militar de la Provincias Unidas del Río de la Plata en 1816

En 1816, todas las revoluciones que se habían dado en la América española desde Méjico al sud habían sido vencidas, con la única excepción de la de Buenos Aires. El dominio español se había restablecido así desde Méjico hasta el Alto Perú. En Europa, a raíz de la derrota de Napoleón, se habían restaurado los regímenes monárquicos, entre ellos los Borbones en España, por lo cual Fernando VII ocupaba el trono y pretendía reconquistar las tierras americanas sublevadas.

Por ello en el Río de la Plata, desde el año anterior, se temía por el envío en cualquier momento de una expedición española con el objetivo de reconquistar estos territorios para la Corona española.

En el norte, las fuerzas patriotas del Ejército del Norte seguían sin poder abrirse camino hacia el Alto Perú. La guerra entre los ejércitos revolucionarios y los enviados desde el Virreinato del Perú para vencer a la revolución, estaba empantanada. Ambos contendientes avanzaban y luego retrocedían, victorias y derrotas de unos y otros. Tuvieron destacada actuación en ese teatro de guerra, las fuerzas al mando de Güemes para contener a los realistas.

En el oeste, en Chile, como ya se dijo, había un importante ejército realista que amenazaba la zona de Cuyo.

A mediados de año, los portugueses iniciaron la invasión a la Provincia de la Banda Oriental (actual Uruguay), con el pretexto de combatir a las fuerzas artiguistas, pero que en última instancia tenía por finalidad anexarse ese rico territorio. Esa invasión fue bien vista y tolerada por el gobierno directorial de Buenos Aires.

Pero el 9 de julio, en la ciudad de San Miguel de Tucumán se declaró la independencia nacional, pedida muchas veces por San Martín.


San Martín y Pueyrredón

En enero de 1816, y estando en Buenos Aires, Juan Martín de Pueyrredón fue electo diputado por San Luis al Congreso que debía sesionar en la ciudad de San Miguel de Tucumán y éste en la sesión del 3 de mayo, lo nombró como Director Supremo de las Provincias Unidas.

El 9 de julio, el Congreso declaró la independencia de las Provincias Unidas de Sudamérica.

Cuando el nuevo Director, en su viaje hacia Buenos Aires, se encontraba en Córdoba, el 17 de julio se reunió con  el gobernador de Cuyo, José de San Martín, quien había ido a su encuentro.

Ambos mantuvieron una cordial, franca y amistosa reunión de más de ocho horas de duración -algunos historiadores hablan de dos días- en la cual San Martín expuso su estrategia para vencer al poder español en América.

El futuro Libertador, tenía bien claro que sólo con la derrota del principal bastión realista en América del Sur, que se encontraba en Lima, el poder español en esta parte del mundo desaparecería.

En coincidencia con aquel pensamiento, ya en una carta, había dicho: "Hasta que no estemos sobre Lima, esto no acabará".

Pero para llegar a Lima había dos caminos posibles: por tierra o por mar.

Por tierra implicaba pasar por el Alto Perú (hoy Bolivia). Pero la experiencia frustrada de varios intentos realizados por el Ejército del Norte en tal sentido, demostraba la imposibilidad de esa alternativa.

No quedaba otra opción que intentarlo por mar.

Entonces, su estrategia era cruzar los Andes por los pasos de Los Patos y Uspallata, derrotar a los realistas en Chile y desde allí por mar desembarcar en Perú y llegar a Lima. 

Pueyrredón se mostró entusiasmado con la idea y prometió todo su apoyo a la empresa libertadora. En esa entrevista, se selló una amistad y todo quedó acordado y arreglado entre ellos.

Debemos resaltar que el Director Supremo, cada vez que pudo, desde Buenos Aires, cumplió la promesa y remitió a San Martín tropas y armamentos que fortalecieron el Ejército de los Andes. 

El regreso de San Martín a Mendoza

A fines de julio, San Martín ya se encontraba de regreso en Mendoza y el 14 de septiembre se dio a conocer que había sido nombrado General en Jefe del Ejército.

Tuvo que decidir por dónde debía realizarse el cruce, de por sí muy dificultoso y también cómo podía provocar la división de las importantes fuerzas enemigas, con el consiguiente debilitamiento de las mismas, lo que aumentaría la posibilidad del éxito de la empresa libertadora.

A la par que seguía preparando al ejército, realizó lo que se ha llamado la guerra de zapa, esto es una vasta red de espionaje en territorio enemigo y el control del espionaje realista en tierra cuyana. Ello le permitió saber con exactitud la cantidad de los efectivos enemigos destacados en cada lugar, el número, su composición y los nombre de los jefes y oficiales que las mandaban y también estar al tanto de lo que ocurría en Chile. A la vez con el control del espionaje enemigo, sembró de información falsa acerca de la composición y número de su propia fuerza para que los realistas tuvieran una idea totalmente equivocada del potencial del ejército que se estaba formando, haciéndoles creer que era mucho más numeroso de lo real.

A la vez que partidas de Granaderos a Caballo y milicias custodiaron los pasos cordilleranos, para evitar incursiones realistas, organizó pequeñas guerrillas que se infiltraron a Chile, que hostilizaron al enemigo y crearon zozobra y desconcierto en esas fuerzas.


El parlamento con los indios pehuenches

En setiembre de 1816, en el fuerte San Carlos -a treinta leguas al sur de Mendoza-, San Martín tuvo un parlamento con los indios pehuenches (3). Este parlamento fue convocado por el general, para pedirles permiso a los caciques, a fin de que permitiesen el paso de su territorio al ejército patriota que debía atacar a Chile. Nunca había estado en los planes de San Martín, atacar por el sur; en realidad, el objetivo del parlamento con los indios, fue transmitirles ese "plan", sabiendo que éstos lo harían saber a los realistas -como en la realidad ocurrió-, con lo cual se lograría que el enemigo trasladara importantes fuerzas hacia el sur, al que creía amenazado y desguarneciese el verdadero objetivo patriota que era atacar por el lado de Santiago.

Mas de 2.000 indios se reunieron allí, donde San Martín los recibió con su escolta conformada por un piquete de sus granaderos y 150 milicianos. San Martín obsequió a caciques y capitanejos, con trajes vistosos, telas, cantidad de bebidas y otros regalos que eran del gusto de los indios y que los halagaron. 

Al parlamento le siguieron banquetes y festejos, donde no faltó tampoco el aguardiente, elemento indispensable en toda reunión con los indígenas. Esos festejos entre los indios duraron como unos ocho días, donde no faltaron tampoco peleas derivadas de grandes borracheras con las consecuencias de algunas muertes y no pocos heridos. 

Así lo cuenta el general William Miller, en sus "Memorias", escritas por su hermano John en 1828: "Este general patriota [se refiere a San Martín] creyó poder obligar a Marcó del Pont a dividir sus fuerzas por medio de un ardid de guerra; y para este objeto, cuando tenía ya tomadas todas las medidas y hechos casi todos los preparativos y acopios para la marcha, dispuso tener una conferencia con los indios Pehuenches, con el fin ostensible de pedirles permiso para atravesar por su territorio sin ser molestados, con objeto de ir a atacar a los Españoles desde el paso del Planchón…y como el general San Martin había previsto, vendieron inmediatamente el secreto al general Marcó del Pont, de que los patriotas intentaban invadir a Chile por los puertos [por "puertos" se refiere a los pasos cordilleranos] del sur de los Andes; y este general dividió inmediatamente sus tropas, haciendo marchar el mayor número desde la parte del norte a Talca y San Fernando, en la entera convicción de que Chile sería atacado por aquella parte de los Andes. Esta opinión parecía tanto más probable, cuanto el paso de los Andes por aquellos puertos era de menos difícil acceso, y ofrecía de trecho en trecho pastos para las caballerías, de que carecen absolutamente los otros más al norte. Para mantener esta ilusión el general San Martin, envió guerrillas para llamar la atención hacia la parte sur y oriente de la cordillera…" Omitimos por falta de espacio, la descripción realizada por Miller de aquellos días de "fiesta".

La misión de Álvarez Condarco

A mediados de diciembre de 1816, San Martín envió a Santiago de Chile al ingeniero José Antonio Álvarez Condarco como parlamentario, portador de una copia del Acta de la Independencia, para ser entregada al jefe y gobernador realista Marcó del Pont. La finalidad del viaje era doble. 

Por un lado tenía por objeto notificarle la declaración de independencia de las Provincias Unidas, por lo cual la guerra que iba a desarrollarse lo sería entre dos naciones y no una guerra civil en la cual el ejército patriota hubiera sido considerada una fuerza insurgente. En una guerra entre naciones, se guardan ciertas normas y consideraciones de respeto mutuo entre los combatientes, que no son tomadas en cuenta en una guerra civil, donde también la contienda es más cruel.

La segunda finalidad era que Álvarez Condarco, de una memoria prodigiosa, pudiera reconocer la geografía del Paso de los Patos que es por donde transitó para llegar a territorio enemigo. Guardando cada detalle en su memoria, omitió tomar notas y apuntes, ya que de haber hecho eso y de ser descubierto, podría haber sido fusilado por espía. 

Llegado a Chile, Álvarez Condarco fue trasladado con los ojos vendados a Santiago, donde entregó el documento que portaba al jefe y gobernador español; éste dispuso que la copia del Acta fuese quemada por mano del verdugo en la plaza Mayor de la ciudad y despachó de inmediato de regreso al emisario por el paso más corto para traspasar la cordillera, esto es el Paso de Uspallata, con una nota de tono destemplado y dirigida al jefe patriota.

Por estos dos pasos, justamente tenía ya previsto San Martín que se iba a realizar el cruce de los Andes, por lo que fue de una utilidad importantísima las descripciones y planos que ejecutó Álvarez Condarco una vez regresado de su misión.


Los Andes

La cordillera de los Andes es un macizo montañoso que configura una prolongada tiramira americana que se extiende -con diversas denominaciones- desde América del Norte hasta sumergirse en el océano Atlántico sur, para culminar apoyada sobre el lecho oceánico en la Antártida. Por ello, junto al Himalaya, constituye una de las más elevadas y extensas cadenas del mundo, extendiéndose en  la superficie del continente sudamericano a lo largo de 7.240 km., paralela al océano Pacífico, desde el cabo de Hornos hasta Panamá, con un promedio de altura de 3.660 metros sobre el nivel del mar. Se abre en diversos cordones paralelos entre sí con gran diversidad de altiplanicies ubicadas entre ellos, como es el caso de la Puna, constituyendo en gran medida el apoyo del límite actual entre las repúblicas de Argentina y Chile, tras atravesar Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela. 

A lo largo de su extensión, la cordillera se levanta abruptamente desde la costa del Pacífico.  

Si nos referimos a los Andes mendocinos -que atraviesan latitudinalmente la provincia- que es por donde cruzó el grueso del ejército patriota, se divide en tres cadenas montañosas sub paralelas entre sí, que de este a oeste, son: la precordillera de La Rioja, San Juan y Mendoza, más baja y extensa que las siguientes, con alturas promedio de 4.500 m., la cordillera frontal, formada por bloques elevados que no configuran una cadena continua, con una altura promedio de 5.000 m. y la cordillera principal, con un promedio de altura de 6.500 m. aproximadamente, que desde el norte provincial hasta el río Diamante -que es donde se encuentran los dos pasos cordilleranos por donde transitó el ejército patriota- es una franja alta y estrecha donde, precisamente, se encuentra el cerro Aconcagua de 6.962 m. de altura, una de las cúspides más elevadas del planeta detrás del encadenamiento del Himalaya.  En la vertiente chilena se produce una pendiente -de este a oeste- desde las altas cumbres hasta el océano. 

Quien en alguna oportunidad pudo traspasar los Andes en automóvil o por avión en ruta desde Buenos Aires-Santiago de Chile o viceversa y contemplar desde lo alto ese colosal macizo montañoso, puede llegar a comprender lo que fue la hazaña sanmartiniana. Las descripciones que se pueden haber leído no son comparables a lo que se ofrece directamente a la vista. Por YouTube se pueden encontrar videos del traspaso de los Andes en avión, por ejemplo:

https://www.youtube.com/watch?v=9xKJcnx3QA8 y https://www.youtube.com/watch?v=m0Y7V7BVIEE, recomendado a los lectores de este artículo que los miren.


El paso de los Andes

El 17 de enero, las dos columnas principales del Ejército de los Andes, se pusieron en movimiento desde El Plumerillo. Lo componían una fuerza de aproximadamente 4.000 soldados, 200 oficiales y 1.200 auxiliares, encargados éstos del transporte de provisiones para humanos y bestias y diverso material de guerra -artillería, municiones, etc.- Se utilizaron para el traslado de soldados y auxiliares, el transporte de vituallas y material de guerra y para la obtención de carne fresca cerca de 9.000 mulas, 1.500 caballos y 600 bueyes. 

Formaban parte de la expedición un cuerpo de médicos y cirujanos, que había sido organizado el 14 de octubre, encontrándose al frente el Cirujano Mayor del Estado Diego Paroissien, con el grado de teniente coronel, cuerpo médico que prestó maravillosos servicios durante toda la campaña (4).

Alrededor de veinte piezas de artillería llevaron los patriotas entre cañones, obuses, etc. -los historiadores difieren sobre la cantidad exacta-. Muchos de los cañones habían sido fundidos en Buenos Aires y llevaban nombres como: Rayo, El Veloz, Belgrano entre otros.

Había dos columnas o expediciones principales y cuatro destacamentos o grupos más pequeños que abarcaban un frente de 800 km. El objeto de la división de estas fuerzas y el paso por distintos lugares tuvo por objeto ocultar al enemigo, el verdadero punto del pasaje de las columnas principales y para que este no pudiere concentrar sus fuerzas en un solo lugar, lo que hubiera puesto en peligro el éxito de la empresa militar.

Las dos columnas más importantes fueron: La comandada por los brigadieres Miguel Estanislao Soler y Bernardo O'Higgins y con ellos iba San Martín. Esta columna pasó por Los Patos (3.832 m.) ubicado al sur de San Juan. Debían ocupar el valle de Putaendo y San Felipe de Aconcagua. La otra al mando del coronel Juan Gregorio de Las Heras lo hizo por el valle y paso de Uspallata (4.030 m.), al norte de Mendoza, debía atacar La Guardia o Guardia Vieja y ocupar el valle de Santa Rosa. 

Los cuatro destacamentos o grupos más pequeños o expediciones secundarias -dos de las cuales partieron días antes el 9 y 14 de enero, a cargo respectivamente de los capitanes Cabot y Freire, que las dos columnas principales-, efectuaron el paso -nombrados de norte a sud-, uno por la Rioja, por el paso de Comecaballos (4.548 m.) -que incluía tropas del Ejército del Norte- a cargo del coronel Francisco Zelada, con destino a Copiapó y Huasco; otro por el norte de San Juan, por el paso de Guana (4.765 m.) hacia el valle de Coquimbo y La Serena que estaba al mando del teniente coronel Juan Manuel Cabot y los dos restantes por el sur de Mendoza, uno por el paso de Portillo (4.060 m.) a cargo del capitán Juan León Lemos, con destino a San Gabriel y el restante por el Planchón (2.850 m.) desembocando hacia Talca y Curicó, al mando del teniente coronel Ramón Freire. Debemos decir que estos cuatro grupos cumplieron con todos los objetivos ordenados.

El cruce duró veinte días, de penosa y dificultosa marcha por el tipo del terreno, lleno de obstáculos y las condiciones climáticas y atmosféricas reinantes, debiéndose atravesar las altas cumbres en forma simultánea, aún habiendo partido desde puntos diferentes y llegar al mismo tiempo a suelo chileno. En realidad en la cordillera no había "pasos" y menos aún algo que pudiera llamarse caminos o se asemejaran a ellos, sino desfiladeros o senderos entre las montañas, los que eran muy angostos en algunos casos de 30 a 50 cm. de ancho, pedregosos y resbaladizos, verdaderos senderos de cornisa a cuyo lado había abismos y precipicios muy profundos entre 100 y 500 mts. al fondo de los cuales corrían los ríos, todo ello muy peligroso, lo que significaba que quien  cayera o resbalara, casi seguro perdiera la vida, apenas en algunos senderos cabían los pies de una mula. A fin de evitar accidentes, San Martín había dispuesto tratar de "limpiar" el camino o despejarlo de ripio. En otros lugares el camino era muy pedregoso. Todo eso hacía que el paso del ejército se hiciera muy lento y sobre todo por el empleo de mulas, de un andar lento y parsimonioso, si bien muy necesarias en ese escenario. Trasladar el ejército por Los Patos y Uspallata, significó traspasar cuatro cordilleras, con sus ascensos y descensos pronunciados y empinados, curvas y recodos, muy dificultosos para trasponer.

Si bien en el lugar hay abundancia de agua y de inmejorable calidad, era dificultosa su obtención. Muchas veces los caudalosos ríos productos del deshielo corrían en el fondo de los desfiladeros y abismos de hasta 500 mts. abajo de los senderos, con paredes de montaña muy perpendiculares, difíciles para descender y en el caso de poder hacerlo, más difíciles de poder subir. Solo en algunos puntos los ríos estaban al mismo nivel que los caminos y por ello San Martín debió establecer las jornadas de marcha, teniendo en cuenta todas esas circunstancias ya que debía saciarse la sed de esa gran masa de humanos y de animales.

Otro de los problemas a tener en cuenta, era la posibilidad de encontrar pastos para alimento de las bestias, lo que salvo en algunos lugares ocurría, por lo general y por el clima desértico de la zona solo se encontraban arbustos espinosos y pastos duros que eran poco digeribles por los animales, por lo que también se transportó forraje, pero esto no alcanzó por lo que no pocos murieron por la falta de alimento.

Otra cuestión fue la leña, ya sea para preparar los fogones para el rancho, como para proveer de calor a los hombres, sobre todo de noche. Fue muy difícil de hallar y en muchos casos además de la que fue transportada, fue reemplazada por la bosta seca de mulas, que siempre había en el camino. En algunos tramos se prohibió encender fogatas, ya que se temía que las mismas pudieran ser vistas por espías al servicio de los enemigos.

Los comestibles fueron traídos desde Mendoza, ya sea por los hombres en sus mochilas, o a lomo de burro y eran principalmente: galletas de harina, charque, maíz tostado, vino, aguardiente. Con el charque pisado, mezclado con grasa, sal, ají, cebollas y agua caliente, se preparaba una excelente comida llamada valdiviano.

También al ejército acompañaban casi 500 reses en pie, que cuando las condiciones lo permitían se faenaban, con lo cual la tropa comía carne fresca.

Durante la marcha, no siempre se pudo armar un campamento para descansar más o menos cómodamente y evitar la crueldad del frío de la noche y muchas veces la tropa debió dormir al resero, sobre el suelo duro y frío, usando la montura para armar su "cama" y abrigándose con el poncho. No pocos hombres murieron por enfriamiento y congelados.

Los padecimientos que deben haber vivido los sufridos soldados y auxiliares del ejército patriota fueron enormes.

Fue muy dificultoso y complicado el traslado de las piezas de artillería. Para ello se habían preparado unas zorras -ideadas por fray Luis Beltrán- de una construcción particular, para colocar los cañones desarmados, alzarlos o bajarlos, según las necesidades del terreno. Se construyeron también unos aparatos en forma de palanquín, para el traslado de esas piezas, llevados por dos mulas, una detrás de la otra, y en el centro, el cañón, sostenido por grandes ganchos, que permitían ser desenganchados con prontitud. Además el cañón llevaban una especie de mortaja acolchada y rellena con lana, para que en el caso de una caída, no se estropeara.

También se trasladaba un puente de 40 m. usado para para salvar desfiladeros y ríos

A medida que el ejército se encontraba en tránsito por los Andes, las medidas previsoras de San Martín, también habían contemplado la necesidad de dejar víveres en determinados lugares del camino y a buen recaudo, para el hipotético supuesto de que esas tropas llegaran a ser derrotadas y obligadas a retroceder.

Como hemos visto, nada fue dejado al azar.


La arribada a suelo chileno

El día 4 de febrero las dos columnas principales comenzaron a bajar la cuesta del macizo andino del lado chileno.

Después de algunos enfrentamiento con destacamentos realistas, las dos columnas se reunieron en San Felipe del Aconcagua el día 8 y desde allí, juntas, marcharon hacia la capital, Santiago, distante aproximadamente a 100 kms. por las rutas de la época.

Batalla de Chacabuco

Batalla de Chacabuco
Batalla de Chacabuco. Óleo de Pedro Subercaseaux

Cuando el gobernador del Reino de Chile, Marcó del Pont, tuvo conocimiento de la presencia del ejército sanmartiniano en su territorio, tan cerca de Santiago, pudo reunir una tropa de solamente 2.000 soldados, ya que el resto había sido enviada al sur, donde había creído posible la amenaza de una invasión.

Parte de estas tropas puestas a la órdenes del general realista Rafael Maroto, se atrincheraron en una meseta frente a la cuesta de Chacabuco, con el fin de cerrar el paso al ejército invasor. Chacabuco se encuentra aproximadamente a 55 km. al norte de Santiago.

La estrategia sanmartiniana fue mover rápidamente al ejército, mantener al enemigo disperso y no darle tiempo ni oportunidad para reunirse y agruparse y salir de la sorpresa que le había producido la invasión a su territorio.

El encuentro entre los dos ejércitos se produjo en las primeras horas de la madrugada del 12 de febrero, fecha de gloria para la Patria naciente. La orden dada por San Martín, era que los enemigos fueran atacados simultáneamente por dos columnas, una al mando de O´Higgins que debía hacerlo de frente, por el camino más corto pero más escabroso, llamado Cuesta Vieja y la otra al mando de Soler que debía marchar por el flanco por la Cuesta Nueva, menos empinada, pero había que dar un largo rodeo. 

La estrategia era que O'Higgins al mando de 1.500 hombres amagara al frente de las tropas realistas a través de la Cuesta Vieja, debiéndo mantenerlos amenazados pero sin comprometer sus fuerzas en una acción decisiva hasta que la columna de 2.100 soldados al mando de Soler hubiera completado su itinerario y pudiera atacar a Maroto por el flanco y la retaguardia. Ese ataque simultáneo ocasionaría la derrota de los realistas, impidiéndoles toda retirada.

Antes de iniciarse el encuentro, Maroto viendo que la totalidad de sus fuerzas no podrían concentrarse en la cumbre y que por el avance de las dos columnas enemigas, lo rodearían y lo aniquilarían si se mantenía en la cumbre, ordenó el repliegue de la vanguardia que se hizo en el mayor orden cuesta abajo para reunirse con el resto de sus tropas en la planicie, variando así el escenario de la futura batalla. Ante esa situación O'Higgins avanzó en persecución de la avanzada enemiga y se empeñó imprudentemente en el combate, debido a su ansiedad para entrar en la lucha, creyendo que la victoria era posible con el solo empleo de sus propias fuerzas sin esperar la llegada de Soler.

"El general O'Higgins –escribe Carlos A. Pueyrredón–, al divisar a las tropas opresoras de su Patria, no pudo contenerse, e impulsado por su valor legendario se lanzó a la carga, resuelta e imprudentemente, contrariando las instrucciones de San Martín de esperar a la División Soler, para iniciar juntos el combate".

Los realistas bien atrincherados opusieron tenaz resistencia y frenaron el avance de O'Higgins por dos veces, lo que casi ocasionó la derrota de esas tropas. Ante esa situación, San Martín al mando de las tropas de reserva ordenó a la infantería cargar a la bayoneta, apoyada por la caballería al mando del coronel José Matías Zapiola. 

"El gran capitán venía bajando la cuesta al frente de sus granaderos cuando se apercibió del acto de arrojo de O'Higgins –sigue relatando Carlos A. Pueyrredón–. Ordenó inmediatamente a los regimientos 7 y 8 de infantería que calaran bayoneta y atacaran resueltamente al centro del ejército realista; enseguida, a lanza y sable, arremetió contra el enemigo, para auxiliar a O'Higgins".

Así con la intervención de esas tropas de reserva que arremetieron a "lanza y sable" bajando la cuesta y la llegada de la columna de Soler, volcó la batalla a favor del Ejército de los Andes. Maroto fue derrotado, perdiendo en la acción 500 muertos y 600 prisioneros,  como así también gran parte del armamento, banderas y trofeos. Estas banderas fueron remitidas a Buenos Aires.

Ese mismo día, por la noche, Marcó del Pont abandonó la ciudad, siendo hecho prisionero días después en el puerto de Valparaíso, cuando intentaba embarcarse hacia el Perú.

La entrada en Santiago

El día después de la decisiva batalla de Chacabuco,  las tropas patriotas ocuparon la capital del reino, sin oposición alguna y en medio de la algarabía general de sus habitantes. 

San Martín entró en Santiago el día 14, por la noche y al día siguiente el Cabildo Abierto quiso nombrarlo Director Supremo del Estado, pero él no aceptó el cargo y a su indicación se lo nombró a O'Higgins.

San Martín anunció la admirable victoria lograda en Chacabuco, con estas palabras "Al Ejército de los Andes queda para siempre la gloria de decir: en veinticuatro días hemos hecho la campaña; pasamos la cordillera más elevada del globo, concluimos con los tiranos y dimos la libertad a Chile".


La llegada de la notica a Mendoza y Buenos Aires y las celebraciones públicas






Dibujo de Eleodoro Marenco del Sargento Mayor Manuel de Escalada, llevando a Buenos Aires el parte de la batalla de Chacabuco. 








El 16 de febrero al mediodía, llegó la noticia a Mendoza del triunfo en Chacabuco, conducida por el capitán de Granaderos Manuel Escalada, quien en tres días y medio cruzó los Andes.

Con respecto a la llegada de la noticias a Buenos Aires relativas a las victorias conseguidas en Chile y los festejos que se realizaron en la ciudad, así lo contó Juan Manuel Beruti.

"El 24 de febrero de 1817. A las once del día, se oyó en esta capital una salva general de artillería de la fortaleza y de la escuadra y en seguida un repique general también de campanas, que anunció al pueblo la plausible noticia que se acabó de recibir por un extraordinario [mensajero], que llegó de Mendoza, de haberse tomado por nuestras armas la ciudad de Santiago, capital del reino de Chile".

"El 26 de febrero de 1817. Entró en esta capital el capitán don Mariano Escalada, con los pliegos del oficio del general del ejército de los Andes don José de San Martín de haber reconquistado con las tropas de su mando la capital y reino de Chile, con la pérdida de los enemigos de 400 hombres muertos y 600 prisioneros, resultivo de la batalla que tuvo él mismo en persona que mandaba el cuerpo de reserva, que fue el que entró en acción en el valle nombrado de Chacabuco… en cuya acción tomaron al enemigo la bandera coronela del regimiento de Talavera, la que presentó el referido Escalada al excelentísimo señor director, habiendo, tenido por nuestra parte entre muertos y heridos sobre cien hombres; por cuyo motivo se hizo una salva general de artillería, habiéndose festejado esta victoria con tres noches de comedias en los días 24, 25 y este del 26, siendo las dos segundas para beneficio de las viudas de nuestros soldados muertos y alegrando en dichas tres noches al pueblo con músicas militares que salieron por las calles, entre vivas y aclamaciones…"

"En esa misma tarde las banderas de la patria, acompañadas de las tropas de la guarnición, músicas militares, salvas de artillería y las autoridades y pueblo, salieron del palacio del señor director triunfantes, llevando la [bandera] prisionera caída, en señal de su abatimiento, la que fue puesta igualmente rendida y las patricias [banderas argentinas] sobre ella, enarboladas, en el balcón principal de las casas consistoriales, donde estuvo esta tarde y el siguiente día a la expectación pública; cuya bandera se remite al Cabildo de Mendoza para que la coloque en el templo que tenga por conveniente, gracias que el supremo director hace a esa ciudad, por sus relevantes servicios, en lo que ha contribuido a nuestro éxito para la conquista de Chile".

"El 2 de marzo de 1817. Hubo en la Catedral de Buenos Aires, misa de gracia con Tedéum, en acción de gracias al Señor de los ejércitos, por la victoria de haber tomado la capital del reino de Chile; a cuya función asistieron todas las autoridades, eclesiástica, civil y militar, la que se hizo con la mayor magnificencia, concurriendo las tropas de la guarnición, las que éstas, alternando con la artillería de la plaza y marina, hicieron salvas por tres ocasiones; lo que concluida la primera siguió un repique general de campanas, que fue al principiar la misa".

"El 4 de marzo de 1817. Se oyó en esta capital, a las nueve de la noche, una salva de artillería y en seguida un repique general de campanas y fue la causa de haber llegado un extraordinario de Chile, con la plausible noticia de haber caído prisionero el capitán general de Chile… don Francisco Marcó del Pont…". 

"El 6 de marzo de 1817. Se hizo una comedia, representada por aficionados, donde se entró a verla sin interés [gratuitamente]; pues fue en celebridad de la toma de Chile".

"El 9 de marzo de 1817. Entraron un estandarte y una bandera más, remitidas por nuestro general San Martín de las tomadas a los enemigos en Chile, las que se recibió y colocaron a la expectativa pública en los balcones del Cabildo, habiendo habido en esta noche iluminación general, música y castillo de fuego en la plaza Mayor, en cuyos balcones del Cabildo se puso una muy vistosa iluminación; el retrato del capitán general San Martín que cubría el principal arco del centro de su galería, al que la fama estaba coronando con una corona de laurel y al pie entre trofeos militares, un letrero que decía «San Martín, el laurel toma, Grecia no pudo hacer más»".

"El 10 de marzo de 1817. Siguió la iluminación general, hubo danzas muy lucidas, música con la noche anterior y castillo de fuego en la plaza Mayor, estando la pirámide primorosamente iluminada y adornada de banderas de la patria".

"El 11 de marzo de 1817. Hubo una corrida de toros, entró la gente sin interés, la que costeó el excelentísimo Cabildo, habiendo concurrido más de seis mil almas. El despojo lo hicieron los cívicos que tardaron en él mas de media hora según las varias evoluciones que por música hicieron; las danzas bailaron y los toreros fueron personas decentes, que de afición y alegría lo efectuaron; concluyendo con un soberbio castillo de fuego. A la noche siguió la iluminación general y música en los balcones de las casas consistoriales, que unas y otras se alternaban".

"El 13 de marzo de 1817… La bandera y estandarte que llegaron el 9 de marzo de 1817 a esta capital, …el señor director las ha mandado se coloquen en las iglesias principales, la primera de la ciudad de San Juan de Mendoza y el estandarte en la de la Punta de San Luis; las que se han remitido a sus respectivos cabildos al efecto; obsequio que les hace a esos pueblos, en atención a los servicios, que tienen hecho en servicio de la patria".


Reconocimiento a los vencedores de Chacabuco

Por decreto dado el 15 de abril por el Director Supremo, se dispuso premiar el merito de los guerreros que "desplegaron sus virtudes militares aumentando nuevas glorias a su Patria en la cuesta de Chacabuco". 

Réplica de la condecoración
Para San Martín, "a cuyo infatigable celo y conocimientos militares debe la Patria la parte principal de la gloriosa jornada", se acordó el uso sobre el costado izquierdo de su casaca, de un escudo bordado, que debía llevar en su orla, la siguiente inscripción: "La Patria en Chacabuco" y en su centro "Al vencedor de los Andes y libertador de Chile".

Para los oficiales superiores desde Brigadieres hasta la clase de Sargentos Mayores, se dispuso que llevaran pendientes del pecho una cinta tricolor: blanca, celeste y amarilla y una medalla de oro con la siguiente inscripción: "La Patria a los vencedores de los Andes" y en la orla "Chile restaurado por el valor en Chacabuco". Para capitanes hasta el grado de alférez, la misma distinción, siendo la medalla en estos casos de plata.

Para sargentos, cabos y soldados el decreto estableció: "usen en el brazo izquierdo un escudo de paño blanco, con la misma inscripción en color celeste".


Notas

(1) La comparación del traspaso de los Andes por el Ejército de San Martín con el paso a través de los Alpes por el ejército napoleónico, puede verse en ER N° 4, pág. 16.

(2) Marcó del Pont era designado como "Capitán General y Presidente de Chile".

(3) Pehuenches era la tribu que habitaba al sur del río Diamante en Mendoza, zona de los pinares y de allí deriva ese nombre (pehuen = pino).

(4) Participaron del servicio sanitario del ejército, los frailes de la orden de los Bethlemitas: Antonio de San Alberto -asistente del Cirujano Mayor Dr. Diego Paroissien, Jefe de Sanidad-; Toribio Luque -asistente del segundo Jefe Cirujano Isidro Zapata-; José María de las Torres y Pedro del Cármen -ambos prácticos en medicina-. Todos ellos, además del cuidado y asistencia de enfermos y heridos, cumplieron la tarea de asistencia espiritual de la tropa. Vinculados a estos, estaba el Padre Doctor José Lorenzo Güiraldes, vicario del ejército y creador de un pequeño cuerpo de capellanes, a los que sumó a algunos sacerdotes chilenos refugiados en Mendoza. 


Fuentes

Beruti, Juan Manuel. "Memorias curiosas", Emecé Editores S.A., Buenos Aires, 2001.

Furlong, Guillermo S.J. " El paso de los Andes" en revista "Todo es Historia" N° 16 de agosto de 1968.

Miller, John. "Memorias del General Miller", Emecé Editores S.A., Buenos Aires, 1997.

Pérez Pardella, Agustín. "José de San Martín. El Libertador cabalga. Una biografía", 4ta. edición, Editorial Planeta Argentina S.A.I.C., Buenos Aires, 2000.

Pueyrredón, Carlos A. "La campaña de los Andes", Emecé Editores, Buenos Aires 1944.

Pueyrredón, Manuel A. "Memorias inéditas del coronel Manuel A. Pueyrredón. Historia de mi vida. Campañas del Ejército de los Andes", Editorial Guillermo Kraft Ltda., Buenos Aires, 1947.