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viernes, 27 de septiembre de 2024

Rolando Hangling - Mapuches - El malón

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En el portal del diario La Nación, sección Opinión del 8 de enero de 2013, fue publicado el siguiente artículo, sobre los malones


Chile y la Argentina: ¿hacia una crisis mapuche?

Por Rolando Hanglin 


En Chile y la Argentina, los que manipulan el mito del genocidio mapuche están jugando con fuego

En la edición correspondiente al 30 de diciembre de 2012, el lector Javier Bulló escribió a LA NACION: "He visitado el Parque Nacional de Lihuel Calel, en la Provincia de la Pampa, y allí se explica que la economía de los pueblos originarios de la región se basaba en los malones"

Empecemos por el principio. ¿Qué era un malón, también conocido como invasión entre el año 1500 y el año 1885, en el territorio denominado genéricamente "las pampas", abarcando desde la cordillera de los Andes hasta el Río de la Plata, en la franja central de la República Argentina?

Un malón consistía en un ataque masivo de la caballería india. Los guerreros o conas podían ser un reducido batallón de diez hombres o una tropa gigantesca de cinco o diez mil lanceros. Estaban encabezados por sus ulmén o jefes de guerra y, en segundo plano, los lugartenientes, capitanejos o caciquillos. Entre estos hombres se entreveraban también muchos blancos, cristianos o huincas, que convivían con los indios a raíz de distintos conflictos con la sociedad "blanca". Algunos eran prófugos, otros delincuentes, otros perseguidos políticos como el famoso coronel puntano Manuel Baigorria, que fue cacique ranquel y tuvo familia entre la paisanada, del mismo modo que los tres hermanos Sáa, antepasados de los actuales políticos puntanos, Alberto y Adolfo Rodríguez Saá.

El malón estaba protagonizado, pues, por un grupo de guerreros a caballo, armados de lanza tacuara con su moharra de fierro, cada uno de los cuales llevaba una tropilla propia, de espléndidos caballos. En el momento del asalto, el guerrero saltaba al lomo de su pingo mejor, el caballo de combate. Y así entraba a los pueblos, lanza en mano. Los hombres eran asesinados mediante lanzazos y golpes de bola. Las mujeres jóvenes, sin mayor alternativa, eran secuestradas. Su destino era servir de esclavas de cama de algún cacique o guerrero prominente. Los niños eran robados para servir de esclavos o (hay que decir la verdad) para criarlos como hijos. Viejos y viejas eran rápidamente sacrificados. Mientras tanto, la chusma (grupo de aborígenes no combatientes, es decir jovencitas, muchachos o niños y otros) colaboraban arreando el ganado. Mientras se prendía fuego a las casas, grandes tropas de vacunos y yeguarizos (hasta 50 mil cabezas) eran conducidos por el camino de los chilenos, histórica rastrillada que atravesaba la pampa y conformaba un sendero de 100 metros de ancho, hundido a 50 cm. de profundidad, con la huella de innumerables pisadas y el "rastrillar" de miles de lanzas, ya que los indios llevaban su arma principal amarrada a la muñeca, y la arrastraban por los médanos y los guadales del camino hasta la isla de Choele-Choel y los parajes de invernada del Neuquén , donde aquella hacienda robada hacía su última escala antes de pasar a Chile, donde a veces era "exportada" (¡) por barcos británicos del Pacífico. En el camino quedaban (obvio) miles de paisanos argentinos asesinados, sus casas quemadas, y sus mujeres e hijas violadas o secuestradas para siempre.

El malón estaba protagonizado, pues, por un grupo de guerreros a caballo, armados de lanza tacuara con su moharra de fierro, cada uno de los cuales llevaba una tropilla propia, de espléndidos caballos.

Esto es lo que era un malón. Que se anunciaba con el grito terrorífico de los guerreros, aquel ulular golpeándose la boca con la palma de la mano, y el "ya-ya-yaaaaaa" que aún hoy saben pronunciar los niños araucanos de la Patagonia, jugando a la guerra.

Así fueron los malones de Salto, Rojas, Bahía Blanca, Dolores, Río Cuarto. Así está relatado en la historia, a lo largo de 300 años de guerra étnica.

¿Puede describirse al malón como una actividad económica? No. Básicamente, se trataba de una acción armada contra la población civil indefensa, que incluía homicidio, robo de hacienda, incendio de propiedades, secuestro de personas y otros crímenes. Las acciones de este tipo han merecido, a lo largo de la historia y en todas las naciones, los castigos más severos.

También vale decir que, para poner fin a los malones, el Ejército Argentino se tomó no menos de 60 años (desde 1820 a 1880) recurriendo por fin a la táctica del "malón contra malón", es decir atacando a los caciques en sus propias tolderías, incendiando viviendas y diezmando familias. Hay una amplia crítica histórica, política y moral sobre estos hechos. Que, por otra parte, no fueron un capricho privado del General Julio Roca sino una Campaña de ocupación definitiva del territorio, ordenada por el presidente Avellaneda a partir de una ley del Congreso. No se enfrentaron, en esta contienda, dos bandos, sino muchos, pues hubo alianzas, rupturas y guerrillas variadas. Actuaron los indios amigos como Coliqueo, Pincén y Catriel, los indios chilenos instalados en Salinas Grandes como Calfucurá y luego sus hijos Reuquecurá y Namuncurá (a la cabeza de la Confederación Indígena, un embrión de Estado) y otras parcialidades. Los llamados "indios gauchos" (sin jefatura) y numerosas partidas de cristianos entre prófugos, delincuentes, marginales, rebeldes, refugiados políticos como el ya mencionado Baigorria ("Condor Petiso" entre los ranqueles) que fue un verdadero cacique blanco en las tolderías.

Cabe decir también que los aborígenes americanos defendían la tierra en que habían nacido, y donde fueron rudamente atacados por los españoles -primero- y los argentinos y chilenos después de 1810. En general, no reconocían el concepto de propiedad privada, Estado o territorio nacional. En cambio, los araucanos de Chile sí se consideraban titulares de una región definida, la Araucanía, y la defendieron con singular temple militar, hasta el punto de que el Imperio Español terminó reconociéndoles una frontera, la del río Bío-Bío.

Cuando se produce la independencia de la Argentina y Chile, numerosas indiadas pasan la cordillera y se instalan en la Argentina, no sin pedir autorización a los gobiernos (al parecer Calfucurá la solicitó de Rosas) entre otros motivos porque habían combatido por el bando español y temían la revancha de los patriotas. En nuestro país, los araucanos penetran desde el Siglo XVIII y muy acentuadamente a partir de 1830, cuando Calfucurá ataca a la tribu de los vorogas argentinos, cuyos jefes son degollados y su población anexada.

Puede decirse que todas las agrupaciones, conocidas en aquel tiempo como indiadas, constituían un mestizaje de razas y lenguas: se adquirían mujeres por compra, pacto, rapto o secuestro, tanto indias como cristianas, y los guerreros de una comunidad pasaban a otra si no se hallaban a gusto. Las distintas etnias conocidas como tehuelches, serranos, puelches, querandíes, fueron sometidas por jefaturas araucanas y prevaleció en las pampas la lengua chilena. Este proceso se conoce como Araucanización de la Pampa. La Argentina enfrentó una guerra larga y sangrienta contra el malón, hasta que en 1879 se produce la Campaña al Desierto de Roca. Los indios argentinos no fueron exterminados ni mucho menos, sino integrados como ciudadanos de nuestro país. Los irreductibles, encarcelados en Martín García o dispersados hacia el Sur y la Cordillera, donde no había hacienda que robar ni pueblos que incendiar.

En aquella guerra, imperó por ambos bandos la ley del degüello: no se tomaban prisioneros sino que se ejecutaba sumariamente a todos los vencidos. Al final, sin embargo, grandes jefes históricos como Pincén, Epumer, Namuncurá e Inacayal fueron encarcelados en Martín García. Es decir que se respetaron sus vidas. Pasada la conflagración, se los liberó.

La República Argentina atravesó un gravísimo problema de supervivencia en la Guerra al Malón (título del libro del comandante Manuel Prado, que relata lo sucedido con todos sus matices) y lo superó recién en la década de 1880, cuando se estabiliza la Organización Nacional.

Todo esto viene a cuento de lo sucedido la semana pasada en Chile. Una horda supuestamente mapuche, integrada por 20 hombres encapuchados, atacó la hacienda del Sr. Werner Luchsinger y su esposa, la señora Vivian MacKay. Los dos gringos fueron asesinados. Luego se incendió la cabaña, donde más tarde encontrarían los dos cadáveres.

Dada la composición demográfica de la Patagonia argentina (numerosos inmigrantes de Escocia, Gales, Irlanda y Alemania) tememos que se pueda incubar un fenómeno paralelo a ambos lados de los Andes. Hay personajes que le dicen a los criollos: "Negro, esta tierra es tuya! Sacá a los gringos, poneles un piquete para que paguen peaje antes de pasar la tranquera, ocupale las casas...! ¡Que se vuelvan a Europa!". Los que reciben este mensaje, en la Argentina, normalmente son nietos de chilenos, pero fermenta en su alma la idea de que "el extranjero" los ha despojado de algo propio. Y todo este asunto genera odio, envidia, sentimientos de revancha, violencia.

En Chile y la Argentina, los que manipulan el mito del genocidio mapuche están jugando con fuego. Los mapuches no son otros que los araucanos de la historia, aquellos que con Lautaro y Caupolicán le impusieron una frontera a la España Imperial. Gente aguerrida, con una mística especial: 900.000 viven en Chile y 150.000 en nuestro país.

Atención: vivimos en repúblicas criollas, regidas por constituciones democráticas que consagran la propiedad privada. Si alguien tiene algo que reclamar, debe presentarse al juez competente con la documentación histórica, jurídica, periodística, etnográfica, que lo acredite respecto de alguna zona o predio.

En Chile se habla de la intervención del grupo argentino Quebracho, que no nos consta. En la fecha del doble homicidio (Luchsinger) se conmemoraba el quinto aniversario de la muerte del estudiante mapuche Matías Catrileo, que aparentemente fue abatido por carabineros en una finca privada, también perteneciente a la familia Luchsinger.

"A mi prima Vivian MacKay la quemaron viva. Si llegan a mi casa, los voy a disparar a todo dar. Los voy a balear a todos. No les tengo ningún miedo", amenaza Alan Cooper, vecino y pariente de las víctimas. El ministro de Interior, don Andres Chadwick, dice: "Enfrentamos a un enemigo fuerte, poderoso y organizado". Ya existe una Asociación de Víctimas de la Violencia Rural en Araucanía. La Confederación de Dueños de Camiones de Chile se declara en estado de alerta porque sus cargueros deben atravesar la "zona roja" del conflicto. Palabras del presidente Piñera: "Esta lucha no es contra un pueblo en especial y menos contra el pueblo mapuche. Es una lucha contra una minoría de delincuentes, terroristas y violentistas".

Chilenos y argentinos deben analizar este asunto con extremo cuidado. Hay una historia que enseña cómo pueden descarrilarse las cosas. Lo que menos necesitamos es otra guerra étnica.

sábado, 12 de agosto de 2023

El malón - Heriberto Auel

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En  el número correspondiente al mes de junio de 2010 del mensuario El Observador de San Martín, fue publicado el siguiente artículo.

Desde Cevallos a Rosas 
LA LARGA "GUERRA CONTRA EL MALÓN" EN NUESTRO PAÍS
por HERIBERTO AUEL


El malón
Los malones que asolaron la frontera Sur de Buenos Aires se iniciaron con la fundación misma del Virreinato del Río de la Plata. Tan es así que el primer plan fue elaborado por el Cap. Grl. Pedro de Cevallos, en 1776, para arrojar a los “indios alzados” más allá del Río Colorado. Este plan no se ejecutó.
A partir de 1820 los sucesivos gobiernos patrios intentaron terminar con “la industria del malón”. Las tres campañas que se ejecutaron durante el gobierno de Martín Rodríguez fracasaron.
Recién en 1833 llega la posibilidad de cumplir con el objetivo de Cevallos, al hacerse cargo de la campaña un hombre conocedor del indio y de las pampas argentinas, Juan Manuel de Rosas, durante el gobierno de Balcarce. Rosas había pedido un millón y medio de pesos pata los expedicionarios, que fueron acordados por la Legislatura, pero que nunca llegaron a destino. Las operaciones se desarrollaron con el apoyo de las víctimas de los malones: los estancieros.
Esta vez el planeamiento fue detallado, acorde con la personalidad del comandante. Hábilmente Rosas comprometió al Grl. Bulnes —luego presidente chileno— para el comando de la columna “derecha”, que debía arrojar a los araucanos —victimarios de los aborígenes argentinos— hacia el Este de la cordillera. A última hora Bulnes debió alejarse, por presiones políticas internas del país vecino. El otro renunciante fue el Br. Grl. Quiroga, nombrado Comandante en Jefe, que manifestó “no conocer la guerra contra el indio”.
No encontraron en su avance solo tribus aborígenes extranjeras, sino también “blancos corrompidos” —comerciantes intermediarios que en combinación con funcionarios propios y del país vecino facilitaban el tráfico ilegal a través de la cordillera— y “blancos renegados” —como los hermanos Pincheira— que traficaban en combinación con los malones.
El Plan Alsina y el Plan Roca
Hasta Caseros, la inercia de los éxitos de la campaña de 1833 se mantuvieron, pero a partir de allí, al agravarse nuestra guerra civil durante la guerra del Paraguay, el malón avanzó nuevamente.
Recién en 1876 el Ministro de Guerra Adolfo Alsina reactivara “la guerra contra el malón”. Derrota a Catriel, Pincén y Namuncurá, que habían llegado nuevamente a orillas del Río Salado, en las puertas de la ciudad de Bs. As. y a lo largo de dos años construyó su famosa “zanja”, de quinientos Kmts. de largo, desde el Sur de Córdoba hasta Bahía Blanca.
La actitud estratégica de Alsina era netamente defensiva. Sobre la zanja, había “guardias” cada cinco Kmts. y “fortines” cada treinta a cincuenta Kmts., cubiertas por diez o quince “guardias nacionales”, —los “soldados patrios” —, las primeras y por cincuenta a cien, los segundos. Esos argentinos pasaron allí años, sin paga ni abastecimiento alguno, como bien lo relata Hernández. El malón siguió perforando la línea de la zanja y la persecución siempre era tardía, a pesar del lastre del botín con destino al Pacífico, que se medía en miles de cabezas de vacunos y decenas de personas, en cada incursión.
En 1877 el ministro Alsina muere en campaña y asume el Gral. Julio Argentino Roca. Su actitud es opuesta a la de Alsina. Propone una actitud ofensiva, llevando la guerra contra el malón al territorio argentino “ocupado”. Su plan es aprobado por la ley del Congreso Nro. 947, que establece la creación de la Gobernación de la Patagonia, con capital en Viedma —entonces Mercedes de Patagones—. La campaña se sufragaría con las tierras a recuperar al “malón”.
La campaña se desarrolló en dos fases: en la primera, se organizaron las columnas y se inició una tarea de exploración y reconocimiento. En la segunda, el avance simultáneo de las cinco columnas hacia el Sur. Roca estableció su Cuartel General en la Isla Choele-Choel y luego avanzó hasta la confluencia de los ríos Limay y Neuquén En ésta campaña, que permitió establecer los límites del actual Estado Argentino, murieron mil trescientos indios de lanza, en combate. Se tomaron catorce mil prisioneros —lo que demuestra que no hubo intención de eliminar al indio, sino al malón—. Se recuperaron miles de cabezas de ganado y mil setecientas cautivas. Todo ello con la cooperación de “indios amigos”. Se incorporaron al territorio nacional quince mil leguas cuadradas de territorio, integrándose la Patagonia al resto del territorio nacional. En consecuencia, se expandió la inmigración, se produjo una verdadera revolución agropecuaria y la Argentina se colocó entre los principales países del mundo, a fines del Siglo XIX, El Grl. Roca, poco tiempo después, como Presidente de la República firmará con el presidente chileno Errázuriz los Pactos de Mayo, que abrieron el camino a los definitivos tratados de límites sobre los Andes. De su gestión de gobierno están presentes, como testimonios edilicios que son orgullo de Bs. As la Casa Rosada, el Congreso de la Nación, el palacio del Correo Nacional, el Banco de la Nación o el Puerto Madero, entre otros. Por meras razones ideológicas, hoy se está tergiversando esta gran verdad histórica y debemos entender que quienes no se apoyan en el pasado glorioso, van tumbo a su autodestrucción. Dejemos de odiarnos a nosotros mismos.