sábado, 11 de noviembre de 2023

Revolución de los Libres del Sur - General Tomás de Iriarte - Comisión Argentina de Montevideo

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

Durante los meses de octubre y noviembre de 1989 y con motivo de cumplirse el 150° aniversario de la revolución o levantamiento de los llamados "Libres del Sur", fueron publicados en el diario La Prensa, artículos alusivos al tema, de autoría de personas que seguían la línea de la Historia Oficial.
El 16 de noviembre, se publicó siguiente artículo de interesante apreciación sobre la Comisión Argentina de Montevideo.


Iriarte y los Libres del Sur
por Alberto Allende Iriarte

General Iriarte
General Tomás de Iriarte



Sin lugar a dudas son Ángel Carranza en 1880 y Juan B. Selva, más tarde, los mayores investigadores de la romántica Revolución de los Libres del Sur. Sin embargo, en sus magníficas obras que tratan exhaustivamente dichos acontecimientos, la figura del brigadier general Tomás de Iriarte aparece fugazmente.
Las memorias del general Iriarte que constan de 10.000 páginas manuscritas, fueron publicadas a partir de 1945 en 12 voluminosos tomos, con estudio preliminar del académico Enrique de Gandía.  Carranza y Selva no tuvieron en sus manos el relato de Iriarte que hubiese dado respuesta a muchos de los interrogantes que consignan en sus libros. ¿Qué sucedía con esa “Comisión Argentina”, controvertida y vacilante? ¿Qué motivaba las cambiantes decisiones del general Lavalle?  ¿Por qué se retardó la invasión a Buenos Aires, qué abortara la conspiración de Maza? Todas estas preguntas están contestadas en las maravillosas páginas del memorialista que explican la vida, las divisiones, las ideas, las ambiciones, las ilusiones y las debilidades de los inmigrados de Montevideo. En 1838 la primera inmigración formada por los unitarios de Rivadavia y los que acompañaron a Lavalle en su revolución de 1828 estaba dividida. Por un lado los que no concebían la ayuda francesa para derrocar a Rosas y por otro los que consideraban que ésta potencia no tenía pretensiones sobre nuestro país, sino que sólo quería ayudar a derrocar un régimen despótico que había perseguido a sus súbditos. De la primera opinión participaban entre otros el General Lavalle, Varela, Agüero, Alsina y Gallardo. Opinaban en forma contraria, inducidos por Rivadavia que escribía febrilmente desde el Brasil, el canónigo Gomes y el doctor Zavaleta. Los antiguos unitarios, “Los Ancianos” dice Alberdi, recelaban de los “Lomos Negros”, como Iriarte, que junto a Olazábal, Martínez, Balcarce y otros formaban la segunda inmigración de federales constitucionalistas. En Montevideo, Rivera se propuso organizar la inmigración y al efecto promovió la instalación de una "Comisión Argentina”, con la que debían entenderse y ante quien debían subordinarse los Inmigrados. Quedó constituida bajo la presidencia del general Martín Rodríguez, y estaba integrada por Florencio Varela como secretarlo y como vocales Valentín Alsina, Salvador María del Carril, general Félix de Olazábal y el General Tomás de Iriarte. A medida que llegaron por sus destierros se incorporaron. Agüero, Ocampo, Gallardo, Costa y Agrelo. Desde las primeras reuniones de la comisión se manifestó el espíritu antagónico entre la primera y segunda inmigración. Los unitarios y los federales liberales (Lomos negros). Según Iriarte, “... vivían hacía cerca de cuatro años y no tenían inmediato contacto, existía entre ellos una especie de interdicción”. La comisión estaba integrada en su mayoría por unitarios, solamente había dos liberales: Iriarte y Olazábal. La inmigración de Buenos Aires aumentaba día a día y se componía en especial de hombres jóvenes y muchos estudiantes de Derecho que estaban imbuidos de las  nuevas ideas que habían convulsionado al régimen imperante. Los nuevos emigrados se denominaron "La nueva generación”, pretendía constituir el país y hacerlo marchar bajo su dirección por la senda del progreso social. Esta tercera inmigración que tenía por principales representantes, entre otros, a Alberdi, Echeverría, Gutiérrez, Mitre y Rivera Indarte, surgió de las ideas románticas  que llegaron de Francia con le revolución de Julio de 1830, que llevó al trono a Luis Felipe de Orleáns: Este movimiento producido por la burguesa de Francia es producto de la prédica de republicanos y liberales. Sus doctrinas llevaron a Diego de Alcorta, desde la cátedra, a enseñar un nuevo lenguaje intelectual y político que llevó a sus discípulos a pasar de una postura literaria a una decidida acción política. De sus primeras reuniones en lo de Miguel Cané, de las  realizadas en el “Salón Literario” en la librería de Marcos Sastre, pasaron a actuar secretamente en Ja Asociación de Mayo, para luego tener que emigrar por la persecución de Rosas. Es indudable que la "Nueva Generación” fue la que logró que los unitarios y el mismo Lavalle aceptaran la ayuda de la Flota Francesa y de Rivera en la empresa de derrocar al tirano. Lavalle, distanciado de Rivera desde la batalla del Palmar, a instancia de los inmigrados y muy especialmente de Iriarte, escribió al caudillo oriental, logrando su apoyo y se convirtió finalmente en el jefe del movimiento. Estas desinteligencias habían hecho perder un tiempo precioso a la revolución y dio por resultado desarticular las operaciones combinadas con el coronel Maza en  Buenos Aires y con los hacendados del sur de la campaña. La actividad de Iriarte  dentro de la Comisión Argentina, su trabajo con Alberdi en los proyectos bélicos y políticos que se resumieron en el memorial citado y su lucha denodada para unir a las tres inmigraciones, tenía un solo objetivo, lograr que la legión argentina invadiera Buenos Aires por el sur cuanto  antes para concretar el plan concebido. Muchos hacendados, federales distinguidos, ponían objeciones a la figura de Lavalle como jefe de la expedición y requerían al general Martín Rodríguez u otro jefe de mérito para encabezarla. La edad y el estado de salud del general Rodríguez impedían que accediera a lo solicitado y en consecuencia quedaban los generales Olazábal e Iriarte como líderes naturales con antecedentes reconocidos para satisfacer tales requerimientos. El bloqueo final que privaba al Fisco de las entradas aduaneras y la guerra que mantenía la Confederación con Bolivia, habían resentido el erario dejando al gobierno en estado de total insolvencia. Fue así que Rosas expidió un decreto en 1838 que duplicaba el canon enfitéutico y estableció una amplia zona dentro de la provincia en la cual no se renovarían los contratos enfitéuticos cuyos terrenos serían vendidos. Quienes atacan la gesta de los Libres del Sur, invocan estas razones como las causas que indujeron a los hacendados en su pronunciamiento, olvidando que la mayor parte de los sublevados eran propietarios de sus estancias. Asimismo los sublevados del sur se habían incorporado al “Club de los Cinco” liderado por Tejedor y en consecuencia Ramón Maza, Pedro Castelli, Marcelino Martínez Castro, los hermanos Ramos Mejía, Francisco Madero y Manuel Belgrano y otros se habían imbuido de las ideas de libertad que allí se debatían. Por entonces estallaban movimientos contra Rosas en los cuatro puntos cardinales del país y los inmigrados en la Banda Oriental se preparaban para invadirlo. Félix Frías seguía comunicándose con los conjurados y prometiendo la ayuda de Lavalle. Descubierta la conspiración de Maza, por la tardanza de Lavalle, ésta terminó con su fusilamiento y el asesinato de su padre Manuel Vicente en su despacho. Al fracasar la revolución en la ciudad, los hacendados, privados de su jefe militar, quedaron librados a sus propios y desorganizados recursos, sólo les quedaba la esperanza del desembarco de Lavalle en las playas de Buenos Aires. Los de conjurados del sur lo instaban a que lo hiciera en sus costas, Ferré preocupado por su situación le pedía invadir Entre Ríos. Finalmente, Lavalle, ante la invasión de Echagüe, varió su plan y se dirigió a Entre Ríos desde Martín García, desembarcando el 5 de septiembre en el puerto de Landa. No obstante sus reiterados pedidos a Lavalle en Martín García, Iriarte, presumiblemente por la oposición de los “Ancianos Ilustrados”, no pudo incorporarse a la legión.   El mismo día que embarcó Lavalle comisionó al general don Tomás de Iriarte, para que se entrevistara con Rivera a efectos de combinar un plan militar entre los ejércitos argentino y uruguayo. Rico el 28 de octubre de 1839 dio el Grito de Dolores y puso en marcha la romántica epopeya de los Libres del Sur. La costa cayó en poder de los sublevados, lo que les permitió luego una retirada que evitó un desastre mayor. Prácticamente no era más que una masa humana sin jefes y sin soldados y para colmo sin armas. Estas habían sido pedidas a la “Comisión Argentina” en Montevideo y llegaron después del desastre. Frente a estos grupos que sólo podían oponer su valor, avanzaron las huestes de Prudencio Rosas bien equipadas e igualmente disciplinadas. El 7 de noviembre de1839 se encontraron las fuerzas enemigas en Chascomús  donde después de un combate reñido, que duró “tres horas, quedó sellada la suerte de la revolución. Ese mismo día llegó a Montevideo por vía de la escuadra francesa la noticia del levantamiento de la campaña del sur de Buenos. Aires, irónicamente  cuando ya estaba definido el destino de los insurrectos. Iriarte, como representante de Lavalle, resuelve embarcarse hacia el lugar de las operaciones y se le presentan jefes y oficiales que resuelven acompañarlo. En nombre de la “Comisión Argentina” entrega a los enviados de los insurgentes, mil sables, mil tercerolas y municiones. Montevideo vive jornadas de júbilo y las campanas de las iglesias no cesan de repicar, la música cruzaba por las calles de la ciudad hasta después de la medianoche. El día 14 de noviembre llegó a Montevideo la noticia funesta del desastre de Chascomús y la crónica real de los sucesos. No obstante la certeza de la derrota, Iriarte con su secretario Pascual Videla y su comitiva partió el mismo día al ponerse el sol, en la balandra “L'Actif”, llegando el día 15 de mañana a la boca del Salado. Iriarte se reunió con Rico en el bergantín en que éste estaba embarcado. Lo acompañaban Miguel Irigoyen y Miguel Sánchez, que habían llegado poco antes comisionados por los líderes de la primera inmigración. Estos habían ya convencido a Rico de unirse a Lavalle embarcándose a Montevideo y éste había soltado poco antes más de 4.000 de los mejores caballos del sur de la provincia. Este no había sido el plan original del jefe revolucionario. Luego de permanecer más de tres días inactivo en Dolores con 1.000 hombres, 300 lo abandonaron por no haber entrado en acción. Entonces recibió la comunicación del coronel Martín Campos que le anunciaba su llegadas al Ajó con 200 hombres. Rico arengó a sus tropas y prometió luchar hasta el fin, fue aclamado por el pueblo y marchó a unirse con Campos y con los efectivos y armas que venían desde Montevideo para batir la campaña y juntarse con los Libres que aún combatían. Rico le manifestó a Iriarte que estaba decidido a unirse a las fuerzas de Lavalle e Iriarte no insistió más, quedando convenido que el cambio de plan de Rico y la falta de una cabeza que diere dirección al conjunto fue la única causa de la derrota de los libres. Entre los900 hombres que acompañaban a Rico sólo treinta y tantos estuvieron en la acción de Chascomús. El plan del general Iriarte no pudo aplicarse debido a las luchas de predominio de las distintas facciones de los emigrados, que trataban separadamente de atribuirse el mérito de la caída de Rosas y, por ende, de lograr para ellos el acceso al poder. Lavalle animado de las mejores intenciones qué surgen de su proclama, no pudo sustraerse de los consejos de los “Ancianos Ilustrados”, a quien tanto oía y que en definitiva le hicieron cometer los errores que lo llevarían a su trágico fin y que demorarían más de una década el comienzo de la organización de la Nación.

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