domingo, 20 de noviembre de 2022

Vuelta de Obligado - Rosas - Mansilla - Chiviló

 

20 de noviembre de 2022

UN DÍA COMO EL DE HOY, HACE 177 AÑOS. 

Combate de Vuelta de Obligado 

Rosas
Combate de Vuelta de Obligado


Hoy conmemoramos el 177° aniversario del Combate de Vuelta de Obligado, hecho de armas que tuvo lugar el 20 de noviembre de 1845, en las costas del río Paraná, muy cerca del pueblo de San Pedro. 

En el lugar que se conoce como Vuelta de Obligado –lo de Obligado” viene por el nombre del propietario de aquellas tierras don Antonio Obligado–, tuvo lugar un bravo combate entre las fuerzas nacionales de la Confederación Argentina, al mando del general Lucio Norberto Mansilla, quien con una fuerza de más o menos 1.250 hombres, intentó cerrar el paso de la flota anglofrancesa, compuesta por aproximadamente 100 navíos, 11 de los cuales eran de guerra –5 franceses y 6 ingleses–, muchos de ellos vapores de última generación –los primeros que navegaron el Paraná–, fuertemente armados y algunos con blindajes, seguidos por barcazas carboneras –para abastecer a los navíos a vapor– y el resto mercantes entre los cuales también había de otras nacionalidades –sardos, dinamarqueses, hamburgueses, norteamericanos, entre otros–, quienes contrariando las leyes argentinas pretendían ingresar impunemente por el río Paraná que era un río interior de la Confederación, y por lo tanto sujeto a su jurisdicción, para llegar a las ciudades de Corrientes y Asunción –esta última en ese entonces y como provincia argentina, también perteneciente a la Confederación– para vender sus productos manufacturados y establecer nuevos mercados para su producción industrial. Así decidieron “abrir el río a cañonazos”, como lo expresó uno de sus diplomáticos. Estaban envalentonados por sus victorias logradas en circunstancias parecidas en otras partes del mundo.

Tiempo antes y ante la presunción por parte del gobernador de nuestra provincia y encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación, Juan Manuel de Rosas, que se estaba formando una flota por parte de aquellas dos potencias, con aquél propósito, había dado instrucciones a su cuñado, el General Mansilla, que era un veterano de la guerra de la Independencia, para que les impidiera el paso, que les demostrara que los ríos interiores argentinos tenían dueño y que no se podría navegar impunemente sus aguas.

Mansilla, eligió “Obligado”, justamente porque allí el río se angosta (aproximadamente 800 mts. en aquella época), disminuye su calado y hace una curva, lo cual dificultaba la navegación de los navíos a vela para virar. El lugar ofrecía también ciertas características naturales como las barrancas altas de aproximadamente 20 mts de altura, que posibilitaban que se pudiera intentar una eficaz defensa.

Con 35 piezas de artillería que se disponían, antiguos –algunos fundidos en 1663 y otros en 1780–, de bronce, utilizados en la época de la Independencia y de distintos calibres no mayor al 20 , se instalaron cuatro baterías, sobre la costa bonaerense, que de sur a norte llevaban los nombres de Restaurador Rosas al mando del capitán Álvaro José de Alzogaray, Guillermo Brown al mando del hijo del Almirante, Teniente de marina Eduardo Brown;  Gral. Mansilla al mando del Teniente de artillería Felipe Palacios y Manuelita al mando del norteamericano, el Teniente coronel Juan Bautista Thorne.

La primera se encontraba sobre el ángulo de la costa, las otras dos rasantes – a nivel del río- y la cuarta sobre la cresta de una loma, dirigía sus fuegos a lo lejos. El paso del río fue cerrado con 24 barcazas desarboladas, ancladas, amarradas entre sí y por cuyas cubiertas pasaban tres líneas de fuertes cadenas de hierro, que habían sido forjadas en los talleres de herrería que se encontraban  en los Santos Lugares de Rosas y que se encontraban amarradas en sus extremos a la costa

En el extremo, sobre la costa entrerriana, se había anclado el navío El Republicano, al mando del irlandés, Capitán  Tomas Craig, con 6 cañones, apoyado por dos naves menores artilladas el Restaurador y Lagos, con un cañón cada una, cuya misión principal era la de hostigar al enemigo e impedir que los navíos enemigos pudieran acercarse a las barcazas, con la intención de cortar las cadenas que las unían. También se habían dispuesto 10 brulotes que eran pequeños navíos no tripulados, que contenían material inflamable y que dejados arrastrar por la corriente río abajo podían llegar a provocar incendios en las naves agresoras.

Unos merlones o terraplenes construidos con troncos, piedra y barro arcilloso compactado, eran una buena defensa para la infantería y artillería argentina y en la batalla soportaron bien el fuego enemigo. las troneras tenían una inclinación que le permitirían un buen tiro hacia el río, sobre todo la la batería Manuelita que se encontraba sobre las barrancas altas.

La invasión se inició cuando la flota, concentrada en Carmelo –Uruguay– se internó en el Paraná Guazú, el día 17 de noviembre, ingresando así a territorio argentino y se detuvo a dos leguas de Obligado. 

La mañana del día 20 amaneció brumosa pero despejó a las 8. Los vapores habían puesto a calentar calderas a las 7 y pasadas las 8 los barcos veleros comenzaron a largar paño. La flota militar enemiga con sus velas desplegadas y sus vapores echando humo, se dispuso remontar el río cerca de las 9 y enfrentar las defensas argentinas.

Enfrentaron a los invasores tropas de infantería del 2do. regimiento de Patricios al mando del Coronel Ramón Rodríguez además de los artilleros, todos los cuales –entre ellos había no pocos ingleses– estaban protegidos detrás de la trinchera. Cerca del lugar, en un monte de talas, se encontraban apostadas milicianos de San Nicolás y de otras localidades de la zona al mando de Luis Barreda. También intervinieron mujeres nicoleñas quienes asistieron a los heridos en la batalla y colaborando de todas formas con los defensores, destacándose en la acción.

Ante ese tremendo espectáculo de tantas naves navegando por el Paraná, nunca antes visto, Masilla arengó a sus tropas para que se defendiera el honor nacional y después de cantarse con fervor y emoción el himno nacional cuyos compases fueron ejecutados por la banda de músicos de Patricios, las fuerzas de la Confederación se aprestaron para la lucha.

El duelo de artillería comenzó a las 8 y media y como lo reconocieron los enemigos, la resistencia fue obstinada y eficaz. Los anglofranceses disponían de 113 modernos, de hierro, de ánima rayada, y de mayor calibre –de 80– que los argentinos, muchos de los cuales manejados por expertos artilleros, vencedores en cien combates, disparaban balas con espoleta y de fragmentación, que al explotar causaron muchísimas bajas entre los defensores. Cerca del mediodía el navío El Republicano agotó sus municiones y su comandante Craig, para impedir que la nave cayera en poder de los enemigos, decide volarla, pasando él con su tripulación a reforzar la batería Manuelita.

Al mediodía y casi en simultáneo con la voladura de El Republicano, y en medio de la lucha, el capitán inglés Hope con un grupo de marineros, abordó una de las barcazas y con un hacha cortó las cadenas, abriéndose así un pasaje, que permitió el paso de los primeros buques.

En las primeras horas de la tarde, las baterías argentinas, fueron quedándose sin municiones, contestándose el fuego enemigo en forma pausada hasta que a las 17 horas se disparó el último cartucho de los cuatro mil que se dispararon ese día por las fuerzas argentinas.

Los cañones de las baterías argentinas fueron desmontados y puestos fuera de combate uno a uno por el certero fuego del enemigo.

A las 6 y media de la tarde 12 lanchas con infantes tropas de desembarco se desprendieron de los buques enemigos, para tomar las posiciones ocupadas por nuestras baterías.

La infantería a cuyo frente se puso Mansilla, a su vez en una carga a la bayoneta calada, intentó frustrar la intentona enemiga, pero el apoyo de la artillería que recibían los desembarcados desde sus propios barcos que ocasionaron muertos y heridos entre las filas nacionales, inclusive el propio Mansilla fue herido en el pecho. Por la noche los invasores rechazaron un contraataque de la caballería gaucha, determinaron que nada más pudiera hacerse por parte de las fuerzas nacionales, por lo que se retiraron, estableciéndose el nuevo cuartel general en el Tonelero.

Los argentinos sufrieron aproximadamente 650 víctimas entre muertos y heridos y la pérdida de 19 piezas de artillería, pero pudieron salvar la artillería volante que posteriormente seguirían hostilizando desde las costas a los navíos que siguieron remontando el Paraná, en cuanta oportunidad pudieran.

Nuestros soldados dieron muestras de valentía y valor heroico en aquella memorable jornada de defensa de la soberanía ultrajada y en tan desigual lucha, que quedará grabada para siempre en nuestra historia y como una prueba gloriosa del sentimiento nacional argentino. Los comandantes enemigos en sus informes destacaron el arrojo, coraje, obstinación y en general el actuar de las fuerzas argentinas

Los interventores, si bien en definitiva pudieron sortear las defensas argentinas, no se la llevaron de arriba. Sus naves sufrieron importantes daños –el San Martín recibió 156 impactos, el Fulton y el HMS Dolphin, tuvieron más de 100 cada uno–, demostrativo de ello es que muchas de ellas demoraron 40 días en reacondicionarlas para poder seguir navegando, además de sufrir también gran cantidad de bajas entre muertos y heridos.

Obligado fue la primer batalla de unas cuantas que tuvieron lugar entre el 20 de noviembre y principios de junio del año siguiente, en el conflicto que se dio en llamar la “Guerra del Paraná”, que demostraron a los invasores que no podían navegar los ríos interiores argentinos sin ninguna consecuencia y que los argentinos aún con los pocos medios que tenían les hacían frente en cuanta oportunidad pudiesen.

La hazaña argentina, fue conocida en toda América y Europa, el mundo se admiró que un pequeño país casi desconocido pudiera enfrentar a las dos potencias más importantes de la época.

El Brigadier General de la Confederación Argentina, don José de San Martín, residente en Europa, comparó la trascendencia de esta gesta con la guerra de la Independencia que le cupo el honor de dirigir, “esta contienda –dijo en mi opinión es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España”, destacando también “la firmeza de nuestro Juan Manuel” que “ha sabido defender con toda energía y en toda ocasión el pabellón nacional” y que “con cuatro cañones, hizo conocer a la escuadra anglofrancesa, que pocos o muchos, sin contar los elementos, los argentinos saben siempre defender su independencia” y que “De todos modos los interventores habrán visto por esta muestra que los argentinos no son empanadas que se puedan comer sin dar más trabajo que abrir la boca”.

El primer Ministro inglés, Lord Palmerston reconoció como justa la posición argentina de impedir la libre navegación de sus ríos interiores, como también y en igual forma lo hacían las grandes potencias con los suyos.

La defensa argentina de sus ríos interiores se vio coronada pocos años más tarde con la firma de los tratados que nuestro país suscribió primero con Inglaterra –Convención Arana Southern y más tarde con Francia –Convención Arana Lepredour por los cuales estas potencias reconocían la soberanía argentina sobre sus ríos interiores y saludaron la bandera nacional con salvas de artillería.

De no haber sido por el combate de Obligado y la Guerra del Paraná, ganada en definitiva por nuestro país, posiblemente las provincias mesopotámicas, serían hoy un país segregado de nuestra Argentina, que era una de las pretensiones de aquellas potencias, para que el río Paraná dejara de ser un río interior de la Confederación Argentina y sujeto a su legislación.

El historiador brasilero Pedro Calmon, dijo sobre Rosas a quien llama El caballero de la Pampa: “…Por el error extranjero, [Rosas] se convirtió en el mayor criollo sudamericano. Hacia él toda la América del Sud volvía su mirada conmovida. Si necesitaba una espada para combatir al intruso, lo convocarían a él, el caballero de la pampa. La estatura titánica del Dictador argentino proyectaba una sombra extensa en el continente: tras los navíos del bloqueo tremolaba en el aire su poncho punzó. Desafiaba a las potencias del mundo”.

El escritor e historiador Octavio Amadeo, escribió sobre Rosas: “Defendió no sólo el honor sino también la integridad de su país con pericia enérgica; y fue él, quien mantuvo aquella decisión inquebrantable. Las dos naciones más fuertes de la tierra se inclinaron ante este minúsculo señor lejano, y al retirar Inglaterra sus tropas y sus naves, entre las que aún había algunas fragatas de Trafalgar y algunos soldados de Waterloo, los cañones de la Emperatriz de las Indias saludaron con 21 disparos de desagravio y homenaje a una humilde bandera, desconocida del mundo, pero no ignorada por ellos”.

¿Por qué celebramos el Día de la Soberanía? Si bien la batalla significó una “derrota”, fue el inicio de una serie de acciones bélicas que finalizaron con la victoria contundente de los argentinos.

Existió una voluntad inquebrantable del gobernante argentino, Rosas, seguido por todo un pueblo de no dejarse amedrentar por las dos más grandes potencias de la época y defender con uñas y dientes la soberanía e independencia nacional, sin especular si los medios materiales que se disponían eran suficientes para oponerse a los designios de los invasores.