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miércoles, 27 de agosto de 2025

Segunda carta al presidente Javier Milei . La generación del '37 - Rosas y el campo

El 27 de agosto de 2025, el director de este Blog presentó en la Mesa de Entradas de la Casa Rosada la carta destinada al Presidente de la Nación, Dr. Javier Milei, con motivo de las expresiones realizadas el  26 de julio de 2025 en la inauguración de la 137° Exposición Rural de Palermo de la Sociedad Rural Argentina.

El texto de los discursos pronunciados en 2025 y el año anterior puede leerse haciendo click en los siguientes enlaces:

https://www.casarosada.gob.ar/slider-principal/51038-palabras-del-presidente-de-la-nacion-javier-milei-en-la-137-inauguracion-de-la-exposicion-de-la-rural

https://www.casarosada.gob.ar/informacion/discursos/50593-palabras-del-presidente-de-la-nacion-javier-milei-en-la-exposicion-de-ganaderia-agricultura-e-industria-internacional-en-la-rural


Primera página de la carta presentada en la
Presidencia de la Nación, con el sello de recepción



Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 27 de agosto de 2025


Excelentísimo Señor Presidente de la Nación Argentina

Dr. Javier Gerardo Milei

 

De mi mayor respeto y consideración.

Esta es la segunda carta que le envío –la primera la presenté en Casa de Gobierno el 25 de abril de 2024–, motivada por algunas manifestaciones dichas en su discurso en el predio de la Sociedad Rural de Palermo el día sábado 26 de julio ppdo.

En primer lugar, le diré que lo escuché con mucho interés. No voy a hacer ningún comentario sobre temas económicos que allí trató, ya que carezco de los conocimientos necesarios para ello –solo sé y considero que no se debe gastar más de lo que uno tiene y dispone– y no me gusta hablar y opinar al cuete, pero sí me referiré a ciertas afirmaciones que tienen que ver con la historia de nuestra patria –que algo conozco–, y que demuestran que Ud. está muy flojito de papeles. En un examen de historia, Señor Presidente, no sacaría ni un “aprobado”.

Soy una persona educada y respetuosa y eso de insultar a troche y moche, como lo hace Ud. a diario –Parece que ahora cambió de actitud–, verdaderamente me desagrada y por eso no lo traté de “bruto” en temas históricos –como Ud. hace con los que no concuerdan con sus apreciaciones económicas– , debido a su alta investidura, que respeto. Basta con exponer los argumentos que uno cree valederos y no es necesario la diatriba ni la descalificación hacia el que opina distinto. Bajo esos términos redacto esta carta.

Estos días pasados y en muchas oportunidades, lo escuché –incluso de manera indirecta en el discurso al cual me refiero al principio– referirse a la Vicepresidente de la Nación, Dra. Victoria Villarruel como “traidora”, además de agregarle otros calificativos agraviantes y que no correspondería ser dichos por un caballero contra una dama, sobre todo por quien ostenta la alta Magistratura de la Nación. Incluso dicho término también fue endilgado a algún otro político de su partido. Le aclaro que ninguna relación me une a la Vicepresidente a la que solo conozco por haberla visto en muchísimas oportunidades por la televisión, pero sí como simple ciudadano, me molesta de sobremanera y sobre todo porque Ud. es ferviente partidario de personajes traidores en nuestra historia patria.

En la primera carta que le envié con motivo de su discurso dicho el 4 de noviembre de 2023 en la localidad de El Palomar, en plena campaña electoral, en la cual se refirió al general Urquiza, a la batalla de Caseros, a Juan Manuel de Rosas y a Juan Bautista Alberdi, le demostré que el mismo Urquiza, por sus dichos, se consideró traidor a nuestra Patria al aliarse con el Impero del Brasil, para derrocar a Rosas, que era el legítimo gobierno de la Confederación Argentina, recibiendo por esa felonía, importantísima suma de dinero, como se lo enrostró el mismo Sarmiento en una carta, todo lo cual se lo detallé con el pertinente fundamento histórico y documental, como corresponde hacer en temas de este tipo. Si bien se considera como cierto el dicho “Roma no paga traidores”, como lo afirma con asiduidad, el Imperio del Brasil, si pagó a traidores –nuestro caso a su admirado general Urquiza– …y cómo !!!!

Ud. se contradice, porque por un lado habla de “traidores” y por el otro los glorifica… solo Ud. lo entiende, porque una persona con un criterio medio, no incurriría en tamaño dislate, para no decir “disparate”.

Pero el caso de Urquiza, no es el único que nombra. En su discurso del 26 de julio ppdo. se refirió a “próceres de la generación del ’37, y no aquellos que suspiran a la sombra del tirano restaurador”.

¿Quiénes fueron los “próceres de la generación del ‘37”?, le voy a nombrar algunos de los “próceres románticos”: Domingo F. Sarmiento, Esteban Echeverría, Miguel Cané, Juan B. Alberdi, Florencio Varela, Vicente Fidel López, Bartolomé Mitre, Juan M. Gutiérrez, José Mármol, Félix Frías, Carlos Tejedor, Marco Avellaneda, Marcos Paz, José Rivera Indarte, Juana Manso, etc., seguidores de Bernardino Rivadavia y de ideas unitarias, la mayoría de ellos señoritos eximios bailarines de minué, otros autores de poemas, amantes principalmente del arte, la moda, la literatura y que se auto consideraban “civilizados”. Pero que yo conozca ninguno de ellos se destacó por realizar tareas camperas… no… eso estaba destinado a los “bárbaros”. No tenían ningún apoyo popular para aspirar al poder y por eso se dedicaron no solo a conspirar contra el gobierno legal de Rosas, sino también que para lograr sus nefastos fines no dudaron en aliarse al extranjero. Para traer la “civilización” a nuestro suelo, llegaron a proponer ideas disparatadas como aquella de fomentar la inmigración anglosajona, para que los hombres de esa raza fecundaran a las mujeres nativas; hoy llamaríamos a eso ingeniería genética o social, o con más justicia, ideas delirantes. Por otro lado propiciaban la extinción de las clases inferiores. Detestaban al gaucho por su vestimenta, porque para ellos el hombre civilizado debía vestir frac o levita, asimismo para ser considerado hombre civilizado debía usar la silla inglesa para montar en contraposición al apero criollo, más práctico este último de utilizar en estas tierras. Se imagina, Sr. Presidente  a una persona de campo o de ciudad en Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero, vestir frac o levita. Se imagina a un peón de campo arreando ganado, vestido de frac o levita, sería de lo más ridículo. Habría que preguntarse también si un obrero o campesino europeo usaba esa ropa. Hay una anécdota de Rosas como protagonista; sale al campo montado en su apero criollo, acompañado por otra persona que utilizaba la silla inglesa, se hace de noche y deben dormir bajo las estrellas y el sereno. En su apero Rosas, tiene todas las prendas necesarias para dormir bastante cómodo y abrigado, mientras su acompañante, debe sufrir sin abrigo, la inclemencia de una noche fría.

Ya que a Ud., Sr. Presidente, le gusta referirse a Roma, ¿sabe a quienes consideraban civilizados y bárbaros?. Era “civilizado” todo el que habitaba dentro de las fronteras del imperio romano y “bárbaro”, era el extranjero, el de afuera, pueblos que no habitaban el suelo del Imperio. Pero aquí, los señoritos románticos de la generación del ‘37 tergiversaron los términos, ya que el nativo y la cultura española, es decir lo nuestro, pasó a ser “bárbara” y lo que venía de afuera, los extranjeros, principalmente los habitantes del norte de Europa, pasaron a ser los “civilizados”, ya que consideraban a los habitantes de la Europa meridional, especialmente españoles e italianos y su cultura cómo despreciables. Pero he aquí que les salió todo al revés, pues la mayor inmigración provino de España e Italia y por lo tanto, la mayoría de los habitantes de esta querida Patria somos descendientes de italianos y españoles. Además todos estos señoritos, esos “próceres” del ’37”, eran descendientes mayormente de españoles, ¡qué contradicción! Es como renegar de sus propios padres, de su sangre, de su tierra, inconcebible. Pero fue así.

Aquí cabe hacer la siguiente reflexión. Estos señoritos consideraban la cultura española como bárbara e inferior, sin advertir que España, llegó a forjar un imperio en el cual no se ponía el sol y que desparramó civilización a todas partes a las cuales llegó… y que decir de Roma, de cuya civilización deriva toda nuestra civilización occidental. Cuando Roma era imperio, Londres no pasaba de ser una aldea. En realidad estos petulantes personajes de la generación del ‘37, más que “civilizados”, eran bastante ignorantes.

Ahora, ¿qué tiene que ver esta “generación del ‘37” con la traición?. Se lo voy a explicar.

Además de admirar las civilizaciones anglosajona y francesa, detestaban la española, que eran nuestras verdaderas raíces. Pero ellos estaban como “desraizados”, valga esta palabra.

Estos versados bailarines de minué, estos “idealistas” alejados de la realidad argentina, se consideraron los continuadores e intérpretes de las ideas de la Revolución de Mayo y por carecer de arraigo popular, se dedicaron a conspirar contra el gobierno legítimo de Rosas. Muchos de ellos se expatriaron voluntariamente, sin que nadie los persiguiera, como lo reconoció Alberdi (releer al respecto mi anterior carta). Se fueron a Montevideo, a Chile y a Bolivia, donde formaron Comisiones “Argentinas” y mediante la prensa no solo atacaron al gobierno de nuestro país, sino que propiciaron revueltas internas y la intervención extranjera. Recordemos el contexto histórico. En 1838 se había desatado la guerra civil en el Uruguay. El caudillo oriental del partido colorado, Fructuoso Rivera, con el concurso de los franceses y de los argentinos unitarios expatriados residentes en la ciudad capital, había derrocado al legítimo presidente Manuel Oribe, haciéndose designar presidente el 1° de marzo de 1839, convirtiéndose así en presidente de facto. Rosas, como correspondía, no lo reconoció como presidente legal y siguió considerando como tal a Oribe, Rivera declaró la guerra a la Confederación Argentina e invadió Entre Ríos. Estos expatriados unitarios radicados en Montevideo, apoyaron a Rivera y a las fuerzas francesas e inglesas que ocuparon esa ciudad ya durante el bloqueo francés de 1838/1840 y posteriormente también durante la doble intervención anglofrancesa de 1845/1850. Estos unitarios apoyaron a las fuerzas de las dos más grandes potencias de la época, en esos conflictos internacionales que generaron a nuestro país y como antes habían apoyado al mariscal Santa Cruz, al frente de la Confederación Peruano-Boliviana en la guerra contra la Confederación Argentina y la república de Chile. Más tarde apoyarían al Imperio del Brasil y a su aliado el general Urquiza en la segunda guerra que nuestro país mantuvo contra el Imperio. Para resumir: estos unitarios expatriados entre los cuales se encontraba gran parte de la llamada “generación del ‘37” –tan admirados por Ud.– en las guerras internacionales sostenida por la Confederación Argentina – es decir, nuestro país–, contra la Confederación peruano-boliviana, el Estado del Uruguay de Rivera, los franceses en 1838, los anglofranceses en 1845 y el imperio del Brasil, siempre se encontraron en la vereda de enfrente, contra nuestro país, apoyando a nuestros enemigos, siendo entonces traidores a la Patria y como dijo el general San Martín en la carta del 10 de junio del ‘39 dirigida a Rosas, en juicio lapidario contra los unitarios que se habían aliado a Francia le dice: "...pero lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer". Aquí el Padre de la Patria dice que una tal felonía ni la muerte la puede hacer desaparecer. Es decir que a estos traidores les correspondía la muerte, que por lo demás era lo pertinente de acuerdo a las leyes que regían en esa época, que eran las Partidas de Alfonso X. El Título 2 de la 7° Partida, dice: “Traición es uno de los mayores yerros y denuestos en que los hombres pueden caer… y ennegrece y mancilla la fama de los que de aquel linaje descienden, aunque no tengan en ello culpa, de manera que siempre quedan infamados por ello. La Ley 1 corresponde al peor de los delitos, la “Laese majestatis crimen –o crimen de lesa majestad o de lesa patria– …la traición es la más vil cosa y la peor que puede caer en corazón de hombre… La segunda manera es si alguno se pone con los enemigos para guerrear o hacer mal al rey o al reino, o les ayuda de hecho o de consejo o les envía carta o mandato por los que los aperciba de algunas cosas contra el rey, o daño de la tierra…” La Ley 2 establecía la pena “Cualquier hombre que hiciese alguna  de las maneras de traición que dijimos debe morir por ellas… Y además todos sus hijos que son varones deben queda infamados para siempre…”

Por supuesto que el Libertador, bien sabía de lo dispuesto en las Partidas y por ello aquellos términos de su carta a Rosas, precedentemente señalada, decía que ni la muerte podía borra tamaña traición de quienes se unieron al extranjero para humillar su patria.

Aclaro asimismo que la C.N. del ’53, en su art. 100 se puede leer: “La traición contra la Confederación consistirá en tomar las armas contra ella, o en unirse a sus enemigos, prestándoles ayuda o socorro…”

Además desde sus “exilios” atentaron contra la integridad territorial del país, promoviendo la secesión de las provincias norteñas para anexarlas a Bolivia, las cuyanas para que fueran chilenas y las litoraleñas junto al Uruguay para formar un nuevo país y de esa forma internacionalizar nuestros ríos interiores, para beneficiar a ingleses, franceses y brasileros. Debemos decir también que mediante distintas misiones “diplomáticas” como las de Cullen y Florencio Varela, promovieron la intervención extranjera contra nuestro país. Como el Sr. Presidente podrá apreciar, decir que los de la “generación del ‘37” eran traidores, no es un invento mío.

Y si para muestra, faltara un botón, Domingo Faustino Sarmiento a quien Ud. homenajeó dando su nombre la magnífico edificio del Centro Cultural (ex Palacio del Correo Central), con su prédica realizada desde Santiago de Chile en el diario El Progreso, en 1842, promovió y alentó la ocupación por parte del país trasandino del Estrecho de Magallanes, perdiendo así nuestro país ese importante y estratégico paso bioceánico de aguas mansas. Gran trabajo hizo su admirado Sarmiento a favor de… Chile, flor de patriota… chileno. En este caso el mote de traidor bien le cabe.

En la Vida de Sarmiento, excelente biografía escrita por el escritor e historiador, Manuel Gálvez, el autor relata con fundamento documental –como lo es la totalidad de la obra– que poco antes de asumir la presidencia, distintos órganos periodísticos dieron a conocer la prédica que años antes y residente en Chile, Sarmiento a través de la prensa había propiciado la ocupación del estrecho de Magallanes, hecho este que el común de la gente desconocía y que causó gran revuelo. Así el periódico El pueblo argentino, aseguraba que Sarmiento “ha sostenido en Chile contra su patria, los pretendidos derechos de un país extranjero para despojarla de su territorio” y La Nación Argentina de Mitre, decía: “si esto resultase plenamente probado, no creemos que haya ningún hombre, cualquiera que fuera su nacionalidad, que intente justificar al señor Sarmiento; pues hasta hoy todos los pueblos del mundo han condenado del modo más terrible al que atenta contra la integridad del territorio de su país, en beneficio de un gobierno extranjero”.

El diario de Mitre publicó los artículos que en El Progreso, Sarmiento había propiciado años atrás esa ocupación del territorio nacional y la Nación Argentina, acusaba al futuro presidente de haber sido “abogado de un gobierno extranjero contra su propio país” y que él “ha sugerido, ha propagado y ha hecho triunfar la idea de hacer despojar a la República Argentina de sus territorios” y después de eso “inició en la prensa la tarea de probar que no pertenecían a la República Argentina, sino a Chile los territorios de la Patagonia que hoy Chile señala en sus mapas bajo el nombre de Chile Oriental…”

Cuando se publicaron los 53 tomos de las Obras Completas de Sarmiento, le faltó algo para ser “Completas”, adivine Sr. Presidente, que fue lo que no se incluyó en ellas, …por fin acertó Sr. Presidente, …exacto todos aquellos artículos publicados en El Progreso en 1842 referidos a la ocupación de Magallanes.

Cuando su admirado Sarmiento ya presidente de la Nación y, Luis Piedrabuena, un marino patriota y verdadero prócer –no como los de pacotilla que Ud. admira y homenajea–, ante el avance de Chile sobre nuestros territorios patagónicos, le solicitó al presidente recursos para asegurar esas ricas tierras, él se los negó contestándole que esos territorios no valía la pena defenderlos. Menos mal que Piedrabuena no cejó en su empeño y años después con la campaña de Roca, la Patagonia, al este de los Andes, fue asegurado para nuestro país, pero de haber sido por el “maestro de América”, esos territorios serían hoy de soberanía chilena, como sí lo es el estrecho de Magallanes debido a desgraciada prédica ya comentada. Flor de traidor fue Sarmiento y como tal es homenajeado por Ud.

En cuanto a su manifestación de “tirano restaurador”, ya le expliqué en mi anterior carta, la diferencia que existe entre el término “dictador” y “tirano”, el primero se le puede aplicar a Rosas y el segundo a Lavalle, Paz, Lamadrid y otros. Pero parece que no lo entendió.

Sí le cabe a Rosas el término de Restaurador de las Leyes, título otorgado por la Legislatura bonaerense, porque restauró la legalidad y el orden alterados por Lavalle y sus secuaces compañeros unitarios.

Tanto en su discurso de este año, como el del año pasado en el mismo lugar, Ud. hizo referencia al hombre de campo.

En un pasaje de su discurso del año anterior, manifestó: " ‘Cultivar el suelo es servir a la patria’ no se me ocurre un lema más apropiado para nuestra nación. Porque trabajar la tierra o criar ganado son actividades atávicas y vitales; es una labor de un optimismo ontológico admirable. Hablamos de gente que, en un momento, vio un páramo vacío en el fin del mundo y dijo: ‘Acá puedo hacer una vida, acá puedo hacer un hogar’. Es una actividad que saca lo mejor de sí de los hombres porque trabajar la tierra y domesticar lo salvaje no es otra cosa que hacer civilización. Fue la actividad agropecuaria la que nos permitió ocupar la extensión del territorio argentino y dominar la frontera y muchos de quienes están aquí con nosotros tienen el orgullo de ser los herederos bisnietos y tataranietos de aquellos héroes”.

Y en otro párrafo del discurso último dijo esto: “Entendemos por patria aquello que dijo Alberdi, el padre de la Constitución que nos trajo la década de mayor progreso en nuestra historia: la patria es la libertad, el orden, la riqueza y la civilización organizada en suelo nativo, bajo su insignia y su nombre. De esta manera, estamos convencidos de que bajar la inflación es hacer patria, bajar la pobreza es hacer patria, bajar los impuestos es hacer patria, bajar la inseguridad es hacer patria, comerciar es hacer patria, recuperar el respeto del mundo es hacer patria, revalorizar nuestra moneda es hacer patria, desendeudarse es hacer patria, y parafraseando el lema de esta institución centenaria: cultivar el suelo es hacer patria”.

Esto que Ud. manifestó, bien le cabe al “tirano” Rosas. Desde muy joven fue un precursor y emprendedor de las tareas de campo: la agricultura y la ganadería también de la actividad industrial como saladerista. Por lo demás, me parece que correspondería aclarar que el hacendado o estanciero Rosas, no fue como aquellos de principios del S. XX, que usufructuaban las tierras que habían heredado de sus mayores y vivían más en Europa que en Argentina tirando manteca al techo. Desde chico, Rosas vivió en la estancia de sus abuelos maternos en el Rincón de López, junto al Salado, en la frontera con el indio, por ello fue fronterizo, alejado de los placeres de la ciudad, que nunca le atrajeron. Debido a su contacto permanente con el hombre de campo, adquirió sus hábitos, juegos y pasatiempos y vivió como ellos, con las privaciones del campo de ese momento, y lo mismo podemos decir de su contacto desde niño con otros pequeños indígenas, y por ende con distintas tribus y etnias, aprendiendo sus idiomas, para así poder comunicarse con ellos y por eso fue respetado y admirado por el gauchaje y los indios. No fué de esos señoritos de las ciudades que se la pasaban escribiendo poemas intrascendentes y bailando el minué, como sus admirados “próceres” de la generación del ‘37. Con trabajo y tesón, llegó a ser uno o el más grande hacendado de nuestro país. Sus campos rindieron al máximo debido a sus conocimientos que adquirió desde pequeño y de su trabajo personal, sobre las tareas camperas. Fue un estanciero honesto como lo reconocen muchos de los que no eran adictos, como Carlos Lemée, quien fue editor de “Instrucciones para la administración de estancias” quien dijo: “Rosas entendía noblemente los deberes de vecindad… Rosas era un estanciero muy delicado y respetuoso de lo ajeno”.  Su experiencia volcada en las “Instrucciones a los mayordomos de estancia” e “ Instrucciones para los encargados de chacra”, fueron recopilados años más tarde en formato folleto o libro, imprimiéndose en muchos países de nuestra América, donde eran utilizados por el hombre de campo de distintos países, como útil guía sobre cómo llevar un establecimiento agropecuario, como proceder a su cuidado y como “hacer” la hacienda y otras útiles enseñanzas, novedosas para la época en que fueron redactadas.

En el artículo “Rosas y las labores en el campo” publicado en el  suplemento Campo del diario La Nación del 15 de julio de 2023, su autor Andrés R. Jacquelin, afirma que “Juan Manuel de Rosas, antes de político, fue productor agropecuario”, manifestando que después de la Invasiones Inglesas y de la Revolución de Mayo “está dedicado a tiempo completo a la actividad agropecuaria en campos familiares…” y después en campos propios y en otros asociado a Juan Terrero y Luis Dorrego  y con el “saladero en “Las Higueritas” (Quilmes)… “y administraría además estancias de los Anchorena. Fue uno de los primeros hacendados-agricultores (Horacio Giberti, Historia Económica de la ganadería Argentina, 1954). Con los años fue tropero, acopiador, saladerista, criador, arrendador, administrador y agricultor”.

Continúa: “Rosas siempre fue un hombre de campo más que un patrón de estancia; jinete consumado, era hábil en todas las tareas de la ganadería. Además de su gusto por la actividad, tenía el principio de que para mandar había que dar el ejemplo, enseñar y ganarse el respeto de sus peones demostrando que podía ser un trabajador más. ‘Hacerme gaucho, hablar como ellos’, según sus palabras”.

“Rosas manejó sus estancias (si es que a esas tierras primitivas, sin alambrar, escasas de mejoras y llenas de ganado chúcaro se les puede nombrar así), de una forma ordenada y prolija, con una disciplina rigurosa, generando una buena rentabilidad. Europa necesitaba cueros y sebo, la carne iba en parte al mercado interno”.

“En 1819, redacta su Instrucciones para los encargados de las chacras (publicada por Adolfo Saldías en 1882), libro en el que vuelca toda su vasta y juvenil experiencia (tenía 26 años). En dicha obra… Rosas aborda capítulos sobre: amanse de novillos para tirar de arados, preparación de la tierra, métodos de siembra, manejo de malezas, trilla o cosecha y manejo de personal, entre otros temas. El libro es un verdadero y primigenio manual de agricultura básica pampeana destinado a propagar conocimiento en pos de mejoras productivas y buenas prácticas”.

“Cuando en 1820 cae la producción agrícola, se resuelve importar trigo y harina, Rosas escribe a la legislatura en defensa de su trabajo y el de tantos otros, argumentando en contra de la norma y que además el país debía ser agricultor (nuevas prácticas) a la par que ganadero (viejas y más rentables practicas). El creía, con una visión asombrosa, en un país con futuro agropecuario. No se equivocó. Hay que reconocer que fue uno de los más hizo por cimentar las bases económicas de dicha actividad”.

Otro interesante artículo sobre este tema había sido ya publicado en la misma sección del diario La Nación, veinte años antes, el 14 de junio de 2003, titulado “El labriego Juan Manuel”, cuyo autor Oche Califa, destaca la labor del futuro gobernador.

“Pero la inserción cerealera en los mercados exteriores estuvo precedida de esforzadas décadas de actividad labradora dirigida a abastecer el mercado interno, en un territorio todavía acotado por la preeminente actividad ganadera y el hostigamiento indígena, un país en el que las levas compulsivas dejaban repentinamente sin mano de obra a la actividad y cuando la tecnología era aún primitiva”.

“En este capítulo de la historia rioplatense resulta destacable la instalación de las chacras San Genaro e Independencia –propiedad de los Rosas– en el año de redacción de las instrucciones que nos ocupan [se refiere a las Instrucciones para los encargados de las chacras]”.

“La segunda, más importante, se situó frente a la estancia Los Cerrillos, en el actual partido de San Miguel del Monte, aunque sobre la orilla sur del río Salado (zona todavía tutelada por los indios)”.

“En ellas se sembró trigo, maíz, papas y legumbres en importante cantidad: Eizykovicz [persona que publicó las mencionadas “Instrucciones…”] estima que debió tener bajo trigo entre 500 y 700 hectáreas”.

“Como sucedió con otras chacras grandes, también sirvió de amparo a pequeños labradores de subsistencia situados en sus alrededores, que además constituían su mano de obra estacional”.

“No eran, todavía, extranjeros sino migrantes del interior, sobre todo de Santiago del Estero y Córdoba. Rosas los calificó como ‘los mejores para la doma y la labranza... y los más perseguidos’ ”.

“Estos contingentes migratorios nativos también han sido poco advertidos por la historia de la agricultura –al menos por su difusión masiva–, y así suele darse todo el mérito del desarrollo de la actividad a las colonias europeas”.

Hace un tiempo atrás vi en la televisión un reportaje realizado al intendente del Partido de Tres de Febrero y escritor, Diego Valenzuela, hablar sobre la historia del campo en la provincia de Buenos Aires, sin nombrar o mejor decir, ignorar a Rosas, quien fue un promotor de la actividad agropecuaria. ¡¡Lo que puede el fanatismo antirrosista!!

Puedo agregar que Rosas trabajaba a la par de la peonada y tenía que tener la oreja pegada al suelo para escuchar al malón que se acercaba o de pie sobre su caballo para otear el horizonte para adelantarse al peligro y así poder defenderse del mismo. No era una posición nada fácil. Además el hecho de hacer rendir a la tierra es una de las actividades más nobles del hombre, como Ud. Señor Presidente bien lo destaca. Rosas, fue una persona de arduo trabajo en sus establecimientos de campo y las que administró de sus primos, los Anchorena y por eso llegó a amasar una fortuna que fue una de las más importantes de aquel entonces.

Asimismo trató de asentar a tribus indígenas al territorio, para que dejaran de ser nómadas y se convirtieran en sedentarias, subiendo un escalón en la pirámide civilizatoria.

En la revista Caras y Caretas N° 457 del 6 de julio de 1907, un artículo relata el paso por Buenos Aires del cacique Jacinto, quien acompañado por su hija, vino a la capital para implorar que no se lo desalojase de las 12 cuadras de tierra que habitaba y cultivaba en Los Toldos, desde hacía sesenta años y que le fueron dadas por Juan Manuel de Rosas, como premio por sus servicios guerreros.

Además Rosas trató de asentar muchas tribus en la cercanía de los fortines, para protegerlos de otras tribus más belicosas, dándoles animales y útiles de labranza, para incentivarlos al cultivo de la tierra y la cría de animales.

También su actividad como saladerista, lo llevó a tener una flota de barcos para exportar al Brasil y Cuba para la alimentación de la población esclava del charqui, carne salada y tasajo, producida en su establecimiento.

Por algo habrá sido que en 1829, restablecido el orden en la provincia con su decisiva intervención a favor de la legalidad, después de vencido el motín cuartelero de Lavalle, la Legislatura decidiera otorgarle una espada y una medalla de oro, ésta guarnecida de diamantes, con la siguiente leyenda: “Buenos Aires al Restaurador de las leyes”, y en el reverso el busto de Cincinato con los instrumentos agrícolas y trofeos de la guerra, y el lema siguiente: “Cultivó su campo, y defendió la patria”. Aclaro que por modestia y espíritu republicano, decidió no aceptar esas distinciones.

El profesor Juan Pablo Oliver en “Política Económica de Rosas”, recuerda que en 1882 don Calixto Bravo expresaba: “sesenta arados funcionando al mismo tiempo, sólo se ha visto en el establecimiento modelo ‘Los Cerrillos!’ ” El arado tan a menudo mentado como símbolo de progreso tiene aquí una elocuente expresión.

Oliver  bien dice: “La publicidad oficial y privada ha sido dirigida desde Caseros, por quienes tenían interés en ‘sabotear’ la obra de Rosas, a cuya obra patriótica han extendido la conspiración del silencio mediante un sencillo subterfugio; arrancar las estadísticas desde el 60 o a lo sumo desde el 53 a fin de inculcar en los espíritus desprevenidos el convencimiento de que el período anterior ha sido ‘la noche oscura de la tiranía’, el Apocalipsis de nuestra historia, del cual los proscriptos hicieron surgir al país en siete días o en siete años mediante el ‘fiat lux’ de una constitución yankee. En realidad siguió a Caseros una desorganización política y económica que suspendió largo tiempo la obra de progreso alcanzada durante el gobierno de Rosas. Data de su época el establecimiento de los factores básicos de nuestra riqueza: las primeras exportaciones de cereales y harina en barricas. Jacinto Caprile, trae de Italia en 1844 las primeras bolsas de trigo ‘Barleta’ B. Newton en su estancia ‘La Santa María’, de Chascomús (1845) tiende los primeros alambrados destinados a trasformar en breve la fisonomía de nuestros campos; se importan por Juan Miller en 1842 los famosos tarquinos, primeros reproductores vacunos de la raza Durham (ver “Anales de la Sociedad Rural Argentina”, tomo 54); una nueva riqueza, la lana, llega a constituir uno de los principales artículos de exportación gracias al mejoramiento de las antiguas majadas logradas entre otros por los cabañeros, J. M. Rojas y Patrón y D. Gibson, en 1830 con la importación de ‘merinos’; don Mariano Miró en 1831 con la de ‘moruecos’; don Domingo Olivera con ‘moruecos’ en 1836 y ‘negretes’ en 1843 orígenes del ‘rambouillet argentino’, etc., etc. Correligionarios y adversarios políticos –como lo están demostrando esos apellidos– trabajan por el adelanto de la riqueza del país y de su propia fortuna al amparo del orden e imperio de la ley que significaba el gobierno de Rosas. El mismo, como primer estanciero de la Provincia, tenía instalados en sus galpones situados a la izquierda de los antiguos Portones de Palermo cerca del lugar ocupado actualmente por la Exposición Rural, los mejores ejemplares de reproductores de raza llegados al país. Cabe recordar ahora una ‘obra’ de sus contrarios: a aquel parque adquirido y formado por el peculio particular de Rosas y librado por él al servicio público, la gratitud oficial después de confiscársele le denominó parque ‘Tres de Febrero’ ”.

El ingeniero Prudencio de la C. Mendoza, en su “Historia de la Ganadería Argentina”, publicación oficial del Ministerio de Agricultura de la Nación, 1928, primer premio en el 2° Congreso de Historia Nacional, anticipa en el prólogo, el fruto de las investigaciones que le fueran encomendadas: “La figura de D. Juan Manuel de Rosas surge en estas páginas como la encarnación del hacendado porteño… Rosas reunía en su persona todas las cualidades; era un hombre de bien, un labrador honrado, como él mismo se reconocía y centauro entre los centauros. Fue el protector de los estancieros del Sud y durante mucho tiempo su acción se señaló como un dique infranqueable para la barbarie contra la civilización argentina…”.

Con respecto a la situación económica y financiera durante el gobierno de Rosas, el funcionario estadounidense, Miron Burgin, quien estudió en Harvard y patrocinado por dicha Universidad llegó a nuestro país en el año 1938, a fin indagar e investigar en los archivos argentinos con el objeto de preparar su tesis doctoral “The Economic Aspects of Argentine Federalism” sobre la historia económica nacional, tesis con la cual se doctoró en aquella Universidad en 1941 y que fue editada cinco años después por ese alto centro de estudios y en nuestro país en 1950 con el título “Aspectos Económicos del Federalismo Argentino”.

En esa obra, resaltó algunos interesantes aspectos financieros y económicos del gobierno de Rosas, como así también otros referidos a su persona, sin ahorrar también juicios muy críticos.

Consideró que el problema con el que se encontró Roses fue el de consolidar el régimen federal y rehacer el sistema, económico y financiero de la provincia.

Dice Burgin: “Durante los tres años de su primer gobierno Rosas no logró operar la total recuperación económica y financiera. No pudo reducir la deuda pública de la provincia ni equilibrar el presupuesto. Pero consiguió detener el proceso de la ruina financiera. Demostró que los gastos podían ser considerablemente reducidos, que se podía mejorar la contabilidad de los fondos públicos y que el crédito público podía ser rehabilitado. Además, absteniéndose de realizar nuevas emisiones monetarias Rosas consiguió estabilizar el valor del papel moneda. Estos éxitos, por modestos que hayan sido, no dejaron de producir una honda impresión. Se destacaron con mayor relieve aún durante los meses que siguieron al retiro de Rosas, cuando al renacer las disensiones políticas internas la provincia se encontró una vez más al borde de la bancarrota financiera…”

“La ley del 7 de marzo de 1835, que daba a Rosas poderes dictatoriales, fue no solamente un arma de lucha política sino también un instrumento de política económica y financiera”.

“Cuando apareció en el Registro Oficial [1836] el decreto anunciando la liquidación del Banco Nacional, hacía más de un año que Rosas se hallaba en el poder. Había heredado de sus predecesores un déficit enorme, una moneda muy depreciada y una gran deuda pública. El problema financiero de su gobierno era fundamentalmente el mismo que habían tenido que enfrentar todas las administraciones anteriores. Pero a diferencia de Viamonte, Rosas no trató de restablecer el valor oro del peso. Estricta economía en los gastos, eficiencia en la administración y percepción de las rentas, fueron los principios sobre los cuales Rosas basó su programa de rehabilitación financiera. En ningún momento de sus diecisiete años de gobierno se desvió de estos principios”.

“El conservatismo de Rosas en materia de finanzas públicas fue un cambio bien recibido. Apaciguó inmediatamente toda la agitación sobre cambios totales y soluciones radicales basadas más bien en generalizaciones abstractas que en una cuidadosa valoración de la realidad económica. Aseguró el mantenimiento del statu quo en la distribución de los dividendos nacionales, y permitió asimismo el examen más detallado del sistema fiscal existente y una apreciación más desapasionada de la estructura financiera de la provincia”.

En su obra, Burgin también se refiere a las dificultades que encontró Rosas, durante todo su gobierno, por rebeliones internas y guerras internacionales y sus consecuencias. “El resultado que la rebelión y las guerras con otros países continuaron intermitentemente durante todo el gobierno de Rosas. El conflicto con Francia, la revolución del sur de la provincia, la guerra con Santa Cruz, el dictador de Bolivia, la intervención en el Uruguay y el bloqueo anglofrancés, fueron conflictos que impusieron pesadas cargas a la Tesorería provincial. Rosas se vio obligado a mantener un ejército permanente bastante grande, para defender el régimen contra los ataques, directos e indirectos, de los unitarios, y a enviar ayuda, en hombres, dinero y materiales a sus aliados de las otras provincias y del exterior”.

Burgin también reconoce, los esfuerzos del gobierno de Rosas, para mantener el equilibrio del presupuesto: “A pesar de todos sus esfuerzos Rosas no pudo cubrir los gastos con las entradas corrientes. Mediante una estricta economía y cuidadosa contabilidad logró reducirlos en algunos departamentos, pero eran economías demasiado pequeñas para que influyeran en el balance de la Tesorería. Las expensas militares y los pagos a cuenta de la deuda pública no podían ser reducidos fácilmente, y por esta razón más que por otra el equilibrio del presupuesto dependía en gran parte de la capacidad que pudiera tener Rosas para aumentar los ingresos. Pero los ingresos provenientes de otras fuentes distintas de los derechos aduaneros eran desalentadoramente escasos, y Rosas se resistía singularmente a aumentar los impuestos. Los déficit eran, por lo tanto, inevitables, y el gobierno continuaba luchando con las dificultades económicas”.

“En su mensaje a la legislatura [27 de diciembre de 1837] Rosas reconoció los peligros de la inflación y reiteró su determinación de evitar en lo futuro nuevas emisiones de papel moneda”.

“Es muy posible que Rosas habría cumplido su palabra si no fuera por el bloqueo francés. Los efectos financieros del bloqueo fueron desastrosos. En poco tiempo la Tesorería quedó despojada de su fuente más grande de ingresos, mientras los gastos militares aumentaban aceleradamente”.

También hace mención a la Ley de Aduanas, que benefició a las economías provinciales: “La ley arancelaria del 18 de diciembre de 1835 marcó el punto crítico de la política bonaerense sobre comercio exterior... por primera vez el gobierno hacía un serio esfuerzo para adaptar su política arancelaria al esquema económico de la provincia y del interior...”

“El gobierno también tenía motivos para estar satisfecho con el cambio que había introducido en su política agrícola. Un año después de promulgada la nueva ley arancelaria [de 1835], Rosas llamó la atención de la legislatura provincial sobre la rápida expansión de los cultivos de cereales en la provincia. Se había producido un notable aumento del área sembrada, y una mayor diversificación de la explotación agrícola. Se cosechaban otros granos, aparte del trigo, en cantidades superiores a todas las precedentes, y el país ya no dependía de la inestabilidad del tiempo o de las importaciones del exterior”.

“A la industria nacional la nueva tarifa le prometía mayores beneficios aún que a la agricultura. La industria manual de Buenos Aires recibió un grado de protección que nunca había tenido anteriormente. Lo mismo ocurrió con las industrias vinícola y licorera de las provincias de Cuyo y Tucumán, las textiles y de productos alimenticios de Córdoba y Santiago del Estero, y la ovina de las provincias del litoral. Liberalizando las reglamentaciones sobre el uso del puerto de Buenos Aires, Rosas estimuló las relaciones comerciales entre Buenos Aires y los puertos fluviales y mejoró con ello la posición de las provincias litorales en los mercados extranjeros”.

“Las implicaciones políticas de la nueva tarifa no eran menos importantes. Rosas podía contar ahora con el apoyo unánime de las clases medias de Buenos Aires, y ver aumentado enormemente su prestigio más allá de las fronteras provinciales. Se convirtió para las provincias en el más argentino de todos los gobernantes porteños, en realidad el único gobernante que había antepuesto los intereses económicos de la nación al de los comerciantes extranjeros. El gobierno de Buenos Aires se había revelado como un gobierno nacional, y Rosas se transformó en el jefe reconocido de la nación”.            

Destacó también los altos salarios que se abonaban en Buenos Aires en esa época.

Otro destacado personaje, José Antonio Terry, hijo de exiliados argentinos en el Brasil, donde nació en 1846, fue profesor universitario y ministro de hacienda de los presidentes Luis Sáenz Peña, Julio Argentino Roca y Manuel Quintana, entre otros cargos, escribió en el artículo “Contribución a la Historia Financiera” publicada en el número especial de La Nación del Centenario de Mayo y transcripto en su libro “Finanzas”, 2da. edición, lo siguiente:

“Si hemos de reconocer la verdad histórica convengamos que Rosas fue fiel ejecutor de las leyes de emisiones y seriamente económico dentro de las leyes de presupuesto. Durante su larga administración se quemaron fuertes cantidades de papel moneda y se amortizaron muchos millones de fondos públicos en el cumplimiento de las respectivas leyes. Esta conducta impidió la desvalorización del papel moneda y colocó a la plaza en condiciones de fáciles reacciones en los momentos en que las vicisitudes de la guerra lo permitían. El comercio y el extranjero tenían confianza en la honradez administrativa del gobernador”.

Por último, voy a referirme a la seguridad que había en Buenos Aires, en la época del “tirano”. El comandante del navío inglés HMS Alecto, el teniente Lauchlan Bellingham Mackinnon, quien llegó al Plata en 1846, después del Combate de Vuelta de Obligado y participó en la Guerra del Paraná, estuvo en Montevideo y Buenos Aires. En el libro “Some Account of de Falkland Island Fon a Six Steam Warfare in the Paraná, A narrative of Operations by the Combined Squadrons of England and France in Forcing a Passage up that river”, que fue traducido al castellano con el título “La escuadra anglo-francesa en el Paraná 1846”, hizo una interesante comparación entre la situación en los años 1846 y 1847 de las ciudades de Buenos Aires, bajo el gobierno de Rosas y Montevideo que se encontraba prácticamente bajo gobierno de los comandantes francés e inglés:

“Chocante era el contraste. En Montevideo con toda la civilización que se supondría traída por los jefes, militares y civiles, de las dos grandes potencias europeas, la ciudad era excesivamente sucia y la policía peor que inútil; constantemente cometíanse crímenes en pleno día, así contra los habitantes como contra marineros y soldados europeos”. “En Buenos Aires, por lo contrario, reinaba la mayor seguridad de vida y propiedades; la policía estricta y eficaz hacía que la ciudad resultara tan segura, sino más, que las calles de Londres. Un gobierno vigoroso imponía el debido respeto a las leyes; y los oficiales británicos se sentían no sólo más seguros en sus personas, por más que estuvieran en ciudad enemiga [debe tenerse en cuenta que no obstante el estado de guerra entre la Confederación y las dos potencias europeas aliadas, los oficiales militares de estas últimas, podían bajar a tierra en Buenos Aires cuando trasladaban a algún diplomático para tratar con el gobierno argentino], sino aún tratados con más cortesía que en Montevideo. Sean cuales fueren las fallas de Rosas, él puede jactarse de que su ciudad es la del orden y seguridad, mientras que Montevideo, bajo otras influencias, es presa de la anarquía”.

¿Qué me dice?, en Buenos Aires había más seguridad que en Londres !!!

Alfred de Brossard, secretario de la Misión francesa que arribó a nuestras costas en 1847, encabezada por el conde Walewsky, en un libro que escribió que fue traducido y editado en nuestro país con el título “Rosas visto por un diplomático francés”, dice sobre este tema “…La administración de policía desempeña un gran papel bajo la administración del general Rosas y hay que hacerles a los dos el elogio de reconocer que cumplen admirablemente con su deber. La mayor seguridad reina en la ciudad y en el campo y el más ligero desorden es reprimido de inmediato”.

¿Sabía esto Sr. Presidente?

Algo más, su posición sobre Rosas, coincide con la izquierda, vea “La izquierda diario” y otros portales de esa tendencia.

Sin más, saludo a V.E. con la mayor consideración.

                      Norberto Jorge Chiviló – DNI 8.260.897

                                               norbertochivilo@yahoo.com.ar


En en siguiente link se podrá acceder al texto de la primera carta enviada al presidente Milei: 

https://periodico-el-restaurador.blogspot.com/2024/04/norberto-j-chivilo-carta-al-presidente.html