martes, 1 de diciembre de 2015

Discurso de Estanislao S. Zeballos

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año X N° 37 - Diciembre 2015 - Pags. 10 a 16 

Revista Caras y Caretas
Revista Caras y Caretas del 8 de setiembre de 1923


Discurso de Estanislao S. Zeballos en la Cámara de Diputados

En la Reunión N° 50 de la Cámara de Diputados de la Nación del día 6 de diciembre de 1915 (Diario de Sesiones pág. 38 y sgtes.) el diputado Zeballos (ver su biografía en ER 21 pág. 4) con  motivo del apresamiento del vapor "Presidente Mitre", en un largo y profundo discurso hizo una encendida defensa de la soberanía nacional sobre las aguas del Río de la Plata y la ilegitimidad de ese apresamiento, todo ello ante la pasividad demostrada por el gobierno argentino. Lo que sigue es una parte de esa importante disertación.

 

Señor Presidente, trataré otro punto capitalísimo de la cuestión, y lo haré con un propósito diplomático muy alto y previsor. El tema es el siguiente: ¿Cuál es la condición del Río de la Plata ante el criterio y el derecho convencional de la Gran Bretaña? 

Sucede a menudo, señor presidente, en estas sociedades nuevas, que todavía no tienen tradición mental, que los hombres, aún los llamados "intelectuales", repiten con ligereza pasmosa todo lo que escuchan! Bueno sería que lo repitieran tal como lo oyeron; pero cada uno le agrega algo y la versión suele resultar, al fin, desatinada. He aquí un ejemplo:

Corren vagos rumores sobre el Río de la Plata y la Gran Bretaña. Los unos los atribuyen a conversaciones que dicen que tuvo el ministro argentino en Londres; los otros a palabras del desventurado almirante Craddock, que no puede rectificarlas desde el fondo del Pacífico; los demás a declaraciones de un ministro inglés en Montevideo todo para afirmar que la Gran Bretaña considera el Río de la Plata mar libre y que solamente, reconoce tres millas de jurisdicción a contar desde cada costa.

Estudiaré este asunto, señor presidente, que, como se colige, es muy. grave! 

Parecería. que aquello fuera cierto y que lo hubiera  aceptado el gobierno argentino, pues así se explicaría su inacción ante el Orama y su presa; que están en nuestras aguas todavía -esta mañana se hallaban a la vista del pontón-faro de Recalada, que alumbra la entrada a Buenos Aires- parecería que el gobierno argentino hubiera deseado declarar tácitamente urbi et orbe, por el silencio estudiado de su mensaje y por sus actos, negativos, que en efecto el Río de la Plata ha dejado de pertenecer a la República Argentina, sin que todavía la hayan vencido y sin arriesgarnos siquiera a presentar una protesta altiva, que cubra el honor nacional en el presente y la soberanía en el futuro!

Felizmente voy a probar que todo ello es una conseja, inventada por los enemigos de la República Argentina, por los sacerdotes del templo de la Confraternidad, que hace diez años trabajan al gobierno de los Estados Unidos -según documentos que tengo aquí- y al gobierno británico para que pongan su espada en el Río de la Plata, pues, si no ha de ser de ellos, es preferible que sea de las potencias que lo pretendieron sin éxito durante la época de Rosas.

Como lo demostraré, si esto sucediera en la generación actual, sería un retroceso incalificable respecto del pasado, porque Rosas, tirano y condenado por la historia, era, sin embargo, un gran carácter y un gran talento, que impuso a las potencias europeas -a Francia y a Inglaterra aliadas- el reconocimiento absoluto de nuestra soberanía sobre el Río de la Plata y sobre los ríos interiores, qué ellas codiciaban con sus cañones y que respetaron en los tratados, saludando a nuestra bandera. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos en las galerías).

No creo que sea menos digna la República Argentina fuerte y rica de 1915, que lo era aquella republiqueta gauchi-política de 1845, con 800.000 habitantes, sin escuadras y sin ejércitos, para medirse con los formidables aliados, y que sin embargo pudo realizar lo que la honorable cámara va a admirar -no lo dudo- a la simple lectura de documentos que, si bien tienen las manchas de sangre de la dictadura, son aisladas, glorias nacionales de que me honraría en ser solidario. (¡Muy bien).

Sin detenerme, señor presidente, sobre las numerosas declaraciones de la Gran Bretaña en sus relaciones de guerra y de paz con la corona de España, sobre el Río de la Plata, debo mencionar al pasar algunos antecedentes, porque es necesario que el pueblo argentino y que los señores diputados, que no tienen oportunidad de hacer estudios detenidos, difíciles, por otra parte, por la falta de documentación, los conozcan; y he de ofrecerles todos los medios de convicción, porque es mi ferviente aspiración contribuir a formar una opinión pública argentina consciente, fundada en el estudio crítico de los documentos, y de los hechos, en su análisis por todo hombre razonable, animado por su propio y sincero sentir patriótico.

Esta tradición del reconocimiento por la Gran Bretaña de la soberanía argentina exclusiva -es el término que emplean las negociaciones sobre el Río de la Plata que leeré luego-, arranca a principios del siglo XVIII, y no se ha interrumpido sino en el año 1915, con el apresamiento del vapor Presidente Mitre! 

El 26 de marzo de 1713, España e Inglaterra subscriben el tratado que se llamó de Asiento, que consistía en el derecho de introducir negros en el Río de la Plata, donde los súbditos ingleses debían tener algunas porciones de tierra que su majestad el rey de España se dignó concederles, y al mismo tiempo, como soberano del Río de la Plata, les permitió que lo navegaran.

El tratado preliminar de 27 de marzo de 1713 hace una concesión análoga a los ingleses. El tratado del 26 de marzo de 1716, entre España e Inglaterra, repite aquella concesión. La transacción celebrada entre España e Inglaterra el 26 de mayo de 1771, hace cesar las diferencias en el Río de la Plata y en las islas Malvinas y se concede la navegación de estas aguas. La convención entre España e Inglaterra, de 14 de julio de 1786, reconoce todas las posesiones coloniales de España en el Río de la Plata. El tratado de paz entre España y la Gran Bretaña, firmado en Madrid el 5 de julio de 1814, concede a Inglaterra el tratamiento de la nación más favorecida, en el Río de la Plata.

Después de 1814, no hay sino aquel raro y curiosísimo tratado celebrado por Artigas en 1817, con el teniente de navío británico, que no tenía plenipotencia, míster Edward Franklin, y que ha sido revelado por los mismos uruguayos, pues lo ha publicado el ilustre historiador montevideano Bauzá en su obra "Historia del Uruguay" (tomo III, pág. 826). Es un documento en el cual Artigas y el comandante inglés reconocen la jurisdicción absoluta del Río de la Plata a la República Argentina, no atribuyendo al Uruguay sino el uso de los puertos.

Después de esos hechos, las cuestiones del Río de la Plata entre la Gran Bretaña y la República Argentina vuelven a surgir con motivo de la celebración del tratado de paz de 1828, con el Brasil, [ Nota del Director: entre Brasil y Argentina ] que llamó a la República Oriental del Uruguay a la vida independiente. La negociación de este tratado es interesantísima por las declaraciones que hizo la Gran Bretaña, mediadora en el conflicto para obtener la paz entre el Brasil y nuestra República.

…En 1826 los gobiernos del Brasil y de Buenos Aires aceptaron la mediación de la Gran Bretaña, deseosos de llegar a bases que dieran por resultado la paz, fundada en la exigencia del gobierno de Buenos Aires, de que se independizara del Estado Oriental, que pertenecía entonces al Brasil.

Se celebró bajo la mediación inglesa, el tratado de 1828; pero durante las negociaciones, el Brasil promovió la cuestión de la libre navegación del Río de la Plata y de los ríos interiores. El Imperio deseaba sacar en esta oportunidad la ventaja de que el gobierno argentino le asegurara la navegación en las mismas condiciones en que la tenían sus nacionales.

Era razonable la exigencia del Brasil, porque ocho de sus provincias, ricas y algunas de ellas viriles, no tenían entonces otra comunicación con el mar, con su capital y con el mundo, que los canales de Martín García. Deseaba, pues, razonablemente, que la República Argentina le asegurara en el tratado de paz la libre navegación de los ríos, para no ahogar a sus provincias interiores. En consecuencia, propusieron un artículo secreto, que debía agregarse al tratado. de paz. Hélo aquí: 

"Ambas altas partes contratantes se comprometen a emplear los medios que estén a su alcance, a fin de que la navegación del Río de la Plata y de todos los otros, que desagüen en él, se conserve libre para el uso de los súbditas de las dos naciones, por el tiempo de quince años".

Pero los argentinos desconfiaban del Brasil y el Brasil desconfiaba de los argentinos. Temían los plenipotenciarios de Buenos Aires que el Brasil lo convirtiera a los quince años en un privilegio permanente, porque era más fuerte que la República Argentina, y, a su vez, los plenipotenciarios brasileños temían que la República Argentina, no obstante comprometerse a darle la libre navegación por quince años, la cerrara cualquier día, porque tenía la llave en el pasaje de Martín García, invulnerable. Entonces, medió la Gran Bretaña, autorizando a lord Ponsomby para que interviniera. Los dos gobiernos le hablaron de la garantía de que este tratado de libre navegación del Río de la Plata y de sus afluentes sería mantenido durante los quince años con fidelidad por la República Argentina respecto del Brasil, y que, cumplidos los quince años, el Brasil volviera al estado anterior, si no se celebraba un nuevo convenio.

La mediación fue aceptada, y ella significaba una confirmación evidente de los derechos que la República Argentina tenía sobre el Río de la Plata, porque la Gran Bretaña habría garantizado el cumplimiento de una concesión que, a dominio hacía nuestro país al Brasil.

Lord Ponsomby, en su nota de 27 de septiembre de 1826, decía: "Respecto de la otra garantía, que también fue objeto de discusión entre vuestra excelencia y yo, a saber, le garantía por su Majestad Británica de la libre navegación del Río de la Plata para las partes interesadas, no me creo obligado a hablar en los mismos términos estrictos, y no ocultaré a vuestra excelencia mi particular opinión de que, si los beligerantes juzgasen que tal medida era necesaria y esencial para conseguir una pacificación, mi gobierno no se rehusaría a escuchar la propuesta, con una fuerte disposición a hacer todo lo que le pareciera necesario y que esté dentro de los límites de su política, para alcanzar aquel objeto". Es decir: la paz.

¿Cuál era la política británica en el Río de la Plata a que se refiere Lord Ponsomby?

El mismo la explica en estos términos, en su nota de 9 de octubre de 1826: "Es un error de primera magnitud suponer que Inglaterra tiene un interés permanente en el arreglo de los negocios de estos países, que pueda inducir al gobierno británico a apartarse de su política conocida". (La política de la prescindencia). "No desea motivar que se suponga que consentiría en garantizar cualquier arreglo duradero en Sud América con un propósito que no sea sincero, y la idea de la garantía particular, pedida por su excelencia el presidente de la República Argentina, haría nacer tal suposición. Inglaterra es amiga de la República de las Provincias Unidas y lo es del imperio del Brasil y desea la restauración de la paz entre dichos países. Inglaterra pone, pues, su interés en la común prosperidad de ambos países. Sin embargo, si para asegurar la paz es necesario que el gobierno británico dé su garantía, el abajo firmado declara, privadamente, que cree que su majestad podrá ser inducida a dar su garantía por: la libre navegación del Río de la Plata, siempre que ambas partes se lo pidan".

No llegó el caso, señor presidente, de que se pidiera esta garantía; porque la República Argentina, procediendo con cordura acordó al Brasil lo que no podía negarle como nación civilizada: la navegación de los ríos que nacen en su propio territorio y que la Constitución del 53 declaró libres para todas las banderas, bajo nuestra soberanía y legislación.

Así quedó establecido en 1826 por el Brasil y la Gran Bretaña. que la única potencia que podía hacer concesiones en el Río de la Plata era la República Argentina! 

En 1845, señor presidente, aparece en Europa el vizconde de Abrantes, eminente diplomático brasileño; con una misión peligrosa ante las cortes europeas. La misión tenía por objeto, concertar una intervención armada en el Río de la Plata, a fin de libertar al Estado Oriental.

La misión de Abrantes tuvo éxito: los gobiernos de Francia y de Inglaterra le ofrecieron su concurso; los otros países, con ser potencias, no quisieron mezclarse en la aventura! 

Pero la iniciativa del Brasil no respondía a libertar al Estado Oriental, sino a obtener del gobierno de Rosas la libre navegación de todos los ríos que había cerrado para todo el mundo, política perfectamente explicable en el Brasil, por las razones que antes he dado, y que debió obtener cultivando la amistad con nosotros y no desarrollando intrigas en Europa.

Las potencias europeas firmaron su convención de alianza y de intervención; y el Brasil reclamó parte en ella ofreciendo su ejército y su escuadra como tercer interventor; pero las potencias le agradecieron cortésmente, y rehusaron su concurso, recordándole que era rival de la República Argentina. Las potencias no iban, dijeron, a aplastar a la Confederación Argentina, sino a obtener de ella la libre navegación de los ríos interiores y del Plata. El Brasil quedó desairado. Nos hizo el mal de traemos una intervención europea y no sacó ventaja alguna de ella! 

En 1845 llegó al Plata la abrumadora intervención anglo-francesa. Se libró el combate de Obligado, que no es un episodio insignificante de la historia argentina, sino glorioso, porque en él se defendían principios, se jugaba la suerte y el porvenir de nuestro país en estos términos: o el Río de la Plata es un mar libre, o es un río exclusivamente argentino; o los ríos interiores pertenecen a la República Argentina o quedan abandonados al tratamiento del derecho internacional, como ríos libres, entregados a la influencia de todas las banderas, cosa muy distinta de la libre navegación reglamentada por las leyes y decretos argentinos! 

La intervención anglo-francesa empezó a ser batida por el Río de la Plata, es decir, por la naturaleza. Montevideo estaba sitiado por el general Oribe; Maldonado y toda la costa, en poder de las divisiones del ejército de Rosas, y por consiguiente, los buques pasaban meses y años -y era una escuadra formidable- balanceándose. en el río, sin poder refrescar los víveres, sin bajar a tierra; sin reposo, atacados por el escorbuto y muriéndose ...

Rosas conocía esta situación y alejaba el momento de la paz, para sacar todas las ventajas.

En el Parlamento inglés y en las cámaras francesas se sucedían las interpelaciones con motivo de la intervención. Entre tanto Rosas hacía esta política: estimular el comercio inglés y francés en la República Argentina, que era muy importante, para inducir a Inglaterra y Francia a celebrar la paz, satisfaciendo el honor de la Confederación Argentina agredida! 

Carezco de tiempo para exponer a la honorable cámara esa negociación, que consta en los dos volúmenes que tengo a la mano, no obstante su importancia para este asunto; pero recomiendo a la juventud argentina que lea esas páginas admirables, por el estilo literario de las notas, por la exquisita cultura, por la galantería caballerosa con que se trataban aquellos enemigos que se batieron, sin embargo, heroicamente en Obligado, por los actos gentiles que unos y otros se prodigaban y por la firmeza, por el talento y por la sagacidad con que Rosas preveía que Inglaterra y Francia capitularían al fin!

En 1846 y 1847 la flota se sostenía penosísimamente. Inglaterra, que siempre ha demostrado en su política y en sus guerras un buen sentido admirable, envió un representante, el caballero Thomas Samuel Hood, con el objeto de buscar algún medio de contraer amistad con Rosas y de iniciar negociaciones de paz.

El Río de la Plata estaba bloqueado; había corrido sangre en Obligado; las chalupas se cañoneaban en el puerto. Pero Rosas dejó desembarcar a Hood, lo recibió como ministro y le colmó de atenciones. Corre la leyenda de que para ser obsecuente y caballeresco, como que Rosas era de tradición aristocrática, alquiló una casa en la calle San Martín, la amuebló con lujo y dijo: Ofrézcansela al mister. (Risas)

Mr. Hood se alojó en la casa. Detrás del aparador del comedor había una puerta secreta, según aquella tradición; y durante una fiesta oficial del ministro de relaciones exteriores, alguien penetró a la legación británica y leyó las instrucciones de Mr Hood, que le ordenaban hacer la paz con Rosas. Con ese dato, el dictador aumentó sus obsequiosidades y en una tenida personal, con el consejo de su ilustre ministro, a quien la República Argentina no ha acordado aún la reputación intelectual y diplomática que merece, y tal vez ni lo recuerde, con el doctor don Felipe Arana, redactaron un proyecto de tratado cuyo artículo 4° establecía como condición indispensable para hacer la paz, que la Francia y la Inglaterra saludaran al pabellón argentino con 21 tiros de cañón, porque la intervención era una ofensa nacional. Los ríos de la Plata e interiores pertenecen a la soberanía argentina, que los legislará según le convenga. Tal era la otra base esencial.

Mr. Hood discutió, resistió; pero al fin dijo, que convencido de la sinceridad de su país y del cariño que tenían los ingleses al pueblo argentino (léase a su comercio), estaba resuelto a subscribir el proyecto, y lo subscribió.

Empezaba la navegación a vapor en esos tiempos y el Cassini embarcó a Mr. Hood con el tratado. Pero hubo cambio de política en Inglaterra y el tratado fue desaprobado. Dijeron que era una debilidad de Mr. Hood, que, no obstante ser un notable caballero inglés, no había tenido la perspicacia diplomática necesaria y agregaron que era necesario enviar dos grandes hombres de Europa, cuya personalidad y reputación se impusiera al dictador, y al mismo tiempo le hicieran comprender que los ríos de esa naturaleza pertenecen a la humanidad; bajo la influencia de los estados que dominan en el mundo.

Vinieron así, en representación de Inglaterra Lord Howden y como agente diplomático de Francia el príncipe Colonna Walewski, emparentado con Napoleón.

Cuando llegaron al puerto mandaron decir a Rosas que estaban enfermos, balanceándose en el río, comiendo carnes saladas, afectados por la larga travesía. Rosas les hizo saber que si bien la República Argentina estaba en guerra con los países que representaban, era una nación culta; que podían desembarcar, pues en la ciudad de Buenos Aires no se desconocían las virtudes de la antigua hospitalidad!

Desembarcaron los plenipotenciarios, se mezclaron a la primorosa sociedad porteña y manifestaron a Rosas, según consta en el mensaje que éste mandaba a la legislatura anualmente y en mensajes especiales, que estaban dispuestos a aceptar la paz sobre la base del tratado celebrado con Mr. Hood, pero con pequeñas modificaciones.

Rosas solicitó el envío de las modificaciones, que consistían en la supresión del saludo a la bandera, la devolución de los trofeos tomados en las invasiones inglesas de 1806-7 y la declaración de que los ríos quedaban sometidos al derecho internacional y no a la legislación argentina!

Rosas les rechazó el proyecto declarando que la República Argentina continuaría la guerra. En seguida hizo publicar en el diario oficial un artículo, recurso que los gobiernos europeos usan a menudo para producir cierta intimidación en los diplomáticos, artículo que la honorable cámara me permitirá que lea porque es muy breve y al mismo tiempo por el objeto estratégico y de cancillería que tenía, lo que puede ser una lección saludable para todos los tiempos!

-Después de una pausa dice el orador: 

No encuentro en este momento la cita, pero luego aparecerá ...

Llegaban por entonces noticias desfavorables a Inglaterra y el gobierno fue interpelado en la cámara de los comunes por el duque de Richmond, eminentísimo personaje histórico inglés, quien presentó una petición de los comerciantes de Liverpool en la cual anuncian que el comercio inglés en el Río de la Plata perece y que es necesario que el gobierno británico se preocupe de la situación. En la página 1306 del "Parlimentary Debates", de la Gran Bretaña, edición de Londres, 1845,sesión de 27 de junio del mismo año, se lee lo siguiente:

"El duque de Richmond presenta una petición de los banqueros, mercaderes y tratantes de Liverpool, solicitando la adopción de medidas para conseguir la libre navegación en el Río de la Plata. También presenta una petición del mismo tenor de los banqueros, mercaderes y tratantes de Manchester. El conde de Aberdeen (jefe del gobierno), dijo que se sentiría muy feliz contribuyendo por cualquier medio a su alcance a la libertad de la navegación del Río de la Plata, o de cualquier otro río del mundo, a fin de facilitar y extender el comercio británico. Pero no era asunto tan fácil, como lo sostenían los peticionantes, abrir lo que allí habían cerrado las autoridades legales".

"Este país [ se refiere a la República Argentina ] se encuentra en la actualidad preocupado en el esfuerzo de restaurar la paz en el Río de la Plata, y abrigo la esperanza de que con este resultado se obtendrá un mejoramiento del presente estado de cosas y una gran extensión de nuestro comercio en esas regiones; pero podríamos perder más de lo que posiblemente podríamos ganar; si al tratar con ese estado, nos apartáramos de los principios de la justicia. Pueden estar equivocados en su política comercial y pueden obstinarse siguiendo un sistema que nosotros podríamos creer impertinente e injurioso para sus intereses tanto como para los nuestros; pero estamos obligados a respetar los derechos de las naciones independientes, sean débiles, sean fuertes".

¡He aquí lo que empezaba a imponer Rosas al Parlamento inglés con aquella su política de resistencia, diestra, grande y viril! 

Entonces sucedió, señor presidente, lo que no he tenido la fortuna de producir ahora en la República Argentina. La legislatura de Buenos Aires, compuesta de los hombres más respetables de la ciudad, fundadores de las familias patricias que viven ahora mismo y cuyos nombres voy a leer, para hacerles honor, interpeló al Poder Ejecutivo, como lo he hecho en este caso, no para perturbarlo en el manejo tan poco feliz de las relaciones exteriores, sino para ofrecerle el concurso del país, ante el agresor extranjero! 

Estaban en la sesión a que me refiero: [ Nota del Director: nombra a todos legisladores Después de discutida la situación de los negocios exteriores, le dirigieron a Rosas esta minuta de comunicación: "La habilidad y el acierto con que vuestra excelencia ha manejado esta negociación, ha obligado a los ministros a confesar las miras verdaderas de sus gobiernos. Toda la negociación ha venido a escollar en un punto del todo extraño a los mismos pretextos con que se estableció la intervención. La independencia del Estado Oriental, la humanidad, la civilización, los intereses del comercio, todo, todo ha venido a hundirse y a ahogarse bajo el peso de la pretensión ambiciosa y atentatoria de señorearse en nuestros ríos. Los representantes ven en esto justificada su opinión de que esta maldecida intervención ha tenido y tiene el verdadero carácter de una guerra de conquista. La pretensión sobre los ríos y hasta el modo de establecerla vienen a probarlo acabadamente. Los gobiernos de Inglaterra y Francia han mandado dos personajes de alto rango para intimarnos que nos conformemos con el artículo 5° que ellos proponen: porque este artículo ha sido redactado por los jurisconsultos de aquellas dos naciones, después de estudiado el punto, y los dos plenipotenciarios no tienen ni capacidad para discutido, ni poder para reformarlo. Si la pretensión es ofensiva y atentatoria a nuestra soberanía, no lo es menos el modo singular de querer establecer que los derechos y las leyes de un estado independiente deben entenderse según la opinión de los abogados de las coronas de Inglaterra y Francia, principio con el que la diplomacia inglesa y francesa podría intentar esclavizar al mundo entero". 

Ante esta uniformidad y decisión de los poderes públicos, Lord Howden y el príncipe Colonna Walewski partieron para Europa! 

Y aquí me cae a la mano por casualidad el artículo del diario que no pude leer hace un instante y que deseo que quede en el diario de sesiones. Dice: "Pero preguntaremos, ¿con qué título la Inglaterra y la Francia vienen a imponer restricciones al derecho eminente de la Confederación Argentina de reglamentar la navegación de sus ríos interiores? Y ¿cuál es la ley general de las naciones ante la cual deben callar los derechos del poder soberano del Estado, cuyos territorios cruzan las aguas de estos ríos? ¡Y qué! ¿la opinión de los abogados de Inglaterra, aunque sean los de la corona, se sobrepondrá a la voluntad y a las prerrogativas de una nación que ha jurado no depender de ningún poder extraño? Pero los argentinos no han de pasar por estas demasías: tienen la conciencia de sus derechos y no cederán a ninguna pretensión indiscreta. El general Rosas les ha enseñado prácticamente que puede desbaratar las tramas de sus enemigos por más poderosos que sean. Nuestro código internacional es muy corto. Paz y amistad con los que nos respetan, y la guerra a muerte a los que se atrevan a insultarnos".

Revista Caras y Caretas
Revista Caras y Caretas N° 897 del 11 de diciembre de 1915 (A)

Entretanto, el parlamento inglés, sorprendido por el fracaso de la intervención de los aliados, tomó una participación más importante en la cuestión y se alzó la voz del entonces diputado D'Israeli, más tarde Lord Beaconsfield, que ha influido extraordinariamente en la grandeza actual de la Gran Bretaña. D'Israeli dijo a la cámara de los comunes: que había quebrado una casa, de Liverpool, por los negocios de Buenos Aires, y quebrarán otras casas. Y qué hacen las escuadras británicas? ¿Qué hace la que ha sido retirada de Sud África para reforzar el bloqueo del Río de la Plata? ¿Para qué se gasta tanto dinero? Y agregó un canto de honor para la diplomacia de Buenos Aires. Dijo: "Séame permitido recordar a la Cámara esta circunstancia sin precedentes en la diplomacia en ningún país, que hemos empleado seis enviados extraordinarios en aquella parte del mundo sobre misiones que probablemente nadie entiende, para propósitos que todos sentimos, porque los intereses británicos padecen en gran manera, y creo que en este momento no hay la más leve apariencia de que este país obtenga ninguna clase de satisfacción; por lo que sabemos, estamos más distantes que nunca de la terminación del negocio. Estoy obligado a formar opinión, en ausencia de toda información de parte del gobierno, por lo que he leído de diarios extranjeros del país en cuestión; pero, ¿no es especialmente el deber de la Cámara, al votar estas inmensas sumas, averiguar cómo es que el experto Mr. Mandeville, nuestro ministro en Buenos Aires, recibió instrucciones que no tuvieron el deseado resultado y fue llamado a Inglaterra, que Mr. Ouseley fue enviado en una misión especial y retirado; que el esforzado Mr. Hood fue despachado y el caballeresco Lord Howden y nuestro amigo Mr. Gore, y ahora un nuevo ministro está en este momento en camino, no para Montevideo, sino para Buenos Aires, y no hay la más leve información dada a la nación británica por el ministro, mientras que casas mercantiles de gran importancia están quebrando a consecuencia de no arreglarse aquellos asuntos? Los gastos de seis millones han sido votados por esta cámara, seguramente es éste el tiempo de preguntar ¿qué perspectiva hay de una terminación satisfactoria de estas negociaciones, de que nuestros derechos sean vindicados y nuestros intereses protegidos en aquella región? ¿qué número de fuerzas tenemos allí? ¿Si es a causa de ese número extraordinario que los buques que cruzaban la costa de África han sido enviados para continuar allí operaciones de guerra?".

A este anuncio de que Inglaterra había tenido seis diplomáticos derrotados, desde 1845 a 1848, se conmovió Lord Palmerston; y aquella gran figura de la historia inglesa, que me merecerá siempre el mayor respeto por el homenaje que tributó a los derechos argentinos en la cuestión de los ríos, explicó la situación llegando a esta solemne declaración, que abría nuevos horizontes:

"Con respecto al derecho de navegación (es decir a lo que hizo fracasar las seis misiones) estamos dispuestos a convenir en que los principios del derecho de gentes que mantenemos en Europa establece que los países por donde pasan los ríos -si fueran realmente ríos y no brazos de mar- tienen el derecho de gobernar su navegación".

Empezaba, pues, a triunfar Rosas en el parlamento inglés; y el diputado Urquhar terminó su discurso con estas palabras: "Conforme al derecho público, no debe entrar en las miras del gobierno de Inglaterra y de Francia abrir comunicación con la provincia Argentina del Paraguay, porque es justo que se respeten los derechos, de la Confederación sobre esa parte integrante de su territorio; y en cuanto a la navegación de los ríos, el gobierno argentino no sólo es dueño de reglamentarla, sino también de cerrarla a los pabellones extranjeros, porque se debe considerar que la embocadura del Río de la Plata es una pertenencia de la Confederación Argentina y no un brazo de mar".

El parlamento inglés había decidido el conflicto del Río de la Plata, y de acuerdo con esta actitud, Lord Palmerston acreditó un cónsul en Buenos Aires, por vía de ensayo. Llegó el cónsul a las balizas exteriores, mandó una nota amable al dictador Rosas y éste contestó que no podía recibir delegados consulares o diplomáticos de la Gran Bretaña mientras no fuera saludado el pabellón argentino con veintiún tiros, porque la intervención había sido una ofensa a la Confederación Argentina! 

Después de esta actitud rechazando al cónsul, como estaba el río una poderosísima escuadra inglesa, temió que bombardearan si no Buenos Aires, por lo menos la Ensenada, y suavizó la herida con una nota al comandante de la escuadra bloqueadora, avisándole que el gobierno argentino, para dar una prueba de sus buenos sentimientos hacia Inglaterra, se complacía en devolverle un cañón y una bandera británica que la corbeta Federal había apresado. Inmediatamente el comandante inglés, conmovido ante este acto de hidalguía, y no obstante la guerra, devolvió todos los cañones que nos habían tomado los aliados en Obligado.

El cambio de la bandera y de los cañones halagó a Lord Palmerston y mandó al plenipotenciario, histórico en nuestro país, lord Southern, aquel caballero que el dictador hizo caricaturar en la forma de un toro que se va y a quien él tiraba enlazado de la cola, preciosa caricatura que puede verse en el libro de Pradére sobre Rosas. ¡Lord Southern a quien hacía pisar maíz al lado de Manuelita Rosas y al mismo tiempo lo trataba con exquisita galantería! 

Cuando lord Southern llegó al puerto; tampoco fue recibido! ..., La República Argentina no puede recibir agentes británicos, no obstante sus grandes deseos de paz y de todo lo que ha hecho para demostrar su buena voluntad a la Gran Bretaña, hasta que la Gran Bretaña y Francia no saluden al pabellón argentino con veintiún cañonazos, porque la han ofendido. Tal era la actitud irreductible del dictador! 

Lord Southern quedó en el puerto, balanceándose en su buque. Todo el mundo sabe lo que es el Río de la Plata en mal tiempo, y de ello algo recuerdan los radicales que lo habitaron en alguna oportunidad (risas). El eminente caballero escribió al dictador diciéndole que trataría, que no estaba muy distante de aceptar las bases de míster Hood las del año 1846. Estábamos en el año 49, el bloqueo había empezado el 45. En Buenos Aires nadie se había amedrentado, aquí nadie había creído que Francia y la Gran Bretaña se comerían los niños crudos; todo el mundo tenía fe en el gobierno y el país pobre resistía muy bien! El comercio inglés, que entonces era poca cosa al lado de lo que es actualmente en la República Argentina, influía también, porque deseaba que se arreglara esta cuestión perdida para las potencias! Entonces, Rosas hizo bajar a tierra a míster Southern que resistía al artículo tercero, relativo al saludo del pabellón, y resistía al artículo quinto, sobre el derecho de los ríos. Al fin capituló, aceptando los dos artículos, es decir, la fórmula Hood, largamente resistida por los aliados y sus diez plenipotenciarios sucesivamente derrotados por el carácter de Rosas, que era toda la fuerza del país!.

Rosas adoptó un temperamento galante para que este ministro, que estaba identificado con la alta sociedad argentina, no sufriera mortificación por aquello del saludo al pabellón. Era costumbre entonces que todos los años el 24 del mes de América, como se llamaba al de Mayo, se realizara algún acto oficial en honor del natalicio de la reina Victoria; pero desde 1845 nada se había hecho, y, con gran sorpresa de míster Southern después de escribir éste que aceptaba las bases del tratado que había sostenido Rosas desde 1846, recibió aviso del Dictador, de que se haría una salva en honor de su ilustre y graciosa majestad la reina Victoria, como acto de deferencia y de respeto del gobierno argentino.

¡Al día siguiente, señor presidente, sin que nadie le requiriera a la Gran Bretaña el cumplimiento del tratado, entraba a Los Pozos la corbeta Harpy (1) y, enarbolando el pabellón argentino al tope de proa, hizo el saludo de veintiún cañonazos, quedando cumplida la paz! (El orador queda profundamente conmovido durante algunos instantes).

…Triunfaba, pues, y con los honores de la guerra, el principio de la soberanía absoluta de la República Argentina sobre el Río de la Plata y sobre los ríos interiores.

(1) En realidad fue la fragata Southampton la que ingresó enarbolando el pabellón argentino.

(A) La revista Caras y Caretas N° 897 del 11 de diciembre de 1915 da cuenta del apresamiento del "Presidente Mitre". La caricatura lleva por título el lema en francés antiguo que ostenta el escudo británico: "Honi soit qui mal y pense", que traducido significa: "Maldito sea quien piense mal" o también "Que el mal caiga sobre aquel que piense mal".