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domingo, 20 de noviembre de 2022

Vuelta de Obligado - Rosas - Mansilla - Chiviló

 

20 de noviembre de 2022

UN DÍA COMO EL DE HOY, HACE 177 AÑOS. 

Combate de Vuelta de Obligado 

Rosas
Combate de Vuelta de Obligado


Hoy conmemoramos el 177° aniversario del Combate de Vuelta de Obligado, hecho de armas que tuvo lugar el 20 de noviembre de 1845, en las costas del río Paraná, muy cerca del pueblo de San Pedro. 

En el lugar que se conoce como Vuelta de Obligado –lo de Obligado” viene por el nombre del propietario de aquellas tierras don Antonio Obligado–, tuvo lugar un bravo combate entre las fuerzas nacionales de la Confederación Argentina, al mando del general Lucio Norberto Mansilla, quien con una fuerza de más o menos 1.250 hombres, intentó cerrar el paso de la flota anglofrancesa, compuesta por aproximadamente 100 navíos, 11 de los cuales eran de guerra –5 franceses y 6 ingleses–, muchos de ellos vapores de última generación –los primeros que navegaron el Paraná–, fuertemente armados y algunos con blindajes, seguidos por barcazas carboneras –para abastecer a los navíos a vapor– y el resto mercantes entre los cuales también había de otras nacionalidades –sardos, dinamarqueses, hamburgueses, norteamericanos, entre otros–, quienes contrariando las leyes argentinas pretendían ingresar impunemente por el río Paraná que era un río interior de la Confederación, y por lo tanto sujeto a su jurisdicción, para llegar a las ciudades de Corrientes y Asunción –esta última en ese entonces y como provincia argentina, también perteneciente a la Confederación– para vender sus productos manufacturados y establecer nuevos mercados para su producción industrial. Así decidieron “abrir el río a cañonazos”, como lo expresó uno de sus diplomáticos. Estaban envalentonados por sus victorias logradas en circunstancias parecidas en otras partes del mundo.

Tiempo antes y ante la presunción por parte del gobernador de nuestra provincia y encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación, Juan Manuel de Rosas, que se estaba formando una flota por parte de aquellas dos potencias, con aquél propósito, había dado instrucciones a su cuñado, el General Mansilla, que era un veterano de la guerra de la Independencia, para que les impidiera el paso, que les demostrara que los ríos interiores argentinos tenían dueño y que no se podría navegar impunemente sus aguas.

Mansilla, eligió “Obligado”, justamente porque allí el río se angosta (aproximadamente 800 mts. en aquella época), disminuye su calado y hace una curva, lo cual dificultaba la navegación de los navíos a vela para virar. El lugar ofrecía también ciertas características naturales como las barrancas altas de aproximadamente 20 mts de altura, que posibilitaban que se pudiera intentar una eficaz defensa.

Con 35 piezas de artillería que se disponían, antiguos –algunos fundidos en 1663 y otros en 1780–, de bronce, utilizados en la época de la Independencia y de distintos calibres no mayor al 20 , se instalaron cuatro baterías, sobre la costa bonaerense, que de sur a norte llevaban los nombres de Restaurador Rosas al mando del capitán Álvaro José de Alzogaray, Guillermo Brown al mando del hijo del Almirante, Teniente de marina Eduardo Brown;  Gral. Mansilla al mando del Teniente de artillería Felipe Palacios y Manuelita al mando del norteamericano, el Teniente coronel Juan Bautista Thorne.

La primera se encontraba sobre el ángulo de la costa, las otras dos rasantes – a nivel del río- y la cuarta sobre la cresta de una loma, dirigía sus fuegos a lo lejos. El paso del río fue cerrado con 24 barcazas desarboladas, ancladas, amarradas entre sí y por cuyas cubiertas pasaban tres líneas de fuertes cadenas de hierro, que habían sido forjadas en los talleres de herrería que se encontraban  en los Santos Lugares de Rosas y que se encontraban amarradas en sus extremos a la costa

En el extremo, sobre la costa entrerriana, se había anclado el navío El Republicano, al mando del irlandés, Capitán  Tomas Craig, con 6 cañones, apoyado por dos naves menores artilladas el Restaurador y Lagos, con un cañón cada una, cuya misión principal era la de hostigar al enemigo e impedir que los navíos enemigos pudieran acercarse a las barcazas, con la intención de cortar las cadenas que las unían. También se habían dispuesto 10 brulotes que eran pequeños navíos no tripulados, que contenían material inflamable y que dejados arrastrar por la corriente río abajo podían llegar a provocar incendios en las naves agresoras.

Unos merlones o terraplenes construidos con troncos, piedra y barro arcilloso compactado, eran una buena defensa para la infantería y artillería argentina y en la batalla soportaron bien el fuego enemigo. las troneras tenían una inclinación que le permitirían un buen tiro hacia el río, sobre todo la la batería Manuelita que se encontraba sobre las barrancas altas.

La invasión se inició cuando la flota, concentrada en Carmelo –Uruguay– se internó en el Paraná Guazú, el día 17 de noviembre, ingresando así a territorio argentino y se detuvo a dos leguas de Obligado. 

La mañana del día 20 amaneció brumosa pero despejó a las 8. Los vapores habían puesto a calentar calderas a las 7 y pasadas las 8 los barcos veleros comenzaron a largar paño. La flota militar enemiga con sus velas desplegadas y sus vapores echando humo, se dispuso remontar el río cerca de las 9 y enfrentar las defensas argentinas.

Enfrentaron a los invasores tropas de infantería del 2do. regimiento de Patricios al mando del Coronel Ramón Rodríguez además de los artilleros, todos los cuales –entre ellos había no pocos ingleses– estaban protegidos detrás de la trinchera. Cerca del lugar, en un monte de talas, se encontraban apostadas milicianos de San Nicolás y de otras localidades de la zona al mando de Luis Barreda. También intervinieron mujeres nicoleñas quienes asistieron a los heridos en la batalla y colaborando de todas formas con los defensores, destacándose en la acción.

Ante ese tremendo espectáculo de tantas naves navegando por el Paraná, nunca antes visto, Masilla arengó a sus tropas para que se defendiera el honor nacional y después de cantarse con fervor y emoción el himno nacional cuyos compases fueron ejecutados por la banda de músicos de Patricios, las fuerzas de la Confederación se aprestaron para la lucha.

El duelo de artillería comenzó a las 8 y media y como lo reconocieron los enemigos, la resistencia fue obstinada y eficaz. Los anglofranceses disponían de 113 modernos, de hierro, de ánima rayada, y de mayor calibre –de 80– que los argentinos, muchos de los cuales manejados por expertos artilleros, vencedores en cien combates, disparaban balas con espoleta y de fragmentación, que al explotar causaron muchísimas bajas entre los defensores. Cerca del mediodía el navío El Republicano agotó sus municiones y su comandante Craig, para impedir que la nave cayera en poder de los enemigos, decide volarla, pasando él con su tripulación a reforzar la batería Manuelita.

Al mediodía y casi en simultáneo con la voladura de El Republicano, y en medio de la lucha, el capitán inglés Hope con un grupo de marineros, abordó una de las barcazas y con un hacha cortó las cadenas, abriéndose así un pasaje, que permitió el paso de los primeros buques.

En las primeras horas de la tarde, las baterías argentinas, fueron quedándose sin municiones, contestándose el fuego enemigo en forma pausada hasta que a las 17 horas se disparó el último cartucho de los cuatro mil que se dispararon ese día por las fuerzas argentinas.

Los cañones de las baterías argentinas fueron desmontados y puestos fuera de combate uno a uno por el certero fuego del enemigo.

A las 6 y media de la tarde 12 lanchas con infantes tropas de desembarco se desprendieron de los buques enemigos, para tomar las posiciones ocupadas por nuestras baterías.

La infantería a cuyo frente se puso Mansilla, a su vez en una carga a la bayoneta calada, intentó frustrar la intentona enemiga, pero el apoyo de la artillería que recibían los desembarcados desde sus propios barcos que ocasionaron muertos y heridos entre las filas nacionales, inclusive el propio Mansilla fue herido en el pecho. Por la noche los invasores rechazaron un contraataque de la caballería gaucha, determinaron que nada más pudiera hacerse por parte de las fuerzas nacionales, por lo que se retiraron, estableciéndose el nuevo cuartel general en el Tonelero.

Los argentinos sufrieron aproximadamente 650 víctimas entre muertos y heridos y la pérdida de 19 piezas de artillería, pero pudieron salvar la artillería volante que posteriormente seguirían hostilizando desde las costas a los navíos que siguieron remontando el Paraná, en cuanta oportunidad pudieran.

Nuestros soldados dieron muestras de valentía y valor heroico en aquella memorable jornada de defensa de la soberanía ultrajada y en tan desigual lucha, que quedará grabada para siempre en nuestra historia y como una prueba gloriosa del sentimiento nacional argentino. Los comandantes enemigos en sus informes destacaron el arrojo, coraje, obstinación y en general el actuar de las fuerzas argentinas

Los interventores, si bien en definitiva pudieron sortear las defensas argentinas, no se la llevaron de arriba. Sus naves sufrieron importantes daños –el San Martín recibió 156 impactos, el Fulton y el HMS Dolphin, tuvieron más de 100 cada uno–, demostrativo de ello es que muchas de ellas demoraron 40 días en reacondicionarlas para poder seguir navegando, además de sufrir también gran cantidad de bajas entre muertos y heridos.

Obligado fue la primer batalla de unas cuantas que tuvieron lugar entre el 20 de noviembre y principios de junio del año siguiente, en el conflicto que se dio en llamar la “Guerra del Paraná”, que demostraron a los invasores que no podían navegar los ríos interiores argentinos sin ninguna consecuencia y que los argentinos aún con los pocos medios que tenían les hacían frente en cuanta oportunidad pudiesen.

La hazaña argentina, fue conocida en toda América y Europa, el mundo se admiró que un pequeño país casi desconocido pudiera enfrentar a las dos potencias más importantes de la época.

El Brigadier General de la Confederación Argentina, don José de San Martín, residente en Europa, comparó la trascendencia de esta gesta con la guerra de la Independencia que le cupo el honor de dirigir, “esta contienda –dijo– en mi opinión es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España”, destacando también “la firmeza de nuestro Juan Manuel” que “ha sabido defender con toda energía y en toda ocasión el pabellón nacional” y que “con cuatro cañones, hizo conocer a la escuadra anglofrancesa, que pocos o muchos, sin contar los elementos, los argentinos saben siempre defender su independencia” y que “De todos modos los interventores habrán visto por esta muestra que los argentinos no son empanadas que se puedan comer sin dar más trabajo que abrir la boca”.

El primer Ministro inglés, Lord Palmerston reconoció como justa la posición argentina de impedir la libre navegación de sus ríos interiores, como también y en igual forma lo hacían las grandes potencias con los suyos.

La defensa argentina de sus ríos interiores se vio coronada pocos años más tarde con la firma de los tratados que nuestro país suscribió primero con Inglaterra –Convención Arana Southern– y más tarde con Francia –Convención Arana Lepredour– por los cuales estas potencias reconocían la soberanía argentina sobre sus ríos interiores y saludaron la bandera nacional con salvas de artillería.

De no haber sido por el combate de Obligado y la Guerra del Paraná, ganada en definitiva por nuestro país, posiblemente las provincias mesopotámicas, serían hoy un país segregado de nuestra Argentina, que era una de las pretensiones de aquellas potencias, para que el río Paraná dejara de ser un río interior de la Confederación Argentina y sujeto a su legislación.

El historiador brasilero Pedro Calmon, dijo sobre Rosas a quien llama “El caballero de la Pampa”: “…Por el error extranjero, [Rosas] se convirtió en el mayor criollo sudamericano. Hacia él toda la América del Sud volvía su mirada conmovida. Si necesitaba una espada para combatir al intruso, lo convocarían a él, el caballero de la pampa. La estatura titánica del Dictador argentino proyectaba una sombra extensa en el continente: tras los navíos del bloqueo tremolaba en el aire su poncho punzó. Desafiaba a las potencias del mundo”.

El escritor e historiador Octavio Amadeo, escribió sobre Rosas: “Defendió no sólo el honor sino también la integridad de su país con pericia enérgica; y fue él, quien mantuvo aquella decisión inquebrantable. Las dos naciones más fuertes de la tierra se inclinaron ante este minúsculo señor lejano, y al retirar Inglaterra sus tropas y sus naves, entre las que aún había algunas fragatas de Trafalgar y algunos soldados de Waterloo, los cañones de la Emperatriz de las Indias saludaron con 21 disparos de desagravio y homenaje a una humilde bandera, desconocida del mundo, pero no ignorada por ellos”.

¿Por qué celebramos el Día de la Soberanía? Si bien la batalla significó una “derrota”, fue el inicio de una serie de acciones bélicas que finalizaron con la victoria contundente de los argentinos.

Existió una voluntad inquebrantable del gobernante argentino, Rosas, seguido por todo un pueblo de no dejarse amedrentar por las dos más grandes potencias de la época y defender con uñas y dientes la soberanía e independencia nacional, sin especular si los medios materiales que se disponían eran suficientes para oponerse a los designios de los invasores.

domingo, 6 de febrero de 2022

Alberto Mondragón - Lucio Norberto Mansilla

A mediados de la década del '60 Alberto Mondragón redactó unas breves biografías bajo el título "Figuras rosistas", que fueron publicadas en distintos periódicos y revistas (Revista o períódico El Puente, Revista Doctrina, entre otras). 


FIGURAS ROSISTAS 

(Revista El Puente, Periódico Nueva Tribuna)


Vigésima tercera Figura

LUCIO NORBERO MANSILLA


Alberto Mondragón
La estela de la figura de LUCIO NORBERTO MANSILLA comienza a los 13 años como cadete, enfrentando a los invasores ingleses, y cuarenta años después cumple una idéntica acción en el Combate de Obligado como General.

Habiendo nacido en Buenos Aires el 2 de marzo de 1792, su trayectoria desde las invasiones inglesas en la Defensa y Reconquista hasta el glorioso y heroico día del 20 de noviembre de 1845, pasa por la campaña del Estado Oriental, guerrero de la Independencia, soldado en la guerra contra el Brasil, gobernador de Entre Ríos, legislador, organizador de las fuerzas policiales, congresista y, por último, sostenedor de la Confederación ante la inconsulta agresión franco-inglesa llena todo el período de la formación de la nacionalidad, de la defensa de la soberanía y para ser una figura rosista de primerísima importancia.

Las tres facetas de MANSILLA, el militar, el estadista y el político se complementan en su acendrado patriotismo , su caballerosidad y sus ideas firmemente federalistas.

En lo militar, su bautismo de sangre en las invasiones Inglesas. su participación al lado de Artigas y luego con Ramírez, llamado por San Martín en 1815, cumple como Mayor de Plaza en San Juan, entrando en combate en las batallas de Chacabuco y Maipú. En la guerra con el imperio del Brasil, desde 1826 es Comandante General de Costas, concurriendo como Jefe en las batallas de Camacuá  y Ombú, derrotando al famoso general brasileño Bentos Manuel, y por último en la jornada de Ituzaingó, el 20 de febrero de 1827; para en 1834 ser designado por Rosas (su cuñado, ya que era casado con la hermana de éste, doña Agustina Ortiz de Rosas) en el cargo de jefe de policía de la ciudad de Buenos Aires redactando los reglamentos, fundando la instalación del Cuerpo de  Serenos y en la ejecución de obras públicas, como el camino del Riachuelo de la Boca; en lo más grávido de la situación internacional, en 1545, LUCIO NORBERTO MANSILLA pasa a ser el Comandante en Jefe del Departamento del Norte, preparando las defensas del rio Paraná con hombres adiestrados, armamentos y la famosa cadena de costa a costa en el recodo de la Vuelta de Obligado, donde se llevó a cabo la cruenta batalla de su nombre, siendo MANSILLA el héroe de la Soberanía en ese día inolvidable para todos los argentinos; en ese carácter prosiguió la lucha contra los anglofranceses en las acciones de Acevedo, San Lorenzo y el Quebracho.

El MANSILLA estadista, cumple la gobernación de Entre Ríos desde 1821 a 1824, dando a esa provincia la primera Constitución Federal y las primeras legislaciones y ordenamientos, las primeras obras públicas y las relaciones interprovinciales; en 1824 es miembro del Congreso Constituyente, y en 1827 es diputado en representación de la provincia de La Rioja al Congreso Federalista de Santa Fe.

En lo político, cabe a MANSILLA celebrar el primer tratado con los caudillos Ramírez y López, llamado del Pilar, tratado o Pacto del Pilar, que resume el reconocimiento de las fuerzas federales por Buenos Aires, que se integra como provincia federal; de 1838 a 1844 formó parte de la Legislatura de Buenos Aires, haciéndose notar por su fuerte personalidad, abogando por los derechos de la Confederación Argentina frente a la intervención de Francia e Inglaterra.

Caseros fue el ocaso de MANSILLA. Su estampa varonil, con su pecho galardonado de múltiples medallas, desapareció de la escena pública, retirándose a vivir en Francia, regresando después del 60, enfrenta a la calumnia como periodista, escritor y hasta con las armas, y fallece a consecuencia de la fiebre amarilla el 10 de abril de 1871.

Decimos con Saldías, que: ”...el viajero argentino que remonta los ríos, detiene siempre los ojos con noble orgullo en un recodo del gran Paraná, donde un día la entereza del general MANSILLA, rigiendo el pundoneroso sentimiento nacional, en lucha desigual contra los poderes más fuertes de la tierra, supo grabar con sangre que no se borra derechos indestructibles de honor y de gloria”.

ALBERTO A. MONDRAGON


sábado, 20 de noviembre de 2021

Proclama de Lucio Norberto Mansilla

 

- Documentos 11 -

En esta Sección del blog damos a conocer interesantes e importantes documentos.
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Proclama del general Lucio Norberto Mansilla previo al Combate de Vuelta de Obligado


Lucio Norberto Mansilla


Vuelta de Obligado


Archivo General de la Nación

Transcripción:

¡ Viva la Confederación Argentina !
¡ Mueran los salvajes unitarios !

Proclama

Milicias del Departamento del Norte - Valientes soldados Federales, defensores denodados de la Independencia de la República y de la América !

Los insignificantes restos de los salvajes traidores unitarios que han podido salvarse de la persecución de los victoriosos Ejércitos de las Confederación y Orientales Libres, en las memorables batallas del Arroyo Grande, India Muerta y otras, que pudieron asilarse de las muros de la desgraciada Ciudad de Montevideo, vienen hoy sostenidos por los codiciosos marinos de Francia e Inglaterra, navegando las aguas del gran Paraná, sobre cuyas costas estamos para privar su navegación bajo otra bandera que no sea la Nacional- ¡Vedlos, Camaradas, allí los tenéis! Considerad el tamaño insulto que vienen haciendo a la Soberanía de nuestra Patria al navegar las aguas de un rio que corre por el territorio de nuestra República, sin más títulos que la fuerza con que se creen poderosos ! ¡Pero se engañan esos miserables aquí no lo serán ! - ¿ No es verdad, camaradas ? ¡ Vamos a probarlo ! ! Suena ya el cañón ! Ya no hay Paz con la Francia ni con la Inglaterra - !!! Mueran los enemigos !!!... Tremole en el río Paraná y en sus costas el Pabellón Azul y Blanco y muramos todos antes que verlo bajar de donde flamea

Lea esta nuestra resolución a ejemplo del heroico y Gran Porteño, nuestro querido Gobernador Brigadier D. Juan Manuel de Rosas, y para llevarla contad con ver donde sea mayor el peligro  a vuestro Jefe y compatriota el Gral.
                                                                                                                        Lucio Mansilla

¡ Viva la Patria !
¡ Viva la Independencia !
¡ Viva su Heroico Defensor D. Juan Manuel de Rosas !
¡ Mueran los salvajes unitarios y sus viles aliados los Anglo-Franceses ! 

viernes, 4 de diciembre de 2020

Reglamento de Policía urbana

- Documentos 1 -

Iniciamos esta nueva Sección en este blog en el cual daremos a conocer interesantes e importantes documentos
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Reglamento de Policía Urbana

Lucio Norberto Mansilla

El 7 de noviembre de 1833, el gobernador de Buenos Aires, general Juan José Viamonte, nombró Jefe de policía a Lucio Norberto Mansilla, quien se dedicó a mejorar la vigilancia de la ciudad con la creación del Cuerpo de Serenos y organizando a los vigilantes de día. Renunció a ese cargo el 13 de abril de 1835.
En 1835 y durante su jefatura dictó el Reglamento de Policía urbana, comprensivo de los derechos y deberes entre los ciudadanos, en el cual estableció normas muy detallistas acerca de cómo debía circularse por la vereda y por la calle. 
El presente es un cartel que debía ser fijado en la vía pública para que los habitantes de la ciudad tomaran conocimiento de la norma.

Reglamento de Policía urbana - Lucio N. Mansilla


Las imágenes que siguen corresponde al  frac militar de paño de lana azul con vivos rojos que le perteneció a Mansilla. El cuello está bordado con hilos y lentejuelas metálicas. Posee solapa y faldones, y el interior del frac está forrado de raso de seda negra. Dicho frac se encuentra en el Museo Histórico Nacional.

Uniforme de Lucio N. Mansilla





domingo, 1 de diciembre de 2019

Guerra del Paraná - Lauchlan Bellingham Mackinnon

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XIII N° 53 - Diciembre 2019 - Pags. 14 a 16 

Vivencias del teniente naval inglés L. B. Mackinnon en la Guerra del Paraná

Guerra del Paraná

La Alecto, llevando a remolque tres goletas, pasando frente a las baterías de San Lorenzo. Cuadro pintado por J.M. Gilbert, en poder de Mackinnon

1ra. parte.

Con motivo de la intervención armada anglofrancesa en el Plata en 1845, el Almirantazgo dispuso a fines de dicho año el envío de tres nuevos navíos de guerra a este teatro de operaciones, para reforzar la escuadra que ya estaba operando en el lugar. Uno de navíos enviados era la corbeta a vapor HMS Alecto, (botada en 1839) que había sido convertida de paquebote a un navío de guerra, dotándoselo de 3 cañones de 32, uno giratorio en la proa y dos más a cada costado cercano a la caja de ruedas, hacia la popa, además de ser dotada de cohetes a la Congrève que era un arma de última generación. Los otros dos eran el Harpy y el Lizard.

El teniente de la armada real inglesa Lauchlan Bellingham Mackinnon, que se incorporó a la marina a los 14 años, y destinado a esta corbeta cuando tenía 30, fue protagonista y testigo de tales acontecimientos ocurridos durante 1846. Como había ocurrido en sus viajes anteriores a los hechos que le tocará vivir en el Plata y le ocurrirá en los posteriores, pues como integrante de la Royal Navy intervino en largas navegaciones a través de diversos mares conoció países y regiones en todo el mundo, realizando observaciones y tomando notas detalladas de esos lugares, sus poblaciones y costumbres, fauna y flora, como así también sus experiencias entre otras las militares, que conformaron verdaderos diarios de viaje que volcaría en varios libros, uno de los cuales publicado en Londres en 1848 se refiere a la intervención en el Río de la Plata, que es el que a nosotros en este momento nos interesa, titulado Steam Warfare in de Parana. A narrative of Operations by de combined squadrons of England and France in forcing a passage up that river. By commander Mackinnon, en nuestro medio fue editado por la Editorial Hachette bajo el título La Escuadra Anglo – Francesa en el Paraná – 1846.

Son muy interesantes sus apreciaciones y opiniones, como buen narrador, volcadas en este libro sobre el desempeño del ejército argentino en este conflicto, como así también sobre la situación que se vivía en la sitiada Montevideo y en la ciudad de Buenos Aires, donde también desembarcó durante la misión del enviado británico, Mr. Hood.

La nave partió de Inglaterra el 13 de diciembre de 1845.


Noticias sobre el combate en Vuelta de Obligado y la llegada a Montevideo

Cuenta Mackinnon “Pocos días después [ mediados de enero ], a alguna distancia de las costas del Brasil, pudimos ponernos al habla con un barco inglés que nos dio al pasar una versión pobre y mutilada de la batalla de Obligado. Esto despertó en todos nosotros grandes deseos de llegar al sitio de las operaciones”.

El 26 de enero de 1846 el navío arribó a la rada de Montevideo, donde fue reaprovisionado y cargado con  provisiones y otros elementos para los otros buques que ya estaban operando en el Paraná.

La Alecto zarpó el 3 de febrero para remontar el río Paraná, con destino a Corrientes siguiendo a la flota anglofrancesa que ya había sorteado las defensas en Vuelta de Obligado.

En las dos travesías que realizó la goleta en este río, se vio comprometida en muchas acciones de guerra contra el ejército de la Confederación Argentina que defendía sus costas de la intromisión extranjera.


La Alecto arriba a la Vuelta de Obligado

La Alecto llegó a Obligado el día 8 de febrero a las 8 horas, realizando Mackinnon una descripción detallada del lugar: 

“Este era el lugar de las famosas baterías. Por las razones que se creyeron prudentes, relacionados con el servicio de S.M., quedamos en este lugar todo el día, lo que me dio oportunidad favorable para inspeccionar minuciosamente aquella posición. No pude sino llegar a la conclusión de que había sido elegida con gran pericia y cumplido conocimiento en materia de fortificaciones. Pero ¿de qué puede servir esta ventaja contra el poder y la aplicación científica de la artillería europea, que según parece, fue uno de los factores de la victoria obtenida en Obligado?

El río en este lugar tiene un ancho de unas ochocientas yardas. A la parte del sur hay una pequeña barranca de unos treinta pies de alto con una superficie firme y plana. Sobre esta barranca, el enemigo había elegido las posiciones para sus diversas baterías. La orilla opuesta estaba formada por una isla con sus rasgos y caracteres naturales, vale decir tierra baja y rasa, expuesta a las inundaciones y entonces cubierta por pasto alto y fuerte, La corriente por la estrechez del canal, se hace allí más rápida, dicen que de unos tres nudos. A estas circunstancias favorables se agregaba la colocación de una triple cadena a través del río, que descansaba sobre numerosas canoas armadas o barquichuelos, apoyados estos a su vez bien armada y poderosa goleta. Rosas y sus agentes, enamorados de esta posición, la consideraban inexpugnable y capaz de oponerse a cualquier fuerza que pudiera remontar el río, y es verosímil lo que se nos dijo acerca del asombro del dictador cuando supo que unos pocos y pequeños navíos habían hecho pedazos sus formidables aprestos. Una circunstancia por demás lamentable, es que gran parte –y muy grande– de la artillería de Rosas estaba constituida por ingleses. Esperemos que se hayan visto forzados a pelear, pero lo cierto, y muy cierto es que pelearon”. 

En el párrafo que acabamos de leer, para reforzar y aumentar la importancia de la victoria que habían obtenido los interventores en la batalla, Mackinnon disminuye la categoría de la flota anglofrancesa definiéndola como de “unos pocos y pequeños navíos”, cuando en realidad y por el contrario no fueron ni pocos, ni pequeños, sino navíos poderosamente artillados y muchos de ellos de navegación a vapor, nunca antes vistos por estos lugares. Tengamos en cuenta que las fuerzas argentinas contaron en la batalla con 21 cañones de la época de la independencia de bajo calibre, que debieron enfrentar a 11 navíos fuertemente armados, con un total de más de 100 piezas de artillería de mucho mayor calibre. No obstante la derrota sufrida por las fuerzas nacionales, estas no abandonaron la defensa del río, sino que por el contrario ofrecerán batalla en cada oportunidad que se les presente, como lo cuenta este oficial a continuación.


El camino de la flota hacia Corrientes

“…Después del buen éxito alcanzado en esta batalla [ Obligado ], el convoy siguió aguas arriba, todavía acompañado y protegido por buques de guerra, abriéndose camino con rapidez hasta Corrientes. Pero esta fue tarea difícil y peligrosa, porque el ejército de Rosas, derrotado, se rehízo y se esforzó cuanto pudo, bajo el mando de Mansilla, cuñado del dictador, para hostilizar a nuestros buques en todas aquellas partes del río en que este se estrecha lo bastante como para que produzcan su efecto los tiros de la artillería. Había dos lugares indicados para ese propósito: El Tonelero y las barrancas de San Lorenzo”.


La Alecto enfrentada en el paso del Tonelero

Dos días después de haber estado en Obligado, la Alecto fue enfrentada por la artillería volante argentina al mando del mayor Manuel Virto, en el paso del Tonelero, que se encontraba un poco más al norte de la Vuelta de Obligado:

“Eran las nueve y media cuando dimos con una curva hacia el este y la pasamos rápidamente mientras sucedíanse nuevos paisajes. Por último descubrimos un cuerpo de caballería enemiga moviéndose lentamente hacia el borde de una barranca baja y arenosa por donde debíamos pasar a distancia de unas cuatrocientas o quinientas yardas, según lo advertimos en seguida. Apenas examinada la fuerza con los catalejos, observamos que estaban bajando cañones a la parte inferior de la barranca, donde ya se habían levantado algunas fortificaciones. Acercándonos más, echamos de ver que la posición había sido admirablemente elegida; en verdad, nada podía percibirse bien, como no fueran las bocas de los cañones que sobresalían para abrir fuego contra nosotros en el momento de ponernos a su vista. La corbeta había sido preparada para la acción, y en pocos momentos estuvo lista, pero era muy difícil prever si a nuestro paso harían o no oposición y teníamos órdenes de no hacer fuego hasta que fuéramos atacados.

De ahí que estuviéramos perdiendo ventaja que nos daban nuestros cañones y granadas porque nosotros teníamos a los enemigos al alcance de nuestra armas, y ellos no. Con todo nos manteníamos apuntando con los cañones a medida que íbamos acercándonos y en el momento preciso en que nos poníamos a la altura del primer cañón enemigo, una humareda blanca en el mismo cañón anunció el comienzo del combate. El tiro no había llegado a nosotros cuando ya fue contestado por los cañones de 32, haciéndose general la contienda. Las baterías enemigas componíanse de cuatro cañones de 9, desde las cuales mantenían un vigoroso y bien dirigido fuego, y como no funcionaban en ese momento en el barco todos los cañones de una banda, por lo repentino de la acción, solo pudimos contestar con dos. Los enemigos empezaron con gran eficacia y el primer tiro casi atravesó la chimenea del vapor produciendo un ruido estruendoso. Muy luego el pescante del ancla delantero fue partido en dos y destrozado; el proyectil reventó y varios de sus fragmentos hirieron a cinco hombres. Al mismo tiempo el oficial Mr. Dillon, que estaba inspeccionando la granada en la caja de la rueda, fue derribado por un tiro que cortó la cuerda en que se apoyaba estando de espaldas. Sufrimos algunos pocos daños más, aunque fueron varios los tiros que alcanzaron al buque produciendo una avería en la rueda y en el ataire del polvorín.

No ha de suponerse que durante este tiempo la Alecto se mantuvo ociosa, pero era tan poco lo que podía verse como blanco, para apuntar, y variaba tanto a cada momento, que no fue mucho el daño que pudimos hacer como respuesta a la agresión…

Casi inmediatamente después estuvimos fuera del alcance de las balas, habiendo pasado exactamente veinticinco minutos bajo el fuego. Fue algo extraordinario que no nos causaran daño mayor, porque tiraban desde una posición bien defendida y, dado lo pequeño de sus cañones, podían volver a cargar con mucha más rapidez que nosotros, a veces tres o cuatro veces mientras cargábamos una vez, aparte la ventaja de tener como blanco toda una especie de granero o cobertizo, que tal parecía este barco de vapor, de color negro. Algo más arriba pasamos como a una milla del campamento del general Mansilla y a todos nos alagaba mucho la esperanza de poderlo incendiar. Pero eso no se hizo y seguimos. Al pasar por el campamento, las baterías de abajo abrieron fuego contra el Firebrand [ otro navío de guerra británico ], así que se puso a su alcance, sin que supiéramos nosotros en aquel momento con qué resultado. Desde ese punto nos fue siguiendo por la costa una partida de caballería a paso de ataque. Iban por la costa en línea recta cuando era baja, y donde había algún obstáculo se apartaban al galope hacia tierra adentro y volvían después a observar nuestros movimientos. Estos hombres cambiaban invariablemente de caballo cuando el caso requería, para lo cual enlazaban al primero que encontraban, y seguían camino muy naturalmente. Cuando al llegar la noche echábamos el ancla, ellos se detenían y vivaqueaban, acomodándose lo mejor que podían frente a nosotros, siempre listos para seguir la marcha otra vez al romper el día. Poco antes de anochecer anclamos frente a las barrancas de Rosario, pero fuera de su alcance y a unas doce millas debajo de la ciudad de este nombre…”


Aprestos en San Lorenzo

Nuestro personaje, sigue contando que aproximadamente a las 10 de la noche se acercó una canoa con un francés que fue embarcado de inmediato a la corbeta.

“Interrogado [ el francés ], sobre los movimientos del enemigo dijo que una partida de caballería estaba en las barrancas de San Lorenzo, varias leguas arriba para hostilizarnos en cuanto pudieran….y que los militares estacionados allí [ en Rosario ] estaban ansiosos por hundirnos… Manifestó asimismo que, según noticias corrientes, los cañones que habían hecho fuego en el Tonelero estaban siendo transportados con mucha diligencia por tierra a San Lorenzo. Se decía que la posición natural de estas barrancas era tan sólida que nada podría resistir el fuego que se hiciera desde ellas. No es que nos asustara todo esto, pero sentíamos gran inquietud por ver las posiciones que un interés tan general. Además de arrastrar cañones por una distancia de sesenta millas de campo rústico, por favorable que sea el suelo, es cosa siempre muy ardua y esto lo sabe cualquier persona versada en las dificultades del transporte terrestre, aún en los países más civilizados y de buenos caminos, lo que hacía desconfiar de su realización. De todos modos, para la Alecto era preferible tratar de pasar, si lo podía, antes de que llegaran los cañones”.

Llegados a las Barrancas de San Lorenzo “…el que Rosas suponía más favorable para la ofensiva, se había hecho gran esfuerzo para hostilizar y destruir, si era posible, el convoy con las escuadras. Los preparativos, sin embargo, no habían sido hechos todavía. Apenas había sido reunida una horda de paisanos para ejecutar las ordenes que Rosas pudiere tener a bien impartir a sus generales.

…algunos de los paisanos, más intrépidos que otros, tuvieron la ocurrencia de esconderse tras de unas matas con sus fusiles de largos caños pegados al suelo, e hicieron fuego contra la caja de la rueda. Lo que fue al instante contestado con una descarga de rifles, fusiles y cañones que mató a uno de los alucinados campesinos y dispersó a los otros hacia el interior en un momento. Luego se volvieron a reunir como a unas mil yardas adentro, y todavía tiraban contra los mástiles y la chimenea del buque, porque el casco se ocultaba a sus ojos. Fueron, sin embargo, rápidamente dispersados una segunda vez por una granada disparada con carga reducida… Por suerte, la granada cayó en medio de ellos, dispersándolos otra vez en todas direcciones…”

Después de algunas escaramuzas, el buque pudo pasar sin mayores contratiempos.


Primer regreso a Montevideo

Después de llegar a Corrientes, la goleta inició el regreso hacia Montevideo el 1° de marzo, pasando días después por San Lorenzo antes de que se hubieran puesto a punto las baterías argentinas en ese lugar. Cerca del Tonelero fueron avistados por los argentinos en el campamento del general Mansilla, quienes vieron con sorpresa al navío enemigo, moviéndose con gran presteza a fin de interceptarlo en el Tonelero:

“…pasamos por el pueblo de San Nicolás y unos diez minutos después  advertimos desde el mástil de proa el campamento. Para disgusto nuestro, estaba tierra adentro, y por completo fuera del alcance de los cañones. Habíamos navegado en tanto silencio y con tal velocidad, que no fuimos visto sino cuando estábamos frente al enemigo. Y así que lo advirtieron prodújose un extraordinario griterío. En todo el campamento pudo advertirse violenta agitación. Los oficiales galopaban de un lado al otro como si les fuera la vida. Si hemos de hacer justicia debe decirse que trabajaron bien y con rapidez, porque en muy poco tiempo los cañones de campaña que tenían fueron desarmados y colocados en unos carros enormes y salieron al galope atropelladamente a todo lo que daban los caballos para tratar de interceptarnos el paso en el Tonelero. Este era el sitio próximo por donde nos veríamos obligados a pasar al alcance de sus cañones. Junto a los carros en que llevaban los cañones, marchaba una gran tropa de caballos que permitía cambiar el tiro toda vez que se hacía necesario e iba arreada por cantidad de soldados de caballería. Todos aquellos movimientos podían ser percibidos desde el mástil de proa sin hacer uso del anteojo y eran motivo de entretenimiento y diversión en el buque, porque bien sabíamos que les era imposible llegar al lugar de destino tan ligero como lo hacíamos nosotros. Estaban por lo menos a veinte millas de allí y nosotros íbamos a unas quince millas por hora. A poco andar nos pusimos muy cerca unos de otros, a menos de una milla, bien a la vista, pero de pronto aceleramos la marcha, a toda máquina y salimos como disparados, dejándolos atrás a mucha distancia. Ellos advirtieron esto en seguida y detuvieron su marcha decepcionados al extremo y exhaustos.

En pocos minutos más  estuvimos en el Tonelero, escenario del combate anterior, pero el lugar estaba completamente cambiado. Ya no se veían allí la caballería ni los soldados, todo estaba desierto”. 

Y así fue, la artillería argentina no pudo interceptar al navío inglés, que pudo pasar por ese lugar sin dificultad. 


La llegada a Montevideo, la nueva partida al Paraná y el paso por San Lorenzo

Después de 39 días, la Alecto llegó a Montevideo, donde “Se hizo todo lo necesario para completar la carga de carbón, como asimismo cargar provisiones y también todos los preparativos para remontar otra vez el Paraná con toda clase de pertrechos para la armada. Entre otros contaban varios cientos de granadas que fueron mandadas a bordo, como si no tuvieran carga de explosivos, y quedaron colocadas en fila en el pañol. ¡Hasta el día siguiente no se supo que estas granadas estaban cargadas! Y no se hubiera sabido si la curiosidad no nos lleva a examinarlas, porque eran granadas francesas, y resultó que todas tenían los explosivos. Muy seria podía haber venido a ser la equivocación, porque no se había tomado precaución alguna en cuanto a fuegos y luces, dejando las granadas ahí, como cualquier otro objeto de hierro”.

El 28 de marzo, volvió a zarpar con rumbo al Paraná, esta vez llevando a remolque otras tres goletas, que en algunos momentos de la navegación significaron un contratiempo para la Alecto.

A principios de abril dispersó a un grupo de obreros que estaban preparando unas defensas en el Tonelero, disparándolos cohetes a la Congrève y el día 6, se encontró en San Lorenzo, donde a las 2 y media de la tarde debió enfrentar a las baterías argentinas que ya estaban dispuestas para la lucha:

“A las dos y media, las granadas empezaron su efecto al caer y en diez minutos más ya teníamos los tres cañones y los cohetes en pleno fuego. Este fue contestado con los cañones más bajos de las baterías con balas redondas hasta que llegamos a la parte más angosta a unas doscientas cincuenta yardas, en que nos acribillaron a la vez con bala y metralla. En este tiempo los cañones estuvieron barriéndonos en una posición tal que no podíamos responder y solo estábamos en condiciones de hacer fuego a los cañones que teníamos de costado. Permanecimos así moviéndonos con dificultad, por lo menos de proa, durante veinte minutos, recibiendo el fuego de siete cañones de dieciocho libras, varios de los cuales hacían puntería sobre cubierta… Es algo sorprendente que no muriera ninguno de nuestros marineros. La única persona herida fue el capitán Austen que recibió un violento golpe en el muslo de una bala de cañón, ya sin fuerza. Claro está que el pobre buque salió bastante averiado…”


La llegada a Paraná y Goya. El regreso a Montevideo

Después de sortear San Lorenzo y llegada la corbeta a Paraná, se produjo el encuentro con navíos de la flota, entregándoles las provisiones y municiones transportadas a tal fin.

El 10 de abril la Alecto partió hacia el norte, para abastecer a los buques que iba encontrando en su marcha, llegando a Goya. Allí les llegó la noticia de la recuperación de la goleta Obligado ex Federal por una fuerza argentina al mando de Álvaro J. de Alzogaray [ ER 52 ], y el 6 de mayo se inició el regreso, para unirse con toda la escuadra para bajar por el Paraná con rumbo a Montevideo.


Las defensas de San Lorenzo

El problema de los comandantes de la flota combinada era ahora encarar y enfrentar las defensas que se habían dispuesto en San Lorenzo [ lugar conocido como Punta o Angostura del Quebracho cercano a San Lorenzo ], ya que ese sitio se había convertido en un embudo difícil de poder sortear y por lo tanto la batalla no podía ser evitada.

El día 12 se encontraron con el Lizard, “Supimos que el pobre Lizard había sufrido varios daños al pasar por San Lorenzo. Habían muerto dos oficiales y dos marineros y traían varios heridos. Todo era debido a la captura de la goleta Obligado, mandada con órdenes de hacer detener a todos los barcos e impedir que remontaran el río”.

El 16 se encontraron con las escuadras combinadas. Allí pudieron ver al buque inglés Harpy, que al pasar frente a las baterías de San Lorenzo había sufrido bastante y donde su comandante había resultado herido.

Este artículo continuará en el próximo número.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Combate del Paso del Quebracho

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año X N° 40 - Setiembre 2016 - Pags. 14 a 16   

 Bicentenario de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América el  9 de Julio de 1816 

1846 - 4 de junio - 2016.

Homenaje a los 170 años del combate de Paso del Quebracho

Doctor Guillermo María Masciotra 


Guerra del Paraná
Cuadro pintado por J. M. Gilbert

El teniente Lauchlan Bellingham Mackinnon, oficial en la corbeta HMS Alecto, llegada a Montevideo desde Inglaterra, a fines de enero de 1846 y enviada a remontar el Paraná para sumarse a la expedición anglofrancesa que el 20 de noviembre había forzado las defensas argentinas en Vuelta de Obligado, fue el encargado -ya en el regreso- de montar una batería de cohetes a la Congrève en una isla frente a la Angostura del Quebracho para hacer frente a las fuerzas argentinas que esperaban el regreso de la flota.

En este cuadro pintado por J. M. Gilbert, propiedad de Mackinnon y que publicó en su obra que en castellano fue traducida como "La escuadra Anglo-Francesa en el Paraná, 1846", se aprecia la intervención de esos cohetes en la batalla del 4 de junio de 1846


El Combate de Paso del Quebracho o de la Angostura, que se desarrolló en las cercanías del hoy Puerto San Martín, Provincia de Santa Fe, el 4 de junio de 1846, constituye una de las glorias de la Guerra del Paraná y de las luchas por la soberanía e independencia nacional. 

En esa circunstancia, la flota de embarcaciones mercantes y de guerra que había forzado la defensa de Vuelta de Obligado un poco más de seis meses atrás y remontó el río para llegar a Corrientes, regresaba de su destino maltrecha y deseando salir de nuestro territorio, que le resultaba manifiestamente hostil. 

La enorme pérdida económica para los comerciantes de Montevideo, las bajas en las tripulaciones y tropas, sumado a la pérdida de cargas y al deterioro de las naves, fortalecían el deseo de abandonar cuanto antes el Río Paraná y así en forma escalonada los convoyes invasores buscaban la llegada al Plata a pesar de su superior artillería y blindajes.

Pero también debemos decir que después de Obligado, la artillería volante con el concurso de Juan Bautista Thorne, Santiago Maurice, Álvaro de Alzogaray, José Félix Cerezo y Laureano de Anzoátegui, siguieron desde la costa a las fuerzas invasoras durante toda su travesía y siempre que por las condiciones del río y sus costas lo permitía, la atacaron. Con vigías en las espesuras de las costas, playas y barrancas, se emboscaba en forma continua a la flota invasora. Así de improviso se desplazaban las unidades de artillería, desarmadas de sus cureñas, las piezas eran cargadas en carros y caballos y colocadas nuevamente en posición aguardaban el momento para disparar y desaparecer. 

La expedición de auxilio enviada desde Montevideo, bajo el amparo de navíos de guerra venidos desde Gran Bretaña, también había sido atacada mientras remontaba el río Paraná cuando pasó por San Lorenzo, dos meses antes.  

En el combate de Vuelta de Obligado, los anglofranceses habían capturado el pailebote Federal (1), al cual rebautizaron como Vuelta de Obligado en homenaje por la reciente "victoria" que habían obtenido, poniéndolo en servicio de SMB y enarbolando desde entonces pabellón inglés. Este navío, por sus características de fácil maniobra y velocidad lo hacían apto para prestar servicio como buque correo de la escuadra invasora y su base en Montevideo.

Cuando en cumplimiento de su misión, este nave bajaba por el Paraná desde Corrientes y se encontró frente a San Lorenzo, encalló en la noche del 18 de abril. Al amanecer del siguiente, advertidos los argentinos de esa situación, cuatro cañones a cargo de Alzogaray la atacaron desde la costa, logrando averiarla. La tripulación y el comandante británico abandonaron el navío y huyeron. Alzogaray con algunos soldados abordaron la embarcación, lograron zafarla de su varadura y la llevaron al puerto de San Lorenzo, donde se retiró el poderoso cañón inglés de bronce, con que lo habían armado, emplazándoselo en la batería instalada en Punta del Quebracho. El pabellón británico que enarbolaba la nave, junto con el equipaje del comandante, correspondencia oficial y otra documentación que los tripulantes dejaron en su huída, fueron remitidos al gobernador Rosas.

El General Lucio Norberto Mansilla -veterano de las Guerras por la Independencia y contra el Imperio de Brasil-, secundado eficazmente por los Coroneles Manuel Virto, Martín Isidoro Santa Coloma y los artilleros veteranos de Vuelta de Obligado prepararon en Punta del Quebracho desde el mes de abril de 1846 una nueva defensa similar a la presentada en Paso del Tonelero y San Lorenzo, aguardando al núcleo principal de la flota invasora. Las fuerzas argentinas contaban con menos de veinte cañones que fueron emplazados en lo alto de una barranca, fuera del alcance de la artillería enemiga, y con un millar de hombres aproximadamente en total, formadas por los siempre aguerridos integrantes del 2do. Batallón de Patricios, los Lanceros de Santa Fe y el Regimiento Escolta del Gral. Mansilla como reserva. Mansilla era un experto en obtener ventajas en el terreno cuando la diferencia de armamento no le daban una situación favorable. 

Los comandantes de las naves invasoras sospechaban fundadamente desde los puentes de sus buques, de una nueva defensa a todo trance que realizarían las fuerzas de la Confederación Argentina, cerca de San Lorenzo, por lo cual se detuvieron a escasas leguas del sitio durante días para reagruparse.

Finalmente el 4 de junio, la flota enemiga compuesta de 12 naves de guerra y 95 mercantes, decidió forzar la posición argentina, donde recibieron un daño mayor, en naves y mercaderías. En algunos casos las embarcaciones, debido a la confusión de las maniobras tendientes a evitar el fuego argentino que se les hacía desde la barranca, vararon en el lecho fangoso y fueron incendiadas por sus propios tripulantes para que no cayeran en manos argentinas. De una de las goletas en llamas los argentinos recuperaron mercaderías.

Luego de casi tres horas de duro combate, parte de las naves retrocedieron porque precisamente la eficaz artillería de Thorne les causaba severos daños. 

El combate del Paso del Quebracho, fue una clara victoria de las fuerzas nacionales, decisiva en la solución del conflicto, ya que los invasores tuvieron cuantiosas pérdidas en las naves mercantes y también los navíos de guerra recibieron el fuego de las baterías argentinas, siendo algunos de ellos seriamente dañados, sufrieron también muchas bajas humanas, frente a las insignificantes de las fuerzas defensoras.

La finalidad de la expedición al Paraguay y Corrientes había fracasado. La ruina aguardaba a los comerciantes de Montevideo que creyeron haber encarado un próspero negocio, pero que les resultó lo contrario,  ya que no solo no pudieron vender sus mercaderías, sino que gran parte las ellas se perdieron como consecuencia de la lucha. 

Los invasores comprendieron que era imposible navegar impunemente los ríos interiores argentinos y de nada les servía la política de cañoneras en un territorio al cual se podía invadir pero del cual resultaba muy difícil salir indemne. Aprendieron la lección y ya nunca más intentaron adentrarse en ríos que eran argentinos.

La estrategia de Mansilla, fue la de correr y golpear, además de dar libertad de acción a sus comandantes para que con decisiones sobre la marcha de los acontecimientos, descargaran salvas en el momento imprevisto y en muchos episodios hasta la última carga de munición.

Tampoco los nuevos ataques de José Garibaldi -bajo las órdenes del gobierno enemigo de Montevideo- a Gualeguaychú y Paysandú cambiaron el curso final de la Guerra del Paraná ya que este enemigo de la Argentina, que había sido derrotado completamente por el almirante Brown en el combate naval de Costa Brava poco menos de cuatro años atrás (15 y 16 de Agosto de 1842), ahora había vuelto a la aventura y al saqueo, luego de que se le permitiera huir y así salvar la vida en las jornadas mencionadas, donde fuera batido por nuestra fuerza naval.

Las noticias del fracaso expedicionario anglofrancés también llegaron a Londres y Paris donde las bajas, las pérdidas de naves y la frustración de los comerciantes europeos que no podían comerciar en el Río de la Plata fueron comentadas en los círculos de los gobiernos inglés y francés y en toda la prensa europea. Tomás Guido -embajador en Río de Janeiro- resaltó que las ricas compañías comerciales de Liverpool y Manchester, también levantaron su voz al ver que tenían la mejor plaza del Atlántico Sur cerrada para sus productos y la Casa Baring Brothers hizo saber a sus inversores con preocupación, que uno de sus préstamos efectuado precisamente a la Argentina, era uno de los pocos que se pagaba en sus servicios puntualmente y que con el ataque a la Confederación Argentina seguramente peligraría en adelante su cumplimiento.

Además, la acción diplomática de Carlos María de Alvear desde Estados Unidos,- divulgador de la Doctrina Monroe en los propios Estados Unidos, la que a similitud de la Guerra de Malvinas no se invocó ni aplicó por el gobierno norteamericano-, de Mariano Balcarce en Francia y de Manuel Moreno en Inglaterra crearon tal conmoción que se resolvió cambiar el interlocutor para negociar con la Confederación Argentina y así llegó el plenipotenciario Thomas Hood para reunirse con Rosas y su canciller Felipe Arana, para finalizar el conflicto, pero pasarán tres años más para la firma de los Tratados Arana-Southern y Arana-Lepredour. 

Guido desde Río de Janeiro, también advirtió sobre la llegada de dos regimientos de línea ingleses procedentes de Ciudad de El Cabo al Imperio de Brasil como modo de coacción, lo que en definitiva no se produjo.

La Confederación Argentina no cedió nunca en sus pretensiones de respeto a su soberanía sobre sus ríos interiores, a pesar que bajo la óptica del terreno estrictamente militar, la flota invasora pudo pasar en todas las oportunidades en las cuales se le presentó batalla, pero al costo que el saldo desfavorable de los combates para los argentinos, se transformó en una victoria política y diplomática que llegó hasta los Estados Vaticanos.

La posición de Juan Manuel de Rosas encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, en materia de la navegación de los ríos interiores, era similar en argumentos a la adoptada y aplicada por las potencias europeas, entre ellas Francia é Inglaterra, ya que el Río Paraná era sin duda un río interior. Y es precisamente lo que esas naciones más tarde reconocieron en aquellos tratados mencionados, respecto a la soberanía nacional en los ríos Paraná y Uruguay. 

Ha pasado una flota pero la realidad es que el Río Paraná no ha quedado libre para las banderas bloqueadoras, no hay víveres frescos en las costas del Paraná, el ganado ha sido retirado al interior lejos de las riberas, y no hay peor situación que haber invadido un territorio y no saber cómo y a qué precio salir.

Rosas, gran negociador, al tratar por separado con Francia e Inglaterra, consiguió formalmente evidenciar las diferencias que existían entre las dos potencias. Nuestra diplomacia interpretaba con acierto que este plan de invasión solo tenía un interés comercial y que el bloqueo era absolutamente ilegal y contrario a derecho.

Para fundar más aún la posición de la Confederación Argentina, es el hecho que el CONCEPTO DE LOS RIOS INTERNACIONALES, era desconocido en los foros internacionales, y recién se inició su desarrollo en la segunda mitad del siglo XIX.


(1) El pailebote Federal era una nave de construcción española, muy similar a una goleta, de silueta muy fina de solamente 3 m. de manga y una eslora de 28 m., con un desplazamiento de 115 tn. llegaba a ser identificada como la más veloz del Plata. Fue adquirida en 1844 para ser destinada al traslado de los prácticos que auxiliaban a las naves en el pilotaje en el Río de la Plata. Luego de su recuperación por Álvaro José de Alzogaray y ya bajo pabellón argentino y con el nombre originario Federal, su mando es ejercido hasta 1848 por el capitán Santiago Maurice, otro marino veterano de la Guerra del Paraná. Integró la Escuadrilla de Ramallo que operó en Corrientes, pasando luego por su versatilidad a ser asignado como aviso de la Armada Argentina. A partir de 1850 se pierde su actuación en los Registros de Buques.


Fuentes:

Busaniche, José Luis. Historia Argentina. - Caillet Bois, Teodoro. Los Marinos de la dictadura. - Galmarini, Hugo. Tomás Guido. - Gálvez, Manuel. Juan Manuel de Rosas. - Gerding, Eduardo. Recuerden Vuelta de Obligado. - Harguindeguy, Pablo. Apuntes sobre buques de la Armada Argentina. - Mackinnon, L.B. La escuadra Anglo Francesa en el Paraná 1846. - O´Donnell, Mario. La Gran Epopeya. - Piccirilli, Ricardo y Gianello Leoncio. Biografías Navales. - Ruiz Moreno, Isidoro. Campañas militares argentinas. - Saldías, Adolfo. Historia de la Confederación Argentina. - Tanzi, Héctor. Historia Marítima Argentina.

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Canción del Quebracho, escrita por el general Mansilla después del combate del Quebracho

1° - Quebrachito de eterna memoria / De los grandes recuerdos será / Ojalá de la historia argentina / No se borre tu nombre jamás.

2° Altanera de Junio en el cuatro / de esos viles la flota se vio / Invitando a Mansilla a la lid / Que orgulloso jamás despreció.

3° Ya se traba el ruidoso combate / Y entre el fragor se oye repetir: / Viva Rozas, viva la Nación / Por la patria la gloria es morir.

4° Entre el humo y las balas se vió / A las grandes naciones ceder / Al valor de libres que hicieron / Vergonzosa su fuga emprender.

5° Esos mismos que allá en Obligado / levantaron de nuevo el pendón / De Inglaterra será el oprobio / de la Francia, vergüenza y borrón.

Fuente: Dermidio T. González en "El hombre - Reedición de la obra y apuntes históricos - Documentos y hechos desconocidos de la historia argentina" (Arturo E. López editor, Buenos Aires, 1912)