REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA
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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.
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Tras el mito del noble salvaje
por OMAR LÓPEZ MATO
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| Le bon sauvage |
El poeta británico John Dryden proclamó: “Soy tan libre como cuando la naturaleza hizo al primer hombre, cuando el noble salvaje corría por los bosques”. Eran los tiempos en que los marinos del Imperio Británico contaban historias de hombres primitivos aparentemente libres las pesadas cadenas dela civilización. Un siglo más tarde, en 1755, Jean Jacques Rousseau canonizó: “Nada puede ser más gentil que el hombre en su estado primitivo, comparado con la brutalidad y el pernicioso buen sentido del hombre civilizado”. Curiosamente Rousseau nunca había estado en contacto con hombres primitivos en su ambiente natural. Todos eran conjeturas del filósofo que predicó sobre la educación de los jóvenes cuando a los cinco hijos que tuvo con su amante los entregó a un orfanato (circunstancia que en el siglo XVII era sinónimo de infanticidio). Pero el mito quedó impregnado en la sociedad, haciéndonos creer que esta civilización nos corrompe y degrada. Ese mito del noble salvaje ha calado hondo, especialmente entre los ecologistas, que culpa al capitalismo, industrialismo, cientificismo y tantos otros “ismos” creados por el hombre blanco europeo además de haber explotado el medio, contaminando los ríos y polusionado el aire destruyendo el hábitat del noble salvaje.
No vamos a decir que el expansionismo decimonónico de las naciones europeas fue un modelo exitoso conducido por santos, de ninguna manera, pero debemos decir que el hombre primitivo tenía (y tiene) poco de noble. Rober Law, de la Universidad de Michigan, estudió 186 sociedades primitivas en el mundo y demostró que estos “nobles salvajes” sólo protegían el ambiente cuando mediaba alguna prohibición sagrada. El poco impacto ambiental que producían se debía a la baja densidad demográfica y la escasa tecnología. Ninguno de ellos tenía conciencia de medio ambiente.
De hecho fueron pueblos primitivos quienes extinguieron a los mamuths, al mastodonte gigante, al gliptodonte, al tigre diente de sable, al león americano y a otras especies como el moa de Nueva Zelanda.
Tampoco por ser primitivos se salvan de los vicios propios del hombre europeo. Según el antropólogo Robert Edgerton, entre estos nobles salvajes también existe la drogadicción, el abuso infantil, la mutilación corporal (castración femenina), la explotación económica, la esclavitud, el suicidio, las enfermedades mentales, la explotación del grupo por líderes políticos y otras lindezas que nos hacen creer exclusivas de la civilización occidental.
El noble salvaje es el germen del moderno salvaje civilizado. No fueron mejores que nosotros, simplemente eran menos. Somos 6.000 millones que en breve nos convertiremos en 9.000 millones; nuestra problemática es completamente distinta a la del hombre primitivo. Volver al noble salvaje no resuelve nuestros problemas, sólo nos hace evadir la realidad.
No nacemos ni buenos, ni malos, ni somos tablas rasas. Llegamos al mundo con un código genético que nos condiciona, Darwin decía que “aquél que entienda al babuino va a hacer mucho más por la metafísica que Locke”. Hoy día es inexcusable que un filósofo o un pensador no tenga conocimientos científico biológicos que expliquen los fenómenos que contemplamos en nuestra sociedad. De preservar en esta actitud sólo caeremos en mitos y falacias, como este creado por Rousseau que ni siquiera se tomó la molestia de ver a sus hijos crecer.
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Periodismo y poder
por OMAR LÓPEZ MATO
Las relaciones entre la prensa y el poder de turno se parecen a las relaciones sexuales entre puercoespines, por lo menos deben ser cuidadosas, si no todos salen lesionados y en las partes que más duelen.
Muchos medios hacen leña del árbol caído cuando tiempo antes alababan las proezas del gobernante de turno. Si no, miren lo que le pasó al periódico parisino Le Monitor cuando Napoleón Bonaparte se cansó de sus vacaciones pagas en la isla de Elba y se dirigió solo a París a buscar lo que creía propio (léase el trono de Francia). El 12 de marzo de 1815 sorprendió a todo el mundo desembarcando en la Costa Azul; como aún hacía frío y entonces el look era usar una palidez mortecina, siguió viaje hacia la capital sin broncearse. Le Monitor le dedicó entonces un titular en letras catástrofe: “El ogro sanguinario de Córcega ha abandonado su prisión”. Como el Gran Corso no detenía su desafío, su antiguo subordinado y ahora oficial del rey, el mariscal Ney, el bravo entre los bravos, partió en su búsqueda prometiéndole al monarca justamente una bravuconada: “Os lo traeré en una jaula de oro”. Bueno, Ney cumplió su palabra porque cayó subyugado por el “charme' de Napoleón. Este continuó su avance y Ney se plegó a la troupe. Le Monitor le dedicó un titular menos llamativo: “El monstruo ha pasado la noche en Grenoble”, y al día siguiente: “El tirano ha pasado por Lyon”, pero ante el avance irrefrenable, el periódico sofrenó su lenguaje diciendo: “El usurpador se halla a 40 leguas de la Capital”. Aún un acto de coraje podía salvar a Francia del tirano-ogro-usurpador, pero al parecer nadie estaba dispuesto a hacerlo y Napoleón continuó su camino triunfal. Le Monitor modificó en tanto el uso de los adjetivos y en un brote de imparcialidad publicó: “Napoleón estará mañana al pie de nuestras murallas”. Y era verdad, hasta allí llegó, pero no conforme, continuó su camino derecho al trono, coronando su testa y el periplo editorial con un obsecuente “Su majestad imperial llega a la Capital de sus estados en medio de sus fieles súbditos”.
Comenzaban los históricos Cien Días, que finalizarían en Waterloo. Lamentablemente no contamos con ejemplares de Le Monitor posteriores a la campaña, pero podemos adivinar el tono de los titulares siguiendo el curso inverso de sus editoriales que entonces convirtieron al príncipe en sapo y al campeón en canillita, porque hay muchos que nunca aprenden ni siquiera una pequeña lección de discreción y menos aún de humildad.
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Condenados antes de empezar
por Omar López Mato
El coronel Dorrego
estaba condenado a morir antes de asumir el cargo de gobernador de Buenos
Aires.
Vicente López y
Planes, nuestro jurisconsulto poeta, sirvió de puente entre la debacle
presidencial rivadaviana y la oposición republicana del coronel Dorrego, que a
pesar del tiempo transcurrido no podía quitarse de encima ese estigma de
juvenil descontrol que había caracterizado sus años mozos. Por más que a lo
largo de esos últimos tiempos había demostrado una mesura aprendida durante sus
años de exilio en los Estados Unidos (donde había estudiado el funcionamiento
de las instituciones federales), aún le cabía el mote de ‘Loco’ con que lo señalaban
sus enemigos, los doctorcitos unitarios segundones del Mulato.
Rivadavia se vio
obligado a renunciar ante los torpes manejos diplomáticos de su ministro García
en la Corte brasileña. ¿Acaso García se había tomado tantas atribuciones sin el
consentimiento del presidente? ¿Había actuado por cuenta propia sin una media
palabra de las autoridades? Es difícil de creer que haya sido una medida
inconsulta (de hecho, García permaneció en su puesto, y con los años fue
funcionario de Rosas), pero Rivadavia presenta su renuncia en el momento más
álgido del conflicto, cuando el ejército republicano era un infierno de
enfrentamientos internos. Alvear, Soler, Lavalleja, Oribe, Lavalle, Paz,
Iriarte, todos confrontaban sus posiciones, discutían las órdenes, opinaban
sobre el manejo de los asuntos militares, políticos y diplomáticos.
La batalla de
Ituzaingó fue un duro golpe para el ejército imperial, pero a pesar de que la
fortuna le había sonreído hasta entonces al ejército argentino, poco más podía
durarle esa suerte. No sólo le faltaba dinero: diluida el empréstito Baring con
intereses y manejos turbios, era natural que a medida que este ejército casi
acéfalo se adentrase en territorio enemigo las dificultades logísticas y
estratégicas complicarían el desarrollo de las acciones (tal como le había
pasado al malogrado Ejercito del Norte diez años antes y cada vez que cruzaba
el río Juramento).
Sin medios, en
posición estratégica adversa, con derrotas diplomáticas y la fuerte presión
inglesa para imponer su teoría del Estado tapón, asume Dorrego. Efectivamente,
sólo un loco podía tomar las riendas del gobierno en condiciones tan
desfavorables. Pero esta precipitación en la que cayó el coronel Dorrego no fue
privativa de él. Se repitió varias veces a lo largo de nuestra historia. El
coronel y sus sucesores cayeron en un mesianismo inconducente, en negarse a ver
las propias limitaciones en una crisis profunda, el ciego voluntarismo de
pensar que podían manejar los conflictos del momento mientras la oposición creó
ese maremágnum conspiraba desde las tinieblas. Efectivamente, esperaban entre
las sombras a que este “idiota útil” hiciera lo que era inevitable hacer. Que
cargase él con las culpas del caso, y así va preparando el terreno para el
retorno triunfal de los unitarios. Rivadavia y los suyos, que sembraron la
semilla del mal, volverían como los salvadores de la patria.
La frase de Agüero,
fiel segundón de Rivadavia, expresó esta intención con frialdad maquiavélica:
“Nuestra caída es aparente, nada más que transitoria. No se esfuerce usted en
atajarle el camino a Dorrego. Déjele que se haga gobernador... tendrá que hacer
la paz con Brasil aceptando la deshonra que nosotros hemos rechazado... el
ejército volverá al país y entonces veremos si hemos sido vencidos.”
Todo lo intentó
Dorrego. Trató de activar la oposición brasileña, fomentó el espíritu
separatista de los farrapos, buscó el apoyo de su admirado Bolívar, y hasta San
Martín volvió para ponerse enfrente del ejercito republicano. Todo fue en vano.
La presión inglesa fue terrible sobre un gobierno sin medios. Se logró la paz
más honrosa posible, pero que no estaba a la altura de las expectativas de los
oficiales que habían vencido en el campo de batalla. Buscaron algún culpable,
el que tenían más a mano, y resultó que era este coronel medio loco, arrebatado,
populista y federal. Amigo de los pobres y aliado de los mismos caudillos que
le habían negado su apoyo para llevar adelante la guerra contra el Imperio. Sí,
él era el culpable.
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Tiahuanaco fue cuna de la civilización andina
por Omar López Mato
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| Puerta del sol en Tiahuanaco |
Hay quien dice que
Tiahuanaco fue la cuna de las civilizaciones andinas; allí a 20 kilómetros del
lago Titicaca se alzan los imponentes restos de esta cultura en el altiplano
central de Bolivia. Sus comienzos datan del año 1500 a.C., y se pierde su
rastro hacia el año 1200 d.C. Durante esos 27 siglos de existencia, Tiahuanaco
diseminó su influencia por los pueblos que la rodeaban. Nadie sabe con
precisión qué quiere decir: o ‘piedra del centro' en aimara o ‘alborada
moribunda' en quechua.
Era inevitable que estas
ruinas se convirtiesen en un símbolo político para las tropas porteñas que allí
llegaron en 1810, aunque no comprendiesen el profundo sentido que estas obras
tenían. Este milenario lugar
también fue escenario de la celebración del primer aniversario de la patria, el
25 de Mayo de 1811, fecha que eligió Juan José Castelli para montar un acto
proselitista a fin de expresar el pensamiento revolucionario de la Junta de
Buenos Aires, y su propuesta de crear una gran nación. Las instrucciones de la Junta
eran precisas: Castelli debía ganar “a la indiada” con su oratoria. Mientras tanto en
Buenos Aires se inauguraba la mal llamada Piramide de Mayo -que en realidad es
un obelisco-, sospechada de haber sido construida con un significativo sobreprecio
en los elementos que la conformaban, el oscuro comienzo de la patria contratista. Castelli también
encontró propicio el festejo del aniversario del 25 de Mayo para mejorar la imagen
de la comitiva libertadora y la suya propia después de los comentados excesos
en la represión y las acusaciones de conducta anticlerical. Para ese fin eligió
la pirámide más imponente como marco de su discurso, y desde allí pronunció una
alocución estudiada en su contenido e histriónicamente presentada, emulando los
actos paganos de la Revolución Francesa. Ante una multitud
convocada para el evento, las tropas patrias y las tribus vecinas vestidas con
trajes típicos, Castelli, de pie sobre el monumento elegido, el palacio de
Kalasasaya, enunció las ventajas de sumarse al proyecto porteño y denostó el
trato que las autoridades españolas les daban a los lugareños. Castelli gritó su
mensaje, por momentos esperanzador con voz emocionada, por momentos firme y
autoritario, ante la multitud que lo escuchaba en silencio. Toda la alocución
se tradujo al quechua y al aimara. Para finalizar,
después de señalar los excesos de los españoles, Castelli les preguntó a los
presentes: “Ya habéis visto los males y los bienes que os ofrecen el uno y el
otro sistema, pues bien, decidan vosotros, ¿qué queréis?” La respuesta no se
hizo esperar, un coro polifónico respondió a la indagatoria del tribuno. “Abarrente,
Tatay” “¡Abarrente, Tatay!”, lo que quiere decir ¡Aguardiente, señor! La
fórmula utilizada por los lugareños para concluir las celebraciones autóctonas
que se llevaban a cabo en ese recinto. El ilustre
revolucionario no se había hecho entender, pero tampoco se enteró del
significado de la respuesta hasta días más tarde, ya que ni Castelli ni los oficiales
del ejército patrio distribuyeron aguardiente como solicitaban los lugareños.
En el ínterin, Goyeneche se rearmaba para enfrentar a los porteños. Al Ejército
del Norte lo esperaba la aciaga jornada de Huaqui. |
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| Juan José Castelli |
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Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VI N° 24 - Setiembre 2012 - Pags. 8 a 13
Sarmiento y el Estrecho de Magallanes
Por Norberto Jorge Chiviló
Siguiendo con el tratamiento de distintos temas mencionados por el Dr. Omar López Mato, en su carta que se publicó en la edición N° 21 de este periódico (pág. 6), con el título "Otra Vuelta de Obligado", y como lo prometimos en el número anterior, vamos a referirnos ahora al tema de los canales fueguinos y la forma en que nuestro vecino, Chile, se adueñó de los mismos y a instancias de quién lo hizo.
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| Tabula Magellianica (A) |
Estrecho de Magallanes
¿Qué es un estrecho, geográficamente hablando?. El diccionario de la Real Academia Española, lo define como "Paso angosto comprendido entre dos tierras y por el cual se comunica un mar con otro". Ejemplos: El estrecho de Gibraltar, el de Magallanes.
Primero ubiquémonos geográficamente. El estrecho de Magallanes es un paso marítimo que separa la parte sur del continente americano (Patagonia), con la Isla Grande de Tierra del Fuego. Es un paso natural entre los Océanos Atlántico y Pacífico. Esta vía interoceánica era y es de gran importancia estratégica por ser la ruta más corta y más segura que el traslado por el Cabo de Hornos.
Breves reseñas históricas
El estrecho fue descubierto por el navegante portugués Fernando o Hernando de Magallanes al servicio de la Corona española, en su expedición alrededor del mundo. El día 21 de octubre de 1520 descubrió un cabo al cual bautizó de las "Once mil vírgenes" detrás del cual se divisaba una gran entrada de mar. Días después, el 1° de noviembre, día que la Iglesia Católica festeja el día de "Todos los Santos", Magallanes ingresó en el estrecho al que bautizó con ese nombre. También dio nombre al territorio situado al sur al que llamó "Tierra de los fuegos", por las grandes fogatas que originaba el gas natural que emanaba en esa zona.
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| Hernando o Fernando de Magallanes (B) |
Tanto desde España, como desde la Gobernación de Chile y del Virreinato del Perú se enviaron varias expediciones al estrecho, intentando alguna de ellas el poblamiento de la zona pero las condiciones adversas del lugar -en especial climáticos-, impidieron que eso fuera posible y los intentos que se hicieron, fracasaron.
A fines del siglo XVI el estrecho también fue navegado por corsarios ingleses y también por navegantes holandeses y en los siglos siguientes lo atravesaron holandeses, franceses, ingleses, además de los españoles.
Ya durante el siglo XIX, llegaban allí en busca de refugio y provenientes de la Antártida naves foqueras, balleneras y loberas, tripuladas mayormente por ingleses y norteamericanos.
Las primeras autoridades patrias surgida en 1810 y las siguientes, durante más de una década, adoptaron diversas disposiciones jurisdiccionales, tales como ordenarle al comandante del fuerte del Carmen de Patagones la vigilancia de las costas situadas al sur del establecimiento.
Durante las décadas de 1820/1830 -y siendo ya Inglaterra la gran potencia marítima-, el Almirantazgo británico organizó varias expediciones -una de ellas al mando del capitán Robert Fitz Roy- a los fines de hacer relevamientos hidrográficos en el estrecho y canales adyacentes y la confección de una cartografía -que fue editada en 1837- que facilitara la navegación para sus naves.
Breves antecedentes jurídicos
Al establecerse en 1776 el Virreinato del Río de la Plata, el límite sur de la Capitanía General de Chile quedó limitado por el río Bío-Bío, con lo cual toda la Patagonia (a ambos lados de los Andes) y la Tierra del Fuego estaban bajo la jurisdicción de Buenos Aires.
La ocupación del Estrecho por los chilenos
Los chilenos no demostraron interés por la zona, sino recién en abril de 1842, como veremos más adelante, pero la idea de tomar posesión del Estrecho, la tuvo Bernardo O'Higgins, años antes (1836) cuando consideró la posibilidad de la utilización de barcos a vapor para remolcar los veleros que pasaban hacia el Océano Pacífico.
Por esos años el paso de los barcos a vela por el Cabo de Hornos duraba entre 40 y 60 días dependiendo ello de las condiciones del tiempo, mientras que un vapor que los remolcara por el estrecho de Magallanes, realizaba el cruce en 30 o 40 horas solamente.
Fue así que en abril de 1842, el presidente chileno Gral. Manuel Bulnes, dispuso que una fuerza expedicionaria tomara posesión del Estrecho y territorios adyacentes, lo que se concretó el 21 de setiembre de 1843. Un mes después se estableció un fortín que se llamó "Fuerte Bulnes".
La toma de posesión se realizó por los chilenos con el cumplimiento de las formalidades de la época: izamiento de bandera, saludos por disparos de tiros de cañón, labrado de acta, enterramiento de monedas, discurso, etc.
Es verdad que la zona se encontraba hasta ese momento despoblada, como se encontraban despobladas también inmensas zonas de nuestro país y de otros de América, incluso de Chile, pero esa situación no autorizaba, a ningún país vecino a tomarlas como si no fueran de nadie considerándolas res nullius, porque eso contrariaba el principio establecido a partir de 1810 entre las repúblicas hispanoamericanas del uti possidetis iure -como lo mencionamos en la pág. 13 del N° 22 de este periódico-, para determinar los límites territoriales de cada una de ellas.
Cinco años más tarde, los colonos del asentamiento, se trasladaron a un lugar más adecuado, más al norte, llamado Punta de Arena, dando así origen a lo que actualmente es la ciudad de Punta Arenas.
La campaña periodística de Sarmiento en Chile
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| Domingo F. Sarmiento |
Pero podemos afirmar, que se inició esa campaña periodística, con el evidente concurso del gobierno de Santiago, quien de tal forma quería movilizar y obtener el apoyo de la opinión pública de aquél país para la realización de la empresa.
La participación de Sarmiento, fue decisiva, creando opinión como resulta de la carta que Pedro Díaz de Valdéz, le remitió a Jorge Mebon el 21 de noviembre de 1842: "Su estimable del 19 que acabo de recibir me ha llenado de satisfacción al ver que su asunto progresa rápidamente, gracias a los incomparables esfuerzos de su digno amigo Sarmiento. Tengo en mi poder todos los números de «El Progreso» que se han publicado hasta la fecha y debo confesar que la materia está tratada con mucha maestría..., la relación de Sarmiento es perfectamente satisfactoria..., y no deja nada bajo la posibilidad de ser cuestionable por nadie, en presencia de los inalterables documentos que presenta. Si Ud. lo ve no deje de saludarlo en mi nombre y expresarle mi gratitud por la parte activa que ha tomado en el negocio."
Nada mejor que seguir a Manuel Gálvez, en su obra biográfica "Vida de Sarmiento - El hombre de autoridad", quien con claridad desarrolla el tema.
Dice Gálvez:
"Va a salir El Progreso cuando se le presenta (a Sarmiento) el marinero norteamericano Jorge Mebon. Le habla de la ventaja para Chile de ocupar el estrecho de Magallanes y fundar allí una población, y le pide incitar al Gobierno a dar ese paso. Sarmiento se interesa. Promete estudiar el asunto y, pronto convencido, inicia "una serie de estudios -digámoslo con sus propias palabras, escritas posteriormente- que hoy, después de ocho años, no son del todo estériles". Sí, no han sido estériles para Chile...
Comienza esta campaña en el primer número de El Progreso, el 11 de noviembre de 1842, y termina el 28. Ocho artículos, dos de los cuales se publican en dos números cada uno. Sarmiento estudia la cuestión, sin hablar de la Argentina ni de sus derechos. Habla de que Chile puede, con la posesión de Magallanes, "asegurarse un porvenir colosal"; de las "inmensas ventajas que esta habilitación del Estrecho ha de acarrearnos"; de que sus artículos habrán mostrado "la necesidad absoluta" de adoptar providencias oportunas. Y termina con varias preguntas, entre las cuales ésta: "¿Quedan dudas, después de todo lo que hemos dicho, sobre la posibilidad de hacer segura la navegación del Estrecho y establecer allí poblaciones chilenas? Pero, ¿qué se hará para aclararlas o desvanecerlas? ¿Permanecer en la inacción meses y meses? ¿Abandonarse a discusiones estériles?" Como se ve, exige la mayor urgencia.
¿Es Sarmiento el primero que se interesa por que Chile ocupe el Estrecho? El escritor chileno Armando Braun Menéndez demuestra, en Fuerte Bulnes, que el general O'Higgins pensaba en eso por lo menos desde 1841. En febrero del 42 le había escrito al Presidente Bulnes, y en agosto del mismo año al ministro Irarrázaval, sobre sus deseos de que se colonizara el Estrecho. Bulnes aceptó la idea, tanto que el 6 de abril del 42 nombró una persona para que, desde Chiloé, estudiara el asunto e informara. Pero hasta la campaña de Sarmiento no se había salido de este período previo. Por otra parte, Mebon, tan enterado de cuanto se refiere a la marina mercante y al asunto de Magallanes, creía que nada se había hecho, por cuanto se dirigió a Sarmiento. Es evidente que Mebon nada espera del Gobierno chileno, a lo menos para esos días. Más aún: existe una comisión especial para estudiar un proyecto de Mebon de organizar un servicio de remolcadores en el Estrecho -lo que, naturalmente, está relacionado con la ocupación de sus márgenes- y esta comisión, que ha dejado pasar un año, se expide al mes siguiente de terminada la campaña de Sarmiento. Y en fin, aunque el Gobierno de Chile se hubiera preocupado de ocupar Magallanes, eso no cambia en lo más mínimo la situación de Sarmiento como argentino.
El Gobierno de Chile resuélvese a proceder con rapidez, según los consejos de Sarmiento, y organiza la expedición, que parte el 21 de mayo de 1843. Y el 21 de setiembre de ese año, los expedicionarios, entre los cuales va Mebon, ocuparán en nombre de Chile, esas tierras que la Argentina considera suyas...
Estas páginas de Sarmiento no figuran en sus obras completas. El compilador dice, en una nota del tomo XXXV, no poseer la colección de El Progreso correspondiente a ese año... Pero esto es falso, pues en el tomo II figuran nueve artículos publicados por los mismos días.
Y si el compilador argentino no hizo sino reproducir una edición anterior publicada en Chile, quiere decir que el compilador chileno escondió los artículos. Sarmiento, años más tarde, en su periódico La Crónica, defenderá, en otra campaña, los "derechos" de Chile. Y en Recuerdos de Provincia se alabará así: "La ocupación de Magallanes ha salido de los trabajos de El Progreso, como la reivindicación de los títulos de posesión de Chile salió después de las investigaciones de La Crónica".
¿Cómo explicar esta actitud antiargentina? ¿Deseaba agradecer a sus favorecedores? ¿Hacer algo por Chile, para que no se le maltratara? ¿Siéntese chileno?
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| Manuel Bulnes (C) |
Años después y cuando el gobierno argentino en 1847, reclama por la ocupación del estrecho por parte de Chile, Sarmiento, esta vez, desde las páginas de La Crónica, periódico que él dirige y que se edita desde principios de enero de 1849 en la imprenta que su yerno Julio Belín, ha instalado en Santiago, se dedica a defender la ocupación chilena, contra la integridad territorial argentina.
Pero sigamos el interesante relato de Gálvez.
Su más importante trabajo en La Crónica aparece el 11 de marzo (de 1849). En él ataca al gobierno de Buenos Aires, que ha reclamado a Chile, poco antes, por la ocupación del estrecho de Magallanes.
Empieza condenando estas querellas internacionales por "intereses frívolos". Cuestiones como la que "tan a deshora" suscita Rosas son indignas, mezquinas y ociosas e "invierten fondos, tiempo, atención, que debieran ser consagrados a otros intereses"; y promoverlas es propio sólo de "gobiernos engañados por una falsa gloria". Esta cuestión "ociosa improductiva para el Gobierno que la provoca", es indigna de aumentar un escándalo más en América, una desavenencia, acaso una guerra, Así estima Sarmiento la pérdida, para su patria, de territorios de formidable valor estratégico, de una de las grandes rutas del mundo...
El primer argumento que da en favor de Chile es que "un territorio limítrofe pertenecerá a aquel de dos estados a quien aproveche su ocupación, sin dañar ni menoscabar los intereses del otro". El Estrecho y sus márgenes son necesarios a Chile, en su camino hacia Europa; y para la Argentina, una posesión inútil. Si Chile abandonara el estrecho -se pregunta- "¿lo ocuparía Buenos Aires? ¿Para qué?". Y agrega: "Magallanes, pues, pertenece a Chile, por el principio de conveniencia propia, sin daño de tercero".
A este argumento se le puede objetar: que no debe considerarse sólo el interés momentáneo sino también el futuro; que la posesión del Estrecho por Chile, nación que siendo vecina de nuestra patria, pudiera llegar a ser su rival, perjudica a nuestros intereses para el porvenir; que no existe tal "principio", pues lo que Sarmiento llama así es una invención suya; y, finalmente, que, aun cuando fuese cierto lo que dice, no le corresponde decirlo a un argentino.
El segundo argumento es el del derecho del primer ocupante. Sarmiento pregunta: "¿Quién no se siente humillado -en Chile, hay que interrumpirle- a la idea sola de mandar Chile, a consecuencia de las reclamaciones de Buenos Aires, a recoger sus colores, destruir sus poblaciones y abandonar su posesión, por condescender con un gobierno extraño?" El derecho de Chile es para Sarmiento un derecho de decoro, de dignidad, que el gobierno de Buenos Aires, "hermano del de Chile, debe cuidar de no atropellar".
El tercer argumento es que Buenos Aires ha dado su aquiescencia tácita. Sostiene él que ese gobierno ha consentido con su silencio de seis años. Este argumento, como el anterior, es bueno para Chile, pero, por eso mismo, muy malo para la Argentina.
Sarmiento considera la "pretensión" de Rosas como extemporánea, infundada, atentatoria y "provocativa de un conflicto sin motivo, y manifestación pura de un capricho y de un pretexto para encubrir malquerencia e intenciones hostiles a Chile".
Y no sólo cree Sarmiento, que el Estrecho pertenece a Chile, sino también que puede pertenecerle toda la Patagonia. Después de citar la ley de Indias de 1609, agrega: "Quedaría por saber aún si el título de erección del Virreinato de Buenos Aires expresa que las tierras al sur de Mendoza, y poseídas aún hoy por chilenos, entraron en la demarcación del Virreinato, que, a no hacerlo, Chile pudiera reclamar todo el territorio que media entre Magallanes y las provincias de Cuyo". Hoy se defiende a Sarmiento afirmando que en esos años nadie cree en el valor de la Patagonia. Pero es falso. Alberdi, en Montevideo, en El Edén del 6 de abril de 1843, había dicho: "la Patagonia, tan rica en minerales, campos, bosques, bahías, ríos navegables"...
Termina diciendo que sus consejos a Buenos Aires de dejar a Chile el Estrecho, no significan ni entrometimiento ni reproche. Y asegura que los verdaderos intereses de los pueblos "y el blanco de una política sabia, justa y provechosa" son: comercio, industria, población, inmigración, educación pública. De modo que para Sarmiento la defensa de territorios que el país creía suyos no figura entre sus verdaderos intereses...
El 29 de abril nuevo artículo, titulado Cuestiones de límites. De la Argentina le han escrito que sus páginas del 11 de marzo han desagradado, aun a personas que le son muy adictas. El autor de la carta exprésale que Magallanes, por su posición topográfica, nos pertenece y que, al crearse el Virreinato, después de creada la Audiencia de Chile, se reconocía que de él formaban parte "las provincias de Cuyo y de Magallanes".
Sarmiento contesta: sus principios son absolutos, y no datan de hoy ni se refieren solamente a Magallanes. Son aplicables a todas las cuestiones americanas, "deplorables en sus resultados, inútiles en sus consecuencias, vergonzosas en el principio que las mueve". Como se ve, a Sarmiento le parece vergonzoso el reclamar territorios que consideramos nuestros...
Aconseja a los argentinos ocuparse en reconquistar "sus propias casas, amenazadas por los salvajes", en vez de inquietarse por lugares lejanos, "sin provecho próximo ni futuro". Dice que millones de pesos y millares de víctimas se han sacrificado en los últimos diez años "a lo que se llama la integridad del pueblo argentino, aunque en cambio hayan desaparecido del mapa ciudades del interior". ¿Qué ciudades han desaparecido?
Va a repetir sus argumentos. Pero antes, declara que la cuestión de Magallanes le interesa también por un motivo personal. Recuerda, cómo en 1842, llevando adelante una idea, fecunda en bienes para Chile, "insistimos porque se colonizase aquel punto". Ahora, como entonces, tiene la convicción de que ese territorio era útil a Chile e inútil a la Argentina. Luego habla de la Patagonia, que figura en los mapas europeos cómo tierra no ocupada, y, olvidándose de que los pueblos del interior y los campos se han despoblado por causa, de las guerras que unitarios y, extranjeros promovieron a Rosas, agrega: "y no sabemos si sería obra de caridad arrebatar el terreno, para poblarlo, a un gobierno como el argentino, que no es capaz de conservar poblado el que le dejó sometido y pacífico la España".
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| Bernardo de Irigoyen (D) |
Sarmiento en un nuevo artículo del 14 de julio intenta refutar los argumentos de La lustración Argentina, e insiste en la importancia de la Cédula real de creación de la Audiencia de Chile. La Ilustración Argentina lo ha tildado de "traidor".
El 29 de julio, Sarmiento en un nuevo artículo, trata de refutar los argumentos de La Ilustración Argentina.
El 5 de agosto se publica un nuevo artículo de Sarmiento, en el que recuerda todos los antecedentes, la visita de Mebon quien le pidió su concurso para incitar al gobierno chileno a la ocupación del estrecho, etc.
Sigue contando Gálvez:
Va ahora a comparar los títulos de ambas naciones a la propiedad de Magallanes, según su entender; pero, antes, expresa que sus móviles, al ventilar esta cuestión, han sido: "Defender la colonia a cuya fundación había contribuido con mis escritos; ahorrar a los argentinos un nuevo enredo, del cual no saldrían en diez años sino por una guerra ruinosa; y romperle en las manos al tirano el instrumento con que esclaviza a mi patria". Y lo hace él, un argentino, en vez del Gobierno de Chile, para que el amor propio nacional no quede interesado. Transcribe los títulos a dos columnas, frente a frente: los de Buenos Aires -no dice "Rosas"- y los de Chile, y termina con estas palabras, que un verdadero argentino sólo las cree después de haberlas visto en La Crónica y firmadas por Sarmiento: "No me ocurre como se atreve el Gobierno de Buenos Aires, en vistas de estas demostraciones, a sostener ni mentar siquiera sus derechos al estrecho de Magallanes, si bien sé que una vez que toma el freno, no suele largarlo si no le rompen las quijadas a golpes. Pero para Chile, para los argentinos, para mí, bástenos la seguridad de que ni sombra ni pretexto de controversia le queda, con los documentos y razones que dejo colacionados".
Aún no concluye aquí el asunto. La Gaceta (de Buenos Aires) le cita documentos en favor de los derechos argentinos a Magallanes, cuyo valor probatorio reconocerá él mismo cerca de treinta años más tarde.
Poco menos de tres años más tarde, el 3 de febrero de 1852, Rosas es desalojado del poder. La cuestión de Magallanes deja de tener importancia para los gobiernos que lo suceden.
En 1868 Sarmiento, el que otrora y casi un cuarto de siglo atrás, había renegado de su nacionalidad argentina, es elegido nuevo presidente de la República Argentina. Pocos días antes del 12 de octubre de dicho año, fecha ésta en la cual debía ceñirse la banda presidencial, el diario La Nación Argentina, dirigido por Bartolomé Mitre, trae nuevamente a colación el tema Magallanes y la posición sostenida antes por Sarmiento.
Sigamos con el relato de Gálvez.
En el editorial El primer disparo, establece posición frente al nuevo gobierno, y, recogiendo una "tremenda acusación" que acaba de hacer al Presidente electo El Pueblo Argentino, asegura que Sarmiento "ha sostenido en Chile, contra su patria, los pretendidos derechos de un país extranjero para despojarla de su territorio". Como el sarmientista El Nacional, no pudiendo desmentir, dijera que el futuro Presidente, "cualesquiera que hayan sido sus opiniones no puede hoy tener otras que las que sostengan el decoro y la integridad de nuestro territorio", La Nación Argentina, arguye: "como si un argentino, por no ser Presidente, estuviera exonerado de los más sagrados deberes del patriotismo". Y termina con las siguientes palabras: "Si esto resultase plenamente probado; no creemos que haya ningún hombre, cualquiera que sea su nacionalidad, que intente justificar al señor Sarmiento; pues hasta hoy; todos los pueblos del mundo han condenado del modo más terrible al que atenta contra la integridad del territorio de su país, en beneficio de un gobierno extranjero".
La denuncia causa estupor. Muchos no la creen, la suponen una calumnia. Nadie sabía palabra del asunto de Magallanes, y sorprende que los enemigos de Sarmiento no hayan utilizado semejante arma terrible durante los días de la lucha presidencial. Pero el 6 de octubre la ciudad sale de dudas. Con el título El cuerpo del delito y sin mayores comentarios, La Nación Argentina reproduce el artículo publicado por Sarmiento en La Crónica, en Chile, el 4 de mayo de 1849. Son cuatro columnas y media, precedidas por estas frases: "Vamos a entrar a la prueba que hemos ofrecido". Dice también el diario que Sarmiento "ha sido el abogado de un gobierno extranjero contra su propio país y que él "ha sugerido, ha propagado y ha hecho triunfar la idea de hacer despojar a la República Argentina de sus territorios". Y terminada la transcripción del artículo, agrega que Sarmiento, después de eso, "inició en la prensa la tarea de probar que no pertenecían, a la República Argentina, sino a Chile los territorios de la Patagonia que hoy Chile señala en sus mapas bajo el nombre de Chile oriental".
El 8 de octubre, La Nación Argentina vuelve a hablar del asunto. Transcribe el Resumen de la Cuestión Magallanes, publicado por Sarmiento en La Crónica. Sucede también que, El Nacional, el diario de Vélez Sársfield, no encontrando modo de defender a Sarmiento, dice que esa cuestión de Magallanes la hizo por atacar a Rosas; recuerda que Florencio Varela y Valentín Alsina llamaron a las armas francesas contra Buenos Aires, e invita al diario mitrista a considerar como traidores a "esos venerables argentinos"; y vuelve a asegurar que Sarmiento no entregará a Chile las tierras magallánicas. A esto último contesta La Nación Argentina, sarcásticamente, que habrá que pedir "un voto de gracia para Sarmiento, por tanta generosidad". En cuanto a lo primero, pregunta si es atacar a Rosas o a la República Argentina "el aconsejar a los gobiernos extranjeros que le arrebaten sus territorios", y exclama: "¿Son acaso de Rosas o de la República Argentina, las tierras de Magallanes?" Y en cuanto a Varela y a Alsina, no niega el órgano mitrista, vale decir, liberal y unitario, que llamaran a las armas francesas, pero dice que ellas no entraron nunca en territorio argentino y que esos "venerables ciudadanos" no ofrecieron a Francia tierras argentinas. La Nación olvida que los franceses ocuparon Martín García, y que Varela, como está probado por el testimonio del general Paz, unitario como ellos, pretendía agregar al Uruguay; las provincias de Entre Ríos y de Corrientes. ¡Como habrá gozado en Southampton don Juan Manuel, al saber que sus antiguos enemigos se llaman traidores unos a otros!
Por esos días, el marino y patriota Luis Piedrabuena, quien tanto hizo por el sur argentino, tiene intenciones de ocupar la costa del Estrecho. Viene a Buenos Aires para obtener los recursos para la empresa. A pocos días de dejar la presidencia, Mitre le promete los recursos, pero Piedrabuena espera la asunción de Sarmiento para hablar con él. Sarmiento, según Piedrabuena, le dirá: "que no teníamos marina, que costaba mucho mantener un buque de guerra; que estábamos muy pobres y que ese territorio, más bien les convenía a los chilenos por ser el paso para el Pacífico..."
Hemos visto así, quien instigó la ocupación chilena del estrecho de Magallanes. Por falta de espacio en esta edición no podemos desarrollar el tema de la actitud que ante ese hecho asumió el gobierno de Rosas, pero lo abordaremos en el próximo número de este periódico.
Fuentes
Font Ezcurra, Ricardo. "La unidad nacional", Edición Theoría, Buenos Aires, 1961.
Gálvez, Manuel. "Vida de Sarmiento - El hombre de autoridad", 3° edición, Editorial Tor SRL, Buenos Aires, 1957.
Sierra, Vicente. "Historia de la Argentina, Tomo IX, Gobierno de Rosas - Su caída - Hacia un nuevo régimen,1840-1852". Editorial Científica Argentina, 1972.
(A) "Tabula Magellanica" realizada en 1635 por el cartógrafo holandés Willem Janszoon Blaeu.
(B) Fernando o Hernando de Magallanes (1480-1521), marino portugués al servicio de la Corona española.
(C) Gral. Manuel Bulnes, Presidente de Chile en el período 1841-1851. Pintura realizada en 1841 por Raymond Monvoisin.
(D) El joven Bernardo de Irigoyen, en "La Ilustración Argentina" defendió los derechos argentinos, sobre las tierras magallánicas.
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El escritor chileno José Miguel Irarrazábal Larrain llama
a Sarmiento "el antiguo campeón de los derechos de Chile a la región de
Magallanes".
"La ocupación de Magallanes había sido pedida muchas
veces por la prensa"(Diego Barros Arana, historiador chileno, en Un Decenio en la Historia de Chile)
Francisco J. Rosales, encargado de negocios chileno en París, publica un folleto que titula "Apuntes sobre Chile", en el cual aconseja el abandono de la colonia instalada en el Estrecho, por considerar que el mismo se encontraba en territorio argentino.