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viernes, 5 de mayo de 2023

Dorrego - Ramón Doll - Periódico Juan Manuel de Rosas

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

188

Fermín Chávez



En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

El siguiente artículo se publicó en el periódico Juan Manuel de Rosas  N° 2 de agosto de 1987.


Ramón Doll
Recordando a Manuel Dorrego

"Mártir de la federación"

Recordación de Ramón Doll 


A 158 años del sacrificio del Coronel Manuel Dorrego, ordenado por el General Juan Lavalle como Jefe del motín militar que lo derrocó el 1° de diciembre de 1828, aún están vigentes afirmaciones que el Instituto Juan Manuel de Rosas de Investigaciones Históricas —a poco de su fundación— le dedicaba como primer homenaje oficial en su flamante Revista N° 1 (Enero de 1939), en donde luego de reseñar los antecedentes históricos del alevoso hecho, terminaba afirmando:

“La muerte de Dorrego fue un acto de espantosa tiranía, de terrorismo desproporcionado y estéril; los unitarios mismos han creído conveniente ensombrecer el cuadro haciendo saber a varias generaciones atónitas que esa muerte tuvo la desgraciada consecuencia de abrir las puertas a la Dictadura y el Despotismo. Nosotros creemos precisamente que si las ejecuciones fructifican algunas veces en la Historia, el sacrificio de Dorrego hizo variar los acontecimientos hacia el Gobierno mejor organizado e inspirado que hemos tenido los argentinos. Y de todos modos, demostró que Quiroga había tenido razón cuando al devolver la Constitución del 26 manifestó que no podía “rendirse a las cadenas con que se pretende ligarlo al carro del Despotismo”.

La muerte de Dorrego
Ramón Doll
El 13 de diciembre ppdo. se cumplió un aniversario más del fusilamiento de Dorrego, no mereciendo el hecho —como ya es costumbre inveterada de la cultura oficial y de los medios de comunicación del sistema “democrático”— una recordación adecuada al infausto de triste memoria. Esta publicación en su carácter de Órgano del Revisionismo Histórico. en el deber de rendir su homenaje al MARTIR DE LA FEDERACION, consecuente asimismo, con la actualidad que reviste aquella primera recordación oficial del Instituto, ha considerado oportuno reproducir el discurso realizado el 13 de diciembre de 1938, en el mismo lugar que aconteció el fusilamiento del Prócer, ubicado en el campo denominado “El Talar” del Partido de Navarro, Provincia de Buenos Aires.

Los conceptos expresados en aquella ocasión por el Dr. Doll y que hoy suscribimos para el conocimiento de las nuevas generaciones decía así:

“Hace hoy justamente 110 años, caía en este lugar el Coronel Dorrego, víctima de una orden de fusilamiento, en la que no se expresaba ni causa, ni motivo, ni siquiera pretexto alguno que fundamentara pena tan extrema.

Ningún tribunal civil o militar, ni juicio plenario, sumario o sumarísimo, había decidido en instancias procesales la muerte del gobernador de Buenos Aires, no se lo había escuchado, no se le había notificado que un proceso fuese abierto donde él habría de comparecer como prevenido; por cierto que ni siquiera el General que decidió la orden de fusilamientos hizo leer en presencia del sentenciado y en la suya propia los términos de la decisión.

Quiero recalcar con toda energía esta circunstancia: la última pena dictada contra el Coronel Dorrego y ejecutada aquí mismo, careció de las más elementales, de las más sumarias garantías que ningún tribunal revolucionario o marcial del mundo y de la Historia, deja de acordar al reo. No hay un caso igual en las horrendas crónicas judiciales de la Convención revolucionaria de Francia en 1793; la más sanguinaria y cínica de las ejecuciones, no era realizada sin una apariencia de juicio previo, todo lo hipócrita y simulado que se quiera, pero que otorgaba al reo el magro consuelo al fin, de decir dos palabras en su defensa. Acaso, para encontrar un atentado parecido contra la defensa personal como el cometido con Dorrego habría que presenciar las ejecuciones de la Checa comunista en que simples comisarios de policía matan a los detenidos sin aviso previo y sin promediar una sola palabra entre juzgadores y juzgados.

Cómo habrá sido de enorme el atentado que poco después Salvador María del Carril le aconsejaba a Lavalle que simulara un proceso y un acta sobre todo lo ocurrido.

Y bien, señores: no me he detenido en la espantosa violación del fuero más sagrado y personal del hombre cual es el de la inviolabilidad de la defensa en el juicio, por un simple prurito de curiosidad histórica, ni con un menguado propósito de arrojar sombras sobre los responsables de aquel desafuero.

Mi anhelo es extraer alguna experiencia útil, aún para la actualidad, en la historia de aquel episodio.

Debéis saber que la muerte de Dorrego había sido planeada y ordenada antes en Buenos Aires por el Consejo Unitario presidido por el Dr. Julián Segundo de Agüero y compuesto por letrados y doctores que se llamaban Salvador María del Carril, Valentín Gómez, Juan Cruz Varela, y otros personajes de la élite porteña. En la noche del 30 de noviembre de 1828, aquel comité unitario dejó listos los preparativos del motín que estallaría en seguida; esa misma noche se acordó la muerte de Dorrego y se propuso también la de Rosas. Conocidas son, por lo demás, las cartas de Del Carril y Juan Cruz Varela, ratificando aquel acuerdo y recordándoselo a Lavalle, cuando éste tenía en sus manos al prisionero.

Lavalle, pues no fue más que el ejecutor de órdenes impartidas por un cenáculo de hombres de ley y de Universidad, ex-diputados al Congreso Constituyente de 1826, y ex Ministros de Rivadavia, como del Carril, de la Cruz, Agüero y Juan Cruz Varela. 

¿Quién eran estos hombres que así resolvían la ejecución inmediata de los funcionarios derrocados? ¿Cuál era la razón para que aún antes de proceder a su derrocamiento, le dictaran una sentencia inexorable por cuestiones meramente políticas?

Eran los mismos que pocos años antes habían dictado una Constitución, la de 1826, donde pomposamente en su sección 8° se hacían declaraciones enfáticas sobre la libertad, la defensa en juicio, la propiedad y la vida de los habitantes. En esa constitución del 26, los doctores unitarios habían vertido las últimas novedades políticas; Rivadavia, Presidente de la República y autor de la avanzada carta, mantenía correspondencia con Benthan, que fabricaba constituciones “ad libitum” y a encargo. Por otro lado, en aquella carta del 26 se preciaban de ir más allá que cualquier otro Código político del mundo. Cuando se envió esa constitución a las provincias, la nota que la acompañaba decía entre otras cosas, al referirse a la inviolabilidad de la persona:

“Leed la sección 8° de la constitución y allí hallaréis todos los derechos consagrados. La seguridad personal, la igualdad legal, la inviolabilidad de las propiedades, la libertad de la opinión”. Y así seguía en ese tenor, recomendando a los pueblos las bellezas de aquellas garantías sacrosantas entre las cuales figuraba a justo título como la mejor de todas la que decía que ningún ciudadano sería penado sin juicio previo y sentencia legal.

Relacionemos, señores, las dos situaciones. La misma logia que en 1826 pretende asombrar al mundo dictando una Constitución libérrima, civilizadora, liberal, más avanzada que cualquier otra carta europea de la época, la misma logia ordena sin forma de proceso la muerte de un prisionero inerme. Allí en la Constitución del 26, más de 20 artículos sistematizando las conclusiones más adelantadas de la filosofía de la época, aquí una ejecución sobre el tambor ordenada de antemano por un comité secreto.

No habría explicación posible de semejante contradicción entre las decisiones de un núcleo que se tenía por dirigente y áulico, si no recordáramos que la Constitución liberal del 26 fue rechazada violentamente por toda la nación y que la logia presidida por Agüero estaba dispuesta a imponerla a la fuerza, removiendo todos los obstáculos, el primero Dorrego, y luego todos los caudillos del interior.

Dicho de otra manera, Dorrego fue fusilado porque en ese momento representaba la resistencia de todo el país y todo el pueblo a la constitución liberal.

¡Qué gran lección podemos aprender en los antecedentes y consecuentes del drama del que no se sabe si aquí en este lugar se jugará el nudo o el desenlace! Si hay que fusilar sin forma de juicio a un gobernador, porque encarna la voluntad de resistencia del pueblo hacia una Constitución liberal, ahita de ideologías extranjeras, quiere decir que ya en 1828, la historia, por medio de la violenta eliminación de un hombre ilustre, nos estaba haciendo signos inequívocos de que siempre correríamos el peligro de ser víctimas de un engaño desgraciado por medio de falsas declaraciones libertarias, escritas en el papel pero ajenas a la Nación.

He aquí la postrer enseñanza del prócer que aquí fuera sacrificado en hora aciaga: él recibía en su cuerpo el embate de todas las fuerzas de opresión que por medio de una Carta que en su letra hablaba de libertades, en su espíritu no traía sino violencia y tiranía, terror y opresión. Transpongámonos fechas, recordemos que veinticinco años después, una Constitución plagada con la ayuda de los mismos pleonasmos liberales fue impuesta al país con la ayuda de ejércitos extranjeros, y quizás podemos leer en este fusilamiento todo el drama nacional que compendió. Es decir, la lucha constante del país real con un derecho público que lo oprime y lo deforma. La ejecución de Dorrego es la demostración evidente de que las llamadas libertades liberales no son más que instrumentos de tiranía y por eso, es el mismo pueblo quien las rechaza. Es cierto que en 1828 aquel crimen provocó una reacción saludable: el gobierno de Rosas, pero también es desgraciadamente cierto que ya estaba evidenciando que en aquella fecha aquellos ideólogos no vacilarían jamás en cuanto se tratase de infiltrar en el país las doctrinas más exóticas y disolventes.

No vacilarían ante nada; ni ante un crimen, ni ante una alianza con el extranjero, ni ante la desmembración del país, ni ante nada. Esta es la prueba histórica”.

sábado, 15 de abril de 2023

Manuel Dorrego - Folleto en homenaje

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En esta ocasión no publicamos un artículo de carácter histórico, sino un folleto en homenaje a Manuel Dorrego, editado por el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, dependiente de la Secretaría de Cultura - Presidencia de la Nación, en una fecha que desconocemos pero que fue aproximadamente entre los años 2001 y 2005.
Cuenta con 4 págs., de 21 x 17,7 cms. impreso en papel ilustración, diseñado finamente y contiene muy buenas ilustraciones.

Instituto Juan Manuel de Rosas

Instituto nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas

Muerte de Dorrego

Manuel Dorrego

jueves, 12 de enero de 2023

Dorrego - Omar López Mato

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

143 

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En el diario La Prensa, del 7 de octubre de 2007, se publicó en la columna "Umbrales del tiempo" un interesante artículo sobre la difícil situación que debió afrontar Dorrego al asumir como gobernador de la provincia de Buenos Aires. 

Condenados antes de empezar

por Omar López Mato

El coronel Dorrego estaba condenado a morir antes de asumir el cargo de gobernador de Buenos Aires.

Vicente López y Planes, nuestro jurisconsulto poeta, sirvió de puente entre la debacle presidencial rivadaviana y la oposición republicana del coronel Dorrego, que a pesar del tiempo transcurrido no podía quitarse de encima ese estigma de juvenil descontrol que había caracterizado sus años mozos. Por más que a lo largo de esos últimos tiempos había demostrado una mesura aprendida durante sus años de exilio en los Estados Unidos (donde había estudiado el funcionamiento de las instituciones federales), aún le cabía el mote de ‘Loco’ con que lo señalaban sus enemigos, los doctorcitos unitarios segundones del Mulato.

Rivadavia se vio obligado a renunciar ante los torpes manejos diplomáticos de su ministro García en la Corte brasileña. ¿Acaso García se había tomado tantas atribuciones sin el consentimiento del presidente? ¿Había actuado por cuenta propia sin una media palabra de las autoridades? Es difícil de creer que haya sido una medida inconsulta (de hecho, García permaneció en su puesto, y con los años fue funcionario de Rosas), pero Rivadavia presenta su renuncia en el momento más álgido del conflicto, cuando el ejército republicano era un infierno de enfrentamientos internos. Alvear, Soler, Lavalleja, Oribe, Lavalle, Paz, Iriarte, todos confrontaban sus posiciones, discutían las órdenes, opinaban sobre el manejo de los asuntos militares, políticos y diplomáticos.

La batalla de Ituzaingó fue un duro golpe para el ejército imperial, pero a pesar de que la fortuna le había sonreído hasta entonces al ejército argentino, poco más podía durarle esa suerte. No sólo le faltaba dinero: diluida el empréstito Baring con intereses y manejos turbios, era natural que a medida que este ejército casi acéfalo se adentrase en territorio enemigo las dificultades logísticas y estratégicas complicarían el desarrollo de las acciones (tal como le había pasado al malogrado Ejercito del Norte diez años antes y cada vez que cruzaba el río Juramento).

Sin medios, en posición estratégica adversa, con derrotas diplomáticas y la fuerte presión inglesa para imponer su teoría del Estado tapón, asume Dorrego. Efectivamente, sólo un loco podía tomar las riendas del gobierno en condiciones tan desfavorables. Pero esta precipitación en la que cayó el coronel Dorrego no fue privativa de él. Se repitió varias veces a lo largo de nuestra historia. El coronel y sus sucesores cayeron en un mesianismo inconducente, en negarse a ver las propias limitaciones en una crisis profunda, el ciego voluntarismo de pensar que podían manejar los conflictos del momento mientras la oposición creó ese maremágnum conspiraba desde las tinieblas. Efectivamente, esperaban entre las sombras a que este “idiota útil” hiciera lo que era inevitable hacer. Que cargase él con las culpas del caso, y así va preparando el terreno para el retorno triunfal de los unitarios. Rivadavia y los suyos, que sembraron la semilla del mal, volverían como los salvadores de la patria.

La frase de Agüero, fiel segundón de Rivadavia, expresó esta intención con frialdad maquiavélica: “Nuestra caída es aparente, nada más que transitoria. No se esfuerce usted en atajarle el camino a Dorrego. Déjele que se haga gobernador... tendrá que hacer la paz con Brasil aceptando la deshonra que nosotros hemos rechazado... el ejército volverá al país y entonces veremos si hemos sido vencidos.”

Todo lo intentó Dorrego. Trató de activar la oposición brasileña, fomentó el espíritu separatista de los farrapos, buscó el apoyo de su admirado Bolívar, y hasta San Martín volvió para ponerse enfrente del ejercito republicano. Todo fue en vano. La presión inglesa fue terrible sobre un gobierno sin medios. Se logró la paz más honrosa posible, pero que no estaba a la altura de las expectativas de los oficiales que habían vencido en el campo de batalla. Buscaron algún culpable, el que tenían más a mano, y resultó que era este coronel medio loco, arrebatado, populista y federal. Amigo de los pobres y aliado de los mismos caudillos que le habían negado su apoyo para llevar adelante la guerra contra el Imperio. Sí, él era el culpable.


viernes, 11 de febrero de 2022

Alberto Mondragón - Dorrego y los derechos

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

51

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

Aproximadamente a fines de la década del 60 se se publicó (no pudiéndose determinar el medio en que lo hizo) el siguiente artículo del Dr. Alberto A. Mondragón.


Dorrego y los derechos

                                                                    por Alberto A. Mondragón 


El episodio ocurrió al discutirse la Constitución de 1826 en el Congreso Nacional. El proyecto de la Comisión decía en su art. 6°, inciso 7°: (Los Derechos de ciudadanía) “se suspenden... por el estado de... criado a sueldo, peón jornalero, simple soldado de línea, notoriamente vago, o legalmente procesado en causa criminal”. Es decir: no podrían votar.

Se trató en la sesión del 26 de setiembre de 1826. El proyecto unitario fue impugnado por la bancada federal: Galisteo, diputado federal por Santa Fe, se opuso porque “si el doméstico y el jornalero no están libres de los deberes que la República les impone, como el servicio militar, tampoco deben estar privados de sus goces”. Contestó el unitario Manuel Antonio de Castro por la Comisión: “Es preciso que los individuos que han de ejercer el derecho de ciudadanía... tengan voluntad propia... el hombre en el estado de condición de doméstico o jornalero, se presume que está bajo la inmediata influencia del patrón”. Preguntó entonces Dorrego: “¿Si es por la falta de libertad, los empleados de cualquier clase pueden sufragar?” (“Si”, contesta Castro.) “¿Pero no están dependiendo del gobierno? ¿Y quién tendrá más empeño en las elecciones: un particular o el mismo gobierno?... ¿Qué es lo que resulta de esto? Una aristocracia, la más terrible porque es la aristocracia del dinero. Échese la vista sobre nuestro país pobre, véase qué proporción hay entre asalariados y jornaleros y las demás clases y se advertirá al momento quién va a tomar parte en las elecciones. Excluyéndose las clases que se expresan en el artículo, es una pequeñísima parte del país, tal vez no exceda de una vigésima parte... ¿Cómo se puede permitir esto en un país republicano? ¿Es posible que los asalariados sean bueno para lo que es penoso y odioso en la sociedad, pero que no puedan tomar parte en las elecciones?... Pero aún más, Señor: la independencia. El que es capitalista no tiene independencia y no podría votar. Échese la vista sobre la población y se notará cuan pocos pueden considerarse independientes: los particulares, como tienen asuntos y negocios, quedan más dependientes del P. Ejecutivo que nadie: a esos es a quienes deberían ponerse trabas. Si excluyen a los jornaleros, domésticos y asalariados ¿entonces quiénes quedan? Queda un corto número de comerciantes y capitalistas... - Ustedes... ¡He aquí la aristocracia del dinero, y si esto es así podría ponerse en giro la suerte del país y mercarse! Entonces sí que sería fácil influir en las elecciones, porque no es fácil influir en la generalidad de la masa, pero sí en una corta porción de capitalistas. Y en ese caso, hablemos claro: ¡¡el que formaría la elección sería el Banco!! (El Banco, era el fundado por Rivadavia llamado “Nacional”, por irrisión, pues era dirigido por ingleses.)

Contestó Castro como un diputado de la Federación de Partidos del Centro: “Nunca puede dejar de haber esta aristocracia que se quiere hacer aparecer como un monstruo tan perjudicial a la sociedad; que es la que conserva la sociedad y el orden según está establecido... La aristocracia de la sangre, ésa si es peligrosa porque se opone a las leyes y a un sistema libre; pero aquella que nace de la naturaleza de las cosas, no hay poder en la tierra que pueda vencerla... ¿Quién puede hacer que el pobre sea igual al rico? Cada uno debe tener tanta parte en la sociedad cuantos son los elementos (con) que entra en ella”.

Opinó el viejo Paso, reliquia venerable de Mayo. No era federal ni unitario, sino un hombre lleno de patriotismo, experiencia y buen sentido. Se opuso al artículo: “En este país donde los peones tienen poco menos libertad e independencia que los amos; conocimientos, alcances, poco más los amos que los peones; en donde el jornalero cobra su jornal con el derecho que él exige, con imperio en haciendo su trabajo, no hallo dependencia: que induzca servilidad... (Si la hay) supongo que en el pulpero que lo manda (al jornalero) con más imperio que su amo... Yo no doy a estas cosas tanta importancia, ni se las he dado, ni se las daré nunca, ni es posible dárselas. Porque por más que se diga que el Cuerpo de Representantes sea la expresión de una voluntad general, siempre será la expresión de un hombre. Esta es la verdad práctica, y esto sucede en todo el mundo y no puede ser de otro modo. Jamás será la representación la expresión de la voluntad general, sino la expresión de aquel o aquellos que han conducido la elección”.

Pidió la palabra el canónigo unitario Valentín Gómez, llamado Mama Valentina por los federales. Era un dialéctico admirable para demostrar lo blanco o lo negro, lo justo o lo injusto. Quería borrar, en el recinto y en la calle, la mala impresión dejada por las palabras sinceras de Castro sobre los privilegios de la aristocracia del dinero. Había que detener esa aristocracia, pero con argumentos retóricos: “Al formar la Comisión este artículo animada de los liberales sentimientos que aparecen en toda la formación de esta constitución, temió ser demasiado liberal estableciendo la elección popular y directa. Cuando se trata de la Constitución es necesario no afectarse de momentos presentes: de aquí resultará la inexactitud del cálculo sobre los que serán excluidos: porque no debe ponerse en duda que los propietarios aumentarán, y que la ilustración ha de crecer, y de consiguiente no existirá la exclusión del jornalero y de doméstico a sueldo... Por respecto a lo que se dijo que los Jornaleros son los únicos llamados a ser soldados, no debe considerarse que hay una injusticia tan remarcable en que sobre ellos recaiga  exclusivamente el servicio militar y no sobre las demás clases. Porque ellos (los jornaleros) reciben muchos beneficios que no reciben las demás clases. Y a la verdad ¿quiénes son los contribuyentes?... El que tiene menos de dos mil pesos no contribuye. ¿Y qué resulta a beneficio de los jornaleros y domésticos de esa contribución que pagan solamente los pudientes? Resulta que ellos gozan de los demás bienes del Estado, incluso de la seguridad social de la policía, de la seguridad del Estado que da el ejército, de la seguridad de sus personas, etc., etc., porque a todo conduce la contribución. Pero además están la multitud de establecimientos públicos costeados por los contribuyentes a beneficio de las clases menesterosas, a más de los cargos públicos que también desempeña (la clase rica) sin sueldo. ¿Y si los pobres son los únicos en ir a la guerra, por quiénes son pagados, y mantenidas y recompensadas sus familias en caso de morir?... Por los que tienen bienes. Pues viceversa: si los soldados fuesen los pudientes ¿con qué contribuirían los pobres?...

Alberto Mondragón - Dorrego, caudillo

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

50

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En el periódico El Puente de diciembre de 1967, se publicó el siguiente artículo del Dr. Alberto A. Mondragón.


Dorrego: Caudillo de la Patria y el Pueblo 

por Alberto A. Mondragón 


Examinando las que le tocó vivir a Dorrego, se dejan ver las conexiones y parentescos que el “fenómeno” humano mantiene con su contorno vernáculo, y hasta qué punto resulta ser su producto. Es un carácter común, históricamente probado, que los hombres de genio representan el signo distintivo de su siglo. La inversión de los valores, el revés de la trama, son los enemigos declarados y ocultos de esos genios, intérpretes con el estilo de su actuar, en el medio y en la medida de su época.

En Dorrego se da esa valoración en su totalidad y es aún más sugestivo que, campeón de una causa, haya sido el conductor histórico de una conciencia nacional, el creador de una metodología que enraizada en la concepción  hispano-federalista, lo vio antes que nadie, lo aplicó en acción positiva y su realización quedó marcada para siempre en el devenir argentino. Aun siendo de una simplicidad histórica elemental, la pasión federalista de Dorrego, con propiciar el “poder al pueblo”, desató las furias de los liberales, con proponer la “democracia política”, levantó los más enconados odios, con otorgar el “voto popular” le condenó a muerte la nefasta oligarquía, y con aplicar la “justicia social” desencadenó las iras de los enemigos del pueblo.

Todo ello no es poco, sin embargo para su época. El período que le tocó vivir era el más álgido de la inversión de los valores nacionales; con decir que se había perdido la dignidad política, la moral patriótica y la honestidad administrativa, todo se había perdido; desde la soberanía a la libertad, nada quedaba al pueblo —gran gestor de la independencia y de la defensa de las autonomías federales—. Sólo Dorrego encarnaba la defensa del patrimonio nacional, y de un pueblo escarnecido, sólo Dorrego tenía las banderas de redención y restauración de la argentinidad.

Militar, periodista y tribuno popular reunía la capacidad y la inteligencia para llevar a buen fin la regeneración del pueblo argentino. Su espada, su pluma, y su voz tenían el poder de realización. Su moral, su conciencia y su honestidad eran la garantía de su ejecución desde el Gobierno. Era en su carácter, en su físico y en sus antecedentes gloriosos, conductor y caudillo popular.

Sin medir pues todo este potencial de Dorrego, no es posible medir el gran drama de su muerte.  Sin valorar todo el contenido ideológico y la pasión humanista de Dorrego, no se alcanza a comprender el vil asesinato del 13 de diciembre de 1828, las furias desatadas, los enconados odios de la oligarquía y las iras de las logias y de la masonería internacional. Así, como todo se reunía en Dorrego para el bien, sus enemigos también se reunían para el mal. La historia no conjetura, los hechos de Dorrego y de sus enemigos están ampliamente probadas. Nada ha quedado ignorado de la acción política, social y económica de Dorrego, y también ha sido bien probada la decisión de fas logias de eliminarlo.

La preparación de un crimen monstruoso, fue gestada en base a la peligrosidad del gran acto del drama, preparada  fríamente la “ejecución”, organizada la “calumnia”, y buscado el brazo infeliz del “fusilamiento”. Nada fue dejado en la elaboración del “hecho histórico”; nada se pensó en la “justicia” de la historia; nada se olvidó para '"legalizar” el drama de Navarro, pero la verdad llegó y todo se supo del horrendo crimen.

De ahí la grandeza de Dorrego. Sus enemigos lo “valorizaron” en mérito al gran contenido popular y nacional; al valor y a la decisión de sus convicciones sociales y patrióticas, y, por encima de todo, a su integridad de estadista y de caudillo federalista. Su eliminación era la "necesidad” de la antipatria, la ambición de los mercaderes internacionales y de las logias liberales y unitarias.

jueves, 10 de febrero de 2022

Alberto Mondragón - Vida de Dorrego

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

49

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En el periódico El Puente de diciembre de 1968, se publicó el siguiente artículo del Dr. Alberto A. Mondragón.


VIDA PASIÓN Y MUERTE DE MANUEL DORREGO

por Alberto A. Mondragón


EL GUERRERO INTREPIDO

Alberto Mondragón
La estrella refulgente de Manuel Dorrego se apagó cruelmente el 13 de diciembre de 1828; ese crimen inaudito en los anales históricos argentinos, es desgraciadamente para la posteridad, un eslabón en los hechos que modificaron fundamentalmente la estructura y el sistema de la vida nacional.

Tan importante suceso, cuya valoración lo tuvo en ese momento histórico, repercutió hondamente en todo el ser nacional y constituye hoy un baldón y motivo de severo enjuiciamiento, a más de lección histórica inolvidable. Es por ello que la fecha de ese nefasto día, la pluma debe reflejar el proceso de autores, visibles y encubiertos, el estudio de la víctima ilustre, las consecuencias inmediatas y la secuela posterior.

La intensa vida del coronel Dorrego encierra ya una clave esclarecedora.

Nació Manuel Dorrego el 11 de junio de 1787, y desde joven, en su paso por el colegio de San Carlos, dejó huellas visibles de su acción. Estudiante aventajado era a la vez partícipe de gestos independientes, indicadores de un carácter en formación, recio y decidido, que anticipaba sus futuras actuaciones.

A los 20 años viaja a Chile donde influyó en el triunfo patriota del 18 de setiembre de 1810, mereciendo un premio recordatorio de su estada en el país trasandino, que le acordó una medalla con una inscripción que antidata su futura pasión política “Chile a su primer defensor”.

“A regresar a Buenos Aires se alista en las tropas noveles de la Revolución, actúa en SANSANA (17 de diciembre de 1811), y en NAZARENO (11 de enero de 1812), que preparaba su decisiva actuación en la batalla de SUIPACHA (12 de enero de 1812), siendo ascendido a Tte, Coronel las batallas de TUCUMAN (24 de septiembre de 1812) y SALTA (20 de febrero de 1813), acciones todas en donde Dorrego en cargas valientes y arriesgadas, con gestos de resolución personal, marginadas a la conducción de Belgrano, dan el triunfo a las armas patriotas.

Esa altivez digna y valiente del intrépido guerrero no se condiciona a la situación de una política impuesta por el Triunvirato y el Directorio otras “armas” y en otro terreno los políticos de Buenos Aires maniobran en “batallas”, las más perdidas de la diplomacia; Dorrego no conoce para ese entonces sino las refulgentes espadas y la mortífera metralla, los otros —Rivadavia, Alvear, Pueyrredón— acomodan su política inepta a los intereses extranacionales.

Pueyrredón lo aborrece y le teme, un decreto muy conciso y sin causa justificable le impone la pena de expatriación y.. . bien distante, a los Estados Unidos de Norteamérica, en donde se radica en 1817 en la ciudad de Baltimore.

Tres años pasa en los Estados Unidos, hasta su regreso a Buenos Aires el 6 de abril de 1820, llamado por Sarratea, cuyo decreto de amnistía en la parte resolutiva es digno de destacar, por considerar a Dorrego “...buen servidor e inocente de falsas imputaciones”.

EL TRIBUNO FEDERAL

Los directoriales asumen de retorno el poder, en un “maremagnum” de asuntos graves para el país, Rivadavia hipoteca las tierras públicas a la banca inglesa con el Banco Nacional y el empréstito Baring Brothers; se negocia con el Imperio del Brasil la pérdida de la Pcia. de la Banda Oriental; se impone una “presidencia” y una constitución “a palos y por cientos de decretos se crean hipotéticos castillos en el aire”, y en fin tantos dislates se derrumban estrepitosamente, y el gran derrumbador fue precisamente el coronel Manuel Dorrego.

El periodista ataca esa nefasta política antinacional; en artículos encendidos inflama un material reseco, propugna cambios fundamentales, denuncia a los actores y ejecutores de maniobras fraudulentas, ataca a la cabeza visible, es un fiscal incorruptible, es una pluma acerada, escribe con la “punta de la espada”.

El legislador Dorrego defiende al pueblo que los unitarios no quieren que vote —¡el pueblo no es unitario!— en el Congreso se discutió el proyecto de la Comisión que propugna una constitución, ese proyecto nos dá luz para el futuro del que era llamado, justamente por su defensa, el “padre de los pobres” y el “descamisado”.

Denuncia al Banco —una creación inglesa, con directores ingleses—, a los agiotistas —“aristocracia del dinero“—; da nombres de comprometidos y los que escuchan temen, el rencor nace, la venganza acecha, el crimen se organiza.

Nada deja Dorrego por denunciar, ni nada tampoco por esclarecer sobre la forma de gobierno, y si considera posible que por un gobierno centralista —como se tuvo— se hipoteque el país, era lógico considerar el peligro de pasar por “decreto” de un régimen a otro, dice Dorrego en la sesión del 28 de septiembre de 1826, ”...yo creo que no hay quien pueda creer que haya igual distancia y proporción bajo el sistema federal que bajo el sistema de unidad. Uno sólo gira bajo el sistema de unidad, bajo el nombre de Gobierno dispone toda la máquina y la hace rodar; pero bajo el sistema federal todas las ruedas giran a la par de la rueda grande”.

Todos sus alegatos en favor del régimen federal en lo económico, político y social, hacen de Dorrego el portaestandarte de un sistema deseado y querido por los pueblos; en una síntesis de claridad meridiana lo expone: “Opino por el sistema federal, porque creo que es el que quieren los pueblos, porque creo que es el únicamente aceptado”.

EL GOBERNANTE VALIENTE 

(Ituzaingó —20 de febrero de 1327— fue una victoria argentina frente al imperio esclavista del Brasil.

Esa guerra ganada, la perdió Rivadavia en las tratativas antidiplomáticas, la “paz” era una política de agregar más incompetencias a las ya pesadas situaciones internas, el “visionario”, el “más grande hombre civil de los argentinos”, dejaba una herencia de taras en todos los órdenes.

Al Coronel Manuel Dorrego le toca en suerte la “herencia” de hacerse cargo de ese presente griego que era el estado argentino. El 3 de agosto de 1827 toma la responsabilidad del poder como Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y con delegación de las Provincias las Relaciones Exteriores, y su primer acto es dar conocimiento del estado general y de la situación del país en un memorable “Mensaje” ante la Legislatura el 14 de septiembre de 1827, que por múltiples motivos es preciso detenerse para comprender el destino “prefijado” por sus enemigos en el triste fin de Dorrego.

Lo primero es “la restitución de la provincia”, es el primer acto de confianza, del cual “dependía la paz interior de los pueblos, el buen orden y respeto de la República” está claro en Dorrego la idea federalista. Luego habló del Banco, destacando el “cuadro aflictivo” de la economía del país. Hizo clara referencia sobre los “negociados” de las minas: “sin esperar sanción legislativa”. Por último y sobre la guerra contra el Brasil, prosigue ese extraordinario “Mensaje”: “Las filas de aquellos valientes se hallaban dislocadas por un disgusto pronunciado contra la conducta, ya militar, ya política...”. En este valiente y doloroso “Mensaje” Dorrego puso su claridad, sobre quienes eran los responsables del deshonor nacional y la situación gravísima del país. Si el 25 de septiembre no se borraba para las logias muy temibles, este 14 de septiembre confirmaba aplicar el destino “prefijado”.

El último acto del drama debía estar próximo.

 

EL MARTIR DEL CIPAYAJE

Resuelta la restitución provincial, a Dorrego cabe el llamado federal de reunir a sus colegas del interior, a los fines de consolidar el orden interno, sanear las economías provinciales y enfrentar al Imperio del Brasil.

La respuesta de las provincias fue unánime: Dorrego es la esperanza en el federalismo y en la prosecución nacional de lucha contra el Brasil; en ambas obtuvo el asentimiento, pues el interior generoso y comprensivo estaba en la pacificación; mérito destacable de Dorrego es haber creado una nueva República, una “pax federal” y una representación política y militar casi desconocida desde años de lucha por la libertad e independencia.

Los otros dos asuntos pendientes —la guerra del Brasil y el Banco “Nacional”— eran en sí dos paralelas intransitables para Dorrego, ambas dominadas por el imperio inglés; así, pues, mientras Dorrego reclutaba tropas, se buscaba el apoyo de Bolivar y se intrigaba con los mercenarios brasileros; alguien muy sutilmente destejía la tela que costosamente tejía Dorrego. Lord Ponsomby era el hábil y diligente diplomático que anulaba la tela, Dorrego muy doctrinario y Ponsomby con libras esterlinas; el primero creía en la soberanía americana, en la independencia nacional y en la libertad de los pueblos; el otro se apoyaba en el deterioro del país y en el nefasto Banco llamado “Nacional”, de Inglaterra.

A Ponsonby lo debemos considerar como el primer conspirador, y a él se unirá la logia unitaria, Dorrego mientras tanto no creía en una nueva catástrofe nacional, ¡volver al pasado tan remarcado justamente por él!, aún prevenido, seguía no creyendo; el ¡oven estanciero, Juan Manuel de Rosas, le dice: “El ejército nacional llega desmoralizado por esa logia que desde mucho tiempo atrás nos tiene vendidos; logia a que en distintas épocas ha avasallado a Buenos Aires, que ha tratado de estancar con su pequeño círculo a la opinión de los pueblos; logia ominosa y funesta contra la cual está alarmada la nación”.

La logia que menciona Rosas la formaban: “Aguero, Gallardo, Del Carril, Gómez y Varela, que en contacto con Lavalle —esa “espada sin cabeza” al decir de San Martín—, se lanzó al motín del 1° de diciembre de 1828.

Gestada la “revolución” pacientemente a la vista y oído de todos, Dorrego nada podía oponer, sino su propia voluntad valiente e intrépida, pero inoperante a la intriga y duplicidad del enemigo, tampoco se dejaba aconsejar. Fue traicionado por sus “amigos” y entregado al furor de la logia; llevado a Navarro se le fusiló sin juicio; por “mi orden” dijo Lavalle, con premura desusada en nuestras luchas civiles; pareciere que el banquillo del ajusticiado estaba preparado de antemano.

El 13 de diciembre de 1828 se cerró el ciclo de la intensa vida de Manuel Dorrego, pero no las terribles consecuencias políticas desencadenadas por su injusta muerte, al tribuno federal, al guerrero intrépido y al gobernante valiente, se dejó paso al mártir del cipayaje.

El silencio del sepulcro levantado en honor de Dorrego por un pueblo noble e inocente “que no fue cómplice de su muerte” puso fin a un proceso histórico, pero dio apertura a una esperanza en el destino nacional; la bandera caída es retomada por nuevas manos en una nueva etapa gloriosa del devenir argentino, la naciente Confederación Argentina asoma a la luz de la vida política, y el Caudillo conductor, llevará las banderas del federalismo y de la Restauración Nacional, Juan Manuel de Rosas es el destinado a concretar la gran aspiración del Coronel Manuel Dorrego.

viernes, 15 de octubre de 2021

Manuel Dorrego

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En el periódico Juan Manuel de Rosas - Órgano del revisionismo histórico N° 2 editado en agosto de 1987 por el Instituto Juan Manuel de Rosas de Investigaciones Históricas Filial General San Martín, fue publicado el siguiente artículo. 


Convención Arana Southern


RECORDANDO A MANUEL DORREGO

"Mártir de la Federación"

Recordación de Ramón Doll


Ramón Doll
A 158 años del sacrificio del Coronel Manuel Dorrego, ordenado por el General Juan Lavalle como Jefe del motín militar que lo derrocó el 1° de diciembre de 1828, aún están vigentes afirmaciones que el Instituto Juan Manuel de Rosas de Investigaciones Históricas —a poco de su fundación— le dedicaba como primer homenaje oficial en su flamante Revista N° 1 (Enero de 1939), en donde luego de reseñar los antecedentes históricos del alevoso hecho, terminaba afirmando:

La muerte de Dorrego fue un acto de espantosa tiranía, de terrorismo desproporcionado y estéril; los unitarios mismos han creído conveniente ensombrecer el cuadro haciendo saber a varias generaciones atónitas que esa muerte tuvo la desgraciada consecuencia de abrir las puertas a la Dictadura y el Despotismo. Nosotros creemos precisamente que si las ejecuciones fructifican algunas veces en la Historia, el sacrificio de Dorrego hizo variar los acontecimientos hacia el Gobierno mejor organizado e inspirado que hemos tenido los argentinos. Y de todos modos, demostró que Quiroga había tenido razón cuando al devolver la Constitución del 26 manifestó que no podía “rendirse a las cadenas con que se pretende ligarlo al carro del Despotismo”.

El 13 de diciembre ppdo. se cumplió un aniversario más del fusilamiento de Dorrego, no mereciendo el hecho —como ya es costumbre inveterada de la cultura oficial y de los medios de comunicación del sistema “democrático”— una recordación adecuada al infausto de triste memoria. Esta publicación en su carácter de Órgano del Revisionismo Histórico. en el deber de rendir su homenaje al MARTIR DE LA FEDERACION, consecuente asimismo, con la actualidad que reviste aquella primera recordación oficial del Instituto, ha considerado oportuno reproducir el discurso realizado el 13 de diciembre de 1938, en el mismo lugar que aconteció el fusilamiento del Prócer, ubicado en el campo denominado “El Talar” del Partido de Navarro, Provincia de Buenos Aires.

Los conceptos expresados en aquella ocasión por el Dr. Doll y que hoy suscribimos para el conocimiento de las nuevas generaciones decía así:


Manuel Dorrego
Ramón Doll
Hace hoy justamente 110 años, caía en este lugar el Coronel Dorrego, víctima de una orden de fusilamiento, en la que no se expresaba ni causa, ni motivo, ni siquiera pretexto alguno que fundamentara pena tan extrema.

Ningún tribunal civil o militar, ni juicio plenario, sumario o sumarísimo, había decidido en instancias procesales la muerte del gobernador de Buenos Aires, no se lo había escuchado, no se lo había notificado que un proceso fuese abierto donde él habría de comparecer como prevenido; por cierto que ni siquiera el General que decidió la orden de fusilamientos hizo leer en presencia del sentenciado y en la suya propia los términos de la decisión.

Quiero recalcar con toda energía esta circunstancia: la última pena dictada contra el Coronel Dorrego y ejecutada aquí mismo, careció de las más elementales, de las más sumarias garantías que ningún tribunal revolucionario o marcial del mundo y de la Historia, deja de acordar al reo. No hay un caso igual en las horrendas crónicas judiciales de la Convención revolucionaria de Francia en 1793; la más sanguinaria y cínica de las ejecuciones, no era realizada sin una apariencia de juicio previo, todo lo hipócrita y simulado que se quiera, pero que otorgaba al reo el magro consuelo al fin, de decir dos palabras en su defensa. Acaso, para encontrar un atentado parecido contra la defensa personal como el cometido con Dorrego habría que presenciar las ejecuciones de la Checa comunista en que simples comisarios de policía matan a los detenidos sin aviso previo y sin promediar una sola palabra entre juzgadores y juzgados.

Cómo habrá sido de enorme el atentado que poco después Salvador María del Carril le aconsejaba a Lavalle que simulara un proceso y un acta sobre todo lo ocurrido.

Y bien, señores: no me he detenido en la espantosa violación del fuero más sagrado y personal del hombre cual es el de la inviolabilidad de la defensa en el juicio, por un simple prurito de curiosidad histórica, ni con un menguado propósito de arrojar sombras sobre los responsables de aquel desafuero.

Mi anhelo es extraer alguna experiencia útil, aún para la actualidad, en la historia de aquel episodio.

Debéis saber que la muerte de Dorrego había sido planeada y ordenada antes en Buenos Aires por el Consejo Unitario presidido por el Dr. Julián Segundo de Agüero y compuesto por letrados y doctores que se llamaban Salvador María del Carril, Valentín Gómez, Juan Cruz Varela, y otros personajes de la élite porteña. En la noche del 30 de noviembre de 1828, aquel comité unitario dejó listos los preparativos del motín que estallaría en seguida; esa misma noche se acordó la muerte de Dorrego y se propuso también la de Rosas. Conocidas son, por lo demás, las cartas de Del Carril y Juan Cruz Varela, ratificando aquel acuerdo y recordándoselo a Lavalle, cuando éste tenía en sus manos al prisionero.

Lavalle, pues no fue más que el ejecutor de órdenes impartidas por un cenáculo de hombres de ley y de Universidad, ex-diputados al Congreso Constituyente de 1826, y ex Ministros de Rivadavia, como del Carril, de la Cruz, Agüero y Juan Cruz Varela. 

¿Quién eran estos hombres que así resolvían la ejecución inmediata de los funcionarios derrocados? ¿Cuál era la razón para que aún antes de proceder a su derrocamiento, le dictaran una sentencia inexorable por cuestiones meramente políticas?

Eran los mismos que pocos años antes hablan dictado una Constitución, la de 1826, donde pomposamente en su sección 8° se hacían declaraciones enfáticas sobre la libertad, la defensa en juicio, la propiedad y la vida de los habitantes. En esa constitución del 26, los doctores unitarios habían vertido las últimas novedades políticas; Rivadavia, Presidente de la República y autor de la avanzada carta, mantenía correspondencia con Benthan, que fabricaba constituciones “ad libitum” y a encargo. Por otro lado, en aquella carta del 26 se preciaban de ir más allá que cualquier otro Código político del mundo. Cuando se envió esa constitución a las provincias, la nota que la acompañaba decía entre otras cosas, al referirse a la inviolabilidad de la persona:

“Leed la sección 8° de la constitución y allí hallaréis todos los derechos consagrados. La seguridad personal, la igualdad legal, la inviolabilidad de las propiedades, la libertad de la opinión”. Y así seguía en ese tenor, recomendando a los pueblos las bellezas de aquellas garantías sacrosantas entre las cuales figuraba a justo título como la mejor de todas la que decía que ningún ciudadano sería penado sin juicio previo y sentencia legal.

Relacionemos, señores, las dos situaciones. La misma logia que en 1826 pretende asombrar al mundo dictando una Constitución libérrima, civilizadora, liberal, más avanzada que cualquier otra carta europea de la época, la misma logia ordena sin forma de proceso la muerte de un prisionero inerme. Allí en la Constitución del 26, más de 20 artículos sistematizando las conclusiones más adelantadas de la filosofía de la época, aquí una ejecución sobre el tambor ordenada de antemano por un comité secreto.

No habría explicación posible de semejante contradicción entre las decisiones de un núcleo que se tenía por dirigente y áulico, si no recordáramos que la Constitución liberal del 26 fue rechazada violentamente por toda la nación y que la logia presidida por Agüero estaba dispuesta a imponerla a la fuerza, removiendo todos los obstáculos, el primero Dorrego, y luego todos los caudillos del interior.

Dicho de otra manera, Dorrego fue fusilado porque en ese momento representaba la resistencia de todo el país y todo el pueblo a la constitución liberal.

¡Qué gran lección podemos aprender en los antecedentes y consecuentes del drama del que no se sabe si aquí en este lugar se jugará el nudo o el desenlace! Si hay que fusilar sin forma de juicio a un gobernador, porque encarna la voluntad de resistencia del pueblo hacia una Constitución liberal, ahita de ideologías extranjeras, quiere decir que ya en 1828, la historia, por medio de la violenta eliminación de un hombre lustre, nos estaba haciendo signos inequívocos de que siempre correríamos el peligro de ser víctimas de un engaño desgraciado por medio de falsas declaraciones libertarias, escritas en el papel pero ajenas a la Nación.

He aquí la postrer enseñanza del prócer que aquí fuera sacrificado en hora aciaga: él recibía en su cuerpo el embate de todas las fuerzas de opresión que por medio de una Carta que en su letra hablaba de libertades, en su espíritu no traía sino violencia y tiranía, terror y opresión. Transpongamonos fechas, recordemos que veinticinco años después, una Constitución plagada con la ayuda de los mismos pleonasmos liberales, fue impuesta al país con la ayuda de ejércitos extranjeros, y quizás podemos leer en este fusilamiento todo el drama nacional que compendió. Es decir, la lucha constante del país real con un derecho público que lo oprime y lo deforma. La ejecución de Dorrego es la demostración evidente de que las llamada libertades liberales no son más que instrumentos de tiranía y por eso, es el mismo pueblo quien las rechaza. Es cierto que en 1828 aquel crimen provocó una reacción saludable: el gobierno de Rosas, pero también es desgraciadamente cierto que ya estaba evidenciando que en aquella fecha aquellos ideólogos no vacilarían jamás en cuanto se tratase de infiltrar en el país las doctrinas más exóticas y disolventes.

No vacilarían ante nada; ni ante un crimen, ni ante una alianza con el extranjero, ni ante la desmembración del país, ni ante nada. Esta es la prueba histórica.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Dorrego y Rosas

  Publicado en diario Clarín el 15 de setiembre de 2021  

Diario Clarín


El 15 de setiembre de 2021, en la página 2 del diario Clarín, salió publicado un pequeño artículo en la columna "Pido la palabra", sin firma, titulado El adiós de Dorrego antes de ser fusilado, que se transcribe a continuación:

“Mi querida Angela: en este momento me intiman a que dentro de una hora debo morir, ignoro porqué. Mas la providencia divina, en la cual confío en este momento crítico, así lo ha querido. Perdono a todos mis enemigos y suplico a mis amigos que no den paso alguno en desagravio de lo recibido por mí. Mi vida, educa a esas amables criaturas, sé feliz, ya que no lo has podido ser en compañía del desgraciado. Mi querida Angelita: te acompaño esta sortija para memoria de tu desgraciado padre. Mi querida Isabel: te devuelvo los tiradores que hiciste a tu infortunado padre. Sed católicos y virtuosos. Mi vida: mándame hacer funerales, y que sean sin fausto. Otra prueba de que muero en la religión de mis padres. Tu Manuel.” Manuel Dorrego a su esposa Angela y a sus hijas, 13 de diciembre de 1828. (Mensaje póstumo del gobernador bonaerense antes de ser fusilado por su anterior compañero de armas, el general Juan Lavalle, quien lo había vencido en la batalla de Navarro. Dorrego murió en total aislamiento político, perseguido por los unitarios y abandonado por los federales, entre ellos Juan Manuel De Rosas.)


Como es bastante común, siempre surge la figura de Rosas, atribuyéndole conductas que no son ajustadas a la verdad histórica, como en este caso, haciendo recaer sobre él, cierta responsabilidad en la muerte de Dorrego.

A fin de aclarar los hechos acaecidos en aquél momento tan triste de la historia nacional, ese mismo día, envié una carta al matutino para ser publicada en la sección Cartas al país, pero lamentablemente no tuve suerte en que fuera publicada, posiblemente por la repercusión de los resultados de las PASO (elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias), que habían tenido lugar el día domingo precedente, por lo cual las cartas publicadas por esos días se referían a dicho tema. 

La transcribo a continuación para que los seguidores de este Blog, puedan conocerla.

Señor Director del diario Clarín

En la columna “Pido la palabra” de la edición del 15 ppdo, su autor hizo referencia a la desgarradora carta que el coronel Dorrego envió a su esposa e hijas el 13 de diciembre de 1828, momentos antes de ser fusilado por el amotinado general unitario Juan Lavalle. Al final de la nota el autor afirma que Dorrego fue abandonado por los federales y especialmente por Juan Manuel de Rosas. Nada más inexacto.

Pocos días antes de que ese jefe unitario se amotinara contra el legítimo gobernador de la provincia de Buenos Aires Manuel Dorrego, habían arribado a la ciudad las experimentadas y veteranas tropas que habían combatido contra el Imperio del Brasil, al frente de las cuales se encontraba Lavalle y con las que se amotinó. Cuando los allegados a Dorrego, entre ellos Rosas, quisieron hacerle ver el peligro que se avecinaba de un golpe contra su gobierno, el mandatario no dio crédito a tales advertencias y recién al momento de producirse el hecho, tuvo que huir apresuradamente por la puerta trasera del fuerte –lo que hoy es la Casa Rosada-, para resguardar su vida.

El derrocado Dorrego se dirigió al encuentro de Juan Manuel de Rosas, quien en esos momentos era comandante general de milicias de caballería de la provincia. Estas milicias no tenían ni el armamento, ni la experiencia, ni la formación militar de aquellos veteranos, por lo cual en un enfrentamiento, serían derrotadas. Viendo la realidad y en tal situación Rosas aconsejó a Dorrego retirarse ambos hacia Santa Fe y unir fuerzas con las del gobernador federal de esa provincia Estanislao López, para de esa forma enfrentar a las fuerzas amotinadas, con mayor posibilidad de éxito. Dorrego, que era bastante cabeza dura no hizo caso a ese consejo –como no lo había hecho pocos días antes cuando sus amigos le quisieron hacer ver el peligro del amotinamiento de las tropas- y decidió enfrentar a Lavalle en los campos de Navarro, donde y como era previsible, fue derrotado. Posteriormente se dirigió a una unidad militar que creyó amiga, donde fue apresado y el coronel Escribano, lo entregó a Lavalle, quien siguiendo el consejo de ciertos y nefastos personajes unitarios, procedió a fusilarlo sin motivo alguno. 

Ni Rosas, ni ningún federal abandonó a Dorrego -como se afirma en la nota-, fue éste quién no hizo un análisis de la realidad y por testarudez se metió solo en la boca del lobo.

Los hechos posteriores dieron la razón a Rosas en su determinación de retirarse con las milicias hacia Santa Fe, para al año siguiente poder vencer y desalojar al usurpador Lavalle de la gobernación de la provincia.

                                                                                        Norberto Jorge Chiviló