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jueves, 20 de julio de 2023

La unidad nacional de Rosas

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

197


Libre navegación de los ríos



En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

El siguiente artículo se publicó en el periódico Juan Manuel de Rosas  N° 1 de octubre de 1986.


Con la suma del poder a la unidad nacional

Por Jaime González Polero 


La unidad nacional
Rosas. Autor desconocido. Pintura sobre marfil,
6 x 5 cms. Marco de madera de época.


El 13 de abril de 1835, rodeado de dramáticas circunstancias JUAN MANUEL DE ROSAS asumía por segunda vez el Gobierno como Jefe de la Confederación Argentina. Reclamado por la opinión general de la ciudad y campaña e investido con la Suma del Poder, inauguraba el más esforzado y proficuo período histórico de la época. Su dilatada y necesaria actuación, afianzó la Unidad Nacional facilitando la formación del Estado. 

Con anterioridad, Rosas había ejercido el mando desde 1829 a 1832 y con el uso de las facultades extraordinarias, restableciendo el orden y las leyes conculcadas por la disociación unitaria y la guerra civil, debió enfrentar a los ejércitos de Paz y de Lavalle, a los cuales sometió con la valiosa ayuda del caudillo federal del interior General Juan Facundo Quiroga. 

Paralelamente, el Restaurador había proyectado, previa restitución de la tranquilidad de los pueblos y la autoridad de los respectivos gobiernos, proceder mediante actos jurídicos serios, a la reunificación de las originales Provincias Unidas: "Su plan consistió en redactar un pacto de Confederación, que una vez aceptado por las provincias no les permitiese nunca más salirse de la Unión; y por el encargo de las Relaciones Exteriores, provisto de facultades extraordinarias crear, a las buenas o a las malas, pero siempre teniendo en cuenta la ley de su parte, la amplia jurisdicción de una magistratura nacional suprema”. (1)

Este plan primigenio, luego sería ratificado y ampliado, el que junto a las consideraciones políticas explicitadas en su famosa “Carta de la Hacienda de Figueroa” (Diciembre de 1834 a Quiroga), fueron piedras angulares de la futura Constitución Nacional. La unión la lograría con la suscripción del Pacto Federal de 1831 el más importante de los pactos preexistentes entre Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y luego Corrientes, al que paulatinamente se fueron adhiriendo las demás provincias.

Rosas fue coherente al proponer el Pacto Federal, el que no obstante haber sido resistido en 1830, luego en 1831, las provincias federadas amenazadas por la campaña bélica del General Paz, lo aceptaron inmediatamente. Pero para comprender el porqué del necesario otorgamiento de la suma del poder, es indispensable recordar que, al devolver las facultades extraordinarias en 1832, el hecho obligó a Rosas a no seguir gobernando, con lo cual su obra integradora quedó interrumpida; volviéndose al poco tiempo, por la defección de los gobernantes que le sucedieron, a la anarquía y al peligro de disolución nacional.

Por ello en 1835, ante la situación imperante, comprobados los alcances del siniestro “plan de sangre y escándalo”, denunciado en Noviembre de 1834 por el entonces enviado argentino en Londres Dr. Manuel Moreno, ante los asesinatos de los gobernadores Latorre y Quiroga, las conspiraciones del Litoral y el Norte en pleno desarrollo y las amenazas de regresión a la dependencia europea, el Restaurador no podía aceptar nuevamente el Gobierno si no era investido con la suma del poder, considerando que a esa altura de los acontecimientos, de grave peligro interior y exterior, las facultades extraordinarias eran insuficientes.

En aquel momento, la suma del poder no solo era necesaria para terminar con la violencia interna y preservar la integridad territorial e ir formando el Estado a través de una Presidencia fuerte e integradora, sino también para restaurar el orden consuetudinario, perturbado por las elucubraciones unitarias y liberales que trastocaron las tradicionales instituciones de la sociedad, para compatibilizarlas con los “nuevos tiempos''. Por eso, la vigencia de las antiguas leyes españolas, como de las leyes y decretos nacionales y provinciales posteriores a 1810, a través del poder supremo de Rosas, fueron tomando coherencia, inaugurando un régimen que fue ejemplo de republicanismo con sentido netamente americano. 

Contrariamente a lo sostenido por los historiógrafos liberales, en sus folletinescas crónicas de la “sangrienta tiranía” la vilipendiada Suma de Poder fue tan indispensable como legítima, dado que fue votada primero por la Legislatura y luego ratificada mediante un prolijo plebiscito. Por otra parte, jamás fue utilizada discrecionalmente, pues Rosas continuó en su gobierno sometiéndose al régimen representativo, tratando de legitimar sus actos mediante el apoyo legislativo; las excepciones en que hizo uso de ellas fueron contadas y adoptadas ante casos graves o de interés trascendental, tales como la sanción de la Ley de Aduanas; el juzgamiento como Juez Supremo de los asesinos de Quiroga (verdadero caso federal) y el delito eclesiástico por escándalo grave y robo sacrílego de Camila 0'Gorman y el Cura Gutiérrez. ‘‘Los fusilamientos que ordenara personalmente, lo fueron en su carácter de Jefe del Ejército y por imperio de la ley marcial” (2).

Rosas que carecía de cálculos mezquinos, no estuvo dispuesto a la aceptación del gobierno de cualquier manera, siempre prefirió llamar las cosas por su nombre; por ética, temperamento y convicción reclamó la suma del poder, sin importarle el costo político que ello implicaba; así en una de sus tantas renuncias a la Legislatura decía: “...sin facultades extraordinarias, el poder de los enemigos podríalo en el caso de atropellar la ley para salvar el orden, o desacreditarse permitiendo la anarquía dentro del respeto de la ley”; precisamente esto último es lo que hicieron siempre sus enemigos y los liberales que le sucedieron a partir de 1852, quienes en nombre de la “libertad”, la “civilización”, la “constitución” y los “grandes destinos’’; asolaron, mataron y burlaron la voluntad de los pueblos, con una saña tan feroz como sus hipócritas conductas.

Durante los 17 ajetreados años que duró su segundo gobierno, se concretaron metas trascendentales: La Ley de Aduanas de 1835 en defensa de las economías regionales y de protección a la producción local contra la competencia extranjera; la consolidación de las fronteras; el reconocimiento de la navegación exclusiva de los ríos interiores para la Confederación Argentina y los triunfos diplomáticos y de guerra más importantes, jamás igualados en nuestra historia, como lo fueron la firma de las Convenciones Arana-Mackau de 1840, Arana-Southern de 1849 y Arana-Le Predour de 1850; en pie de igualdad con los reinos de Francia e Inglaterra. La Unidad Nacional: la consiguió, más que por la derrota de los unitarios y el sometimiento por la fuerza, a través de su prédica constante, por medio de una permanente correspondencia con los gobiernos provinciales, en una esmerada y convincente dialéctica, sin precedentes, sostenida por el ejemplo de su conducta y la lógica de sus conclusiones de estadista.

A Rosas solo le faltaba liquidar el viejo pleito con el Brasil, cuando estaba a punto de conseguirlo, lo frustró su lugarteniente Urquiza, que se pasó al enemigo y con éste se vino a Buenos Aires, donde en Caseros la patria perdió sus mejores posibilidades de grandeza. Pero la obra de Rosas sería imperecedera; desde aquel 1820 en que apareció venciendo a la anarquía a 1852, en que entregó las provincias unificadas a su ocasional vencedor, le permitió a Urquiza convocar el “Acuerdo de San Nicolás”, el que pudo suscribirlo con todos los gobernadores de Rosas. Lamentablemente, la unidad de Urquiza no fue la misma; mezclado con los unitarios en el gobierno, sobrevendría el cisma y de nuevo la anarquía y la guerra civil, para luego, sepultada definitivamente la Confederación, dar paso a la República Liberal, subsidiaria de la extranjería, que terminaría recién en 1945, pero esto es otra historia.

No obstante nos quedó lo fundamental de JUAN MANUEL DE ROSAS: su sentido ético de la política, su ejemplo en el fiel acatamiento al principio de la autoridad y a las leyes; su magistratura aglutinadora y la importancia de su acendrado nacionalismo, que debemos tomar como ejemplo todos los argentinos, sobre todo, en momentos tan graves como los de aquel lejano 1835.  

1 y 2) Julio Irazusta “Ensayo sobre Rosas” Ed. Megáfono 1935.

Rosas y la libre navegación de los ríos

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

196


Libre navegación de los ríos



En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

El siguiente artículo se publicó en el periódico Juan Manuel de Rosas  N° 1 de octubre de 1986.


ROSAS y la libre navegación de los ríos

Por Juan Carlos Occhiuzzi Agrelo


Libre navegación de los ríos
Pedro de Ángelis
Conocer el pasado es un inexcusable deber del patriotismo; solamente en él podemos hallar explicación a los acontecimientos que se produjeron en el país durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas y en los posteriores al 3 de febrero de 1852. La confrontación de documentos de acontecimientos que tuvieron decisiva influencia en el desarrollo histórico y político argentino, ponen en evidencia la existencia de dos concepciones opuestas generadoras de pasiones fuertes y exaltadas que concluyó con el predominio de una de ellas que en la década del 60 terminó la era de “gauchos” y los “caudillos”, produciendo el retorno de capitales británicos en busca de oportunidades en la Argentina (1).

A partir de entonces se materializó “el desarrollo argentino como un con de la empresa comercial británica y de la elevación de los ingresos reales de Gran Bretaña” (2). La sujeción económica de la Argentina al Reino Unido y la vocación europeizante del régimen que sustituyó al de la Confederación Argentina imprimió en las Relaciones exteriores una política que excluyó a la Argentina de su hábitat natural, Latinoamérica, al volcar su acción preferentemente hacia Europa.

El 20 de abril de 1849, en el “Journal des Debats’’ bajo el título de “El General Rosas y la cuestión del Plata", trata el punto de vista europeo sobre la soberanía territorial de los ríos en Sur América y se podrá hallar en esa publicación elementos constitutivos para analizar los acontecimientos que sacudieron a nuestra patria con motivo de la intervención extranjera en el Rio de la Plata entre los años 1838 y 1850. Durante estos doce años de tramitaciones farragosas, pobladas de sutilezas y falsías, esgrimiendo los grandes principios de libertad, civilización y democracia, se escondían las pretensiones de Fruc1uoso Rivera de constituir con el apoyo de los imperialismos europeos, la Federación Uruguaya integrada por Uruguay, Entre Ríos y Corrientes por una parte, la solapada intención de Urquiza de constituir la República Mesopotámica, con Entre Ríos, Corrientes, Misiones y la posible incorporación de Santa Fe y por el otro lado el Paraguay que procuraba el reconocimiento de su independencia con apoyo brasileño; todo ello conjuntamente con la pretensión francesa de establecer en Montevideo una “colonia francesa” a la que serviría de base los emigrantes vasco-franceses radicados en ella.

Por otra parte el gran valle del Plata cuya única salida comercial se encuentra prácticamente en su parte inferior, incluida algunos de los territorios más ricos del Imperio Brasileño. Para Río de Janeiro abandonar el dominio de ambas márgenes del Rio de la Plata en manos poco amigas, sin asegurarse para sí la libre navegación de los ríos equivalía a trabar para siempre el progreso de aquellas regiones” (3).

El establecimiento de la libre navegación de los ríos interiores en nuestra constitución, nos coloca en presencia de un acontecimiento que luego del casi siglo y medio de producido, su proyección y su influencia sobre el desarrollo geopolítico del presente involucra “cuestiones candentes de política” cuya dilucidación nos permitirá analizar el presente desde una óptica positiva para el futuro, analizando todas las premisas e hipótesis que entran en la consideración de esta cuestión, particularmente la polémica desatada entre Pedro de Ángelis, que actuaba por orden de Juan Manuel de Rosas y Juan Bautista Alberdi, sobre la libre navegación de los ríos interiores de la República estrechamente vinculado a su posterior desarrollo geopolítico en la hoy denominada Cuenca del Plata. La publicación de las ideas de Rosas a través de la pluma de de Ángelis en el “Archivo Americano’, permitió exponer en forma eficaz la causa argentina a todas las partes involucradas. 

A consecuencia de la derrota de la Confederación Argentina en los campos de Caseros, ante una fuerza internacional, el antiguo Virreinato del Rio de la Plata que, en 1810, tenía una sola frontera en todo el complejo hídrico del río de la Plata; la colonial española-brasileña, hoy en la Cuenca del Plata hallamos ocho fronteras a saber: Bolivia con Brasil, Paraguay y Argentina; Paraguay con Brasil y Argentina; Uruguay con Brasil y Argentina y la Argentina con Brasil, condicionando cualquier emprendimiento hídrico-eléctrico o caminero que queramos hacer aguas abajo en esa Cuenca; porque nuestros ríos están internacionalizados por obra y gracia del artículo 26 de nuestra Constitución Nacional, dando supremacía al Brasil en una política buscada desde los tiempos de la colonia y apoyada no solo por Inglaterra sino también por los Estados Unidos de Norteamérica como lo evidencia la nota de Henry Wise al Secretario de Estado Calhoun del 12 de enero de 1845 donde dice: “El tema favorito de todos aquellos a quienes trato es el de una “Política Americana”. Esta tiene para ellos el mismo significado que yo quisiera darle. Los Estados Unidos y Brasil son las hermanas mayores de Norte y Sudamérica y son moralmente responsables por todas las familias del nuevo mundo. Me reclaman la intervención de los Estados Unidos en los asuntos de Montevideo y Buenos Aires y mi respuesta favorable es que el Brasil debe tener preferencia para ofrecer sus buenos oficios y medias en Sudamérica (4).

La enjundiosa defensa de los derechos argentinos a controlar y tutelar las vías fluviales que cruzan el territorio nacional en ejercicio de irrenunciable soberanía, sostenida por Rosas, fue agotada luego de la batalla de Caseros con el reconocimiento de la independencia del Paraguay por parte de la confederación Argentina bajo el gobierno de Urquiza el 15 de Julio de 1852 y ratificada por ley el 4 de junio de 1856.

De esta forma la posesión originaria de duración incesante, pasa a carecer de realidad al hacer dimisión de sus derechos, la autoridad suprema, a los espacios geográficos debatidos y queda convalidada su internacionalización con la sanción de la Constitución de 1853, amparada por Urquiza y propiciada por Juan Bautista Alberdi, quién sostenía:

“El enemigo capital de la unidad pura de la República, no es Don Juan Manuel de Rosas, sino el espacio de doscientas mil leguas cuadradas en que se deslice, como gota de carmín en el rio Paraná; el puñadito de nuestra población de un millón escaso". (5)

Y refiriéndose a los ríos, para defender la libre navegación afirmaba; “Esos caminos que andan son otro medio de internar la acción civilizadora de Europa. Los ríos que se navegan son como si no existieran. Hacerlos del dominio exclusivo de nuestras banderas indigentes y pobre es como tenerlos sin navegación. Proclamad la libertad de sus aguas y para que sea permanente, para que la mano inestable de nuestros gobiernos no derogue hoy lo que acordó ayer, firmad tratados perpetuos de libre navegación”. (6)

Con el evidente propósito de vencer la resistencia producida por la prédica de de Ángelis, que había apoyado su tesis en los principios enunciados por Vattel, Chitty y Vico, aconsejaba Alberdi en su fiebre libertaria; “Para escribir estos Tratados no leáis a Wattel ni a Martens, no recordéis el Elba y el Mississipi. Leed el libro de las necesidades de América del Sud y lo que ellas dicten. La Aduana es la prohibición, es un impuesto que debiera borrarse de las rentas Sudamericanas. No más exclusiones, ni clausura, sea cual fuere el color que se invoque. No más exclusivismos en nombre de la Patria. Abrid sus puertas de par en par a la entrada majestuosa el mundo, sin discutir si es por concesión o por derecho y para pre venir cuestiones abridlas antes de discutir”. (7) 

Y es así como fueron abiertas las venas líquidas de nuestra patria a cuantos quisieran surcarlas con sus proas, sin tener siquiera la compensación de la reciprocidad de algún beneficiario agradecido. Si alguna consideración especial lo justificara, creemos hallar explicación válida en tres elementos de juicio que pueden conducirnos a ello. El reconocimiento de la independencia del Paraguay que, hasta 1852, el Gobierno de la Confederación Argentina consideraba provincia integrante de la jurisdicción argentina. La aspiración secular del imperio del Brasil a la libre navegación de sus barcos por aguas interiores argentinas y a la apertura de los puertos interiores al comercio de los buques extranjeros, afanosamente buscada por las potencias ultramarinas utilizando para ello, cuanto medio político, económico y militar tuvieran a su alcance. 

Todos estos antecedentes que vistos aisladamente pueden conducir a conclusiones divergentes, constituyen en su conjunto factores gravitantes de capital importancia que marcaron la impronta de la política exterior argentina, cuyo nacimiento se produce el 3 de febrero de 1852. 

 

(1 y 2) H.S. Ferns “Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX”. 

(3 y 4) John F. Cady “La intervención extranjera en el Río de la Plata". 

(5, 6 y 7) Juan Bautista Alberdi. “Bases…”.

viernes, 5 de mayo de 2023

Dorrego - Ramón Doll - Periódico Juan Manuel de Rosas

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

188

Fermín Chávez



En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

El siguiente artículo se publicó en el periódico Juan Manuel de Rosas  N° 2 de agosto de 1987.


Ramón Doll
Recordando a Manuel Dorrego

"Mártir de la federación"

Recordación de Ramón Doll 


A 158 años del sacrificio del Coronel Manuel Dorrego, ordenado por el General Juan Lavalle como Jefe del motín militar que lo derrocó el 1° de diciembre de 1828, aún están vigentes afirmaciones que el Instituto Juan Manuel de Rosas de Investigaciones Históricas —a poco de su fundación— le dedicaba como primer homenaje oficial en su flamante Revista N° 1 (Enero de 1939), en donde luego de reseñar los antecedentes históricos del alevoso hecho, terminaba afirmando:

“La muerte de Dorrego fue un acto de espantosa tiranía, de terrorismo desproporcionado y estéril; los unitarios mismos han creído conveniente ensombrecer el cuadro haciendo saber a varias generaciones atónitas que esa muerte tuvo la desgraciada consecuencia de abrir las puertas a la Dictadura y el Despotismo. Nosotros creemos precisamente que si las ejecuciones fructifican algunas veces en la Historia, el sacrificio de Dorrego hizo variar los acontecimientos hacia el Gobierno mejor organizado e inspirado que hemos tenido los argentinos. Y de todos modos, demostró que Quiroga había tenido razón cuando al devolver la Constitución del 26 manifestó que no podía “rendirse a las cadenas con que se pretende ligarlo al carro del Despotismo”.

La muerte de Dorrego
Ramón Doll
El 13 de diciembre ppdo. se cumplió un aniversario más del fusilamiento de Dorrego, no mereciendo el hecho —como ya es costumbre inveterada de la cultura oficial y de los medios de comunicación del sistema “democrático”— una recordación adecuada al infausto de triste memoria. Esta publicación en su carácter de Órgano del Revisionismo Histórico. en el deber de rendir su homenaje al MARTIR DE LA FEDERACION, consecuente asimismo, con la actualidad que reviste aquella primera recordación oficial del Instituto, ha considerado oportuno reproducir el discurso realizado el 13 de diciembre de 1938, en el mismo lugar que aconteció el fusilamiento del Prócer, ubicado en el campo denominado “El Talar” del Partido de Navarro, Provincia de Buenos Aires.

Los conceptos expresados en aquella ocasión por el Dr. Doll y que hoy suscribimos para el conocimiento de las nuevas generaciones decía así:

“Hace hoy justamente 110 años, caía en este lugar el Coronel Dorrego, víctima de una orden de fusilamiento, en la que no se expresaba ni causa, ni motivo, ni siquiera pretexto alguno que fundamentara pena tan extrema.

Ningún tribunal civil o militar, ni juicio plenario, sumario o sumarísimo, había decidido en instancias procesales la muerte del gobernador de Buenos Aires, no se lo había escuchado, no se le había notificado que un proceso fuese abierto donde él habría de comparecer como prevenido; por cierto que ni siquiera el General que decidió la orden de fusilamientos hizo leer en presencia del sentenciado y en la suya propia los términos de la decisión.

Quiero recalcar con toda energía esta circunstancia: la última pena dictada contra el Coronel Dorrego y ejecutada aquí mismo, careció de las más elementales, de las más sumarias garantías que ningún tribunal revolucionario o marcial del mundo y de la Historia, deja de acordar al reo. No hay un caso igual en las horrendas crónicas judiciales de la Convención revolucionaria de Francia en 1793; la más sanguinaria y cínica de las ejecuciones, no era realizada sin una apariencia de juicio previo, todo lo hipócrita y simulado que se quiera, pero que otorgaba al reo el magro consuelo al fin, de decir dos palabras en su defensa. Acaso, para encontrar un atentado parecido contra la defensa personal como el cometido con Dorrego habría que presenciar las ejecuciones de la Checa comunista en que simples comisarios de policía matan a los detenidos sin aviso previo y sin promediar una sola palabra entre juzgadores y juzgados.

Cómo habrá sido de enorme el atentado que poco después Salvador María del Carril le aconsejaba a Lavalle que simulara un proceso y un acta sobre todo lo ocurrido.

Y bien, señores: no me he detenido en la espantosa violación del fuero más sagrado y personal del hombre cual es el de la inviolabilidad de la defensa en el juicio, por un simple prurito de curiosidad histórica, ni con un menguado propósito de arrojar sombras sobre los responsables de aquel desafuero.

Mi anhelo es extraer alguna experiencia útil, aún para la actualidad, en la historia de aquel episodio.

Debéis saber que la muerte de Dorrego había sido planeada y ordenada antes en Buenos Aires por el Consejo Unitario presidido por el Dr. Julián Segundo de Agüero y compuesto por letrados y doctores que se llamaban Salvador María del Carril, Valentín Gómez, Juan Cruz Varela, y otros personajes de la élite porteña. En la noche del 30 de noviembre de 1828, aquel comité unitario dejó listos los preparativos del motín que estallaría en seguida; esa misma noche se acordó la muerte de Dorrego y se propuso también la de Rosas. Conocidas son, por lo demás, las cartas de Del Carril y Juan Cruz Varela, ratificando aquel acuerdo y recordándoselo a Lavalle, cuando éste tenía en sus manos al prisionero.

Lavalle, pues no fue más que el ejecutor de órdenes impartidas por un cenáculo de hombres de ley y de Universidad, ex-diputados al Congreso Constituyente de 1826, y ex Ministros de Rivadavia, como del Carril, de la Cruz, Agüero y Juan Cruz Varela. 

¿Quién eran estos hombres que así resolvían la ejecución inmediata de los funcionarios derrocados? ¿Cuál era la razón para que aún antes de proceder a su derrocamiento, le dictaran una sentencia inexorable por cuestiones meramente políticas?

Eran los mismos que pocos años antes habían dictado una Constitución, la de 1826, donde pomposamente en su sección 8° se hacían declaraciones enfáticas sobre la libertad, la defensa en juicio, la propiedad y la vida de los habitantes. En esa constitución del 26, los doctores unitarios habían vertido las últimas novedades políticas; Rivadavia, Presidente de la República y autor de la avanzada carta, mantenía correspondencia con Benthan, que fabricaba constituciones “ad libitum” y a encargo. Por otro lado, en aquella carta del 26 se preciaban de ir más allá que cualquier otro Código político del mundo. Cuando se envió esa constitución a las provincias, la nota que la acompañaba decía entre otras cosas, al referirse a la inviolabilidad de la persona:

“Leed la sección 8° de la constitución y allí hallaréis todos los derechos consagrados. La seguridad personal, la igualdad legal, la inviolabilidad de las propiedades, la libertad de la opinión”. Y así seguía en ese tenor, recomendando a los pueblos las bellezas de aquellas garantías sacrosantas entre las cuales figuraba a justo título como la mejor de todas la que decía que ningún ciudadano sería penado sin juicio previo y sentencia legal.

Relacionemos, señores, las dos situaciones. La misma logia que en 1826 pretende asombrar al mundo dictando una Constitución libérrima, civilizadora, liberal, más avanzada que cualquier otra carta europea de la época, la misma logia ordena sin forma de proceso la muerte de un prisionero inerme. Allí en la Constitución del 26, más de 20 artículos sistematizando las conclusiones más adelantadas de la filosofía de la época, aquí una ejecución sobre el tambor ordenada de antemano por un comité secreto.

No habría explicación posible de semejante contradicción entre las decisiones de un núcleo que se tenía por dirigente y áulico, si no recordáramos que la Constitución liberal del 26 fue rechazada violentamente por toda la nación y que la logia presidida por Agüero estaba dispuesta a imponerla a la fuerza, removiendo todos los obstáculos, el primero Dorrego, y luego todos los caudillos del interior.

Dicho de otra manera, Dorrego fue fusilado porque en ese momento representaba la resistencia de todo el país y todo el pueblo a la constitución liberal.

¡Qué gran lección podemos aprender en los antecedentes y consecuentes del drama del que no se sabe si aquí en este lugar se jugará el nudo o el desenlace! Si hay que fusilar sin forma de juicio a un gobernador, porque encarna la voluntad de resistencia del pueblo hacia una Constitución liberal, ahita de ideologías extranjeras, quiere decir que ya en 1828, la historia, por medio de la violenta eliminación de un hombre ilustre, nos estaba haciendo signos inequívocos de que siempre correríamos el peligro de ser víctimas de un engaño desgraciado por medio de falsas declaraciones libertarias, escritas en el papel pero ajenas a la Nación.

He aquí la postrer enseñanza del prócer que aquí fuera sacrificado en hora aciaga: él recibía en su cuerpo el embate de todas las fuerzas de opresión que por medio de una Carta que en su letra hablaba de libertades, en su espíritu no traía sino violencia y tiranía, terror y opresión. Transpongámonos fechas, recordemos que veinticinco años después, una Constitución plagada con la ayuda de los mismos pleonasmos liberales fue impuesta al país con la ayuda de ejércitos extranjeros, y quizás podemos leer en este fusilamiento todo el drama nacional que compendió. Es decir, la lucha constante del país real con un derecho público que lo oprime y lo deforma. La ejecución de Dorrego es la demostración evidente de que las llamadas libertades liberales no son más que instrumentos de tiranía y por eso, es el mismo pueblo quien las rechaza. Es cierto que en 1828 aquel crimen provocó una reacción saludable: el gobierno de Rosas, pero también es desgraciadamente cierto que ya estaba evidenciando que en aquella fecha aquellos ideólogos no vacilarían jamás en cuanto se tratase de infiltrar en el país las doctrinas más exóticas y disolventes.

No vacilarían ante nada; ni ante un crimen, ni ante una alianza con el extranjero, ni ante la desmembración del país, ni ante nada. Esta es la prueba histórica”.

martes, 2 de mayo de 2023

Fermín Chávez - Darwin - Expedición al Desierto de 1833

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

187

Fermín Chávez



En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En el periódico Juan Manuel de Rosas  N° 2 de agosto de 1987, se publicó el siguiente artículo del historiador Fermín Chávez.




Darwin, Rosas y el árbol  del gualicho

por  Fermín Chávez 

 

Bajo el título que aquí retomamos apareció durante la última semana de abril, en un matutino porteño, un artículo de Oscar Taffetani en la que este autor crea una suerte de dialéctica cuyo sentido final vamos a determinar más adelante. En éste, como en otros casos de buenos escritores y periodistas que abordan temas históricos sin conocer suficientemente historia, el mensaje del buen texto se parece a un coitus interruptus; o de escaso esperma.

La contraposición de los dos personajes que dicho escritor plantea no es más que una reiteración de dicotomías propuestas desde hace mucho en la cultura argentina y cuya conclusión a punta a desmerecer lo propio y particular y otorgar supremacía total a lo universal, a lo europeo moderno o a lo inglés: Calibán frente a Próspero; jinete-agricultor (Borges); barbarie-civilización  (Sarmiento); Santos Vega-Juan sin Ropa (Obligado), y alguna más. En el poema de Rafael Obligado, Juan Sin Ropa, que "era la ciencia en persona”, derrota al atrasado payador Vega. En el artículo de Taffetani, Darwin mide el diámetro del árbol del gualicho en tanto la mirada de Rosas era la "de un estanciero”. Darwin -que no era estanciero- escribe un Diario, en tanto Rosas no, ocupado como estaba con las cabezas de ganado.

Este gaucho bárbaro no presta atención al diámetro del árbol, ni a "las posibles mutaciones de la ñata oxen (vaca ñata)". Tampoco le interesan mucho "los piratas, balleneros o granjeros establecidos en Malvinas”. Claro: "dos miradas, entonces”.

Es una lástima que Taffetani no haya leído suficiente historia (sin duda por la antipatía que Rosas le despierta) para informarse de todo lo que la literatura neocolonial oculta de la campaña de 1833, témpano flotante en el cual corresponde conocer también la parte sumergida y no quedarnos solamente con la aparente. Porque, en verdad, existe bibliografía suficiente sobre la parte oculta, por supuesto no proveniente de fuente inglesa o neocolonial. Porque conviene, en historia, leer también a los otros, y no imitar al famoso Borges, gran escritor que se metía con todo y solía escribir ganzadas históricas y "cantatas” políticas.

Le pudo hacer mucho bien al autor conocer los trabajos de Santos Fernández Arlaud, por ejemplo, que datan de 1968 y 1976, y que contienen revelaciones sobre los trabajos científicos de Nicolás Descalzi durante la campaña de Rosas. Se trata de un estudio ineludible en el que su autor rescata los dos Diarios del piloto genovés y sus Cuadernos, plenos de observaciones y "mediciones". Sobre el hermano de Gaetano Descalzi había escrito anteriormente Jorge F. Sergi, en la Revista Geográfica Americana, que nosotros supimos utilizar en nuestra Iconografía de Rosas y de la Federación, 1970.

El trabajo del genovés fue minucioso y abarcó, en el Río Negro, registros de profundidad y mediciones de velocidad de las aguas, aparte de importantes observaciones astronómicas. Levantó. mapa de dicho río e isla de Choele Choel; registró diversos ejemplares de la flora, sin ser botánica; consignó datos valiosos sobre recursos naturales de la región. Agreguemos a ello que otro piloto de la expedición, Edmundo Elsegood, también efectuó trabajos cartográficos que abarcaron desde Choele Choel hasta la confluencia del Neuquén con el Limay.

Descalzi hizo su labor de acuerdo con las instrucciones redactadas por el astrónomo Octavio F. Mossotti, respondiendo al plan de investigaciones elaborado por el Departamento Topográfico, a cuyo frente se hallaba el teniente coronel José Ildefonso Álvarez de Arenales. En una de ésas hasta llegó a corregir a Darwin.

Efectivamente, a orilla del Río Negro fueron observadas unas cenizas vítreas en las que el científico inglés creyó ver lava volcánica. En realidad se trataba de una vitrificación de origen vegetal, producida por el incendio de la paja llamada vulgarmente Cortadera. El propio Descalzi cayó en el error, pero luego se rectificó y lo comunicó a Rosas. En su Diario, el ligur escribió (21 de octubre): “El importante descubrimiento de la vitrificación de la paja brava parece haber desagradado al piloto Elsegood, pues como buen inglés no puede ser indiferente a la equivocación padecida por el naturalista de la corbeta descubridora, que la creyó lava volcánica. Descubro en el piloto los más ardientes deseos de comunicárselo a sus paisanos; pero yo tomo todas las medidas que me son posibles para burlar sus intenciones: no es justo que un descubrimiento tan importante se atribuya injustamente a los ingleses cuando son los argentinos los que realmente lo han hecho". (Diario del reconocimiento del Río Negro de Patagones, practicado en los meses de Agosto, Septiembre, Octubre y Noviembre de 1833). Quiere decir que los de aquí también "medían”.

El 1 de julio se registró un hecho interesante, a raíz de un eclipse de luna que Descalzi aprovechó bien para efectuar observaciones astronómicas. El matemático genovés dio parte del fenómeno que se iba a producir a Rosas; y consigna esto otro: "él, como un cuarto de hora antes de comenzar, se fue al campamento de los indios amigos y como era de noche los sorprendió con su presencia, los sosegó y les dijo que les iba a avisar que lueguito se iba a tapar la luna para que no se asustasen y no tuvieran sueños malos, les explicó lo que es el eclipse y cuando vieron que se efectuó quedaron sorprendidos de ver que los cristianos saben leer en el cielo". (Diario desde mi salida de Buenos Aires... etc.).

Por lo visto, Rosas no miraba solamente las cabezas de ganado. Aquellos hermanos indios creían que cuando hay eclipse va a morir un cacique de los principales y todos se asustan, acota el mismo autor del Diario.

No es cierto que don Juan Manuel se despreocupaba de "los problemas de los piratas", porque, en carta a Tomás Guido conservada en nuestro Archivo General, del 20 de agosto de 1833, puede leer el que quiera: "Es necesario estar a la mira de lo que por ahí andan haciendo los ingleses...”. Como era un criollo bien educado, el Rubio no escribió "piratas". No importa que fuese estanciero y que no usase aire acondicionado.

En todo caso Taffetani podría reconocer la superioridad de nuestro estanciero y agricultor sobre el científico británico: Rosas no propició jamás el appartheid, sino que más bien integró a los morenos a la comunidad porteña de la época, en tanto Darwin sentó una teoría que prestó buenos servicios para una justificación indirecta del dominio blanco sobre la negritud. Oh, la raza nórdica del nieto de Erasmus Darwin, y progenie de Edward O. Wilson, la de los ojos azules, como decía embelesado aquel sanjuanino que trajo las maestras norteamericanas para reemplazar a nuestras entecas alpinas. Casi como en la selección natural.

domingo, 22 de mayo de 2022

Batalla de Caseros, sus consecuencias

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En el periódico Juan Manuel de Rosas  N° 1 y 2 de octubre de 1986 y agosto de 1987 respectivamente, se publicó el siguiente artículo sobre la batalla de Caseros y sus consecuencias.  

Batalla de Caseros


La traición de Caseros aún da rédito al imperialismo

  por Gustavo González 


1ra Parte

Desde las estipulaciones del famoso Tratado de Tordesillas que delineaba las áreas de influencia a que debían atenerse los reinos de España y Portugal, la política expansionista luso-brasileña se fue caracterizando por el desconocimiento, la violación y el olvido del mismo. Para los portugueses la Bahía de Todos los Santos operó como una verdadera "cabecera de puente” en el continente suramericano.

A diferencia de los conquistadores españoles que vinieron a integrase con los nativos y a evangelizarlos haciéndoles súbditos e integrantes del Reino, los portugueses llegaron para colonizar en el peor sentido del verbo y como tal, sabedoras de que las comarcas del Sur eran las más ricas y aptas, fueron presionando hacia regiones de los ríos Paraná y Uruguay, con el aporte despiadado de sus tristemente célebres “bandeirantes”, que constantemente asolaron las reducciones jesuíticas dependientes de la Corona de España, tratando de apoderarye —entre otras cosas— de nativos que les sirvieron como esclavos en sus minas y plantaciones.

La creación del Virreynato del Rio de la Plata en 1777, vino en parte para conjurar estas depredaciones e injusticias, las que ya habían sido legalizadas, con las resignaciones territoriales que le impuso a España el Tratado de San Ildefonso. No obstante la puja expansiva continuó hasta que en 1810, cuando los argentinos al hacernos cargo del Virreynato para convertirnos en Provincias Unidas del Rio dela Plata, heredamos no solo el territorio que se proyectaba  desde el Alto Perú, el Paraguay y las Misiones Orientales hasta el Magallanes y la Antártida con salida a los dos océanos, sino también sus conflictos y tradiciones culturales y políticas.

Lamentablemente la miopía política de muchos de nuestros prohombres de Mayo, como sucesivamente en los triunviros y directorios, enredados en una política centralista y absolutista que luego daría paso al “unitarismo”, al circunscribirse a los intereses del mercantilismo porteño nacido a la égida de las Invasiones Inglesas, no solo concitaron la desconfianza y la reacción de los pueblos del interior, sino que también favorecieron las desmembraciones y el aislacionismo tal como sucedió con el Alto Perú y el Paraguay. Y mientras los “directoriales” se perdían en sus proyectos monárquicos y se trenzaban en lucha con los caudillos del Interior, como Artigas, Ramirez y López, el Brasil ocupaba la Banda Oriental que era una herencia natural de Virreynato.

Hasta aquí ya habían quedado atrás la sublevaciones guaraníes para seguir siendo súbditos españoles, el nuevo Imperio Brasileño se había presentado en las costas del Plata y a partir de allí haría valer el “utis possidetis” ya sea con las armas o con la diplomacia. La reacción de los 33 Orientales, facilitada por argentinistas y la ayuda de algunos patriotas como Juan Manuel de Rosas, contuvo momentáneamente esa posesión ilegal con la primera Guerra y el triunfo de las armas argentinas en Ituzaingó. Como vemos, la antigua confrontación hispano-portuguesa, por herencia pasaba a ser argentino-brasileña. El pleito de la rica Cuenca del Plata había quedado pendiente y el Brasil no se resignó a la pérdida de su influencia en una geografía tan vital para su desarrollo económico e imperialista.  

Con el advenimiento del Brigadier General Juan Manuel de Rosas como Gobernador de Buenos Aires y Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina, con el pacto Federal integrador de 1831 comenzó una trabajosa labor en pro de la Unidad Nacional, tendiente también a reintegrar los pueblos y territorios que habían pertenecido al viejo tronco español. La campaña a los desiertos del Sur, la Guerra con la Confederación Perú-Boliviana, el no reconocimiento de la independencia del Paraguay, las campañas militares federales contra los segregacionistas litoraleños y orientales como Berón de Astrada y Rivera, como los enfrentamientos armados con la Francia e Inglaterra, sostenidos exitosamente por Rosas, fueron la consecuencia de las ambiciosas y justicieras miras del Restaurador, las que por otra parte concitaron la adhesión de la mayoría de los pueblos hispanoamericanos.

Esta política soberana de la Argentina, no pasó desapercibida en la ambiciosa Casa de Braganza y  los servidores políticos y diplomáticos que componían la clase dirigente del Imperio. Así fue en todo momento, el Brasil estuvo pendiente del desarrollo de las discordias entre unitarios y federales, fomentándolas e interviniendo directa o indirectamente en favorecer al bando opuesto a la política de Rosas.

En 1843, sitiado Montevideo por las fuerzas orientales del General Oribe, aliado de Rosas, el derrotado Fructuoso Rivera y los expatriados de la Comisión Argentina en Montevideo; desesperados por una situación que se tornaba irreversible, buscaron una vez más el apoyo extranjero para, salvarse y sin reparar en medios ni costos, urdieron el proyecto de la segregación de Corrientes y Entre Ríos de la Confederación Argentina, las que junto al estado Oriental y el Paraguay formarían uno nuevo “independiente”; a tal efecto, comisionaron al Dr. Florencio Varela para que tentase en las Cortes europeas, la intervención armada necesaria para impedir el triunfo de la Confederación Argentina. “Esta agregación de las provincias de Entre Ríos y Corrientes era un remedo de Artigas, que acariciaba Rivera para crearse un gran poder en el Litoral, que acarició la Comisión Argentina como medio de quebrar la influencia de Rosas; que acarició Brasil cuya aspiración era partir por mitad esta extensa República Argentina: Y que acariciaron los agentes franceses, quienes esperaban sacar buenas ventajas no solo porque ellos protegerían tal evolución de acuerdo con Inglaterra, sino porque muy buenas sumas les eran debidas por sus aliados los riveristas y los unitarios, que desde el año 1838 habían hecho la guerra a Rosas con el armamento y los dineros de la Francia... Han sido los unitarios de 1843 los únicos argentinos que han trabajado paciente y deliberadamente la dislocación de su patria por la obra de las armas extranjeras (1).

Planteado el bloqueo de la plaza de Montevideo por el Almirante Brown, el que había hecho extensivo a Maldonado, este fue desconocido por el jefe de la estación naval brasilera, siguiendo instrucciones del Ministerio del Imperio en Montevideo, negándole al gobierno argentino el derecho que tiene todo beligerante para asediar o bloquear una plaza en poder del enemigo. Rosas pidió explicaciones al Ministro brasilero acreditado en Buenos Aires y como éste le respondiera en forma descomedida, el Jefe de la Confederación Argentina le devolvió la nota, cortando toda correspondencia y expidiéndole los pasaportes para que saliese inmediatamente. Si bien el gobierno del Brasil dio seguridades y explicaciones a nuestro embajador en Rio, General Guido, por otro lado envió al Vizconde de Abrantes en misión especial cerca de los gobiernos británico y francés, para apoyar la misión disociadora de Varela, iniciando por otra parte una campaña antirrosista en los papeles públicos.

Si bien las misiones de Florencio Varela y del Vizconde de Abrantes no tuvieron el eco esperado en las cortes europeas, la situación de guerra imperante en el litoral y la transigencia de Rosas para que fuera reconocido el bloqueo, sirvieron de pretexto a las grandes potencias Francia e Inglaterra para alegar que se perjudicaban el comercio y sus intereses, como así, que se estaban violando los tratados de 1828 y 1840, planteando por los mediadores Ouseley y Deffaudis, la exigencia que el gobierno argentino debía retirar sus fuerzas del territorio y aguas orientales. Mientras esto sucedía, los unitarios intrigaban a favor de los interventores y por otra parte, inician hostilidades en Entre Ríos con el General Paz y en las aguas litorales con el mercenario Garibaldi.

Así sobrevino la intervención y agresión armada Anglo-Francesa en el Río de la Plata, mientras el Brasil quedaba expectante para sacar provecho en la primera oportunidad. Durante los cuatro años que duró la intervención, dando lugar a la mayor coalición de fuerzas y circunstancias adversas que se descargaron contra la política soberana de la Confederación Argentina, no solo pusieron a prueba la voluntad y la energía del Restaurador, sino también el patriotismo y la resistencia del pueblo argentino y sus fuerzas armadas. Son bien conocidos los hechos de armas de Obligado, Tonelero, San Lorenzo, El Quebracho, Laguna Limpia y Vences favorables de Rosas, lo que sumado a la movilización de la opinión mundial en adhesión a su causa y el apoyo imponderable prestado por eminentes personalidades como la del Libertador General San Martín, terminaron por inclinar la balanza para que la Confederación saliera airosa y sin mácula de tan grande conspiración.

Cuando sobrevino la firma de las honrosas Convenciones Southern-Arana con Inglaterra y Arana-Le Predour con Francia, que pusieron a la Confederación Argentina y a su irreductible jefe en el pináculo de la gloria; pacificado y unificado todo el interior bajo la causa federal, el Imperio del Brasil se apercibió que no se equivocaba al vaticinar que Rosas iba en camino de recuperar la unidad geográfica del antiguo Virreynato y prontamente decidió preparar la tercera coalición contra la Argentina. Ya su perfidia había tanteado la posibilidad de conseguir la defección de Urquiza cuando el conflicto anglo-francés arreciaba en nuestras costas, llegándole a ofrecer una vez más, el recurso de reconocerlo como jefe, si este conspicuo federal segregaba las provincias de Entre Ríos y Corrientes.

 Finalmente la perseverancia brasilera consiguió comprar a Urquiza. Había sobrados antecedentes del proceder desleal de este jefe. “El sometimiento de las provincias argentinas a las reglas Económico-financieras dictadas en Buenos Aires fue completo hasta 1849. Ya para este año Urquiza trabajaba en sociedad con Don Samuel Lafone, explotando saladeros en una y otra banda del Uruguay, evidenció la primer resistencia seria a las medidas de Rosas” (2). A propósito de esta conducta, ya en 1849 y 1850 el ministro inglés Southern informaba a lord Palmerston de las reticencias de Rosas para iniciar campaña contra el Paraguay por desconfianza en Urquiza y más adelante en 1851 en otro despacho a Palmerston lo calificaba así: “La conducta del General Urquiza es sanguinaria y caprichosa, ...además es rapaz y avaro, uniendo a las características de un tirano insensible e inexorable, los rasgos de un mercader voraz e insaciable” (3).

También en mayo de 1850 el en cargado de negocios británico en Montevideo en carta privada a Palmerstón, le informaba lo que luego aconteció: “Me ha sido comunicado confidencialmente que Pimenta Bueno el nuevo Presidente de la Provincia de Rio Grande, dispone de treinta mil libras esterlinas suministradas por el gobierno imperial a fin de sobornar a Urquiza, gobernador de Entre Ríos, para que se una al plan de derrocamiento del general Rosas, y que si esta suma no es considera da suficiente, el gobierno brasilero está dispuesto a adelantar el doble de la misma, si es necesario” (4).

Continuará

(1) Adolfo Saldías “Historia de la Confederación Argentina” Tomo III págs. 473/478.

(2) Diego Luls Molinari “Prolegómenos de Caseros” pág. 69.

 (3) Ibídem, pág. 26.

(4) Ibídem, pág. 21.


Periódico Juan Manuel de Rosas



2da. Parte

En el número anterior y como 1° Parte de este trabajo, su autor reseñó los antecedentes que desde los enfrentamientos que sucedieron entre portugueses y españoles, a pesar del Tratado de Tordesilla y la creación del Virreynato del Río de la Plata, continuaron por la política expansionista del Imperio del Brasil, la miopía de los gobiernos patrios que se instalaron a partir de Mayo, pasando por el aislamiento paraguayo, la malograda guerra de 1826 con el Brasil, hasta el advenimiento del gobierno integrador y nacionalista de Juan Manuel de Rosas.

Asimismo, se repasaron los sucesos diplomáticos y de guerra que tuvo que afrontar la Confederación Argentina, contra Francia, Inglaterra, el gobierno títere de los expatriados argentinos en la Banda Oriental, junto a las intrigas brasileñas que fueron “tanteando” a los futuros traidores, y que se acentuaron luego del triunfo argentino concretado en las Convenciones Southern-Arana y Arana-Le Predour, fructificando con la dada vuelta de Urquiza a partir de 1851.


Urquiza y el Brasil

Para ocultar la traición de volver sus armas contra la Patria, Urquiza necesitaba encubrirla con un viso de legalidad —en esto consistió el “Pronunciamiento del 1° de Mayo de 1851— por el cual, desconociendo las atribuciones legales de Rosas, la Provincia de Entre Ríos ‘‘reasume las facultades inherentes a su soberanía territorial en materia de Relaciones Exteriores que habían sido delegadas en el gobernador de Buenos Aires”... “'quedando la Provincia de Entre Ríos en aptitud de entenderse directamente con los demás gobiernos del mundo’’ (1). Esto era lo que se necesitaba para disfrazar una verdadera sublevación y formalizar públicamente la alianza hecha en secreto previamente con el Imperio del Brasil y el gobierno de Montevideo, dada luego a conocer el 29 de mayo de 1851 y completada el 29 de noviembre del mismo año, con una “Convención deslindadora de deberes recíprocos’’; la misma pretextaba no hacer la guerra a la Confederación sinó a Rosas, y luego de acordar el suministro de tropas armamentos y las modalidades de las operaciones militares, merecen destacarse las siguientes estipulaciones:

“Art. VI Para poner a los estados de Entre Ríos y Corrientes en condiciones de a los gastos extraordinarios que tendrán que hacer con el movimiento de su ejército, S.M. el Emperador del Brasil les proveerá en calidad de préstamo, la suma de Cien Mil patacones por el término de 4 meses o durante el tiempo que transcurriese hasta la desaparición del General Rosas. Esta suma se realizará por letras libradas por el Tesoro Nacional a ocho días vista y entregadas por el Ministro Plenipotenciario del Brasil al agente de S.E. el gobernador de Entre Ríos’’ (éste era el comerciante catalán Antonio Cuyás y Sampere).

 “Art. VII Su Excelencia el Sr. Gobernador de Entre Ríos se obliga a obtener del gobierno que suceda inmediatamente al del General Rosas, el reconocimiento de aquel empréstito como deuda de la Confederación Argentina y que efectúe su pronto pago con el interés del 6% anual. En el caso no probable que esto no pueda obtenerse, la deuda quedará a cargo de los Estados de Entre Ríos y Corrientes y para garantizar su pago con los intereses estipulados, sus excelencias los gobernadores de Entre Ríos y Corrientes hipotecan desde ya las rentas y los terrenos de propiedad pública de los referidos estados”. Por otros artículos, también se comprometían declarar la libre navegación de los ríos (art. XIII) y la independencia del Paraguay (en art. adicional) (2).

Tal fue el apuro de Urquiza en concretar sus ambiciones de poder, que no trepido en comprometer las finanzas de su Patria y hasta los terrenos de su provincia, a pesar de que en ésta hacia mucho que funcionaba su satrapía personal. Que contraste con la conducta del Restaurador, el que en incontadas ocasiones sostuvo el erario público de su propio peculio, caracterizando su gestión con una honradez sin parangón en el manejo de los fondos públicos!


Entrega de la Banda Oriental

Luego de la firma de la Convención Arana-Le Predour, Rosas y Oribe se habían comprometido en mantener el statu quo o “suspensión de armas'' en la Banda Oriental, hasta que se produjera su ratificación por la Asamblea Francesas. Rosas cumpliría estrictamente con su compromiso, aún cuando le hubiera sido muy fácil tomar Montevideo, pero su palabra —de por sí valiosa— pero que lo era la de la Confederación, pues ya era su Jefe Supremo, estaba por encima de cualquier especulación.

De esta situación se sirvieron Urquiza y el Imperio que de a poco, repartiendo el dinero espúrio de la coalición, irían comprando a determinados jefes orientales y fomentando la deserción que se veía facilitada por el cansancio y el inmovilismo prolongado de una tropa atónica acostumbrada a la pelea. Finalmente Oribe: que no enviaba noticias a Rosas, sino tarde, poco y mal” (3) capitula en el Pantanoso y la divisiones argentinas que se mantuvieron fieles hasta allí, fueron copadas por Urquiza y obligadas a incorporarse a su ejército. No obstante, la mayoría de sus jefes evitaron la captura y se embarcaron hacia Buenos Aires en una demostración de lealtad a la Confederación y a su Jefe. Rosas perdió así lo mejor de su aguerrido ejército; lo que no se había conseguido por las armas enemigas, se obtuvo por la traición que ya era moneda corriente en los enemigos de la Unidad Nacional.


Cinismo diplomático inglés

Por el Tratado de 1828 el Imperio del Brasil y la Confederación Argentina, no podían iniciar nuevas hostilidades sin notificar el estado de guerra a la Gran Bretaña, que por el mismo se constituyó en mediadora obligada. Su cumplimiento fue evadido por los brasileños pretextando no hacer la guerra a la Confederación sino a Oribe y por lo tanto, si Rosas intervenía le correspondería a él declarar el estado de guerra.

La actitud de Inglaterra, antibelicista en primera instancia, ya que una larga guerra perjudicaría su comercio, varió al conocerse la traición de Urquiza, considerando además, que con su alianza con el Brasil le daban posibilidades de obtener una pronta victoria. Su cinismo diplomático se evidenció cuando lord Palmerston “al tener noticias de los acontecimientos que se desenvolvían en contra de Oribe, dijo al conde Waleski, embajador de Francia en Inglaterra, que “poco importaba que uno u otro fuese vencido, siempre que aquello terminase y que la paz quedase establecida” (4). Así también, a poco ordenaría a Mr. Southern (ya Ministro inglés en Rio de Janeiro) que observara la mayor neutralidad con respecto a la invasión del Brasil a territorio Oriental. La especulación o el oportunismo del premier inglés, le hizo comprender que lo que no había obtenido Inglaterra ron la intervención armada Anglo-Francesa de 1845, libre cambio,libre navegación de los ríos y el establecimiento de su influencia en los estados tapones como el Uruguay y el Paraguay y la proyectada segregación de Entre Ríos y Corrientes, lo conseguirían ahora —sin arriesgar expediciones militares costosas— con el concurso del Brasil y la traición de Urquiza.


Caseros (el desenlace de la crisis)

Iniciada la invasión del territorio nacional, el llamado Ejército Grande llegaría a las inmediaciones de Buenos Aires, casi sin resistencia, a excepción del breve combate en los campos de Álvarez que fue llevado con gran coraje e inútilmente por el Coronel Hilario Lagos. Esta insólita situación fue debida a la obstinada conducta de Pacheco, que rehuyó constantemente a enfrentar al enemigo en las barreras naturales del caudaloso Paraná y el pantanoso Arroyo del Medio, pese a las indicaciones reiteradas de Hilario Lagos sobre la necesidad de cortar el avance de los invasores. Así en las inmediaciones del Arroyo Morón, cerca del campamento militar de los Santos Lugares, se daría la batalla conocida como Monte Caseros y que definió por muchos años la suerte de la Confederación Argentina y de su Jefe Supremo.

El ejército leal que opuso Rosas, en su mayor parte formado por reclutas, no resistió mucho tiempo los embates de las veteranas divisiones de caballería entrerriana y de la aguerrida división oriental. Salvo las divisiones de caballería de Lagos y de Sosa que finalmente fueron envueltas por más de 15 mil jinetes lanzados en sucesivas cargas por Urquiza, solamente pelearían hasta el final junto a Rosas, los batallones de infantería al mando del Coronel Pedro José Díaz y la brigada de artillería del Coronel Martiniano Chilavert, los que a pesar de ser de ideas unitarias antepusieron su amor a la Patria al sentimiento partidario, comprendiendo realmente, que no podían llamarse argentinos quienes se unían al extranjero para invadir su propio país.

Como lo reconociera el mismo Urquiza, Rosas peleó bravamente hasta el final, cuando ante toda resistencia inútil fue envuelto por lo que quedaba de la División Sosa y sacado fuera del campo, siendo perseguido por diferentes piquetes y partidas enemigas, las que al final fueron dispersadas por las cargas ordenadas de su escolta, en donde cerca ya de la Matanza fue herido de bala en su mano derecha. A poco de su entrada a la ciudad en compañía de su ayudante, se apeó de su cabalgadura para redactar su renuncia en la cual se destacaba el siguiente párrafo

“Creo haber llenado mi deber como todos los señores Representantes, Ministros, conciudadanos, los verdaderos federales, mis compatriotas y compañeros de armas. Si mas no hemos hecho en el sostén sagrado de nuestra Independencia, de nuestra integridad y nuestro honor, es porque más no hemos podido”. (5)

Inmediatamente Rosas tuvo que partir al exilio, detrás quedaban como escarnio al patriotismo y la lealtad, las víctimas de las primeras venganzas toleradas y azuzadas por el vencedor: el sabio y médico prestigioso Claudio Mamerto Cuenca, asesinado por el Coronel oriental Palleja en pleno Hospital de Sangre; el Coronel Santa Coloma maniatado y lanceado frente a al Iglesia de Santos Lugares, numerosos oficiales y soldados fusilados y degollados, pese haberse desempeñado en la lucha con honor militar; saqueos y pillaje en los Santos Lugares como en las orillas Buenos de Buenos Aires.

En Palermo, ya instalado Urquiza, correrían la misma suerte todos los integrantes de la división Aquino que se habían pasado a Rosas y el bravo Coronel Chilavert rendiría su tributo de sangre, luego de su comparencia ante Urquiza; este jefe —como bien lo relata Saldías— lo despachó con el rostro descompuesto y ordenó su fusilamiento por la espalda. Así “Fueron más los fusilados en los 17 días que van desde Caseros al desfile de los brasileños que en los 20 años del gobierno de Rosas" (6). Precisamente, el corolario de las iniquidades desatadas aquellos días, fue el desfile del ejército Imperial del Brasil por el centro de Buenos Aires, el día 20 de febrero, justamente en la fecha que se debía haber conmemorado un aniversario más de la victoria argentina de Ituzaingó.


Las consecuencias

El gobierno de Rosas habla sido la expresión de un verdadero proyecto nacional: la unidad de las repúblicas que descendían del antiguo Virreynato, a través de pactos confederales; la defensa de nuestra soberanía territorial, el respeto de la autodeterminación de los pueblos americanos; el sostenimiento de nuestra independencia económica, defendiendo las producciones locales y también la conservación de nuestras tradiciones culturales hispano-criollas.

Todo esto cayó con Caseros. De un esquema independiente y nacional pasaría a uno liberal y subordinado a los imperialismos de turno. Como resultado inmediato de la derrota nacional de Caseros sufrimos: la pérdida de las Misiones Orientales; el alejamiento definitivo del Paraguay: la renuncia a la soberanía de los ríos interiores, llamada eufemísticamente “libre navegación”.

Se iniciaba una política de espaldas al país. Las expresiones criollas serían desdeñadas por bárbaras y como ejemplo de “civilización” predominarían la exaltación de lo extranjero y hasta la copia de sus instituciones. Alberdi pregonaría en sus Bases “No son las leyes las que precisamos cambiar son los hombres, necesitamos cambiar a nuestras gentes incapaces de libertad por otras hábiles para ella" (7) .....“En el Paraguay saben leer todos los hombres del pueblo y sin embargo son incultos y selváticos al lado de un obrero inglés o francés que no sabe ni la ó” (8).

Los últimos caudillos federales serían ultimados por los coroneles uruguayos de Mitre y aplaudido por Sarmiento que le escribiría “No hay que ahorrar sangre de gauchos, es un abono que debemos hacer útil a la tierra, la sangre es lo único que tienen de humanos”. Acordes con esta política interna, se abandonaría el americanismo de Rosas; la oligarquía porteña seguiría los dictados del imperialismo brasileño, sirviéndole de auxiliar para exterminar a la última República soberana del Plata, el Paraguay y a su eminente jefe el Mariscal Francisco Solano López, el que caería heroicamente en Cerro Corá, Se repetiría otro Caseros y su mismo epílogo, la hegemonía del Brasil en la cuenca del Plata.

No sería menos trágico el aspecto socio-económico argentino; con el advenimiento del libreambio, la Argentina entraría en el esquema de la división internacional del trabajo, donde las potencias centrales eran la manufactureras de las materias primas que obtenían a vil precio en los países dependientes y periféricos, con el consiguiente empobrecimiento de las economías regionales y la pauperización de los trabajadores nativos. Este sistema sería afianzado por determinados procónsules de la mal llamada “generación del 80”. Fuimos un apéndice económico de la corona británica; fueron ingleses los ferrocarriles que orientaron sus rieles sobre las estancias también de propiedad inglesa al igual que sus frigoríficos.

Los conflictos limítrofes con Chile, fueron arbitrados por S.M.B perdiéndose así vastos territorios y los demás fueron arbitrados por los norteamericanos con idéntico resultado. La colonización pedagógica y cultural corrió paralela anestesiando a varias generaciones, las que se educaron menospreciando lo nacional y admirando la extranjería. Partidos políticos, instituciones civiles, comerciales, agrarias, gobiernos y legislaturas, eran influenciados o controlados por las concesiones o los embajadores de turno. En aquel marasmo hubo quienes pudieron sustraerse a la corrupción generalizada y al tiempo también dieron su fruto positivo.

Durante cien años la derrota de Caseros se hizo sentir en todo su rigor hasta que un gobierno nacionalista y popular de este siglo intentó recuperar una Patria Libre, justa y soberana, a través de una política de hondo contenido social y reivindicatorio de lo argentino. Teniendo la osadía de nacionalizar los depósitos bancarios que controlaban los ingleses, el comercio exterior, los servicios públicos; creando una industria que se emancipaba de la dependencia; obteniendo armamento propio y tecnología de punta y por medio de una nueva Constitución nacionalizar el subsuelo y consolidar los derechos del pueblo trabajador, no pudo menos que terminar en un nuevo Caseros, recreándose con la aparición de la línea Mayo-Caseros-Septiembre, el esquema liberal de la dependencia, ahora con nuevos patrones y hasta capataces, lo que significa que hemos descendido de categoría colonial.

Hoy día, cuando se habla de integración, debemos tener en cuenta que esta palabreja de apariencia milagrosa, solo es posible cuando hay dos países que se encuentran en igualdad de condiciones. En nuestro caso y refiriéndome al Brasil estamos en total desventaja y la tan mentada integración puede derivar en satelismo. Debemos recordar la reunión del TIAR de 1982, cuando la guerra de Malvinas, donde a pedido de Brasil, no se incluyó en su Declaración a las Islas Sandwich, por estar éstas en línea recta con sus costas y que justificarán sus aspiraciones antárticas. No es inocente tampoco la penetración cultural que se realiza sobre nuestras fronteras, por medio de poderosas emisiones radiales y televisivas, sobretodo en la de Misiones.

Pero el dato más importante sobre la falsa integración, se da en el rubro armamentos, en el cual Brasil está considerado como el quinto exportador mundial. Al caso cabe recordar —tal como oportunamente lo registraron las crónicas periodísticas— que al momento de firmarse los protocolos de intensiones entre los presidentes de Argentina y Brasil, el gobierno de este último, por imposición de sus altos mandos militares, debió retirar los pliegos que referidos a los aspectos militares, deberían haberse firmado con nuestro país. Tal vez haya que tener en cuenta las palabras del ministro de ejército carioca toda vez que afirmó: “El Brasil debe contar con fuerzas armadas fuertes y bien equipadas para negociar acuerdos, ya que nadie pacta con débiles ni teme a un país desguarnecido”.

Como vemos, la política brasileña es la misma que en los tiempos de don Pedro II, en tanto que nosotros no hemos podido consolidar un proyecto nacional que nos devuelva el liderazgo político y tecnológico que ostentáramos hace más de treinta años. Parecería ser que aún cuando pasaron 135 años, la traición de Caseros sigue dando réditos al imperialismo.

NOTAS:

(1) Decreto del 1° de mayo de 1851 del Gobernador de Entre Ríos: “La Unidad Nacional” por Ricardo Font Ezcurra; Ed. Theoria pág. 90.

(2) Convención deslindadora de deberes recíprocos: “La Unidad Nacional” Ibidem; pág. 94.

(8) Nota de Southern a Palmerston del 2-10-1851: ‘‘Prolegómenos de Caseros” Diego Luis Molinari, pág. 39.

(4) Citado en “Prolegómenos de Caseros” Diego Luis Molinari, pág. 41.

(5) “Papeles de Rosas” de Adolfo Saldías, Ed. de 1904, Tomo II, págs. 246/48.

(6) “La caída de Rosas” de José María Rosa, Ed. Inst. Estudios Políticos de Madrid; pág. 148.

(7) J.B. Alberdi; “Bases de partida para la organización política de la R.A.” Ed. Eudeba 1966; pág. 178.

(8) J.B. Alberdi; Ibidem pág. 182.

viernes, 3 de diciembre de 2021

Periódico Juan Manuel de Rosas

 Periódico 

Juan Manuel de Rosas

Juan Manuel de Rosas

El periódico “Juan Manuel de Rosas – Órgano del revisionismo histórico” inició su publicación en  octubre de 1986, auspiciado por el Instituto Juan Manuel de Rosas de Investigaciones Históricas, Filial General San Martín.  De formato tabloide, tenía un total de16 páginas.

Rosas

El Consejo de Redacción estaba formado por Jaime González Polero, Jorge Perrone y Hugo Torrado.

El N° 2 se publicó en  agosto de 1987. Desconozco si con posterioridad fueron publicados más números.

Tuvo importantes y prestigiosos colaboradores como José María Rosa, Fermín Chávez, Alberto Mondragón, Gustavo González, Eduardo Matías de la Cruz, entre otros.

En agosto-setiembre del año 1994, volvió  a editarse el N° 1 de la Segunda Época, ya no como periódico, sino como revista de 24 páginas, agregándose al Consejo de Redacción la Sra. Adriana Tevsíc Estévez, contando con la colaboración del Dr. Juan Carlos Denovi y Jorge Sulé.

De ambas publicaciones desconozco si fueron editados más números de los indicados.

Se agradecería si alguna persona pudiere aportar algún otro dato.

                                                                    Norberto Jorge Chiviló