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miércoles, 16 de agosto de 2023

Los grupos políticos en el virreinato del Río de la Plata entre 1806 y 1810

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

Publicamos la Monografía presentada por Norberto Jorge Chiviló en la cátedra de Derecho Constitucional (Comisión N° 10) de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires en el año 1971, sobre el tema "Los grupos políticos que actuaron en la capital del Virreinato del Río de la Plata desde 1806 hasta 1810".


Los grupos revolucionarios
Durante y después de la primera Invasión Inglesa al Rio de la Plata en 1806, surgen en Buenos Aires ciertos grupos que siguiendo diversas orientaciones y tratando de capitalizar a su favor les distintas circunstancias que se van produciendo en el Virreynato del Río de la Plata, y en la Metrópoli, tratan de lograr la independencia de estas tierras de la Corona Española.

Podemos nombrar tres grupos políticos que tienen su origen en las citadas Invasiones Inglesas.

a) Grupo de Álzaga: Álzaga se convierte en caudillo popular por su intervención en la Reconquista de la Ciudad de Buenos Aires, su grupo defiende al Rio de la Plata de la invasión extranjera como parte del territorio español, pretende conservar estos dominios pera España, o al menos para los españoles europeos. Es el grupo conservador, compuesto en su mayoría por españoles europeos, en gran pare comerciantes; entre los americanos que formaban parte de este grupo merecen nombrarse a Moreno y Leyva. Es llamado también “Partido del Cabildo”, "Partido Republicano” por su oposición a la monarquía, “Partido de las Juntas” —por su adhesión a ese sistema—, "Partido Independiente", etc.

b) Grupo de Castelli: Tratan de lograr un acercamiento con el invasor inglés para obtener la independencia, habiendo fracasado en esto buscan otra solución extranjera, pero habiendo fracasado nuevamente, coinciden por último con el grupo Saavedrista. EL grupo de Castelli tiene un carácter reformista innovador, influenciado por las ideas de los filósofos liberales franceses. Forman este grupo, entre otros, Manuel Belgrano, Antonio Luis Beruti, Juan José Paso y Domingo French, etc. Son generalmente universitarios; a pesar de rechazar el dominio francés, fueron ideológicamente afrancesados. Se los conoce también con el nombre de "Partido mirandista", “Partido carlotino”, por su adhesión a la princesa Carlota.

e) Grupo de Saavedra: este grupo junto con el de Álzaga actúa en forma decisiva en las jornadas de la Reconquista y Defensa de Buenos Aires. Está formado en su mayor parte por americanos, actúan en él, Martín Rodríguez, Juan José Viamonte, Juan Ramón Balcarce, Feliciano Antonio Chiclana, entre otros. Es llenado también "Partido de la Reconquista”, “Partido de los Patricios", "Partido de Liniers", etc. Sus fines podemos resumirlos en un párrafo de una cara dirigido por Saavedra a Chiclana el 11-2-1811 “… no reconocer otro amo que a nosotros mismos”.

Las Invasiones Inglesas

A principios del siglo IXI Inglaterra, se decide e la conquista de los dominios españoles en América, movida por diversos motivos; entre los que podemos mencionar la guerra que sostenía contra Francia y España, la necesidad de nuevos mercados para colocar los productos de su industria y también como un desquite por la ayuda prestada por España a los revolucionarios de las colonias inglesas de América del Norte.

Después del abandono de la ciudad de Buenos Aires por el virrey Sobremonte, y de la escasa resistencia opuesta por los cuerpos militares, los ingleses se adueñan de la Ciudad a fines de junio de 1806.

Castelli y los de su grupo conferencian con los jefes invasores, especialmente con Beresford, tratando de obtener la independencia de estas tierras, pero ante la negativa de éste a tal propuesta, los criollos abandonan momentáneamente esa idea.

Mientras tanto españoles y criollos de los grupos criollos y tradicionalistas, se organizan para reconquistar la Ciudad, a la que retoman después de cruentos combates.

 Como resultado de la primera invasión inglesa, se toman diversas medidas que influyen sobre los acontecimientos posteriores: a) Se organizan cuerpos militares formados por criollos, b) Se celebra el Cabildo Abierto del 14 de agosto de 1806, por el cual se encarga a Liniers el mando de las tropas y se designa una comisión para indicar al Virrey Sobremonte la conveniencia de no ingresar a la capital y delegar su autoridad militar.

Al año siguiente, los ingleses intentan infructuosamente, —debido a la oposición que encuentran por parte de los cuerpos militares de Buenos Aires—, de conquistar la capital del Virreynato.

Como consecuencia de estas acciones los criollos, toman conciencia de su poderío y de la ineptitud de las autoridades españolas, toma cuerpo la idea de una mayor independencia.

Intentos de independencia con la Princesa Carlota

Una vez fracasado el intento de Castelli y su grupo de lograr la independencia con el apoyo inglés, en 1806, se les presenta otra oportunidad con motivo de la llegada a las costas americanas, de la corte portuguesa, que había huido ante la invasión francesa a su suelo patrio en el año 1808.

Este grupo -el de Castelli- quiere la coronación de la princesa portuguesa Carlota Joaquina de Borbón, hermana de Fernando, y a tal fin invitan a Saavedra a sumarse a su grupo, pero éste se niega y entonces no se puede realizar este proyecto. Saavedra da cuenta de ésta proposición comentando que Vieytes había tratado de convencerlo "...que no nos quedaba otro recurso que tomar en tan apuradas circunstancias, que erigir a muestra América en Estado independiente de la España europea, y esto se conseguiría fácilmente reconociendo a la Señora Infante de España doña Carlota Joaquina de Borbón...” Vemos así como queda desplazado el grupo carlotino.

Asonada del 1° de enero de 1809

Álzaga aspiraba, —ante las noticias de los sucesos que tenían por teatro el continente europeo— a instalar una Junta que debía convertirse en centro de un Congreso de todos los Cabildos del virreinato para declarar la independencia, Manuel Belgrano en su “Autobiografía" dice "En Buenos Aires se hacía la jura de Fernando VII y los mismos europeos aspiraban e sacudir el yugo de la España por no ser napoleonistas”.

Álzaga desconfiaba del virrey Liniers por su origen francés, y es así como prepara un movimiento militar que tendría por fin el alejamiento del virrey; ese movimiento estalla el 1° de enero de 1809, en la gestación del proyecto estuvieron presentes en un comienzo los integrantes del grupo de Castelli, pero debido a la primacía que Álzaga quería dar a los europeos, se separan de la causa, volcándose y estimulando las fuerzas de represión adictas a Liniers.

La actitud asumida por Saavedra cn la emergencia impide que se concrete el deseo de Álzaga de separar a Liniers de su cargo.

Saavedra en sus “Memorias" se refiere a los fines de la asonada en los siguientes términos: "El poder de éste (Napoleón) y sus empresa de apoderarse y dominarla les hizo temer que la España europea sería presa de aquél invasor; y con tiempo acordaron los medios de no perder el predominio en esta parte. En una palabra, se propusieron la idea de formar otra España americana, en la que la que ellos y los muchos que esperaban que emigrasen de la Europa continuarían mandando y dominando”.

Después de le asonada del 1° de enero, Saavedra en virtud a su actuar en dicha oportunidad, y a la debilidad puesta de manifiesto por Liniers, se convierte en jefe indiscutido del grupo criollo americanistas; se dispone también el desarme de los cuerpos militares peninsulares adictos a Álzaga, con lo cual los criollos quedan dueños de la situación, y solo esperan el momento oportuno para actuar.

La llegada de Cisneros al Río de la Plata

En 1809 llega al Río de la Plata el muevo Virrey don Baltasar Hidalgo de Cisneros, que había sido nombrado por la Junta Central de Sevilla para desempeñar dicho cargo. Los dos grupos americanos —el de Castelli y el de Saavedra— y algunos miembros del grupo español, tratan de presionar a Liniers a fin de que éste resista la autoridad de Cisneros, por no ser éste la autoridad legítima. Este intento fracasó por la negativa de Liniers a prestarse a tales fines, y no obstante la presión que sobre el ejercieron las fuerzas militares. Se traslada a Montevideo, donde estaba Cisneros y de delega el mando. Los jefes militares no tienen más remedio que aceptar la autoridad de Cisneros, bajo la condición que se mantuvieren los regimientos de milicias que cono vimos, eran la base del poder.

Los alzaguistas creen encontrar en Cisneros a un aliado y claman por el rearme de los cuerpos europeos que habían sido desarmados con motivo de la asonada del 1° de enero de 1809, pero no logran tal propósitos.

Los americanos piensan en la Independencia

Los triunfos de Napoleón en España inducen a los americanos en pensar seriamente en la independencia, y a actuar en consecuencia.

Martín Rodríguez en sus “Memorias” nos dice: "A los nueve meses de estar Cisneros ocupando la silla del Viereynato, creíamos que ya era tiempo de pensar en nosotros mismos. Ocupada la España por numerosísimos ejércitos franceses, y en posesión de todas las plazas más fuertes de ella, creíamos que los españoles jamás podrían sacudirse de tan inmenso poder. De consiguiente empezamos a tratar muy secretamente sobre nuestra seguridad a fin de no correr la suerte de los españoles, y esto no podía hacerse sin que recayera el gobierno en nuestras manos. Y esto mismo hacía tanto más necesaria la deposición de Cisneros.

Citados los comandantes militares el día 20 de mayo de 1810 a una audiencia con el Virrey, éste les preguntó si estaban dispuestos a sostenerlo en el mando como lo habían hecho con Liniers el 1° de enero de 1809, a lo que le contestó Saavedra que era muy distinta la situación de ambas épocas. "… hemos resuelto reasumir nosotros mismos nuestros derechos y conservarlos por nosotros mismos. El que a V.E. dio autoridad para mandarnos ya no existe, de consiguiente tampoco V.E. la tiene ya, así es que no cuente con las fuerzas de mi mando para sostenerse el ella". (C. Saavedra "Memoria Autógrafa").

Resultado de esa reunión fue la convocatoria a un Cabildo Abierto que se realizó el 22 de mayo de 1810.

Estrategia de los grupos políticos en el Cabildo Abierto

Según Mitre, en el Cabildo Abierto actuaron tres grupos:

a) El Partido Metropolitano: que estaba por la continuación del Virrey en el mando, con la innovación de asociar al gobierno a los principales miembros de la Audiencia. Este grupo estaba formado por los oidores de la Audiencia, apoyados por el obispo Lué y los empleados españoles.

b) Partido Conciliador: contaba con el apoyo del general español Ruiz Huidobro, estaba entre los dos partidos extremistas, votaron por le deposición del Virrey pera reasumiendo interinamente el Cabildo el mando superior hasta tanto se organizase el gobierno provisional dependiente de la autoridad peninsular. Este partido contaba con la adhesión de muchos criollos.

e) Partido Patriota: Esteba por la cesación del Virrey en el mando y por la formación de un gobierno propio, pero algunos (Castelli) ese gobierno debía ser el resultado de una votación popular, mientras que otros (Saavedra) delegaban en el Cabildo la facultad de organizar el nuevo gobierno, pero dejando constancia de que el verdadero soberano es el pueblo, ("Que no quede duda que el pueblo es el que confiere la autoridad ó mando", voto de Saavedra en el Cabildo Abierto).

Según Ramallo, el partido conciliador era el resultado de una maniobra de los patriotas, y que no respondía a una realidad política, apoyado por ciertos elementos criollos para dividir a los peninsulares.

En cuanto a la actuación del grupo alzaguista, sus miembros no guardaron una actitud uniforme, y por el contrario, votaron de manera distinta.

Participación de todos los grupos en las Juntas del 24 y 25 de mayo de 1810

En la Junta del 24 de mayo, Saavedra y Castelli, representan al grupo criollo revolucionario, Solá e Incháurrgui al moderado y Cisneros al metropolitano.

La inclusión de Cisneros en la junta del 24 de mayo despierta una reacción en los patriotas, lo que deciden a Cisneros y a los otros componentes de la Junta a renunciar.

El 25 de mayo se proclama una mueva Junta que estaba formada de In siguiente forma:

a) Presidente: Coronel D. Cornelio Saavedra, cabeza del partido mayoritario y de más poder de los criollos.

b) 1er. Vocal Dr. Juan José Castelli, ocupa el segundo lugar en la Junta, conductor del grupo carlotino, con méritos acumulados a lo largo de todo el proceso revolucionario.

c) 2do. Vocal Licenciado Manuel Belgrano, incluido en ia Junta por su estrecho contacto con Castelli a través de todo el ciclo revolucionario.

d) 3er. Vocal Dr Miguel Azcuénaga, no está muy claro acerca de cuál fue la razón de su inclusión en la Junta. Saavedra en carta a Viamonte se pregunta: "Azcuénaga ¿qué ha hecho en toda su vida con respecto a muestra libertad?", otros dicen que fue incluido por su calidad de jefe veterano y por su posición social.

e) 4to. Vocal, D. Manuel Alberti, incluido en razón de su estado sacerdotal.

f) 5to. Vocel D. Domingo Matheu, europeo, partidario de Álzaga.

g) 6to. Vocal D. Juan Larrea, como el anterior era europeo y partidario de Ázaga.

h) ler. Secretario D. Juan José Paso, entró en la Junta por el grupo de Castelli y su actuación destacada en el Cabildo Abierto del 22 de mayo.

i) 2do. Secretario D. Mariano Moreno, antiguo partidario de Álzaga,

Según Ramallo, había en esta Junta un orden de prelación que era de gran importancia, sobre todo en aquella época en que se valoraba rucho el protocolo.

A partir de la instalación de la Junta del 25 de mayo comienzan a surgir diferencias entre sus miembros, lo que nos permite poder nombrar dos grupos; uno el grupo morenista, formado por miembros del grupo carlotino, que debido al alejamiento de Castelli al norte y de Belgrano al Paraguay, reconocieron el liderazgo de Mariano Moreno, miembro antes del grupo alzaguista, grupo ilustrado , llamado también grupo centralista, el otro grupo era cl grupo que reconoce el liderazgo de Saavedra y que se opone al grupo innovador reformista de Moreno, llamado también grupo provinciano.

La oposición entre ambos grupos dentro de la Junta se pone de manifiesto con motivo de le sanción del "Decreto de supresión de honores”, que dirigido contra le figura de Saavedra produce el alejamiento de Moreno.

En 1811 con la incorporación de los diputados del interior, —a lo que se habían opuesto Moreno y su grupo— la Junta se transforma en lo que se llamó Junta Grande.

 

BILIOGRAFIA

CHAVEZ, Fermín: "Historia del país de los argentinos". Edit. Theoría. Buenos Aires.

FURLONG, Guillermo: "La Revolución de Mayo".

LAFONT, Julio B. : "Historia de la Constitución Argentina", Edit. F.V.D., Bs. As. 1953.

MARFANY, Roberto H. : "El Cabildo de Mayo", Ed. Theoria, Bs.As.

MARFANY, Roberto H. :"El Pronunciamiento de Mayo", en Revista "Historia" N° 12, Bs. As. 1958.

PALACIO, Ernesto : "Historia de la Argentina". Ed. A Peña Lillo, Bs. As.

PUEYRREDON, Carlos A.: "1810.-La Revolución de Mayo", Ed. Peuser, Bs. As. 1953.

RAMALLO, Jorge María: "Los Grupos Políticos en la Revolución de Mayo", Ed. Theoría, Bs. As.

WAST, Hugo: "Año X", Bs. As. 1960

martes, 25 de mayo de 2010

Revolución de Mayo - Grupos políticos

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año IV N° 15 - 25 de Mayo de 2010 - Pags. 12 a 14  

 EDICION DEL BICENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO 


Grupos políticos y sociales en Buenos Aires hacia 1810

Por el Dr. Sandro F. Olaza Pallero

Óleo de Juan Manuel Blanes
Cabildo Abierto, Óleo de Juan Manuel Blanes


1. Introducción

Como bien dijo Ricardo Zorraquín Becú: “Todo acontecimiento político es la obra de un grupo humano que lo prepara y lo realiza, y que también procura justificarlo ante los demás”. Ya, en los festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo, es necesario investigar como estaba formada la población porteña y cuales fueron los sectores que intervinieron en ese movimiento, ya para dirigirlo o para oponerse.

2. Las fuerzas sociales tradicionales

En las provincias del Río de la Plata la población era extraordinariamente heterogénea, a pesar de su bajo número y su reducida densidad. La sociedad hispánica se dividía en múltiples clases que poseían diversos estatutos jurídicos.

Pueden reducirse a tres las fuerzas que gravitaron permanentemente en las provincias de la América española, y que asumieron la función directiva. Estas fuerzas sociales fueron la Iglesia, el gobierno y los cabildos.
a) La Iglesia, como corporación formada por la jerarquía eclesiástica y las órdenes religiosas, constituía en América un poder que daba normas de vida conformes a la verdad revelada. Sus ministros tenían la principal función de convertir a los indios a la fe católica.   
b) La segunda fuerza social que mantenía la cohesión y dirigía la existencia de las comunidades indianas fue la administración real. En forma similar a todo sistema de gobierno, existía en el nuevo mundo una organización burocrática en contacto más o menos estrecho con la población.  
c) La tercera fuerza social, con presencia en el régimen indiano estaba formada por los vecinos principales y por los cabildos, que eran su órgano de expresión. El derecho de vecindad era un estado social respetable. Se obtenía siendo domiciliado en una ciudad, como jefe de familia y propietario urbano. Para desempeñar oficios concejiles no podía “ser elegidas ningunas personas, que no sean vecinos, y el que tuviere casa poblada, aunque no sea encomendero de indios, se entienda ser vecino” (Recop., 4, 10, 6).

 

Óleo de Ceferino Carnacini
El pueblo quiere saber de qué se trata. Óleo de Ceferino Carnacini

3. Los grupos sociales porteños a principios del siglo XIX

El equilibrio se perdió bruscamente en el último tercio del siglo XVIII. Sus causas fueron la expulsión de la Compañía de Jesús, la secularización de muchas rentas eclesiásticas, el creciente centralismo administrativo impuesto desde la metrópoli, el régimen de las intendencias con su superioridad sobre los cabildos, los nuevos servicios públicos y los organismos administrativos recientemente creados.

Todo ello obligó al fortalecimiento del Estado y a ampliar la maquinaria burocrática –medidas típicas de los Borbones descendientes de Luis XIV– en detrimento de la Iglesia y de los grupos sociales que hasta entonces habían ejercido su poder. Desde fines del siglo XVIII se produce un enfrentamiento entre el cabildo porteño, la Real Audiencia y el virrey.

La rivalidad se agudiza en las épocas del marqués de Sobre Monte y Santiago de Liniers, a lo largo de un proceso que conduce al motín del 1° de enero de 1809. Esta última fue una tentativa realizada por los integrantes más encumbrados de la sociedad porteña para lograr la exclusividad de un poder que consideraban peligrosamente detentado.

Los miembros del cabildo desterrado fueron Martín de Álzaga, alcalde de primer voto; Esteban Villanueva, síndico procurador; Olaguer Reynals, comandante de catalanes y alférez real; Francisco Neyra y Arellano, capitán de gallegos, y Juan Antonio de Santa Coloma, capitán de vizcaínos, ambos regidores. El fracaso del movimiento produjo el desprestigio del cuerpo capitular y la dispersión de sus miembros, quienes no pudieron gravitar mayormente en los sucesos de 1810.

Una carta anónima, dirigida a Francisco Juanicó el 26 de mayo de 1810, dice que “Álzaga no quiso asistir [al cabildo] por estar arrestado, aunque los patricios lo fueron a convidar”. Es digno de destacar que, ese grupo estaba constituido casi exclusivamente por comerciantes que dirigían a la vez el cabildo y el consulado, aunque accidentalmente fueran también comandantes de los cuerpos formados por peninsulares.

El episodio del 1° de enero de 1809 puso en evidencia las transformaciones que se produjeron durante los últimos años de la dominación hispánica entre los sectores dirigentes de la vida bonaerense. Si los vecinos más destacados fuero vencidos –y con ellos las tropas peninsulares que los apoyaban y que fueron disueltas–, no por ello quedó prestigiado el gobierno, cuya incapacidad para defenderse fue notable.

Los ganadores indiscutibles fueron los militares agrupados en los batallones criollos, es decir, un elemento social nuevo que hasta entonces no figuraba como factor real de poder. El ejército en la época colonial estaba formado por milicias constituidas por los mismos vecinos o por sus familiares, o bien lo integraban tropas regulares cuyos mandos –ya profesionales– pertenecían naturalmente a la organización administrativa y a la clase de los funcionarios.

Además, eran los virreyes quienes tenían el mando de esas tropas, diseminadas generalmente a lo largo de las fronteras para prevenirse de los ataques portugueses. La aparición de aquella nueva fuerza militar obedece a un conjunto de factores que al ubicarlos en posición tan destacada la convirtió en el árbitro de los acontecimientos.

Las invasiones inglesas provocaron la militarización de la sociedad en cuerpos militares organizados por su procedencia y etnias. Sus jefes fueron nombrados por elección, convirtiendo a esa organización en una democracia militar, a decir de Bartolomé Mitre.

Por último, la falta de comunicación fluida con la metrópoli y la imposibilidad de ésta de enviar tropas –por ser indispensables para luchar contra los franceses– hicieron que el ejército regular en Buenos Aires quedara reducido a muy pocas plazas. El 24 de mayo de 1810, las fuerzas de los regimientos Fijo y Dragones ascendían a 371 hombres, mientras que los regimientos urbanos tenían en la misma fecha, un total de 2979 hombres.

Este cúmulo de circunstancias convirtió naturalmente a los cuerpos de Patricios y Arribeños en un factor de poder con el cual tenían que contar las autoridades para defenderse y los revolucionarios para triunfar. Pero su misma importancia, y la gravitación que habían tenido sus jefes en sucesos anteriores, dieron a esos grupos la sensación de que ellos podían dejar de ser un elemento dirigido para convertirse realmente en un factor de dirección.        

Los batallones criollos estaban formados por jóvenes de todas las clases sociales, reunidos por un común sentimiento patriótico que los impulsaba a defender su tierra de los enemigos exteriores. En 1810 estos grupos militares van a ser el factor decisivo en la conquista del poder.

No fue este último el único elemento nuevo que surge en el virreinato, y sobre todo en Buenos Aires, al final de la dominación hispánica. Otros núcleos, que no identifican ni confunden con el vecindario capitular y que tampoco son exclusivamente criollos, aparecen en el cambiante escenario social aportando su mayor cultura y notorias preocupaciones políticas.  

La mayor riqueza, el boato de los funcionarios y las comunicaciones más frecuentes con Europa despertaron un ansia de progreso y de elevación que, en muchos casos, trató de satisfacerse con el grado universitario. Entonces, dentro de una población cada vez más numerosa y más rica, aparecen personalidades que se elevan gracias a su preparación, capacidad o fortuna, hasta firmar todas ellas –a veces sin advertirlo– un sector que trataba de igualar a los más encumbrados de la sociedad.         

Se puede afirmar que es la clase media, o bien, adoptando una terminología universalmente aceptada, son los burgueses que aspiran a sobresalir. Este cambio se había dado en Europa y no extraña que sucediera también en Buenos Aires de principios del siglo XIX, auspiciado por una literatura que critica los privilegios de la nobleza y exalta en cambio los valores intelectuales.

Los nuevos elementos son generalmente universitarios –abogados, médicos, escribanos y también sacerdotes– imbuidos del ideario de la Ilustración. No se confunden con los sectores más elevados, pues muchos de ellos carecen de arraigo en la población y no pertenecen a las familias tradicionales.           

Tampoco son militares, sino excepcionalmente, constituyen una fuerza distinta que va a destacarse por su cultura y por la difusión de un pensamiento modernista e innovador, en medio de una sociedad que hasta entonces carecía de preocupaciones intelectuales. Belgrano y Castelli eran hijos de italianos; Moreno y Vieytes de inmigrantes españoles; Larrea y Matheu eran catalanes.

La superioridad de su cultura les daba argumentos suficientes para querer participar en la conducción del país, al cual veían dirigido por funcionarios o grupos con menos capacidad sin la formación que ellos consideraban indispensable. Entre tanto, ocupaban cargos secundarios o desempeñaban sus respectivas profesiones, sin dejar por ello de difundir la ideología iluminista en los periódicos que fundaron.

Mientras los criollos, que generalmente integraban los cuadros miliares, pretendían ya la emancipación de su país y la exclusividad de su gobierno, los burgueses sólo aspiraban a participar del poder, con el objeto de aplicar el ideario reformista que simultáneamente estaban aprendiendo y divulgando. En el primero de esos grupos es fácil ubicar a quienes lucharon contra los ingleses y luego defendieron a Liniers frente al cabildo (Cornelio de Saavedra, Juan Martín de Pueyrredón, Martín Rodríguez, los Balcarce, Viamonte, etc.).

Los más activos, y los que evidenciaron mayor decisión en su empeño por lograr un cambio político, estaban dirigidos por Belgrano y Castelli, y sus reuniones se verificaban en las residencias de Rodríguez Peña y Vieytes. Paralelamente otros, como Moreno, Larrea y Matheu, intervenían en el movimiento del 1° de enero de 1809, tendiente a formar una junta de gobierno similar a las de España, manteniendo el influjo del grupo capitular.     

Y mientras éstos últimos se atraían, por esa misma actitud, la inquina de los militares, Belgrano y los suyos lograban aproximarse a los jefes patricios a raíz de la tentativa –efectuada en julio de 1809– de resistir la asunción del mando por Baltasar Hidalgo de Cisneros. Martín Rodríguez en su Memoria, da la lista de las personas que se reunieron en su casa y luego en la de Rodríguez Peña los días 19 y 20 de mayo.

En ella figuran Saavedra, Francisco Antonio Ocampo, Florencio Terrada, Viamonte (todos jefes militares), Belgrano, Castelli, Beruti, Chiclana, Juan José y Francisco Paso, Vieytes y Donado. Cabe aclarar que no es posible establecer una absoluta separación entre cada uno de esos grupos políticos y sociales, en una población diminuta y compacta como lo era Buenos Aires.

Pero es evidente que si se trata de analizar con cierta precisión el ambiente de 1810, no es posible dejar de tener en cuenta la influencia respectiva de esos sectores más elevados, ni la aparición de un grupo que responde a un fenómeno entonces universal que se ha llamado, precisamente, la revolución burguesa del siglo XVIII.

Primera Junta de Gobierno
4. Los grupos políticos revolucionarios

Jorge María Ramallo, al profundizar el estudio de los grupos políticos revolucionarios, distingue tres corrientes, que se fueron delineando a partir de las invasiones británicas y dieron cuenta, en distintas ocasiones, de sus objetivos.

Un primer grupo, conducido por Álzaga, estaba integrado principalmente por españoles europeos –como Larrea y Matheu–, pero contaba con adherentes criollos –como Moreno y Julián de Leiva–. Su objetivo era la defensa del virreinato contra la dominación extranjera y su plan de independencia estaba condicionado a la pérdida de España o al predominio de los españoles europeos.

El segundo grupo, liderado por Castelli –integrado por Belgrano, Vieytes y Paso–, intentó llegar a la independencia utilizando vías distintas, según las ocasiones. Ya sea entrando en contacto con los jefes de la invasión británica, o posteriormente propiciando el plan de la princesa Carlota Joaquina de Borbón, hermana de Fernando VII, para finalmente coincidir con el tercer grupo en mayo de 1810.

El tercer grupo era liderado por Cornelio Saavedra, el de los “Patricios”, originado en la lucha contra los ingleses y fortalecido en la defensa del virrey Liniers durante los sucesos del 1° de enero. Este grupo tuvo papel decisivo en mayo de 1810, junto con el anterior.

Ramallo al estudiar la composición de la Junta Patria del día 25 y las siguientes designaciones civiles y militares, advierte cómo aparecen representados los tres grupos revolucionarios.

Según Víctor Tau Anzoátegui y Eduardo Martiré, se discute acerca de la intervención del pueblo en este movimiento, y aunque el problema no ha sido enfocado en todos los casos desde un mismo punto de vista, conviene en señalar algunas opiniones de nuestros historiadores.

Para Ricardo Levene, fue una “minoría dinámica…con capacidad de irradiación sobre la inmensa masa”. Ricardo Zorraquín Becú dijo que el pueblo no tenía función alguna dentro de los resortes legales, salvo el hecho de que con su número pudiera ejercer presiones sobre las autoridades. Roberto H. Marfany reduce los alcances del hecho a un “pronunciamiento militar”, dado que fue en los cuarteles donde se incubó el movimiento, y sostiene que tanto la instalación de la Junta del 24 y su destitución, como la elección de la Junta Patria, fueron provocadas por la actividad castrense.

 


5. Conclusión

Del cabildo abierto cuya doctrina política era acorde a la tradición espiritual e intelectual española, surgió la Junta Patria, adornada con esos principios para el cumplimiento del mandato soberano. La poesía anónima de la época que publicó Roberto H. Marfany en su estudio El cabildo de Mayo dice:

La Provisional / Y Gubernativa / Junta que ha formado / Buenos Ayres, viva.

Para libertarnos / de las Anarquías / y los Francmasones / de la Francia impía.

La Provisional / Y Gubernativa / Junta que ha formado / Buenos Ayres, viva.

 

Fuentes:
MARFANY, Roberto H., El cabildo de Mayo, Ediciones Theoría, Buenos Aires, 1961.

TAU ANZOÁTEGUI, Víctor y MARTIRÉ, Eduardo, Manual de Historia de las Instituciones Argentinas, Librería Histórica Perrot, Buenos Aires, 2005.

ZORRAQUÍN BECÚ, Ricardo, “Los grupos sociales en la Revolución de Mayo”, en Historia N° 22, Buenos Aires, 1961.