Diario La Prensa 5 de abril de 2005
Carta enviada por el director del blog sobre la relación entre Vélez Sársfiel y Rosas
del 20 de julio de 2024
Diario La Prensa 5 de abril de 2005
Carta enviada por el director del blog sobre la relación entre Vélez Sársfiel y Rosas
En el N° 684 de la revista Todo es Historia del mes de enero de 2025, fué publicado el siguiente artículo de autoría del director de este Blog, Norberto J. Chiviló, sobre el Paseo de la Ribera.
Observación: En primer término se publica el escaneo de la tapa de la revista y las páginas correspondientes al artículo.
Como su lectura puede ser dificultosa para algunas personas, por la medida de las letras, a continuación está la transcripción del artículo con letra más legible.
1757-1919 Cambios urbanísticos en Buenos Aires
Del Paseo de la
Ribera a la Avenida Leandro N. Alem
Por Norberto Jorge Chiviló
Una de las
distracciones de los habitantes de Buenos Aires, desde siempre, fue pasear por
la ribera del río de la Plata, que los porteños de la Gran Aldea denominaban
Paseo de la Ribera, del Bajo o de la Alameda y que fue el primer lugar de
esparcimiento público de los inicios de la que después sería la Reina del Plata.
La
época de antaño
En 1757 el
entonces gobernador Pedro Antonio de Cevallos Cortés y Calderón (recordemos que
en esa época Buenos Aires era una gobernación que dependía del Virreinato del
Perú y que Cevallos posteriormente sería nombrado como primer virrey del Río de
la Plata en 1776), encargó al Cabildo la construcción de un paseo arbolado, frente
al río, en lo que se llamaba “el bajo de la
ciudad”, desde el fuerte –actual Casa Rosada– hacia
el norte –Retiro–, en el que plantaron sauces.
El 2 de
noviembre de 1773 el gobernador interino Diego de Salas, mediante un Auto o Bando de buen gobierno (1) prohibió dejar animales sueltos, cortar estacas y poner ropa a
secar en ese lugar.
Ese espacio
público fue mejorado después por el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo
durante su mandato (1778-1784) –al margen diremos que fue el único Virrey que gobernó
estas tierras, nacido en América y que tuvo una destacada actuación con una
importante obra de gobierno–, quien lo amplió en una calle de dos vías, convirtiéndose
luego en un paseo costanero durante la gestión del virrey Rafael de Sobremonte
y Núñez del Castillo (1804-1807).
En el lugar que
originariamente fue un saucedal, se plantaron ombúes y álamos entre otras
especies arbóreas y se hicieron bancos de ladrillos para el descanso de los
paseantes.
La extensión del
Paseo era de aproximadamente cuatro cuadras (400 metros).
En la ribera del río las lavanderas hacían su diario trabajo y también se extraía el agua, transportada por los carros de los aguateros, que con la que se juntaba en los aljibes servía para el consumo de los habitantes de la incipiente ciudad.
Durante la época estival y a partir de la bendición de las aguas cada 8 de
diciembre, el lugar de playa aledaño al paseo –uno de los principales de la
costa–, era frecuentado por bañistas para mitigar el calor de aquella época del
año. En 1809 el virrey Cisneros, dispuso en un Auto o Bando de buen gobierno, a raíz de los excesos contrarios a
la moral cristina que cometían los bañistas en la ribera, lo siguiente: “mando
que nadie entre… a bañarse por los sitios que están a la vista del Paseo del
Bajo sino de noche, observando la más posible decencia, quietud y buen orden”.
En el The British Packet, periódico editado en
inglés en Buenos Aires, en su edición del 14 de enero de 1832, comentaba lo
siguiente: “El 6 del corriente noche de Reyes, fue feriado; por la mañana cayó
una ligera llovizna que refrescó la atmósfera, y por la noche, la Alameda
estuvo extremadamente concurrida por gran número de damas.
“El domingo
pasado, al anochecer, el paseo se vio literalmente atestado; nunca lo habíamos
visto así, ni tampoco a tantas mujeres hermosas, vestidas con elegantes trajes,
que causan la admiración de los extranjeros. Sin embargo, esta alameda, es
mísera para una ciudad como Buenos Aires, y dudamos de que pueda ser
materialmente mejorada, dado que su ubicación es muy desfavorable”.
En
tiempos de Rosas
En 1844, durante
el gobierno de Juan Manuel de Rosas, se contrató al ingeniero Felipe Senillosa
para que proyectara y ejecutara mejoras en el lugar.
Con ladrillos
traídos desde los hornos de los Santos Lugares de Rosas, se comenzó a levantar en
el lugar un largo murallón con verja de hierro, denominado Murallón de la
Alameda, cuyo objetivo era impedir o contener las aguas del río en las
crecientes originadas por la sudestada, que pudieran anegar la zona hasta la
calle 25 de Mayo. También se ensanchó la calle y el piso fue tratado con el
método de Mac'Adams –conocido en aquella época como “macadamizado”– que era una
técnica moderna (2); y
además se agregaron más árboles y faroles.
Un camino
arbolado con sauces y naranjos y provisto de faroles, unía el lugar con la casona
de Rosas en Palermo de San Benito. En mayo de 1849 se estableció el primer
servicio de transporte de pasajeros de la ciudad, que unió ambos lugares, por
dos diligencias que partían a las 15 y 16 horas y que se cruzaban en el camino.
Ese camino también había sido tratado con el mismo método de pavimentación y al
decir del viajero francés Xavier Marmier, quien arribó a Buenos Aires en 1850 y
publicó al año siguiente Lettres sur
l’Amerique –entre nosotros conocido como Buenos Aires y Montevideo en 1850–, “El camino que comunica Palermo
con la ciudad, sería en cualquier parte considerado un excelente camino. En
efecto; se halla apisonado como un sendero de parque inglés y alumbrado por la
noche con dos líneas de reverberos, como una avenida de los Campos Eliseos… ” (3); es de considerar que
el Paseo de la Alameda y el camino que lo unía con Palermo, habían sido tratados
con el mismo método y que también la iluminación habría sido la misma.
Senillosa, que fue quien confeccionó los planos de la nueva obra,
manifestaba en el informe que los acompañó: “La alameda principia desde la
plaza 25 de Mayo, aunque el paseo verdaderamente dicho, sólo se extiende por
ahora desde la barranca cerca de la Fortaleza hasta la prolongación de la calle
Corrientes. El muro y terraplén avanzan hacia el río hasta ponerle en línea
recta con los puntos más avanzados de la Fortaleza. De este modo el espacio
total sería de cerca de cuatro cuadras de longitud y setenta y cuatro varas de ancho. De éstas, las veinte contiguas a
los edificios quedarían para calle pública y el resto hasta la muralla sería un paseo cruzado por cinco
caminos…”.
Por esta época también comenzó el relleno de las costas, para ganar
espacio al río.
Juan Manuel
Beruti, verdadero cronista de la época, en sus apuntes que tomaba día a día y
que después fueron recopilados y editados con el nombre de Memorias curiosas, relató: “También a mediados de este mes de
diciembre de 1846, se principió a levantar una muralla desde la punta del
baluarte del Fuerte en la barranca del sur al norte, para contener las
crecientes del río y formar una hermosa alameda, que por lo menos será de larga
cinco o seis cuadras” (4).
En su Mensaje anual a la Legislatura, el 27 de diciembre de 1846, el gobernador Rosas le informaba: “El Gobierno atiende moderadamente a la obra de la Alameda. La dirección es encargada al ciudadano Ingeniero D. Felipe Senillosa. La ejecución, reparo y celo de los trabajos, están encomendados al capitán del Puerto”.
Más adelante y ya refiriéndose al acto de la colocación de la piedra fundamental el 18 de enero de 1847, Beruti sigue con su relato: “En esta tarde, en presencia de las autoridades eclesiásticas, civiles, militares, ministros y cónsules extranjeros, vecinos más notables y un sinnúmero de pueblo que concurrió, en el cimiento del muro que se va a levantar y arranca del baluarte de la fortaleza que mira al Norte, en la parte de la barranca del río de la alameda, se colocó la piedra fundamental de esta obra, que fue una urna de cristal metida dentro de un cajón de piedra; la que bendijo antes el ilustrísimo señor obispo diocesano don Mariano Medrano acompañado del presidente del venerable senado del clero, señores canónigos y eclesiásticos. Fueron padrinos de la ceremonia el señor ministro de Hacienda don Manuel Insiarte y la señora doña Manuela Rosas y Ezcurra.
“Toda la alameda estaba
embanderada federalmente, y varias bandas militares, con su música, divertían a
la concurrencia.
“Se firmó un acta
autorizada por el escribano mayor de gobierno, don Rufino Basavilbaso, que fue
colocada su original en la urna; y se sacó antes una copia autorizada, que
se pasó al gobierno para que la mandase archivar donde fuera de su supremo
agrado.
“Concluido todo, pasaron
todas las autoridades a la casa de la comandancia de marina, en donde en una
gran sala elegantemente adornada con el retrato del señor gobernador y banderas estaba
colocada una espléndida mesa de refresco, entonándose varios himnos federales,
que fueron cantados por los mismos aficionados; habiendo en seguida formádose
una tertulia de baile, que duró hasta las once de la noche.
“Las monedas de varias
naciones que se colocaron y depositaron en la urna en que se colocó el acta y
otros documentos relativos a la colocación de la piedra fundamental son las
siguientes...” (5) y
allí también nombra a las personalidades tales como Manuela Rosas, Pedro
Romero, Pedro Gimeno, Pedro De Ángelis, Gregorio Lezama, Fernando Gloede, quienes
aportaron las monedas de nuestro país y de otros de América y Europa.
Sánchez Zinny, en su libro
Manuelita de Rosas y Ezcurra. Verdad y
leyenda de su vida, refiere con respecto al mismo acto, aportando mayores
datos: “Su excelencia, el Ilustre Restaurador, excusa su asistencia. Manuelita
lo representa. Ella, además, es la madrina en la ceremonia. Llega acompañada de
sus damas de honor. Muchos coches conducen a la concurrencia. Ministros del P.
E., representantes extranjeros, generales y lo más descollantes de la sociedad
federal hacen acto de presencia. Las señoras con sus trajes claros, ponen
colorido amable a la fiesta... El acto fue presidido por el ministro de Hacienda, doctor Manuel
Insiarte. Se depositó en la obra, la colección de
documentos oficiales ordenando la ejecución y la nómina de los
miembros de la H. Junta de Representantes, junto al nombre del Restaurador, encargado de las Relaciones
Exteriores de la Confederación Argentina. Colocadas en el cajón de la piedra
fundamental, en una urna de cristal, depositaron los documentos y 101 medallas
de oro, plata y cobre, desde 1644
al 1845. Además, se pusieron un billete de cada clase de moneda corriente, desde
20 pesos hasta uno” (6).
Tal como lo relata este historiador, Rosas no participó del evento. Él no era
persona a la cual gustaran los actos oficiales. De carácter retraído omitía las
tertulias, fiestas o reuniones, sobre todo donde hubiera gran concentración de
gente.
El 15 de marzo de 1848, la Legislatura bonaerense, en homenaje al Gobernador y a su esposa Encarnación Ezcurra, quien había fallecido casi diez años antes, decidió ponerle a ese paseo ribereño el nombre de la llamada “Heroína de la Federación”. Así lo comento Beruti: “En sesión de este día ha ordenado la sala de representantes, en memoria de la finada doña Encarnación Ezcurra de Rosas, mujer del señor gobernador Rosas, en consideración a su marido como a lo que ella contribuyó a la causa federal y perpetuar su memoria, lo siguiente. Artículo 1° - El paseo de la Rivera se denominará en lo sucesivo paseo de la Encarnación” (7).
Rosas no aceptó el homenaje que se realizaba en
memoria de su finada esposa y del suyo propio y solicitó que al paseo se lo
denominara “Paseo de Julio” en homenaje al mes en que se había declarado la
Independencia.
Así lo informa Beruti: “31 de octubre de 1848. Por
orden del superior gobierno el jefe de policía don Juan Moreno, en este día, ha
hecho saber al público, quedar suprimido el nombre de la calle de la Alameda
instituyéndose éste con el de ‘calle de Julio’” (8).
En el mensaje a la Legislatura
enviado por Rosas el 27 de diciembre de ese año, dirá: “Continúa la importante
obra de la ribera. Me ha sido muy grato expresaros mi más íntimo agradecimiento
por haberle designado el nombre de ‘Paseo de la Encarnación’ y porque
accedísteis benévolamente a mi súplica, de que suprimiéndose éste, se lo
denomine ‘Paseo de Julio’”. El 9 de Julio fue instituida como fecha patria
durante el gobierno de Rosas y junto con la del 25 de Mayo, fueron valoradas de
una manera especial, por lo que significaban; anualmente y durante su gobierno,
se recordaron y festejaron con solemnidad.
Estas celebraciones patrias
comenzaban con las salvas de la artillería de la fortaleza y los buques de
guerra empavesados surtos en la rada, respondidas por las de otros buques
extranjeros; se embanderaba –con la bandera nacional y la de países amigos– e
iluminaba la Pirámide de Mayo, como así también toda la ciudad. Además de la
celebración del tradicional Te Deum
en la Catedral, se sumaban actos y desfiles militares y de bandas de música,
como así también funciones teatrales –en las que los concurrentes, de pie,
cantaban el Himno– y diversos juegos para diversión para los jóvenes. Todo ello
concitaba la atención y la participación entusiasta y patriótica de toda la
población nativa y extranjera, según lo refieren las crónicas de la época.
De acuerdo a lo relatado por los
historiadores Sánchez Zinny y Adolfo Sandías podemos reconstruir lo ocurrido en
esa fecha patria, especialmente en lo que se refiere al Paseo de Julio, dejando
de lado el relato de las restantes celebraciones y actos, que tuvieron lugar
después.
Producido en la localidad
entrerriana de Concepción del Uruguay el 1° de mayo de 1851 el denominado “Pronunciamiento”
de Urquiza –contra el gobernador Rosas– se sucedieron en todo el resto del
país, pero especialmente en Buenos Aires, muestras de adhesión y aprecio de
toda la población hacia su gobernador y su gobierno, atento a que Rosas –quien
como mandatario de la provincia de Buenos Aires–, detentaba el ejercicio de las
relaciones exteriores de la Confederación Argentina.
Dos meses después de aquel
hecho, la celebración del 9 de julio, que tuvo lugar en la ciudad, cobró un
significado especial. Fue un día frio y tormentoso, con viento huracanado –que
volteó parte de la Recova–, no obstante, se realizó una gran parada militar,
con la participación de más de 8.000 soldados, formados en el cuadro de la
Plaza de la Victoria pertenecientes a los cuerpos de fuerzas de línea y los
llamados “cívicos” o Patricios de la ciudad, o simplemente “Patricios”, más el
regimiento 1° de artillería ligera al mando del coronel Martiniano Chilavert;
la formación contaba con 43 cañones tirado por mulas, correspondientes a todos
aquellos batallones. El pueblo acompañó en la ocasión a su gobernador, con
grandes demostraciones de fervor y patriotismo.
Rosas –vestido de uniforme azul
y a caballo, y en contra de la costumbre–, se puso al frente, escoltado por su
amigo Máximo Terrero, oficiando como ayudante de campo, ataviado con chaqueta y
chiripá colorado, cribado calzoncillo y grandes espuelas, seguido por seis
ayudantes y por la división Palermo desfilando al trote, apareció por el Paseo
de Julio, en marcha hacia el Fuerte. Los soldados lucían poncho rojo y
boleadoras atadas a la cintura, con los lazos en las ancas de los caballos.
La inclemencia del tiempo no amilanó
al pueblo porteño, que participó de todos los actos.
Cuenta Saldías que cuando “… apareció Rozas por el Paseo de Julio, al frente de la división Palermo. El pueblo nacional y extranjero corrió a su encuentro. Una enorme masa humana cubrió el ancho espacio, y lanzó esos ecos que conmueven el suelo con la fuerza de un cataclismo, y vibran en los aires entre ondas que sustenta el entusiasmo. Estrechado cada vez más por esa masa que sin cesar lo aclamaba; en la imposibilidad de dar un paso porque todos querían aproximarse a él y vivarlo personalmente; acusando en la rara palidez de su rostro la emoción que lo embargaba, Rozas dejó hacer al pueblo, y aquello habría interrumpido probablemente las ceremonias oficiales del día, si uno de los ayudantes de campo no hubiese a duras penas abierto con los soldados el camino por el cual Rozas siguió a pie hasta la Catedral...” (9).
Después de Caseros
Caído Rosas, y durante la
administración del Estado de Buenos Aires, –secesionada la provincia de la
Confederación Argentina–, continuó la modernización y remodelación en el paseo
con nuevas obras y mejoras.
Paulatinamente y por efecto del
limo traído por el río y sumado al relleno realizado por el hombre, hizo que surgieran
nuevas tierras ganadas al Plata y que el paseo dejara poco a poco de ser
ribereño y que con el tiempo esas tierras –entre el paseo y el río– fueran
ocupadas y se construyeran importantes edificaciones, convirtiendo a la zona en
un lugar de gran importancia en la ciudad. Aunque el llamado paseo de Julio, se
parquizó, en uno de esos espacios por iniciativa de residentes italianos se
instaló una estatua de Giuseppe Mazzini, en aquél entonces llamada plaza
Mazzini y actualmente como Plaza Roma.
En el año 1855 y en esas nuevas
tierras ganadas al río y como consecuencia del importante tráfico marítimo de
la ciudad y al aumento del calado de los barcos, se decidió la construcción de
la llamada Aduana Nueva o Aduana Taylor –por el apellido del ingeniero que la
proyectó– de forma semicircular ubicada frente al río y detrás de la Casa de
Gobierno, que contaba con un espigón o amarradero de madera de 300 metros y que
se terminó de construir dos años después. Con el tiempo, debido al oleaje del
río, la estructura de hierro del edificio y el muelle se fueron deteriorando y
fue demolido en gran parte en 1894 –ya que quedó una parte enterrada–, para dar
lugar a la construcción de Puerto Madero.
En el artículo “Cuando el río
era amable” publicado en el diario La
Nación, Germán Wille dice “…hacia la década de 1870, la gente concurría a
refrescarse masivamente a una lengua del río que se metía unos cuantos metros
en el territorio de la ciudad, entre las actuales calles Lavalle y Tucumán, más
o menos donde hoy se encuentra la Plaza Roma. El lugar era conocido
popularmente como ‘la Canaleta’. Además de balneario, este pedazo de río era
utilizado como una feria comercial. Según narra Enrique Herz en su libro Historia del agua en Buenos Aires, a la
Canaleta llegaban botes de fruteros, pescadores y verduleros, que ponían a la
venta sus productos frescos. Era común que las ‘chinas’ cocineras de la
vecindad se acercaran hasta el lugar para hacer sus compras”10.
En el año 1868, se dictó una
ordenanza, disponiéndose que los edificios cuyos frentes daban al paso de
Julio, debían tener recova. Esa ordenanza establecía detalladamente como debía
ser la recova, con informes de metraje, materiales a utilizar, etc.
A principios del siglo XX el paseo
no tenía buena reputación, pues allí había burdeles, a los cuales concurrían
los marineros que llegaban a la ciudad.
A mediados de 1903, se instaló
la monumental fuente Las Nereidas, en la intersección con la calle Cangallo
–actual calle Pte. Perón–, que originariamente había
sido emplazada en la Plaza de Mayo, pero como se exhibían esculturas de
desnudos femeninos para lo cual se utilizó mármol de Carrara, que causó
conmoción y escándalo en la población conservadora de la época, se eligió este
lugar del paseo de Julio, para ser instalada esta obra de la escultora Lola
Mora, pero en 1918 fue trasladada a su actual emplazamiento en la Costanera Sur,
más alejado de la ciudad.
En 1905 se construyó para el empresario
naviero Nicolás Mihanovich, frente a la fuente de Las Nereidas, el Palace
Hotel, de notables características para la época, ya que todas las habitaciones
contaban con calefacción y teléfono, tenía tres ascensores y sobre el techo
había un jardín. Allí se alojaban personalidades e importantes viajeros y
también se alojaron las delegaciones que vinieron a Buenos Aires, para los
festejos del Centenario, en 1910.
Por Ordenanza N° 520 del 28 de noviembre de 1919 el paseo de Julio cambió
su nombre por el fundador del radicalismo, Leandro N. Alem, denominación que
tiene hasta la actualidad. No obstante ello, a esa parte de la avenida, se la
sigue llamando “del bajo”.
Notas
1. Los llamados “Bandos de buen gobierno”, eran normas de carácter
general y de utilidad común que tenían por objeto el ordenamiento de la ciudad
o pueblos en sus variados aspectos y que debían ser cumplidas por los
habitantes, estableciendo también las penalidades o sanciones en caso
contrario. Se difundían a viva voz por los pregoneros o por la fijación de
carteles en lugares visibles.
2. El Diccionario de la Real Academia Española, define al macadán o macadam como “Pavimento de piedra machacada que una vez tendida se
comprime con el rodillo”. La palabra deriva del apellido del inventor: John
Loudon McAdam. En Buenos Aires, por las características del terreno de llanura y
debido a la inexistencia de piedras, se utilizaron conchillas, por lo cual el
camino tenía un color blanquecino y en días secos y de viento se originaba gran
polvareda.
3. Marmier, Xavier. Buenos Aires y
Montevideo en 1850. 1948. El Ateneo. página 83.
4. Beruti, Juan Manuel. Memorias
curiosas. 2001. Emecé, página 460.
5. Ibidem, página 462.
6. Sánchez Zinny, E.F. Manuelita de
Rosas y Ezcurra. Verdad y leyenda de su vida, 2da. edición. 1942, páginas 297 y 298.
7. Beruti, página 469.
8. Beruti, página 471.
9. Saldías, Adolfo, Historia de la Confederación
Argentina – Rozas y su época. 1951. Tomo III, El
Ateneo, página 406.
10. Wille, Germán, diario La Nación, 20 de mayo de 2024, página 32. https://www.lanacion.com.ar/opinion/cuando-el-rio-era-amable-nid20052024/
REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA
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CARTA PUBLICADA EN EL DIARIO LA NACION, EL 3 DE JUNIO DE 2014
SARMIENTO
La Asociación Sarmientina no ha podido permanecer ajena al agravio que, semanas atrás, perpetró el ministro de Defensa de la República Oriental del Uruguay contra la memoria del prócer argentino Domingo Faustino Sarmiento. Tamaña ofensa amerita, necesariamente, volver la vista a la acción de Sarmiento como educador, escritor, político, humanista y presidente de la Argentina. En esta carta sólo manifestaremos, como acto de reparación, la reflexión que el propio Sarmiento ofreció al pueblo uruguayo un día de 1887: "Me complazco en repetirme que orientales es un calificativo de argentinos. Ese Mar Dulce, como lo llamó Solís, lejos de separarnos, tiende sus brazos a ambos lados de su lecho, para pasar sobre su blando y ondulado seno".
Cabe recordar que el féretro que encerraba los restos de Sarmiento arribó a la Argentina proveniente del Paraguay cubierto, por expresa disposición del prócer, de las banderas de aquellas naciones que habían recogido su lucha en pos de una América mejor, los pabellones argentino, uruguayo, chileno y paraguayo.
Mónica Dacharry Sánchez
Presidenta Asociación Sarmientina
DNI 3.179.780
CARTA PUBLICADA EN EL DIARIO LA NACION, EL 8 DE JUNIO DE 2014
Días atrás leí la carta de lector que remitió la señora Dacharry Sánchez, presidenta de la Asociación Sarmientina, relacionada con los dichos del ministro de Defensa uruguayo sobre Sarmiento, que ella califica como "agravio" y "tamaña ofensa".
Las palabras recordadas por el ministro como dichas en su momento por Sarmiento ("...no ahorre sangre de gauchos...") fueron verdaderas y decir la verdad no es ofender ni agraviar a nadie. Decía Artigas que "con la verdad no ofendo ni temo" y creo que ello es el centro de la cuestión.
Al recordar el ministro uruguayo esas palabras de Sarmiento, a nadie ofendió ni menos aún agravió. Lo que sí resultaron una calamidad fueron las palabras de Sarmiento.
Norberto Jorge Chiviló
DNI 8.260.897
Diario Clarín del 12 de noviembre de 2024
El 12 de noviembre de 2024, en la página 2 del diario Clarín, en la columna "DEL EDITOR" se publicó el artículo "Cristina, Rosas y Perón, un solo corazón", cuyo autor fue el periodista Pablo Vaca.
Por no estar de acuerdo con algunos de los conceptos expresados, le remití al autor del artículo una carta a su correo electrónico pvaca@clarin.com
Hasta el momento no recibí ninguna contestación, no obstante que mi correo fue recibido por el destinatario, pues no fue devuelto, y en el caso de recibir alguna respuesta, la misma será publicado en este blog.
Aquí el texto del artículo:
Cristina, Rosas y Perón, un solo corazón
DEL EDITOR
Pablo Vaca - pvaca@clarin.com
En su afán por defenderla, Kicillof no se anduvo con chiquitas: “Se convierte en un caso de persecución políticojudicial y proscripción, como pasó con otros líderes del campo popular de la historia argentina, todos del peronismo o casi todos porque les ocurrió a Frondizi, Yrigoyen, pasando por San Martín, Rosas, Perón y por supuesto que Cristina”, dijo ayer el gobernador.
Hablaba, por supuesto, del fallo de Casación que se conocerá mañana, sobre el cual se asegura que ratificará la condena a 6 años de prisión e inhabilitación perpetua a la expresidenta por corrupción.
La lista de Kicillof de “líderes del campo popular” llama la atención. Sostiene que son “todos del peronismo o casi todos”. En realidad, son dos de seis: Perón y Cristina. A los demás -Frondizi, Yrigoyen, San Martín y Rosas- resulta difícil o imposible considerarlos peronistas: tres de ellos habían muerto cuando el General fundó su movimiento.
Además, cataloga como caso de “persecución político-judicial y proscripción” a Juan Manuel de Rosas, sobre quien se pueden discutir muchas cosas, pero no que encabezó un gobierno autoritario que mandó al destierro a cuanto opositor pudo. Y ni hablar de La Mazorca, su cuerpo parapolicial, responsable de crímenes que hoy se considerarían terrorismo de estado.
Es cierto que tras ser derrotado en Caseros debió marchar al exilio, pero poner a Rosas en la categoría de perseguido sin recordar su rol de perseguidor demuestra una mirada peculiar de la historia.
Kicillof no ahorró adjetivos para criticar el fallo que emitirá la Cámara. Lo calificó de “horror”, de “escándalo jurídico” y de “derecho fantasía”. Las pruebas que existen en la causa parecen insuficientes para el exministro de Economía, evidentemente también versado en leyes.
La enjundia del gobernador refleja la importancia del momento para la expresidenta. Hoy “estrenará” su cargo como presidenta del PJ en una “reunión de trabajo” en el sindicato de los mecánicos. Será la previa a la difusión de la sentencia, ocasión para la que se ha convocado a otra movilización a Comodoro Py, que contará con la presencia de Juan Grabois, el ministro de Justicia bonaerense, Juan Martín Mena, y hasta una referente del Partido Comunista de Brasil, entre otros. Ella, sin embargo, escuchará el fallo en el Instituto Patria.
Todo esto, en un contexto político que muestra a Cristina reafirmada en su rol como principal opositora, y que ha recuperado algunos puntos de imagen positiva, más cerca de sus números históricos.
La notable centralidad de la expresidenta -que parecía en baja pero que siempre renace- es celebrada en principio por el Gobierno. La ven como la mejor rival posible, porque estiman que su alto rechazo hace altamente improbable que les gane en las urnas.
Otros abren el paraguas y alertan que puede repetirse la historia que atormentó a Macri en 2017. Cristina perdió en esas elecciones, pero demostró que estaba viva, y las dudas sobre la viabilidad del plan económico macrista se multiplicaron lo suficiente como para que, con Alberto Fernández como mascarón de proa y ella como vice, en 2019 volviera al poder.
Que su condena por corrupción sea ratificada no altera en lo más mínimo sus chances. Donald Trump, electo de manera abrumadora pese a haber sido hallado culpable de falsear su contabilidad para pagar el silencio de una actriz porno, prueba una vez más que se vota con el bolsillo, no con la moral.
Villa
Ballester, 20 de noviembre de 2024 –
Aniversario del Combate de Vuelta de Obligado
Señor Pablo
Vaca
De mi mayor
consideración.
Dirijo a Ud. la
presente con motivo de haber leído la columna “DEL EDITOR” publicada el día 12
ppdo. en el diario Clarín, titulada “Cristina, Rosas y Perón, un solo corazón”,
de su autoría.
Su artículo tuvo su origen en las desacertadas palabras y comparaciones realizadas por el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, quien quiso igualar la situación actual de la expresidente Cristina Fernández de Kirchner –en el momento de aparecer la nota a punto de confirmarse por parte del Tribunal de Casación Penal la pena que había sido dictada por el tribunal inferior– con las de otros personajes históricos: San Martín, Rosas, Yrigoyen, Frondizi y Perón.
Ninguna
comparación puede hacerse de la situación procesal de la expresidenta, con
aquellos protagonistas nombrado por el Sr. Kicillof.
Salvo Juan Manuel de Rosas, juzgado por tribunales ordinarios –a lo cual me voy a referir más abajo– y Juan D. Perón, juzgado por un Tribunal de Honor de las FFAA; ninguno de los otros tres personajes históricos afrontaron ningún tipo de juicio.
Además tampoco
puede compararse la actuación pública de estos cinco personajes, con el de la
expresidente, en cuyos dos mandatos, más el de su esposo Néstor Kirchner y el
de su “elegido” Alberto Fernández, los llamados “16 años K”, se cometieron los actos de
corrupción más graves y aberrantes de toda nuestra historia y que son el símbolo
de la corrupción desbocada, en el que se sobrepasaron todos los límites en el
saqueo sistemático del Estado, en beneficio propio y de sus amigotes.
Ni el Brigadier General de la Confederación Argentina, José de San Martín, ni el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, quien tenía el manejo de las RREE de la Confederación Argentina Juan Manuel de Rosas, ni los otros tres presidente argentinos mencionados –los cuales podrán tener sus luces y sus sombras, y nos podrán gustar o no– tuvieron actos de corrupción.
Solamente el
delirio del gobernador de la provincia, Kicillof, puede hacer tales
comparaciones.
Pero también me
ha llamado la atención, cuando Ud. se centra en la figura de Rosas, en estos
dos párrafos:
“Además,
cataloga como caso de ‘persecución político-judicial y proscripción’ a Juan
Manuel de Rosas, sobre quien se pueden discutir muchas cosas, pero no que
encabezó un gobierno autoritario que mandó al destierro a cuanto opositor pudo.
Y ni hablar de La Mazorca, su cuerpo parapolicial, responsable de crímenes que
hoy se considerarían terrorismo de estado”.
“Es cierto que
tras ser derrotado en Caseros debió marchar al exilio, pero poner a Rosas en la
categoría de perseguido sin recordar su rol de perseguidor demuestra una mirada
peculiar de la historia”.
Siempre que se
trae a colación a Rosas, no hay otra opción que hablar de terror, la mazorca,
perseguidor, etc., etc.
Por supuesto que fue un gobierno de mano dura y gracias a Dios que así lo fue, ya que le tocó actuar en época de anarquía, de desunión nacional, y enfrentado por un partido –el unitario– que no trepidó en aliarse con potencias extranjeras y promover la secesión del territorio nacional, con tal de lograr sus fines. De no haber sido por Rosas, nuestro país no comprendería a las provincias que lo forman, sino que posiblemente no hubiera sido más que lo que era la provincia de Buenos Aires.
Con un criterio actual algunos podrían catalogarlo como “autoritario”, como también lo fueron Dorrego, Lavalle, Viamonte, Balcarce, etc. (gobernadores de Buenos Aires) y Paz, Lamadrid y otros que también actuaron de la misma forma cuando se hicieron con el poder en las provincias que dominaban y ni que decir de algunos gobiernos constitucionales como los de Urquiza, Mitre, Sarmiento, que fueron más que “autoritarios” y bastantes violentos. Debemos decir en verdad que en todos sus gobiernos, Rosas fue un gobernante que no se hizo del poder por la fuerza, sino que su acceso fue legal y de acuerdo a las normas vigentes, incluso antes de asumir su segundo mandato en 1835, pidió se realizara un plebiscito popular, que fue el primer acto de elección en nuestro país de un gobernante por medio de elección democrática, como su mismo enemigo, Sarmiento, lo reconoció: “Rosas era un republicano. Era la expresión de la voluntad del pueblo y en verdad que las actas de elección así lo muestran. El gobernante se inclina ante la soberanía popular representada por la legislatura. Grandes y poderosos ejércitos lo sirvieron, grandes y notables capitalistas lo apoyaron y sostuvieron. Abogados de nota tuvo en los profesores patentados de derecho. Verdadero entusiasmo era el de millares que lo proclamaban el Héroe del Desierto y el Gran Americano. Rosas era popular... Rosas era una manifestación social, una fórmula de una manera de ser de un pueblo. La suma del poder público le fue otorgada por aclamación y plebiscito, sometiendo al pueblo la cuestión”, ver Obras Completas, Tomo XXVII.
Durante todo el
tiempo que Rosas gobernó la provincia, contó con el apoyo de todas las clases
sociales, desde las más bajas hasta los más encumbrados, como lo hizo notar
Ricardo Rojas, autor del Santo de la
Espada, en su libro La literatura
argentina, quien afirmó sobre Rosas: “Representaba el sentimiento del país,
porque tuvo la adhesión de Buenos Aires, de las provincias, de los caudillos y
de los pueblos, de la burguesía y de la plebe, de los indios y de los gauchos,
de los negros libertos y de muchos blancos europeos… el sistema de Rosas es un
fruto de los dos sentimientos más fecundos creados por la revolución de Mayo:
el americanismo y la democracia”. Otros personajes históricos también lo
consideraron así.
El historiador polaco-estadounidense Miron Burgin en su obra The Economic Aspects of Argentine Federalism, que fue traducida y publicada en nuestro país en el año 1960 con el título Aspectos económicos del federalismo argentino, coincide con la apreciación de Ricardo Rojas en cuanto destaca la popularidad del gobernante porteño en todas las capas de la sociedad: “[En 1835]...Rosas halló en la provincia poca oposición. En realidad nunca había tenido la provincia un gobierno más popular que el que encabezaba Rosas. No sólo los terratenientes y los gauchos del campo, sino también los productores de carne, los artesanos y los pequeños comerciantes de la ciudad aclamaban a Rosas y a su gobierno como la única forma de restaurar la paz y el orden en la provincia destrozada por la guerra. Los elementos disidentes, exhaustos y desilusionados, eran impotentes frente al entusiasmo de la enorme mayoría”.
Además no hay que
perder de vista el contexto histórico en el que Rosas gobernó la provincia y
ejerció el manejo de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina,
siendo en la práctica el “presidente” de la Nación, como en alguna oportunidad José
de San Martín, se refirió a él.
Por supuesto que es necesario aclarar, como decía Winston Churchill en el libro La crisis mundial 1911-1918 “Todos los acontecimientos tienen que ser juzgados en una justa relación con las circunstancias del momento y solo desde ese punto de vista”, esa es también la opinión de muchos historiadores. Aplicar criterios actuales para “juzgar” hechos acaecidos casi dos siglos después, es irracional y no es serio, como tampoco aplicar términos como el de “autoritario” y “terrorismo de estado”.
En el mismo
sentido que Churchill, Alfredo L. Palacios, destacado político socialista, en
la sesión del 21 de noviembre de 1914 en la Cámara de Diputados, en la
discusiones sobre el presupuesto nacional, refiriéndose a Rosas, manifestó
“Cuando estudiemos el pasado, no juzguemos a los hombres, desvinculados de su
época…” y en 1933, en la revista Caras y
Caretas del 23 de diciembre, preguntado sobre su posición sobre la
repatriación de los restos de Rosas, dijo que se debe “considerar a Rosas,
históricamente sin separarlo de su época…”
En su columna,
justamente Ud. separa a Rosas de su época y de las críticas circunstancias en
las que le tocó gobernar. Como si Rosas hubiera caído del cielo en medio de un
país en paz, cuando fue todo lo contrario.
Rosas accedió a
la gobernación de la provincia, como consecuencia del amotinamiento de Lavalle
contra el legítimo gobernador Manuel Dorrego, a quien mandó asesinar bajo la
forma de “fusilamiento”, sin juicio alguno y por su sola voluntad, azuzado por
conspicuos miembros del partido unitario –a los cuales Ud. seguramente no
osaría en criticar– quienes lo apoyaron e incitaron en ese delirio. La
represión desatada por el partido unitario, mediante el empleo de las fuerza
militares sublevadas contra el pueblo federal, que son detalladamente contadas
por Juan Manuel Beruti, un observador de aquella época, que periódicamente anotaba
todo lo que ocurría en Buenos Aires y que después esas crónicas fueron
compiladas en un libro que se llama Memorias
curiosas, que le aconsejo leer para analizar el porqué de la Legislatura
provincial le otorgó el poder a Rosas y las facultades extraordinarias.
Asimismo el general Iriarte en sus Memorias,
se refiere de igual forma al actuar salvaje de los ejércitos unitarios.
Ud. tendría que leer esos libros para ver las salvajadas cometidas por las tropas unitarias, contra la población civil y el comportamiento correcto de las tropas federales a cargo del Comandante de Campaña, Rosas, –lo que ya había ocurrido en octubre de 1820 en la época que en la historia se conoce como “Anarquía del año XX”–.
Aunque a mí no me gusta calificar hechos del pasado con definiciones actuales –como más arriba lo señalé– de acuerdo al criterio usado por Ud., sí podría catalogarse a la actuación de las fuerzas militares unitarias como “terrorismo de estado”.
Ud. dice que Kicillof tiene una “mirada peculiar de la historia” –con lo que coincido–, pero ello le es aplicable también a Ud. quien no solo tiene una mirada peculiar de la historia, sino también sesgada. Se ha quedado con la gran historieta armada por la llamada Historia Oficial, alejada de la verdad histórica, llena de inventos y mentiras contra el “tirano”, “el Calígula del Plata”, “el degollador”, etc.
Ud. se quedó con
lo que le enseñaron de chico sobre Rosas y la Mazorca, que por la calle se
mataba a la gente, que en el mercado junto a los duraznos se exponían las
cabezas cortadas de los unitarios y todos esos cuentos que no tiene ningún
asidero de veracidad, sino que fueron inventos para promover el derrocamiento de
un gobierno apoyado por el total de la población y que personeros del
unitarismo se encargaron de desparramar por toda Europa y América, para lograr
la intervención de potencia extranjeras en nuestro suelo patrio, cosa que
lograron.
Ud. afirma que
Rosas “mandó al destierro a cuanto opositor pudo”. Ello no es cierto, uno de
sus mayores opositores, Juan Bautista Alberdi, afirmó en 1847 en su libro La República Argentina 37 años después de la
Revolución de Mayo: “En el suelo extranjero en que resido, no como
proscripto, pues he salido de mi patria según sus leyes, por franca y libre
elección, como un inglés o un francés de su país por conveniencia propia”.
Si Ud. pondría como ejemplo que después de la mal llamada Revolución de los “Libres de Sur” –más adecuado debería llamarse de los “hacendados del sur”– en octubre y noviembre de 1839, muchos complotados debieron exiliarse por considerarse perseguidos,… y sí… pero debemos tener en cuenta que en esos momentos nuestro país estaba siendo agredido por Francia y que esa Revolución se había hecho en combinación con Lavalle, quien mandaba el “Ejército Libertador”, que era un ejército auxiliar de los franceses. Las leyes de la época, y diría que de cualquier época, quien teje alianza con un país enemigo de su Patria y con el cual se encuentra en guerra, es reo de lesa patria y por lo tanto le cabe la pena de fusilamiento. Rosas en la ocasión fue más que benigno, pues no hizo fusilar a quienes sí debieron serlo y muchos de ellos se refugiaron en Montevideo, donde gobernaban el partido unitario, aliados al gobernante partido colorado, enemigo de nuestra patria cuyo “presidente” era el “Pardejón”, como llamaba Rosas a Fructuoso Rivera. Inclusive un hermano del Restaurador, Gervasio Rozas, quien estaba en contacto con los complotados, debió cruzar el “charco”, ya que para el Gobernador Rosas, en cuestiones de traiciones a la independencia nacional, no valían ni el parentesco, ni la pertenencia al partido federal.
En cuando a la
“despiadada violencia de la Mazorca”, le aclaro que mientras el ciudadano
cumpliera con la ley no era molestado, no importaba su preferencia política. Y
es más, Rosas era más riguroso con los federales que quebraban la ley que con los
unitarios, le pongo el ejemplo del exaltado federal Rivera Indarte, autor de
himnos a Rosas, pero que cuando cometió delitos, su filiación política no lo
salvó ir a la cárcel. Debido a ello y recobrada la libertad, vengativo, se
convirtió en un exaltado unitario y opositor al gobernador, pasado a
Montevideo, donde escribió las famosas Tablas
de Sangre, llena de mentiras pero que algunos grandulotes todavía lo tienen
como libro de cabecera. Indarte cobró de los interventores ingleses una suma
por cada muerto nombrado en su libro, por lo cual los muertos se
multiplicaron para lograr una mayor
ganancia.
Los unitarios
residentes en Buenos Aires, que cumplían con la ley, no fueron molestados y
algunos personajes como Vélez Sarsfield, inclusive eran asiduos concurrentes a
las tertulias que organizaba Manuelita Rosas en la residencia de su padre en
Palermo.
Incluso muchos
emigrados a Montevideo, cuando años después regresaron a nuestro país, no
fueron ni siquiera molestados.
La Sociedad
Popular Restauradora, llamada la “Mazorca” o “Mas horca”, según los unitarios,
no era un grupo armado, sino de apoyo al gobierno, formado por las personas más
respetables de Buenos Aires. Los llamados “mazorqueros” por los unitarios, formaban
el cuerpo de Policía y serenos, siendo los primeros quienes usaban uniforme y
fueron los encargados durante la agresión francesa de controlar a aquellos
grupos relacionados con los agresores enemigos, como correspondía, o según Ud.
tendrían que haberlos dejado complotar libremente?.
Burgin en su libro también señala todas las dificultades por las que debió atravesar el gobierno de Rosas por rebeliones internas y guerras internacionales y sus consecuencias. “El resultado que la rebelión y las guerras con otros países continuaron intermitentemente durante todo el gobierno de Rosas. El conflicto con Francia, la revolución del sur de la provincia, la guerra con Santa Cruz, el dictador de Bolivia, la intervención en el Uruguay y el bloqueo anglofrancés, fueron conflictos que impusieron pesadas cargas a la Tesorería provincial. Rosas se vio obligado a mantener un ejército permanente bastante grande, para defender el régimen contra los ataques, directos e indirectos, de los unitarios, y a enviar ayuda, en hombres, dinero y materiales a sus aliados de las otras provincias y del exterior”. Le pregunto, Sr. Vaca: Según su criterio ¿Qué actitud debió tomar Rosas ante las alianzas espúreas con los extranjeros por parte de los unitarios?, ¿Debió dejarlos actuar libremente o reprimir tales traiciones de lesa nación?
Es muy esclarecedor el juicio de San Martín, cuando en una carta enviada el 10 de junio del 39 dirigida a Rosas, en juicio lapidario contra los unitarios que se han aliado a Francia le dice: “...pero lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”. Analice Ud. “una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”, es decir que ni la muerte puede hacer desaparecer tal traición. Fuerte… no?
El escritor
mejicano Carlos Pereyra, en su obra Rosas
y Thiers, la diplomacia europea en el Río de la Plata, 1838-1850, se
pregunta: “Justamente lo que convendría averiguar es quién derramó la sangre de
que se hace responsable personal a Rosas, y estudiar no solamente la que él
derramó, sino la que derramaron sus enemigos”.
Quien también la vio claro fue el historiador brasilero João Pandiá Calógeras , quien en Formação histórica do Brasil, escribió lo siguiente: “La campaña de panfletos, artículos de diarios, revistas, libros, inundó América y Europa, y consiguió colocar a la Argentina, a sus autoridades, y principalmente a su dictador bajo la apariencia de una tierra de monstruos inauditos. Contra esto protestaban los ministros diplomáticos, tanto europeos como americanos, mostrando las mentiras de las acusaciones y demostrando que numerosos compatriotas suyos vivían y prosperaban en la paz y el progreso. Estadísticas eran publicadas probando el rumbo creciente de la riqueza del país. Documentos eran divulgados evidenciando que, en los guarismos de las terribles hecatombes que se decían efectuadas por el rosismo, figuraban las bajas de los combates entre las parcialidades contendoras, y estas mismas muy aumentadas; que muchas personas indicadas como asesinadas, estaban perfectamente vivas y en absoluta salud y tranquilidad. Nada de eso valió para detener la calumnia, y hasta el día de hoy Rosas es tenido como el más vil de los degolladores”.
“ 'La Sociedad Restauradora' contaba en su seno ciudadanos prominentes de la capital. Es posible y natural que incluyese algunos facinerosos y fanáticos. En momentos de exaltación pública y de despiadada exacerbación de pasiones, hay siempre una turba de criminales y de malhechores que emerge de los 'bas-fond' de la sociedad, prontos a los peores excesos, sin que para tal cosa necesiten incitaciones, órdenes o instrucciones de los jefes autorizados de los movimientos políticos”.
“La honra de la Historia exige que sean revistos tales juicios difamatorios. Sin duda el período era de crueldad y de ausencia de piedad; mas ocurrían tales crímenes en ambos grupos partidarios, y en cuanto a Rosas, parece haber tenido uno de los corazones menos caldeados en la práctica de tales horrores, de los más propensos a evitar el sufrimiento humano. La base de las acusaciones, de las mentiras y exageraciones se encuentra en el odio de partido, en el 'o’te-toi de lá que je móy mette', el venenoso rencor de enemigos de espíritu mezquino incapaces de hacer lo que él realizó”.
“Ciertamente que no era un jefe blando o de manos leves: poseía un genio voluntarioso, un carácter incapaz de doblegarse; era cruel como todos sus semejantes en esa época en la Argentina. Pero era también un estadista, un hombre de ideales y de ejecución, cualidades que no se encuentran tan frecuentemente como sería de desear”.
“Los principales autores de ese ambiente de exageraciones y calumnias fueron los miembros de la 'Comisión Argentina' unitaria, de Montevideo. Entre ellos se hallaban hombres de alto valer por su cultura, talento y coraje. Cegábalos empero la pasión partidaria. Es posible probar que traicionaron a su patria, apelando a la invasión extranjera y al oro francés para vencer a su propia tierra natal, con el solo propósito de cumplir sus miras egoístas de militantes de un grupo político. Rosas entre tanto, defendió la libertad e independencia y el respeto propio de la Confederación”.
En la Causa criminal seguida contra el ex-gobernador Juan Manuel de Rosas ante los Tribunales Ordinarios de Buenos Aires que se le siguió a Rosas en 1857 por el secesionado Estado de Buenos Aires, que dicho sea de paso se tramitó en ausencia del imputado que se encontraba en Southampton, sin darle posibilidad de defenderse, ni nombrar abogado defensor, ni siquiera representado por el defensor oficial, violándose todas las garantías constitucionales de la provincia. En un apartado “Degüellos de 1840 y 1842” de esa causa, se menciona el nombre de 20 “degollados”, la mayoría de ellos correspondientes a octubre de 1840 y otros a marzo de 1842. Debemos tener en cuenta que en esos momentos Francia era agresora de la República y los unitarios apoyaban a la potencia agresora, eran considerados –como por ley correspondía– como traidores, pero algunas otras fueron muertas debido a cuestiones personales o por venganza y ajenas a la política, como suele ocurrir en estos casos. Note Ud. que en ese apartado se hace referencia a los “degüellos” producidos en dos meses concretos y no hay hechos mencionados con anterioridad ni posteriormente a los mismos, prueba de que la violencia fue bastante limitada.
El historiador
canadiense, H.S.Ferns en su libro Gran
Bretaña y Argentina en el Siglo XIX, dice con referencia a Dorrego y los
unitarios: “…estaba dispuesto a
acordarles (a los gauchos) un lugar en el cuerpo político. El conocimiento y
simpatía que tenía de la barbarie gaucha era la clave de su realismo como
político. La única falla de este realismo, como hubo de probarlo su cruel
muerte, consistía en que no supo apreciar en toda su magnitud el salvajismo y
la pasión de poder que alentaba en los hombres que se llamaban amigos de la
civilización, de la ilustración y del progreso…” ¡Qué bien que catalogó Ferns a
los unitarios!
François Théogène Page, quien en 1840 con el grado de capitán de fragata, formó parte de la Flota Francesa de Operaciones en el Río de la Plata, bajo el comando del Vicealmirante Mackau, de quien fue edecán, estuvo encargado de redactar un informe reservado para su gobierno, con todas las alternativas de la guerra que había involucrado a argentinos y franceses. Un extracto del mismo fue publicado en París en la importante publicación fundada en 1829 y que todavía hoy se sigue editando Revue de deux mondes –Revista de ambos mundos– en su edición del 1° de febrero de 1841, con el título Affaires de Buénos Ayres - Expéditions de la France contre la République Argentine, ese artículo fue editado como, Guerra colonialista Franco-Argentina 1838-1840, con estudio preliminar de Juan Pablo Oliver, Por Théogène Page (EUDEBA, Buenos Aires, 1973).
Ese artículo es
prueba irrefutable sobre la injusta agresión que nuestra nación recibió de la
Francia y contiene varias opiniones sobre Rosas, su gobierno y el ascendiente
que éste tenía sobre la población.
Dice Page “...se presentaba a Rosas como un tirano demente, como un jefe desacreditado sin influencias en su país, y a quien una simple amenaza de Francia podía llevar al arrepentimiento o derribar infaliblemente... Se cometía un extraño error en la apreciación de los recursos del general Rosas...” Casi al final del informe, afirma: “...[Rosas] era poderoso en el momento de la declaración del bloqueo y es aún poderoso en medio de su pueblo: tres años de guerra no lo han quebrantado”.
“...se presentó al general Rosas como un tirano execrado universalmente, como un loco furioso maldecido por sus compatriotas y que sólo conservaba una apariencia de autoridad valiéndose del terror y de las más atroces ruindades. Se decía que eran tan unánimes los votos por la caída de ese monstruo, que bastaría con ofrecer un punto de apoyo a ese pueblo sacrificado para que la nación entera se levantara como un solo hombre y pidiera a su verdugo cuenta de todos sus crímenes. Con sólo enviar Francia un batallón de sus soldados a suelo argentino y levantar una bandera a cuya sombra pudieran cobijarse cuantos se manifestasen contrarios a Rosas, Buenos Aires sería nuestra: ciudad y campaña, liberadas del sangriento yugo, saludarían a Francia como a su libertadora, y el tirano, abandonado por todos, no encontraría refugio sino a bordo de las naves de Inglaterra”.
“En medio de ese concierto de repudio contra Rosas, donde ninguna voz se alzaba para moderar la exaltación general, nuestros representantes, llevados por el ímpetu de sus propios anhelos, se dejaban mecer por la halagadora idea de que su cólera personal era la expresión del voto unánime, y. que el destino los designaba para romper el yugo de un hombre odiado por todos. Esta opinión les pareció irrefutable, y fue así como, creyendo perseguir a un tirano detestado, en nombre de todas las relaciones sociales, de la civilización, de la humanidad, encendieron la guerra civil en el seno de las provincias argentinas... cuando tomamos partido en los intereses locales... nuestros esfuerzos no tuvieron ya por objetivo principal obtener las satisfacciones debidas a la Francia, sino voltear a Rosas”.
En este informe, y con referencia a la ayuda que le fue prestada con todo tipo de recursos al general Lavalle, en su lucha contra Rosas y que el objetivo era el ya enunciado: el derrocamiento de gobernante argentino, así lo expresa: “El general Lavalle y sus argentinos, tenían por único objetivo el regresar a Buenos Aires y el derrocamiento de Rosas; esa era también nuestra meta”.
Page, reconoció que “...los hombres que todavía aman a su patria se unen en torno al general Rosas, cuyo nombre es poderoso ante el pueblo cuya voluntad nunca es menospreciada en vano, que dispone del ejército y que es el único que puede salvar todavía la república...” y también que “Desde hace muchos años Francia no conoce acerca de ese hombre extraordinario más que lo que le transmiten las informaciones de los proscriptos enemigos, sus furiosos enemigos... Este hombre que fundó su poder en el afecto del pueblo.. [y que] nunca se ha destacado por algún famoso hecho de armas, nadie le niega coraje”.
Page reflexiona: “¿Cómo explicar, si Rosas fuera solamente un bárbaro, la consagración absoluta de sus partidarios, la confianza ilimitada en su palabra? ¿Acaso alguno de sus oficiales ha traicionado espontáneamente su causa?... ¡Que se cite el número de sus soldados que se pasaron al enemigo!”
En otra parte de su informe cuenta la visita que hicieron los residentes franceses en Buenos Aires, al Vicealmirante Mackau, cuando este se encontraba en Buenos Aires: “¿Nuestros compatriotas en Buenos Aires, eran maltratados?. Escuchó sorprendido los informes de los propios franceses, quienes le dijeron que, a pesar de las convulsiones de la república, nunca habían gozado de mayor seguridad. De modo que todos aquellos asesinatos, aquellos atentados contra la población francesa, de los que se daban tan atroces detalles, ¡no eran más que simples inventos!”.
Por último y para ir cerrando esta carta, voy a citar las palabras del general San Martín, en su última carta remitida a Rosas fechada el 6 de mayo de 1850, y que también es un mandato moral para todo argentino, cuando le dijo: “...como argentino me llena de un verdadero orgullo, al ver la prosperidad, la paz interior, el orden y el honor restablecidos en nuestra querida patria; y todos estos progresos efectuados en medio de circunstancias tan difíciles, en que pocos Estados se habrán hallado. Por tantos bienes realizados, yo felicito a Ud. sinceramente, como igualmente a toda la Confederación Argentina. Que goce Ud. de salud completa, y que al terminar su vida pública, sea colmado del justo reconocimiento de todo Argentino,...”
Sr. Vaca, avívese
de cómo viene la historia, la verdadera, no la mentirosa de la llamada
“Historia oficial”, que de historia no tiene nada.
Antes de
despedirme y saludarlo le comento que esta carta la publicaré en mi Blog
“periódico El Restaurador”, como así también publicaré su artículo mencionado y
su contestación a esta carta en caso de que Ud. lo hiciera, lo cual espero,
porque cada uno debe hacerse responsable de sus dichos, sobre todo cuando es
vertido en un medio público, como es su caso.
Sin más, lo
saludo con la mayor atención.