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viernes, 11 de febrero de 2022

Alberto Mondragón - Dorrego y los derechos

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

Aproximadamente a fines de la década del 60 se se publicó (no pudiéndose determinar el medio en que lo hizo) el siguiente artículo del Dr. Alberto A. Mondragón.


Dorrego y los derechos

                                                                    por Alberto A. Mondragón 


El episodio ocurrió al discutirse la Constitución de 1826 en el Congreso Nacional. El proyecto de la Comisión decía en su art. 6°, inciso 7°: (Los Derechos de ciudadanía) “se suspenden... por el estado de... criado a sueldo, peón jornalero, simple soldado de línea, notoriamente vago, o legalmente procesado en causa criminal”. Es decir: no podrían votar.

Se trató en la sesión del 26 de setiembre de 1826. El proyecto unitario fue impugnado por la bancada federal: Galisteo, diputado federal por Santa Fe, se opuso porque “si el doméstico y el jornalero no están libres de los deberes que la República les impone, como el servicio militar, tampoco deben estar privados de sus goces”. Contestó el unitario Manuel Antonio de Castro por la Comisión: “Es preciso que los individuos que han de ejercer el derecho de ciudadanía... tengan voluntad propia... el hombre en el estado de condición de doméstico o jornalero, se presume que está bajo la inmediata influencia del patrón”. Preguntó entonces Dorrego: “¿Si es por la falta de libertad, los empleados de cualquier clase pueden sufragar?” (“Si”, contesta Castro.) “¿Pero no están dependiendo del gobierno? ¿Y quién tendrá más empeño en las elecciones: un particular o el mismo gobierno?... ¿Qué es lo que resulta de esto? Una aristocracia, la más terrible porque es la aristocracia del dinero. Échese la vista sobre nuestro país pobre, véase qué proporción hay entre asalariados y jornaleros y las demás clases y se advertirá al momento quién va a tomar parte en las elecciones. Excluyéndose las clases que se expresan en el artículo, es una pequeñísima parte del país, tal vez no exceda de una vigésima parte... ¿Cómo se puede permitir esto en un país republicano? ¿Es posible que los asalariados sean bueno para lo que es penoso y odioso en la sociedad, pero que no puedan tomar parte en las elecciones?... Pero aún más, Señor: la independencia. El que es capitalista no tiene independencia y no podría votar. Échese la vista sobre la población y se notará cuan pocos pueden considerarse independientes: los particulares, como tienen asuntos y negocios, quedan más dependientes del P. Ejecutivo que nadie: a esos es a quienes deberían ponerse trabas. Si excluyen a los jornaleros, domésticos y asalariados ¿entonces quiénes quedan? Queda un corto número de comerciantes y capitalistas... - Ustedes... ¡He aquí la aristocracia del dinero, y si esto es así podría ponerse en giro la suerte del país y mercarse! Entonces sí que sería fácil influir en las elecciones, porque no es fácil influir en la generalidad de la masa, pero sí en una corta porción de capitalistas. Y en ese caso, hablemos claro: ¡¡el que formaría la elección sería el Banco!! (El Banco, era el fundado por Rivadavia llamado “Nacional”, por irrisión, pues era dirigido por ingleses.)

Contestó Castro como un diputado de la Federación de Partidos del Centro: “Nunca puede dejar de haber esta aristocracia que se quiere hacer aparecer como un monstruo tan perjudicial a la sociedad; que es la que conserva la sociedad y el orden según está establecido... La aristocracia de la sangre, ésa si es peligrosa porque se opone a las leyes y a un sistema libre; pero aquella que nace de la naturaleza de las cosas, no hay poder en la tierra que pueda vencerla... ¿Quién puede hacer que el pobre sea igual al rico? Cada uno debe tener tanta parte en la sociedad cuantos son los elementos (con) que entra en ella”.

Opinó el viejo Paso, reliquia venerable de Mayo. No era federal ni unitario, sino un hombre lleno de patriotismo, experiencia y buen sentido. Se opuso al artículo: “En este país donde los peones tienen poco menos libertad e independencia que los amos; conocimientos, alcances, poco más los amos que los peones; en donde el jornalero cobra su jornal con el derecho que él exige, con imperio en haciendo su trabajo, no hallo dependencia: que induzca servilidad... (Si la hay) supongo que en el pulpero que lo manda (al jornalero) con más imperio que su amo... Yo no doy a estas cosas tanta importancia, ni se las he dado, ni se las daré nunca, ni es posible dárselas. Porque por más que se diga que el Cuerpo de Representantes sea la expresión de una voluntad general, siempre será la expresión de un hombre. Esta es la verdad práctica, y esto sucede en todo el mundo y no puede ser de otro modo. Jamás será la representación la expresión de la voluntad general, sino la expresión de aquel o aquellos que han conducido la elección”.

Pidió la palabra el canónigo unitario Valentín Gómez, llamado Mama Valentina por los federales. Era un dialéctico admirable para demostrar lo blanco o lo negro, lo justo o lo injusto. Quería borrar, en el recinto y en la calle, la mala impresión dejada por las palabras sinceras de Castro sobre los privilegios de la aristocracia del dinero. Había que detener esa aristocracia, pero con argumentos retóricos: “Al formar la Comisión este artículo animada de los liberales sentimientos que aparecen en toda la formación de esta constitución, temió ser demasiado liberal estableciendo la elección popular y directa. Cuando se trata de la Constitución es necesario no afectarse de momentos presentes: de aquí resultará la inexactitud del cálculo sobre los que serán excluidos: porque no debe ponerse en duda que los propietarios aumentarán, y que la ilustración ha de crecer, y de consiguiente no existirá la exclusión del jornalero y de doméstico a sueldo... Por respecto a lo que se dijo que los Jornaleros son los únicos llamados a ser soldados, no debe considerarse que hay una injusticia tan remarcable en que sobre ellos recaiga  exclusivamente el servicio militar y no sobre las demás clases. Porque ellos (los jornaleros) reciben muchos beneficios que no reciben las demás clases. Y a la verdad ¿quiénes son los contribuyentes?... El que tiene menos de dos mil pesos no contribuye. ¿Y qué resulta a beneficio de los jornaleros y domésticos de esa contribución que pagan solamente los pudientes? Resulta que ellos gozan de los demás bienes del Estado, incluso de la seguridad social de la policía, de la seguridad del Estado que da el ejército, de la seguridad de sus personas, etc., etc., porque a todo conduce la contribución. Pero además están la multitud de establecimientos públicos costeados por los contribuyentes a beneficio de las clases menesterosas, a más de los cargos públicos que también desempeña (la clase rica) sin sueldo. ¿Y si los pobres son los únicos en ir a la guerra, por quiénes son pagados, y mantenidas y recompensadas sus familias en caso de morir?... Por los que tienen bienes. Pues viceversa: si los soldados fuesen los pudientes ¿con qué contribuirían los pobres?...

Alberto Mondragón - Dorrego, caudillo

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En el periódico El Puente de diciembre de 1967, se publicó el siguiente artículo del Dr. Alberto A. Mondragón.


Dorrego: Caudillo de la Patria y el Pueblo 

por Alberto A. Mondragón 


Examinando las que le tocó vivir a Dorrego, se dejan ver las conexiones y parentescos que el “fenómeno” humano mantiene con su contorno vernáculo, y hasta qué punto resulta ser su producto. Es un carácter común, históricamente probado, que los hombres de genio representan el signo distintivo de su siglo. La inversión de los valores, el revés de la trama, son los enemigos declarados y ocultos de esos genios, intérpretes con el estilo de su actuar, en el medio y en la medida de su época.

En Dorrego se da esa valoración en su totalidad y es aún más sugestivo que, campeón de una causa, haya sido el conductor histórico de una conciencia nacional, el creador de una metodología que enraizada en la concepción  hispano-federalista, lo vio antes que nadie, lo aplicó en acción positiva y su realización quedó marcada para siempre en el devenir argentino. Aun siendo de una simplicidad histórica elemental, la pasión federalista de Dorrego, con propiciar el “poder al pueblo”, desató las furias de los liberales, con proponer la “democracia política”, levantó los más enconados odios, con otorgar el “voto popular” le condenó a muerte la nefasta oligarquía, y con aplicar la “justicia social” desencadenó las iras de los enemigos del pueblo.

Todo ello no es poco, sin embargo para su época. El período que le tocó vivir era el más álgido de la inversión de los valores nacionales; con decir que se había perdido la dignidad política, la moral patriótica y la honestidad administrativa, todo se había perdido; desde la soberanía a la libertad, nada quedaba al pueblo —gran gestor de la independencia y de la defensa de las autonomías federales—. Sólo Dorrego encarnaba la defensa del patrimonio nacional, y de un pueblo escarnecido, sólo Dorrego tenía las banderas de redención y restauración de la argentinidad.

Militar, periodista y tribuno popular reunía la capacidad y la inteligencia para llevar a buen fin la regeneración del pueblo argentino. Su espada, su pluma, y su voz tenían el poder de realización. Su moral, su conciencia y su honestidad eran la garantía de su ejecución desde el Gobierno. Era en su carácter, en su físico y en sus antecedentes gloriosos, conductor y caudillo popular.

Sin medir pues todo este potencial de Dorrego, no es posible medir el gran drama de su muerte.  Sin valorar todo el contenido ideológico y la pasión humanista de Dorrego, no se alcanza a comprender el vil asesinato del 13 de diciembre de 1828, las furias desatadas, los enconados odios de la oligarquía y las iras de las logias y de la masonería internacional. Así, como todo se reunía en Dorrego para el bien, sus enemigos también se reunían para el mal. La historia no conjetura, los hechos de Dorrego y de sus enemigos están ampliamente probadas. Nada ha quedado ignorado de la acción política, social y económica de Dorrego, y también ha sido bien probada la decisión de fas logias de eliminarlo.

La preparación de un crimen monstruoso, fue gestada en base a la peligrosidad del gran acto del drama, preparada  fríamente la “ejecución”, organizada la “calumnia”, y buscado el brazo infeliz del “fusilamiento”. Nada fue dejado en la elaboración del “hecho histórico”; nada se pensó en la “justicia” de la historia; nada se olvidó para '"legalizar” el drama de Navarro, pero la verdad llegó y todo se supo del horrendo crimen.

De ahí la grandeza de Dorrego. Sus enemigos lo “valorizaron” en mérito al gran contenido popular y nacional; al valor y a la decisión de sus convicciones sociales y patrióticas, y, por encima de todo, a su integridad de estadista y de caudillo federalista. Su eliminación era la "necesidad” de la antipatria, la ambición de los mercaderes internacionales y de las logias liberales y unitarias.

jueves, 10 de febrero de 2022

Alberto Mondragón - Vida de Dorrego

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

49

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En el periódico El Puente de diciembre de 1968, se publicó el siguiente artículo del Dr. Alberto A. Mondragón.


VIDA PASIÓN Y MUERTE DE MANUEL DORREGO

por Alberto A. Mondragón


EL GUERRERO INTREPIDO

Alberto Mondragón
La estrella refulgente de Manuel Dorrego se apagó cruelmente el 13 de diciembre de 1828; ese crimen inaudito en los anales históricos argentinos, es desgraciadamente para la posteridad, un eslabón en los hechos que modificaron fundamentalmente la estructura y el sistema de la vida nacional.

Tan importante suceso, cuya valoración lo tuvo en ese momento histórico, repercutió hondamente en todo el ser nacional y constituye hoy un baldón y motivo de severo enjuiciamiento, a más de lección histórica inolvidable. Es por ello que la fecha de ese nefasto día, la pluma debe reflejar el proceso de autores, visibles y encubiertos, el estudio de la víctima ilustre, las consecuencias inmediatas y la secuela posterior.

La intensa vida del coronel Dorrego encierra ya una clave esclarecedora.

Nació Manuel Dorrego el 11 de junio de 1787, y desde joven, en su paso por el colegio de San Carlos, dejó huellas visibles de su acción. Estudiante aventajado era a la vez partícipe de gestos independientes, indicadores de un carácter en formación, recio y decidido, que anticipaba sus futuras actuaciones.

A los 20 años viaja a Chile donde influyó en el triunfo patriota del 18 de setiembre de 1810, mereciendo un premio recordatorio de su estada en el país trasandino, que le acordó una medalla con una inscripción que antidata su futura pasión política “Chile a su primer defensor”.

“A regresar a Buenos Aires se alista en las tropas noveles de la Revolución, actúa en SANSANA (17 de diciembre de 1811), y en NAZARENO (11 de enero de 1812), que preparaba su decisiva actuación en la batalla de SUIPACHA (12 de enero de 1812), siendo ascendido a Tte, Coronel las batallas de TUCUMAN (24 de septiembre de 1812) y SALTA (20 de febrero de 1813), acciones todas en donde Dorrego en cargas valientes y arriesgadas, con gestos de resolución personal, marginadas a la conducción de Belgrano, dan el triunfo a las armas patriotas.

Esa altivez digna y valiente del intrépido guerrero no se condiciona a la situación de una política impuesta por el Triunvirato y el Directorio otras “armas” y en otro terreno los políticos de Buenos Aires maniobran en “batallas”, las más perdidas de la diplomacia; Dorrego no conoce para ese entonces sino las refulgentes espadas y la mortífera metralla, los otros —Rivadavia, Alvear, Pueyrredón— acomodan su política inepta a los intereses extranacionales.

Pueyrredón lo aborrece y le teme, un decreto muy conciso y sin causa justificable le impone la pena de expatriación y.. . bien distante, a los Estados Unidos de Norteamérica, en donde se radica en 1817 en la ciudad de Baltimore.

Tres años pasa en los Estados Unidos, hasta su regreso a Buenos Aires el 6 de abril de 1820, llamado por Sarratea, cuyo decreto de amnistía en la parte resolutiva es digno de destacar, por considerar a Dorrego “...buen servidor e inocente de falsas imputaciones”.

EL TRIBUNO FEDERAL

Los directoriales asumen de retorno el poder, en un “maremagnum” de asuntos graves para el país, Rivadavia hipoteca las tierras públicas a la banca inglesa con el Banco Nacional y el empréstito Baring Brothers; se negocia con el Imperio del Brasil la pérdida de la Pcia. de la Banda Oriental; se impone una “presidencia” y una constitución “a palos y por cientos de decretos se crean hipotéticos castillos en el aire”, y en fin tantos dislates se derrumban estrepitosamente, y el gran derrumbador fue precisamente el coronel Manuel Dorrego.

El periodista ataca esa nefasta política antinacional; en artículos encendidos inflama un material reseco, propugna cambios fundamentales, denuncia a los actores y ejecutores de maniobras fraudulentas, ataca a la cabeza visible, es un fiscal incorruptible, es una pluma acerada, escribe con la “punta de la espada”.

El legislador Dorrego defiende al pueblo que los unitarios no quieren que vote —¡el pueblo no es unitario!— en el Congreso se discutió el proyecto de la Comisión que propugna una constitución, ese proyecto nos dá luz para el futuro del que era llamado, justamente por su defensa, el “padre de los pobres” y el “descamisado”.

Denuncia al Banco —una creación inglesa, con directores ingleses—, a los agiotistas —“aristocracia del dinero“—; da nombres de comprometidos y los que escuchan temen, el rencor nace, la venganza acecha, el crimen se organiza.

Nada deja Dorrego por denunciar, ni nada tampoco por esclarecer sobre la forma de gobierno, y si considera posible que por un gobierno centralista —como se tuvo— se hipoteque el país, era lógico considerar el peligro de pasar por “decreto” de un régimen a otro, dice Dorrego en la sesión del 28 de septiembre de 1826, ”...yo creo que no hay quien pueda creer que haya igual distancia y proporción bajo el sistema federal que bajo el sistema de unidad. Uno sólo gira bajo el sistema de unidad, bajo el nombre de Gobierno dispone toda la máquina y la hace rodar; pero bajo el sistema federal todas las ruedas giran a la par de la rueda grande”.

Todos sus alegatos en favor del régimen federal en lo económico, político y social, hacen de Dorrego el portaestandarte de un sistema deseado y querido por los pueblos; en una síntesis de claridad meridiana lo expone: “Opino por el sistema federal, porque creo que es el que quieren los pueblos, porque creo que es el únicamente aceptado”.

EL GOBERNANTE VALIENTE 

(Ituzaingó —20 de febrero de 1327— fue una victoria argentina frente al imperio esclavista del Brasil.

Esa guerra ganada, la perdió Rivadavia en las tratativas antidiplomáticas, la “paz” era una política de agregar más incompetencias a las ya pesadas situaciones internas, el “visionario”, el “más grande hombre civil de los argentinos”, dejaba una herencia de taras en todos los órdenes.

Al Coronel Manuel Dorrego le toca en suerte la “herencia” de hacerse cargo de ese presente griego que era el estado argentino. El 3 de agosto de 1827 toma la responsabilidad del poder como Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y con delegación de las Provincias las Relaciones Exteriores, y su primer acto es dar conocimiento del estado general y de la situación del país en un memorable “Mensaje” ante la Legislatura el 14 de septiembre de 1827, que por múltiples motivos es preciso detenerse para comprender el destino “prefijado” por sus enemigos en el triste fin de Dorrego.

Lo primero es “la restitución de la provincia”, es el primer acto de confianza, del cual “dependía la paz interior de los pueblos, el buen orden y respeto de la República” está claro en Dorrego la idea federalista. Luego habló del Banco, destacando el “cuadro aflictivo” de la economía del país. Hizo clara referencia sobre los “negociados” de las minas: “sin esperar sanción legislativa”. Por último y sobre la guerra contra el Brasil, prosigue ese extraordinario “Mensaje”: “Las filas de aquellos valientes se hallaban dislocadas por un disgusto pronunciado contra la conducta, ya militar, ya política...”. En este valiente y doloroso “Mensaje” Dorrego puso su claridad, sobre quienes eran los responsables del deshonor nacional y la situación gravísima del país. Si el 25 de septiembre no se borraba para las logias muy temibles, este 14 de septiembre confirmaba aplicar el destino “prefijado”.

El último acto del drama debía estar próximo.

 

EL MARTIR DEL CIPAYAJE

Resuelta la restitución provincial, a Dorrego cabe el llamado federal de reunir a sus colegas del interior, a los fines de consolidar el orden interno, sanear las economías provinciales y enfrentar al Imperio del Brasil.

La respuesta de las provincias fue unánime: Dorrego es la esperanza en el federalismo y en la prosecución nacional de lucha contra el Brasil; en ambas obtuvo el asentimiento, pues el interior generoso y comprensivo estaba en la pacificación; mérito destacable de Dorrego es haber creado una nueva República, una “pax federal” y una representación política y militar casi desconocida desde años de lucha por la libertad e independencia.

Los otros dos asuntos pendientes —la guerra del Brasil y el Banco “Nacional”— eran en sí dos paralelas intransitables para Dorrego, ambas dominadas por el imperio inglés; así, pues, mientras Dorrego reclutaba tropas, se buscaba el apoyo de Bolivar y se intrigaba con los mercenarios brasileros; alguien muy sutilmente destejía la tela que costosamente tejía Dorrego. Lord Ponsomby era el hábil y diligente diplomático que anulaba la tela, Dorrego muy doctrinario y Ponsomby con libras esterlinas; el primero creía en la soberanía americana, en la independencia nacional y en la libertad de los pueblos; el otro se apoyaba en el deterioro del país y en el nefasto Banco llamado “Nacional”, de Inglaterra.

A Ponsonby lo debemos considerar como el primer conspirador, y a él se unirá la logia unitaria, Dorrego mientras tanto no creía en una nueva catástrofe nacional, ¡volver al pasado tan remarcado justamente por él!, aún prevenido, seguía no creyendo; el ¡oven estanciero, Juan Manuel de Rosas, le dice: “El ejército nacional llega desmoralizado por esa logia que desde mucho tiempo atrás nos tiene vendidos; logia a que en distintas épocas ha avasallado a Buenos Aires, que ha tratado de estancar con su pequeño círculo a la opinión de los pueblos; logia ominosa y funesta contra la cual está alarmada la nación”.

La logia que menciona Rosas la formaban: “Aguero, Gallardo, Del Carril, Gómez y Varela, que en contacto con Lavalle —esa “espada sin cabeza” al decir de San Martín—, se lanzó al motín del 1° de diciembre de 1828.

Gestada la “revolución” pacientemente a la vista y oído de todos, Dorrego nada podía oponer, sino su propia voluntad valiente e intrépida, pero inoperante a la intriga y duplicidad del enemigo, tampoco se dejaba aconsejar. Fue traicionado por sus “amigos” y entregado al furor de la logia; llevado a Navarro se le fusiló sin juicio; por “mi orden” dijo Lavalle, con premura desusada en nuestras luchas civiles; pareciere que el banquillo del ajusticiado estaba preparado de antemano.

El 13 de diciembre de 1828 se cerró el ciclo de la intensa vida de Manuel Dorrego, pero no las terribles consecuencias políticas desencadenadas por su injusta muerte, al tribuno federal, al guerrero intrépido y al gobernante valiente, se dejó paso al mártir del cipayaje.

El silencio del sepulcro levantado en honor de Dorrego por un pueblo noble e inocente “que no fue cómplice de su muerte” puso fin a un proceso histórico, pero dio apertura a una esperanza en el destino nacional; la bandera caída es retomada por nuevas manos en una nueva etapa gloriosa del devenir argentino, la naciente Confederación Argentina asoma a la luz de la vida política, y el Caudillo conductor, llevará las banderas del federalismo y de la Restauración Nacional, Juan Manuel de Rosas es el destinado a concretar la gran aspiración del Coronel Manuel Dorrego.

Alberto Mondragón - La Reconquista de Buenos Aires

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

48

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En el periódico El Puente, de agosto de 1968, se publicó el siguiente artículo del Dr. Alberto A. Mondragón.


La otra cara de la historia

UN PUEBLO EN ARMAS

por Alberto A. Mondragón

Nuestra Historia carece de relatos heroicos populares, pues los que se conocen —el Negro Falucho, el Tambor de Tacuarí, Pringles y la bandera, el Negro Ventura, las cintas azul y blanca de French y Berutti, etc.—, no llenan, amén de no ser auténticas, la epopeya popular; notable es la diferencia con relatos de otras historias extranjeras que se exaltan en las escuelas norteamericanas, españolas, alemanas, etc,  y que hasta los argentinos conocemos, a falta de nuestros propios relatos nacionales.

Esta observación, que siempre nos ha preocupado, la ponemos como inicio para afirmar que en ésto, como en otros asuntos históricos nacionales, se han ocultado, en el “complot del silencio”, muy particularmente las epopeyas populares a fin de no despertar al pueblo con acciones notables —no sea cosa que e repitan— ya que el pueblo es el actor relevante, ayer y hoy, de todo acontecer histórico, vale decir: “sin pueblo no hay Historia”.

Al caso del 12 de agosto de 1806, fecha muy ingrata para ingleses y cipayos, la superchería es de los profesores y maestros de historia, muy comprometidos en su mentalidad liberal; las invasiones inglesas han servido para declamar que: introdujeron ideas independentistas iluminando a nuestros próceres de Mayo, que liberó al comercio monopolista de España, que propagó la libertad religiosa, que nos hicieron conocer nuevas leyes liberales y un poco más, que fue una lástima que fueran vencidos; lo que se debe decir bien fuerte es que todo un pueblo se levantó en armas, que esos invasores eran herejes, que su comercio fue una extorsión, que los piratas ingleses se robaron el tesoro y, aunque doloroso, que las “clases” sociales elevadas los aceptaron y agasajaron, que las niñas de la “sociedad” se les unieron en lazos matrimoniales, etc.

Pero todo llega a saberse: la verdad y la mentira no se pondrán nunca de acuerdo.

La rendición incondicional de los ingleses el 12 de Agosto de 1806 se tergiversa intencionalmente. Ver A. P. Pérez Amuchástegui “Crónica Argentina” fascículo 3 - 1968—, y una popular figurita pintada por un dibujante de Historia a lo Grosso, simple copión de los relatos adulterados que nos presenta una lámina en la que Beresford rodeado de oficiales vendados, soldados muertos y heridos, cañones caídos, etc. sobre un fondo de fuego y destrucción, no es en definitiva más que una bella ficción pictórica.

Y a la prueba vamos.

Para poner las cosas en su lugar es importante conocer lo expresado por tres testigos y actores de la gesta popular de 1806:

1°— Hilarión de la Quintana (“Memorias”, pág. 15), al relatar cómo el pueble invadió el Fuerte donde se hallaba arrinconado con sus tropas el ejército inglés al mando del general Beresford, dice: “El general Beresford se confesó rendido, y a la media hora vimos se aproximaba al pie de la muralla una inmensidad de pueblo, exigiendo que el general enemigo tirara el sable: lo echó efectivamente abajo y lo tomó el capitán Mordeille”.

2° — Alejandro Gillespie ("Buenos Aires y el interior” pág. 80), este oficial inglés estaba en el Fuerte y dice: “Una retirada inmediata dentro del Fuerte se hizo pronto, después se cerró el portón y se emplazaron dos cañones adentro para defenderlo. Previamente a esto izamos bandera de parlamento que fue admitido por el enemigo, y en el intervalo, siempre consagrado a la paz, su ejército se precipitó como torrente a ¡a gran plaza, prorrumpiendo en el alarido más horrendo ...”.

3° -— Antonio Villalba (declaración del Teniente del Regimiento de Caballería de la Colonia del Sacramento).”...viendo el declarante a don Hipólito Mordeille, que al pie de la muralla hacía al general cierta demostración con la espada y le hablaba en francés, le preguntó en aquel acto al primero a que se reducía su conversación y demostraciones, y este le contestó, que a decirle al general inglés se rindiese a discreción porque la acción era nuestra; si estaba segura su vida y la de los suyos, y le había contestado que sí porque los españoles éramos humanos, y que en este momento fue cuando se arboló la bandera española, empezando los nuestros a dar vivas al rey”.

Estas expresiones provienen de un delegado de Liniers, un oficial inglés y un español respectivamente, y son coincidentes en la acción popular y la presencia de la bandera de parlamento. Y dos de ellos subrayan la espada de Beresford.

Ahora bien, a fin de completar el cuadro es necesario lo que nos dicen tres historiadores sobre esos sucesos: Bartolomé Mitre, “Historia de Belgrano”, tomo I, pág.: 138): ”.. .Berresford quiso entregar su espada al oficial parlamentario, quien la rehusó por dos ocasiones, visto lo cual por un oficial inglés lo tomó en sus manos y lo arrojó desde lo alto del muro, siendole devuelta  en el acto por medio de pañuelos atados con que fue suspendida...”

Juan Beyerina, “Las invasiones inglesas al Río de la Plata (1806-1807), tomo l, pág. 388, recopilando a Quintana, Anzóategui, Villalba, etc. dice: “...le hicieren presente al general inglés que los nuestros se aproximaban a la muralla, y el declarante, por comp!acerio y quitarle el recelo que indicaba, se vino con él a la muralla sobre la puerta de la Fortaleza, desde donde hizo entender al ejército y le previno se retirase  por cuanto el enemigo estaba rendido a discreción y que debía esperar la llegada de nuestro general, a quien dio orden se le avisase; que a instancias de la gente nuestra, sacó el general su espada y se la quiso entregar por dos a tres ocasiones al declarante, que no la admitió, respetando su persona y carácter; que otro oficial que estaba muy inmediata al general, para satisfacer sin duda a nuestras tropas y darles una idea cabal de estar rendidos, arrojó la espada, la misma, que por disposición del declarante le hizo alcanzar don Hipólito Mordeille”. Diego Luis Molinari, Conf.: “El 12 de agosto de 1806, a través de documentación inédita”, nos expresa que: “...Whitte, intermediario entre Liniers y Beresford iba y venía desde la quinta de Capdevila al Fuerte; mas entretanto el pueblo invadió el Fuerte obligando a Beresford a capitular tirando la espada desde lo alto de la fortaleza, así pues la segunda capitulación se cumplió el 14 de Agosto...”.

Lo sabroso del tema obligaba documentar los heroicos hechos producidos para poder concluir tres afirmaciones históricas de valor indiscutible:

1° — El pueblo de Buenos Aires y soldados del interior, fueron actores decisivos en la acción de derrotar a los invasores; era pues el “pueblo en armas”,

2° — La espada de Beresford fue entregada o arrojada al pueblo y recogida por don Hipólito Mordeille.

3° — El ejército inglés se rindió al pueblo, y con posterioridad —14 de agosto— lo hizo ante Liniers Es pues el 12 de Agosto de 1806 la fecha popular de la Reconquista de Buenos Aires.

martes, 8 de febrero de 2022

Alberto Mondragón - Cornelio Saavedra

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

47 


En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En la Revista Doctrina, de fines de la década del '80, se publicó el siguiente artículo del Dr. Alberto A. Mondragón.

CORNELIO SAAVEDRA

Por Alberto A. Mondragón


Alberto Mondragón
El 29 de Marzo de 1829 fallecía en Buenos Aires el Brigadier General Don Cornelio Saavedra, ex Presidente de la Junta de Mayo de 1810, personaje casi desconocido que pasó parte de su existencia en justificarse de la deformación interesada, cuando no calumniosa de la pasión y el partidismo.

Nacido el 16 de Setiembre de 1759 en Potosí, Provincia norteña del Virreinato del Río de la Plata, pasa a Buenos Aires a estudiar en el Colegio San Carlos y a ejercitarse en el comercio con singular prestigio que por su honestidad mereció el aprecio de la sociedad.

Las Invasiones inglesas de 1806 y 1807 lo llevan a la formación de cuadros militares -los Patricios- como jefe y ejecutor de valientes acciones ascendiendo a Coronel; de ahí en adelante se convierte en hombre político y militar.

Saavedra puso todo su poder con sus “Patricios” en el apoyo al nuevo Virrey Don Santiago de Liniers -el Virrey del Pueblo- y con su sostén desbarata la intentona del 1° de Enero de 1809 de Alzaga, Moreno, French y otros, en el primer choque con los porteños.

En el Cabildo Abierto del 22 de Mayo con su voto arrastra a la mayoría, siguiendo las claras directivas de las Juntas Españolas: “sin Rey el Pueblo es Soberano”, tesis del filósofo jesuita Suárez. Decisión definitoria de la Junta por la que la razón y la fuerza daban la legitimización al Coronel Cornelio Saavedra como presidente de la Junta de Mayo de 1810.

Mas la Junta de Buenos Aires no era el todo virreinal y el Presidente exigió una Junta Grande de todos los Cabildos, primera concepción federalista de nuestra historia, que los porteñistas aceptaron y luego negaron destituyendo al noble Saavedra y, por ende, a la Junta creándose el Primer Triunvirato.

Este primer asalto al poder es también el inicio de la persecución y calumnias a Saavedra quien busca refugio en Chile; pero un también futuro calumniado el General San Martín, por entonces Gobernador de Cuyo, lo protegió y lo refugió en Mendoza con restitución de la familia y bienes. De ahí pasó a Buenos Aires y, en un paralelo a meditar, el Gobernador Don Juan Manuel de Rosas le restituyó el grado de Brigadier General. En su quinta de San Isidro comienza a redactar sus “Memorias” reivindicativas.

Las “Memorias” son la pasión máxima de su vida y documento valioso para desentrañar los orígenes de nuestras luchas fratricidas de liberales o nacionales, oligarquía o pueblo, unitarios o federales, provincianos o porteños que signan hasta el hoy nuestro destino de “Liberación o Dependencia”.

No puede sorprender que Don Juan Manuel de Rosas las publicara en su órgano oficia] “La Gaceta Mercantil” en cinco sucesivas ediciones en 1830 y que la admiración por Saavedra lo lleve a decretar ya fallecido el prócer, el 10 de Enero de 1830, un solemne funeral durante el cual el Padre Olavarrieta, reseñó  desde el púlpito sagrado su vida política que también fue publicado, siendo la primera biografía de Don Cornelio Saavedra. Aún más: el decreto dispone su sepultura en el cementerio del Norte (hoy Recoleta), se levante un monumento y se deposite su testamento ológrafo en la Biblioteca Pública (hoy Nacional).

Ese acto reivindicatorio se realizó con la presencia del Señor Gobernador,  Ministros, Militares, Clero y Pueblo certificando que Saavedra, el provinciano, es el primer Presidente que reposa en Buenos Aires como el símbolo de la Federación en la Unión Nacional.

Alberto A. Mondragón

Alberto Mondragón - Mariano Medrano

A mediados de la década del '60 Alberto Mondragón redactó unas breves biografías bajo el título "Figuras rosistas", que fueron publicadas en distintos periódicos y revistas (Revista o períódico El Puente, Revista Doctrina, entre otras). 


FIGURAS ROSISTAS 

(Revista El Puente y Revista Doctrina)


... Figura

MARIANO MEDRANO


Alberto Mondragón
El hermano del Congresista de Tucumán, Don Pedro Medrano, MARIANO MEDRANO, había nacido en Buenos Aires el 8 de Septiembre de 1767, consagrándose a la Patria y a la Iglesia hasta la avanzada edad de 83 años, con arraigado patriotismo, conducta acrisolada y probidad intelectual.

Alumno del Colegio de Nuestra Señora de Montserrat, prosigue sus estudios en la Real y Pontificia Universidad de San Javier en Charcas, donde el 15 de noviembre de 1788 se recibió de Doctor en Sagrada Teología y luego en Cánones y Leyes, ordenándolo Sacerdote Monseñor Azamor y Rodríguez en diciembre de 1791; de regreso a Buenos Aires ejerce la cátedra de Filosofía en el Real Colegio de San Carlos, ocupando en 1808 el cargo de Párroco de la Iglesia de la Piedad, siendo finalmente miembro del Vicariato Capitular y Gobernador del obispado en 1822.

En ese 1822 resonó con violencia el reformismo rivadaviano afectando al Clero argentino; el laicista Rivadavia, en un propósito absolutista y regalista a lo borbónico en España, pretendió ejercer poderes ajenos a la incumbencia en la legislación que por siglos la Iglesia Católica mantenía en su estructura y que la naciente Argentina en su totalidad poblacional profesaba.

Este proceso que Rivadavia desató en instantes grávidos del desenvolvimiento político del país y, más, cuando el Clero aportó lo mejor de sus intelectuales para la Libertad e Independencia  Nacional, era una innovación atentatoria a la divinidad de la Iglesia y una copia infiel de la de Carlos II y la del usurpador del Trono Español José Bonaparte, siguiendo las huellas del fraile apóstata y regalista afrancesado, Llorente.

La disputa del proceso fue larga y burocrática; si Rivadavia insistía en sus “principios”, su oponente Mariano Medrano con la disciplina y ciencia que lo acreditaban sus antecedentes, lo rebatió con firmeza y salvó a la Iglesia Argentina de caer en el caos; y si Medrano era la Jerarquía, lo era en razón de ajustar su conducta en la tradición Hispano-Católica del Pueblo Argentino y respondió a Rivadavia que, sin autoridad política, pretendiera imponer lo que el Pueblo todo, con la bandera de “Religión o Muerte”.

Concretado el estado federal con Dorrego y luego Rosas, desaparecidos de la escena los reformistas, cúpole a Mariano Medrano ser reconocido por la Santa Sede como Obispo de Aulón y posesión del Vicariato Apostólico en el Río de la Plata; primer argentino en ese alto cargo y lo es bajo el Gobierno tutelar y católico del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas quien remite al Obispo Medrano el 19 de Agosto de 1831 la carta felicitación “... que disfruta nuestra Iglesia de la dirección de tan eminente prelado, y Dios Nuestro Señor fortificará el espíritu de su Ilustísima, y nos dará el consuelo de que su salud sea duradera como de corazón lo deseo”.

Más aún: en la recepción oficial del cargo en la Catedral, el representante del Gobierno, el  general Lucio Mansilla, le expresó  “... después de su independencia la República ve a un hijo de Buenos Aires revestido con las insignias episcopales y lo segundo que V.S. Illma es uno de los que con más distinción ha acreditado su adhesión a un gobierno paterna!”.

Organizador y justiciero puso orden en el Clero, fundador de Iglesias en la campaña, editor de catecismos, regulador de sermones etc. logró lo más acariciado: la instalación solemne el 3 de Junio de 1831, con el apoyo del Gobierno de la Escuela de Latinidad como preseminario, fecha ésta gloriosa para el Obispo nacional y federal. Estuvo presente el Gobernador.

El hecho de que don Juan Manuel de Rosas hubiese logrado paz religiosa durante su larga trayectoria gubernamental fue obra en conjunto con el Obispo por haber contado con la leal y efectiva colaboración de Monseñor Mariano Medrano.

Alberto A. Mondragón

Alberto Mondragón - Juan Bautista Thorne

A mediados de la década del '60 Alberto Mondragón redactó unas breves biografías bajo el título "Figuras rosistas", que fueron publicadas en distintos periódicos y revistas (Revista o períódico El Puente, Revista Doctrina, entre otras). 


FIGURAS ROSISTAS 

(Revista El Puente y Revista Doctrina)


... Figura

JUAN BAUTISTA THORNE


Obligado es el Combate de los pechos argentinos que se opusieron a la inconsulta y agresiva intervención de Francia e Inglaterra conjuntamente; ese 20 de Noviembre de 1845 de costa a costa del Río Paraná se tendieron las gruesas cadenas simbolizando la Soberanía Nacional. Allí estuvieron Mansilla, Alzogaray, los hijos de Brown y de Quiroga, y entre ellos un neoyorquino nacido en 1807 y ya conocido en su Argentina de elección desde 1825: JUAN BAUTISTA THORNE, bien llamado el "Sordo de Obligado".

En efecto, en Marzo de 1825 y gracias a los oficios del General Pinedo, se incorpora como voluntario a la naciente Armada Nacional; de ahí en más THORNE participa en casi toda la Historia Naval y aún en la terrestre en la Confederación Argentina: Carmen de Patagones, río Colorado, Martín García, Obligado, Quebracho, Caaguazú, Cagancha, Pago Largo, Sauce Grande...

Sus títulos por su valor empiezan en Carmen de Patagones el 20 de Febrero de 1826, con un hecho de singular importancia y bastante desconocido: el abordaje y destrucción de la flotilla brasilera que atacara y diezmara a la población de Carmen de Patagones durante la guerra contra el Brasil.

Como Comandante, THORNE sigue sus servicios en colaboración con Rosas en la Campaña del Desierto, avituallando y protegiendo a las tropas remontando el Río Colorado en barcos especialmente preparados: el "Sofía" y el "Margarita" motivando ser condecorado con la medalla "Al Honor".

Junto al Coronel Gerónimo Costa sostiene la soberanía de la Isla Martín García al ser atacada e invadida por Francia por la flota del Capitán Dagenet el 12 de Octubre de 1838 y poco después en campañas terrestres antes mencionadas de Pago Largo, Cagancha, Sauce Grande, etc. En la organización de la nueva Escuadra de la Confederación es llamado por el Almirante Brown, motivando el elogio por la rapidez y eficacia; a estos fines es THORNE junto con Todd y Craig quienes idean el uniforme típico nacional, gorra y chaqueta punzó de los marineros, que los diferencia de la marina del mundo uniformados de blanco y corbata negra de duelo por la muerte del Almirante Nelson.

En 1843 pasa a defender la costa del Río Paraná desde el Río de la Plata hasta Corrientes, participando en toda la preparación y ejecución de baterías costeras y en especial en la Vuelta de Obligado con el tendido de las cadenas de grueso espesor de lado a lado de la costa.

Iniciada la famosa batalla de la Soberanía, Thorne es herido en un brazo y con la explosión de un cañón le destruye el órgano auditivo, por lo cual mereció ser llamado y recordado como "el sordo de Obligado".

Nuevamente herido en el combate de "El Quebracho” debe retirarse del servicio activo para dedicarse a actividades federales como leal adicto a la causa de la Confederación Argentina y a su jefe Don Juan Manuel de Rosas, a quien le dice que "es argentino por simpatía y adopción".

JUAN BAUTISTA THORNE después de Caseros es el héroe olvidado falleciendo en Buenos Aires en 1865.

Recién en 1885 a una torpedera se le impone el nombre del "sordo de Obligado".

Alberto A. Mondragón

domingo, 6 de febrero de 2022

Alberto Mondragón - Fernando García del Molino

A mediados de la década del '60 Alberto Mondragón redactó unas breves biografías bajo el título "Figuras rosistas", que fueron publicadas en distintos periódicos y revistas (Revista o períódico El Puente, Revista Doctrina, entre otras). 


FIGURAS ROSISTAS

(Revista El Puente)


Vigésima novena Figura

FERNANDO GARCÍA DEL MOLINO


García del Molino
¡GARCIA DEL MOLINO es el pintor argentino ignorado durante cien años! Recién en 1948 es rescatado por José León Pagano. 

Junto con Carlos Morel son cronológicamente los primeros maestros con obras documentadas en tres direcciones diversas: miniaturistas, bocetistas y la de cuadros al óleo.

Nacido en Chile el 13 de marzo de 1813, sus padres se radican en Buenos Aires, FERNANDO  GARCIA DEL MOLINO contaba 6 años, su Patria pues es la Argentina, tanto que logra naturalizarse al ser mayor de edad.

“No estudié con ningún maestro” solía decir, de ahí que en sus obras se transparenta el autodidacta y el no influido del arte extranjero; se visualiza la ingenuidad del pintor, su falta de ciencia adquirida es la realidad de lo captado, de lo sentido, de lo observado.

Su progreso en la perfección se evidencia al correr de los años y de su tesonera labor, y al tiempo que adquiere más conocimiento de la forma expresiva se completa con detalles de calidad, mérito es adelantar que por ello la honestidad del artista es lo que ve y surge la seguridad que así fueron los retratados e indica la época de cómo eran y quiénes eran.

Firmado y fechado en 1837 una de sus primeras miniaturas -la del coronel Maza- se percibe la identidad perfecta del modelo, le siguen en calidad y tonalidad la de Rosas y de Quiroga, al paso que retrata es un buen bocetista, los dibujos del general Juan Bautista Bustos, la quinta de Estrada, la iglesia de la Villa de Luján, la campaña de Pergamino, etc., le acreditan en Buenos Aires y el interior del país.

Pero el genio del pincel de FERNANDO GARCIA DEL MOLINO está en la pintura del caballete en óleos de dimensiones diversas que lo destacan como el “Pintor de la Federación”, como bien se le llama en las esferas del arte pictórico. ya que caracteriza la época y sella sus cuadros estampando la leyenda ”F. ó M.”, “Vivan los Federales” — ¡”Mueran los Salvajes Asquerosos Unitarios!”; pintor oficial de San Benito de Palermo contaba con el beneplácito de su protector y mecenas artístico don Juan Manuel de Roses, de ahí su vastísima producción de retratista v de sus más de 150 cuadros se destacan: Rosas (en variadas poses), Manuelita, María Josefa Ezcurra, Dr. del Arca, Agustina Rosas de Mansilla, Dolores Lacasa, Juan Moreno (Jefe de Policía), coronel Joaquín Hidalgo, doña Encarnación Ezcurra de Rosas, Carlos Morel, José Félix Aldao, etc.

A la caída de su protector y admirador contaba FERNANDO GARCIA DEL MOLINO, escasos 40 años, y está en la virilidad artística y después... nada de él, su rastro se diluye, es que como a tantos se terminó el tema creativo, los hombres y las cosas, ya que no son los tiempos de Rosas, pero nos dejó el testimonio visual de sus cuadros que reflejan una época, una vida, una sociedad.

Alberto A. Mondragón

Alberto Mondragón - Pedro Ramos

A mediados de la década del '60 Alberto Mondragón redactó unas breves biografías bajo el título "Figuras rosistas", que fueron publicadas en distintos periódicos y revistas (Revista o períódico El Puente, Revista Doctrina, entre otras). 


FIGURAS ROSISTAS

(Revista El Puente)


Vigésima octava Figura

PEDRO RAMOS


Alberto Mondragón
El astro naciente del Coronel Don José de San Martín, recibía en el Campamento del Retiro solicitaciones de ingreso a su inicial Cuerpo de Granaderos a Caballo, entre tantos, un joven de 17 años de nombre PEDRO RAMOS pedía anotarse como Cadete, y la vocación era cierta, ya que al año siguiente (1814) recibía por la ocupación de Montevideo la primer medalla con la inscripción “La Patria a los Vencedores de Montevideo”.

RAMOS hizo la campaña de la Banda Oriental junto con el coronel Manuel Dorrego, y a su regreso a Buenos Aires pasa a alistarse como Alférez en los escuadrones que se prepararon para el pasaje glorioso de la Cordillera de los Andes. Concurrió a Chacabuco (12 de Febrero de 1817) recibiendo la medalla “Por el Valor en Chacabuco”, y a todas las acciones en Chile —Gavilán, Arauco, Talcahuano, Maipo y Chillán— mereciendo una medalla al “Mérito de la Campaña de los Andes”.

Pasa al Regimiento N° 2 de Caballería Patricia con grado de Capitán, actuando en la campaña contra los indios en Salto y luego en el Fuerte del Tandil pasa 1828 en el Fuerte Federación, en 1831 como Coronel se incorpora al Ejército Auxiliar Confederado a cargo del General Estanislao López y el año 1833 en la famosa Expedición al Desierto en el ala izquierda del Coronel Don Juan Manuel de Rosas, y como Edecán del Restaurador prosigue exitosamente las acciones contra los indígenas ranquelinos (chilenos), siendo condecorado.     

Por tantos y valiosos antecedentes —Guerrero de la Independencia y Conquistador del Desierto— el coronel PEDRO RAMOS es designado por Rosas al lado de Pacheco en la “Campaña del Norte”, actuando en la batalla de Rodeo del Medio (24 de septiembre de 1841), y luego trasladado a Paraná enfrentó a la escuadra del pirata Garibaldi, que batió definitivamente tres meses después en Costa Brava, el Almirante Guillermo Brown, quien lo condecoró.

El Ejército de Vanguardia de la Confederación de destacada actuación en la Banda Oriental, que en conjunción con Oribe sitiaba a Montevideo. El Coronel RAMOS manda el Batallón “Libres de Buenos Aires”, aquí se vio la tremenda garra de este militar pundonoroso que al serle pedida la rendición a posterior renunciamiento de Oribe frente a Urquiza y del Brasil aliadas contra la Confederación Argentina de Juan Manuel de Rosas, se negó aceptar ni condicionalmente expresando con altivez que lo honra: “que era caer en poder de un general rebelde a la Confederación Argentina”.

Caseros fue su última batalla, vencido pasa a ser miembro del “Cuerpo de Inválidos”, olvidado y pobre muere el 28 de marzo de 1871 víctima de la fiebre amarilla.

PEDRO RAMOS con tantas medallas, tantos méritos fue junto con San Martín, Dorrego, López y Rosas un firme puntal de la soberanía y libertad de su Patria, su figura argentinísima y rosista espera de la Historia el recuerdo para ejemplo del presente y del futuro.

Alberto A. Mondragón

Alberto Mondragón - Alejandro Heredia

A mediados de la década del '60 Alberto Mondragón redactó unas breves biografías bajo el título "Figuras rosistas", que fueron publicadas en distintos periódicos y revistas (Revista o períódico El Puente, Revista Doctrina, entre otras). 


FIGURAS ROSISTAS

(Revista El Puente)


Vigésima séptima Figura

ALEJANDRO HEREDIA


Alberto Mondragón
“En una tarde de Noviembre / por una boscosa senda / hacia Tucumán viajaba / el Gobernador Heredia / no lleva escolta a su lado, / que en su vanidad ingenua / cree que le escolta su fama / de héroe de la Independencia”.

Ese gobernador federal a quien nadie tituló tirano fué asesinado. ¿Por qué? y ¿Quiénes?: a causa de su generosidad, de creer en la fusión de Unitarios y Federales y lo más grave, en confiar ingenuamente en hombres que sólo esperaron el momento propicio para descargar sus odios y venganzas; la Historia le aleccionaba al General y Doctor en Teología ALEJANDRO HEREDIA de las trágicas muertes de Dorrego, Latorre, Quiroga y, amén de Rosas lo alertaba: “Esa credulidad, no me cansaré de repetirlo, esa indulgencia excesiva con los unitarios sobre que tanto le predicaba yo en mis cartas... han sido la causa de su desgracia.” Y el romance de la muerte de HEREDIA termina: “Todo porque el indio HEREDIA / no lo dejaron vivir / los doctores unitarios / de la proclama de abril.”

Nacido en Tucumán en 1783 siguió los cursos de Estudios Superiores en la Universidad de Córdoba doctorándose en Teología y Derecho, más la clarinada de Mayo le acerca al General Belgrano alistándose en el Ejército del Norte, concurriendo a la batalla de Tucumán el 24 de Septiembre de 1812 en calidad de Teniente, actúa en Sipe-Sipe, y para 1816 con el grado de Tte. Coronel es comisionado por el Congreso que declaró la Independencia para contener un conato revolucionario en La Rioja.

En 1820 y ya en calidad de Coronel junto con Bustos y Paz participa en la Sublevación de Arequipa, y al margen de su actividad política —gobernador de Tucumán— en lo militar se encuentra como Jefe del Ejército Confederado del Norte en la guerra contra Bolivia y Perú que había unido el Mariscal Santa Cruz, guerra poco conocida que obligó al General HEREDIA a participar en relativas acciones.

El 5 de Enero de 1832, el General Quiroga convoca al pueblo tucumano a Cabildo Abierto, naciendo de ahí la Provincia de Tucumán y del primer gobernador, cargo que le cupo por antecedentes honrosos al Doctor en Ambos Derechos —como se decía entonces— y General de la Independencia Don ALEJANDRO HEREDIA.

En meritoria acción gubernamental incorpora su provincia al Pacto Federal (4 de Enero de 1831), acrecienta la economía con medidas proteccionistas en la refinería del azúcar, destilación de aguardientes, pastoreos y selecciones de mulas, tan apreciados en la zona norteña; y al dar riqueza a esa provincia crea las bases de un régimen institucional con la Constitución de Tucumán, la Legislatura, administración escolar, etcétera.

No obstante vivir Tucumán una era de paz y trabajo, el día 12 de Noviembre de 1838, la conspiración unitaria de los que HEREDIA llamó para colaborar, en la creencia de la fusión de los partidos, es miserablemente asesinado por dos hombres pagados por la logia unitaria cuando viajaba a Los Lules; Tucumán se perdió momentáneamente para la Confederación Argentina dirigida por Don Juan Manuel de Rosas por la bondad, la ingenuidad y la buena fe de una figura rosista íntegra que creyó como lo dijo en el Mensaje a la Legislatura de Tucumán el 14 de Octubre de 1838: “Ya no hay odios de partidos, ni divisiones, ni anarquía”.

ALBERTO A. MONDRAGÓN

Alberto Mondragón - Claudio Mamerto Cuenca

A mediados de la década del '60 Alberto Mondragón redactó unas breves biografías bajo el título "Figuras rosistas", que fueron publicadas en distintos periódicos y revistas (Revista o períódico El Puente, Revista Doctrina, entre otras). 


FIGURAS ROSISTAS

(Revista El Puente)


Vigésima sexta Figura

CLAUDIO MAMERTO CUENCA


Alberto Mondragón
El bien llamado “Mártir de Caseros”, es el cruelmente asesinado por un comandante extranjero -de los muchos que vinieron a “libertar” a la Confederación Argentina- en el Palomar de Caseros el 3 de febrero de 1852, quien moría lanceado y acribillado mientras sostenía entre sus manos las hilas de algodón y la tintura de yodo curando a los heridos en el Hospital de Campaña en las proximidades del campo de batalla.

El médico y poeta, doctor CLAUDIO MAMERTO CUENCA vivió hasta su trágico fin todo el periodo de Don Juan Manuel de Rosas y, médico preferido por el Restaurador, entre los muchos y buenos que contaba la Confederación Argentina: Francisco Xavier Muñiz, Teodoro Álvarez, Buenaventura Bosch, Guillermo Rawson, Juan José de Montes de Oca, Ezequiel Colombres y tantos más; testigo y actor destacado de un gran período histórico, ha querido ser desmerecida su figura federal, pues como médico leal y poeta inspirado, su estampa es sobresaliente y no se le ha podido quitar esas condiciones, pero se debe a la justicia histórica anotar su fe a su Patria y a su Jefe.

Recibido de médico a los 26 años de edad, el dia 30 de octubre de 1838, con la brillante tesis “Opúsculo sobre las simpatías en general considerada en sus relaciones con la Anatomía, Fisiología, Patología y Terapéutica” que le apadrinara el doctor Saturnino Pineda, comienza su actividad en ejercicio profesional en el Hospital de Hombres y pasa luego como médico militar asistiendo a los heridos de ambos bandos en el Combate de la Vuelta de Obligado (20 de noviembre de 1845), destacándose en la orden del día de los comunicados de los invasores anglo-franceses; de regreso a Buenos Aires ocupa la cátedra de Anatomía como Director, pasando por las aulas y recibiéndose en sucesivas colaciones los doctores en Medicina: Ramón del Arca, Luis Tamini, M. González Catán, Fermín Yrigoyen, Salustiano y José María Cuenca (hermanos de Claudio), Justiniano Posse, Claudio Mejía, etc., etc.

CLAUDIO MAMERTO CUENCA es nombrado médico de Don Juan Manuel de Rosas y aunque dada la siempre buena salud del Restaurador, las prescripciones de CUENCA son cumplidas, su rostro franco y sincero, su porte sencillo y modesto, su hablar pausado y balo reflejaba una personalidad grave y austera, del único retrato que se conoce vestido con saco amplio y chaleco federal, su expresión es dulce y sus rasgos regulares, en fin, impresiona gratamente pero impone carácter, sin duda Rosas lo prefirió por estas nobles condiciones.

Absorbido por la medicina, sin embargo su vena poética era un don natural, su poesía era de su época, la romántica a lo Byron y Espronceda, pero sus múltiples versos tienen aportes de fina gracia e ironía:

“Que recite un orador

Un sermón bien estudiado

Con mil textos empedrado

Traídos con gusto y humor,

No lo extraño.

Más que falte algún oyente

Que lleno de admiración

No le llame Cicerón

Porque en realidad lo siente,

Si lo extraño.

………………..

Que anochezca diariamente

Muy sentada en la ventana

Pretextando doña Juana

Que gusta mirar la gente,

No me extraña.

Mas que ignore su vecino

La causa que allí la tiene

Cuándo ve que va y que viene

Un tapado de contino,

Si lo extraño.

………………..

En su corta existencia, CLAUDIO MAMERTO CUENCA moría trágicamente a los 40 años, dejó la estela de una cultura y de un saber que honra a la Patria.

ALBERTO A. MONDRAGÓN


Alberto Mondragón - Nicolás Mariño

A mediados de la década del '60 Alberto Mondragón redactó unas breves biografías bajo el título "Figuras rosistas", que fueron publicadas en distintos periódicos y revistas (Revista o períódico El Puente, Revista Doctrina, entre otras). 


FIGURAS ROSISTAS 

(Revista El Puente)


Vigésima quinta Figura

NICOLÁS MARIÑO


Alberto Mondragón
El 20 de Febrero de 1851, víctima de una  afección contagiosa y doliente agonía, y a pesar de las múltiples atenciones que le prodigaron los médicos, de los solícitos cuidados de amigos y parientes agregando a ellos las preferencias y preocupaciones de su dilecto amigo y admirador don Juan Manuel de Rosas, fallecía don MICOLAS MARIÑO, acérrimo partidario de Rosas, periodista de garra y coautor de la Revolución de los Restauradores.

Esta singular figura rosista que a los 36 años desaparecía dejando una estela revolucionaria, moría lo suficientemente temprano para no ver la caída de su ídolo don Juan Manuel de Rosas, pues el joven MARIÑO apasionado por una profunda convicción federal, era en esa temprana edad un autodidacta y lector vocacional de donde naciera en definitiva un extraordinario periodista y polemista.

Era NICOLAS MARINO, hijo del capitán que con Dorrego hizo las campañas de Pavón y Gamonal, nacido en 1815 en deficiente estado de salud se obligó desde muy temprana edad a sostener el hogar, inscripto en la Universidad debió dejarla por un empleo en el Ministerio de Relaciones Exteriores como Oficial 1°.

Su condición de periodista nato hizo un escritor nada complaciente a intereses de grupo o facción, su fibra patria resumía valientemente en su pluma acerada y caustica, la claridad de sus expresiones le conquistaron prestigio y a medida de sus cada vez más audaces incursiones en el temario político y social lo llevaron a ser llamado por don Manuel de Yrigoven a la redacción del “Restaurador de las Leyes”.

Al frente de este diario en un gesto audaz y hábil preparó un ardid ingenioso en combinación política con doña Encarnación Ezcurra de Rosas, militares y pueblo adictos a don Juan Manuel, un trastueque del juicio al “Restaurador de las Leyes” periódico, al Restaurador de las Leyes don Juan Manuel de Rosas, provocando en definitiva una alteración cívico militar que con otros factores concordantes produjeron la “Revolución de los Restauradores” un Octubre de 1833 desde el puente de Barracas hacia Buenos Aires.

En 1835 y en adelante es NICOLAS MARIÑO integrante de la redacción de “La Gaceta Mercantil”, y con extraordinaria maestría su pluma entra a refutar a los unitarios en la interpretación histórico-filosófica y social del gobierno de Rosas, así pues este periodista dio pasos avanzados para su tiempo y audaces clarificaciones que son signos de una verdadera vocación profesional y claro ejemplo de independencia de pensamiento, todos los temas eran para MARIÑO de vital consideración: los jurídicos, diplomáticos y aún los científicos probando la capacidad de un periodista múltiple y de polemista serio ante los pseudo periodistas unitarios vacíos de tesis nacional, pagados por potencias extranjeras y de pluma oscura y retórica como lo fueron José Rivera Indarte, Florencio Varela y Esteban Echeverría.

Sin dejar un momento su ágil pluma periodística, fue nombrado por Rosas, dada su capacidad y lealtad, Comandante de Serenos y Edecán, en San Benito de Palermo.

El teatro y el cine han recordado a MARIÑO cuando es necesario ambientar las escenas de épocas con el canto del sereno por las calles de Buenos Aires con el “Viva la Santa Federación! — Mueran los Salvajes Unitarios — Las once han dado y sereno”. 

Alberto A. Mondragón


Alberto Mondragón . Gerónimo Costa

A mediados de la década del '60 Alberto Mondragón redactó unas breves biografías bajo el título "Figuras rosistas", que fueron publicadas en distintos periódicos y revistas (Revista o períódico El Puente, Revista Doctrina, entre otras). 


FIGURAS ROSISTAS 

(Revista El Puente)


Vigésima cuarta Figura

GERÓNIMO COSTA


Alberto Mondragón

En los primeros días de febrero de 1856 —ya no eran los tiempos de Rosas— se festejó el cruel asesinato dictado por decreto del gobernador Obligado (ex-paniaguado de Rosas), del general Gerónimo Costa y levantando la copa por el éxito de la “victoria” de Villa Mayor expresó Sarmiento: “El carnaval ha terminado y tenemos como trofeo la espada ruin y mohosa del general Costa”. Los unitarios tenían un crimen más.

Importa pues conocer la figura rosista de Gerónimo Corta ya que los unitarios y liberales no sólo matan sino que pretenden enterrar históricamente a los hombres de destacada actuación en la época de don Juan Manuel de Rosas.

El capitán Costa, héroe de Ituzaingó (20 de febrero de 1827), había nacido en Buenos Aires en 1808. Alistado en la milicia como subteniente el 10 de agosto de 1823, hizo la campaña contra el Imperio del Brasil y al retornar a su patria junto con Lavalle en 1828 se opuso al motín del 1° de diciembre de ese año contra el gobernador legal y representante del interior del país, coronel Manuel Dorrego, sufriendo en consecuencia prisión y persecución; de ahí nace su vocación federalista y su firme adhesión a don Juan Manuel de Rosas.

Todo en adelante es firmeza en consolidar el régimen; primero la campaña contra la “Liga Unitaria” del general Paz en Córdoba, la Expedición al Desierto de 1833, que le significan el nombramiento por resolución del gobierno de Rosas de teniente coronel, y segundo la designación de Comandante de la Isla Martín García, donde dio pruebas en este modesto puesto, que resultó al fin de honor y responsabilidad, la defensa de la isla al ser atacada por la flota francesa a cargo del capitán Hipólito Daguenet, el 11 de octubre de 1838, donde iba a conquistar el más preciado de los laureles de su gloria militar y el reconocimiento del invasor al destacar la valentía del coronel Gerónimo Costa. De su decisión da prueba el informe pasado a Rosas, que dice: “En medio de un fuego vigoroso, que por todas partes nos abrazaba, nuestros noventa y seis valientes de que constaba la guarnición, se inflamaban de entusiasmo en vista del retrato de nuestro lustre Restaurador y del bravo general Quiroga, que les había colocado en el asta-bandera, a cubierto de los fuegos”.

La Campaña del Norte contra Lavalle y Lamadrid le encuentra en las sangrientas batallas de Quebracho Herrado (20 de noviembre de 1840) y en la de Rodeo del Medio (24 de septiembre de 1841). Es en esta última que se destaca Costa en una impresionante carga a la bayoneta tomando la artillería del centro enemigo.

Caseros fue para Costa el derrumbe de su destino político y militar, pero no de sus acciones de recuperar para su patria las convicciones federales y populares y aún del retorno de don Juan Manuel.

Acompaña a Rosas a Inglaterra —fiel hasta el fin—; y su vuelta al país con garantía de Urquiza le coloca en enfrentamiento a la Buenos Aires tomada por los expatriados liberales que la gobiernan, Costa decide una invasión y derrotado en Zárate (27 de enero de 1856), reincide en sus planes y en la nueva invasión el 19 de febrero de ese mismo año cayó prisionero en Villa Mayor (Partido de La Matanza), es fusilado por decreto y su cadáver abandonado a los chimangos, pero un alma cariñosa, recordando sin duda un pasado glorioso, a un héroe de la defensa de la patria y a un profundo federal, recoge esos restos mortales y en su propia carroza los deposita en cristiana sepultura en el cementerio de La Recoleta.

Esa alma piadosa se llamó Doña Mercedes Rosas de Rivera, hermana de don Juan Manuel de Rosas, como prueba simbólica del rescate de una hermosa figura rosista.

ALBERTO A. MONDRAGÓN


Alberto Mondragón - Lucio Norberto Mansilla

A mediados de la década del '60 Alberto Mondragón redactó unas breves biografías bajo el título "Figuras rosistas", que fueron publicadas en distintos periódicos y revistas (Revista o períódico El Puente, Revista Doctrina, entre otras). 


FIGURAS ROSISTAS 

(Revista El Puente, Periódico Nueva Tribuna)


Vigésima tercera Figura

LUCIO NORBERO MANSILLA


Alberto Mondragón
La estela de la figura de LUCIO NORBERTO MANSILLA comienza a los 13 años como cadete, enfrentando a los invasores ingleses, y cuarenta años después cumple una idéntica acción en el Combate de Obligado como General.

Habiendo nacido en Buenos Aires el 2 de marzo de 1792, su trayectoria desde las invasiones inglesas en la Defensa y Reconquista hasta el glorioso y heroico día del 20 de noviembre de 1845, pasa por la campaña del Estado Oriental, guerrero de la Independencia, soldado en la guerra contra el Brasil, gobernador de Entre Ríos, legislador, organizador de las fuerzas policiales, congresista y, por último, sostenedor de la Confederación ante la inconsulta agresión franco-inglesa llena todo el período de la formación de la nacionalidad, de la defensa de la soberanía y para ser una figura rosista de primerísima importancia.

Las tres facetas de MANSILLA, el militar, el estadista y el político se complementan en su acendrado patriotismo , su caballerosidad y sus ideas firmemente federalistas.

En lo militar, su bautismo de sangre en las invasiones Inglesas. su participación al lado de Artigas y luego con Ramírez, llamado por San Martín en 1815, cumple como Mayor de Plaza en San Juan, entrando en combate en las batallas de Chacabuco y Maipú. En la guerra con el imperio del Brasil, desde 1826 es Comandante General de Costas, concurriendo como Jefe en las batallas de Camacuá  y Ombú, derrotando al famoso general brasileño Bentos Manuel, y por último en la jornada de Ituzaingó, el 20 de febrero de 1827; para en 1834 ser designado por Rosas (su cuñado, ya que era casado con la hermana de éste, doña Agustina Ortiz de Rosas) en el cargo de jefe de policía de la ciudad de Buenos Aires redactando los reglamentos, fundando la instalación del Cuerpo de  Serenos y en la ejecución de obras públicas, como el camino del Riachuelo de la Boca; en lo más grávido de la situación internacional, en 1545, LUCIO NORBERTO MANSILLA pasa a ser el Comandante en Jefe del Departamento del Norte, preparando las defensas del rio Paraná con hombres adiestrados, armamentos y la famosa cadena de costa a costa en el recodo de la Vuelta de Obligado, donde se llevó a cabo la cruenta batalla de su nombre, siendo MANSILLA el héroe de la Soberanía en ese día inolvidable para todos los argentinos; en ese carácter prosiguió la lucha contra los anglofranceses en las acciones de Acevedo, San Lorenzo y el Quebracho.

El MANSILLA estadista, cumple la gobernación de Entre Ríos desde 1821 a 1824, dando a esa provincia la primera Constitución Federal y las primeras legislaciones y ordenamientos, las primeras obras públicas y las relaciones interprovinciales; en 1824 es miembro del Congreso Constituyente, y en 1827 es diputado en representación de la provincia de La Rioja al Congreso Federalista de Santa Fe.

En lo político, cabe a MANSILLA celebrar el primer tratado con los caudillos Ramírez y López, llamado del Pilar, tratado o Pacto del Pilar, que resume el reconocimiento de las fuerzas federales por Buenos Aires, que se integra como provincia federal; de 1838 a 1844 formó parte de la Legislatura de Buenos Aires, haciéndose notar por su fuerte personalidad, abogando por los derechos de la Confederación Argentina frente a la intervención de Francia e Inglaterra.

Caseros fue el ocaso de MANSILLA. Su estampa varonil, con su pecho galardonado de múltiples medallas, desapareció de la escena pública, retirándose a vivir en Francia, regresando después del 60, enfrenta a la calumnia como periodista, escritor y hasta con las armas, y fallece a consecuencia de la fiebre amarilla el 10 de abril de 1871.

Decimos con Saldías, que: ”...el viajero argentino que remonta los ríos, detiene siempre los ojos con noble orgullo en un recodo del gran Paraná, donde un día la entereza del general MANSILLA, rigiendo el pundoneroso sentimiento nacional, en lucha desigual contra los poderes más fuertes de la tierra, supo grabar con sangre que no se borra derechos indestructibles de honor y de gloria”.

ALBERTO A. MONDRAGON