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domingo, 6 de febrero de 2022

Alberto Mondragón - Claudio Mamerto Cuenca

A mediados de la década del '60 Alberto Mondragón redactó unas breves biografías bajo el título "Figuras rosistas", que fueron publicadas en distintos periódicos y revistas (Revista o períódico El Puente, Revista Doctrina, entre otras). 


FIGURAS ROSISTAS

(Revista El Puente)


Vigésima sexta Figura

CLAUDIO MAMERTO CUENCA


Alberto Mondragón
El bien llamado “Mártir de Caseros”, es el cruelmente asesinado por un comandante extranjero -de los muchos que vinieron a “libertar” a la Confederación Argentina- en el Palomar de Caseros el 3 de febrero de 1852, quien moría lanceado y acribillado mientras sostenía entre sus manos las hilas de algodón y la tintura de yodo curando a los heridos en el Hospital de Campaña en las proximidades del campo de batalla.

El médico y poeta, doctor CLAUDIO MAMERTO CUENCA vivió hasta su trágico fin todo el periodo de Don Juan Manuel de Rosas y, médico preferido por el Restaurador, entre los muchos y buenos que contaba la Confederación Argentina: Francisco Xavier Muñiz, Teodoro Álvarez, Buenaventura Bosch, Guillermo Rawson, Juan José de Montes de Oca, Ezequiel Colombres y tantos más; testigo y actor destacado de un gran período histórico, ha querido ser desmerecida su figura federal, pues como médico leal y poeta inspirado, su estampa es sobresaliente y no se le ha podido quitar esas condiciones, pero se debe a la justicia histórica anotar su fe a su Patria y a su Jefe.

Recibido de médico a los 26 años de edad, el dia 30 de octubre de 1838, con la brillante tesis “Opúsculo sobre las simpatías en general considerada en sus relaciones con la Anatomía, Fisiología, Patología y Terapéutica” que le apadrinara el doctor Saturnino Pineda, comienza su actividad en ejercicio profesional en el Hospital de Hombres y pasa luego como médico militar asistiendo a los heridos de ambos bandos en el Combate de la Vuelta de Obligado (20 de noviembre de 1845), destacándose en la orden del día de los comunicados de los invasores anglo-franceses; de regreso a Buenos Aires ocupa la cátedra de Anatomía como Director, pasando por las aulas y recibiéndose en sucesivas colaciones los doctores en Medicina: Ramón del Arca, Luis Tamini, M. González Catán, Fermín Yrigoyen, Salustiano y José María Cuenca (hermanos de Claudio), Justiniano Posse, Claudio Mejía, etc., etc.

CLAUDIO MAMERTO CUENCA es nombrado médico de Don Juan Manuel de Rosas y aunque dada la siempre buena salud del Restaurador, las prescripciones de CUENCA son cumplidas, su rostro franco y sincero, su porte sencillo y modesto, su hablar pausado y balo reflejaba una personalidad grave y austera, del único retrato que se conoce vestido con saco amplio y chaleco federal, su expresión es dulce y sus rasgos regulares, en fin, impresiona gratamente pero impone carácter, sin duda Rosas lo prefirió por estas nobles condiciones.

Absorbido por la medicina, sin embargo su vena poética era un don natural, su poesía era de su época, la romántica a lo Byron y Espronceda, pero sus múltiples versos tienen aportes de fina gracia e ironía:

“Que recite un orador

Un sermón bien estudiado

Con mil textos empedrado

Traídos con gusto y humor,

No lo extraño.

Más que falte algún oyente

Que lleno de admiración

No le llame Cicerón

Porque en realidad lo siente,

Si lo extraño.

………………..

Que anochezca diariamente

Muy sentada en la ventana

Pretextando doña Juana

Que gusta mirar la gente,

No me extraña.

Mas que ignore su vecino

La causa que allí la tiene

Cuándo ve que va y que viene

Un tapado de contino,

Si lo extraño.

………………..

En su corta existencia, CLAUDIO MAMERTO CUENCA moría trágicamente a los 40 años, dejó la estela de una cultura y de un saber que honra a la Patria.

ALBERTO A. MONDRAGÓN


viernes, 1 de marzo de 2019

El crímen de Caseros

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XIII N° 50 - Marzo 2019 - Pag. 8 

  

El crimen de Caseros

Por la Profesora Beatriz C. Doallo


Batalla de Caseros
Claudio Mamerto Cuenca


El romanticismo, escuela literaria que nació en Alemania y se consolidó en Francia, llegó al Plata en 1832 y floreció en poemas entusiastamente escritos por la juventud intelectual de la época. Entre los autores de composiciones poéticas hizo conocer sus rimas –reputadas como las mejores que hubo en Buenos Aires durante años– quien se destacaría en una profesión diametralmente opuesta a todo vislumbre de idealismo, Claudio Mamerto Cuenca.

Nacido en Buenos Aires el 30 de octubre de 1812, el joven Claudio había elegido estudiar medicina y recibió el doctorado en 1838 a los 26 años de edad. Tres de sus hermanos, José María, Amaro y Salustiano, fueron médicos notables. Entre sus profesores se hallaba uno de los más prestigiosos, el doctor Irineo Portela, quien decidió emigrar en 1840 por razones políticas; Cuenca fue nombrado para sustituirlo en la cátedra en la Universidad de Buenos Aires y entre las muchas tesis que “apadrinó”, lo hizo en 1845 con la del doctor Guillermo Rawson.

En la biografía de Claudio M. Cuenca redactada en 1888 por el doctor Teodoro Álvarez, leemos:

“El doctor Cuenca, anatómico consumado y excelente cirujano, ha tenido por discípulos lo más distinguido de los médicos argentinos durante 14 cursos que ha presidido (…) En anatomía era consumado: siendo director su hermano, el después  Doctor D. Salustiano Cuenca y Ayudantes el Doctor José Ma. Bosch y el que suscribe, hemos sido inmediatos observadores de su admirable destreza e inteligencia en la práctica del escalpelo. La difícil disección del sistema nervioso de los sentidos, del cerebro y origen de los nervios, gran simpático, era para él una cosa familiar y fácil: donde ponía el instrumento a primer golpe de vista, ahí estaba la arteria, vena o nervio que quería demostrar.”

El doctor José María Gómez de Fonseca también había sido profesor de Cuenca, quien redactó y publicó su biografía en 1844.

Juan Manuel de Rosas lo designó cirujano mayor de su ejército, que enfrentaría al de Justo José de Urquiza en territorio bonaerense. Cuenca hizo instalar un hospital de campaña para atender a los heridos en tierras de Caseros donde el 3 de febrero de 1852 tuvo lugar la batalla decisiva. Había concluido ésta con la retirada de las tropas de Rosas, cuando soldados del ejército de Urquiza ingresaron al campamento de los federales y se produjo una refriega con soldados de Rosas que no aceptaban la derrota. Tratando de calmar a unos y a otros, el doctor Cuenca, vestido con su uniforme militar y con un paquete de vendas en la mano, salió de la carpa que le servía de hospital, se dio a conocer y pidió al que comandaba la tropa urquicista, un capitán de la Banda Oriental, protección para los heridos. La respuesta del militar fue desenvainar su sable y asestarle varios golpes al médico, quien murió en brazos de sus camaradas, los doctores Claudio Mejía y Nicomedes Reynal.

La injusta muerte de Cuenca cuando aún no había cumplido los 40 años, privó al país de uno de sus mejores médicos y de un sobresaliente poeta y literato. Sus restos fueron trasladados a la Recoleta el 10 de septiembre de 1852.

En 1861 Heraclio C. Fajardo hizo editar algunos de los poemas de Cuenca, y en 1889 la editorial francesa Garnier publicó en París un tomo con la biografía de Cuenca escrita por el doctor Teodoro Álvarez y Obras poéticas escogidas del malogrado autor. He aquí uno de sus sonetos:

“Esta cara impasible, yerta, umbría, / hasta ¡ay de mi! para la que amo, helada, / sin fuego, sin pasión, sin luz, sin nada, / no creas que es ¡ah, no! la cara mía. / Porque ésta, amigo, indiferente y fría, / que traigo casi siempre, es estudiada…

Es cara artificial, enmascarada, / y aquí, para los dos la hipocresía, / Y teniendo que ser todo apariencia, / disimulo; mentira, fingimiento, / y un astuto artificio mi existencia, / por no poder obrar conforme siento, / y me lo manda Dios y mi conciencia, / tengo, pues, que mentir, amigo ¡y miento!”

León de Palleja, el asesino del doctor Cuenca, alcanzó el grado de Coronel y murió el 16 de julio de 1866 en el Paraguay, durante la Guerra de la Triple Alianza cuando las fuerzas aliadas se estrellaron en Boquerón contra la resistencia del ejército paraguayo.